Mayo, 2019.
Mientras Alain conducía, Oscar intentó concentrarse en la gente circulando en la calle que desaparecía a través del vidrio de la ventana debido a la velocidad. Acostumbrada a la forma siempre temeraria del oficial, luego de ponerse el cinturón de seguridad lo ignoró, pues sabía que, si le pedía ser más prudente, él sólo haría lo contrario.
Siendo de noche, una esquina llamó su atención pese a la velocidad. Tardó unos segundos en reaccionar. Alain había cambiado el camino solo para molestarla.
-Erraste el camino- le dijo con tranquilidad -Vamos al distrito ocho*, no al cinco.
-¿Si? No me di cuenta- contestó el oficial con una cínica sonrisa en los labios -Debe ser la fuerza de la costumbre. Es difícil recordar que André ya no está en el equipo.
Oscar lo ignoró nuevamente y continuó mirando por la ventana. Sin embargo, su mente la traicionó y la transportó a ese distrito años atrás, específicamente a octubre del 2015.
Con el otoño en su apogeo, Oscar ajustó su gruesa chaqueta apenas salió del bar. Lasalle, Jean y otros compañeros de unidad, pasaron por su lado riendo. Ese día rindieron las últimas pruebas físicas de evaluación trimestral y, la mejor forma de celebrarlo fue ir por un trago. Sonrió divertida ante las bromas que escuchó a lo lejos, sin duda el alcohol ayudaba a desinhibirse y el mejor ejemplo era Lasalle, que pasó de ser un hombre tímido y callado, a un bromista imitando a sus compañeros de equipo.
-¿Te acompaño?
Volteó hacia su diestra, encontrándose con un André que estaba tan achispado como ella.
-¿Crees que no me podré defender en caso de que algo ocurra?
Él miró su reloj de pulsera y entrecerrando los párpados enfocó la vista.
-No- sonrío de lado -Pero si le das una paliza a un pobre desgraciado que intente algo, perderás tu carrera. Son casi las tres de la mañana. Vamos, te encaminaré. Sé donde vives- metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta le ofreció un brazo.
Ella sonrió y se asió a la firme extremidad. Sintió que la piel se le erizaba, pues si bien se veían casi a diario en los entrenamientos u operativos, nunca se tocaban. Al menos no desde la noche que se conocieron. Pasaron fuera de un bar, la música del interior los envolvió cuando un grupo de jóvenes salió del recinto: "Never tear us apart" los hechizó con su sensual melodía. Siguieron caminando pese a que ambos sintieron que el ambiente se enrareció y la tensión se hacía palpable.
Los nervios hicieron que Oscar trastabillara. André la afirmó de la cintura. Ella lo miró a los ojos. En segundos estaban apoyados en un portal.
Don't ask me
What you know is true
Don't have to tell you
I love your precious heart
No la besó, al menos no de inmediato. Oscar tembló al sentir los conocidos labios cerca de los suyos. Los alientos mezclándose. El aroma a cigarro y cerveza la embriagó. El vaho del aliento le nubló la vista. Podía jurar que sentía electricidad transitando entre ambos. Cuando el espacio se acabó y sus bocas se fundieron, ansiosa profundizó el beso. Empinándose buscó altura para abrazarse al cuello de su compañero de equipo.
I was standing
You were there
Two worlds collided
And they could never tear us apart
El beso le supo a gloria, pues a pesar de que pensó que lo había olvidado por el tiempo transcurrido, lo sintió tan erótico y sensual como el día en que se conocieron.
-¿Te puedo tocar?
Fue la pregunta hecha con voz ronca. Ella agradeció a la oscuridad y borrachera, pues la intensidad y el desespero con que asintió pasaron desapercibidos.
We could live
For a thousand years
But if I hurt you
I'd make wine from your tears
No hubo palabras ni promesas implícitas en los gestos, sólo se besaron hambrientos hasta que se les acabó el aire. Los minutos dejaron de existir junto con el frío. La rigidez provocada por los nervios cedió a un arcaico vaivén. Se frotaron como adolescentes en pleno despertar sexual. Ella tembló cuando él separó las piernas para hacerse lugar. Sí, el alcohol desinhibía a las personas. Cuando una mano le apretó el trasero gimió, pues el duro miembro que se mecía entre sus piernas presionó el punto preciso. André se detuvo cuando ella comenzó a temblar debido al palpitar que le estaba quitando la razón.
I told you
That we could fly
'Cause we all have wings
But some of us don't know why
-Espera… No estoy tan borracho como para venirme en los pantalones- murmuró con la respiración entrecortada y arrastrando las palabras.
Oscar asintió con los ojos cerrados, sintiendo que aún la tierra se movía a su alrededor debido a la presión del amenazador orgasmo que latía entre sus piernas, apretó los muslos de forma automática intentando aliviarse. Ese hombre la volvía loca. No recordaba jamás haber sentido algo así… y ya no era una chiquilla.
I was standing
You were there
Two worlds collided
And they could never, ever tear us apart
Cuando abrió los párpados se dio cuenta dónde estaban. Escondidos en la oscuridad, pero en plena calle. ¿Qué diablos estaba haciendo? Él era su compañero de equipo, y además se estaba convirtiendo en un amigo cercano. El alcohol se le evaporó de la sangre como por arte de magia. Tragó fuerte e intentó parecer tranquila cuando habló pese a que la voz salió entrecortada:
-André, ¿estás bien?- le preguntó al hombre que mantenía la cabeza gacha, los párpados entrecerrados y la respiración agitada.
-Estoy tan duro que, si seguimos, lo haremos aquí mismo. Te daré media vuelta y no nos detendremos hasta corrernos- levantó la vista y la miró a los ojos -¿Quieres continuar?
I (Don't ask me)
I was standing (You know it's true)
Mm, you were there (Worlds collided)
Two worlds collided (We're shining through)
And they could never tear us apart
Ella no dudó y, después de darle un rápido beso en los labios, se separó de él. Prácticamente corrió hacia la avenida principal más próxima. Detuvo el primer taxi que pasó y fue directo a su casa. Obligándose a no pensar en lo ocurrido, el fin de semana lo pasó donde sus padres celebrando el cumpleaños de su sobrina.
El lunes, cuando vio a André nuevamente en el cuartel general de la BRI, tembló de pies a cabeza. Los recuerdos la asaltaron sin permiso y sus mejillas se colorearon. Mas cuando él la saludó como si nada, e incluso bromeó con la borrachera que ambos se pegaron, se tranquilizó y actuó de la misma forma: como si nada hubiera pasado.
Esa fue la primera de varias situaciones similares.
El automóvil se detuvo y ella regresó al presente. El olor a humo le llenó la nariz. Cruzaron el cordón de seguridad con facilidad gracias a sus credenciales. Buscó al comandante de bomberos intentando saber más. Fue cortésmente ignorada, pues aún no se asignaba formalmente ningún equipo de investigación al caso.
Maldijo en voz baja y traspasando el cordón de seguridad se alejó. Encendió un cigarrillo. Dándole lentas caladas lo consumió mientras observaba el operativo a distancia: luego de que los bomberos terminaran su trabajo, y autorizaran el ingreso a lo que quedaba de la mansión, un equipo de táctica de la BRI se hizo presente, unidad que se dividió entre la revisión de la casa siniestrada y el cateo a las mansiones cercanas. Con el aviso de ausencia de amenazas, el equipo de criminalística comenzó a hacer lo suyo en cuanto a la recolección de evidencias.
Aguantando el frío que comenzaba a intensificarse pese a la primavera, fumó un par de cigarrillos más. Finalmente, cerca de la medianoche, se hizo oficial que no había explosivos ni peligro terrorista en el sector.
Fersen apareció a su lado, sobresaltándola pues no lo escuchó llegar.
-Pareces un gato- le dijo aplastando la colilla en el asfalto con el taco de una bota.
-Ese es Girodelle- bromeó el sueco.
-Deja de molestarlo- lo reprendió -Ellos no te conocen como yo, no tienen porqué entender tu sentido del humor.
-No me van los hombres, así que confirmo. No me conocen como tú.
Oscar le dedicó una mirada hastiada.
-Tengo noticias que te harán olvidar las ganas que tienes de matarme- Fersen sonrió de lado. Sus ojos brillaron -Está tramitándose la orden de arresto contra Julie Polignac por tráfico sexual.
La teniente detuvo en el aire el nuevo cigarrillo que iba a encender.
-¿De qué rayos estás hablando?
-Si hubieras estado más dispuesta a oírme, en lugar de dejarme como un imbécil frente a tus hombres, te habría podido contar que, gracias a mis contactos en la Interpol, una mujer que escapó de su burdel fue ubicada y testificó en contra de Polignac- amplió su sonrisa llena de orgullo -Y, en estos momentos, está entregando información acerca de la ubicación de otras jóvenes también víctimas de nuestra madame.
-Por eso no estabas en la oficina…- murmuró entendiendo -¿Cómo supiste de este incendio?
-Contactos, mi querida Oscar- posicionando una mano en su espalda, la instó a caminar empujándola con suavidad -Mi natural simpatía es casi siempre apreciada- se detuvo antes de llegar al cordón de seguridad -Y, eso no es todo- esperó a que ella lo mirara -En cualquier minuto estaremos oficialmente a cargo de este caso, es bastante obvio que no es una coincidencia, por eso te llamé para que te adelantaras en llegar.
-Creo que te debo una disculpa…
-Así es, mis métodos puede que no sean tan temerarios como los tuyos, pero son igual de efectivos. No olvides que soy un rango superior al tuyo, por algo que no tiene que ver con lo que tengo entre las piernas- la pinchó.
Oscar sonrió antes de contestar:
-Eres insoportable…
-Lo sé- dijo el sueco alzando con una mano la cinta del cordón de seguridad e invitándola a acercarse al sitio del suceso -Pero también encantador.
La rubia se agachó con gracia y cruzó el cordón. Al enderezarse titubeó levemente al ver a lo lejos como Alain y Víctor hablaban con André. Este último vestido a la usanza de la BRI en operativos, es decir, completamente de negro, sostenía en un brazo el casco de seguridad que se había quitado. Sintió que el corazón le daba un vuelco. Estaba tan apuesto que le dolió el pecho de tan solo mirarlo. Sin darse cuenta de lo que hacía, caminó directo hacia él. Cuando sus miradas se encontraron, la garganta se le cerró, pues la verde mirada le indicó que aún estaba muy molesto con ella. Recurriendo a su orgullo disimuló y enderezó los hombros, respiró profundo antes de hablar.
-¿Algo que nos puedas decir?- le preguntó directamente.
-Con tranquilidad, Grandier- agregó Fersen al lado.
Oscar dio un salto, había olvidado que el comisario la acompañaba.
-En minutos llegará el aviso de que también estamos a cargo de esta investigación, puedes hablar con confianza- continuó el sueco, haciendo manifiesto que también percibía la molestia de André, pues su posición era absolutamente defensiva.
-Veo que las noticias corren rápido- replicó André -Se confirmó que no fue un accidente, por eso bomberos pidió asistencia para descartar un ataque terrorista- miró a Oscar -Además de los dueños de casa, hay tres víctimas que aún no son identificadas, pero, aparentemente, son del servicio doméstico.
-¿Y Rosalie?- preguntó Oscar.
-Estaba con Bernard- André se pasó la mano por el rostro en un gesto cansado -Le pedí que no la dejara venir…
Oscar asintió con pesar, y agradeció que no estuvieran en ese lugar. Porque, y siendo egoísta, un descontrolado Bernard era lo que menos necesitaba en esos momentos.
-¿Con qué pruebas contaremos?- cambió el tema.
-El agua no dejó huellas para registro. Tendrán que esperar el informe de criminalística- fueron las secas palabras de André.
La conversación fue interrumpida por el teléfono de Fersen. Este se alejó a contestar.
-Oscar, esto es muy raro- André bajó la voz. Víctor y Alain se acercaron de inmediato – Estoy seguro de que tiene que ver con Jeanne y Polignac.
-Lo sé…
-Pero no uniremos los casos- Fersen se acercó mirando la pantalla de su celular. Alzándola se la mostró a André, era el comunicado de la unidad siendo designada al asesinato del empresario Lamorlière, su esposa y del personal que habitaba en su residencia. Volviendo el celular hacia sí, deslizó un dedo por la pantalla y se lo entregó a Oscar -¿Quieres hacer tú los honores?- le preguntó.
-Vamos- Oscar miró a Alain y Girodelle -Es la orden de aprehensión para Julie Polignac.
-Oscar…- André la detuvo -Sigue tu instinto, sabes que ambos casos están relacionados.
-André- Fersen se interpuso -Gracias por tu opinión, pero ya no estás involucrado.
Oscar alcanzó a notar la furibunda mirada que Alain le dio a Fersen. Ordenó a todos adelantarse y se acercó a quien ahora era oficial activo de la BRI:
-André…- bajó la voz -Es mérito de Fersen este arresto- apoyando las manos en sus caderas respiró profundo -Pienso como tú… pero él tiene razón, ya no estás en el caso- sintió que su altura disminuía bajo la dura mirada de André. Sin embargo, y recurriendo a todo su temple, alzó el mentón -No quiero que hables con Alain ni Víctor de lo que encuentres aquí, sólo conmigo o Fersen si lo estimas conveniente, o si eres citado. No entorpezcas nuestras investigaciones ni provoques animadversión en mi equipo. Por favor.
-Así lo haré, teniente- fue la irónica respuesta de André. Después de llevarse una mano a la frente, se despidió de ella para unirse a su escuadrón de táctica.
-Si que sabes cómo cagar las cosas…
La voz de Alain llegó hecha un murmullo, volteó: todos habían escuchado la conversación con André. Maldijo para sus adentros.
-o-
Julie Polignac se acogió al derecho de no contestar a las preguntas realizadas por el apuesto oficial de ojos grises. Aconsejada por su abogado, un prestigioso defensor penalista, posó su mirada en la detective rubia y esbelta que también estaba en la sala de interrogatorio, y le pidió algo de beber argumentado estar fatigada después de tantas horas en esa sala, siempre desde la posición de no entender qué hacía en ese lugar.
Oscar asintió, ya que, conociendo el fino margen entre los interrogatorios y las torturas insinuadas por los abogados que usaban los DDHH como arma de doble filo, no podía cometer ningún error; por lo que, luego de presionar un botón y avisar que la grabación del interrogatorio sería detenida para un descanso, salió y fue a la máquina expendedora del pasillo. Sacó una botella de agua más un café negro. Con ambas bebidas en la mano, miró hacia el final del corredor. Una rubia mujer era consolada por un hombre de cabello negro. Entró rápidamente a la sala contigua a la de interrogatorios. Girodelle estaba al pendiente de la escena al otro lado del cristal: Fersen permanecía relajado en su postura y en silencio, Julie, por su parte, altiva, con los hombros rígidos y, si su memoria no la engañaba un curioso brillo en la mirada que antes no vio. El abogado revisaba, por enésima vez, los papeles de la carpeta de evidencias.
-Víctor- ¿Qué hace Rosalie aquí?- preguntó bebiendo un sorbo de su café -¿Dónde está Alain?
-Luego de los trámites en la morgue, Bernard llegó con Rosalie exigiendo explicaciones y pidiendo información sobre el atentado a los padres de su novia- contestó sin despegar la vista del cristal -Alain fue a hablar con él… pobre muchacha, los cuerpos están irreconocibles, por lo que debió entregar una muestra de ADN- movió la cabeza con pesar.
-¿Sospechan de Polignac?- preguntó nerviosa.
-No- Víctor la miró serio -Creo que fuiste bastante clara con André anoche, así que dudo que él haya hablado con Bernard al respecto. Recuerda que desde que descubrimos que el nexo entre Jeanne y Charlotte era Rosalie, André no ha participado en el caso.
Oscar asintió. Aprovechando el descanso sacó un frasco de analgésicos de uno de los bolsillos de su chaqueta, tomó dos comprimidos y los tragó con el resto de café que le quedaba.
-¿Estás bien?- preguntó el analista -Tienes mala cara…
-Sí, no es nada- desestimó los calambres que sentía. Maldijo los malestares típicos de ser mujer y, tomando la botella con agua que dejó sobre una mesa, se dispuso a salir de la sala. Se detuvo antes de abrir la puerta -Víctor… ¿crees que me equivoqué al sacar a André del caso?- preguntó sin mirarlo.
-Yo habría hecho lo mismo- le contestó -En eso no te equivocaste… Pero, en todo lo demás, y como te dijo Alain, la estás cagando.
Oscar volteó y dijo:
-Fersen tiene razón, no podemos mezclar los casos porque entorpeceríamos la acusación de trata de personas. Él está tan a cargo como yo del caso, no puedo pasar por encima.
-Menos cuando estás tan ausente- agregó Víctor con seriedad -Oscar, si estás tan complicada por temas personales, pide unos días de vacaciones, arregla tus asuntos y regresa cuando tengas la cabeza despejada. Ambos sabemos que lo importante no está dentro de un cuartel de investigaciones… Lo que nos mueve día a día está afuera, al llegar a casa.
La rubia asintió y salió de la sala. Luego de entregar la botella con agua a Julie, quien por cierto volvía a su posición de no entender por qué estaba ahí, se reinició el interrogatorio. Pese a la ausencia de confesión, las pruebas eran tan sólidas, que de igual manera se gestionó su prisión preventiva, en espera de que el tribunal decidiera si tenía o no derecho a fianza durante el proceso de investigación.
En la tarde, y sintiendo que le pesaban los ojos, Oscar apoyó la frente en sus antebrazos y descansó sobre su escritorio. Cuando abrió los párpados, una humeante taza de café la esperaba con un crujiente sándwich de pastrami. El estómago le rugió. Miró su celular, se había dormido por casi dos horas.
-Come y vete a casa- la voz de Fersen fue suave, pero categórica -Si no te sientes bien como para conducir, te llevo…
-No es necesario- contestó antes de darle un mordisco a la comida. Cerró los ojos y disfrutó el sabor. Estaba delicioso.
El sueco se sentó frente a ella, al otro lado del escritorio.
-Oscar, en nombre de la amistad que nos une, hazme caso. Tomate lo que queda de la semana. Pareces un zombie- sonrió de lado -Cuida el trabajo que tanto te ha costado formar y descansa. Polignac ya está tras las rejas, no habrá diferencia si estás aquí o no. Sólo preocúpate de arreglar lo que sea que te ocurra y regresa.
La teniente asintió en silencio y evitando mirar a su colega. Sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. "Malditas hormonas" pensó. Dio un segundo bocado al sándwich y se puso de pie.
-Preciosa, tienes manchado el pantalón- le dijo con dulzura Fersen.
-Mierda…- Oscar golpeó el escritorio con un puño. ¿Acaso nada le salía bien? Una chaqueta se posó en sus hombros.
-Úsala, esta es más larga que la tuya- el comisario la ayudó a colocarse la chaqueta y la abrazó de los hombros -Hasta la naturaleza te está mandando a casa- la besó con ternura en la sien -Ve y descansa, te mantendré al tanto de lo que ocurra.
-Gracias, por la comida y por esto- se abrochó la chaqueta y disfrutó el abrazo de apoyo, pues, en ese momento, se dio cuenta de cuanto necesitaba que simplemente alguien la sostuviera unos segundos.
En eso estaban cuando Alain abrió la puerta. Se separaron con torpeza.
-Fersen- dijo el oficial con una voz más alta de lo necesario -Tu celular no deja de sonar y me está partiendo la cabeza- tras decir eso, salió de la oficina dejando la puerta abierta.
El comisario salió en busca de su teléfono y Oscar, aprovechó de marcharse haciendo caso omiso a la acusadora mirada de Alain. Mientras conducía llamó a su madre: esta le informó que todo seguía bien en el hospital y que, en los próximos días, iniciarían las rondas de quimioterapia. Además, y a petición de Regnier, le pidió que descansara y se dedicara al caso que por fin podía cerrar después de meses de trabajo. Al finalizar, la hizo prometer que no aparecería por el hospital hasta que se iniciara el tratamiento de su padre, ya que antes no tenía sentido que dejara sus obligaciones.
Llegando a casa y, después de darse una ducha muy caliente, metió la ropa sucia a la lavadora y se acostó. No despertó hasta el mediodía siguiente.
-o-
-Pero… ¿Por qué no lo has llamado nuevamente?- preguntó Marie, ligeramente inclinada debido a llevar de la mano a su pequeño hijo.
-Sabe que tenemos que hablar- contestó Oscar sin dejar de caminar por el parque cercano a su departamento -No es un crío para que le esté diciendo qué hacer. Cuando tenga ganas de hablar, lo hará.
-Es cierto, no es un crío… pero tiene el ego herido y con razón- Marie detuvo el paseo y tomó al inquieto niño en brazos -Y tan bien que se llevan…- suspiró -Estás dejando que problemas que ni siquiera son de ustedes, los afecten- acomodó el cabello de Joseph con la mano, el cual, por cierto, ya no era tan rubio -Tu padre fue muy injusto al "pedirte"- con una mano hizo el gesto de comillas -Que no le contaras a André… eso fue puro orgullo vano y lo sabes. Apenas tu madre se enteró le contó a la mía… y apuesto mi cabeza a que a ella nadie le pidió que guardara un secreto.
-Es diferente. Papá sólo está cuidando su trabajo…
-Su trabajo…- dijo desdeñosa, Marie -Habla con el bombón que tienes de novio… Estás dejando un chocolate de primer nivel tirado en el piso, no te quejes si llega otra y se lo come.
-Marie, por favor- la reprendió Oscar -No somos chiquillos…
-Bueno, tú sabrás lo que haces… más encima ahora tu suegra te detesta- la miró con reproche -Porque no hay que ser brillante para saber eso- bufó -Vamos, acompáñame al automóvil, se hace tarde y debemos irnos.
Oscar tomó al niño en brazos, pues ya pesaba bastante para su menuda madre, y se dirigieron hasta al edificio para ir al estacionamiento subterráneo. Mientras esperaban a que llegara el ascensor, se dedicaron a hacerle morisquetas al niño que no dejaba de reír. El elevador se abrió y un alto hombre salió de la caja metálica.
Maríe, distraída como siempre, chocó de frente con quien ponía un pie en el vestíbulo. Sintiendo que el tiempo se detenía, se perdió en los ojos grises que la miraron asombrados.
-Fersen, ¿qué haces aquí?- preguntó Oscar rompiendo el hechizo.
-Yo… tengo que hablar contigo- contestó el comisario con torpeza y sin soltar a la mujer que sostenía de los brazos.
-Marie, él es mi colega en la investigación… ¿Marie? ¡¿Marie?!
-Perdón- la mujer se hizo a un lado con las mejillas sonrojadas -Yo… yo… debo irme- torpemente tomó a su hijo de los brazos de su amiga y, con la vista pegada al suelo, dijo antes de despedirse -Atiende a tu invitado, luego te llamo.
Oscar sin entender demasiado, vio como Marie entraba al ascensor y presionaba con ademanes nerviosos los botones sin mirarlos nuevamente. Volteó hacia Fersen.
-¿Se conocen?- preguntó seria.
-No- dijo él con una deslumbrante sonrisa -Pero me la podrías presentar, me gustan las rubias de ojos azules- guiñó un ojo con picardía.
-Es casada y tiene un hijo- lo cortó.
-Era un niño, ¿cierto? ¿De cuantos años?
-Sí, Joseph… pronto cumplirá los tres. ¿A qué me dijiste que venías?- volvió al tema cuando el ascensor llegó nuevamente al vestíbulo -Vamos, te invito un café.
En el elevador, Fersen le comentó que debía viajar a Suecia a solucionar temas personales; razón por la cual ella tendría que quedarse a cargo de la investigación que estaba por finalizar. Bebiendo una taza de café le informó además, que la formalización contra Polignac se llevaría a cabo la próxima semana, y que era necesario que ella asistiera al no estar él en el país.
-No hay problema- dijo Oscar -El lunes estaré en la oficina, haz todo lo que necesites- sonrió -Incluso puede que no tengas que regresar.
-Y yo que estaba tan feliz de ver a mi rubia cascarrabias a diario…
-Cascarrabias puede ser, tu rubia: no- contestó la broma y se puso de pie -Voy por tu chaqueta, aprovecha de llevártela.
Se despidieron con un abrazo en la puerta del departamento.
Esa noche, Oscar, después de hablar con su padre y comprometerse a acompañarlo en la quimioterapia que se realizaría a inicios de la próxima semana, marcó el número de André. Con el corazón latiendo desbocado contó cada timbre. Cuando él contestó, respiró aliviada.
-¿Dónde estás?- preguntó sin siquiera saludar al escuchar risas y música de fondo.
-En un bar… ¿Te llamo más tarde?
-¿Qué haces en un bar?- insistió sin poder creer que él estuviera de franco y ella no tuviera idea.
-Lo que se hace en un bar- el ruido ambiental disminuyó, obviamente él se había alejado de donde sea que estuviera para conversar -Oscar, tenemos que hablar, pero no ahora.
-Lo sé- respiró pesadamente -André… ven a casa.
-Mañana te veo. Almorcemos juntos.
-Esta bien, te esperaré- la garganta se le cerró en un apretado nudo -André, ¿con quién estás?
-Te veo mañana- fue lo último que escuchó antes de que la comunicación se cortara.
Frustrada y molesta, lanzó el teléfono sobre la cama. Su vida se estaba saliendo de control y no sabía cómo había pasado todo eso.
-o-
Luego de cortar el llamado, André guardó su celular y sacó un cigarrillo aprovechando que estaba en la calle. Con largas caladas lo consumió y, tras botar la colilla, entró nuevamente al bar.
Alain había pedido una nueva ronda de cervezas. Bebió de un sorbo casi la mitad del botellín, Alain hizo lo mismo. Pero Víctor, por su parte, siguió mirando su celular, haciendo manifiesta su incomodidad.
-Te digo- continuó Alain -Ese sueco algo se trae… y tú, estás perdiendo como en la guerra- se quejó -Deja de patearme- le gruñó a Víctor.
-Deja de hablar- el analista se puso de pie -Voy por una botella de agua, al regreso nos vamos.
-Sí, mami…- bromeó Alain. Apenas notó que Víctor ya no podía oír, continuó hablando -El otro día estaban abrazados en el despacho de Oscar- bebió más cerveza -Lo lamento compañero, pero ese patán es de los que se aprovecha, lo sé.
-Oscar es inteligente y confío en ella, sabe lo que hace- murmuró André.
-Yo creo que ya no tanto. Anda con los ojos rojos, demacrada y olvidadiza- chasqueó los dedos -Presa fácil. ¿Sabes tú qué es lo que le pasa?
André negó y se quedó mirando el botellín. Abstraído de tal forma, que apenas se dio cuenta cuando Víctor regresó y luego de despedirse, casi arrastró a Alain fuera del local. Buscando soledad, fue al mesón del bar y pidió algo más fuerte que cerveza. Cuando vio la hora, ya había 4 vasos de whisky sobre la madera lacada. Con la vista borrosa pagó la cuenta, salió e hizo parar un taxi.
En el ascensor las palabras de Alain le hicieron eco en la cabeza "abrazados en el despacho". Se revolvió el pelo con las manos. Abrió la puerta con su llave y después de quitarse la chaqueta fue directo a la habitación. Se quitó la camisa por la cabeza, al tiempo que se quitaba los zapatos con los pies. Perdió el equilibrio y cayó sentado en la cama. Oscar despertó asustada y encendió la luz de su mesa de noche.
Oh, Father tell me, do we get what we deserve?
Whoa, we get what we deserve
And way down we go
Way down we go
Say way down we go
Way down we go
-¿Qué haces aquí?- le preguntó.
-¿Esperabas a alguien más?- contestó rabioso.
-¿De qué hablas?- Oscar salió de la cama y lo ayudó a enderezarse -Estás borracho. Iré a prepararte un café.
Alcanzó a dar un par de pasos antes de que él la tomara de un brazo. Tirando de ella la pegó contra su cuerpo.
-Oscar, ¿qué me estás haciendo? ¿Por qué me haces sentir así?- le preguntó tomándola del mentón y arrastrando las palabras -¿Tienes algo con Fersen?
-Estás borracho- lo empujó con suavidad -Acuéstate y mañana hablamos.
-No- la besó con furia -Dime que eres mía- gruñó apretándole el trasero con las dos manos -¡Dímelo!
-No soy de nadie, pero te amo con mi vida- ella lo besó con los ojos llenos de lágrimas -André, perdóname… sé que he actuado mal…
You let your feet run wild
Time has come as we all, oh, go down
Yeah but for the fall, ooh, my
Do you dare to look him right in the eyes? Yeah
Calló al verse arrojada contra la cama. Contagiándose de la furia y ardor, respondió los demandantes besos y se dejó desvestir. Con movimientos bruscos le ayudó a André a quitarse los pantalones.
-Espera- lo detuvo -Tienes que ponerte un condón.
La mirada de André se oscureció.
-¿Por qué?- preguntó serio y sintiendo que el alcohol comenzaba a hervirle en la sangre.
-Solo úsalo, después te daré detalles- lo apuró.
A manotazos Oscar sacó un preservativo de la mesa de noche y se lo colocó ella misma. Sin dilación él la penetró con fuerza. Ella gritó. Besos desesperados, manos intentando tomar todo lo que estaba al alcance y toscos gruñidos llenaron la habitación.
-Más fuerte- pidió Oscar, queriendo olvidar todo lo que estaba mal en su vida en esos momentos.
Oh, 'cause they will run you down, down 'til the dark
Yes and they will run you down, down 'til you fall
And they will run you down, down 'til you go
Yeah, so you can't crawl no more
Él la hizo girar para embestirla desde atrás. Fue brusco. Estaba perdido en piel y sexo. Todo siendo un acto más animal que de amor. Nada del idioma que siempre usaban se hizo presente. Era simple necesidad. Ella quería recuperarlo y él, quería poseerla, marcarla como suya. La tomó con fuerza del cabello y posicionó la otra mano en una fina cadera, iniciando un ritmo salvaje y rápido. Ella gritó, pues esa intensidad llegó justo en el momento en que el orgasmo la catapultaba al cielo. Él no se dio cuenta y siguió buscando su propio placer. Los cuerpos continuaron moviéndose sin el compás de siempre. Cada uno a su propia cadencia, desconectados. Cuando ella finalmente cayó sobre la cama, él la aplastó húmedo de sudor.
El placer desapareció dándole paso a un vacío aterrador. Oscar se movió con torpeza hasta que salió de debajo del cuerpo que no intentó abrazarla; sintió esa piel tan amada lejana y fría. No hubo caricias ni miradas cómplices. Se envolvió con la sábana en posición fetal tratando de entender que había pasado, comprender cómo es que ellos, que así se comunicaban, parecían dos extraños pese a conocerse tanto. André se acomodó boca arriba y se cubrió la frente con un antebrazo, su actuar martilleándole en la cabeza y pecho. Un abismo se instaló en el medio del lecho.
JAnd way down we go
Way down we go
Say way down we go
Oh, 'cause they will run you down, down 'til you fall
Way down we go
Oh baby, yeah
Oh, baby
Baby
Way down we go
Yeah
Ella decidió no decirle lo que estaba sintiendo y él, decidió no pedirle perdón por estar actuando así, como si no la adorara con cada fibra de su cuerpo.
El silencio se hizo pesado, tanto, que apenas podían respirar. Oscar cerró los ojos con fuerza y fingió dormir cuando él se levantó. Mordiéndose los labios escuchó el sonido de la ducha a lo lejos y, cuando la puerta del departamento se abrió y André se marchó sin despedirse, lloró en silencio sintiendo que algo en su interior se había roto.
Continuará…
Iniciaré diciendo que… ¡yo también amo el drama! Así que sigamos disfrutando de las espinas XD.
Gracias queridas por leer y sobre todo por los comentarios. Traté de hacer un capítulo muy real, cotidiano, con cosas de la vida que le ocurren a cualquier mortal… y algunas pistas van quedando. Cuéntenme si las reconocen.
En cuanto a los momentos musicales, esta vez fue doble, primero uno del recuerdo de la mano de INXS y "Never tear us apart" (que realmente me suena a OxA) y luego, "Way down we go" de Kaleo… que, si la escuchan o revisan su letra, notarán que no podía ser más apropiada.
Sin querer quitarles mas tiempo, quiero reiterar mis agradecimientos y mencionar a mi linda beta Cilenita79, que me presta sus ojitos para estas locuras. Les mando un abrazo enorme a cada una y agradezco el tiempo que dedican a leer esta historia, pues estamos todas con variados quehaceres y sé que cada minuto cuenta.
Besos a todas y sigan cuidándose.
