Febrero de 2019
Oscar encendió el segundo cigarrillo consecutivo, mientras observaba la cafetería ubicada en la acera de enfrente. Pese a la distancia, logró distinguir a André y Girodelle hablando con un hombre al interior del recinto.
-Aún no entiendo por qué somos nosotros quienes se congelan en lugar de ellos- rezongó Alain a su diestra -Soy bastante más rápido consiguiendo información- restregó sus manos para entibiarlas.
-Deja de quejarte…- Oscar dio una profunda calada a su cigarrillo -No todo se consigue con amenazas o zamarreos. Ellos son mucho más amables que nosotros, y dado que aún nada es formal, no se te puede pasar la mano asustando a la gente. -Después de un par de fumadas, botó la colilla y la aplastó con el taco de su bota -Vamos, te invito a desayunar mientras esperamos.
-Pero si esa es una cafetería. Y ahí debiéramos estar nosotros también.
Oscar sonrió ante la tozudez de Alain y, sin contestarle, comenzó a caminar con dirección a un café ubicado a pocos metros. Obviamente, su subalterno no tuvo más remedio que seguirla. No obstante, al realizar el pedido, se desquitó solicitando más comida de la necesaria. Sentados junto a una ventana, al rato vieron como sus compañeros cruzaban en dirección a ellos.
-¿Tienes un GPS en el trasero?- preguntó Alain antes de dar un largo trago a su café -No me explico cómo es que André siempre sabe dónde estás.
-Me conoce y sabe cómo encontrarme- contestó ella con simpleza -Y no es necesario que seas tan vulgar para expresarte- agregó antes de llamar a la mesera. Pidió un café negro para André y un cappuccino con doble crema para Víctor.
-No. Él desayuna café con leche de almendras sin endulzar, y una tostada de pan centeno con miel- corrigió el pedido aguantando con estoicismo la burlesca mirada de su superiora. -Bien jugado, me lo merecía- admitió sonriendo cuando la garzona se marchó.
Reunidos los cuatro, Víctor y André expusieron lo averiguado mientras comían: el encargado del lugar llevaba años en el puesto y, pese a que los archivos del personal estaban en una oficina externa, supo de inmediato quién era la joven por la cual preguntaron. Jeanne Valois, una mujer bastante llamativa físicamente; muy inteligente, altanera, soberbia, impetuosa e impaciente también. Aunque, lo más destacable de todo lo dicho por su antiguo empleador, fue que cubrió un puesto de bajo salario y turnos extensos, debido a que llenaba la plaza obligatoria de reinserción para expresidiarios.
-Víctor, reúne toda la información que encuentres desde tu domicilio. Lo que consigas, lo quiero impreso en mi escritorio antes de que termine el día- Oscar terminó su segundo café de un trago -Hablaremos del caso únicamente en forma personal, no emails, WhatsApp ni llamadas. André, ve donde Bernard y pídele que se reúna con nosotros a las 18:00 horas, escoge tú el lugar. Alain, te vienes conmigo a la oficina, tenemos casos que cerrar antes de que nos reintegren oficialmente a este- instruyó antes de ponerse de pie e ir a pagar la cuenta.
Después de un largo día de trabajo y papeleo, a la hora acordada, los dos efectivos de la BRI y el periodista, revisaron lo entregado por Girodelle mientras compartían copas arrinconados en un discreto bar a orillas del río Sena: Jeanne Valois, paradero actual desconocido. Mujer de treinta y tres años, huérfana de padre; éste se suicidó al perder su patrimonio debido a su ludopatía. La madre, se unió en matrimonio al poco tiempo con el socio y mejor amigo del fallecido. De ese segundo enlace nació otra niña, Rosalie Lamorlière, de actuales veintiséis años. Jeanne entró y salió de varios colegios de élite, debido a sus constantes problemas con la autoridad, finalizando su enseñanza en escuelas nocturnas. No cursó carrera universitaria y su primer trabajo, como dependienta de una tienda de lujo en Avenue Montaigne, finalizó cuando, al poco tiempo de ser contratada, la boutique fue saqueada sin que las alarmas dieran aviso. Figura en el expediente del suceso que, debido a no existir pruebas en su contra, Jeanne sólo fue despedida.
Su siguiente empleo, en un importante estudio de abogados como recepcionista, lo desempeñó durante casi tres años, y hasta que uno de los clientes la denunció por chantaje, pues la joven le amenazó con informarle a su esposa, los bienes que intentaba ocultar de un engorroso acuerdo de divorcio. Para evitar el escándalo, no se cursó denuncia en su contra y todo se cerró con la firma de un acuerdo de confidencialidad. Su tercer trabajo no tuvo el mismo final; terminó en la cárcel acusada de participar en una estafa piramidal, ¿las víctimas? Un grupo de ancianos adinerados que confiaron en ella y su cómplice, Louis Rohan, un sacerdote cristiano a cargo de la guía espiritual de la destacada comunidad. Ambos, aprovechándose de la confianza depositada en ellos, malversaron fondos, los cuales fueron recuperados en su mayoría al ser rápidamente desmantelada la operación que planeaba desviar el dinero a algún paraíso fiscal. La condena de cinco años de presidio fue reducida a tres, debido a su buen comportamiento. Al salir en libertad, y como parte del plan de reinserción gubernamental, trabajó en la cafetería donde Oscar y Víctor la vieron en el año 2017. En ese empleo duró apenas dos meses y desde esa fecha, se perdió su rastro.
-Una verdadera joya…- murmuró André hojeando el legajo de papeles -¿Cuándo hablarás con el director Jarjayes? Con esto podemos volver al caso.
Oscar agradeció profundamente que fuera siempre cuidadoso al referirse a su padre, recordó lo hablado con Alain temprano. Sí, André la conocía muy bien. Le brindó una amplia sonrisa antes de contestar:
-Mañana a primera hora iré a su oficina.
En silencio y expectantes, observaron a Bernard que tomaba notas en una libreta. Al rato, y tras iniciar una nueva ronda de copas, el periodista respiró profundo y dijo:
-Dado que no hay cambios en la dinámica de Julie Polignac desde hace un par de semanas, tengo tiempo para acercarme a la hermana de Jeanne. Su trabajo en una editorial me viene bien, tengo un par de borradores que puedo llevar.
-Hecho- Oscar se puso de pie y extendió la mano en señal de despedida -Gracias, Bernard. André estará atento a tus noticias.
El periodista suprimió una carcajada al ser despedido de forma tan directa. Acostumbrado a la parquedad social de la mujer, entendía que no era antipatía, sino más bien una timidez mal gestionada. Luego de estrechar la mano ofrecida, vació su copa e inclinó para hablarle al oído a su amigo y, dándole una palmada en el hombro, se despidió.
André comenzó a toser, atorado con el vino mientras intentaba no reír.
-¿Qué te dijo?- Oscar lo interrogó acercando un poco su silla -Puedes decirme, sé que no le simpatizo y no me importa.
-Dijo que espera una cena preparada por ti, en mi casa. Porque hasta ahora, tú crees que él trabaja gratis.
-¿Por mí y en tu casa? ¿Y por qué no en la mía?
-Porque sabe que eres mi novia- sonrió al ver la inocente mirada de ella. Era tan cándida cuando no estaba a la defensiva, que era un regalo ver cómo su mirada adquiría un dulce brillo -Es un buen periodista. No iba a trabajar con nosotros sin investigarnos antes, él no corre riesgos- explicó.
Oscar arrugó el entrecejo y se mordió el labio inferior. A los segundos sonrió.
-Bueno, tendré que retribuirle de alguna manera… ¿Así que soy tu novia?
-Sí- inclinándose tomó las patas de la silla de ella y la acercó un poco más -Creo que ya es tiempo de formalizar un poco esto- la besó en los labios.
Tell me what you really like
Baby I can take my time
We don't ever have to fight
Just take it step-by-step
I can see it in your eyes
'Cause they never tell me lies
I can feel that body shake
And the heat between your legs
Parte importante del porqué acudían a ese barrio, es que era prácticamente imposible que alguien del trabajo, o de la familia de Oscar, fuera a ese sitio. El ambiente bohemio, relajado, oscuro y modesto, lo hacían destino de jóvenes universitarios o turistas de bajo presupuesto.
Sin dudarlo, y cuando el beso se intensificó, Oscar salió de su silla y se sentó a horcajadas sobre el regazo de quien la encendía con tan sólo una mirada. Meciéndose en un primitivo ritmo y amparados en la oscuridad del bar, se besaron hasta sentir que la ropa les estorbaba. Sumidos en la neblina del deseo, André, tomándola de las caderas, la presionó contra su cuerpo. El roce hizo que ella jadeara de gusto, la adrenalina del día y todo lo descubierto, la tenían en un estado de máxima sensibilidad y euforia.
You've been scared of love and what it did to you
You don't have to run; I know what you've been through
Just a simple touch and it can set you free
We don't have to rush when you're alone with me
I feel it coming, I feel it coming, babe…
-Espera… ya no puedo más- susurró con la voz temblando y sintiendo que, de seguir así, en ese mismo lugar iba explotar. Cerró los ojos un momento y respiró profundo antes de hablar nuevamente. -Creo que es hora de cumplir la fantasía que metiste en mi cabeza tiempo atrás- le susurró al oído -Paga la cuenta y búscame en el baño…- sonrió al ver como los verdes ojos se dilataban de deseo -Golpea tres veces como aviso.
You are not the single type
So baby, this the perfect time
I'm just trying to get you high (I'm just tryna, babe)
And faded off this touch
You don't need a lonely night
So baby, I can make it right
You just got to let me try
To give you what you want
I feel it coming, I feel it coming, babe…
Apenas los nudillos de André pegaron contra la puerta. Una elegante y fina mano, lo agarró de la chaqueta y tiró de él hacia el interior. Pusieron pestillo y, como muchas veces les ocurría, lucharon durante unos segundos por hacerse del dominio. Finalmente, fue ella la que terminó apoyada sobre el rudimentario lavamanos mientras él le tironeaba los ajustados jeans. En cuanto fue liberada de una pernera, él le hizo a un lado la fina ropa interior; sus cuerpos se unieron sin dilación.
-Míranos…- dijo él entre roncos jadeos -Mira lo que hacemos, dónde y cómo.
Oscar comenzó a temblar de anticipación antes de bajar la mirada. Dejándose llevar por la lujuria, hizo lo que él dijo: fijó la vista en el punto en donde sus cuerpos se unían, viendo claramente cada movimiento gracias a la amarillenta luz del baño. Sus entrañas comenzaron a arder, era todo tan erótico que apenas lo podía creer. Levantó la cabeza y trató de besarlo, él negó. Se mordió los labios en un fallido intento por acallar sus propios gemidos, mientras su espalda se arqueaba al máximo debido al placer que la asaltaba.
You've been scared of love and what it did to you
You don't have to run; I know what you've been through
Just a simple touch and it can set you free
We don't have to rush when you're alone with me
-No te contengas, nadie nos conoce… ni siquiera nosotros… podríamos ser dos desconocidos en cualquier bar- gruñó bronco y acometió con más fuerza. Estrelló una palma contra el desgastado espejo que estaba a la espalda de ella para afirmarse, mientras que, con la otra mano, la tomaba de una cadera para que no se moviera -Mírame a los ojos y dime qué quieres- exigió.
-Más… quiero más- se afirmó con fuerza de los tensos bíceps que la rodeaban, mientras lo envolvía con las piernas. Sintió como la tela de los jeans de él rozaba la cara interna del muslo que tenía al descubierto.
Sumidos en el momento, ignoraron los reclamos y golpes contra la puerta que se escucharon desde el pasillo.
En medio de los bruscos movimientos y el ruido de los jadeos y gemidos, y apenas enfocando la vista, Oscar observó un pequeño espejo que tenía en frente. Casi no se reconoció en el reflejo: estaba despeinada, con la mirada brillante, los labios entreabiertos y una expresión ferozmente carnal en el rostro. Luego lo observó a él, pudiendo reconocer bajo la ropa la fuerte figura que conocía casi de memoria. André se sumergía en ella con fuerza contenida, pero, al mismo tiempo, de manera tan contundente que parecía un poderoso Dios. La sangre le comenzó a hervir, y el aire salió de sus pulmones en jadeos cortos y punzantes ante la inminencia del clímax. Previo a dejarse llevar, volvió a mirarlo a los ojos, conectándose más allá de sus cuerpos. Abrumada por la experiencia, una solitaria lágrima recorrió su mejilla y de su garganta salió un gemido de liberación, cuando el alivio la asaltó. Dando un suspiro, apoyó la espalda contra el espejo sin despegar la mirada André. Quería reír y llorar al mismo tiempo.
-Te am…
Fue silenciada con un fiero beso.
-También te amo- dijo él contra sus labios -Dios, te amo tanto…- la besó nuevamente.
Abrazados esperaron que sus corazones volvieran al ritmo habitual.
I feel it coming, I feel it coming, babe
I feel it coming, I feel it coming, babe (I know what you feel right now)
I feel it coming (I feel it coming)
I feel it coming, babe (I feel it coming, babe)
I feel it coming (I feel it coming)
I feel it coming, babe (I know what you say right now, babe)
-Lo hicimos en el baño de un bar de mala muerte- murmuró Oscar contra la chaqueta de quien la cobijaba contra su pecho -Y estoy con el trasero sobre un lavabo…
-Calla… arruinas el momento- André comenzó a reír -No es tan grave, te aseguro que tu precioso, delicado y fino trasero, no fue mancillado- se burló.
-Ayúdame, siento que contraeré una hepatitis- dijo ella entre carcajadas.
Enseguida se apartó arreglándose los pantalones y buscó papel para que ella se limpiara. La ayudó a vestirse y, tomándola firmemente de la mano al tiempo que le daba un dulce beso en la mejilla, salieron del baño. Sonriendo ignoraron a quienes protestaron por esperar a que ellos desocuparan el lugar. El anochecer los recibió en la calle y, sin soltarse de la mano, se marcharon sintiéndose más cómplices que nunca.
Al día siguiente, y muy temprano en la mañana, Oscar aguardó a que su padre la recibiera en su despacho. Después de algunas horas, y argumentando que el director recién finalizaba una reunión, la secretaria la hizo pasar. Tal como sospechó, el caso que le interesaba no sólo no tenía avances, sino que, además, presentó un grave revés: Julie Polignac fue interrogada sin pruebas suficientes y debido a eso, cerró temporalmente su negocio de acompañantes.
-Veo que, una vez más, te saltaste todas las normas- el director la miró con reproche y dejó la carpeta presentada a un lado -Hija, vas a perder tu licencia si sigues así, este archivo está lleno de delitos- respiró profundo -Es agotador discutir contigo cada vez que nos vemos… ¿Cuándo dejarás de desafiarme?- preguntó mirándola a los ojos.
-El día que aceptes que soy tan buena como tú, tan buena como cualquier hombre.
-Eso lo sé…
-No, no es así- se levantó de la silla y comenzó a caminar por el despacho -Me exiges sin medida y cuestionas por todo. No sabes lo que es estar en mis zapatos… no tienes idea de lo agotador que es vivir en un mundo donde, tan sólo por ser mujer, vales menos- volteó hacia su padre con los puños apretados -Para mi trabajo tengo las mismas capacidades que un hombre, y es injusto que a mi me cueste más y siempre se me juzgue…- su miraba brilló -Además, demuestro día a día que estoy donde estoy, por mis méritos y no por mi apellido.
-Así que es feminismo y además te avergüenzas de ser mi hija...
-No, sólo exijo equidad- Oscar se acercó al escritorio y tomó la carpeta -Mis hombres y yo, hemos trabajo arduamente y somos tu mejor oportunidad. En estos momentos, el caso está a punto de cerrarse y sólo quedará pendiente el homicidio de Charlotte en Suecia. Ambos sabemos que todo está relacionado. Deja de considerarme cómo alguien que necesita tu aprobación personal y regrésanos al caso.
-Deja de actuar como si no necesitaras mi aprobación- el director apoyó las manos en su escritorio -Soy tu padre, aunque te pese, pero también soy tu superior. No lo olvides.
-Aquí, eres sólo mi superior- lo miró a los ojos -Los domingos, cuando almuerzo en tu casa junto a mamá y mis hermanas, soy tu hija.
Apretándose el puente de la nariz, y sin ganas de seguir discutiendo, el director Jarjayes dio su venia para reintegrarla al caso. Quedó organizada una reunión para los próximos días, pues las pruebas e información conseguidas debían legalizarse, antes de formalizar el retorno de su unidad.
Era casi media tarde cuando Oscar llegó a su oficina. Fue directo a una de las salas de interrogación, ya que Girodelle le avisó por mensaje que estaban ahí. Luego de sacar un café de la máquina expendedora de esa ala del edificio, entró a la habitación contigua a la que era usada en esos momentos. Antes de saludar a Víctor, que observaba atentamente la grabación reproducida en tiempo real, y de preguntar a la comisario von Ahrensmeyer qué hacía ahí, fijó la vista en la sala de interrogatorios: Alain caminaba de un lado a otro mientras André, preguntaba de forma muy tranquila una serie de hechos al sospechoso, el cual, por cierto, se remitía a contestar a cada cuestionamiento "sin comentarios".
-Comisario, ¿qué significa esto?- Oscar dejó su cuaderno de notas y su vaso de café sobre un escritorio -Tengo entendido que todas las investigaciones que lleva mi unidad ya pasaron la fase de interrogatorios.
-Teniente- María Bárbara se puso de pie y extendió la diestra como saludo -No fue mi intención pasar por sobre su autoridad…
-Pero lo hizo- Oscar estrechó su mano -E imagino que debe haber una buena razón, para usar a dos de mis hombres en una investigación que no es nuestra.
María Bárbara la invitó a sentarse a su lado y frente al cristal que dividía las dos salas. Enseguida explicó que el sospechoso sería formalizado por desórdenes, pero, que estaba dilatando el proceso debido a que, en el control de identidad realizado en una violenta manifestación disuelta por la RAID, se le encontraron varios pasaportes femeninos al momento de revisar sus pertenencias.
-¿Y usted sospecha que hay algo más?- inquirió Oscar mirándola a los ojos.
-Sí. Creo que está ligado al caso que usted trató de armar contra Julie Polignac- la mujer sonrió -Tómelo como una ofrenda de la RAID a la BRI. Faltan sólo un par de horas para que liberemos al sospechoso o presentemos cargos en su contra. Pero los cargos deben ser los correctos, para eso trabajamos.
-¿El director sabe de esto?
-Sí, el director Jarjayes está enterado y lo autorizó. En cuanto usted salió de su despacho, me comunicó su reintegración al caso. Él sabe de este sospechoso desde ayer, ya que le envié el expediente apenas lo detuvieron, y piensa lo mismo que yo: esto no es el trabajo de un simple pickpocket*.
-Veo que es muy cercana al director.
-Es un gran mentor- contestó con seriedad María Bárbara.
-Sí, lo es- dijo Oscar dando por cerrado el tema. Enseguida, se concentró en los tres hombres al otro lado del cristal; le habló a Girodelle sin dejar de observarlos:
-¿Hace cuánto tiempo André dejó ese lápiz al alcance del detenido?
-A los diez minutos de iniciar.
De pronto, Alain golpeó la superficie de la mesa de interrogaciones y acusó al sospechoso de tener los pasaportes como trofeos de asesinatos. El hombre se removió en la silla. André, notando sus gestos, corrigió la acusación y cambió el cargo a violador en serie. En ese instante, el acusado reaccionó violentamente y tomó el lápiz que llevaba horas abandonado en la mesa y alegó inocencia.
-Lo tiene- Oscar chocó su palma con la de Girodelle mientras ambos sonreían.
-Son muy buenos juntos- murmuró María Bárbara refiriéndose a los interrogadores -Pocas veces he visto que sea efectiva la lectura de gestos corporales.
-Es lógico lo que pasó, es gay- agregó Girodelle -Y lo acaban de asustar con cargos terribles. Está por caer- apoyó la espalda en la silla y sonrió mientras jugaba con un lápiz en la mano.
Tal como Víctor vaticinó, el sospechoso se comenzó a desmoronar y a dar respuestas contradictorias. Oscar apretó el intercomunicador y anunció que debían tomar un receso, pues el prisionero estaba con claras señales de fatiga. En el pasillo sacó una botella con agua de la máquina expendedora. Esperó a André y Alain.
-Buen trabajo- los felicitó y entregó la botella a Alain -Dásela y gánate su confianza, te teme y admira, se ve en su mirada. André- volteó hacia él -Cuando baje la guardia, ofrécele un abogado nuevamente e instalo a aceptarlo, dile que así podemos acordar protección si delata a la red de trata de personas con la que trabaja. Te respeta, asegúrate de usar eso en beneficio de la investigación.
Los hombres asintieron y caminaron de regreso a la sala de interrogatorios.
-La comisario von Ahrensmeyer sigue en la sala contigua- ambos se detuvieron al escucharla -No dejen mal a nuestra unidad.
Siguiendo las instrucciones de Oscar, el detenido prontamente admitió que los pasaportes pertenecían a jóvenes recién llegadas al país. No obstante, al momento de delatar a sus cómplices y/o cabecillas, declaró no saber nada debido a que era un simple mensajero, pues sólo movía los documentos de un lugar a otro y jamás tenía contacto con más personas.
-Estamos en un callejón sin salida- murmuró Oscar con la vista pegada en el cristal -Es demasiado débil para confiar en él, si lo dejamos libre para que nos ayude, nos delatará de inmediato- tamborileó con los dedos la cubierta de la mesa frente a la que estaba -Tendremos que formalizarlo por desordenes, que es de lo único que tenemos pruebas concretas, y seguirlo en cuanto esté libre. Víctor, contacta al fiscal.
María Bárbara asintió, pues coincidía con ella.
Formalizado ese caso. Todo siguió con normalidad hasta el día de la reunión en las oficinas de la Interpol. Sentados en una de las salas de reuniones, Oscar y su unidad esperaron a que el director Jarjayes se uniera. Victor, André y sobre todo Alain, omitieron cualquier opinión o cuestionamiento, del porqué el encuentro se llevaba a cabo ahí y no en el cuartel de la Fuerza Nacional de Intervención Policial, pues la teniente fue muy clara en sus instrucciones: no debían dar pie a ninguna controversia, ni mostrar algún tipo de insubordinación. No estaba dispuesta a ser sacada del caso nuevamente.
Toda duda se despejó cuando el director ingresó a la sala de reuniones, un alto y apuesto hombre lo acompañaba. Oscar quedó pegada a la silla y sin atinar a hablar durante unos segundos. El detective caminó directo hacia ella con una deslumbrante sonrisa.
-Teniente Jarjayes- el hombre extendió una mano de forma respetuosa -Es realmente un agrado verla nuevamente.
-Fersen…- balbuceó y se puso de pie. Logrando recomponerse enseguida, contestó el saludo y estrechó su mano con fuerza -Imagino que serás nuestra contraparte sueca en la investigación.
-Siempre tan perspicaz- soltó su mano y le habló al resto de la unidad -Caballeros, es un gusto. Soy el comisario Hans von Fersen y, como bien intuyó la teniente, mi función es ser el nexo entre Francia y Suecia en este caso. Además, por parte de mi país, soy el encargado en la investigación de trata de personas y sus implicancias en el asesinato de Charlotte Polignac- volteó nuevamente hacia Oscar -Tengo gratos recuerdos de la teniente en nuestro paso por la CIA, por lo que estoy seguro de que trabajaremos sin ningún problema. En esa oportunidad hicimos un muy buen equipo.
André, que observó la escena en silencio, arqueó una ceja al notar que Oscar perdía el aplomo de siempre durante unos segundos. Cuando ella lo miró, pudiendo ver varias preguntas en los ojos verdes que adoraba, pensó durante unos segundos en qué decisión era la correcta: confesar o no el tipo de relación que la unió a Fersen, pues era algo de lo que nunca hablaban. Respirando profundamente, desestimó el tema. El caso era lo importante en ese momento, después decidiría qué hacer.
Continuará…
Y bueno… se acabaron las vacaciones, así que a retomar las responsabilidades. Espero que les haya gustado este capítulo, si es así, ya saben: me dejan un review y yo me pongo feliz jejejeje es la dinámica de siempre. Les cuento que esta vez y para no retrasarme, publiqué con "autobeteo" no más, así que mil disculpas si hay errores, ya los corregiré cuando lea el capítulo nuevamente (soy media obsesiva con eso XD). Sé que las tengo colgadas con lo que pasó en el 2017, calma, calma, que estoy en eso… es sólo que no me quise extender demasiado y mezclar cosas importantes en este capítulo. Sentí que perdería el foco.
Ahora, les dejo las notas de siempre:
Momento musical: Ufffff agreguen a su lista "I feel it coming" de The Weeknd. TEMAZO!
Pickpocket: Es el nombre que se le da a los carteristas en Francia… y son veloces. El primer día que estuvimos en Paris con mi familia, a mi suegro lo carterearon en el metro. Así que los conocimos de primera fuente. Luego, nos dimos cuenta de que, en los lugares más turísticos de la ciudad, había avisos que advertían a los turistas de estos amigos de lo ajeno.
Técnica del lápiz: He estado viendo la serie "Criminal" en sus distintas versiones, ¡buenísima! Se las recomiendo y está en Netflix. En esta serie aprendí lo de esa "técnica" y se basa en que una persona que es culpable de lo que se le acusa, en general es capaz de mantener una postura tranquila. Sin embargo, cuando se les acusa de algo que no hicieron, se alteran físicamente y si hay algo sobre la mesa, en general es lo primero que toman. En este caso, un lápiz. Interesante, ¿no?
Momento publicitario: Con mi compinche y amiga Krimhild, hicimos una historia en conjunto llamada "Traición" que es un crossover entre Orumado y ROV ("Decisiones" no es tan crossover, o sea sí… pero poquito XD) y bueno, está publicado en una cuenta que hicimos para las dos, así que las invito a leer, ¡porque quedó buenísimo! Busquen el usuario "2 Edelweiss" y nos encontrarán.
Un abrazo y gracias a cada una de ustedes por leer y sobre todo, por comentar. Espero que me perdonen por la ausencia, pero necesitaba descansar. Cuidense mucho queridas mías, que esto no ha terminado.
