Diciembre de 2016
La avenida de los Champs-Élyées decorada con múltiples luces y la tradicional feria navideña que ocupa algunas cuadras, le conferían a la ciudad un aspecto adorablemente festivo y cálido. Algo por cierto bastante irónico, dado que el frío de ese invierno estaba por sobre lo habitual.
Oscar miró por la ventana del taxi que la llevaba a su nuevo departamento, rentado a distancia gracias a la tecnología, mientras su pecho se llenaba de una extraña calidez. El año fuera de su patria había sido particularmente difícil, y no sólo debido a los desafíos profesionales, pues pese a la exigencia tanto física como intelectual, logró sacar adelante todo lo que se propuso; era en lo personal en que se sentía un tanto fracasada. Sentimiento nada nuevo para ella debido a sus altas exigencias, y bastante contradictorio, pues siempre se jactaba de su independencia y autosuficiencia. Sin embargo, jamás imaginó que se sentiría tan fuera de lugar, su personalidad tímida, seria y sobria, no encajaba con el histrionismo norteamericano.
No logró establecer ningún lazo personal de importancia, aunque, siendo sinceros, se esforzó lo justo y necesario en la materia. Pese a que en algunas oportunidades aceptó convites de camaradas para salir a beber o comer, éstos se decepcionaban con rapidez al advertir que la creencia de que las francesas eran apasionadas y sofisticadas, no era más que un mito. El espejismo desaparecía cuando Oscar era incapaz de hablar de algo más que no fuera del ámbito profesional, pues los nativos del país que la estaba acogiendo, eran tan frontales en materias personales que la incomodaban. Esto la sumergía en las típicas reacciones de su niñez y adolescencia, es decir, refugiándose en un ostracismo que nacía al sentirse anormal.
La situación cambió un poco cuando conoció a un camarada que, al igual que ella, era europeo y estaba tomando nuevas certificaciones. Los solitarios días se iluminaron un poco gracias a esa temporal compañía y, pese a que debían comunicarse en inglés, único idioma que tenían en común, la sensación de estar sumergidos en la vorágine avasalladora de norteamérica se hizo más llevadera, pues se las arreglaban para compartir sus puntos en común. Sin embargo, y pese al empeño que le puso a esa relación, no era tan fluida como la que había dejado en su patria. ¿Qué diablos tenía André, que con él todo había sido diferente? Esa pregunta al inicio le martilló la cabeza de forma ocasional, pero con el pasar del tiempo se convirtió en algo cada vez más recurrente, tanto, que llegó a ser una constante. Haciendo que se cuestionara todo lo vivido y actuado.
Decidida a utilizar en su beneficio el tiempo libre que le quedaba, se animó a tomar terapia y, cuando por fin tuvo un diagnóstico, la verdad es que poco se sorprendió. Tenía problemas con cualquier lazo íntimo, escasas habilidades sociales y, pese a que su exterior mostraba siempre lo opuesto, inseguridad también. Esa mirada objetiva la alivió un poco, ya que le daba alguna explicación del porqué de su comportamiento con André, sin embargo, algo más se gestaba y eso no lo había notado; una creciente obsesión se estaba formando en su cabeza.
Mientras fumaba en la soledad de su alcoba -porque hasta ese vicio había adquirido pensando en André- cayó en la cuenta de forma consciente que ya no sólo lo recordaba, sino que, además, creía percibir su aroma cuando llegaba la noche en medio de las frías sábanas y, cuando lograba dormir después de haberlo evocado hasta quedar temblando, en sueños continuaba persiguiéndola. De día, lo veía en medio de multitudes, sentía su mirada en la espalda y sin poder evitarlo, lo buscaba, aún sabiendo que era inútil y ridículo.
Una noche, durante una de las tantas invitaciones de su compañero, quiso atreverse a lo que su terapeuta le había sugerido. Salir de su zona de confort y animarse a realizar alguna acción que, pese a incomodarla, la hiciera reconocer sus sentimientos y entenderlos, pues pensar tanto en alguien a quien había dejado voluntariamente atrás, era un sentimiento profundo entorpecido por el miedo a establecer lazos o una fijación nacida de su amor por el control, no había más opciones.
Fue así como se encontró riendo con el agudo sentido del humor del hombre de ojos grises y guapo como pocos, en un bar mientras bebían vino. Él, un detective nórdico, de su misma edad y soltero. Con el cabello del color de la miel y un perfil tan perfecto, que parecía tallado a mano. Ese día, se besaron camino al automóvil y, dejándose llevar, hubo algo más en el interior del vehículo; caricias bajo la ropa y respiraciones agitadas. Sin embargo, como ambos se jactaban tanto de poseer estándares un tanto más altos que sus compañeros de la CIA, no fueron más allá hasta un par de salidas más. Y, cuando por fin lo hicieron, una noche de primavera, Oscar durmió como hace mucho tiempo no lo hacía, con sus demonios mentales sosegados por la pasión compartida y en brazos de quien no le pedía nada, y a quién, por cierto, trataba de la misma forma.
El romance duró un par de meses, pues el tiempo de su camarada en la institución se acabó mucho antes que el de ella y, pese a que debido a su excelente desempeño la CIA le ofreció un puesto al detective, este lo rechazó debido a los compromisos dejados en su tierra. Oscar lo llevó al aeropuerto y luego de una despedida que no le dejó nada más que gratitud en el pecho, le dijo adiós.
Siguieron en contacto de forma escasa, un par de whatsapp a la semana y algún esporádico e-mail. Sin embargo, pasados los días, y entrando nuevamente en la soledad del inicio, se dio cuenta que, cada vez que su teléfono vibraba por un nuevo mensaje, no era el destinatario que esperaba. André desapareció de su vida como si jamás hubiera existido y eso, le volvió a martillar en el pecho. Con la desazón de quien pierde una batalla, se dio cuenta de que su aventura sentimental no había exorcizado a quien hasta en sueños la atormentaba.
Muchas veces pensó en escribirle, pero, cada día, se le hacía más difícil ceder y buscarlo. Lo extrañaba, se había acostumbrado a hablar con él, a su presencia constante mas no invasiva y, después de la noche que pasaron juntos, además lo añoraba de forma física, quería sentirlo nuevamente en ella y eso, no lo había borrado quien ocupó su cama los pasados meses pese a su demostrada experiencia sexual. Finalmente admitió que quería volver a estar con André y, junto con eso, un sentimiento de humillación también se hizo presente, pues estaba muy consciente de que tendría que dar el primer paso cuando regresara, ya que, luego de analizar toda la secuencia de hechos, no le quedaba sino aceptar que era ella quien se había equivocado en todo.
-Deténgase aquí, por favor- le indicó al taxista cuando estaban llegando al portal del edificio de destino, en el mismo distrito donde había vivido los últimos años, pero, esta vez, en un inmueble más discreto y sencillo. Algo pagado por ella y libre de cualquier compromiso familiar.
Cargando la maleta cruzó el vestíbulo y se presentó con el conserje, un hombre mayor y muy amable, que de inmediato se ofreció a acompañarla a su departamento mientras le entregaba las llaves. Haciendo a un lado el cansancio del viaje, y recurriendo a lo que le quedaba de paciencia y simpatía, le indicó que prefería que se quedara resguardando la entrada a acompañarla.
Al abrir el departamento, le impactó ver las reales dimensiones, pues su tamaño era bastante inferior al que le había cedido su familia, sin embargo, respiró profundo y se recordó a sí misma todo lo que eso significaba. Sería completamente independiente y no le debería nada a nadie. Por lo mismo, había postulado a la CIA pese a todos los costos que le significó, dejando la unidad a la que recién había ingresado a fin de partir desde cero en la institución extranjera. Y ahora, con una nueva acreditación bajo el brazo, esperaba desempeñarse en un cargo superior, cada vez más lejos de la sombra de su padre, en una nueva unidad. Sonrió al pensar en eso, pues incluía la posibilidad de buscar a André y, junto con pedirle disculpas por su infantil y egoísta actitud, quizás entablar algún otro tipo de relación con él, ya que, si bien no hablaban desde que salió de su departamento, sentía que no todo estaba perdido.
Con ese plan en la cabeza, luego de fumar un cigarrillo en la terraza, y enviarle un mensaje a Marie avisándole de su llegada, abrió las cajas que la empresa de mudanza había llevado esa misma semana y buscó la ropa de cama, lo principal era acondicionar el dormitorio para al menos pasar la noche. Casi de madrugada terminó de alistar todo y, con la tranquilidad de quien se siente en casa, cayó rendida en un sueño profundo.
Al día siguiente, y casi al mediodía, despertó como si hubiera dormido una eternidad. Llena de energía desempacó el resto de las cajas y a distribuyó los muebles que aún estaban embalados. Cuando consideró que su nuevo hogar estaba más o menos habitable, cogiendo una chaqueta salió a caminar. Era la víspera de Navidad y, por consiguiente, la de su cumpleaños. Sonriendo mientras respiraba profundo el gélido aire de la ciudad que la vio nacer, dejó que sus pies la guiaran sin pensar demasiado. Comió un bagel con queso mantecoso, tomates secos y pastrami, en una de las panaderías tradicionales y luego, se atiborró de café, el cual, pese a ser de una cadena internacional, le supo diferente a los de EEUU. pues por increíble que pareciera, le sabía a Francia, a hogar. Al anochecer, sus pasos la traicionaron y terminó bebiendo una cerveza en el Barrio Latino.
Su mirada vagó una y otra vez por la gente que pasaba por la calle y que, gracias a estar sentada cerca del ventanal, podía observar a gusto y paciencia. Cerca de la medianoche, cuando las familias ya habían desaparecido y sólo quedaban quienes querían festejar lejos de las tradiciones, es decir, la mayoría de la juventud que a esa hora ya se entregaba a la fiesta nocturna, un inconfundible perfil apareció ante su vista, con las manos temblando de anticipación pagó lo consumido y se dirigió a la salida.
I been tryna call
I been on my own for long enough
Maybe you can show me how to love, maybe
I'm going through withdrawals
You don't even have to do too much
You can turn me on with just a touch, baby
Caminó esquivando a quienes a esa hora ya estaban ebrios, y a los que únicamente buscaban algún lugar donde guarecerse de la garúa cada vez más espesa. Un empujón la desestabilizó, evitó caer al piso agarrándose de un faro de luz. En el descuido lo perdió de vista. Después de unos minutos que le parecieron eternos, nuevamente lo ubicó. Maldijo la fecha que hacía que, pese al frío, las calles estuvieran llenas. Lo siguió nuevamente.
I look around and Sin City's cold and empty (oh)
No one's around to judge me (oh)
I can't see clearly when you're gone
I said, ooh, I'm blinded by the lights
No, I can't sleep until I feel your touch
I said, ooh, I'm drowning in the night
Oh, when I'm like this, you're the one I trust
Hey, hey, hey
El corazón le latía con tanta fuerza, que sintió se le escaparía por la garganta en cualquier momento. Apresuró los pasos, sin embargo, apenas lograba avanzar. Tentada estuvo de llamarlo, pero aún le quedaba orgullo y se resistía a parecer tan desesperada.
I'm running out of time
'Cause I can see the sun light up the sky
So I hit the road in overdrive, baby
Oh, the city's cold and empty (oh)
No one's around to judge me (oh)
I can't see clearly when you're gone
Aburrida de los empellones que la movían de un lado a otro, pues parecía que todo el mundo iba en dirección contraria, empujó a quien por enésima ocasión le estorbó el paso. Gruñó de frustración, ¿es que acaso era una mala broma? A punto estuvo de zapatear como una niña sobre los adoquines mojados, se sentía frustrada, impaciente y ansiosa, sentimientos que la desestabilizaban y no lograba dominar.
I said, ooh, I'm blinded by the lights
No, I can't sleep until I feel your touch
I said, ooh, I'm drowning in the night
Oh, when I'm like this, you're the one I trust
I'm just walking by to let you know (by to let you know)
I can never say it on the phone (say it on the phone)
Will never let you go this time (ooh)
Cuando finalmente logró que los separaran sólo un par de metros, sus pies se negaron a seguir avanzando; con los ojos abiertos como platos, tragó fuerte y sintiendo que la garganta se le cerraba. André se inclinaba para besar en los labios a una delicada joven que, si no conociera a su padre, su amor por el control y el miedo al qué dirán, habría jurado que compartían genes, aunque era un poco más baja y, si era posible, aún más delgada que ella. La pareja se fundió en un abrazo que envidió con toda el alma.
Sintiéndose una estúpida, miró hacia todos lados buscando donde ocultarse. Sin embargo, como siempre ocurre, en el momento que giró para marcharse. Él la vio.
I said, ooh, I'm blinded by the lights
No, I can't sleep until I feel your touch
Apenas escuchó que la nombraba, cerró los ojos y respiró profundo. Volteó hacia él aferrándose a cada segundo que pasaba.
-Hola…- dijo esforzándose en mantener la vista en los ojos verdes que había añorado por meses.
-Qué sorpresa- André sonrió de lado -¿Cuándo regresaste?
-Hace unos días- mintió sin siquiera dudarlo.
La joven que lo acompañaba carraspeó.
-Perdona- André la tomó de la cintura -Julius, te presento a Oscar, fuimos compañeros de unidad.
Ambas se saludaron con un asentimiento de cabeza y sonrisas forzadas.
-¿La misma Oscar que mi hermana mencionó el otro día en la cena?- preguntó la muchacha.
La aludida arqueó una ceja mientras alzaba el mentón. Sin poder evitarlo, interrogó con la mirada a André, este no se amilanó y sonrió nuevamente antes de contestar.
-Sí, es la hija del director Jarjayes.
Respirando profundo acusó recibo del golpe. Él sabía cuánto odiaba ser "la hija de…"
-Vaya… veo que hablan de mí- contestó con sorna y la mejor sonrisa que pudo brindar -Y tú, ¿eres?
-Julius von Ahrensmeyer- la joven extendió la mano.
Oscar contestó el saludo con su sonrisa más encantadora.
-Dale mis saludos a tu hermana, aún no tengo el gusto de conocerla personalmente, pero, cuando asuma mis nuevas funciones, supongo que lo haré.
Pese a que ambas mujeres sintieron que el ambiente se tensaba, André se hizo el desentendido y actuó rompiendo el silencio.
-Nos vamos, fue un gusto verte- se despidió tomando de la mano a Julius.
Luego de rápidos gestos de despedida, la pareja se fue por un lado y Oscar por el otro. Consciente de lo cerca que estaban del departamento de André, se comió el orgullo y, después de avanzar unos metros en sentido contrario, se devolvió. Alcanzó a ver como ambos entraban al portal que ella había cruzado meses atrás. Con los puños apretados fue incapaz de despegar la vista, dándose cuenta del grave error que estaba cometiendo, cuando él dio media vuelta y la miró directo a los ojos. Permaneció quieta y con el mentón el alto, jamás huía y esa no iba a ser la primera vez, aceptando su derrota, se quedó quieta hasta que André desapareció del portal.
Emprendiendo el camino de regreso, sacó la cajetilla de cigarros que guardaba en el bolsillo de su chaqueta y encendió uno, pensando en cuánto había cambiado todo durante su ausencia. Dando una profunda calada, tomó su celular y marcó el número de teléfono de su hermana mayor.
-Feliz Navidad- dijo a modo de saludo -Sí, acabo de llegar… Sí, mañana almorzaré con mamá. Te veo ahí- cortó mientras hacía parar un taxi.
Después de apagar el cigarro en el basurero más cercano, subió al automóvil que la esperaba y cerró los ojos, maldiciéndose a sí misma por haber hecho tantas tonterías en tan poco tiempo. Llevaba poco más de veinticuatro horas en Francia y se sentía más imbécil que en toda su vida.
Al llegar a su departamento, tomó una larga ducha y luego de servirse una copa de vino, y contestarle con un mensaje a su mejor amiga que la vería al atardecer para celebrar su cumpleaños, se acostó obligándose a dormir, pues al otro día, su padre no la dejaría en paz si notaba algún rastro de debilidad o cansancio en ella.
-o-
El lunes 26 de diciembre, esperó sentada en la antesala de la oficina de la comandancia de la BRI con una carpeta bajo el brazo, en ella estaban los documentos de su nuevo grado, las cartas de recomendación de la CIA y todas las especializaciones conseguidas durante su estadía en EE. UU.
Después de una reunión de poco menos de una hora, fue guiada a la oficina que ocuparía como teniente y con el pequeño destacamento que tendría a su cargo. No era una gran unidad, pero se encargaría de investigaciones menores en un inicio, aprovechando el tiempo en que no fueran llamados como efectivos en una operación de ataque o extracción, pues seguía siendo efectiva de la BRI.
-Los oficiales Girodelle, Soissons y Grandier son quienes trabajarán con usted, teniente Jarjayes- le dijo su superior, el comandante Bouille –Girodelle es especialista en análisis y perito en computación. Soissons, en armamento y Grandier, en ámbitos legales, negociaciones e idiomas- los presentó -Como usted, todos efectivos activos de la BRI y, no tengo duda, de que facilitarán la comunicación y trabajo en conjunto con la RAID cuando sea necesario.
Oscar tragó fuerte cuando su mirada se encontró con la de André.
-Con Grandier ya nos conocíamos, fuimos efectivos del mismo escuadrón en la extracción del Bataclán- dijo con voz firme.
-Lo sabemos, los archivos de todos son dominio de la unidad- dijo Bouillé -Teniente, queda a cargo desde este momento. Girodelle tiene información de los casos activos y se encargará de ponerla al tanto.
Oscar asintió antes de despedirse de su superior.
-Mucho gusto- saludó a los tres hombres -Les pido me acompañen a la sala de reuniones con toda la información necesaria. Sí tenían algún compromiso, postérguenlo, pues no saldremos de aquí hasta que tengamos un plan de acción para cada situación.
Los tres asintieron en silencio. Dos miradas llenas de desconfianza y la tercera con indiferencia.
Diciembre de 2018
-Alain, te juro por lo más sagrado, que si no dejas esa pelota sobre la mesa haré que te la tragues- advirtió Oscar mientras se apretaba las sienes. Llevaba todo el día frente al computador revisando con Girodelle, una y otra vez, las imágenes de las cámaras de seguridad de al menos una manzana a la redonda del domicilio comercial de Julie Polignac.
-Esa mujer parece de hielo…- murmuró Víctor con los ojos fijos en la imagen de la madura empresaria descendiendo de un automóvil de alta gama -Su hija no lleva ni un mes muerta y ella aparenta que no pasa nada.
-El duelo es un proceso muy particular…- Oscar se puso de pie y se acercó al escritorio de Alain. Le quitó la pelota de goma de las manos antes de que la volviera a lanzar -Vete al gimnasio, corre, levanta pesas… no sé, haz algo con tu energía, porque me estás sacando de quicio con el constante golpeteo.
-Si no llevaramos más de una semana mirando videos, no sentiría que me estoy atrofiando- masculló como respuesta.
-Vete… haz algo más, no me sirves así, no estás concentrado.
Alain estiró los brazos antes de apagar su computador y levantarse de la silla.
-Jefa… lo siento, soy más de campo.
-Lo sé… vete, mantén el teléfono activo en caso de algo y, por favor, ocúpate durante el resto del día en algo que no me quite la poca paciencia que me queda. Y no te pases con la bebida, sé que es nochevieja, pero estamos en un caso activo.
-A la orden- el joven, un par de años menor que ella, se llevó la mano a la frente en señal de obediencia. Al pasar junto Girodelle, le palmoteó la espalda -Ayudándote a sentir…
Víctor se quitó los anteojos antirreflejo que usaba para protegerse la vista y bufó.
-Es bastante injusto que debido a su déficit atencional, tenga beneficios - reclamó a su superiora.
-Voy por un café- lo ignoró -¿El tuyo con algo en especial?
-Negro, por favor… se me caen los ojos a pedazos.
Oscar asintió y salió de la oficina. Al pasar por el estacionamiento, vio a Alain despidiéndose de André, quien por cierto estaba bajando del automóvil. Metiéndose las manos en los bolsillos de la chaqueta, se acercó.
-¿Cómo te fue con Bernard?
André le mostró un sobre amarillo.
-¿Ibas por café?- ella asintió -Vamos, conversemos allá y luego decidirás que hacer con esta información.
Sentados en una mesa arrinconada en la discreta cafetería que visitaban siempre, André sacó el contenido y lo desplegó en la superficie. La mayoría eran fotos de la casa que Julie tenía como dirección comercial, y supuesta oficina de asesoría en gestión inmobiliaria.
-Al parecer no es tan de piedra…- murmuró Oscar observando la imagen de la mujer llorando desconsolada a través de una ventana -¿Cuándo las consiguió?
-Hace un par de días- André bebió un sorbo de café -Lleva observándola más de una semana -Le mostró un set de fotografías, distintos proveedores descargaban todo tipo de productos y los ingresaban a la casona ubicada en las afueras de París -Está seguro de que hoy habrá una fiesta de año nuevo.
-Debemos ir… podríamos tratar de conseguir invitaciones, si es un evento concurrido, es fácil pasar desapercibidos.
-A menos que quieras pasearte en negligé, no creo que quieras entrar- le entregó otra foto de un grupo de muchachas comiendo en una terraza interior.
-No preguntaré cómo consiguió todo esto, porque claramente ha irrumpido en propiedad privada.
-Y por eso, no podemos entrar nosotros sin una orden- tomó las fotografías y las guardó. Dejó algunos euros en la mesa -Vamos, tendremos que incluir a Víctor en esto.
-Él no hará nada ilegal…
-Lo sé, pero ya no podemos actuar en paralelo, son parte del equipo y lo que hagamos, los involucra queramos o no… es mejor que lo sepa.
Sabiendo que debía tomar una decisión, Oscar terminó su café y asintió. Caminaron de regreso y en silencio. Al entrar a la oficina, Víctor estaba de pie frente a la ventana. La espigada atlética figura recortándose contra la luz.
-¿Ya decidiste incluirme?- preguntó sin voltear -Alain también debe estar informado, aunque parece un crío, no lo es y, como yo, sabe que si te metes la boca del lobo y sin permiso, lo hacemos nosotros también. Lo justo es que, como equipo, conozcamos toda la información.
-No me decepcionas- Oscar esperó que volteara hacia ella. En los dos años que llevaba conociéndolo, Girodelle le había demostrado que era un oficial no sólo arriesgado y tremendamente hábil en su área, sino que, además, confiable. Su aparente pasividad no era más que una útil máscara, pues con su rostro casi angelical, cabello siempre perfecto y vestuario de modelo de alta costura, jamás nadie imaginaba que era capaz de voltear a un hombre que le doblara en peso, el mejor manejando cualquier artilugio electrónico y un experimentado francotirador -Toma, revísalas y dame tu opinión- le entregó el sobre.
Con el ceño fruncido, Víctor revisó cada imagen y comenzó a tomar notas en un cuadernillo. Hizo una pausa para imprimir un plano y volvió a lo mismo. De vez en cuando, cerrando los ojos y golpeteando con los dedos la cubierta de su escritorio durante unos segundos, antes de tomar notas nuevamente. Después de una hora, tiempo en el cual Oscar se dedicó a observarlo en silencio mientras André salió a fumar, Girodelle se levantó del escritorio y dejó la libreta en la mesa de su superiora.
-Necesitamos este equipamiento- apuntó con el índice de la diestra una lista -Tengo claro los puntos estratégicos, y conozco gente que puede ubicar una camioneta de reparación de televisión por cable en las cercanías.
-¿Incluye la operación del equipo?
-Sí...- Girodelle exhaló con fuerza -Pero necesitaremos formalizar, sin fondos ni autorización, nada de lo que consigamos servirá. Tendrás que hablar con tu padre.
Oscar apoyó el mentón en sus manos entrelazadas y asintió.
-Solicitaré una reunión lo antes posible- se levantó de la silla -Hoy hay una fiesta, hagamos un estudio de campo después de medianoche. Podemos ir en mi auto, así no llamaremos la atención.
-Imposible no llamar la atención cuando metes a tres hombres que te pasan en tamaño en un automóvil que parece de juguete- sonrió de lado -Con Alain llegaremos por separado, hablaré con él y nos encontraremos contigo.
-A las 01:30 horas aquí- Oscar apuntó un punto en el plano, a dos calles de la mansión campestre -Vayan sólo con el arma de servicio, no tenemos permiso oficial e iremos únicamente a observar. André me acompañará.
-Bueno, supongo que es todo por hoy…- Víctor tomó su chaqueta -Nos vemos allá…
-o-
Esa noche cuando eran las 23:55 horas del día 31 de diciembre, Oscar caminó de la mano de André entre el gentío que abarrotaba Champ de Mars, todos abrigados y aprovechando la ausencia de lluvia, para buscar una ubicación que les permitiera observar de manera cómoda los fuegos artificiales que iluminarían la Torre Eiffel.
-Creo que aquí es perfecto- sacó de la bolsa que llevaba colgada al hombro un par de copas plásticas, mientras André le quitaba el sello de protección a la champaña.
Cuando los vítores anunciaron la llegada del 2019, él descorchó la bebida y, dejando que el líquido expulsado por la presión cayera sobre el escarchado pasto, se inclinó para besar a Oscar. Ella lo abrazó mientras ambos susurraban entre besos un "Feliz Año". Sonrientes se sirvieron una copa de champaña y brindaron por lo que les traería el año que estaba comenzando.
Avanzaron entre la gente abrazados y bebiendo lo que quedaba burbujeante licor directamente de la botella. De pronto, André notó que Oscar dejaba caer la champaña al suelo, manteniendo la vista pegada en un punto entre la multitud. Cuando se dio cuenta de lo que ocurría, ya era tarde, no pudo evitar que viera lo que pasaba frente a sus ojos; Víctor y Alain se besaban mientras celebraban al igual que ellos.
-Lo sabías, no lo niegues…- lo acusó.
Antes de que André contestara o alcanzara a soltarla de su abrazo, Alain volteó en dirección a ellos. De un tirón, hizo que Víctor también lo hiciera. Ambas parejas quedaron frente a frente mientras la noche se iluminaba con los múltiples fuegos artificiales.
Continuará…
Notas:
¡Supongo que aun se reponen de las sorpresas de este capitulo! jejejeje ¡Qué tal?
Primero, y en honor a las escenas, la canción que usé sí que tienen que escucharla, porque cuando lo hagan y lean la escena nuevamente, todo tendrá sentido y, si no me equivoco, hasta podrán ver la imagen en su cabeza, se llama "Blinding Lights" y es de Weeknd… es TRE-MEN-DA.
Además, quiero decirles que… ¡me encanta que me digan que canciones les "suenan" a ustedes para esta historia! ¡me inspiraron mucho! Es como si me estuvieran metiendo carbón, así que sigan con esas ideas, son buenas lectores gato XD.
Mil gracias a mis betas Krim y Cilenita, sé que están disfrutando como locas con esto jajajaajaja así que es mas entretenido escribir, ¡son las mejores!. Y a ustedes, mis queridas lectoras, un abrazo muy apretado, me dio gusto ver que nuevas amigas se han sumado, algunas que andaban medias desaparecidas y otras que por primera vez se animaron a comentar. Les agradezco profundamente todos los comentarios, Joselin, Yen, Verito, Krim, Sandy, Eloisa, Kary, Cami y las amigas Guest. Seguiré trabajando para no decepcionarlas jejejeje y pese a que las subo a la montaña rusa de emociones, en este capitulo les expliqué un poquito más de que va todo, espero noten el diferente tipo de narración, de desarrollo de temáticas y como, además, muevo la historia de forma más dinámica.
Ya, no las aburro más, les mando un abrazo y ¡cuídense mucho!
