Junio, 2019

Catalina se marchó del café, mientras se maldecía a sí misma por torpe e impulsiva. No estaba dispuesta a quedarse a mirar cómo, quién le robaba los sueños la rechazaba. Caminó sin mirar atrás ni dudar. Su vida no era una novela rosa, donde ella, como protagonista, se disputaba con una mujer más experimentada, mayor y hermosa, el amor del galán del momento. Se sonrojó violentamente debido a la vergüenza, ellos tenían una historia en común y ella no era más que una aparecida, en medio de una relación que no era la suya.

Tras colocarse los audífonos, puso play a una lista de Spotify: comenzó a sonar "Only love can hurt like this" de Paloma Faith. Detuvo su marcha unos segundos. Cada frase que escuchó calándole hondo. Le escribió un mensaje a la amiga que le envió el link de la playlist esa mañana, en un intento de entusiarmarla para que leyera el fanfic "Cuando volvamos a vernos"*.

"Gracias por el sufrimiento musicalizado"

Envió el texto, apagó la pantalla y reanudó la marcha. Siguió escuchando la letra del tema, con ese placer culpable que se siente cuando algo que duele, al mismo tiempo gusta como el pecado.

I'd tell myself you don't mean a thing
But what we got, got no hold on me?
But when you're not there I just crumble
I tell myself that I don't care that much
But I feel like I'm dying till I feel your touch

Bajó con pasos rápidos los peldaños de la estación del metro. ¿En qué pensaba cuando le escribió a André esa mañana? ¿O acaso él había planeado ese infortunado encuentro para sacársela de encima? No. Imposible, se dijo a sí misma a la última pregunta. "No estoy viviendo mi propia novela, y todo es tan simple como se ve" se dijo mentalmente.

Only love, only love can hurt like this
Only love can hurt like this
Must have been a deadly kiss
Only love can hurt like this

Esa mañana, él le pidió dejar su chaqueta en el café para retirarla durante el día, dado que era cliente frecuente. No se ofreció a pasar por la prenda a su casa, ni la invitó a su departamento para que se la entregara. Y, por supuesto, tampoco la invitó a salir. ¡Por Dios! ¡Todo estaba tan claro que dolía!

Say I wouldn't care if you walked away
But every time you're there I'm begging you to stay
When you come close, I just tremble
And every time, every time you go
It's like a knife that cuts right through my soul

Los besos compartidos horas atrás, no eran más que besos entre dos adultos un tanto achispados por el vino. Necesidad física sin compromiso, deseo acumulado, o el alcohol jugando con la piel… Para el caso, daba lo mismo. Mientras recordaba cómo, en un ataque de audacia lo invitó a su casa, sus mejillas se sonrojaron nuevamente, pues esta vez se sintió ridícula al no ver la verdad.

Él, muy educadamente, no aceptó su invitación. Siendo esa la mejor prueba de que André no buscaba nada. Solo coincidieron, conversaron, se rieron, bebieron y luego, se besaron mientras esperaban el taxi que la llevaría a su hogar.

Only love, only love can hurt like this
Only love can hurt like this
Must have been a deadly kiss
Only love can hurt like this
Only love can hurt like this

Ninguno de los dos lo planeó. En silencio se miraron a los ojos, cuando él le puso la chaqueta sobre los hombros al verla temblar; luego, él se inclinó casi por inercia y ella, se lanzó contra sus labios sin dudarlo. Las bocas se encontraron. Aliento y sabor a vino llenándolo todo. Al separarse, Catalina supo por su mirada que, si bien él no se arrepentía, había algo más. Pero André fue un caballero y disimuló rápidamente; sonriendo galantemente y abrió la puerta del auto que llegó.

Your kisses burning to my skin
Only love can hurt like this
But if the sweetest pain
Burning hot through my veins
Love is torture makes me more sure

Con desenvoltura y envalentonada por el alcohol, Catalina lo invitó a pasar la noche con ella. Era la oportunidad de cumplir las fantasías que ese hombre le provocaba. Él titubeó nuevamente y, tras unos segundos, la besó con suavidad en los labios, antes de decirle que debía presentarse temprano en la unidad.

¡Todo estaba bien! Ella no se avergonzó por ser rechazada… Al menos, hasta que lo encontró en la cafetería y perdió toda capacidad de actuar con dignidad, ¿en qué pensaba cuando se acercó? En nada más que sentarse sobre él y volverle a besar. Ya era tarde cuando la vio, hermosa y etérea, dura e inalcanzable. Ya no podía retroceder.

"¡Tonta! ¡¿Para qué te metes donde no te llaman?!" sonó en su cabeza

Se abrió la puerta del tren subterráneo que la llevaría a su trabajo. Subió y se obligó a dejar de pensar en André.

-o-

Jeanne entró al hotel sintiendo que la sangre que recorría las venas tenía la fuerza de un río en plena tormenta. Los latidos de su corazón acelerados, y la vista un tanto nublada por la adrenalina. Sin esperar a Bernard, corrió hacia el sector de ascensores y apretó el botón de llamado hasta que uno llegó a la planta. El periodista alcanzó a entrar antes que las puertas se cerraran.

-¿Qué haremos?- preguntó.

-Primero, le volaré las bolas a ese maldito- masculló Jeanne sacando el arma de la cinturilla de sus ajustados pantalones negros -Después, se las meteré en la boca y tú- miró a Bernard con tanta intensidad, que este apenas se contuvo de dar un paso hacia atrás -Irás por mi hermana apenas nos diga donde está… El resto me lo dejas a mí.

-¿Qué te hace pensar que estará aquí?- Bernard revisó el arma que llevaba.

-Lo conozco. Sabe que estoy detrás de la subasta. Dejó demasiadas pistas en el video y cerró muy pronto la puja. Esto es entre los dos, quiere verme suplicar.

El ascensor se abrió en el piso seleccionado. Jeanne salió tan rápido, que su larga cabellera se meció con el impulso. Bernard se adelantó y tomó el pomo de la puerta que se abrió sin esfuerzo. La habitación estaba vacía. Al centro de la cama, una caja de terciopelo rojo. Jeanne la abrió con manos temblorosas. Quedó sin palabras por primera vez en su vida. El periodista al verla temblar le quitó la caja y, al ver el contenido la soltó como si quemara. Jeanne lanzó un alarido de dolor, cuan loba herida. Bernard apenas alcanzó a llegar a un papelero ubicado en una esquina. Las arcadas le hicieron devolver el café bebido durante la noche.

En el trozo de piel que estaba al interior de la caja, ambos reconocieron el tatuaje que Rosalie tenía sobre la cadera derecha.

Un celular sonó. Jeanne apenas recomponiéndose, y con las manos frías y sudorosas, tomó el aparato que descansaba sobre una mesa de noche. Leyó el mensaje con lágrimas recorriéndole las mejillas.

"No te diré que no sufrió, porque me encargué de que así fuera. Usé el mismo cuchillo con el que me marcaste y me aseguré de que supiera que todo era por tu culpa.

PD: Gracias por el dinero, maldita perra"

Jeanne cayó de rodillas, sintiéndose quebrada por primera vez en su vida. A unos metros, Bernard, sentado en el piso, se agarraba la cabeza sin entender cómo su vida se convirtió en un infierno.

-o-

A media tarde Oscar, Alain y André, esperaban en el estacionamiento de la morgue a que llegara la autorización para revisar el cuerpo de Rosalie. Gracias a la intervención del director Jarjayes, se les permitiría revisar el cuerpo y los informes forenses, pese a que la unidad nada tenía que ver con el caso que, en esos momentos, estaba en poder del destacamento de desaparecidos tras la denuncia oficial de Bernard. Y ahora, debido al trágico desenlace, una de las unidades de homicidios se haría cargo. Ellos sólo estaban aprovechando la momentánea laguna burocrática.

Alain y André murmuraban hipótesis apoyados en el auto, mientras Oscar fumaba su tercer cigarro consecutivo. Su cabeza daba vueltas, no podía dejar de pensar en la dulce muchacha que, si bien apenas conoció, en esos momentos la veía como una víctima de todos quienes la rodearon.

-… Oscar, ya estamos autorizados- repitió André tomándola de un brazo para llamar su atención.

Ella, que no escuchó las dos veces que André intentó avisarle sin tocarla, asintió con la cabeza y enderezando los hombros. Caminó con paso firme hacia el interior del moderno, aunque tétrico edificio. Los pasos de los tres oficiales, sonando en el frío pasillo que los conduciría a la sala de autopsias asignada.

El cuerpo sobre la superficie de acero parecía irreal. La luz fría y blanca de la estancia, le confería a la piel de Rosalie un aspecto casi traslúcido. Tras las formales presentaciones entre oficiales y el forense que los recibió, un hombre de aproximadamente 50 años llamado Hermann Wirklich. Procedieron a oír el reporte del profesional.

-Mujer caucásica, de 1.68 mts. de altura, peso 57,360 kg. Hora del deceso, 04:30 am. de hoy. Causa del deceso, Traumatismo craneoencefálico con arma de acero, posiblemente un martillo. Según la trayectoria del golpe, se presume que el perpetrador es de sexo masculino, de 1.80 mts. de altura y por sobre los 80 kg de peso. Diestro. El golpe fue efectuado mientras ella se encontraba de pie y de espaldas al asesino por la forma y profundidad del impacto. El cuerpo presenta rastros de violación vaginal, anal y bucal. Se recogieron muestras de fluido seminal de al menos 6 individuos. No hay muestras de heridas defensivas, ni rastros de ADN perteneciente a terceros en uñas. Se evidencia una marca de mordida en el cuello, de la cual ya fue tomado el molde. En ambos brazos hay rastros de sistemáticas punciones efectuadas con jeringa. El examen toxicológico aún no está listo. Sobre la cadera derecha falta un trozo de piel, removida cuando el tejido aún estaba vivo. En la nuca se evidencia un tatuaje reciente. En las muñecas se aprecian rastros de amarras; en mejillas y comisuras de la boca, de una mordaza. Se están analizando las fibras encontradas. Dado que el cuerpo estaba desprovisto de vestimenta al momento de ser encontrado, estaba bastante contaminado por el basural.

Con bastante esfuerzo, Alain y Oscar lograron abstraerse de lo que sentían, pudiendo observar el cadáver sin asociarlo a la joven que conocieron. André no pudo y, con la vista pegada al piso, respiró profundo antes de hablar:

-Esperaré afuera, necesito un momento.

Oscar asintió sin dejar de observar a distancia, las distintas marcas sobre la blanca piel inerte. Alain se puso al otro lado de la mesa y recibió la tableta con anotaciones que el forense le entregó. Arrugó el entrecejo al leer el informe, ya que, aunque se utilizara un lenguaje técnico, todos sabían que esas palabras escondían torturas. La teniente se amarró el cabello en una apretada coleta antes de acercarse al cuerpo.

-Creo que la piel removida era un tatuaje, tengo que comprobarlo con las fotografías obtenidas de sus redes sociales- pensó Oscar en voz alta.

-¿Dijo que el arma era un martillo?- preguntó Alain al Dr. Wirklich, pues no estaba esa información en el reporte escrito.

-O algo similar- corrigió el forense – Aún no es concluyente, faltan pruebas. Pero según mi experiencia, estoy 99% seguro.

Oscar levantó la vista y extendió la mano; Alain le entregó el informe.

-¿Cuándo estarán listos los resultados de toxicología?- preguntó dirigiéndose al forense.

-En cualquier momento…

-Revise, por favor. Apenas el caso sea tomado por homicidios, ya no tendré acceso a la información- al ver que el experto dudaba, agregó -Es… era la novia de uno de los nuestros.

Tras esas palabras, el Dr. Wirklich entró rápidamente a su ordenador. Anunció no haberlos recibido aún, pero que haría un par de llamadas. Salió de la sala por unos minutos.

-Fue abusada en reiteradas ocasiones. Malditos hijos de puta- dijo con pesar Alain.

Oscar tomó unos guantes quirúrgicos y se los colocó. Levantó con delicadeza uno de los brazos de Rosalie antes de decir:

-Por las marcas y la falta de heridas defensivas, debe haber permanecido drogada la mayoría del tiempo.

-Dios te escuche- murmuró Alain -Al menos de esa forma, no sufrió tanto…- calló cuando André entró.

-No logro dar con Bernard- dijo colocándose junto a Oscar -Esta mañana fui a su departamento, nadie sabe de él desde ayer y su teléfono está sin carga o apagado. Le pedí a Víctor que rastreara la última vez que estuvo encendido.

-¿Crees que es sospechoso?- preguntó la teniente.

-No, de ninguna manera- fue la enfática respuesta de André -Ha cometido errores, pero lo conozco, le preocupaba el bienestar de Rosalie- se aclaró la garganta -Quizás todo inicio por las razones equivocadas, pero él la quería. Estoy seguro.

Fueron interrumpidos por el forense que caminó directo al computador. Imprimió una serie de hojas y se las entregó a Oscar.

-Heroína- murmuró preocupada y alzando la vista de los papeles que acababa de leer -¿Puedo ver el tatuaje de la nuca?

El Dr. Wirklich, tras colocarse nuevos guantes, se acercó al cuerpo y lo volteó parcialmente. Con una mano hizo al lado el cabello que ya estaba limpio y ordenado. Enseguida bajó una de las luces móviles sobre la camilla para iluminar la zona. Un código de barras en la parte baja del cuello se distinguía nítidamente. Oscar se posicionó junto al médico.

-Aún no cicatriza…- murmuró

-Dos a tres días por la tinta- ratificó el forense.

André se acercó y tras darle un rápido vistazo al tatuaje, salió de la habitación.

El sonido de alerta de un email sonó. Wirklich revisó el computador.

-El caso ya fue asignado a homicidios, teniente- avisó mientras comenzaba a imprimir una serie de documentos. En cuanto terminó se los extendió a Oscar -Esto rompe todas las reglas, pero, si fuera mi mujer o mi hija quien está sobre la mesa, quisiera agotar todas las posibilidades.

Oscar asintió y guardó los papeles en el interior de la liviana chaqueta de paño que vestía.

-No se preocupe, esto nunca pasó. Gracias por su ayuda- dijo a modo de despedida. Salió seguida por Alain.

No se encontraron con André hasta llegar al estacionamiento. Él hablaba por teléfono con la voz muy baja y gesto adusto. Al verlo, se despidió de quien estaba al otro lado de la línea y quitó la alarma del automóvil. Se sentó tras el volante y esperó a que, como habitualmente lo hacían, Oscar se sentara a su lado y Alain atrás.

-Ese tatuaje es distintivo de la mafia albanesa- comentó encendiendo el automóvil.

-Es un caza bobos- comentó Alain -Esos infelices no matarían a una joven como Rosalie, les interesa el dinero más que comer.

Oscar y André asintieron.

-Están tratando de despistar- Oscar se soltó el cabello que aún llevaba amarrado y masajeó el cráneo, un profundo dolor de cabeza se le estaba instalando. La falta de sueño y alcohol de la noche anterior haciendo mella -Algo no está bien…- se apretó el puente de la nariz y respiró profundo. Después de unos segundos habló nuevamente -Alain, pregúntale a Víctor si nos podemos reunir en su casa, por favor.

Mientras esperaban que Víctor llegara, y gracias a las llaves de Alain, pidieron una pizza y algunas cervezas. Esforzándose en no hablar del caso hasta que llegara el cuarto integrante, se distrajeron viendo un partido del fútbol. Pese a lo entretenido del juego, los tres permanecieron en un cómodo silencio, ese que se consigue tras años de conocerse. Oscar se acomodó en el sofá y cerró los ojos por un momento. Pese a que pensó haber apenas pestañeado, cuando los abrió, estaba atardeciendo.

-¿Por qué no me despertaron?- se quejó estirando el cuello.

-Yo quería, pero este- Alain miró a André -No quiso. Estabas roncando como marinero borracho.

Oscar murmuró un gracias a André, pues las horas de sueño le sentaron de maravillas. La cerradura abriéndose anunció la llegada de Víctor. Tras los saludos, Alain desapareció unos minutos; volvió con café y sándwiches. Después de comer, el ahora analista de la sección de inteligencia de la RAID, fue a su despacho y volvió con el notebook que usaba únicamente en casa. Luego de entrar a diferentes pantallas, y presionar variados códigos que desfilaron como una lluvia de letras anunció:

-El teléfono de Bernard dejó de funcionar a metros de la casa de los padres de Oscar.

-Consigue imágenes- dijo seco André -Es una zona residencial, debe estar llena de cámaras privadas.

Oscar tomó su teléfono y salió al balcón. Regresó después de algunos minutos.

-Mi padre asegura no haber notado nada extraño. Está consiguiendo una orden para las cámaras de la red pública- se acercó a la pantalla, vio que Víctor ya tenía pinchadas varias cámaras particulares -Continúa- lo animó -Solo no pinches las que están al interior de los domicilios.

En uno de los recuadros apareció ella, era casi medianoche y sus pasos eran un tanto lentos. Estaba saliendo de casa de sus padres, precisamente cruzando el amplio jardín y rumbo a la calle.

-Estuvo buena la cena, parece- soltó sin tino Alain.

Oscar lo ignoró con las mejillas sonrojadas, pues se notaba que no estaba con todas sus facultades activas. André frunció el entrecejo y Víctor, continuó con lo suyo, concentrado e ignorando todo a su alrededor, como siempre.

-Retrocede hasta la hora en que el teléfono de Bernard dejó de emitir señal, y amplía la visión de las cámaras, por favor- pidió Oscar.

-Espera- André apuntó un automóvil que se veía parcialmente en la pantalla -Busca otro ángulo y amplía el rango de horas. Creo que ese es el automóvil de Bernard.

-Necesito un cigarrillo- Oscar se puso de pie y salió al balcón.

Mirando las luces que iluminaban la ciudad se maldijo a sí misma. Su actuar errático estaba teniendo consecuencias. Una amarga sensación se instaló en su ser. Bernard la siguió y ella no se dio cuenta… Y ahora, el periodista estaba desaparecido y su novia cruelmente asesinada. Dio una fuerte calada al cigarro. El pecho le ardió.

El ventanal se abrió en el momento en que ella apagaba el cigarro en una esquina del mármol del balcón.

-Vamos, tenemos que revisar las inmediaciones del barrio de tus padres antes de que homicidios llegue las mismas conclusiones- la voz de André sonó dura -Le dije a Alain que no era necesario que nos acompañara. Se quedará revisando las cámaras con Víctor.

Oscar, aún un tanto entorpecida por todo lo descubierto, tomó la chaqueta que se había quitado y salió del departamento escoltada por André. Ninguno de los dos habló en el trayecto. La cabeza de la teniente llena de culpas, responsabilidades y recriminaciones; la del oficial, de terror.

Revisaron todas las calles del perímetro cercano a la casona Jarjayes. André apenas conteniendo su frustración al no encontrar nada; eso hasta que Víctor llamó a Oscar y le dio las coordenadas de una cámara que captó dos siluetas moviéndose en la oscuridad. Aparentemente una masculina y otra femenina. Fue ahí donde apareció el celular de Bernard, con la pantalla quebrada y la carcaza abollada por un aparente pisotón. Enseguida, llegó al teléfono de ambos un video con imágenes bastante borrosas, en el cual se observaban dos automóviles siguiendo a Oscar. Eso bastó para que André perdiera toda la compostura que apenas mantenía. Tomando a la rubia de los brazos la apoyó contra una pared cercana y le dijo:

-¿En qué diablos pensabas?- sus ojos brillando de rabia -Te siguieron. ¡Te siguieron y no te diste cuenta! ¡¿Qué es lo que te pasa?!

Ella abrió los ojos de par en par, sin decir nada, pues sabía que no tenía justificación.

-Oscar, por Dios…- continuó André un poco más calmado y soltándola. Con ambas manos le acunó el rostro -Saliste prácticamente borracha de la casa de tus padres, te podrían haber raptado. Podrías haber terminado como Rosalie- calló unos instantes al sentir la garganta seca -Mi amor…- la voz se le quebró.

La mujer se empinó en la punta de sus zapatos y, aferrándose al cuello de quien la sostenía, lo besó. Respiraciones agitadas, lenguas ávidas, labios hambrientos, brazos que buscaban acabar con el espacio, corazones latiendo al unísono. Todo eso ocurrió durante minutos, hasta que la lluvia típica de París, esa que llega de improviso y sin importar la estación, los comenzó a mojar.

Oscar tomó a André de la mano y corrió hasta la casa de sus padres. Consciente del peligro que la acechaba, decidió no cometer más errores. Nerviosa pese a ser una mujer adulta esperó en el recibidor de la casa familiar, a que su padre fuera avisado por la servidumbre.

El hombre apareció acompañado por su mujer, ambos envueltos en batas para levantarse debido a la hora.

-Hija, ¿estás bien?- preguntó Regnier acercándose y sin mirar demasiado a André, pues no traicionaría la confianza que Oscar depositó en él.

-Papá, necesito de tu ayuda- contestó mirándolo a los ojos -De tu experiencia e influencias… Creo que puedo estar en peligro- volteó hacia su madre, cuando esta ahogó un gemido de terror cubriéndose la boca con ambas manos -Mamá, estoy bien. Pero sé reconocer cuando algo se está escapando de mis manos- volteó la mirada hacia quien la acompañaba, este asintió -Y quiero aprovechar de presentarles a André como mi pareja.

Regnier dio un paso adelante y extendiendo una mano dijo:

-André, gusto en verte.

La madre de Oscar, tras invitarlos a pasar al despacho de su marido, pidió bebidas calientes y algo para comer. Conociendo a su marido e hija, sabía que la noche sería bastante larga.

El amanecer sorprendió a Oscar durmiendo en el sofá y sin saber muy bien qué diablos le pasaba, los últimos eventos desataron en ella todo el cansancio acumulado. Antes de incorporarse, se dedicó a observar a los hombres frente a ella: André y Regnier conversaban en voz baja, cada uno con un café en la mano. Respiró profundo y se arrebujó en la manta que seguramente su madre le puso encima. Soltar el control se sentía bien, realmente bien. Después de un rato, en el que nadie reparó en ella, se sentó y movió el cuello. La sonrisa que André le brindó fue su mejor regalo.

Tras desayunar, y luego de que Oscar se diera una ducha y sacara algo de la ropa que tenía en la habitación en casa de sus padres; André la dejaría en el cuartel antes de ir a su departamento a refrescarse.

En el trayecto la puso al día de lo conversado con su padre. Tras analizar todos los puntos, comenzando por la muerte de Charlotte y luego la de Julie Polignac, ambos llegaron a la conclusión de que existía algún tipo de filtración de las investigaciones o, incluso, que algún oficial participaba directamente en la red de trata de personas. El asesinato de la madame de los prostíbulos ni el de su hija estaban resueltos, así como tampoco el de los padres de Jeanne y Rosalie, y ahora, además, se sumaba a la muerte de esta última junto a la desaparición de la primera, quien, después de la fallida formalización de Polignac, prácticamente se desvaneció. ¿Cuál era el común denominador en presionar en cada caso? Oscar y su unidad. Era ella que insistía en buscar nexos, en pedir autorizaciones fuera de normas, en romper reglas.

La rubia asintió en silencio antes de preguntar.

-¿Crees que Bernard desapareció porque se lo llevaron en mi lugar?

-No lo sé- André encendió un cigarrillo y bajó la ventana del automóvil para expulsar el humo -Pero con tu padre pensamos que lo mejor, es que te quedes en su casa o en la mía.

-Me gustaría estar con él- volteó a mirarlo -Y tomar lo nuestro con calma, de forma más sana- André asintió. Ella continuó -He cometido tantos errores contigo, que creo que lo mejor es un nuevo comienzo. No llevar los problemas del trabajo a casa y retomar mi terapia. Estoy más controladora que nunca. De paso podría pasar más tiempo con mis padres. Papá comenzará una nueva ronda de quimioterapia, y quisiera ayudar a mamá con lo que sea necesario.

-Me parece una buena idea- contestó el oficial.

-¿Quieres que te devuelva tu llave?- preguntó Oscar sonriendo y con un travieso brillo en los ojos -¿O prefieres que te sorprenda de vez en cuando?

André viró bruscamente el manubrio y entró en una callejuela. Apenas detuvo el auto, y tras soltarse el cinturón de seguridad, se abalanzó sobre ella y la besó hasta magullarle los labios, mordiéndola y bebiendo su aliento. Oscar enfebrecida, como le pasaba cada vez que él la besaba, llevó sus manos a la bragueta de André. Éste la detuvo y sonrió:

-¿No que íbamos a tomarlo con calma?

Ella suspiró frustrada y se dejó caer en el asiento.

-Tienes razón- sonrió al mirarlo -Vamos, déjame en el cuartel que tengo mucho que hacer.

Antes de despedirse en el estacionamiento, André le avisó que iría nuevamente a casa de Bernard, y ella le anunció que mandaría a periciar el teléfono encontrado con algún contacto de Víctor. Dado que el periodista aún no estaba desaparecido oficialmente, existía una remota posibilidad de que todo fuera un malentendido. La rubia se bajó del automóvil sintiendo que por fin estaba teniendo un nuevo comienzo, una nueva oportunidad de ser feliz y enmendar las cosas. Ojalá hubiera tenido razón…

-o-

Algunos días pasaron sin noticias de Bernard, ni avances en las investigaciones paralelas; en cuanto a su teléfono, no dio nuevas pistas. Oscar no volvió a conducir sola ante la renuencia de André, por lo que la acompañaba en automóvil o motocicleta a la casa del director Jarjayes. Después de cenar todos en familia se marchaba, sintiéndose un poco raro por llevar la relación a ese punto de normalidad, pero, al mismo tiempo, agradecido de ver como Oscar ya no parecía estar cubierta por la oscuridad de los últimos meses. La ayudó a cambiar lo necesario al dormitorio que usó en la adolescencia y ese día, se besaron tras la puerta de la habitación como dos púberes. De verdad todo parecía un nuevo comienzo.

Volviendo a la investigación, en la oficina de Oscar se montó un operativo que se movía en paralelo al curso oficial. En cuanto a Bernard, continuaba desaparecido. El cuerpo de Rosalie, adjudicado como víctima de la mafia albanesa, quedó en la morgue por un plazo fijo a espera que alguien lo reclamara.

-o-

De pie frente a la pizarra plagada de fotografías de evidencias y sospechosos, donde además anotaba cada hipótesis relacionada a los eventos ocurridos; Oscar bebió el café que Alain le llevó antes de ir al aeropuerto. Se sentía revitalizada y llena de ideas nuevas. Cuando André la tomó de la cintura, volteó hacia él y lo besó suavemente en los labios a modo de saludo. No lo había visto en todo el día, dado que él estaba poniendo al día los casos rezagados.

-Alain avisó que ya viene con Fersen desde el aeropuerto- le anunció colocando un rubio mechón tras la oreja, con los dedos le rozó la mejilla y sonrió.

Oscar asintió y tras dejar el vaso de café sobre su escritorio se apoyó en la cubierta.

-¿Aún piensas que no fue buena idea pedirle que viniera?- le preguntó directamente y con tranquilidad.

-No lo conozco tan bien como tú. Pero confío en tu criterio.

La rubia asintió y fue hasta su asiento. Ubicándose en su puesto, tomó del legajo de papeles que reposaban a su derecha, el reporte de Bernard Chatelet como desaparecido, denuncia que André decidió hacer, aunque eso lo posicionara como sospechoso del secuestro y asesinato de su novia, ya que, aunque una supuesta mafia estuviera involucrada, cualquiera podía funcionar como facilitador.

André se quedó frente a la pizarra que parecía una mezcla entre lluvia de ideas, línea de tiempo y mapa mental.

-Siento que algo falta- murmuró rascándose el mentón -Todo está conectado, todos se conocen… Ya sabemos que los une, pero, ¿cómo diablos no podemos darle forma?- bufó -Es como si alguien orquestara los hilos desde arriba, como un titiritero.

-Por eso alguien en la Interpol nos puede ayudar- agregó Oscar dejando el reporte de Bernard sobre la mesa.

-Aunque ese alguien debió pedir vacaciones apresuradas, y todo porque no se puede negar a lo que su rubia debilidad pida…

Oscar levantó la vista al tiempo que André volteaba. Fersen sonreía desde la puerta, tan descarado y simpático como siempre.

-Gracias por venir- dijo ella al llegar junto a él y darle un amistoso abrazo -Perdona la urgencia, pero esto ya no puede esperar. Necesito tus contactos.

Apenas se separaron, André se acercó y lo saludó con un apretón de manos.

-André es parte de este caso, y además es mi pareja- le dijo Oscar a Fersen.

-Me parece excelente- el sueco guiñó un ojo y dejó su chaqueta en el perchero -Pero, corrígeme si me equivoco. Este caso lo estamos formando en paralelo a todas las investigaciones, ¿cierto?

Oscar y André asintieron.

-¿Pese a que algunos casos ya están cerrados o en el limbo burocrático?

-Veo que llegaste muy intuitivo- bromeó Oscar.

-Cariño…- Fersen calló y miró a André -Lo siento- levantó las manos -Oscar, vamos a pinchar varios traseros… Es más, parecerá un examen de próstata masivo cuando se sepa lo que estamos haciendo. ¿Estás consciente de eso?

-¿Estás asustado?- retrucó ella.

-Jamás, soy un hedonista al que le encanta meter dedos en el trasero- volvió a mirar a André -Hombre, perdón- encogió los hombros -Es que hablo así con ella.

-No hay problema- André caminó hacia la puerta del despacho -Los dejo para que se pongan al día- se detuvo en el quicio -Pero no te pases de listo, o lo que te meta en el trasero será algo más que un dedo- le dijo a Fersen antes de sonreírle a Oscar y marcharse.

-Bien guardado te lo tenías- Fersen rió sentándose en la silla frente al escritorio -Me cae bien, no es tan serio como pensaba. ¿Estás feliz?

-Sí- contestó Oscar con tranquilidad -Pero no pedí que vinieras para que habláramos de mi vida sentimental- colocó una gruesa carpeta frente a Fersen -Esto es todo lo que te comenté, necesito ojos en Suecia, lo de Charlotte es la clave de todo. Estoy segura. Quién haya ordenado su muerte, desencadenó todo lo demás.

-¿Cuánto margen de acción tenemos?

-Todo lo que necesitemos, mi padre está al corriente y brindándonos apoyo.

-Veo que muchas cosas han cambiado en poco tiempo- apoyó la espalda en la silla -Preciosa- esperó que ella lo mirara -Tu nombre ya se está haciendo conocido, estás molestando a varios por meter la nariz donde no te llaman- suspiró -¿Qué es lo que realmente quieres hacer? ¿No has considerado la posibilidad de dejar que todo siga su curso y dedicarte a tu carrera de manera tradicional?

-Esta es mi carrera.

-Pero…

-Fersen- lo cortó -Ya estoy involucrada. Me siguieron y en mi lugar, Bernard desapareció- sacudió la cabeza -No es una opción hacerme a un lado.

-Entiendo- el sueco se puso de pie y abrió la puerta del despacho -Soissons, tráeme un café. Negro y sin azúcar- cerró la puerta riendo al escuchar la retahíla de insultos que el oficial lanzó -Soñé con hacer esto durante semanas- tomó su chaqueta del perchero -Vamos por un café decente fuera de aquí- la invitó -Ahí me contarás cómo convenciste a tu padre de flexibilizarse, porque no he conocido hombre más apegado a las reglas.

Oscar tomó sus documentos y los puso en el bolsillo trasero de sus jeans.

Al salir de la unidad, se encontraron con el director Jarjayes bajando de un taxi. Oscar no dudó en invitarlo. Así, instalados en una elegante cafetería, padre e hija pusieron al recién llegado al tanto de sus conjeturas. Fersen guardó silencio para no interrumpirlos. Todo lo escuchado tenía sentido.

-Tienen razón, sin duda hay involucrados dentro del cuerpo policial- murmuró antes de darle un sorbo a su café -Lo que me preocupa, es que hablamos de alguien del alto mando, porque son investigaciones que salen de la jurisdicción de Francia. Llegando al hotel haré un par de llamadas a gente de confianza.

Oscar tras agradecerle, pidió la cuenta y pagó. Al salir del café, tomó el brazo de su padre llamando su atención:

-Papá, te llevo a casa- le dijo sonriendo -Mañana debemos levantarnos muy temprano y sería bueno descansar, ya casi es hora de la cena- hizo una velada referencia a que, al día siguiente, iniciaba una nueva ronda de quimioterapia.

-Eres como una mosca en el oído- murmuró el director sonriendo -Fersen- se dirigió al sueco -Ven a cenar con nosotros. Después de un viaje, cenar en un hotel y solo, es casi un castigo.

El aludido aceptó dichoso la invitación.

-Hija, tu madre me pidió que invitaras a André; tus hermanas quieren conocerlo.

Oscar rodó los ojos, pues si bien estaba llevando todo de una mejor manera, tampoco se sentía cómoda compartiendo tanto de su vida, pero asintió. Sacando las llaves de su automóvil se las entregó a su padre.

-Toma, vayan a mi auto mientras llamo a André- dijo tomando su celular.

Se quedó un par de pasos atrás mientras hablaba por teléfono. Durante el camino, su padre y el sueco también realizaron un par de llamados. Llegó junto a Fersen justo cuando su padre quitaba la alarma del automóvil. En segundos notó la mirada de terror de Regnier, al tiempo que alzaba una mano para que no se acercara. Por acto reflejo, Fersen la empujó en un intento de apartarla. Luego, todo fue oscuridad.

La explosión se escuchó en toda la manzana.

Five, four, three, two, one

Five, four, three, two, one

He holds the gun, against my head

I close my eyes and bang, I am dead

I know, he knows, that he's killing me for mercy

And here I go…

Continuará…


Y bueno… ¡Me costó montones sacar esto!, pero el tiempo es poco y los deberes muchos. Espero haberles entretenido con este capítulo y si fue así, ya saben, déjenme el regalo de un review. Muchas gracias por los mensajes del capítulo anterior, de verdad me alegran montones y animan a seguir, con maravillosas chicas. Son tiempos complicados y con muchas obligaciones, pero escribir me encanta y bueno, espero poder terminar esta historia (y otras que tengo pendiente).

Mil gracias además a mi beta Cilenita79, gracias por ese par de ojos extra.

En cuanto a los momentos musicales, les cuento que ambos son un descubrimiento para mi, el primero, gracias al playlist de un fanfick de LordThunder1000 (busquen en los reviews de esta historia y pinchan su usuario) y que se llama "Cuando volvamos a vernos", es del mundo de Lady Bug, pero una joya AU que se puede leer sin problemas. El tema musical es "Only love can hurt like this" de Paloma Faith, ¡totalmente recomendable! El segundo tema es "Murder Song (5,4,3,2,1)" de Aurora. Así que espero haber contribuido a su biblioteca musical.

PD: Mil disculpas si herí alguna sensibilidad o susceptibilidad. Pero este es un thriller policial, cosas malas pasan y, lamentablemente, la realidad siempre supera a la ficción, así que… ¡CUIDENSE MUCHO SIEMPRE!

Ahora me despido y les dejo un beso enorme, espero poder sacar algo más antes de fin de año, si no alcanzo, que pasen unas bonitas fiestas y que el 2022 sea mejor en todo aspecto, porque, en mi caso, el 2021 ha sido bien duro. ¡Las quiero!