Enemigo primordial

Capítulo 43

Los fríos vientos del eterno invierno de Helheim rápidamente hicieron desaparecer cualquier sentimiento de esperanza que pudieron tener cualquiera de los allí presentes cuando aquel gran dragón de hielo apareció. Este demostró ser falso, una ilusión, cuando lo vieron volar en sus cercanías y desaparecer como una estela brillante de polvo y centellas. Cuando bajaron su vista hacia Hearts, este seguía estando demasiado cerca de la muerte de lo que cualquiera de ellos quisiera admitir. Hela estaba tirando con firmeza de las cadenas que sostenían a Thor, mientras Skadi cubría con sus mantones al elfo y Erik se limitaba a mirar hacia adelante sin demasiadas esperanzas.

-¡Sé razonable, Hela! -le gritaba Thor- ¡Sólo yo puedo curar a ese muchacho, pero…!

-Ya tu hermanito lo intentó y no valió de nada… -gruñó ella- Y encima el dragón de hielo no era más que… una puta visión.

Era un desierto helado donde estaban, y los espejismos estaban a la orden del día. Ella nunca había tenido que moverse a pie por allí, pero habían salido tan deprisa que ni había caído en ese detalle. La cacería a la que estaban siendo sometidos ponía a la diosa en una posición de tal estrés que había cometido ese error de novata, y ahora comenzaban a pagarlo. De hecho, ahora empezaba a dudar si realmente estaba rodeada o era todo, nuevamente, un espejismo. Esperaba además que los semidioses hubieran llegado bien hasta su destino, pero no le extrañaría que hubieran perecido en ese lugar infernal… al que ella acabó llamando hogar.

Sudaba en frío mientras intentaba pensar pero la intensa ventisca a su alrededor hacía que todo pensamiento simplemente acabara arrastrado por los vientos, frustrando a la mujer. Se llevó las manos a la cabeza en un momento dado, momento en que Baldr la alcanzó y colocó su mano en el hombro de ella.

-Céntrate, tú puedes…

Una energía verdosa rodeó a la mujer; la ventolera comenzó a aminorar y escucharon un fuerte estruendo, seguido de muchos más. Si bien estaba amainando la tormenta aún se estaban erizando las corrientes de aire, hasta que una gran sombra les tapó el pequeño y pálido Sol del reino; sin embargo aquello que estuviera ocultando al astro desapareció, y vieron a una águila volar hasta la diosa, que le miró de mala manera.

-¡¿Tú provocaste la visión, verdad?!

Baldr se cruzó de brazos, Skadi ahogó una suave risa y Erik no entendía nada. Hearts temblaba suavemente y parecía irse recuperando gracias a terminar la ventisca, sin embargo estaba lejos de estar de nuevo en pie. Se había rodeado de su energía y poco a poco le cubría cada vez más.

-¿Quién es…?

El águila dejó de volar sobre ellos y adaptó forma humanoide. Se trataba de un hombre de más de dos metros de algo, algo delgado pero con un cuerpo ligeramente esculpido, con ropas anchas y de gruesa piel de ciervo. Su pelo era negro y recortado, con ojos rojos muy intensos y sonrisa ladina.

-Me llamo Hraesvelgr, el gigante de los vientos -llevó su rostro a la diosa-. Ya sabe, mi buena amiga Hela, que yo soy el que provoca los vientos de los nueve reinos, pero la ilusión que visteis es cosa de Helheim…

Le hizo una poco respetuosa reverencia, y ella se contuvo de darle un buen bofetón. Apretó las manos con cierta fuerza y suspiró pesadamente.

-Mi reino ha respondido a mis poderes, tú no querías detener la ventisca -murmuró ella, seria-. ¿Por qué?

-No entiendo para qué tendría que parar nada -le respondió-. Mis poderes son de generar las corrientes que se mueven a lo largo y ancho de los reinos, ¿para qué parar aquí y ahora? -la miró con diversión- Por cierto… tú lo has hecho por tu cuenta y riesgo, así que era tu voluntad y no la mía la que hacía que la ventisca aullara como los lobos.

-Helheim me obedece cuando le da la gana… es un caos, literalmente.

-¿Para qué has bajado hasta aquí, Hrae? -intervino Baldr entonces- Hace tiempo que no te veo, por cierto, te noto saludable como siempre.

El aludido se giró y miró al dios con interés, de arriba abajo recorrió su cuerpo y el otro se limitó a cruzarse de brazos tras unos instantes.

-Así que era verdad, lo que se decía…

-Sí, también es verdad que ahora tenemos que darnos prisa… -murmuró- Este maldito antro te congela todo, hemos estado a punto de abandonar al elfo a su muerte…

-Eso también es culpa del reino -le explicó el jotun-. Sin embargo, ahora que todo se ha calmado aquí, iré a otro lugar a provocar huracanadas ventiscas, como siempre… -luego pasó su vista hasta Hearts- Tiene magia extranjera con él, ¿de verdad creéis que vaya a morir? Y encima es realmente poderosa…

El gigante llevó una mano al colgante más rápido de lo que ninguno de ellos podría haber evitado. En ese momento el elfo abrió los ojos de golpe y llevó su mano hacia la muñeca del gigante, que gruñó suavemente por la presión que sentía. La retiró de un tirón y se transformó de nuevo en una enorme águila, emprendiendo el vuelo tras apoyarse en la espalda de Baldr, desde la que se impulsó; este sintió las grandes garras del jotun atravesar longitudinalmente su piel y provocarle las respectivas heridas, pero rápidamente se perdió en el horizonte de nuevo.

Fue en ese momento que Hela señaló hacia el norte, donde pudo ver a los semidioses en las cercanías de un círculo de grandes piedras que formaban una explanada similar a Stonehenge pero más completo. Bellas runas verdosas iluminaban los menhires que conformaban la estructura, con llamas de ese mismo color a modo de fuegos fatuos. Ahora sí que vieron al dragón de hielo que creyeron atisbar antes, pero en esa ocasión ni se acercó al suelo. Hearts en ese momento posó sus pies de nuevo en el suelo, algo tambaleante y aturdido, pero en esa ocasión no necesitó ayuda de ningún tipo.

-¿Estás mejor, amigo?

Erik se le había acercado, y el elfo le miró y asintió cuando este repitió el mensaje.

-Démonos prisa…

En el templo, efectivamente, estaban Mallory, Magnus, Samirah, T.J. y Medionacido. Tenían algo de escarcha en el rostro y ropas, en cuanto vieron aquel sitio se acercaron y se quisieron guarecer con las grandes rocas, pero por suerte todo amainó en poco tiempo. No sabían cuanto tiempo habría pasado desde que salieron, pero se les había hecho eterno; y mientras ellos esperaban a las puertas del templo, Blizten y Alex se habían dedicado a revisar el complejo por si daban con algo con lo que calentarse, siempre evitando mirar lo que había al otro lado del promontorio donde se situaba. No porque fuera algo peligroso, sino por que, por debajo, se extendía un inmenso campo helado – más aún que el lugar que habían abandonado – donde las almas eran atormentadas por manadas de lobos, serpientes eléctricas enormes como las que habían visto en el mar, y dragones y ejércitos de esqueletos.

-¡Por allí vienen, mirad! -exclamó Magnus, sonriendo- ¡Eh, aquí, aquí!

Seguían sin estar plenamente convencidos de que fuera buena idea ponerse bajo el mando de la diosa; sin embargo, en ese momento les venía mejor que seguir siendo einherjar al servicio de Odín y que pudiera ponerles en contra de los demás nuevamente. Ese mismo problema podrían tener con Hela en un momento dado… en cualquier caso dependerían de un maldito dios al que se le podía ir la cabeza en cualquier momento, y eso les molestaba. Mientras ellos terminaban de juntar varios de os fuegos fatuos y lograban hacer con algunos materiales que él llevaba encima una suerte de copa. Fue entonces que los dioses llegaron hasta allí y contemplaron igualmente la belleza etérea del lugar, muy diferente a lo que estaban acostumbrados hasta entonces.

-Nunca lo había visto así de calmado… -murmuró Hela- Bueno, aquí será el ritual, démonos prisa antes de que llegue Odín y nos pueda atacar.

Thor se había sentado con su espalda apoyada en una de las rocas, con cara de cierta tristeza; Baldr le observó con cierta sorpresa, mientras Hela había congregado a los semidioses en torno al círculo central. Skadi y Erik, por su parte, se colocaron en la parte exterior del monumento. Desde donde estaban se podía ver, a lo lejos, la ciudad que servía de entrada a esa parte del reino; la puerta custodiada por Gram, y al ejército de Odín ya avanzando a paso lento hacia ellos. Iban penosamente, a veces algunos pelotones comenzaban a desviarse pero eventualmente volvían a avanzar el paralelo. Suponían que, aunque ellos no la vieran, debían estar sumergidos en una nueva ventisca, probablemente falsa. Comenzaban a dudar si aquel engañoso reino les estaba jugando una nueva mala pasada o si esa momentánea paz era verdadera.

-Cuando os unáis a mi -comenzó a decir Hela-, os convertiréis en mis soldados y Odín perderá todo su poder sobre vosotros, no podréis volver a entrar a Valhalla pero tendréis vuestros hogares en la aldea que visteis antes y allí podréis vivir toda la eternidad como si estuvierais vivos… aunque es muy probable que si vuelve a comenzar Ragnarök seáis llamados a montar en el baro de Hel bajo mis órdenes.

-Gracias por el aviso… -murmuró T.J., asiendo más fuerte su rifle- ¿Estáis… seguros de esta decisión?

Mentirían de decir que no dudaban, pero, por desgracia, la otra alternativa era peor. Así que asintieron, y Hela cerró los ojos. Las llamas verdes se intensificaron, y líneas curvas y runas aparecieron en el suelo y paredes del templo. Los fuegos fatuos se intensificaron y los adolescentes brillaron en tonos dorados; comenzaron a chillar de dolor y estuvieron cerca de caer al suelo, Hela iba recitando una larga oración en un nórdico tan antiguo que ninguno de ellos podía entenderlo; no así los dioses presentes.

-A mi, muertos del mundo, elegidos para luchar en el destino de los dioses -grandes olas de energía verdosa la rodeaban-. Os convoco Yo, Hela de Helheim, para uniros a mí en sagrado vínculo y desertéis del Allfather Odín, el tuerto… -toda ella destelleaba, incluso sus ojos eran dos orbes esmeraldas- ¡OS LO ORDENO, EINHERJARS! ¡Uníos a mí!

Una intensa explosión se formó. Según ella hablaba se iban observando cadenas doradas en los cuerpos de ellos y que vibraban a medida que hablaban; a su vez, hebras verdes aparecían en sustitución que unían a todos y desembocaban en la diestra de la diosa, hasta que las cadenas desaparecieron y estallaron en una intensa onda de choque que les tiró al suelo. Antes de que se recuperaran, escucharon un par de rayos caer a sus pies.

-¿Ha funcionado…? -murmuró Blizten- ¿Tú qué crees, Hearts?

Se habían refugiado detrás de uno de los menhires, esperando que terminara el ritual y los demás reaccionaran, cuando estallaron los relámpagos. Parecía estarse formando una nueva tormenta justo encima de ellos, sin embargo Thor no se estaba moviendo de donde estaba y Mjolnir descansaba tintineando en la cadera de Baldr. Skadi volvió en ese momento al interior del círculo; tragó saliva al verles irse incorporando algo atolondrados pero parecían bien, así que se limitó a acercarse a la diosa.

-Llega Odín, Erik está… invocando una tormenta, no sé exactamente cómo.

-Es un dios e hijo de Zeus si no voy mal, es normal que tenga esa habilidad… -murmuró Thor, mientras suspiraba algo- Odín está trayendo a sus einherjar ahora, para los humanos será una masacre…

Hela estaba tirada en el suelo, sudando en frío y con Alex y Samirah a su lado con unas mantas para cubrirla; sin embargo, en pocos instantes se incorporó y observó a ambas mujeres, que la ayudaron a ponerse en pie de nuevo. La diosa se estiró un poco, algo adolorida pero satisfecha, pero siempre con los ojos cerrados. Cuando los abrió, se dieron cuenta que eran dos brillantes esferas verdosas.

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En el campamento de Noruega las aguas se habían calmado temporalmente. Tras llorar a sus muertos, y siendo conscientes de que allí ya no podrían estar, decidieron que lo mejor era abandonar temporalmente ese lugar mientras los furiosos dioses no les dejaran en paz. Había sido una batalla corta aunque dolorosa, con demasiados caídos para su gusto… pero era algo que sabían que podía pasar. Eran conscientes de que ese peligro existía y que tenían que admitirla porque el destino que llegaría de no intervenir era aún peor. La pregunta ahora era a dónde ir…

No comenzaron a hablarlo, de todas formas, hasta que todos los dioses ajenos al grupo se fueron, no querían correr riesgos innecesarios. Además, siendo Apolo uno de los enemigos – conocido por poder verlo y oírlo todo desde lo alto – no se sentían del todo seguros allí… así que tomaron una decisión rápida que, esperaban, no fuera una mala decisión. Si las deidades eran ahora sus enemigos… ellos se uniría a sus enemigos más acérrimos. Estaban empacando todo cuando llegó Laika de nuevo hasta ellos, moviendo la cola de lado a lado y olisqueando a todos los presentes.

-¡Hestia, volviste!

Ella se lanzó sobre Percy y le fue lamiendo la cara y olisqueando con ganas, aunque Annabeth la separó y ella se sentó ante ellos, con los demás en torno a ella. Recuperó un aspecto más humano en ese momento, y ella suspiró pesadamente.

-Siento todo esto… -murmuró- ¿Habéis podido despediros de todos?

Bajaron sus rostros, parecían verdaderamente cansados de todo y todos. Ella les podía entender, se disponía a hablar cuando escuchó los llantos de su hija, Marin. Estaba al otro lado del grupo, apoyada en el hombro de Flavianna, que la tenía abrazada por la espalda. Jamily se limitó a alejarla suavemente, tomada de la mano, así que la diosa se lo pensó antes de hablar. Mientras lo hacía, Belona se fue acercando.

-Iremos hacia el sur, hacia El Cairo, al mundo egipcio, allí los griegos no tenemos tanto poder y no estaremos tan en peligro -murmuró, mirando a los demás- Sólo si… os parece bien, no me gusta ordenar nada.

-Lady Juno me ordenó defender este territorio, usando a las tropas del Campamento Júpiter y Mestizo -intervino la otra-. No sé si quiero perder una plaza que ha costado la sangre de tantos de los nuestros.

-Aquí nos pueden atacar de nuevo en cualquier momento -le recordó Hestia-. Y no podemos depender de forma constante de otros dioses.

-En eso estoy de acuerdo -respondió Belona-. Pero ellos ya tienen el poder de Uranus, y hay más olímpicos dispuestos a ayudar.

-No quiero que más sangre caiga, querida…

Y mientras ellas discutían, los semidioses y magos se fueron mirando entre ellos. Nuevamente estaban tomando la decisión sin contar con su forma de ver las cosas, y eso les comenzaba a molestar. Poco a poco se fueron alejando de ambas, e hicieron un círculo en torno a la figura de Amos, el adulto responsable. Anubis, a su derecha, se había intentado apartar un poco pero el mayor le colocó a su lado para que también aportara. Al final, era alguien con opiniones valiosas, al menos desde la perspectiva del otro; y le iba a necesitar si realmente los demás pretendían que fuera el líder elegido por ellos y no por los dioses.

-Bueno, ¿vosotros cómo lo veis?

-Creo que, vayamos a donde vayamos, seremos perseguidos por todos ellos… -murmuró Sadie- Así que, quedándonos aquí, podremos defendernos mejor en caso de ataque.

-Tenemos que darles un golpe, que sepan que no nos pueden tratar como trapos -gruño Aelita-. Estoy harta de huir y luchar contra todo lo que se nos cruza…

El resto entendía esa forma de pensar. Llevaban todas sus vidas con miedo a un monstruo o un dios vengativo detrás de ellos, y se habían cansado. Demasiados años de terror habían tenido que soportar otras personas como ellos, y estaban comenzando a cansarse.

-¿Dices de atacar al Olimpo? -preguntó divertida Aurora- Eso sería digno de verse…

-La última vez salió mal, y aquellos que asaltaban eran los gigantes hijos de Gea -les recordó Jasón-. Esto va a salir mal…

-Ya nos hemos ganado el odio de Zeus y compañía -murmuró Percy-. Con eso… nos los pondríamos en contra de forma definitiva.

-¿Recordáis lo que añadieron las nornas a la profecía? -Zia sonreía un poco- El nuevo y el muerto reinarán, deben habar de Erik y Baldr, así que, igualmente, habrá una guerra.

-Pero contra Caos, no de nosotros contra ellos -Piper se cruzó de brazos-. Nos matarían de un chasquido de dedos…

-Y si… ¿negociamos con ellos? -propuso entonces Beatrice- Estamos dando por hecho que tenemos que luchar, pero hasta ahora ni Hestia ha intentado negociar con su hermano -el resto la invitó a hablar con la mirada-. Tenemos que intentar llegar a un acuerdo… y siempre con la posibilidad de tener que atacar o defendernos si van a por nosotros.

-¿Tienes alguna propuesta?

A la pregunta de Jeremy, ella sonrió un poco. William rodó los ojos, y Dylan, por primera vez desde la fatídica batalla, esbozó una mueca de diversión.

-¿El Plan Queso, no? -preguntó Katherine- Es mi preferido…

-Plan Queso, por supuesto -la aludida les miró-. Entraremos hasta la cocina y allí les tendremos rodeados, son tan egocéntricos que ni pensarán que podremos atacar.

-Pero para eso, vamos a necesitar que Hearts vuelva con el colgante que le forjó Blizten para llevar los anillos, será nuestra garantía… -Beatrice se alejó un poco de los demás y buscó un palo con la mirada- ¿Alguno ha estado en la sala del Olimpo donde nos reuniremos con ellos?

-Yo -Percy alzó la mano-. También estuvo Annabeth, Nico me suena, y… -se lo pensó un poco- Los romanos estabais luchando al otro lado del país, es verdad.

-¿Nos explicas, entonces?

La sincera sonrisa de Hazel le levantó los ánimos, así que, tras rendirse y usar su espada a modo de pincel, comenzó a pintar en la tierra húmeda. Atendiendo a la descripción de Percy y Annabeth, hizo un semicírculo con doce asientos y una gran pira en medio. Representó las columnas y la gran amplitud de la sala a una escala aproximada gracias a la chica, así que, cuando terminó, todos se hacían a la idea de cómo era.

-Bien, la idea es sencilla…

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El lento avance de los einherjar se detuvo de golpe cuando, del hielo, comenzó a salir un fiero ejército de esqueletos que brillaban con una siniestra luz verdosa. Sus espadas y escudos, así como sus armaduras, estaban conformadas por una energía de similar naturaleza; y lo peor es que se contaban por miles. Los soldados de Odín pronto se vieron rodeados por un enemigo que nunca se agotaba, que estaba en su elemento y bajo la protección directa de su diosa; y encima, contaban con la inestimable ventaja de ya estar muertos y poder recomponerse con su propia magia.

Esa ventaja no la tenían los otros, que si caían muertos esa vez no podían volver a levantarse. De hecho sí que lo hacían, pero como soldados de Hel; eso llevó a más de una huida hacia atrás de los einherjar, así que Odín tuvo que colocarse al frente y lanza en mano, encargarse personalmente de los muertos. Comenzaba a cabrearse, y de una intensa explosión de energía abrió un largo camino en las huestes de Helheim. Avanzó a lo largo del corredor recién abierto y fue empalando a todo enemigo que se interponía en su camino, hasta llegar al otro lado; desde allí y con Gugnir en alto lanzó un intenso ataque mágico que hizo salir de la tierra grandes cadenas de hielo que se enroscaron en los brazos y piernas de sus enemigos, permitiendo el primer descanso entre los suyos desde ue habían salido de Valhalla.

Con la respiración entrecortada, se giró y encaró a Hela. Esta, aún a la entrada del templo, tenía todavía sus ojos brillando de un intenso verde, pero avanzó a paso lento hacia él. Imitándola Odín fue hacia ella, y se encontraron a medio camino de la subida; sus miradas se encontraron pero dejaron las armas que portaban a un lado, y haciéndose a la derecha, ella le dejó avanzar.

-Tienes valor, Wotan, queriendo venir hasta aquí y retarme en mi propia casa -reconoció ella-. Pero eres más sabio por querer negociar.

-Si hubiera dejado la batalla avanzar diez minutos más me habría quedado sin einherjars, así que sólo defiendo mis intereses… -gruñó- Yo sólo quiero que me dejes llevarme a mis hijos, y te dejaré en paz a ti y a los tuyos.

Llegaron hasta la entrada al templo, donde los demás esperaban; los dos ejércitos se habían separado y esperaban uno frente al otro en la ladera cercana, a la expectativa de la decisión de ambas deidades.

-¿Te trataron bien?

Thor miró a su padre de reojo, recostado en uno de los menhires. Este parecía más tranquilo al verle asentir, aunque se abstuvo de poner una mano en el hombro de Baldr, que dio un par de pasos atrás para darle espacio en el pasillo. Skadi en todo momento estaba atenta a sus movimientos, mientras Erik esperaba junto a los demás a una distancia prudencial. Su presencia no era ajena a Odín, que no llegó a decir nada al respecto.

-Aquí no se maltrata a nadie, de eso puedes estar seguro -le comentó Hela, dándose media vuelta-. Creo que es evidente que, ahora mismo, no puedes ganarme.

-No te creas tan importante, Hela -le espetó él, serio-. Pero tienes razón, estamos en un empate técnico… pero sabes bien que no se pueden quedar aquí eternamente.

-Tú tampoco -le recordó ella-. Sin embargo, me sorprende que este sitio no haya enfriado tu corazón más de lo que ya de por sí es.

-Mi magia es muy poderosa, Hela, aunque la de este antro no se queda atrás…

Mientras hablaban él estuvo observando en todo momento aquel lugar, interesado por esa localización. Sabía que era la última zona así antes de llegar a lo que realmente era el infierno, pero estando ya allí se podía sentir su energía aullar como los lobos. Mordía sus cuerpos y almas con la misma fuerza con la que lo haría Fenrir, se estremeció sólo de pensarlo. Si ya lo pasaban mal estando a las puertas, no quería imaginarse cómo sería su parte más profunda.

-Mi poder aquí no es completo, sería pasando este templo que tendría toda mi fuerza en su plenitud… -se quedaron frente a frente- Pero no estamos aquí para saber quién es el más fuerte, ¿verdad?

Odín asintió, había dejado su arma clavada en el hielo del exterior y se sentía algo desprotegido; pero, despreocupado, llevó sus manos al cercano fuego. A su lado, Hela se limitó a llevar sus manos a la espalda y le observó de reojo. El dios tenía que reconocer que, pese a tener una mitad de su cuerpo en forma de siniestro esqueleto, tenía su cierta belleza… incluso para ser en parte gigante.

-No quiero que el mundo termine antes de tiempo -comenzó a decir él-. La vuelta de mi hijo me molesta precisamente porque rompe el orden natural de Ragnarök, él… no debía resucitar hasta pasado el mismo.

Hela asintió, y le miró de reojo. Parecía estar liberando a Thor de las cadenas, pero no le había devuelto aún Mjolnir. Los otros dos dioses del grupo vigilaban la operación, mientras el resto de semidioses cuchicheaban entre ellos cerca de otro de los fuegos.

-Lo sé, yo misma le tendría que devolver al mundo de los vivos ese día -comentó ella-. Ese día… también tendría aspecto humano completo, y no… todo estos huesos tan desagradables, tengo que ocultarlos casi siempre con mi magia para que no se asusten…

Él podía entenderlo. En su caso sólo le faltaba un ojo, pero más de un aesir y vanir ya se había sentido ofendido ante su presencia así… tullido. Sólo que, en su caso, su poder y posición de Padre de Todos hacía que nadie le tosiera encima. Para Hela aquello era bien diferente, y no ayudaba que se pasara años enteros aquí abajo, en buena medida por su culpa y enorme miedo al Ragnarök.

-En todo caso, nuestras posiciones no tienen por qué ser contradictorias -le explicó-. Queremos evitar el fin del mundo, aunque sea por no morir ninguno de nosotros… creo que podemos colaborar.

Hela le miró con cierto interés. Por ahora, desde luego, no había actuado de forma razonable. Más bien había hecho cosas propias de cualquier tirano más que de un dios sabio, como siempre había sido.

-Le has intentado matar y negado a darles las armas que necesitarán para enfrentarse al Caos primordial -le recordó ella-. Mismo, que provocará Ragnarök en un futuro.

-Mi temor es que esta guerra sea el final, y no lo que siempre habíamos pensado… -murmuró Odín- Por eso mi empeño en deteneros.

Ahí sí estaba siendo sincero.

-¿Tienes pruebas?

-Ninguna, pero que de pronto todos los panteones nos tengamos que unir… nunca había pasado, cada quien hizo su vida en su territorio sin más interacción que amoríos, discusiones aisladas y poco más -Odín chasqueó la lengua-. Y esa puta profecía… lo peor es que se cumplirá y no podremos hacer nada para evitarlo.

-¿Para qué luchar, entonces? -preguntó Hela- Si ya sabes qué te depara, ¿para qué resistirse en algo inevitable?

-Porque eso es lo que haría un hombre, y yo soy un dios.

Esa forma de pensar, tan simple, definía bastante bien la mentalidad aesir. La mujer suspiró, y entonces separó las manos del fuego y le miró directamente al ojo. Skadi se dio cuenta de que unas sombras se movían en torno a ellos y pasaban de uno a otro hasta que volvieron bajo los pies de ella. Erik se dio cuenta de que ella había visto aquello también y se fueron cuchicheando cosas entre ellos a toda velocidad.

-Si tanto quieres hacer las cosas como lo harían los dioses aesir, luchemos -le dijo-. Pero no aquí, ni en Asgard, sino en zona neutral.

El otro la miró con cierta diversión, pero asintió.

-¿Qué apostamos?

-Si tú ganas, no volveremos a insistir y dejaremos el mundo nórdico -dijo Hela-. Si yo gano, haremos uso de las amas más poderosas de Asgard y Vanaheim.

El resto habían ido escuchando fragmentos sueltos de la conversación hasta ese momento, pero se alarmaron cuando escucharon la apuesta, y más al oír los precios. Si a Hearts, teniendo el poder de Urano de su parte, le había costado… a ella, por muy diosa que fuera, sería muy diferente, al final tendría delante al dios más poderoso de su cultura. Sin embargo no pudieron decir nada pues desaparecieron de allí antes de que les diera tiempo a comentar nada… y Skadi aprovechó ese momento.

Vio que donde los otros dos habían estado se había caído algo brillante, así que corrió en esa dirección; en un momento dado pasó a ser un bello oso lobo gigante y, comprendiendo, Erik hizo lo mismo. Bajaron sus morros para que todos los que pudieran se subieran sobre sus grupas, y Samirah emprendió el vuelo con Alex en sus brazos. Baldr observó cómo su hermano dudaba en si ir con ellos o no hasta que le extendió la mano para que su enorme compañero usara su martillo para impulsarse por los cielos.

Todos los anteriormente einherjar conservaban su aspecto de siempre, pero una suave luz verde les rodeaba, pero apenas era visible en esos momentos, así que no era tan intenso como los de habitantes más antiguos. Estaban tranquilos porque recordaban que la propia diosa y el alma de un enano salieron de las puertas que Garm custodiaba para recogerlos, pero en esa ocasión iba con ella… puede que ahora no pudieran.

-Vamos a salir de este puñetero infierno ahora mismo -oían la voz de Skadi retumbar mientras corría ágilmente por la nieve -. Aprovechemos que nadie vigila para huir, antes de que nadie nos quiera detener.

Los soldados de Odín, al verles, efectivamente interpusieron sus escudos para cortarles el paso; sin embargo, comenzaron ambos a recorrer el viento, en especial la diosa. Erik, más inexperto, se limitaba a dar grandes saltos aún transformado y logrando evitar las lanzas y flechazos que pudieran lanzar los einherjar. Sin embargo no se movieron de sus posiciones y no les persiguieron luego, así que en poco tiempo se adentraron en las explanadas de Hel y se dirigieron todo lo rápido que pudieron hacia la ciudadela donde se erigía el castillo de la diosa. Sin una terrible tormenta ni vientos brutales que les ralentizaran ellos pudieron avanzar mucho más deprisa, entrando a toda prisa al patio interior de la fortaleza de Hel; aterrizaron al lado de donde descansaban las monturas de Hel, así que se limitaron a acercarse a los demás, algo confusos.

-¿Estáis bien? -preguntó Skadi, nerviosa- ¿No os habéis mareado ni nada?

Magnus tuvo que acercarse a una esquina para vomitar ayudado por Alex para que no se desorientara más; los demás, por su parte, parecían en mejor estado pero la preocupación seguía en ellos.

-La pregunta es si ahora Gram nos dejará pasar… -murmuró Blizten- A los que estamos vivos no lo dudo, pero a vosotros… se supone que ahora sois habitantes de Helheim.

-Usaremos la misma puerta que usamos antes para llegar, yo os guiaré, llegaremos a un vacío Asgard así que… -Samirah se estiró un poco- Esta noche dormiré como un recién nacido, maldita sea…

Por suerte para ella, los demás comenzaron a ayudarla a hacer el porte de todos los demás de la misión; nadie les molestó pese a alzarse varios metros en el aire para crear una entrada a Valhalla, la valquiria se sorprendía de seguir teniendo sus poderes pese a todo… seguramente el dios ni se acordaba de ella, que fuera tan despistado; o que simplemente todos le daban igual, tenía sus ventajas.

Estaba tan centrado en las palabras de Hela que no se había dado cuenta de por dónde iban las manos de ella. Aplicó una técnica similar a la que usó cuando los chicos estaban en Valhalla para poder andar por allí libremente. Básicamente usó las sombras para llevar una garra oscura de pura energía que trepó por las piernas de Odín y separó una cadena dorada de sus prendas; lo colocó bajo su pie y no fue hasta que ellos se fueron que Skadi lo vio y recuperó.

-Esa zorra… -la diosa se rio un poco- Le robó al viejo en su propia cara y ni se dio cuenta.

Sumarbrander, Jack, voló de nuevo hacia la mano de Magnus a la velocidad del rayo y, brillante como una centella, vibró con intensidad. El muchacho sonrió un poco, con cierta dificultad para poder sostener a la potente explosión de la espada; logró con cierta dificultad devolverla a su funda, momento en que Samirah le extendió la mano para volar juntos. Ella sonreía un poco por verle tan animado de nuevo, como si hubiera recuperado su forma de ser, rota cuando perdió a su querida espada.

-¿Estás listo, Thor? -Baldr se había quedado cerca de él, que mascullaba- ¿Entiendes nuestra misión y su importancia?

-N-no me hagas esto, Baldr, por favor… -murmuró este- No quiero ponerme ni en contra tuya ni de padre…

Le veía agobiado, sudando en frío y respirando con dificultad. Su hermano se limitó a colocarse a su lado y rodearle con los brazos con ganas, instante en que el hombretón se rompió y comenzó a llorar con ganas. Estando solos fue que Thor aprovechó para permitirse ese pequeño instante; en seguida se separó del otro, moviendo los labios e intentando recomponerse y moviendo la cabeza para calmarse un poco. En instantes así era como un niño enorme que sólo necesitaba alguien con quien hablar.

-Me alegra ver que sigues siendo alguien sensible, a veces -sonrió Baldr-. Temía que te hubieras vuelto un bloque de hielo enorme, gigantón.

-Lloré tu muerte como el que más, enano -el otro se limitó a reír-. Me gustaría poder ayudaros, pero… me temo que no sé si podré daros Mjolnir sin provocar la ira de Odín.

-Ahora está luchando con Hela -murmuró-. No sé si podrá hacerle frente si quiera, pero… si juntamos tu martillo con la espada de Frey, podremos tener algo cercano a lo que necesitaría para vencer.

-Y al mismo tiempo nos quedaríamos sin forma de defendernos de los jötuns…

-Lo sé, hermano… -Baldr se limitó a suspirar- Voy con el resto, si quieres venir eres bienvenido, ya sabes…

Thor le tomó del hombro, y movió su martillo para lanzarse hacia la apertura en el aire que Samirah había formado para llegar hasta el Valhalla, sorprendiendo al otro pero haciendo que sonriera un poco… parecía irse convenciendo poco a poco.

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En Vanaheim las cosas estaban en total calma. Bellos campos y zonas boscosas de grandes robles y arbustos con toda clase de frutas de toda clase y condición. Ríos recorrían los valles y montes, y a su vera, casas de piedra y madera con campos labrados y zonas donde hombres y mujeres trabajaban en torno a los mismos o en minas exteriores; usaban taladros mecánicos, aperos de labranza de acero y hierro; por allí había incluso enanos y dioses vanir con ellos charlando.

Todo aquello se fue al traste en el momento en que Odín y Hela se dejaron caer en lo alto de una montaña cercana. El escenario era pedroso, con el intenso Sol sobre ellos y una ligera brisa. El aspecto de ella era siniestro, con su lado esquelético brillando en un intenso verde; mientras que él se había tapado con su gran capa negruzca. Su ojo brillaba en un tono violeta, y en su derecha apareció Gugnir, por su rostro parecía que se haya dado cuenta de la anterior treta, pues se había llevado la mano a la cadera y sus facciones cambiaron al darse cuenta de la falta de Sumarbrander.

-Debo reconocer que me has sorprendido -comentó él-. Sin embargo… ¡no quedará impune este robo!

Y de inmediato se lanzó a por ella, dispuesta a empalar a Hela. Ella se giró y logró evadir la lanza, agarró su mango; y con fuerza tiró del otro para darle un fuerte puñetazo en l rostro. En una de las manos de ella se generaron unas garras de energía verdosa que ella pretendió hundir en el pecho del dios. Sin embargo este se disolvió en niebla y reapareció detrás de ella, con su lanza apretando contra el cuello de Hela, que intentaba separar el mango como podía. Se revolvió y le dio un pisotón al otro; estando libre le dio un fuerte bofetón al otro e intentó quitarle de nuevo su arma, comenzando un tira y afloja entre ellos. Gruñían y hacían bastante fuerza para empujar al otro y hacerse con el arma.

-No podrás ganarme, Hela… -le gruñía- ¡Yo soy el Allfather!

El entorno comenzó a reaccionar a su combate; todo temblaba y el cielo empezaba a volverse negruzco por el cercano combate. No fue algo que pasara inadvertido para los vanires, dioses de la naturaleza y enemigos antiguos de Odín; sin embargo tenían miedo de involucrarse en una pelea que no era de ellos y ganarse la enemistad del rey de Asgard.

-Ya te acobardamos hace poco en Ragnarök, y ahora lo volvemos a hacer… -ella le miraba a los ojos- ¿A qué le temes, Odín?

Una ventisca se formó desde el pecho del dios y la empujó, cayendo al suelo; en esa posición él la quiso atravesar con su lanza, pero no llegó a tocar su carne. En su lugar, sólo tocó las costillas desnudas de ella, que hizo el amago de gruñir pero tomó el arma desde la unión con la hoja, y que miró directamente al ojo.

-¡Padre de todos, tu lanza es mía!-las palabras que comenzó a decir ella, en un nórdico de cuando ellos eran jóvenes, hizo estremecer al otro-. La maldición que sobre mi soltaste te golpeará con la fuerza de la dentellada de Skoll y Hati -los ojos de ella brillaban con intensidad mientras una energía verdosa la rodeaba-. ¡Sufrirás como sufre Jormungander bajo las frías aguas, y llorarás como yo lloré cuando estacas de hielo atraviesen tu piel y arranquen la mitad de tus entrañas!

En todo momento Odín se intentó separar, pero su lanza estaba tan enterrada en ella que no podía separarse sin soltar Gugnir. Cuando intentó convertirse en niebla algo se lo impidió, y ambos dieron un fuerte chillido cuando haces de luz y energía iban de uno a otro. En un momento dado la lanza del dios salió volando como reacción a la excesiva radiación que había en el ambiente, instante en que las cosas se tornaron realmente oscuras: mientras el cuerpo de ella adquiría un aspecto cada vez más humano, el de él se volvía en su mitad izquierda de hueso blanco; a más se resistía uno, más rápido avanzaba el proceso para la otra, así que en poco tiempo las tornas se cambiaron.

Enredaderas naciendo del suelo brotaron y asieron a ambos dioses para separarlos, aunque Odín rápidamente pasó a ser niebla e intentó huir nuevamente; sin embargo, un rápido movimiento de Hela se lo impidió, llevándole de nuevo al suelo, al que cayó como un saco de patatas. El anciano, nervioso, se incorporó y se limpió las prendas con cara de rabia; pero no llegó a decir nada.

-¿Desde cuando tu magia es tan poderosa…? -gruñó él- La puta maldición que te impuse… a ti y al resto de hijos del maldito Loki…

-En tu constante intento de evitar el destino, lo has acabado provocado sin desearlo -le respondió-. La magia vanir siempre ha sido complicada, pero he tenido milenios para aprenderlo gracias a viejas deidades que acababan en mi reino.

-Y que te explicaron lo que hice, claro…

-Los hombres creían que mi cuerpo tenía una mitad como esqueleto, y tú aprovechaste ese pensamiento para darme este aspecto… -gruñó- Así tenías una mejor excusa para mandarme al infierno, literalmente.

-¡Te protegí de tu padre, Hela! -gritó el otro, mientras se giraba- ¡Un monstruo traicionero que no tiene aliados más que sí mismo!

Ella se estremeció al verle. En su lado cadavérico, una flama azul servía como ojo, aunque rápidamente su magia le permitió, como ella hacía a veces, tener un aspecto normal.

-Al menos recuperaste tu ojo perdido, Allfather…

Extendió sus manos y aparecieron sus garras de energía verdosa. Odín suspiró pesadamente y extendió su diestra, en la que apareció Gugnir. Sin embargo, en cuando la enarboló y en lugar de lanzarla contra la otra se dio la vuelta sobre sí mismo y la clavó a los pies de una tercera persona.

-¿Qué haces aquí, Loki?

Este sonrió con cierta diversión y tocó el mando del arma, pero no le dio tiempo a intentar tomarla pues Odín la recuperó de inmediato.

-¿Acaso no puedo venir a verte sin ninguna mala intención?

-Intuyo que queréis matarme entre ambos, y que habéis quedado aquí para eso mismo…

-En realidad vengo de darle una paliza a los semidioses que ella apoya -respondió-. Vas a morir, Odín, tú y muchos otros dioses gracias al Caos…

-Padre… -murmuró Hela- ¿Para qué ayudar a aquello que destruirá nuestro mundo?

-¿Y por qué no?

Odín no se dejó amedrentar, y con un fuerte grito, clavó Gugnir en el suelo y de la misma salieron grandes hebras que intentaron asir al otro; sin embargo, este dio un salto y, transformado en un halcón, voló lejos de allí y desapareció en el aire dirección a Yggdrasil. El mayor se limitó a suspirar pesadamente, y se giró para encarar a la mujer.

-Ese hijo de… una zorra seguramente quiera matar de nuevo a Baldr… pero luego querrá ir más lejos -murmuró-. Dime algo, Hela, y quiero sinceridad…

-Siempre, Odín.

-¿Tú participarás en un nuevo Ragnarök?

-Es mi destino… a la llamada de Loki todo mi ser se pondrá de su lado, quiera yo o no.

Odín entendía eso. El destino de los dioses estaba escrito y hacía que todo y todos estuvieran preparados para el evento, lo desearan o no; era como una especie de maldición que provocaba que todos actuaran como se supone que debía ser.

-Hablaré con Baldr… pero no te creas que he olvidado esta afrenta, Hela…

Su voz era en un tono amenazante, pero ella podía entender bien lo que decía y la razón para ello, estaba verdaderamente cabreado. Aún así, estaba claramente actuando como estratega y rey; y no tanto siguiendo sus instintos como hasta ahora. Claramente podía estar siendo verdaderamente como dios y no como líder militar, pues ante los einherjar ella dudaba que fuera a actuar así.

-Gracias, Allfather.

Él golpeó en el suelo usando su lanza y una senda arcoíris apareció ante ellos, así que, según la pisaron, ambos desaparecieron de allí con un haz de luz multicolor dirección hacia Asgard. La misión, esperaba Hela, estaría cerca de terminar… Se alegraba que él fuera a cumplir con su promesa.

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Por su parte, en el campamento de Noruega, el grupo se había dedicado a dejarlo todo en orden en su interior, trabajando arduamente para hacer aparentar que seguirían allí a la vista de los dioses; sin embargo, la decisión al respecto era clara. En cuanto pudieran se irían de allí, así se lo hicieron saber a las diosas presentes, que no pudieron hacer nada para quitarles esa idea de la cabeza. Hestia tenía que reconocer que eran humanos valientes, pero le preocupaba a reacción de su hermano cuando estuviera libre…

Pensaba en ello mientras andaba por la cercana playa, descalza y dejando que el fresco viento nocturno acariciara su pelo y piel con suavidad. De las aguas apareció Poseidón, tridente en mano; se colocó a su lado cuando ella se giró sobre sus talones para mirarle, y le sonrió un poco. Hefesto también se dejó caer por allí junto a Hermes, Dionisio también; y Hades, Hera y Deméter. Se fueron sentando en la fresca arena como si fueran personas comunes y corrientes, con Hestia presidiendo la reunión, que sonrió a todos.

-Muchas gracias por venir… -murmuró- Los semidioses quieren hacer las cosas por la fuerza, usando los anillos de Urano… ¿podremos contar con vosotros?

-A mi hermano hace tiempo que se le ha subido el poner a la cabeza, Hestia -intervino Poseidón-. Ya dio indicios casi provocando una guerra por sus malditos rayos, y ahora está yendo demasiado lejos… de nuevo.

-A mi, mientras ese indeseable pierda el puesto… me da igual todo -murmuró Hera, jugando con la arena- ¿Y Belona?

-Vigilando en el campamento -la otra sonrió-. Gracias… me hacéis muy feliz…

Ella siempre tan inocente… aquella reunión sería el precedente al muy importante día de mañana, en el que todo en el mundo grecorromano y nórdico daría final. Si todo salía como tocaba, en veinticuatro hora estarían durmiendo en el Cairo para que los egipcios se unieran también. Si salía mal… todos acabarían en el Tártaro. La suerte estaba echada.

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(1)

La mitología celta aquí incluida es bastante compleja aunque poco ha sobrevivido hasta nuestros días, aquí se da una visión algo simplificada que, con el tiempo, se irá perfilando.

Hasta aquí el capítulo de hoy, espero que os haya gustado, y que apoyéis este fanfic. Ni Percy Jackson ni ninguno de los personajes de las sagas de Rick Riordan me pertenecen. ¡Dicho esto, que la inspiración os acompañe!