Enemigo primordial
Capítulo 19
Los muchachos siguieron en silencio al cíclope, este tenía una simple toga blanca que cubría su fuerte cuerpo, su pelo tenía . Ellos se habían asustado en cuanto le vieron, sobre todo porque el día anterior aquel ser había logrado barrer el suelo con ellos sin demasiado esfuerzo en apariencia, logrando derrotarles fácilmente en solitario. Aquello había pasado tras cruzar la frontera francesa con España, y justo después habían descubierto la guadaña de Cronos, que se había separado en diferentes partes, que a saber a dónde habían ido, en total había cinco partes que desconocían dónde se encontraban tras la división.
En cualquier caso, no sabrían siquiera como unirlas de tenerlas todas, y su búsqueda no era prioritaria en aquellos momentos, en cambio, los anillos de Urano sí eran objetivo principal en su aventura, al menos por ahora, y precisamente en ellos se encontraban en esos momentos, aunque el cíclope no les inspirara ningún tipo de confianza. Al menos estando en un área abierta como era el embalse, podrían luchar más cómodamente que no estando en una gran arboleda, donde tendrían más difícil usar sus poderes. El que más acceso tenía precisamente era Percy, con una masa de agua tan grande cerca tenía su energía en alza, Zia estaba sorprendida por ser capaz de verla, era azulada como el mar, y fluía a través de su piel. En cierta medida era capaz de ver también la de los demás, pero mucho menos brillante ni con tanta densidad como en el caso del griego, salvo por el cíclope, que en su caso era bastante más potente. En esos momentos más bien parecía un tío enorme pero sin una apariencia sobrenatural como la que tenía cuando le conocieron por primera vez, pero aun así intimidaba. Las criaturas del entorno, tanto animales como fantásticas ninfas, sátiros o centauros también en un inicios parecían asustados por este, pero al final incluso se arremolinaban y corrían en torno a él, como si fuera una especie de guía para ellos, o por mera curiosidad por el extraño.
No se atrevieron a hablar hasta pasado cuarto de hora, que empezaban a impacientarse. El entorno era precioso, pero tenían cierta prisa.
-¿Vamos a ir muy lejos, colega?- le preguntó Magnus entonces, serio. El cíclope no se detuvo mientras andaba.
-En absoluto, estamos bastante cerca ya - explicó- Me llamo Traquio, no colega, muchacho- el aludido frunció algo el ceño, pero se contuvo cuando Percy le agarró de la muñeca para que no entrara en la provocación.
Efectivamente, no tardaron demasiado en detenerse. Se encontraban a medio kilómetro de las instalaciones del embalse, que consistían en varios edificios blancos con el techo verde y lo que supusieron era el logotipo de la empresa que llevaba todo aquello, pero apenas se fijaron en eso, preferían centrarse en lo que tenían delante. Efectivamente se trataba de una zona de cuevas, con encinas a su alrededor, rocas, y lo que desde lejos identificaron como una pequeña casa abandonada. Estaba hecha de piedras y palos, con agujeros en las paredes sin cristales, techo de paja hundido y llena de polvo y suciedad. Esta tenía entrada directa al complejo subterráneo, aunque no se sentían muy seguros de que fuera buena idea entrar ahí con el cíclope cerca, no se fiaban. Pero este, antes de que pudieran comentar nada, habló.
-Esta es la Casa de Hades local- señaló el cobertizo- Ya sé que no es la gran cosa, pero vuestra amiguita podrá comprobarlo- Zia se sintió interpelada entonces.
Y la verdad, así era. Sentía una enorme magia ahí dentro, una fuerte conexión con la muerte. Le daba algo de miedo, pero si tenían en entrar no le quedaba otra más que armarse de valor. Aelita increpó entonces al cíclope.
-¿De verdad esta chabola destartalada es una entrada al inframundo?- ante eso, Traquio asintió.
-Sí, sé que no es un súper castillo o algo más espectacular, pero así es- Percy la contempló en silencio, con los brazos cruzados sobre el pecho.
-Es verdad que no se parece en nada a la que nos encontramos en Italia, pero… no miente- eso, sumado a que Zia daba su visto bueno, fue suficiente para que los demás se sintieran cómodos con aquello.
-Bueno, entiendo que es entrar, pillar el anillo y largarnos, ¿verdad?- preguntó Aelita, pero Traquio negó.
-No es tan sencillo como ir a jugar al parque, porque tenéis que bajar directamente al Inframundo. Tenéis que sacar a una persona de allí- los chicos fruncieron el ceño.
-Y si tan necesario es eso, ¿por qué no lo hace un dios? No sé, Hades, o Tanatos- dijo Jamily, seria- Joe, no están las cosas para que nos den más misiones suicidas- añadió ella.
Traquio alzó una ceja entonces- No sé de os sorprende el trato. Id y obedeced, os lo recomiendo. El alma de esa persona es Bianca Di Angelo-
Percy inmediatamente abandonó su pose y se le acercó a toda prisa- ¿Es en serio? ¿Has dicho Bianca Di Angelo?- y el cíclope asintió.
El muchacho parecía bastante sorprendido, por su rostro seguía sin dar crédito a las palabras del otro- ¿Irás ahora, hijo de Poseidón?- antes de que este respondiera, Jamily intervino.
-Sigo pensando en que todo esto lo podría solucionar más fácilmente un dios, a no ser que haya alguna razón especial para que tengamos que ser nosotros- comentó.
-Pienso como ella. Que vaya uno, nosotros ya tenemos una misión- dijo Aelita, seria. El cíclope se rio entonces, con una sonora carcajada.
El sonido retumbó en sus estómagos, revolviendo sus tripas durante varios segundos, provocando unas ligeras nauseas. Cuando dejó de reír, Traquio les miró de nuevo, se colocó a su lado, y les observó detenidamente. Uno por uno observó sus cuerpos y rostros, analizando sus facciones, y sin que ellos lo notaran, también se fijó en sus esencias, invisibles al ojo humano pero brillantes como estrellas para la vista experta del cíclope. Sonrió complacido con lo que vio.
-Es una pena que los padres no se parezcan un poco más a los hijos… Me habéis caído bien, así que os lo diré. Los dioses están asustados- empezó.
Se sentó pesadamente en el suelo, pero era tan enrome que su pecho quedaba casi a la misma altura que la de los adolescentes. Ellos le sostuvieron la mirada en silencio, incluso Jack, que descansaba sobre el pectoral de Magnus, permanecía en un respetuoso silencio. Y eso que ni ante gigantes decenas de metros más grande se había quedado callado.
-Están constantemente reunidos, se ven superados absolutamente por la situación. Veréis, hace miles de años que no se enfrentaban a Caos, y sus huestes están empezando a salir a la superficie de nuevo, como en las grandes guerras anteriores. Y no tienen nada que ver con los monstruos que Gea o Tártaro haya lanzado previamente contra vosotros, los semidioses- movió su mano en el aire entonces.
Ante ellos apareció una imagen de un fondo negro. Una criatura extraña se movía como un pescado, pero pronto adquirió forma humanoide, con la piel como el tapiz celeste por la noche, surcado de estrellas, teniendo de ojos dos esferas brillantes .Jamily perdió un par de colores cuando lo vio bien, reconociéndolo como la criatura de sus sueños. De su cuerpo emanaron entidades idénticas al original pero de un tamaño muy inferior, y que comenzaban a elevarse en el aire.
Pero no pasó mucho tiempo hasta que aparecieron toda clase de criaturas, algunas conocidas y sufridas por ellos, como las furias y harpías; pero vieron también acompañándolas por tierra lo que Magnus enseguida identificó como a gigantes del hielo, armados con sus grandes espadas y hachas, arrasando con todos los enemigos que se interponían, y generando con su respiración potentes ventiscas. Y no sólo ellos, allí también vio Zia a lo que sin duda eran avatares dorados y rojos de algunos de sus dioses, luchando codo con codo en tierra con los jotun, usando en su caso las típicas espadas curvas y escudos de oro de su mundo.
-Mirad, hay incluso damas de los lagos ahí…- señaló Aelita a unas mujeres ataviadas con mantos blancos, sus bellos cánticos insuflaban valor en sus aliados y terror en el enemigo, de sus cuerpos emanaba también agua que, unido al frío extremo de los seres de hielo, potenciaban las ventiscas que se desataban.
La batalla parecía muy pareja, pero si bien los esbirros del caos eran menos poderosos tenían una superioridad numérica aplastante que llevó a la derrota sin paliativos de las fuerzas del orden, y que llevaron a su derrota total al poco, Traquio había hecho correr más rápidamente la imagen, para que se dieran cuenta de lo que estaban hablando.
-Como veis, no sois los únicos que estáis en el frente, aunque estéis en segunda línea- comentó entonces el cíclope.
-Y mientras, los dioses tomando pastas de té en sus interminables reuniones, como si lo estuviera viendo- gruñó Aelita, y Percy suspiró.
No tenía pruebas de aquello, pero tampoco dudaba de que fuera algo del estilo. El rostro divertido de Traquio le demostró que así debía ser, cosa que les molestó.
-¡En ese caso más a nuestro favor, que muevan el culo por una vez ellos!- exclamó la chica entonces.
-Me encantaría que así sea, pero seamos honestos, si tenemos que esperar a que ellos hagan algo, mal nos irá. Sobre todo con los grecorromanos, que son de los que dependeríamos en este caso- Zia llevaba razón.
Desconocían si Anubis podría hacer algo en el inframundo helénico, que era a dónde tenían que ir, y si los dioses de ese mundo eran como los pintaban sus compañeros realmente, tendrían que ser ellos los que actuaran. Pero Percy no parecía en absoluto convencido, y como para no estarlo, dadas sus andanzas en aquel reino oscuro. Primero teniendo que bañarse en las aguas del río Estigia, para, tiempo después, acabar junto a Annabeth en el Tártaro, teniendo que beber las llameantes aguas del Flegetonte si querían recuperar las apenas fuerzas que en esos delicados momentos tenían. Pero había alguien que desde luego estaría muy feliz de saber aquello, y que estaría más que dispuesto a ir a dónde hiciera falta con salvar a Bianca, y este no era otro más que Nico.
-La muchacha egipcia tiene razón. Ellos no van a ir, aunque no ha sido idea de ellos realmente, no tienen idea de este plan- explicó.
-Me gusta eso que dices, desobedecer a los dioses- comentó Magnus- Tienes nuestra atención, sin duda- añadió Percy.
Traquio se rio con fuerza de nuevo, pero tardó poco en hablar de nuevo- Esto es cosa de los cíclopes. Necesitamos cuantas más fuerza mejor, y Hestia comentó que ella podría ser de ayuda durante una de esas reuniones, pero Plutón se negó, y Perséfone, a su derecha, dijo que ni borracha lo permitiría. Claramente aprendió del bueno de Sísifo-
Percy se dijo a sí mismo que esa referencia seguramente Annabeth la hubiera entendido, a él le sonaba el nombre pero no sabía muy bien de qué. Sin embargo Jamily sí lo reconocía.
-Fue el mortal más valiente de la historia. Engañó a dos dioses para poder volver a la vida, nada menos. Por desgracia le pillaron, ahora está castigado eternamente en el Tártaro a portar una enorme roca cada día hasta lo más alto de una colina, para que esta caiga rodando nada más llegar a la cima, así hasta el final de los tiempos… los dioses pueden ser muy imaginativos cuando quieren- gruñó ella.
-Como hija de Persefone tú también podrías bajar a la misión junto a Nico, ¿verdad?- le preguntó Magnus, y ella asintió- Y Hazel. No pienso dejar que vaya ella únicamente con él, no conozco el inframundo ni a ese chico, pero sí a la hermana, y no pienso dejar que se maten gratuitamente-
Tarquio sonrió, satisfecho- Bien, en ese caso, y ya sabiendo lo que tenéis que hacer… os dejo a solas, para que podáis entrar tranquilamente a la Casa. Allí os esperan el anillo, y la entrada al Hades-
Iba a irse, pero Percy le detuvo- ¿Y la guadaña, qué, eh? No has dicho nada de ella, si es importante o algo- le recordó.
Traquio le miró con interés- Ya os lo dije, es un regalo de mi amo, que quiere ayudar- Jamily le encaró entonces.
-¿Y quién es tu amo?- le preguntó, y el otro sólo sonrió de medio lado, y desapareció en el aire en ese instante.
Miraron en todas direcciones pero en ningún momento le vieron, se había esfumado delante de ellos, y ni su presencia eran capaces de sentir. Ya a solas, decidieron que tendrían que contarle aquello a los demás, sin duda tenían que saberlo. Y por su importancia, hablarían con todos a la vez, la única manera posible era con un macro mensaje Iris, así que se acercaron a la zona de agua para realizar la invocación. Percy levantó un poco el agua, concentrándose, y cuando la luz pasó a través de las gotas que caían cual fina lluvia, se formó un lindo arcoíris delante de ellos. Echaron las monedas pertinentes y esperaron a que los demás respondieran, cosa que pasó a los pocos segundos.
-¡Ya puede ser importante, estamos liados!- Magnus reconoció la estridente voz de Mallory, segundos después vieron su rostro.
De fondo se escuchaba fuertes gritos y en general mucho jaleo, a su derecha Aurora parecía estar animando a alguien soltando improperios, estando Amos al otro con las manos tapando su rostro, parecía nervioso.
Antes de que ellos pudieran decir nada, también vieron el rostro en primer plano de Blizten, a su lado vieron a dos jóvenes que no conocían y que le miraron con interés.
-¿Qué es eso, tío?- preguntó él, Blizten suspiró entonces -Son los amigos de los que os hablamos… cómo os explico…- mientras este hablaba, apareció una tercera imagen.
Para aumentar el jaleo y la falta de entendimiento entre ellos, apareció una nueva cara, en ese caso la de Hazel, pero había interferencias durante unos segundos, la señal se fue y volvió durante cinco segundos hasta que se estabilizó.
-¡Calma, chicos, calma!- gritó entonces Percy, colocándose en frente de ellos. Oyeron de pronto la voz de Carter, pero no se le veía,
-¿Hola, chicos?- no la veían, pero fueron capaces de escucharle. Antes de que nadie hablara más, Percy habló en voz en grito.
-¡Cambio de planes, en cuanto acabéis os venís todos a Emérita, hay que bajar varios al Inframundo a por Bianca Di Angello! ¿Oído? ¡Ordenes de arriba!-
El silencio duró apenas unos segundos, lo que tardaron los demás en entender lo que había dicho, y procesarlo- ¡¿Cómo?! ¿Otra vez? ¡Me niego!- esa fue Annabeth.
No la podían ver, pero claramente estaba molesta, aunque escucharon gritos de indignación de fondo. Hazel comenzó a hablar entonces, pero no hacia ellos, sino a un tercero que no veían. Eso, sumado a que los demás empezaron a hablar a la vez, agotó la ya de por si escasa paciencia de Percy. Pero fue sustituido por Zia, que le apartó.
-¡Escuchadme un segundo, haced el favor!- alzó la voz y chasqueó los dedos varias veces, llamando la atención de todos. Cuando logró el silencio, recordándoles que aquello no era una fiesta, habló.
-A ver, nos hemos enterado ahora de eso, creemos que lo mejor es que vayan Nico, Jamily y Hazel, los demás esperaremos aquí. Son los que mejor se desenvolverían, los demás sólo seríamos lastre. En cuanto consigáis el anillo, venís hacia Emérita, nosotros os esperamos aquí. ¿Entendido?- un sí generalizado se escuchó entonces.
Quedaba sólo el más interesado en aquello, Nico. No tenían ni idea de dónde estaba, pero imaginaban que estaría encantado sólo con la idea de poder recuperar a su hermana. Aunque Percy no contaba con que se uniera de primeras. Su rostro apareció en primer plano entre ellos, parecía algo molesto.
-¿Qué?- preguntó, cortante- Estoy liado, habla rápido- oyeron una voz masculina de fondo, pero no comentaron nada.
-Vais a bajar al Inframundo Hazel, tú y una centurión romana para rescatar a tu hermana. No es broma- señaló entonces a Jamily- Al parecer no llegó a tener una nueva vida, así que está en algún lugar del Inframundo, pero no se sabe el dónde. Y vosotros sois los indicados-
-No tiene gracia, Jackson- gruñó tras unos segundos de silencio, tras los cuales casi cierra toda comunicación, gruñendo cosas en italiano que no entendieron.
Sin embargo, intervino un chico. Lo veían detrás de Nico, era rubio y tenía buen porte. Percy le reconoció enseguida, era Will Solace, su novio. Cómo dos personas tan radicalmente diferentes podían ser pareja era un misterio para él, pero llevaban ya bastantes meses juntos. El hijo de Hades parecía mucho más feliz con él, cosa que agradecía Percy, su amigo al menos parecía recuperar parte de su alegría, que perdió con la muerte de su hermana.
-Percy te conoce, no te lo diría de no estar seguros. ¡Que por cierto, ya os vale no habernos llevado con vosotros!- bromeó Will, acercándose.
Jamily y Zia tuvieron que reconocer que era todo un bombón, pero la centurión se centró en seguida- Así es, estamos en la antigua Emérita Augusta. Sin ti, no creo poder realizar la misión… No te conozco de nada, Nico Di Angelo, pero sí conozco a tu hermana menor, Hazel. Y si eres como ella, no tengo la menor duda que vendrás, después si quieres volver a la vida normal podrás hacerlo sin problemas- le dijo.
-¿Y tú quién eres? No eres hija de Hades o Plutón, te conocería de ser así- la aludida sonrió- Me llamo Jamily. Centurión hija de Proserpina- el chico la miró con sorpresa.
-Entiendo… - comentó tras varios minutos- Perséfone, o Minerva, nos odia a todos los hijos de Hades. Imagino que tú no, dado que te llevas bien con mi hermana, o como mínimo la conoces para poder hablar de ella- comentó él.
-¿Vendrás, entonces?- le preguntó ella, y Nico suspiró, cansado- Me lo pensaré. Adiós- cortó entonces las comunicaciones.
Jamily se incorporó entonces, junto a los demás, y les miró- ¿Creéis que lo hará?- les preguntó entonces.
Percy se hundió de hombros- No lo sé. Yo por ahora me centraría en la misión inicial: recuperar el anillo de Urano. Para eso necesitaremos unas pastas especiales que nos permitan entrar sin morir en el intento, tras eso entramos, sacamos el anillo, y nos volvemos. Tendremos que esperar a que vengan los demás, y de paso le damos unos días a Nico para que venga-
-Estoy de acuerdo con él- comentó Zia- ¿Alguno tiene…?- antes de poder seguir oyeron un fuerte chasquido proveniente de la pequeña casa.
La endeble puerta de madera cayó cual saco de patatas al suelo, rebotando y partiéndose por la caída, aunque no se fijaron en aquello. Apareció ante ellos un esqueleto bastante extraño, sin ningún tipo de piel, músculo o grasa, sólo contaba con los ligamentos para unir las articulaciones, y dos pequeñas luces en las cuencas oculares del cráneo, su cuerpo estaba protegido por una capa negra algo desgastada, pero se entreveía lo que había debajo de la misma. Portaba una bandeja de plata con varias pastas.
-Buenos días, jóvenes, ¿vienen a la visita guiada al interior de la gruta?- su voz aflautada era muy sorprendente dado su aspecto tétrico.
-Eh… sí, sí, claro. Venimos por la visita- dijo Percy- ¡Genial, visitas! ¿Yan han comido las pastas, señores?- preguntó, y les tendió amablemente la bandeja.
Había que aprovechar momentos como ese, así que tomaron cada uno una de las galletas y se las comieron. Ya tomadas, en la bandeja aparecieron varias copas que también bebieron para acompañar, al parecer era necesario. Era un vino suave y dulce, algo caliente pero agradable al paladar, y que serviría para que la magia de las pastas de cebada funcionara especialmente. El líquido calentó un poco sus gargantas, poco acostumbradas al alcohol, pero Aelita casi ni lo notó.
-¡Con esto podrán bajar tranquilamente, señores! Pasemos ahora para que puedan comprar las entradas- les invitó a entrar con un gesto, y les acompañó al interior de la casa.
Esta estaba igual o peor por dentro que por fuera. Las telarañas cubrían las paredes, anteriormente de madera y con decoraciones talladas, si estaban pintadas hacía tiempo que no le daban una mano nueva. El suelo estaba cubierto por losas de piedra, y apenas una mesa, unas sillas y un armarito formaban toda la decoración interna. En un lateral tenía una chimenea que hacía siglos que no se debía encender por todo el carbón acumulado, y con una puerta de piedra al otro lado, con goznes dorados con motivos de cráneos humanos. El esqueleto se acercó torpemente a la mesa, sacó unos papeles y una pluma de oca, junto con un pequeño cuenco con tinta negra como el alquitrán. Encima de la misma vieron que había todo tipo de artículos de recuerdo de la visita, al módico precio de un denario los más baratos, y a diez los más caros.
Mojó la punta de la pluma en la tinta, y escribió en uno de los papeles con delicadeza, repitiendo la operación en todos y cada uno de ellos. Percy sabía por experiencia que probablemente les pidieran a ellos firmar después esos documentos, y Zia lo confirmó mientras hablaban, pero les advirtió de no firmar absolutamente nada hasta que no lo leyeran todo, sólo por si acaso. Jamily comentó entonces que de haber problemas ella podría actuar de oficial e impugnar los contratos gracias a su imperium, aunque ellos no entendieron muy bien a qué se referiría (1).
-Estoy de acuerdo con ella, no seríamos los primeros a los que engañan con alguna triquiñuela así- comentó la romana, en un murmullo, con los demás a su alrededor.
-Yo la veo muy amable como para intentar jugárnosla- dijo Magnus entonces, pero Aelita negó vehementemente.
-Ya, pero… no te puedes fiar de los seres mágicos amables. Siempre buscan algo, y si ellos dicen que mejor leerlo… pues hagámoslo- añadió.
No tardaron demasiado en ver como se les acercaba con lo que supusieron era una sonrisa, aunque su mandíbula no podía doblarse como los labios humanos, pero sus ojos denotaban esa satisfacción. Llevaba en sus manos los documentos, y entregó uno a cada adolescente, aunque se quedó mirando unos instantes mientras se los entregaba a Aelita, Magnus y Zia.
-Ustedes… espero no importunar, pero, no son de por aquí, ¿verdad?- comentó, y ellos no supieron muy bien qué decir.
-Espero que eso no suponga un problema, su extranjería- le dijo Jamily, sería- Ya sabe que estamos en Espacio Augusto, ¿verdad? Libertad de movimiento dentro del Imperio- le dijo ella, seria.
El ser entonces asintió- ¡Por supuesto, señorita! Es porque… bueno, me sorprendió. ¡Pero no hay ningún problema, clientes son clientes! Ahora, si están conformes…- les tendió la pluma.
Ellos la tomaron pero no hicieron nada en primera instancia, se dedicaron a leer el papel que les dieron, tranquilamente. La criatura no parecía nerviosa por ello, se limitó a acercarse de nuevo a la mesa, en la que se sentó. Se sorprendieron de su comportamiento, se esperaban que les apremiara de alguna manera, pero no era el caso en absoluto. Simplemente se recostó en la silla y esperó pacientemente a que firmaran, cosa que pasó a los diez minutos de empezar.
-Esta todo en orden, esto…- Jamily le tendió todos los papeles de una vez, y este las tomó- Me llamo Augusto, señorita- le respondió.
-¿Los clientes son los clientes, no?- bromeó Aelita, y Augusto asintió rápidamente- ¡Exacto, si os engaño jamás volveréis ni recomendareis la visita a vuestros amigos!- les dijo- ¡Y eso es malo para el negocio, que por cierto, no está en su mejor momento!-
Ellos se miraron divertidos, por lo menos no les intentaría traicionar, la menos en apariencia. Ya firmado todo, el portón delante de ellos retumbó como un trueno, los goznes chirriaron como gatos quejumbrosos, y se fue abriendo lentamente. Un fuerte tufo a muerto inundó la sala, tuvieron que taparse la nariz para evitar las ganas de vomitar, aunque Magnus estuviera acostumbrado a la sensación, pero igualmente le sentó mal aquello, y tuvieron que ahogar las ganas girando un poco el cuerpo.
-¡No se preocupen, la magia de las pastas actuará en cuanto entren, así que dense prisa, caballeros!- les apremió a entrar entonces, y en cuanto lo hicieron las puertas se cerraron de nuevo con la misma parafernalia de cuando se abrió.
Ante los chicos apareció un gran túnel que se bifurcaba pasada una plaza, y que mostraba un total de tres caminos que llevaban al interior del complejo, en el que se podía visitar a las almas de los que habían fallecido y que aún estaban en esa parte entre el mundo de los vivos y de los muertos. Las paredes de ladrillo estaban salpicadas por pequeñas velas y de vez en cuando veían volar fuegos fatuos color azul, y que pasaban rozando a Augusto, que las esquivaba haciendo volteretas y bromas para hacer reír a los chicos, que se estaban relajando con aquello. Por primera vez en mucho tiempo se sentían chavales normales en una visita a un museo normal, y no un grupo de semidioses jugándose la vida cada día por unos dioses ingratos a los que les costaba moverse hasta parar abrirse una lata de refresco.
Aelita lo agradecía especialmente, hacía años que no se reía a carcajadas como ese rato, y deseó que allí estuviera Jeremy con ella para pasarlo tan bien. Zia sonrió por dentro al verla tan contenta, al principio tuvo con ellos un agrio comportamiento, pero esos días de convivencia parecían ir surtiendo efecto en ella, que se sentía cómoda con ellos. Lo suficiente para irse abriendo en sus sentimientos y en lo que había vivido, no limitándose a lo justo para poder conocerse un poco. Eso era bueno, y esperaba que así siguiera, por el bien no sólo del grupo, también de la misión. Tenían que estar todos juntos para poder hacerlo, y si además tenían que juntarse con otros grupos de semidioses, era fundamental que se encontraran con un conjunto unido y cohesionado, y así iban por buen camino.
Durante el camino Augusto les explicaba la historia de aquel recinto. Cuándo fue construido, los materiales usados, quienes lo hicieron… dando muchos datos de fechas, nombres raros y toda información que seguramente para una visita fueran interesantes, aunque Aelita pasaba bastante del tema, Percy simplemente ponía cara de interés aunque pensaba en lo bien que se lo estaría pasando con su hermana menor volviendo a ver por cuarta vez "Buscando a Dory", y Magnus preguntándose cómo haría el esqueleto para comer, si es que comía. La única que prestaba realmente atención era Jamily, que se había adelantado a los demás para poder escuchar mejor a su guía.
-¡Y precisamente fue aquí donde uno de los grandes héroes de la guerra de Troya tuvo su entrada al Inframundo! De hecho tenemos una sala con las fotos de gente ilustre que ha pasado por aquí, ¿os gustaría verlo?-
La romana asintió, interesada- Por cierto… Esto está construido cerca de una puerta al Inframundo, ¿verdad?- Augusto asintió entonces, pareció sonreír.
-¿Nos podrías llevar, o no forma parte de la visita?- preguntó, no sabía si podría hacer algo así.
El ser esquelético se lo pensó un poco- En realidad… no forma parte de la visita por ser peligroso, ¿sabe?- explicó – Pero… Sí que puedo llevarles, señores, al menos a sus cercanías- asintió.
-Perfecto, muchas gracias- le sonrió ella, y se giró hacia los demás para encararles- ¡Oye! ¿Os habéis enterado, vosotros?- preguntó, y ellos la miraron entonces.
Claramente no se habían enterado de nada, ella gruñó un poco y paró de golpe- Pues ahora buscaos la vida vosotros, chicos- les dijo molesta.
Zia se le acercó entonces- Nos va a llevar a la entrada al inframundo, que es lo importante, ¿no?- le preguntó.
La otra suspiró un poco entonces, y asintió. La visita no tardó mucho más en terminar, acabaron volviendo a la entrada, justo donde había empezado la misma. Allí, Augusto les indicó la entrada al Hades, estaba yendo justo en dirección contraria a la que fueron. Seguramente por eso aquella parte estaba tapiada, una magia especial emanaba de aquella parte, que parecía especialmente poderosa, a juzgar por lo que sentía Zia, que se acercó despacio a la misma, una vez dadas las gracias al ser, que les dejó a solas. Este argumentó que tenía cosas que hacer, y aunque Aelita estuvo tentada de seguirle para comprobar si realmente no iba a hacer nada raro, Jamily la detuvo, comentando que no había razones para hacerlo, y que si hubiera querido hacerles una trampa bien podría haberlo hecho ya. La celta tuvo que admitir que, efectivamente, así era, pero seguía igualmente con la mosca tras la oreja.
Notaron que tenía una cerradura negra, hecha del metal del inframundo, y que impedía que fuera abierta fácilmente, claramente aquello había sido hecho por alguien muy poderoso, puede que incluso algún dios. Tenía la forma de una calavera humaba, y sus ojos brillaban suavemente en un tono morado hermoso pero a la vez amenazante. La hechicera egipcia intentó abrirlo usando su magia, recitando conjuros de todo tipo para intentarlo, pero sin demasiado éxito, pues estaba excelentemente bien protegida.
-Vale, me estoy cansando…- ella se concentró entonces, y colocó la mano en el aire. Cerró sus dedos en torno a un mango imaginario, y en su mano apareció un báculo que comenzó a brillar con intensidad.
Era dorado, con líneas rojas subiendo a lo largo del mismo formando una espiral, teniendo en su extremo superior un círculo casi cerrado. Se trataba del cayado del faraón, un arma única de los líderes políticos egipcios y símbolo de su poder sobre hombres y dioses, a los que guiaban como un pastor guiando a su rebaño. Ella, como el cuerpo de Ra, tenía acceso a su poder, entre otras, sus armas. Y aquel objeto era uno de sus símbolos, que compartía con su pareja, Carter.
-¡Salid de aquí, esto se va a poner intenso!- les gritó ella entonces, y ellos obedecieron en cuanto empezaron a tener problemas para mantener los ojos abiertos por el exceso de luz.
Corrieron en dirección a la plaza central de la que venían, justo a tiempo para refugiarse tras una pared. Instantes después hubo un fogonazo de luz, y un intenso calor les llegó entonces como un bofetón en todo el cuerpo, empezaron a sudar de golpe e incluso notaron como su piel de sus brazos se sobrecalentaba, teniendo que colocarse de tal forma que sus extremidades estuvieran pegadas a su cuerpo, llegando incluso a cerrar los ojos para no cegarse, tal era la potencia de la luz que emanaba de la maga. Tardaron un poco en atreverse en volver a levantarse, de hecho tuvo que venir Zia a ponerles una mano en el hombro para apremiarles. Estaba jadeando y también sudaba, con la respiración entrecortada, pero además de eso parecía bien. Tuvieron que hacerle un hueco para que descansara, incluso le echaron agua por encima para que se calmara un poco.
-He usado la luz solar de Ra para intentar abrir la puerta, con tanta energía espero que haya funcionado, la verdad- murmuró ella, cuando comenzó a recuperar la respiración.
A su alrededor vieron que las paredes estaban radiantes, toda suciedad había desaparecido y brillaban un poco, e incluso los pasillos parecían más iluminados, aunque se tratara de luz púrpura, lo que le daba a todo el complejo un aspecto aún más fantasmagórico. Los fuegos fatuos ya no estaban, y el mal olor generalizado también había desaparecido, era como si todo el lugar, de alguna manera, se hubiera purificado por el poder del dios sol.
-La próxima vez que te pongas a brillar como el Sol por lo menos di que nos podemos quemar, tía…- murmuró Aelita entonces, contemplando su brazo, estaba algo enrojecido en la parte al que le dio la luz.
Zia bajó la cabeza entonces, mareada, pero no comentó nada. Percy, sudando, se concentró un poco- ¿Quién más tiene quemaduras?- Magnus entonces alzó la mano y mostró sus antebrazos.
El griego suspiró, y rebuscó en su mochila- ¿Deberíamos usar la ambrosía? Joder, es verdad… que no es seguro que podáis…- chasqueó la lengua entonces, pero cambió su rostro al tener una idea.
-Echaos algo de agua encima de las quemaduras- pidió, y ellos le miraron entonces. Procedieron entonces, y entonces el chico se concentró.
Comprobaron que las gotas de agua ayudaban a cicatrizar las quemaduras, pero estas no acaban de curar del todo, eran muy profundas. Zia se sentía culpable, podría tener consecuencias graves, se dijo. Pero Aelita no parecía molesta, de hecho, comenzó a murmurar.
-Grot fuder Dagda, jelth aur baarns- rezó ella, y se concentró. Zia vio como su energía la rodeaba, y tomó sus quemaduras con una de las manos, mientras con la otra hacía lo mismo con las de Magnus.
Sus manos brillaron un poco, y las quemaduras, ahora sí, lograron curarse casi completamente, pues poco a poco una capa de piel nueva aparecía en sustitución de la que se había quemado, que desaparecía según se iba regenerando. Dolía el proceso, pero mejor eso que tener que tratar la piel, que en condiciones normales tardarían cerca de dos semanas si no se hacía adecuadamente.
-Mola…- murmuró Magnus, mirándose los brazos- Oye, para ser un hijo del dios del verano te quemas muy rápido, ¿no, tío?- bromeó Jack, colgado de su cuello.
Ellos rieron entonces, con diversión. Zia se relajó, más contenta de que ellos estuvieran mejor y que no tuvieran problemas de salud por culpa de ella, pues se sentiría culpable si algo así pudiera pasar. Poco después apareció Augusto, algo alterado, y se les acercó con nerviosismo para ver si estaban bien, alarmándose al verles sentados en el suelo y con cara de cierto cansancio. Seguramente había sentido toda esa energía tan bestial desencadenarse, y parecía nervioso por ello. Una vez que le indicaron que todo estaba bien, pareció relajarse y les preguntó si necesitaban algo. Comprobaron que sus manos temblaban un poco por la situación.
Tras declinar la oferta y asegurarle que estaban todos bien, Augusto se marchó de nuevo, bastante más tranquilo, y ya cuando se quedaron a solas una vez más, se acercaron a la puerta a paso lento. Esta estaba chamuscada y ennegrecida por la luz, pero el candando seguía en su sitio. Zia gruñó, golpeó la puerta molesta con una patada, y esta se abrió inmediatamente, rebotando incluso contra la pared contraria, y volviéndose a cerrar de golpe. El candado se había roto y caído al suelo, donde se quebró por el golpe en cientos de trozos.
Sorprendida, Jamily la volvió a abrir, esa vez con más delicadeza, y la misma permaneció en su sitio, esta vez sí, sin volverse a cerrar de nuevo. La chica entonces lo pensó unos instantes, y miró a los demás entonces.
-Quedaos aquí unos segundos, quiero comprobar un cosa- se introdujo en las galerías tras la puerta, cerrando tras su paso.
Segundos después ella volvió a aparecer a través de la puerta, y les indicó que pasaran- Quería saber si se podía abrir desde dentro, y veo que es así. De no serlo sería un problema, así que mejor- comentó.
La oscuridad inundaba el ambiente, hasta que apareció al fondo de la insoldable oscuridad varios fuegos fatuos. Sacaron entonces una linterna para iluminar la zona, los pasillos eran iguales a dónde se encontraban previamente, e igualmente iban hacia abajo, pero los fuegos fatuos eran cada vez más habituales según descendían, no como anteriormente, que el número no parecía variar. Además, notaron como la magia era cada vez más intensa, y dieron un chillido general al ver como delante de ellos aparecía de pronto una imagen fantasmagórica. No tenía unas facciones definidas, pero se quedó mirando – o es entendieron ellos – hacia Jamily, que se acercó lentamente a este. Ella pasó su mano cerca de su esencia, y desapareció entonces en el aire.
-Este sitio da terror…- murmuró Aelita- Ya te digo, tronca…- murmuró Jack.
La espada, normalmente cantarina y alegre como ella sola, estaba temblando desde que se habían acercado a aquel sitio, sólo reaccionando cuando se quemó su amigo, pero había vuelto a un silencio sepulcral. Magnus estaba seguro que era por la naturaleza tenebrosa de la magia que impregnaba la zona.
-Por cierto, el anillo tiene que estar aquí necesariamente, qué extraño que aún no lo hayamos visto…- murmuró entonces Percy.
Casi como llamando a su suerte, al fondo del pasillo hubo un fogonazo de luz. Se acercaron corriendo, dado que la suave bajada se mantenía constante, hasta alcanzar el final del pasillo. Entraron entonces a una gran sala subterránea, pero que tenía, en lo alto de la cúpula, un tragaluz. Debía tener unos treinta metros de alto, desde donde estaban podían ver cómo el cielo estaba iluminado, pero no como si fuera de día. Al contrario, podían ver el firmamento justo como si fuera de noche, de hecho según se acercaban podían incluso ver algunas constelaciones propias del verano. Al otro lado de la sala vieron lo que sin duda debían ser las puertas al Hades: un enrome portón de metal negruzco, con goznes hechos de calaveras y bien decorados los laterales con los motivos del inframundo. Recordatorios de lo que a uno le podía esperar de intentar algo extraño contra los dioses o contra los hombres.
Justo debajo del tragaluz vieron un altar de piedra, con una estatua encima de la misma con forma de un hombre adulto, de pelo largo al viento, buena musculatura, y en posición de estar andando, teniendo la mano derecha extendida y con la palma de la mano en horizontal y orientada hacia arriba. En la misma vieron un anillo dorado, pero se rodeó de una luz dorada. La imagen de la bóveda celeste que estaba justo encima del mismo de pronto se movió, descendió hasta donde estaban ellos, y adoptó la misma apariencia que la de la estatua, imitando incluso el tamaño.
-Por fin habéis llegado…- la voz cavernosa de la criatura les intimidó. Era profunda, digna de un dios, poderosa como el bramido de un trueno.
Era tan potente que inundó toda la sala, generando un ligero temblor. Retumbó en sus entrañas, poniéndoles nerviosos, más cuando se colocó en posición de combate. De su cuerpo emanó una potente energía que les mandó a volar contra la pared, rompiendo su ropa por la potencia de la misma. El titán había usado su energía de tal manera que les había atacado con la misma, ni siquiera era magia realmente, era su poder en el estado más puro, y también más poderoso. Y apenas les dio tiempo para poder esquivarlo.
-Qué patético… ¿y vosotros pretendéis usar mi poder? Casi me dan ganas de reclamar de nuevo el poder que originalmente me corresponde-
-U-urano…. Es el maldito Urano…- murmuro Jamily, mientras se recostaba contra la pared.
La figura asintió- Una parte. Sólo puedo manifestarme en una pequeña fracción de toda mi fuerza, dado que destruyeron mi cuerpo físico, y jamás me permitirían tomar uno de nuevo- se rodeó de nuevo de sus poderes y atacó de nuevo.
Una vez más demostró una gran superioridad, pues ni vieron venir el golpe, que les provocó cortes en brazos y piernas, comenzando a salir algo de sangre de la misma. Si querían derrotarle tendrían que hacerlo cuanto antes. Zia maquinó un plan, no podían ganarle en velocidad pero esperaban que sí en cuanto a potencia. Empezó a dar indicaciones: Jamily iría por la derecha, Percy y Magnus por la izquierda, y ella junto a Aelita le intentarían detener para que no pudiera moverse e impedir los ataques de ellos.
No podrían vencerle, en ningún caso. Pero sí pararle lo suficiente para tomar el anillo y huir de allí. Las dos magas se concentraron, y en el aire aparecieron cadenas de hierro y que ataron a la esencia de Urano por las muñecas- Aprovechando su confusión, Percy le atacó con un muro de agua, mientras Magnus escalaba por su cuerpo, Sumarbrander en mano, dándole con su filo. Aprovechando, Jamily corrió hacia la estatua con la intención de tomar el anillo, pero Urano no estaba ni de lejos derrotado. Se rio con una gran carcajada, se rodeó de su energía, y liberó una potente explosión que golpeó a todos, llevándoles de nuevo contra la pared, cayendo malheridos al suelo.
-Es fuerte…- murmuró Percy, mientras se levantaba con dificultad. Y aquella era una versión debilitada y lejos de su elemento, no se quería imaginar cómo debía ser con todo su poder a plena disposición.
El muchacho se concentró, y notaron un temblor. De pronto agua comenzó a manar de la pared contraria, inundando en cierta medida la sala. Y sin embargo, cuando el agua llegaba a sus talones, habiendo por tanto millones de litros en el interior de la cueva, el titan movió su mano, y el líquido comenzó a concentrarse en una gran esfera que giraba a su alrededor. Centrado como se encontraba en ellos cuatro, no se había dado cuenta de que Jamily estaba escalando la estatua, y ya se encontraba cerca del anillo, pero resbaló y cayó al suelo, maldiciéndose por dentro por haber cometido un fallo propio de principiantes. Urano se giró entonces, cosa que los demás aprovecharon: Percy usó sus poderes para hacer un fuerte chorro contra el titan, mientras Aelita usaba su magia para congelar el agua y que esta atrapara al poderoso titan, que acabó con una parte de su cuerpo congelada.
Zia y Magnus por su parte corrieron a ayudar a la romana, y se colocaron delante de ella, de hecho Zia había colocado de nuevo su báculo delante de ellos, y expulsó una nueva ráfaga de potente luz solar. En cuanto vieron sus intenciones todos cerraron los ojos, y la fuerza del ataque impactó de forma directa contra el titán. En ese caso los demás se aseguraron de no quemarse, pero la egipcia estaba tan agotada de la anterior vez que apenas pudo hacerlo durante un par de segundos.
La chica vio asustada que, lejos de haber recibido daño, Urano se hallaba libre del hielo. Se movió pesadamente hacia ellos, y la muchacha, sacando fuerzas de dónde no las había, levantó un muro de fuego con lo poco que le quedaba. La mano del titán las atravesaron como si fueran de papel, y tomó a la egipcia del brazo, alzándola.
-Una lástima, la verdad. Tendré que volver a reclamar mi puesto, al parecer…- murmuró entonces, y en su mano se concentró una enorme cantidad de energía.
No dispuesta a dejarse matar, Zia se quiso resistir, pero estaba agotada. Los otros dos se miraron, y entonces la romana se lanzó contra Urano, gladius en mano, y le clavó la espada hasta el mango en su muslo derecho. El titán gritó, y ella entonces quiso salir de ahí, tuvo que ser ayudada por Magnus para ello, que tiró de ella para esquivar la mano de Urano. Por su parte, Aelita sacó su botella de vodka y le dio un largo trago, ante la atónita mirada de Percy, que comprobó como ella se tambaleaba por el alcohol. Sus ojos se pusieron vidriosos entonces, se intentó concentrar, y desenfundó su espada.
-Mu-muy bien… V-vas a sa-sa-saber lo que…- ni pudo acabar la frase, pegó un fuerte grito y se lanzó contra Urano. Valor le sobraba, eso era evidente.
No siendo menos, Percy fue tras ella, también con su espada, para ayudarla. Pese al estado de ebriedad ella se movía ágilmente, esquivando al titán, que esquivaba los golpes con algo de dificultad, teniendo en un momento dado que soltar a Zia y tirarla a un lado, para entonces crear una espada de roca con la que defenderse de las acometidas de los otros dos, y que a ojos del titán eran bastante buenos espadachines. La maga egipcia fue rescatada por los otros dos adolescentes, que la colocaron a los pies de la estatua. Urano era muy poderoso, pese a estar en desventaja y herido de gravedad seguía luchando como si tal cosa, y no parecía fatigarse.
-Magnus, usa a tu espada mágica, que vuele hasta el anillo y nos lo entregue. He intentado escalar la escultura pero nada, creo que está protegida- el chico asintió, y liberó a Jack.
No parecía demasiado entusiasmado con la idea, pero le prometieron una cita a ciegas con Contracorriente, la espada de Percy, y accedió, así que voló en esa dirección. Urano estaba en esos momentos a punto de acorralar a Percy y Aelita, cuando oyó de pronto un chasquido, y giró su rostro, identificando la energía que sentía como propia. Sumarbrander flotaba justo en frente de la oficial romana que antes había estado a punto de noquear. Ella sudaba y tenía unas heridas de las que aún brotaba algo de sangre, y se fijó en que en su mano derecha, en el dedo anular tenía un objeto. Sonrió de medio lado entonces, su anillo se había adaptado a la perfección a su mano. Ella ni se lo pensó y quiso atacar, pero el objeto no parecía reaccionar.
-Por supuesto, ¿cómo esperas que quiera hacer daño a su dueño y creador?- comentó con diversión- Debo reconocer que me habéis sorprendido… Espero que hagáis buen uso de mi poder, niños- comentó.
Desapareció en el aire entonces, sin dar siquiera indicación alguna de qué hacer. Sólo entonces quisieron sentarse a descansar, sin importar que el suelo estuviera totalmente anegado por el agua. Gracias a que estaba iluminada por fuegos fatuos pudieron reunirse cerca de la estatua, donde se tumbaron en el suelo, agotados. Aelita comenzó a reírse entrecortadamente, moviendo las manos y sofocándose. Seguía en estado de embriaguez, evidentemente.
-N-no se me pasará en- en horas- murmuró ella, cuando vio sus caras- Desde luego sabes luchar, aunque no sea en tu mejor condición mental- comentó Percy.
Ella negó- Es-esta-ba en m-modo ber-bers-berserker- explicó ella. Al parecer en ese estado eran mejores luchadores y magos, aunque el precio era estar embriagado y por tanto luego tardaban un buen rato en recuperarse plenamente.
Descansaron media hora y entonces se levantaron de nuevo, recogieron sus armas – que tras la batalla y como Urano había desaparecido en el aire – estaban desperdigadas por el suelo, y salieron de allí. Tardaron un buen rato en lograr salir, el cansancio hizo mella en ellos en ese momento, pero eventualmente lograron salir de nuevo del interior de la Casa de Hades, llegando de nuevo a la entrada. Allí esperaba Augusto, que les recibió de nuevo con unas tostas.
-¿Les gustó la visita, caballeros?- preguntó entonces el esqueleto, y ellos asintieron-¡Me alegro! Por cierto, vino un cíclope muy amable que me pidió que les entregara esto- les tendió entonces un objeto.
Era cilíndrico, de color índigo, hecho con un material claramente mágico pero que ninguno de ellos conocía. Hasta que cayeron en la cuenta por las marcas que tenía.
-Es una de las partes de la guadaña… y debe ser una de las partes medias, por que tiene letras cortadas en ambos extremos- comentó Jamily, señalando ese hecho.
-¿Y ahora qué hacemos? Tendremos que avisar a los demás, ¿no?- preguntó Magnus, y Zia asintió.
-Sí, pero antes descansemos. Estoy rendida y a esta se le tiene que pasar la cogorza- Aelita se rio con ganas entonces, le hizo gracia la palabra.
Decididos entonces, salieron de la casa y esperaron fuera a descansar y poder hablar con los demás. Una parte de la misión ya estaba hecha, esperaban que los demás tuvieran una suerte similar a la de ellos, pero sabiendo cómo era la vida de los semidioses, no contaban demasiado con ello.
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(1) El imperium era una potestad que tenían los administradores romanos con los que tomaban decisiones judiciales y de creación de normas, aunque los oficiales del ejército no lo podían ejercer.
La mitología celta aquí incluida es bastante compleja aunque poco ha sobrevivido hasta nuestros días, aquí se da una visión algo simplificada que, con el tiempo, se irá perfilando.
Hasta aquí el capítulo de hoy, espero que os haya gustado, y que apoyéis este fanfic. Ni Percy Jackson ni ninguno de los personajes de las sagas de Rick Riordan me pertenecen. ¡Dicho esto, que la inspiración os acompañe!
