Enemigo primordial

Capítulo 40

El carromato que llevaba a Hel y compañía recorrió los caminos de Helheim en silencio, sólo roto por la batalla salvaje que se desataba al otro lado del helado mar que acababan de recorrer minutos antes, y cuya humedad les había calado hasta tal punto que aún notaban el frío en el cuerpo, la diosa tuvo que darles unas mantas para poder cubrirse algo. Si se hubieran mojado estarían ya con hipotermia, estaba claro que aquel reino era un lugar inhóspito, sólo un loco llamaría a ese antro hogar… y eso les hacía entender más aún a Hela, que se limitaba a charlar tranquilamente con el enano que hacía de conductor, parecían viejos amigos.

-¿Entonces ya te has declarado a Brunilda?

El enano se recolocó en su posición y pareció sonrojarse.

-No.

-Ay, ¿y por qué? -preguntó ella, mientras se apoyaba algo más a su lado- Hacéis una hermosa pareja, Fjord.

Este negó.

-No es el momento.

-¿Y cuando lo es?

El otro se limitó a mover su tupido mostacho, pensativo. Mallory no atendía demasiado a la conversación, o eso hacía ver al mirar hacia la nada; T.J, por su lado, estaba con su vista fijada en las enormes serpientes marinas, que no se habían movido de su posición en todo ese rato, igual que Medio Nacido. El único que observaba el interior era Magnus, que se había fijado en que aquel lugar era como Islandia en verano, pero con tonos algo más oscuros. Alex estaba a su lado, pensativa y de brazos cruzados, tratando de conservar el calor como podía.

Las praderas estaban cubiertas de pasto verde oscuro, con ríos y lagos aquí y allá; había casas de madera baja en esas zonas, con caminos como por el que circulaban uniendo los diferentes centros habitados; algunos bosques desperdigados, y las perpetuas estrellas del firmamento como única fuente de luz, con el intempestivo viento soplando de forma permanente. Aquel lugar parecía algo idílico a simple vista, se preguntaban qué haría aquel lugar, aparte de lo evidente, para que Hela no se sintiera todo lo bien que debía siendo la reina de aquel lugar.

Desde que bajaron del barco, sin embargo, colocó de nuevo esa fachada que, seguro, siempre ponía delante de todos de seguridad y de tenerlo todo bajo control, sólo mirando hacia la costa cuando los rayos, gritos o golpes secos se escuchaban más cerca o con más fuerza de lo que debían.

-Y dime Fjord, ¿desde cuándo estas aquí, en mi mundo?

-Pues unos quinientos años, señora -respondió-, fallecí en un accidente en mi taller cuando el horno explotó por una fuga de gas, quedé abrasado y fue casi instantáneo…

Los otros se estremecieron un poco, sólo pensar cómo debió ser… Hela asintió, se sabía la historia bastante bien pero hizo como que no, y, comprendiendo el plan de su señora, el enano se dedicó a responder sus preguntas pese a saber que ella ya conocía las respuestas. Ella sonrió un poco, de forma imperceptible.

-¿Te gusta la casita que tienes?

-Sí, es cómoda y tiene todo lo que necesito -comentó-, puedo cocinar a gusto, un horno siderúrgico para trabajar con el, toda una forja para mí sólo…

-Creo que es justo, dado que de vez en cuando voy a verte para que me hagas joyas.

Este asintió, suspirando. Los otros se miraron con cierta sorpresa, ¿desde cuándo los dioses se preocupaban por las almas de los mortales? Puede que sólo fuera chapada, propaganda para que ellos se sintieran más cómodos con la idea de estar bajo las órdenes de Hela.

-Es un placer hacerlo, mi señora.

-Yo imaginaba el infierno como un páramo yermo y desolado, congelado… no un prado tan bonito -comentó de pronto Magnus-, el Valhalla era un hotel, pero esto… es como estar en la Tierra, como en cualquier zona rural…

Hela asintió, despacio.

-Odín insistió mucho en querer que nos adaptáramos a la humanidad, con el cambio de punto de vista de la sociedad nosotros también debíamos -explicaba Hela, mientras se recolocaba para encararles-. A mi modo de ver, estábamos mejor como era antes, de vez en cuando me ha mandado misivas para que este lugar fuera también una especie de balneario, pero he pasado…

-Todo parece muy yanqui en nuestro mundo, y en los otros al parecer es igual -comentó entonces Medio Nacido-, como los centros de poder se movieron a ese país ha pasado eso, sólo se ha adaptado todo.

-Sí, pero en cuanto lo necesitó devolvió a Valhalla su aspecto normal -bromeó Mallory-. Desde el respeto, Hela, pero los dioses soléis hacer eso: todo fachada, nada por dentro, al menos ahora.

Cruzada de brazos, miraba a la otra directamente a los ojos, que le sostuvo el gesto unos segundos, naciendo en sus labios una suave sonrisa.

-Tienes más… arrestos que muchos hombres, muchacha -comentó-, digna hija de Frigg, estás haciendo muy bien tu trabajo.

-¿Cómo que trabajo?

A esa pregunta de Alex, la diosa se tomó unos segundos antes de responder.

-Cuidando del grupo y teniéndolo unido -explicó-, mi reino es… complicado de manejar para las almas cuando son recién llegadas.

Los otros se miraron, si ella no estaba haciendo nada sobre ellos… Se había limitado a mirar a la nada y no había sido hasta ahora que se había puesto a charlar con su anfitriona, y en el barco tampoco había comentado nada en especial. Entendiendo su falta de entendimiento, señalo hacia un lateral del camino que surcaban.

Al fondo había muchas de esas casas, pero, cerca de la carretera de arena y piedra, vieron un grupo de almas que iban andando penosamente, algunos por el propio sendero, y otros en la zona de hierba. Había padres con sus hijos, gente mayor, jóvenes… un grupo variado de cerca de veinte personas, parecían algo perdidos y cansados, con cierta cara de miedo, el aullante viento impedía que pudieran hablar demasiado entre ellos y parecía que ni se habían fijado en el entorno a su alrededor. De haberlo hecho seguramente no tendrían tanto miedo, sus miradas vacías solo iban recto y su penoso andar sacaba a relucir que llevaban ya una buena caminata. Seguramente desde antes que ellos llegaran a Helheim, y lo que les quedaba.

-Aún tienen que ser permitidos pasar por mi mascota, el perro gigante Garm, un hermoso labrador, os encantará…

Fjord rio suavemente por ese comentario, mientras pasaban de largo de aquel grupo. Los chicos no pudieron evitar sentir cierta lástima por aquel grupo, que la diosa se dedicó rápidamente a explicar qué destino habían tenido y cual les deparaba a futuro.

-Vienen por un accidente múltiple en una carretera de Suecia, por culpa de un alce que se coló a la circulación -les decía ella-, tendrán hermosas casitas unifamiliares en este mismo vergel, salvo un par de ellos, que irán a los páramos helados que, seguramente, pensabais que formaban todo mi reino.

-¿Qué hicieron para merecer ese castigo, señora?

-¡Tan fisgón como siempre, Fjord! -exclamó- Por ser para ti, eran ladrones y sus manos estaban manchadas de la sangre de miles…

-¡¿Cómo que de miles?!

Hela sonrió de medio lado, mientras se estiraba algo. Estaban comenzando a ascender una colina y eso sólo podía significar que se acercaban hasta donde estaba Garm, se podía comenzar a oler su intensa fragancia ya desde allí, seguramente.

-Estos caballeros son responsables de diversos atentados a lo largo de países africanos, pedí expresamente ser yo la encargada de sus almas al Concilio de los Infiernos, y me lo concedieron… -puso una sonrisa siniestra- Saben que soy especialmente buena con los castigos para gente así.

-¿Tenéis una asociación los dioses de la muerte o algo así?

La aludida asintió a la pregunta de Mallory. Alex eventualmente había tomado la mano de Magnus, Medio Nacido sintió que T.J. pretendía hacer lo mismo con él y le dio un suave toque en la mano.

-Piensa que cada vez menos gente cree en nosotros en general, y que en las diferentes mitologías se habla que todas las almas van a su propia otra vida -explicó, buscando a Gram con la mirada-, así que cada zona del mundo tiene uno asignado, es un jaleo a veces pero es la mejor forma…

-Eso para la gente no creyente o de su mundo mágico, porque los que sí creen lógicamente van a su propio Cielo o Infierno…

A esas palabras de Fjorn la diosa asintió suavemente, quitándole un pequeño peso de encima en esos momentos a Magnus. Esta lo notó con cierta diversión, pero antes de que pudieran decir nada, un suave temblor hizo que la diosa sonriera con diversión, ordenando detener el carro al conductor y saltando al suelo, momento en que vieron llegar a un enorme cachorro de labrador, deteniéndose ante su ama con algo de torpeza y frenándose con dificultades, llevándose por delante a la diosa.

El animal tenía la grupa a cerca de cuatro metros de altura, con la cabeza a algo menos de cinco, y, si uno se fijaba, podía ver que su cuerpo destilaba esa misma energía verdosa que lo bañaba todo en Helheim, dándole un aspecto temible al animal, que en otras circunstancias sería una criatura adorable… hasta que su olfato le llevó hasta T.J. Le empezó a gruñir con ganas y poner mala cara, llegando incluso a ladrar, pero su ama le cortó rápidamente dando un tirón tras extender su mano al animal, haciendo que se tumbara al suelo. El chico observó aquello tras Medio Nacido, que había puesto delante a Alex, para mala cara de Mallory.

-¡Buen cachorro, buen cachorro! -ella comenzó a acariciar su panza cuando se puso boca arriba- ¡Ve a jugar, anda, que eres un trasto!

El animal se levantó con cierta torpeza y salió corriendo por el valle, esquivando en todo momento las casas y las zonas de agua. Las pobres almas que vagaban por el camino ni se inmutaron cuando pasó en torno a ellas el terrible animal, que los olisqueaba con su cola moviéndose en muestra de alegría, lamiendo alguna que otra en el proceso, hasta llegar a las dos que se refería Hela. Según los olisqueó les ladró con cierta fiereza y se los metió a la boca, comenzando a correr en una dirección muy concreta ante la indiferencia del resto de espíritus y de Hela, que se limitó a volver al carromato, comenzando de nuevo su andadura hacia adelante.

-Ese era Gram, ¿verdad? -se atrevió a decir minutos más tarde, Medio Nacido- El perro guardián de la entrada que se enfrentará a Tyr en el fin del mundo.

La diosa asintió, señalando hacia el frente. Ante ellos se alzaba una única puerta enorme de piedra bien tallada y pulida, el prado que se extendía ante ellos seguía tras la puerta y las casas, zonas de agua y bosque igual, pero sentían que, tras la misma, esperaba un lugar nuevo. Helheim realmente comenzaba allí, sus cuerpos se estremecían sólo de pensarlo, más al notar que allí era donde el cachorro Gram debía estar.

El animal había corrido tras la puerta, que cruzó sin mayor problemas y abandonando su amable aspecto de labrador a ser una suerte de lobo gigante de pelo níveo y ojos verdosos, grandes colmillos y rostro noble pero fiero. Sus orbes brillaban suavemente cuando el animal corría a través del aire, perdiéndose eventualmente conforme se alejaba mucho más rápidos que ellos.

-Bien, una vez que pasemos esa puerta no habrá vuelta atrás -explicó ella-, habréis entrado a zona de no retorno salvo con mi permiso, podré teneros a mi mando y ni Odín podría venir a buscaros… aún recuerdo cómo vino Hermod montando a Sleipnir a por el alma de Baldr, pero no podía entregarlo.

Los demás se limitaron a asentir tranquilamente, en cierto grado lo suponían. Agradecían que la diosa fuera transparente con ellos, esta de hecho se sentó al lado de Fjord, que puso cara adusta al escuchar cómo el ejercito de Odín comenzaba a abrirse camino a través de las aguas del mar que separaba una orilla de la otra de Helheim, usando grandes drakkars para ello.

-¡Ya vienen, ya vienen! -gritó T.J- ¡Compañía, a las armas!

Hela le miró con cierta diversión, su pequeña bayoneta no podría hacer nada contra los ejércitos de Odín, que avanzaba surcando el agua montando su caballo octópodo gigante y con cara de pocos amigos; su hijo Thor recorría los vientos con su carro tirado por los dos machos cabríos de siempre y su martillo en mano, mientras los einherjar comenzaban a batir los remos de los drakar con fuerza, moviéndose en sus asientos con cara de estar haciendo mucha fuerza.

Los dragones que vigilaban las aguas se habían retirado instantes antes mientras ellos trabajaban a contrarreloj bajo las órdenes de ambos aesir. Mientras estos miraban hacia la otra orilla con mala cara y los brazos cruzados, sus soldados se habían dedicado a recopilar madera de todos lados como el gran ejercito bien engrasado que era, yendo directamente hacia los bosques de árboles gigantes de Jotunheim, que sólo tenían que derribar y abrir un hueco interno. Los artesanos que tenían eran los encargados de pulir con sus herramientas la madera para trabajarla, cortando de tal forma que formaban rápidamente los cascos de los navíos, incansables y eficientes como sólo ellos podían hacerlo, tan acostumbrados a hacer con la madera con la misma facilidad que tendría un maestro artesano del barro cocido.

En poco tiempo podían hacer un bello drakar y totalmente funcional, incluso con la tela de las velas y el mástil perfectamente recto y bien encajado en el casco, con la capacidad de soportar la ira de Thor en el mar… aunque tendría que encajar los fuertes vientos de Helheim, pero, ¿qué barco que se preciara no tenía vela? La quilla, con cara de dragón, mostraba la pericia con el martillo y el cincel.

A los dos dioses le parecieron minutos lo que tardaron en tener una veintena de barcos, tiempo que el enemigo tomó para poder llegar hasta las mismísimas puertas del infierno, pero ellos no se iban a detener, claro que no. Y eso Hela lo sabía perfectamente, siempre atenta a lo que hacían a través de sus dragones marinos, que tampoco detuvieron su trabajo.

-Es ahora o nunca, chicos, porque si os toman presos… no podré evitar que se os lleven de aquí.

-Si Odín es tan poderoso, ¿por qué no nos ha reclamado aún? -preguntó con interés Magnus- Lo hizo estando en Jotunheim, ¿recordáis, chicos?

Los demás asintieron, y Hela se limitó a acompañarles hasta la parte inferior de la puerta, que observó en silencio, pensativa, aunque tenía clara la respuesta.

-Porque este es mi reino y aquí la señora soy yo, además, os recuerdo que soy la señora de los muertos -respondió, sonriendo un poco-. No os pude reclamar porque se lo estoy impidiendo y estamos en mi hogar, ¿os acordáis de cuando os atravesé con mis garras?

Alex sonrió divertida.

-¿Cómo no hacerlo, querida hermana?

Saltó hacia la arena, dejándose caer ágilmente, siendo acompañada rápidamente por los demás, que la siguieron de cerca sin más, confiando en que su compañera no estaría demasiado equivocada… o eso querían pensar. Llegaron hasta las cercanías de las puertas, que la observaron en un silencio tenso, limitándose a tomar las manos del más cercano, y lanzándose contra el interior de aquel reino desconocido para todos ellos…

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De vuelta a Noruega, Calipso observaba en silencio la niebla, esperando que alguno de los grupos pudiera volver cuanto antes. Lo dudaba, pero nunca se debía perder la esperanza, ya casi le pasa durante su encierro en Ogigia… hasta que a su vida llegó la locura de Leo. Escuchaba como este gritaba un poco, estaba explicando las maravillas de su Argo II a los cuatro vientos, con todos los del grupo salvo la titanide atentos a las palabras del muchacho. Ella tenía su vista en la niebla que había creado Erik, si sus cálculos no fallaban los primeros en volver deberían ser Hearts con Blizten. El grupo de rescate del resto de nórdicos, formado por dos dioses y una valquiria, no tenían pinta de ir a volver rápidamente.

-Encima ellos tienen, potencialmente, que hacer frente a dos dioses muy importantes… -murmuró ella, seria-, y aunque Erik sea muy poderoso… no deja de ser un novato con todo esto, igual que Anubis.

Se fijó desde lejos en el dios chacal. Estaba sentado en el suelo, atento a las palabras d ellos demás, escuchando con las orejas bien abiertas. Aunque los demás no podían verlo, se distinguía a la perfección la silueta del dios superpuesta al cuerpo físico de Waltz, que era uno con el ser. Era cuanto menos curioso, con los demás magos de Egipto no sucedía algo similar, al menos que ella hubiera visto.

Pensando en ello, y dando por hecho que no llegarían hasta dentro de unas cuantas horas, se acercó hacia los demás. Durante su vigilancia se habían dedicado a recoger comida para todos, cocinándola y preparándola con cierta habilidad. Ella echaba, en momentos así, a los espíritus del viento que la servían en su islita. Era de las pocas cosas buenas que tenía, aunque no dieran conversación eran muy útiles y de ayuda cuando ella tenía cosas que hacer, pero estaba aprendiendo a vivir sin ellos.

Se colocó cerca de Flavianna, que la miró sonriendo, tendiéndole un cuenco con algo de fruta, nueces y algo de carne bien cocinada. Calipso no pudo evitar alzar una ceja por la ocurrencia de mezclar cosas tan diferentes, haciendo que la otra, simplemente, se encogiera de hombros.

-A mi no me mires, fueron Jasón, Percy y Odd los que se pusieron a hacer la cena.

La aludida se rio un poco, su anterior amor platónico no era precisamente el mejor cocinitas, y ella se había limitado a cocinar siempre para todos los héroes que llegaban hasta su isla, fueran buenos a los fogones o no. Así que se limitó a comer, esperando que aquello no supiera todo lo mal que parecía, observando cómo los demás charlaban entre ellos animadamente.

Comprobó que Thalia estaba junto a Annabeth, Zia y Aelita, esta última recostada sobre una esterilla bastante cómoda y con su mirada siempre atenta hacia la primera, que les comentaba sobre las actividades habituales de las cazadoras, a las que había pertenecido hasta muy poco, apenas unas horas. Si Artemisa no le había hecho nada hasta ahora era sobre todo porque quería hacerlo con sus propias manos, aún se le notaba en cierto grado los golpes que había recibido.

Cerca estaban los cocineros de la noche junto a Jeremy, Beatrice, Ulrich, Katherine y William, comentaban sobre lo complicado que sería lograr nada de los dioses celtas, y de cómo Electra ahí presente discutió… a su manera con su padre, Tutatis. Era claro que con ellos no sería sencillo, con nadie lo sería de hecho, e incluso tenían dudas sobre si ellos tenían que conseguir algo de su mitología. La druida pensaba habitualmente sobre ello, pero no sabía cómo o qué podría ser útil.

Y aunque Dylan se dio cuenta de que su amiga estaba en esas vicisitudes, también le prestaba atención a lo que comentaba en esos momentos Sadie, que, junto a Anubis, les contaban sobre sus dioses a Kevin, Richard y Bryan, mientras una también interesada Piper, junto a Hazel, Nico, Franz y Nadia. Estaban charlando simplemente de qué harían al día siguiente en su caso, observando de vez en cuando al viejo Augusto mirar al cielo, tendido en el suelo y con una suave sonrisa de satisfacción en el rostro. No teniendo demasiado que hacer en esos momentos, y por la niebla protectora, no era necesario star tan atentos como normalmente estarían muchos de ellos… se podían acostumbrar a vivir allí, a decir verdad. Por desgracia no era algo que pudieran hacer hasta el infinito, y lo sabían. De hecho, Jamily tenía una suave mueca de nerviosismo, aunque intentaba permanecer sonriendo mientras Laika se dejaba acariciar por ella, cosa que Aurora notó.

-¿Te sucede algo? -preguntó Marin, mientras jugueteaba con el fuego ante ellas -, pareces nerviosa, alerta…

La aludida suspiró.

-No me gusta tener en contra a tantos dioses… entre ellos, a Minerva y Apolo -comentó ella-, dos dioses fundamentales en nuestros mitos.

Su compañera suspiró un poco.

-Podrían soltar una plaga entre nosotros, o volvernos estúpidos… -comentaba Aurora, pensativa- Pero eso pondría claramente en contra a todos nuestros padres y madres, con todo lo que eso implica, así que dudo que hagan nada así, la verdad.

-Y aún así nos quieren matar.

Laika gruñó suavemente, moviendo con intensidad la cola y haciendo rápidos gestos, haciendo movimientos rápidos con las patas delanteras, provocando que Jamily se riera un poco por aquello. La Golden se movió entonces hacia Marin, ante la cual se tumbó también, apoyando la cabeza en las piernas de ella y mirándola a los ojos con una mirada suplicante, lamiendo sus muslos en el proceso.

-¿Y a ti qué te pasa, bonita?

Acarició su cuello y pecho con cuidado, Laika se limitaba a poner una cara de satisfacción, haciendo el bastante ruido como para que Augusto girara el rostro hacia ella. No vieron que puso una cara de sorpresa, pero se limitó a volver a posar su vista en las estrellas, estirándose un poco para recuperar la posición tan cómoda que tenía hasta ese momento. Había estado más atento de lo que pareciera a la charla de ellas, en la que intervino.

-Le tenéis más miedo del que debéis a los dioses -comentó él-, yo, hace siglos, sufrí la ira de Zeus sólo por quién era mi padre y por mis poderes, pero… hay una parte que no sabéis, ni puede que todos los demás.

-¿Estás recordando más cosas?

A esa pregunta de Jamily, este asintió.

-Ese día, yo había derrotado a un cíclope invocando por mí mismo un rayo -comentó, mientras se acomodaba al lado de ellas-, se lo lancé al ojo y no pudo esquivarlo o evitar su poder, así que lo derroté con eso tras un muy intenso combate… y según cayó muerto, los nubarrones de tormenta se apretujaron en el cielo…

Flashback.

El joven griego se encontró de pronto en medio de una tormenta eléctrica, comunes en los meses de verano como en ese momento, pero tenía claro que aquella no era de origen natural. Se comenzaron a arremolinarse las descargas eléctricas en un punto hasta que una de estas impactó en tierra firme, apareciendo entonces el gran dios Zeus. Y parecía bastante cabreado, de hecho levantó con facilidad al semidios, que se había tirado al suelo para esquivar los poderosos rayos.

Este le miró con miedo a los ojos, sin embargo, de algún lado salió el valor de su interior y comenzó a removerse, y, al estar sujetado de su ropa, la pudo cortar de un rápido movimiento y caer al suelo antes de que el otro le diera algún mal golpe, aquello apenas duró un parpadeo.

El dios le lanzó un rayo, que Augusto esquivó de un salto, lanzándole tierra a los ojos sabiendo que no podría ganarle con sus mismos trucos; lanzarle una descarga estaba fuera de discusión, pero sí podía aprovechar su velocidad, así que comenzó a correr a toda velocidad por los cercanos prados, obligando a Zeus a perseguirle.

Ambos eran veloces como el viento, aunque duró poco más de un minuto hasta que Augusto llegó hasta su pequeña choza, a la que entró como un vendaval, aunque fue rápidamente destrozada por los intensos vientos que el dios del rayo había invocado. El propio cielo se estaba poniendo en contra de Augusto, pero este también tenía sus trucos con los que luchar.

Había tomado una de sus espadas, que lanzó con violencia hacia Zeus, que la tomó con facilidad con la mano derecha, pero rápidamente en su rostro salió un gesto de dolor al notar el frío acero cortar su carne. ¡¿Cómo era posible?! Hasta chisporroteaba un poco el metal, que cayó sin más al suelo… En ese momento, Augusto se supo muerto, pero al menos había herido al más prepotente y poderoso de los dioses y eso no se lo podría quitar nadie en todo el universo, así que extendió los brazos, sabiendo que esa lucha la tenía perdida desde el inicio, pero al menos tenía que intentarlo.

Lo último que vio con vida fue el destellante poder de Zeus ir directo hacia su cuerpo, que quemó casi en el acto, cayendo ya muerto al suelo, humeando.

-Cómo se atreve, este puñetero humano… -murmuró, su mano ya había sanado totalmente, estaba más herido en su orgullo que otra cosa- ¡Pagará caro este ultraje! ¡HADES!

Este emergió, un minuto más tarde, de entre las sombras, y se acercó a su hermano. Una capa negra le cubrí totalmente, su corto pelo negro estaba bien peinado, al igual que su perfilada barba, y sus ojos azulados irradiaban mucho poder. Era delgado y de mediana estatura, pero era capaz de intimidar hasta al rey de los dioses.

-¿Sucede algo, hermano? -preguntó, ya se había dado cuenta del cadáver a sus pies- Normalmente un hombre común no te tendría tan alterado.

-Quiero que reciba un castigo propio a su crimen, te lo haré saber en un rato, antes… tengo que comunicaros una decisión -dijo-. A todos, en unas horas, en el Olimpo.

Hades asintió, ya tenía asida el alma de esa persona con suavidad, interesado por saber qué habría hecho para hacer sentir tan intensamente al soberano del universo. Lo que escucharía, horas después, de sus propios labios le dejaría más sorprendido de lo que estaría nunca.

Fin del Flashback.

Augusto suspiró un poco, ese día era todo mucho más tranquilo, y los tiempos modernos eran bastante más agradables que los antiguos. Ahora tenían muchas más cosas con las que entretenerse que antes, y aunque le gustaba hacer de guía por el inframundo por ser totalmente ajeno a cualquier problema… ir recuperando poco a poco quién era también le era agradable. Ahora era una mezcla de sus dos lados.

-Para que luego digan de los dioses… -comentó Marin- Lo siento mucho…

Jamily suspiró pesadamente.

-Bueno, tú al menos manejas más o menos tus poderes, nosotros…

-¿Vosotras, qué?

-¿Cómo dices?

A esa pregunta de Marin, Augusto se rio suavemente.

-Que vosotras podréis hacerlo igual o mejor que yo -comentó entonces él-, dependerá de si os entrenáis en su uso o no, yo apenas pude estando vivo, pero vosotras… será otro asunto diferente.

-¿Por qué?

-Ahora las cosas van a cambiar, con ese chaval… -respondió Augusto, sonriendo algo- Es un nombre curioso, el suyo… Erik era, ¿verdad?

-Su perra, Laika… ¿dónde la encontrasteis?

-Es su mascota, al parecer, se la encontraron por la calle tras el primer ataque de Atenea -explicó Marin, entonces-. Me encanta, es súper cariñosa y noble.

La perra se acercó entonces a Augusto, que olisqueó y procedió a lamerle con ganas donde le pilló, haciéndole reír un poco. Él comenzó a hablar en griego antiguo, pero tan deprisa y con un acento tan marcado que ninguno de ellos pudo entender nada, mientras la perra movía la cola y ladraba alegremente ante sus caricias. Aquello duró unos instantes, momento en que el animal salió corriendo tras recibir un amistoso golpe en la grupa por parte del otro, que observó cómo se alejaba a toda prisa.

-Bueno, me toca hacer el control ahora, así que me despido, señoritas -comentó Augusto, levantándose entonces-. Reitero mis ganas de entrenaros, si queréis dominar vuestros poderes más allá de los que ya tenéis, porque, creedme, os sorprenderéis a vosotras mismas… -les sonrió una última vez- Descansad.

Con esas, se dirigió a las cercanas murallas de madera, a las que se encaramó con la facilidad de un gato, llegando a la parte superior fácilmente. Se limitó entonces a apoyarse en las maderas y observó a la nada, tatareando suavemente, pensativo. Tendría toda la noche por delante para ello…

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Si en Noruega reinaba la paz, no así en el lugar en el que habían aterrizado Skadi, Erik y Samirah tras seguir las indicaciones de Sif de cruzar uno de las puertas del salón del Valhalla, sin esta llegar a advertirles de los peligros que encontrarían al otro lado, ni tampoco de las consecuencias de pisar el frío suelo del submundo nórdico. Eso, hasta que la diosa tomó al muchacho del antebrazo cuando este se levantó. Se encontraban a la orilla de un embravecido mar, el intenso viento removía su pelo e incluso ahogaba en cierto grado sus voces, suerte que la suave arena frenó su avance lo bastante antes de que llegaran a la zona de hierva.

-Esto es Helheim, guapo -le recordó ella-, aquí podrías quedar atrapado para la eternidad si no vas con cuidado, ¿vale?

Este asintió, despacio, acabar ahí encerrado no parecía un gran problema, parecía un pueblecito del norte muy normal aunque el viento arreciara con ganas. Samirah se les acercó, tirando suavemente de ellos. Como valquiria sabía todas esas cosas y conocía hasta dónde podían llegar, y esperaba no haber alcanzado su objetivo demasiado tarde.

-Skadi lleva razón, pero por aquí se puede ir -comentó ella-, anda que no he sacado a algún einherjar despistado de aquí por haberse perdido de vuelta a sus cuartos en el Valhalla por haber bebido demasiado…

Los otros se rieron por aquel comentario, ella pareció relajarse un poco. Conocía bien los mitos en torno a ese lugar y no quería ponerlos a prueba, teniendo a su lado a la joven estaba segura que podría salir bien. Tomó la mano de él y comenzaron a moverse, mientras Samirah les guiaba hacia donde ella sabía que estaba la puerta de Helheim, hasta que se giraron al escuchar los chillidos del ejercito que se acercaba a las cosas del reino de los muertos. Se estremecieron un poco ante la imagen de tantos drakkars y de los dos dioses avanzando hacia cerca de donde estaban ellos, pero no parecían haberse dado cuenta que ellos estaban allí, comprendiendo entonces que estaban también por sus compañeros, tal y como Sif dijo.

-¡Démonos prisas, tórtolos!

Erik desearía poder ser tan veloz como aquellas bestias sobre las que había montado rato antes, junto a Skadi, cuya mirada sorprendida hizo que el otro no entendiera muy bien qué pasaba hasta que se fijo en que su punto de vista había subido considerablemente. Cuando quiso darse cuenta era un bello ejemplar de esa especie mezcla de oso y lobo, aunque no entendía muy bien la razón. Las dos mujeres, en cambio, se subieron a su grupa sin pensarlo demasiado, comenzando él a correr a toda velocidad y mucho más deprisa de lo que cualquiera de esas bestias pudiera hacer, logrando surcar los fuertes vientos de Hel como si fuera lo más normal del mundo para él.

Pudieron ver al enorme perro Garm, tirado al lado de una gran puerta de piedra en medio del campo y cruzada por un camino de tierra, aunque no veían nada más que separa ambos lados más allá de la propia puerta, y que ni goznes o madera tenía. Pudieron fijarse en las runas que adornaban su parte superior y que formaban un mensaje, Skadi no pudo leerlo apropiadamente hasta que no se detuvieron; el perro gigante ni se movió de donde estaba, sólo abrió un ojo para comprobar quién había llegado, olisqueó algo a Erik, bostezó y siguió dormitando como hasta entonces.

-A esto lo llamo yo un perro guardián…

-Creo que es porque le recordamos al olor de gente que ya pasó por aquí… -murmuró Samirah-, ¿tú qué piensas, Skadi?

Esta estaba demasiado atenta leyendo la efigie superior. Era un arco bellamente decorado con las imágenes de Hela, las nornas, Odín, Baldr y Freyja. Tenía hojas de hiedras, de espadas, lanzas, y tallas sobre el gran árbol del mundo, Yggdrasil. Suspiró un poco.

-La entrada a Helheim, el hogar de los muertos -leía la diosa-. Tu descanso o sufrimiento eterno, sólo tú sabes cual te mereces. Pasa y acepta tu destino.

-Joder, qué alegre -comentó Samirah-. Vosotros… no sé si debéis entrar, pero por ahí viene el ejercito de Odín, y…

-¿Tú puedes entrar y salir con seguridad?

Samirah la miró unos segundos antes de responder. La diosa no parecía demasiado convencida, pero si entraban nada les garantizaba volver. Ella, como valquiria, sí tenía esa capacidad… al menos en teoría, nunca se había intentado antes en realidad, y si Hela podía, ¿por qué ella no? Que fuera la ama y señora de aquel reino no tenía por qué ser la razón de ello. Suspirando, se armó de valor y se dirigió hacia la puerta, apretando algo los puños y penetrando a la parte más profunda de aquel lugar, esperando que no se fuera a arrepentir de la decisión.

Según pasó por la puerta se encontró con una estampa bastante diferente: el césped pasó a ser nieve, de hecho había una suave ventisca provocada por la torrencial lluvia helada sumada al intenso viento congelado del reino; no así los ríos, lagos y el mar que había en las cercanías. De las casas seguía saliendo un humo algo denso, se podían ver las fogatas encendidas no sólo en las viviendas, también en los altos hornos de los enanos que por allí estaban. A lo lejos podía ver la casa de la diosa, un edificio de piedra con enredaderas, un gran portón y un par de pisos de alturas, nada espectacular al contrario que las edificaciones de Asgard a las que ella estaba acostumbradas.

Se echó a volar en ese momento rápidamente, queriendo llegar cuanto antes a su destino, si antes escuchaba todo el estruendo del enemigo, ahora este se había ahogado con el ruido del viento. No pensó en ello, tenía cosas más apremiantes que hacer, así que voló a toda prisa hacia la morada de Hela. Esta había entrado también con los einherjar a su castillo, unos cuanto minutos antes, tras recorrer el camino que separaba la puerta de entrada y la edificación. En el trayecto notaron que había muchas más casas según se acercaban, llegando a formarse un amplio poblado muy pintoresco y lleno de… "vida". Los espíritus iban y venían, charlando entre ellos animadamente, trabajando y actuando como lo harían en vida.

-Me esperaba algo mucho más… siniestro.

Ese comentario de T.J. hizo que la diosa se riera un poco.

-Eso lo veréis cuando pasemos más al norte, esta es la costa sur de mi mundo…

-¿A más al norte, peor?

A la pregunta de Alex, Hela asintió.

-Exacto -respondió-. La primera vez que llegué me encontré con un lugar yermo, las almas estaban vagando sin nada que hacer, y… les propuse esto -explicó, mientras de vez en cuando saludaba a las almas-. No me parecía un destino adecuado para gente común y corriente, al final la mayoría era gente normal que no se merecían estar aquí, sin hacer nada por toda la eternidad.

-¿Y los malos?

-En la costa norte, Mallory -la diosa sonrió macabramente-. Esa gente sí que se lo pasaba bien, hasta que llegué yo, claro…

Los chicos se estremecieron por esa declaración. No dudaban de que los castigos de ella fueran más que adecuados, así que rápidamente le quitaron a la diosa de la cabeza. Llegaron eventualmente y tras cruzar un puente de piedra sobre un amplio río a la fortaleza de Hela, que se bajó con agilidad del carromato, seguida por todos los demás.

-Fue un placer traerla, señora -Fjorn ya se estaba dando la vuelta cuando ella le dejó un saco pequeño al lado-. ¡No hacía falta, mi señora!

-¡Así le consigues algo interesante a Brunilda!

El aludido se limitó a gruñir y soltar improperios en una antiquísima lengua que nadie más que Hela entendió, pero ni caso le hizo. Procedió a acariciar suavemente la puerta, de su boca salían palabras en nórdico antiguo con la misma facilidad que cualquiera de ellos hablaba su propia lengua, y la madera se empezó a iluminar del mismo tono verdoso que lo imbuía todo por allí. Mostraron a la diosa junto a Garm, a un elfo, un enano, un hombre, una valquiria y una gigante y una lanza cruzada con una espada y de base un martillo. La había visto tantas veces que no le dio importancia en absoluto, pero sí el grupito de héroes, que se sintieron algo nerviosos con aquello.

-No seáis tímidos, sois más que bienvenidos, chicos.

Entró al edificio, seguida por todos los demás, cuando escucharon un cercano aleteo. Cuando se giraron se encontraron con Samirah, la única de todos los presentes que no estaba imbuida por el resplandor verdoso de aquel mundo, de hecho estaba rodeada de una luz parecida a dorada, unas runas aparecían en su piel en esos momentos. Hela la observó detenidamente unos instantes que se hicieron eternos para todos ellos, y, tomándola del brazo y con una suave sonrisa, procedió a entrar con ella.

-¿Te manda Odín, querida?

Antes de que ella pudiera responder, intervino Magnus.

-¡Es Samirah, es una amiga!

Los demás comenzaron a decir lo mismo, pero Hela no les prestó atención, centrándose en la recién llegada. Notando eso, esta comenzó a responder.

-No, vengo por mi propia voluntad, soy amiga de ellos -aseguró-, estoy en su mismo equipo -aseguró-. Yo estoy de protectora de Baldr por órdenes de Nanna.

Le mostró entonces el colgante que la diosa le había dado para ponerla bajo sus órdenes, y Hela sonrió satisfecha.

-Sí, si ella te dio ese colgante es porque ella confía en ti -comentó, acercándose algo a la mujer-. Dime, ¿cómo tienes el valor de venir hasta aquí, sabiendo que es probable que no puedas volver?

La aludida prefería ni pensar en eso, y sabiendo que los demás habían escuchado, prefirió limitarse a responder.

-Porque mis amigos estaban aquí, y hay que sacarlos de aquí antes de que Odín y su enorme ejército llegue -explicó-. Les perdí en una ocasión, no volverá a suceder.

La otra la miró con cierta satisfacción, pero negó un poco.

-No podrá hacerlo, porque su nueva ama seré yo hoy mismo -respondió-, para eso estamos aquí, no sé si lo sabías.

Obviamente lo desconocía, y la sorpresa que le provocó se mostró en su cara. Se disponía a hablar cuando Hela posó su mano en su pecho y un fuerte destello verde la expulsó de allí, las falanges de los dedos de la diosa aún brillaban cuando se dio la vuelta para seguir andando por su fortaleza. La valquiria apareció de nuevo en la puerta, lanzada hacia la hierba en la que cayó como un saco de patatas a un par de metros de allí, levantándose de inmediato para la sorpresa de los otros dos.

-¿Estás bien?

Erik parecía preocupado, pero Samirah se limitó a suspirar pesadamente.

-Sí, y los demás también, pero… -golpeó el suelo con un puño- Espero que no vayan a hacer ninguna tontería.

La suerte estaba echada, más cuando vieron que los primeros drakkars enemigos llegaron a la costa, los einherjar de Odín habían llegado, mientras el dios, montado sobre su corcel, salió del agua congelada justo debajo de los cascos del animal, mostrando una imagen de poder que asustaría a cualquiera. Estaban en problemas como tuvieran que enfrentarse a todos ellos…

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Por la niebla corrían Baldr, sosteniendo a un nervioso Blizten que no dejaba de chillarle a Loki. Este les había perdido llegado un momento, se movía silenciosamente con la agilidad de un gato al desconocer dónde estaban. Seguramente en el espacio existente entre los diferentes reinos, aunque aquello olía a Midgard con fuerza, pero prefería no jugársela. Habían dejado atrás al elfo, que se había quedado quieto aún en las aguas de aquel lago a los pies del árbol del mundo, acabando a un par de metros bajo el agua. No era un lago especialmente profundo o frío, no había nada vivo más que él ahí dentro… empezó entonces a brillar con un tenue resplandor azulado, en su piel comenzaron a formarse las diferentes runas y sus ojos brillaron un poco.

Aquello duró durante su ascenso fuera del agua, sobre la que se posó eventualmente con gracilidad, pero según salió se derrumbó en la tierra, tosiendo con ganas y vomitando agua, intentando tragar aire con nerviosismo, las bocanadas se fueron calmando con el pasar de los minutos, ya colocado de lado.

No se atrevió a sentarse e intentar moverse hasta pasados unos minutos, tras calmar la respiración y los latidos de su corazón. Se observó a sí mismo, seguía sin poder escuchar pero ahora era más consciente de sus alrededores que nunca, como si pudiera sentir de otra manera… era muy raro para él, su cerebro se atoraba con tanta información de golpe, pero se intentó calmar al recordar que sus amigos necesitaban de su ayuda cuanto antes, no podía andar de zángano.

Por eso, según se sintió listo para seguir adelante, comenzó a andar para seguir a los demás, deseando poder llegar con los demás cuanto antes. Apenas recorrió unos pocos metros dentro de la niebla cuando se dio de bruces con el barbudo rostro de Blizten, que le miró con sorpresa unos segundos y con los ojos bien abiertos, hasta que comenzó a chillar, haciendo que Baldr diera un respingo donde estaba, nervioso.

-¡Hearthstone! ¡Estás bien!

El aludido asintió, con ganas, pero ni corto ni perezoso tomó de la mano a los otros dos, y comenzó a correr dentro de la niebla en una dirección totalmente diferente a la que habían seguido los otros dos momentos antes, pero no duró demasiado, pues rápidamente el frío e intenso viento que rugía allí donde habían llegado retiró la neblina.

Por su parte, Loki eventualmente llegó de vuelta al campamento del que había salido, manteniendo en todo momento una apariencia calmada y despreocupada, como si todo lo tuviera en orden. No tardó demasiado en encontrar a los griegos que, para variar, estaban en una nueva discusión, así que se limitó a sentarse junto a una cansada Artemisa, que se apoyaba desganada sobre una mano.

-¿De qué es el pleito esta vez?

-Dice Atenea que tenemos que esperar para atacar -comentó ella-. Ares y Apolo no están de acuerdo y ella se está calentando muchísimo.

Sorprendido por esas expresiones, Loki miró a los aludidos que, efectivamente, parecían estar bastante cabreados en ese momento. Las cazadoras cercanas se limitaban a escuchar con atención, murmurando de vez en cuando al oído de las amazonas, que aguantaban la risa por las ocurrencias de sus compañeras. Parecía que las aguas se calmaban, hasta que escucharon un bofetón de parte de Atenea a su hermano, que también le dio un sonoro puñetazo en la nariz. Saliendo como una exhalación, el dios de la guerra tomó su casco, sacó su espada, y comenzó a gritar.

¡Amazonas de Temiscira! -chilló- ¡Preparaos para luchar, vamos a por esos traidores a los dioses que se atreven a desafiar el poder del Olimpo!

Las aludidas se movieron rápidamente por el campamento, y Artemisa comprobó que Apolo también iba a por sus cosas, decidido a luchar, su arco ya estaba a su espalda y con el carcaj al hombro. Atenea, aunque aún cabrada, tomó su escudo y lanza, murmurando toda clase de insultos hacia sus dos hermanos para sorpresa de Loki, que se recostó de lado, interesado.

-¿Tú no ayudas, norteño?

El aludido miró con diversión hacia Apolo, que se interpuso entre la mirada de este y su hermana. Loki se limitó a negar suavemente.

-Esa niebla es impenetrable, muchachos -comentó-, ni yo pude hacerlo, y eso que soy un gran mago…

-Eso es que no te esforzaste lo suficiente…

En pocos minutos el ejercito al completo estaba listo. Aunque no todos estaban de acuerdo con aquello, se pusieron en formación las amazonas en el medio, ataviadas con escudos y espadas de oro imperial, con protecciones en el pecho, estómago, antebrazos y muslos. Las cazadoras de artemisa portaban sus uniformes con falda de cuero y una armadura fina y plateada. Había arqueras entre ellas, mientras sus demás compañeras únicamente llevaban una espada, sin nada con lo que defenderse. Al frente de aquel gran grupo de más de doscientas guerreras estaban Ares, Apolo y Artemisa, mientras Atenea estaba detrás de esa línea con cara de pocos amigos.

Loki les observó avanzar a toda prisa hacia la niebla, los cuatro dioses usaban su poder para abrir un camino hacia el poblado enemigo, dispuestos a tomarles, se necesitara lo que se necesitara. Poco a poco la niebla fue retrocediendo y formando un pasillo lo bastante acho para poder avanzar todos, encontrándose, eventualmente, con la empalizada de madera que les separaba del enemigo.

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(1)

La mitología celta aquí incluida es bastante compleja aunque poco ha sobrevivido hasta nuestros días, aquí se da una visión algo simplificada que, con el tiempo, se irá perfilando.

Hasta aquí el capítulo de hoy, espero que os haya gustado, y que apoyéis este fanfic. Ni Percy Jackson ni ninguno de los personajes de las sagas de Rick Riordan me pertenecen. ¡Dicho esto, que la inspiración os acompañe!