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Capítulo 3: De vuelta en la casa de baños

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Doce años intentando. Doce años de enteras desilusiones. Doce años de frustraciones. Chihiro había llegado a estar tan desanimada a causa de tantas decepciones que ya no tenía la mínima esperanzas de encontrar lo que tanto ansiaba al final del túnel. Así que fue una sorpresa enorme cuando vio algo más que el usual e inhóspito campo. En lugar de estar rodeada de bosques, había lo que parecía ser un parque de diversiones abandonado, o lo que su padre creía que era.

Chihiro no podía creer lo que estaba viendo. Por años había soñado con este momento. Durante años se había llevado tantas decepciones. ¿Podía ser que después de todo este tiempo al fin estaba de regreso?

—¿Estoy…? —susurró. —¿Esto es…? ¿Es posible que…?

Por alguna razón. No podía procesar la verdad. Había deseado aquello por tanto tiempo, y ahora que se hacía realidad, no podía creerlo.

Finalmente, las cosas hicieron click en su cabeza. —He… he vuelto… —dijo en voz baja. De repente le asaltó una abrumadora alegría y lágrimas de completa felicidad rodaron por sus mejillas. —¡HE VUELTO!

No podía creerlo. Finalmente lo había conseguido. Estaba de vuelta. Al fin en casa. Era increíble. Todo estaba tal cual lo recordaba. No necesitaba acercarse para saberlo.

Comenzó a caminar por la dirección que recordaba, hacia donde se encontraba la casa de baños. Después de haber dado unos cuantos pasos, se dio cuenta que algo inusual sucedía; tenía barro en los tobillos. Miro hacia atrás, el suelo estaba húmedo y enlodado cuando había estado seco hasta hace un momento.

Chihiro comenzó a hundirse dentro del lodo. No, ya no era lodo. Era agua turbia, la cual se hacía cada vez más profunda.

—¡El agua! —gritó.

Recuerdos de lo que había sucedido hace 12 años regresaron. Cuando había intentado escapar de ese lugar, aquel campo estaba completamente inundado, bloqueando la única entrada existente. Tal parecía que aquello estaba sucediendo otra vez.

—¡OH NO! —chilló mientras el agua aumentaba, fluyendo a mares de la boca de la rana de piedra al otro lado de lo que muy pronto sería un río.

Intentó escapar. El río se volvía más caudaloso a cada segundo. El agua le llegó a la cintura, luego al pecho, luego al cuello.

—¡Ya casi! ¡Ya casi! —jadeaba.

Pero no era fácil correr en el agua, y de pronto ya no tuvo que correr. El suelo desapareció por completo bajo sus pies.

—Genial —refunfuñó y empezó a nadar.

El agua continuó aumentando. Por suerte ella ya estaba casi al otro lado. Sólo unos metros más y estaría a salvo, nuevamente en tierra seca.

De pronto sintió algo rosarle la pierna. Algo áspero y lleno de escamas. Chihiro jadeó, ¿Qué era aquello?

Luego lo volvió a sentir y también lo vio. Estaba demasiado oscuro como para distinguirlo bajo el agua, pero era grande, y sea lo que sea, la estaba rodeando como lo hacía un tiburón.

—Por favor no me comas. Por favor no me comas. Por favor no me comas.

Repetía esa frase mientras nadaba más rápido y con mucha precaución. Hubo una explosión en el agua cuando la criatura repentinamente ascendió desde las profundidades. Pudo obtener una clara visión de lo que era, pero deseó que no fuera cierto. La criatura parecía alguna clase de anguila monstruosa. Y por supuesto, tenía que tener una boca llena de filosos y puntiagudos dientes.

Chilló a causa del miedo y nadó lo más rápido posible. La "anguila" se precipitó hacia ella, abandonando su nado en círculos.

—Por favor no me comas. Por favor no me comas. Por favor no me comas.

Su pie al fin tocó el suelo, chapoteó lo más de prisa posible. El monstruo se lanzó hacia ella, abrió su mandíbula atrapándola por su chaqueta. Sin esperar ni un segundo, Chihiro se apresuró a quitarse la prenda y, con algo de dificultad trepó los primeros escalones de la ciudad.

—¡Oh, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias! —jadeó abrazando el suelo. Dio un vistazo hacia el agua, fulminándola con la mirada. —¡ESTÚPIDA ANGUILA!

El agua explotó una vez más mientras la "anguila" salía como un estallido desde el fondo del agua. Volvió a gritar y a rastras se apresuró en alejarse de su posible alcance logrando así que el monstruo apenas consiguiera rozarle la espalda.

Una vez a salvo. Corrió lo más lejos de la bestia, cuando estuvo lo bastante lejos se tumbó en el suelo para tomar un respiro.

—Eso estuvo cerca —musitó. —Cinco minutos en este mundo y casi me ahogo y por poco me comen.

Se tomó un par de minutos más para serenarse cuando de repente una brillante luz le dio en el rostro. Se llevó una mano a los ojos para protegerse de la luz la cual provenía de uno de los barcos que traía a los dioses.

De repente, Chihiro se dio cuenta de lo que estaba viendo. Veía el barco, pero lo veía a través de su mano.

—Oh no, ¡De nuevo estoy desapareciendo! —chilló.

Eso ya había pasado la última vez que estuvo en ese lugar. Haku le había dado a ingerir una baya, diciéndole que debía de comer algo de este mundo o sino desaparecería. No parecía algo difícil de hacer. El único problema es que no tenía nada para comer.

Chihiro se puso de pie de un salto y comenzó a mirar a su alrededor. —Necesito comer algo, cualquier cosa ¡lo que sea!

Lo primero que pensó fue en la gran cantidad de comida de los restaurantes, con esa idea en mente se puso a caminar esperando no desaparecer. Se detuvo abruptamente cuando un pensamiento la golpeó. Sabía que necesitaba comer algo de comida de este mundo; el único problema era que si lo hacía, Yubaba la convertiría en un cerdo o cualquier otro animal.

—El viejo truco —gruñó Chihiro al tiempo que apretaba los dientes.

Estaba envuelta en un dilema. Bien podía comer la comida de los dioses y ser sentenciada a vivir en una pocilga, o no hacer nada y desaparecer. Ninguna de las opciones sonaba atractivas. ¿Dónde estaba Haku cuando se le necesitaba?

Un momento, Haku fue el que le dio la baya la última vez. Ella había comido la comida de ellos, y Yubaba no la convirtió en un cerdo. ¿Pero por qué? será porque ella no tomó la comida sino que… ¿se le fue dada? Tenía sentido. Sus padres se habían portado como unos auténticos cerdos así que ese fue su castigo. Quizás, con un poco de suerte, alguien le daría algo de comer y entonces no sería considerado un crimen.

Chihiro se miró a sí misma. Ya apenas era visible. No tenía otra opción. Corrió hacia los puestos de comida tan rápido como sus piernas le permitían. Los espíritus comenzaban a aparecer, la mayoría de ellos sólo eran sombras, lo cual tenía sentido puesto que eran los que abundaban en este mundo. Muchos de ellos parecían sorprendidos de ver a una humana en su mundo, mientras que unos cuantos simplemente la ignoraban. Podía escuchar a algunos de ellos hablar de ella.

—¿Qué está haciendo ella aquí?

—¿Es una humana?

—¡Puagh, apesta!

—Vete de aquí antes de que pierda mi apetito.

Si Chihiro no hubiera tenido semejante prisa, se hubiera detenido para descubrir de una vez por todas por qué los humanos olían tan mal para los espíritus. Pero no tenía tiempo, a cada segundo desaparecía.

Rápidamente, se aproximó al puesto más cercano. El espíritu a cargo la miró airado.

—Lárgate, humana —dijo él—, tu dinero no es bienvenido aquí.

—¡Por favor! —Rogó Chihiro—. ¡Necesito algo de comida o voy a desaparecer!

El espíritu le dio una mirada curiosa. —¿Tienes algo de oro?

—Oro, um, no.

—Entonces no hay comida para ti.

Chihiro se arrodilló frente al espíritu. —¡Por favor, no permita que desaparezca!

El espíritu la miró fijamente. —Piérdete o te transformaré en una cucaracha.

Chihiro no se quedó a esperar. Sabía que este espíritu no estaría dispuesto a ayudarla. Rápidamente se dirigió al próximo puesto, pero fue echada como en el anterior. Ocurría lo mismo por donde sea que iba. Nadie la ayudaba.

—Piérdete.

—No servimos a humanos.

—infectas mi negocio con tu desagradable olor.

—Tengo cosas más importantes con las que lidiar.

—Esta comida es para los espíritus, no para humanos apestosos.

Una y otra vez era expulsada. Los espíritus no parecían preocupados por una pequeña humana. Chihiro colapsó contra uno de los puestos de comida y comenzó a llorar. ¿Por qué nadie la ayudaba? ¿Había esperado 12 años para poder volver, sólo para morir sin antes siquiera ver a Haku?

Un gruñido bajo le hizo levantar la vista. La sombra de un espíritu que estaba sentado en aquel puesto la estaba observando. Él, o al menos creía que era un él, tenía un plato de comida en su delante. Chihiro vio su oportunidad de implorar nuevamente.

—Disculpe señor espíritu pero estoy metida en un verdadero problema —dijo. El espíritu simplemente asintió con la cabeza, como si estuviera pidiéndole que continuara. —Soy una humana, y al menos que coma algo de comida de este mundo, desapareceré. No tengo dinero para comprar algo de alimento y nadie quiere darme nada. ¿Puedo, por favor, por favor, por favor, probar un bocado de su comida, aunque sea las sobras? Por favor, no permita que desaparezca.

El espíritu sombra continuó observándola, como si estuviera considerando algo. Chihiro comenzó a sentirse esperanzada, hasta que…

—¡Oye, humana! —Un espíritu que parecía un cruce entre hombre y dinosaurio, salió desde el fondo del negocio. —¡Deja de molestar a mis clientes! Vamos, vete antes de que te…

El otro espíritu levantó su mano y gruñó en respuesta. El encargado del puesto lo miró extrañado pero no dijo nada más. Chihiro miró a aquel espíritu con esperanzas.

El espíritu sombra tomó una pieza de lo que parecía ser pollo, y se lo tendió a Chihiro, quien muy agradecida lo agarró.

—Muchísimas gracias —dijo, haciendo una reverencia.

El espíritu asintió y continuó con su comida. Chihiro miró el alimento que tenía en su mano por un momento, no del todo segura de que su teoría fuera correcta. ¿Se atrevería a comer la comida hecha para los dioses? Aquella pregunta fue rápidamente resuelta cuando se dio cuenta que apenas y veía sus manos.

—Por favor, no me conviertas en un cerdo —imploró, y se metió el alimento a la boca.

¡Estaba delicioso! No se había detenido a pensar en el por qué sus padres no podían dejar de comer la última vez que estuvieron aquí. No obstante Chihiro ahora únicamente estaba preocupada por una cosa, y era en no desaparecer. Masticó y tragó tan rápido como pudo, luego lentamente abrió los ojos. Sus manos nuevamente volvían a ser visibles.

Suspirando de alivio, Chihiro se recostó contra la pared. Gracias al cielo había funcionado. Ahora la pregunta era ¿Yubaba la transformaría en un cerdo o la perdonaría? Sólo el tiempo lo diría.

No supo por cuanto tiempo permaneció apoyada contra la pared de aquel puesto, el espíritu sombra ya había terminado su comida y se había marchado sin que ella lo notara. Una vez que se fue, el propietario del negocio se apresuró en echar a Chihiro.

—¿Sigues aquí? —Dijo—. ¡Vamos, vete! Tu hedor espantará a mis clientes.

La muchacha se puso de pie de un salto. Estaba harta de que le dijeran que apestaba. —¡Yo no apesto! —gritó, un poco más fuerte de lo debido.

El espíritu se pellizcó la nariz. —Sí, como no. Hueles igual que tu mundo. Hueles a contaminación y suciedad. ¿Por qué no te vas a casa?

Chihiro se alejó de él y se cruzó de brazos. —No puedo. El agua bloquea el paso. Además, ya estoy en casa.

El espíritu gimió. —Bueno entonces, sólo aléjate de mi negocio.

—¡BIEN! —gritó Chihiro enfadada, y se marchó echando humos.

Mientras caminaba se percató que aún no estaba cerca de los baños. Tenía que conseguir trabajo o Yubaba la transformaría en un animal, o en un pedazo de carbón, o en alguna otra cosa desagradable.

—Ni siquiera estaba segura de que regresaría aquí. —pensó para sí.

Se dirigió hacia el lugar donde estaba la casa de baños. Yubaba ya estaría al tanto de que ella estaba allí. Si la reconocía o no probablemente no importaba. Si no valoraba a Chihiro por quien era, lo más probable es que la trataría de la misma forma que la primera vez que llegó a este lugar. Si realmente no la reconocía… bueno, no es como si hubieran quedado en los mejores términos la última vez que se vieron.

Pronto la casa de baños quedó a la vista. De pronto, Chihiro sintió ese sentimiento de que finalmente estaba en su hogar. Pero, ¿Sería aceptada nuevamente? Sólo había una manera de descubrirlo.

Cruzó el puente, intentando, y fallando camuflarse entre los espíritus. La última vez que ella había cruzado el puente, Haku había echado un hechizo para impedir que fuese vista por los demás tanto como pudiera aguantar la respiración. Se preguntó que hubiera sucedido si hubiera podido contener la respiración hasta el final. Desafortunadamente, una rana parlante la hizo sobresaltar y soltar el aire contenido.

Cuidadosamente, caminó dentro del lugar. Era bueno estar de vuelta, pero por un lado, se sintió ligeramente incomoda. Buscó con la mirada a Haku, Lin, o algún conocido. Al final, terminó siguiendo a los otros espíritus hasta llegar ante el capataz.

—Hola, bienvenido, diviértase —el capataz saludaba a cada cliente. —Hola, que tenga un agradable baño. Bienvenido disfrute su estadía. Bienvenido, tenga un… ¡Hey, tú eres una humana!

Así que, al final fue descubierta, pero sólo por lo que era, no por quién era.

Chihiro lo saludó con una reverencia. —Hola, señor capataz —dijo cortésmente.

—¿Qué estás haciendo aquí? —demandó el capataz. —No se supone que debes estar aquí. Vete.

Chihiro se cruzó de brazos. —¿Qué acaso no me recuerda? –preguntó.

El capataz la miró sorprendido por su pregunta. —¿Recordarte? ¿De que estás hablando? No hemos tenido un humano en años.

Chihiro sonrió. Era hora de soltar el secreto. —Déjeme adivinar, no desde hace 12 años, ¿cierto?

El capataz asintió. —Si, pero ¿Cómo es que tú sabes…? —paró de hablar cuando la verdad lo golpeó. —¡Espera un momento! ¿Eres tú? ¿De verdad eres tú?

Chihiro asintió, todavía sonriendo. —Sabía que debía refrescarle la memoria.

—¡SEN! —exclamó el capataz, saltando desde detrás de la barra y dándole un abrazo triturador. —¡Sen es tan bueno verte de nuevo! —La soltó tan sólo lo suficiente para poder gritar a todo pulmón, —¡ESCUCHEN TODOS, SEN HA VUELTO!

Chihiro sintió que se ruborizaba al oír su nombre de empleada siendo murmurado por todos los de la casa de baño.

—¿Sen?

—¿Sen ha vuelto?

—¿Realmente regresó?

—¡Miren, es ella!

—¡Sen ha regresado!

—¡Sen volvió! ¡Sen volvió! ¡Sen volvió!

La siguiente cosa que supo, fue que todos la rodearon, siendo inundada con bienvenidas y preguntas.

—¡Bienvenida otra vez!

—¿Cómo has estado?

—¡Por los dioses, como has crecido!

—De nuevo apestas, ¡Pero estoy feliz de verte!

—¿Nos extrañaste?

—¡Sen volvió! ¡Sen volvió! ¡Sen volvió!

Chihiro estaba comenzando a sentirse incómoda por tanta atención. Al parecer todos la habían extrañado tanto como ella a ellos. Siguió buscando a Haku y a Lin, pero no encontró a ninguno de los dos entre la multitud. Lo que hizo que viera que varios clientes parecían estar muy irritados porque estaban siendo ignorados.

—No es por ser grosera ni nada —dijo, tratando de no ofender a nadie— es muy bueno verlos a todos otra vez, pero creo que los clientes se están molestando.

El capataz miro a los clientes y vio que ella tenía razón. —Muy bien todos, ¡a trabajar! ¡Podemos ponernos al día luego! Vamos, ¡tenemos clientes que atender!

Reacios, los empleados retomaron sus deberes, aunque algunos se entretuvieron un poco, incluido el capataz.

—Dime Sen, ¿Cómo han estado las cosas? —Preguntó—. Nosotros realmente te hemos extrañado.

Chihiro sonrió. —Y yo a ustedes. Parece que todo marcha bien por aquí.

—Sí, el negocio florece —respondió el capataz. —Ya sabes, después de que te fuiste, Yubaba estuvo de muy mal humor por un largo tiempo.

Chihiro frunció el ceño. —No seguirá molesta por el incidente de Sin-Cara, ¿no? —si la vieja hechicera aun le guardaba rencor, entonces ese reencuentro probablemente no sería agradable.

El capataz bufó. —Estuvo bastante molesta por ello durante algún tiempo, pero después comenzó a hostigarnos con hacer un mejor trabajo. Todo el tiempo era '¿Por qué no pueden trabajar tan bien como Sen?' o 'debería quemarlos a todos ustedes y conseguirme más humanos' o 'Sen fue la mejor empleada que jamás tuve, no puedo creer que la deje escapar' no paraba de repetirlo.

Aquello mejoró el humor de Chihiro. —¿Ella ha estado comparándolos a ustedes conmigo?

—Criticándonos para ser más exactos. —Respondió el capataz. —Hey, tal vez ahora que has vuelto nos dará un respiro. Uh, eso, si has vuelto, ¿no? —sonaba realmente esperanzado.

Chihiro asintió. —Eso espero. Siempre que Yubaba me devuelva mi trabajo. Estaba camino a verla.

El capataz dirigió su mirada hacia algo que estaba atrás de ella. —Parece que ella también quiere verte.

Chihiro se giró para ver lo que miraba el capataz. Revoloteando sobre sus cabezas estaba lo que parecía ser un cuervo con la cabeza de una anciana.

—¡Yubarito!* —chilló de alegría al ver a su amigo de nuevo. La última vez que había visto al mensajero de Yubaba aún era un pequeño pajarito a causa del hechizo de Zeniba.

Yubarito graznó fuertemente y se posó sobre el hombro de Chihiro. La joven acarició la cabecita de su viejo amigo.

—También es bueno verte —dijo—, supongo que Yubaba te envió por mí —el pájaro asintió—. Bien entonces, mejor no la hagamos esperar. —Se volteó hacia el capataz. —Fue bueno verlos de nuevo.

—Cuídate, y no dejes que el baño te afecte.

Chihiro rió. —No lo hará —estaba a punto de irse cuando de pronto recordó algo importante. —Oh, señor capataz, me presta lápiz y papel.

—¿Lápiz y papel? —repitió el capataz. —Uh, seguro. Aquí tienes.

—Gracias.

Chihiro tomó el papel y escribió cuatro simples, pero muy importantes palabras.

Mi nombre es Chihiro.

Guardó el pedazo de papel en su bolsillo y se giró hacia Yubarito. —De acuerdo, vamos.

El pájaro la guió a través de la casa de baños. Realmente no era algo necesario dado que ella ya conocía el camino, pero no importaba, ella no era de las que se quejaban por pasar el tiempo con un amigo. Aunque era extraño. Recordaba cada rincón del lugar como si hubiese estado ayer. Justo ahora se encontraba en el mismo elevador en el que conoció a aquel espíritu blanco y gordo. Recordaba a Lin diciendo que ese elevador estaba fuera de servicio. Tanto Lin como el cliente habían sido muy amables en ayudarla a llegar a la oficina de Yubaba. Ahora que lo pensaba, ¿A dónde se dirigió ese espíritu después de dejarla en el piso correcto?

—Así que has vuelto.

Chihiro levantó la vista hacia aquella voz. Provenía de esa extraña aldaba parlante que le había reprochado por ser grosera y no llamar a la puerta hace 12 años atrás.

—Um, hola de nuevo —dijo. Era tan raro estar hablando con una aldaba.

La aldaba bufó. —Bien, veo que has crecido. Ya no eres aquella mocosa flacucha que chillaba por todo.

—Yo no era una mocosa —replicó Chihiro.

—Como sea —la aldaba abrió la puerta dejándola entrar. —Yubaba te espera. ¿Puedes caminar por ti misma o mi ama debe jalarte otra vez?

Chihiro se limitó a gruñir con molestia y pasó de largo. Escuchó como aquel objeto murmuraba algo inaudible antes de cerrar la puerta. Yubarito dejó de volar y se volvió a posar sobre el hombro de Chihiro, cosa que no le importó, ya que conocía muy bien el camino hacia la oficina de Yubaba, aun después de todo este tiempo.

Como comprobó después, la oficina de Yubaba no había sufrido cambio alguno, y eso también incluía a la vieja bruja. Lucía exactamente igual que hace 12 años, el mismo vestido azul, el mismo peinado, y las mismas extravagantes joyas. Miró como Chihiro entraba en la habitación con una seria mirada en su rostro.

—Bueno, bueno —dijo, sonando divertida —esta si que es una agradable sorpresa. Debo admitir que no había esperado volver a verte.

Chihiro observó a la bruja. —Yo también estaba comenzando a creer que tampoco te vería.

Yubaba rió con sarcasmo. —De hecho, lo que más me sorprende es el hecho de que volvieras. Sobre todo después del gran lío que armaste al querer irte, tengo curiosidad por saber que te hizo volver.

Chihiro se irritó. Sabía muy bien que Yubaba intentaba abrumarla, pero ella no se dejaría intimidar. Ya no era más la niña asustada que alguna vez fue. —Bueno, resulta que ahora no tengo que preocuparme de que mis padres sean convertidos en tocino.

Yubaba enarcó una ceja. —¿Estás tratando de decir que si tus padres no hubieran sido convertidos en cerdos, tú no te hubieses marchado? —preguntó con curiosidad.

Chihiro no tenía una respuesta preparada. No había estado segura en ese entonces. Sólo era una niña que estaba preocupada por sus padres. Pero ahora podía decir con toda seguridad que sí, con certeza se hubiera quedado.

—En ese entonces, no estoy segura de lo que hubiera hecho —dijo—, pero ahora, puedo decir con toda honestidad que deseo nunca haberme ido.

—¿De verdad? —inquirió Yubaba. —¿Puedo preguntar por qué?

Chihiro no quería entrar en detalles sobre su vida personal con la bruja. Decidió darle un breve resumen de cómo se había sentido durante esos 12 años.

—Porque este lugar es mi hogar —dijo. —No me había dado cuenta de eso hasta que me marché. Jamás volví a pertenecer al mundo humano. Jamás volví a encajar. Y en todos estos años sólo he deseado volver.

El discurso de Chihiro hizo a Yubaba reír. —Ya veo. Así que decidiste volver sólo porque sentías que no encajabas. Que triste. ¿Estás segura que no tiene nada que ver con cierto espíritu de río, hmm?

Chihiro se tensó. Mentiría si no dijera que una de las razones más importante para volver era Haku. Era verdad que nunca se sintió a gusto en el mundo humano, pero el espíritu del río Kohaku era la razón principal para volver.

Parecía que Yubaba había conseguido la respuesta a su pregunta en el rostro de Chihiro. —Ah, veo que mis suposiciones son correctas. —Se carcajeó. —Sospechaba que había algo entre tú y mi aprendiz.

—Creí que ya había dejado de ser tu aprendiz —dijo Chihiro.

De repente la expresión de Yubaba se convirtió en ira. —Y así fue. Gracias a ti. Desde que le devolviste su nombre ha estado haciendo las cosas a su manera.

—Entonces, ¿él todavía trabaja para ti?

Yubaba resopló. —Por supuesto que aún trabaja para mí. Cierto que ya no tengo el poder para controlarlo, pero él todavía sigue siendo mi empleado. —Se volvió a sentar en su asiento y le dio a Chihiro una mirada astuta. —Y asumo que estás aquí para que te devuelva tu empleo, ¿estoy en lo cierto?

Chihiro asintió. —Sí señora.

Yubaba sonrió de oreja a oreja. Oh, como iba a disfrutar esto. —¿Y por qué debería hacerlo?

Chihiro se cruzó de brazos. —Me parece recordar que después de que atendí a mi primer cliente, me abrazaste en frente de todos diciendo que habías ganado una fortuna gracias a mí y que todos deberían aprender de mi acción —dijo con aires de suficiencia.

Yubaba parecía consternada por lo que Chihiro había dicho, así como por el tono en que lo dijo. Inmediatamente se recuperó y recobró su postura altiva. —¡¿Cómo te atreves a hablarme así?! Francamente, ¿Qué clase de persona habla de esa manera en su entrevista de trabajo?

Chihiro se encogió de hombros. —Tú preguntaste por qué deberías devolverme mi empleo —replicó. —Y por lo que he escuchado de todos en los baños, no parabas de hablar sobre lo muy buena trabajadora que era.

Yubaba gruñó con frustración. Las cosas no estaban saliendo como lo había planeado. —¡No pongas palabras en mi boca! —chilló, golpeando su puño en el escritorio. —Sí, hiciste un buen trabajo con el dios del río, pero no he olvidado el incidente con Sin-Cara.

Una sonrisa surcó el rostro de Yubaba. Creía que con eso tenía a la humana en sus manos, lo que no sabía es que ella ya se lo esperaba.

—Me disculpo sinceramente por eso —dijo—, creí que Sin-Cara era otro cliente y sólo pensé en las ganancias de este lugar. Todos los demás también pensaron lo mismo. Pero fui yo quién lo sacó de aquí.

—¡Exactamente! —Rugió Yubaba—. ¿Tienes una idea de cuantos daños causó tu estúpido monstruo? Y el supuesto oro con que nos pagó no era oro, ¡sino arena! Arrasó con toda la cocina, consiguió un baño gratis, y ensució por completo los baños vomitando sobre todo el lugar, ¡incluso sobre mí!

Chihiro no lo pudo evitar. Comenzó a reír. Incluso Yubarito y las tres cabezas verdes comenzaron a reír.

—¡Cállense! —gritó Yubaba. Inmediatamente todos pararon de reír. —Y sin cara no fue el único problema. ¿Tú sabías que yo había estado intentando obtener el sello de Zeniba por siglos? Y cuando finalmente lo consigo tú vas y se lo devuelves.

Chihiro miró con intensidad a la bruja. —Primero que todo, el sello no era tuyo, así que no tenias ningún derecho en tenerlo —dijo molesta. —Además, pensé que devolviéndole el sello ayudaría a Haku. ¿Hubieses preferido que muera?

Yubaba apretó los dientes. —No, claro que no. Pero devolverle el sello no fue lo que rompió el hechizo, ¿no? —Chihiro se sonrojó al recordar que Zeniba había dicho que el amor era la única cosa que podía romper un hechizo. Al parecer Yubaba no se percató de la vergüenza de Chihiro. —Y luego vas y le devuelves a Haku su nombre. ¡Perdí a mi aprendiz por tu culpa!

Chihiro golpeó el suelo con furia. —¡De ninguna manera tienes derecho a robarle a las personas sus nombres! —chilló. —Y por cierto, has señalado sólo las cosas en las que me he equivocado. Pero incluso todas esas 'fechorías' que tú señalas fueron hechas con las mejores de las intenciones. Y en el caso de que no te des cuenta, haciendo a un lado el incidente con Sin-Cara, todo lo que has mencionado ha sido en realidad culpa tuya.

La boca de Yubaba se abrió ante la acusación de Chihiro. —¿Qué? ¿Mi culpa? ¿De que estás hablando?

Chihiro sonrió con petulancia. —Bueno, si tú no hubieras enviado a Haku a robar el sello de tu hermana, tu hijo y Yubarito no hubieran sido convertidos en animales, y yo no le hubiera devuelto el sello a abuelita, ni su nombre a Haku. Aunque la verdad, me alegra haberlo hecho.

Yubaba parecía bastante irritada, pero también pensativa. Obviamente no había considerado las cosas desde esa perspectiva. No obstante, Chihiro aún no había acabado.

—Sabes, en lugar de culparme por todo, deberías agradecerme por haber salvado a Haku y traer a tu hijo y a Yubarito sanos y salvos. De lo único que me puedes culpar, es por lo de Sin Cara. Pero yo era nueva en el negocio en ese entonces. No sabía que estaba haciendo algo malo.

Yubaba se cruzó de brazos. —De acuerdo, te concedo eso, ¿Pero cómo puedo saber que no volverás a cometer los mismos errores dos veces? No quiero que un accidente como ese suceda de nuevo.

¿Acaso estaba cediendo? Chihiro esperaba que así fuese. —Bueno, esta vez planeo quedarme. Tendré más tiempo para aprender sobre este mundo.

Yubaba enarcó una ceja. —Oh, así que planeas quedarte. ¿Y qué si yo decido no devolverte tu empleo?

Chihiro suspiró. Yubaba realmente necesitaba un empujoncito. Imaginó que la mantendría en suspenso como una pequeña venganza por lo que había sucedido hace 12 años.

'Es demasiado tiempo como para seguir guardando rencor' pensó Chihiro 'aunque no puedo dejar que me venza. Mucho menos mostrar debilidad'

Yubaba escudriñó a Chihiro cuidadosamente, preguntándose en que estaba pensando la chica. —¿Y bien? —preguntó.

Chihiro meditó por un momento. De pronto, algo que Yubaba había dicho 12 años atrás volvió a su mente. Sofocó una risa ante lo que estaba a punto de decirle a la bruja.

—Bueno, primero que nada, soy mayor y más madura, por lo tanto una mejor trabajadora. Y además, está el hecho de que te estoy pidiendo trabajo. Y recuerdo que una vez dijiste que habías prometido darle trabajo a todo aquel que te lo pidiera.

La boca de Yubaba se volvió abrir por el desconcierto. Chihiro tenía la certeza que esta vez había ganado cuando vio a Yubaba intentando encontrar alguna excusa a su argumento.

—Eso fue… se debe a que… porque yo… —tartamudeó la anciana. Chihiro se carcajeó mientras Yubaba intentaba hablar. —Tú no puedes… estoy intentando… ¡aghr! ¡Ese estúpido juramento! Cada vez que lo recuerdo. 'Dar trabajo a todo aquel que…' —dejó de hablar y de pronto parecía metida en sus pensamientos. Chihiro no vio en que momento la bruja dejó de estar absorta, pero la sonrisa en el arrugado rostro de Yubaba no pronosticaba nada bueno. —Creo que encontré un fallo en ese juramento. Sí, yo le daría trabajo a todo aquel que me lo pidiera, pero yo ya te di trabajo. Y tú misma lo dejaste. No hay nada en el juramento que diga que tengo que devolverte tu trabajo.

Chihiro se quedó sin palabras. Esa bruja sabía cómo arreglárselas para librarse de su propio juramento. Era una excusa poco convincente, pero parecía que podía usarla a su favor. Yubaba sonrió de oreja a oreja por su triunfo.

—¡Ja! ¿Y ahora como saldrás de esta? —preguntó con petulancia.

Chihiro sintió pánico. Creía que ya había ganado, pero todo parecía indicar que Yubaba era la única que podía manejar los hilos. ¿Es que quería verla implorando? Chihiro lo haría si no tenía más elección.

—Por favor Yubaba, devuélveme mi trabajo —lloró. —Por favor, realmente quiero quedarme.

Yubaba se rió. —Ya no estás tan segura ahora, ¿no? La próxima vez, piensa mejor las cosas antes de…

—¡MAMÁ!

Yubaba interrumpió su parloteo cuando se escuchó un fuerte llanto proviniendo de la habitación siguiente. Chihiro sabía a quién pertenecía esa habitación, ya había estado allí en una ocasión.

La puerta fue abierta y rota de una patada y de allí salió el bebé más grande que Chihiro había visto en su vida, el cual parecía que recién acababa de despertar.

—Mamá estás haciendo mucho ruido —dijo el gigante bebé—. Intento dormir.

Yubaba le sonrió a su gigante hijo. —Bôh cariñito, mami tiene una reunión —dijo Yubaba—. Vuélvete a dormir y…

—¿Sen? —murmuró Bôh somnoliento, mirando con dificultad a Chihiro. Sus ojos se abrieron de golpe mientras una enorme sonrisa aparecía en su rostro. —¡SEN!

El enorme bebé cruzó corriendo la habitación, sacudiendo todo como si se tratara de un terremoto. Cogió a Chihiro y la envolvió en un abrazo triturador.

—¡Sen! ¡Has vuelto! ¡Estoy tan feliz! ¡Te he extrañado mucho! —lloraba feliz. Se giró hacia Yubaba. —¡Mira mamá, Sen ha vuelto!

Yubaba, obviamente divertida por la incomodidad de Chihiro, sonrió. —Sí, ya lo sé, cariño. Suéltala antes de que le rompas los huesos.

Bôh miró a Chihiro quien ya estaba azul a causa de su abrazo. Rápidamente la dejó caer en el suelo, sonriendo a modo de disculpas.

—Lo lamento Sen, es que estoy tan feliz de que hayas vuelto. ¿Te quedaras esta vez, ¿verdad? —preguntó esperanzado.

Chihiro se masajeó las costillas, las tenía adoloridas por el abrazo de Bôh. —No estoy segura. Me gustaría, pero todo depende de que si tu madre me devuelve el trabajo o no.

Bôh se volteó hacia Yubaba. —¡Mamá devuélvele a Sen su trabajo! —exigió. —Por favor, mamá. Por favor. Quiero que Sen se quede con nosotros. Por favor.

Yubaba gimió. Le era muy difícil negarle algo a su hijo. —Bebé, eso es lo que estamos discutiendo. Intento decidir si vale la pena aceptarla de vuelta.

Bôh la miró confuso. —Pero mamá, por años has estado diciendo lo mucho que querías que Sen volviera y lo mucho que deseabas que todos fueran tan buenos como ella —confesó el bebé.

Chihiro miró a Yubaba. —Lo sabía.

Yubaba volvió a gemir. —Oh, está bien, está bien. Arruinan mi diversión.

—¡Sí! —vitoreó Bôh feliz, junto con Yubarito y las tres cabezas verdes.

Yubaba buscó en su escritorio y sacó un contrato, el cual flotó hacia Chihiro.

—Sabes lo que tienes que hacer —dijo—, sólo firma y tendrás tu trabajo de vuelta.

—De acuerdo —dijo Chihiro con alegría. Firmó con su nombre. —Uh, ¿Eso significa que mi nombre seguirá siendo Sen, o me darás uno nuevo?

Las letras de su nombre flotaron fuera del papel y la bruja las atrapó en el aire. —No, Sen está bien. Así es como todos te conocen, ¿Por qué molestarse en cambiarlo?

—¿Podemos jugar ahora? —preguntó Bôh.

Yubaba negó con la cabeza. —No Bôh, Sen necesita instalarse primero. Pueden jugar después. —Se giró hacia Chihiro. —Ve a instalarte. Puedes quedarte con Lin si así lo prefieres. Ustedes dos hicieron un buen equipo la última vez.

Chihiro hizo una reverencia. —Muchas gracias señora. Y muchas gracias a ti también, Bôh.

Bôh asintió. —Haría cualquier cosa por ti, Sen —dijo—. Regresa pronto para que juguemos.

Chihiro asintió. —Lo haré. Hasta luego.

Abandonó la habitación y cerró la puerta tras de sí antes de recargarse sobre ella, soltando un suspiro de alivio.

—Eso estuvo cerca —murmuró. —Si no hubiera sido por Bôh, esa vieja bruja probablemente seguiría atormentándome.

Mientras se marchaba, su interior comenzó a llenarse de un abrumador regocijo. ¡Estaba de vuelta! Y esta vez se quedaría. Sin embargo, parecía que había algo de lo que se estaba olvidando. Algo que se supone debería recordar.

Repentinamente lo recordó. Buscando en el interior de su bolsillo, sacó la nota que había escrito anteriormente. Cuatro simples palabras que tenían una gran importancia.

—Chihiro —susurró. —Mi nombre es Chihiro.


Recuerden que esta traducción está siendo resubida tanto aquí en Fanfiction como en mi cuenta secundaria en wattpad (lilaluux-er) con su respectiva corrección. Si la ven en otra plataforma y/o en otra cuenta que no sean estas es PLAGIO así que les pido por favor notificarme.

Gracias por leer!