Diciembre de 2018

Oscar, al bajarse del automóvil frente a su departamento, comenzó a sentir un persistente dolor de cabeza. Mientras miraba el vehículo alejarse, se preguntó si había tomado la decisión correcta al confiar en Bernard, pues pese a que era amigo de André desde hace años, ella casi no lo conocía. Sin embargo, de inmediato se reprochó desconfiar, ya que no había nadie en el mundo en quien confiara más que en su compañero.

Cruzó el portal del edificio y mientras esperaba el ascensor, recordó la noche del atentado en el Bataclán y todo lo que pasó después. Habían pasado casi tres años y, de cierta forma, desde ese día su historia con él había tomado un giro que jamás imaginó, sentando las bases de lo que ambos eran hoy...


Noviembre de 2015

Esa noche, llegaba al departamento perteneciente a su familia, después de un arduo día de entrenamiento, cuando su teléfono vibró en el bolsillo de su pantalón. Dejando el bolso donde guardaba la ropa deportiva en el piso, caminó hasta la cocina y sacó del refrigerador una botella de agua. Divisó las cajas apiladas de mudanza en un rincón, lamentando no haberle dicho a su hermana que le dejara un par de artículos fuera, aún le quedaban un par de días en la ciudad y no tenía ni siquiera un vaso o plato a mano. Pensó en enviarle un mensaje para burlarse de la siempre perfecta Hortense, sin embargo, desechó la idea, puesto que fue la única de sus hermanas que se ofreció a ayudarla, ya se las arreglaría de alguna manera.

Abrió la botella de litro y la empinó mientras se sacaba el celular del bolsillo. El envase rebotó en el suelo, mojando todo a su paso cuando leyó el mensaje que acababa de recibir. Era el código de alerta de un ataque terrorista. Tomando la llave de su automóvil, que colgaba solitaria en un gancho tras la puerta de entrada, salió corriendo sin siquiera cerrar su departamento. En el estacionamiento los neumáticos chirriaron cuando apretó el acelerador.

Condujo hasta donde el tráfico se lo permitió y, apenas encontró un espacio disponible, dejó el automóvil estacionado para continuar corriendo. Al llegar, el cuartel estaba lleno. Entró rápidamente a los camarines.

-Pensé que no lo lograrías…- le dijo André caminando junto a ella a los pocos minutos. Todos los efectivos iban en dirección a la sala donde serían instruidos.

-Casi no lo hago…- contestó Oscar mientras se ataba el cabello en una apretada coleta para, posteriormente, envolverlo en una especie de tomate. -Debí haberte escuchado y no hacer los kilómetros extra en la cinta.

André se hizo a un lado para dejarla entrar antes que él. Se unieron al grupo de efectivos que ya estaban ahí, todos vestidos con ajustadas y gruesas camisetas negras, pantalones tipo cargo del mismo tono y zapatos de combate. Varios, además, con gorros que ocultaban su cabello, complementando el uniforme, los correspondientes chalecos antibalas y guantes antideslizantes. Ataviados de esa manera, era casi imposible distinguir a uno del otro.

Atentos escucharon las instrucciones, el informe contaba de seis ataques que se estaban desarrollando esa noche, ellos, como parte de los más novatos, eran la reserva que quedaba a disposición, pues las otras unidades ya estaban en la calle. Su destino era el teatro Bataclán. En orden pasaron por el área de armamentos y retiraron lo que les fue asignado.

Con la Glock 17 que siempre llevaban en el cinturón y una ColtM4A1 colgando de la espalda. Oscar y André subieron al Nexter Titus de infantería que los trasladaría al lugar. Sentados muy juntos, con los cascos sobre la cabeza y pantallas de protección alzadas, cada integrante del escuadrón antiterrorista respiraba tranquilo al interior del vehículo.

-Recuerden, la seguridad es personal- instruyó el capitán de la unidad -La prioridad no somos nosotros, son los rehenes y acabar con los hijos de puta que nos trajeron a aquí. ¡¿Entendido?!

-¡Sí, capitán!

Fue el atronador grito que se escuchó al interior del vehículo.

-Te veo después…- murmuró André descendiendo del Nexter.

Oscar asintió antes de bajar su visera protectora y dirigirse a la posición asignada.

Todo transcurrió con precisión, tal como en los entrenamientos, pues por algo eran una fuerza de elite. Mientras los encargados de la negociación de la RAID intentaban liberar algunos de los rehenes, los de táctica de ataque y extracción, estaban ubicados estratégicamente en ventanas y a la espera de la orden de ingreso. Mientras tanto, la BRI, preparada para el ingreso frontal y respaldando a la facción de ataque inicial.

Tras la instrucción de choque, entraron sigilosos y escudados en las bombas de humo, concentrados en sus tareas individuales y pendientes de los terroristas. De pronto, el ruido de los explosivos activados por dos de los extremistas retumbó. Oscar cayó debido a la onda expansiva, su liviano cuerpo rebotó contra las butacas del segundo piso del teatro. Tras un par de segundos hizo a un lado el dolor en las costillas y gateó hasta el pasillo que le permitía una mejor panorámica.

Con los oídos zumbándole se quedó quieta por unos instantes mientras sacaba su arma del cinturón, alzó la cabeza enfocando la vista, disparó al terrorista que tenía a sólo metros de distancia. Le rozó un brazo, distrayéndolo lo suficiente para que soltara el control de explosivos que aún no había detonado, y fuera abatido por un certero disparo en la frente proveniente de uno de los francotiradores apostados en el exterior. Con la amenaza aparentemente eliminada, pues era el último terrorista según el informe previo, se dejó caer de espaldas mientras respiraba trabajosamente, le apretaba la pechera y sentía que se ahogaba. Casi enseguida, un par de compañeros de unidad la estaban arrastrando tomada de los tirantes del chaleco hacia el exterior.

El caos en la calle era terrible, jóvenes salían en estampida del interior del teatro mientras la policía y personal médico, entraba haciéndose espacio casi a empujones. Había heridos por doquier, cuerpos diseminados y la policía apenas lograba contener a la gente que se agolpaba tras las cintas de seguridad.

-¿Puede escuchar?

Oscar miró al paramédico que le quitaba el casco y asintió. Tenía la boca tan seca que sentía que no podía hablar.

-Es un corte superficial- dijo quien le revisaba la frente y le afirmaba una gasa sobre la ceja derecha.

Antes de decir que estaba bien, vio que pasaba por su lado una camilla portando un cuerpo tapado con una lona. Con el movimiento, un brazo salió de debajo, reconoció la insignia de su escuadrón en la manga. Se puso de pie y comenzó a mirar en todas direcciones, haciendo oídos sordos al paramédico que le indicaba volver a sentarse ya que tenía que revisarle las costillas.

-Estaba delante tuyo, fue alcanzado por restos de explosivos.

Volteó hacia la voz, apenas aguantando las ganas de abrazar a quien se había convertido en no sólo un compañero de armas, sino que en un gran amigo.

-André…- musitó aliviada.

Él le dedicó una sonrisa mientras se quitaba el casco.

-Estamos bien…- le dijo con calma.

Ella asintió dejando salir todo el aire que guardaba en el pecho.

-¿Quién?- preguntó con la voz ronca.

-Lasalle.

-Dios, iba a ser padre en un par de meses…- se lamentó.

André asintió con pesar.

Las sirenas de los carros de emergencia los distrajeron. Enseguida, caminaron hacia dónde se reagrupaba su unidad y esperaron las nuevas instrucciones. Cuando se marcharon, el ambiente dentro del Nexter continuó silencioso, aunque, esta vez, por la rabia acumulada debido a las muertes tras el fin de la misión.

Estaba amaneciendo cuando salieron del cuartel, terminados los informes y trámites. André acompañó a Oscar a buscar el automóvil que había dejado tirado a medio camino, mientras caminaban en silencio.

-Te invito a desayunar- dijo André.

Oscar levantó la vista y asintió quitando la alarma de su Mini Cooper. Ambos subieron.

-Pensé que tendrías un deportivo o un Jeep…

-Este es deportivo- contestó ella mientras encendía el automóvil.

-Lo es, pero en miniatura.

Oscar sonrió, era tan fácil hablar con él.

-Un auto pequeño es lo mejor en la ciudad… casi no lo uso, voy a todas partes en metro.

André asintió antes de indicarle que se dirigieran a Montmartre. Llegando a destino, ambos entraron al café que él guió. Sentados frente a frente, comieron en silencio y bebieron dos tazas de café. Oscar, en un momento, miró por la ventana el lluvioso día con los ojos húmedos.

-Sé a lo que nos enfrentamos…- murmuró cuando André tomó una de sus manos por sobre la mesa -Sé que siempre existe la posibilidad de que hayan bajas… que nuestra vocación es proteger a la ciudadanía- respiró profundo -Murió tanta gente… jóvenes que sólo querían pasar un buen rato- el mentón le tembló levemente -Y Lasalle… era su primera misión grande y estaba tan feliz…- cerró los ojos recordando el último fin de semana, cuando, en el bar donde a veces iba el escuadrón a relajarse un rato, él había abandonado su habitual timidez para anunciar que su esposa pronto daría a luz -¿Qué será de su mujer y de ese bebé que nunca conocerá lo buen hombre que era su padre?- se preguntó en voz alta y aferrando con fuerza la mano que sostenía la suya -Quizás lo mejor es nunca establecer lazos…

-Sólo podemos estar activos diez años… aún seremos jóvenes cuando debamos cambiar de área- André le recordó una de las reglas de la BRI.

-Lo sé…- Oscar secó las lágrimas que estaba atrapadas en sus largas pestañas y sonrió con amargura -Vamos, hay que descansar un rato. Tenemos guardia por la noche.

André le pidió las llaves del auto y condujo hasta su departamento, era mucho más fácil invitarla a quedarse un rato que esperar que ella lo hiciera, ya que estaba claro que ninguno de los dos quería estar solo y, además, siempre se les recomendaba estar acompañados después de situaciones como la que acababan de vivir. Oscar agradeció el gesto evitando decirle que no podían ir a su departamento, pues desde la noche anterior, debía dormir en un colchón inflable hasta que se completara su traslado.

Oscar conocía donde él vivía debido a que varias veces se habían juntado a trotar en un punto cercano, aprovechando a que vivían en distritos vecinos y, en más de una ocasión, habían compartido una botella de agua o café, sentados en el futón de la salita del siempre ordenado departamento. Todo de forma platónica, nunca atreviéndose a ir más allá en ese sitio aunque el ambiente estuviera lleno de tensión sexual. Ambos sabían que quien jugaba con fuego, se quemaba, y, vale decir que, por esa misma razón, ella jamás se animó a invitarlo a su vivienda, ya que en el fondo temía que a la menor provocación, ella misma se lanzaría sobre él al sentirse en su terreno. Al menos el estar fuera de su zona de confort la mantenía alerta y no quería entorpecer ni complicar su recién iniciada carrera en la BRI.

Apenas se descalzaron se tiraron sobre la cama. Hablaron de cualquier cosa mirando el techo, hasta que, a media mañana, el sueño los asaltó. Despertaron muy juntos, casi abrazados y cerca de la hora de marcharse. Gracias a que Oscar tenía ropa en el auto, podía prepararse en ese mismo lugar.

De pie frente al espejo empañado, con una mano quitó la humedad y se miró el torso, tenía un gran cardenal sobre las costillas derechas, pero, aparentemente no era más que un golpe. Después de una ducha caliente, bebió el café que André había preparado y se alistaron para ir al cuartel nuevamente.

-Tienes el pelo mojado y está lloviendo- apuntó él mientras le lanzaba una manzana -Ponla en tu bolso, casi no comimos hoy.

-La culpa es tuya, no tienes secador- contestó ella sonriendo.

-Tengo, pero no sé dónde está… no lo ocupo- le guiñó un ojo mientras caminaba hacia el cuarto de baño -¡Sólo porque eres visita, no te hago levantar la toalla del piso! ¡Eres bien desordenada!- le gritó desde el interior. Salió con un par de pastillas en la mano y se las ofreció -Toma, prevendrán un resfrío.

Agradeciendo el gesto, Oscar tragó los analgésicos, pues le ayudarían también con el dolor que sentía en el torso, lamentó tener que hacer una visita rápida al médico para constatar lesiones. Ignorando las quejas de su desastre en el baño, sonrió mientras salían del departamento, André, bajo la excusa de resarcimiento por luego tener que ordenar, pidió conducir y ella le lanzó las llaves.

-Oscar… ¿Qué es lo que somos?- le preguntó mientras esperaba que la luz del semáforo cambiara a verde.

-¿A qué te refieres?- contrapreguntó ella acomodándose en el asiento del copiloto para mirarlo de frente -¿Hablas de nuestra profesión?

-El papel de boba no te queda…- sonrió de medio lado.

-¿Te quieres cambiar de unidad?- preguntó después de unos segundos, cuando él negó, agregó -Yo tampoco… ahí tienes tu respuesta.

-Entonces somos amigos- afirmó él.

-André… ¿Para qué etiquetar todo?, somos amigos, eso lo sabes, también somos compañeros y colegas… y sí, además somos amigos con derecho a roce- comenzó a reír -Si bien ambos hemos estado un tanto ebrios cuando cruzamos la línea, sé que ninguno lo olvida después- se tomó el pelo para armarse una coleta -Para mí, eso es suficiente en este momento de mi vida.

Quien conducía se mordió el labio antes de contestar mientras giraba el manubrio.

-Me gusta besarte… y no quisiera dejar de hacerlo.

-Que no se te haga costumbre- bromeó Oscar antes de suspirar y contestar con una sonrisa -Y a mí me gusta que me beses… pero no hay más, no seremos pareja. No podemos serlo- terminó de forma tajante.

André estacionó el automóvil a unas calles del cuartel y quitó las llaves del contacto. Antes de que ella abriera la puerta para descender, la acorraló contra el asiento y, agarrándola de la nuca, la besó con fiereza. Apenas respiraron mientras ambos trataban de fundir sus lenguas en una sola, bebiendo el aliento del otro y olvidando que el espacio era tan reducido. Cuando se separaron, respiraban agitados y el ambiente estaba tan caliente, que se habían empañado los vidrios del auto.

-No hemos bebido ni una sola gota de alcohol- murmuró André -Así que anótalo como primer beso sobrios.

-Sí, algo nuevo… aunque tenemos resaca de adrenalina, no lo olvides- Oscar sonrió en la penumbra, pues ya estaba anocheciendo.

-Sal tú primero… dejaré las llaves en tu casillero. Tengo guardia fuera del cuartel hoy- se acomodó en el asiento del piloto mientras respiraba profundo -Debo esperar unos minutos o me multarán por llevar los pantalones en estas condiciones- miró hacia su bragueta, una enorme erección le tensaba la ropa.

Oscar asintió con las mejillas coloradas y se bajó del automóvil sin decir nada. Mientras caminaba el par de cuadras que faltaban para llegar al cuartel, pensó en que él tenía razón, era la primera vez que se besaban estando sobrios y el resultado había sido el mismo de siempre, incendiario. Intentó sacar la cuenta de cuantas veces se habían besado sin compromisos ni promesas durante el poco más de año que llevaban conociéndose; el número era cercano a la docena, casi una vez por mes y siempre que salían a beber algo, pues aunque fueran en grupo, de alguna forma se las arreglaban para terminar solos en algún estacionamiento, portal o callejuela. Sin embargo, nunca pasaban más allá de un par de caricias ardientes sobre la ropa y siempre, al día siguiente, ambos actuaban como si nada los afectara.

I just pretend that I'm in the dark

I don't regret 'cause my heart can't take a loss

I'd rather be so oblivious

I'd rather be with you

No volvieron a verse hasta dos días después, en el funeral de Lasalle, tiempo en el cual ella se dedicó a sus funciones y aprovechó de tomar un café con Marie para despedirse.

Esa mañana gris y húmeda, toda la escuadra vestida de un negro impoluto, observó a una familia destrozada que despedía a uno de los suyos. Oscar permaneció en silencio y con la vista clavada en el suelo durante todo lo que duró el sepelio, se sentía incapaz de mirar a la viuda que a ratos se desvanecía debido a la pena. Presentó sus respetos, sin atreverse a quitarse las gafas oscuras que ocultaban sus ojeras, pues no había logrado conciliar el sueño durante esos días, y pese a que se había muerto de ganas de aparecer en el departamento de André, lo evitó, tenía que sobreponerse sola. Cuando los camaradas que tenían libre decidieron ir a un bar a tomar un trago por el compañero caído, ella rechazó la invitación. Debía ir a su casa a cerrar las últimas maletas y entregar las cosas al camión de mudanza que llevaría sus pertenencias a la bodega que había alquilado.

Estando por anochecer, le envió un mensaje a André después de pensar toda la tarde en ello.

"¿Te animas a quemar unos kilómetros?"

A los pocos minutos llegó la respuesta.

"¿Salimos de tu casa o de la mía?"

"De la tuya, voy en camino."

Al rato estaba tocando el timbre del edificio ubicado en el Barrio Latino del distrito 5, caracterizado por una vida universitaria y bastante bohemia, aunque de buen pasar. Agradeció vivir tan cerca, específicamente en el distrito 6, pues si se tardaba más en llegar, seguramente se iba a arrepentir de lo que tenía planeado.

When it's said, when it's done, yeah

I don't ever wanna know

I can tell what you done, yeah

When I look at you

André bajó vestido como siempre, un cortaviento negro y un jogger del mismo tono, ambas prendas ajustadas y cómodas. Ella, casi igual, aunque en lugar de pantalones, llevaba calzas que le llegaban hasta los tobillos. Corrieron 10 km exigiéndose al máximo. Oscar, luchando como siempre por no claudicar frente a la supuesta inferioridad física de las mujeres y él, decidido a no darle nada de ventaja, pues sabía que eso la ofendía.

-Invítame una botella de agua, olvidé la mía- dijo Oscar jadeando por el esfuerzo después de 45 minutos y de regreso en el portal del edificio de donde habían salido, con las manos apoyadas en las rodillas y obviando el persistente rocío que los mojaba.

-Vamos…- André sacó la llave que guardaba en su bolsillo y aguantó la puerta de fierro para que ella ingresara primero. Subieron en silencio las escaleras aún jadeantes -Fuiste una bestia…- le dijo entrando al departamento -De haber sabido, no habría ido a beber después del funeral… sentí que iba a perder un pulmón.

-Fumas demasiado… ese es el problema - contestó ella dejándose caer en el futón del saloncito.

-En el refrigerador hay agua- André se quitó el cortavientos -Necesito una ducha, quedas en tu casa- dijo marchándose hacia el baño que estaba en su habitación.

In your eyes

I see there's something burning inside you

Oh, inside you

In your eyes

I know it hurts to smile but you try to

Oh, you try to

Cuando Oscar abrió la puerta del baño, el vapor la cegó por unos segundos. Vio las zapatillas y ropa de André pulcramente ordenadas en un rincón del piso. En silencio se desvistió y acercó al shower door, agradeciendo que el ruido de la ducha ocultara su agitada respiración. Se mordió los labios aguantando un jadeo cuando lo vio de espaldas y mojado, creyó sufrir una combustión espontánea, pues sin ropa estaba incluso mejor que con ella... y eso ya era bastante que decir.

-También necesito una ducha…- dijo haciendo notar su presencia.

André volteó de inmediato y, durante unos segundos, que a ella le parecieron eternos, la observó con tanta intensidad que Oscar sintió que se erizaba completa. No hubo más palabras, él la atrajo contra su cuerpo al tiempo que la besaba con un arrebato que le hizo flaquear las piernas.

You always try to hide the pain

You always know just what to say

I always look the other way

I'm blind, I'm blind

In your eyes, you lie, but I don't let it define you

Oh, define you

La tocó como nunca nadie lo había hecho y ella se entregó a cada roce, pellizco y mordisco. Tembló con los profanos dedos que se colaban donde ni el sol había llegado e hizo lo mismo, recorriendo con la punta de las uñas cada centímetro de piel que se le cruzó por delante. Sonrió cada vez que él temblaba bajo sus manos. Todo era calor, caricias, jadeos y gemidos. La sangre les hervía mientras sus cuerpos trataban de eliminar el espacio entre ellos.

-A la habitación… No tengo condones aquí...- dijo André cerrando a manotazos la llave y, agarrándola de una mano, la sacó del baño aún estilando. Tuvieron suerte en no caerse, pues el piso era un charco a cada paso que daban. Sin dejar de besarse y tocarse, como si se les fuera la vida en eso.

I tried to find love

In someone else too many times

But I hope you know I mean it (mean it)

When I tell you you're the one that was on my mind, oh

When it's said, when it's done, yeah

I would never let you know (let you know)

I'm ashamed of what I've done, yeah

When I look at you

Con las luces de la ciudad iluminando la habitación a través de las persianas, se dejaron caer en la cama, piernas entrelazadas y corazones latiendo al unísono. Cuando Oscar trató de colocarse encima, André se deslizó hacia abajo y la hizo sentarse sobre su rostro. Ella ahogó un grito, agarrándose del respaldo de fierro cuando él comenzó a estimularla con la boca. Su cabeza daba vueltas y apenas podía respirar, el vientre se le contraía en espasmos y las piernas le temblaban. Sin darse cuenta, y aún reponiéndose de un orgasmo que casi la había dejado sin sentido, se encontró de espaldas contra el lecho, él arrodillado entre sus muslos mientras se colocaba un condón. Lo observó anhelante, admirando los abdominales que se le marcaban como una tableta de chocolate, y la enorme erección que apuntaba en su dirección.

De una sola estocada se hundió en ella. Deteniéndose al instante cuando la sintió tensarse al tiempo que algo se desgarraba en su interior, y no era porque no estuviera lista, pues se había encargado bastante de eso.

In your eyes (your eyes)

I see there's something burning inside you (inside you)

Oh, inside you (oh, inside you)

In your eyes

I know it hurts to smile but you try to (but you try to)

Oh, you try to (I try to)

You always try to hide the pain (oh, oh)

You always know just what to say (oh, dear)

I always look the other way

I'm blind, I'm blind

In your eyes, you lie, but I don't let it define you (hey)

Oh, define you

-¿Por qué no me dijiste?- preguntó jadeante y buscando su mirada. Intentó retirarse.

-No te atrevas a parar- contestó con seguridad y abrazándolo con las piernas -André, no te atrevas…

-Habría sido más cuidadoso- la besó en la punta de la nariz y deteniendo todo movimiento. Apoyándose en los codos, pegó cada centímetro de piel a la de ella, acariciándole el cabello mientras la miraba a los ojos, unidos hasta en las respiraciones.

-No necesito que lo seas…

-Lo sé… pero quiero serlo- la besó con ternura infinita en los labios.

Oscar sintió que su corazón, siempre tan resguardado bajo una gruesa capa de indiferencia, comenzaba a temblar. Cedió a todo lo que él quiso. Se dejó acariciar con mimo y tembló con cada susurro que le decía lo hermosa que era. Por primera vez en su vida, se dejó conducir y terminó meciéndose al ritmo suave y profundo que él imponía. Un largo suspiro escapó de su garganta y su cuerpo se tensó como la cuerda de un arco. André la sostuvo con fuerza mientras aceleraba los envites. La habitación se llenó de roncos jadeos y suaves gemidos. No se detuvieron hasta que quedaron sin respiración y temblando. La piel húmeda por el sudor, el aroma almízcleño del sexo compartido y los latidos erráticos.

In your eyes

I see there's something burning inside you

Oh, inside you

You always try to hide the pain

You always know just what to say

I always look the other way

I'm blind, I'm blind

In your eyes, you lie, but I don't let it define you

Oh, define you

-Tengo que ir al baño…- susurró apartándose del cuerpo que no dejaba de abrazarla, cerró los ojos cuando él la besó en la frente -No pasa nada…- abrió los párpados y sonrió al notar que André la miraba contrariado -No hiciste nada que yo no quisiera.

-Ocupa este- apuntó una puerta -Yo voy al otro…- se refirió al baño de visitas y que ella ya había usado antes.

Cuando regresó, él estaba sentado en la cama aún como Dios lo echó al mundo, con el pelo húmedo, aspecto fresco y la mirada seria. Un tanto incómoda e imposibilitada de vestirse, pues la única ropa que tenía estaba mojada y en el piso del baño, levantó las sábanas y se metió entre ellas. Él hizo lo mismo y, pasando un brazo bajo ella, la atrajo contra su cuerpo.

-No quiero hablar del tema- dijo acomodándose sobre el fuerte pecho en el que se cobijó y entrelazando sus piernas a las de él –Sólo quiero dormir y no pensar.

-Oscar…

-André, no insistas- no dio espacio a réplicas -Sabes que soy capaz de tomar mis propias decisiones y no estamos en una época en la cual debamos casarnos por acostarnos, no habrá duelo por mi honra, ni desvirgaste a una doncella inocente. No te ufanes creyendo que me diste mi primer orgasmo, sé ocuparme de mis necesidades, aunque no niego que lo pasé tremendamente bien.

-No hables de esa forma… lo haces ver como si todo diera lo mismo, y sabes que no es así- se mordió la lengua antes de preguntar porqué aún era virgen, después de todo, ella tenía razón en eso, no era de su incumbencia.

Ambos se quedaron en silencio, escuchando el sonido de la respiración del otro mezclado con el ruido que venía de la calle.

-¿Te revisaron las costillas?- le preguntó al rato y pasando los dedos por sobre los moratones que estaban cambiando de color.

-Es un golpe superficial… Estoy sedienta, ¿me invitas una cerveza?- pidió intentando relajar el ambiente.

-Hay en el refrigerador… Si vas, trae dos.

Oscar sonrió sabiendo que la estaba retando, con movimientos felinos salió de la cama y se paró frente a él tal como estaba, sintiéndose orgullosa de su desnudez. Cuando una mano de André le rozó un muslo, dio un paso atrás y se alejó sonriendo. Al cerrar la puerta de la nevera y dar media vuelta, chocó con el fuerte torso que ya conocía, levantó la vista y rió al ver que él sostenía un cuadrado de papel metálico entre los dedos. De un impulso terminó sentada en la encimera de la cocina y los botellines de cerveza olvidados dentro del lavaplatos.

-Dado que nadie me demandará por tu virtud perdida… Ahora, no seré suave- le dijo besándole el cuello mientras ella se aferraba a sus hombros y le mordía la piel -¿Lo quieres fuerte? Porque tengo ganas de dejarme llevar y arrastrarte conmigo- levantó la cabeza y la observó con los ojos convertidos en fuego.

Ella asintió temblando de anticipación.

Antes del amanecer, y luego de casi no haber dormido por dedicarse a probar todas las posturas que se les ocurrieron, y que no demandaran demasiado esfuerzo, pues el cansancio y sueño acumulado comenzaban a hacer mella; André se vistió y fue al automóvil de Oscar por un bolso de mano que ella le indicó estaba en la cajuela. Apenas abrió la portezuela, vio una maleta de viaje correspondientemente etiquetada, leyó la ficha, el destino era EE. UU. y estaba a su nombre. Volvió al departamento con mil preguntas en su cabeza.

-¿Qué significa la maleta en tu auto?- le preguntó dejando el bolso de mano sobre la cama.

Ella se acomodó contra el respaldo mientras se envolvía con la sábana.

-En un par de horas viajo a Norteamérica- contestó con simpleza.

-¿Pediste días libres?- la miró tratando de entender, estaba comenzado a sentirse como un estúpido y no le gustaba esa sensación.

-Estaré allá al menos un año, mi solicitud de intercambio con la CIA fue exitosa, la BRI consideró apropiado para la institución que aprovechara la oportunidad que se me está brindando- ignoró la asombrada mirada de André -Quería pedirte que me llevaras al aeropuerto y te quedes con mi auto. Puedes ocuparlo mientras estoy allá.

-¡¿Qué fue todo esto?! ¿Pago por servicios prestados?- la miró molesto -¿Por eso viniste?- la enfrentó -Y yo que pensé…

-No te hagas el ofendido- le cortó.

-¡¿Quién te crees para tratarme así?!

-¿Acaso no has tenido nunca una aventura de una noche?

-Esto no es lo mismo- masculló con rabia.

-Sí lo es- lo miró altiva.

André comenzó a caminar de un lado a otro mientras respiraba profundo. Oscar lo ignoró y se metió al baño. Después de un rato, salió vestida y con el pelo estilando. Apunto estuvo de pedirle que buscara el secador, mas al verlo aún ensimismado, desistió y se estrujó el cabello con una toalla.

-¿Me llevarás al aeropuerto?- preguntó cerrando el bolso de mano.

-Eres increíble… ¿De verdad necesitas una respuesta?- contestó él sentándose en la cama y encendiendo un cigarrillo -No soy un pusilánime, tampoco tu sirviente ni tu juguete sexual- exhaló el humo antes de seguir -Eres independiente, puedes dejar tu auto en los parqueaderos y que algún empleado de tu familia vaya por él, yo no lo necesito.

Oscar se mordió el interior de las mejillas para no contestar, no quería marcharse con el recuerdo de terminar la noche discutiendo. Sin embargo, como siempre y pese a sus intenciones, fue incapaz de quedarse callada.

-No tengo por qué contarte de mis planes personales o profesionales- apenas cerró la boca recordó los reproches de su padre acerca de su impulsividad.

-Así es, no tienes por qué- dijo André mirando hacia la ventana y expulsando con fuerza el humo del cigarrillo.

Con el bolso en la mano, Oscar esperó unos segundos a que la mirara, pero él no cedió. Finalmente dio media vuelta y salió del departamento.

-o-

Sentada en una de las cafeterías del aeropuerto luego de entregar su maleta, sacó el celular y le escribió a Hortense, avisándole que le había mandado las llaves de su auto con un mensajero y pidiéndole que, por favor, lo retirara del estacionamiento.

Después de enviar el mensaje, miró el contacto de André. Lo pinchó y escribió:

"Lo siento, no quise hacerte sentir mal… nunca fue esa mi intención, no quisiera marcharme así, hablemos."

No obstante, y antes de presionar enviar, vio que él estaba en línea. Presa de su orgullo, borró lo escrito y guardó el celular. Apenas sonó por el altoparlante el anuncio de su vuelo, se puso de pie y caminó a la fila de embarque sin imaginar que esa decisión, le costaría un año de absoluta soledad en tierra extranjera.

Continuará…


Y bueno, ¿ven que me porto bien? jajajajajaja este fin de semana fue bien prolífico en trabajos de la U, descanso y por ende, ¡trabajo de fanfics! jejejeje gracias al equipo de marginales (Krimhild y Cilenita79) porque sacamos varios escritos adelante y nos reímos bastante. Pese a que actualicé antes de una semana (es que no me aguantaba, pues sé que varias estaban esperando) igual quiero agradecer los comentarios del capítulo anterior, ¡se pasaron! ¡Son maravillosas y los comentarios geniales! ¡son las mejores lectoras-gato! Yen, Sandy, Vicky, Krim, Eloisa, Camii, Aesthetic y amigas Guests, gracias por la compañía. Espero que esta historia sea tan sorprendente como quiero y creo que con este capitulo, las sorprendí, Oscar no es desenchufada ni masculina y dado que estamos en tiempos modernos, los errores que comete son desde un trasfondo psicológico que de a poco se van desentrañando (como a todas nos pasa) y, recuerden, no den nada por sentado y estén atentas a las fechas jejejejeje.

¡Les dejo un abrazo enorme!

Notas:

Los atentados de Noviembre de 2015 en París fueron tremendos, de hecho, con mi marido viajamos en diciembre de ese año a la ciudad de las luces y lo hicimos muertos de susto… pero no me arrepiento, ha sido de los mejores viajes de nuestra vida.

No es primera vez que me refieron a lo ocurrido en el Bataclán, lo utilicé desde otra perspectiva en "Los Juegos de la Vida" y, en esa ocasión, al igual que en esta, espero no ofender a nadie ni herir, pues trato de tocar el tema con mucho respeto.

La canción, por si preguntan cual es, se llama "In your eyes" y es de The Weeknd, ¡y me encanta! véanla en youtuuuu con traducción y entenderán por qué la usé.