Mayo 2019

El día que Rosalie conoció a Bernard su mundo se puso de cabeza. Llevaba triste tanto tiempo debido a lo que el comportamiento de su hermana causaba en su familia, que el apuesto hombre de ojos azul índigo provocó en ella una felicidad inusitada. Él la encandiló, la hizo sentir diferente. Con él se sentía importante. Todo era nuevo y maravilloso. Bernard era tan inteligente, avezado y agudo, que apenas podía creer que se fijara en "la desabrida hermana de Jeanne", cometario que la acompañó desde su infancia, pues, pese a que amaba a su hermana, también odiaba vivir a su sombra.

Si alguien le preguntaba cómo conoció a quien le quitaba cada uno de sus pensamientos, recordaba perfectamente cada detalle. Él cruzó la puerta de la editorial solicitando dejar sus escritos; unas gafas de pasta modernas, el cabello desordenado a propósito, de complexión alta y delgada. Todo contribuyendo a que la ropa oscura y un tanto desgastada, aunque muy bien combinada, le quedara como un guante. Un hombre que parecía intenso y apuesto, aunque bastante sencillo.

Todo cambió en el ambiente de la oficina, y ella lo sintió como un amanecer, como si el sol por fin la iluminara. Fue en ese momento, y sin saber muy bien por qué, cuando decidió hacer todo lo que estuviera en su poder para volver a verlo.

Utilizando todas sus influencias, consiguió que los editores, bajo órdenes de su tía, por supuesto, tomaran la decisión de publicar sus obras. Con ese triunfo bajo el brazo, lo llamó apenas disimulando sus ansias para fijar algunas reuniones de avance. Cada vez que lo vio fue encantadora y locuaz, simpática y asertiva. Siempre recibiéndolo con una sonrisa. No se dio cuenta de cómo él comenzó a ir con cualquier excusa y no sólo cuando lo citaban.

Rosalie floreció como una rosa. Dejó de sonrojarse debido a los nervios, se maquilló de forma más sofisticada e incluso cambió de peinado. Como le dijo su estilista, los reflejos plateados le daban a su melena un aire adulto y regio. Se hizo de ropa moderna y ajustada, se sentía otra persona; como una versión mejorada de sí misma. El día que estrenó su nueva apariencia, Bernard la invitó a tomar un café lejos de la oficina.

Conversó con él sobre literatura, política y noticias relevantes. Gustosa notó el brillo que se despertó en los enigmáticos ojos del periodista. La invitación se repitió días después, esta vez para cenar. Esa noche, a la luz de las velas, tomados de la mano hablaron de cosas más íntimas. La joven abrió su corazón hablándole de sus padres, y de cómo sentía que no conseguía ser lo suficientemente buena para ellos; le contó de su hermana y de como ella afectaba cada recuerdo de su vida. Bernard fue amable, la escuchó sin interrumpir ni minimizar sus dolencias, no había ni una pizca de lástima en su mirada.

Cuando Bernard la besó bajo la luz de la luna, todo fue perfecto. El destino por fin estaba siendo bueno con ella.

La primera noche que pasaron juntos fue mágica, pues él, con toda su experiencia y paciencia, la hizo olvidar su desastroso pasado romántico; si es que así podía referirse al amigo de su hermana, que la desvirgó cuando se emborrachó en su primera fiesta, o el noviazgo de secundaria donde, uno de los chicos más populares del prestigioso internado al que asistía, la celaba y acosaba a toda hora, incluso llegando a golpearla. Fue así que conoció a Charlotte, la joven, un año mayor, la encontró llorando en el baño, despeinada y aterrada mientras trataba de esconderse en un rincón.

Esa valiente muchacha fue su heroína, gracias a ella se animó a denunciar a su agresor y exigir que fuera expulsado. Desde ese día se hicieron grandes amigas. Obviamente, al salir de la preparatoria y entrar a la universidad las cosas cambian, pero, pese a la distancia, jamás perdieron el contacto. La última vez que hablaron, Charlotte le contó llena de ilusión que viajaría a Suecia a ayudar a una fundación de víctimas de trata de personas. Rosalie la animó y felicitó, pues sabía cuan importante era eso para ella. Cuando supo de su muerte, apenas podía creer lo ocurrido. Nada parecía tener explicación, sólo la aparición de Bernard la había sacado de esa letanía. Luego, la muerte de sus padres. ¿Es que acaso el destino se empeñaba en nublarle la felicidad?

El vaivén de la camioneta la hizo azotarse contra una de las paredes interiores. El golpe en la cabeza la despertó, al tiempo que le provocó náuseas debido al dolor que le quitó momentáneamente la capacidad de pensar. Su cuerpo comenzó a temblar sin control y el aire apenas le entraba por la garganta. Se concentró en no vomitar, pues si lo hacía, se ahogaría debido a la cinta que le cubría la boca. El sonido de su corazón latiendo con fuerza contra el pecho le pareció ensordecedor.

Cuando su mente se aclaró, pensó de inmediato en Bernard. Un fuerte sollozo escapó de su garganta. Tenía que volver a verlo, había demasiadas cosas que no entendía y necesitaba explicaciones. Los recuerdos de las últimas semanas ahora parecían sacados de un thriller: Sin tener donde vivir, el periodista la invitó a compartir su departamento; la consoló y ayudó con cada trámite relacionado a la muerte de sus padres. Era tan bueno con ella que, hasta ese día en la mañana, jamás hubiera dudado de él.

Después de que él salió debido a que debía cubrir la formalización de Julie Polignac, ella intentó ordenar el departamento para sorprenderlo. Cuando abrió un cajón para guardar algunas fotografías, encontró una carpeta que tenía su nombre. Rosalie comenzó a temblar cuando vio el interior del folio.

Fotografías de Jeanne con Charlotte en un Aeropuerto, el expediente penal de Jeanne. Notas de las posibles conexiones entre Julie y su hermana. Teorías sobre el asesinato de sus padres y que involucraban a la madre de su gran amiga. Fotografías de ella comprando café cerca de su trabajo, información personal anotada: horarios, rutinas e incluso, un análisis de personalidad. Bernard no sólo la había seguido y propiciado conocerla, también la había manipulado. Se sintió usada, burlada e incluso vejada.

Sintiéndose más valiente que nunca en su vida, salió del departamento con la rabia recorriéndole las venas. ¿Hasta cuándo la gente la consideraba una tonta? Le daba lo mismo arruinarle la nota a Bernard, es más, quería dejarlo en ridículo frente a sus colegas, sólo que, al llegar, prefirió ocultarse y esperar hasta ver a la mujer que supuestamente había asesinado a sus padres. Encontrar a su hermana en el mismo sitio, fue algo que no esperaba… Y lo demás, una pesadilla.

El vehículo cesó su marcha, el sonido de una puerta abriéndose hizo que se le erizara toda la piel. Intentó quitarse la capucha que le cubría la cabeza restregándose contra la pared metálica. Un hombre con un marcado acento extranjero, la zamarreó al tiempo que la arrastraba por lo que parecía gravilla, o al menos eso creyó por el ruido que hacían sus zapatillas contra el suelo. Fue arrojada en un maloliente y frío sitio. Todo era silencio. Perdió el sentido del tiempo mientras permanecía hecha un ovillo, atada de pies y manos, privada de vista y sin poder hablar.


Llegando a un callejón Oscar se detuvo. Apoyando las manos sobre las rodillas boqueó en busca de aire; la falta de entrenamiento sumado a las copas que bebía cada noche, pesándole en cada resuello. Emitió un quejido entre dientes cuando una fuerte punzada en el costado le impidió enderezarse. "¿Dónde diablos se metió?" pensó asiendo con firmeza su arma mientras observaba el par de stilettos tirados al pie de un montón de cajas.

Recomponiéndose se movió como una felina y se acercó a los cartones. Concentrada al máximo y atenta a cualquier movimiento. Un fuerte golpe en la cabeza y dado desde un punto ciego a su costado, la hizo caer al piso.

-o-

Al abrir los ojos, junto con sentir un punzante dolor en la sien, la fría y dura mirada de Yusúpov la recibió. Se llevó una mano a la cabeza.

-¿Qué me pasó? ¿Dónde estoy?- le preguntó desorientada.

-¡Ya volvió en sí!- avisó Leonid a los paramédicos, ignorándola y alejándose de la camilla.

Una enfermera la ayudó a sentarse. Se sentía agotada y la cabeza no dejaba de palpitarle.

-Casi… te… desnucaron- le dijo Alain entre los sorbos que le daba a un café -Estuviste fuera de combate por un par de horas… Yusúpov tiene alma después de todo, no sólo te trajo aquí como damisela en apuros después de encontrarte en el callejón- se carcajeó obviando la hastiada mirada que Oscar le lanzó -También exigió que no te llevaran al hospital, dijo que querrías revisar la escena y que tan mal no te veías- sonrió con malicia -Todo un caballero- se burló. Después de mirar alrededor se acercó y bajó la voz para decir -Pero no te ilusiones, creo que juega para mi equipo, aunque Víctor dice que no- guiñó un ojo travieso.

-Tranquilo, no moriré- le dijo ella sonriendo, pues esa sucesión de bromas sólo demostraba lo nervioso que estaba. Cerró los ojos al tiempo que comenzaba a ordenar sus pensamientos. -Diablos…- se quejó al intentar bajar de la camilla, sus movimientos aún eran torpes y descoordinados.

-Tómelo con tranquilidad- la reprendió la enfermera -Está bien, pero le recomiendo no dormir en las próximas horas. Si lo hace, no debe estar sola.

-Dele un par de analgésicos. Es dura como roble- dijo Alain, afirmándola de un codo para que pudiera equilibrarse -Prometo hacerme cargo, no se dormirá- guiñó coqueto un ojo a la mujer que se sonrojó al instante.

Oscar tomó los medicamentos y se palpó el costado derecho de la frente. Un apósito cubría lo que supuso era una herida.

-No necesitaste puntos- le informó Alain -Pero esa zorra te dio un buen golpe…

-Alain…

-Digo zorra por lo hábil, ¡vamos! Te engañó como a una amateur… si no, ¿cómo justificas no haber vuelto por tus propios pies?

-Y supongo que eso me lo echarás en cara, durante el resto de mi vida- lo miró de soslayo.

-Así es- él amplió la sonrisa.

-Cuéntame que pasó en mi ausencia mientras revisamos el automóvil-. Acompañada por Alain caminó lento, y pese a que no aceptó que este la sostuviera, le permitió estar muy cerca.

El oficial le relató lo acontecido: Julie Polignac fue encontrada muerta al interior del recinto penitenciario en donde estaba recluida y, tanto el chofer como el custodio que llegaron en el automóvil, estaban sanos y salvos. La bomba fue desactivada sin problemas puesto que era un sistema muy simple.

-Fue todo una distracción- masculló Oscar inclinándose para ver el automóvil. Estiró una mano y Alain le pasó un par de guantes de goma -Esto está impoluto- arrugó el entrecejo -No hay rastros, lo mismo que en casa de los Lamorlière- abrió y cerró la guantera.

-Muy profesional todo- apoyó Alain -Pero dudo que sean los mismos perpetradores. Según la declaración del custodio, las dos mujeres que abordaron el vehículo en la penitenciaría no parecían sospechosas. Jura que una de ellas era Polignac. Llegando a la carretera los encañonaron y bueno… El resto es historia.

-Que Víctor revise…

-Ya está en eso, Yusúpov lo puso de cabeza a mirar las grabaciones de la cárcel- torció la boca en un gesto de fastidio -Ese ruso cree que no tenemos cerebro, obviamente Víctor ya estaba metido en el circuito cuando apareció.

-Alain…- suspiró cansada -En algún momento tienes que dejar de quejarte, toda autoridad te molesta.

-Tú no me molestas.

-¡Ahora, no te molesto!- exclamó mirándolo con ternura -Vamos, creo que no hay mucho más que ver aquí. No puedo conducir en estas condiciones, llévame al cuartel.

Víctor se les unió al llegar al vehículo. El portátil en la mochila que rara vez se despegaba de su hombro y el rostro muy serio. Oscar no preguntó, ya que, conociéndolo, sabía que algo ocultaba y en ese lugar, no abriría la boca. Antes de subir al vehículo, percibió la presencia de Yusúpov como una brisa gélida.

-Capitán Yusúpov…- dijo volteando.

-No espero que me agradezca, teniente. Sólo no vuelva a cometer la estupidez de perseguir a un sospechoso sin apoyo, ni a dejar a sus hombres al mando de alguien más.

-Son oficiales de primer nivel, ambos sabemos que fueron de ayuda- le rebatió sosteniéndole la vista. Sintió un escalofrío en la espina dorsal, pues ese hombre la miraba de una forma que no supo descifrar.

-Más le habrían sido de ayuda a usted. Mi escuadrón es suficiente, no me gusta ser niñera.

-Alain, vuelve al auto- dijo seca Oscar y sin necesidad de voltear, pues el sonido de una puerta abriéndose fue suficiente -Entendido, capitán- dijo con tranquilidad y, alzando el mentón, preguntó: -¿Debo esperar una solicitud de medida disciplinaria nuevamente o, lo que tenga que decirme esta vez será de frente?

Yusúpov sonrió como el diablo: seductor que daba miedo. Sin contestarle dio media vuelta y se marchó.

Oscar, antes de ingresar al vehículo, pensó en Julius: no le hizo sentido alguno que fuera pareja de Leonid, aunque tampoco la veía con André. Una sensación de vacío se le instaló en el pecho al pensar en él, casi dos semanas transcurridas y no tenía noticias. Él simplemente se esfumó. Era el último día de mayo y al pensar en eso, inevitablemente vinieron a su mente los planes hechos meses atrás para vacaciones: irían a Grecia.

Llena de nostalgia recorrió el lugar con la mirada, un grupo de efectivos de la BRI que subían a sus vehículos llamó su atención. Se quedó pasmada ante la posibilidad de que André hubiera estado todo el tiempo ahí.

-Vamos- la apuró Alain -No sé para qué lo buscas; sabes que se tomó una semana para visitar a su familia. Es el aniversario de la muerte de su abuela… Parece que el golpe te afectó bastante- ironizó.

Subió al auto ignorando los comentarios que le dolieron como dagas. Sentirse fuera de la vida y planes de André la desestabilizó, aunque, siendo sincera consigo misma, no supo si era por orgullo o amor.

En el cuartel, luego de hacer el reporte de lo acontecido y fijar una reunión para el siguiente día, despachó a Alain y Víctor. Aún en su escritorio, tomó su celular y miró la agenda; le habían dicho que intentara no pasar la noche sola. No tenía a quien recurrir, pues no quería molestar a alguien de su familia, todos estaban con una preocupación mucho más grande: su padre no estaba tolerando bien el tratamiento. Le marcó a Marie, quizás ella pudiera recibirla en su casa. No contestó a su llamada, así como no lo había hecho todas las veces que la llamó desde la última vez que se vieron. Seguramente estaba muy ocupada.

Se sintió sola y un tanto miserable. Masticando esa amargura pinchó el teléfono de Víctor. Dio un salto cuando su característico timbre sonó cerca de ella, alzó la vista rápidamente. El detective estaba apoyado en el quicio de la puerta de su despacho, brazos cruzados y muy serio.

-Vamos- le dijo con tranquilidad -Alain me comentó las recomendaciones médicas que te dieron, y pidió que me quedara contigo- sonrió de lado -Mi habitación de invitados es muy cómoda.

Oscar sonrió agradecida y un tanto emocionada, recogió sus cosas rápidamente. En el automóvil ninguno de los dos habló. Pasaron por su departamento para que se duchara y sacara algo de ropa. Más tarde, cerca de medianoche, arropada en la cómoda cama del amplio departamento, recibió agradecida un tazón de sopa que él encargó de un fino restaurante. Lo bebió a sorbos.

Víctor se sentó en el borde del lecho.

-¿Hace cuánto rompieron?- le preguntó directo.

Ella abrió los ojos sorprendida.

-No importa, no necesito saberlo- le palmeó una pierna -Ya es bastante incómodo que yo sea tu amigo, siendo Alain tan cercano a André- suspiró -Veremos como solucionarlo, estarás bien. Eres lo suficientemente fuerte- la animó.

Oscar asintió agradeciendo el gesto. Víctor salió un momento de la habitación y volvió enseguida con su computador.

-Ahora, antes de que te duermas, quiero que revises conmigo este video. Las cámaras de la penitenciaría, no captan jamás los rostros de las mujeres que reemplazaron a la guardia y Polignac.

-¿La custodia?

-Mira- apuntó en la pantalla un error en la imagen, un pequeño pestañeo -La grabación fue adulterada, faltan frames. Pese a que de espalda parecen ser las mismas personas en todo momento, y sólo Julie desaparece de la imagen al entrar al baño, la custodia no es la misma, hay mínimas diferencias. Si la encontramos, ella nos dará pistas de quienes asesinaron a la "madame".

La teniente sonrió ampliamente y sus ojos brillaron.

-Lo sé- dijo Víctor con la misma expresión que ella -Soy brillante- cerró su computador -Le envié una alerta a la comisario von Ahrensmeyer, ya están buscando a la custodia desaparecida.

-¿Y a Yusúpov, no le avisaste?- preguntó Oscar.

-Que se joda- dijo Víctor antes de levantarse para irse a su habitación -Duerme tranquila, lo necesitas. Estaré al pendiente de que estés bien.

-o-

A la mañana siguiente, Oscar se limitó a llamar a su padre para avisarle que, debido a una reunión, no podría acompañarlo. Además, avisó a su madre y a Hortense para pedirle la reemplazara. Darles la preocupación de verla con el rostro magullado era algo quería evitar a toda costa. Y todo hubiera ido bien, si no hubiese sido por un comentario de su hermana:

-Cuando veas a Marie, dile que le deseo lo mejor. Si decidieron irse de la ciudad, el nuevo trabajo de Luis debe ser magnífico- habló con soltura, pues conocía a la mujer desde niña gracias a la amistad que la unía con Oscar.

La teniente tardó unos segundos en entender las palabras de Hortense.

-Sí, claro- balbuceó -Le daré tus saludos… Avísame como sigue papá, por favor.

Al cortar, dejó su teléfono sobre el escritorio y se tocó la frente. Tenía un dolor de cabeza que aumentaba a minutos. Tragó un par de analgésicos y se masajeó la sien que no estaba cubierta por el apósito adhesivo que se puso en la mañana ¿Qué rayos le pasaba a Marie con ella?

Tomó el teléfono y le marcó. Una vez más su llamado terminó en el buzón de voz. Le envió un WhatsApp, notó que ni siquiera lo recibía, pues quedaba con sólo un ticket.

-¡Me bloqueó!- exclamó asombrada. Se puso de pie y fue donde Alain -Dame tu celular- dijo extendiendo la mano.

-Ok…- hizo lo que le pedían.

-La clave- lo apuró Oscar.

-Ni por ser mi jefa- alzó una ceja desafiante. Al ver que ella seguía enfurruñada, le arrebató el teléfono de las manos y puso su dedo en el lector de huellas del IPhone. Se lo entregó de regreso -Deberías aprender a pedir favores.

Oscar lo ignoró y volvió a su oficina mientras tecleaba el número de Marie.

-No te atrevas a cortarme- le advirtió a su amiga cuando contestó -No sé que mierda te pasa, no entiendo por qué me evitas y créeme, tengo problemas bastante serios como para, además, estar imaginando que diablos pasa contigo.

-No me hables así- le rebatió la pequeña rubia.

-Te hablo como se me da la puta gana, porque soy yo la que no se merece este trato- dijo con los dientes apretados -¿Qué te pude haber hecho para que actúes así?- bajó la voz -Eres mi amiga...

-Encuéntrame en el café de siempre al mediodía- le dijo Marie antes de cortar.

-o-

Ambas rubias se miraron en silencio, y a través de las gafas de sol durante largos segundos. Oscar intentando descubrir qué le ocurría a su amiga y Marie, impactada por el feo moretón que decoraba un costado del rostro de la teniente.

-¿Qué te ocurrió?- preguntó con cariño Marie -Ese trabajo es demasiado violento…

Oscar ignoró el comentario, su mente trabajando a toda velocidad. Dejó salir las palabras con una larga exhalación.

-Fersen es de la Interpol, no sacas nada con cambiarte de ciudad… La única manera de ocultarte, sería entrando al programa de protección a testigos.

Marie se mordió el labio inferior, mientras se secaba una lágrima que recorrió su pálida mejilla. Cogió la servilleta que Oscar le acercó por sobre la mesa. Luego de quitarse las gafas se secó los ojos. Su siempre risueño rostro estaba marcado por oscuras ojeras y sus pómulos lucían más afilados. A simple vista se podía observar la pérdida de peso.

-No me juzgues- le suplicó con la mirada brillante -No podía hablar contigo, no estaba preparada. Y sabía que lo descubrirías tarde o temprano… Ya sabes como soy, si puedo evitar una confrontación, lo hago.

-Luis, ¿lo sabe?

-Por Dios, no- dijo negando con la cabeza.

-¿Y Fersen? ¿Te ha contactado?

-No. Pero no puedo arriesgarme. Mi familia lo es todo para mí. Fue un error, un terrible error.

-Marie…- Oscar la miró con tristeza.

-Fue un desliz…- hizo una mueca parecida a una sonrisa -Jamás pensé que tu misterioso sueco era también el mío- se restregó el rostro con las palmas -Ni siquiera sabía su nombre, sólo me dejé llevar esa vez. Estábamos en Ibiza con Luis, y él se quedó en la habitación porque tenía resaca. Yo fui por un trago al bar… Estaba molesta porque no quería quedarme en la habitación, era la última noche de nuestras vacaciones- aguantó un sollozo -Fui inmadura e infantil.

-¿Te forzó? ¿Te drogó?

-¡No!- contestó de inmediato -Sé muy bien lo que hice. Él es un caballero, y sabes tan bien como yo lo hábil que es seduciendo.

-Pero yo no estaba casada…

-No seas ruin- le reprochó -No necesito que tú también me juzgues, lo hago yo misma cada vez que veo a mi precioso niño.

-Es que no puedo entenderlo…

-Y no tienes por qué- le rebatió -Nos vamos porque no puedo arriesgarme a que coincidamos con él…- los ojos se le llenaron de lágrimas nuevamente -Luis no puede verlo y, dado que es tu amigo, no puedo seguir tan cerca tuyo… Él lo notará, estoy segura. Joseph se parece mucho a él... Hay que ser imbécil para no darse cuenta.

El mesero, que había dado varias vueltas cerca de la mesa sin atreverse a interrumpir, se acercó a las dos mujeres. Oscar pidió un café; Marie más agua.

-¿Y si te busca?- indagó la teniente -No podrás huir para siempre.

-Negaré todo, tendrá que demandar para conseguir una prueba de paternidad. Luis es el padre de Joseph frente al mundo, y pretendo que nada de eso cambie.

-Entonces, soy un daño colateral…- Oscar la miró con dureza.

-Si fueras madre me entenderías…- bebió un sorbo del agua que dejaron sobre la mesa -Llevaba meses tratando de embarazarme, y cuando lo descubrí, al tiempo de llegar de vacaciones, jamás pensé en esa aventura. Fue un polvo rápido en el baño… él ni siquiera terminó adentro- se restregó el rostro nuevamente -Esto parece una pesadilla- suspiró con tristeza -Ya hasta lo había olvidado, estaba segura de que Luis era el padre… Pero al verlo tan cerca de mi niño, no tuve dudas- miró los ojos de su amiga, Oscar se había quitado las gafas. Lucía igual de triste que ella -No sé cómo no te diste cuenta en ese momento.

-Obviamente mis habilidades de detective, están dejando bastante que desear- ironizó.

-Sé que con el tiempo me entenderás- tomó una mano de su amiga -Para ti es muy importante tu trabajo, y Fersen es parte de él.

-Veo que ya decidiste todo…

-Estoy siendo práctica. Son amigos, colegas… Acaban de desmantelar en conjunto una red de trata de personas. Sé lo bien que se llevan, me lo has dicho. Oscar…- esperó que la mirara -Estoy priorizando a mi familia y eso, está por sobre cualquier cosa. Dejemos que pase un poco de tiempo. Estoy demasiado paranoica y en este estado, cometeré un error tarde o temprano. No puedo dejar que un ataque de nervios ponga en alerta a Luis. Él no me perdonaría, Joseph no me perdonaría. Por favor, di que me entiendes.

Oscar asintió en silencio y bebió su café. Al terminar, dejó dinero sobre la mesa y se puso de pie. Marie la detuvo, tomándola de una mano.

-Te avisaré cuando estemos instalados. Luis está feliz, siempre quiso irse de París. Quizás después puedas visitarnos en vacaciones… Yo… Yo sólo necesito tiempo para calmarme- intentó mediar Marie -Algún día todo volverá a ser como antes.

La teniente sonrió con tristeza antes de decir:

-Sí, quizás te visite en algún momento. Dale un beso de mi parte a mi ahijado- salió del café sintiendo que el vacío que sentía en el pecho crecía más y más.


Cuando Rosalie abrió los ojos, la cabeza comenzó a darle vueltas, igual que cada vez que despertaba. La boca la sentía amarga, seca y pastosa. Trató de incorporarse sobre la cama en la que estaba tirada, porque sí, no estaba recostada ni descansando; sus extremidades laxas y dispuestas de cualquier manera. Intentó reincorporarse.

-shhhhhhh.

La misma voz de siempre la tranquilizó. Cerró los ojos al sentir un líquido caliente entrado por sus venas, y una placentera sensación le llenó los sentidos. Sin embargo, algo en su subconsciente le decía que eso no estaba bien. Se esforzó en abrir los ojos. Un apuesto hombre con una herida en la mejilla le sonrió. Ella dejó caer la cabeza contra la almohada y se olvidó de todo. Incluso de los dos hombres que entraron a la habitación, después de pagar una cuantiosa suma a su carcelero.


Oscar observó, intentando parecer desinteresada, la tensa conversación que Bernard y André mantenían en el escritorio de este último, y es que, decir que estaba tentada a acercarse para escuchar era poco, pues le costó toda su fuerza de voluntad no ponerse de pie e ir a saludar bajo cualquier excusa. André, se había reintegrado hace un par de días y ella se estaba esforzando en actuar tal y cómo él lo hacía, con camaradería y sin invadirle.

El cuartel de la unidad en calma, debido a que el asesinato de Julie de Polignac fue tomado por el departamento de inteligencia de la RAID, pues la presencia de explosivos lo catalogó como terrorismo. Debido a eso, Víctor fue solicitado para trabajar bajo las órdenes de la comisario von Ahrensmeyer, acción que Oscar respaldó de inmediato, ya que era la plataforma perfecta para que el analista entrara de lleno al departamento de inteligencia. Alain era otro cuento; se le veía irascible, un tanto decaído y demasiado pendiente de ella.

La figura de Soissons cortándole la vista la sacó de sus pensamientos, este le llevaba un café acompañado de galletas que parecían caseras.

-Cierra la puerta y siéntate- le dijo con calma, y luego de recibir lo que amablemente el oficial le entregó.

-Yo, es que tengo que…

-No. No tienes nada que hacer mientras Bernard esté con André. Siéntate- le repitió.

Cuando el oficial hizo lo que le pedía, sonrió con ternura antes de hablar:

-Pareces hijo único en medio de un divorcio- el hombre enrojeció hasta las orejas -No tienes que preocuparte, con André estamos bien. Sólo haz como antes. Cuando no tenías idea de que teníamos una relación.

Alain hizo un gesto de fastidio.

-Ve a apurar a André- le ordenó Oscar cambiando de tema -Los casos que les asigné no se resolverán solos, y él puede hacer vida social en su tiempo libre- mascó una galleta, estaba deliciosa -Y mañana, quiero más de estas. No sabía que cocinabas tan bien.

-Sólo lo hago cuando estoy estresado…- calló al ver la divertida mirada de la teniente. Carraspeó mientras se rascaba la nuca -Deberías escuchar a Bernard- dijo cambiando de tema y olvidando que André le había pedido, hace sólo minutos atrás, no inmiscuirse ni repetir lo que alcanzó a escuchar de la conversación con el periodista -El imbécil dice que Rosalie desapareció.

-¿El imbécil?- preguntó sin entender, pues, según lo que sabía, Bernard se había ganado el respeto de todos en la unidad.

-El muy zopenco, dejó a la vista toda la investigación que hizo de Jeanne y su familia. Rosalie la encontró el día del asesinato de la "madame"… ya sabes, cuando Jeanne te hizo tonta- sonrió de lado al ver que, esta vez, era Oscar la que se sonrojaba -Y bueno, no había nada bueno, hasta un cuasi perfil psicológico hizo este patán de la muchacha…- calló cuando Oscar se puso de pie y salió del despacho.

La alta y rubia mujer enfrentó a Bernard pálida debido al enojo. Alain se quedó mirando desde lejos, brazos cruzados y una traviesa sonrisa en los labios.

-La manipulaste- acusó la teniente -Ya era malo que fueran pareja debido a un caso, pero esto es una bajeza.

Bernard bajó la vista, pues apenas y podía con su conciencia. Oscar apretó los puños, apenas aguantando las ganas de romperle la nariz, se sentía en parte responsable por haberlo involucrado en el caso.

-Sácalo de mi vista- le dijo finalmente a André y sin dejar de mirar al periodista.

-Oscar- medió André -Bernard tiene buenas razones para pensar que algo le ocurrió a Rosalie. Llenaremos un reporte de persona desaparecida, ya se cumplió el plazo mínimo legal. Lleva cuatro días sin dar señales.

-Será atendido en la sala de interrogatorios. Si quieren tratar esto como un caso habitual, la "pareja"- dijo con ironía remarcando la última palabra -Es siempre el primer sospechoso. ¡Alain! ¡Es tu caso!- gritó al oficial que seguía lejos de la trifulca -Y tú, a mi oficina- le ordenó a André.

Desde su despacho, Oscar vio como Alain arrastraba de un brazo a Bernard fuera del área de investigaciones. Cerró la puerta, André ya estaba en el interior apoyado en uno de los muebles.

-No lo quiero volver a ver aquí- le dijo buscando calmarse y sentándose tras su escritorio -Independiente de que sea tu amigo, no permitiré civiles en esta área. Los privilegios que tenía se acabaron hace tiempo.

-Se equivocó, pero sus razones son válidas. Rosalie no se llevó nada, incluido su pasaporte y tarjetas bancarias, sólo falta su celular y está apagado. Es probable que la hayan raptado.

-O quizás, al descubrir la patraña de la que fue víctima, decidió desaparecer. Sabes perfectamente, que la mayoría de las desapariciones son voluntarias- apoyó las manos en el escritorio y lo miró de frente -Pero no te preocupes, no porque piense que Bernard es un infeliz que se aprovechó de las circunstancias, pasaré por alto su denuncia. Alain estará a cargo- alzó el mentón -Y te prohíbo acercarte al caso, estás demasiado involucrado. Sigue en solitario con los casos asignados hasta nuevo aviso.

Dicho eso, salió del despacho rumbo a la trastienda de la sala de interrogatorios. No volteó cuando escuchó que André le daba un puñetazo a su escritorio. Sí, esa supuesta camaradería era falsa como Judas.


Cuando Víctor y Alain se conocieron, ambos manejaban su vida personal de la manera más discreta posible, pues, y pese a que sus respectivas familias nunca los cuestionaron, ser oficial de policía y además gay, era algo que no todos toleraban. Y no era sólo por las viejas costumbres militares, que asemejaban la homosexualidad con lo frágil y femenino, sino que, muchas veces, eran los compañeros de unidad quienes ponían trabas por a la limitación de bromas o, incluso, debido al bajo recurso de negarse a compartir camarines con la excusa de evitar acusaciones de acoso.

Después de verse en algunas ceremonias de premiación, y un par de casos llevados en conjunto por sus respectivas patrullas, Alain fue quien tomó la iniciativa. Seguro como siempre, se acercó al oficial de ojos felinos apenas lo vio en un bar que frecuentaban los uniformados de ese sector de la ciudad. Ambos vestidos de civil se miraron a los ojos apoyados en la barra del bar. Alain le invitó una cerveza a Víctor, la cual fue rechazada debido a que, al otro día, tenía turno a primera hora. El ambiente se caldeó de repente, tanto, que Víctor se quitó la chaqueta pese a ser pleno invierno del 2015, concretamente diciembre.

Many times I tried to tell you
Many times I cried alone
Always I'm surprised how well you cut my feelings to the bone
Don't want to leave you really
I've invested too much time to give you up that easy
To the doubts that complicate your mind

Alain sintió que los pantalones se le tensaban, sus ojos castaños recorrieron el torso perfectamente marcado bajo la camiseta oscura que Víctor llevaba. Tarde se dio cuenta de que incluso, se había humedecido los labios. Asustado buscó la verde mirada, tantos años de discreción yéndose a la basura en un segundo.

-Sígueme- le dijo Víctor sin siquiera mirarlo y colocándose nuevamente la chaqueta.

En un callejón, acorraló al siempre rudo Alain y lo besó como si se le fuera la vida en ello. Ambos jadearon debido a la intensidad. Los músculos tensos por la fuerza que ambos ejercían, las bocas buscándose entre gruñidos y las manos, codiciosas de palpar todo lo posible. Cuando Alain intentó desatarle el pantalón a Víctor, este se alejó y sonrió antes de decirle:

-Si consigues mi número, te invito a cenar.

We belong to the light, we belong to the thunder
We belong to the sound of the words we've both fallen under
Whatever we deny or embrace for worse or for better
We belong, we belong, we belong together

Alain quedó solo y apoyado contra el muro. El vaho de su agitada respiración confundiéndose con la niebla. Supo que su vida había cambiado para siempre. Esa semana, y haciendo a un lado su habitual ostracismo, decidió jugar todas sus cartas y aparecer en la unidad de Víctor.

Maybe it's a sign of weakness when I don't know what to say
Maybe I just wouldn't know what to do with my strength anyway
Have we become a habit? Do we distort the facts?
Now there's no looking forward
Now there's no turning back
When you say

Luego de esa prometida cena, terminaron en el departamento de Alain. Enredados entre las sábanas, se miraron largamente mientras acompasaban sus respiraciones. Casi habían roto los muebles empujándose uno al otro. Cada uno en su estilo, uno siendo pura determinación mientras el otro, siendo el brío personificado. Ambos supieron que ya todo estaba dicho. No había vuelta atrás.

Al tiempo, decidieron entrar juntos a la BRI debido a que era la mejor forma de subir de grado rápidamente; por supuesto, esperaban quedar en diferentes unidades y por fin hacer pública su relación. Estaban eligiendo un departamento para compartir, cuando les llegó el aviso de que serían compañeros. Alain se encerró en la habitación durante toda la mañana.

We belong to the light, we belong to the thunder
We belong to the sound of the words we've both fallen under
Whatever we deny or embrace for worse or for better
We belong, we belong, we belong together

Víctor se hizo un café, mientras escuchaba golpes contra la pared y uno que otro artículo roto; obviamente la pelota antiestrés no estaba cumpliendo la función. Cerca del mediodía entró a la habitación y, sin mediar palabra, lo arrojó a la cama; a pulso y sin tregua, sometió e hizo vibrar a Alain hasta que este se quedó dormido como un niño. Mientras le acariciaba el cabello, le susurró que todo estaría bien, que algún día se casarían y vivirían sin ocultarse. Nunca supo que Alain escuchó todo con los ojos húmedos, pero con el corazón rebosante de felicidad.

Close your eyes and try to sleep now
Close your eyes and try to dream
Clear your mind and do your best to try and wash the palette clean
We can't begin to know it, how much we really care
I hear your voice inside me, I see your face everywhere
Still you say

Así eran ellos, intensos cada uno a su manera; uno más reservado que él otro, pero cómplices y leales a morir. Alain moderaba su temperamento cada vez que Víctor estaba cerca, permitiéndole además ver facetas que nadie más conocía. Víctor, por su parte, ordenaba, programaba y mediaba todo lo que a los dos atañía. Se complementaban a la perfección.

We belong to the light, we belong to the thunder
We belong to the sound of the words we've both fallen under
Whatever we deny or embrace for worse or for better
We belong, we belong, we belong together…

Pensando en los próximos pasos que seguirían como pareja, Víctor cerró el email que su corredor de propiedades le envió: un departamento ideal en tamaño y ubicación, muy cerca de un gimnasio y un parque, y, como si eso no bastara, con una gran terraza al estar ubicado en un primer piso. Imaginó a Alain haciendo sus barbacoas al aire libre, riendo y cocinando para él y sus cercanos; pasión que, por cierto, muy pocos conocían. El piso costaba una fortuna, pero, gracias a su fideicomiso personal, eso no sería un problema.

Sí, era el momento de dar tan ansiado paso. Ese mismo día iría por los anillos, que un par de semanas atrás vio en un escaparate. Sólo faltaba que le ofrecieran un puesto estable en el área de inteligencia de la RAID y todo estaría listo. Dejó sus planes personales de lado, cuando, en el reflejo de su ordenador, vio una rubia y larga cabellera acercándose.

-Creo que es hora de que te deje ir…

Víctor sonrió con las palabras de Oscar y asintió. Después de quitarse las gafas antireflejo, dejó su provisorio escritorio y le invitó un café.

-Es un poco menos tóxico que el que tenemos en el cuartel- le dijo extendiéndole un vaso desechable -¿Para qué soy bueno?- la miró curioso.

-¿Acaso no puedo visitar a mi amigo?- bromeó ella.

-Para eso, vas a mi casa- bebió un poco de su café e hizo una mueca -Y si fuera por algo oficial, me hubieras llamado a la unidad.

Oscar asintió y, haciéndole un gesto con la cabeza, lo invitó a caminar con ella. Llegando a un patio interior, se apoyaron contra el muro para guarecerse a la sombra. El sol de junio estaba siendo inclemente.

-Me llamó la comisario von Ahrensmeyer- comenzó Oscar -Me preguntó por ti, quiere que trabajes con ella- vio como él asentía -¿Ya lo sabías?

-Sé lo bueno que soy.

-Eso le dije; que se llevaría al mejor, aunque también al que tiene el ego más grande- sonrió y se ubicó frente a su amigo -¿Estás listo para este cambio?

Víctor asintió.

Oscar suspiró antes de hablar:

-Entonces, ayúdame con algo antes de irte- él alzó una ceja -Rosalie desapareció, Bernard y André insisten en que no es una desaparición voluntaria; Alain y yo, creemos que sí. Rastréala fuera del sistema, por favor. Nada oficial, porque lo relacionarán con desapariciones y no podré investigarlo. Sólo necesito saber si salió del país… Su pasaporte está en mi poder, pero sabemos de quien es hermana y si Jeanne se esfumó, puede haberse llevado a Rosalie con ella.

-Tengo un software de reconocimiento facial sin estrenar, y hace rato no miro los aeropuertos- dijo Víctor sonriendo -Pero en pago, tendrás que entretener a Alain, pensaba invitarlo a comer. Anda con un genio de los mil demonios. Tú y André lo tienen paranoico. Cree que, en cualquier momento, se van a poner a discutir cosas que no quiere saber, sus padres se divorciaron cuando era pequeño y bueno… ya entiendes.

Oscar asintió y sonrió, aunque Víctor notó de inmediato que sólo estaba fingiendo, pues más que una sonrisa fue una mueca. Sin querer ir más allá, se despidió de ella y entró nuevamente a la oficina. Fue llamado de inmediato a una reunión, ya que, gracias a la ayuda que prestó en ubicar el cadáver de la custodia desaparecida de Julie Polignac, María Barbara lo hacía participar en todo.

Camino al estacionamiento, Oscar se topó con el capitán Yusúpov, ambos se saludaron con un gesto de cabeza y siguieron de largo. Antes de subir a su automóvil, la mujer miró a su alrededor, deteniéndose unos minutos pese a estar con el tiempo justo para llegar a cenar con sus padres, esa noche celebrarían que la primera ronda de quimioterapia fue un éxito. Examinó con la vista los edificios cercanos y automóviles, tenía la sensación de que alguien la observaba. Todo parecía en orden, subió a su automóvil y se marchó.

En el camino, se distrajo hablando por teléfono con su hermana mayor. No vio los dos automóviles que la seguían.

Continuará…


¡Listo! Cumplida la entrega, ahora, ¿me cumplirán ustedes a mi? Espero que la ausencia sea por motivos de trabajo o estudios, no por salud ni porque ya botaron la historia. De todas maneras, agradezco a grandierjarjayes, LordThunder1000, Yenny, Gottinga, Paty, Kary, Duraznito y las amigas Guess que comentaron el cap pasado, son un dulce, chicas. A las que no lo hicieron, bueno… que les quede en la consciencia romper este corazón, luego no reclamen cuando escribo maldades. Ah! pero Miriam tiene mención espcial porque fue un encanto al hacer una maratón de reviews, igual que Krim.

Las cosas ya van tomando forma y sí, se acerca el final, así que aprovechen, porque queda poco y no olviden que esto es un thriller policial, así que cualquier cosa puede pasar.

Hoy ando media bajada y muy cansada, así que ya me despido comentandoles que el momento musical estuvo a cargo de Pat Benatar con "We Belong" y agradeciendo a mis betas queridas Cilenita79 y Krim.

D.