Junio, 2019.

Desde que Jeanne recibió fotos de Rosalie por correo electrónico, estaba en un estado de tal desesperación que apenas lograba pensar con coherencia. Y fue ese actuar errático el que la llevó a seguir a Oscar, sin notar que otro automóvil a su vez la seguía a ella. El sentimiento de impotencia que comandaba sus actos, la hizo pensar en que esa policía quizás podría ayudarla, perder su libertad le daba lo mismo. Su hermana la necesitaba.

Llegando a un elegante barrio residencial se detuvo a una distancia prudente, observando en todo momento el automóvil de Oscar. Apretó el volante hasta que los nudillos se le pusieron blancos cuando vio a qué casa se dirigía la oficial de policía. Esa mujer tenía todo lo que ella siempre quiso. Cerró los párpados con fuerza unos segundos, preguntándose si su orgullo pesaba más que el amor por la única familia que le quedaba. Dando una honda bocanada de aire, abrió los ojos y descendió del auto dispuesta a correr hacia la espigada rubia, antes que ésta entrara a la lujosa casona que abría sus verjas para recibirla.

En un reflejo innato, sacó su arma y la apoyó contra quien, en segundos, la estrelló contra la puerta del auto del que acababa de descender. Mordió con fuerza la mano que le cubría la boca.

-¡Mierda!- se quejó Bernard sin siquiera notar el arma que se apoyaba contra su pecho. Sí, su estado también era muy cercano a la enajenación.

Retrocedió un paso y alzó las manos cuando Jeanne le apuntó al rostro. Recién ahí se dio cuenta del arma.

-Tranquila- dijo con calma el periodista -Puedes confiar en mí, no te delataré.

-¿Quién eres?- Jeanne movió la cabeza para que su lacio cabello negro dejara de dificultarle la visión. Su diestra seguía afirmando el arma.

-Necesito saber si Rosalie está contigo.

Jeanne agarró la tela de la camisa del hombre, y tomándolo del pecho lo acercó a ella. El cañón de su arma apuntando a la mejilla del periodista.

-¿De dónde conoces a mi hermana? ¿Cómo diste conmigo?- apretó el arma contra la piel de Bernard, este seguía con las palmas en el aire -¡Habla!

-Tranquila, déjame sacar mi teléfono del bolsillo.

-Ni lo sueñes- entrecerró los párpados -¿Cómo sé que no eres escolta de esa policía?

-Conozco a Oscar, pero es contigo que quiero hablar, por eso te seguí. Rosalie es mi novia. Vivíamos juntos hasta antes que desapareciera- la voz se le quebró -Ella no se habría ido sin hablar conmigo. Sé que algo le pasó.

Jeanne lo soltó y, acto seguido, golpeó la frente del periodista con la empuñadura de su arma.

-Es tu culpa, no la cuidaste- murmuró mientras lo veía caer al suelo.

Cuando Bernard abrió los ojos, estaba en lo que parecía ser un callejón y tenía las manos atadas con cintas plásticas. La cabeza le palpitaba. Se sentía aturdido. Al enfocar la vista, Jeanne estaba acuclillada frente a él, reconoció su teléfono. Sin mediar palabras, la mujer le agarró el dedo pulgar para desbloquear el aparato.

Apenas estuvo la pantalla activa, Jeanne desactivó la ubicación por GPS. Registró el aparato en silencio. Sintió una punzada en el pecho cuando vio fotografías de su hermana y Bernard. Ambos se veían felices. Rosalie parecía brillar. Al parecer lo que decía ese hombre era cierto y pese a que no lo conocía, ni sabía de la relación que mantenía con su hermana menor, no tenía más opción que creerle.

-¿Cuándo fue la última vez que la viste?- le preguntó apagando la pantalla del celular.

-La mañana en que la Polignac sería formalizada.

-Maldición- murmuró Jeanne. Era el mismo día en que ella la había visto -Dijiste que conoces a la policía que seguía, ¿por qué no están buscando a mi hermana?- inquirió.

-Hice la denuncia, pero…- Bernard calló durante unos segundos, pues ciertamente no estaba en las mejores condiciones para confesarle a Jeanne por qué Oscar pensaba que Rosalie había huido. Decidió manipular la información a conveniencia, como más de un periodista acostumbra a hacer -No estamos en buenos términos, hasta ahora no ha hecho caso a mis sospechas.

Jeanne maldijo y tiró el celular de Bernard al piso. Sacó el propio y buscó un archivo. Tomando a Bernard de la mandíbula lo obligó a mirar la pantalla. Los ojos del hombre se humedecieron al ver la imagen. Rosalie estaba desnuda y tirada sobre una cama. Sus hermosos ojos abiertos parecían perdidos, la mirada vacía.

-Esto pasó porque no la cuidaste- lo culpó -Ese maldito hijo de puta tiene a mi hermana, por tu culpa- continuó pese a saber que quizás, el hombre que estaba tan consternado como ella, no tenía nada que ver. Pero no le importó, necesitaba culpar a alguien.

-Perdón, yo no lo sabía…- murmuró Bernard desviando la vista -Jamás la habría dejado sola…-la mano de Jeanne lo forzó a mirarla de frente.

-Me vas a ayudar a encontrarla- lo soltó bruscamente. Se alejó y comenzó a caminar.

En esos momentos, Bernard se dio cuenta que seguían cerca de la casa de los padres de Oscar, y que la mujer lo había arrastrado solo hasta una callejuela del barrio. Jeanne volvió con algo en las manos. El brillo de la hoja lo hizo pestañear. Sin mediar palabras le cortó las amarras de las muñecas.

-Sígueme- le dijo sin siquiera voltear en su dirección -Tengo que deshacerme de tu auto. Usaremos el mío de aquí en adelante.

Bernard decidió hacer lo que la mujer le indicó sin decir una palabra. Necesitaba encontrar a Rosalie a como dé lugar. Después de ver la imagen que Jeanne le mostró, todo lo demás había perdido importancia. Con la certeza de que la policía nada haría para ayudarlos, comenzó a fraguar un plan. Encontraría a su novia, aunque se le fuera la vida en ello. Después, cuando su preciosa Rosalie estuviera nuevamente en sus brazos, le pediría perdón de rodillas si era necesario por cómo había comenzado todo entre ellos.

-o-

La mesa de la casa de los Jarjayes estaba llena y, a diferencia de la última comida multitudinaria, donde el patriarca comunicó su enfermedad, en esta ocasión las caras eran alegres y esperanzadas. El tratamiento disminuyó los restos de células cancerígenas que quedaron tras la cirugía y, por consecuencia, habían disminuido en gran medida los dolores que aquejaban al director.

Teniendo en consideración lo favorable de ese nuevo escenario, Oscar sonrió al ver como su padre parecía estar con mejor semblante. Bebió un sorbo de vino y, por primera vez, en semanas, sintió la sedosidad de la bebida como algo más que un anestésico. Dejando las llaves de su automóvil sobre el comedor, le pidió a quien les servía la cena que le rellenara la copa. Le guiñó un ojo a su padre cuando este la observó alzando una ceja de forma interrogante.

-Estoy celebrando lo bien que te ves- contestó a la pregunta no formulada, pero que sabía muy bien hacía referencia a las copas de champaña, bebidas de aperitivo, y a las dos copas de vino que ya llevaba en el cuerpo -Además, dejaré aquí mi auto.

-Hija, planeo comenzar a retomar mis funciones- Regnier ignoró la molesta mirada de su esposa -Mañana me reuniré con Bouillé para las formalidades- se echó a la boca un trozo del exquisito pato a la naranja, la estrella del menú de esa noche. Masticó despacio y disfrutando el sabor, esa nueva oportunidad que la vida le estaba dando lo tenía jubiloso.

-Papá…- Oscar intentó mediar. Calló cuando la mano de una de sus hermanas se posó sobre su antebrazo. Volteó hacia Hortense, que era quien la detuvo. La mayor de las Jarjayes negaba con la cabeza -Bueno, veo que es algo que ya han conversado- bebió más vino -Para variar, soy la última en enterarme- dijo con ironía mientras pedía le rellenaran la copa nuevamente.

-Eso ganas por ser tan parecida a papá- bromeó su hermana Marie Anne, desde el otro lado de la mesa -Ya discutimos antes de que llegaras, nadie quiere hacerlo nuevamente.

Oscar asintió con un seco movimiento. Frunciendo el entrecejo se llevó un trozo de carne a la boca. Ya hablaría con su padre cuando estuvieran a solas, era una locura que retomara sus funciones tan pronto, pero su hermana tenía razón, tampoco era buena idea discutir con él.

Después del postre, rechazó el café que le ofreció su madre y comenzó a despedirse. Estaba adormilada y pretendía llegar en esas condiciones a su casa. Quizás, si tenía suerte, lograría dormir profundo y sin sueños. Mientras se colocaba la chaqueta que dejó colgada en el recibidor, su padre se acercó desde atrás.

-Hija, me gustaría conocer a André de una manera más personal.

Oscar cerró los ojos, no quería conversar de eso, menos cuando aún le dolía la separación.

-Sabes que tengo muy buena opinión de él en lo profesional, pero, eres mi hija, quiero también saber quién es el hombre que logró conquistarte.

-Papá…- volteó hacia él esforzándose en relajar los hombros. Sentía sus movimientos lentos, incluso torpes debido al sopor que el licor le brindó -Ya no estamos juntos.

-Hija…

-No es algo de lo que quiera hablar en estos momentos- se acercó y le dio un beso en la mejilla -Me alegra ver que estás mejor. Mañana te llamo para que tomemos un café, y hablemos de tu regreso al trabajo.

El hombre asintió sin ganas de discutir, reconocía su temperamento en su hija y sabía muy bien, que el tema de su reincorporación no estaba zanjado.

-Dile a mamá, que antes del mediodía, vendré por mi auto.

-Una de tus hermanas puede llevarte ahora.

-No es necesario.

Tras decir esas palabras, Oscar salió de la casa. Mientras caminaba por el amplio jardín encendió un cigarrillo. Pensó en André: compartir la oficina con él estaba siendo más difícil de lo que imaginó. Día a día, una parte de ella deseaba que le brindara la hermosa sonrisa que tan bien conocía, quería volver a hablar con él con la confianza de antaño, pero, al mismo tiempo, no quería acercarse demasiado. No se sentía segura de sus reacciones, más aún cuando, bastante seguido, se sorprendía a sí misma mirándolo sin que él se diera cuenta. Y las noches, eran otro problema, soñaba habitualmente con él, con el tiempo que estuvieron juntos, con los planes trazados y, lo peor, es que despertaba casi a diario acalorada, al revivir en sueños experiencias compartidas en la cama. Sí, era un suplicio verlo día a día.

There is freedom within
There is freedom without
Try to catch the deluge in a paper cup
There's a battle ahead
Many battles are lost
But you'll never see the end of the road
While you're travelling with me

Cada vez tomaba más relevancia la inquietud de haberse equivocado, pues ahora, que las cosas comenzaban a calmarse en su trabajo y familia, volvía a sentir la calidez en el pecho que André le provocaba. Quizás todo lo ocurrido y sus reacciones limítrofes, eran producto de una mala gestión de emociones y poca tolerancia al estrés. Quizás no era tan dura e independiente como creía. Quizás no era tan cínica ni trabajólica. La verdad le cayó como un rayo: lo extrañaba.

Al cruzar la reja de la propiedad, tomó su teléfono y pidió un Uber. En la acerca, y mientras esperaba que pasaran por ella, encendió otro cigarrillo. Cada calada le ardió en el pecho. Con el razonamiento bastante nublado, apenas subió al automóvil, y en un ataque de impulsividad, cambió su destino y le indicó al chofer llevarla al barrio latino. Al llegar, entró al primer bar que encontró y pidió un shot de tequila. Necesitaba valor líquido para lo que pensaba hacer.

Cuando ya eran cuatro los pequeños vasos de cristal ordenados frente a ella en el mesón del bar, obviamente todos vacíos, pagó la cuenta. Con un cigarrillo en los labios comenzó a caminar. Sus pasos la llevaron al portal que conocía de años. Sacó de su bolsillo el llavero y miró las llaves que aún no devolvía. Abrió la reja de acceso y subió las escaleras.

Hey now, hey now
Don't dream it's over
Hey now, hey now
When the world comes in
They come, they come
To build a wall between us
We know they won't win

Frente a la puerta de André meditó por unos segundos qué hacer. Su estado de intemperancia le dio el valor para meter la llave en la cerradura. El departamento estaba a oscuras y en silencio. Miró la hora en su celular, pues los números de su reloj de pulsera le parecieron demasiado pequeños. Era más de medianoche. Caminó hacia la habitación, él no estaba.

Fue por una botella de agua a la cocina y la bebió sentada en el sillón de la salita. En la penumbra observó el departamento que no pisaba hace semanas. Todo estaba tal y como lo recordaba. Se acomodó en el sillón a esperar a que él llegara y cerró los ojos por un momento. Cuando los abrió, habían pasado más de dos horas y continuaba sola. Con la cabeza bastante más despejada, se preguntó qué era lo que realmente estaba haciendo ahí: no pudo encontrar una respuesta coherente. Estaba siendo infantil e invasiva, había entrado a un lugar donde no estaba invitada. De pronto escuchó voces en las escaleras, un hombre y una mujer reían.

Now I'm towing my car
There's a hole in the roof
My possessions are causing me suspicion
But there's no proof
In the paper today
Tales of war and of waste
But you turn right over to the TV page

El corazón comenzó a latirle a toda velocidad en el pecho. ¿Qué haría si él llegaba acompañado? ¿Reclamarle? ¿Con qué excusa? ¿Justificarse por estar ahí? ¡¿Con qué cara?! Nerviosa esperó que las voces se detuvieran en la puerta, mas cuando siguieron de largo, salió del departamento a toda velocidad. Mientras bajaba las escaleras casi corriendo, una nueva verdad le laceró el pecho, sí él no estaba a esa hora en casa, y ella sabía que no tenía guardia, era porque salió a divertirse y, por consiguiente, también existía la posibilidad de que llegara acompañado… y ella había estado ahí, en medio del salón y aun medio borracha. Nunca se sintió tan ridícula.

-o-

Tratando de aplazar la resaca que le estaba partiendo la cabeza, Oscar salió del cuartel a media mañana con dirección al café de siempre. Masculló una maldición cuando vio a la bonita muchacha de cabello negro que salía del lugar al tiempo que ella entraba. Esa odiosa enfermera le aparecía hasta en la sopa. Pese a que la chica se detuvo para saludarla, la ignoró. No estaba de humor para fingir buenas costumbres cuando apenas se estaba tolerando a sí misma.

Con el vaso de café en la mano volvió al cuartel. Apoyada en el capó de uno de los autos de servicio, llamó a Girodelle. Dando pequeños sorbos a la bebida escuchó lo que su amigo le informó casi en clave debido a la informalidad que ella misma había pedido. Un pasaje a nombre de Rosalie fue comprado el día que Bernard la vio por última vez. Pero, pese a que el ticket fue usado, hasta esa mañana, Víctor no encontraba indicios de la muchacha en el aeropuerto. Oscar agradeció la información y se despidió.

Antes de efectuar una segunda llamada, encendió un cigarrillo y marcó el número de Fersen. Sonrió ante el saludo siempre efusivo del sueco, pues pese a que ya no provocaban nada en ella las palabras "preciosa" o "mi rubia debilidad", su buen humor era contagioso. Le pidió ayuda para averiguar si Rosalie desembarcó en el destino. Se despidió apresuradamente al ver ingresar al estacionamiento a André en un automóvil de servicio. No lo había visto en lo que iba de mañana. Miró su cigarrillo: estaba a medio terminar. Estuvo tentada de tirarlo al suelo y alejarse, pero no lo hizo.

Se arrepintió en cuanto él caminó en su dirección. Llegando junto a ella, y sin siquiera saludarla, sacó un cigarro y se inclinó. Oscar, por inercia, dejó que lo encendiera con el que ella aún tenía entre los labios, íntima acción que comenzaron a hacer mientras estaban juntos. La repentina cercanía hizo que se perdiera en el aroma que él desprendía: no había rastros de una noche de fiesta, olía a fresco, limpio y las notas amaderadas de su perfume confundiéndose con su piel. Las rodillas se le doblaron mientras se avergonzaba de sus ojeras y mal semblante.

Now I'm walking again
To the beat of a drum
And I'm counting the steps to the door of your heart
Only shadows ahead
Barely clearing the roof
Get to know the feeling of liberation and release

Recurriendo a toda su fuerza de voluntad lo miró de frente. Notó que no se había afeitado esa mañana, y esa barba descuidadamente cuidada le sentaba de maravillas. Se sobresaltó cuando él apoyó una mano en el auto, encerrándola.

-Fuiste a mi casa- le dijo sin rodeos y mirándola a los ojos.

-Sí- Oscar botó la colilla al piso y lo aplastó con el taco de sus botines, en un intento de evitarlo.

-¿A qué fuiste? Se supone que entrarías sólo si decidías continuar conmigo... en eso quedamos.

Ella no fue capaz de contestar, pues ahora, sin todo lo bebido, no le encontraba sentido a su actuar.

-Me está aburriendo este juego- habló André expulsando el humo con fuerza al ver que ella no contestaba.

-Nadie está jugando- lo desafió con la mirada pese a saber que él tenía toda la razón.

André dio un paso hacia atrás y se peinó el cabello con la mano que tenía libre. Oscar aprovechó de tomar el vaso de café y bebió un trago.

-¿Cómo vas con los casos que te asigné?- le preguntó cambiando el tema.

-¿Esos que están al otro lado de la ciudad para mantenerme lejos?- ironizó André.

-No sé de qué hablas- levantó el mentón -Nunca he confundido lo profesional con lo personal.

-Eso pensé por años, pero ya no te conozco- la miró con la mandíbula apretada al punto que la tensión se le marcaba en la piel -Desde que me reintegré, me rehuyes- los ojos verdes refulgieron molestos -Y en cuanto a jugar, sí que lo haces. Anoche te metiste en mi casa. ¿A qué fuiste? Y deja de dar evasivas- insistió.

-Yo…

-Ya veo… Simplemente tenías ganas de un revolcón- la pinchó.

-No me hables así- Oscar apretó el vaso de papel que ya estaba vacío -¿Cómo te atreves?- la voz le tembló pese a que intentó ser dura.

-Me atrevo- continuó serio -Porque pese a que he respetado tus tiempos, ya no sé quién eres ni entiendo qué pasó. Un día me dices que me amas al punto de no resistir perderme y después, me haces a un lado como si nada.

-Lo sabes, te dije que estoy con muchos problemas en estos momentos.

-Lo que sé, es que eres una egoísta insensible que se preocupa sólo por sí misma.

Oscar abrió la boca sin saber muy bien qué contestar. Nunca lo había visto tan molesto ni la había tratado así. Y lo peor de todo, es que él tenía razón.

Hey now, hey now
Don't dream it's over
Hey now, hey now
When the world comes in
They come, they come
To build a wall between us
You know they won't win

André retrocedió con la intención de retirarse, tirando lo que quedaba de su cigarrillo al suelo. No obstante, aún no lograba superar la rabia que llevaba días quemándole las entrañas, por lo que volvió al ataque.

-De haberte quedado anoche, habrías visto que llegué solo. Porque sé que quieres saberlo- al ver que las pálidas mejillas se sonrojaron levemente, supo que tenía razón.

La amaba y ya no sabía qué más hacer, para que ella saliera del bucle en el que se había metido. Necesitaba hacerla entrar en razón antes de que todo se fuera definitivamente al diablo. Se acercó nuevamente.

-Oscar- esperó que ella lo mirara -Si en algo me respetas, deja de dar señales erróneas. Mi paciencia no es infinita. Eres una mujer consecuente en todo, te desconozco.

Ella le sostuvo la mirada sin decir ni una palabra. Los segundos haciéndose eternos en esa muda batalla. Finalmente desvió la vista, él estaba en lo cierto: sus actos le quitaban toda consecuencia y concordancia a sus palabras. Se sintió errática y voluble. ¿Qué diablos pasaba con ella? Sin armas para defenderse, una vez más, se refugió en su trabajo para cambiar de tema, cayendo en cuenta que el límite que había construido entre su vida personal y laboral, ya no existía. Y André lo supo antes que ella.

-No es el momento para hablar de nosotros, hagámoslo fuera de aquí, por favor- le pidió -Ahora, ve a la oficina y deja sobre mi escritorio los avances de los casos. Al mediodía tendremos una reunión para revisar todo lo pendiente- tomó su celular y fingió marcar un número de teléfono esperando que él se marchara.

Cuando notó que André ya no estaba cerca, se restregó el rostro con fuerza. Nada de lo que hacía tenía sentido. Sin ganas de entrar al cuartel, salió en busca de un taxi para ir a retirar su automóvil.

Tardó más de lo esperado debido a que se encontró con su padre, que llegaba de la reunión con Bouillé. Pese a compartir seguido con él durante el último tiempo, le pareció demasiado delgado al verlo en uno de sus habituales trajes. Sintiendo una inexplicable fragilidad en su pecho, lo abrazó con fuerza. Hizo a un lado cualquier reproche y aceptó el café que él le ofreció.

Su madre se les unió en la terraza. Oscar observó todo como si se quitara un velo de los ojos: su padre miraba con adoración a la mujer que llevaba acompañándolo durante décadas. Algo había cambiado en él. Las pronunciadas arrugas que le rodeaban los ojos, ahora se hacían presente debido a las risas en lugar del enfado. Las grandes y duras manos, eran delicadas al tocar los mechones de cabello de Georgette que el viento mecía. Junto con la felicidad de verlos así, un sentimiento de añoranza se hizo espacio en el pecho de Oscar. Se dio cuenta de que extrañaba esa mirada de André. Porque sí, la verdad cayó como un balde de agua sobre su cabeza, él la amaba con todo su ser… y ella a él.

¿Cómo diablos había echado todo a perder? La garganta se le cerró, como si un puño la ahorcara. Los ojos se le llenaron de lágrimas.

-¿Hija? ¿Estás bien?- preguntó Georgette, intuitiva como toda madre.

-Sí… sí- se puso de pie. Se despidió de ambos con un beso en la mejilla, pero, en el caso de su padre, además le dijo -Si quieres regresar al trabajo, prométeme que lo harás a tiempo parcial. Debes cuidarte.

-Sí, mi teniente- bromeó Regnier.

Oscar tomó las llaves de su automóvil y, mientras esperaba que la verja de la casona familiar se abriera, envió un mensaje a André:

"¿Puedes reunirte conmigo en el café de siempre? Por favor"

Con el corazón latiéndole a toda máquina esperó la respuesta. Un escueto "Ok" apareció en la pantalla.

-o-

Bernard llevaba toda la noche frente a un computador, siguiendo las instrucciones de Jeanne y escondido en un hotel de mala muerte. Los ojos le quemaban, y no era por la falta de sueño o exceso de computador. Eran las imágenes y videos que llevaba horas mirando, atento a cualquier pista que le indicara dónde podía estar Rosalie. Jeanne lo observaba curiosa, pues cada gesto del periodista describía decenas de contradicciones en su interior, todas a punto de explotar en cualquier momento.

La desesperación de Bernard aumentaba mientras más atrocidades veía en la pantalla. No había mínimo de edad de las víctimas de comercio sexual, sin embargo, recurrió a su alma de periodista y siguió. Después de todo, ¿no era eso el periodismo? Buscar y buscar hasta encontrar y, aunque lo que buscaba no quisiera ser encontrado, los años de carrera le enseñaron que había que tirar de cualquier hilo que permitiera llegar al objetivo.

Jeanne comenzó a pasear por la habitación, los tacones enterrándose en la sucia moqueta que cubría el piso. Algo en las entrañas le decía que no tenía tiempo. Nicolás sabía cómo lastimarla, y eso era lo que más lamentaba: que la conociera tanto. El haberle mandado esas fotos el día anterior era la mejor prueba. El malnacido de la Motte esperó el tiempo preciso, para generar falsas esperanzas en Jeanne. La dejó creer por días, que no tenía que ver con la desaparición de Rosalie, para luego asestar el golpe con maestría. Miró la pantalla del computador de reojo.

-Detente- le dijo a Bernard y se acercó -Es esa la habitación- apuntó la pantalla, una joven de menos de quince años, posaba de manera sugerente en el centro de una cama.

-Es en tiempo real- murmuró el periodista al ver el temporizador ubicado en el extremo inferior de la pantalla. -La están subastando.

-Entra a la puja- ordenó Jeanne -Y no pares hasta que seas el primero.

-Pero…

-Del dinero me encargo yo.

Cuando la subasta se cerró, el falso usuario creado por el periodista recibió en su cuenta la información de donde transferir. Jeanne hizo un llamado telefónico y entregó la información a quien la atendió al otro lado de la línea. Cuando la transferencia se hizo efectiva, los datos para el encuentro aparecieron en la pantalla. Tomaron rápidamente nota, pues, como bien sabía Jeanne, en minutos todo rastro sería borrado. En seguida tomó el arma que tenía sobre la mesa, y la guardó en la cinturilla de su pantalón. Sacó otra de un cajón y se la pasó al periodista. Ambos salieron del lugar lo más rápido que sus piernas les permitieron.

-o-

André, que aprovechado la ausencia de Oscar delegó en Alain sus pendientes para ir a la casa de su amigo, arrugó el entrecejo al leer el mensaje de Oscar; estaba cansado de discutir y vivir en ascuas, por lo que, fuera lo que ella tuviera que decir, era mejor zanjarlo de una vez. Contestó un seco "Ok" y, antes de marcharse, golpeó nuevamente la puerta del departamento de Bernard. Desde que estuvo en la estación, denunciando la supuesta desaparición de Rosalie, no sabía nada del periodista. No contestaba sus llamados y, según averiguó con la típica vecina chismosa, no llegó la noche anterior. Su instinto le indicaba que algo no andaba bien.

Tardó más de lo deseado en llegar al café. Oscar lo esperaba en la mesa de siempre. Al pasar frente al mesón pidió de inmediato un expresso. Ella ya tenía uno en frente.

-Tú dirás- le dijo sentándose frente a ella.

-André, ¿intentémoslo otra vez? ¿Eres capaz de darme otra oportunidad?

El aludido abrió los ojos hasta que estos casi salieron de sus órbitas. Pero, antes de que pudiera contestar, supo que algo andaba mal al sentir a sus espaldas una presencia nada beneficiosa en ese momento. Cerró los ojos rezando porque Catalina no se acercara. Sin embargo, como pasa cuando los astros se alinean en contra, fue Oscar quien detectó la presencia de la enfermera que, al verla, intentó retroceder. André no volteó y permaneció tieso en su lugar.

La joven, que, si bien en un inicio no reparó en Oscar, pues la rubia quedaba oculta tras André desde el ángulo que ella entró, con las mejillas sonrojadas desvió la mirada deseando no haber actuado como una polilla yendo a la luz. Siendo demasiado tarde para retroceder, acusó recibo de todo lo que ese particular par comunicaba sin necesidad de hablar. Al tiempo que los observaba, se recriminó ser tan impulsiva, pues no era nada tonta y su amor propio se resintió al verse involucrada en una situación como esa.

-André- dijo Oscar con la mirada fija en la prenda que la muchacha tenía en los brazos -¿Qué hace ella con tu chaqueta?

La rubia escupió la pregunta al tiempo que sus ojos adquirían un acerado brillo. Dirigió la mirada a André. Este cuadró los hombros y volteó:

-Catalina, hola- dijo con tranquilidad y estirando un brazo -Gracias- recibió su chaqueta.

La muchacha asintió y, tras una torpe e incómoda despedida, se marchó.

-Anoche coincidimos en el bar que frecuento- contestó el oficial ante la desconcertada mirada de quien permanecía sentada frente a él -Cuando salimos, ya refrescaba- fue la escueta explicación que salió de sus labios.

-Soy una imbécil- murmuró Oscar metiéndose la mano al bolsillo. Dejó sobre la mesa un par de billetes -Veo que has estado bastante ocupado…

-Oscar…

-Te espero en el cuartel- dijo reuniendo toda la serenidad que pudo, y poniéndose de pie.

André la afirmó de una mano cuando pasaba por su lado. El mesero se quedó a medio camino con el café que nunca llegó a la mesa.

-Te dije que llegué solo a casa- habló André con seriedad.

-Y te creo...- Oscar se aclaró la garganta -Pero… También puedo ver que algo pasó entre ustedes...- la voz le tembló levemente.

-Tú y yo estamos separados.

-Lo sé…- se resistió a mirarlo -Lo sé...

Se soltó de su mano y comenzó a caminar. André le dio alcance a mitad de cuadra. Tomándola de un brazo la hizo voltear y asiéndola de la nuca la acercó a él, mas no se atrevió a besarla. Su otra mano la tomó de la cintura.

-No quiero que sigamos haciéndonos daño- le susurró contra los labios -Pero amarte me está volviendo loco. Me está matando.

Oscar tenía los ojos llenos de lágrimas.

Antes de que ella pudiera hablar, los teléfonos de ambos sonaron. En silencio y sin dejar de mirarse, dejaron que los tonos cesaran. Las llamadas se volvieron insistentes. Oscar dio un paso hacia atrás y contestó.

Cuando escuchó la información que Girodelle le entregaba, sus párpados se abrieron al máximo y las náuseas le quemaron la garganta. Buscó a André con la mirada, el oficial leía el mensaje enviado por Alain con el rostro desencajado.

Esa mañana, en un basural ubicado en las afueras de la ciudad, fue encontrado el cadáver de Rosalie.

Continuará…


Listo mis queridas, ¡salió capitulo nuevo, aunque costó! Mi vida ha estado bien convulsa, pero no las he olvidado, ni menos a esta historia que me encanta. Ya sabe, si les gusta y me quieren animar, un review es perfecto. (el próximo capitulo ya lo tengo a medias, así que, échenme gasolina (Como diría el maestro Daddy Yankee, jajajaja se me cayó el carnet, pero me encanta).

El momento musical estuvo auspiciado por Crowded House y su temazo, Don't Dream It's Over. Una amiga hizo su play list en Spotify y creo un perfil en IG para comunicarse, me pareció bastante buena idea, les aviso si lo hago.

Le mando un abrazo muy grande a las preciosas amigas que han dejado comentarios, son the best y a cada una la tengo en este corazón que ama el drama y los lemon jajajajaja mencion especial a quienes volvieron, y, a quienes abandonaron en barco, ojalá regrese algún día. A las nuevas amigas que han dejado review en los otros fics, ¡GRACIAS! Como Abigail Araya, Fan22 y Francesca (ojalá lean este saludito express).

Ahora, me despido, porque ando para variar corriendo, pero no sin antes agradecer infinitamente a Cilenita79 por su beteo, ¡gracias mi ciela!