Capítulo 8

Lo normal

Al día siguiente, y tras un frugal desayuno, Lucho no esperó más y anunció sus intenciones a su hermana.

-No voy a postergarlo más, quiero enfrentarme hoy mismo a la líder.

-Vaya, pensaba que nunca lo harías… tendré que ir a verte entonces-murmuró Liza, divertida.

-No tienes por qué venir a verme si no quieres, sé que has estado ocupada pintando…

-Sí, precisamente he estado tan ocupada que ya he pintado todo lo que tenía que pintar, la ciudad ha dado mucho de sí, pero creo que ya he cubierto todo el cupo, básicamente.

-Vaya, no has perdido el tiempo…

-Pues no. Aunque… ahora que lo pienso…

Lucho esbozó una inquisitiva mirada hacia su hermana, la cual le miró por un instante para luego anunciar.

-¡Ya sé qué me falta!

-¿Ah, sí? ¿El qué?-inquirió el chico, curioso.

-¡Un combate de gimnasio!

-¿Eh? Espera… ¿vas a darles una oportunidad?-inquirió Lucho, esperanzado.

-¿Qué? No, para nada, lo que quiero decir es que no he llegado a retratar un combate de gimnasio como tal, sería un ejercicio de dinámicas interesante…

-Oh, ya veo…-murmuró el chico, algo desilusionado.

Al ver esto, Liza se apresuró a comentar.

-Perdona si te he hecho pensar otra cosa, pero ya hemos hablado de esto…

-Sí, sí, tranquila, es sólo que… no importa ¿vamos pues?

-Sí, dame un momento que vaya a por mis cosas.

Liza volvió por un momento a la habitación, recogiendo todo su equipo de pintura, y una vez que estuvieron listos se dirigieron al gimnasio a no más tardar.

Como la última vez, entraron en el museo y Lucho indicó que era un aspirante, pasando directamente acompañados por Vero, el conservador adjunto, el cual estuvo hablando con el chico de camino hacia el campo.

-Así que por fin has decidido a enfrentarte a Aloe… se quedó con las ganas de combatir contigo.

-¿De veras?

-Oh, desde luego, si por algo destaca Aloe es por su innata curiosidad, tanto por el patrimonio que ella misma estudia como por los aspirantes que pone a prueba. Debido a esto, se la conoce como la madraza nata.

-Vaya… pues no he venido para defraudarla, eso por descontado.

-Ése es el espíritu. No voy a poder arbitrar el encuentro ésta vez ya que me encuentro ocupado catalogando una nueva remesa de objetos que acaba de llegar, mandaré un árbitro en mi lugar.

Vero se despidió de ellos antes de llegar al campo y bajaron al sótano, donde Aloe se encontraba enfrascada en su escritorio estudiando con guantes y lupa cierto objeto que se le hizo familiar; al verle llegar, les saludó alegremente.

-¡Vaya, Lucho, me alegro de verte por aquí! ¿Estás preparado para enfrentarte a mí?

-Así es, a eso he venido… aunque esa roca…-murmuró el chico, observándola detenidamente.

-Ah ¿dices ésta de aquí? Pues a decir verdad es uno de los mayores misterios con los que me he topado en mi extensa carrera, eso por descontado. La encontramos pocos meses atrás en una excavación arqueológica cerca de las ruinas del castillo ancestral, en la zona desierto. Al principio no pensamos que fuera gran cosa, pero tenía un algo que captó mi atención desde el primer momento. No es calcárea, aún no he descubierto de qué material está compuesta, pero me da la sensación de que es algo… ¿cómo decirlo? Más orgánico, vaya…

-¿Orgánico? Pero… ¿no es una roca?-inquirió el chico, extrañado.

-Así es, pero tiene un algo que me da esa sensación, posee un tacto poco común, normalmente cuando tocas un mineral enseguida notas su rugosidad, su sequedad, que te da una idea del material que lo compone, pero eso no pasa con ésta muestra de aquí. ¿Qué eres realmente, pequeño misterio?-inquirió Aloe, poniéndola a su altura y observándola detenidamente, como queriendo sacar su secreto con sólo mirarla.

Por un instante el chico se quedó mirando a la roca, dándole la sensación de que ésta le devolvía la mirada, al tiempo que notaba como algo en su interior se revolvía, como si le inquietara sobremanera.

-Lucho ¿estás bien?-inquirió su hermana en ese momento, mirándole con gesto extrañado.

-¿Eh? Ah, sí, sólo estaba… pensando, eso es todo.

-¿Seguro? Por un momento has puesto una cara muy rara…

Ante eso el chico quiso responder, aunque en ese momento Aloe retomó la palabra comentando.

-Es todo un misterio… ¡qué misterio, sí! Pero eso no me para, desde luego, después de todo a curiosa no me gana nadie, y eso es lo que le da sabrosura a la vida ¿no creéis? Pero bueno, continuaré en otro momento, haré que la devuelvan a la sala de exposición.

Tras eso puso la roca en una urna de cristal hermética, dejándola en su mesa y dirigiéndose a ellos.

-¡Muy bien, vamos a empezar pues! ¿Qué hay de ti, señorita?

-Oh, yo sólo vengo a ver a mi hermano combatir, y también a pintar un poco-reveló Liza rápidamente.

-¡Oh, así que eres una artista! Yo también conozco a uno muy bueno, aunque últimamente anda muy poco inspirado… pero bueno, si nos vas a retratar ¡saca nuestro mejor ángulo!

Liza ocupó las gradas superiores para poder tener una vista lo más panorámica posible, y justo después vino el árbitro, al tiempo que un trabajador del museo se llevaba la roca arriba de vuelta a la exposición permanente.

Una vez que estuvo todo listo, y a la señal del árbitro, el combate dio comienzo.

-¡Adelante, herdier!

-¡Vamos, pidove!

Los dos pokémon se miraron, desafiantes, al tiempo que en la cabeza de Lucho los primeros movimientos se iban dibujando; por su parte Liza captó enseguida la expresión de su hermano, comenzando el carboncillo a danzar.

-Los aspirantes empiezan primero-indicó Aloe.

-¡Muy bien! ¡Aire afilado!

-¡Malicioso!

Demostrando una velocidad superior, pidove atacó primero batiendo sus alas con fuerza, consiguiendo dar en el blanco; inmediatamente después, herdier le lanzó una dura e intensa mirada que hubiera intimidado hasta al más pintado, sin embargo el pokémon volador no se vio afectado lo más mínimo, sacando su pecho con expresión orgullosa.

-¡Bien, pidove, es tuyo, ataque rápido!

En un visto y no visto, el pokémon volador rasgó el aire y embistió de lleno a herdier con fuerza, empujándolo hacia atrás en el proceso.

-¡Vaya, ya veo, eso no ha estado nada pero que nada mal! ¡Derribo!-exclamó Aloe.

Al punto, herdier se lanzó como un miura amenazando con un golpe directo y potente, pero pidove fue mucho más rápido y evitó fácilmente el golpe elevándose en el aire en el momento apropiado.

-¡Ataque rápido!

Acto seguido contraatacó y el golpe fue contundente, deteniéndole en seco, pero Aloe aprovechó entonces para atacar.

-¡Mordisco!

Herdier se dio la vuelta con rapidez y le asestó una fuerte dentellada en las patas, sosteniéndole así e impidiéndole que volviera a despegar de nuevo.

-¡Suéltate, rápido!

-¡No le dejes, herdier, presiona!

Ambos pokémon estuvieron zarandeándose con fuerza, pidove agitó sus alas con insistencia atacando con aire afilado y esparciendo varias ráfagas hacia todas las direcciones, logrando así golpearle de refilón y obligándole a que le soltara.

En cuanto tuvo la oportunidad, el pokémon volador remontó el vuelo y se alejó de herdier rápidamente.

-¡Eso es, aire afilado!-indicó Lucho.

-¡Esquívalo, herdier!

Aprovechando la distancia a su favor, y aun a pesar de que no era muy veloz en comparación, el pokémon normal dio unos cuantos saltos de lo más ágiles, logrando así esquivar las acometidas aéreas de pidove.

-¡En ese caso atacaremos de frente, ataque rápido!-exclamó el chico.

Como una bala, el pequeño pokémon volador se lanzó rápidamente sobre su oponente para embestirle de nuevo. Sin embargo, en cuanto estuvo a un palmo de alcanzarle, Aloe exclamó.

-¡Rugido!

Fue en ese instante cuando el pokémon normal dejó escapar un sonoro rugido que hizo recular a pidove, volviendo a su ball rápidamente; acto seguido, otra ball botó de su cinto al azar y de ésta salió snivy. Aloe aprovechó la confusión del momento para atacar.

-¡Derribo!

Ésta vez logró golpear sin problemas a un despistado snivy que no se esperaba para nada el abrupto cambio, dejándolo tirado en el suelo un tanto dañado.

-¡Arriba, snivy, sigamos con esto, látigo cepa!-exclamó Lucho.

-¡Mordisco!

Antes de que le golpearan, Herdier mordisqueó las lianas, haciéndole daño y atrapándole en el proceso.

-¡Agítalo!-ordenó Aloe.

Con una fuerza considerable, herdier dio unas cuantas vueltas a snivy en el aire, mareándole entre medias, y luego le soltó, cayendo al suelo magullado.

-¡Snivy! ¿Estás bien?-inquirió el chico, preocupado.

El pokémon planta se levantó pesadamente, mirando a su rival fijamente con un gesto encendido dibujado en su rostro. Se le leía en la cara que no quería perder, al igual que su entrenador. Y Lucho supo al instante lo que tenía que hacer.

-¡No vamos a pararnos por nada! ¡Drenadoras!

-¡Esquívalo y malicioso!

Herdier se movió con rapidez, evitando las semillas y lanzándole una mirada tan intimidante que snivy reculó levemente, con su defensa bajada.

-¡Ahora, derribo!-exclamó Aloe.

-¡De frente con todas tus fuerzas, snivy, ciclón hojas!-exclamó Lucho.

Herdier se lanzó a la par que snivy agitaba su cola, creando el ciclón hojas justo antes de que impactasen. Herdier se vio abruptamente sacudido por el incesante remolino verdoso, lanzándolo con fuerza y arrastrando a herdier, teniéndolo a su merced. En cuanto el ciclón hojas se disipó, herdier estaba tirado en el suelo, KO.

-¡Herdier está fuera de combate, el ganador es snivy!-anunció el árbitro, levantando la banderilla a su favor.

-¡Genial, snivy, eso es!-exclamó Lucho, satisfecho.

Aloe lo recogió, bastante sorprendida por el resultado.

-Vaya, menuda fuerza tiene ese pequeño snivy… pero esto no ha terminado… ¡adelante, watchog!-indicó ella, sacándolo.

Al verlo Lucho supo que debía estar muy atento, puesto que en esos momentos podría ser todo o nada, por lo que optó por adelantarse lo antes posible.

-¡Snivy, drenadoras!

-¡Watchog, represalia!

Entonces, con una pasmosa rapidez, watchog se lanzó al ataque y golpeó repetidamente a snivy antes de que éste pudiera prepararse siquiera, viéndose vapuleado y lanzándolo al otro lado del campo. El pokémon planta se quedó tirado en el suelo, totalmente agotado.

-¡Oh, no, snivy!-exclamó Lucho, alucinado.

-¡Snivy está fuera de combate, el ganador es watchog!-anunció el árbitro, con la banderilla elevada a su favor.

Lucho le recogió dándose cuenta de un detalle muy concreto. Y es que era la primera vez que derrotaban a snivy, desde que salieron de viaje en todos los encuentros en los que había participado logró alzarse con la victoria, siendo invicto en ese sentido. Pero ahora esa racha de victorias se había roto. Sabía que era algo que eventualmente pasaría, pero eso mismo le hizo tomar conciencia del propio combate.

-Lo has hecho bien, snivy, descansa-le dijo a su ball, antes de guardársela en su cinto.

Desde lo alto de las gradas, Liza había observado todo sin perderse ni un solo detalle, habiendo avanzando bastante con el dibujo; en éste, tanto Aloe como Lucho habían sido retratados con miradas intensas llenas de determinación y fuerza, mientras que los pokémon aún estaban en simples esbozos que denotaban energía y mucho dinamismo. Sin embargo aún no sabía muy bien qué pokémon en concreto retratar ni qué poses captar, estando un tanto indecisa en ese sentido. Vio entonces a su hermano con actitud pensativa, exclamando de seguido.

-¡Vamos, Lucho, tú puedes!

Ése súbito ánimo sacó al chico de sus pensamientos y, sin esperar mucho más, sacó a pidove, atacando de seguido.

-¡Aire afilado!

Haciendo uso de su ya conocida velocidad, sacudió sus alas con fuerza y consiguió golpearle directamente. Sin embargo, el pokémon normal aguantó con entereza el embate, estando listo para contraatacar rápidamente.

-¡Mal de ojo!

Al punto, los ojos de watchog se envolvieron en un aura oscura, mirando fijamente a su oponente e impidiendo así que pudiera escapar.

-¡Ataque rápido!-indicó Lucho, sin dudar.

-¡Triturar!

Los dos pokémon se lanzaron el uno contra el otro y atacaron a la vez; el golpe fue directo y watchog le asestó una fuerte dentellada mientras que pidove le embestía, alejándose así el uno del otro.

-¡Tornado!

-¡Hipnosis!

Ésta vez watchog fue más rápido y pidove no pudo hacer nada por evitar observar las luces de su pelaje, similar al de un chaleco, cayendo al suelo dormido.

-¡Oh, no, pidove despierta!-indicó su entrenador, apurado.

-¡Patada baja!-exclamó Aloe.

Aprovechando la situación a su favor, watchog se lanzó y le propinó una fuerte patada al dormido pidove, siendo arrastrado hacia atrás junto a su entrenador, KO.

-¡Pidove está fuera de combate, el ganador es watchog!-indicó el árbitro rápidamente.

Fue en ese instante cuando Liza, que ya se había decidido con los pokémon, levantó la vista del cuaderno y miró a su hermano desde donde estaba. Pudo ver entonces una mirada de agobio cruzando su rostro, siendo la situación bastante desfavorable para él. No lo dudó en ningún momento y volvió a animarle.

-¡No te rindas, Lucho!

-¡No pienso hacerlo! ¡Vamos, panpour!-indicó él, sacándolo rápidamente.

-Vaya, qué determinación más férrea, me gusta… pero el combate está por terminar ¡watchog, triturar!-exclamó Aloe.

El pokémon de tipo normal se lanzó con las fauces abiertas y preparado para mordisquear lo que fuera.

-¡Espera!-indicó entonces Lucho.

Aloe frunció el ceño ante esa orden, sin saber muy bien qué estaba tramando. En cuanto Watchog estuvo a un palmo de tocarlo, Lucho ordenó.

-¡Escaldar!

De golpe y porrazo, soltó de su boca un potente chorro de agua hirviendo que arrastró a watchog y lo alejó de él. En cuanto el pokémon normal se reincorporó, unas llamas rodearon su cuerpo de improviso y dio un traspié.

-¡Se quemó!-observó Liza, comenzando entonces a dibujar a toda velocidad.

-Vaya, qué contrariedad… ¡represalia!-indicó Aloe.

-¡Intercéptalo con golpes furia!-exclamó Lucho.

Panpour se lanzó con sus garras preparadas y golpeó justo cuando watchog comenzó a atacar, interceptando y bloqueando casi todos sus ataques, aunque de algún que otro golpe no se libró, saliendo un poco dañado en el proceso.

-¡Patada baja!

-¡Salta!

Un lustroso salto a tiempo ayudó a panpour a evitar el golpe, teniéndolo a tiro desde el aire justo antes de caer.

-¡Hipnosis!

-¡Al suelo y golpe roca!

Con la mirada fija en el suelo pudo evitar caer dormido antes de alcanzarle, logrando asestarle un golpe directo en el pecho y bajándole la defensa en consecuencia. Las quemaduras volvieron a hacer acto de presencia, desgastando al pokémon normal un poco más.

-¡Triturar!-exclamó Aloe, apurada.

Aprovechando que estaban frente a frente, watchog se adelantó rápidamente y le asestó una fuerte dentellada que le hizo un poco más de daño, pero panpour contraatacó en cuanto tuvo la oportunidad.

-¡Golpe roca!

Lanzándose hacia delante, y aprovechando que las quemaduras volvieron a incidir, le asestó un fuerte golpe en la cara que le hizo más daño de lo normal, aunque la defensa ésta vez permaneció inalterable. Watchog se cayó de espaldas y las quemaduras reincidieron.

-¡Termina con pistola agua!-exclamó Lucho, triunfante.

Panpour soltó otro fuerte chorro de agua, ésta vez fría, que arrastró a su contrincante al lado de su entrenadora; watchog trató de ponerse en pie, pero las quemaduras volvieron a hacer mella, dejándole al borde del abismo. Finalmente no pudo más y se dejó caer al suelo, agotado.

-¡Oh, watchog!-exclamó Aloe, asombrada.

-¡Watchog está fuera de combate, panpour es el ganador! ¡La victoria es para el aspirante Lucho de pueblo Arcilla!-dictaminó el árbitro, levantando la banderilla s au favor.

-¡Sí, sí, eres genial, panpour!-exclamó el chico, abrazando a su pokémon.

Para entonces Liza había rematado la escena, con ese mismo instante atrapado para siempre en su cuaderno de dibujo; bajó de las gradas y le abrazó con ganas, aún con panpour en brazos.

-¡Has estado sensacional, Lucho! ¡Realmente me has inspirado!

-Vaya, me alegro, aunque por un instante me vi perdiendo, a decir verdad, gracias por tus ánimos, hermanita…

Aloe miró la estampa, con una sonrisita dibujada en su rostro y recogiendo a su pokémon. Se ausentó por un momento y volvió al poco rato con una bandejita.

-Lucho, como reconocimiento de tu victoria te hago entrega de la medalla base-anunció entonces, entregándosela.

-¡Estupendo, nuestra segunda medalla!-exclamó el chico, alzándola cual trofeo.

-Lucho, has demostrado gran inteligencia y sangre fría. Por un momento te dejaste llevar por el pánico, pero enseguida te repusiste y, aprovechando al máximo las habilidades de tus pokémon, lograste vencerme de una manera bastante impecable, he de decir. Si sigues así, no tendrás problemas para vencer a mi compañeros-le alabó la restauradora.

-Vaya, muchas gracias, Aloe, aunque he de decir que tu estrategia es una bastante buena...

-Oh, gracias, aunque tú también has despuntado. Bien jugado, Lucho.

El chico esbozó una sincera sonrisa, observando su recién ganada medalla, aunque en ese momento la líder exclamó.

-¡Vamos a ver ese retrato!

-Ah, por supuesto-murmuró Liza, mostrándoselo.

El resultado fue precisamente el último encuentro entre panpour y watchog en una composición de lo más rica y llena de detalles, con el escaldar empapando y quemando a watchog, además de las expresiones de Lucho y Aloe, llenas de energía y mucha fuerza. La líder se mostró impresionada, comentando al respecto.

-Vaya, tienes verdadero talento… esto le podría gustar mucho a Camus…

Liza la miró con gesto inquisitivo, queriendo preguntarla al respecto, aunque en ese justo momento llegó el marido de Aloe, con gesto muy apurado y particularmente nervioso tras sus gafas de montura fina.

-¡Cariño, cariño, tenemos un problema! ¡Hay unos tipos muy raros en el museo, dicen que quieren llevarse el cráneo del dragonite fosilizado en pos de una búsqueda noble, o algo así!

-¿Tipos raros?-repitió Lucho, temiéndose lo peor.

-¿¡Cómo?! ¡Un jamón se van a llevar, vamos!-exclamó la mujer, alterada.

Se dirigieron a la sala de exposiciones y allí se encontraron con un numeroso grupo de caballeros templarios rodeando al esqueleto del dragonite.

-¡El equipo Plasma, me lo temía!-exclamó Lucho.

-Ah, mirad, la líder del gimnasio. ¡Saludos, Aloe, líder del gimnasio de ciudad Esmalte! ¡Somos el equipo Plasma, y estamos aquí para llevar a cabo una noble misión que se nos ha sido encomendada! ¡Para poder llegar a la gente y hacerles ver el peso de sus errores, debemos echar la vista atrás y observar la historia que nos define! ¡Ése cráneo de dragón podría ser la respuesta a nuestra más grande cuestión!-explicó una soldado, adelantándose.

-¿¡Qué?! ¿¡Pero de qué demonios estáis hablando?!-masculló Aloe, anonadada.

-¡Tú mejor que nadie debería entender nuestra visión! ¡El ser humano, en su infinita necedad, ha estado oprimiendo a los pokémon desde los albores de la historia, pero nosotros creemos que hubo un tiempo que esto no fue así! ¡La historia de Teselia bien lo atestigua, hubo una época en la que no había distinción alguna entre humano y pokémon! ¡Creemos que ese cráneo tiene la respuesta que andamos buscando!

Por un instante Aloe fue a responder, pero por un momento se quedó callada, como si se estuviera pensando mejor lo que la decían; por su parte, Lucho les espetó.

-¿¡Pero qué película nos estáis contando?!

-¡Hablamos acerca de la fundación de Teselia, en la que un gran pokémon dragón estuvo involucrado! ¿O es que acaso no os enseñan nada en la escuela? Pobres ignorantes, ni siquiera conocen su propia historia…

Ante eso Lucho quiso contestar, particularmente molesto, sin embargo Aloe se adelantó rápidamente.

-Por supuesto que sé de qué habláis, del gran dragón que unificó Teselia a mediados del periodo de Primavera y Otoño, en torno al S VII a.C. Pero me temo que ese cráneo no os va a contestar ninguna de vuestras preguntas.

-¿Qué? ¿Por qué no?-inquirió la portavoz del equipo Plasma, ceñuda.

-Muy fácil, porque ese esqueleto data de, por lo menos, el periodo cuaternario de la era cenozoica, entre el periodo interglaciar, y teniendo en cuenta su buen estado de conservación, probablemente ese dragonite murió congelado durante alguna migración. Digamos que las fechas no cuadran. Además, dudo mucho que el dragón que habla la leyenda que citas, que por supuesto es muy posterior al holoceno, sea un simple dragonite. ¿Y nosotros somos los ignorantes? Deberías repasar tus apuntes de historia.

Los argumentos de Aloe dejaron completamente desarmada a la portavoz, al tiempo que el resto de soldados se vieron un tanto cortados, sin saber muy bien qué decir. Sin embargo, la portavoz del equipo Plasma se repuso enseguida, exclamando entonces.

-¡No importa, tus lecciones caen en saco roto ante el peso de vuestras propias acciones! ¡Mientras siga habiendo combates de gimnasio y unas medallas que ganar, los humanos seguirán inmersos en su vil deseo de alcanzar la gloria ajena de una victoria inmerecida!

-¿Y eso qué tiene que ver con la leyenda a la que antes dabas tanto bombo?-inquirió Aloe seriamente.

Otro breve pero denso silencio se instaló entre ellas, siendo cada vez más y más evidente; la portavoz, acorralada, masculló.

-¡No habéis entendido nada! ¡Si saco a colación la leyenda es por el hecho de que en aquellos tiempos no había nada de lo que ahora nos define, y aun así los pokémon eran felices! ¡Todo cambió cuando los combates pokémon comenzaron a asentarse como algo normal! ¡Y a partir de ahí, los pokémon dejaron de ser libres!

Aloe dejó escapar una risita disimulada, negando con la cabeza, aunque en ese momento Lucho inquirió.

-¿¡En serio sigues con eso!? ¡No eres más ridícula porque no puedes! ¡Tenéis el cerebro sorbido y encima os creéis en poder de la verdad más absoluta! ¡Es ridículo!

Las palabras de Lucho caldearon los ánimos entre los soldados del equipo Plasma, los cuales le miraron con gestos de odio y furia reprimidas; por su parte, el muchacho tenía ganas de cantarles las cuarenta a todos, pero sus pokémon no estaban en condiciones de luchar tras el combate de gimnasio. Ni siquiera él se percató de que la roca blanca que Aloe antes estudiaba, emitió un débil brillo blanquecino al resonar sus palabras por toda la sala.

-¡Ya basta, no dejaremos que un simple y burdo entrenador pokémon nos aleccione de ese modo! ¡Nos da igual que no nos entendáis, pero para que veáis que vamos en serio, nos lo llevaremos igualmente!

Antes de que alguien pudiera hacer o decir algo, a una señal de la portavoz todos los soldados del equipo Plasma hicieron estallar una serie de bombas de humo que cubrieron por completo toda la sala de exposiciones, creando entonces el caos más absoluto.

-¡Mierda! ¿¡Dónde están?!

-¡No veo nada, Vero, activa el sistema de aireación, rápido!

-¡Voy, cariño!

Por desgracia el hombre tardó demasiado en activarlo puesto que apenas veía hacia dónde se dirigía, pero en cuanto el humo se disipó, el cráneo fosilizado ya no estaba.

-¡Aaaaah, no puede ser, la joya de la colección!-exclamó Vero, horrorizado.

Sin embargo, y al contrario que su marido, Aloe esbozó un gesto de pura rabia, mascullando de seguido.

-Nadie viene aquí a darme lecciones de nada para luego robar una pieza de gran valor de mi museo e irse de rositas… ¡Vamos a recuperarla!

Tanto ella como Lucho y Liza salieron del museo y en ese momento apareció Bel, la cual al verles se acercó a saludarlos.

-Hombre, Lucho y Liza ¿Qué es todo este barullo?

-¡El equipo Plasma ha robado en el museo!-exclamó Lucho, muy alterado.

-Oh, cielos, ya empieza a ser costumbre ¿no creeis?-inquirió la chica, divertida.

-Yo que tú no bromearía demasiado al respecto con mi hermano cerca-la comentó Liza por lo bajo.

-¿Os conocéis? bueno, es igual, cuantos más seamos mejor, me han robado una de mis mejores piezas y estoy que me subo por las paredes, necesito de vuestra ayuda para recuperar el cráneo.

-¡Cuenta con nosotros, Aloe!-exclamó Lucho.

-¡Muy bien, muchas gracias, Lucho! ¡Liza, tú y tu amiga quedaos a vigilar en el museo!-indicó Aloe rápidamente.

-Está bien…

Antes de que la líder siguiera organizando nada, apareció en ese momento un hombre bastante joven, treintañero, de pelo color castaño claro rizado, ojos verdes, vestido con una camisa de igual color y unos pantalones multicolores, entre ellos rojo y verde claro y oscuro. Calzaba unos zapatos rojos y llevaba una bufanda del mismo color. Al verla tan ofuscada inquirió.

-Caramba, Aloe, te veo de los nervios ¿Qué es todo este revuelo?

-¡Anda! ¿Tú aún por aquí, sigues sin recuperar la inspiración?-inquirió ella al verle.

-Pues sí, aunque tal vez puede que tenga algo para empezar…

Antes de que pudiera decir nada más, vio entonces a Liza, la cual reaccionó enseguida al ver al hombre en cuestión, el cual exclamó.

-¡Anda, pero si es la gran artista en potencia! Liza ¿verdad?

-Sí, entonces… ¿tú eres Camus?-inquirió ella, atando cabos.

-¡Así es! Perdona por no haberme presentado antes, fue inconsiderado de mi parte, pero tenía algo de prisa…

-¿Ya os conocíais? Caramba, el mundo es un pañuelo, aunque supongo que entre artistas anda el juego… en todo caso, éste es Camus, es el líder de gimnasio de ciudad Porcelana-reveló entonces Aloe, para sorpresa de todos.

-Encantado de conoceros… pero dime una cosa ¿Qué ha pasado?-inquirió Camus, curioso.

-¡El equipo Plasma me ha robado en el museo delante de mis propias narices y encima han tenido el atrevimiento de sermonearme acerca de historia! ¡Estoy que muerdo ahora mismo!-explicó Aloe, aún muy nerviosa.

-Vaya, desde luego no sabían muy bien lo que hacían… aunque espera ¿el equipo Plasma dices? Han estado yendo y viniendo por ciudad Porcelana recientemente, dando discursos a la población. Al principio pensé que eran inofensivos, pero siempre me han dado mala espina…

-¡Y con razón, se creen los adalides de la verdad, pero en realidad no son más que un atajo de hipócritas y sinvergüenzas, no sé qué tramarán exactamente, pero no puede ser nada bueno!-exclamó en ese momento Lucho, molesto.

Camus le miró por un momento, inclinando levemente la cabeza como si le estudiara atentamente, llegando a comentar acto seguido.

-Caramba, noto un gran furor saliendo de ti, resulta particularmente estimulante. Creo que tengo algo, sí...

Lucho le miró ceñudo, un tanto extrañado por ese comentario, aunque en ese momento Aloe recondució la conversación enseguida.

-Camus, sé que eres muy voluble, pero ahora no es el momento, esos tipos tienen mi cráneo de dragón y me gustaría recuperarlo…

-Cierto, perdona, debemos encontrarlos cuanto antes entonces… tal vez hayan huido hacia el este…-supuso el artista, pensativo.

-No, si lo hubieran hecho me hubiera cruzado con ellos, pero no vi a nadie viniendo hacia aquí-reveló Bel en ese momento.

-Entonces sólo pueden haber ido hacia el oeste… ¡el bosque Azulejo, es un buen lugar para esconderse!-exclamó Aloe.

-¡Vamos pues!

Sin decir mucho más, tanto Lucho como Camus y Aloe se dirigieron hacia allá rápidamente, dejando a Liza y Bel solas junto al museo. La hermana del chico dejó escapar un breve suspiro, a lo que su amiga comentó.

-Siempre pareces estar en el lugar y momentos menos indicados… ¿cómo lo haces, tía?

-Pues eso mismo me pregunto yo a veces, Bel… en serio, no entiendo por qué siempre nos tenemos que topar con esa gente.

-Lo dices como si te molestara por alguna razón… ¿es por tu hermano?

-¡Precisamente, se pone como una fiera cada vez que los ve! Entiendo que lo que digan y hagan no tenga casi nada de sentido, como lo del cráneo… en serio, tendrías que haber estado ahí, ha sido de traca…

-Puedo imaginármelo, aún sigo dándole vueltas a la cabeza con lo de esa pobre niña… pero algo me dice que te quema por algo más ¿verdad?-inquirió Bel, sagaz.

Ante eso Liza se quedó callada, sin saber muy bien qué decir a eso, aunque en el fondo sabía muy bien a qué se refería.

-Sigues hablando con ese chico, N…

No fue tanto una pregunta sino más bien una afirmación, como si ella misma esperar a que la propia Liza se la confirmara, a lo que ella tan solo asintió con la cabeza.

-Huy, eso suena a flechazo profundo… ¿de qué habláis exactamente?

-Me alegra que no des por sentado que trate de venderme la moto como el equipo Plasma hace…

-Oh, vamos, sé que eres lo suficientemente lista y culta como para no creerte todo lo que dicen.

-Gracias, Bel, ojalá mi hermano fuera más como tú…

Ambas amigas se miraron fijamente, diciéndoselo todo en nada y esbozando una sincera sonrisa; aunque acto seguido, la rubia esbozó una sonrisita divertida, al tiempo que comentaba.

-Venga, va, cuéntame más, quiero saber en qué consiste éste romance tuyo de verano imposible…

-Oh, por favor, no sigas por ahí…


Llegaron enseguida al bosque Azulejo y se organizaron rápidamente; Camus fue a cubrir la salida norte del bosque para evitar que escaparan, mientras que Aloe hacía lo propio hacia el sur. Por su parte, y tras curar un poco a sus pokémon usando varias medicinas que había ido adquiriendo a lo largo del viaje, Lucho se adentró en lo más profundo del bosque en busca de los soldados. Aunque no lo parecía a simple vista, el bosque Azulejo tenía cierto encanto que no pasaba desapercibido, siendo bastante denso y particularmente verde, con múltiples elevaciones en el terreno y algo húmedo también debido al riachuelo que lo atravesaba. Sin embargo no fue particularmente difícil encontrar a los soldados, los cuales se habían desperdigado por todos los rincones, pero debido sobre todo a su particular uniforme a lo caballero templario, no pasaban precisamente muy desapercibidos.

Fue siguiendo el reguero que dejaban los soldados, derrotándolos uno a uno e ignorando sus constantes puyas acerca de lo cruel y pernicioso que era; a esas alturas ya le daba igual lo que le dijeran, se retrataban ellos solitos cada vez que abrían la boca, por lo que no vio necesario seguir recalcando lo evidente.

Finalmente, y tras atravesar un enorme y hueco tronco para salvar una caída, encontró a un soldado del equipo Plasma, el cual llevaba consigo el cráneo.

-¡Ahí estás!-exclamó Lucho.

-¡Me descubrieron! ¿Tú también quieres el conocimiento que este cráneo nos proporcionará? ¡Eres peor de lo que pensaba!

-¿¡En serio seguís con eso?! ¡No tenéis ninguna credibilidad, devuélvemelo ahora mismo!

-¡El equipo Plasma aboga por un mundo mejor, mientras que vosotros os regodeáis en vuestra propia incompetencia! ¡Debemos luchar por nuestros sueños!

Y, tras esas palabras, sacó a un watchog. Sin dudarlo siquiera optó por snivy, el cual al ver su oponente se encendió como nunca antes lo había hecho. Y es que la derrota que el watchog de Aloe le había dado estaba aún muy reciente en su memoria, por lo que el pokémon planta supo que era el momento de resarcirse, poniendo todo su empeño en ganarle a toda costa.

-¡Rayo confuso!

-¡Esquívalo!

Usando sus lianas para darse impulso, snivy dio un elegante salto y pudo esquivarlo sin muchos problemas, teniéndolo a tiro desde el aire.

-¡Ahora, látigo cepa!

Con gran agilidad, le sometió a una buena tunda de golpes que le dejaron un tanto tocado, pero el pokémon normal aprovechó la situación a su favor y, en cuanto pudo, cogió sus lianas y comenzó a darle vueltas en el aire hasta soltarlo, dándose un sonoro golpe que le hizo algo de daño.

-¡Aguanta, snivy, drenadoras!

-¡Páralas con corte!

Las semillas de drenadoras acabaron cortadas en pedacitos antes de que pudieran caer al suelo, quedando ese intento de drenarle la energía en nada.

-¡Híper colmillo!

Acto seguido, se abalanzó sobre él con sus colmillos brillando, pero Lucho reaccionó a tiempo y exclamó.

-¡Látigo cepa!

Usando sus lianas, le puso la zancadilla antes de que le alcanzara y watchog mordió el polvo, literal y figuradamente hablando.

-¡Ahora, ciclón hojas!-exclamó Lucho, exaltado.

Acto seguido snivy agitó su cola con fuerza, creando un tornado de hojas que arremetió contra su objetivo y sacudiéndole con fuerza, cayendo KO rápidamente.

-¡Sí, eso es!-exclamó Lucho, satisfecho.

Por su parte, snivy dejó escapar un sonoro grito de victoria; y, acto seguido, comenzó a brillar con fuerza, sorprendiendo a todos por igual.

Su tamaño se dobló, al tiempo que su cuerpo se alargaba y estilizaba, su cola crecía exponencialmente, sus patas tanto delanteras como traseras se hacían un poco más grandes y tanto en su cuello como en su cabeza crecían sendas hojas estilizadas. En cuanto el brillo pasó, se mostró con otra forma completamente diferente, Lucho se apresuró a informarse cuanto antes sacando su pokédex.

-Servine, el pokémon serpiente hierba; parezca que se desliza cuando corre. Engaña a sus rivales con su velocidad y luego contrataca con su látigo cepa. Se oculta a la sombra de la vegetación para evitar enfrentamientos.

-¡Genial, evolucionaste!-exclamó Lucho, contento por el resultado.

-Oh, sí, es estupendo… ¿crees que tu snivy ha evolucionado por voluntad propia o sólo porque tú lo has forzado?-le espetó el soldado en ese momento.

-¿Forzado? ¡De eso nada, si lo ha hecho es porque se ha fortalecido a mi lado, no porque yo le haya obligado, así no funciona la evolución!-le espetó el chico, molesto.

-¡Ja, eso es lo que tú te crees! ¿Sabías que los pokémon salvajes también evolucionan por su cuenta, sin que un humano les tenga que esclavizar y forzar a luchar? Es el ciclo de la vida, pero no, tenéis que atraparles y obligarles a combatir sólo por querer ser los más fuertes, cuando en realidad es el pokémon el que es fuerte, y no al revés. Me repugnas-le espetó el soldado, con asco.

Ante eso Lucho quiso responder, cada vez más y más molesto, pero en ese momento llegó un hombre ataviado en una túnica beige, muy rica y cara. Llevaba el signo del equipo plasma en el pecho y un alto sombrero de igual color. Así a ojo tendría unos sesenta y pocos años, sus facciones eran rectas, poseía una mirada analítica y tanto sus cejas como su bigote y perilla eran blancas. Aprovechando el hilo de la conversación, lo retomó rápidamente comentando.

-Y es por eso por lo que los pokémon son muy distintos a los humanos, tanto en forma como en fortaleza. Muestran unas cualidades que no se parecen en nada a nosotros como especie. Son ciertamente apasionantes pero, al mismo tiempo, la necedad de los humanos choca directamente con su forma de vida. Así son las cosas.

-¡Sabio Blau! ¡Lo siento mucho, he fracasado!-exclamó el soldado, arrodillándose ante él.

-No pasa nada, acabo de contactar con la base y me han dicho que ese fósil no es lo que buscamos-anunció el sabio someramente.

-Si es así… no puedo negarme a los designios de los Siete Sabios-añadió el soldado, compungido.

En ese justo momento, llegaron Camus y Aloe, siendo ésta la primera en hablar.

-Ajá, aquí estáis… así que tú eres el jefe…

El hombre se dio la vuelta y se presentó.

-Nada más lejos de la realidad. Soy Blau, miembro de los Siete Sabios, al servicio de nuestro señor.

-¿Ghechis?-inquirió Lucho, tratando de tantearle.

El sabio le miró con gesto serio, comentando de seguido.

-Oh, no, Ghechis tan solo es un siervo más, nuestro señor es alguien mucho más noble y justo… aquel a que debemos lealtad por encima de todas las cosas, y al que aconsejamos y protegemos.

-Ya basta de enredos, devolvedme lo que es mío-cortó Aloe, tajante.

Blau la miró de cabo a rabo y, en ese momento, retomó su monólogo.

-Así son las cosas, pues. Los líderes de gimnasio otorgan una medalla a aquel que les venza en combate, y así poder acceder a la liga Pokémon. Camus, experto en pokémon de tipo bicho y líder de ciudad Porcelana y Aloe, experta en el tipo normal y líder de ciudad Esmalte, los dos son un buen ejemplo de estos papeles.

-Pareces conocernos bien…-observó Camus, interesado.

-Por supuesto, después de todo, y como bien dijo Sun Tzu, cuando conozcas a tu enemigo tanto como a ti mismo, serás capaz de esquivar el peligro siempre, sin importar cuántas batallas libres.

-¿Citando El arte de la guerra? Interesante, aunque igual no es muy apropiado, después de todo ya no estamos en guerra…-murmuró Aloe, escéptica.

-¿Eso es lo que realmente crees? Deberías saber mejor que nadie el significado real de esas palabras, sin embargo no pareces darle la suficiente importancia. Es igual, puesto que nuestra guerra no es una que se libre en un campo de batalla mediante el uso de armas o pokémon, sino mediante la palabra y el conocimiento. La historia y las leyendas fueron forjando esta tierra con el paso de los siglos, y ahora es cuando nosotros haremos valerla como se merece.

-¿Robando un cráneo de dragón que ni siquiera pertenece al periodo de tiempo que hacíais referencia? Por favor…

-Errar es humano, por lo que os devolveremos el cráneo sin mayores contemplaciones. Entrégaselo-indicó Blau al soldado.

Éste, algo contrariado, obedeció sus órdenes y le devolvió el cráneo a Aloe y regresó junto al sabio rápidamente.

-Puede que no hayamos conseguido despertar la leyenda que dio pie a Teselia, pero el equipo Plasma hará todo lo que esté en su mano por hacer sus sueños realidad. Los pokémon serán liberados eventualmente. Tan solo esperad y observad.

Y, tras esas palabras, desaparecieron tras otra densa cortina de humo. Por su parte Aloe, frunciendo el ceño, comentó al respecto.

-No sé que pretenden aludiendo todo el rato a la historia, pero ir por ahí robando piezas de museos no demuestra mucho que digamos.

-¡Es pura palabrería, no os creáis nada de lo que esa gente dice! Debe haber algo más detrás…-murmuró Lucho, pensativo.

Una vez que todo estuvo arreglado, regresaron al camino principal y, tras agradecer su ayuda, Aloe regresó a su ciudad cargando con el cráneo a su espalda cual saco de patatas. Lucho y Camus se despidieron de ella, aunque en ese momento el líder tomó la palabra.

-Bueno, al menos hemos arreglado el entuerto… y puede que haya encontrado lo que andaba buscando, verte combatir ha sido realmente inspirador, tienes estilo.

-Ah, muchas gracias, Camus…

-En cuanto puedas pásate por mi gimnasio y combatimos, tengo ganas de ver cómo te desenvuelves. Y en cuanto a ti, ya sabes donde encontrarme-añadió entonces el hombre, dirigiéndose a alguien más detrás de él.

En cuanto el chico se dio la vuelta, vio entonces a su hermana cargando con todas sus cosas, la cual murmuró.

-¿La galería de arte? Está bien, aunque no tengo mucha intención de darme a conocer si te soy sincera…

-¿Y desperdiciar semejante talento? Sería una pena… piénsatelo bien y ya me dices algo ¿de acuerdo?

-Está bien, gracias Camus.

Tras eso el líder de gimnasio se despidió haciendo una vistosa reverancia y se marchó hacia el norte rápidamente; una vez solos, Lucho cogió su bandolera e inquirió.

-¿Y Bel?

-Se ha quedado por las inmediaciones, dijo que quería ver qué había por aquí-reveló Liza.

-Ah, vale, suena a Bel…

-Sí… ¿vamos pues?

-Vamos.

Sin perder más tiempo, los dos se dirigieron hacia el norte hacia su próxima parada: ciudad Porcelana.


¡Y retomamos por fin Pokémon! Tenía ganas a decir verdad, a ver cuántos capítulos saco en esta tanda, quizás tres o cuatro, según me de la inspiración. Ahora hablemos de éste capítulo.

El combate de gimnasio no está muy cambiado a como lo concebí en su día, pero he aprovechado para refinarlo y meterle un poco más de chicha. En los juegos Aloe golpea duro con represalia en cuanto tiene la oportunidad, y herdier es un peso pesado que arremete con derribo casi siempre, por lo que he querido mostrar esto un poco, junto con algo de estrategia por su parte también. No es un combate excesivamente complicado, pero puede meterte en problemas si no vas preparado.

Por otro lado tenemos la nueva aparición del equipo Plasma, a la cual he dado una vuelta de tuerca. Si algo destaca de estos eventos, es que estos tipos son muy poco sutiles, por lo que he optado por hacer algo con un poco más de cabeza, siguiendo el mismo hilo que hasta ahora, pero sin esos comentarios tan tontos entre medias. Un buen ejemplo de ello es Blau, el cual tiene un diálogo más o menos cuidado en el juego, cita de Sun Tzu incorporada, pero que luego se cae por su propio peso demasiado pronto en cuanto menciona lo de robar pokémon por la fuerza. Espero haberle dado un poco más de consistencia aquí.

Y eso es todo de momento, esperad el siguiente a no más tardar, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!