Enemigo primordial

Capítulo 34

A la mañana siguiente, el grupo recogió todo el campamento rápidamente, fue sencillo gracias a su gran número, devolviendo todo a su sitio en apenas una hora, justo con el amanecer de aquella jornada. Ya llevaban unos cuatro días de viaje, pero aquello estaba lejos de terminar. Los dos únicos que no ayudaban a desalojar, eran Amos junto a Baldr, que hablaban sobre la segunda parte de la profecía inicial, que hablaba de semidioses, muertos y magos. Claramente con lo segundo se referían a los einherjar, y habían dado por hecho que tenían que recuperar las dos grandes armas: el Mjolnir, el martillo atronador de Thor; y Gugnir, la lanza sagrada de Odín.

-Estaba pensando en ir por los fiordos de Noruega, allí hay entradas naturales al reino de los Jotuns -explicaba el dios-, la otra opción es ir a Yggdrasil, pero sería peligroso, somos demasiados…

Amos asentía.

-Sin duda es mejor lo primero -comentó, mientras revisaba un mapa-, ese árbol, tengo entendido que está en Estados Unidos, como todo, en estos tiempos.

El otro suspiró algo.

-Ya me han dicho que ese país es poderoso, sí -miró al otro-, pero es reciente, ¿no? En mis tiempos ni lo conocían, los seres humanos.

-Así es, pero es lo de menos -explicó-, lo importante es que medio mundo mágico occidental tiene sus bases allí.

-La magia siempre giró en torno a los centros de poder -Baldr se cruzó de brazos-, en la antigüedad, Yggdrasil en Midgar tenía su entrada en la zona de Dinamarca, cerca de donde ahora hay una… sirena, creo.

Asintiendo, el otro se limitó a recoger su teléfono, y vieron que Carter ya estaba preparando los amarres, junto a Percy y Frank, mientras los demás iban subiendo al interior del barco. Este era uno de remos, con una gran vela blanca, hecho de madera, con un timón en el extremo trasero del aparato, consistente en un largo palo con una pala en su extremo, con la que podían cambiar la dirección.

-¡¿Está todo listo, sobrino?!

Al grito de Amos, el muchacho le hizo una señal afirmativa, y procedieron a montar en ese momento, listos para la aventura. Girando suavemente, Percy los guio dirección a la bruma que se había formado por la magia de Zia, que había hecho los cálculos para ir hacia donde el mayor había indicado.

Así, entraron a la Duat, dónde viajarían hasta llegar a su destino, introduciéndose en las capas profundas de aquel reino mágico. El barco navegó por las corrientes mágicas, con las estrellas y constelaciones iluminando tenuemente el cielo, y hermosos fondos en el horizonte, con palmeras, pirámides, algún que otro ave espectral… era realmente hermoso. Gracias a aquella opción, podrían viajar fácilmente hasta el Mar del Norte, y, desde allí, ir al reino de los gigantes.

-Y ya cuando lleguemos, tendremos que ir a pie, por la orografía del terreno -explicaba Mallory-. Cuando fuimos, había muchas montañas y zonas nevadas, sería casi imposible de ir de otra forma.

Estaban sentados en la cubierta, el único en pie era Amos, y que manejaba la embarcación. Los nórdicos eran los que parlamentaban entre ellos, para saber qué hacer durante el viaje.

-Eso es verdad -indicó Samirah-, pero, si hay la opción, podríamos usar algún tipo de montura, pero no sé si caballos normales podrían ir…

Baldr intervino.

-Tendrían que ser nativos de los Jotuns, me temo -dijo-, si encontramos un grupo de salvajes, podría domarlos, ¿os he contado esa historia?

El dios comenzó a relatar peripecias suyas, junto a Thor y Loki. Una sonrisa iluminaba su rostro mientras lo hacía,

-Esto sucedió hace miles de años, poco después de recuperar Mjolnir -decía-, el caso es que a Thor se le metió en la cabeza buscar más venganza, y para ello, tenía que cruzar de nuevo Jotunheim.

Su magia llegó a hacer que las imágenes aparecieran ante los demás, Erik escuchaba con especial atención, quería aprender de aquel tipo. Por su parte, los demás escuchaban con cierto interés, aunque otros se centraban más en lo que había a su alrededor, que también era bastante impresionante.

-Y, claro, no podíamos usar nuestra magia divina, o nos descubrirían y huirían, así que teníamos que ir a pie -sonrió, algo travieso-. No sé si alguna vez habéis conocido a mi hermano, pero… digamos que es algo… bueno, naturalista, y sus pies no os quiero ni contar.

Los demás soltaron una sonora carcajada.

-El caso es que olía como el aliento de un dragón de hielo, era terrible -se aclaró la garganta-, mientras encendíamos un fuego, en medio de un valle nevado, escuchamos los cascos de varios caballos, y cuando nos giramos, los vimos.

Ante ellos, apareció la imagen mágica de una de esas criaturas. Eran enormes, de ocho patas, crines plateadas, ojos de ese mismo tono, cascos de platino, y con varios metros de altura. Eran indómitos hijos de Sleipnir, el primero de ellos, lanudos y con el temperamento del rayo, relinchaban con la potencia de un relámpago al caer. Eran unas bestias sin duda formidables.

-Son los jotnurhesta, literalmente caballos gigantes -señaló Baldr-, había varios cerca de nosotros, y se me ocurrió usarlos a modo de montura, eran veloces y fuertes, así que nos tendrían que servir, eso pensé…

-Pero son descendientes de Loki, y por tanto seres caóticos… -murmuró Alex, divertida- ¿Acierto?

El otro suspiró, y asintió. Notó entonces que Laika, la perra de Erik, se tumbaba a su lado tras deambular por entre los demás, dejándose tocar la mata de pelos por todos aquellos que quisieran.

-Según me acerqué, relincharon, se encabritaron e intentaron aplastarme, pero logré abrazarme al cuello de uno -sonrió, echándose hacia atrás-, hola, bonita…

Rascó la cabeza del animal, y notó un ligero chispazo en su mano, pero se limitó a seguir con su historia.

-Cuando lo tuve bien agarrado, lo llevé contra el suelo con ayuda de Thor -explicó-, e hice lo mismo con un segundo animal para Loki, aunque nos dimos cuenta de un detalle…

-Mjolnir, que sólo puede ser levantado por tu hermano -saltó Jack de pronto-, joder, ese martillo sí que pesa, colega…

El dios sonrió.

-Exacto, así que Thor tuvo que llevarlo en la mano todo el trayecto -fue contando en silencio a los demás-, vamos a… necesitar toda una manada, para tanta gente…

-¿No llamaríamos mucho la atención tanta gente?

A esa pregunta de Annabeth, el otro negó.

-Somos demasiada poca cosa para los estándares de los jotuns -le restó importancia con un gesto-, incluso yendo varios dioses, además, así haremos piña.

Sonriendo, se dejó hacer por Laika, que se limitó a dejarse caer sobre las piernas del otro. Los demás se limitaron, entonces, a charlar entre ellos durante las pocas horas que duraría el viaje, hasta que llegaran de nuevo a la Tierra, momento en que ascendieron por la rivera de la Duat, con la vela del gran barco de Carter hinchada por los vientos mágicos, llegando incluso a moverse los remos para ello. Fue en verdad un viaje muy tranquilo, en el que no pasó nada relevante más allá de los mareos habituales de Frank, que tuvo que ser ayudado por Flavianna, que sostenía su cuerpo para que no se cayera.

-¿Está bien, Pretor Zhang? -le preguntaba, nerviosa- ¿Necesita algo?

Hazel suspiró.

-Siempre le pasa… -murmuró- Tolera algo mal el movimiento, y ahora será más cuando salgamos de aquí…

Giró el rostro, y se encontró con, efectivamente, a Amos rodeado de una gran aura mágica, y, junto a Zia, Carter y Waltz, hicieron que una nueva y aún más densa bruma les fuera rodeando. El olor del mar llegó a sus narices. Sintieron el agradable salitre, y los fuertes graznidos de las gaviotas, que sacaron una sonrisa boba a Percy. El líquido mágico que sostenía a su barco fue sustituido poco a poco por las frías aguas del Mar del Norte, y poco a poco llegaron hasta las costas danesas.

Estaba algo nublado el cielo, con bastante oleaje que movió la embarcación fácilmente, y haciéndoles moverse hacia la costa. Percy, manejando las aguas, usó las corrientes a su favor para acercarles a la costa, la idea era llegar hasta la playa más cercana y allí ir buscando a pie una entrada, para luego dejar definitivamente amarrado el barco en un punto y que nadie pudiera usarlo. Mientras se acercaban, a Bianca no se le podía quitar una mala sensación de la espalda, las gaviotas se habían acercado un poco a ellos pero por alguna razón se alejaron de pronto, y aunque el agua estaba más o menos clara y el cielo en buena medida despejado, en cuestión de minutos un espeso manto de nubes grisáceas lo lleno todo.

-No me gusta nada de todo esto… -murmuró seria- Algo se acerca…

Mirando en todas direcciones, llamó la atención de los demás, que de inmediato se pusieron alerta. Sólo Percy seguía concentrado en su tarea, hasta que fue derribado por William. Mirándole alarmado, este señaló hacia su espalda, y el muchacho se sorprendió de ver allí una flecha de plata, clavada en el suelo.

-¡¿Pero qué…!?

Vio como de pronto se había montado una especie de campo de batalla improvisado en la cubierta. Un montón de adolescentes, con armaduras de plata, arcos, espadas y tiaras, tenían enfilados al grupo, totalmente rodeados y sin opción a escape, no pudiendo ni usar sus armas o magia bajo la amenaza de caer sobre ellos una lluvia de flechas.

-Las cazadoras… ¿qué hacen aquí?

Annabeth pudo reconocer a varias de ellas, ya las conocían de antes por haber coincidido muchas veces durante sus aventuras, la última durante la guerra contra Gaia. Pero, curiosamente, no veía por ningún lado a la líder de las cazadoras, Thalia, hermana de Jason. Este estaba, de hecho, delante de los demás, gladius en la mano.

-¿Necesitáis algo, Cazadoras?

-Tenemos una presa que cazar -comenzó a hablar una, acercándose-, creo que nos podríais ayudar.

Seguía con el arco cargado, pero sin terminar de tensarlo. Era una joven de pelo oscuro y ojos pardos, tenía el aspecto de una bestia por estar totalmente desaliñada.

-Soy Antares, la líder de las Cazadoras -señaló a Bianca-, entrégate ahora, y no mataremos a ninguno de vuestros amigos.

La aludida frunció el ceño, y se negó.

-Tendrás que cazarme para ello, Antares -pasó entonces por delante de Jasón, que la miraba con interés- ¿Por qué querría Artemisa mi cabeza?

La otra sonrió de medio lado.

-No sólo se quiere tu cabeza, querida -se notaba el retintín en su voz- De todas formas, esta vez no nos lidera nuestra diosa…

Miró al cielo, y, de pronto, una gran lanza cayó directamente hacia ellos. Nadie pudo reaccionar, salvo Baldr, que saltó, directo hacia la misma, con sus brazos cubriéndole. Ahí iban a descubrir si seguía siendo totalmente invulnerable. Notó el gran calor del Sol emanar de la punta, y, cuando intentó tomarla, unas fuertes llamaradas recorrieron su cuerpo, momento en que vio una figura rubia, con dos espadas de oro, en las manos.

Reconociéndole, se protegió del ataque de Apolo, que golpeó con su metal el oro de la lanza que acababa de lanzar antes, cayendo ambos como dos piedras al mar. Todos los presentes se sorprendieron por ello, más cuando vieron a las cazadoras salir de allí en todas direcciones.

Reaccionando, Amos movió la embarcación, mientras los egipcios usaban su magia para acelerarlo, estando los demás yendo directos hacia los remos, en un intento de alejarse lo más posible de la zona de combate. Cuando Erik se dispuso a saltar al agua, Laika le ladró un poco, y le empezó a señalar en una dirección. Cuando miró en esa dirección, se encontró a ambos dioses luchando entre ellos.

-¡Voy a ayudarle!

Sacando valor de donde no lo tenía, y dispuesto a ir todo lo rápido que pudiera, saltó de la cubierta ante la atónita mirada de los adolescentes, mientras Percy chillaba, desde el agua, que se dieran prisa. Teniendo que hacer que se coordinaran, fue Hazel la que, a voces, fue marcando el ritmo junto a Jeremy, que, usando dos escudos, hacía un ruido fuerte y a un tempo concreto.

Por su parte, según saltó por la borda, Erik cayó en arena. Sorprendido, se incorporó, y vio, justo delante suya, a los dos dioses luchar entre ellos. Se sorprendió por eso, pero, sin llegar a decir nada, se levantó como pudo, y procedió a correr hacia ellos. De fondo, el barco de Carter llegaba hacia la costa, mientras veía resplandecientes estrellas plateadas ir y venir por todas partes, aunque no tardaron en desaparecer del todo, pero no tuvo tiempo para fijarse en nada. En cuanto Apolo le vio, se lanzó a por él, cosa que sorprendió a Baldr, que ni bien pudo girarse cuando vio a los otros dos pugnar por la lanza. El mayor tenía firmemente agarrado su mango, mientras el otro tiraba de la punta hacia atrás, obligando al otro a empujar hacia el lado contrario.

-¡Ríndete, muchacho! -le gritó Apolo- ¡Y no sufrirás la cólera del Olimpo!

Quiso usar sus poderes y transformar al otro, pero no podía; se necesitaba una gran diferencia de poder para ello. Y no era el caso, al menos en su dirección. En palabras de su hermana Atenea, era la amenaza más importante que tenían que enfrentar de todas, más aún que incluso los alzamientos de Cronos y Gaia, y si la sabionda había dicho eso… De todas formas su objetivo no era, al menos ese día, cazar al joven.

-¡Oye, yo no os he hecho nada, tío! -le espetó- ¡Ni siquiera sé quién eres!

El otro, sintiéndose insultado, dio un tirón más fuerte de lo habitual, recuperó su lanza, y dio un salto atrás.

-Es Apolo, Erik -intervino Baldr, acercándose-. Dios del Sol y las artes,

El aludido asintió, dando una ligera reverencia.

-Vengo a comprobar si las palabras de mi hermana son verdad o no… -frunció ligeramente el ceño- Me temo que así es.

Su toga, hasta entonces blanca, brilló y pasó a ser una armadura dorada, de aspecto ligero pero fuerte, de cuerpo completo. Sus sandalias doradas pasaron a ser dos botas, y en sus antebrazos aparecieron sendos guanteletes, generándose en sus manos dos esferas de fuego. Dispuesto a abrasar al otro, lanzó sus llamaradas directamente a su pecho, pero no contó con que el tercero interpondría su cuerpo para defenderle.

-¡No tengo nada contra ti, Baldr! -le gritaba- ¡Apártate de mi camino, y déjame acabar con este bastardo!

La batalla no tenía visos de terminar. No, hasta que Erik se encontró con que el barco estaba ya atorado en la playa y vacío. Escuchó unos ladridos, y vio que Laika estaba corriendo tan contenta hacia él. Una de las esferas de fuego de Apolo iba a darle de lleno, así que se interpuso para protegerla, instante en que el animal se hizo una pelota en el suelo. Rabioso, el chico, no supo muy bien cómo, hizo aparecer una esfera de energía pura en la mano, y se lanzó al otro, que la recibió con el pecho, mandándole a volar por los aires, cayendo incluso al mar, al otro lado de la playa. Laika ladró, contenta, y empezó a lamerle la cara al chico, que miraba al otro con mala cara, que se incorporó sin demasiados problemas. Iba a dirigirse hacia allí, cuando una lechuza llegó hasta su hombro. Apolo, gruñendo, tomó al animal entre sus manos, localizó el rollo de papel, y tiró al animal a un lado, que salió volando como pudo.

-¡Vas a tener suerte, niñato! -le señaló- ¡Es mi hermana la que va a matarte, pero yo podría hacerlo sin problemas!

Dio un gran salto, y de la nada apareció un carro tirado por dos caballos de fuego, y que recogieron al dios, que desapareció en el aire de nuevo tras recuperar un poco de altura. Erik ni se enteró de que estaba rodeado hasta que no le habló Aelita, algo preocupada.

-¿Pudiste luchar bien contra el otro? ¿Estás bien?

El aludido se limitó a asentir, y miró a los demás.

-Quería matarme, igual que Atenea…

Annabeth perdió su vista en el mar entonces.

-Decepcionando una vez más… -suspiró algo- Pero no es lo único que me perturba.

-Sí, ¿y Thalia? -preguntó, nerviosa, Piper- Se supone que era la líder de esas cazadoras…

-¿La conocíais?

A esa pregunta de Blizten, Leo asintió.

-Es la hermana de Jasón, bueno, hermanastra -se encogió de hombros-, ¿se puede negar a hacer una misión? Igual fue por eso.

Sin embargo, Mallory chasqueó la lengua.

-Lo dudo en especial -gruñó-, puede que la tengan secuestrada, o algo…

Una ligera tensión llenó el aire, hasta que Hearthstone comenzó a mover las manos. Magnus le miró con atención.

-Tiene razón, tenemos que ponernos en marcha -dijo-, ¿visteis esas luces plateadas de antes? Creo que eran las cazadoras.

Odd sonrió de medio lado.

-Eran súper guapas, ¿tendrán novio?

-Se supone que están ahí para evitar todo contacto masculino -masculló Nico, serio-. Dudo que quieran nada con ningún hombre…

-En todo caso, deberíamos movernos -intervino Beatrice-, a más tardemos, más oportunidades les daremos de atacarnos, de hecho deberíamos buscar zonas apartadas.

-Hablando de eso, ¿y los demás de vuestro grupo?

A esa pregunta de Ulrich, ella asintió.

-Se han ido de excursión, pronto llegarán a la playa donde tenemos el barco, para guiarnos a un lugar más seguro, dentro del bosque.

Entendiendo que aquello era lo mejor, se dirigieron de nuevo hacia donde estaba la embarcación. Con las prisas, ni vieron que estaban en un gran cabo, con la playa donde se dio la contienda cerca de un promontorio elevado, desde el que se podía ver el amarre donde los demás habían desembarcado. Cerca de la playa, y tras subir por unos senderos, llegaban a un frondoso bosque de abetos y pinos, donde tenían pensado hacer el campamento hasta que dieran con una entrada a Jotunheim.

Aquel era un lugar ideal, sede de antigua magia nórdica, y un punto de acceso, según Baldr, muy común para los gigantes. Allí, de hecho, los humanos habían construido, tiempo ha, muchos templos a Thor, para que sirvieran de base al dios durante sus ataques a los gigantes que se atrevían a ir a Migdar por esa entrada. Había otras muchas, pero esa era de las favoritas del otro, además de la más sureña.

-No es por capricho, que eligiera esta -explicó-, este es un punto difuso para la magia Aesir, y precisamente queremos evitarla en lo máximo posible.

-¿No quieres llamar la atención de tus congéneres? -eso llamó la atención de TJ, claro que luego cayó-. Bueno, si los griegos tratan así al que se supone es su hermano…

-Los dioses siempre se tratan entre ellos así -intervino Waltz-, siempre con luchas internas, siempre con celos, queriendo tomar el poder…

Frunció ligeramente el morro, mientras dialogaba internamente con Anubis. Sólo salió de ese trance cuando Sadie tomó su mano, con una suave sonrisa. Desde luego, todo aquello era realmente complicado, demasiado para andar pensando en ello en esos momentos de tensión, así que se limitaron a andar dirección a la cala. Allí, efectivamente, se encontraba descansando el barco, girando ligeramente sobre sí mismo, encajonado en la arena en uno de los laterales. Según los magos del grupo, no les constaría demasiado moverlo para, en un futuro, volver a salir dirección a, esa ocasión, Egipto.

-Por ahora, vamos a moverlo un poco, para que quede en mejor posición, por si acaso sólo -comentó Amos, yendo junto a sus sobrinos, hacia el navío.

Los demás observaron cómo, despacio, lo fueron girando, de tal forma que quedaba orientado hacia mar abierto, naciendo entonces un puerto de madera y roca a su derecha, cortesía de los propios egipcios, con el que podrían subir y bajar las cosas que necesitaran. De hecho se encontraban bajando las tiendas de campaña, cuando vieron llegar a Dylan, con una sonrisilla.

-¡Hemos encontrado una zona que nos podría servir! -exclamó- Es un claro algo pequeño, pero nos debería valer como sitio de acampada, y está cerca de una zona de cuevas, por si acaso hay que salir a refugiarse.

Amos asintió.

-Es perfecto -comentó-, ¿nos ayudas a recoger, y luego nos guías?

Asintiendo, el adolescente comenzó con la labor. Eran muchas las cosas que había que sacar de la embarcación, pero también eran unos cuantos, así que en poco rato ya tenían una fila de personas, lideradas por el celta, dirección al punto de descanso. Estaba cerca del agua, a unos doscientos metros, lo bastante lejos para poder estar en medio del bosque sin ser vistos por los de la playa, pero lo bastante cerca como para ellos poder ver, aunque sea con algo de mala visibilidad, el mar.

-Levantaremos en torno al sitio una muralla de madera y rocas, si os parece bien -explicaba Jasón-, para defendernos de monstruos. Pensad que aquí habrá un montón, y seremos demasiados semidioses juntos, llamaremos su atención rápidamente.

Aelita, junto a Beatrice, asintieron.

-Deberíamos poner defensas mágicas -decía la primera-, si tenéis vodka a mano me pondré a ello.

-Yo, mientras ella se encarga de este lado, haré lo mismo con el otro -señaló hacia los troncos colocados ya en el suelo-. ¿Así te va bien de tamaño para el campamento?

Era, en total, un área de 50 metros por cincuenta metros, aunque buena parte del perímetro estaba en medio de los árboles. No querían tampoco que todo estuviera a vista de pájaro, pues eso haría que pudiera ser vistos por las autoridades, o, peor aún, por sus enemigos, así que estarían ocultos.

-Es perfecto, iré preparando los materiales para la fortificación -de hecho, varios de los chicos ya estaban dirigiéndose hacia las montañas cercanas para obtener roca.

Sin embargo, esa actitud sorprendió en cierta medida a Erik.

-¿No es mucho esfuerzo para un sitio que abandonaremos en pocos días?

El adolescente negó.

-No cuando esto servirá de refugio más adelante -explicó-, he estado pensando en que necesitaremos bases, cercanas a zonas de agua, por si hay que huir.

El otro asintió, pensativo.

-Siempre existe la posibilidad de un ataque fortuito por las noches, y esto serviría de primera defensa -comentó Erik-, por ejemplo, de esas famosas cazadoras…

-Vas comprendiendo -Jasón, sonriendo, le tendió un hacha-, ve a talar madera, no tardaremos demasiado, lo garantizo.

Efectivamente, en poco más de tres horas habían juntado muchas rocas y troncos de madera, además de haber excavado en el suelo, gracias a Hazel y Frank, largos surcos en los cuales depositaron los cantos y tres filas de maderas, con las que levantaron una empalizada de unos tres metros de alto. Trabajaron arduamente durante varias horas, en las que trabajaron con grupos de rock y pop de fondo gracias a varios de los móviles de los celtas, y que tenían puesta música para amenizar el proceso, y que si bien era arduo, se tenía que hacer.

Mientras lo montaban todo, las dos magas celtas se dedicaron a meterse al cuerpo un cuarto de botella de vodka a base de chupitos, acabando mareadas tras el quinto, cantando canciones celtas mientras se dedicaban a escupir en la madera un mejunje a base de hiervas y flores que habían preparado antes, y hacer un rito que, según ellas, sería fundamental para proteger mágicamente el campamento ante cualquier ataque. Zia debía reconocer que era bastante interesante todo, sentía curiosidad por cómo se hacía magia en otras culturas. Ella, por su parte, junto a Sadie se dedicaban a hacer las protecciones internas, mientras los chicos, capitaneados por Jeremy, terminaban por colocar todos los maderos, siguiendo un procedimiento sencillo pero eficaz: a base de poleas, usando los árboles y cuerdas fuertes, lograron colocarlos en vertical sobre el suelo, enterrando buena parte de los mismos en la tierra, dejando lo demás al aire.

-Usaremos los restos para hacer púas al pie de la muralla, así no se acercarán a su base -mientras ayudaba a descender el bloque de madera, iba hablando-, salvo la parte de allá, que servirá de salida principal, lo suyo sería hacer otras que no se vean tanto, pero por ahora nos debería valer.

Jasón, retirándose el sudor de la frente, asintió, satisfecho.

-Es buen plan, me gusta -miró a Annabeth, que estaba disponiendo las tiendas por el recinto-, habla con ella para decidir por donde hacer las bajadas, junto a Hazel.

De esta forma, todos trabajaban en aquella misión. Los tres dioses del grupo eran los encargados de subir y bajar con los sacos de rocas, que sacaban desde una cueva. Era el trabajo más duro y difícil, además de peligroso, pues se les podría caer un peñasco encima, y al ser invulnerables, no les pasaría nada. De hecho, usaban sus propias manos para separar los cascotes de roca, y que se colocaban a la espalda para bajar al campamento. Erik se sorprendía de la facilidad con la que podían meter sus manos en la fría roca.

-Y esto no es lo único que podrás hacer -le decía Baldr-, irás aprendiendo con el pasar del tiempo, chico.

El otro estaba en camiseta de manga corta. Al contrario que Apolo, que tenía un cuerpo propio de un culturista, el nórdico tenía un cuerpo fuerte pero rechoncho. En su caso ni fuerte era, tenía de hecho un cuerpo muy normalito, incluso tenía algo de tripa.

-¿Cómo es posible… que sea un dios? Aun me cuesta creerlo…

Anubis, que ya cargaba con un saco de rocas, se paró a su lado, y aprovechó para acomodarse la tela al hombro.

-Lo eres, si no, no te hubieras podido defender de Apolo, Erik.

El otro suspiró.

-Al parecer, Percy le aguantó un combate a espada a Ares, cuando apenas era un crío… -murmuró- No debe ser para tanto.

Sin embargo, Baldr negó con cierta diversión.

-Algo me dice que, en esa ocasión, Ares no se debió esforzar demasiado -explicó, mientras cargaba las rocas-, un dios de la guerra nunca caería ante un mortal en un combate a espadas, es impropio de su naturaleza.

-Seguro que omitió detalles relevantes, debió ser por una apuesta o algo así -comentó Anubis, fueron bajando los tres por el camino de tierra-, de todas formas, yo no me preocuparía por ello. Normalmente, cuando enfrentan a hijos de otros dioses, no usan todos sus poderes… salvo que de verdad quieran matarlos.

-Piensa que se enfrentaría a la ira de Poseidón de matar a su hijo -añadió Baldr-, y él es casi tan poderoso como su padre, Zeus. Simplemente, se limitaba a no granjearse un poderoso enemigo.

Asintiendo, Erik se rascaba pensativo la nuca, aunque al inicio le costó cargar con tanto peso, rápidamente se adaptó al mismo sin más dificultades.

-Pero desean matarme… ¿De verdad pueden?

A eso, los otros dos se limitaron a encogerse de hombros.

-En nuestros mundos sí, hay precedentes de dioses muriendo -Baldr se rio-, yo soy el ejemplo perfecto. Pero en el vuestro es más complicado, seguramente al final te encierren en algún lugar lúgubre, o troceado y esparcido por el viento…

El chico tragó saliva, nervioso, pero asintió.

-No me gusta ninguna de las opciones -murmuró, serio-, por cierto, Baldr.

Este le miró con interés.

-Te puedo enseñar a usar tus poderes, claro.

El otro asintió, agradecido.

-Pero no quiero abusar tampoco…

Sin embargo, el mayor le restó importancia.

-¡No es problema! -le dio un buen golpe en el hombro- Será un placer enseñarte, chico, vales mucho la pena…

Se dio cuenta que los otros dos tenían no demasiado buena visión de los demás dioses. Incluso los otros jóvenes los miraban con muy malos ojos, unas pocas charlas bastaron para ello.

-Después de todo esto… ¿volveréis a vuestros panteones?

Se hizo el silencio. No era uno incómodo, el suave viento y el cantar de los pájaros les envolvía, y las suaves respiraciones de ellos servía como música de fondo, aunque se iba apagando según se acercaban al campamento, pues las voces de todos hacían que todo ruido ambiente se perdiera en su intenso bullicio. Internándose en el bosque, un par de minutos después, respondió Anubis.

-Lo dudo mucho -respondió-, hacía tiempo que ya vivía entre humanos, por un trato con uno de ellos, y cuando, en unos años, ellos mueran… seguramente me limite a volver al reino de los muertos.

Baldr le acarició el hombro, sonriendo, y procedió a explicarse él.

-Yo tampoco, volveré al hospital en el que trabajaba, y estaré con Nanna -respondió-, es lo mejor, aunque iré a ver a nuestro hijo de vez en cuando, claro.

Erik asintió, despacio.

-Viviréis entre humanos, también… -comentó- Yo querría reencontrarme con mi madre, y estudiar algo, esa era la idea, al menos…

Una sonrisilla apareció en su rostro, pensando en ello, y los otros dos se limitaron a confirmar lo que ya pensaban. Él era más feliz como humano que como otra cosa, demasiado bueno para sus congéneres. Y demasiado poderoso también, ser capaz de enfrentar a uno de los mejores guerreros del mundo griego era bastante representativo.

-Te deseo la mejor de las suertes, muchacho…

Anduvieron, escuchando cómo Baldr alegres ritmos noruegos, llegando rápidamente hasta la aldea, a la que entraron por una pequeña apertura, y que tenían abierta para permitirles pasar. De todas formas, no quedaban demasiadas zanjas que llenar con pedruscos, lo que quedaba en realidad era más para hacer fogatas y que el fuego no se extendiera demasiado.

-Os ha quedado francamente bien…

La empalizada era de madera, con su base hecha por rocas. Era ancha, de más o menos un metro de amplitud, y que estaba reforzada por placas de hierro colocadas por Leo, y que reforzaban la ya de por si resistente protección. Además, tenían colocadas las tiendas de campaña en torno a la muralla, pero en la zona más boscosa, dejando el área más amplia en exclusiva para la autocaravana, que habían abierto. Esta tenía incorporada una gran cocina, y habían preparado un sitio para que pudieran echarse un agua con una manguera tanto chicos como chicas, para eso tenían colocada una tela para que pudieran hacerlo sin problema alguno, cosa que agradecían.

-Podremos seguir un modelo similar en otros sitios a los que lleguemos -comentó Flavianna-, y que los semidioses locales los aprovechen, ¿os parece?

-Que sean zonas seguras… -Richard sonrió- ¡Es una idea genial, sí!

-Pero, si volvemos, tendrían que hacernos hueco -comentó Kevin, serio-, y somos un huevo, sería complicado…

-Ya habrá tiempo de pensar en ello.

Esa fue Katherine, que, junto a Blitzen, Hearthstone, y Magnus, habían estado echándole una mano a Samirah, durante ese rato, para acabar de preparar los fuegos de varias hogueras. Sin duda, era un lugar bastante acogedor.

-¿Está todo listo para empezar la búsqueda de la entrada?

A esa pregunta de Magnus, fue Augusto el que respondió.

-¡Sin duda, caballeros! -comentó- Siento una gran energía venir desde esa zona, podemos ir hacia allí a ver- añadió.

Señaló en dirección contraria a donde ellos habían mirado. Anubis lo notó claramente, era una magia intensa. Los otros magos del grupo, según les preguntaron, confirmaron la sensación. Lástima que sólo pudieran definir una zona muy amplia, no un sitio algo más específico. Hasta que no llegaran allí, no podrían decirlo con más exactitud.

-Bien, pues descansemos un par de horas, comamos, y luego iremos a la entrada de Jotunheim -declaró Amos-, si un grupo pequeño se quiere quedar aquí para cuidar el fuerte y que no nos roben, será bienvenido.

-En teoría na-nadie de-debería pod-der entrar -decía Beatrice, aún perjudicada-, este sitio es imp-impe-imp… ¡Nadie podrá entrar!

Los demás se rieron un poco, y decidieron que ellas dos se quedarían allí, por ahora, cuando se recuperaran podrían ir con ellos. De hecho, seguramente comerían y se irían a descansar un poco para que se les pasara la borrachera.

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A un par de kilómetros de allí, las cazadoras habían hecho un campamento también, pero ellas no lo habían perimetrado en absoluto, de hecho estaban en pleno bosque, rodeadas de árboles, sin fuegos y sólo sus tiendas de campaña y mantas para guarecerse. Los grandes lobos que las acompañaban descansaban bajo un árbol, dormidos, ni siquiera se incorporaron cuando pasó Apolo ante ellos, con cara de pocos amigos, directo hasta la única carpa que había en toda la zona. Aunque las cazadoras le habían visto, no llegaron a decirle nada, cuando el dios se ponía de mal humor era mejor no molestarle…

-¡ATENEA!

Se paró justo a la entrada. Era una gran lona plateada, de hermoso lino, madera oscura a modo de sostén, y varios fuegos para calentar e iluminar su interior. Ante aquel poderoso grito, una mujer salió de la tienda, la diosa hizo acto de presencia.

-¿Qué pasa, Apolo?

-¡LE TENÍA CONTRA LAS CUERDAS! -gritó, rabioso- ¡¿PARA QUÉ ME LLAMAS?!

Ella le invitó a pasar con un gesto, pero, antes de que cruzara el umbral, le enganchó del brazo, y empezó a apretar con fuerza.

-Ni se te ocurra volverme a gritar de esa forma…

El otro se limitó a poner mala cara, se zafó de un gesto del agarre de la otra, y se sentó pesadamente en uno de los tronos del interior. Estaba bien iluminado, con piles por todas partes, el arco y carcaj de plata de su hermana, y una gran mesa de roble con un mapamundi mágico, que señalaba las grandes piezas que siempre codiciaba. De hecho, una estaba realmente cerca, eso no sorprendió al dios.

-Gracias por venir.

Se giraron, y vieron a la diosa de la caza entrar a la tienda. Estaba bastante radiante, su pelo estaba ensortijado, llevaba un vestido vaporoso, y estaba ligeramente maquillada. Mordaz, Apolo se rio un poco.

-Parece que vengas de una fiesta, hermana…

Ella ni le miró, y se dirigió directamente a su trono. Rápidamente se colocaron a su lado dos grandes lobos blancos, realmente hermosos, que se dejaron acariciar por su ama.

-Como sabréis, estamos de caza -comenzó, una vez se hubo sentado la otra mujer-, tenemos que matar a varios bastardos…

Colocó unas cuantas fotos en la mesa. Reconocían a unos cuantos de los que allí estaban, de hecho la mayoría estaban en el grupo que antes había atacado Apolo.

-Hay bastantes, pero padre sólo me encargó al de Metis -señaló a los demás-, de los otros no me… ¿Ese es Jackson?

Tomó la foto del semidios, y su ceño se frunció un poco. Artemisa sonrió, satisfecha.

-Puede ser tuyo, si quieres -explicó-, Zeus quiere matar a todos los bastardos de sus hermanos, y no hay nadie mejor en eso que yo.

-¿Y yo en eso cómo entro? ¿Quieres que los localice por vosotras?

-De vez en cuando piensas, hermanito…

El otro frunció el ceño, pero suspiró algo. Miró a la otra diosa, aún molesto.

-Podríamos tener la cabeza de tu hermanito menor, si no me hubieras parado, Ateneita…

Ella le miró con suficiencia.

-Tú no serías capaz de matar ni a una mosca, Apolo -le espetó-, estás amanerado, demasiado pendiente de tu aspecto, te has vuelto débil…

El otro se lanzó a por ella, pero la diosa le detuvo fácilmente.

-Sigo siendo un Olímpico… -sus ojos centelleaban- Y el puto dios del sol, ¿te enteras?

-¡BASTA! -Artemisa dio un fuerte golpe en la mesa, que hizo girar el rostro a ambos- ¡Dejad de discutir como niños!

Lanzándose una última mala mirada, los otros dos se sentaron, y atendieron a las palabras de la otra. Al final, el plan era suyo, aunque su hermana quisiera hacer algunos apuntes, sabía que la otra haría lo que quisiera, y eso seguramente incluyera seguir su plan original.

-Mi plan es extraordinariamente sencillo, y no pienso seguir uno diferente, Atenea -la miró, como advertencia-. Tú te encargarás de seguirles de cerca, de hecho tienes a una hija ahí dentro, úsala como topo -luego miró a su mellizo-. Tú, vigílales desde arriba, puedes verlo todo, tenme informada.

Atenea la miró con cierta diversión.

-¿Necesitas a dos olímpicos para vigilar a mortales? ¿Estás perdiendo facultades o qué?

La otra gruñó, pero negó, controlando el impulso.

-No es eso, sabes perfectamente a dónde van ahora, ¿verdad?

-Van a otros mundos mágicos, sí… -murmuró Apolo-, estarán eventualmente fuera de nuestra área de influencia, ya estamos cerca del límite, de hecho.

Artemisa asintió.

-Exacto. Y cuando pasen de la península Arábiga, cosa que sucederá eventualmente, ya no podremos rastrearles tan fácilmente -golpeó la mesa-, y encima, ahora están a punto de ir a un mundo al que ni sabemos cómo entrar.

Atenea, asintiendo, se levantó entonces.

-Insisto en que mi hermano, es mío -miró a Artemisa-, vosotros matad a los bastardos de nuestros tíos, pero ese es mío, ¿entendido? Sólo yo puedo derrotarle.

-No es tan poderoso -exclamó Apolo-, incluso yo, un débil diosecillo de la música, pude hacerle frente.

A ella no le pasó desapercibido que iba con segundas, pero pasó de él, no merecía la pena.

-Me gustaría verte tener en frente a Hestia, y enfrentarla -Atenea se limitó a salir de la tienda-, que, por cierto, es otra a la que hay que encontrar. Zeus la quiere de vuelta.

Los otros se miraron, eso sí que era sorprendente. ¿Desde cuándo su tía se metía en líos? Una diosa que jamás entraba a ninguna dispuesta o pelea, que nunca alaba la voz, en busca y captura por orden directa del rey del Olimpo. Se lo esperarían de cualquiera, menos de Hestia.

-¿Creéis que sea… por un semidios? -preguntó Apolo, nervioso- Quiero decir, que haya tenido un hijo mortal, ya sabéis.

Las otras no supieron qué decir. Como nunca hacía nada, no estaban al pendiente de las cuestiones que le pasaban, pero bien podría ser por eso, ¿qué más razones podría haber?

-En fin, preparaos, yo tengo un asunto que atender ahora.

Invitándoles a salir, Artemisa comprobó cómo sus dos hermanos salían de la tienda, y, ya a solas, dio un ligero silbido. Sonrió al escuchar el suave sonido de unas cadenas pasar por el suelo, y los ligeros gemidos de dolor de una mujer. Cuando se giró, se encontró con una adolescente, sólo tapada por una tela oscurecida por la sangre, con su pelo negro enmarañado, la piel llena de laceraciones, y unas gruesas cadenas doradas con el símbolo del Olimpo brillando por todas partes. Sólo sus ojos, del azul del rayo, daban un cierto aspecto fiero a aquella joven.

-¿Sigues queriendo pelear, niña?

Thalia, sin llegar a asustarse cuando la otra la agarró por el cuello, la miró molesta. Pero no se podía defender de la diosa, no cuando, incluso en plenitud de sus poderes, la otra la avasalló con facilidad, cayendo sobre ella como si fuera un puma, pudo haberla matado sin demasiadas dificultades.

-¿Qué quieres de mí, Artemisa?

La aludida la dejó caer al suelo, aterrizó de culo y, antes de que se pudiera incorporar, la otra la obligó a quedarse sentada ahí mismo, siendo ella la que se inclinó, cara a cara con la muchacha.

-Ya sabes lo que quería -comentó ella-, que me dijeras cómo coño pretendías que me tragara que no sabías nada de dónde estarían tus amiguitos…

-Y no lo sabí…

No llegó a terminar, pues la otra le dio un potente puñetazo en la tripa. Desde hacía días, se había dedicado a aporrear a su lugarteniente, rompiéndole huesos y vísceras, pero sin llegar a matarla. Zeus no lo permitiría, además, al ser una cazadora era inmortal, así que podía divertirse con ella a placer todo lo que deseara, sin demasiados problemas para poder pasarse sin miedo a un mal final. Estaba bastante segura, además, que sí que debía tener información, pero que no quería compartir.

-Ya da igual, querida -le recordó-, ya los tengo localizados, es sólo cuestión de tiempo de que se cansen tras una batalla larga, y entonces…

Silbó, imitando el gesto de un arco, y se rio un poco, con cierto sadismo. La otra bajó la mirada, nerviosa, pero no deseaba romperse bajo ningún caso. Pero no podría huir, no mientras siguiera rodeada por sus antiguas compañeras. En concreto, la peor de todas sin duda era la nueva líder, Antares, una joven, en palabras de la diosa, prometedora. Era la más misándrica de todas, la más dura y dada a la sangre, una hija de Ares en toda regla, y manipuladora como la que más.

-Libérame, pues… -la invitó- Total, ya teniendo la presa localizada, ¿qué más te da? Eso siempre fue lo más importante para ti.

Pero la diosa negó suavemente con la cabeza, divertida.

-Aún hay una que se me resiste, el pez más gordo que he tenido la oportunidad de pescar.

-Hestia… sigues obsesionada con ella, ¿no?

La diosa se rio un poco, y se contuvo de romperle el cuello ahí mismo. Si podía tener a la semidiosa en esas condiciones era sólo por estar bajo su protección, Zeus le había dado mano libre con aquellas cuestiones, podía hacer lo que quisiera, siempre y cuando la chica en cuestión no muriera… por culpa de la diosa. Muchas cazadoras que se habían enemistado con Artemisa, meses después habían fallecido durante un combate, así que se quitaba a posibles contrarios con relativa asiduidad y rapidez, Thalia esperaba que aquel fuera su eventual destino.

-Thalia, Thalia… ¿Por qué te complicas tanto la vida? -le preguntó- Entiendo que tengas apego por Jasón, es tu hermano, pero, ¿y los demás?

La otra no llegó a responder. Sabía que, por mucho que lo intentara, la otra no sería capaz de entenderlo. Tenía otra forma de ver el mundo, no comprendería su punto de vista, y ni intentaría hacerlo. Ahogó un suspiro, y giró el rostro, por lo que la otra sonrió algo.

-Bueno, si quieres hablar en algún momento, avísame, Thalia -la diosa se incorporó, y, sonriendo un poco, acarició a la otra en el rostro-, aunque puede que, para cuando te decidas, me esté bañando en la sangre de los hermanos Di Angelo…

La diosa se fue de allí, y fue entonces que la adolescente comenzó a llorar. Las lágrimas le ardieron en las mejillas, pero se contuvo, e, intentando usar sus poderes, intentó romper las cadenas. Se estaba esforzando, gruñendo un poco, tratando de liberarse, cuando escuchó que llegaba un animal a la tienda. Se giró, nerviosa, y frunció el ceño cuando vio llegar a una labrador. Olisqueó las cadenas, que se cayeron al suelo en ese instante, no llegando a sonar gracias a que el animal interpuso sus patas para que su carne aplacara el ruido. Procedió a lamer la cara de la otra, así como las diferentes heridas, con bastante vehemencia, y, por la falta de energía, la semidiosa se dejó hacer.

-Qué eres… -murmuró ella- ¿Y cómo entraste aquí?

El animal se limitó a gruñir un poco, moviendo la cola, y la invitó a seguirla. Siguiendo su instinto, y bastante más recuperada pues de alguna forma sus heridas se estaban cerrando solas, Thalia fue tras el animal, llegando a la parte trasera del campamento, donde tenían guardadas las armas que tenían que ser arregladas, así como algunas provisiones. El grueso mayor estaba en la delantera, pero allí siempre tenían unas pocas provisiones por si acaso.

-No me jodas…

Siempre había una cazadora guardando esos suministros. Ese día, le había tocado a una novata, una que acababa de llegar, Nadia Storm. Era inglesa, una romana hija de Belona, tendría apenas 15 años… y un poco despistada. De hecho, estaba durmiendo encima de los sacos de pieles y verdura, con el casco sobre la cabeza. Ella era la única que, cuando la atraparon para ser torturada por la diosa, que la apoyó. No se ganó un castigo mayor por ser una novata total, llevaba apenas una semana, y encima fue Thalia la que la llevó hasta las demás, siendo la que la convirtió.

-Nadia… ¡Nadia, despierta!

La otra se despertó, sobresaltada, dándose un golpe en la cabeza con la otra, que se separó un poco y empezó a tirar de su compañera hacia el exterior. Aunque fuera lo último que hiciera, la salvaría de las cazadoras en las que, tan inocentemente, había creído.

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(1)

La mitología celta aquí incluida es bastante compleja aunque poco ha sobrevivido hasta nuestros días, aquí se da una visión algo simplificada que, con el tiempo, se irá perfilando.

Hasta aquí el capítulo de hoy, espero que os haya gustado, y que apoyéis este fanfic. Ni Percy Jackson ni ninguno de los personajes de las sagas de Rick Riordan me pertenecen. ¡Dicho esto, que la inspiración os acompañe!