Capítulo 13

Blanco y negro

Tras el combate de gimnasio volvieron al centro pokémon para curar los pokémon de Lucho y recoger las cosas, así como para hacer las compras de última hora antes de marcharse a la siguiente ciudad. Debían de ir preparados puesto que la ruta 4 no era moco de pavo, ya que se caracterizaba por estar situada en un amplio desierto que era azotado constantemente por tormentas de arena de intensidad variable, por lo que debían de ser precavidos.

-¿Lo tienes todo para atravesar el desierto?

-Sí, tranquila, gafas aislantes, capa térmica, rejillas…

-¿Un par de cada?

-Que sí… ay, Liza, en serio, pareces mamá…

Ante eso la aludida le lanzó una intimidante mirada que achicó por un momento al muchacho, el cual se apresuró a comentar.

-Quiero decir… sí, está todo.

-Muy bien… ¿nos vamos?

-Sí, venga.

Finalmente desocuparon la habitación, entregaron la llave en recepción y se encaminaron al norte de la ciudad, donde se encontraba la salida hacia la ruta 4. De camino se pasaron por la plaza central y allí se encontraron con Paco, Xavi y Eduardo, los cuales les saludaron al verles.

-¡Ey, pero si son Lucho y Liza! ¿Todo bien ya?

-Hola, chicos, sí, ya está todo arreglado-afirmó el chico.

-¡Me alegro, amigo, la familia debe estar unida como una piña! ¿Lo pillas?

-¡Desde luego, cómo mola, menuda maravilla!

Ambos hermanos se rieron ante la ocurrencia, aunque al verlos un tanto cargados Paco inquirió.

-¡Oh, esperad un momento! ¿Os vais ya?

-Así es, nos dirigimos a ciudad Mayólica, donde está el siguiente gimnasio-asintió el chico, con ganas.

-¡Oh, yeah, Lucho va a ganar, tengo la certeza total!-exclamó Xavi.

-¡Si ha ganado a Camus tenlo por seguro, no me apuesto ni un duro!-aseguró Paco.

-¡Que tengas mucha suerte, Lucho, y entrena mucho!-le deseó Eduardo.

-Je, je… gracias, chicos, ha estado bien nuestra estancia en la ciudad, quizás volvamos en otra ocasión...

-¡Antes de que os vayáis, queremos regalaros algo!

Tras esas palabras Eduardo estuvo rebuscando en su mochila y sacó un disco de ella, tendiéndoselo a Lucho.

-¡Es una maqueta, está en pañales, todavía necesitamos un tiempo para sacarlo! ¡Ésta copia es para vosotros!

-Vaya, muchas gracias-agradeció el muchacho, guardándoselo.

-Tened por sentado que hablaremos de vosotros en ciudad Mayólica-aseguró Liza.

Finalmente se despidieron de ellos y dejaron atrás ciudad Porcelana en dirección norte a través del acceso correspondiente.

El desierto que separaba ciudad Porcelana de ciudad Mayólica había estado siempre presente desde los tiempos antiguos, con asentamientos ahora perdidos desde tiempos inmemoriales, vestigios de una antigua civilización muy previa incluso a la historia más pasada de Teselia. De alguna manera el recuerdo del último encuentro con el equipo Plasma regresó a la cabeza de Lucho, preguntándose si todos esos detalles que llegaron a ver en clase de historia tendrían algo que ver con las leyendas que esos caballeros templarios sacaron a colación aquel día.

-¿Qué piensas tanto? Estás muy callado…-murmuró su hermana en ese momento, mientras se preparaban antes de entrar en el desierto.

-Ah, no es nada, tan solo recordaba cosas acerca de la antigua civilización que vivió en el desierto… ¿crees que tendrá alguna relación con las leyendas que el equipo Plasma hablaba el otro día?

-Ni idea si te soy sincera, de hecho ni siquiera me había parado a pensarlo… aunque ahora que lo pienso ¿no dijo Aloe que estuvieron excavando allí a principios de año?-hizo memoria Liza en ese momento.

-Cierto...

Lucho nunca había sido un gran estudioso del pasado e historia no era una de sus asignaturas preferidas, aunque el detalle en sí le dio que pensar mientras se preparaba y se ponía las gafas protectoras.

Una vez que estuvieron los dos listos, salieron del acceso y se adentraron de lleno en el desierto. Nada más hacerlo, una fuerte ventolera acompañada de una densa arena y partículas en suspensión hizo acto de presencia, envolviéndoles en un cálido abrazo producto de la propia temperatura imperante; no era muy fuerte, pero dificultaba la visión de cierta forma.

-No te separes de mí…-indicó Lucho a su hermana, pegándose a ella.

-Tranquilo…

Poco a poco comenzaron a avanzar sin alejarse demasiado del camino principal, el cual discurría a través de una autopista sobreelevada protegida de las tormentas de arena mediante altos paneles de plástico transparente adosados a los costados y que atravesaba todo el desierto en línea recta; a lo largo de ese extenso tramo el tráfico rodado debía de circular con precaución, puesto que los paneles no garantizaban una seguridad completa.

Por su parte se refería debían de ir todo recto sin desviarse del camino que trazaba la autopista y atravesando muchos kilómetros a través de prominentes dunas y mucha arena que era arrastrada por el fuerte viento, dificultando de esta forma la visibilidad. Tuvieron que parar un par de veces debido a que el viento soplaba demasiado fuerte y no se veía casi nada, resguardándose bajo la autopista junto a uno de los altos pilares de hormigón que la sostenía.

-Bof, qué complicado es avanzar…-masculló Liza en un momento dado.

-Ya, pero no te apures, poco a poco lograremos llegar al otro lado… aunque dudo que lleguemos en el día de hoy-murmuró Lucho, consultando la hora.

Esperaron a que la tormenta amainara pero, contra todo pronóstico, no lo hizo y optaron por quedarse allí hasta la mañana siguiente, puesto que de noche no era muy recomendable viajar por un desierto, y menos aún con una tormenta de arena que apenas remitía. Levantaron una tienda de campaña y la reforzaron para que el viento no la azotara y la arena no se colara dentro. La temperatura cayó rápidamente en cuanto el sol se ocultó, quedándose dentro al amparo de varias mantas y algo para cenar mientras charlaban un rato.

-¿Qué esperas encontrar en ciudad Mayólica?-inquirió Liza en un momento dado.

-¿A qué te refieres?

-Ya sabes, en cuanto a combatir y todo eso…

-Ah… bueno, a decir verdad no puedo saberlo, pero me echen lo que me echen lo ganaré cueste lo que me cueste.

Ante eso su hermana sonrió con gesto neutro, como si se esperara una respuesta así, aunque el chico inquirió de vuelta.

-¿Por qué lo preguntas?

-Por hablar de algo… yo aún sigo sin saber muy bien qué esperar, ya sabes…

-Bueno, pero no te obsesiones con eso, ya llegará tu momento… quien sabe, a lo mejor encuentras algo allí que no esperabas encontrar.

-Puede…-murmuró ella, mirando a su bote de judías con expresión taciturna.

Aun así la chica no dijo más al respecto, cambiando de tema rápidamente y proponiéndole una partida de ajedrez a su hermano, el cual aceptó sin reparos. Estuvieron jugando un rato hasta que el sueño les venció y se fueron a dormir. Afuera la tormenta de arena seguía arreciando aunque con algo menos de intensidad.


-¿Y bien? ¿Hay resultados, cómo van los discursos?

-De momento aún es algo pronto para evaluar el alcance de los mismos, pero por ahora hay gente que parece escucharnos, al menos en parte. Tras del encontronazo en ciudad Porcelana hemos creído prudente rebajar el tono de los mismos, no debemos dar mala imagen después de todo.

-Bien, aunque personalmente no me preocupa mucho ese enfrentamiento si te soy sincero, hay cuestiones más importantes que abordar ahora mismo.

-¿Como por ejemplo?

-Nuestro señor, sin ir más lejos. Le noté un tanto distante la última vez que hablé con él y temo que la realidad pueda abrumarle. Después de todo estamos tratando de cambiar todo lo que emponzoña ésta sociedad corrupta y decadente, y aun a pesar de que le hemos enseñado todo lo que debe saber, temo que no sea suficiente para protegerle de los posibles peligros que le acechen…

-Pierda miedo, señor, después de todo ya sabe que es inteligente y muy resuelto, capaz de solucionar hasta el más intrincado problema en apenas minutos. Después de todo hicimos lo mejor para enseñarle.

-Lo sé, y os estoy agradecido por ello, pero nada debe de apartarle de su cometido. Procuremos que así sea.

-Descuide, señor, haremos todo lo que esté en nuestra mano.


A la mañana siguiente Lucho se encontraba sumido en un profundo sueño del que nada parecía sacarle; había dormido especialmente bien aun a pesar de haber acampado bajo una autopista en pleno desierto, aunque en esos momentos pudo notar como alguien le zarandeaba levemente, al tiempo que oía la voz de su hermana llamándole.

-Lucho… Lucho, despierta…

Al principio no la hizo mucho caso, con ganas de seguir durmiendo un poco más, pero debido a su insistencia se fue desvelando poco a poco sin ni siquiera proponérselo.

-Lucho, despierta… ¿oyes eso?

-¿El qué? Yo no oigo nada…-masculló entre dientes.

-Por eso lo digo… estamos en el desierto ¿recuerdas?

Ese comentario pareció espabilarle de seguido, dándose cuenta de la situación; y es que, efectivamente, no oía nada salvo el intermitente rumor de la autopista cada vez que pasaba un coche. Lo normal era oír el incesante viento arrastrando la arena del desierto, pero no era el caso. Y en sí mismo, era extraño.

Se reincorporó enseguida y vio a su hermana ya vestida y mirándole con gesto extrañado, a lo que él inquirió.

-¿Cuánto tiempo lleva así?

-Desde que me desperté, hará cosa de unos cuantos minutos atrás…

-¿Y has salido a ver?

-No, me ha dado tanta impresión que he preferido quedarme aquí…

Lucho hizo mano de su videoemisor y consultó la hora, siendo las diez de la mañana. Miró hacia el acceso de la tienda y, lleno de curiosidad, retiró la cremallera y salió fuera. Lo que vio fue una estampa de lo más extraña.

Y es que la sempiterna tormenta de arena que siempre había en ese desierto había cesado por completo y en su lugar una chocante calma se extendía hasta donde alcanzaba la vista; las dunas reflejaban con fuerza la luz del sol, comenzando a calentar la arena bajo sus pies, y el ambiente era completamente claro, sin ninguna nube a la vista y con un brillante cielo azul rematando el conjunto. Liza salió en ese momento tras de él, comentando de seguido.

-¿No es esto raro? ¿Ha sucedido alguna vez?

-No que yo sepa…-murmuró el chico, mirando a su alrededor.

Encima de sus cabezas la autopista zumbaba cuando un coche pasaba, los cuales circulaban más rápido de lo normal aprovechando las anormales condiciones climatológicas. Realmente era algo extraño de ver, aunque al mismo tiempo permitía contemplar el desierto de una forma completamente distinta, viéndose incluso bonito de cierta manera.

-¿Qué hacemos, continuamos?-inquirió Liza en ese momento.

-Ah, sí, claro, hay que aprovechar ahora que podremos andar más cómodamente.

Recogieron todos los bártulos enseguida y se pusieron en camino hacia el norte sin más tardar. Lo bueno de esa situación era que podían caminar más rápida y tranquilamente sin necesidad de cubrirse con las gafas o los protectores, aligerando el paso. La visibilidad no estaba reducida, lo que permitía separarse de la autopista que servía de guía y yendo más allá sin miedo a perderse, puesto que se seguía viendo desde la distancia y se podía usar como punto de referencia. Realmente era una vista de lo más destacable, sintiéndose como otros desiertos en otras partes del mundo como el Sáhara, el Arábigo, el de Gobi o el de Simpson, aunque en comparación con éstos no era tan grande ni extenso.

Aprovecharon las circunstancias para explorar un poco hacia el oeste, adentrándose entre las dunas y observando pokémon oriundos de por allí, como sandile, darumaka, maractus o dwebble. Vieron también una especie de asentamiento no muy lejos de allí, en cuanto se acercaron lo suficiente descubrieron que se trataba de una excavación arqueológica con varias zonas acotadas bastante hondas y rodeada por varios módulos prefabricados en los que los trabajadores descansaban. No había nadie por las inmediaciones, aunque varias señales prohibían el paso a toda persona ajena a la excavación.

-Qué raro, no hay nadie por aquí…-comentó Lucho en ese momento, mirando alrededor.

-No parece que estén trabajando ahora mismo… aunque espera ¿no mencionó Aloe que estuvieron excavando por aquí a principios de año? A lo mejor éste es el sitio…-supuso Liza.

-Es posible, sí…

Los fosos donde los arqueólogos excavaban estaban horadados en el suelo con precisión milimétrica y separados entre sí mediante pequeñas estacas unidas entre sí con un fino hilo rojo que los delimitaba; la mente de Lucho regresó a ese preciso momento con Aloe, recordando sus palabras y, sobre todo, esa extraña roca blanca que fue encontrada precisamente en ese mismo lugar. Parecía una simple coincidencia, pero había algo en el ambiente que le recordaba de cierta forma a esa roca, como si llevara consigo el seco aroma del desierto. Parecía incluso mágico.

Por otro lado Liza no parecía tan interesada en comparación, con más ganas de llegar a ciudad Mayólica que otra cosa; miró por un momento hacia el limpio cielo y, por un instante, la pareció ver una pequeña nubecilla moviéndose rápidamente hacia el norte, aunque la dio la sensación de que en ella había algo más, como una especie de extraña figura que la cabalgaba, pero estaba muy alta como para distinguirlo con claridad.

-¿Y eso?-se preguntó para sus adentros.

Quiso abrir la boca para hablar y comentárselo a su hermano, pero en ese preciso instante algo pasó zumbando sobre sus cabezas a una velocidad endiablada y, al segundo siguiente, se desató de golpe y porrazo una intensísima tormenta de arena que les pilló completamente desprevenidos. Los diminutos granos de arena se clavaban en su piel como si fueran minúsculas cuchillas y cerraron los ojos por puro instinto, al tiempo que unos vientos anormalmente huracanados les azotaban en el proceso. Liza dejó escapar un súbito grito y notó cómo la boca se la llenaba de arena, haciéndola toser.

-¡Liza, no!-gritó Lucho, no muy lejos de donde estaba ella.

-¡Lucho! ¡Cof, cof!-tosió ella, sin poder ver nada.

Trató de enderezarse e ir hacia él, pero el viento era tan fuerte que la fue imposible avanzar, al tiempo que notaba cómo la arena incidía sobre ella haciéndola daño en el proceso. Oyó a su hermano gritar en la distancia, sus gritos eran opacados cada vez más por el aullido ensordecedor de la arena y el viento.

-¡Liza, ven hacia mi voz, estoy aquí abajo!

-¡No puedo, el viento es muy fuerte, no me deja! ¡Cof, cof!

Aun a pesar de que mantenía los ojos y la boca cerrados, la arena la azotaba en los brazos, parte de la cara y las piernas, produciéndola un dolor que nunca pensó que la arena haría, dejándola clavada en el sitio sin apenas poder moverse. El viento soplaba cada vez más y más fuerte, incluso la daba la sensación de que iba a salir volando en cualquier momento. Se echaba hacia delante para que éste no la arrastrara ni la hiciera caer, pero adquirió tal intensidad que no pudo hacer casi nada por mantenerse de pie y, en un momento dado, cayó al suelo.

El golpe fue amortiguado por la arena, pero lo peor vino después; el viento comenzó a arrastrarla como un periódico arrugado mientras la seguía haciendo daño, haciéndola rodar como una croqueta y llenándose de arena por todos los costados. No pudo evitar seguir tragando arena, asfixiándola un poco más. Trató de agarrarse a algo, pero no tenía donde, tan solo había arena y más arena a su alrededor siendo arrastrada por las intensísimas rachas de viento. Una angustia terrible comenzó a apoderarse de ella, empezando a dudar de si saldría de esta. Y, con ese pensamiento inundando su mente, no pudo más y perdió el conocimiento.


No supo cuánto tiempo había pasado ni si seguía viva siquiera, pero la impresión que sentía la decía que aún seguía respirando. La sensación de estar flotando todavía imperaba en su mente, aunque en un momento dado sus sentidos fueron regresando poco a poco, desperezándose en el proceso. En cuanto abrió los ojos pudo notar como algo de arena seguía en ellos, picándola sobremanera y restregándoselos para tratar de sacarla. La costó un poco y tuvo que usar algo de agua que llevaba en su bolso, el cual estaba hasta arriba de arena también. Sin embargo, en cuanto terminó de situarse, pudo ver un poco mejor dónde se encontraba.

El interior de la estancia era pequeño y redondeado, con una pequeña puerta al exterior frente a ella a pocos metros de distancia; desde donde estaba podía ver como la tormenta de arena seguía arreciando, pero se abstuvo al instante de salir de allí bajo ningún concepto. Las paredes y el techo estaban hechos de una piedra muy antigua que aun así se mantenía en pie, llamándola gratamente la atención. Se llevó la mano a la cabeza y descubrió que no tenía su gorra.

-Oh, no, se me debió caer cuando el viento me arrastró…-pensó ella, apenada.

En ese momento una figura familiar hizo acto de aparición surgiendo de unas escaleras cercanas que bajaban, haciéndola reaccionar de seguido nada más verla.

-¡N!

El aludido, al verla despierta, la saludó mientra se acercaba a ella.

-Liza… menos mal que estás bien, estaba preocupado…

-N… ¿tú me has salvado?-inquirió ella, poniéndose en pie y acercándose a él.

-No exactamente… sigilyph te encontró volando por el desierto y te trajo aquí-explicó el chico, mostrando a un pokémon que no había visto nunca.

Llena de curiosidad por el extraño pokémon que acompañaba al muchacho, sacó su pokédex, que milagrosamente seguía funcionando y libre de arena, informándose rápidamente.

-Sigilyph, el pokémon pseudopájaro; conserva recuerdos de cuando defendía cierta ciudad milenaria, por eso vuela siempre trazando la misma ruta. Ataca con su poder psíquico a los enemigos que invaden su territorio.

Al verlo N miró con mala cara al aparato, notándolo Liza enseguida y comentando al respecto.

-¿A qué viene esa cara? Sólo es una pokédex…

-Pues por eso mismo, porque es una pokédex…

-¿Y eso por qué?

Ante eso N no dijo nada y ella misma lo dejó estar, guardándosela de nuevo y aprovechando el momento para cambiar de tema.

-¿Dónde estamos exactamente?

-En el castillo ancestral, en la zona más alejada de la zona desierto. Había venido aquí a hacer varias investigaciones sobre el terreno cuando sigilyph te encontró tirada no muy lejos de sus dominios y te trajo hasta aquí-reveló el chico.

-¿El castillo ancestral?-repitió ella, extrañada.

-Sí ¿nunca has oído hablar de él?

La chica negó con la cabeza, no muy segura de qué decir al respecto.

-¿Te apetece hacer un tour guiado?-sugirió él en ese momento, particularmente animado.

-Me encantaría-aceptó la chica, encantada de verle tan contento.

Desde la torre en la que se encontraban, cosa que la reveló el propio N, bajaron por las escaleras cercanas hasta varias salas bajo tierra interconectadas entre sí mediante puertas y largos pasillos, todos muy ricamente decorados aunque invadidos por la arena del exterior, formando peligrosas arenas movedizas que evitaron en todo momento para no ser absorbidos por ellas. Mientras tanto, N la fue explicando detalladamente.

-Todas estas estancias son los restos de un milenario castillo que se levantó aquí como fortaleza de defensa, hace más de mil años. Antiguamente era una gran fortaleza que se alzaba orgullosa y presidía una antigua ciudad que la precedía, pero ya sólo queda la torre de afuera y estas cámaras subterráneas.

-Vaya… creo recordar algo de las clases de historia ¿no había aquí antes una antigua civilización previa a los primeros pueblos de Teselia o algo así?

-Así es, de hecho esa civilización que comentas fue la primera en habitar Teselia hace miles de años, mucho antes de que fuera fundada como tal, mucho tiempo después. De hecho sigilyph era su guardián y sige custodiando el lugar aunque a día de hoy no quede casi nada-añadió N.

El pokémon emitió un profundo gemido que resonó por todo el lugar, como si tratara de despertar algo que llevara largo tiempo dormido.

-¿Y cuándo fue destruido exactamente? ¿Antes o después de las Grandes Guerras? Si es tan antiguo…-inquirió Liza.

-Fue durante las mismas de hecho, el castillo se conservó en relativo buen estado aun a pesar del abandono de la antigua civilzación, pero el paso del tiempo y las constantes tormentas de arena han ido desgastando poco a poco su antiguo esplendor. Llegó a las Grandes Guerras relativamente intacto, pero éstas lo fueron destruyendo progresivamente, ahora sólo queda lo que vemos.

-Ya veo…

Continuaron recorriendo los pasillos y galerías que llevaban a espaciosas salas donde había guardadas antiquísimas vasijas y cántaros de todo tipo; la disposición de las mismas era caótica y de lo más laberíntica, pero N parecía conocerse muy bien el lugar, por lo que le siguió en todo momento mientras le seguía escuchando.

-Esta civilización previa a la Teselia más antigua vivía de la ganadería y la artesanía, fabricando sobre todo vasijas y objetos con arcilla, como has podido observar. Como ya habrás visto las tormentas de arena eran y siguen siendo constantes, por lo que vivir aquí era muy complicado. Aún no se sabe fehacientemente cómo pudieron sobrevivir tanto tiempo en semejantes condiciones, pero lo que dejaron atrás prevaleció junto a su memoria.

-Vaya…

Quiso decir algo, pero en ese justo momento oyeron unos súbitos sollozos provenientes de algún sitio cercano; Liza se asustó nada más oírlo, pero N la tranquilizó, siguiendo el sonido hasta encontrar la fuente del mismo. Y es que se trataba de una especie de pokémon que nunca había visto, era pequeño, de ojos rojos y cuerpo negro, y sostenía algo entre sus manos.

-¿Qué es eso?-masculló la chica, aún asustada.

-Tranquila, es sólo un yamask…

Nada más decirlo Liza hizo mano de nuevo de su pokédex para informarse rápidamente.

-Yamask, el pokémon espíritu; nació del alma de un humano enterrado hace milenios. Su máscara representa la cara que poseía cuando vivía, conservando recuerdos de su vida pasada. A veces se le saltan las lágrimas al contemplarla.

Una vez más N agrió su rostro al ver a la máquina, aunque ésta vez su reacción fue algo más airada, mascullando de seguido.

-¿Es que eres incapaz de no usar esa cosa constantemente?

-¿Eh? No, es que no lo conocía, por eso lo hago…

-¿Y tienes que usar ese trasto para hacerlo?

-Hombre, para eso sirve… ¿Qué te pasa, N, por qué no te gusta la pokédex? Si es super útil…

-Lo será para ti, pero yo tan solo la veo como un trasto inútil que no hace más que alejarnos de ellos. Si lo que realmente quieres es conocer a un pokémon, debes de interactuar con él.

Nada más decir eso, el chico se adelantó y se acercó al yamask, el cual seguía llorando amargamente contemplando su antiguo rostro, sin darse cuenta siquiera de su presencia; en cuanto N llegó a su lado el pokémon se sobresaltó, pero una sola mirada bastó para calmarle al instante. Se miraron a los ojos fijamente durante unos largos e interminables segundos en los que Liza pudo ver el mismo fulgor apasionado que llegó a ver tantas veces antes cuando hablaba sobre los pokémon y, en un momento dado, lo abrazó cariñosamente. El yamask se dejó hacer por él y siguió llorando en su hombro, dejando escapar todo lo que sentía. Por su parte Liza les observaba desde el otro lado de la estancia, visiblemente asombrada y entendiendo al instante a lo que el chico se refería.

En cuanto el pokémon se calmó N lo acarició y yamask se volvió a colocar la máscara en su cola, despidiéndose de él y desapareciendo en el interior del castillo; una vez solos, Liza se acercó a él al tiempo que el muchacho retomó sus palabras.

-¿Lo ves? Puedes conectar con un pokémon y saber más sobre él si le das amor y cariño. La pokédex no hace más que limitar ese acercamiento.

-Lo entiendo… aunque la forma en que te has dirigido a él, ese abrazo… eres increíble, N. Y todo lo que sabes acerca de éste lugar… está claro que te han enseñado muy bien ¿A qué colegio has ido?

Esa pregunta fue desencadenante y no hizo más que avivar antiguos recuerdos en lo más profundo en su mente, dejándose llevar por ellos como una marea ineludible.


Aun a pesar de las constantes idas y venidas por parte de su benefactor y protector, N no estaba sólo. Y es que aun a pesar de la enormidad y magnificencia de su nuevo hogar muchos de sus amigos habían estado haciéndole compañía y cuidándole como antes, pero ésta vez mucho más seguro y protegido del cruel mundo exterior. Tras los sucesos acaecidos con esos dos desalmados niños no quiso saber nada de ellos y se mantuvo en todo momento apartado de esa gente y su presencia, que no hacía más que atormentarlo cada vez que los recordaba. Sin embargo ahí estaban sus amigos para reconfortarlo, comprendiéndole mejor que nadie. Después de todo compartían el mismo dolor y sufrimiento, por lo que él no era ajeno a ese sentimiento. No tenía por qué seguir sufriendo. Ya no. Y su protector se encargaba de ello personalmente.

Por lo general estaba con él la mayor parte del tiempo, aunque a veces realizaba largos viajes en busca de nuevos objetos para él, así como para hacerles la vida más fácil dentro del palacio. A como lo habían encontrado antes, deteriorado e inestable debido al paso del tiempo, no se parecía en nada a cómo estaba ahora, brillando con luz propia gracias a los esfuerzos de ese hombre que tanto le había dado desde entonces. A veces le costaba recordar su tiempo pasado viviendo en los bosques, pero sus amigos siempre se encargaban de que no lo olvidara y que no le faltara de nada, aún cuando su benefactor no estuviera presente durante mucho tiempo.

Fue en uno de esos tantos viajes cuando su mundo se hizo un poquito más grande; sus amigos que vigilaban la entrada al palacio vinieron a avisarle y él corrió a su encuentro, particularmente emocionado.

-¡Señor, ha vuelto por fin!

Hacía ya unas cuantos meses desde su partida, aunque pudo estar solo sin problemas ya que tenía comida de sobra, además de la compañía de sus amigos. Se tiró a los brazos de su benefactor, el cual le cogió a tiempo.

-Epa, cuidado N…

-Le he echado mucho de menos…

-Y yo a ti, N…

El pequeño le cogió de la mano y se lo llevó a su habitación para que jugara con él un rato, ya que después de todo había pasado un tiempo desde la última vez que lo vio y anhelaba un poco su compañía; su protector jugó un rato con él, contentándole en cierta medida, pero enseguida se levantó con gesto solemne, anunciando entonces.

-Espera aquí, quiero que conozcas a unas personas.

N se quedó en parte intrigado, pero por otro lado no pudo evitar que algo de miedo se apoderara de él. ¿Quiénes serían esas personas? ¿Y a que vendrían? No pudo saberlo aun a pesar de sus esfuerzos por contestar a esas preguntas, sin embargo, y tras unos pocos minutos de espera, su benefactor hizo acto de presencia acompañado de muchas otras personas más a las que N apenas prestó atención, principalmente por miedo. Vio por lo menos a más de seis individuos que le miraban con gestos llenos de curiosidad, a lo que él respondió con algo de recelo y un incipiente nerviosismo que empezaba a hacer mella en él. ¿Por qué estaba aquí toda esa gente? ¿Qué querían de él? ¿Acaso iban a hacerle daño de alguna forma? No podía saberlo, pero también sabía que no podía fiarse de ellos. Su respiración comenzó a acelerarse junto a su corazón, sintiendo cómo sus nervios se apoderaban de él y una sensación de angustia comenzaba a aprisionarle el pecho.

Por un instante quiso correr y huir, pero de entre esa gran multitud cuyas intenciones desconocía destacaban dos mujeres, una de pelo rosado y ojos claros y otra rubia de ojos castaños que se acercó a él con gesto tranquilizador y amable. N trató de escapar, pero ella fue mucho más rápida y le estrechó entre sus brazos, cosa que le calmó sobremanera por alguna razón que no llegó a entender del todo. Notó cómo su respiración se normalizaba y su corazón se relajaba, al tiempo que esa opresión en el pecho se desvanecía hasta desaparecer. Algo reticente al principio, finalmente aceptó el abrazo de la muchacha, devolviéndoselo en con fuerza y terminando de tranquilizarse. En cuanto se separaron la chica esbozó una sonrisa y él se la devolvió, sintiendo entonces que podía confiar en ella.

Fue en ese momento cuando su protector le anunció.

-N, te presento a tu nueva familia. Están aquí para cuidarte, protegerte y, sobre todo, enseñarte. Aunque sé que te dije en su momento que yo mismo te instruiría, me temo que no voy a poder hacerlo todo yo solo, es por eso por lo que he buscado a estas personas para que me ayuden en tan importante labor. Todo ello para que puedas alcanzar tu destino. Debes estar preparado. Y ellos están aquí para contribuir en esa tarea.

-Señor…-le saludaron todas esas personas, inclinándose ante él.

N miraba la escena un tanto extrañado y sin entender del todo toda esa situación, sin embargo la atenta mirada de la mujer rubia le tranquilizaba mucho, por lo que de alguna manera supo que no había nada que temer.

Y no se equivocó por suerte, ya que a partir de ese momento tanto ellas como todas las demás personas se convirtieron en su familia y mentores en todos los ámbitos; de ésta forma comenzó a absorber conocimiento en muchos y variados campos, desde teología, matemáticas, ciencias, química, historia, astrología, además de otros aspectos como etiqueta, protocolo e incluso artes marciales y defensa personal. Y así se volvió un erudito, un alumno aventajado que destacaba en casi todas las materias y superaba todos los obstáculos.

-¿N? ¿¡N?!


Ése súbito llamado le hizo regresar a la realidad y vio entonces a Liza mirándole fijamente con gesto preocupado y con esos ojos azules tan profundos como el mar.

-N… ¿estás bien? ¿He dicho algo malo, te he incomodado?

-¡No! No, para nada, es sólo que…

El chico se quedó callado por un momento, como si le diera reparo continuar, a lo que ella murmuró.

-Oye, escucha, no quiero parecer una impertinente, pero supongo que no puedo evitar preocuparme por ti. Entiendo que tú no quieras decirme nada por simple apuro, y no tienes por qué hacerlo, pero quiero que sepas que yo siempre voy a estar ahí y te voy a escuchar pase lo que pase.

Las palabras de la chica movieron al muchacho como nunca antes algo lo había hecho en él, mascullando de seguido.

-¿Por qué? No lo entiendo ¿por qué tú…?

-¿Acaso no está claro? Porque me importas, N…

El gesto del muchacho se desencajó, como si no terminara de entender del todo lo que Liza le decía; sin embargo algo en su interior se calmó y, tras pensárselo rápidamente, comenzó a hablar.

-Desde que te conocí, sin razón aparente comienzo a recordar cosas de mi pasado. A veces son buenos recuerdos, otras veces, no tanto. En ocasiones no es algo que me importe, sobre todo cuando se trata de buenos recuerdos; pero otras veces, los malos recuerdos me atormentan. Con esto no estoy diciendo que me provoques cosas malas, no… pero… haces que me acuerde de mi infancia. Y nadie hasta ahora había conseguido algo así en mí. Eres… diferente.

Al escuchar todo eso la chica notó cómo una marea de sentimientos encontrados la azotaban; nunca antes el chico se había abierto así con ella y ahora sentía a N un poco más cercano, aunque por otro lado la afligía pensar que le causaba cierta aprensión al respecto. Lo último que quería era hacerle daño, y aun así él mismo la había confesado que se lo hacía de cierta forma. Eso la hizo sentirse un poco mal consigo misma, sin embargo agradecía inmensamente la sinceridad del muchacho, permitiéndola conocerle un poquito más.

Pero no podía quedarse callada al respecto, comentando de seguido.

-Entiendo… lo siento si alguna vez te hice daño sin proponérmelo, no era mi intención…

-Oh, no, no tiene importancia, es normal. Pero sí es cierto que suelo ser de los que se abstraen con facilidad. Soy demasiado soñador, lo sé.

Tras eso N miró al suelo, cabizbajo, como si le diera mucho reparo decir algo así y observando atentamente las ornamentaciones desgastadas del castillo. Por su parte Liza respondió sin vacilar.

-No tiene nada de malo ser un soñador… yo a veces también lo soy. Pienso en lo que puede pasarme en un futuro, en cómo será mi vida de aquí a unos años y me pongo a cavilar y hacer conjeturas. Me monto cada película yo sola…

N la miró fijamente con gesto interesado, como si se sintiese tremendamente identificado al respecto y murmurando de seguido.

-Tienes sueños, entonces…

-Claro, todos los tenemos ¿y tú?-inquirió ella, animada al respecto.

Ésta vez N se quedó callado, conteniéndose lo indecible por decirla todo lo que sentía. ¿Se lo diría? ¿Sería capaz de contárselo a ella, le diría sus más profundos anhelos? En otras circunstancias sería algo impensable para él, pero desde que la conoció todo parecía adquirir un nuevo espectro, como si la realidad cambiara. Miró a Liza a los ojos y supo entonces que podía contárselo. Y dejó escapar sus más inmediatos pensamientos.

-Por supuesto. Sueño con un mundo en que los pokémon vivan en plenitud, libres de todo mal; libres de las malditas poké ball y de las manos despóticas de entrenadores y personas infames que no hacen más que herirlos y someterlos a su voluntad…

Al oír tanto sus palabras en sí y el tono con el que las dijo Liza se asustó un poco, murmurando de seguido.

-¿Qué? Pe… pero N…

-Y más cosas te diría… pero no, no quiero, porque si te las digo creerías que estoy loco…

-No, N, yo no creo que estés loco para nada…

-¡Eso no lo sabes! Liza, no quiero que te lleves una mala imagen de mí… no quiero dejar de verte ni de hablarte…

-¡Yo tampoco! ¡No tenemos por qué hacerlo, N!-exclamó la chica, algo extrañada por su comportamiento.

Se miraron a los ojos durante unos escasos segundos que parecieron una eternidad; en un momento dado el chico los cerró y soltó.

-No debí habértelo contado.

-¿Por qué? Tienes derecho a expresar lo que piensas…

Ante eso el muchacho no dijo nada y se apartó un poco de ella con gesto reservado, como si se arrepintiera profundamente de lo sucedido. En cuanto a Liza se refería trataba de poner en orden sus más inmediatos pensamientos, siendo el primero el más importante de todos, por lo que le preguntó con gesto tranquilo y determinado.

-N… ¿tú estás de acuerdo con el equipo Plasma?

El chico reaccionó y la miró fijamente, como si no se esperara para nada semejante pregunta; Liza aprovechó entonces para añadir.

-Se supone que son activistas pacíficos, se venden como tal, pero sus palabras no casan para nada con sus acciones, he visto con mis propios ojos cómo robaban a los demás por una causa aparentemente noble justificándola como lo correcto a sabiendas de sus propias acciones. Eso no puede ser noble ni justo. No sé qué es lo que quieren, pero sí sé algo. Que no son como tú.

Eso pareció hacer reaccionar a N, el cual siguió en silencio, casi afirmándolo como tal.

-N… necesito saberlo. ¿Estás de acuerdo con el equipo Plasma?

No era su intención presionarle ni nada parecido, pero era algo necesario que debía saber para poder ayudarle. Porque lo único que quería era que fuera feliz. Se lo merecía después de todo. Y claramente estaba muy influenciado por esa gente. Quería ayudarlo, hacerle ver otros puntos de vista. Sacarle de ahí.

El chico suspiró y finalmente se pronunció al respecto, aunque un poco bastante a trompicones y visiblemente nervioso.

-Yo… no lo sé… desde que te conocí a ti y a tu hermano… veo las cosas con más dificultad… intento poner orden en mis pensamientos, pero apenas puedo y yo… yo… no sé qué hacer…

Fue entonces cuando el chico comenzó a temblar y respirar con dificultad, a lo que Liza respondió al instante como mejor podía hacer. El abrazo fue directo, breve pero intenso, calmándolo casi al instante. N se quedó estático y con la cara desencajada, al tiempo que notaba cómo su mente se calmaba, pero su corazón se agitaba, pero por otra razón completamente diferente que no alcanzó a comprender siquiera.

Fue entonces cuando Liza se apartó de él y le miró con gesto cariñoso, al tiempo que le decía.

-N, no todo en esta vida es blanco y negro.

Esa frase le hizo reaccionar y, por primera vez desde que salió de viaje, vio las cosas un poco más claras. Ella le dedicó una sonrisa y él se la devolvió, sintiéndose mucho mejor y disfrutando de su compañía. Sus corazones latieron al compás, volviéndose uno solo.


Mientras tanto, Lucho atravesaba a toda prisa el desierto tratando de encontrar a su hermana. La tormenta de arena había amainado, pero ahora seguía soplando igual que siempre. Él se libró por los pelos de la sacudida inicial al caerse en uno de los fosos de excavación, pero le fue imposible salir de allí hasta que la tormenta decreció en intensidad, teniendo que esperar al menos media hora. Entre medias incluso le pareció ver algo volando por encima de él al caer, pero fuera lo que fuera eso ya no estaba allí.

Sin embargo eso no le importaba, puesto que la prioridad era encontrar a su hermana lo antes posible. Pero con la tormenta arreciando y la visibilidad reducida poco podía hacer al respecto.

-¡Liza, Liza!-la llamaba, sin resultados. Su voz se extendía apenas por la arena sin ser respondido. En ese momento llegó tranquill.

-¡Tranquill! ¿Has visto a Liza?

El pokémon volador, un tanto sucio debido a la arena, negó con la cabeza mientras trataba de mantenerse estable ante las constantes rachas de viento.

-Está bien, tranquill, vuelve.

Había tratado de llamarla con el videoemisor pero no cogía la llamada. Debido a esto iba todo lo deprisa que podía, pero la arena y la tormenta no daban tregua de ninguna manera.

Todavía no entendía de dónde había salido esa tormenta, aunque le escamaba lo repentina que fue, sobre todo teniendo en cuenta lo calmado que estaba todo esa misma mañana. Era todo muy extraño, pero no tenía tiempo para especulaciones. Debía encontrar cuanto antes a su hermana. Sólo eso le importaba en esos momentos.

Continuando su camino hacia el norte y obviando la autopista hacia el este de su posición ¾ cosa que no podía confirmar al cien por cien por desgracia¾ se encontró con algo familiar enterrado en la arena, parándose por un momento y escarbando en ella hasta sacarlo, descubriendo entonces la gorra de su hermana.

-No… Liza, por favor, que estés bien-pensó él, angustiado.

Pensar en que la podría haber pasado algo malo le hundía el corazón; se guardó la gorra y continuó la búsqueda a través de aquel mar de arena que parecía no tener fin. Aunque no lo pareciera, y logrando consultar el mapa, ya estaba cerca de ciudad Mayólica, cosa que pudo confirmar en cuanto vio a pocos kilómetros de distancia la intersección en forma de T elevada de la propia autopista, logrando distinguirse entre el viento y la arena imperantes.

Pensando en que tal vez Liza pudiera estar allí al poder usarse a modo de punto de referencia, Lucho apretó el paso todo lo que pudo y, tras una larga caminata que se le hizo eterna, llegó hasta la intersección y se refugió bajo ella. A partir de ahí pocos kilómetros lo separaban de la ciudad. Sin embargo no se quería ir sin su hermana, la cual no apareció.

-Liza…no, no… por favor…-masculló entre dientes, notando como las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos.

Se sentó en el suelo apoyándose en uno de los pilares de hormigón que sostenía la intersección y, por un instante, esperó, sin poder evitar sentirse impotente. Su hermana había desaparecido. No sabía si la iba a volver a ver. Comenzó entonces a sentir una opresión en el pecho, pero entonces, en ese justo momento, le pareció oír una voz en la lejanía llamándole.

-Lucho… ¡Lucho! ¡Lucho!

Alzó la mirada y entonces la vio, a pocos metros de distancia y andando hacia él atropelladamente.

-Li… Liza… ¡Liza!

Se levantó como un resorte y corrió a su encuentro, fundiéndose los dos en un fuerte y sentido abrazo lleno de alivio y tranquilidad.

-¡Oh, estás bien, estás bien, menos mal, por un momento pensé que… que…!-masculló el chico, aún algo angustiado.

-Tranquilo, estoy bien, el viento me arrastró pero conseguí ponerme a salvo gracias a un sigilyph que me encontró…-explicó ella, atropelladamente.

-Gracias al cielo… para que luego los imbéciles del equipo Plasma digan que los pokémon no quieren saber nada de nosotros…

-Pues ya ves…

Ante eso los dos compartieron una risita y siguieron abrazados un buen rato más, sobre todo Lucho, como si se quisiera asegurar que era su hermana de verdad y no una alucinación debido al calor. Una vez que estuvieron más tranquilos se separaron y él aprovechó para devolverla la gorra, poniéndosela enseguida.

-¡Ah, genial, ya la daba por perdida! Gracias, Lucho…

-Ah, ya ves tú… aunque eso sí, tú no te me vuelves a ir, sujétate a mí bien fuerte-indicó el chico contundentemente.

-Tranquilo, chico duro, que sé que has llorado por mí…-murmuró ella, divertida.

-¡No, si quieres bailo y canto un blues! ¡Agarradita y sin perderte!

-Vale, vale, lo que tú digas… hombretón.

Lucho la miró con desdén y ella se rió divertida mientras comenzaban a andar hacia el norte hacia ciudad Mayólica. La tormenta de arena seguía azotando con menos fuerza, pero ya les dio igual.


¡Y retomamos Pokémon! ¡Por fin, dios, lo que me ha costado sacar sobre todo la parte en la que Lucho y Liza se separan! No sabía muy bien cómo abordarlo y me tuvo unos cuantos días un tanto parado sopesando maneras, ya que en el original ocurría muy por simple conveniencia, pero finalmente logré dar una razón de peso y justificada además siguiendo el lore de la propia franquicia. Y sí, son quienes vosotros pensáis que son, pero seguramente no les de mucho foco hasta la secuela, pero bueno, tampoco quiero adelantar muchos acontecimientos.

Por otro lado tenemos el nuevo encuentro de N y Liza, ligeramente retocado y con un añadido extra que no estaba en el original. Y sí, están muy acaramelados, tal vez no tarden mucho en dar el paso, quien sabe... El recuerdo también está inalterado, y veremos más cosas en los siguientes capítulos, eso por descontado.

Y eso es todo de momento, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!