Julio, 2019

En cuanto cruzó la puerta del vestíbulo del cuartel general de las fuerzas policiales, Oscar se quedó de pie frente al muro que honraba a los miembros ilustres caídos. El nombre de su padre estaba bajo un espacio vacío, en espera de que llegara la correspondiente fotografía. Sintió un dolor en el pecho que le quitó el aire, todo seguía pareciéndole irreal, tanto, que se sorprendía a cualquier hora del día, rezando porque todo fuera sólo una pesadilla; pero la realidad la golpeaba con fuerza cada vez.

Cerró los ojos y recordó la primera ocasión en que puso un pie en ese lugar: fue un día que acompañó a su padre a buscar unos documentos. Era un sábado a fines de primavera, y ella estaba castigada por haber llegado después de la hora autorizada. Razón por la que Regnier la amonestó, obligándola a estar con él los siguientes fines de semana, hasta que terminara la época escolar al menos. Ella aceptó estoica el castigo, pues prefirió eso a confesar que rompió su toque de queda por defender a Marie.

Ambas habían asistido a su primera fiesta de secundaria y, por supuesto, al no tener supervisión bebieron lo que se les antojó. La diferencia fue que Marie, mucho más pequeña y menuda, toleró de peor manera todo lo bebido. Esa noche Oscar no quería asistir, no era algo que le interesara demasiado, pues en su condición de conocida buscapleitos, debido a insistencia en defender a todos, no tenía más amigos que Marie. Sí, ella era una paria en el colegio. Sin embargo, la chispeante jovencita insistió en que la acompañara, pues la fiesta era en casa de un joven un par de años mayor y que estaba pronto a egresar.

Y todo iba bien. Rieron, bromearon, bailaron y, envalentonadas por el ambiente, bebieron algunas cervezas antes de aceptar varias gelatinas de colores. Oscar por fin se sentía aceptada por quienes habitualmente la molestaban debido a su delgadez o mal temperamento, y Marie estaba feliz, pues el dueño de casa, un joven al que solía mirar desde lejos en los descansos entre clases, bailó con ella toda la noche. Hasta que Oscar notó que la pequeña y dulce rubia desapareció.

Apenas logrando enfocar la vista la buscó por todas partes. La mansión en la que estaban parecía no tener fin. Era un laberinto con escaleras que se movían de un lado a otro, llena de rostros deformes que parecían reírse de ella. De pronto, un joven se apiadó y la llevó a la segunda planta. Quedó de pie frente a una puerta cerrada. Golpeó con los puños mientras gritaba el nombre de su amiga. Empujó a un par de adolescentes que trataron de alejarla de la puerta, argumentando que estaba "molestando", "que fuera normal por una vez en su vida", "que no fuera aguafiestas".

Cuando finalmente pudo entrar a la habitación, empujó a un lado al supuesto pretendiente de Marie, que ya figuraba sin camisa y despeinado. Encontró a su amiga sobre la cama, agazapada contra el respaldo y con la mirada pérdida.

-Marie, Marie- la zamarreó, el miedo haciendo desaparecer todo el alcohol de su cuerpo -¿Estás bien?

La jovencita apenas enfocó la vista y asintió, estaba muy borracha. Su vestido remangado y el peinado que practicó toda la tarde, deshecho.

-Me… quiero… ir…- balbuceó.

Sin pudor Oscar la revisó, la muchacha aún tenía las bragas puestas. Ayudándola a ponerse de pie, la bajó de la cama para sacarla de la habitación.

-¡Oye!- el anfitrión la tomó brusco de un brazo, antes de agregar -Cuidado con lo que andes diciendo por ahí, no soy un violador- la soltó.

Oscar apoyó a Marie en un muro, previo a darle un puñetazo en el rostro a quien la miraba de manera altiva y sin ningún remordimiento.

-Aprovecharse de una chiquilla borracha para tener sexo, es lo mismo. No te engañes.- le dijo con los ojos húmedos por la rabia y las manos aún empuñadas.

Haciendo oídos sordos a los apelativos de "loca", "mojigata", "violenta", "escandalosa", "rara" y otros tantos similares o peores, sacó a su amiga de ese lugar. Ninguno de los asistentes conocía a Marie como ella. Su amiga soñaba con perder la virginidad con su primer novio formal, un muchacho que pudiera presentarle a sus padres, alguien que la quisiera como ella soñaba y que hiciera de ese momento algo especial. Era una romántica empedernida.

Las dos muchachas de dieciséis años caminaron hasta llegar a la casa de Marie, ubicada en el mismo distrito, pues no se atrevieron a llamar a sus padres o no las dejarían salir nuevamente. Oscar se quitó la chaqueta de cuero que complementaba su sencillo atuendo de jeans y botines negros, sumados a una ajustada camiseta blanca, para cubrir los hombros de su amiga debido a que esta perdió su chaqueta, y sólo estaba con un corto vestido de color rosa.

Entraron por la puerta de servicio sin problemas, debido a que el señor Merci, chofer de los padres de Marie y que acostumbraba a llevarla al colegio desde que era pequeña, las vio llegar. El discreto hombre no hizo preguntas, remitiéndose a darles un café muy cargado. Luego de que Oscar acostara a su amiga en su habitación, le pidió al inesperado cómplice que la llevara a casa, sin siquiera notar haber perdido su teléfono.

Esa madrugada, los padres de la menor de los Jarjayes estaban en la sala de estar esperando a que su hija llegara, pues a diferencia de los padres de Marie, de los cuales eran amigos hace años, Regnier, y debido a su trabajo, era consciente de las cosas terribles que ocurrían a diario. Con eso en mente, insistió en permanecer despierto hasta que su niña llegara a salvo. Sin embargo, cada hora que pasaba sin noticias de ella, lo sumía en una terrible angustia. Sobre todo, cuando un desconocido contestó su celular, argumentando haberlo encontrado tirado en la calle.

Cuando vio a la delgada muchacha cruzar la puerta, junto con soltar el aire que retenía en el pecho y sin siquiera pedirle alguna explicación, el entonces capitán de la BRI mandó a su hija a la habitación, indicándole que hasta que cumpliera dieciocho años, no tendría más permisos para fiestas. Sus manos temblaban y un frío sudor le cubría la espalda.

Oscar se fue en silencio a su cuarto, sin enterarse jamás de lo que sus padres hablaron en la cocina después de que ella se acostara:

-Regnier, habla con ella. Debe existir alguna buena razón para que desobedeciera- dijo Georgette con tranquilidad, mientras le servía un vaso de whisky a su marido.

Ella, después de criar a varias hijas mientras él viajaba por su trabajo, gozaba de más paciencia y temple que su marido.

-Podría haberle pasado algo terrible, tú no sabes las atrocidades que le ocurren a muchachas como ella y Marie. Los depredadores abundan- contestó el hombre vaciando el vaso de licor de un solo trago.

-Pero nuestra hija es responsable pese a su juventud, ya viste que la trajo el chofer de los Lorena, no quiso caminar sola pese a estar cerca de casa. La conocemos.

Le sirvió dos dedos más de whisky, y lo abrazó desde la espalda tras entregarle el vaso nuevamente. El hombre bebía en silencio mientras miraba el jardín trasero.

-No te cierres con ella- continuó la mujer –Ustedes se parecen demasiado. Si haces eso, Françoise no confiará en nosotros. Es mejor que le enseñes cómo defenderse, a que la amonestes sin más.

-Sé muy bien que sabe dar golpes- ironizó Regnier, pues en más de una ocasión, el establecimiento educacional los llamó por las peleas de la menor de la familia.

-No me refiero a eso…- Georgette se puso frente a su marido y le acarició una mejilla –Dale herramientas que la ayuden y te tranquilicen, guíala en encauzar su sentido de justicia, que es muy similar al tuyo. Acércala a ti y no la alejes, es la oportunidad perfecta. Está creciendo rápido, mantenla cerca de nosotros.

Esas sabias palabras, propiciaron que Regnier llevara a su hija a su lugar de trabajo al día siguiente, bajo la excusa de olvidar algunos documentos. Françoise, decidida a permanecer en silencio, pues prefería aguantar cualquier castigo a traicionar a su amiga, aceptó acompañarlo sin chistar y ni siquiera se quejó, cuando le dijeron que tendría que esperar a navidad por un nuevo celular.

Padre e hija caminaron por los pasillos del cuartel, hasta llegar a lo que parecía una habitación con varios carriles separados por mamparas transparentes. Los ojos de la jovencita brillaron curiosos cuando su padre pidió, a quien estaba a cargo, algunos implementos como audífonos y antiparras. Cuando la guió a uno de los cubículos y le pidió se posicionara junto a él, Françoise no lo dudó. Como si hablara del clima, Regnier le comentó qué puntos eran los mejores para disparar, detallando puntos donde una bala no hacían tanto daño, versus los que eran fatales. Los ojos de la muchacha brillaban entusiastas.

Le indicó que se pusiera los artículos de protección, así como él lo hizo y disparó. Después de un rato, le indicó que se quitara los cubre oídos y preguntó si quería probar. Françoise no cabía en sí de júbilo. El hombre apretó el botón que acercaba la lámina con la diana de forma humana y la cambió por una nueva.

Françoise aguantó la respiración con las manos húmedas debido a los nervios.

-Sé que si crees necesario contarme por qué llegaste tarde ayer, lo harás- dijo Regnier como si nada mientras la ayudaba a tomar posición -Pero si no quieres hablar de ello, quiero tener la tranquilidad de que la rabia que a veces te nubla el juicio, sea utilizada de manera correcta. Tengo que saber que te sabes defender.

Tomándola de los delgados hombros, la ubicó frente a un blanco que estaba a metros de distancia.

-Separa los pies a la altura de los hombros, pon uno levemente más adelante del otro- Sonrió al ver cómo la muchacha seguía sus instrucciones. Le entregó su arma de servicio –Toma con las dos manos el arma. Flecta un poco los codos, no los mantengas demasiado rígidos- la corrigió -Apunta y aprieta el gatillo apenas te coloque nuevamente los protectores auditivos.

Esa fue la primera vez que Françoise disparó un arma. Un verdadero descubrimiento para ella, y algo que cambió la relación con su padre, pues comenzó a preguntarle a diario por su trabajo, interesándose por todo lo relacionado con defensa personal y casos por resolver.

La joven nunca confesó lo que ocurrió en aquella fiesta, ni que después de eso, en el liceo la molestaron a ella y a Marie durante meses. Regnier, por su parte, nunca comentó a nadie que interrogó al chofer de los Lorena y luego, tras ir directamente a la mansión donde se realizó la fiesta, amenazó veladamente al jovencito dueño de casa. Con el paso de los años, la linda relación que formaron padre e hija quedó sepultada cuando Françoise, decidió entrar a la academia de policías. El peso de "ser la hija de" fue demasiado para ella, tanto, que hizo lo posible para que no la relacionaran con su padre, llegando a utilizar un apelativo masculino. Así comenzó a llamarse Oscar.

This is the end
Hold your breath and count to ten
Feel the Earth move and then
Hear my heart burst again
For this is the end
I've drowned and dreamt this moment
So overdue, I owe them
Swept away, I'm stolen

-Teniente Jarjayes, la esperan.

La voz de un joven uniformado la regresó al presente. Siguió al hombre hasta la oficina del general Bouillé. Apenas ingresó, se acercó al escritorio de quien la observaba con el ceño fruncido. Dejó su placa de oficial sobre la superficie.

-Supongo que me llamó para esto- dijo con calma –Mi arma no la tengo, me la solicitaron cuando me dieron la baja médica.

Bouillé se puso de pie y comenzó a caminar por la oficina. Las manos enlazadas en la espalda.

-Eres tan soberbia como tu padre- la observó desde la distancia –Y es en honor a su memoria, que no te doy de baja de manera definitiva- habló con firmeza –Otros en tu lugar son expulsados sin miramientos. Desobedeciste órdenes expresas, y no sólo te arriesgas a ti misma, sino que también a tus compañeros, a quienes formaban parte de la unidad y a los que están a cargo de la investigación. -caminó hasta quedar frente a ella –Incluso arriesgas a tu familia- le reprochó –El atentado era en tu contra y sigues metiendo la nariz en un caso que no puedes tener- enfatizó -Piensa en tu madre, y deja de ser insensata- le reprochó.

Oscar asintió en silencio. Sabía que su superior tenía razón, pero en su interior sabía también que estaba obsesionada y no desistiría.

-Hiciste un juramento, te debes a tu institución. Debes cuidar de la ley y no manipularla a tu conveniencia.

-Yo no…

-Sí lo haces- Bouillé alzó la voz interrumpiéndola –Está usando recursos de la institución para obtener información. Utilizando tu placa interrogas a efectivos y civiles fuera de la ley.

La rubia bajó la vista mientras se mordía el interior de la mejilla.

-Estás de baja sin goce de sueldo por tres meses- sentenció el mandamás –Ahora, puedes retirarte e intenta que tu suspensión no sea permanente.

Oscar salió de la oficina.

Mientras estaba arriba del taxi que la llevaría a casa de Yusúpov, tomó su celular y le escribió a Marie, a quien no había podido sacar de su cabeza tras entrar a la central.

"Gracias por haberme acompañado en el funeral de mi padre, a pesar del peligro que significaba para ti."

Presionó enviar.

A los minutos recibió una respuesta.

"No eres la única que sabe ser leal… Y ya le dije todo a Louis. Hans insistió en conocer a mi hijo. No podía continuar con ese secreto."

"¿Estás bien?"

"Tanto como podría estarlo. Louis se fue de casa, pero no se quiere divorciar. Solo dice que necesita tiempo. Te contactaré cuando sepa que haré, por ahora, necesito paz."

Oscar, junto con lamentar lo que su amiga estaba pasando, apagó la pantalla de su celular pese a estar tentada por un segundo en enfrentar a Fersen y exigirle que dejara en paz a su amiga. Mas en esta ocasión el sentido común primó, ella no tenía por qué inmiscuirse en eso. Pagó el taxi y descendió en su destino.

Let the sky fall
When it crumbles
We will stand tall
Face it all together
Let the sky fall
When it crumbles
We will stand tall
Face it all together
At Skyfall
At Skyfall

Ignoró la mirada inquisidora de Yusúpov cuando este le abrió la puerta del departamento. En el simple y reducido espacio donde destacaba la limpieza, orden y la ausencia de artículos de decoración, pues no había más que un sofá frente a un televisor bastante grande y una mesa con cuatro sillas, tomó asiento donde Leonid le indicó. Quedó sola cuando el capitán entró a lo que seguramente era la cocina, el hombre volvió enseguida con un vaso lleno de un contenido que parecía un zumo, aunque de un color verdoso.

-Bébelo, es una receta de mi tierra- lo dejó frente a ella -Se nota que tienes una resaca terrible y te necesito alerta.

Oscar hizo caso y tragó el líquido viscoso. Apenas terminó, Yusúpov se sentó frente a ella, al otro lado de la mesa.

-¿Revisaste lo que te entregué?- ella asintió -Hoy en la noche, coordiné que el mequetrefe de Motte asista a una supuesta reunión con quien está infiltrado en nuestras filas, y que al parecer es su superior en la red de trata de personas.

-¿Pero…?

Calló al observar que Yusúpov apretaba un botón de un mando a distancia, y lo que ella pensó era una pared se enrollaba de forma automática. El telón ocultaba un muro con mapas, fotografías, puntos de colores, anotaciones en post-it e hilos de diferentes colores que conectaban rostros y fichas. Poniéndose de pie rápidamente se acercó al enorme esquema de pistas.

-¿Cómo lograste conectarlo con todo?- preguntó mirando la fotografía de Nicolás Motte al centro del collage. A su lado, la fotografía de Jeanne -Ni siquiera nosotros logramos acercarnos tanto…

-Tengo más experiencia- contestó el hombre con una nada disimulada soberbia -Te llevo cinco o seis años, eso tiene relevancia en nuestro campo. Tú y tu equipo son buenos, pero aún les falta ca…

-Calle, lo sé- completó Oscar acercándose un poco más al muro y sin darle demasiada importancia -Si ya lograste contactar a Nicolas para hoy, ¿cómo es que aquí no está identificado quién es el cabecilla de todo?- apuntó un signo de interrogación con el ceño fruncido y algo despertando en su interior. Su corazón comenzó a latir más rápido.

-Tengo sospechas, pero me faltan pruebas- se paró junto a ella -Y si bien aún no está identificado oficialmente, pude rastrear el medio de comunicación. Es mediante un blog de avisos de bienes raíces.

Oscar asintió sintiéndose de pronto indispuesta, se tocó la frente: estaba cubierta de sudor.

Skyfall is where we start
A thousand miles and poles apart
Where worlds collide and days are dark
You may have my number, you can take my name
But you'll never have my heart

-Mi unidad respaldará a quienes llevan el caso de Rosalie Lamorliere- continuó explicando Yusúpov.

La teniente siguió con la vista el hilo que unía una foto de Rosalie con Nicolas. Creyó ver tres hilos en lugar de uno.

-Él asesinó a la hermana de Jeanne en lo que supongo, fue una venganza contra su antigua socia- dijo el hombre apuntando una fotografía de Jeanne.

-¿Y los padres de Jeanne y Rosalie, fueron asesinados por Julie Polignac?- preguntó la teniente con la cabeza trabajando a toda velocidad e intentando seguir los hilos en la pared. Sintió la boca seca.

-Aparentemente fue una venganza por el asesinato de Charlotte en Suecia a manos de Motte- apuntó con un dedo la fotografía que inició el caso.

Oscar entrecerró los párpados al ver en la pared, junto a la fotografía que Leonid apuntaba, la imagen que ella y Víctor obtuvieron del aeropuerto de Estocolmo.

-¿Desde cuándo espías a mis hombres?- volteó hacia Leonid con la mirada brillante de rabia, sintió que el suelo se movía bajo sus pies. Sus botines de pronto se hicieron pesados, como si estuvieran anclados al piso.

-El fin justifica los medios- el hombre sonrió de lado y mostró teatralmente el muro -Aquí está todo lo que no pudiste unir. Iban bien encaminados, era cosa de tiempo que lo lograras, pero eres demasiado ansiosa.

Oscar apretó los puños y optó por callar. Necesitaba llegar al final de todo y ni siquiera su orgullo se lo impediría. Volvió a mirar el esquema en la pared.

Let the sky fall (let the sky fall)
When it crumbles (when it crumbles)
We will stand tall (we will stand tall)
Face it all together
Let the sky fall (let the sky fall)
When it crumbles (when it crumbles)
We will stand tall (we will stand tall)
Face it all together
At Skyfall

Yusúpov ignorándola se alejó y tomó una carpeta que estaba sobre la mesa. Sacó de ella una fotografía del director Jarjayes y otra de Bernard. Pegó ambas en la pared y las unió con hilo azul al signo de interrogación. El cual, a su vez, estaba unido a la fotografía de Julie Polignac.

-Este es el asesino de tu padre- Leonid apoyó el índice derecho en el símbolo -Estoy seguro. Lo mismo que de Bernard y de la Polignac. Y si no actuamos bien hoy, también lo será de Motte. Ese maldito tiene una guillotina sobre su cabeza y lo sabe- respiró profundo -Está demás decir que, si no evitamos que lo mate, perderemos toda oportunidad. La operación debe ser hoy.

-Y si Jeanne no permanece desaparecida, engrosará la lista- murmuró Oscar asintiendo.

Dando un paso al frente apoyó la mano sobre la imagen de su padre. Se sentía cada vez peor.

-Esta debí ser yo…- murmuró.

-Así es. Estás molestando a alguien con influencias y que está más cerca de lo que crees.

-Leonid… ¿Qué fue lo que bebí?- murmuró cerrando los ojos.

-Te dije, algo de mi tierra. Tranquila, despertarás como nueva…

Oscar apenas escuchó estas palabras. Sintió que todo giraba a su alrededor. Quedó desmayada en brazos de quien la sostuvo justo antes de caer al piso., mientras su celular vibraba insistentemente en su bolsillo.

Where you go, I go
What you see, I see
I know I'd never be me
Without the security
Of your loving arms
Keeping me from harm
Put your hand in my hand
And we'll stand

[…]

Let the sky fall
We'll stand tall
At Skyfall
Ooh


Víctor apretó la tecla de cortar el llamado cuando, por tercera vez, saltó el buzón de voz de Oscar.

-No contesta…- murmuró preocupado.

Alain detuvo el automóvil en las cercanías del departamento de la que fue su jefa de unidad.

-Mas les vale no estar follando como conejos cuando lleguemos- dijo con el ceño fruncido -Porque esos deberíamos ser nosotros y estamos aquí, al otro día de nuestro compromiso buscando a ese par de tóxicos, porque no son capaces de contestar el puto teléfono- azotó la puerta del automóvil apenas bajó.

-Alain, no es el momento- la voz de Víctor cargada de seriedad.

-No, no lo es- lo miró de regreso con la misma gravedad -Y más te vale entender que no soportaré esto el día de nuestra boda, ni nunca más- calló cuando su celular sonó, contestó. -Hasta que te dignas a agarrar tu maldito teléfono, estamos frente al edificio de Oscar. Vístanse- calló escuchando a André por la otra línea. Arrugó el entrecejo y entrecerró los párpados mientras oía -Bueno, te esperamos aquí. Tienes que venir, es importante- cortó. -Parece que terminaron- le dijo a su novio sin entender nada.

Víctor encogió los hombros antes de decir:

-Vamos por un café. Mándale un mensaje para que te avise cuando llegue- se alejó del automóvil ya estacionado en un parqueadero -Es demasiado. Ya escuché tus reclamos, no quiero escuchar los de Oscar y por Dios, menos los de André.

Alain lo siguió metiéndose las manos en los bolsillos, y aún sin entender que podría haber pasado entre sus amigos.

-André era muy amigo de Bernard- murmuró tras dar dos zancadas y posicionándose junto a Víctor, que ya se había adelantado -Necesitará apoyo.

-Tendrás que dárselo tú, yo no quiero saber nada- lo cortó su novio. Tanto tema personal lo estaba poniendo de pésimo humor.

-o-

André fijó la vista en el cristal de la ventana del café, la gente que circulaba a media tarde por la acera, parecía estar en otra dimensión. Incluso era como si no tuvieran rostro. Dejó de escuchar a Alain en el momento en que este le dijo, que Bernard apareció muerto en un callejón.

El café frente a él se enfrió mientras pensaba en la familia de su amigo; nunca los conoció. Y ese era uno de los serios problemas de las grandes urbes. El tiempo pasa demasiado rápido, todos tan preocupados de cumplir con sus trabajos, desarrollarse profesionalmente hasta conseguir el ansiado éxito, que las cosas simples dejan de importar. Intentó recordar si en algún momento, conversó con su amigo de algo más que no fueran casos. No pudo. Así se había forjado su amistad, intercambiando información útil para ambos. ¿Cómo establecieron lazos? Fue debido a la confianza. Algo muy difícil de conseguir en el ámbito en que ambos se desarrollaban.

Se pasó la diestra por el rostro en un intento de volver al presente, de concentrarse. Posó la vista en Alain, que lo observaba con los ojos cargados de preocupación. Comparó esa amistad con la que sostenía con Bernard. Era muy diferente. Alain se había convertido casi en familia. Deslizó la vista hacia Víctor, este estaba a la izquierda de su novio mirando el celular con el ceño fruncido.

-No contesta porque ya lo sabe- dijo lleno de amargura -Le avisaron y por eso se fue, estoy seguro.

-No sabes…- intentó interceder Alain.

-¡Lo sé!- cortó André dando un golpe en la mesa y antes de ponerse de pie. Sacó dinero de su billetera, lo dejó junto al café del que apenas pudo tomar un sorbo -En su departamento hay una foto de Bernard de hace pocos días- comenzó a caminar.

Alain y Víctor siguieron cada furibundo paso de André, dándole espacio, pero sin perderle la pista. Lo vieron hablar con el conserje que lo conocía de años; bromear y preguntarle por los resultados del último partido de fútbol del fin de semana, por sus hijos. No tardó en conseguir que los acompañara y abriera la puerta con la llave de seguridad, aduciendo haber dejado las suyas en su departamento. Guiñó un ojo y palmoteó la espalda del hombre cuando este, a modo de despedida, le dijo que hacían tan bonita pareja con la señorita Françoise, que ya debería pedirle matrimonio después de tantos años. El anciano se marchó murmurando que ahora los jóvenes se tomaban demasiado tiempo para formar familia, que en su época era todo más rápido.

Apenas quedaron a solas los tres hombres en el departamento, André volteó sobre la mesa el contenido que horas atrás, dejó dentro de una carpeta al recoger las cosas del piso. La fotografía de Bernard estaba arrugada. Víctor le tomó una copia con su teléfono y marcó nuevamente el número de Oscar.

-Contesta, maldita sea- gruñó a la grabadora que nuevamente lo atendió -Alguien debe quedarse aquí esperándola, puedo rastrear esta fotografía desde mi departamento, aquí no tengo lo necesario- dijo al cortar y mirando a André.

Este encogió los hombros antes de decir:

-No le debo nada. Intentaré contactar a quien lleve el caso de Bernard, antes de ir a su departamento a ver qué consigo- sin decir nada más se fue.

Alain se sentó resignado en el sofá.

-Supongo que soy yo el elegido- dijo tomando el control remoto de la televisión.

Víctor se inclinó y lo besó en los labios a modo de despedida.


A mitad de camino André cambió de opinión, decidió no llamar a quien llevara el caso de su amigo e ir directamente al departamento de Bernard. Esperó que alguien saliera para poder entrar, algo bastante usual en los edificios sin conserje a cargo. En el oscuro pasillo se inclinó y con una herramienta que no usaba hace años, pero que permanecía en su llavero, abrió la cerradura.

Intentando entender cómo es que la cadena de seguridad estaba echada en el interior, trabando la apertura, sintió el cañón del arma que se apoyó en su frente antes de ver unos angustiados ojos verdes rodeados por ojeras. Recorrió el rostro de la mujer que le apuntaba sin que le temblara la mano.

-Jeanne…- susurró alzando las manos -Me llamó André y soy amigo de Bernard.

Los ojos de la mujer miraron de lado a lado por la abertura. Al ver que el hombre estaba solo, contrapreguntó:

-¿Dónde está ese imbécil?

-Déjame entrar, tenemos que hablar.

-Ni lo sueñes, sé quién eres. Eres un maldito oficial- empujó con el arma la frente de André -¿Por qué te envió? ¿Por qué viniste sin llaves?

-Bernard está muerto.

André aprovechó el efecto que sus palabras provocaron, para tomar el cañón de la pistola y forcejear a través de la apertura. Profirió una maldición cuando Jeanne le apretó el brazo intentando cerrar. Soltó la pistola y empujó con todas sus fuerzas la puerta. La cadena cedió desde la base. El impacto lanzó a Jeanne al piso. Luego de patear el arma para alejarla, tomó a la mujer de los brazos y la zamarreó mientras gritaba:

-¡Ahora me va a decir qué mierda haces aquí!

Jeanne alzó una pierna y lo pateó en la ingle con todas sus fuerzas para que la soltara. André gruñó de dolor antes de caer de rodillas.

Ambos quedaron en el piso, adoloridos y furiosos. Jadeantes y llenos de preguntas. Eran dos fieras heridas evaluando cómo atacar primero.


Decenas de imágenes desfilaban frente a Víctor, sus dedos volando sobre el teclado mientras su mente intentaba conectar todo. Durante horas pinchó todas las cámaras disponibles, intentando recrear una línea de tiempo para Bernard. Según el informe de autopsia, murió pocas horas después de salir del Cibercafé. El periodista sabía lo que hacía y cómo despistar, tomó dos taxis hasta que llegó a las inmediaciones del cuartel de la RAID.

Un sudor frío comenzó a humedecerle la espalda y sus latidos se aceleraron, cuando logró identificarlo en una imagen frente al cuartel. No se le veía el rostro, pero reconoció su indumentaria. La figura borrosa de Bernard habló por teléfono y tras cortar, esperó durante largo rato. Al ver salir a un grupo de efectivos vestidos de civil, los siguió. Tras unos metros, y cerca de un callejón, le habló a uno de ellos. El hombre, que tampoco se distinguía en detalle debido a la distancia, volteó. Víctor maldijo al no poder ver los rostros desde esas cámaras de tránsito. Ambos hombres se internaron en el callejón, a los pocos minutos, solo uno salió del sitio donde apareció el cuerpo de Bernard.

Víctor recordó que, un local comercial ubicado frente al lugar que desde hace semanas recorría a diario, tenía varias cámaras de seguridad instaladas. Al menos una debería apuntar a ese callejón. Tras copiar en su celular el vídeo que posicionaba a Bernard minutos antes de morir en ese sitio, tomó sus llaves, teléfono y salió de su departamento. No obstante, y mientras el ascensor lo llevaba al subterráneo donde estaba su automóvil, pensó nuevamente en Oscar. Ella siempre le respondía las llamadas y ya habían pasado horas.

Abrió la aplicación de rastreo de su teléfono y pinchó el dispositivo que tenía desde hace años enlazando, pero que jamás revisaba. El celular de Oscar dio señal en una dirección que le pareció familiar, cerró los ojos un instante y se esforzó en recordar. Su memoria fotográfica comenzó a trabajar a toda máquina, abrió los párpados cuando vio en su mente, la fotografía de identificación que acompañaba el archivo donde leyó esa dirección.

Nada tenía sentido, Oscar no tenía por qué estar ahí. Se subió al automóvil y partiendo a toda velocidad, decidió ir en esa dirección.

Continuará…


Perdón por el retraso y gracias por continuar leyendo. Uno siempre espera que las cosas fluyan más rápido o salgan más fáciles, pero la vida tiene siempre sus propios planes.

Agradezco cada comentario queridas mías, me alegran cuando las leo y, aunque no lo crean, me meten gasolina (como dice Daddy Yankee jejeje) si no, ni les digo… Esto quedaría en hiatus.

Este es el penúltimo capítulo, y creo que se nota. Los personajes ya corren solos, no hay más análisis que hacer, sus historias están relatadas y ahora simplemente el rompecabezas comienza a tomar forma. Ya saben, si les gusta, coméntenme y si no, también jajajaja pero con respeto. Me gustaría saber si les ha gustado este género en fanfics, sé que es poco usual, pero bueno, ha sido entretenido internarse en lo policial.

Gracias a mis betas Krim y Cilenita, como gozamos revisando los caps… y no crean que saben todo, porque hasta ellas se ven sorprendidas en más de una ocasión.

Besos y abrazos, cuídense mucho, por favor.

PD: El momento musical estuvo a cargo de la incomparable Adele y su Skyfall… Porque, bueno, a nuestra rubia, el cielo se le está cayendo a pedazos.