Abril de 2017

Oscar apagó la colilla del cigarro que acababa de terminar en un cenicero apoyado en la barandilla; arrugó el entrecejo al notar que estaba casi lleno. Esa mañana, después de ducharse y con el cabello aún húmedo, salió al balcón y encendió un cigarrillo, acción que repitió mientras esperaba a que la farmacia más cercana a su departamento comenzara a atender.

You're giving me a million reasons to let you go
You're giving me a million reasons to quit the show
You're giving me a million reasons
Give me a million reasons
Giving me a million reasons
About a million reasons

If I had a highway, I would run for the hills
If you could find a dry way, I'd forever be still
But you're giving me a million reasons
Give me a million reasons
Giving me a million reasons
About a million reasons

I bow down to pray
I try to make the worst seem better
Lord, show me the way
To cut through all his worn out leather

I've got a hundred million reasons to walk away
But, baby, I just need one good one to stay

Cada vez más acostumbrada a la presencia de André, ni siquiera volteó hacia él cuando este cruzó el ventanal para unirse a su espera. Sin despegar la vista del parque que se vislumbraba a los lejos, pues el hermoso follaje de los árboles en primavera la relajaba, le extendió el encendedor.

-Te lo cambio por esto- André le quitó el mechero y puso en su mano un tazón -Ten cuidado, está caliente- le advirtió con dulzura.

-Gracias…- sonrió incómoda -Debería haberlo preparado yo… Soy una pésima anfitriona- Apoyando la espalda en el barandal lo miró a los ojos mientras probaba el café recién hecho. -No es necesario que me acompañes. Si tienes algo que hacer, estás en libertad de acción- agregó entre sorbos.

André posó las manos en la baranda, encerrándola. Se inclinó y la besó con suavidad, procurando no tocar el café que permanecía entre los dos.

-Esto no cambia nada- la miró a los ojos separándose unos centímetros.

-Esto, puede cambiarlo todo- contestó Oscar removiéndose. Sin querer manchó la blanca camiseta que él vestía con café -¡Mierda!- se lamentó -Perdona… No se que me pasa, todo me sale mal desde un tiempo a esta parte.

Head stuck in a cycle, I look off and I stare
It's like that I've stopped breathing, but completely aware

'Cause you're giving me a million reasons
Give me a million reasons
Giving me a million reasons
About a million reasons

And if you say something that you might even mean
It's hard to even fathom which parts I should believe

'Cause you're giving me a million reasons
Give me a million reasons
Giving me a million reasons
About a million reasons

El oficial respiró profundo al tiempo que se quitaba la prenda antes de quemarse.

-Oscar, basta- la miró serio y con la camiseta afirmada en la diestra -Lo estás haciendo nuevamente.

-No sé de qué hablas.

Ingresó al departamento con la taza en la mano. Él la siguió hasta la cocina.

-Te alejas, rehúyes, no hablas… ¡Por Dios! ¡Son cosas que pasan! ¡Un condón estaba defectuoso, y el mundo no se acaba por eso!- le dijo mientras metía la prenda a la máquina que estaba en el cuartito de lavado. Cerró la portezuela de golpe y la programó -Estás armando una tormenta en un vaso de agua…- respiró profundo.

-¡A mí no me pasan esas cosas!- retrucó ella metiendo la taza en el lavavajillas; lo cerró de un portazo -¡Yo no cometo errores!- se restregó el rostro con rabia -¡Y desde que estamos juntos, no soy capaz de hacer las cosas bien! ¡Ni siquiera se me ocurrió comenzar a tomar la píldora! ¡No sé qué me haces…!- los ojos se le llenaron de lágrimas -No puedo ni pensar de forma normal…- murmuró con la voz temblando -Me asusta quien soy cuando estoy contigo…

I bow down to pray
I try to make the worst seem better
Lord, show me the way
To cut through all his worn out leather

I've got a hundred million reasons to walk away
But, baby, I just need one good one to stay

Oh, baby, I'm bleeding, bleeding, ey...
Can't you give me what I'm needing, needing?

Every heartbreak makes it hard to keep the faith

But, baby, I just need one good one
Good one, good one, good one, good one, good one

-Ven…- tomándola de una mano la acercó hacia sí. La abrazó -Tranquila…- la besó en el tope de la cabeza -Solucionemos las cosas de a una…

-¿Y si no funciona la píldora?- murmuró.

-Tendríamos la peor suerte del mundo… Las probabilidades son muy bajas, a menos que estemos destinados a aumentar la tasa de natalidad del país- bromeó contra su cabello.

-No quiero tomar una decisión para la que no me siento preparada.

When I bow down to pray
I try to make the worst seem better
Lord, show me the way
To cut through all his worn out leather

I've got a hundred million reasons to walk away
But, baby, I just need one good one, good one
Tell me that you'll be the good one, good one
Baby, I just need one good one to stay

-Entonces, no la tomes. Al menos, no ahora…- el sonido del timbre lo interrumpió -¿Esperas a alguien?

Ella negó mientras abría el grifo para mojarse el rostro con agua fría, intentando borrar cualquier indicio de su desesperación. André, sin pensar demasiado, se dirigió a la puerta. Arrepintiéndose de su acción en cuanto giró el pomo, pues en ese instante, se dio cuenta de que no tenía ninguna explicación creíble para estar ahí, a esa hora y sin camiseta. Si el padre de Oscar estaba al otro lado del umbral, no tendrían excusa. Sin embargo, cuando una delicada y linda rubia lo miró sin reparos de pies a cabeza, sonrió relajado aunque tampoco supo qué hacer.

La incomodidad desapareció en el momento en que el regordete niño, que estaba en la carriola que Marie afirmaba, comenzó a llorar.

-Perdona… necesito cambiarlo- empujó el coche al interior del departamento, apenas André se hizo a un lado. Se detuvo en el pequeño recibidor -Diablos… La cama, ¿está en condiciones?

-Marie, ¿qué haces aquí?- preguntó Oscar saliendo de la cocina.

-Hola a ti también…- el bebé lloró más fuerte -¿Dónde puedo cambiarlo?

André fue al dormitorio y regresó con una manta: la estiró sobre el sofá.

-Mejor aquí.

-Parece que lo pasaron bien anoche…- bromeó Marie y sonrió pícara.

Colocó a su hijo en el sillón; apenas aguantó las carcajadas cuando Oscar y André, lanzaron exclamaciones debido al olor que salió al abrir el pañal. Cuando terminó de cambiar al niño, estaba sola. Después de dejarlo en la carriola nuevamente, abrió el ventanal y avisó que la zona "estaba libre de bombas". Bufó decepcionada al ver que André apareció vestido con un sweater liviano.

-Marie…- Oscar la reprendió.

-Está bien, lo siento. Es que no todos los días veo algo así… Luis es demasiado aficionado a la cerveza y pizza… o demasiado flojo, no lo sé- encogió los hombros despreocupada. -¡Ah! Venía a ver cómo estabas. Anoche, tu madre le comentó a la mía de tu suspensión y como es fin de semana de elecciones, preferí salir temprano aprovechando que Joseph despierta al alba.

-¿Mi suspensión?- dijo mirando a André sin entender, él se encogió de hombros, tampoco sabía nada -¿No se supone que Yusúpov les devolvió mi placa?- le preguntó presionándolo. Sin esperar respuesta fue en busca de su celular, maldijo al ver que estaba descargado.

Mientras el aparato volvía a funcionar conectado a la corriente, André ofreció café. Oscar rechazó la oferta, pues sentía el estómago revuelto. Sirvió para él y Marie. Cuando el celular se activó, la teniente lanzó una maldición: su padre le había marcado al menos una docena de veces; su madre, otras tantas. Abrió la aplicación del e-mail y leyó en voz baja el aviso de suspensión.

-Quince días…- murmuró -¡Quince días!- repitió enseguida y furiosa -¡Quince días de suspensión sin goce de sueldo, por ayudar a detener un atentado! ¡¿Es que acaso me están jodiendo?!

Joseph se puso a llorar. André, en un acto reflejo, lo sacó de la carriola y comenzó a jugar con él. La furia de Oscar, el llanto del niño y la risa nerviosa de Marie, estaban acabando con su paciencia. Avisando que lo llevaría a pasear, salió del departamento con el infante en brazos.

Oscar se dejó caer en el sofá junto a su amiga y se cubrió el rostro. Permaneció en silencio hasta que Marie habló.

-Estoy segura de que, en algún lugar del mundo, es hora de un Happy Hour- le extendió un chupito de tequila -Si tuvieras champagne y jugo de naranjas, te haría mi especialidad: preparo las mejores mimosas del mundo- sonrió al ver que Oscar aceptaba el vaso y lo vaciaba de un trago. Dejó la botella sobre la mesa de centro -Cariño…- se sentó a su lado -No estás así sólo por la suspensión… Te comportas como si de ti dependiera la paz mundial- la miró con infinita ternura -¿Me quieres decir qué pasa?

-Debo ir a la farmacia, necesito una píldora del día después… Soy una estúpida. Olvidé ir al médico y se nos rompió un condón.

-¡Santo Dios!- Marie se cubrió la boca -¡Después de pasear a Joseph, André no querrá hijos jamás! ¡Y se lo llevó sin la carriola! ¡Debiste haberme advertido! - la golpeó en un brazo -Ese niño si no se caga, vomita… Aunque, espero que le vomite encima para ver nuevamente esa tableta de chocolate… ¿Has pensado ponerle helado o crema encima?, te juro que yo lo haría, es que está para pasarle la lengua- suspiró -Bien guardado te tenías que es el paquete completo, ¿y has visto cómo sonríe? - abrió los ojos de forma desmesurada -¡Claro que lo has visto!- hizo un gesto en el aire con las manos -Ese hombre ilumina todo a su alrededor, bah… que digo, ¡encandila! Y esos ojos, ¡santísima virgen! Es que dan ganas de comérselo entero… y, además, me quitó de encima a mi adorado niño… y según tú, también lo tiene grande... debí haberle mirado el pantalón, ¡ay! ¿Por qué me distraje con sus oblicuos?... ¿Por qué soy así? ¡Jamás me fijo en lo importante! - se lamentó con dramatismo. Enseguida alzó un dedo apuntando a su amiga -Te lo digo desde ya ¡No la cagues! Es que… ¡Françoise Jarjayes, si jodes esto, te llevo hasta Versalles a punta de patadas en el trasero! ¡Te lo juro!

Oscar, abrió la boca para reclamar. Sin embargo, a los segundos comenzó a reír afirmándose el estómago. Eso era justo lo que necesitaba. Se carcajeó hasta que brotaron lágrimas de sus ojos y sintió calambres en el abdomen. Se sirvió otro chupito.

-Me das envidia- dijo Marie suspirando -Si André fuera millonario y maniático del control, te diría que estás viviendo tu propia novela erótica.

-Si te escucha. Dirá que la maniática del control y millonaria soy yo- contestó antes de beber otro chupito.

-Menos mal que ninguno tiene un sórdido pasado. Aunque, si hablamos de traumas familiares, calificas como protagonista- sonrió divertida -¿Estás segura de que no lo atas a la cama para darle nalgadas, o que no le instalaste un GPS para saber donde está todo el tiempo?

-Una vez me nalgueó, pero fue entretenido…y somos oficiales, ¡claro que hemos usado las esposas!- Oscar comenzó a reír -En cuanto al GPS, soy su superior. Siempre sé donde está.

-Chica lista- dijo Marie acercándole la botella a su amiga -Ese hombre te va a dejar coja si sigues a ese ritmo- la molestó.

Oscar calló lo que iba a contestar, limitándose a beber otro chupito.

Cuando André volvió al departamento, sosteniendo al rubio niño cómo si fuera un paquete, ya que este le había vomitado encima cuando regresaba de pasearlo, una sonriente Oscar le abrió la puerta. Al ver una botella de tequila a medias en la mesa, no necesitó preguntar por qué tan buen humor. Luego de pasarle el niño a Marie, se cambió el sweater por la camiseta que ya estaba limpia y seca. Al volver al saloncito, Oscar le hacía morisquetas a Joseph sentada en el piso; miró a Marie: esta le guiñó un ojo mientras alzaba el pulgar.

Se inclinó junto a Oscar para que le pusiera atención al hablarle:

-Debo acuartelarme… Me llamó Víctor cuando venía de regreso, él y yo debemos unirnos al equipo de táctica en ataque y defensa; por lo menos hasta que tú y Alain se reintegren. Al parecer el ruso, pese a no pedir tu salida, exigió sanciones disciplinarias; Seremos reevaluados y determinarán si la unidad continúa o no.

-Ok.

-Oscar…- la tomó del mentón -¿Oíste todo lo que dije?

-Sí… puedo perder el trabajo de años por el mal talante de un misógino- lo miró serena, aunque un tanto bizca -Y pensar que me metí a la cama con él también…- bufó. A los segundos, comenzó a reír al ver la turbia mirada de André -Ya sabes, te acostaste con su exnovia y yo, termino acostándome con quienes tú lo hiciste… bla bla bla… educación sexual- explicó.

-Pero André tiene cara de serio- intervino Marie -Estoy segura de que usó preservativos, así que en realidad no te acostaste con nadie más que con él. Yo no me preocuparía- le acarició la espalda en un tranquilizador gesto.

André abrió los ojos hasta el máximo y sacudió la cabeza apenas aguantado la risa; Oscar estaba borracha como una cuba y no eran ni las nueve de la mañana.

-A mi no me mires, que solita se la bebió. Estoy amamantando- se excusó Marie sonriendo -Y no me juzgues, una amiga hace lo que debe cuando es necesario- tomó al niño y lo dejó en la carriola -Vamos, llevémosla a la habitación. Después de dormir un rato estará mejor.

-Estoy aquí- rezongó Oscar -No hables de mí como si no estuviera… soy teniente de la BRI, puedo golpearte- mostró un puño en alto -Es más, puedo golpearte a ti y a André juntos- sonrió con suficiencia.

-Lo sé, cariño. Eres la más fuerte- Marie la tomó de un brazo e hizo un gesto para que André hiciera lo mismo -Vamos, creo que necesitas una siesta.

-Pero si es de mañana… aunque en realidad, no dormí- comenzó a reír -Es que André no me lo permite… A propósito… Esperen, suéltenme- se detuvo. Una vez que se vio libre, caminó por el pasillo -Marie, creo que tienes razón… Estoy segura de que rengueo, ¡fíjate! - volteó apoyándose en la pared para no perder el equilibrio -André, ¡si se me desplaza la cadera, es por tu culpa! - comenzó a reír hasta que quedó sentada en el piso.

André corrió a levantarla; en brazos la llevó a la recámara y, después de sentarla en el borde de la cama, le quitó los zapatos y el cinturón mientras Marie ordenaba un poco las cobijas. Cuando la recostaron, Oscar abrazó una almohada y bostezó. Masculló algo inentendible y se quedó dormida.

-Vete, me quedo con ella- susurró Marie cerrando la puerta de la habitación -Y no te preocupes, tiene una memoria de elefante incluso borracha. No te culpará por no estar.

-Debe ir a la farmacia, no puedo ir yo… no me venderán lo que necesitamos.

-Yo la acompañaré si lo necesita- lo tranquilizó -Pero, estoy segura de que puede resolver las cosas por sí misma.

Luego de despedirse, André se marchó y Marie, tras amamantar a Joseph y cambiarlo nuevamente, se metió a la cocina; Oscar despertaría hambrienta.

-o-

Los quince días de suspensión transcurrieron en relativa calma. Oscar se dedicó a leer, retomar sus prácticas boxeo y salir a trotar por las mañanas. Y, cuando aceptó que nada de lo que dijera o hiciera cambiaría la situación, comenzó a disfrutar el tiempo libre. Aprovechó de visitar a su madre y salir de compras con Marie: necesitaba renovar su closet, no podía seguir durmiendo con camisetas agujereadas por muy cómodas que fueran. Además, actualizó su currículo en caso de tener que postular a otra área de la policía. En cuanto a su padre, lo rehuyó, no estaba de ánimos para enfrentarse a él.

También aceptó cada invitación que André le hizo cuando tenía días libres. Intentando llevar la relación más allá del interior de sus departamentos, fueron al cine, salieron de copas con Marie y Luis apenas ellos consiguieron una niñera e incluso, una noche, visitaron un club de moda. Pasearon de la mano entre la multitud y bailaron en medio de la pista. Ninguno de los dos volvió a tocar el tema del condón defectuoso ni se preguntaron qué harían si la pastilla fallaba. Simplemente el tema quedó en pausa hasta que, la última noche de suspensión, Oscar constató que tenía un retraso de cinco días.

Siendo incapaz de esperar a la mañana siguiente, y recordando que una de las consecuencias del medicamento era sufrir retraso o adelanto en la menstruación, tomó su chaqueta y salió del departamento. Llegó justo antes de que la farmacia cerrara y compró tres pruebas de embarazo de distintas marcas. Con la bolsa de papel en la mano, se sentó en una de las bancas del parque más cercano. Así la vio André desde su motocicleta cuando iba de camino a visitarla.

Al llegar junto a ella, notó que observaba fijamente un cigarrillo apagado entre sus dedos.

-¿Considerando dejar de fumar?- preguntó sonriendo y sentándose a su lado.

Oscar, por toda respuesta, tomó la bolsa que en esos momentos estaba entre los dos y se la entregó.

-Estoy pensando en que haré.

André sintió que la boca se le secaba y la vista se le nublaba al ver el contenido, no obstante, disimuló lo mejor que pudo. Enseguida cerró la bolsa y se puso de pie; extendió una mano hacia ella.

-Vamos, salgamos de la duda ahora.

De la mano fueron por la motocicleta y volvieron al departamento. En el estacionamiento subterráneo, Oscar sonrió al sostener el casco que él había comprado para ella. Sí, André era considerado, cariñoso, caballero, divertido, simpático y, además, inteligente; por lo que agradeció estar pasando por ese trance junto a él y no con otra persona.

En el ascensor, se dejó abrazar y cerró los ojos cuando él la besó en la frente. De pronto sintió ganas de llorar: se sentía frágil y asustada; sentimientos demasiado desconocidos para ella.

En el vestíbulo las puertas se abrieron: una mujer de avanzada edad y quien parecía ser su hija entraron al elevador. Oscar salió de su ensimismamiento y cuadró los hombros al sentirse expuesta, mas no se separó de quien aún la sostenía y mimaba. Sin embargo, el ambiente se llenó de una incómoda atmósfera cuando sus ojos se encontraron con los de la mujer mayor pues la antipática mirada que le lanzó la hizo empequeñecer.

Las dudas fueron despejadas cuando, un piso antes del de Oscar, las puertas del ascensor se abrieron y las mujeres salieron. La más joven, volteó y dijo:

-Ahora entiendo… yo también metería ruido. Bien por ustedes.

Antes de que pudieran contestar, la puerta del elevador se cerró.

-No puede ser…- Oscar se cubrió el rostro y comenzó a reír -Es la vecina que pidió me multaran por ruidos molestos.

-¿Te multaron por ruidos molestos?- preguntó André sonriendo.

-Y por conducta inmoral.

El ascensor se detuvo. Salieron y caminaron por el pasillo.

-Toma, es para ti -Oscar sacó del bolsillo de su chaqueta una llave y se la entregó -Úsala a ver si funciona.

André sonrió y tras besarla, abrió la puerta.

-No pueden multarte por conducta inmoral, no nos han visto… supongo- se quitó la chaqueta de cuero y la dejó en el perchero de la entrada -Por cierto, gracias- puso la llave en su llavero y sacó otra; se la extendió -La llevo desde hace días, pero no quería parecer desesperado- sonrió.

Oscar la recibió y sonrió antes de continuar con la conversación:

-No, no me multaron por inmoral, pero formó parte de la queja. Creo que tendré que poner una alfombra más gruesa en la recámara y revisar los sellos de las ventanas…

-Y en el salón, me gusta cuando lo hacemos en el sofá- André sonrió pícaro.

-Sí, en el salón también- reafirmó ella con una sonrisa -Quizás también deba alejar el respaldo de la cama de la pared...- aún hablando y con la bolsa de papel en la mano fue a la alcoba.

André salió al balcón y encendió un cigarrillo. Al poco rato, Oscar se le unió con dos copas de vino en la mano; le pasó una y le dio un pequeño sorbo a la que se dejó.

-Quince minutos… pero esperaremos veinte- lo miró de frente.

-Se hará lo que tú quieras, es tu vida, tu cuerpo- le dijo serio.

-Y tú, ¿no tienes opinión?

-Sí. Y es apoyarte en lo que decidas. Si tengo que acompañarte a una intervención, te esperaré en la sala porque dudo que me dejen entrar. Y si decides seguir adelante, seré el mejor padre que ese niño o niña pueda tener.

-Si elijo abortar, ¿eso terminará nuestra relación? - preguntó sosteniéndole la vista.

-No, no está en mis planes dejarte ir por eso. Quizás por tu temperamento, pero no por eso.

Oscar asintió sonriendo y bebió otro sorbo de vino. Agregó:

-¿Y si quiero continuar?, uno de los dos deberá dejar la unidad.

-Yo lo haré. Eres mi superior. perderías más que yo si te vas.

-No nos casaríamos.

-Eso lo veremos. No conoces a mi madre- comenzó a reír -Y no es que sea demasiado conservadora, pero es capaz de castrarme con un cuchillo de cocina si cree que no soy lo suficientemente responsable… y aprecio demasiado mi anatomía.

- Yo también la aprecio, aunque ahora no demasiado- bromeó ella.

Comenzaron a reír. Cuando dejaron de hacerlo, terminaron las copas de vino en silencio hasta que sonó la alarma del celular de Oscar.

Al mirar las pruebas y ver tres negativos, ambos suspiraron aliviados y sintiendo que las rodillas se les doblaban. Se sentaron en el piso del baño.

-Los instructivos dicen que es mejor esperar hasta treinta minutos cuando el resultado es negativo…

-Oscar, calla- le tomó una mano -Disfrutemos el momento… Aún no quiero cambiar pañales. Me gustan los niños, pero prefiero tener la oportunidad de devolverlos cuando vomitan. Al menos por ahora- la miró sonriendo.

Abrió los brazos cuando Oscar buscó refugio en ellos. Permanecieron en esa posición y en silencio, hasta que se les entumeció el trasero con el frío de la baldosa.

Esa noche, mientras dormían abrazados luego de hacer el amor con calma y sin dejar de mirarse a los ojos, Oscar se levantó de un salto y corrió al baño al sentir un fuerte calambre. Con un grito de júbilo despertó a André y, enfundada en su pijama de algodón favorito, le advirtió que en la mañana estaría de pésimo humor mientras se acurrucaba contra él. Durmió mejor que en mucho tiempo.


Marzo de 2019

El zumbido de una ampolleta en mal estado, junto al tecleo incesante de Víctor era lo único que se oía en la oficina que dispusieron para centralizar la investigación. Oscar comenzó a caminar de un lado a otro, sumando el taconeo de sus botas a la cacofonía reinante.

-Estoy dentro…- murmuró Víctor. En sus gafas de protección, se reflejaron las múltiples letras del código computacional - ¿Qué buscamos? - preguntó a su superiora.

-Intérnate en las páginas que transmitan algún tipo de material sexual en vivo.

-¿Sólo mayores de edad?

-No- contestó ella con seriedad.

El oficial maldijo mientras sus dedos bailaban sobre el teclado.

-En momentos así, agradezco no tener hijas ni hermanas- clickeó sobre un enlace. Una violación, o simulación de ella, se llevaba a cabo frente a una cámara. Desvió la vista asqueado.

-No hagas nada- Oscar se posicionó junto a él con la mirada pegada en la pantalla. La bilis le quemó la garganta -Deja que vean tu usuario y luego de un rato, abandona el foro- instruyó. Comenzó a caminar por la habitación.

Al rato, en la imagen transmitida supuestamente en vivo, se unieron tres hombres más, todos enmascarados.

Alain abrió la puerta de forma descuidada. Apoyó los cafés que traía en una bandeja de cartón sobre el escritorio y le dio un vistazo a la pantalla, enseguida arrugó el entrecejo y volteó furioso hacia Oscar.

-¿Eso era necesario?- preguntó.

-Nos costó semanas conseguir una invitación a la darknet. Sí, era necesario- contestó ella con seriedad.

Cuando intentó entregarle el café a Víctor, este lo rechazó. Tenía el estómago revuelto. En esos momentos, en la pantalla del ordenador, la imagen se amplificó. Los tres pares de ojos notaron que la joven con suerte llegaba a la mayoría de edad y que, además, se podía ver un poco del lugar en dónde estaban.

-¿Puedes rastrear dónde están?- preguntó la teniente.

-No, está rebotando por múltiples servidores.

-Toma una captura- Oscar apuntó en la pantalla uno de los muros del salón -Ese símbolo lo he visto en otra parte.

Víctor apenas logró hacer lo indicado, pues la imagen desapareció y, en su lugar, una ventana negra de prepago llenó la pantalla.

-Infelices…- masculló Alain -Cobran por ver y participar desde la distancia. Estamos rodeados de degenerados- abrió su mochila y sacó una pelota azul de goma; comenzó a arrojarla contra una pared.

-Viva internet y la cobardía del anonimato- murmuró Oscar -Borra tu rastro y sal de ahí- ordenó a Víctor. Enseguida caminó hacia la mesa en donde estaban las carpetas del caso -Aquí está, lo sabía- tomó una fotografía y la pegó en el muro que usaban de plano.

Alain tomó la imagen que Víctor imprimió y la pegó junto a la otra.

-Es el mismo salón- dijo Oscar. Con el índice recorrió ambas imágenes -Eso fue filmado en el burdel de Polignac…

-Pero está cerrado- pensó Alain en voz alta.

-El que nosotros conocemos…- rebatió la rubia -Quizás duplicó el salón… Pero, ¿dónde? - apoyó la mano sobre las imágenes - ¿Qué dice el último reporte de Bernard?

-Que su vida sigue como si nada; dedicada a ir de compras y recibir amistades en su penthouse- contestó Víctor sin dejar de teclear.

-Y André, ¿no se supone que hoy se reuniría con él? - preguntó Alain.

-Temprano me avisó que Bernard lo dejó para mañana, algo personal al parecer- Oscar arrugó el entrecejo al darse cuenta de que, desde que recibió ese mensaje horas atrás, no sabía nada de André. Tomó el teléfono y le marcó: la llamada se fue directo al buzón de voz.

Intentando no preocuparse comenzó un nuevo paseo por la oficina. Se quitó la chaqueta de cuero que habitualmente usaba y la dejó sobre el respaldo de una silla. Enfundada en una ajustada tenida de sweater negro y jeans azules, se detuvo frente a las fotografías y anotaciones que decoraban el muro. Entrecerró los ojos y se preguntó en voz alta:

-¿Cómo conectamos todo esto con Jeanne?- cerró los ojos, forzando cada uno de sus pensamientos.

No se inmutó cuando la puerta se abrió nuevamente; Fersen entró y dejó sobre la mesa de trabajo un montón de carpetas.

-Esta es la lista de todas las mujeres que viajaron a Francia durante los últimos cinco años y fueron reportadas como desaparecidas. Gracias a la Interpol tenemos datos de Rumania, Rusia, Ucrania y Nigeria, además de Suecia, que son por mi cuenta - observó a Oscar intrigado, pues parecía no ponerle atención. Volteó hacia Víctor.

-Está pensando…- le explicó.

-Falta de Suramérica- habló Oscar sin abrir los ojos -Según los reportes de la UNODC, la migración irregular de mujeres de Brasil va en aumento.

-Espero tener esa información en los próximos días…

-Fersen...- volteó hacia él con la mirada brillante -Utiliza tus influencias y encanto si es necesario- ironizó -Mientras perdemos tiempo en burocracias, una niña está siendo sodomizada y violada por un grupo de pervertidos en algún lugar de esta ciudad- pegó con la palma en la mesa - ¿Entiendes la gravedad de este asunto?

Hans apoyó las manos a una mínima distancia de Oscar y la miró a los ojos. Iris grises y azules refulgiendo.

-No olvides que hablas con un superior- le dijo seco -Somos amigos, pero eso no tiene nada que ver con la investigación. Sé perfectamente cómo hacer mi trabajo y, en cualquier momento, puedo reclamar el mando. No te pases, sólo no lo he hecho porque respeto que seas la dueña de casa- le advirtió en un correcto francés cargado de un duro acento nórdico.

Alain miró a Víctor con una ceja arqueada. Este sacudió la cabeza indicándole que no se metiera. Ambos percatándose que, si el comisario habló en francés y no en inglés, que era el otro idioma que Oscar y él compartían, era porque quería que todos entendieran el mensaje.

Oscar asintió con la mandíbula apretada, pues sabía reconocer cuando perdía una batalla. No obstante, a los segundos su mirada se iluminó.

-La información académica- dijo prácticamente corriendo hacia Víctor -Jeanne estuvo en múltiples establecimientos educacionales. Compáralos con los de Charlotte.

-Tienen mucha diferencia de edad- rebatió Alain, que reanudó los lanzamientos de su pelota antiestrés contra un muro -Pero no con Rosalie- murmuró enseguida -¡Eso es! ¡Ella puede ser la conexión!

Efectivamente, la intuición de ambos no falló. El nexo entre Jeanne Valois y Charlotte Polignac era Rosalie. Las jovencitas, que tenían apenas un año de diferencia en edad, estudiaron en el mismo establecimiento. La cercana relación se comprobó cuando, siguiendo las instrucciones de Fersen, Víctor hizo una búsqueda en redes sociales utilizando los hashtags. Fotografías de ambas muchachas bajo la etiqueta #NDIHSréunion aparecieron en las distintas plataformas sociales. Las imágenes eran del año pasado y correspondían a la última reunión de los ex alumnos de la Notre-Dame International High School (NDIHS), una prestigiosa preparatoria e internado americano privado que permite fortalecer los conocimientos en inglés sin perder las raíces francesas. Además, gracias a su currículo americano de enseñanza, el alumnado puede optar a estudiar en EEUU sin revalidación académica.

Con esa nueva información en las manos, los cuatro oficiales comenzaron a esgrimir nuevas teorías. Recurriendo a las redes sociales y círculos de amigos, fueron ampliando la información de ambas mujeres. De pronto, el teléfono de Oscar sonó, al ver el nombre de André en pantalla decidió cortar la comunicación. Cuando saliera de la oficina lo llamaría, estaba demasiado concentrada en esos momentos para ponerle atención y, por qué no decirlo, molesta también; en medio de una investigación de ese tipo no podía desaparecer como si nada, tendría que reprenderlo, pero no quería hacerlo frente a los demás. Lo principal en un equipo es la lealtad y respeto. En esos momentos, y mientras su mente estaba imbuida en el caso, durante un segundo su atención se dividió: se cuestionó qué era lo que le molestaba más, no saber de él cómo pareja o cómo superior. Por primera vez, sintió el límite entre ambas relaciones difuso y eso no le gustó en absoluto.

Se puso de pie y tomó su chaqueta. Sus pensamientos estaban tomando un giro que no le favorecería a nadie, era mejor dejar todo hasta ahí.

-Suficiente por hoy- abrigándose se dirigió a sus compañeros mientras sacaba por el cuello de la cazadora su larga cabellera -Víctor, desconecta todo y vete a casa. Necesitas descansar de tanta brutalidad. Alain, te quiero aquí mañana a primera hora- ambos asintieron. Volteó hacia Fersen, recordando cómo le ayudó hablar con él mientras estaba fuera del país -Te invito un trago, sé que conoces París, pero siempre hay rincones que vale la pena visitar.

Hans sonrió de lado en señal de aprobación. Apagaron todo y cerraron la oficina. Camino al estacionamiento, nuevamente sonó el celular de Oscar: era su padre. Desestimó la llamada; el teléfono volvió a sonar enseguida: lo apagó sin siquiera mirarlo. Lo llamaría al día siguiente, ya que, al ser de noche, seguramente no la llamaba para hablar de trabajo.

Jamás pensó que lamentaría esa decisión ni imaginó que la segunda llamada era de André, menos aún, que la estaba realizando desde un hospital.

Continuará…


Queridas mías, hoy, después de trabajar y terminar un ensayo que me llevó todo el día, hago un esfuerzo extra por traerles otro capitulo. Espero que les guste y, por favor, perdonen lo escueto del mensaje. Estoy que me caigo del cansancio. Pero, si me dejan un review, me harán muy feliz.

Quiero mandarle un abrazo muy fuerte a cada una, leo sus mensajes y me alegran en corazón, pues, sobre todo, me indican que están bien y sanas. ¡Cuídense por favor! A la amiga que preguntó por el art de Rotsuko, este está en la portada del fic y en mi pág. de fcbk "Only D".

Me disculpo nuevamente por no nombrar a cada una, pero, de verdad, siento hasta las pestañas chasconas jajajajaja después, cuando edite los errores que seguramente encontraré, pues nuevamente me "autobetié", seré más extensa. Así que, desde ya, perdón por cualquier metida de pata… y yo que decía que sería un mensaje corto XD.

¡Cariños a todas! Y ahora, las notas:

UNOCD: es la Oficina de las Naciones Unidas contra la droga y el delito y la información que Oscar "comenta" es efectivamente parte de uno de sus informes que está disponible en internet.

El momento musical fue auspiciado por Lady Gaga y su temazo "Million reasons"… escúchenla y/o véanla en el canal de los videos, ¡es suprema!

Como siempre, todo el material está investigado dentro de mis posibilidades, pues trato de ser lo más realista posible, si hiero susceptibilidades, mil disculpas.