Enemigo primordial
Capítulo 18
Al grupo que se dirigía a Atenas aún le quedaban un par de horas para llegar, y eso que ya era noche cerrada. Llegarían de madrugada, cuando la ciudad aun dormía, pero poco más podrían descansar dado que en poco tiempo empezaría de nuevo la actividad, pero sobre todo, en cuanto el Sol comenzara a calentar de nuevo no se podría estar en la cama por el calor. Es por ello que se habían acostado pronto, en cuanto salieran del tren se empezarían a mover en busca del anillo de Urano, de cuya ubicación no tenían ni idea y ninguno de ellos había visitado Grecia antes, pero más o menos tenían una idea de dónde se podría encontrar. La Acrópolis era un lugar lleno de magia, no por nada allí había varios templos antiguos, y de hecho fue allí donde se dio la batalla contra los gigantes hijos de Gaia, cuando los 7 tuvieron que luchar contra ellos meses antes.
Al parecer, allí se encontraron un grupo de monstruos con cuerpo de serpiente y pecho humano, pero no interactuaron demasiado con ellos y eventualmente tuvieron que huir porque estaban confabulados con el enemigo, por suerte no llegó a pasar nada. Así que evitarían el subsuelo de la ciudad, donde al parecer ellos vivían. De no estar el anillo en la Acrópolis, cosa que probablemente así fuera, no tenían ni idea de dónde más buscar, tendría que indagar por zonas cercanas y a ver qué encontraban, esperaban no perder demasiado tiempo hasta dar con la zona adecuada.
Se habían dado días de sobra para poder realizar la misión, dos semanas completas, pero por experiencia sabían que, de una manera u otra, las cosas se podían complicar bastante en muy poco tiempo, y fácilmente podrían acabar llegando muy justos de nuevo a Lyonn, dónde habían decidido volver a encontrarse para ir a su nuevo destino.
Les confortaba en cierta medida tener con ellos a un adulto, Amos. Normalmente los grupos los formaban adolescentes, la población más habitual de semidioses, y siempre tenían problemas para poder ir a los emplazamientos a los que tenían que ir, o para poder comprar, o simplemente les ponían dificultades por el mero hecho de ser menores sin ningún mayor al frente.
Estando con ellos alguien mayor podían decir que era un grupo de escolares de viaje, y la idea podía llevarse a cabo mejor estando todos. Así sería todo mucho más sencillo, o eso deseaban, Al que más le gustaba la idea era a Patrick, eso era lo más cercano al mundo humano en su nueva situación, aunque ya sabía que poco más podría volver a disfrutar de esa normalidad.
Pensó entonces en su primo, Jeremy. No tenía ni idea de que él fuera celta hasta pocos días después, la verdad es que no se lo esperaba en absoluto. Tampoco que él fuera un semidios nórdico, para qué engañarse. Al parecer que hubiera semidioses de mundos diferentes no era algo tan extraño como pudiera parecer, de hecho a Annabeth y Magnus les pasaba lo mismo. Esperaba poder recuperar su relación con él, la misma que tenían cuando eran pequeños.
En todo caso, despertaron a las 5:30 de la madrugada, el tren llegaría a menos cuarto a Atenas, así podrían despejarse algo antes de salir. Ya fuera, el fresco de la noche les sentó bastante bien, aunque en pocas horas volvería el agobiante calor estival, que, sumado a la humedad del cercano mar, les pondría las cosas difíciles. Marin era la más emocionada con la visita a la capital, no por nada era la griega del grupo. Pero no podían ponerse a hacer turismo, tenían que ir rápidamente hacia las ruinas de la Acrópolis para rebuscar entre sus restos, con suerte encontrarían algún tipo de pista con la que empezar a moverse. Sabían que cerca tenía que estar, la cosa era hallar el lugar exacto.
Gracias a la orografía del terreno, que hacía que la ciudad moderna estuviera por debajo de la zona de la Acrópolis, situada esta en lo alto de una montaña, era sencillo localizarla en el horizonte, así que fueron hacia allí directamente. Si bien los edificios modernos tapaban de vez en cuando la vista de su destino, era sencillo seguir el buen camino pues era casi en línea recta desde su posición.
Si bien estaba lejos la noche permitía que pudieran moverse fácilmente por las calles sin que tuvieran que preocuparse por personas o tráfico, aunque sí les preocupara que algún patrulla se pusiera a preguntar que qué hacían unos menores con un adulto de madrugada por la calle, si estaba todo o casi todo cerrado. Por suerte para ellos no tuvieron que tener que responder a eso, nadie les detuvo hasta llegar a las cercanías de la zona vieja de Atenas, cuarenta minutos más tarde.
La zona, ya más abierta y con caminos de tierra, estaba vallada con altas verjas de metal, y varias zonas de entradas que por el momento permanecían cerradas a lo largo de la misma, ya que no se abría hasta las 7:30. No dispuestos a esperar tanto, decidieron saltar las protecciones, así podrían buscar más tranquilamente hasta que las instalaciones abrieran. No había demasiados edificios modernos cerca, la mayoría estaba a unos 100 metros y formaban una pequeña plaza semicircular, y desde la zona asfaltada hasta allí había unos caminos de tierra. Rodeando toda el área, habían bastantes olivos, arbustos, y varios típos de árboles, era una parte bastante más silvestre que de dónde venían.
La cosa era cómo saltar, pero Amos tenía un plan: se colocó de rodillas en una zona donde era algo más sencillo dar el salto dado que no había obstáculos, y colocó sus manos de tal forma que si otro ponía una pierna sobre su cuerpo podía alzarse gracias a su impulso. La primera en pasar fue Mallory, que saltó ágilmente para hacerle la demostración a los demás, luego fue Patrick, que casi cae de espaldas y tuvo que agarrarse a la verja para no caer, aunque Marin reaccionó rápido y le sujetó desde la espalda.
Le siguió la propia Marin, que también tuvo algunas dificultades pero no tantas como Patrick, y aunque Aurora aseguraba no necesitar la ayuda del adulto para subir, este insistió, y también dio el salto. En poco más de dos minutos ya todos habían pasado, sólo quedaba el adulto, que escaló con relativa facilidad hasta caer pesadamente al otro lado, se pasó las manos por pantalones y pecho, e indicó a los demás que caminaran.
-Esta usted ágil, jefe- comentó Aurora, y el aludido sonrió- Tengo que estarlo, sí. ¿Te importa no llamarme de usted? Podéis tutearme todos, en serio- les dijo, afable.
Ellos asintieron- Es la costumbre, la verdad- le respondió, y él suspiró- Bueno, ¿y por dónde empezamos? Toda esta zona es súper amplia- comentó Mallory- Tardaremos un huevo en poder peinarlo todo – añadió.
-Podríamos empezar en los templos, unos vamos allí y que los demás rebusquen en el resto del complejo- la idea de Marin era buena.
Amos se lo pensó un poco, y asintió- Bien. Yo iré con Aurora a la zona de los templos. Mallory, Marin y Patrick, quedaos por aquí y buscad, no creo que esté tan accesible pero puede que encontréis una entrada a una zona especial desconocida para los mortales- bajo esa orden, los demás se pusieron en marcha.
El adulto y la chica se movieron rápidamente ladera arriba, mientras los otros tres se movían entre los árboles y arbustos, buscando cualquier señal de la presencia del anillo que estaban buscando, pero no tenían demasiadas esperanzas de ello. Estaban demasiado cerca del lado humano para que estos no hubieran encontrado algo importante ya, aunque también La Niebla era especialmente fuerte allí, así que a saber si esta ocultaba algo importante o no, o si simplemente lo era por la cercana presencia de la Acrópolis. Pronto lo sabrían.
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Las horas pasaban, y si los de abajo estaban teniendo una búsqueda poco fructífera, los otros dos tampoco es que tuvieran mucha más suerte, ya que sólo veían los templos. Estos eran bellos pese a ser tan antiguos y estar en mal estado, aunque uno de ellos estaba especialmente bien conservado. Este estaba consagrado a la diosa principal de la ciudad, Atenea, y en su fondo, la Atenea Partenos se alzaba orgullosa, aunque a día de hoy la misma oficialmente se encuentra perdida, pero realmente estaba en el Campamento Mestizo.
Pero el Partenón no era el único templo. También estaba el Erecteión, con sus icónicas columnas con la forma de las Musas, y del que sólo quedaban algunas partes en pie, y que estaba consagrado a tres dioses: la parte central, a Atenea; a la izquierda, un altar a Poseidón; y a la derecha, otro para Dionisio. En el completo también había un santuario para Artemisa, así como un pequeño templo destinado a la diosa Niké, la que daba la victoria, y que al parecer les dio problemas a los 7 durante su misión para salvar el mundo. En unos laterales, se encontraban los restos de zonas donde vivían los sacerdotes y cuidadores del recinto sagrado, así cómo los que preparaban toda la zona durante los rituales de las ceremonias.
Aunque estaban en buena medida destruidos en su mayoría, aún se podía uno imaginar su viejo esplendor, y las vistas no desentonaban precisamente. Desde allí podía verse el bosque de más abajo y la ciudad moderna, pero no había nada especial más allá de eso, nada que pudiera indicar la presencia del anillo.
Y la llegada de los turistas sólo dificultó el que ellos pudieran examinar la zona, de la que tuvieron que salir cuando, a las diez de la mañana, se empezó a masificar. Había tanta gente que no podían rebuscar, así que tuvieron que salir de la Acrópolis rápidamente, casi tanto como habían entrado.
Toda la operación fue observada en silencio por Brontes, sin que ninguno de ellos se diera cuenta de que estaban siendo vigilados por la cíclope. Esta suspiró, eran demasiado optimistas pensando que estaría allí un objeto tan valioso. Tendrían que ir al otro lado de la ciudad, donde empezaba la zona antigua, dónde la magia era más poderosa que en ningún otro lado. Tendrían que ser inteligentes para descubrirlo, ella no tenía intención alguna de intervenir ni ayudando ni estorbando. Era una petición de la propia Hestia, que había bajado a pedírselo personalmente. Y como no tenía ningún motivo para no cumplir ese deseo, decidió seguirlo. Además, era positivo llevarse bien con la verdadera líder del Olimpo. Zeus era el rey oficialmente, y por supuesto tenía mucho poder; pero era la mayor de los hermanos la que realmente tenía capacidad de mando. Apenas lo usaba, pero la vez anterior que ella intervino en un asunto, se acabó fundando Roma.
Zeus jamás lo reconocería, pero era ella la que más poder tenía, pero por respeto a su hermano no lo utilizaba, prefería permanecer en un segundo plano. Efectivamente, el que más poder en sentido estricto era Zeus, pero ella lo que tenía era capacidad de movilizar a todos los demás hermanos, y su hermano menor no podía hacer frente a la totalidad del Olimpo en solitario.
Por ello jamás se llegó a casar ni tampoco se relacionó con un hombre más allá de una relación de amistad o fraternal, y se había mantenido virginal desde los tiempos mitológicos. Nunca rompió el juramento, pese a tener a Marin como hija. La había engendrado por sí misma, tal y como hizo su abuela en su día, no le hizo falta nada más, y fue por que sabía que una hija suya era imprescindible. Como antigua señora de Delfos tenía acceso directo al mismo, y no sólo había previsto el alzamiento de Caos antes que nadie, también comprobó la relevancia de su descendencia en los acontecimientos, así que eso ameritaba el tener a su primera y única hija mortal.
No por nada ella ya había unido a diferentes culturas antes, de hecho, fue Hestia la que juntó a nórdicos, griegos y romanos en los tiempos antiguos, o por lo menos logró que se llevaran lo suficientemente bien como para no organizar una guerra entre los diversos grupos de dioses.
Mientras Brontes meditaba sobre esas cuestiones, el grupo andaba despacio por el descampado anexo al bosque de la parte baja de la Acrópolis. Estaban debatiendo qué hacer, dado que el anillo de Urano claramente no estaba allí.
-Hubiera sido demasiado bonito que estuviera aquí, para que mentirnos…- comentó Aurora, cruzada de brazos.
-¿Tenéis más ideas de dónde puede estar el anillo?- preguntó Patrick, rascándose la cabeza un poco.
Todos negaron- Detecto muchas zonas con una magia muy intensa, de todas formas. Siempre podemos ver por allí, o intentar buscar la vieja Atenas, pero a saber dónde está, o siquiera si esta sigue en pie- comentó Amos.
-Guíanos, entonces. Me muero de calor- murmuró Mallory, y se pusieron en marcha de nuevo.
Lo que decía Amos era la pura realidad. La ciudad entera, pese a ser moderna, desprendía magia por todas partes, pero no ocultaba nada a la vista, se exponía tal cual era, así que pocas dudas en ese sentido tenían. Decidieron que Aurora recorriera la ciudad usando su súper velocidad, en pocas horas podría recorrerla entera y sería capaz de hacerse a la idea del callejero. Además le venía bien para estirar las piernas y calmar su nerviosismo, tras un viaje tan largo, así que en cuanto recibió la orden de Amos la cumplió en el acto. Se rodeó de su energía, y salió corriendo tan rápidamente que apenas pudieron ver su estela, provocando algo de viento en el proceso. Los demás se sentaron en un banco, donde esperarían a la joven tras su exploración, aunque no tardaron demasiado en sentir el hambre acudir a sus cuerpos. Un suave gruñido salía de sus estómagos, así que el adulto suspiró, y buscó con la mirada un sitio donde tomar algo.
-Ahí hay una cafetería, ¿os apetece tomar algo? Les preguntó, como si tal cosa- Pago yo, venga, vamos- ellos le miraron agradecidos.
Anduvieron rápidamente hasta allí, cruzando la pequeña plaza de placas de piedra, y entraron. No era demasiado grande, cabrían unas treinta personas incluyendo barra y mesas, estaba hecha sobre todo de madera y tenía una gran maquina de bebidas al fondo. A lo largo de la barra, hecha de madera, tenía grifos para agua y cerveza, así como varias minineveras de plástico para mantener fría la comida, o para tenerlas bien conservadas en todo caso. Varios parroquianos tomaban café en sus mesas con la tele de fondo, conversando tranquilamente. En cuanto se sentaron en las sillas de madera, apareció el dueño, un hombre regordete, calvo y con algo de barba, su mandil estaba impoluto así como su polo blanco.
-Buenos días, ¿que les pongo, familia? - mientras hablaba, limpió con una bayeta la mesa, para luego sacar un bloc de notas pequeño y un bolígrafo.
Tras pedir cola cao y churros para los chicos - incluida Aurora - y café para Amos con una tostada, el tipo asintió y, con la comanda pedida, volvió a su sitio, siguiendo atendiendo a los demas clientes. Estando ya más a solas, Amos miró al grupo en silencio, dando pequeños golpes en su pierna derecha, que estaba cruzada sobre la izquierda.
-Chicos, os noto nerviosos - comentó entonces. Ellos se miraron, mientras se lo pensaban un poco.
-Bueno… la misión no parece empezar muy bien- comentó Marin, mientras tamborileaba sus dedos encima de la mesa.
El adulto asintió- Nunca parecen ir bien, querida. Pero tienes que tener la voluntad de que las cosas mejoren, por que si vas con la idea de que todo saldrá mal, eventualmente pasará- explicó.
Mallory rodó los ojos- Si las cosas tienen que salir mal lo harán, da igual qué animo lleves- respondió, y Amos asintió.
-Y así es, en parte, pero si no estas animado, si piensas que todo saldrá mal, tendrás más probabilidades de fallar, por que, total, ¿para qué esforzarse si al final todo se estropeará?- argumentó.
Esa idea era buena, en realidad. No pensaron mucho más en ello pues llegó el camarero con las viandas que habían pedido, y Amos entonces aprovechó para pedir la cuenta, en cuanto el hombre se fue, se inclinó un poco para hablar con los demás.
-Y ahora, pequeña lección de cómo obtener información- murmuró, y se colocó cómodamente en la silla.
Cuando el hombre llegó, Amos comenzó a hablar- Además de los lugares típicos de por aquí, ¿hay más zonas así, interesantes?- preguntó -Hemos estado visitando la zona pero nos gustaría ver algo… más allá de lo súper típico, ¿sabe? -
El camarero se lo pensó- Bueno… además de la Acrópolis y al rededores hay zonas en la ciudad que se pueden visitar. Pero hay una parte menos conocida al otro lado de Atenas, están de obras por allí cerca, ya saben como son estas ciudades. Basta que abras una zanja en el suelo y te encuentras algún resto arqueológico, y esta vez pues no fue diferente- explicó.
Amos asintió, interesado- Perfecto, muchas gracias- dijo él, mientras le tendía el dinero al tipo, y este le entregaba la factura, tras lo que fue a caja a darle el cambio.
Pocos minutoss después apareció Aurora por la puerta. Pese a haber estado corriendo como el viento durante los últimos veinte minutos no parecía cansada, al contrario, estaba con una sonrisa de oreja a orea. Si por ella fuera, seguiría recorriendo las calles de Atenas a toda velocidad, pero no podía estar indefinidamente yendo y viniendo, así que acabó volviendo a dónde les había dejado en un principio. Al no verles, recorrió la plaza buscándolos, hasta dar con ellos en la cafetería, a la que entró. Se les cercó y vio que también tenía algo para tomar, así que se sentó rápidamente tras tomar una silla de una mesa cercana, y les comenzó a explicar.
-No he encontrado nada reseñable en la ciudad moderna, más que ruinas localizadas en algunos sitios pero en los que dudo mucho que haya alguna pista. Pero, al otro lado de la ciudad, sí que he encontrado algo interesante- aseguró ella.
Había tomado un buen sorbo del cola cao y comido algo antes de ponerse a hablar, correr tanto drenaba su energía, y necesitaba recuperar después de hacerlo.
-Déjame adivinar: hay unas ruinas que están siendo escavadas, ¿verdad?- le preguntó, y ella asintió, con algo de sorpresa.
-Sí, pero la clave no es esa. Pude ver que, cerca de las mismas, hay una segunda ciudad, parece reciente pero está claramente protegida por La Niebla, incluso a mí me costaba mirarla, es como si estuviera fuertemente protegida. Puede que fuera la ciudad vieja de la que nos habló Perseo- explicó.
Amos asintió, entendiendo- Nos habían dicho que habían encontrado restos y los estaban escavando, pero claramente lo relevante es lo que tú has encontrado. En cuanto acabemos de desayunar iremos, ¿de acuerdo? - todos asintieron.
No tardaron demasiado en terminar, y, tras salir de allí, se empezaron a mover. Aurora aún tenía reciente en su cabeza el callejero de la ciudad, aunque le duraría poco,por eso les dijo la ruta a seguir, por si a ella se le olvidaba. Yendo a toda velocidad, ella habría tardado pocos minutos en llegar, pero a paso normal nadie les iba a quitar dos horas y media de caminar, eso si los semáforos y el tráfico permitían el movimiento. Y en ese rato probablemente ya se le habría olvidado, así que prefería que los demás también lo recordaran, sólo por si acaso. En última instancia ella podría volver a correr, pero prefería no tener que hacerlo delante de tantos mortales, habría demasiado que explicar, y a saber lo que verían. Cayeron en que Amos podría usar sus viajes a través de la Duat, el mundo mágico de los magos egipcios, pero este dijo que ni en broma: en primer lugar por que no tenían barco para usar, y en segundo lugar, la distancia no lo ameritaba. También le comentaron de ir en coche pero él insistió en que debían estirar las piernas y moverse, no era bueno para sus jóvenes cuerpos estar tanto tiempo sentados, así que a regañadientes fueron a pie.
El calor empezaba a apretar según ascendía el Sol por el cielo, pero pese a ello podían disfrutar de la suave brisa del mar, que inundaba toda la ciudad. El olor a salitre se podía sentir incluso con todo el tráfico rodado y humano, pero también notaron que había ninfas jugando con sátiros, y algún que otro gato que de vez en cuando parecía más un ser fantasmagórico que un felino. La ciudad estaba llena de ellos, estaban en todos lados saltando y jugando entre ellos, entre gatos normales y aquellos animales sobrenaturales. No les atendieron demasiado, aunque a Marin le dieron ganas de llevarse a dos o tres con ella, le parecían demasiado monos.
-No sabía que te gustaran tanto- comentó Patrick, y ella asintió. El chico se sonrojó un poco cuando ella, casi de forma inconsciente, la agarró de la mano.
Para Amos eso no pasó desapercibido, aunque las otras dos chicas estaban más concentradas en hablar entre ellas para que la nórdica se quedara más o menos con las rutas que había hecho Aurora, aunque esta pudiera correr a toda velocidad era perfectamente posible que se hubiera dejado zonas sin revisar, pero no parecía ser el caso. A medida que llegaban a la zona centro de la ciudad comprobaron que el número de gatos no dejaba de aumentar, como si allí hubiera algo especial que los atrajera, pero no sabían exactamente de qué podía tratarse.
Lo que sí detectaron fue un fuerte olor a pescado, puede que estuvieran cerca de una lonja, ya que estaban relativamente cerca del agua, seguramente fuera por eso. Precisamente los felinos se concentraban en torno a un edificio, y que Amos reconoció como uno del que emanaba bastante magia, pero supuso que no tendría especial importancia, no al menos en ese momento. Siguieron adelante hasta llegar, un buen rato después, al otro lado de la ciudad. Se encontraron delante de ellos con una gran explanada, habían llegado a los límites de la ciudad, y, efectivamente, unas obras estaban paralizadas.
Se estaba construyendo un parking, pero habían parado todo por que en medio de la infraestructura se encontraron con unas ruinas antiguas. Rodeando la zona había casas de campo con bonitos jardines, zonas cultivadas y bosques, se podía considerar como una zona intermedia entre la naturaleza y el mundo humano, y, justo en medio, el mundo mágico de la mitología griega se alzaba esplendoroso. Al fondo, en la base de unas colinas, podían ver una gran ciudad, sin murallas, aunque estaba bien defendida por una gran barrera de energía, y que impedía que nada que no se deseara pudiera pasar.
Las casas eran de piedra y madera, parecía bastante habitada desde allí, con mucha actividad de gente moviéndose de aquí para allá, se tendrían que acercar más para poder observar detalles más concretos. Seguramente allí podrían descubrir más cosas sobre el anillo de Urano, pero tendrían que pasar antes más allá de las obras, donde había bastante gente a lo largo de las rocas, trabajando retirando arena y tierra con cuidado, algunos incluso son pinceles y cubos a su lado, concentrados en el trabajo. A lo largo de las ruinas que iban encontrado tenían varias plataformas de metal que servían para entrar y salir del recinto, y que formaban un largo pasillo con varias plataformas perpendiculares a la parte central. Se movieron a varias calles paralelas para pasar inadvertidos, y, tras unos minutos, volvieron a estar frente a la vieja Atenas, a la que se podía acceder a través de una calzada de piedra perfectamente cuidada.
Para acceder a la misma había antes que pasar una protección mágica bastante más potente que la del Campamento Mestizo o el Júpiter, cosa que sorprendió a Marin. Ella sabía que esas protecciones eran lo suficientemente fuertes para defender ambas zonas con solvencia de los monstruos, pero aquella era bastante más resistente, lo podía sentir con tan sólo tocarla. Amos lo confirmó mientras pasaba su mano a lo largo de la cúpula, y suspiró un poco.
-Siendo yo humano, no sé si podré pasarla… tendría que llamar al dios Set para ello, diría...- murmuró él.
Los chicos le miraron con interés -¿Es como con tus sobrinos, que puedes tener a un dios dentro? - le preguntó Aurora, y él asintió.
-Así es… Al menos ahora no estamos peleando contra él… Espero poder contar con él y no tener que arrepentirme - Marin estaba pensativa.
-¿En qué piensas? - le preguntó Mallory, y la aludida observó al adulto- Ahora que lo pienso, los dioses están dando facilidades para que podamos comunicarnos entre nosotros, ¿no tendría sentido que también permitieran paso libre por las ciudades antiguas? - les dijo ella – Pensadlo, si quieren que colaboremos, es imprescindible poder comunicarnos, y eso sería imposible si no podemos estar cerca y hablar la misma lengua. Lo segundo podemos hacerlo, ¿por qué no lo primero? - añadió ella.
La nórdica simplemente suspiró un poco, y se dispuso a pasar por la cúpula. Contuvo la respiración, y dio varios pasos a través de las protecciones de la ciudad vieja, logrando atravesar sin problemas las defensas mágicas, y Amos fue detrás de ella. Fue con tanta fuerza que casi cae al suelo cuan largo era, pero Mallory le detuvo antes de darse de bruces contra el suelo. Los otros tres adolescentes pasaron también sin mayores problemas, y, ya reunidos todos, felicitaron a la griega por su astucia.
-Bueno, vamos ya hacia Atenas, la misión no se va a resolver sola, muchachos – Amos comenzó a marchar a buen ritmo por el camino de piedra.
Este a Aurora le recordó a una calzada romana. Era larga y totalmente recta, con piedras a cada lado cada varios cientos de metros y que señalaban las distancias, así como indicaciones para otras localizaciones. El suelo de la calzada estaba empedrado con grandes losas, que descansaban sobre lechos de tierra y arena, firmemente apoyadas en el suelo. A los lados la naturaleza crecía sin apenas intervención humanas, aunque en los campos del fondo se podían ver a los agricultores y ganadores trabajar la tierra con maquinaria agrícola, pero parecían respetar zonas concretas, donde las ninfas jugaban y corrían, ajenas al mundo moderno que estaba a apenas un par de kilómetros de ellos. Sólo La Niebla impedía que pudieran urbanizar también aquella zona, a saber qué veían de peligroso o malo los mortales para no hacerlo. O simplemente que querían preservar una zona de naturaleza virgen,
Eventualmente llegaron a la ciudad, y ahora sí, sólo había una forma de llamar a Atenas: bello. Las casas de madera estaban pintadas de blanco con los techos azules, los balcones de las casas tenían flores y macetas, fuentes por doquier daban agua allí donde se levantaran, el suelo estaba empedrado y había zonas de césped donde los niños más pequeños jugaban con sus padres, gente trabajaba artesanalmente en sus puestos la madera, el metal o el vidrio, y había soldados hoplitas bien armados en grupos de dos patrullando las calles o hablando con los ciudadanos como si de nada se tuieran que preocupar. Un grupo de ellos incluso bebía sin vergüenza o pudor en la cantina y cantaban alegres canciones.
-Parece un pueblo de la antigüedad, ¿no? - comentó con interés Marin, mientras entraban.
Los soldados a la entrada de la ciudad simplemente les detuvieron unos minutos para preguntar cuales eran sus intenciones en la ciudad, y ahí Amos fue rápido: simplemente estaban de paso, querían descansar un poco y luego, pasada la tarde, seguirían su camino. Creyendo sus palabras, el oficial al mando les dejó entrar sin mayores problemas, y ellos lo primero que hicieron fue ir hacia la taberna. No por que lo necesitaran, acababan de desayunar, pero Amos insistió. Era el mejor lugar, en palabras del adulto, para encontrar a alguien que hablara más de la cuenta o diera información gratuita sin siquiera darse cuenta. Normalmente por algo así les pedirían una alta suma, pero estando borrachos… igual hasta eran invitados a algún trago.
Al poco de entrar y sentarse, fueron atendidos y para no llamar la atención, pidieron unas cervezas. La taberna era como la cafetería en la que estuvieron hacía un rato en la época moderna, con la diferencia de que no tenían tele pero sí un equipo de música en la que se escuchaban los últimos grandes éxitos del pop griego .Aunque a los chicos no les apeteciera, Amos pasaría por el aro y se tomaría las bebidas con tal de poder estar allí un buen rato.
Aunque rápidamente se dieron cuenta de que poco tendrían que estar allí. En el fondo de la sala había una parte algo más elevada desde la que se tenía acceso a la plaza central, dónde vieron a una buena multitud de personas reunidas. Estaban atendiendo al discurso de un individuo, que, gracias a hablar a través de un micrófono, se le podía oír perfectamente desde dónde estaban. La plaza era amplia, de forma circular, con un púlpito en el medio hecho de madera, y de fondo, una estatua de Atenea de marmol sosteniendo su escudo y una lechuza al hombro, símbolos de la ciudad. En lo alto del púlpito, el chico, de pelo castaño, piel morena por el sol y ojos castaños, hablaba.
Llevaba ropa normal, una camisa de manga corta y unos pantalones cortos con sandalias, aunque por encima llevaba una toga blanca. Parecía bastante entusiasmado, se le notaba en la voz. Amos comprobó que apenas debía pasar de los 25 años, aunque por la barba aparentaba algo más de esa edad.
-¡Y yo os digo, que es necesario más que nunca escuchar a los dioses! Algo pasa, ya lo dijo Giorgios, el sacerdote- tardó unos segundos en pensar cómo seguir -Nuestra seguridad depende de ello, ese muro que nos ha protegido durante miles de años es lo que nos ha permitido vivir en paz, sin monstruos. Zeus quiera que siga ahí para siempre, pero, es momento de preguntarse si el nerviosismo de los dioses está justificado, y si el mismo es debido a la bajada de la fuerza de la barrera – dicho eso, le tendió el micrófono a una mujer para que esta hablara.
Sin más, bajó del púlpito donde los suyos le saludaron efusivamente, y, tras hablar con ellos unos minutos – durante los cuales Amos se bebió dos de las cervezas – el chico llegó hasta el bar donde ellos estaban. De no ser por el adulto, no se hubiera fijado en ellos. Este se levantó, y se le acercó. Habló con él unos minutos, y pareció encantado de sentarse a la mesa con ellos. Le hicieron un hueco, y tras pedir para todos de nuevo, él se sentó junto a ellos.
-Es un honor que un maestro me elija a mí para enseñar política a sus alumnos, la verdad – comentó, mientras sonreía un poco.
Los adolescentes miraron sin entender a Amos, pero este les pidió con un gesto paciencia – Los clásicos, como Aristóteles, Platón o Diógenes son muy importantes, sin duda – comenzó.
-Pero también es necesario conocer lo nuevo, y tras ver tu discurso… He de reconocer que usted, ehm… - el chico se presentó entonces.
-Me llamo Alexis Alkayos, un gusto – Amos asintió – He de reconocer que usted, Aelxis, tiene un don para la palabra – comentó, adulador.
El chico le restó importancia a las palabras del adulto, pero no pudieron evitar ver que se sentía más que orgulloso por ello – Bueno, sólo quiero lo mejor para mi ciudad, señor. Ese es el más alto valor para la política, creo yo – añadió.
Y empezó entonces una conversación entre los dos adultos. Mallory pasaba olímpicamente, le daban igual esas cosas, de hecho, vio en el lateral a unos tipos jugando a los dardos y se les unió en cuanto tuvo la oportunidad. Amos se dio cuenta pero como Alexis parecía demasiado concentrado explicando sus ideas ni se enteró de aquello. Patrick empezaba a cabecear a la media hora, pero Marin parecía muy concentrada en las palabras del chico, tanto, que tomó la mano del chico y la apretó con fuerza para que se despertara. Aurora lo vio y se rió por dentro de la reacción del chico, que casi saltó en su silla, pero no dijo demasiado. Prefería prestar algo de atención a la conversación mientras también vigilaba a los alrededores, y sobre todo a Mallory, para que ella no se metiera en líos con los locales.
Estuvieron así cerca de hora y media, y entre ronda y ronda al final acabaron tomando algo más de la cuenta, pero cuando le vio en el tono perfecto, Amos formuló la pregunta más importante hasta entonces.
-Dices entonces que los dioses andan nerviosos, ¿a qué te refieres? Hemos estado fuera unos días y no estamos demasiado enterados – comentó. Alexis suspiró, y le dio unas vueltas a su vaso en silencio antes de responder.
-No lo sé exactamente, pero me preocupa. Además, los soldados últimamente están viendo a muchos monstruos cerca de las protecciones de la ciudad, pero al otro lado de la parte cercana a la ciudad, es muy raro – comentó.
-¿No será por algo que les pueda interesar? - preguntó Amos, pero Alexis negó – En esa parte sólo hay un viejo templo de la época preclásica, ni siquiera los más ancianos saben a quien está dedicado. El único que podría saberlo serían las ninfas del mar que viven en la Atenas moderna – explicó.
Amos asintió, interesado – Ya veo… Bueno chicos, espero que hayáis sacado buenas lecciones de este joven político – el hombre entonces sonrió ampliamente, mientras le golpeaba en el hombro como si le conociera de siempre.
El aludido simplemente se levantó y estiró un poco – Fue un placer ayudar. Si me disculpan, tengo que ir a atender unos asuntos personales – se fue de allí entonces, y Amos se reclinó sobre su asiento.
-¿Veis? Ya no hace falta buscar más. Llamad a Mallory y contadle, yo voy al baño un minuto y vuelvo – antes de que los otros tres adolescentes pudieran decir nada, él se levantó y fue a aquellos menesteres.
Fue Patrick el que fue con la nórdica, que tenía una buena racha lanzando los dardos, a pedirle que volviera con ellos. Ella aceptó aunque no de muy buena gana, a decir verdad, y mientras lo hacía refunfuñaba cosas en gaélico que él no entendía pero que suponía eran insultos bastante fuertes, a juzgar por su cara de molestia.
-Bueno, ¿qué pasa para que me saquéis de una partida que tenía ganada ya, eh? - preguntó molesta.
-Ya sabemos a dónde ir, ¿te es suficiente? - le dijo Aurora, mientras la encaraba un poco. La aludida frunció el ceño, e iba a contestar cuando Marin intervino.
-¡Sí, y de hecho, yo no sé vosotras pero tengo hambre! ¿Os apetecería tomar algo más? - comentó.
Los demás la miraron, con sorpresa. Se había tomado durante la charla entre los dos mayores también un par de cervezas, y un rato antes habían desayunado también. ¿Cómo podía tener hambre? Aunque a decir verdad, lo que habían desayunado apenas servía para llenar las tripas y llevaban desde la noche sin comer algo más contundente para sus cuerpos, así que comer algo antes de partir no sonaba como una idea tan descabellada en esos momentos. Cuando volvió Amos, y como él también parecía con hambre, decidió pedir para comer y ya pagar todo. Para su sorpresa aquel joven, Alexis, antes de irse, lo pagó todo. Cuando Amos quiso buscarle ya se había ido y a saber dónde estaba, así que tuvo que agradecer el gesto en silencio.
Así que, teniendo todo pagado, podían pedir de comer sin preocuparse de tener que pagar más allá de las nuevas peticiones. Como aún tenían algo de bebida decidieron sólo pedir de comer en grupo algo de carne y verdura frita, aunque Mallory se bebió de un trago la cerveza que le quedaba, apenas había bebido por los dardos así que tenía bastante sed. Amos la miró con diversión, y por su cara supo que deseaba tomarse una más durante la comida.
-Me siento mal, jefe. ¿por qué tienes que asumir tanto gasto? Déjanos al menos pagar algo – exclamó Aurora cuando vio que volvía a sacar la billetera.
El adulto la miró -¿Vosotros tenéis euros disponibles? - les preguntó. Los jóvenes se miraron confusos -Imagino que sólo Aurora, por que los demás no habréis caído en cambiar antes, ¿o me equivoco? Además, bastante mal lo pasáis ya – añadió.
-No necesitamos tu compasión, gracias – gruñó Mallory, mientras comía la carne usando su cuchillo.
-No confundas mi hospitalidad con vosotros con compasión – terció él, entonces -¿Recordáis la profecía? Sólo juntos triunfamos. Si mi forma de ayudar puede ser esta, lo haré – no dijo nada más al respecto.
Mallory suspiró y s reclinó sobre su silla, seguía comiendo pero no con tantas ganas como antes -No lo pareceré pero tengo mis añitos. No me gustan que me traten como a una niña cuando no lo soy – comentó. El adulto la miró con interés, y la instó a seguir.
-Pero… debo reconocer que agradezco que lo hagas. No voy a ser hipócrita, nos viene genial, pero llegará un momento en el que se agoten los fondos, y tendremos que hacer algo en ese momento -
Patrick habló en ese momento -Oye, pero, ¿no teníamos dracmas para poder pagar? ¿y monedas de oro y demás? Podríamos usarlos, seguro que nos dan mucha pasta – comentó.
Amos asintió -Podemos usarlos, claro. Pero de verdad, no os preocupéis. Carter, como Faraón, tiene el tesoro de Egipto a su disposición, además de los dracmas de oro griegos y romanos, y las monedas nórdicas. Si, como bien dice Patrick, lo necesitáramos llegado el momento podremos usarlos, pero os aseguro que el tesoro real es bastante amplio – Mallory le miró con sorpresa.
-No quería tener que decirlo, por que Carter me pidió no contarlo. Pero sí, en cuanto nos reunamos todos pondremos fondo común, creo que será lo mejor. Llamaré a Zia para comunicarlo, no nos hemos comunicado muy bien en este sentido, y eso que es importante – comentó.
-Bueno, si el propio Carter ofreció ese dinero para pagar los gastos… - dijo Patrick.
No tardaron demasiado en comer, el hambre apremiaba en ellos y tardaron poco más de una hora en comer. Para esas alturas ya era casi medio día y el calor apretaba, pero tenían que moverse para cumplir con la misión. Por lo que había dicho Aelxis, había un templo antiguo que estaba siendo rodeado por monstruo y del que emanaba una magia especial. Pero para saber más tendrían que ir a habla con las ninfas que estaban Atenas, y Amos sabía perfectamente a dónde ir. La ciudad entera desprendía magia, pero sin duda, una lonja de pescadores rodeada de gatos callejeros era un punto muy especial en ese sentido.
Estaba algo lejos pero esperaban poder llegar antes de que cerraran las instalaciones, si es que se cerraban en algún momento. De todas formas no había pérdida, sólo tenían que seguir a los animales hasta allí, seguro que más de uno iba cada vez que tenía hambre para ver si podía hacerse de algún pescado que no quisieran los humanos, o lo que quisiera que hubiera allí. Si la información que tenían era correcta debía haber por lo menos una nereida involucrada, seres mitológicos que vivían en los fondos del Mediterráneo y que socorrían y ayudaban a los marineros en las tormentas o cuando tenían que pescar o simplemente volver sanos y salvos a casa.
Estaban todos algo nerviosos, jamás habían tratado con seres así, pero Mallory aún se acordaba de cuando unas gigantas del mar, hijas del dios Aegir, les habían puesto bastantes problemas a ella y a los demás, durante su visita a la casa familiar, antes de su batalla final contra Loki. Fue bastante desagradable, la verdad. Las nereidas, según Marin, eran por lo general pacíficas y no pondrían problemas siempre que ellos fueran respetuosos con ellas, pero sólo por si acaso sería Amos el que hablara. Los demás o no tenían experiencia o no sabrían como tratarlas sin correr el riesgo de decir algo que las ofendiera y decidieran lanzarles al mar para que les devorara algún monstruo marino mazo chungo, como diría Percy o el propio Magnus.
Pensando en ello, llegaron eventualmente a la nave. Estaban a tan solo doscientos metros del mar, era grande tanto en altura como anchura, fácilmente cabrían varios campos de futbol completos en su interior. Las paredes eran de hormigón y tenían pequeñas ventanas en forma de ojo de buey, como si fueran las de los camarotes de un barco. El techo tenía forma abovedada y estaba formado por placas de acero con un revestimiento para evitar que el fuerte calor pudiera estropear la mercancía. Notaron que los gatos se arremolinaban en torno a varios puntos, sobre todo los cubos de basura, pero les sorprendió ver un punto en particular, que era una entrada lateral. Cerca de cincuenta gatos esperaban sentados y mirando la puerta de metal en silencio, casi como si esperaran a su líder para dar un discurso.
Ni se inmutaron cuando ellos pasaron en torno a ellos, parecían más interesados en esperar algo de lo que claramente tenían ganas antes que molestarse en poner algo de su atención en el grupo. Con cuidado y procurando no pisarle la cola a ninguno, se las ingeniaron para llegar hasta la puerta, y llamaron un par de veces dando golpes con el puño. Casi al instante la puerta se abrió y los animales comenzaron a maullar, el fuerte olor a pescado en mal estado les llegó a las fosas nasales y tuvieron que contener la arcada.
-¿Qué hacéis vosotros aquí? ¡Largo, esto es propiedad privada! - oyeron una voz femenina. Cuando se fijaron, vieron a una joven.
Era morena, de pelo largo por los hombros y ojos color plata, era majestuosa. Unas pecas decoraban el puente de su nariz, y su cuerpo, fuerte pero grácil, no se quedaba atrás en cuanto a belleza de su rostro, dándole un aspecto sobrenatural parecido al que mostraba Calipso.
-E – estábamos buscando a las nereidas que viven aquí – explicó Marin entonces. La chica les miró con sorpresa y se detuvo algo más en mirarles.
Luego dejó la caja en el suelo y dejó que los gatos hicieran buena cuenta de los pescados, y se cruzó de brazos.
- ¿De dónde venís? - preguntó – De América. Tenemos una misión urgente, y creemos que podéis darnos información muy útil de un objeto que buscamos – afirmó.
La chica asintió, pensativa - ¿Y que os hace pensar que podemos tener esa información? Somos pescaderas, no orfebres o herreros – argumentó.
Amos intervino entonces – Sabemos de vuestra sabiduría, llevan aquí siglos. Seguro que nos podéis ayudar con el Anillo – en cuanto pronunció el nombre, la nereida frunció el ceño.
-Ya veo… Si es así, entrad. Y cuidad vuestros modales, mortales – dijo, mientras les abría la puerta, permitiendo su entrada.
Ellos se miraron. No tenían ni idea de qué se encontraría, pero en todo caso lo sabrían en breve. Esperaban al menos no tener que arrepentirse demasiado.
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La mitología celta aquí incluida es bastante compleja aunque poco ha sobrevivido hasta nuestros días, aquí se da una visión algo simplificada que, con el tiempo, se irá perfilando.
Hasta aquí el capítulo de hoy, espero que os haya gustado, y que apoyéis este fanfic. Ni Percy Jackson ni ninguno de los personajes de las sagas de Rick Riordan me pertenecen. ¡Dicho esto, que la inspiración os acompañe!
