Enemigo primordial

Capítulo 35

El grupo ascendió a lo largo de los caminos de piedra y roca de aquel bosque, tras la comida, marchando dirección a la zona de cuevas que les indicó Augusto, según Baldr el semidiós llevaba bastante razón al indicar que aquella bien podría ser una entrada al reino de Jotunheim. Lo que no tenía tan claro era que pudiera convencer a su padre y hermano de dar sus armas, pero, cuando tuviera aquel reto delante, pensaría en qué hacer. Él guiaba la expedición, con los griegos y romanos justo detrás, los nórdicos después, y cerraban la fila los egipcios y celtas, con Erik el último, junto a Amos, charlando como siempre de sus cosas. El camino, aunque agreste, estaba bien preparado, con alguna que otra roca aquí y allá, con largos senderos que se bifurcaban por todas partes. Debía ser una zona habitual de senderistas, pues de vez en cuando veían señales de madera que indicaban cosas, aunque desconocían el qué, dado que estaban en noruego.

Ellos, sin embargo, no eran los únicos seres mágicos por allí. Thalia, acompañada de una aún adormilada Nadia, y que se movían penosamente por la zona. Ellas iban en la misma dirección que el grupo, sólo que ellas seguían a aquel perro que liberó a la antigua comandante de las amazonas, esperaban que estuvieran siendo guiadas a una zona segura, fuera de la vista, oído y olfato de estas últimas. Sin embargo, según avanzaban, se iban dando cuenta que el sitio al que se dirigían rezumaba magia, pero una bien diferente a las que ellas hubieran sentido a lo largo de sus vidas.

-No me respondiste, can -comentó Thalia-, ¿qué eres? Porque es evidente que no eres un animal ordinario…

El animal ni se giró, limitándose a seguir adelante, olfateando el suelo y el aire de vez en cuando, sin llegar a ladrar en ningún momento, como si aquello no fuera con ella. Lo único que habían visto, de alguna forma distintivo, era el collar que tenía al cuello, pero sin más. No pudieron ver su nombre dado que no habían tenido tiempo, pero era lo de menos en esos instantes.

-Creo… que es… un animal normal… -Nadia tenía la respiración entrecortada- Ya habría hablado, o algo, no sé.

-Su saliva fue como ambrosia, me curó las heridas que tenía y devolvió las fuerzas -le recordó la mayor-, y ahora nos está llevando directamente hacia un punto mágico, sin ponerse a mirar mariposas, o mierdas así…

Como cazadora, había compartido sus ratos criando y enseñando a cachorros de lobo. Todos eran tremendamente curiosos y se quedaban embobados con cualquier cosa, aunque la hubieran visto cientos de veces, y se quedaban jugando o queriendo atención por parte de ellas. Esta Golden, por lo que fuera, no hacía nada de eso, de hecho no se detuvo hasta alcanzar una piedra, donde se sentó, con la lengua por fuera, y señalando con su cabeza en una dirección.

-Pero si son… -murmuró Thalia- ¡Percy!

El aludido se giró. Según subieron hasta el final de la pequeña cuesta, se encontró que estaba junto a Grover, Annabeth y su hermano Jasón. No se podía creer que estuvieran allí, tan lejos de casa, pero sin duda era una gran noticia para sus ojos. Nadie, que no sabía quiénes eran, reaccionó cuando comprendió de quién podía estar hablando su compañera.

-¿Percy Jackson?- preguntó ella- ¿Ese Percy?

Thalia asintió, mientras se acercaba al grupo. Este la miró, sonriendo, y le tendió la mano, que ella recibió con gusto.

-¿Qué haces por aquí?

-¡Eso podría preguntarte yo! -comentó ella- Me sorprende veros por aquí…

-Estábamos buscando un semidios -explicó Percy-, por orden de Atenea, ya sabes…

La otra alzó una ceja, eso le sonó raro, pero en esos momentos estaban pasando muchas cosas raras. Supuso que Annabeth estaba siendo la líder de aquella expedición, tenía que ser eso.

-¿Desde cuándo sigues órdenes de tu suegra, tío?

Este se encogió de hombros.

-Son los dioses, ¿no? -dijo él- Habrá que seguir sus indicaciones, digo yo.

En ese momento, Thalia miró a Nadia, que se estaba acercando a Grover, despacio, habría jurado que no se había ni movido en ese lapso.

-Ni te muevas -ordenó, de pronto-. No son ellos.

Oyeron una suave risa en ese momento, y un viento frío muy intenso galopó entre ellas, era tan fuerte que incluso comenzaron a tiritar un poco, mientras las figuras de sus amigos se empezaban a mover y trasmutar. Eventualmente, se unieron en un conglomerado final, formando un único cuerpo, de unos cinco metros de alto, piel gruesa, el pelo negro sin peinar y rugoso, ojos rojos como el fuego, y una gran piel de alce cubriendo su cuerpo.

-Bueno, no eres tan tonta como pensaba en un inicio -la voz de aquella criatura era profunda como el océano-, me llamo Farbauti, padre de Loki.

Ambas abrieron mucho los ojos, sin embargo, más se sorprendieron cuando vio que aquel gigante daba un par de pasos, mostrando tras el tercero un aspecto bastante más humano, pasando a ser un hombre de cerca de dos metros, ojos pardos, rubio y el pelo enredado, con densa barba.

-Dijiste… ¿Loki?

-Sí, del mundo nórdico -añadió-, ¿difícil de creer para ti?

-¿Y por qué pretendías engañarnos?

-Porque me gusta engañar a mortales -respondió-, y más en la situación que se avecina.

Giró su cuerpo, y señaló a una cueva. Por primera vez ellas se fijaron en la red de entradas que tenían delante, de las que manaba venticas que, aunque no llegaban a extenderse demasiado, se sentía hasta donde ellas estaban, haciendo que su vello se crispara un poco. No habían sentido semejante frío ni estando de caza en la zona de Siberia, y allí tuvieron problemas algunas noches para encender los fuegos para calentarse un poco.

-Eso de ahí es una de las últimas entradas naturales a mi mundo, Jotunheim, el reino de los gigantes -explicó Farbauti-, porque, sí, existen otros mundos además del vuestro.

A Nadia le empezaba a doler la cabeza bastante, sentía nauseas, sin embargo, Thalia la sostuvo cuando notó que se iba a caer. Fue en ese instante que notó que aquella perra se había ido, a saber dónde.

-¿Y por qué nos cuentas todo esto?

El gigante se rio un poco, retumbaba en sus estómagos como si fuera el sonido de tambores siendo golpeados con fuerza. Era, de verdad, escalofriante.

-¿Vuestros dioses no os han informado? -preguntó- Tenía entendido que sí… En fin -anduvo hacia una de las cuevas-. Sabréis al menos que el Caos primordial se está despertando, ¿no?

-Algo escuché -comentó Nadia-, pero, ¿qué tiene que ver con nosotras? Con las cazadoras de Artemisa y los semidioses griegos, digo.

El gigante la miró de reojo.

-No lo has entendido -respondió-, hablo del Caos original, no de mi mundo en concreto, del que yo formaría parte, por otro lado.

-Si tú eres un ser del caos, ¿no deberías ser el enemigo, en ese caso?

Farbauti volvió a reírse, ya a pocos metros de la cueva. Las otras dos, si bien se habían acercado algo, seguían a una prudente distancia, por si acaso.

-¿Te han hablado del dios nórdico Thor, chica?

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Mientras, el grupo liderado por Baldr había llegado, igualmente, a las cercanías de las cuevas que usarían a modo de portal. El frío que sentían allí era más que un presagio de lo que se encontrarían al otro lado, incluso la vegetación era algo diferente, pasando de un frondoso bosque verde a un prado, en un área de veinte metros todo árbol o flor había desaparecido, pasando el suelo a ser, en lugar de césped, de algo cercano a musgo.

-Sí, sin duda es aquí -comentó Baldr-, cerca nos encontraremos con el reino de los gigantes… ¿listos?

-Si ya aquí hace este frío, será mejor ir preparados con ropa de abrigo y encendedores para hacer hogueras -comentó Amos-, con lo que llevamos encima no sería suficiente…

-¿No hay algo parecido al verano en Jotunheim? -preguntó Annabeth, de la mano con Percy-, ¿es sólo hielo y nieve?

-Hay ríos y zonas boscosas, pero todo está helado y congelado por la magia jotun -explicó Jack, reluciendo en el cuello de Magnus-, lo mejor es ir bien preparados, además, con magia vanir y aesir, por si acaso.

Hearsthone alzó una mano sonriendo, y se señaló a sí mismo. Los demás se rieron un poco por aquello, él era el mejor en ese sentido.

-Decidido, pues -comentó Mallory-, vosotros quedaos por aquí, los demás deberíamos ir a la base a recoger todo lo necesario.

Dicho eso, la mayoría se dirigió de nuevo al campamento para recoger las cosas necesarias, mientras los demás esperaban allí, agazapados entre la maleza para no ser vistos por, entre otros, las cazadoras de Artemisa. Precisamente se quedó a las puertas Baldr y Anubis, con la intención de que se lo pensaran dos veces antes de atacar de nuevo. Con los demás se fue Erik, y que seguramente acabara portando lo más pesado, junto a Beatrice, Aelita y Dylan, que se convertiría en caballo para tirar de un carro hecho adrede por Leo, mientras Frank, también transformado en un corcel, le ayudaba con el proceso. Los demás cargarían con lo menos pesado, que, aunque bastante, podrían llevarlo con cierta facilidad.

Mientras los segundos se dedicaban a aquella labor, los primeros se dedicaron a inspeccionar los alrededores, pues la magia rezumaba por toda la zona, aunque era sorprendente que no sólo era la propia de los jotuns, bien conocida por la de Baldr; había también parte de magia vanir, e incluso, griega. El por qué, se debía tratar de la presencia de las amazonas de Artemisa, y aunque no las habían llegado a ver desde que les atacaron horas antes, era evidente que seguían por allí.

-Las huelo, aunque no puedo verlas… -murmuraba Waltz- De alguna manera se están ocultando, podríamos tenerlas delante y no darnos cuenta hasta que nos viéramos con heridas en el cuerpo.

-Es interesante, sí -comentó Baldr-, pero no me da miedo. Por lo que vi, no parecen la gran cosa…

-Deberías tenerlo, amigo.

Se giraron, y vieron a un par de grandes lobas. Tras ellas, y eso sorprendió al dios, estaba una mujer que Baldr reconoció al instante. Su pelo era del color del oro, mientras sus ojos eran dos grandes esmeraldas, mientras su piel, blanca como la leche, estaba surcada por líneas azuladas y violetas.

-Laufey, estás lejos de casa, buena amiga.

La gigante, de dos metros de alto, pasó entre sus lobas blancas, a las que acarició para que se calmaran, y asintió un poco.

-Asgard tampoco está cerca de aquí, aesir -le respondió, sonriendo-, ¿cómo volviste?

-Es largo de explicar, tu nieta Hela tiene algo que ver.

La otra asintió, despacio, y encaró al otro.

-¿Y tú, egipcio? -le preguntó- ¿Qué haces tan lejos del Nilo?

-Estamos de misión, yo…

Ella sonrió, se le notaba algo nervioso, sin embargo no iba a ir por ese camino. Se inclinó junto a sus animales, acariciándoles las cabezas con cierto cariño.

-Mi marido está también fuera de casa, me temo… -comentó ella- Estaba buscando una buena pieza de caza, para cuando vuelva a casa.

-¿Y dónde se encuentra?

Esa pregunta de Anubis hizo que ella alzara su vista unos segundos, para mirarle a los ojos, y entonces la devolvió a sus bestias.

-Vosotros aún no me habéis respondido, egipcio.

Baldr le miró de reojo, pero le indicó con un gesto que él se encargaba. Sabía bien cuál era la naturaleza de los suyos, y quería información.

-Te hemos dicho que es largo de explicar, y que es una misión -le recordó-, ¿o no te parece suficiente?

-Ya sabes cómo somos los gigantes, Baldr -le dijo-, curiosos por naturaleza… -desapareció en el aire, y volvió a materializarse justo tras el dios, que ni se inmutó cuando notó las manos de ella en sus hombros -¿Hacemos un trato?

-¿Qué trato?

-Tú me cuentas la verdad, y yo haré lo mismo.

-¿Reconoces que mentías, entonces? -preguntó el dios- ¿En qué?

Ella sonrió un poco, mientras andaba hacia adelante, y tomó una de las moras que había en unos arbustos cercanos, llevándoselas a la boca, con cierto interés.

-¿Aceptas o no? -sonrió al ver que el otro asentía- Bien, estoy aquí junto a Farbauti, pero no de caza, precisamente.

-Y nosotros venimos a enfrentar al Caos.

Anubis estaba sudando en frío, hasta donde él sabía, los gigantes de hielo nórdico eran, precisamente, seres dados al caos. Y ahora estaban informando al enemigo…

-Bien, ya nos vamos entendiendo, Baldr.

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-¿Thor? -preguntaba Thaelia- ¿El dios Thor?

Farbauti, sentado frente a ella, asintió. Al lado de la chica, también en el suelo, les miraba con cierto interés.

-Así es, es el dios del rayo, y nuestro mayor enemigo -explicó el gigante-, lleva matando a los nuestros desde hace siglos, por culpa de considerarnos los culpables de muchos males del hombre.

-Y en parte así es.

-Correcto -sonrió por esas palabras de Nadia-, pero, como comprenderás, eso forma parte de nuestra naturaleza. Está en nosotros, ser así.

-¿Y qué tiene que ver todo eso?

-Thor es un dios, por lo tanto, es el orden, chica -explicó-, pero no lucha con nosotros con sus manos desnudas, usa un martillo, Mjolnir, se llama -señaló a Thaelia-. Y vosotros, héroes y semidioses, usaréis esa arma, junto a otras muchas, para enfrentar a ese Caos primordial, y que nadie quiere.

La aludida miró a Nadia, que miraba callada y boquiabierta al gigante, procesando aquello. Estaba tan o más sorprendida que su compañera, pero aún tenía dudas.

-Y si nosotros nos quedamos con esa arma, os viene bien a vosotros…

-Exacto.

-Y podréis martirizar al hombre a gusto…

-Exacto -sonrió abiertamente-, o, mejor, atacar Asgard. ¿Conoces la figura de Ragnarök?

-El fin del mundo nórdico, sí -intervino Nadia-. Pero se supone que tienen que pasar unas cosas antes, ¿no? Eso nos enseñó lady Artemisa, en sus historias nocturnas…

-Así es, joven -Farbauti se limitó a recostarse sobre su costado derecho-, pero las Nornas no avisaron de todo esto hasta hace unos pocos días, y los gigantes, en nuestra prudencia habitual, fuimos a verlas en cuanto nos enteramos de esta situación…

-Y os dieron a entender que había otras formas de iniciar el fin del mundo, ¿no?

-Oh, no, Ragnarök sólo empezará de una forma, eso ya está determinado -negó un poco-, pero no es, o no debería ser, la única forma en la que termina todo.

-La profecía nueva lo cambia todo, a eso te refieres, ¿no?

Farbauti asintió, divertido.

-¿Os la han relatado, querida?

Nadia negó, pero entonces escuchó un suave murmullo de fondo, como si algo se acercara, y tuvo el tiempo justo para poder echarse a un lado, pues una flecha casi le da en pleno pecho. Levantándose de golpe, ella y Thalia se dispusieron a correr, cuando el gigante las tomó de las manos y las lanzó de mala manera hacia una de las cuevas, mientras sus ojos brillaban ligeramente, en un suave tono rojizo, mientras una sonrisa divertida aparecía en su rostro.

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Mientras, los adolescentes del grupo habían recogido sus bártulos, y ya se dirigían hacia la entrada de aquellas cuevas, mientras charlaban entre ellos. Sin embargo, cuando les quedaban unos cien metros para quedar, se dieron cuenta que las cazadoras de antes se habían estado moviendo por allí. Seguro que les habían vigilado desde el primer momento, aunque Bianca, que se había acercado a las huellas que vieron los demás, negó suavemente con la cabeza.

-Nos están siguiendo, sin más -comentó-, pero es raro, es como si estuvieran nerviosas…

-¿A qué te refieres? -preguntó Mallory- ¿Tienen un segundo objetivo, o algo?

-Sí, si fuéramos nosotros, no habrían parado hasta acorralarnos -explicó-, a nosotros sólo nos tienen bajo el punto de mira, pero hay otra cosa que persiguen.

Escucharon un fuerte grito, a unos doscientos metros, y comenzaron a correr dirección a donde habían dejado a sus dos compañeros, descubriéndoles junto a un hombre, dirigiéndose de hecho hacia el interior de una de las cuevas.

-Hay que darse prisa, niños -exclamó Baldr-, os explicaré en Jotunheim.

Entendiendo que no había tiempo, por ahora, se decidieron a hacer caso al dios, y fueron entrando en tropel a la cueva, siendo los últimos Erik, Frank y Dylan, guiados por Jeremy, Ulrich y Odd para no tropezar dado el gran peso que cargaban, y que, aunque se fiaban del otro, no paraban de pensar en qué debía estar sucediendo para que les metieran tanto apremio. Sin embargo no tuvieron demasiado rato para analizar aquello, pues la cueva, de piedra y roca caliza, era realmente oscura, con un solo punto de luz al fondo. Apenas avanzaron hasta que su vista se acostumbró a la escasez de iluminación, pero, una vez pudieron ver el interior, se dieron cuenta de las pinturas rúnicas, con historias de los gigantes brillando un poco en un suave azul, cosa sorprendente ya que estaban mezcladas con grabados rupestres, así que seres humanos en el pasado ya habían habitado aquellas cuevas, puede incluso…

-Los hombres son anteriores a los dioses -murmuró Baldr, mientras veía como Annabeth, Jeremy y Aelita se quedaban sorprendidos con aquella mezcla-, vuestros antepasados vivieron aquí antes de la aparición de los primeros dioses y gigantes.

-Entonces es verdad, lo que pensábamos -comentó Magnus-, que dependéis de nosotros para existir…

-Así es -acabó confirmando Baldr-, tú deberías saberlo, Anubis, eso y la restricción de herencia par nuestros poderes.

-Algo habíamos oído de eso -reconoció Electra-, pero sólo nos afecta en que unos pocos son más poderosos de lo normal.

-Sí, a efectos prácticos poco más hay -reconoció el dios-, pero implica muchas más cosas. Mis congéneres fueron excesivamente crueles y duros en el pasado, y ahora querrán repetir la misma acción.

Entendiendo por dónde iban las cosas, Jamily y Marin se miraron, algo nerviosas. Las dos habían demostrado habilidades extraordinarias, más allá de lo que un semidios al uso podría hacer, y eso había llamado la atención de las deidades, y que se sentían amenazadas. Cuando Baldr iba a hablar, de hecho, oyeron los suaves ladridos de la mascota de Erik, y que llegó a la altura de su amo fácilmente, que se sorprendió de verla allí, en esas condiciones, pero la recibió con las manos abiertas, tomándola en brazos fácilmente, y colocándola en el carro.

-Han mandado a, por lo menos, Artemisa y Apolo contra nosotros -comentó Annabeth-, si incluimos a Erik, habría que añadir a Atenea a la ecuación… sin duda deben estar haciendo lo que estás explicando.

-Cuando aún vivía, Zeus me lanzó un rayo, por enfrentar a un cíclope usando sus mismos trucos, siendo hijo de Hermes -comentó de pronto Augusto-, mi propio padre me llevó, ya muerto, al Inframundo, con la maldición que el reyo del Olimpo me impuso.

-Y a mí y a muchas nos engañó Artemisa con sus encantos, para unirnos a ella -añadió Bianca-, tengo entendido que algunos de nosotros intentaron una rebelión, ¿no?

Jasón asintió.

-Los griegos se juntaron con varios de los titanes para devolverle el trono a Cronos, pero se le detuvo -explicó-, Percy fue de los principales soldados del bando Olímpico, ¿verdad?

-Si llego a saber toda esta mierda, ni m lo hubiera planteado -murmuró-, les hice jurar y jurar, pero no cumplieron nada…

-Y nunca lo harán -Aelx sonrió mordaz-, no sé cómo os fiais tanto de esa gente…

-No todos tenemos tu gran sexto sentido para fiarte o no de los demás -comentó Magnus-, es más, seguramente nadie más lo tenga.

Samirah, entre esa conversación y la de Hazel con Flavianna con William y Beatrice sobre la relevancia del muro de Adriano y su utilidad posterior, iba a responder cuando oyeron a Laika ladrar un poco. Según terminó, una suave corriente de aire, bastante más cálida que la que les rodeaba, pasó en torno a ellos, y comprobaron que, delante de todos ellos, una figura se detuvo. Al estar a contra luz no podían verle bien, sin embargo, esa no era la única sorpresa con la que se encontraron. En las manos de Amos había una pequeña nota, escrita con una delicada caligrafía, y que procedió a leer, asumiendo que el extraño ante ellos era un mensajero.

-No estáis solos, en el Olimpo se está desatando un conflicto entre sus habitantes, y aunque el rey no está de acuerdo, la reina también es importante en este asunto -leyó-, los hijos de Zeus irán tras vosotros, y muy seguramente se unan otros. Os temen, y sienten más pavor aún a perder su poder, así que os aconsejo prudencia. Firmado, Hera.

Piper resopló.

-La última vez, le quitó la memoria a dos de nosotros…

-No me lo recuerdes… -

Hazel iba a continuar, cuando la figura volvió a moverse a toda prisa, como una exhalación, moviendo el aire cálido en torno a sí mismo, y dejando atrás rápidamente aquella cueva. Aunque no llegó a decir nada, Augusto le identificó como su padre, Hermes, sin duda debía ser él. Avanzaron los metros que les quedaban para salir mientras comentaban aquello.

-Nos ha dicho la nada más absoluta, ya sabíamos eso, joder, nos acaba de atacar Apolo -comentó Blizten, molesto-, ayudan tanto o menos que los nuestros…

-¿Nos deberíamos fiar?

Esa pregunta de Amos era realmente importante, y muy pertinente. Por un lado, era verdad que, lejos de ayudar, estaban poniendo trabas; por otro lado, habían sido recientemente atacados, y no tenían prueba alguna de la buena fe por parte de la diosa. Podría ser perfectamente una trampa. Como única respuesta, el adulto sólo escuchó los alegres ladridos de Laika, que movía la cola de lado a lado.

No volvieron a abrir la boca hasta salir de la cueva, y el cambio era más que evidente. Había nieve por aquí y por allá, enormes montañas cubrían el horizonte, y había zonas de bosque junto a grandes ríos, todo de tamaño gigante. Las rocas más pequeñas debían medir cerca de medio metro de largo y pesar varias toneladas, aunque eso no era lo que buscaban. Tenían que dar con Thor y Odín cuanto antes…

-Estarán en las cercanías de uno de los grandes salones de los jotun, en las proximidades de una aldea o similar -decía Baldr-, y la más cercana está a varios kilómetros de aquí, si me he ubicado bien…

Mientras miraba en múltiples direcciones, los demás se fueron abrigando con las pieles y las prendas de invierno, realmente hacía frío allí, incluso el aliento generaba vaho por la diferencia, lo que era sorprendente dado que venía de un ambiente que, aunque no era especialmente caluroso, sí que era bastante más cálido del que tenían allí.

-¿Te sabes ubicar, entonces?

Erik se colocó al lado de Baldr, mientras se ajustaba las bolsas que portaba al hombro. El dios estaba cruzado de brazos, mientras revisaba los caminos que se veían a lo lejos, anchos como autovías para que los habitantes de aquel reino las pudieran cruzar, con algún que otro grupo de caballos salvajes, como los que había descrito antes, corriendo o pastando por los interminables prados.

-Sí, pero, ya digo, tenemos que usar las monturas o no llegaremos nunca -comentó-, no al ritmo humano…

Miró de reojo a los demás, se estaba planteando ir él sólo, mientras ellos protegían aquella entrada, pero sabía de sobra que nunca accederían. Ellos eran parte de la aventura, y más importante, de la profecía. Y esta decía claramente que las tres grandes culturas debían cooperar. Suspirando, se limitó a rascarse la nuca.

-Iré a por unos cuantos caballos, somos… -empezó a contar- Treinta y ocho, yo diría que con diez u once caballos nos debería ir bien, más los que se transformen -miró al más joven- ¿Te me unirás?

Sonriendo, asintió, así que, tras despedirse de los demás, fueron hacia la zona más cercana donde pastaban las monturas locales más cercanas, los jotnurhesta.

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Thalia y Nadia aterrizaron en fresca nieve, tas cruzar volando la corta cueva, una vez lanzadas por aquel gigante, y que anduvo hacia ellas con la parsimonia propia de alguien que no se juega nada. Se colocó a su lado, se inclinó, y con cierta diversión en la voz, comenzó a hablar.

-Bienvenidas a mi mundo, jóvenes -empezó-, os tuve que… lanzar, porque venían unas cazadoras a por vosotras. Me he encargado de ellas.

La primera se levantó con dificultad, había caído mal al suelo y se había hecho daño, aunque fue socorrida por su amiga, y que colocó el brazo de la otra por encima de su hombro. Ya incorporadas, le pidieron explicaciones a Farbauti.

-¿Las mataste, o qué?

El gigante negó.

-Las he dejado con una ilusión, piensan que están luchando contra vosotras en este momento -explicó-, estarán entretenidas un buen rato.

Miró hacia la derecha, y señaló un edificio en el horizonte. Desde donde estaban, se podía ver una gran construcción de madera, alta como una torre, incluso se adivinaban las grandes decoraciones que adornaban el, intuían ellas, castillo al que se estaban dirigiendo.

-Allí se encuentra uno de nuestros líderes, el rey Utgarda, ya se enfrentó en su día con Thor y salió victorioso -explicó-, ahora están bajo el asedio del dios, junto a su viejo padre, Odin.

-Estáis en guerra, entonces, ¿no?

-Exacto -dijo el gigante, y comenzó a andar -. Lejos de usar a los einherjar para ello, guerreros inmortales que en el Valhalla se recuperarían incluso de ser cortados por la mitad, utiliza a los gigantes para ello, como comprenderéis nos viene bien que se lo pidáis prestado durante una temporada.

Cuando se dio cuenta que ellas no podían seguir su ritmo, creció su estatura hasta medir cerca de diez metros de alto, las tomó en las manos, y se las colocó a los hombros, comenzando de nuevo su travesía, esta vez bastante más deprisa que la vez anterior, cruzando metro y metros de terreno con una sola zancada. Esa forma de moverse era realmente veloz, pero fue a más cuando el gigante comenzó a usar su magia, pues en apenas un par de minutos, habían llegado hasta las inmediaciones del castillo. Había un montón de puntos de impacto de rayos, y aunque no se veían cuerpos, grandes manchas de sangre aquí y allá denotaban los grandes combates que allí se estaban viviendo, aunque no toda venía de los gigantes. Algunas emanaban otro tipo de magia, debían ser heridas de los dos dioses intervinientes. Era realmente sorprendente como dos en solitario podían hacer frente a tantos gigantes.

-Y todo, sólo por el uso de sus dos armas -explicó-, espero que con esto veíais la importancia de que os las llevéis…

-Pero no lo queréis por ayudar a la humanidad -le espetó Nadia-, sino por vuestro beneficio.

-¿Y qué más da cuales sean nuestras motivaciones? -le respondió Farbauti- Lo importante es que estemos juntos en todo esto.

-Pero, ¿qué nos dice que no nos intentaréis matar según consigamos esas armas para quedároslas vosotros?

A esa pregunta de Thalia, el otro sonrió con cierta diversión.

-Nosotros no estaremos presentes, seréis vosotras dos las que lo hagáis.

Las otras dos se miraron, con sorpresa.

-¿Cómo?

-Viene un grupo enorme hacia aquí, para la misión que os he explicado -comenzó a relatar el gigante-, pero no podrán convencer a los dos aesir, no se fiarán incluso yendo el hijo y hermano de ellos, de hecho querrán matarles por miedo al Ragnarök, así que tendréis que ser vosotras las que lo hagan.

En esa charla, el gigante las dejó en el suelo, y, mareadas, tuvieron que sujetarse para no acabar de culo en la fría nieve, usando de apoyo las piernas de Farbauti, y que las había depositado en frente de unas grandes puertas de madera contrachapada. Estas tenían runas inscritas a lo largo del marco y el perímetro de las mismas, uniéndose en su centro para formar las más complejas. El edificio de cerca era aún más majestuoso, digno de un rey mitológico sin duda alguna, con fuegos dorados iluminando aquí y allá, grandes mantos con la heráldica de la casa, y fieles imágenes del pasado, del presente, e incluso algunas que debían representar el futuro.

Era realmente impresionante aquel sitio, pero más lo era el hecho de que, a cada paso que daban, o ellas aumentaban de tamaño, o el edificio entero encogía, pues lo que de primeras eran grandes columnas del tamaño de rascacielos, poco a poco pasó a un tamaño mucho más normal, llegando a estar sus cabezas a tan solo dos metros del techo tras recorrer unos diez metros, momento en que vieron, al fondo del salón, el trono de madera, tejido y acero de rey Utgarda, y al propio gignate, charlando junto a un par más, y que no se detuvieron hasta que ellas llegaron a su altura, con Farbauti en todo momento detrás de ellas. Con las manos a la espalda en todo momento, ni se inmutó hasta estar delante del noble, ante el que se inclinó respetuosamente.

-Majestad, estas dos jóvenes vienen a llevar a término la misión de recuperar Mjolnir y Gugnir de las manos de los aesir.

Este asintió, mientras se recolocaba en su asiento, mientras un par de gigantas les entregaban sendas jarras de hidromiel a las dos jóvenes y un par de sillas, junto a dos bandejas con carne y pan. Estas se miraron, no demasiado convencidas por la extraña hospitalidad de aquella gente.

-Es de mala educación no tratar adecuadamente a los invitados, es una ofensa para estos, por eso os agasajamos con viandas, bebida y ropa de abrigo -explicó el rey-, si os quisiéramos muertas, creedme que ya lo estaríais.

Thalia fue la primera en beber de aquel líquido, y que, aunque ligeramente amargo, le dio vitalidad y energía, las mismas que la habían abandonado tras llegar a aquel mundo novedoso para ella. Nadia, siguiendo el ejemplo de su compañera, comenzó a comer con más ganas, mientras Utgarda les iba contando.

-Como sabréis, queremos recuperar esas dos armas, sois las ideales ya que oléis a magia extranjera -comenzó-, los aesir están a un par de kilómetros de aquí, en un valle, deben estar descansando de nuestro último combate.

Se llevó una de sus manos al brazo contrario, acariciando la zona interna del mismo, en la que se veía una larga línea roja, y que se bifurcaba en algunos puntos. Debía ser la señal de un ataque recibido hacía poco.

-Si ni un ejército de los vuestros pueden -observó Nadia-, ¿cómo podremos dos semidiosas, que puede que incluso hayan perdido la bendición de su diosa?

Utgarda sonrió algo por ello.

-Aunque aún contarais con esta, al estar en otro reino no os serviría de nada -les respondió Farbauti-, estáis en uno de los 9 reinos del mundo nórdico, querida, aquí la magia helena que usáis no sirve de nada.

-Por eso nos lanzaste aquí… -murmuró Nadia- Porque aquí no nos pueden seguir las cazadoras, o no tan fácil al menos…

-Exacto, ambos lados ganamos algo -explicaba Utgarda-, nosotros nos liberamos de un enemigo demasiado poderoso de ganar, y vosotros conseguís un medio para salvar vuestro mundo.

-Para luego ser destruido por vosotros cuando luchéis contra los dioses del norte -murmuró Thalia-, le veo lagunas a t-su plan.

Sin embargo, el otro negó suavemente, mientras una suave sonrisa aparecía en su rostro.

-Si no sois vosotras, serán los demás quienes vayan a convencer a los aesir -respondió-, y estos van con el convencimiento de matarles según se acerquen…

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Estaban Erik junto a Baldr cerca de un grupo de jotnurhesta, había en torno a veinte animales pastando en el césped, eran idénticos a los que vieron en las imágenes que el segundo les había mostrado anteriormente, sin duda eran unas bestias realmente increíbles. Estaban en un gran prado, cerca de un lago con enormes casquetes de hielo, zonas arboladas, y varios árboles con matorrales sueltos aquí y allí. Poco a poco se fueron acercando, agachados entre la hierba, hasta que el segundo se lanzó contra el cuello del primero que encontró, teniendo Erik que imitarle con el primero que logró alcanzar.

El procedimiento era tan sencillo como llevar el animal al suelo, sólo así sentiría que le habrían dominado y estaría manso, y les seguiría allí donde ellos fueran. Pero a Baldr se le había olvidado comentar que aquellos animales, además de ser realmente fuertes, estaban helados y su aliento podía provocar ventiscas bastante intensas, aunque sus cuerpos podían aguantarlo, el de un humano al uso habría salido bastante lastimado llegado un momento.

-¡Lo haces bien, chico!

Erik chilló cuando fue lanzado por el aire por uno de los sementales, que le levantó con la cabeza fácilmente, acabando a unos metros de allí, con el animal dispuesto a aplastarle con sus enormes pezuñas. Erik rodó sobre su cuerpo, y aunque el animal intentó volver a golpearle, él pudo tomar sus cascos con las manos, empujando hacia arriba mientras se incorporaba, logrando derribar al animal en un momento dado cuando se elevó del todo, instante en que se lanzó contra su cuello, para evitar que el corcel mágico se pudiera levantar. Forcejeó con este un buen rato, pues daba vueltas sobre sí mismo para zafarse del agarre del otro, dando fuertes patadas y sus cascos brillando, pretendiendo correr por el aire como si fuera a galopar por el viento.

Baldr se acercó al otro, con interés tras lograr vencer al tercer animal mientras el otro, cansado por la pelea, pero satisfecho mientras veía que la bestia se empezaba a rendir, con sus ojos muy abiertas y la respiración agitada. Sin embargo, cuando le dejó levantarse, el animal se fue incorporando poco a poco, con un suave movimiento de cuerpo para colocarse el pelo, admitiendo de esta forma la derrota. Cuando el otro iba a hablar, el retumbar de unos rayos les sacó de la conversación, alzando la mirada al cielo en ese instante, buscando a Thor con la mirada entre las nubes. Este se dejó ver cuando apareció entre los cúmulos, martillo en mano girando sobre sí mismo, con su carro tirado por machos cabríos sujeto con la otra mano. Lo condujo ágilmente, con aquellos animales dejando una estela de nubes detrás de ellos, mientras los rayos manaban del cuerpo y martillo del dios, cuyos ojos chisporroteaban, hasta que, de un salto, acabó en tierra, a unos veinte metros de los otros, dejando tal onda expansiva que les tiró al suelo a ellos y a varios de los jotnurhesta presentes, salvo el que acababa de domar Erik, que se mantuvo de pie pese al poder del otro.

-¡Thor, hermano, hablemos!

Ya sabía que esa reacción del otro sólo se podía deber a que estaba bastante cabreado y que no atendería a razones. De hecho, lanzó a Mjolnir derecho al pecho de Baldr, que lo recibió como pudo, haciéndole volar contra la roca más cercana. Erik le quiso propinar un puñetazo, pero el otro le enganchó del pecho y le tiró contra uno de los bloques de hielo del lago como si fuera un muñeco de trapo. Extendió su brazo, llamando a su martillo, observando que su hermano, lejos de haber quedado aplastado por la potencia de su arma, estaba perfectamente.

-Lo… siento, Baldr -los ojos azules de Thor estaban algo rojos-, no puedo hacer otra cosa… Lo siento…

Pasó a Mjolnir entre la hierba, y pasó unas hebras de hohas por su acero, cosa que el otro comprendió en el acto. Sin embargo, antes de que pudiera lanzarlo, Erik se interpuso, y tomó el mango del martillo, comenzando así un fuerte forcejeo entre ambos, buscando quedarse con el arma para sí.

-¡Tú debes ser el dios nuevo, eres fuerte de cojones, muchacho! -exclamó- ¡Tenemos que luchar, tú y yo!

Le dio un fuerte cabezazo de pronto, y le dio con el martillo en la barbilla, haciéndole elevarse un par de metros en el aire, tirándole un rayo directamente a la espalda, y haciendo que el otro cayera al suelo, algo atontado por aquello. Thor pasó de él y fue a por Baldr, y que se había separado de la roca, que estaba bastante agrietada por culpa del potente golpe.

-Thor, por favor, detente -le pidió Baldr-, podemos dialogar aún.

El otro parecía dudar un poco, pero cuando se disponía a correr hacia el otro para golpear al otro, escucharon un fuerte grito en las cercanías de por allí que les hizo girarse. Debieron reconocer a aquel que dio ese chillido dado que se miraron y salieron a toda velocidad, montando en el carro de Thor cuando voló a baja altura, para entonces elevarse y perderse en el horizonte como una estrella fugaz. Sin embargo, al otro le dio tiempo para darse cuenta de dónde iban: al mismo castillo que señaló Baldr antes de salir a por los caballos. Sabiendo aquello, saltó sobre la grupa de su jotnurhesta, y, guiando a los que había domado el otro, se dirigió hacia los demás.

-¡Hay que darse prisa! -gritó, mientras le daba toques en las piernas a los animales- ¡Vamos, vamos!

Se dio cuenta de que los animales aceleraron bastante rápido, hasta cabalgar a la misma velocidad que circularía un coche, saltando entre las rocas ágilmente, con sus ocho grandes patas moviéndose coordinadamente, incluso llegando a veces a impulsarse en el aire cuando sus cascos brillaban en un intenso color azulado. De haber estado en otra situación lo hubiera disfrutado intensamente, pero no era el momento, de hecho quería llegar lo más pronto posible con los demás… y se sorprendió de ver que los animales, de alguna manera, cumplían con su deseo y comenzaban a moverse por el aire, dejando una estela de hielo detrás de ellos, formando ventiscas allá por dónde pasaban, aterrizando en las cercanías del grupo, y se quedó realmente sorprendido al ver que las cosas estaban dejadas en el suelo, pero no había nadie en las cercanías. Había incluso fuegos recién encendidos a juzgar por las muchas ramas que había en las piras, así que…

-Algo ha tenido que pasar…

Miró a los lados, mientras los animales comenzaban a inspeccionar la zona. Estuvo revisando todo, cuando vio que el grupo comenzaba a salir de entre los árboles más cercanos, parecían bastante nerviosos.

-Ha venido un anciano, estaba bastante desorientado en apariencia, incluso le llegamos a dar un poco de sopa caliente, debía venir de la Tierra -explicaba Zia, seria-, pero la espada de Magnus comenzó a brillar de pronto y…

-¿Y? ¿Qué pasó?

-Empezó a parlotear en idioma antiguo -respondió Zia, seria-, y a volar en torno al otro, que de pronto brilló mucho, y bueno, todo se fue a la mierda muy deprisa pues llegaron dos gigantes, y se llevaron al viejo, a Jack, a Magnus y Alex, pretendía defenderle ¿sabes?, y…

Erik suspiró algo, mientras la otra seguía parloteando, junto a los demás también hablando y comentando lo que había pasado.

-¿Sabemos hacia donde se fueron?

Los otros se miraron, y coincidieron que se fueron hacia unas montañas cercanas. Sin embargo, se notaba el nerviosismo del grupo, y, aunque sorprendió a Erik dadas las aventuras que tuvieron, no quiso preguntar por aquello. Katherine, sin embargo, le explicó lo sucedido al otro.

-Nos vimos superados por la magia jotun, eran dos pero como si se tratara de un ejército de ellos, estaban en todos lados, y aunque nos defendimos, nos pasaron por encima -les decía-, de alguna forma se las ingeniaron para poder expulsarnos hacia los árboles, y pudieron escapar en ese momento.

-Son realmente poderosos, entonces… -murmuró el chico- Me costó mucho domar a estos animales, bueno, de todos sólo uno es mío realmente…

Percy y Samirah se había acercado a las bestias, con las que estaban charlando en apariencia, y aunque la segunda creía saber qué estaba sucediendo, los animales le acabaron confirmando qué había pasado recientemente.

-El viejo era Odín, es uno de sus disfraces favoritos -explicó-, pretendía acercarse a nosotros, a saber para qué fin, pero dos gigantes le descubrieron y atacaron, aunque no eran verdaderos gigantes, sólo se hacían pasar por ellos.

-Han olido la magia jotun, pero no es tan pura como debería -añadió Percy-, por cierto, el tuyo al parecer se llama Ventisca…

Erik suspiró un poco, pero acabó asintiendo. Decidieron dejar las cosas como estaban e ir a buscar a los demás, para rescatarles. Los planes, como era costumbre, no salían nunca como uno esperaba…

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Odín acabó cayendo, junto a Magnus y Alex, en el gran salón de Utgarda, donde los dos gigantes que les secuestraron comenzaron a perder altura paulatinamente. En un inicio eran enormes, de diez metros de alto, pelo rubio y ojos pardos, con fuertes cuerpos y vestidos con grandes pieles de ciervos y lobos gigantes, pero, según empequeñecían, su apariencia pasó a ser femenina, descubriéndose como dos adolescentes, una de la edad de los otros dos, mientras la otra era ligeramente mayor. Pero reconocieron rápidamente sus ojos como los de…

-¿Eres la hermana de Jasón, verdad?

A esa pregunta de Alex, Thalia asintió. Estaba algo magullada por la mala caída, pero se repondría. Sin embargo, Odín rápidamente enarboló su lanza y pretendió empalar a la chica, pero se interpuso un individuo entre su filo y el cuerpo de ella. El único ojo del dios se ensanchó al reconocer las facciones de Baldr, cuyas manos desnudas habían detenido a Gugnir, mientras los rayos caían en el exterior, con el inconfundible sonido de dos cabras balar y cabalgar por el exterior.

-Hijo…

-Padre, podemos hablar, ¿verdad?

-Me temo que no.

Todo alrededor de ellos adquirió un tamaño más apropiado, y Utgarda hizo acto de presencia, de nuevo agasajando a los demás con la misma hidromiel y carne que antes, dando un suave asentimiento a las dos chicas, que tragaron saliva, nerviosas.

-Supongo que me has secuestrado, pero Thor está ahí fuera, Utgarda -le espetó Odín-, entrará y aniquilará a los de tu raza, y lo sabes.

Sin embargo, el gigante negó suavemente, mientras los adolescentes, poco a poco, se iban retirando. La tensión en el ambiente era evidente, y el ojo de Odín, poco a poco, iba brillando más y más a cada palabra del otro, mientras su derecha apretaba con fuerza el mango de Gugnir.

-Te recomiendo dejar a un lado esas muestras de orgullo -comenzó, sentándose en dos sillas que acababan de aparecer-, y que escuches mis palabras. Has matado a muchos amigos, tú muy seguramente ya hubieras mandado a todos los aesir y vanir contra mis puertas por mucho menos.

-Padre, estamos a tiempo de evitar un conflicto… -le recordó Baldr- No sé porqué me atacó antes Thor, pero podemos evitarlo…

De la mano del mayor desapareció la lanza, y se sentó en el mismo sitio, haciendo aparecer una mesa para poder comer tranquilamente. Utgarda le tendió la comida y bebida, y comenzaron a comer y beber, intercambiando monosílabos, ante la atenta mirada de los adolescentes, que se habían ocultado tras unas columnas. Las cosas se habían complicado mucho en muy poco tiempo, pero podían salvar los trastos aún.

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(1)

La mitología celta aquí incluida es bastante compleja aunque poco ha sobrevivido hasta nuestros días, aquí se da una visión algo simplificada que, con el tiempo, se irá perfilando.

Hasta aquí el capítulo de hoy, espero que os haya gustado, y que apoyéis este fanfic. Ni Percy Jackson ni ninguno de los personajes de las sagas de Rick Riordan me pertenecen. ¡Dicho esto, que la inspiración os acompañe!