Enemigo primordial
Capítulo 41
Los einherjard de Odín llegaron hasta la costa de Helheim al fin, cayendo al suelo con la gracilidad de un trozo de acero. Hacían mucho ruido con sus pesados movimientos, gruñían y hacían chocar los metales de sus armas con sus protecciones; e iba a más cuando se le sumaba el agua que movían con las piernas. Los dos dioses del grupo también alcanzaron la costa, con más gracilidad que sus huestes avanzaron por la arena hasta la zona de césped, desde donde otearon el horizonte. A pesar de todo seguían oliendo a serpiente y vísceras, tras derrotar a una de aquellas enormes bestias las otras abandonaron el combate, aunque estaba claro que no habían eliminado del todo a la caída. Sólo la habían dejado fuera de combate por un tiempo, pronto volvería a la acción, coincidiendo con su retorno a Valhalla.
-Hay que ir a por esos muchachos, pero… -el Allfather puso mala cara- Están en el reino de Hell, allí mis einherjar pueden dejar de obedecerme…
Iba a seguir, cuando Thor señaló al frente y le interrumpió.
-¿No es esa Skadi, y el chaval griego?
Su padre le miró con mala expresión, pero cuando llevó allí su único ojo, comprobó que su hijo llevaba toda la razón. Esos dos diocesillos estaban a las puertas, sin llegar a pasar, acompañados de esa valquiria traidora. Decidió que era el momento de demostrar por qué era el rey de los dioses del norte, de recordar que él es el mayor guerrero nórdico, el Padre de Todos, rey de Asgard y señor del salón del Valhalla.
-Thor… lleva a los einherjar por los lados, yo iré al frente -le indicó-. Lucharé contra ellos a solas, hace tiempo que le tengo ganas a esa jotun…
El otro asintió, recordando la vez que ella venció a su padre en tragar hidromiel en una de esas noches que se habían complicado. Le sentó tan mal la derrota que casi provocó una guerra, pero ahora podrían luchar sin miedo a represalias. Sacó su lanza, Gugnir, que brilló con la intensidad del Sol cuando la escasa luz tocó su metal. Era larga como un hombre, bellamente ornamentada por runas a lo largo de la madera que servía de mango, con la punta hecha de acero asgardiano, un material equivalente al oro imperial o el bronce celestial. Emitía una magia muy potente y que sólo respondía a sus palabras, hechizos salían de su boca mientras avanzaba, cada vez más deprisa, llegó a correr a los pocos metro, gritando en nórdico antiguo.
Los otros dos se dieron cuenta de ello, estaban observando la llegada del enemigo y Odín resaltaba mucho entre ellos por lo desgarbada de su figura. Se prepararon para la lucha que, seguro, les aguardaba, separándose un poco. Antes de que él pudiera reaccionar, Skadi hizo un veloz movimiento con sus manos, en las que apareció una espada del mismo material del arma de su enemigo.
Hizo un largo tajo en el aire, se generó un haz de energía que voló directo hacia el dios, que lo esquivó con un salto, momento en que enarboló su lanza y la hizo volar hacia la diosa, que también evitó el ataque, aunque este iba dirigido a los pies. Skadi trató de tomar el arma, pero cuando fue a tocarla una descarga de energía la lanzó hacia atrás un par de metros. Gugnir se desprendió de la tierra y volvió a la mano de su amo en un instante, lo bastante rápido para que él la interpusiera cuando recibió el segundo ataque de la diosa, esa vez los metales sí chocaron entre sí, haciendo saltar chispas multicolor.
Odín movió sus labios, y del suelo nacieron grandes enredaderas que se asieron a las piernas de ella, que quedó atrapada al terreno. Cuando se disponía a liberarse, Skadi fue golpeada por una esfera de energía en el estómago, y que la dejó adolorida. Sin embargo, Erik intervino: rodeado de un aura dorada, tomó las enredaderas y las destruyó con una potente explosión de poder, cuando cayó la diosa él la tomó en brazos y la observó unos segundos, aunque la dejó en el suelo al momento.
Odín les observó, serio, y procedió a atacar de nuevo, mientras observaba que sus einherjar se colocaban en posición en torno a ellos. Skadi se dio cuenta del gesto del dios, así que se elevó en el aire mientras Erik detenía con las manos desnudas la lanza del enemigo. Ella voló, transformada en un bello halcón blanco, y comprobó la trampa que querían ponerles. Rodeada de su energía, comenzó a hacer rugir los vientos de Hellheim, ya violentos de por sí, formando de esta forma una intensa ventisca en apenas un minuto. La nieve y el hielo golpeaba al enemigo, impidiendo su visión, nadie podía escuchar nada tampoco por las furibundas rachas heladas.
Skadi dio varias vueltas en torno a los einherjar, la ventisca iba en aumento con cada aleteo y se intensificaba cuando de sus alas y boca emanaba más hielo. Sin embargo, unos rayos por encima de ella la alertaron de la presencia del segundo dios enemigo, y pudo esquivar por poco el golpe que iba directo hacia ella. El martillo de Thor voló de vuelta hacia donde ella intentaba recuperar la posición y golpeó su cuerpo a la vez que liberaba grandes descargas eléctricas, derribando a la diosa.
Erik se dio cuenta de ello, pero estaba demasiado ocupado con Odín, cuya magia rúnica le envolvía como una manta de un poder inmenso. Ya hacía tiempo que la lanza había acabado varios metros lejos de ellos, se habían dedicado a tomarse desde las manos, apretando con intensidad y empujando al otro, o lanzándole puñetazos o patadas.
El nórdico no se había sentido así de vivo en una buena temporada; siempre había usado su arma para acabar con cualquier cosa, ese dios era el primero que le plantaba cara de esa manera. Era una lástima que tuviera que enviarle a la muerte allí mismo, pues era un guerrero bastante bueno, pero se notaba que tenía carencias. Pudo dominarle en los pocos lances que habían realizado, pero no llegó a herirle, no hubiera sido honroso. Por ello se limitó a golpearle, y aunque él recibió algún que otro porrazo, claramente el que más tuvo que aguantar fue el joven.
Este ya tenía algún que otro moratón, y aunque su magia ya comenzaba a curarle de forma natural, la de Odín hacía que fuera todo mucho más lento. Pero Erik no se daría por vencido tan fácilmente, le habían dicho muchas veces que no valía… estaba acostumbrado a los palos de la vida, y ese viejo no iba a pasarle por encima así como así. Además, tantas veces que le habían explicado que era otro dios le habían acabado convenciendo de ello. Verse a sí mismo usar sus poderes afianzó esa creencia, y si de verdad era hijo de Zeus… Sí, no se dejaría vencer.
Odín le vio rodearse de su energía dorada instantes después, despidiendo una magia que le abrumó. Pero sólo era potencia, sin control alguno, por lo que, elevando su lanza desató una furiosa tormenta con intensos vendavales. Eso bastó para mandar a volar al otro, y, al juntarse ambos frentes, Skadi siguió su mismo destino. No pudieron controlar demasiado bien su dirección, de hecho acabaron cruzando juntos las puertas de Helheim. Incluso Samirah, que en todo momento se quedó atrás por saberse inútil con aquello, entró también al reino de los muertos.
-¿Qué haremos ahora, padre?
Allfather detuvo de inmediato la enorme tormenta, y dio un par de pasos adelante. El reino de Hela había quedado bastante intacto pese a todo, sin embargo varias casas habían acabado derrumbadas, pero se fueron reconstruyendo cuando todo terminó. Los einherjar se removieron algo nerviosos, haciendo caso a su amo habían hecho un círculo en torno a los dos enemigos, pero no pudieron evitar que pasaran la puerta. Estaban demasiado en alto en ese momento, y sin embargo varios relámpagos impactaron en unos cuantos soldados. Cayeron en el acto, hechos ceniza, y estaban seguros que ese accidente no sería nada a comparación con el castigo por parte de Odín.
Este, sin embargo, suspiró suavemente. Pese a haber recorrido una buena distancia, aún quedaba un largo tramo hasta donde se encontraba el gran perro Gram, que se había quedado sentado en frente de las puertas. El camino que discurría hasta allí era recorrido por las almas pese al combate que acababa de terminar, aquellas que habían volado por los aires ya estaban volviendo también al sendero del que no tuvieron que salir.
-Esto sólo ha comenzado, muchachos -elevó su voz con potencia-. Ahora tenemos que entrar a Helheim, el reino de la muerte, y tomarlo si hace falta… ¡¿Estáis conmigo?!
Un fuerte aullido colectivo le confirmó lo que ya pensaba, y es que sus guerreros estarían con él hasta la muerte, bueno, sus muertes. Como dios era inmortal y no moriría nunca, no sería como su débil hijo. Recordó un detalle en aquella valquiria, tendría que verla de nuevo para confirmar su teoría.
-Padre, ¿es seguro entrar hasta el final?
Odín no llegó a responder, y se limitó a avanzar. En pocos minutos lo sabrían, y si no podían salir, al menos salvarían el reinado de los aesir y olímpicos por igual.
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En lo profundo del inframundo nórdico, a kilómetros de sus entradas, y tras cruzar largos senderos de piedra y tierra; en el hogar de la diosa de la muerte, el pequeño grupo de héroes se encontraba tomando una jarra de hidromiel. Las enredaderas del exterior provenían de dentro del edificio, bien decorado con tallas en madera y piedra. La temperatura era agradable y un fuego verdoso alumbraba todo el interior, siendo las ventanas más altas hermosas vidrieras multicolor, mientras que las inferiores permitían ver el pueblo que rodeaba el edificio.
Eran casas de, como mucho, dos plantas de alto; de piedra y madera, sus techos de paja a veces dejaban pasar el suave humo de las chimeneas, que era rápidamente disuelto por la perenne ventolera que allí había. Las almas iban y venían haciendo vida totalmente normal, incluyendo la de los hospitalarios y serviciales humanos que trabajaban directamente para la diosa. Esta se encontraba sentada en un sillón de madera oscura en el extremo de la mesa, junto a varios montículos de papeles y una pluma de ave color rojo colocada con cuidado sobre un recipiente con tinta del mismo color.
El resto estaba a su derecha e izquierda, colocados en sendas sillas del mismo material pero menos trabajadas; y aún así, se encontraban bastante cómodos, tomando alguna que otra vianda que sus huéspedes trajeron nada más entrar. Sintieron cierto temor al ver expulsada a Samirah, pero la diosa no parecía contrariada con ellos, ni hizo amago de ir a atacar o recriminarles nada. Se limitó a entrar al edificio y a servirles, sin comentar nada de especial relevancia en todo el rato que llevaban allí.
-Odín y Thor han desembarcado en nuestras cosas y están creando una gran tormenta -comentó de pronto, tras firmar un documento-. Se creerán que no les noto, o sí, con ellos nunca se sabe…
Se levantó y bebió de su copa casi de un trago, entregándole a uno de los siervos el papel, que recibió con una suave inclinación. Según salió por la puerta, los demás se miraron con algo de nerviosismo.
-¿Y qué podemos hacer? -se quejó Mallory- Creía que estábamos en una misión urgente, y aquí estamos, casi comiendo pastas con té.
A la diosa no le pasó por alto su enfado, pero lo obvió. Le bastó con ver a los demás recriminarle con la mirada su poca consideración.
-Es cierto, tenéis que ponernos bajo mi custodia, y eliminar el poder de Odín sobre vosotros -se acercó hasta T.J, al que puso las manos en los hombros-. Sólo así él no podrá obligaros a nada de nuevo usando su magia…
-No sé hasta que punto debemos estar bajo tu poder, teniendo en cuenta tus alianzas con Loki -comentó Alex, mientras se levantaba-. Pero por ahora no has sido traicionera… cosa que no puedo decir de mi padre.
-Loki es un enemigo poderoso, bueno, todos nuestros enemigos lo son ahora… -dijo Magnus, nervioso- Encima tienen mi espada, ahora os soy totalmente inútil…
-¡No digas tonterías! -exclamó Medionacido- No eres fuerte sólo por tu espada, tienes buenos poderes también…
-Sí, dejar al resto desarmado mola -coincidió Mallory-. Además, siempre puedes tener otra espada, no solo está Jack, tío.
-Una espada saca otra espada, ¿no? -bromeó Alex, divertida- Estás más guapo cuando sonríes.
El aludido dejó esa expresión a un lado para sonrojarse un poco, mientras la diosa sonreía algo complacida.
-El caso es que necesitamos esas armas para enfrentarnos a Caos, ¿recordáis? -acabó diciendo él, tras reunir valor-. Y a más aliados tengamos mejor, me da igual que sean hijos… o hijas de Loki.
-Samirah también lo es, cierto…
Antes de que Mallory pudiera decir nada más, Hela se acercó hasta una de las ventanas.
-De hecho, este se ha aliado con vuestros enemigos griegos -comentó Hela-. Siempre se junta con el Sol que mejor calienta según sus intereses… ¿verdad, Skadi?
Hubo un tenso silencio hasta que, un par de minutos más tarde, aparecieron un par de aves en las cercanías, y detrás de estos, Samirah. Uno de los animales se golpeó contra el cristal y acabó entrando a las bravas, mientras el otro se posaba delicadamente en la mesa, y tras estas, la valquiria se sentó en la cercana mesa, acalorada.
-Qué paliza les han dado…
-¡Habla por ti, valquiria! -Skadi recuperó su forma habitual, brillaba algo en verde- ¡Ni siquiera has luchado contra los einherjar de Odín! -bufó un poco- Aunque hiciste bien, eran demasiados, hubieran acabado contigo…
Erik también volvió en sí, aunque con algo de dificultad. Anduvo hacia ellos, tras recuperarse del golpe, y suspiró algo. Le vieron algo magullado, pero parecía bastante entero al menos. Se estiró un poco mientras se recuperaba usando su magia, aunque se sentía algo más débil de lo habitual.
-Es verdad, no tenéis poder para luchar contra el Allfather, no ahora -les espetó Hela-. Huir era vuestra mejor opción en estos momentos, bastante habéis aguantado.
Los otros dos se miraron, aunque no quisieran aceptarlo así era. Se giraron al escuchar tronar al fondo, les llegó el olor a llovizna y los vientos cambiaron de dirección, pero nadie se intimidó en absoluto. Parecían sentirse muy seguros allí, incluso las almas del pueblo estaban en total calma, se fijaron al mirar al exterior.
-Teníamos que ir al norte, ¿verdad?
A la pregunta de Mallory, ella asintió. Fue hacia la cercana biblioteca, donde había muchas estanterías de madera bien pulida con bellas ornamentaciones similares a las de la entrada de Helheim. Millones de libros engalanaban las paredes, extendiéndose los pasillos más allá de donde llegaba la vista, pero no fueron hacia ninguno de ellos; en su lugar, Hela fue hacia una de las paredes enfrente de la entrada de la sala, y cuya estantería tenía una parte cortada, dejando ver así una parte de la pared… decorada por unos guanteletes de un bello metal verdoso. Finamente decorados con esmeraldas, la parte de los dedos estaban quitadas, y se observaban runas en ambas caras de cada guante, y que aparentaba más ser de tela que de otro material. Junto a estos, una espada y un arco, que también tomó.
Según ella se preparaba, apareció un sirviente elfo con una mochila de tela blanca que se colocó a la espalda, y le sonrió un poco. Tras despedirse del mismo en una antiquísima lengua nórdica, les encaró, sonriendo. Les revisó unos segundos a cada uno, pensativa, y se encaminó a otro corredor.
-Seguro que Odín entrará hasta aquí con sus soldados, en ese momento serán, como vosotros, en especial vulnerables -explicó la diosa-. Tendremos que hacer el ritual de desvinculación en las tierras altas de mi reino, más allá de los glaciares, será una travesía larga, y necesitaréis armas.
-Tú eres la diosa de aquí -comentó Skadi-. ¿Las criaturas de tu reino no te respetan?
-Esto es el infierno, querida compañera -le espetó-. Aquí nada respeta a nada, aunque a mi me teman a vosotros no, y tendréis que defenderos si no estoy cerca.
-¿Y por qué tendríamos que perderte de vista?
-Los vientos de aquí son traicioneros -respondió-. Verás, T.J, todo lo que nos encontraremos a partir de la salida de este pueblo os querrá destruir, por eso allí sólo van las almas de los peores… pero como las almas son eternas, no les pasa nada más allá de un gran sufrimiento.
-Pero nosotros estamos vivos… -comprendió Mallory- Bueno, ya me entiendes, si aquí nos destruyen…
-Vuestras almas serán destruidas, sí -murmuró Skadi-. Erik y yo somos inmortales, igual que Hela, y no nos atacarían… pero con vosotros es otro asunto.
-Igualmente podemos caer, jotun -le espetó la otra-. Podemos morir, mira si no a Baldr… ¿Qué tal está él, por cierto?
La aludida puso mala cara, seguía sin fiarse de la diosa, pero ahora parecía ser su aliada. Y hablaba desde la verdad, aún existía la pequeña posibilidad de perecer, pero era improbable. Dudaba que hubiera nada lo bastante fuerte allí para poder acabar con ella. Erik, por otro lado, parecía algo nervioso por la idea de igual tener que enfrentarse a alguna bestia gigante, si ya lo había pasado mal con lo que había enfrentado hasta ahora, que no dejaban de ser criaturas inteligentes… Tener delante a una fiera pintaba ser aterrador. Skadi le reconfortó con un suave abrazo por detrás, llegándole a dar un beso en la mejilla.
Hela se limitó a observar aquello, y tras pasar una última estantería, llegó hasta una nuev pared, donde había varias espadas, lanzas, escudos y martillos de guerra. Hachas a los lados, junto a arcos y puñales completaban el armamento, emanaban una magia verdosa intensa, eran armas propias de Helheim.
-Elegid con cuidado, chicos…
Así, cada uno fue revisando el armamento con interés. Mientras observaba con interés una de las hachas, el colgante de Samirah comenzó a brillar suavemente con una luz dorada, y desapareció de allí en un haz que voló de vuelta a la costa, pero una diferente a la que habían hecho el desembarco Odín y su gente; en su lugar, fue hacia el oeste, sorprendiendo a todos, aunque las dos diosas creían saber qué era lo que pasaba… y la valquiria, en el fondo, también.
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Por su parte, Hearthstone, tirando de Baldr y Blizten con fuerza, cruzó la densa niebla de nuevo tan rápido como pudo, pero esta fue retirada instantes después por una intensa ventisca. En cuanto sintió el ambiente, el dios supo perfectamente dónde estaban, se sorprendió de estar en aquel lugar nuevamente, pero claramente había retornado a Helheim gracias al elfo.
-Oye, Hearths… -comenzó Blizten entonces, abrazándose a sí mismo- ¿Estás bien de verdad?
-Sí… ahora puedo sentir mucho más -sus labios no se movían cuando hablaba-. No escucho el mundo, pero sí… "escucho", es raro…
-Te bañaste en las aguas del lago de Mimir, es normal que hayas cambiado mucho -tomó su mano con delicadeza, observando su piel-. Mi padre sólo bebió de sus aguas y adquirió una enorme sabiduría, tú que te has metido hasta el fondo…
-Creo que es un milagro que esté vivo, ahora que lo pienso -reconoció él-. Pero era mi objetivo, ahora sí me siento capaz de enfrentar a Odín.
-Pues puede que ahora puedas ponerlo en práctica, ¡mirad!
Blizten señaló hacia el frente, vieron acercarse a gran velocidad una estela dorada que se posó frente a ellos. Unas alas emplumadas doradas dejaron paso a Samirah, que, en posición inclinada, se colocó frente a Baldr, que la reconoció de inmediato. La ayudó a incorporarse, sonriendo, los otros dos se fijaron en ella con cierta sorpresa.
-¡Samirah! -ella les sonrió- ¿Cómo tú por aquí? ¿Qué pasó?
-Estaba con el resto del grupo con… Hela -suspiró algo-. Tu presencia me atrajo hasta aquí… Os veo bien, ¿lograste al final tu misión, Hearths?
Este asintió, sonriendo un poco, alzando el dedo pulgar.
-Sí, ahora me siento seguro para luchar contra Odín -le reconoció-. Pero me parece que eso tardará, ¿no?
-No os creáis, él está ahora aquí, ha venido a por los demás, quiere acabar con nosotros -les dijo, seria-. Hela nos está ayudando para desvincularnos de él, es la única forma de obtener las armas.
Baldr asintió, consciente de todo eso.
-Lo sé, muchas gracias por todo, Samirah -le sonrió amable, ella se sonrojó algo-. Primero, reunámonos con Hela, tenía una buena relación con ella cuando estaba aquí.
Juntos, los cuatro se encaminaron hacia el hogar de la diosa. Se dieron cuenta rápido que sería mejor ir volando, así que ella extendió sus alas, tomando a Bizten en brazos. Cuando Baldr se disponía a hacer lo mismo con el elfo, este se retiró un par de pasos, y se concentró. Cerró los ojos, suspiró pesadamente, e hizo un suave movimiento con las manos, pasando de esa forma a obtener la forma de un gorrión. El otro sonrió con cierta diversión y le imitó, emprendiendo ambos el vuelo hacia Samirah, que se desplazaba a cientos de metros por encima del suelo. El viento removía su pelo, así como sus prendas, se sentía libre y fuerte así, amaba volar y por eso se hizo valquiria, porque así podía recorrer las corrientes como las aves, a las que envidió por años. Claro que ese puesto le había dado varios problemas ya, y ahora tenía uno nuevo y bastante grande… Encima se le había pasado por alto su misión de proteger a Baldr, Nanna debía saberlo.
Pensaba en ello mientras volaban hacia la residencia de Hela, desde lo alto observaron al ejercito de Odín formar en dirección a la puerta protegida por Gram, con Odín y Thor a la cabeza. Formaba el ejército de einherjars una gran columna de aguerridos soldados, al son de diversos cánticos alzaban sus emociones cada vez más, llamando la atención de algunas almas. Aquellas que iban por el sendero ni se inmutaban cuando eran atravesados por lo marchantes, sólo se giraban cuando alguno de ellos hacía aspavientos para que les dejaran pasar, como si fueran los dueños de aquello.
Eventualmente pasaron de largo de las puertas de Helheim, instante en que fueron rodeados por la energía verdosa del reino, también experimentaron el incremento de la velocidad de los vientos y el frío intenso les caló más si cabe, pero siguieron adelante. Tenían que reunirse con los demás cuanto antes, no podían enfrentar al rey de los dioses del norte en solitario. Ahora que Hearths tenía más poder mágico, según él podría vencerle, pero únicamente la presencia de Baldr evitaría la tragedia… claro que igual precisamente esta la precipitaba, nunca se sabía con él.
Mientras, de vuelta al castillo de Hela, el resto ya había seleccionado diversas armas mágicas, y ahora se preparaban para la crudeza del frío que les esperaban, tomando cada uno la respectiva mochila y un denso abrigo de piel de oso blanco, muy calentito y agradable, ideal para aquellos territorios. De hecho, según se la colocaron el viento casi dejó de aullar para ellos, y la helada constante que calaba sus huesos y les hacía tiritar cuando se quedaban quietos dejó igualmente de hacerles pasarlo tan mal.
-Bajo ningún concepto os la quitéis, aunque se mojen completamente -les avisó Hela-. Os congelaríais en pocos minutos, sobre todo cuando estemos cerca y pasados los glaciares….
-¿Y no sería mejor hacer el hechizo aquí?
Mallory comenzaba a cansarse de las bondades de aquel reino. Era todo demasiado extraño y frío por momentos, y no le agradaba demasiado, a decir verdad. Sin embargo tenían una misión que cumplir allí, al menos según la diosa del inframundo, así que la seguirían… mientras pudieran. Si les hacía una encerrona o metían en una emboscada se defenderían como pudieran y huirían de allí a toda prisa.
-Me temo que no, Mallory -le comentó la aludida-. Porque aquí no nos rodea la magia adecuada, la más poderosa de Helheim está al norte, donde el reino es más duro, sólo allí podremos.
-Qué conveniente…
Hela no hizo comentario alguno a esas palabras y se limitó a recorrer nuevamente los pasillos, esa vez al exterior. Tras cruzar unos cuantos, todos ellos iluminados por los mismos fuegos verdes y algunos ventanales y vidrieras, y con paredes decoradas con majestuosas telas verdes con diferentes motivos; llegaron hasta las cuadras. Allí descansaban sendos animales de montura: grandes caballos blancos con ojos azules y crines de fuego verdoso; osos del mismo color cuyas garras tenían el mismo tono que el pelaje del cuello de los corceles; y varias cabras de color del hielo, eran ciegas pero sus pezuñas doradas emitían un suabe brillo, emanaban también algunas runas.
-¡Diría que no estaremos a solas, mirad!
Todos miraron la dirección del dedo de Medionacido, que señalaba hacia una figura humanoide alada y que parecía estar portando algo; junto a estas, dos pequeñas aves revoloteaban con algo de dificultad, al menos una de ellas. Acabaron aterrizando en el tejado con torpeza, reconociendo entonces a dos de sus compañeros, Samirah y Blizten. Ayudaron a bajar al gorrión algo menos habilidoso, mientras el otro descendió con facilidad, transformándose en el proceso en Baldr, y que se acercó hasta la otra diosa.
-Hela… Oh, Skadi, ¿cómo estás?
Esta última le sonrió un poco y le estrechó la mano con suavidad, a la otra se limitó a inclinarse suavemente en señal de respeto.
-Has vuelto… ¿echabas de menos tu casa aquí, querido?
Este negó suavemente, miró hacia atrás entonces y comprobó que Hearthstone había recuperado su aspecto élfico, de hecho ya se acercaba junto a la valquiria y al enano. La diosa sonrió al verles llegar, y mandó a uno de los criados que por allí andaban organizando las caballerizas, que salió a realizar el encargo a cabalidad.
-No demasiado, me gusta Midgard, es más agradable el clima incluso en invierno -explicó el otro, sonriendo-. Vengo a ayudar con Odín, imagino que sentirás bastante poder en mi compañero, Hearthstone.
Este se acercó hasta donde estaban, algo nervioso, entendiendo que querían que estuviera con ellos. La diosa le observó con bastante interés, para luego posar su vista en el otro.
-Es magia extranjera la que usa, una de una fuerza comparable a las tres armas de nuestro mundo -comentó ella, con interés-. Dime, Baldr, ¿qué has estado haciendo allí fuera?
-He estado sobre todo con esto jóvenes, Skadi te lo puede confirmar -esta asintió sabrás qué tenemos qué hacer, sobre la profecía que dieron los diferentes dadores del destino de nuestros mundos.
-Así es, ahora estamos resolviendo un problema con respecto de tus amigos -le respondió-, ya sabes que muchos son einherjars de Odín, tenemos que evitar que sigan vinculados con él.
-Entiendo…
Aunque entendía la razón de ello, la idea se le hacía complicada, pero podía comprender la lógica tras el plan de Hela. Tenía sentido, a decir verdad, aunque cambiarían de dueño simplemente, lo ideal sería que no tuvieran ninguno. Claro que eso en su mundo era imposible. El ejemplo claro era Samirah, que aunque estaba ligada a Odín, también lo estaba a Freyja. Suspiró algo mientras observaba a los demás hacer sus cosas, sobre todo orientado hacia elegir una montura para salir lo más pronto posible.
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Mientras, en Noruega, el grupo que descansaba en el campamento se dio cuenta rápidamente del movimiento de tropas enemigas en torno a ellos. La niebla protectora de Erik por ahora parecía haber repelido a todos, sin embargo, no sabían cuanto duraría. Además, observaron que Apolo, Artemisa, Atenea y Loki, y ahora incluso allí estaba Ares, se habían juntado todos en un sitio concreto. Cerca de sus puertas pero en la parte exterior de la protecciones, en frente a los pórticos del campamento. Atenea portaba su escudo, la Égida, que brillaba suavemente mientras concentraba una gran cantidad de poder mágico, y que provenía de ella misma y el resto de sus compañeros. Atenea se colocó en posición, arrodillada y con el escudo en frente, y, tras centrarse, una esfera luminosa se formó en su centro; era muy brillante, y salió despedida hacia la niebla, que absorbió el golpe y estalló. Se escuchó el sonido de árboles caer, pero las defensas parecieron debilitarse, pues ya no eran tan densas.
-Otra vez, con dos o tres ataques más desaparecerá… -murmuró ella- Luego podremos atacar con todo.
Loki les miró con cierta diversión.
-Hay hijos vuestros ahí dentro casi seguro, y de otras deidades de vuestro panteón, y puede que del mío -les recordó-. ¿No tendréis problemas morales por acabar con ellos?
-Siempre se pueden tener más -comentó Apolo-. Están poniendo en jaque al Olimpo, es lo único relevante.
Loki se preguntó si esa forma de ver las cosas derivaba de él verdaderamente, o si era más el temor de recibir la ira de Zeus nuevamente y perder su divinidad por segunda vez en un mismo periodo. Puede que un poco de ambos, él diría algo similar. En todo caso, las amazonas de Temiscira de Ares y las doncellas de Artemisa lucharían codo con codo contra aquellos héroes. Era consciente que estaban luchando contra el destino, que era, por primera vez en mucho tiempo, bastante claro y meridiano.
De nuevo la diosa griega de la guerra lanzó un poderoso rayo de energía contra la niebla, acompañado de una gran descarga eléctrica que llegó desde el cielo. Zeus estaba de su lado, desde luego, pensó Augusto. Sus recuerdos comenzaban a volver cada vez más deprisa, recuperando su aspecto como vivo a la misma velocidad que estos retornaban a él. Lejos de sentirse feliz, saber su pasado le entristecía en cierta manera… ya toda su familia, amigos y gente conocida llevaba siglos en el Hades, y aunque seguro que les vio cientos de veces, no se acordaba nunca de ellos. Por otro lado, ahora estaban esos muchachos nuevos…
-Estamos bajo ataque, ahora más que nunca -comentó, mientras se acariciaba la nuca despacio-. No sé si la niebla de ese chico va a aguantar un nuevo ataque.
Estaba junto a Jasón, Frank, Percy, Annabeth, Carter, Zia y Jamily, que tenían todos sendas caras de preocupación e, incluso, miedo. Era lógico, tenían delante un ejército entero y varios dioses, aquello se iba a poner feo.
-Deberíamos retirarnos, no nos podemos enfrentar a ellos -dijo Annabeth, nerviosa-. Total, mi madre está al mando de ellos, seguro que tienen alguna estrategia genial…
-Los magos tenemos a dioses con nosotros también -comentó Zia-, pero no nos podemos comparar con verdaderos, al final sólo somos avatares.
-¿Alguna idea, además de huir? -preguntó Jamily, seria- No soy demasiado fan de ese plan, pero igual es el método necesario…
Augusto les observaba debatir entre ellos, cuando pasó su vista hacia el interior del campamento. Comprobó que la Golden de Erik, Laika, se había sentado frente a la puerta, moviendo suavemente la cola de lado a lado, con cara de cierta tristeza. Se decidió a bajar y acercarse al animal, que le miró con sus dos grandes ojos con interés, y él empezó a hablarle en un griego antiquísimo. Aurora, preparando su arma por si acaso a unos metros de allí, se dio cuenta de ello y observó con interés el proceso sin dejar de escuchar a Hazel y Flavianna.
-Creo que es hora que os mostréis, mi señora -le decía Augusto, sentándose a su lado-. Si nos quiere ayudar es el momento.
-¿Y quién dice que no lo esté haciendo, sobrino?
-Oh… entiendo -el otro sonrió un poco-. Le queda bien este aspecto, ¿se lo quedará mucho tiempo más?
-Todo el posible… -respondió, mientras se rascaba algo la oreja-. Por favor, no digas nada, esto se debe mantener en secreto, ¿vale?
-Por supuesto, mi señora -le aseguró-. ¿Lo sabe alguien más del grupo?
-No, y que así siga.
Augusto acarició su espalda con cuidado, abrazando al animal por detrás, que se apoyó en el hombre, pensativo. La visita anterior de Hermes, comprendió entonces Augusto, no había sido casual, como tampoco su breve encuentro con Laika. El mensajero había entendido bien el mensaje y más que nunca usaba sus dotes de convicción para lograr que más dioses les ayudaran. Hestia sólo deseaba que así fuera cuanto antes. Se levantó en un momento dado, y, con agilidad, superó las maderas que servían de empalizada y logró saltar al otro lado, comenzando a correr nada más aterrizar y recorriendo fácilmente la niebla. Y al mismo tiempo, se escuchó el sonido del metal golpear el metal, así como cientos de pasos y el relinchar de caballos avanzar justo detrás de ella…
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Mientras todo esto sucedía, en el Olimpo, Juno charlaba junto a Belona en los jardines de su palacio en la morada de los dioses. Se habían sentado en un banco de madera bastante cómodo con sendas copas de ambrosía, la diosa legionaria había dejado su casco y armadura a un lado junto a sus armas en señal de respeto a su soberana, y que le había explicado, con todo lujo de detalles, la situación hasta entonces. Se colocó la ropa, consistente en una camiseta blanca de manga corta y unos leggins algo ajustados color rojo, pensativa, ante la divertida mirada de la otra.
-Entiendo, mi señora, que buscáis aliados en este nuevo conflicto -ella ya sabía de su existencia-. No sé si podré ayudarla como usted desea, no podía compararme con sus hijos con el rey Júpiter.
Sin embargo, la otra negó un poco.
-No necesito tanto de tu poder, sino de tus medios.
Le mostró en su ambrosía las imágenes de lo que sucedía, en tiempo real, en el campamento improvisado en Noruega. Belona puso mala cara, reconociendo a varios de sus oficiales de Campamento Júpiter. Sabía que estaban involucrados, le habían rezado para pedir su suerte y bendición, pero no que estaban en tan mala situación.
-Les matarán a todos… -murmuró, mientras apretaba su copa- ¿Piensa Júpiter permitir esto?
-¿No has visto caer los rayos? -le preguntó la otra- No sólo no lo evita, es que desea que suceda… -suspiró algo- Siempre fue un tirano, pero ahora su locura está yendo a más, como le pasó primero a su abuelo y luego a su padre.
-¿Habla de Uranus?
-Efectivamente, y de Cronus… -los nombres a veces la confundían, pero duraba poco-. Ahora puede que tengamos un nuevo rey.
-Así que es por eso la pelea… -Belona bebió de un trago lo que le faltaba- No me extraña. ¿Qué desea la reina del cielo de mí?
-Quiero que me ayudes, lleva a las legiones de Nueva Roma al combate -le dijo-. Sólo así podrán aguantar lo bastante hasta que lleguen los refuerzos.
-¿De quiénes se tratan? -preguntó, levantándose- Un momento… ¿Lady Vesta?
La otra asintió, sonriendo.
-Efectivamente, mi hermana está ahí, con ellos, protegiéndoles desde dentro -le respondió, sonriendo-. Tiene bastante valor, a decir verdad.
-Bien… Comprendido, pues -le hizo una suave reverencia entonces-. Se hará como usted manda, mi señora -la aludida asintió-. Con permiso.
Observó a Belona salir a toda prisa de allí, fue directa hasta el templo principal, donde se colocó por encima su armadura, ya limpiada por las criadas, y una vez se lo colocó todo nuevamente, se teletransportó hacia su destino, dejando a solas a la otra, y que bebió tranquilamente de su ambrosía, satisfecha por la jugada. Una vez terminó, se levantó nuevamente y decidió acercarse hasta una fuerte cercana de la que brotaba un bello manantial de agua, que tocó con delicadeza con sus dedos. Murmuró suavemente, y ante ella apareció el rostro de su hermano Poseidón.
-¿Puedo ir a visitarte, o estas acompañado?
Este chasqueó la lengua, mientras giraba suavemente su rostro, y asintió suavemente, así que la diosa se transportó hasta el palacio submarino donde estaba él. Y mientras ella estaba en ello, Hermes, efectivamente, se reunía con el dios herrero en su fragua. Belona, por su lado, no tardó en llegar hasta donde tomaba un descanso de sus quehaceres Reyna Ramírez, que hacía las veces de pretora mientras Frank y Hazel estaban fuera.
-¡Ave, madre! -saludó, levantándose de golpe- ¿A qué debo el placer?
Ella le devolvió el gesto, y le sonrió.
-Estuve antes entrenando con tus legiones -le comentó, Reyna asintió-, debo reconocer que son bastante buenos.
-Gracias, los centuriones también se esfuerzan mucho y son de gran ayuda.
La otra asintió, despacio.
-Me temo que les vamos a necesitar, ¿recuerdas la profecía?
-Me temo que sí, por su culpa estoy aquí sola y varios de mis mejores oficiales están fuera indefinidamente…
-Lady Juno requiere de la ayuda del Campamento para esa misión.
La otra puso mala cara, pero asintió.
-Los legionarios están para luchar, supongo… ¿Podremos contar con los griegos también?
-Deberías mandar un mensaje a Quirón, seguro que pueden ayudar también.
-No somos demasiados, unos cien… -comentó, pensativa- Y muchos son necesarios para proteger nuestro hogar, no podemos llevarlos a todos.
-Estoy de acuerdo, creo que con llevar cuatro de las cinco cohortes será suficiente, que una se quede aquí a defender el hogar.
Reyna suspiró, no se podía negar, y como pretora, tenía que obedecer a los dioses.
-Antes tenemos que hablar con el Senado, ya sabes, tienen que autorizarlo.
-Déjamelos a mí, tú ve a hablar con las legiones hija -le pidió la diosa-. Si yo les explico tendrá más autoridad que tu palabra, mejor que nadie lo sabes.
-Así se hará -aseguró-. ¿Sabes dónde es, verdad? Les haré llamar ahora mismo.
-Me sé el camino, sí -Belona sonrió algo-. Me alegra verte, te queda bien esa ropa.
-Prefiero la armadura, la verdad…
La diosa se rio algo y abrazó a su hija, a la que dio fortaleza, y salió de allí, encaminándose hacia el Senado. Salió del despacho de Reyna, y tras orientarse un poco, recorrió los pasillos para salir del edificio del pretorato, y recorrió el camino que llevaba hasta el cercano edificio del gobierno civil. Siempre había alguien allí por si la necesidad lo apremiaba, por veces como esa era que esa norma era tan útil, pensó la diosa.
Sintió la presencia de Término cerca de ella, pero no la llegó a detener, debía saber lo que pasaba y por eso no interrumpía su tarea, así que, cuando llegó al edificio, se limitó a entrar al mismo. Era espacioso, de mármol blanco con telares rojos de decoración. Un conjunto de bancos servían como asientos, de madera bien cincelada y cómodos sillones púrpura con hojas de laurel bordado. En una tarima se elevaba un atril que servía para quien hablara fuera bien escuchado por el resto de senadores, de hecho uno de ellos se encontraba revisando unos papeles precisamente en uno de los asientos.
-¡Ave, Senador Claudio!
Este dio un respingo, y saludó a la diosa con el saludo romano, levantándose nervioso y observando cómo ella llegaba hasta él, devolviéndole alguno de los papeles que se le habían caído al suelo.
-Necesito que llames a los demás Senadores, tengo una misión y necesito a la Legión.
-Así se hará, señora.
El tipo, de pelo canoso y ojos pardos, ataviado por una toga blanca con ribetes dorados; salió a toda prisa de allí. Ya a solas, Belona se colocó en la tarima y esperó paciente a que los demás llegaran, sabiendo que era ella la que les convocaba estaba segura que acudirían rápidamente a la llamada. Efectivamente los Senadores llegaron poco a poco, en media hora nueve de los diez ya estaban allí, incluyendo a la pretora en funciones, que llegó la última tras hablar con varios centuriones.
-¿No vienen todos?
-Uno de los Senadores, en calidad de representante griego, es Nico Di Angelo- señaló Reyna, mientras se acomodaba en el sitio libre-. Y él está fuera, de misión.
La otra asintió, y procedió a hablar.
-Tengo por misión llevar a las Legiones al combate, por ordenes de la propia Juno, para defender a los héroes de la profecía de la ira de varios Olímpicos -les explicó, seria-. Llevaré a cuatro de las cinco cohortes, por seguridad la restante se quedará aquí, y pido vuestra autorización.
-Había pensado, honorables senadores -intervino Reyna entonces-, solicitar la ayuda griega, ya que ellos están también involucrados, y no sería justo que sólo nosotros tengamos bajas por esto.
Asintiendo, emitieron el voto afirmativo necesario, así que se dio la orden urgente de movilizar a las cohortes, cosa que aprovechó la diosa para desplazarse hasta el Campamento Mestizo. Cruzó con facilidad La Niebla y se presentó en el despacho de Quirón, que jugaba al ajedrez con Dionisio, ambos se sobresaltaron al ver a la romana entrar como si estuviera en su casa.
-Ave, Quirón -saludó ella, dando el saludo propio de su gente-. Necesito hablar contigo, es urgente.
-¿Y a mí no me saludas, Belona?
-Baco, también puede ser interesante que sepas de esta información, desde luego -le sonrió un poco, haciendo una suave reverencia de respeto-. Mi disculpas, divino señor.
Este sonrió complacido, hipando algo. Rodeado de un aura púrpura, se levantó con cierta torpeza, como siempre iba ligeramente bebido. Pese a todo, Belona comprobó que podía jugar adecuadamente al ajedrez con el centauro, aunque su misión en esos momentos era otra. Con cuidado y lentitud, le entró una copa a la diosa, que aceptó.
-Bueno… ¿de qué se trata?
Tras tragar algo del dulce vino, ella suspiró.
-La ayuda de vuestros hombres para, unidos a mis legiones, defender a los de la profecía -explicó-. Júpiter quiere acabar con ellos, y Juno misma me ha ordenado su defensa, pero… me temo que no seremos suficientes.
-Mis hermanos… están allí, sí, me ofrecieron ir…
Baco se recostó en su asiento, tomó algo de su zumo de uva sin alcohol y gruñó algo.
-¿Y no fue?
-¡Por supuesto que no! ¡Y aunque quisiera, no podría salir de este maldito Campamento sin autorización de Júpiter! -se talló los ojos, mientras gruñía- Estoy harto de estar aquí, Belona, demasiados muertos, demasiados adolescentes, demasiados problemas…
Ella asintió, pensativa, y se colocó a su lado.
-¿Sabes de la profecía, verdad? -él asintió, claro que lo hacía- Habla de un nuevo rey para nuestro mundo, puede que esté con ellos ya…
-Lo está, es un muchacho de veintitantos… ¿A dónde quieres llegar?
-Te ganarás su favor si nos ayudas… ¿verdad, Quirón?
Este asintió, y Baco pareció pensárselo unos instantes.
-Está bien… ¿Cuánta gente tenemos que podamos mandar?
-En esta época no hay demasiado, pero podemos llamarles y que vayan en poco tiempo -aseguró el Centauro-. En una hora tendrás tu ejército, Belona.
Esta asintió, y, con un último saludo y en señal de agradecimiento, salió de allí dispuesta a hacer honor a su condición de diosa guerrera.
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La mitología celta aquí incluida es bastante compleja aunque poco ha sobrevivido hasta nuestros días, aquí se da una visión algo simplificada que, con el tiempo, se irá perfilando.
Hasta aquí el capítulo de hoy, espero que os haya gustado, y que apoyéis este fanfic. Ni Percy Jackson ni ninguno de los personajes de las sagas de Rick Riordan me pertenecen. ¡Dicho esto, que la inspiración os acompañe!
