Marzo, 2019.
Con las luces de París desfilando ante sus ojos a través de la ventana del taxi, Oscar no hizo más que pensar en lo acontecido durante el día. Luego de salir del automóvil, encendió un cigarrillo antes de subir al departamento de André. De pie en la acera, dio lentas caladas al pitillo mientras rememoraba la conversación con Fersen, la cual, después de un par de tragos, dejó de lado el caso que los reunió para internarse en un terreno más íntimo.
Él, desinhibido, agudo y encantador, tal como lo recordaba, en un momento la miró por sobre la llama de la vela ubicada al centro de la mesa del bar. El gris de sus ojos, brillante como el acero recién pulido, le dio a entender que recordaba perfecto su tiempo juntos en EEUU.
Ella, luchando contra el leve rubor que le cubrió las mejillas, se hizo la desentendida ante la muda invitación que él le hizo. Sin embargo, cuando las firmes y grandes manos que una vez la hicieron gritar de placer se unieron a las suyas por sobre la mesa, no pudo seguir jugando al gato y al ratón.
-Estamos trabajando juntos- le dijo mirándolo a los ojos.
-Siempre hemos sido profesionales, podemos separar las cosas- rebatió Fersen sonriendo de lado
Oscar lo miró a los ojos, deteniéndose en ese brillo que la había encandilado años atrás.
-Estoy con alguien- su voz sonó firme, aunque, para su pesar, no tanto como hubiese querido.
-¿Y quién es el afortunado?
-No es de nuestro medio. Cuando terminemos el caso, te lo presentaré- mintió descaradamente, pues, aunque confiaba en Fersen, no expondría la carrera de André por nada del mundo, ya que, pese a que en esos momentos estaba molesta con su novio, tenía muy claras sus lealtades.
Después de eso la conversación fue otra. Sin la tensión sexual presente, ambos se dedicaron a recordar su paso por la CIA, contactos en común y cualquier tema cotidiano. Siempre les era fácil hablar. Al despedirse, Oscar, luego de aceptar los dos besos en las mejillas que él le dio mientras la afirmaba de la cintura, lo miró con reproche. Sí, lo conocía muy bien. Su sospecha fue confirmada cuando él le susurró al oído que, si cambiaba de opinión, sabía en qué hotel se quedaba. Le brindó una deslumbrante sonrisa para sellar la invitación.
-No cambiaré de opinión- le contestó tajante al tiempo que extendía la diestra -Seamos profesionales, ¿te parece?
Fersen estrechó su mano y contestó:
-Mensaje recibido.
Luego de despedirse, el sueco esperó galantemente a que ella abordara un taxi, aunque Oscar, por supuesto, insistió en que no era necesario.
Al terminar el cigarrillo, abrió el portal y subió lentamente cada peldaño hasta el tercer piso. Pese a las copas de vino consumidas, no estaba mareada, quizás la adrenalina provocada por su molestia era la responsable de tanta lucidez, pues mientras estaba en el bar, y entre copa y copa, fue al baño un par de veces sólo para llamar nuevamente a André. Sin embargo, en cada ocasión, luego de un tono la llamada fue a parar al buzón de voz.
Entró en silencio y a oscuras. Al llegar a la habitación, vio la luz del cuarto de baño filtrándose bajo la puerta. Se sentó en la orilla de la cama y esperó. Con las manos apoyadas en las rodillas, pensó en cómo abordar lo que sería la primera discusión que tendrían como pareja. Un tema bastante delicado, pues no quería mencionar lo profesional, considerando que André también falló en eso. Pero, cuando la puerta del baño se abrió, se puso de pie de un salto y corrió hacia él olvidando todo enojo.
-¿Qué pasó?- las manos le temblaron al tocarlo.
Un apósito impermeable cubría una herida ubicada en el costado derecho; otro sobre el hombro izquierdo. La ceja derecha estaba partida y el pómulo algo inflamado. Los nudillos de ambas magullados. Sin pensarlo lo hizo girar, cardenales le cruzaban la espalda.
-Por Dios… André- le tomó el rostro entre las manos -¿Quién te hizo esto? ¿Por qué no me llamaste?
-Lo hice y no contestaste- dio un paso hacia atrás. Su mirada fría como un glaciar -Incluso tu padre lo hizo, pero el resultado fue el mismo- caminó hasta el armario y, luego de quitarse la toalla que tenía afirmada en las caderas, se vistió con un pantalón de pijama.
-André… yo...
Él, con esfuerzo, se colocó una camiseta antes de preguntar:
-¿Me puedes explicar por qué no contestaste el teléfono? ¿Dónde estabas?
-Te llamé…
-Sí y cada vez me fue imposible contestar; primero porque estaba tratando de evitar que me mataran y después, porque tu padre estaba a mi lado. ¿Qué te iba a decir sin que él notara que mentía? Sé cómo reaccionas- se revolvió el mojado cabello -¡Por Dios, Oscar! ¡Te estás obsesionando con el caso!, ya ni siquiera contestas el teléfono, apenas duermes y desapareces- apoyando las manos en las caderas bufó e insistió -¿Dónde estabas?... Sé que hace horas saliste del cuartel. Hablé con Alain cuando no pude dar contigo.
-Fui por un trago con Fersen.
-Perfecto- ironizó André y caminó hasta la cocina. Ella lo siguió. Sacó dos cervezas de la nevera y le extendió una -¿Hay algo que deba saber?
-No.
-Oscar… La inseguridad no es algo que me caracterice, pero tampoco me gusta ser tomado por imbécil. Ustedes tuvieron algo en EEUU. y hasta ahora, no has sido capaz de contármelo. Preferí hacerme el desentendido y esperar, supuse que no era importante, pero dadas las circunstancias… ¿Debo preocuparme? - preguntó serio.
La teniente lo miró a los ojos, un tanto impactada por la seriedad de André, pues nunca lo había visto tan molesto. Negó con la cabeza y dijo:
-André… lo lamento, tienes razón. No pensé que algo pasaba y por eso desestimé las llamadas- omitiendo las insinuaciones de Fersen, porque eso eran, insinuaciones de él y no de ella. Dejó la cerveza que aún mantenía en la mano sobre el mesón de la cocina. Enmarcó el rostro de su novio entre las manos -¿Qué pasó?- lo miró a los ojos -No me mientas, por favor.
André hizo a un lado el rostro y abrió el congelador. Sacó una almohadilla de gel y se la colocó sobre su pómulo -Quiero recostarme un rato.
Oscar contuvo la respiración y, haciendo a un lado su orgullo, tomó la cerveza y lo siguió. Se sentó junto a él en la cama e insistió:
-Cuéntame qué pasó, si no lo haces ahora, igual tendrás que hacerlo en la oficina. Soy tu superior- se jugó una carta que sabía segura, aunque podría tensionar más el ambiente.
-Bernard fue atacado al llegar a su departamento- masculló André aún molesto.
La teniente maldijo por lo bajo y alentó a André a ampliar el relato: Posterior al mensaje que le envió en la mañana, André decidió seguir a Bernard por su cuenta y sin informarle a nadie, pues, conociéndolo desde hace años gracias a su trabajo como policía local, algo en sus entrañas le decía que él no estaba siendo sincero al decir que tenía trabajo; no se sorprendió cuando lo vio paseando con Rosalie como una pareja normal. Durante horas esperó a que el periodista dejará a la hermana de Jeanne en su domicilio o trabajo, ya que no podía presentarse ante ella sin levantar sospechas. Después de la hora de almuerzo, Bernard llevó a quien ahora André sabía era su pareja a su oficina, momento en el cual notó que un automóvil seguía a su amigo. Aprovechando la movilidad que le brindaba su motocicleta, pasó desapercibido hasta que Bernard descendió de su vehículo en el callejón donde lo estacionaba habitualmente.
Apenas alcanzó a llegar antes de que el periodista fuera acuchillado. Sin pensar demasiado se lanzó contra los dos hombres que simulaban un asalto. La refriega terminó cuando el más joven de los asaltantes, terminó desangrándose en el piso con una estocada en el abdomen; herida que André ocasionó al usar el arma con la que era atacado para defenderse mientras rodaba en el piso.
-¿Puedes beber?- preguntó Oscar al verlo empinar la cerveza mientras hacía una pausa -¿Qué medicamentos te dejaron?
-Analgésicos y un par de días con antibióticos… son heridas superficiales. No hay problema con el alcohol.
-¿Cómo entra mi padre en todo esto?- preguntó antes de dar un sorbo a su cerveza.
André explicó que, en la sala de urgencias del hospital más cercano, luego de ser atendidos él y Bernard; al identificarse como oficial de la BRI, se activaron los protocolos del hospital y no pudo ser dado de alta hasta que un superior acusara recibo del parte médico. Oscar, sintiéndose tremendamente culpable, desvió la mirada y se mordió el labio inferior.
-¿Cómo está Bernard? ¿Qué pasó con quienes los atacaron?- preguntó intentando mantenerse serena.
-Está aún internado, pero por precaución… mañana deberían darle el alta. El hombre que resultó muerto era el mismo que interrogué tiempo atrás, el de los pasaportes- André tragó fuerte - Quien lo acompañaba, huyó.
-Dios mío… saben quien eres- los ojos se le llenaron de lágrimas -André…
-Si me reconoció, no dijo nada. No alcanzó- cerró los ojos -Estoy cansado- dejó la almohadilla de gel sobre la mesa de noche, junto a la cerveza casi vacía y se acomodó en la cama.
When moonlight crawls along the street
Chasing away the summer heat
Footsteps outside, somewhere below
The world revolves, I've let it go
We build our Church above the street
We practiced love between these sheets
The candy sweetness scent of you
It bathes my skin, I'm stained of you
Oscar se desnudó hasta quedar en sujetador y bragas. Se metió bajo las colchas y arrimó a él, lo abrazó pese a que continuaba molesto. Antes del amanecer, despertó aún alterada por el miedo que le ocasionó verlo herido unido al pesar de no estar disponible cuando la necesitó. Se quitó la ropa interior y besándolo lo despertó. Al sentirse correspondida, tironeó la ropa de André buscando ahorrarle cualquier esfuerzo físico. Así, con calma y sin prisas, fue ella quien le hizo el amor con movimientos ondulantes y acompasados, igual como las olas del mar acarician la arena.
And all I have to do is hold you
There's a racing within my heart
And I am barely touching you
Turn the lights down low
Take it off, let me show
My love for you insatiable
Turn me on, never stop
Wanna taste every drop
My love for you insatiable
En un momento encendió la luz de la mesa de noche y observó como André se arqueaba bajo su cuerpo, la cabeza hacia atrás y temblando. Totalmente expuesto ante ella y aferrándose a sus caderas como si su vida dependiera de eso; tan entregado, que no medía sus reacciones. Jadeos escapando entre sus dientes apretados y las piernas, que alzó justo antes de terminar para sumergirse aún más en ella, débiles y temblorosas. Oscar, retrasando su clímax, hundió las rodillas contra la cama mientras observaba cada gesto del rostro que, a pesar de estar magullado, encontraba el más apuesto del mundo. Deslizó los dedos por sus brazos, clavículas, pecho y abdomen, delineando cada músculo finamente esculpido. Un nudo se le instaló en la garganta cuando lo vio sonreír satisfecho y con la mirada brillante tras el éxtasis.
The moonlight plays upon your skin
A kiss that lingers takes me in
I fall asleep inside of you
There are no words, there's only truth
Breath in breath out, there is no sound
We move together up and down
We levitate our bodies soar
Our feet don't even touch the floor
Cuando él reaccionó y se dio cuenta de que ella lo observaba contrariada, se irguió en la cama encajándola con fuerza sobre su regazo. Con presteza acarició el punto en el que sus cuerpos se unían al tiempo que la besaba con fuerza, sosteniéndole la cabeza con la mano libre y quitándole el aire. La deseaba tanto que se sintió crecer nuevamente en su interior.
-Siénteme- le susurró al oído con voz demandante, mientras la mano con la que le sostenía la cabeza bajaba hasta uno de sus senos.
Inclinó la cabeza y le mordió la rosada punta. Sintió que las húmedas y cálidas paredes lo apretaban. Tomándola de las caderas la meció contra sí, en un primitivo vaivén que se alejó por completo del romanticismo. Al ver como la azul mirada se nublaba, la tomó del rostro para besarla fieramente.
Oscar gritó contra su boca al tiempo que él la abrazó con fuerza, sosteniéndola mientras se retorcía de placer y le enterraba las uñas en la espalda. Ambos cuerpos tan unidos, que no sabían donde iniciaba uno y terminaba el otro.
But nobody knows you like I do
'Cause the world may not understand
That I grow stronger in your hands
Turn the lights down low
Take it off, let me show
My love for you insatiable
Turn me on, never stop
Wanna taste every drop
My love for you insatiable…
-Te amo- le dijo contra los labios -André, no puedo perderte… no puedo- un sollozo escapó de su garganta.
Avergonzada por ese arrebato y aún con los sentimientos a flor de piel, se refugió en el pecho que la cobijaba. Un par de lágrimas escaparon de sus ojos. Comenzó a temblar.
-Shhhhh- la consoló -Tranquila- la besó en el tope de la cabeza -Mi amor… tranquila- desconcertado la hizo girar en el lecho para recostarla -¿Qué pasa?¿Estás bien?- preguntó secando con los dedos el resto de las lágrimas aún brillaban sobre su piel.
Baby, oh yeah
We never sleep, we're always holding hands
Kissing for hours talking and making plans
I feel like a better man, just being in the same room
We never sleep, there's just so much to do
So much to say can't close my eyes when I'm with you
Insatiable the way I'm loving you, oh baby, yeah...
Ella asintió y lo abrazó. El sonido del corazón que latió bajo su mejilla la tranquilizó al instante. André apagó la luz y ella cerró los ojos, limitándose a permanecer abrazada a él en silencio. Al rato, y mientras navegaba en la duermevela que antecede al sueño profundo, abrió los ojos y se sentó en el lecho.
-André, pedí expresamente que me avisaran cuando ese muchacho fuera puesto en libertad- frunció el ceño sintiéndose nuevamente en sus cabales -¿Por qué no lo hicieron?
-Es extraño. Pero esas cosas pasan- contestó bostezando, también se había quedado dormido -Ya sabes, cambios de turno, salidas aceleradas. Basta un abogado diligente y todo el proceso se modifica.
Oscar se recostó mientras hacía nota mental de averiguar que había pasado a primera hora de la mañana. Sin embargo, su siempre inquieta cabeza no la dejó en paz.
-¿Por qué llamaste a mi padre para que autorizaran tu salida? ¿Por qué no trataste de ubicarme a través de Alain o Víctor?
Esta vez, fue André quien se removió incómodo, pues si bien retrasó todo lo que pudo referirse a ese tema, en el fondo siempre supo que era inevitable contarle lo que vio. Se irguió un poco para mirarla de frente antes de hablar.
-No lo llamé, él estaba en el mismo hospital- tragó fuerte al ver la sorprendida mirada de Oscar -Estaba en el box de al lado, también en urgencias. Cuando escuchó que necesitaba una autorización de algún superior para mi alta médica, se presentó.
Ella se puso de pie de un salto y, apenas se vistió con la camiseta de André que estaba sobre la cama, tomó el teléfono en un arrebato, mas cuando vio la hora que era, lo dejó sobre la mesa de noche.
-No puedo creerlo…- farfulló -¿Acaso no consideraste importante decirme que mi padre estaba en urgencias?- lo fulminó con la mirada -¿Estaba con mi madre?
André se aclaró la garganta antes de hablar.
-Ese es el problema, no estaba con ella. Pero tampoco estaba solo- la miró nervioso -La comisario von Ahrensmeyer lo acompañaba.
Oscar abrió la boca para hablar, sin embargo, la cerró al instante. Fue al baño y de pie frente al espejo miró su reflejo pensando en todo lo acontecido. Después de darse una ducha, volvió a la habitación tras un largo rato, André dormía profundamente. Se puso ropa interior y estrujándose el cabello con una toalla se preparó un café. Faltaba poco para que amaneciera. Luego de abrir un poco la ventana de la salita, acercó una silla y con el frío del alba acariciándole las mejillas encendió un cigarrillo. Tenía tantas cosas en la cabeza que intentar dormir sólo molestaría a André y prefería que descansara.
Después de avisarle a Fersen que debido a un problema personal llegaría más tarde y, por tanto, quedaba a cargo de la operación. Se vistió con la ropa más formal que encontró dentro de lo que siempre mantenía ahí. Así, enfundada en un pantalón negro, botas altas del mismo color, blusa blanca y una chaqueta de lanilla color café, preparó el desayuno y lo llevó a la habitación. André salía del cuarto de baño.
-¡Qué sorpresa y elegancia!- la miró de pies a cabeza mientras se sentaba en la cama -Si herido consigo atención de este tipo, haré que me golpeen más seguido- bromeó.
-No digas tonterías- le entregó el café -Supongo que tienes días de reposo- él asintió e hizo con la diestra el gesto del número dos mientras bebía un sorbo de la bebida. Ella dejó el sándwich que le preparó sobre la mesita de noche. Se sentó cerca y continuó -Cuando regreses, no lo harás a la investigación en curso- lo miró a los ojos -Te recusarás del caso.
-¿De qué diablos estás..?
-Estoy hablando como tu superior- prosiguió con seriedad -Independiente de que el hombre que te conocía esté muerto, existe un alguien que huyó después de verte junto a Bernard. No puedes seguir en un caso cuando has sido atacado por los sospechosos, en estos momentos eres un blanco. Eso lo sabes, es una regla básica de la policía.
-Bernard no seguirá sin mí en el caso.
-Tampoco lo quiero involucrado. Se relacionó sentimentalmente con Rosalie, nos expuso a todos y te mintió. Está identificado y lo atacarán nuevamente, tramitaré su ingreso a un programa de protección. André, esto es muy serio. Ayer avanzamos en el caso, pero tú nos hiciste retroceder. Debiste comunicarme que estabas siguiendo a Bernard, ambos sabemos que de haber querido informármelo, hubieras buscado la forma de hacerlo. Lo lamento, pero ya no estás en el caso y es definitivo. Tienes el día de hoy para decidir si quieres seguir en la unidad y dedicarte a otros casos, o si prefieres que solicite un traspaso temporal a la unidad de intervención- sin dar espacio a réplica, se puso de pie y salió de la habitación.
Con el corazón latiéndole fuerte contra el pecho dejó el departamento. Sabía que la decisión que acababa de tomar podría perjudicar su relación con André, pero prefería eso a exponerlo. Confiando en que él no mezclara las cosas, así como ella intentaba día a día no hacerlo, hizo parar un taxi y le entregó al chofer la dirección de la oficina de su padre.
Observando el vaso con vodka que tenía en frente, Jeanne entrecerró los ojos mientras se mordía la lengua para no insistir con sus reproches. Casi podía sentir la bofetada que Nicolás le propinó tiempo atrás, cuando lo presionó para que confesara si él asesinó a Charlotte o si sólo la llevó a la trampa.
Bebió de un trago el contenido del vaso. El licor le quemó la garganta y los ojos le lagrimearon, sin embargo, se sirvió de inmediato otro trago y lo bebió de igual manera. Todo estaba fuera de control y no sabía cómo salir de eso. Haciendo la cabeza a un lado con brusquedad, rechazó la caricia que trató de prodigarle quien comenzaba a detestar. Desde el día en que Nicolás la golpeó, se juró a sí misma no permitir que la tocara nuevamente.
La situación era enfermiza, pues casi podía jurar que ambos dormían con un ojo abierto, esperando noche a noche que el otro bajara la guardia para asesinarlo. Sí, quizás eran ideas suyas, pero se propuso no ser la próxima víctima. Aún se le oprimía el pecho al pensar en la inocente muchacha que confió en ella gracias al vínculo con su hermana menor.
-Te dije que me dejaras en paz- gruñó poniéndose de pie cuando Nicolás intentó tocarla nuevamente.
-Jeanne, no seas dramática- el hombre se sentó en la silla que ella desocupó frente a la mesa. Se sirvió un trago en el vaso que ella vació -Estamos atrapados, mejor hacer la estadía placentera- sonrió de lado.
Jeanne lo ignoró y entró al baño. De pie frente al espejo y mirando su reflejo, rememoró todo lo que la llevó a estar ahí: atrapada en un lujoso departamento en el centro de Estocolmo.
Cuando se topó en la calle con Nicolás, lo tomó como una señal divina, acababa de renunciar al peor empleo de su vida. Esa noche, perdió la compostura al ver una pareja que parecía salida de las páginas sociales frente a ella. Los recordaba perfectamente, tanto, que parecía una obsesión. Ella rubia y esbelta, dueña de una mirada que quitaba el aire, y él, etéreo y masculino, una mezcla tan extraña, que, por quedarse mirando sus ojos de gato cerró mal el café. Los envidió y odió con toda su alma, más aún cuando los vio reír cómplices en una mesa del rincón. Era como si le restregaran en su cara el ser mejores, ambos nacidos en cuna de oro y aún pertenecientes a esa esfera; no como ella, que fue relegada a la miseria cuando su padre perdió todo, pues, aunque su madre lo solucionó casándose rápidamente con alguien adinerado, siempre se sintió objeto de caridad.
Dejando salir el odio que le quemaba las venas, explotó en ira cuando el asqueroso jefe de la cafetería le rozó el trasero argumentando que era un accidente, uno que por cierto pasaba demasiado seguido. Luego de azotar la puerta del local caminó sin rumbo, hasta que, en Montmartre, su vida cambió para siempre. Cuando entró a aquel oscuro bar, lo vio. Sonriendo se acercó a quien conoció en prisión, gracias a que visitaba a la chica con quién compartió celda en esa época. Esa noche, terminaron enredados entre las sábanas de un motel; eufóricos comenzaron a hacer planes para el futuro. Ambos errantes y disconformes, parias en una sociedad que no los apreciaba como se merecían.
Así llegó a Suecia, siguiendo a Nicolás y sin siquiera despedirse de su madre o hermana. Echando en una maleta sus mejores atuendos y luego de robarle las joyas a quien le dio la vida, junto con vaciar la caja fuerte de su padrastro, salió de Francia con un pasaporte falso y la idea de no regresar jamás, pues al romper su libertad condicional, si volvía la cárcel sería su único destino.
El trabajo que le ofrecieron los contactos de Nicolás, a quienes conoció en un club nocturno, era muy fácil: su labor sería reclutar a jovencitas que ávidas de atención y dinero, subían videos ofreciendo fotografías privadas, videos explícitos, citas o subastas de virginidad. La red estaba llena de esos sitios y ella, en su condición de mujer, hacía todo más fácil. Las muchachas confiaban de buenas a primeras ante lo que se les prometía: ir a distintos países y hacerse ricas. Conseguir todo lo que soñaban. Fantasía que se terminaba cuando en los países de destino, debían trabajar en burdeles de lujo y se les retenía el pasaporte.
"Ellas sabían en lo que se estaban metiendo, por eso subían videos y buscaban dinero fácil." Se repitió durante un tiempo, cada vez que la consciencia la molestaba. Y así era en realidad, pues pocas veces había quejas, o pocas veces se enteraba. Su vida era tal como quería, dinero a manos llenas, independencia y fiestas elegantes. Todo lejos de los lloriqueos de su madre y de la molesta perfección de Rosalie. Disfrutando de estar en el tope de la rueda de la fortuna, miraba desde arriba como la rueda que en estos momentos la favorecía, aplastaba a quienes estaban abajo por ser más tontos o incautos *.
No obstante, ni el licor lograba borrar lo que le carcomía las entrañas: los acontecimientos del día en que todo cambió, se repetían en su cabeza como un infernal bucle. Luego de que Nicolás pidiera contactar a Charlotte Polignac, única hija de quien en ese momento denominaron como "una madame que se da ínfulas de más", sonrió con suficiencia y agradeció su buena suerte: conocía a la joven desde chiquilla. Todo fue fácil, demasiado. Después de investigar las redes sociales de la muchacha, la contactó para que la asistiera en una supuesta organización de beneficencia encargada de ayudar a jóvenes sin hogar.
Charlotte, dulce, ingenua y altruista, mordió el anzuelo de inmediato y viajó a Estocolmo, pues se sentía con la responsabilidad de ayudar a muchachas como las que su madre explotaba. Ella y su madre rompieron relaciones, cuando se dio cuenta del carácter de las empresas de la supuesta empresaria inmobiliaria, un par de años atrás. En respuesta comenzó a utilizar el fideicomiso que su padre le dejó, para combatir desde una trinchera personal el daño que su madre provocaba. ¿Por qué no la denunció? Se lo preguntó mil veces, sobre todo cuando lograba sacar a una jovencita de los burdeles. La respuesta era simple: era su madre.
Jeanne, que no tenía un pelo de ingenua, se convenció de que un escarmiento bastaba para sacar a Charlotte del camino; sin embargo, después de recibirla en el aeropuerto, notó la determinación de la muchacha y supo que las cosas no terminarían bien. Sintiendo náuseas se alejó cuando Nicolás aturdió a la joven con un golpe en la cabeza. Salió del departamento que compartía con su cómplice dando tumbos y caminó sin rumbo. Cuando regresó él estaba en la ducha; intentando exorcizar los demonios que la acosaban, se metió bajo el agua con él sin atreverse a preguntar qué había pasado. Un par de días después corroboró sus peores miedos gracias a un periódico: Charlotte apareció degollada en un edificio abandonado. Nunca se sintió más arrepentida de una decisión tomada.
Continuará…
Notas:
Mis queridas todas, gracias por los comentarios, de verdad se han pasado. Me alegra saber que las subo a una montaña rusa emocional jejejejeje le mando un abrazo a cada una, son las mejores lectoras del mundo mundial. Aprovecho de agradecer, además, a las nuevas chicas que entraron al fandom y que se han dado un paseo por mis otras historias, me alegro mucho de que les gustaran y sí, leo todos sus reviews (y también confirmo que estoy trabajando en la continuación de Isabelle). Les cuento de pasada, que me mandé una locura en el Candy Mundo, así que, si están de animo, pasen a leer un one shit que hice para una actividad, está en mi perfil de fanfiction y se llama "Quizás no es demasiado tarde".
Bueno, este capítulo estuvo bien movido, ya las cosas se están complicando XD… ¿Qué les pareció? Cuéntenme sus opiniones en el tarrito de propinas que queda en el botón de Reviews jejejeje.
El momento musical fue auspiciado gracias a la lista cachonda de doña Cilenita79 jejejejeje el tema se llama "Insatiable" de Darren Hayes, ¡buenísimo!
(*) Agradezco además a Gold Dust Gyp por el tema de la rueda de la fortuna, leí un escrito de ella y fue inspirador. Vi a Jeanne ahí.
Y a mi querida Cilenita79, que jugó en el puesto de beta en este capítulo.
Gracias por leer y cuídense mucho.
