Julio, 2019


Un persistente y cadencioso pitido la despertó. Gastó varios segundos intentando abrir los ojos. Los párpados le pesaban, la garganta le dolía. Sentía que le costaba respirar. Alzó una mano hacia su rostro para quitarse lo que le oprimía nariz y boca.

-Tranquila. No te la quites.

La voz de André la trajo al presente. Abrió los párpados de golpe y lo miró. Sus verdes ojos estaban rodeados de oscuras sombras. Lucía despeinado, como si se hubiera jalado el cabello en innumerables oportunidades. Su barba espesa y descuidada. La tez pálida. Su mandíbula apretada.

I know you've got the best intentions
Just trying to find the right words to say
I promise, I've already learned my lesson
But right now, I wanna be not okay

Intentó sentarse en la cama. Él la afirmó de los brazos. Ella luchó con todas las fuerzas que tenía en ese momento. Algo no la dejaba respirar. De un manotón se quitó la mascarilla de oxígeno y gritó como si el corazón se le desgarrara. André la sostuvo contra su pecho mientras ella no dejaba de temblar, pero no lloró, ni una lágrima salió de sus ojos. Se sintió fría y distante, como si en ese grito se le hubiera ido el alma.

I'm so tired, sittin' here waitin'
If I hear one more "Just be patient"
It's always gonna stay the same

No sintió el líquido inyectado en la vía que tenía en su mano, la cual, producto de los movimientos ya sangraba. Antes de caer inconsciente, miró hacia la espalda de André: su madre sollozaba entre los brazos de Hortense. Cerró los ojos y se dejó ir.

So let me just give up
So let me just let go
If this isn't good for me
Well, I don't wanna know
Let me just stop trying
Let me just stop fighting
I don't want your good advice
Or reasons why I'm alright

La segunda vez que abrió los ojos, vio a Alain sentado en un pequeño diván: dormitaba con el cuello en una incómoda posición, y las piernas dobladas al máximo. Recorrió la habitación. La tenue luz que iluminaba su camilla le indicó que era de madrugada. Todo estaba casi en penumbras. Dirigió la mirada hacia la puerta; André conversaba con una enfermera de cabello negro y figura menuda, era ella, pero le dio lo mismo. Cerró los ojos y se dejó arrastrar por el sueño, arrullada por el constante pitido. Se sentía exhausta.

You don't know what it's like
You don't know what it's like

Can't stop these feet from sinking
And it's starting to show on me
You're staring while I'm blinking
But just don't tell me what you see…

-o-

Cinco días después, Oscar, sentada en el catre clínico, dejó que Hortense la ayudara a vestirse. Un pantalón negro, que debió ajustar con un cinturón por su acentuada delgadez, combinaba con la blusa y chaqueta de paño del mismo tono. Negó con la cabeza cuando Marie, intentó cubrir la herida que nacía en la sien y terminaba en la mitad del pómulo derecho con maquillaje. Frente a un espejo que su mejor amiga le sostuvo se cepilló el cabello, al ver su reflejo le pareció estar observando a otra persona.

El silencio era agobiante, tenso. Triste.

Acomodándose el cabestrillo que le sostenía el brazo derecho por sobre la ropa, metió los pies en los botines taco bajo. El fisioterapeuta le había dicho que era temporal, que el cuerpo era sabio y debía respetar sus tiempos. Ser paciente y esperar a que sanara, agradecer que solo sufrió contusiones y laceraciones, mas no fracturas. Que podría haber sido peor, que podría haber muerto.

Se puso de pie con esfuerzo y cojeó hasta la puerta. Marie la abrió.

André le cortó el paso. Él también vestía de negro, en realidad todos lo hacían. Un negro impoluto y elegante. Un uniforme mortuorio. Se hizo a un lado para que entrara la silla de ruedas que un camillero empujaba.

Apenas puso atención a las instrucciones de alta. De hecho, ignoró sin siquiera proponérselo a la enfermera que intentaba ser amable con ella; sí, era nuevamente aquella joven. Se sentó sin reclamar, recordando que era política del hospital el que todo paciente debía salir en esas condiciones. Vio como André le agradecía a la enfermera por toda su ayuda, antes de tomar su bolso y colgarselo en el hombro.

Hortense y Marie se adelantaron. André caminó junto al camillero que la llevó hasta el automóvil que la esperaba.

En el estacionamiento estaba Alain. El oficial al verla, sonrió como un niño en Navidad, con esa mezcla de candidez e inocencia que conmueve, abrió con celeridad la puerta de la camioneta, esforzándose en mantener la boca cerrada. Se ubicó tras el volante con André a su lado. En el asiento trasero: Marie y Hortense ya estaban instaladas, Oscar se unió en silencio. Durante todo el trayecto, lo único que se escuchó fue a Marie preguntándole a su marido por teléfono cómo estaba su hijo.

Al llegar al cementerio, Oscar lamentó no haber aceptado la muleta que le ofrecieron cuando le comunicaron su fecha de alta. En reemplazo, aceptó el brazo que André le extendió. Marie permaneció a su lado. Alain fue en busca de Víctor, que ya estaba en el lugar acompañando a los efectivos de la RAID que asistieron a dar sus respetos. Hortense se adelantó en busca de su madre. La hermosa y elegante mujer, estaba sentada en la primera fila de las sillas dispuestas frente al féretro; la flaqueaban el resto de sus hijas, yernos y nieta.

Oscar se ubicó detrás de ellas y de pie. La pierna le dolía horrores y la férula del brazo le picaba. Se concentró en esas sensaciones y negó con la cabeza cuando André se ofreció a buscarle una silla.

El funeral transcurrió en calma. Varios discursos resaltaron las virtudes profesionales y personales de Regnier Jaryayes. Una fotografía de él, vestido de uniforme y luciendo algunos años más joven, estaba situada junto al féretro. Oscar recordó que Hortense le comentó que su madre eligió la imagen, debido a que cualquier tipo de ceremonia tendría que ser con el ataúd sellado. Se concentró en el retrato, intentando buscar en los ojos azules e intensos algún rastro de la personalidad de su padre. Pero esa fría fotografía no era él, faltaba su chispa, su orgullo, su pasión por la ley. Desvió la vista. No pudo seguir mirándolo.

Cuando Bouillé se acercó a darle su pésame, despertó de lo que creyó una alucinación. Asintió a las palabras de consuelo que el superior de su padre le expresó, e intentó creer en la garantía que le ofrecía de aprehender a los responsables. Todos intentaban transmitirle una tranquilidad que sabía jamás tendría.

Escuchó las palabras que la alentaban a aprovechar su licencia médica para recuperarse y encontrar consuelo, como si estas fueran destinadas a alguien más. ¿En realidad todo le estaba ocurriendo a ella? ¿Era su familia la que se había destrozado?

Luego fue el turno de Fersen. No lo veía desde que la visitara en el hospital, la recuperación de él siendo más rápida, razón por lo que se apareció en cuanto le dieron el alta médica. En esa ocasión, ella le agradeció el gesto, pero también le pidió que la dejara sola. El sueco le dio sus respetos y apoyo con palabras llenas de camaradería. Mientras hablaban, Oscar, pese a notar como Marie se encogía a su lado, la ignoró. Lo que pasara entre ellos no era su problema.

Así fue la sucesión de saludos. Todos hablando maravillas de su padre, preguntándole por su salud y, brindándole apoyo para ella y su familia. Cuando fue el turno de María Bárbara, sintió pena por la firme y resuelta mujer que la observaba con la mirada acuosa. La comisario von Ahrensmeyer apenas podía controlar las lágrimas al referirse a su mentor. Oscar asintió, agradeciendo que sus lentes oscuros ocultaran su mirada. ¿Por qué ella no lloraba?

Con la sensación de no haber escuchado nada, Oscar pestañeó, estaba absorta mirando la lápida, tanto, que ni siquiera notó que el personal del cementerio colocaba las flores sobre el ataúd, dando por finalizada la ceremonia. Tras despedirse de la comisario y se dejó guiar por André. Apoyándose en él dio un par de pasos. No notó las miradas curiosas ante los gestos de ambos, había demasiada intimidad para ser simples compañeros.

-Teniente Jarjayes.

La voz de Leonid Yusúpov la detuvo. Volteó hacia el hombre de ojos negros que le dio alcance.

-Ya descarté un ataque terrorista- le dijo directo y sin rodeos -Si tiene sospechosos, infórmeme. Mi unidad está a disposición, tendré menos restricciones que usted y su gente- dijo esto último mirando de reojo a André.

Oscar ignoró como André se tensaba, así como también ignoró la velada displicencia de Leonid.

-Se lo agradezco, comandante- dijo con sinceridad, pues de todas las palabras, esas fueron las únicas que en realidad le dieron un mínimo sosiego.

Yusúpov hizo una venia con la cabeza a modo de despedida y le extendió una tarjeta de contacto. Ella la recibió y se despidió, mirándolo a los ojos a través de sus gafas. Vio en él la misma determinación que su padre tenía. Se sintió tranquila por unos segundos.

-Vamos, nos esperan- apuró André en voz baja.

-Sí, claro.

Caminó hacia el automóvil, esta vez viajó en el asiento del copiloto dado que André conduciría pues Alain se fue con Víctor. Marie la acompañó sentada atrás, sola en ausencia de Hortense. Oscar observó a su amiga por el retrovisor. La mujer lucía pálida y nerviosa. No quiso preguntar nada y desvió la mirada hacia la ventana.

Llegando a la casa familiar, donde se realizaría la recepción preparada para los más cercanos. Oscar fue directo al sector de las bebidas.

-No creo que sea buena idea, no con la pila de analgésicos y antibióticos que debes estar tomando.

-Alain… No estoy de humor- masculló Oscar, sin siquiera mirar a su interlocutor.

Continuó vertiendo whiskey en un vaso. Al manipular con la izquierda la botella, ésta sonó fuerte contra la cubierta de la mesa cuando la devolvió a su sitio. Algunas personas voltearon a mirarla. Oscar los ignoró y tomando el vaso salió del salón principal. Según el plan de ceremonia, todas las hijas debían decir algunas palabras en honor al fallecido, y ella aún no se sentía preparada para eso.

Luego de encontrar un lugar más o menos tranquilo, en una de las terrazas traseras de la casona, se sentó y bebió un largo sorbo de licor.

-¿Me regañarás como lo hizo Alain?- preguntó a Girodelle cuando él le extendió un cigarrillo. Tras dejar el vaso sobre la mesa, aceptó el pitillo.

-Él se preocupa demasiado, es como las comadronas, quiere cuidar de todos- se guardó la cajetilla en un bolsillo del pantalón, y puso un encendedor frente a Oscar con la llama lista.

La teniente aspiró con fuerza. Tosió un poco cuando el humo le quemó la garganta, sin embargo, insistió.

-¿Desde cuándo fumas?- preguntó expulsando el humo.

-Son de André- contestó divertido -Tus hermanas y cuñados lo tienen bastante ocupado, al parecer lo acogieron bien en la familia. Me pidió acompañarte.

-No necesito niñera.

-Lo sé, pero no tenías cigarrillos- Víctor sonrió de lado y, ubicando una silla junto a ella, se sentó.

La acompañó en silencio durante todo lo que tardó en beber el whiskey y fumar el cigarrillo.

-No puedo mirar a mamá a la cara- murmuró Oscar.

-No fue tu culpa.

-Lo sé- dejó el vaso sobre la mesa -Pero así lo siento- se quitó los lentes de sol y miró el cielo. El claro azul la encandiló un poco -Quizás necesite ayuda profesional.

-Tendrás bastante tiempo libre- Víctor le ofreció otro cigarrillo -No te puedes acercar al caso. Bouillé fue enfático. No tienes acceso a nada relacionado; y si alguien rompe esa orden, se juega el puesto. A regañadientes aceptó tu rechazo de custodia policial. No pongas en peligro tu trabajo. Fuiste víctima de un atentado. Deberías tomarte vacaciones y volver cuando estés lista. Hasta podrías salir del país.

Oscar asintió en silencio. La semana que estuvo hospitalizada, y apenas recuperó la consciencia, fue una sucesión de entrevistas e interrogatorios, por parte de los oficiales de las diferentes unidades que tomaron los casos. La trataron como un testigo de vital importancia y, de esa misma forma, la querían proteger. Sólo después de hablar directamente con Bouillé, logró que quitaran a los dos policías de la puerta de su habitación. Mientras todo eso ocurría, el cuerpo de su padre estaba en la morgue, sujeto a pericias y esperando su alta para el funeral, esto último a petición de su madre.

Dio una larga calada a su cigarro antes de preguntar.

-¿Qué arrojó el peritaje del automóvil?

-No te diré nada. No insistas. Es por tu bien.

Haciendo caso al consejo, pues no era el momento ni el lugar para discutir con Víctor, Oscar fijó la vista en la diestra de su amigo: una alianza de platino relucía en su dedo anular. Recordó haber visto una igual en la mano de Alain esa mañana.

-¿Ya te propusiste?

-Digamos que tu atentado aceleró las cosas- Víctor entrelazó los dedos -Ver la muerte tan cerca, cambia las perspectivas. ¿Para qué seguir esperando si ambos sabemos lo que queremos?- se pasó las manos por el rostro -No dejo de pensar en que existe una posibilidad de que hubiera sido Alain, siempre anda contigo…

-Pero no lo fue- musitó Oscar. Respiró profundo y agregó -Felicitaciones por vuestro compromiso, espero sean muy felices.

-Sé que no es el momento, pero mi madre está organizando una cena para celebrar. Tú y André están invitados, por supuesto. Te avisaré la fecha y lugar.

Oscar asintió en silencio. Antes de ponerse de pie para volver junto a su familia, notó como, en el jardín, lejos de cualquier oído chismoso, Fersen y Marie hablaban de forma muy seria. Ella empuñaba las manos mientras él, mucho más calmado que ella, decía algo a lo que Marie negaba con la cabeza. Apagó la colilla del cigarro y le pidió a Víctor acompañarla al salón, debía hablar en público.

-o-

Luego de decirle a su familia que se quedaría con André, hizo que éste la llevara a su departamento y pese a su negativa, insistió en quedarse a solas. El oficial no quiso discutir y se marchó apenas ella prometió llamarle si algo ocurría.

Lo primero que hizo, fue deshacerse del cabestrillo y dejarse solo la férula. Quitó cualquier adorno del muro más grande de la sala de estar, y sacó todo lo que tenía guardado en el despacho. Rayó con lápices y pegó fotografías en la pared. Al terminar, y debido al esfuerzo físico, tomó un par de analgésicos extra. Se sentó en el sofá. Observó durante horas todas las evidencias. Después de un rato, dibujó junto a las imágenes de Bernard y Jeanne dos signos de interrogación en color rojo. Estaba segura de que ellos eran la clave de todo.

-o-

Gracias a duplicar los antiinflamatorios, pudo realizar los ejercicios que el fisioterapeuta le indicó, con bastante facilidad en el gimnasio cercano a su casa, supervisados por un kinesiólogo, por supuesto. Debido a la medicación, la pierna ya no le dolía de forma tan intensa y, a pesar de no poder quitarse la férula, dejó de lado el cabestrillo y comenzó a usar el brazo derecho. Aprovechando que André y Alain fueron asignados rápidamente a la unidad de asalto de la BRI, pues su unidad de investigación estaba en suspensión indefinida, comenzó a indagar por su cuenta.

Así pasaron algunos días. Oscar, intentando rehacer los pasos de Bernard, entrevistó a los compañeros de trabajo del periodista, interrogó a los vecinos e incluso, sobornó al conserje del edificio para que le abriera el departamento ahora abandonado. No había pistas y, en un intento de no ser descubierta, contrató un investigador privado para que hiciera lo que ella no podía.

Se abstrajo de todo, no contestó a los llamados de Marie, imaginando que algo tenía que ver con su tema con Fersen. Atendió sólo a su madre, que preocupada le pedía reconsiderar volver a su casa paterna.

Con André fingió que los días los dedicaba a recuperarse, y evitó tocar el tema de la llave de su departamento. Necesitaba mantener ese lugar solo para ella. Así, a diario, llegaba al hogar del oficial para cenar con él, ver alguna película y preguntarle por su trabajo asignado. Y André, que no le creía ni la mitad de lo que le decía, pero que tampoco quería ponerle más presión encima, se esforzó en seguirle la corriente. Conformándose con verla comer y descansar. La notaba más delgada y ojerosa, y cuando la abrazaba sentía que literalmente se le escapaba de las manos.

Las noches que pudo convencerla de quedarse con él, se desvelaba viéndola dormir. Pasaba horas observando impotente, como ella se debatía entre pesadillas y balbuceando incoherencias, mientras se repetía que todo era pasajero, que en algún momento ella volvería. Que finalmente aceptaría confiar en él su dolor y permitiría que la ayudara. Que algún día la vería sonreír nuevamente.

En una ocasión se atrevió a besarla como antes y Oscar respondió, pero todo quedó ahí, ese beso que prometía unirlos se deshizo en el momento. Ella no estaba presente.

Una tarde, André le entregó una bolsa de papel de una cadena de farmacias.

-Estuve averiguando, y esto te puede ayudar a dormir. Además, las vitaminas que incluye potenciarán tu recuperación.

Oscar miró atónita la caja de pastillas que él le puso entre las manos. Ese día había caminado mucho y estaba agotada, la pierna le dolía por el esfuerzo y el brazo le molestaba por el calor que se acrecentaba con la férula. Sonrió con ironía al leer la etiqueta, reconoció componentes que sabía que André no buscaría, a menos que alguien del área médica lo guiara.

-Dile a tu amiga que no necesito esto- dejó sobre la mesa la caja y se levantó del sofá.

André se restregó el rostro con las manos, estaba cansado también.

-Oscar… Tienes que poner de tu parte.

-No puedo creer que hables de mí con ella- lo acusó -Me da lo mismo que hablen, no soy una adolescente celosa, pero es una traición que hables a mi espalda.

-No he hablado de ti con ella, solo pedí ayuda- se puso de pie -Maldición, Oscar- se acercó -No estás bien, déjame ayudarte. Apóyate en mí.

-Cuando te necesite, te lo diré- dijo antes de salir del departamento.

Caminó sin rumbo hasta que su teléfono sonó, era un email del investigador privado. Imágenes de un hombre desarreglado entrando a un cibercafé dos días atrás aparecieron en su pantalla; reconoció de inmediato a Bernard. Con el corazón latiéndole a mil por hora apretó en la pantalla el icono de la agenda y pinchó un número. La llamada se fue directo al buzón de voz; dijo acelerada:

-Papá, tengo una pista de Bernard …- al darse cuenta de sus palabras, soltó el teléfono y se cubrió la boca con ambas manos. El aparato cayó al suelo. Comenzó a temblar.

Trastabilló cuando alguien que pasó por su lado la empujó. Volviendo en sí recogió el teléfono y lo guardó en el bolsillo de sus jeans. Ni siquiera reparó en la pantalla quebrada por el golpe. Sintió tanto frío, pese a ser pleno verano, que se abrazó a sí misma intentando entrar en calor mientras volvía a caminar sin rumbo. Después de lo que creyó horas, buscó un taxi.

En su departamento, sentada frente a la pared plagada de ideas y líneas, se bebió un whisky y tomó un par de analgésicos más. Pensó en llamar a Víctor y contarle lo descubierto. Fue en ese momento que recordó que sus amigos, estaban celebrando su compromiso en ese instante. Cambió de opinión y buscó la tarjeta de Leonid. Descargó las fotografías e informe de su email y escribió un WhatsApp:

"Ayúdame a encontrarlo"

Fue el escueto mensaje antes de reenviarle toda la información recibida. Se sirvió otro vaso de licor buscando aplacar el temblor de sus manos. Sintiendo que el vacío crecía más y más en su pecho, bebió de un trago el contenido del vaso y, en un nuevo intento de evadir lo que sentía, decidió darse una ducha y prepararse para salir.

No le importó que el corto vestido negro le quedara un tanto holgado, ni que la férula no combinara. Calzada en unos zapatos de taco medio, se maquilló de forma ligera, cubriendo con un poco de base la herida que aún le marcaba el lado derecho del rostro. Mientras se miraba al espejo recordó las palabras del médico: "debe cuidarse del sol, eso ayuda a evitar las marcas en la piel". Sonrió con amargura, ojalá todas las marcas tuvieran el mismo tratamiento.

-o-

Dado que era demasiado tarde para la cena, fue directamente al sitio que se indicaba en la invitación enviada por Víctor. Llegó cerca de la medianoche. El ambiente kitsch del club la liberó. Antes de buscar a sus amigos, pasó por la barra y pidió tres shots de tequila. Necesitaba ponerse a tono con el lugar. Todo era risas, baile y algarabía. Con un cuarto shot en el cuerpo, comenzó a mecerse al ritmo de la música.

-I try to discover
A little something to make me sweeter
Oh baby refrain from breaking my heart
I'm so in love with you
I'll be forever blue
That you gimme no reason
Why you make-a-me work so hard
- canturreó alzando los brazos y dejándose arrastrar por la música.

Caminó hacia la pista.

-And if I should falter
Would you open your arms out to me?
We can make love not war
And live at peace with our hearts
I'm so in love with you
I'll be forever blue
What religion or reason
Could drive a man to forsake his lover?
- cantó a todo pulmón.

Cerró los ojos y se meció con quien la tomó de la cintura para bailar. Simplemente se dejó llevar. Se sentía tan bien. Cuando abrió los ojos, una pareja de hombres bailaba con ella, rodeándola. Comenzó a reír. Lo mejor de los clubes gay era eso, no sentirse acosada, estar tranquila, sentirse libre.

Cuando sonó "Love to hate you", también de Erasure, se alejó de sus esporádicos compañeros de baile. Moviéndose con la masa que bailaba frenética, buscó a los recién comprometidos.

Alain y Víctor se besaban en el medio de la pista sin que nada les importara. Todo resumiendose en movimientos eróticos y acompasados; besos profundos y caricias desinhibidas. De la formal y elegante ropa que vestían, no quedaba más que unos perfectos pantalones de tela ajustados en los lugares precisos, y las camisas remangadas hasta los codos. Una de color blanco y la otra negra. La ausencia de corbatas permitiendo que los destrabados botones, mostraran piel que habitualmente no se veía.

Oh you really still expect me to believe

Every single letter I receive

Sorry you what a shameful situation

Sending shivers up and down my spine

I like to read murder mystery

I like to know the killer isn't me

Love and hate what a beautiful combination

Sending shivers make me quiver

Feel it sliver up and down my spine

Se quedó prendada de la imagen. Era sensualidad y erotismo en el más puro estado. Ambos guapísimos, pero en formas tan diferentes que casi dolía mirarlos. Eran perfectos. Fuerza y una particular masculinidad mezcladas. Mentiría si negara que sintió ganas de meterse en medio de ellos. Apenas la pareja se separó, los abrazó del cuello al mismo tiempo, alabando lo apuestos y felices que ambos se veían.

And the lovers that you sent for me

Didn't come with any satisfaction guarantee

So I return them to the sender

And the note attached will read

How I love to hate you

I love to hate you

I love to hate you

I love to hate you…

Bailaron el resto de la canción los tres. Cantando y moviéndose casi de forma teatral. Si ellos repararon en su estado de intemperancia, no dijeron nada, puesto que no estaban en mejores condiciones.

Después de guiarla hasta el sector VIP alquilado, la champaña no esperó. Botellas aparecieron a petición de Alain, para el grupo de amigos y familiares que los acompañaban.

Oscar bailó hasta que los pies le ardieron. En algún momento sacó analgésicos de su cartera y los tragó con champaña. Ya no tenía idea de cuántas copas llevaba. Se sentó por un instante. Una nueva botella se abrió y, junto con beber el burbujeante líquido que le sirvieron sin dilación, sonrió con el tema que comenzó a sonar. "Xanadu" llenó el lugar y ella no fue capaz de recordar la última vez que lo pasó tan bien.

A pesar de sus ya torpes movimientos, se puso de pie y fue a la pista. Cerró los ojos y comenzó a bailar, sintiéndose en ese lugar tan particular descrito en la canción. No se sobresaltó cuando unas grandes manos la tomaron de las caderas. Sin dudar se aferró a los fuertes hombros que quedaron a su alcance. Todo estaba perfecto. Cuando las bocas se unieron, el sabor a alcohol era el mismo. Dientes y lenguas chocaron hambrientos y desinhibidos. El cuerpo comenzó a arderle. Se entregó al frenesí, tal como Alain y Girodelle lo hacían un poco más allá.

-o-

-Mierda…- masculló sacando un brazo de debajo de las mantas.

Dando manotazos encontró el celular que no dejaba de sonar en su mesa de noche. Abrió los ojos sintiendo que se partía la cabeza. La luz del sol casi le quemó la vista. No recordaba cómo llegó a la cama. Notó que seguía con la férula puesta, pero no fue capaz de hacer el esfuerzo de quitársela.

La llamada se cortó. Más tarde revisaría el teléfono. Necesitaba dormir. Sintió que alguien se movía a su espalda, en la misma cama. Miró en todas direcciones: sí, era su habitación.

Levantó los cobertores: estaba desnuda. Sintió que el corazón se le detenía. ¿Qué diablos había pasado? Rápidamente volteó hacia su acompañante.

-Debimos haber follado como conejos, me duele todo el cuerpo- dijo en un intento de disimular su turbación y a modo de saludo.

-Lo que hago contigo, no es follar- contestó André con la voz ronca y sentándose en la cama -Diablos, necesito una ducha y algo para el dolor de cabeza- se puso de pie y fue hasta el baño conectado a la habitación.

Oscar respiró aliviada mientras lo observaba. Notó que la esculpida espalda tenía arañazos sobre la piel, y lo que parecía ser un chupetón en un glúteo. Imágenes inconexas comenzaron a llenarle la cabeza.

Ellos en la pista de baile, borrachos y ardientes. Luego discutiendo en el departamento, cuando André perdió la razón al ver lo que estaba en el muro. Furioso arrancó todo mientras la interpelaba por egoísta, irresponsable y una serie de adjetivos relacionados.

Ella lo empujó para alejarlo de las pruebas que destruía, y luego lo abofeteó. Él la detuvo, gritándole que nunca más volviera a pegarle. Luego, abrazándola mientras le decía que no podía dejar de pensar en que casi murió, que agradecía cada día que no fuera ella quien abrió el auto. Ella gritándole que se callara, que no hablara de eso. Él diciéndole que la amaba pero que ya no sabía qué más hacer. Ella contestando que también lo amaba, pero que estaba rota y no era capaz de sentir.

Andre diciéndole que con él sí sentía, que lo dejara entrar. Que lo recibiera como antes. Que él la amaba tanto que dolía. Ella contestando que no quería la amara así, que lo que quería en esos momentos era que la empotrara contra la pared como si no hubiera mañana. Que necesitaba sentir algo más que angustia. Besos furiosos, tirones en la ropa. Ambos teniendo sexo descarnado ahí mismo, a medio vestir y entre las fotos destruidas del caso. Contra el muro y después en el suelo. Arañándose, mordiéndose. Descargando rabia y frustraciones.

Después en la cama, con más calma y por periodos de tiempo indeterminados. Pues las imágenes variaban según las posiciones. A su espalda, debajo, encima, incluso casi colgando de cabeza.

Se agarró las sienes. Había perdido el control y André con ella. Se puso de pie y buscó su bata. Apenas se amarró el cinturón las náuseas la asaltaron. Corrió al baño del pasillo y vomitó todo lo que tenía en el estómago. No recordaba una resaca como aquella. La cabeza le latía y la bilis le quemaba la garganta. Se quedó de rodillas frente al WC, lamentando cada trago de licor.

Al rato André llegó junto a ella, vistiendo apenas un pantalón de deporte. Ropa que seguramente había dejado en el departamento cuando se separaron. Le extendió un vaso con agua y un antiácido.

-Tómalo, te sentirás mejor- le dijo acariciándole la espalda -Creo que bebimos demasiado- Le acercó una toalla para que se limpiara la boca.

Oscar dejó el vaso en el suelo apenas lo vació, y permaneció sentada en el piso. Abrazándose las rodillas mientras apoyaba la cabeza en ellas. André desapareció un rato, yendo a buscarla cuando llenó la tina del baño principal. Tomándola en brazos la cambió de lugar y la metió al agua. La férula quedó tirada en el piso.

El cuerpo le escoció con el agua caliente. Tenía la piel sensible por el roce de la barba, por las magulladuras y rozaduras provocadas por la pared y suelo. Se enjuagó el rostro en un intento de quitarse el maquillaje estropeado. Finalmente cerró los ojos y se quedó quieta en el agua. Sólo se movió cuando André le pasó un par de analgésicos y más agua.

Vio que en las manos, él tenía el frasco que casi vació la noche anterior sin darse cuenta. Agradeció que se remitiera a dejarlo sobre el lavabo. Probablemente querría hablar de eso después, pero, por ahora, lo único que le preocupaba era el dolor de cabeza que la estaba volviendo loca. Cerró los párpados esperando que el malestar cediera un poco.

Se despertó asustada, seguía en la bañera. El agua aún estaba tibia.

-Tuviste una pesadilla- le dijo André pasándole una toalla húmeda por el rostro.

Ella recordó las imágenes: un auto en llamas y su padre alejándose pese a que lo llamaba con todas sus fuerzas.

-André…

Él estaba a su lado, sentado en la orilla de tina y observándola en silencio. Atento a lo que necesitara.

-Mi padre fue asesinado- buscó su mirada. Él asintió con pesar -Y fue por mi culpa, soy responsable aunque digan lo contrario. De no haber estado conmigo, no habría muerto- pesadas lágrimas comenzaron a salir de sus ojos -No puedo ver a mi familia, no tengo el valor- hipó -Sé que en lo más interno me responsabilizan y tienen razón- sollozó -Estoy rota, mi vida está rota.

Él se inclinó y la abrazó como pudo. Dejó que llorara todo lo que quisiera. El teléfono volvió a sonar en la habitación, lo dejaron. Sonó dos veces más, finalmente André fue por el aparato mientras ella se secaba el rostro con una toalla. El oficial no reconoció el número en la pantalla, se lo extendió a Oscar. Ella supo de inmediato quién era, pero lo ocultó.

-Hola- dijo al descolgar.

-Te envié una dirección, te espero en un par de horas ahí. El hombre al que me pediste buscar, está muerto.

Oscar dejó caer el teléfono. La pantalla volvió a quebrarse al chocar contra las baldosas.

Continuará…


Y bueno, un capítulo que tuvo de todo, ¿no? Esta vez, iré directo a la música, el primer tema es un tremendo descubrimiento, se llama "You don't know" de Katelyn Tarver. El duelo no es igual para todos, y vivir la pérdida de alguien cercano es brutal. Por eso, me permití delinear en Oscar estos sentimientos de manera similar a lo que a mi me pasó con mi padre. Espero no haber ofendido a nadie. Hay tantos estados de dolor porque lo que uno transita que no hay receta ni fórmula. Es diferente para todos y, según mi opinión, es uno de los procesos más egoístas que se viven, se trata de sobrevivir, nada más.

Ahora, siguiendo con la música, en el club, creo que no se necesita más explicación que Erasure mezclados con Olivia Newton John. ¿Existe algo más icónico que "A little respect", "Love to hate you" y "Xanadu"? Si es así, dejenmelo en los comentarios, porque yo aluciné con esa mezcla, y bueno, la imagen de Girito con Alain bailando a ese ritmo, creo que merecen un fanart como mínimo jajajajaja (Yo, en lugar de Oscar, me lanzo al medio jajaja)

Ahora, los agradecimientos… Primero a ustedes, que leen y me acompañan, que comentan y me hacen feliz. Fue un gustazo saber de algunas chicas que no leía hace rato y, a las amigas de siempre, ¡son The Best! Sandy, Yen, Kary, Alejandra, Nadia, Abigail, Lilcala, Paty, Mery. Además, agradezco a mi beta preciosa Cilenita79, que me ayuda a mirar cuando tengo "los ojos chascones" jajajajaja

Ya estoy por terminar este año de universidad, así que intentaré dedicarme más a este hobby. Espero que hayan tenido bonitas fiestas y que estos meses de descanso en el hemisferio sur, los aprovechen al máximo para recargar pilas. ¡Ah! ¡Y no se les olvide comentar! jejejejeje