Enemigo primordial

Capítulo 30

En cuanto llegaron a la granja de hipogrifos, Erik y Amos bajaron sin más de la autocaravana para pagar al troll que había llevado a los de Londres hasta Francia. Luego tenían intención de conducir a lo largo de la costa hasta encontrar un sitio donde poder atracar el gran barco de Carter, y ya entonces descender hasta las cercanías de Mérida. Ambos adultos entraron a las instalaciones, los animales mágicos levantaron la cabeza y con expectación olisquearon el aire, observando con interés a ambos hombres, en especial al más joven.

-Huelen tu magia -comentó Amos-, por eso te miran con tanto interés. Es normal.

El muchacho asintió con cierto interés.

-Me pasará a menudo, ¿verdad? -preguntó, el otro asintió- Lo suponía… Me gustaría poder aprender sobre mi padre, aunque sea para saber a qué atenerme.

El mago le sonrió, mientras andaban por los caminos.

-Los chicos griegos podrán hacerlo mejor -comentó él-. Yo poco puedo informarte, aunque si fueras un dios egipcio sí que te podría contar bastante…

Anduvieron tranquilamente hasta el edificio. Allí vieron a dos trolls, parecían charlar entre ellos tranquilamente, los muchachos debían estar en el interior del edificio a la espera de que ellos pagaran los viajes. Erik se fijó en que ya tenía la cartera en la mano, suspiró un poco, sintiéndose mal porque tuvieran que sostener económicamente todo aquello. Fueron ellos los que compraron la autocaravana, y seguramente no fuera lo único que adquirieran, pues necesitarían comida y bebida si querían no tener que depender de ir a sitios a comer.

-¡Buenos días, señores! -saludó- Vengo a pagar el peaje a los muchachos que tan amablemente habéis traído.

-Bien, bien… -uno de los trolls se les acercó- Son 330 libras, caballero.

-Amos -comentó este, mientras buscaba en la cartera-. ¿Dónde están ellos?

Según preguntaba vio como los hipogrifos más cercanos se habían acercado a Erik y se colocaban en torno a él tan contentos, sorprendiendo a los dos trolls, que recibieron el dinero en mano sin más. Precisamente se estaban dando la vuelta cuando vieron llegar a Jasón, que con los demás había estado a la espera, saliendo solo cuando supieron que habían llegado sus compañeros.

-¿Quién es él? -preguntó Jasón- Porque con nosotros vendrán unos cuantos más…

Amos comprobó que, efectivamente, el grupo se había duplicado de tamaño. Suspirando, se limitar a comprobar con la mirada que todos estaban bien, momento en que sonrió.

-Os presento a Erik -Amos sonreía mientras le daba unos golpes amistosos en el hombro-. Es un hijo divino de Zeus, pero no es el único nuevo en el grupo.

Blizten sonrió divertido, mientras Jasón suspiraba un poco, con Piper y Sadie acercándose al chico. Electra y los celtas se quedaron un par de pasos por detrás, sorprendidos y analizando la afirmación hecha. Sintiéndose el centro de atención Erik se sonrojó un poco por aquello, pero aquellos muchachos parecían bastante majos y le transmitían confianza.

-Él no sabía que era un dios hasta hace unas horas, de todas formas -explicaba Amos-. En ese sentido es como muchos de vosotros en vuestro primer día.

Jasón sonrió divertido.

-Ya, solo que este es un dios completo -comentó-. Encantado de conocerte, ¿nos contarás tu historia durante el trayecto?

El aludido asintió.

-Sí, aunque estaré conduciendo… -respondió- No sé si podré estar a las dos cosas.

Se rio un poco entonces, y los chicos se miraron. Era totalmente humano en su forma de ser, pero si el mago decía que era un dios, debía tener razón… aunque fuera sorprendente.

-Todo esto me parece súper entretenido -saltó de pronto Piesangriento-. Pero háganlo fuera de mi granja, que me estáis provocando cola, ¡vamos!

El gruñón troll les lanzó una mala mirada, que Amos comprendió como que efectivamente tenían que marcharse, así que se limitaron a volver por dónde habían venido. Los hipogrifos se despidieron con suaves cabezazos en la tripa de Erik, y que les acarició sus testas tranquilo, incorporándose al grupo algo más tarde, cuando los dos trolls le comenzaron a empujar para que se fuera.

-Entonces vosotros sois celtas también -comentó Amos, Beatrice y William asintieron, iban a su lado-. Interesante, me sorprende que vinierais todos.

Fue ella la que respondió.

-La razón de permanecer en un solo sitio desapareció -explicó-. Nuestro grupo debía proteger el Anillo de Belenus, y que ahora Jasón lleva al cuello. De paso nos hemos enterado que no era de ese dios…

William intervino entonces.

-Nos decidimos a ayudar por eso mismo -comentó-, no teníamos nada mejor que hacer y creo que era lo mejor para todos la verdad.

Amos asintió, satisfecho.

-¡Me alegro! -les rodeó por detrás como si fueran sus sobrinos- Los demás también os caerán muy bien también, os lo aseguro.

Katherine, que estaba a unos pasos de ellos, se planteó una pregunta bastante pertinente en esos momentos

-Y… ¿Cómo os llamáis?

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Mientras, en Oslo, Samirah acompañaba a Baldr dirección a su apartamento. El dios parecía bastante tranquilo pese a saber que tenía que ir a varios miles de kilómetros hacia el norte, ella suponía que era algo a lo que estaba acostumbrado. O eso o sabía que no le pasaría nada de alguna manera, ella desde luego estaría nerviosa ante la idea.

-Podríamos usar el barco de Frey para hacer el viaje, Skidbladnir -comentó-. No conozco mejor navío que ese…

Ella asentía.

-Bueno, mis compañeros viajan usando una magia extranjera -explicó-, imagino que querrá verla.

El otro asintió.

-Sin duda, será muy interesante -comentó-, pero dijiste que tardarían en venir, ¿verdad?

Samirah asintió. Baldr suspiró algo.

-No tenemos demasiado tiempo -apuntó-, hay que ir cuanto antes, esa sensación me dio, al menos con Forseti…

Samirah le observó entrar al portal, le sostuvo la puerta y la dejó entrar con una suave sonrisa, pasando entonces.

-¿Usted cree? Yo creo que simplemente se querrá reunir, y…- ella dudó unos instantes sobre cómo seguir- No sabría cómo llegar de otra forma. Y siendo solo dos sería difícil manejar el barco de Frey.

Entraron al ascensor y dieron al botón de la planta a la que querían ir.

-Es un barco que se maneja casi solo, no habrá problemas con eso -aseguró-. Creo que te preocupa otra cosa, ¿verdad?

La mujer asintió.

-Como dije, estamos cerca de enfrentarnos a Caos -comentó-, no sabemos cuándo sucederá. Además, juré protegerle.

Baldr le sonrió amablemente, en ese momento llegaron a su destino. Bajaron y se encaminaron a la casa de él.

-Agradezco la preocupación, pero insisto en intervenir -abrió la puerta suavemente-. Mi deber es ese, proteger a la gente de todo lo que vaya a suceder, es mi responsabilidad.

Ella suspiró.

-Y debería serlo para el resto de su familia… -comentó, sentía que podía decir esas cosas- En cambio creo que tendremos más problemas por parte de ellos que de los monstruos…

Baldr no pudo aguantar soltar una carcajada.

-¡Me temo que así será, Samirah! -rio- Tendré que mediar, como siempre sucede. Pero disfruto con ello…

Entró a su cuarto y comenzó a recoger cosas. Ella se dispuso a ayudarle, pero el otro se limitó a apartarla suavemente.

-Verás, Samirah, los dioses venimos de vosotros -explicó-. De vuestras creencias, miedos, prejuicios… todos y cada uno de nosotros, incluido aquel al que rezas.

Ella frunció algo el ceño, pero dejó que hablara.

-Solo somos una entidad que nace por vosotros, y muere con vosotros -fue recogiendo algunas camisas-. Mientras aún haya gente que crea estaremos aquí, pero eso puede cambiar en cualquier momento…

Ella intervino entonces.

-Escuché que un dios griego se disolvió en el aire… -murmuró- Se llamaba Pan al parecer.

Baldr asintió.

-Así es -respondió-. También pueden decidir simplemente dejar de existir, aunque sea triste… vivimos de ser recordados.

Una vez que sacó varias prendas de ropa más, se dispuso a guardarlas en una bolsa de viaje.

-Por eso tienen tantos hijos por ahí, para no caer en el olvido -fue colocándolas ordenadamente-. A lo que quiero llegar es que deberíamos ser nosotros los que os sirvan, no al revés.

Esa afirmación sorprendió a la mujer.

-Pero los poderosos sois…

Sin embargo él la paró.

-Como digo, nuestro poder nace de vosotros -se giró y acarició su hombro- Si existimos es porque vosotros empezasteis a rezarle a estatuas, y la magia hizo el resto.

Luego suspiró un poco.

-Bueno, magia… -hizo comillas con los dedos- Esa "magia" no deja de ser ciencia que aún no conocemos, y puede que jamás lo hagamos.

Ella bufó algo, pero asintió.

-¿Por qué me cuenta todo esto? -preguntó- No lo entiendo…

Baldr sonrió un poco, había cerrado ya la bolsa.

-Porque me gustaría que comprendieras la realidad -ella le miró con sorpresa-. Estamos lejos de ser tan buenos como creéis. De hecho somos mucho más humanos de lo que parece.

La mujer le ayudó con esa carga.

-Sé que lo son -comentó-. Sirvo a los dioses, ¿recuerda? He estado en contacto con ustedes durante…

Pero él la cortó con una suave negación con la cabeza.

-Ellos siempre van a mostrarse lo mejor que puedan ante vosotras, las valquirias -le explicó-. Son demasiado orgullosos, ¿A que Thor perdió varias veces su martillo en este tiempo?

Ella asintió.

-O Freyja, exigiendo alguna joya a los enanos -enumeró-. Odín con su obsesión por las cosas nueva, o mi propia esposa, exigiéndote con que me cuides cuando no es necesario.

Samirah no podía estar más de acuerdo con sus palabras.

-Algo así ya pensábamos, los nórdicos al menos -explicó-. Cuando nos reclutaron, el dios Hermes comentó algo así delante nuestra, aunque le acallaron rápidamente.

Baldr la invitó a salir entonces, mientras el otro la seguía, con las llaves en la mano.

-Entiendo… -murmuró, cerrando la puerta tras de sí, y cerciorándose de que quedaba bien fechada- En fin, me alegro que entiendas. ¿vamos?

Ella asintió, pero antes de seguir, sacó su móvil y lo comenzó a manejar. Aquello el dios lo miró con interés, había visto varios ya pero no tenía ninguno, ahora no le veía especial importancia pero hasta ayer sí que quería conseguir uno.

-Voy a llamar a Magnus para explicarle… -murmuró- Es un hijo de Frey, un einherjar.

Puso el aparato en manos libres. En cuando oyó que el otro había descolgado, habló.

-¡Ey! ¿Qué os contáis por allí? -preguntó en seguida- Espero que bien, yo tengo algo de jaleo…

Oyeron un suave murmullo.

-Pues algo mal -ese era el propio muchacho, suspirando- Percy ya debe venir con Nico desde Madrid, pero estamos entre aburridos y nerviosos, ¿tú?

-Yo estoy ayudando a Baldr -explicó, antes de que el otro pudiera decir nada continuó-. Sí, se supone que estaba en Hell, pero por algún motivo ha vuelto él y Nanna, y bueno… me han liado…

Escuchó como el otro suspiraba.

-Entiendo -comentó-. Siempre nos la lían… imagino que necesitarás ayuda, ¿no?

-Sí -dijo ella-, más por la misión que tengo que hacer con él que otra cosa.

-¿Cuál?

-Tenemos que ir a un archipiélago cercano a Noruega -comentó-, pero quiere ir cuanto antes.

Magnus decía suaves ajas de vez en cuando, entendiendo lo que decía.

-Y nosotros tenemos que ir hasta el inframundo griego, bueno, una parte… -comentó Magnus- Una parte podríamos ir contigo mientras los demás se quedan por aquí.

-¿Cómo que al inframundo, qué pasó?

-No, nada -explicó-. Pero al parecer tenemos que sacar a alguien de allí, veo que no sería la única en resucitar…

-Joder… -gruñó, luego se tapó la boca al darse cuenta- En fin, ¿no puedo contar con todos, entonces? ¿Sólo con una parte?

-Sí -respondió de inmediato-. De todas formas se lo diré a los demás ahora mismo.

-Gracias tío -dijo Samirah-. Y disculpas por haber desaparecido así, no pedir ayuda y….

El otro la paró.

-Culpa nuestra, por no intentar tampoco contactarte -comentó-. Hemos estados todos muy liados. Encima también reapareció hace poco Calipso, aunque su caso fue diferente…

Ella parpadeó curiosa.

-Ya veo… -murmuró- ¿Qué le pasó?

-Pues… -Magnus dudó unos segundos- Al parecer la intentó secuestrar de alguna forma Rea, es raro. Logró liberarse y ahora está con nosotros, me parece que tendrá algún enfrentamiento ahora con Perseo.

Samirah asintió.

-Vale… Baldr ya me está metiendo prisa -comentó, el dios estaba cruzado de brazos a la espera-. Estaremos en contacto, ¡adiós!

Colgó entonces, guardó el móvil, y fue con el otro sonriendo, que suspiró un poco y se colocó bien la bolsa de viaje.

-Estaremos solos por ahora, ¿no? -a eso ella asintió- Vale, pues iremos a por un barco entonces.

Sin más, se encaminaron dirección al puerto. Siendo verano no deberían tener demasiados problemas en encontrar una embarcación, la única forma de llegar hasta el territorio de Forseti. En otras condiciones Baldr podría ir transportándose pero estando con Samirah no podía… además, quería disfrutar de Midgar, no pudo hacerlo en una larga temporada y ahora que podía lo haría sin dudarlo.

-Gracias por echarnos una mano -comentó ella, de pronto-, lo agradezco.

-¿Cuándo dije que lo haría, Samirah? -preguntó divertido- Lo haré, claro, pero no dije nada…

-Baldr, ambos sabemos eso -respondió sonriendo-. Dudo que quisieras aceptar que te ayudáramos y no hacer nada en compensación.

El dios asintió, mientras andaban. Llevaba toda la razón, para qué negarlo… Con ese pensamiento se dirigieron al puerto, esperando encontrar alguna embarcación que les pudiera llevar, o al menos acercar, a su destino.

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Durante ese rato, en la autocaravana los muchachos estuvieron esperando con cierta paciencia a que llegaran Amos y Erik, y que suponían tardarían muy poco. Total, solo tenían que pagarle los pasajes a los de Londres y volverían rápido. De hecho Frank les vio llegar por la ventana y sonrió un poco, saludándoles desde donde estaba con una sonrisilla, con Hazel a su lado mientras observaba el cielo pensativa. Los demás simplemente miraron unos instantes por la ventana para luego seguir a sus cosas, hasta que se dieron cuenta que llegaban con más gente.

-Puede que mis cálculos iniciales no sean suficientes… -murmuraba Leo- Vamos a necesitar agrandar más la caravana…

Carter, junto a él, a Samuel, Blitzen y Hearth estuvieron con aquello, mientras Aurora charlaba con Waltz, Mallory y Patrick. Jeremy se había colocado frente a Annabeth para echar una partida de ajedrez con el ordenador de ella, y ni se dieron cuenta que los demás habían llegado hasta que abrieron la puerta y entró toda la tropa proveniente de Londres. Pero en cuanto vio a Jason, Flaviana se levantó de golpe y fue a saludarle.

-¡Es un gusto conocerle, señor! -saludó, con ímpetu- ¡Flaviana Rossi, a su servicio!

El muchacho miró a Frank, que se había levantado también y ya iba hacia allí.

-La nombré en Roma, Jasón -comentó-. Y quiso venir, se quedó un compañero de ella en la ciudad.

-Encantado igualmente -le estrechó la mano con una sonrisa- Jasón Grace.

Comenzó a nombrar a los demás de su grupo, incluidos los celtas, mientras Erik se colocaba en el asiento del conductor y comenzaba a mover el aparato, con Amos a su lado. Estaban bastante contentos por dónde iba la misión, por ahora iba bien y esperaban que eso se mantuviera durante todo lo que pudieran, puede que no volvieran a vivir una buena temporada como esa…

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El viaje hasta Mérida de Percy y Nico no duró mucho más de tres horas y pico, en las cuales el segundo intentaba descansar un poco, mientras el primero se limitaba a conducir. Se había tomado un par de bebidas energéticas para despejarse y poder hacer del tirón el viaje de ida y vuelta sin descansos, no fueran a ser atacados por algún monstruo de la dehesa española que les pillara en un mal momento. Por eso estuvo conduciendo en silencio, con la música bastante baja para no molestar, hasta llegar a las cercanías de Mérida, donde fue directo hasta el embalse de Proserpina. Allí seguían descansando los demás entre los árboles, como si fueran jóvenes normales disfrutando del calor estival bajo las copas de los árboles. Según sus cálculos los demás no tenían que tardar demasiado, es posible que llegaran para la noche, o eso deseaba.

-Nico, despierta -llamó, el otro se removió algo-. Hemos llegado tío.

Este se desperezó un poco, acariciándose los ojos con los dedos, algo cansado. Se colocó mejor en su sitio y le miró.

-Bien, bien… -murmuró- ¿Y los demás?

El otro suspiró, iban ya por el caminito dirección al embalse.

-Están esperando, pero solo estamos algunos -respondió-. La mayoría debería llegar a finales del día.

Nico asintió.

-El momento perfecto -dijo-. La noche es el momento ideal para entrar al Inframundo.

El otro se encogió de hombros.

-Si tú lo dices… -suspiró-. En teoría lo han preparado todo, galletas incluidas.

Nico sonrió.

-Perfecto -se estiró algo-. Me gustaría que no os involucrarais con esto, por favor.

El otro le miró. Procedió a explicarse entonces.

-Cuando bajemos al Inframundo a saber cuándo volvemos, si volvemos -le dijo-. Tendréis que hacer otras cosas en ese tiempo.

Percy asintió un poco, entendiendo.

-Pero tampoco me gustaría que bajarais a salvarnos -dijo-, no podríais hacerlo, por mucho que tú y Annabeth volvierais del Tártaro.

El aludido suspiró ligeramente, no comprendía del todo las razones del otro pero las tendría que respetar. Además, estaba demasiado cansado por el viaje como para ponerse a discutir con él. Nico lo valoró bien aquello, tampoco tenía ganas de eso, así que se limitó a quedarse en silencio hasta llegar a donde estaban los demás, que se levantaron cuando vieron llegar el coche de alquiler.

-¡Por fin llegáis! -exclamó Aelita, estirándose- ¿Qué tal el viaje?

Percy fue el primero en salir, había dejado el vehículo a un lado y sin estorbar.

-Cansado, maldita sea… -gruñó, Nico salió entonces también- Pero ahora me echaré una siesta…

El chico fue directo hacia la sombra de un árbol y se recostó, ni molestándose en decirle a los demás quien era el otro, estaba demasiado cansado. Nico tampoco estaba mucho mejor, pero se acercó a los demás y les fue saludando.

-Nico di Angelo, hijo de Hades -se presentó, mientras apretaba su mano con los presentes-, vengo por lo de mi hermana Bianca.

-Tiene que ser duro… -comentó Zia, haciéndole un hueco junto a ella y Magnus- Nosotros llevamos aquí solos todo el día, Traquio nos dejó aquí tirados tras nuestra prueba…

Nico se acarició el cuello, recostándose un poco.

-Ese nombre me suena… -comentó- ¿No es uno de los cíclopes originales?

Jamily respondió entonces.

-Efectivamente -respondió-. Para los demás fue igual, les visitaron otros cíclopes, y hasta dioses.

Eso sorprendió al chico, que frunció algo el ceño.

-Eso es malo… -gruñó- Que los dioses hagan eso es jodidamente malo…

Zia suspiró.

-¿Tú estás bien?

Eso sorprendió al otro ligeramente, pero asintió sin llegar a mirarla.

-Perfectamente -comentó-. Estoy cansado, pero unas horas de sueño me devolverán la energía…

Se quedaron en silencio unos instantes hasta que Magnus habló.

-Mientras vosotros estáis por vuestro Inframundo nosotros iremos al norte -dijo-. Al parecer tu hermana no es la única que volvió del otro mundo.

Nico le miró de reojo.

-¿Cómo? -murmuró- Tú eres de otra cultura, ¿no?

Magnus procedió a explicarle la situación, cuando hubo terminado el otro suspiró. Jamily se cruzó de brazos y fue ella la que habló.

-Aquí hay gente de todos lados -explicó-, y seguramente se nos una de más sitios.

Zia asintió.

-Aelita es celta de hecho -comentó, la aludida asintió-. Y yo soy egipcia, es posible que durante nuestros viajes por los diferentes mundos conozcamos a más culturas también.

Nico asintió.

-Hablando de eso -miró a Jamily-, tu madre me pidió que te enseñara a usar tus poderes.

Ella le miró con sorpresa.

-¿Mis poderes? -a eso Nico asintió- Los del inframundo, entiendo.

Él volvió a afirmar con la cabeza.

-Sobre todo ahora, que tendremos que ir hasta Elíseos -explicó-. No es sencillo llegar hasta ellos, tendremos que cruzar el Estigia, los Campos Asfódelos y llegar hasta el río Lete, con suerte no caer en sus aguas, y solo entonces llegaríamos a destino.

Los demás suspiraron, empezaron a escuchar entonces los suaves ronquidos del otro, y que ya dormía tranquilamente.

-Y otra cosa es no terminar de alguna manera en Tártaro, de pasar eso dudo poder salir -murmuró-, Asfodelos se encuentran en una meseta por encima de ese infierno, dudo poder escalar esas paredes casi rectas sin el equipo adecuado.

Jamily se removió intranquila, pero Zia negó.

-Sois los tres hijos del Inframundo, no es como si ese sitio no os respetara -afirmó-. Dos hijos de Hades y una de Persefone, Percy y Annabeth no tenían esa suerte.

Nico asintió, despacio.

-Verdad… -murmuró- Me dijo él que lo teníais todo preparado ya, las galletas para poder entrar al Inframundo, el vino y las protecciones mágicas.

Jamily asintió. Señaló entonces en dirección al único edificio cercano a donde estaban, Nico la reconoció como una Casa de Hades.

-Ahí dentro vive un esqueleto llamado Augusto -comentó-, es majo, nos ayudó a entrar para recuperar el Anillo de Urano, y por un módico precio podremos entrar de nuevo sin palmar en el proceso.

-¿Y no os la intentó jugar? -preguntó Nico- No sería la primera que nos la intentan liar.

Zia negó.

-Como él diría, los clientes son los clientes -comentó, luego miró a Aelita-, de haber intentado algo raro te aseguro que ella le hubiera arrancado la cabeza y jugado con ella al fútbol.

La aludida rodó los ojos.

-Una bebe para poder sacar sus poderes a relucir y ya la llaman de todo… -murmuró, y entonces rio algo- Ya casi se me pasó, de todas formas…

Se rascó un poco la tripa pensativa.

-Es complicado, la verdad… -murmuró- No está bien visto beber pero es la forma en que los berserker luchan… supongo que es solo un punto de vista.

Nico se limitó a cerrar los ojos, dispuesto a descansar todo lo que pudiera. Los demás podían entender sus deseos, así que se limitaron a hacer tiempo, charlando en voz baja entre ellos.

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El grupo en autocaravana no tardaron demasiado en llegar a una playa algo alejada del bullicio habitual de las zonas de costa, donde podrían atracar el gran barco de Carter, y con este viajar a través de la Duat hasta Mérida. Tras cruzar unos caminos de tierra rodeados por espesos bosques llegaron finalmente a la arena, pero antes de llegar a ella bajaron del aparato, que fue recuperando su altura normal por el exceso de carga que había soportado durante el corto trayecto, pero Amos comentó que estaban hechas para ese tipo de cosas, así que no creía que fuera a pasarle factura. Y de todas formas Leo aseguró que si había algún desperfecto él lo arreglaría.

Mientras los menores se quedaban a cargo de Patrick en la frontera entre la playa y el bosque, Amos se acercó al agua del mar junto a Carter, y que entró en el agua tras quitarse las zapatillas, y comenzó a usar su magia para llamar al barco, que apareció de entre una ligera bruma a unos veinte metros de ellos, quedándose en sus cercanías aunque llo mas seguro es que tuvieran que nadar un poco para poder llegar a él. Suspirando se giraron, no podían acercarlo más porque encallaría, así que se limitaron a preparar un camino de hielo a cruzar, eso haría Carter al menos, pues Amos se dedicaría a miniaturizar de nuevo la autocaravana, estando los demás tranquilamente sentados por la zona.

-Nos iremos en cinco minutos -comentó, mientras se colocaba al lado de ellos-. ¿estáis listos?

Los chicos asintieron.

-¿Cuánto dices que tardaremos en llegar? -preguntó Samuel, estirándose- Luego tendremos que descansar, estoy agotado…

La mayoría era verdad que no había parado desde que habían derrotado a Urano, y tres del grupo tendrían que seguir con una misión igual o más peligrosa para sacar a Bianca del inframundo.

-Unas cinco horas -comentó-. Pero podremos viajar todos juntos, sin dar explicaciones y sin gastar tanto.

Se acercó a la autocaravana entonces y sacó un papiro. Tras escribir un jeroglífico en el mismo notaron con interés como el aparato se encogía hasta el tamaño de un coche de juguete, y que lo tomaba sin dificultad entre sus manos, mientras les invitaba con un gesto de su rostro a ir hasta el mar. Mientras se dirigían al mismo, un resplandor en el cielo les llamó la atención, y un fuerte vendaval precedió la llegada de Hermes, que cruzó las aguas como una exhalación y se paró de golpe justo delante de Amos, pero antes de que dijera nada su vista se clavó en los ojos de Erik, que le miró con cierto interés, aunque el otro tragó saliva despacio.

-Era verdad, al final… -murmuró- Te-tengo que…

Pero antes de que se fuera Amos carraspeó, llamando su atención.

-¿Tiene un mensaje para nosotros, señor?

Hermes se rascó la nuca, rebuscó entre los papeles que llevaba en su saco, le entregó uno al hombre, y salió a toda velocidad, rompiendo la barrera del sonido y desapareciendo en un vórtice, que en cuanto lo cruzó se esfumó en el aire.

-Debe haber ido a avisar a Atenea -comentó Waltz, mientras colocaba sus manos en las caderas-. Atacó antes a Erik, al parecer.

Este asintió, confirmando esa afirmación.

-En ese caso vámonos cuanto antes -comentó Amos-, pero seguramente sepan dónde iremos, ¿sois conscientes, no?

Ellos asintieron, Annabeth bajó el rostro algo molesta mientras recogía sus cosas y andaba directa hacia el barco, molesta. Los demás la miraron comprendiendo por lo que debía pasar, aunque Mallory comprendía que ella sólo estaba más decepcionada aún de su madre divina. Ella entendía eso bastante, se entendió hacía poco quién era la suya, y a Marin le pasó exactamente igual, que lo tenía todavía más reciente. Era un tema delicado para los semidioses, pensando en ello estaba Frank, que durante años pensó que era un hijo de Apolo, o Hazel, que resucitó de aquella manera a causa de Nico.

Los celtas también entendían ese pensamiento, aunque en su caso era peor, estaban directamente abandonados por sus dioses, al menos Dagda cumplía con el tema de la magia pues podían usarla en todo momento y sin demasiadas limitaciones más allá de que se cansaban por su uso intensivo. A eso había que sumar que estaban siempre huyendo de algún monstruo y su expectativa de vida era corta… pero intensa.

En ello pensaban cuando subieron a la embarcación, Carter había subido ya a la cubierta y había lanzado una cuerda con una escalerita para que subieran. En cuanto estuvieron todos a bordo, se colocó a los mandos de la embarcación, la vela mágica se hinchó y comenzaron a moverse de nuevo hacia el manto de niebla, dando una vuelta sobre sí mismos, y entrando así a la Duat mientras el chico imaginaba su destino para así marcar la ruta dentro de aquel sendero mágico.

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Baldr y Samirah no tardaron demasiado en encontrar una embarcación que ellos podrían usar. Un marinero les había alquilado por unas horas un pequeño yate que podrían usar de recreo y con la que esperaban poder hacer la gran distancia entre el continente y el archipiélago. Era un aparato de unos doce metros de largo y cuatro de ancho, bastante caro pero que el dios aseguró poder pagar sin demasiados problemas mientras negociaban con el capitán, cuyos ojos se abrieron de par en par al ver las monedas doradas que sacó el hombre, Samirah estaba algo nerviosa al ver aquello pero no dijo nada, no merecía la pena discutir con él sobre que estaba pagando claramente de más…

-Bueno, pues espero que aguante los vientos del mar del norte… -murmuraba Baldr, estaban ya dentro del navío- Diría que sí, parece robusta.

Samirah observó curiosa al aparato, en la zona de mandos tenía todas las palancas para mover los motores, la dirección era una gran madera que simulaba la de un barco antiguo pero debía ser digital. Parecía tener todo en orden, de hecho, al menos según lo que les explicó el dueño tras el pago. Las instrucciones de todas formas consistieron en como retroceder, avanzar, y dejar el barco en un puerto.

-¿No sería mejor usar una nave mágica o algo?

Baldr negó.

-A la isla de mi hijo puede entrar cualquiera que sepa la seña -comentó-, ya sea humano, mágico, gigante, dios… Da igual.

Ella se sorprendió de la maestría del otro para mover el barco, saliendo del puerto deportivo en una media hora tras desplazarse por el mismo, aunque al principio lo hiciera con cierto miedo por no darse con nada hasta que cogió confianza. Ella ayudaba dando gritos y hasta empujando mientras volaba y tiraba con sus poderes de valquiria, sin que nadie se diera cuenta de aquello, debiendo confundirla con reflejos del Sol. Tras ese rato, durante el que Baldr se acomodó a la dirección, llegaron a mar abierto, donde podrían entrar en velocidad de crucero hasta estar a unos pocos kilómetros de las islas, momento en que ya irían solo con el empuje que llevaban, esperando con eso ser suficiente para cruzar hasta el lado mágico, donde vivía Forseti.

-¿Cuántas horas deberíamos tardar?

Esa pregunta de Samirah hizo que el otro se girara, ella estaba sentada sobre la barandilla, ya con el mar abierto ante ellos.

-Bastantes, diría -comentó-, incluso si tomamos las corrientes de Ran y Njord, no creo llegar antes de la noche.

-Pero usted es un dios… -comentó- ¿No puedes usar magia de algún tipo para acelerar?

Sin embargo el otro negó.

-¿Tienes algún tipo de prisa?

La mujer suspiró.

-Podría llevarnos volando… -respondió- No me costaría demasiado, he cargado con einherjars más pesados.

Baldr rio un poco.

-Tú misma lo dijiste -comentó-, que tus compañeros tardarían en venir y que estabas de acuerdo con que fuéramos adelante.

A eso ella asintió, pero calló, esperando a que él continuara.

-Además ellos ya saben dónde encontrarnos -añadió-, y mientras nosotros seguro que avanzaremos. Aunque sea solo que Forseti desea hacer justicia.

Eso sorprendió a la chica, cosa que le hizo saber.

-Él es el dios de la justicia -explicó-. Era el que juzgaba los actos de Aesir y Vanir, y por supuesto también de los hombres. Si alguien quería saber si sus acciones eran adecuadas o no, le preguntaban a él.

Samirah se lo pensó unos instantes.

-Siempre pensé que eso lo hacía Odín…

Entendía entonces por dónde iba Baldr. Quería resolver aquello cuanto antes, y seguramente de paso preguntarle cosas a su hijo, entre otras cosas porqué estaba él allí, en Midgar, cuando aún era demasiado temprano para eso.

-Por cierto, Samirah -comentó, mientras se relajaba un poco. Ella le miró-. Ese pañuelo que llevas, ¿para qué sirve?

Ella bajó algo el rostro, nerviosa. Rápidamente el otro habló.

-Imagino que es otra cultura la tuya -dijo-, te he visto murmurar en otra lengua varias veces, sobre todo mientras hablaba con el dueño del barco, y entiendo que ese pañuelo es una de esas cosas.

Ella asintió, mientras se recostaba.

-Es una cuestión… según -le explicó-, en algunos sitios es algo que puedes usar o no, en otros es casi obligación… en fin.

Entendiendo que ella no quería charlar demasiado del tema, el otro se limitó a seguir mirando al frente, pensativo.

-¿Tú eres feliz?

Ella se sorprendió por la pregunta, pero más que fuera tan directa.

-Sí, ¿por?

Baldr sonrió.

-Eso es lo más importante -añadió-, para mí eso es más que suficiente.

Ella sonrió un poco, comprendiendo de nuevo por qué era el dios más amado de su panteón. Si no supiera que era Baldr, diría que era un semidios más como lo era ella, con independencia de su padre o madre divinos.

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Durante las siguientes horas estuvieron navegando por la Duat con el barco real, durante las cuales los chavales estuvieron hablando entre ellos, con Mallory y Jaso enseñando a Marin y Patrick respectivamente el uso de la espada. Carter, Leo, Jeremy y Annabeth ultimaban con Amos los detalles, mientras los demás se dedicaban a hacer lista de la compra para lo que necesitarían, sobre todo en cuanto a comida y bebida, anotando también lo relativo a lo que necesitaba Leo para ampliar la autocaravana.

Si bien él podía usar bastante lo que ya guardaba en su bolsillo mágico, algunas pocas cosas de ferretería sí las necesitaban comprar, así que pasarían por algún centro comercial cercano para adquirir esos productos. Durante las primeras dos horas, de todas formas, los nuevos estaban observando el reino mágico que surcaban con interés y sorpresa, pero en cuanto se acostumbraron volvieron con los compañeros.

-Bueno chicos, estamos ya -ante la embarcación apareció nuevamente una bruma-, hemos llegado a Mérida.

Estuvieron en un silencio algo nervioso mientras cruzaban la neblina, siendo iluminados por las suaves luces del cielo nocturno, con los últimos rayos del Sol dando los coletazos finales antes de bajar definitivamente por el horizonte. Habían aparecido en un embalse, delante de ellos unos cuantos árboles servían de refugio para unos adolescentes que supieron identificar en cuanto les vieron, ni dando tiempo en algunos casos a atracar, pues se limitaron a caer desde la proa al agua, yendo directamente con los demás, y que les recibieron.

-¡Por fin! -Zia se levantó del tirón al verles, saludándoles con efusividad a sus compañeros, que les devolvió el mismo- Se me han hecho eternos estos dos días.

-¡Preparad un camino de hielo! -ese era Carter, gritando- ¡O de tierra o algo, para que bajemos todos!

Procedió entonces a mover la embarcación para colocarla de lado cerca de la orilla, mientras la maga egipcia, Aelita, Beatrice, Hearth y Amos procedían a hacer una escalinata de rocas para que los demás pudieran bajar. Mientras, Samuel, Electra, Jeremy, William, Richard, Kevin, Katherine y Dylan ya estaban en tierra con los demás.

-Entonces habéis venido todos los de vuestro grupo…- mientras los demás se ponían a descargar todos, los celtas se quedaron hablando entre ellos.

A la pregunta de Samuel, William asintió.

-No teníamos nada mejor que hacer y creíamos que era lo mejor -comentó-, entiendo que vosotros dejasteis a alguien atrás.

Jeremy asintió.

-A Ulrich, teníamos que tener a alguien que protegiera nuestro territorio -comentó-, él es bastante bueno pero pronto necesitará ayuda, no creo que aguante muchos días más a solas…

-Deberíamos ir a por él entonces -dijo Katherine-, o que él venga, según.

Aelita, cerca de ellos, se rascó algo la cabeza.

-Pues no estaría de más… -murmuró- Le echo de menos… (1)

Los demás no tardaron demasiado en dejarlo todo en tierra, pasando entonces a una reunión general. Percy despertó cuando Annabeth le removió un poco el pelo y le susurraba, y aunque de primeras se asustó le sonrió un poco. Nico se alejó de los demás, con su espada de hierro estigio en la mano, seguido por Hazel y Jamily

-Bien, chicas -ellas se colocaron a su lado-. Bajaremos ahora al Inframundo a través de esta puerta.

Suspiró un poco.

-Tardaremos varios días en llegar hasta Bianca, y será muy difícil -comentó-, pero ahora mismo no tenemos otra forma de ir más allá de ir a pie.

Luego se rascó algo la nuca.

-No puedo asegurar que volvamos los tres, pero… -gruñó- Espero ser los suficientes para poder llevar a cabo esto.

Miró a Hazel.

-Tú estuviste en los Asfódelos, ¿los recuerdas?

Ella asintió.

-Sí, pero poco -reconoció-, tengo recuerdos algo confusos la verdad.

Jamily intervino.

-Deberíamos aprovechar ahora que tenemos la noche recién comenzada y estamos en ayunas -comentó-. Así debería tener más efecto la magia de protección.

-Coincido -comentó Nico-, vamos pues.

Los tres se acercaron hasta Amos, y que estaba ya organizando a los demás, había mandado a Annabeth, Leo y Marin a comprar con el coche de alquiler que había usado Percy, mientras los demás se encargaban de tener el campamento algo más organizado: haciendo fuego, preparando lugares para dormir – sobre todo esto lo hacían los celtas – y haciendo cosas de comer para todos, a la espera que los otros tres compraran todo lo necesario para poder alimentarse.

-Ya partís, entonces… -comentó, se dio la mano con Nico- Mucha suerte. Supongo que simplemente no queréis despediros para no hacer más drama…

El chico asintió.

-Es lo mejor… -murmuró- Dile a los demás que les aprecio.

Hazel sonrió de medio lado, limitándose a ir con los otros dos hacia la Casa de Hades. Entraron a la misma sin demasiada ceremonia, cerrando tras ellos en un tétrico sonido de rechinar de los goznes, sin que nadie más allá del adulto sabiendo que ya habían partido.

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Baldr ya divisaba en el horizonte las islas Svalbard. En condiciones normales tardarían varios días en cruzar el mar, pero aquel barco debía tener algún tipo de magia en el motor, o simplemente la voluntad del dios de llegar con su hijo era lo bastante fuerte como para acelerar el proceso del viaje. También que aquel velero era veloz incluso sin la magia, o eso había dicho su dueño, que se sentía bastante orgulloso de su navío. A pesar de ser ya de madrugada, el Sol seguía por encima del horizonte, en aquellas latitudes y por esa época del año no llegaba a oscurecerse nunca… claro que en invierno sucedía lo contrario, no veían la luz en meses enteros.

-Diría… que sí tenía prisa por venir… -murmuró él, pensativo- Si no, no se explica que hayamos tardado tan poco…

La mujer le miró con una ligera sonrisa.

-Se preocupa, es todo…

Vieron entonces un pozo de niebla, al que se dirigieron. Esa era la entrada mágica, para los humanos sería simplemente un lugar que les pasaría desapercibido pero era claro como el agua para ellos. Mientras avanzaban, Baldr comenzó a murmurar en nórdico antiguo cosas que ella no alcanzó a comprender dado que estaba demasiado lejos y él hablaba demasiado en bajo, pero supo que era magia cuando el barco se iluminó de un verde escarlata, se escuchó un fuerte trueno, y entonces una luz multicolor les envolvió. Sintieron un suave temblor en el cascarón del barco, y ante ellos apareció una isla verdosa.

-Hemos llegado -dijo Baldr, sonriendo-. Bienvenida a Glitnir, Samirah.

Según se acercaron a la costa apareció un puerto de madera con grandes cuerdas para atracar su navío, con las cuales ella amarró el barco mientras el otro bajaba. La isla era bastante amplia, verdosa y con grandes robles y rocas aquí y allá. Una suave niebla lo envolvía todo, reduciendo la ya de por si baja visibilidad que habría al ser de noche, cosa sorprendente. En cuanto pisaron tierra oyeron como la tierra bajo ellos se removía, pero aunque ella intentó interponerse delante de Baldr, que ni se inmutó.

-La isla se está preparando, tranquila -comentó-, fíjate por allí.

Señaló entonces hacia adelante, vieron un camino de piedra y rocas que atravesaba el bosque, con fuegos dorados iluminando el camino para que pudieran ver sin problemas.

-Esto llevará al palacio de mi hijo… -murmuró, mientras se cruzaba de brazos- Pero no será fácil…

Ella le miró sin comprender demasiado.

-Pero si es solo un camino -murmuró-, no parece haber ni lobos…

Pero el dios negó, algo intranquilo.

-Es un bosque sagrado, solo apto para los hombres y los dioses… -explicó- Yo he muerto y resucitado, y tú eres una valquiria… huelo a Hell aún.

Sin embargo, ella tomó la mano del otro, y le sonrió.

-Vamos.

Se limitó a tirar de él, y anduvieron por el camino del bosque. Era realmente hermoso, con mucha magia rezumando de los árboles y arbustos. Vieron de reojo algunos animales místicos, como unicornios, hadas y mariposas doradas; también había criaturas naturales, tales como búhos, ardillas o conejos, que dormitaban tranquilos entre la vegetación, sin siquiera preocuparse por los intrusos.

-Aquí todo está limitado… -murmuró Baldr- Nadie puede matar, mentir o herir, es un lugar sagrado… hasta Odín estaría sometido aquí, por eso no viene.

Ella asintió.

-Entiendo… -comentó- No me extraña. ¿Algo más que deba saber sobre esta magia?

Como el otro negó, ella estuvo más tranquila. Desde luego era un lugar impresionante, y eso que había estado en los palacios de Asgard, donde todo era dorado y brillante. Pero la belleza de ese sitio era de otro tipo, uno que le gustaba mucho más… hasta que llegaron al palacio de Forseti. Ahí casi se le desencaja la mandíbula.

-Guau…

Era un gran edificio de paredes doradas bien decoradas con los diferentes juicios que allí se tomaron, como la firma de la paz de Aesir y Vanir, o cuando Thor recuperó su martillo de los gigantes de hielo, cuando uno le pidió matrimonio a Freyja. También tenían las efigies de los dioses celebrando bodas, o sobre las grandes hazañas de relaciones con otros panteones, sobre todo con el grecorromano. El techo, de plata que brillaba con la luna, no era menos bello, en su caso contaba con una versión en miniatura del cielo nocturno.

-Me alegra que te guste mi palacio, valquiria.

Se giraron, en un lateral vieron a un joven pelirrojo con un peto marrón, capa verde y pantalones blancos con botas negras. Le reconocieron en seguida.

-Hijo…- Baldr se le acercó y le abrazó- Disculpas, por todo…

El otro se dejó hacer, y, con una sonrisa, separó al otro.

-Tranquilo -aseguró-. Entrad, por favor…

Las puertas de madera se abrieron, y pudieron contemplar el interior. Tenía vidrieras de colores, el suelo bien decorada con grandes alfombras, y las estatuas de otros dioses de justicia de diferentes mundos diferentes al suyo. Los asientos estaban formados por grandes losas de piedra pero con mullidos cojines con una separación lo bastante grande como para que tipos de dos metros pudieran colocarse uno al lado del otro sin problemas, con un total de tres mesas justo delante de esos puestos.

Vieron como en una de las mesas una mujer rubia hablaba con lo que parecía una ninfa bien trajeada, que en cuanto llegaron separó la vista de la puerta y ni miraba a la criatura que le hablaba, que se limitó a seguir. Escucharon unos pasos acercarse a ellos y comprobaron que un enano bien peinado y vestido se les acercaba.

-¡Soy Vatir, vuestro abogado! -estrechó sus manos efusivamente- No se preocupe, esto está ganado, ¡vamos, vamos!

Les llevó hasta la mesa justo en frente en la que estaba Nanna junto a la ninfa, y comprobaron que Forseti se había colocado en la que estaba en medio, recostado en una única silla dorada.

-Perfecto -se aclaró la garganta-. ¿Están listos los letrados para el juicio?

Baldr y Samirah se sorprendieron al escuchar aquello, pero no pudieron evitar que los dos seres mágicos dijeran un enérgico , que resonó en todo el salón de Forseti. Este sonrió afable y dio un golpe en la mesa con el puño, señalando el inicio…

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(1) Efectivamente, otro personaje que me dejé en el tintero, junto a Samirah y Calipso.

La mitología celta aquí incluida es bastante compleja aunque poco ha sobrevivido hasta nuestros días, aquí se da una visión algo simplificada que, con el tiempo, se irá perfilando.

Hasta aquí el capítulo de hoy, espero que os haya gustado, y que apoyéis este fanfic. Ni Percy Jackson ni ninguno de los personajes de las sagas de Rick Riordan me pertenecen. ¡Dicho esto, que la inspiración os acompañe!