Enemigo primordial

Capítulo 36

La tensión se respiraba en el ambiente, según se sentó Odín se había limitado a beber de la hidromiel tendida por el gigante Utgarda, que había traído consigo igualmente unos deliciosos panes con pollo y carne de vacuno, junto a pedazos cocinados de atún y tiburón, además de varias aletas y filetes de witshar, animales mágicos parecidos a tiburones pero bastante más grandes y que podían movilizar el agua a su alrededor, así como producir descargas eléctricas muy potentes. Sin embargo, ambos se limitaban a comer más que hablar, pese a la relevancia de lo que les traía a esa situación.

-¿Vas a desistir, Odín?

-No - Y volvía el silencio, sólo roto por el suave sonido de ellos masticando-. ¿Vosotros nos vais a dejar entrenar?

-Tampoco.

Los dos se miraron a los ojos directamente, los adolescentes presentes, Thalia, Magnus y Nadia, compañera amazona de la primera, se acabaron acercando igualmente a la mesa acompañados por Baldr, que se había puesto al lado de su padre, hablándole suavemente en voz baja, aconsejando al mayor, y que ni se giraba a mirarle, teniendo su único ojo siempre en el jotun.

-Difícil llegar a un entendimiento, entonces -comentó Utgarda-, si nadie cede… sólo queda la guerra, Wotan.

El otro frunció ligeramente el ceño.

-Soy un dios de la guerra, se me dan bastante bien -le comentó-, de hecho entre nuestras razas nunca hubo paz.

-Creo que no es necesario llegar a esos extremos.

Ese fue Baldr, que se había removido del asiento según escuchó aquellas amenazas. Sin embargo, esto cayó en saco roto según habían llegado un par de bandejas portadas por Laufey con algo más de alimento, pero para ese momento Utgarda ya se había echado atrás, repantingado y con su jarra en la mano, cosa que imitó Odín, suspicaz con las acciones del otro.

-Laufey ya ha hablado con los semidioses que tienen por misión derrotar al Caos primordial -cambiando de tema, el gigante le dio un largo sorbo a su bebida-, al menos con tu hijo, lo cual cuenta como intento.

Este asintió despacio, Odín se limitó a mirarle de reojo.

-Estoy al corriente, por eso entreno con Thor -sonrió suavemente al escuchar los incesantes relámpagos del exterior aún tronar-, pronto entrará, por cierto.

-¿Entregarás tu lanza para combatirle? -el otro se removió en su sitio suavemente- ¿Y Thor, dará a Mjolnir?

-¿Y por qué iba a hacer algo así?

Utgarda tamborileó suavemente, mientras volvía a beber.

-No pretenderás enfrentar a Caos con las manos vacías o con bellas palabras, ¿no?

-Lo haré igual que lo hago con vosotros -le espetó Odín, dando un sonoro golpe en la mesa con la jarra-, con Gugnir y Sleipnir, junto a mis leales einherjar, y acompañado por los dioses aesir y vanir.

-Disteis vuestra palabra, junto a los demás panteones, de dar vuestras mejores armas para la lucha -intervino Laufey, estaba con los brazos cruzados, apoyada en una columna cercana-, sólo queremos que cumpláis lo pactado.

-¡¿Cómo sabéis de nuestro pacto?!

-Loki, por supuesto -intervino Utgarda-, aunque esté encerrado en una bellota sigue siendo un ser de gran poder, y está al corriente de todos esos… tratados, que habéis hecho.

Los otros se miraron, algo nerviosos. Odín había puesto mala cara, pero no llegó a sacar su arma, aunque hizo el amago de separar su mano del cuerpo, cosa que alarmó a Baldr. Sin embargo el dios se contuvo, para la calma de los demás, y que ya habían visto peligrar demasiadas veces. Siempre con el recuerdo de Thor, que golpeaba furibundo el exterior del edificio con su martillo, pero las defensas mágicas eran muy poderosas y le estaba costando. Desde la lejanía podía sentir como el grupo de semidioses se iba aproximando, y aunque les quedaba un buen trecho, no podía asegurar que la reunión de su padre con los gigantes fuera a durar menos. Pensando en opciones, enarboló su arma y se disponía a golpear de nuevo, cuando un cuervo se colocó en su hombro derecho.

-¿Qué quieres, Hugin? -el animal empezó a graznar, mientras se acicalaba las plumas- ¿Seguro de eso?

Con un nuevo graznido, el cuervo salió volando de nuevo y se perdió en el aire, dejando a solas a un confuso dios, que se colocó su martillo en el cinto, y tras un rápido movimiento de las riendas, movió su carro por el aire con facilidad, desapareciendo entre las nubes en dirección a Asgard. Según se alejaba de allí, de la puerta del castillo salió una potente ráfaga de energía mágica, escuchándose intensos gritos desde las profundidades del salón, donde todo se había ido al garete en unos pocos instantes: Odin había tomado la mesa y derribado con suma facilidad a Utgarda, y, usando su lanza, generó una fuerte corriente de viento mágico con el mero giro de su filo, que no pudo ser detenido por la madera del pórtico, que se abrieron de par en par por aquella imparable energía, cuestión que aprovechó Odín para salir de ahí allí a la velocidad del rayo, y, de un salto, se colocó en la grupa de Sleipnir, que se materializó en el aire según el dios se alzaba con el aire, cabalgando en los vientos según sintió a su amo aterrizar sobre él.

-¡TE ARREPENTIRÁS DE ESTO, ODÍN! -Utgarda salió de entre los restos de la mesa, envuelto en comida- ¡ME HARÉ UNA MANTA CON TU PIEL, MALDITO AESIR!

Sabiendo que no podía detenerle, el gigante se limitó a quedarse en la salida, mirando como el dios se entremezclaba en el aire, y, suspirando, volvió al interior de su morada, donde Baldr miraba con cierta tristeza las viandas tiradas en el suelo, con los semidioses acercándose con miedo a la pared más cercana, con la intención de huir lo antes posible. El jotun se acercó al aesir, que le observó de reojo, con las manos tras la espalda.

-¿Qué harás ahora, Utgarda?

El otro suspiró un poco.

-Seguir con esta eterna guerra, sin duda alguna -le respondió, cortante-, tendréis que buscaros la vida para robarles sus armas, ya que no tienen intención de darlas por las buenas.

Baldr asintió, despacio, y miró a los otros, que estaban ya a punto de salir. Luego recogió una de las jarras rotas, y notó ligeramente la magia que aún emanaba de ellas.

-Debió notar tus intentos de encadenarle para impedirle huir -comentó entonces el dios-, es normal que reaccionara así de agresivo.

Utgarda sonrió ligeramente, divertido, y asintió.

-Siempre me gusta tener excusa para luchar contra los dioses -reconoció-, pero es verdad que estaréis solos para ese robo, no quiero meter a mi pueblo en todo esto, suficiente sangre ha derramado ya.

-¿No pretendes ayudarnos, entonces?

-Al final soy un ser del caos, suerte tenéis que no le apoye -le explicó-, en realidad me viene tan mal como a vosotros, y de hecho, si obtenéis esas armas, podremos luchar mano a mano contra los dioses sin tanto miedo, y de paso no vamos contra nuestra naturaleza al enfrentar contra el Caos primordial.

-Vosotros ganáis bastante más, entonces…

Baldr se limitó a llegar hasta donde se encontraban los tres semidioses, y que estaban ya caminando por la densa nieve de Jotunheim, colocándose fácilmente a su altura, dejando tras de sí la fortaleza de los gigantes. Antes de que pudiera decir nada, Jack, la espada mágica de Magnus, voló hasta estar en frente del dios.

-¿Sabes lo que viene ahora, no?

Descolocado por escuchar por primera vez en una buena temporada el idioma antiguo, Baldr tardó unos instantes en procesar la información, pero asintió.

-Sí, y…

Pero antes de que pudiera decir nada, comprobaron que el arma voló directa a la mano de Magnus, que la había extendido, notaron que la magia vanir de su sangre le rodeaba, pero tenía una cara de sufrimiento bastante intensa, con algo de sudor cubriendo su frente. Nadia y Thalia no entendían qué estaba pasando, pero sí Baldr, que las apartó de la trayectoria del otro, que atacó sin venir a cuento con un fuerte placaje.

-Es cosa de Odín, sin duda -exclamó él-. Le está controlando para atacarnos desde dentro, sin duda lo mismo debe estarles pasando a los demás…

Efectivamente, colina abajo, en pleno bosque, el resto del grupo contempló como buena parte de sus compañeros nórdicos de pronto sacaban sus armas y se disponían al combate, haciendo piña entre ellos y lanzando golpes al aire para alejar a los demás, que contemplaban aquello incapaces de hacer nada. Sin embargo, de todos los habitantes del Hotel Valhalla – que fueron los afectados – Samirah era la única que no parecía afectada, y sin embargo, su cara de circunstancia lo decía todo.

-Esto huele a Odín, les está usando para ganar tiempo… -murmuró ella- Pero no les podemos atacar demasiado, aquí son mortales, hay que reducirles.

Sin embargo, pese a la enorme superioridad numérica con la que contaban, la valquiria no las tenía todas consigo sobre aquello, pues los einherjar eran guerreros fuertes y poderosos, aquellos que lucharían en el Ragnarok junto al Padre de Todos contra los gigantes, así que eran hombres y mujeres de gran habilidad y destreza. Se demostró en el instante en que Percy y Jasón atacaron a la vez a Medionacido, que interpuso su arma con facilidad, y les pudo empujar sin demasiados esfuerzos, teniendo ellos que saltar a un lado cuando el enorme guerrero les atacó como una alimaña enfurecida, haciendo dúo con Mallory, que lanzó sus cuchillos directos al cuello de Marin, Annabeth y Zia, que no tuvieron un buen tajo en la garganta por apenas unos instantes.

-¿Puedes hacer algo con esto, Hearth? -ante esa situación, Beatrice colocó una mano en el hombro del elfo, que se giró a mirarla a los ojos- ¿Me has entendido?

El elfo comenzó a mover rápidamente las manos, siendo seguido por Frank y Leo, que fueron traduciendo.

-La magia de Odín es demasiado poderosa, dice que necesitaría un buen… ¿ha dicho chute?

Hearth negó, y volvió a mover sus manos, esa vez algo más despacio. Leo sonrió, divertido.

-No, Frank, dijo que necesitaría un buen trago de pura magia para eso.

Se tuvieron que echar un par de metros, pues Erik y Anubis eran los encargados de amarrar con toda su fuerza a Medionacido, que se resistía a toda acción, mientras entre Carter, Amos, Sadie y Flavianna se peleaban como podían con Mallory, y que a punto estuvo de morder varias veces a esta última. Por suerte, entre Dylan y Kevin pudieron colocarle una tela en la boca para evitarlo. Por su parte, Alex, como buena cambia formas, se escapaba constantemente del intento de amarre de Jamily y Percy, teniendo Odd y Ulrich cortarle el paso, para, de nuevo, lograr escabullirse y ser perseguida por Hazel y Nico, que alzó del suelo una mano huesuda que aferró a la adolescente contra la tierra, según cayó por ser agarrada de primeras por el tobillo.

Por su parte, TJ disparaba contra todo el que se moviera, así que todo era más complicado, Jasón tuvo que forcejear con él para detenerle.

-Hearth tiene un plan, pero es arriesgado… -anunció entonces Beatrice- Blizten, ¿podrás preparar unas cadenas para ellos?

Sin embargo, cuando este iba a responder, vieron que todos ellos se transformaban en cuervos, picoteando con agresividad a los que les sostenían, y saliendo volando a toda prisa por el aire, sin que ninguno de los demás pudieran hacer nada para evitarlo. Los dolores de Samirah desaparecieron entonces, y dejó de sudar en frío, algo más aliviada, mientras se acariciaba un poco los brazos, nerviosa.

-Bueno, ya nada… -comentó Blitzen- Sí que podría haber hecho unas cadenas, aunque no sean mi especialidad, ya sabéis, prefiero la ropa -notó que Hearth seguía con la determinación en su mirada- ¿En qué habías pensado?

Cuando Hearth movió sus manos, los ojos del enano se expandieron un poco, y empezó a negar con vehemencia, mientras decía constantemente noes, sin que los demás comprendieran lo que había sucedido entre ellos dos. Sería Beatrice la que respondiera sus dudas.

-Dice de ir a ver a Mimir, no sé quién es…

-Es un gigante, bueno, lo era, ahora es sólo una cabeza -explicó Samirah, empezando a recomponerse-. Es normal que Blizt se haya puesto así, en su día trabajaron para él…

-¡Exacto, y por eso no deberíamos ir, sea cual sea la razón!

El elfo le iba respondiendo, tenían que ser los pocos que hablaban la lengua de signos los que respondieran.

-Claro, es que dice que necesita más magia… que ahora tendrían que ir a Asgard… Que sólo así podrían derrotar a Odín y quitarle el arma… ¿Espera, qué?

Cuando Blitzen iba a responder, airado, notaron que llegaron Baldr y dos adolescentes más llegaban con ellos. Los griegos reconocieron a Thalía en seguida, que dudó durante unos segundos si eran ellos de verdad, pero, por otro lado, los demás sintieron la falta de Magnus, que seguro había huido también. Además, también se fijaron en que ellas tenían un par de cortes, seguro que obra de Sumarbrander, y cuya magia rezumaba de las heridas de ellas, pese al tratamiento rápido que llevó a cabo el dios como mejor pudo.

-Mi padre se ha negado, igual que Thor, a entregar sus armas -dijo Baldr-, la única alternativa es el robo, aunque no me guste la idea, y encima ahora tienen también la espada de Frey por Magnus, que se escapó de nosotros.

-Convertido en cuervo, ¿verdad? -preguntó entonces Jeremy- A nosotros nos pasó igual.

-Me apunto a eso de robarle a un dios -comentó divertida Aelita-, ¿te vienes, Electra?

Esta asintió, divertida, por su parte Baldr se rascó suavemente el puente de la nariz, buscando alguna solución mejor. Sin embargo no se le ocurría ninguna, tuvo que ser Amos el que le sacara de su meditación, cuando le posó una mano en el hombro.

-Conoces bien a tu padre, ¿qué propones?

-Me temo que es la única solución, quitarle esas armas por la fuerza -murmuró, algo nervioso-, sin embargo no podemos entrar a Asgard así, por las buenas, mucho menos todos los que estamos. Tiene que ser un grupo reducido.

-¡Y por eso no quiero que este cazurro se meta a eso! -salto Blitzen- ¡Porque se va a querer forzar con Mimir para tener más magia, y me va a hacer tenerle que salvar la vida por su tozudez! ¡Es que me niego, maldita sea!

Sin embargo, el elfo le abrazó con fuerza, cortando las palabras del enano, que se limitó a devolvérselo, mientras sus ojos se ponían algo llorosos. Los demás se miraron, ligeramente incómodos, hasta que Erik habló.

-Entonces tendríamos que volver al campamento base, y ahí ya decidir quiénes irán a la misión esa del tal Mumir, ¿no?

Algo más animados por aquel fallo del joven, efectivamente decidieron volver a su punto de partida, efectivamente necesitaban dar un paso atrás para poder avanzar otros dos más, pues, aunque lo negaran, sabían que el plan de Hearthstone era el único viable para poder conseguir las armas nórdicas. Por otro lado, Blizten iba pensando precisamente en la segunda parte, y era qué hacer una vez las tuvieran. Porque sí, por separado eran armas de un gran poder, pero podrían perderlas. Y no sabía hasta qué punto podrían manejarlas, o siquiera si podrían portarlas, dado la naturaleza de algunas de ellas. Además, estaba el problema de los anillos, y es que varios de ellos los llevaban guardados, por lo que estaba el peligro, nuevamente, de extraviarlos. Es por eso que su mente ya trabajaba en la manera de hacerlo, y para ello iba a necesitar de grandes dotes mágicas y artesanales, virtudes propias de los enanos. Pese a ello, se miró las manos, no demasiado habituado a trabajar con armas si que le gustaba la bisutería y las joyas, así que tuvo una genial idea al respecto.

-¡Recoged todas las piedras que veáis! -exclamó de pronto-¡ Erik, muchacho, viaja a la Tierra de nuevo y rebusca entre los restos de los cascotes que usasteis para montar la muralla, toma anda!

Le tendió entonces un saquito de cuero marrón, bastante bonito, y que guardaba en uno de sus bolsillos. Pero aquello no era lo único. Fue dando instrucciones a cada grupo, y es que los celtas tenían por misión talar un par de árboles, mientras que los magos egipcios tendrían que picar más piedra, en búsqueda de minerales, muy habituales en las cavernas de Jotunheim.

-¿Y qué pretendes lograr, tío?

A esa pregunta de Katherine, el enano sonrió, satisfecho de su ingenio.

-Una genialidad, haré varias joyas -comentó, y entonces chasqueó los dedos- ¡Y carbón! ¡Necesito carbón, mucho, o mejor aún, fuego de jotun!

Los demás sonrieron un poco por la felicidad que, de pronto, irradiaba el enano. Mientras seguían por el camino, se fueron separando para cumplir con lo encomendado por Blizten, y que, nada más llegar hasta la base, comenzó a trabajar con un papel y un carboncillo a dibujar varios diseños, concentrado, y con parte de la lengua por fuera, mientras poco a poco hacía los diversos detalles de aquello que quería hacer.

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Mientras todo aquello sucedía, los dos dioses aesir aparecieron entre las nubes de Asgard, viendo el puente Bïfrost en torno a ellos, y a Heimdall en su inicio, móvil en mano como siempre, apoyado a las puertas doradas de la morada de los dioses. Pasaron sin mayores problemas por encima de la puerta, aterrizando en la plaza principal del reino. Era amplio y glorioso, con el cielo azulado con alguna que otra nube, y los grandes templos de los diferentes dioses a lo largo y ancho del horizonte, cubriendo las diferentes colinas que se veían. Estas estaban adornadas por grupos de árboles consagrados a aesirs y vanires por igual, se encontraban además varios caminos que llevaban a zonas mágicas y lugares santos, todo ello con un aura de magia muy intensa. Había elfos y enanos con sus tiendas portátiles a lo largo de la gran plaza, circular y con columnas de piedra y mármol, con estatuas de diversos dioses cinceladas en la madera, con decoraciones en oro y plata.

Sin embargo, no se detuvieron en aquellos lares. Sleipnir cabalgó por los cielos del mundo junto a los machos cabríos de Thor, que balaron con ganas cuando este les dio un fuerte arreón con las cuerdas, aterrizando a varios kilómetros en el interior. Estaban en las cercanías de un gran lago interior, donde varias elfas estaban dándose un baño, pero se escaparon según vieron llegar a los dos dioses. Y Odín estaba realmente cabreado en esos momentos, su único ojo rezumaba odio en esos momentos, con runas manando desde sus manos, Thor se dio cuenta que su padre se estaba controlando.

-¡Si quieren guerra, la tendrán, esos gigantes! -bramó, mientras en su mano aparecía la lanza Gugnir -¡Y los semidioses no tendrán lo que desean, jamás les daré mis armas!

Según se acercó a las aguas, estas empezaron a removerse. Los animales mágicos que usaron de transporte se limitaron a alejarse varios metros, tumbándose en el césped y comiendo un poco de lo que había alrededor, mientras observaban impávidos como la superficie del agua empezaba a helarse desde el centro, pero seguía una forma semicircular que se expandía según avanzaba hasta la orilla, pisando Odín con fuerza la placa según llegó a su altura.

-¡NORNAS! ¡OS LLAMO, NORNAS!

Su voz retumbó por el aire, haciendo mover las copas de los árboles cercanos, removiendo el aire a su alrededor por la intensidad de su chillido. Normalmente tendrían que ir hasta las raíces de Yggdrassil, entre los mundos inferiores Nilfheim y Helheim; sin embargo, de vez en cuando, en esas veces que el rey de Asgard las llamaba, ellas acudían. Más cuando eran tiempos complicados, como aquel, así que apretó el gesto cuando vio llegar únicamente a una de ellas. Por ser una mujer de mediana edad, rubia y de una belleza sobrenatural, se dio cuenta que era Verdani. (1)

-¿Qué te sucede, Allfather?

Este apretó el mango de su lanza, con fuerza. Movió su hoja rápidamente, y la colocó al cuello de la deidad, que ni se inmutó ante ese gesto amenazante por parte del otro, que tenía una expresión fiera en el rostro. Thor tragó saliva, nervioso, jamás había visto a su padre de esa forma, tan agresivo y fuera de control, cuando normalmente era tranquilo y sosegado. Parece que el mero ver tambalear su reinado le había puesto en esa situación, pero, por otro lado, le apoyaba. Por fin veía a su padre con la decisión que siempre le había faltado, aunque no sabía si era lo mejor amenazar a una de las entidades que mueven el destino de todos los seres mágicos de su mundo.

-¡Quiero que mis enemigos desistan en su empeño, y que esos mortales jamás puedan arrebatarnos nuestras armas!

Sin embargo, Verdani se limitó a mover con la palma de la mano la punta de la lanza de Odín, que no retiró en ningún momento, limitándose ella luego a andar dirección al dios.

-Allfather, sabes bien que no puedo hacer eso- le explicó-, el destino es fluctuante, ha variado muchas veces pese a que grandes eventos permanecen fijos, aunque ni nosotras sabemos cuándo y en qué medida se modificará.

-¡No me vengas con eso, Verdani, y dime el futuro de paso!

El dios la estaba persiguiendo por el prado, mientras ella se acercaba a uno de los árboles, tomando una de sus manzanas, tras lo que se acercó a los animales, colocándose a su lado. Según les alimentaba, comenzó a responder.

-Tampoco puedo contarte qué te deparará, aunque bastante se dijo en la profecía que se os mandó…

-La recuerdo, estábamos todos juntos, bueno, una parte -comentó Thor-, precisamente estaba esa valquiria hija de Loki presente, la amiga de Chase, ¿verdad, padre?

Odín asintió, despacio.

-Lo cual me recuerda que no vino a mi llamado… -gruñó- Ni tú tampoco cumpliste mi orden de matar a Baldr, hijo…

Verdani sonrió ligeramente, Sleipnir se estaba comiendo tranquilamente ya su manzana, mientras los cabestros ya se peleaban por su trozo.

-Quién lo diría -comentó-, en fin, Odín, esto no puedo permitirlo, serás el rey de los dioses pero incluso tú estás gobernada por nosotras, el Destino -se giró por primera vez y le miró-, tú eres un rey viejo y antiguo, tu legado pronto te sustituirá, pero el líder sureño tu misma suerte correrá, pues fuisteis unidos por el águila y el laurel en tiempos pretéritos, y ahora estáis unidos por las cadenas rojas y negras de vuestros hijos, nietos y compañeros.

Sus ojos brillaban como dos soles mientras hablaba, su voz era potente y profunda, como si fuera una caverna o la misma tierra la que hablaba, mientras Odín apretaba más y más la mandíbula, nervioso por aquellas declaraciones, mientras Thor se empezaba a plantear según qué cosas.

-Cadenas rojas y negras… -murmuró entonces Odín, sin dejar hablar a su hijo, mientras su ojo chisporroteaba un poco con las runas - ¡Por supuesto, es como digo Utgarda en Jotunheim! ¡LOKI!

En su mano apareció su lanza, y corrió hacia Sleipnir, mientras el animal se levantaba rápidamente, comenzando a galopar según el dios se colocó de nuevo en su grupa, sin siquiera esperar a un preocupado Thor, y que se dirigió hacia su carro, al que montó con la intención de seguir a su padre, que ya se dirigía directamente hacia su salón: Valhalla.

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De vuelta a Jotunheim, el grupo se había preparado en torno al pequeño poblado que habían montado en torno a la puerta por la que entraron al mundo. Siguiendo las indicaciones de Blizten, recogieron madera y roca para montar un gran horno, que estaba siendo pulido y montado por varios de ellos, lo tenían colocado en las cercanías de los árboles para protegerlo de la intemperie, dado que no daría tiempo a construir una estructura a su alrededor, o al menos eso dijo el enano, pues sólo el horno era de más de tres metros de alto. No sabían para qué necesitaba algo tan grande, si en teoría sólo necesitaba hacer algunas joyas.

Por su parte, Leo estuvo presente en todo momento a su lado, pasándole herramientas y moldes con los que trabajar, modificando rocas que les trajeron para hacer varios cambios, trabajaban juntos con bastante facilidad, charlando animadamente bajo la atenta mirada de Hearths, que estaba con una sonrisa divertida en el rostro. Y mientras ellos estaban a aquello, Zia, Amos y Carter trabajaban picando piedras, ayudados por Frank y Hazel, internados en la misma cueva que usaron para llegar hasta allí.

-Bueno, pues picando piedra de nuevo… -el chico no parecía en especial animado- Sadie ha sido lista y ha ido a buscar los fardos para llevar las rocas, tardará dos horas mínimo…

Su tío se rio un poco, y entonces negó algo, mientras sacaba las bolsitas que les entregó el enano. Las había estado observando mientras iban hacia allí, y estuvo los primeros cinco minutos, en los que los menores se habían dedicado a amontonar las rocas sueltas y empezar a picar las paredes.

-Diría que no es tanto picar piedras, sino recoger algo que viene en ellas que sea importante… -comentó, con interés, el hombre- De todas formas comencemos a picar, a ver qué logramos.

Y así hicieron, tomando picos y martillos, golpeando con fuerza la roca de las montañas. No se dieron cuenta, pero con cada golpe, las bolsas brillaban ligeramente en el interior de sus prendas, con las runas grabadas en ellas iluminándose poco a poco en un tono blanquecino, que con el pasar de los minutos acabó llamando la atención de Hazel, cuando se acercó a dejar varias rocas más, estaba especialmente cansada pese a llevar poco tiempo allí. Observó la misma, tomándola entre sus manos tras dejar las piedras en el montón; y mientras, en los árboles, algo similar sucedía pero con los celtas.

En su caso estaban talando, y, con cada suave golpe en la madera, las bolsas de ellos se llenaban también de alguna forma extraña, sobrenatural, pero esperada por Blizten. Beatrice dio un último golpe con su hacha, y vio como el árbol poco a poco comenzaba a caer, momento en que Electra, Jeremy y William cortaban la madera verticalmente, trabajando así en grupos de cuatro. Las hojas subían y bajaban, y con ese movimiento se iban iluminando las bolsitas de ellos poco a poco, sin que se dieran cuenta por las largas charlas que llevaban a cabo.

Y mientras ellos estaban a aquello, Erik había efectivamente vuelto a Midgard. Estaba recorriendo los senderos del bosque, dirección a la primera base que hicieron, cuando notó un suave olor en el ambiente. Era a algo similar a carne, lo que era agradable, pero sabía que no se tenía que acercar, debían ser de las cazadoras. Se agachó un poco, atento, y se palpó la ropa, tenía otro de esos sacos especiales de Blizten. Su atención se enfocó en ir hacia adelante, llegar cuanto antes, recogerlo todo e irse, ahora que habían perdido el rastro de ellos. Sin darse cuenta, y por las intenciones del chico de ser tan silencioso como un gato, que se acabó transformando en uno de color marrón oscuro, surcando los matorrales sin hacer casi ruido y a toda velocidad, mientras en su mente el chico no dejaba de chillar de júbilo, sorprendido por aquello, pero bastante satisfecho.

Sin darse cuenta, la bolsita que llevaba con él se iba reforzando bastante, iluminando las runas que tenía grabadas, a más permanecía en ese estado más se iba completando su contenido, aunque él ni se enteró de aquello. Se limitó a llegar hasta el campamento, y la magia defensiva le dejó pasar sin más, reconociéndole como uno de los permitidos, y ya dentro volvió a una forma humana.

-Vale, buscar piedras, bien…

Habían despejado bastante toda aquella zona, todos los montones se habían usado para, en el exterior de las murallas, usarlos a modo de segunda defensa y para dirigir a los enemigos en unas direcciones determinadas. Mientras andaba por allí, se fijó en uno de ellos en concreto, a sus ojos estaban brillando un poco algunas de ellas, así que fue a recuperar algunas, no podía cargar demasiadas porque se retrasaría, pero al menos unas cuantas podría cargarlas en los bolsillos. Algo dentro de él le decía que con poco haría falta, así que según se acercó, se inclinó para recoger unas cuantas, y entonces se fijó que, aquellas que brillaban, tenía grabadas unas runas en un suave tono dorado, así que las guardó en sus bolsillos, sonriendo, hasta que escuchó el suave replicar del metal en contacto con la piedra, así que se volvió a transformar en un gato, escabulléndose a toda velocidad entre el follaje. Un par de minutos después vio llegar a un grupo de adolescentes, las reconoció como cazadoras por sus prendas, arcos, y los lobos blancos y grises que las acompañaban, estaban en el exterior del campamento, pero no llegaron a acercarse demasiado dada la magia de defensa.

Una de ellas le llamó la atención, era la misma que les habló cuando llegaron, la que invadió el barco en el que viajaban nada más aparecer en aquel lado del mundo. Tenía mala cara, con algún que otro moratón, pero por lo demás estaba totalmente sana, al menos en apariencia. Podía ver su magia rodearla, estaba usando todas sus capacidades en ese momento, y de vez en cuando su mirada pasó por los matojos en los que él se estaba refugiando. Sin embargo en ningún momento hizo amago de acercarse, limitándose a, en todo momento, caminar en torno a la muralla, hasta que empezó a hablar.

-Lady Artemisa confía en nosotras… ¡Y VA NUESTRA MAYOR PRESA Y DESAPARECE! -Antares estaba realmente cabreada- ¡¿LO HABÉIS REGISTRADO TODO O NO!?

Sus compañeras dieron un respingo y asintieron, incluso los lobos se sintieron algo intimidados. Erik debía reconocer que ella era toda una sargento de acero, pero se alertó algo al ver llegar a un segundo grupo. Se cuadraron delante de su superior, y señalaron en dirección a la cueva desde la que ellos llegaron a Jotunheim. Se sorprendió de ver que aquellas adolescentes se rodearon de un aura plateada, saliendo volando como una centella en esa dirección, parecían estrellas fugaces desplazándose por el aire. Comprendiendo que pretendían también pasar al otro lado, quiso llegar hasta allí cuanto antes… y por algún motivo los vientos le empezaron a mover, par cuando abrió los ojos estaba de nuevo en la entrada de la cueva, apareciendo entre un grupo de las cazadoras, que se miraron sorprendidas por el sutil viento que removió sus melenas, pero no llegaron a ver al chico, que se pegó a la pared de roca en ese momento.

Entendiendo que no podía permitirles el paso, pero no sabiendo si se podría enfrentar a ellas si iban al mismo tiempo a por él, decidió que lo mejor era destruir la entrada, así nadie podría ir al otro lado. Lo malo es que quedarían atrapados, pero, ¿qué otra opción tendría? Además, seguramente fueran a tardar bastante tiempo, y no podrían aguantar un asedio largo… sólo de pensar en todo aquello se fue agobiando más y más, así que se decidió finalmente. En torno a su puño se concentró un aura de energía dorada, pero cuando se disponía a golpear las paredes, una estela plateada le detuvo, instantes después recibió un puñetazo directo a la cara que le hizo tambalearse un poco.

-¡Ya sabía yo que algo había olido, pero no pude reconocer el suave aroma a orina de cobarde! -comentó una mujer, con diversión, Erik sólo notó un nuevo golpe en la boca del estómago -¡Debiste ser tú, niñato de mierda!

Recibió otro puñetazo, esa vez un gancho directo a la nariz, que le hizo volver a retroceder un poco. Antares sonreía un poco, pero en sus ojos se comenzaba a percibir un ligero nervio en su mirada, comprendiendo rápido la naturaleza verdadera del chico. Si bien la sabía de sobra, no se lo había creído hasta tenerlo justo delante, y ahora que había golpeado su rostro…

-¡No os quedéis ahí quietas, vamos!

Un grupo de otras cuatro cazadoras prendieron al chico, agarrándole desde el hombro para levantarle, pretendiendo cargar con él hasta el exterior para sacudirle un buen rato más, pero el chico se enderezó de golpe, cabreado, golpeándolas con fuerza en el cuerpo y mandándolas a volar contra los árboles más cercanos. Sus ojos brillaban con fuerza, y las runas de la bolsa de Blizten volvieron a iluminarse muy intensamente, deteniéndose en el acto al ver que había magullado bastante a las chicas. Tragando saliva nervioso, se transformó de nuevo, esa vez en un pájaro del tamaño de una mano, y voló a toda prisa por la cueva, siendo de inmediato perseguido por las cazadoras, de nuevo en aquella forma de estrellas fugaces.

Comenzó así una persecución por el interior de la cueva, Erik batía sus alas todo lo rápido que podía pero las cazadoras, así como sus lobos, eran veloces como el viento, pudiendo interponerse en su camino un par de veces, y sin poder detener en una rama o roca, pues los animales de ellas le atacarían sin miramientos de ser así. Voló y voló, moviéndose ágilmente entre las copas, penetrando en el bosque jotun, mientras buscaba perder a las cazadoras, lideradas por una furiosa Antares, y que había sido humillada por Artemisa, de ahí sus golpes y moratones. Deseaba llevarle esa pieza a su diosa, aún pudiendo ganarse el desprecio de Atenea, pero sabía que su diosa la protegería de la furia de la otra olímpica. Además, en aquel paraje natural se sentía como en casa, lo único que cambiaba era lo enorme que era todo, incluso los animales que se veían de fondo eran gigantescos, Erik identificó en el camino varios grupos de caballos gigantes, como los que domó un rato antes, junto a Baldr.

Sin embargo no pudo pensar demasiado en ello. Tras recorrer kilómetros y kilómetros, sin darse cuenta cruzaron aquello bosques y llegaron a algo similar a un fiordo, donde se alzaba un enorme castillo. Estaba justo en el valle que se formaba entre dos grandes montes, escarpados como los riscos interiores de Noruega, helados y con bastante nieve, pero aún así se elevaba un gran bosque de robles, pinos y abetos. Por instinto, el chico voló hasta el edificio, seguido por las cazadoras, que ni notaron la magia jotun de la zona. Voló el chico tan deprisa que se estrelló contra una de las ventanas, que atravesó como un bólido, aterrizando en el suelo con un golpe seco muy fuerte, recuperando su forma humana según rodaba por el suelo. Las cazadoras también entraron al edificio, y comenzaron a rodear al muchacho, ya como humanas también, mientras los lobos gruñían, mostrando los dientes, con el pelo erizado y los ojos inyectados en sangre.

Eso… hasta que movieron la cabeza hacia un lado, alzando las orejas, y replegándolas hacia atrás, nerviosos por una presencia. Las cazadoras también la sintieron, pero no querían quitar su vista del chico, que se pudo incorporar con algo de dificultades, hasta que un suave chirrido indicó que una puerta se abría. Fue entonces que multitud de fuegos azules iluminaran la enorme estancia, que resultó ser de madera de roble cincelada, con bellas representaciones de escenas de caza, batallas y fiestas, con una figura femenina en todas ellas. Grandes bloques servían a modo de asiento en torno a una alargada mesa, con blasones de tela roja y dorada colgando desde una pasarela superior, y que servía a modo de balcón interior para los cuartos.

-Pero si tenemos visitas… ¿quién os ha dejado pasar, pequeños mortales?- Una suave voz resonó por todas partes, y el vello corporal de todos ellos se puso firme por el miedo. Una mujer de unos cuatro metros de alto entró, tenía una belleza sobrenatural, piel clara, ojos de un intenso azul hielo, y el pelo recogido en una corona helada, con los labios y mejillas tintados en azul celeste- No… tú no eres mortal, griego…

La gigante se volvió de una altura más normal – aunque seguía siendo una torre de dos metros de alto – y se colocó frente a Erik, que no sabía si atreverse a alzar su rostro y contemplar el de ella, que sonrió suavemente de lado, momento en que giró el rostro, y frunció el ceño al ver a las cazadoras.

-¿Y vosotras? -les preguntó, cruzándose de brazos- Sois las niñas de Artemisa, ¿no? Me ha hablado de vosotras las veces que hemos coincidido para cazas.

Antares se adelantó, y, sin mostrar el miedo que sentía, le sostuvo la mirada.

-Así es, venimos a cazar a este chico y a varios más, nos iremos pronto, mi señora, yo…

Sin embargo, esta negó, y de un gesto de su mano las armas de ellas desaparecieron de sus manos, quedando amontonadas en una esquina con un suave tintineo por el choque del metal. Los animales de ellas, para ese instante, estaban todos congregados en otro de los laterales, agazapados y con miedo a moverse de donde estaban, gimoteando suavemente y tapándose la cabeza con las patas.

-Me temo que no puedo permitir eso -comentó la mujer-. ¡Qué descortés por mi parte! Me llamo Skadi, diosa de la caza y el invierno, y deidad en parte jotun también -se disolvió en el aire entonces, y reapareció sentada en el trono principal- ¿Cómo te llamas, chico?

Este tragó saliva, despacio, y se sentó también a la mesa. Las cazadoras se dispusieron a hacer lo mismo, pero un gesto de Skadi lo impidió.

-Erik, señora, yo…

-No me llames señora, no soy tan vieja -le pidió, y le fue sirviendo una gran jarra de hidromiel -, no tan joven como tú, diría, pero no tengo mucho más de tres mil años.

Erik asintió, pensativo. Miró de reojo a las cazadoras, que habían salido volando con el gesto de la diosa. Se sorprendía que sólo él pudiera sentarse, entendía que se trataba por su teórica naturaleza divina.

-Entramos aquí por error, Skadi, si la-te molestamos nos iremos cuanto antes.

Mientras él bebía de la hidromiel, la diosa negó suavemente. Alrededor de ellos se fueron sumando varios gigantes que, lejos de ser amenazantes para Erik, se limitaban a beber algo y comer, animadamente.

-No hará falta, chico, tú eres más que bienvenido, las cazadoras, por otro lado…

-¡Se supone que nos tendrías que agasajar también! -gritó de pronto Antares- ¡¿Dónde queda la hospitalidad nórdica?!

Skadi golpeó con su puño la mesa, molesta.

-¡No desde que vuestra diosa, Artemisa, se negó a darme cobijo cuando yo lo necesitaba!

Los lobos se removieron en su sitio, y varias de las cazadoras quisieron irse de allí, sin embargo, y aunque Antares no quería irse de allí sin su presa, estaba claro que tendría que ceder con eso, aunque no lo deseara. Y teniendo en cuenta que allí no era bienvenida, tomó sus cosas con mala cara y procedió a convertirse en una esfera de luz, igual que sus compañeras y animales, y que volaron hasta la ventana más cercana, que atravesaron sin miramientos, buscando a las demás presas que tenían que encontrar y cazar.

Skadi puso mala cara con aquello, molesta por la actitud de aquellas mortales, pero no podía hacer nada al respecto, no estando bajo la protección de otra divinidad, menos al permanecer esta a un diferente panteón. Erik miró su rostro, la diosa miró tan sólo unos instantes por la ventana, devolviéndole la mirada, sonriente, al chico, que se sonrojó un poco por la visión brillante de la otra.

-Bueno, ¿por dónde íbamos, Erik?

-Estabas explicando las costumbres de por aquí con los invitados.

Ella asintió, satisfecha, y volvió a beber.

-¡Cierto, cierto!

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En Asgard, Sleipnir irrumpió de golpe en el Valhalla. Este, lejos de adoptar la forma de un hotel de lujo, como hasta ahora, contaba con un aspecto más propio de un gran salón de madera de roble y oro que un resort. Los einherjar iban y venían, nerviosos y con sus armas preparándose tras la orden del dios de estar todos listos para entrar en combate en cualquier momentos, incluidos los habitantes de la planta 19, cuyos ojos estaban tan perdidos como los del resto de sus congéneres. Jack, según vio a Odín, voló desde el cuello de su amo y se encaró con el dios, que le miró con el ceño fruncido.

-Aparta, Sumarbrander, no estoy de humor…

-¡Esto encolerizará a Frey, Wotan! -le espetó la espada- ¡No puedes usar a un semidios vanir así!

Sin más, Odín tomó su mango con firmeza, su único ojo brilló, y la espada perdió su brillo, limitándose entonces a colocarla en torno a su cinto. Thor vio eso con cierta sorpresa, pero no llegó a decir nada.

-Tengo que volver a reclutar a mis einherjar, últimamente me están saliendo demasiado… contrarios a mi designios, tengo que poner orden entre mis soldados.

Escupiendo contra el suelo, pero sin olvidar su objetivo, se movieron hacia la segunda planta de las instalaciones, donde estaban los aposentos de Odín y Frigg. Los grandes cuadros y retablos de la pareja adornaban esa parte, con estatuas doradas de sus hijos e hijas, así como los propios de sus destinos, pero no se pararon a ellos. La diosa estaba colocada en el dintel de su cuarto, con los brazos cruzados y cara de estar bastante molesta, pero, sabiendo que buscaba su marido, le tendió una nuez.

-Tienes que controlarte, esposo -le dijo-, estás perdiendo la cordura con el pasar de los días, todo Asgard escuchó tu grito.

El otro puso mala cara, y se limitó a rodear con sus dedos el fruto. Suspiró pesadamente, mientras la mujer le sostenía la mirada durante unos instantes, todo ante un muy contrariado Thor, que dejó pasar a su madre cuando esta pasó de largo.

-Tyr no te perdonará lo que has hecho con sus hijos, ni yo tampoco -le espetó-, usarlos de esa manera, obligándoles a seguir tu voluntad aun siendo tus más leales servidores… -ella chasqueó la lengua al ver la ira en su mirada-. Céntrate, Odín, eres Allfather, no un niño al que le han quitado su juguete.

Sin más ella se fue de allí, mientras su esposo apretaba con rabia la nuez. Entró con violencia al cuarto, y tiró contra el suelo el fruto, que estalló en varios pedazos, mientras ambas deidades chillaban, saliendo de allí a toda prisa nuevamente. No se dieron cuenta de que, del aire, apareció una figura qu miró sus propias manos con una suave sonrisa en el rostro.

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(1) Las tres Nornas son Urd (pasado), Verdani (presente), y Skuld (futuro), similar a las moiras griegas.

La mitología celta aquí incluida es bastante compleja aunque poco ha sobrevivido hasta nuestros días, aquí se da una visión algo simplificada que, con el tiempo, se irá perfilando.

Hasta aquí el capítulo de hoy, espero que os haya gustado, y que apoyéis este fanfic. Ni Percy Jackson ni ninguno de los personajes de las sagas de Rick Riordan me pertenecen. ¡Dicho esto, que la inspiración os acompañe!