Enemigo primordial
Capítulo 20
N/A: Debido a un error durante su escritura, se me olvidó colocar a Jasón en la segunda parte de Londinium.
El grupo, formado por Blitzen, Jasón, Sadie, Electra y Piper, explicaron cómo pudieron a la maga celta, de nombre Beatrice, todo lo relacionado con su misión. Le hablaron sobre el encargo de los dioses, de su lucha contra Caos, y de su búsqueda de los anillos de Urano, y de sus sospechas sobre que lo que se guardaba en aquella laberíntica zona de cuevas era en realidad el objetivo de su misión, y no el anillo mágico de un dios celta. Esta escuchaba sin dar crédito a lo que oía, no se podía creer lo que le estaban contando, sabía que efectivamente también andaban circulando dioses de otras culturas, pero jamás se imaginó que algo así pudiera llegar a pasar en ningún momento. ¿Cómo podían los dioses de mundos tan dispares unirse, y por qué a lo demás no les habían dicho nada? ¿Acaso ellos no tenían también derecho a saberlo y a poder defender su mundo, su hogar? Y más aún cuando al parecer lucharon, en esos mundos, contra los seres del fin del mundo de sus respectivos mundos, y eso les afectaba más directamente aún. Y explicaría también que la naturaleza entera estuviera tan rara meses antes, pero no llegó a saber las razones hasta ahora.
Luego recordó que los dioses eran unos seres por lo general despreciables y con los que era conveniente tener una distancia prudencial, pero igualmente pudieron haber dicho algo. Pero ellos sólo se preocupaban de sí mismos y de sus problemas, y no solían hacer caso de las dificultades humanas, salvo excepciones y porque a ellos les venía bien. Pero aquellos eran momentos contados, aunque en sus oraciones de magia siempre le clamaba a Dagda no contaba con su magia, siempre tenía que usar la propia.
Ahora comprendía bien las razones de su silencio durante las últimas semanas. Pero le costaba asimilar que aquello que ella y los sídhe de la luz habían estado protegiendo durante tanto tiempo ahora resultaba no serlo realmente. Y sobre todo por aquellos seres, que al ser mágicos y relacionados con la luz estaban especialmente conectados con el dios del Sol, así que era sorprendente que no supieran la verdad. Debían estar igualmente engañados. Y eso le suponía un enorme cabreo e indignación, se sentía usada y sin valor para los dioses en aquellos momentos, pero no lo dejó ver en su rostro.
Para entonces se habían sentado en el césped, ella tenía su cayado en las piernas, mientras los demás estaban en corrillo a su alrededor. Y aún quedaba lo más importante, pues se acordaban perfectamente de lo que les había dicho Freiya antes de partir hacia allí en sus trenes, sobre un semidios que vivía allí y que tenía que ir con ellos, pues al parecer sería importante para la misión por su poder. No les había dado nombre pero sí les dijo que sabrían quién sería nada más verle. Como siempre, los dioses eran tan claros como un trozo de madera.
-¿Y quién creéis que es?- preguntó Beatrice, le dolía algo la cabeza ante tanta información. Jasón suspiró un poco, era él el que estaba contando todo, al ser el líder era su obligación en cierta medida.
-No estamos seguros, pero puede… esto… - el romano no sabía bien cómo explicarlo, pero Blitzen sí.
-Tendríamos que ver a los de tu grupo para poder saberlo, dado que seguramente sea alguien del mismo- Beatrice frunció el ceño entonces, estaba irritada- M-más que nada por que estáis al lado de Londinium y nos dijeron que estaba en las cercanías- añadió.
Ella se giró entonces, en silencio, y se levantó de donde estaba, arreglándose el pantalón en el proceso. Los demás la imitaron, expectantes, aunque Electra permanecía atenta a todos sus movimientos. La magia de un hechicero hijo de Dagda podía ser tremenda, ella lo sabía bien por culpa de su buena amiga Aelita. En una ocasión tuvieron que hacerse cargo de una inundación provocada por ella, a raíz de un conjuro que se le fue de las manos pero que no llegó a mayores, por suerte. Sadie, que de tonta no tenía nada, también estaba vigilante a la celta, pero esta no hizo ningún ademán de hacer magia. Al contrario, simplemente dio un fuerte silbido. Se llevó las manos a la boca, y el sonido fue tan estridente que se tuvieron que tapar los oídos con las manos.
Por allí aparecieron varios jóvenes, un total de cinco. Incluidos una veintena de elfos de luz, que rodearon al grupo con los brazos cruzados sobre sus pechos. Llevaban armaduras doradas de cuerpo completo pero de aspecto liviano, espadas luminosas en sus caderas, y escudos en sus espaldas. Eran altos y esveltos, muy hermosos y de aspecto poderoso, parecían llenos de magia, notó Sadie. Pero sus miradas rápidamente se posaron en uno de ellos, que se removió en su puesto, algo incómodo. Beatrice bajó el rostro al comprobar de quien se trataba, mientras los demás la miraban sin entender qué pasaba. Incluido el aludido, que giró la cabeza mirando a su pareja.
-¿Qué miráis tanto, eh?- comentó William, algo molesto- Tal parece que el elegido para derrotar a Caos eres tú, chaval- se giraron a la vez al oír esa voz.
Los sídhe ni se inmutaron cuando, de la nada, apareció Elatreo, parecían totalmente perdidos, imbuidos por la magia del cíclope. Su aspecto seguía siendo intimidante, así como su voz, pero no daba señales de ir a atacar, al menos de momento. Aunque claramente lo más peligroso de él era su lengua, no sus músculos, que tampoco eran poca cosa, pese a su hinchado estómago. Los celtas, sin embargo, estaban aún menos contentos con su presencia que los elfos, e incluso menos aún que el grupo de Jasón, pues no le miraron con muy buenos ojos, y eso les sorprendió, pues indicaban que, como mínimo, se debían conocer. Tal vez era culpa de Elatreo su belicoso primer encuentro, eso tendría bastante sentido a decir verdad.
-Yo no soy elegido de nada, cíclope. Sólo soy el líder de mi clan, nada más- le increpó, pero Elatreo le restó importancia con un suave gesto. Se les acercaba lentamente, aunque los otros dieron los mismos pasos hacia atrás, manteniendo la distancia.
-Bueno, lo que tu pienses o creas me es indiferente. Mi misión era traeros hasta el Anillo, ya lo he logrado- miró entonces a los sídhe, y luego a los celtas- Reconozco que esta misión suicida se me ha hecho entretenida, una lastima que ya haya terminado- sonrió de medio lado, y movió su mano.
-Pero antes…- Beatrice vio con sorpresa como algo dorado comenzaba a emanar de su cuerpo, así como al de los elfos de luz.
Instantes después desapareció en el aire igual que había aparecido. Y de pronto, vieron como los elfos tomaban sus armas y escudos, y se comenzaban a colocar en posición de combate, en dos filas de diez individuos. Habían formado un muro de luz, y estaban empezando a brillar. Sabiendo lo que venía, Beatrice se interpuso delante de los demás, agarrando a Katherine de la mano y poniéndola a su lado, aunque ella iba con los ojos cerrados y con su antebrazo colocado delante de los mismos.
-¡Ejto, sídhe, we sar not yur enej…!- las palabras de Beatrice fueron en vano dado que un fuerte fogonazo, que les cegó durante unos instantes, emanó del cuerpo de los elfos de la luz. Una gran barrera mágica se alzó entonces y cubrió la zona, impidiendo que pudieran escapar demasiado lejos. La única que podía ver, dado que era hija del dios del Sol, era Katherine, que les gritó que fueran hacia atrás, apartándoles como pudo, aunque pronto dieron con sus espaldas con el muro, así que tuvieron que replegarse para poder defenderse del sorpresivo ataque.
Oyeron como los elfos gritaron y se lanzaron al ataque de pronto, así que se vieron obligados a correr. Para evitar desbandadas, tanto Jasón como William comenzaron a dar instrucciones a sus grupos, de hecho el primero decidió que mejor ir con el segundo, para mantenerse juntos, así que se agarraron de las manos para eso. Su experiencia le había enseñado que mejor ir todos juntos, más en casos como ese, pues de estar por separado seguramente serían aniquilados uno por uno, más ante la desventaja numérica. Corrieron, casi cegados, hasta los árboles, con los elfos en sus talones. En cuanto pudieron ver se giraron y comenzó el combate, todos a una, no podían permitirse ir por separado.
Jasón encabezaba a los suyos, con Piper a su derecha y Blitzen a la izquierda. El romano y la griega portaban sus espadas, teniendo él también su escudo, con los que intercambiaban estocadas rápidas con tres elfos, estos hábiles espadachines, tal era su nivel que no dejaban puntos ciegos en sus defensas, lo que les ponían en aprietos. Por su parte, el enano tenía una hacha, iba tan tapado por la claridad que le rodeaba que le costaba moverse y sudaba muchísimo, pero la otra opción era acabar convertido en una estatua de piedra. Como podía giraba sobre si mismo para defenderse, estaba rodeado por un grupo de unos cuatro elfos que permanecían lejos del filo de su arma, aunque pronto se cansaría o marearía, era cuestión de tiempo.
Electra permanecía detrás de ellos con su arma preparada, un sable celta, protegiendo a Sadie, que llevaba ya su báculo en la mano, comenzando a usar su magia. Creaba esferas de energía que lanzaba contra varios elfos, que tenían sus escudos colocados de tal manera que formaban un muro. También atacaba a los que tenían rodeados a Blitzen, que caían al suelo por la potencia de los ataques, pero rápidamente se levantaban de nuevo y volvían a su posición. Eran seres duros de pelar.
En cuanto al grupo celta, todos llevaban sus espadas ya desenfundadas y escudo, con las pinturas azules de sus rostros comenzando a brillar. Con un fuerte grito de guerra se lanzaron contra los sídhe como una manada de lobos, yendo contra ellos en masa. William lideraba el ataque, dio un salto y golpeó a varios elfos con el escudo, derribando a uno de ellos contra el suelo, sobre el que se posicionó para golpearle en el rostro , mientras los demás se defendían de estos. Se dieron rápidas estocadas entre ellos, los metales chocaban con violencia y los escudos servían como fuertes defensas, pero no podrían aguantar esa posición eternamente. La fuerza y resistencia de los elfos era muy superior a la de los semidioses, aunque estos tenían un arma secreta a su disposición que les permitiría aumentar sus poderes aunque fuera temporalmente.
Mientras sus compañeros se defendían de los espadazos enemigos, formando un semicírculo en torno a su maga de confianza, Beatrice golpeó el suelo con su báculo, se rodeó de su energía, e invocó a su padre, Dagda, pidiendo ayuda. No la iba a escuchar pero no perdía nada por intentarlo de nuevo, aunque era más por costumbre que por esperarlo realmente. Dylan, que había sido lanzado a un lateral por culpa de uno de los elfos, corrió hacia ella, le gritó que se preparara y, según lo hacía, se transformó en un corcel de pelaje marrón adulto. Beatrice saló sobre su grupa en cuanto le tuvo cerca, y cabalgaron en dirección a los demás a toda velocidad, el báculo de ella brillaba con su magia. En cuanto se encontraron a la altura del primero de los sídhe golpeó en la cabeza a uno de ellos con el extremo ovalado del mismo, tirándolo al suelo, pero rápidamente se recompuso y se levantó de nuevo. Cayó justo en medio de los elfos, aunque Dylan les golpeó con sus cascos traseros, mientras ella les repelía usando el extremo inferior de su cayado.
Richard y Kevin habían levantado desde el suelo raíces para detener a los elfos, que forcejeaban para liberarse, les tenían amarrados por brazos y piernas. Sus armas de luz cortaban como afiladas cuchillas, así que tenían que ser sujetados con firmeza para ser detenidos efectivamente, pero igualmente su fuerza empezaba a hacer ceder a las enredaderas. Mientras estaban detenidos, Katherine, en el semicírculo, les disparaba flechas de fuego con su arco, iba a toda velocidad y disparaba al bulto, aunque dudaba que con ellos fuera a ser efectivo así que eventualmente pasó a las flechas normales.
El grupo observaba con interés cómo los celtas peleaban. Electra era la única que no estaba en el fragor de la batalla, se había subido a lo alto de unas ramas, con sólo el cielo por encima de ella. Tenía una idea arriesgada, pero que podía funcionar. Por su parte, Jasón luchaba con vigorosidad contra los elfos, por petición de Beatrice no iban a acabar con ellos, se limitarían a derribarles, para lo cual, entre estocada y estocada del enemigo él les placaba con su escudo, era ayudado por Blitzen, que se había cansado eventualmente de girar como una peonza. Pero esas no eran las intenciones de los sídhe, que iban con todo a por ellos. Sadie y Piper habían hecho equipo, mientras una les atacaba con su magia, la otra les daba un puñetazo en el rostro para noquearles, hecho eso la primera les ataba con una tela que les prestó Blitzen – la que había curtido con la piel de conejo de la noche anterior – y que con su magia enana que era lo bastante fuerte para retenerles lo suficiente.
Pese a todo la batalla era extenuante, poco tiempo más podrían durar en esas circunstancias, y Jasón lo sabía. William también era consciente de que no podrían estar mucho más rato así, y entonces escuchó relampaguear. Electra, en lo más alto de una de las copas, estaba rodeada de su energía, se estaba esforzando y usando todo el poder a su disposición. Perlas de sudor aparecían en su rostro pese al viento, que arremolinaba su pelo.
-¡AGACHAOS TODOS!- oyeron ese grito e instintivamente obedecieron, aunque fuera complicado dada la batalla. Se tiraron al suelo ante la sorprendida mirada de los elfos, que no entendían nada.
Vio como Electra tenía las manos levantadas, y de pronto unos cuantos rayos cayeron sobre ella, pegó un chillido y un fuerte retumbar hizo moverse hasta el suelo todo, el aire tenía electricidad estática y toda la descarga cayó sobre los sídhe, que acabaron fulminados en el suelo, derribados y humeando un poco. Le dolían las manos, que las tenía quemadas y soltando humo, pero la adolescente se las ingenió para bajar de nuevo al suelo, donde los demás la esperaban. La ayudaron a descender desde donde estaban, impresionados, ella temblaba por el dolor.
-A eso lo llamo yo lanzar un rayo…- comentó Katherine, sorprendida, en un hilo de voz. Estaban sudando un poco por el esfuerzo, aunque Beatrice sacó fuerzas para hablar.
-Espero que con eso se les haya pasado el hechizo, pero me gustaría comprobarlo…- miró a Sadie entonces- También sabes magia, ayúdame- no era una petición, sino una orden.
Esta asintió y se le acercó, colocándose juntas, como mínimo la pared que los sídhe habían creado, y que se movía con ellos, había desaparecido sin dejar apenas un rastro. Los demás se miraron sin entender demasiado qué era lo que ellas dos pretendían. El cansancio apareció en ellos entonces y decidieron sentarse, de nuevo en la entrada de la cueva, donde se colocaron formando una larga línea de adolescentes sudorosos pero satisfechos por el éxito en batalla.
-Decís entonces… que el anillo que llevan defendiendo aquí siglos en realidad es de Urano, ¿no?- comentó Richard tras recuperar el aliento, y Jasón asintió.
-Y hay otros cuatro repartidos por el territorio de las antiguas provincias romanas. Tenemos que encontrarlas cuanto antes, y algo me dice que no será lo único que tengamos que buscar, va a ser una bonita excursión- comentó Piper con sorna.
Katherine se rio un poco- Los dioses como siempre usándonos…- murmuró ella, y contempló entonces a Electra, que estaba tirada boca arriba y con las manos enrojecidas. Se encontraba frente a ellos y con mala cara, a su derecha estaba Kevin, le estaba pasando un ungüento en las palmas de las manos hecho con algunas plantas para ayudar a la cicatrización, mientras ella ahogaba los gemidos de dolor, más por orgullo que por otra cosa. El otro simplemente le hablaba en un tono suave, la magia usada de forma tan violenta como ella acababa de hacer podía resultar muy estresante para el organismo, que se veía muy afectado en poco tiempo. Pero pronto se recuperaría, de hacer bien las curas, eso se lo había enseñado Beatrice.
-Has pasado demasiada electricidad por tu cuerpo, has tenido suerte de no acabar incinerada- comentó el chico, había roto un poco de tela para hacerle un vendaje.
-Ya… Pero era necesario…- murmuró ella, con un quejido- ¿Los sídhe… están bien?- alcanzó a preguntar, y el otro asintió.
-Se recuperaran, sobre todo gracias a la magia de Bea. Ella es bastante poderosa- comentó- ¿Eres la única celta de este grupito, verdad?- comentó, pero ella negó.
-Estamos todo mi grupo y yo. Pero están con los demás, como hemos dicho los anillos están por toda Europa y no seríamos suficientes sólo nosotros- explicó.
-Así es. Juro que no queremos robar nada ni enfrentarnos ni a vosotros ni a esos elfos, sólo deseamos el anillo y ya está- comentó Blitzten- Bueno, ya me entendéis, no estaríamos aquí de no necesitarlo realmente- añadió, cuando vio las miradas de los celtas.
Por su parte, las dos magas estaban junto a los sídhe, que estaban aún tirados en el suelo, pero pronto empezarían a moverse así que debían ser rápidas. Fijándose bien comprobaron que estos seguían rodeados de la energía de Elatreo, que continuaba controlando a los elfos. No sabían muy bien cómo podrían eliminar ese control fácilmente, pero debían intentarlo. Por lo menos que volvieran a ser libres, como antes, de no lograrlo tendrían delante a un enemigo difícil de derrotar, y tendrían que destruirles totalmente, cosa a que la celta se negaba en redondo. Se colocaron una frente a la otra, y Beatrice clavó su bastón en el suelo, justo entre ellas. Miró a Sadie a los ojos, y se empezó a concentrar, con su propia energía rodeándola. La egipcia podía oír la voz de Isis en su mente, dándole instrucciones.
-Toma el báculo- decía la diosa- Y usa todos tus poderes. Sólo juntas podéis romper el hechizo- la rubia rodó los ojos- ¿Y tú no ayudas?- le inquiría Sadie, a lo que la deidad se reía.
-Ya lo hago, a través de ti. Tu magia es la mía, y viceversa. Ahora hazlo- ordenó- Sí, señora, lo que mande, señora- gruñó molesta.
-¿Sucede algo?- preguntó con el ceño fruncido Beatrice, justo acababa de explicar qué había que hacer.
-Los… magos de Egipto somos los avatares de nuestros dioses, y a veces nos comunicamos con ellos. En mi caso, es el de Isis, diosa de la magia. Hablaba con ella y…- la otra le restó importancia en ese momento.
-Si hablabas con un dios por mí puedes decirle que nos deje tranquilas. Sé lo que hago- agarró su báculo entonces, e indicó a la otra que hiciera lo mismo.
-¿Tienes hechizos para desatar o soltar?- le preguntó Beatrice, a lo que la otra dudó.
-En todo caso, piensa que el hechizo es griego y afecta a seres celtas, a saber qué pasa si encima metemos magia egipcia, con lo delicada que de por sí es- explicó. Beatrice asintió, pensativa, y tamborileó con sus dedos en el mango de su cayado.
Sonrió de medio lado, y tomó con firmeza su báculo, decidida a actuar -Repite conmigo entonces- se aclaró la garganta.
-Grot fuder Dagda…- hablaba despacio y pronunciaba mucho para que la otra pudiera seguir - Jelk as to uvercarmen- Sadie iba repitiendo - Das majik spel und fri das lig sídhe- según hablaban sus energías las recubrían.
Esa misma energía rodeaba a los elfos de luz, que comenzaron a moverse entonces, algo atontados. Los demás, contemplando la escena, se prepararon para cualquier cosa que pudiera pasar, incluida Electra, que hizo caso omiso a las indicaciones de reposo que Kevin le había hecho.
-¡Fri chyns!- Beatrice gritó y de su báculo, así como de los cuerpos de ellas dos, emanaron varios haces de luz que dieron de lleno sobre los elfos de luz.
Vieron como unas cadenas de luz, que bailaban alrededor de ellos, se rompían y se volvían polvo, desapareciendo y liberando a los sídhe.
Estos poco después se levantaron, con pesadez, apoyando sus brazos y con las piernas estiradas. Algunos hasta se quitaron los cascos, revelando a individuos masculinos y femeninos, de largas cabelleras luminosas, ojos verdes, azules y marrones, facciones delicadas y orejas alargadas. A Blitzen le recordaban a Hearthstone, pero sin ser tan desgarbados. Parecían no entender bien lo que pasaban, hasta que la maga celta se les acercó y se colocó junto a ellos, les hablaba con suavidad. Por su parte, la otra maga se acercó a los demás, algo cansada, dejando a la otra hablar tranquilamente con los seres de luz. Parecían algo compungidos.
-¿Estas bien, Sadie?- le preguntó Piper, y esta asintió, estaba temblando algo pero se las ingenió para llegar- Que magia más fuerte…- comentó ella, se sentía algo mareada.
-Teníais que derrotar a la magia de un cíclope muy fuerte, ¿no?- le preguntó William, entonces.
Ella asintió- Elatreo… o vosotros, uno nos ha engañado- dijo el celta, y se levantó entonces, espada en mano. Jasón se alzó como un resorte, también armado, por si acaso.
-Pero… él nos mandó a los elfos en nuestra contra. Y vuestra amiga casi se mata intentando derrotarlos, y los demás habéis luchado también a nuestro lado con valor, así que… os creo a vosotros- suspiró.
-Pero os tengo que advertir, estas cuevas son peligrosas. Por eso os guiaremos, mi maga y yo. Si no, es posible que os perdáis- avisó.
-¿Las conocéis, vosotros?- preguntó curioso Blitzen, pero William negó- No demasiado, pero ella, como druida, sabrá guiarnos siguiendo los caminos mágicos- indicó.
-Si este sitio tiene, en teoría, la protección de un dios seguramente sea peligroso, sí…- Jasón miró a Katherine entonces- ¿Tú eras hija de Belenus, no?- le preguntó, y ella asintió.
-¿Y por qué teníais la certeza de que aquí estaba su anillo? ¿Lo dijo el propio dios?- siguió Jasón, y fue Dylan quien asintió.
-La misma entrada lo cuenta. Belennus bajó desde el cielo con su carro, y, para evitar que nadie tuviera su poder sobre el Sol, guardó el anillo bajo tierra, lejos de las avariciosas manos de otros dioses u hombres-
-Es raro que un dios renuncie a su poder de forma voluntaria, ¿no?- comentó Blitzen, y los otros se hundieron de hombros.
Poco tiempo más tardó Beatrice en volver con ellos, los elfos habían abandonado el lugar – al menos en apariencia, pues realmente se habían fundido con la luz solar que inundaba la tierra – permitiéndoles así poder acceder a las cuevas sin problemas. Se sentó junto a William, que estaba detrás del enano, este estaba comentando sus impresiones al respecto cuando apareció un mensaje de Iris delante de él. Los celtas se sorprendieron de esa visión, más cuando vieron a varias caras aparecer.
-¿Qué es eso, tío?- preguntó William, Blitzen suspiró- Son los amigos de los que os hablamos… cómo os explico… es un mensaje de Iris, una diosa griega- explicó.
De fondo tenía la voz de sus amigos, así que le costaba centrarse, más con los que estaban allí también hablando- Y nos podemos comunicar gracias a ella sin necesidad de móviles o nada tecnológico por ser peligroso, pero de fallar la magia tenemos esa tecnología- ellos asentían.
-¡Cambio de planes, en cuanto acabéis os venís todos a Emérita, hay que bajar varios al Inframundo a por Bianca Di Angello! ¿Oído? ¡Ordenes de arriba!- ese que habló era Percy.
Y rápidamente comenzó el jaleo en el grupo, para ese momento se habían arremolinados todos en torno a Blizten, que intentaba enterarse, sin demasiado éxito, de lo que decían. Además, los que estaban detrás de él también hablaban entre ellos en voz alta, y eran respondidos por los demás, aumentando el barullo. No duró demasiado, pues Percy volvió a hablar entonces, serio.
-¡Escuchadme un segundo, haced el favor!- No volvió a hablar hasta que hubo silencio - A ver, nos hemos enterado ahora de eso, creemos que lo mejor es que vayan Nico, Jamily y Hazel, los demás esperaremos aquí. Son los que mejor se desenvolverían, los demás sólo seríamos lastre. En cuanto consigáis el anillo, venís hacia Emérita, nosotros os esperamos aquí. ¿Entendido?- un sí generalizado se escuchó entonces.
El mensaje de Iris desapareció entonces, e iban a seguir hablando cuando escucharon a Elatreo de nuevo, en esa ocasión estaba aplaudiendo.
-Buen trabajo, mortales- comentó, y se vio rodeado en pocos segundos. Pero en ningún momento perdió la sonrisa en su rostro.
Con un suave gesto les hizo bajar las armas, pero ellos seguían atentos a cualquier gesto del cíclope, que se divertía mucho con aquello. Manejaba la situación como quería, para impotencia de ellos, que simplemente eran usados como marionetas, pero poco podían hacer a ese respecto.
-Y encima se atreve a venir, el cabrón…- murmuró Electra, sacaba fuerzas de dónde no las había para apoyar a sus compañeros. El aludido sonrió de medio lado.
- Así es, chicos. Habéis superado mi reto. Enhorabuena- comentó.
-¿No ha sido suficiente cruzar medio mundo para venir hasta aquí?- le inquirió Blitzen, pero Elatreo pasó de él.
En su lugar, se acercó a la entrada de la zona de cavernas, y señaló hacia la misma- Será mejor que os deis prisa, niños. El Anillo os espera ahí dentro, buena suerte con vuestra búsqueda- se separó un poco de la entrada, y se dirigió a William.
-¿Irás con ellos, muchacho?- este le miró con algo de confusión. ¿A qué se refería ese engañoso cíclope? No entendía a lo que se refería, pero cayó entonces en que antes le había llamado "el elegido" o algo así. Seguramente tuviera algo que ver con eso.
Miró a Beatrice, y le indicó que quería hablar con ella en un lateral, a lo que ella obedeció, tras lo cual le pidió que le explicara en qué consistía todo aquello, pues antes no habían tenido tiempo de nada. El chico escuchaba con los brazos en jarra y la mirada seria, de vez en cuando se giraba para mirar al grupo, que permanecía de pie, de brazos cruzados, a la espera de ver qué decidía el celta. Durante ese rato el cíclope había desaparecido de nuevo, dudaban que fuera a reaparecer, así que simplemente le dieron por perdido.
Esperaron nerviosos a que William se les acercara, ante su aparente disconformidad el resto se había unido a ellos para hablar, no parecía estar demasiado contento con la noticia. Estaba discutiendo con ellos, no podían oírles pero claramente su grupo no compartía sus evidentes preocupaciones, pues estaban, en apariencia, todos intentando convencerle de algo. No estuvieron mucho más en esa situación pues eventualmente volvieron con ellos, William iba de la mano de Beatrice, él con mala cara y ella con una suave sonrisa en el rostro.
-Ya que los dioses están dispuestos a fastidiarnos el verano, y como no se puede hacer nada contra el destino…- ella hablaba, mientras acariciaba el rostro del chico con una mano- Iremos con vosotros-
Los demás se miraron- ¿Todos, o…?- preguntó Jasón- Entraremos todos a las cavernas. Queremos asegurarnos de que no os perdáis. Luego… ya veremos. Pero lo que es seguro es que él se va con vosotros- dijo Bryan, dándole una palmada en el hombro.
El otro gruñó, pero asintió- Tendréis que elegir a un nuevo líder, al menos me quedo tranquilo con Beatrice con vosotros- comentó.
La chica se rio un poco- Yo voy contigo, guapo, de mí no te libras fácilmente- sin dar tiempo a que este pudiera replicar nada, ella comenzó a andar al interior de las cavernas.
Fueron detrás de ella, en silencio. En cuanto entraron entendieron por qué ella quería liderar la expedición. La única iluminación era la antorcha que amablemente había encendido Katherine antes de entrar, pues el interior era oscuro como la boca de un lobo, sólo Blizten podía ver allí dentro con claridad, aunque la escasa iluminación impedía que pudiera usar su visión de enano. La bajada era suave salvo en algunos puntos, donde de pronto bajaba casi metro y medio, en esos tramos tenían que hacerlo con cuidado por lo resbaladizas que eran las piedras, de fondo se podía escuchar lo que pensaron sería un río subterráneo. Las rocas eran de un suave color marrón, y, tras avanzar unos veinte metros, comenzaron a ver pintadas sobre ellas figuras en color rojo, negro y caoba. Beatrice les explicó que era la historia de los Tuahta de Dannan, los dioses celtas.
Como en el mundo nórdico, del que los mitos celtas se alimentaron en cierta medida, había varias razas de dioses, una de ellas eran los Tuatha, que lucharon contra otros clanes de dioses hasta lograr la hegemonía sobre otros seres que vivían en las tierras de Irlanda, Britania, Galicia y Galia, lugares en los que estos dioses tenían su principal grupo de seguidores. Llegaron desde el norte con sus grandes barcos, y trajeron consigo objetos mágicos de gran poder, como el caldero de Dagda, con el que nadie quedaba hambriento; la lanza de Lugh, que le daba la victoria a su portador; o el propio Anillo de Belenus. Cuando llegaron se enfrentaron contra los gigantes Fomores, seres de oscuridad, caos y hielo, como los jotun.
Derrotados ellos y la barrera que les impedía el paso, se enfrentaron contra otros grupos de dioses en las guerras de Mag Turiedh, de las que salieron victoriosos contra, entre otros, los Fir Bolg, antiguos habitantes de Irlanda igualmente poderosos. Su reinado se mantenía, no sin dificultades, hasta entonces, a la espera de nuevas invasiones extranjeras. Por ello solían ser reticentes a las visitas de gente de fuera, más cuando venían con las intenciones con las que ellos venían, pero no parecían traer malas intenciones, por eso confiaban en ellos. Mientras Beatrice explicaba las pinturas que había, recorrieron varios metros más hasta llegar a un cruce con muchos caminos. Ella se detuvo en seco, y ordenó a los demás que hicieran a los demás con un gesto de las manos.
La caverna no era demasiado amplia y tenía hermosos murales pintados en la bóveda, en esa ocasión también contaba con colores dorados y azulados, con hermosas piedras multicolor que emitían un tenue brillo celeste, lo suficiente para poder ver en la estancia sin necesidad de fuego, aunque igualmente lo mantenían encendido. En lo alto vieron a los dioses en lo que parecía una reunión, y no sólo estaban los Tuatha. Identificaron allí a Zeus con sus rayos en la mano, a Hermes con su típico casco y sandalias aladas; a Odín con su lanza Gungnir y a Thor con Mjölnir; y lo que debían ser dioses de otras culturas, pues había figuras negras con lanzas y escudos, así como un hombre algo rechoncho y alopécico, con una brillante sonrisa, era Budah. También había dioses egipcios, notó Sadie, vio a Ra, Osiris y Horus; y a un dios azulado con múltiples brazos y a otro con cabeza de elefante. Era espectacular, pues daba la sensación de moverse, como si la misma pintura fuera mágica y mostrara una reunión divina en vivo y en directo. Pero no comentaron aquello, tenían algo más importante entre manos en esos momentos.
-Silencio, por favor- había mucha magia y Beatrice debía concentrarse. Ese sistema de cuevas era laberíntico, y no podían andar a lo loco sin peligro de perderse por su interior.
Si bien el inicio era una línea recta, ahora comenzaba la parte complicada. Magia y trampas defendían su interior, la única manera de pasar sin accionarlas era andar con pies de plomo, e igualmente más de una seguramente saltaría, era algo casi inevitable. Beatrice alzó la mano derecha, que fue barriendo las diversas puertas, con su báculo en la izquierda, los ojos cerrados y el ceño algo fruncido para concentrarse. Pasó la diestra varias veces hasta detenerse en una apertura, y la señaló con el índice, momento en el que abrió los ojos.
Se movieron en esa dirección, y las inscripciones comenzaron a cambiar. Estas ahora no contaban historias de dioses celtas, pues ninguno de los celtas, ni siquiera Beatrice, reconocía a las imágenes de los dioses o seres místicos que allí estaban representados. Sin embargo, a Jasón y Piper sí que le eran reconocidos. Aparecía la historia de amor de Urano con Gaia, sus múltiples vástagos, y el descenso a la locura del titán, que acabó siendo un tirano con sus hijos, encerrado a cíclopes y hecatónquiros, y maltratando a los titanes y a su esposa Gaia. También se contaba mediante los dibujos, también animados por una poderosa magia, la estratagema que usó el cruel Cronos para castrar a su padre usando su guadaña. Esta, al parecer, también se había dividido en varias partes, que a saber dónde habían acabado, pero al no ser lo principal no se lo habían preguntado demasiado.
Cruzaron varios pasillos, cada uno con múltiples posibilidades para poder moverse. Debido a la poderosa magia del lugar tuvo Beatrice que ser ayudada por Sadie, pues ella sola no era capaz de decidir la ruta apropiada. Y aún así al tercer cruce no estaban del todo convencidas de que aquella fuera la ruta correcta, más cuando notaron que, lejos de seguir, descendiendo, iban hacia arriba de nuevo. A eso había que añadir que casi se comen una trampa cuando Dylan pisó una pequeña piedra en un lateral, momento en el que un fuerte chasquido recorrió el pasillo y, de pronto, de las paredes salieron muchas espadas, que les hubieran dejado bonitos cortes a todos de no haber retrocedido rápidamente.
Katherine había explicado que si estaba tan profundo el complejo de Belennus era precisamente para que permaneciera el objeto mágico fuera del alcance de casi cualquier cosa, sobre todo de seres del cielo. Y si comenzaba a ascender de forma tan evidente era mala señal, pero las dos magas aseguraron que aquel era el camino correcto pese a que no estaban del todo seguras, pero el palpito lo tenían. Esa inseguridad venía sobre todo por el estridente sonido de una cascada que, por la reverberación del sonido en el interior del complejo, hacía que sus cabezas retumbaran. Había ido en aumento desde que entraron y no tenían ni idea de dónde podía estar, el sonido parecía venir de todas partes.
Sin embargo sus dudas se disiparon cuando, tras ascender unos veinte metros nuevamente, vieron una potente bajada, y justo encima de ellos encontraron la gran cascada que llevaban oyendo desde el comienzo, y que no supieron prevenir hasta que la tuvieron sobre sus cabezas. Esta era tan inesperada que cayeron por ella como si fuera un tobogán de agua, literalmente pues tenían debajo de sus traseros una fuerte corriente que les llevó cuesta abajo. William y Beatrice, que iban la primera y el segundo respectivamente, se toparon de sopetón con aquello. Como las rocas estaban totalmente mojadas y habían pisado sin poner precaución alguna, resbalaron y cayeron como bolos rampa abajo, con un grito de pánico. Los demás lograron pararse a tiempo pero casi les pasa lo mismo, Blitzen logró impedir que Jasón también fuera detrás de ellos sujetándole de la camisa y tirando hacia atrás de él.
-¡¿Hola?! ¡¿Estáis bien?!- gritó Sadie hacia abajo, esperando que pudieran oírla. Oyeron voces desde abajo aunque no pudieron entender nada, por el tono todo parecía en orden.
-¿Bajamos como ellos, o poco a poco?- preguntó Piper, y Dylan sonrió divertido- Como ellos, obviamente- y se lanzó.
Según se tiraba dio un chillido de júbilo, sus amigos se rieron y fueron tras él, así que Blizt, Jasón, Piper y Sadie suspiraron y les imitaron, esperando no tener que arrepentirse. Y lo cierto era que el descenso fue muy divertido, pero apenas duró treinta segundos, tras los cuales acabaron en un pequeño lago subterráneo. El agua estaba tan limpia que podía verse el fondo rocoso sin problema alguno pese a la falta de luz solar. Pero ayudaban mucho a ver las piedras luminosas azules, que a lo largo de la bajada de la cascada eran más y más comunes, hasta llenar la totalidad de la cueva en la que en esos momentos se encontraban.
Por ello estaba bastante bien iluminada su interior, a una temperatura muy agradable, aunque lo más importante no era eso, pues delante de ellos había una gran estatua de un hombre fornido, de largo pelo hondeando al viento, parecía estar andando, con una mano extendida y con la palma hacia arriba. Encima de la misma, un anillo dorado brillaba e irradiaba un suave calor, como el Sol en verano. Al haber caído al agua de lleno se habían mojado completamente, tuvieron que salir a gatas como pudieron y secarse apretándose la ropa, y cayeron entonces en que sus móviles por culpa de aquello habían acabado totalmente inutilizados, cosa que comprobaron cuando Jasón intentó usar el suyo. Gruñó un poco y se lo guardó de nuevo, esperaba poder rescatar algo.
-Algo no me cuadra… no hay defensas…- murmuró Beatrice- Esto debería estar infectado de…- según andaba ella hablaba, y tras unos pocos pasos, oyeron un chasquido, la cueva retumbo, y tuvieron que taparse los ojos por la potente luz que de pronto había aparecido.
Cuando el exceso de luz se había ido vieron delante de ellos a un individuo idéntico a la estatua, incluido en tamaño. Su pelo era blanco pero no tenía facciones ancianas, al contrario, era joven. Sus ojos tenían las pupilas doradas y su piel estaba bronceada por el Sol, apenas una tela cubría su fuerte cuerpo, era verdaderamente intimidante. La entidad emanaba un poder inmenso, ni siquiera los dioses tenían tanto, a ojos de Sadie y Beatrice era lo más poderoso que se habían encontrado. Sin embargo a Jasón y Piper sí que le sonaba una entidad tan poderosa, pero no tuvieron tiempo de decir nada, pues sus ojos brillaron entonces y de su cuerpo emanó una cantidad enorme de energía, que les golpeó con una gran fuerza a todos, llevándoles contra la pared.
-¡¿Quién es este tío?!- gritó Dylan, mientras a duras penas se levantaba.
El aludido se rodeó de una energía dorada, y sus ojos brillaron con intensidad- Adivina, mortal- comentó, extendió su mano, y en ella apareció una gran espada.
Empezó entonces el combate. Pese a la gran ventaja numérica, aquel ser era lo bastante bueno para poder tener contra las cuerdas a Jasón, Piper y William, que apenas podían seguir el ritmo de sus estocadas. Los demás había ido a por el anillo corriendo, pero no se pudieron acercar demasiado al mismo, este emanaba demasiado calor y luz. Claramente estaba defendido por los poderes de aquel ser, que eran de fuego, como el mismo Sol. Debía ser Urano, o al menos una parte, el que estuviera defendiendo aquel objeto sagrado, y de ser así poco podrían hacer contra él.
Sadie, intentando acercarse, había generado unas olas de agua usando la que había en el lago, y, usando su báculo, lo había concentrado a modo de chorro y que dirigió hacia el anillo. Una parte le dio de refilón a Urano, que se quejó del golpe, cosa que aprovechó William para darle un fuer mandoble, aunque el titán detuvo su ataque fácilmente. Retrocedió unos metros, tiró su espada al suelo, extendió sus brazos, y de los mismos emanaron grandes cantidades de energía, que cortaron su ropa y piel, abriendo heridas y haciéndoles sangrar, llevándoles a tener que retroceder ante la imposibilidad de ganarle en combate directo.
Aún así, ellos no eran amigos de dejarse impresionar por los poderes de nadie, así que recularon y se metieron en el agua, donde Urano no llegó a perseguirles, quedándose de pie justo donde estaba, con los brazos cruzados y sonrisa triunfante. Su voz, poderosa, retumbó en el aire.
-Me decepcionáis, mortales. ¿No aguantáis el calor del Sol?- y comenzó a brillar entonces.
Ellos se giraron y metieron sus cuerpos en el agua completamente a excepción de sus cabezas, y se miraron entre ellos. Beatrice les explicó su plan, había que llevarle como fuera al agua, sólo así su poder se reduciría y podrían tomar el anillo, de alguna manera estaban conectados. Decididos a eso, todos se pondrían a llamar su atención, a excepción de Blitzen, Sadie y Beatrice, el primero por lo peligroso que para su salud era – al ser aquel titán luz pura podría acabar convertido en piedra – y las otras dos por prepararse para lanzar una buena muralla de agua.
Los demás se movían a lo largo de la cueva, llamando a Urano, que lanzaba los ataques de energía esa vez mucho más despacio, no sabían si adrede o no, pero poco importaba. Le lanzaban roca, arenas, y le llamaban de todo para que no se fijara en que faltaban los otros tres, que, por su magia, empezaban a hacer que el agua se moviera formando un remolino. Las dos estaban rodeadas de su energía, y, de pronto, de un grito, hicieron que el remolino se alzara e impactara de lleno contra Urano. Dylan en ese momento se transformó en un caballo para huir de la corriente de agua, totalmente descontrolada, y, mientras los demás eran absorbidos por la misma, el semidios, y con Piper en su grupa, corrió en dirección a la estatua, se impulsó con su base, y pegó un salto, lo suficiente para que la chica se pudiera agarrar a la mano de la figura, y, tanteando, tomó el anillo. Sentía como su piel ardía pero lo tomó, instante en el que el calor desapareció – no así sus quemaduras, aunque aguantó el chillido – y se bajó adolorida pero triunfante.
De pronto la sala entera se llenó de humedad, y vieron con estupor como el titán había hecho que todo el agua se volvieran gas, aunque no parecía dispuesto a atacar, a juzgar por su sonrisa.
-Bien jugado…- le oyeron murmurar, y desapareció en el aire, momento en el cual toda el agua se condensó, empapándoles de nuevo.
Una vez que atendieron las quemaduras de la griega, buscaron la manera de salir de allí, la única solución era volver por donde habían venido, así que poco a poco escalaron la pendiente por la que minutos antes habían bajado, era algo empinada pero pudieron subirla con relativa seguridad gracias a las ropas que Blizten se había quitado, al estar mojadas no le servían para cubrirse, más al estar bajo tierra, donde la luz del sol no llegaba. Al llevar el anillo con ellos el camino era más claro que nunca, como si les guiara hasta la salida, ansioso por ver de nuevo la bóveda celeste. Y efectivamente, en cuanto llegaron el anillo parecía brillar como si estuviera contento por estar de nuevo al aire libre, aunque ellos lo estaban más aún por haber cumplido la misión.
Ahora tocaba viajar de nuevo, esa vez a Emérita, pero no irían solos.
-No os olvidéis de nosotros, chavales- bromeó Katherine, al ver como parecían discutir entre ellos.
-Pensábamos que…- pero Jasón fue interrumpido por Kevin- Si los enemigos que vais a enfrentar son tan fuertes como este último, necesitareis toda la ayuda disponible- dijo- Además, no podemos estar con las manos cruzadas ante una situación así. Os guste o no, vamos- añadió Bryan.
-¿Por peligrosa que sea?- preguntó Sadie, y ellos asintieron- Oh vamos, ¿qué puede ser peor?- comentó Beatrice- El destino del mundo depende de los semidioses, no vamos a vacilar- William parecía convencido también ahora.
Como era evidente que no podrían convencerles de lo contrario, sonrieron y les invitaron a seguirles. Cómo entrarían en el coche, esa era una cuestión que resolverían cuando llegaran al mismo, hasta entonces hablarían entre ellos, contentos de los nuevos integrantes de aquella misión suicida.
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La mitología celta aquí incluida es bastante compleja aunque poco ha sobrevivido hasta nuestros días, aquí se da una visión algo simplificada que, con el tiempo, se irá perfilando.
Hasta aquí el capítulo de hoy, espero que os haya gustado, y que apoyéis este fanfic. Ni Percy Jackson ni ninguno de los personajes de las sagas de Rick Riordan me pertenecen. ¡Dicho esto, que la inspiración os acompañe!
