Abril, 2019.
-André, firma aquí por favor- Fersen extendió el documento con la transcripción de la declaración.
Tras firmar André se puso de pie y, dándole la mano a Girodelle primero y luego a Fersen, se despidió.
-Será una lástima no tenerte en el caso. Los recursos siempre son escasos y un hombre menos pesa- agregó Fersen con simpatía.
-Decidí ayudar a Bernard cuando lo necesitaba, no hay mucho más que argumentar- contestó el aludido -Seguramente podrán suplir mi falta sin problemas- miró a los ojos a Fersen, al no encontrar ninguna seña de doble intención o animadversión, relajó los hombros. El extranjero no sabía nada de su relación con Oscar. Un sabor amargo se le instaló en la boca, pues si bien entendía por qué ella no lo puso en evidencia, tampoco le agradaba demasiado esa posición, sobre todo, considerando que ya no trabajarían juntos.
Salió de la sala de interrogatorios y se enfiló hacia su escritorio. En un acto reflejo se miró la muñeca, recordó haber dejado su reloj en el departamento de Oscar. Pensó en ella y nuevamente se molestó, pues no sólo nunca le devolvió las llamadas, sino que, tampoco estaba en la oficina cuando llegó horas atrás. Cambió el rumbo y fue directo a su despacho, golpeó con los nudillos el cristal antes de abrir.
-Hola- Oscar lo saludó mirándolo a través de sus lentes oscuros -Tengo tu próxima asignación, toma asiento.
-Me alegra saber que estás bien- ironizó André. Oscar se hizo la desentendida.
Separados por el escritorio, André leyó el documento, ya firmado y autorizado por el director Jarjayes, que lo transfería de forma indefinida a la unidad de táctica y ataque de la BRI. Respiró profundo y se peinó el cabello con la diestra.
-¿Qué carajos es esto?– preguntó entre dientes -Me dijiste que podría decidir si permanecía en la oficina para ocuparme de otros casos o si tomaba táctica.
-Cambié de opinión- contestó seria -André, lo hablé con Fersen. Esto es lo mejor. Es posible que te sigan después de atacarte, de hecho, ni siquiera deberías estar aquí. Guiarlos a la oficina nos perjudicará. Estarás más seguro lejos de aquí.
-¿Es decisión de Fersen?
-No, es decisión mía. Tu superior soy yo- apoyó la espalda en su silla -Pero necesitaba su visto bueno, él también está a cargo de la operación.
-Joder…- André apuñó las manos -Sabes que considero dedicarme a investigaciones cuando salga de la reserva de la BRI. Esta era mi oportunidad de tener casos a mi cargo y hacer carrera.
-Debiste decírmelo ayer- insistió ella con tranquilidad.
-Y te lo habría dicho si hubieras llegado a casa o contestado mis llamadas- siseó molesto.
-Estamos en el trabajo, contrólate. No es el lugar- empuñó las manos hasta enterrarse las uñas en las palmas de las manos.
André se puso de pie.
-Es cierto, no lo es- apoyó ambas manos en el escritorio para mirarla desde la altura -Te espero en una hora donde siempre.
-André…
-Te espero allá- entrecerró los párpados -Y si en algo te importa lo que tenemos, más te vale llegar. Tus límites están demasiado difusos, Oscar.
Ella asintió en silencio. Sin embargo, antes de que él abandonara la oficina, tomó el documento que él dejó en su escritorio y se lo extendió.
-Este es tu traslado, debes presentarlo en el cuartel general de la BRI- sostuvo el papel en el aire -Dadas tus lesiones, mi padre autorizó que tuvieras unos días más de permiso con goce de sueldo.
-Sí, claro… E imagino que lo hizo como un favor personal- ironizó él.
-No te pases, André…
-¡No!- la apuntó con un dedo –¡Eres tú la que debe aprender a no pasarse!- bajó la mano y respiró profundo -Te veo en una hora.
Salió de la oficina dando un portazo. Después de tomar su chaqueta y dejar en el casillero el arma que usaba en la unidad, salió de la oficina sin hablar con nadie.
Fersen se asomó a la oficina de Oscar.
-Y tan tranquilo que se veía Grandier… tiene su temperamento.
-No hables de él- lo cortó Oscar -No lo conoces.
-¿Y tú, si?
-Más que tú, somos compañeros desde hace años. Tiene suficientes razones como para molestarse- se puso de pie y revisó su celular. Un mensaje de su madre le agradecía haber desayunado con ella. Sonrió con tristeza.
-¿Todo bien?- preguntó Fersen.
-Sí- levantó la cabeza -Estaré fuera un rato- descolgó su chaqueta del respaldo de la silla -Si ocurre algo, llámame.
-Aquí no hay sol.
Oscar se detuvo sin entender.
-No te has quitado las gafas desde que llegaste.
-Tengo jaqueca, dormí pésimo. No aguanto la luz- se justificó y salió de la oficina.
Decidió ir caminando al café ubicado a un par de estaciones de distancia. Fumó calmadamente tres cigarrillos en lo que tardó en llegar. Su estómago rugió. Recordó haber desayunado sólo un café en casa de sus padres. Se sentó unos minutos en un banco de una plaza y sacó su celular; activó la cámara frontal y se miró en ella: estaba pálida, más de lo habitual. Al quitarse las gafas, lo que temía se hizo presente. Oscuras ojeras le enmarcaban los ojos rojos de tanto llorar. Se los apretó con los dedos mientras se maldecía por ser débil. Tenía que ser fuerte. Respiró profundo varias veces antes de continuar su camino.
Al entrar al café, primero fue a los servicios. Se mojó el rostro varias veces con agua fría. Guardó las gafas en el bolsillo interior de su chaqueta y se arregló el cabello con las manos. Con las palmas frías se masajeó la parte trasera del cuello unos minutos. Al mirarse nuevamente, si bien estaba lejos de parecer normal, se veía mucho mejor. Menos tensa y angustiada, sólo cansada. Mirándose a los ojos en el reflejo, se infundió fuerzas. André no podía sospechar que ella le mentía o todo se saldría de control. Apretando los bordes del lavamanos con las manos, maldijo por estar en esa situación, pero no había nada que hacer al respecto; su padre le pidió un favor y ella se lo debía. Además, tal como pensó durante toda la noche, André estaría más seguro lejos de la unidad y, gracias a los extensos turnos de acuartelamiento, ella podría dedicarse a sus padres sin dar explicaciones. Era un win-win*
Él la esperaba en la mesa de siempre, ubicada en un rincón y lejos de las ventanas. Se detuvo al ver que estaba acompañado de una mujer de largo cabello negro. Por unos instantes pensó en Jeanne. Sacudió la cabeza, eso era imposible. Enderezó los hombros y se acercó.
-Lamento haber tardado- dijo anunciándose.
La joven se levantó rápidamente de la silla.
-Mucho gusto- saludó a Oscar– Soy Catalina Brenner- sonrió con dulzura. Los grandes ojos oscuros brillaron con ese gesto -La enfermera Brenner- completó la información -Atendí a André cuando lo asaltaron.
André, que también ya estaba de pie, agregó incómodo:
-Françoise, estaba agradeciéndole a la enfermera Brenner…
-Catalina- corrigió ella.
-Sí, a Catalina, su amabilidad en el hospital. Coincidentemente ella también es asidua a este café- la miró a los ojos -Nos ha visto varias veces aquí.
-Mucho gusto- Oscar extendió la diestra, apretó con suavidad la delgada y elegante mano de la enfermera -Gracias por haber cuidado tan bien de mi…
-Pareja- completó la joven con las mejillas un tanto sonrojadas -André ya me dijo que tienen una relación.
-Veo que han hablado bastante- Oscar miró a André arqueando una ceja.
-Se me hace tarde, mi turno comienza en un par de horas- interrumpió Catalina. Rápidamente hizo un gesto con la cabeza a modo de despedida y se marchó.
-¿Qué rayos fue eso?- preguntó Oscar sentándose en el lugar que antes ocupaba la enfermera.
-¿Qué rayos es lo que pasó contigo ayer?- la molestia de sus ojos desplazó la incomodidad anterior -Quedaste en llegar a casa, te llamé hasta que me cansé… y hoy, cuando te veo, antes de ninguna explicación, me comunicas que estoy asignado a un escuadrón- entrecerró los párpados - Creo que soy yo quien necesita la primera explicación. Estuve preocupado, no sabía qué diablos te pasó, si tuviste un accidente o Dios sabe qué más…
-Estaba cansada, me quedé dormida y el teléfono estaba en silencio- mintió descaradamente.
André la miró detenidamente, notó sus ojeras y el cansancio que se evidenciaba en ella. Obviamente no le estaba diciendo la verdad, pues de haber descansado no luciría así. Sintiendo que su preocupación se convertía en enfado, se esforzó en buscar alguna explicación. Oscar no era así, al menos no con él:
-Pareces enferma- tomó una de las manos que descansaban sobre la mesa -¿Hay algo que deba saber? ¿Fuiste al médico por lo que me comentaste?
Oscar tardó unos segundos en entender. Finalmente recordó que André tenía razón, debía ir al ginecólogo porque sus períodos estaban siendo irregulares y la razón, podía ser que el dispositivo no era adecuado para ella. "Es una posibilidad, escasa, pero existente" había dicho el médico tiempo atrás.
-No… no es eso- suspiró -Lo había olvidado… mañana pediré una cita- sonrió -Ahora que estarás acuartelado, es una buena oportunidad de cambiar de método.
-Sé que hay algo más- la miró a los ojos -Me estás alejando a propósito. ¿Qué es lo que me ocultas?
-¿Qué tendría que ocultarte? Cambié de opinión por tu seguridad, ya te lo dije.
-Te conozco, hay algo más- la miró serio -¿Acaso estás embarazada?- preguntó de golpe.
-¡Por Dios! ¡No!- contestó – André, no- enfatizó antes de comenzar a reír casi de forma histérica. Su vida se estaba convirtiendo en una serie de acontecimientos absurdos y sin control -Tranquilízate, te pusiste pálido- le acercó el vaso con agua que estaba sobre la mesa acompañando al café que el oficial no bebió.
André apoyó la espalda en la silla y asintió, conforme con esa explicación, tocó el otro punto que le molestaba.
-Apelaré a tu decisión y pediré volver a investigaciones- le dijo de forma seria -Estás manipulando mi carrera y eso no me gusta.
-Supongo que estás en tu derecho- contestó ella -Pero no sé qué tan buen precedente sea el que vayas en contra de tu superior.
-Ya veré si me perjudica o no. Es mi carrera, no la tuya- André levantó la mano y llamó al mesero -¿Has comido algo?- le preguntó a la teniente. Ella negó. Pidieron más café y sándwiches.
Cuando llegó el pedido, comieron en silencio y cada uno sumergido en sus pensamientos.
Oscar terminó su comida y tomó la mano de André.
-¿Quieres decirme algo más?- él negó -Entonces es mi turno- esperó que él la mirara -¿Me puedes decir que estaba pasando antes de que yo llegara? ¿Por qué esa muchacha sabe que somos pareja y por qué tú me llamaste Françoise? ¿Por qué estabas tan incómodo?
-Lo que pasó fue...- André dejó salir el aire con fuerza -Ese fui yo rechazando salir con ella.
Oscar arqueó una ceja. ¿Es que acaso su vida no podía ser tranquila si quiera un día?
-Es la enfermera que me atendió en urgencias… y también es clienta de este café. En el hospital no me dijo nada, pero aquí fue bastante más directa. Me preguntó quién era la rubia que siempre me acompañaba, porque si eras solo una amiga o un familiar…- continuó André.
-Entiendo- Oscar sonrió -Chica lista y con buen gusto. Bien por el empoderamiento femenino en pleno siglo XXI. Es preciosa, un tanto joven para ti, pero muy bonita. Seguramente recién egresó de la facultad.
-Cinco o seis años de diferencia en edad no son relevantes- André siguió el juego.
-Por eso no me dijiste Oscar… nos estabas cuidando- sonrió y apretó la mano que no había soltado -André, no discutamos más, por favor- lo miró con los ojos húmedos -Pasemos lo que queda del día juntos, prometo que compensaré lo mal que me he portado contigo.
Él asintió y, soltándole la mano le acarició una mejilla por sobre la mesa. Pese a que no tenía muy claro todo lo que pasaba, no quiso seguir discutiendo, pues veía en ella una fragilidad que aún no lograba descifrar.
Antes de salir del café, Oscar llamó a Fersen; luego de saber que no tenían avances relevantes pues estaban entregando el papeleo de las declaraciones de André y Bernard, que, por cierto, recién se había retirado del cuartel, avisó que tenía un asunto personal y se tomaría el resto del día. Ignoró la mirada desconcertada de André por tomarse tiempo libre y le pidió acompañarla a caminar, bajo la excusa de aprovechar el tiempo antes de que él empezara sus nuevas funciones. Una suave lluvia los sorprendió, por lo que, luego de comprar un paraguas en un kiosco, continuaron su paseo por la ciudad como cualquier pareja normal, abrazados y cómplices. El anochecer los encontró en un mercado cerca del departamento de Oscar, hicieron las compras para cenar y comieron pasta viendo televisión en la cama.
André, que no tenía un pelo de tonto ni de ingenuo, esperó con paciencia a que ella hablara siempre primero, dejándola guiar la conversación, pues estaba seguro de que había algo que faltaba por conversar. Sin embargo, Oscar, fiel a sus convicciones y astuta como pocas, no cedió ni un ápice. Le habló de todo y nada, incluso, revisaron los posibles turnos que tendría André durante las próximas dos semanas e hicieron planes. Él decidió presentarse en el cuartel al día siguiente; se sentía bien y no veía razones para quedarse más tiempo en reposo, de hecho, le era más fácil ir a los controles médicos en la BRI que volver al hospital. Con la noche cubriendo Paris, Oscar abrigada con su pijama favorito se arrimó a André y lo miró de frente, mientras le rascaba con las cortas uñas la barba que ya se empezaba a notar.
-Sabes que puedes decirme cualquier cosa- le dijo él acariciándole una mejilla y mirándola a los ojos.
-Lo sé- sonrió ella disfrutando de esa burbuja de intimidad que habían construido de forma tan natural -Todo está bien, lo prometo- apoyó la cabeza en su pecho -Abrázame, estoy muy cansada- le pidió.
Apenas sintió los fuertes brazos envolviéndola, se durmió sin saber cómo.
Al otro día, un beso la despertó. Con los ojos aún cerrados se abrazó al cuello de André y respondió el beso. La lengua envolviendo la suya y las respiraciones mezclándose la hicieron estremecerse. Gimió de frustración cuando él se alejó.
-Quédate un rato más- pidió agarrándolo de la chaqueta -Dame un desayuno francés- sonrió y abrió los ojos -Hazme empezar bien el día…
-Se me hace tarde, tengo pasar por mi departamento antes de presentarme en la unidad.
-¡Debiste despertarme!- le aventó una almohada que él esquivó con gracia -¡Al menos podríamos habernos duchado juntos!- reclamó.
André le guiñó un ojo.
-Estoy invirtiendo en el polvo de reencuentro- contestó riendo y levantando el almohadón del suelo -Me mandaste lejos, asume las consecuencias- le dijo antes de salir de la habitación.
-No seas injusto- gruñó de frustración -¡Te amo! ¡No olvides llamarme!- le gritó finalmente desde la cama.
-No olvides contestar- contestó él asomándose por la puerta -Y si ocupas el juguete que guardas en la mesa de noche, hazme una video llamada, sabes que me gusta mirar- guiñó un ojo sonriendo pícaro y se fue.
Oscar suspiró mientras abrazaba su almohada. Miró la mesa de noche de André: el reloj ya no estaba ahí. Los ojos se le llenaron de lágrimas sin saber por qué.
Mayo, 2019.
Perdiendo el sentido del tiempo, Oscar se dedicó durante la siguiente semana a su familia. El caso pasó a segundo plano, tanto, que confió por completo en Fersen y en sus decisiones. Aprovechó de acompañar a sus padres a las citas médicas, o más bien a trasladarlos, pues Georgette y Regnier se unieron con la fuerza de un acorazado. Sin darse cuenta volvió a sentirse como una niña, pues se dejó abrazar por su madre y, al mismo tiempo, disfrutó el brillo de orgullo que decoraba los ojos de su padre cada vez que la miraba. Incluso, un par de noches se quedó a dormir en la casa familiar. Compartió todo lo que pudo con ellos y, tras largas conversaciones, convenció a su padre de acelerar su periodo de asueto y hablar con sus hermanas.
Una noche, cuando toda la familia se reunió, el patriarca puso la verdad sobre la mesa. Contrariamente a lo que pensó, sus hijas tenían su temple. No hubo desmayos ni gritos. Sí hubo lágrimas, pero contenidas y furiosas. Lágrimas de reproche contra la vida y el destino. Fue un nuevo renacer para la familia Jarjayes.
-André…- susurró Oscar contestando el teléfono esa noche -Mi amor, no puedo hablar ahora. Estoy en casa de mamá y me están esperando.
-No te preocupes, seré breve- le dijo él -El próximo fin de semana viene mi madre a París, me pidió que cenáramos con ella.
-¿Me quieres presentar a tu madre?- preguntó nerviosa.
-Sabe que existes y me pidió conocerte.
-André… no sé- calló unos segundos, pensó en todo lo que ella estaba haciendo por sus padres y en lo injusto que era no apoyar a André -Está bien, pero dile que no se haga expectativas, adviértele que soy terrible en lo social, que a veces digo groserías, que bebo como marinero y que apenas hablo cuando estoy nerviosa, que tengo un temperamento del demonio y...
-Que eres valiente, inteligente, generosa, divertida y muy hermosa- completó él.
-No siempre soy divertida- contestó melosa. Escuchó que su madre la llamaba -Mi amor, tengo que cortar.
-Es el viernes, haré la reserva en el restaurante que te gusta.
-Pero es tu fecha de salida y no nos hemos visto- le reclamó.
-Lo sé, y ella se quedará conmigo… lo siento, no puedo mandarla a un hotel.
-Entiendo… Hablemos más tarde, te llamo llegando a casa.
Esa noche, sintiéndose más tranquila gracias a la reacción de su padre, se fue a su departamento con una sonrisa en los labios. Apenas se metió a la cama, le hizo una video llamada a André y, cuando él comentó que estaba en cuartel y solo en la habitación, le pidió que se colocara los audífonos. Cuando el oficial vio que ella sacaba de la mesa de noche el artilugio que habían usado más de una vez juntos, lanzó una exclamación. Con las pupilas dilatadas observó todo lo que ella quiso que viera y, cuando Oscar le pidió que le mostrara lo que él estaba haciendo, no dudó ni un segundo. El orgasmo los asaltó casi al mismo tiempo, aunque separados por kilómetros.
-o-
Con sus hermanas participando de forma activa en el tratamiento de su padre, Oscar se vio más aliviada de tiempo y, un día, intentando concentrarse y retomar, aunque fuera en lo mínimo sus obligaciones, pidió a Alain entregarle todos los detalles de los avances del caso. Con decepción notó que estaban estancados.
-Pero… Diablos, ¿cómo es que no hay avances?- se puso de pie y fue donde Víctor -¿Qué pasó con mis instrucciones de que pusieras anzuelos en la darknet? Es necesario que tu usuario se haga habitual para que puedas avanzar en ese submundo.
-Cambié la estrategia- interrumpió Fersen que se acercó sin que ella lo notara.
-Pero… dejé una orden.
-Y hace días no la seguimos- el sueco se cruzó de brazos -Sabes que esa vía es ilegal, no podemos tender trampas. Eso no es una investigación válida en la corte porque se trata de sugestión. Los clientes de Polignac son personas de altos recursos e influencias, no podemos cometer errores de principiantes.
Oscar se apretó el puente de la nariz, reprochándose haber estado tan desconcentrada y desligada de un caso por el que luchó meses.
-No estoy de acuerdo- dijo después de respirar profundo -Víctor es brillante en su trabajo, no es un amateur que cometerá errores.
-Mi nombre también está ligado a la investigación y la dejaste en mis manos- rebatió el sueco.
-Y quizás fue un error- le dijo fulminándolo con la mirada.
La conversación fue interrumpida por su teléfono. Antes de desviar la llamada, vio que era de su madre.
-Tengo que contestar- dijo alejándose, pasando entre Víctor y Alain, que guardaban un tenso silencio y la observaban con seriedad.
Volvió a los minutos y tomó su chaqueta.
-Debo que irme. Es posible que no conteste, pero envíenme mensajes si algo ocurre- miró con rabia a Fersen -Aunque con tus técnicas, dudo que esto avance- lanzó sin tino antes de salir.
Manejó como una poseida hasta el hospital, pues su madre le informó que la operación de su padre se adelantó y sería esa misma noche. Llegando al recinto médico los ayudó a hacer los trámites pertinentes al ingreso e intentó calmar a su padre que, de muy mal humor, se resistía a que las enfermeras lo trataran como un "inútil", según sus propias palabras.
-Niñas, déjennos solos- Georgette se dirigió a las tres mujeres que ya los acompañaban.
Oscar, Hortense y Loulou, su hija, salieron de la habitación, las dos últimas se sentaron en la sala de espera. La teniente permaneció cerca de la puerta. Entre murmullos escuchó como su padre se desarmaba en brazos de su esposa, confesándole sus miedos ante un procedimiento que podía salvarlo o alejarlo de ella para siempre. Sintió que el corazón se le recogía de angustia. Miró a su hermana a lo lejos, ella consolaba a la jovencita que era la única nieta del clan. Aguantando las lágrimas apretó los puños y esperó a que su madre las dejara entrar nuevamente. Cuando eso ocurrió, alcanzaron a estar pocos minutos con su padre antes de que lo llevaran a pabellón.
Las horas transcurrieron lentas y angustiosas. Las seis hijas de Regnier y Georgette se reunieron en la sala de espera a medida que fueron llegando. Bebieron café a pesar de que el líquido de la máquina expendedora casi las indigestó y, por turnos, acompañaron a su madre a la cafetería para que comiera algo, aunque esta se negó cada vez a ingerir algo más que un té. En la madrugada, después de una operación de casi cinco horas, el médico a cargo salió a hablar con ellas.
Oscar, abrazado a su madre de los hombros la sostuvo cuando escucharon las palabras del doctor: los tumores fueron removidos y no hubo mayores complicaciones; una ronda de quimioterapia debía comenzar a la brevedad posible. Con la sensación de tener una nueva oportunidad, las mujeres respiraron aliviadas. Luego de un par de horas, cuando el patriarca fue trasladado a la habitación de cuidados intermedios, Oscar y su madre fueron las primeras en poder visitarlo. Georgette besó las manos del hombre que amaba incondicionalmente y dejó escapar lágrimas de alivio. La primera batalla estaba librada y con resultados favorables. La teniente, por su parte, con ternura acarició el canoso cabello del quien permanecía inconsciente. Le pareció tan extraño verlo profundamente dormido, que deseó con todas sus fuerzas ver sus iris tan azules como los de ella.
-Llevaré a mamá a casa.
Se sobresaltó al escuchar a Hortense desde la puerta.
-¿Qué?- preguntó sin entender.
-Que Loulou está cansada y aprovecharé de llevar a mamá a casa. Me quedaré con ella. ¿Puedes quedarte aquí? Marie Anne te acompañará hasta mañana en la mañana.
-Sí, sí- sonrió -No hay problema, me quedo.
Las horas transcurrieron y el alba comenzó a notarse entre las persianas. Las enfermeras hicieron sus rondas y los médicos, las visitas de rutina. Mientras Marie Anne, la hermana que la antecedía y que trabajaba como restauradora en un museo, dormitaba en el bergere de la habitación, Oscar soltó la mano de su padre cuando alguien la saludó.
-Nuevamente nos vemos- una enfermera le habló con amabilidad.
-Sí…- contestó incómoda a Catalina Brenner -Creo que ahora estás al cuidado de mi padre.
-Los dos hombres más importantes de tu vida bajo mi responsabilidad- bromeó la joven -No sé si sentirme afortunada o intimidada.
De pronto Oscar se puso de pie de un salto.
-Perdona, debo hacer algo- caminó hasta Marie Anne y la despertó, avisándole que tenía que salir pues necesitaba hacer un llamado.
Casi corrió hasta encontrar señal. Apenas su teléfono estuvo con cobertura, comenzó a cargar mensajes y llamadas. Sintió que las rodillas se le doblaban.
-No, no, no, no… -repitió como un mantra -Mierda…- susurró asustada al ver las seis llamadas perdidas de André. Se dejó caer en uno de los sillones de la sala mientras se pegaba con el puño en la frente -Mierda, mierda, mierda…- repitió. Había olvidado la cena con su suegra.
Con dedos temblorosos abrió la aplicación de mensajería. André, en un solo mensaje, le pedía explicaciones por dejarlos plantados.
Apenas llegaron sus hermanas y su madre al hospital, ella salió como alma que lleva el diablo. Se duchó a la carrera y compró un ramo de flores. Llegó al departamento de André antes de las diez de la mañana. Pese a saber que no era la mejor hora, tocó el timbre, pues no creyó apropiado entrar con sus llaves. La mirada que André le dio le dolió más que cualquier grito o discusión.
-Perdóname, por favor perdóname. Lo olvidé.
André le sacó el teléfono que guardaba siempre en el bolsillo trasero de los jeans. Frunció el entrecejo al verlo con la batería completa. Sacudió la cabeza en un decepcionado gesto.
-Vete, por favor- le pidió en un susurro -No puedo hablar contigo ahora.
-Deja que me disculpe. Te juro que tengo una buena razón.
-Acabas de decir que lo olvidaste- masculló con la mandíbula tensa -No hay explicación para eso.
Oscar se mordió el labio titubeante. Sin embargo, antes de que pudiera hablar, una hermosa y elegante mujer apareció en la salita; no tan alta como ella, pero sobrepasando la estatura media, el cabello negro como el de André cortado en una elegante melena y los ojos, del mismo color esmeralda.
-Tú debes ser Françoise, aunque André me dijo que te gusta ser llamada Oscar- la saludó con cortesía, pero con un ligero retintín en la voz.
-Sí… mis más sinceras disculpas- Oscar se alejó de André y le entregó las flores que llevaba -Tuve un operativo y me fue imposible reunirme con ustedes - se justificó.
-Entiendo… André me comentó lo comprometida que eres con tus funciones y por mi misma noté lo descuidada que eres con el teléfono- suavizó con una sonrisa el reproche que no disimuló -Y lo entiendo, sobre todo si pienso que no cualquier mujer consigue llegar hasta donde tu lo has hecho, menos en un oficio con hegemonía masculina.
-Es muy amable- Oscar miró nerviosa a André, que se acercó y la tomó del brazo con suavidad.
-Mamá, Oscar tiene que volver al cuartel. No la retrasemos más- le sonrió a la mujer que lo miraba con adoración; guió disimuladamente a la rubia hacia la puerta.
La teniente se despidió rápidamente. Apenas se vio en el pasillo del edificio y con André cerrando la puerta para evitar discutir frente a su madre, se quedó en blanco. Nunca lo había visto tan molesto.
-Eres increíble- le reprochó en voz baja -No solo me dejas en ridículo, sino que, además, vienes con mentiras. Oscar, por Dios- se peinó el cabello con las manos -¿Qué es lo que pasa? Sé que no hubo operativo… deja de burlarte de mi intelecto y de mi paciencia.
-André, yo…- calló al ver las ojeras bajo los ojos de su novio -Perdóname, te recompensaré, lo juro. Déjame llevarlos hoy a cenar.
-Ya hice planes, a solas con mi madre- especificó.
Oscar sintió que la rabia le teñía las mejillas, sí, se había equivocado, pero tampoco se sentía merecedora de ese trato. Menos de parte de él, se supone que siempre la apoyaba y ni siquiera le estaba dando espacio para explicarse. Todas las emociones acumuladas comenzaron a hacer estragos en su temperamento.
-No te permito que me trates así- siseó perdiendo los nervios -Estás siendo injusto… no me has dejado hablar.
-Eres otra… Desde que tomaste ese caso, cambiaste. Dejaste que te afectara demasiado. Si no me estás mintiendo, estás ocultando cosas.
-Las cosas que importan me afectan, no es algo que tenga que ver contigo- bufó -Y no tengo porqué darte explicaciones por todo lo que hago o dejo de hacer- dijo con brusquedad -Me conociste así, no actúes como si no supieras quien soy.
-No puedo hablar contigo ahora… no puedo ni quiero. Vete, por favor- dicho eso, André dio media vuelta y entró al departamento.
Oscar quedó sola en el pasillo.
-o-
El fin de semana transcurrió con ella en el hospital acompañando a su padre, y dándole a André el espacio que ella creyó que necesitaba. El lunes al mediodía lo llamó desde su trabajo. El llamado no fue respondido, pero un mensaje llegó a su teléfono. Él le informaba que suspendió el asueto para volver a acuartelarse. Con un puño golpeó su escritorio. Decidida a decirle la verdad a André, lo llamó otra vez sin resultado. Le envió un mensaje:
"Llámame por favor cuando tengas un tiempo. Necesitamos hablar"
Masajeándose las sienes cerró los ojos. La cabeza le daba vueltas y se sentía mareada. Recordó la visita pendiente al médico y, aprovechando que nuevamente su periodo había llegado en una fecha que no esperaba, llamó y pidió la próxima hora disponible. Tuvo la suerte de que hubiera un espacio esa misma tarde.
De salida de la consulta y sintiéndose un poco indispuesta por el procedimiento de extracción, entró a la primera farmacia que encontró y compró toallitas, analgésicos y la prescripción de píldoras anticonceptivas. Según instrucciones del médico, no debía tomarlas hasta que recibiera los resultados del examen de sangre que garantizara que no estaba embarazada, pues el dispositivo no estaba funcionando como debía. Sintiendo que al menos había solucionado un tema en su vida, fue a visitar a su padre al hospital. Conversó con él y alabó su buen semblante, todo en una serie de bromas, pues el hombre lucía débil y demacrado.
Cuando volvió a la oficina, ya era casi la hora de fin de turno. Su celular vibró debido a un email. Lo abrió y pese a casi haber olvidado el tema, respiró tranquila al leer la palabra "negativo" en el informe del laboratorio. Recordó que el médico le recomendó hacerse un estudio de fertilidad si quería ser madre, pues pese al dispositivo defectuoso y una vida de pareja activa, no resultó embarazada. Una posible infertilidad era lo último que necesitaba en la lista de sus problemas, por lo que dejó el tema de lado en su cabeza. No era el momento de preocuparse por hijos ficticios. Abrió el frasco de analgésicos y tomó dos con un sorbo de café frío.
La puerta de su despacho se abrió sin aviso, Alain entró seguido por Girodelle. Oscar los miró sin entender y aún sumergida en sus asuntos.
-Le dije que no se inmiscuyera- murmuró Víctor apoyándose contra la puerta para que nadie más entrara -Pero no escucha… no hay caso- sacudió la cabeza mientras se apretaba el puente de la nariz.
-Ahora que no está ese zopenco me vas a escuchar- dijo Alain de forma amenazante y de paso informándole que Fersen no estaba -Estás descuidando tu trabajo, ese zoquete que dejaste a cargo no hace nada que no sea aprobado incluso por el Papa- le reclamó -Estamos perdiendo el tiempo y girando sobre nuestro eje. Parecemos viejas jugando bridge. No hacemos nada- bufó -Y más encima andas metida quizás en qué- la apuntó con un dedo -No mentiré por ti, así que dile a André que cuando no llegas, es mejor que no llame a mi teléfono. No quiero estar metido en el medio, porque no seré tu alcahuete.
-Yo…- no supo qué decir. Miró a Víctor: este tenía la vista fija en el suelo, obcecado en su papel de no involucrarse en nada. Enderezó los hombros y se recompuso -Si André te llamó, es porque se preocupó...- balbuceó.
-Y lo entiendo, pero lo haces quedar mal. Soy su amigo y no me gusta ver que lo tratas como a un pusilánime.
-¡No lo trato de esa forma! ¡Y deja de chismear! ¡Te estás metiendo en dónde no te llaman!- contestó desbordada.
-No entiendo que mierda te pasa, estás arruinando tu vida y carrera- masculló Alain.
Oscar lo miró con los ojos casi fuera de órbita.
-¿Cómo te atreves a hablarme así?- preguntó impactada.
El teléfono de Oscar sonó haciendo que los tres dieran un brinco. En el identificador apareció el nombre Fersen. Alain también lo vio.
-Claro y a ese sí que le contestas los llamados.
-Fuera de mi despacho. ¡Ahora!- ordenó molesta y dando un golpe con el puño en el escritorio.
Después de un par de minutos, y mientras Alain boteaba con fuerza su pelota antiestrés contra uno de los muros. Oscar cruzó la oficina y tomó el control remoto del escritorio de Víctor: encendió la televisión.
-Tomen sus credenciales y armas- dijo con seriedad mientras los tres observaban las imágenes de una elegante casa incendiándose -Cancelen planes también, es el domicilio de los padres de Jeanne y Rosalie. Esto no puede ser una coincidencia.
Mientras sus hombres seguían sus órdenes, volvió a su despacho y sacó su chaqueta. Puso su arma en el cinturón y se colgó la credencial al cuello. Su teléfono sonó: era André. Decidida a retomar su trabajo con la excelencia de antaño, cortó el llamado y envió un mensaje automático avisando que no podía hablar en esos momentos.
Continuará…
Notas:
*Win-win se denomina a algo beneficioso para todos, ya que todos los involucrados en el juego o negociación, salen beneficiados.
¿Cómo están mis chicas lindas? Espero que todas bien y con salud (ustedes y sus familias) Yo, por aquí bien de salud, aunque con hartas responsabilidades y una historia en la cabeza, jajajaja así que robar tiempo para concretarla ha sido todo un desafío.
Esta vez paso por aquí rápido porque ya me voy a seguir con la caótica existencia de los últimos meses. Les dejo un abrazo a cada una (pero más apretado a las que me dejan reviews jajajaja así la historia no cae en el olvido). Cuídense mucho por favor, que, pese a las vacunas y algunas flexibilidades sanitarias, esto no ha pasado.
Por ultimo, pero muy importante, gracias totales a mi Super-Beta Cilenita79. Una crac.
PD: ¿Les cuento un secreto? ¡El capítulo 13 está listo! Así que depende de ustedes (y de sus apreciaciones) cuanto tarde en subirlo.
