Capítulo 20
Sólo son negocios
No supo muy bien cuánto tiempo pasó, pero poco a poco comenzó a recobrar la conciencia hasta que finalmente se despertó, encontrándose tumbado en una limpia y mullida cama; tenía los brazos parcialmente vendados y notaba cómo le dolía todo el lateral derecho del cuerpo, por lo que se enderezó todo lo despacio que pudo sin poder evitar que un dolor intenso le sobreviniera de repente. Miró a su siniestra y vio entonces a servine a su lado hecho un ovillo, a lo que el chico tan solo pudo esbozar una agradecida sonrisa.
-Gracias por no dejarme solo, colega-pensó Lucho, acariciándolo suavemente para no despertarle.
Todavía no se había situado del todo cuando, en ese justo momento, entró de golpe y porrazo en la estancia lo que a todas luces parecía un vaquero tejano. Era un hombre de mediana edad, de ojos oscuros y pelo castaño oscuro rizado, con dos pobladas patillas; vestía como un vaquero, con una camisa cobriza, corbata azul clara, chaleco marrón claro, pantalones vaqueros de color similar a la corbata y un guardapolvo del mismo color que el chaleco. Portaba un sombrero blanco de ala ancha enorme además de llevar consigo un maletín marrón oscuro e incluso lucía un vistoso reloj de oro, al cual echó un vistazo rápidamente antes de mirarle fijamente con cara de malas pulgas.
-¡Espere, señor, todavía no se ha recuperado del todo!-le decía la voz de la enfermera jefe justo detrás de él.
-¡Tú, chaval, despierta, necesito que me digas un par de cosas!-exclamó el hombre con voz grave y acercándose a el.
-Ah, espere un momento… ¿Do… dónde estoy?-inquirió Lucho, aún algo aturullado.
-¡Despéjate de una vez, que no tengo todo el día! ¡Escucha, tú eres el chaval que no le dio tiempo a cruzar el puente! ¿¡No?!
-Ah, sí… ¡pero no me zarandee, que me duele todo!-pidió él, adolorido.
-¡Entonces tú debiste verlos, necesito que me lo digas! ¿¡Adonde fueron?!
-¿Verles, a quienes, de qué me habla? No entiendo…
-¡Señor, señor, ahora no está en condiciones de ayudarle, déjele descansar por favor!-pidió la enfermera jefe en ese momento, parándolo.
Costó un poco al principio, pero finalmente la mujer le convenció de dejarle descansar y se marchó rápidamente; una vez solos, la enfermera le habló.
-Perdónale, es algo impulsivo y borde, pero lo hace por el bien de la ciudad, él es el que se encarga de todos los negocios portuarios… y, además, es un arqueólogo empedernido.
-¿Y quién es, exactamente?-inquirió Lucho, tumbándose de nuevo.
-Se llama Yakón, emprendedor, hombre de negocios y es además el líder del gimnasio-anunció la enfermera jefe.
-¿De veras?-murmuró él, sorprendido ante esa revelación.
-Sí… me ha pedido que en cuanto te dé el alta vayas a verle al gimnasio, quiere preguntarte un par de cosas.
-Está bien…
Le estuvo revisando un poco, al tiempo que le explicaba que le encontraron gracias a servine, el cual vino al centro pokémon buscando ayuda, que era donde se encontraban. La caída le dejó algo adolorido pero por suerte no se rompió nada, por lo que un poco de descanso, algo de pomada para los hematomas y unos analgésicos para el dolor sería más que suficiente. El chico se quedó más tranquilo y estuvo descansando durante el resto de la mañana en compañía de su servine, que le hizo compañía en todo momento.
Esa misma tarde le dieron el alta y fue a ver a Yakón sin mayor dilación; su gimnasio estaba en uno de los extremos de ciudad Fayenza, una localidad eminentemente comercial. Con el puerto de mercancías más grande de todo el cantón, y situada en la bahía de ese lado de Teselia, ciudad Fayenza podía presumir de ser una ciudad muy próspera y bastante bien situada. Con una economía boyante gracias sobre todo al tráfico constante de mercancías provenientes de todas partes del mundo, la densidad de población era muy destacable y mucha gente no solo de Teselia, sino de otros cantones e incluso países llegaban allí en busca de una oportunidad de negocio o de trabajo. Gracias a esto la tasa de paro en esa ciudad era una de las más bajas de todo el cantón, y eso se traducía en una infraestructura muy cuidada, con unos servicios muy buenos y unos edificios muy limpios y cuidados, aunque no tan altos como en ciudad Mayólica ni muchos menos Porcelana. El mercado de abastos, siempre bien surtido gracias al puerto, también era un punto de encuentro y turístico destacado, atrayendo a clientes de todo tipo y de otras partes del cantón.
De camino al gimnasio se dio cuenta de que había perdido la gorra desde que cayó del puente, por lo que regresó un momento al centro pokémon para preguntar por ella, pero por desgracia no la tenían. Eso le dejó un tanto desanimado, aunque confiaba en poder encontrarla pronto ya que fue un regalo de su hermana hace ya mucho. Al igual que ella le regaló su gorra, él hizo lo mismo con la suya, por lo que era un objeto con un gran valor sentimental para él, y perderlo sería un varapalo muy grande.
En cuanto llegó al gimnasio, una recepcionista le dio la bienvenida y le guio hasta el despacho de Yakón, pasando entre medias por el campo de batalla; en éste, vio a Yakón sentado frente a un vistoso escritorio de madera labrada y hablando acaloradamente por teléfono.
-Sí, sí… quedamos en que traerías cinco toneladas de antracita en el plazo de un mes. Tarifas a parte… sí, sí… ¿Permisos aduaneros? ¿De qué demonios me hablas? Eso no es mi problema…
Al verle en la puerta le indicó por señas que se sentara; al hacerlo, vio a Cheren a su lado e inquirió sorprendido.
-Anda Cheren ¿qué estás haciendo aquí?
Como contestación el aludido le chistó con gesto amedrentado, al tiempo que Yakón dio un súbito puñetazo en la mesa, indicándole por rápidos y contundentes gestos que se callara.
-Perdón-musitó el chico, sentándose y callándose de seguido, al tiempo que Yakón retomaba su conversación.
-Sí… sí, de acuerdo, si hace falta yo aceleraré los trámites… sí, quedamos en eso, sí… venga, adiós.
Tras eso el líder colgó, dejando escapar un cansado suspiro y dirigiéndose a ellos.
-Bof, qué estrés… a ver, pipiolos, quiero que me contestéis a un par de preguntas.
-¿Qué haces aquí, tío?-inquirió Lucho en ese momento, dirigiéndose a Cheren.
-¡Las preguntas las hago yo! ¿¡Estamos?! ¡Y nada de informalismos!
-¡Sí, señor!
-¡Muy bien, a ver si hacemos esto rápido! ¡Desde esta mañana ando cabreadillo porque una panda de impresentables del equipo Plasma se ha atrevido a husmear y meter las narices en un cargamento importantísimo de alabastro!-anunció el líder, visiblemente enfadado.
-¿¡Qué, el equipo Plasma?!-soltó Lucho, súbitamente cabreado.
-¡¿Pero se puede saber quién demonios te ha dado la palabra?!-bramó Yakón, molesto.
-¡Perdón!
-¡No me vale, mientras esté yo hablando no quiero oír ni una mosca! ¿¡Estamos?!-gritó Yakón, dando otro puñetazo en la mesa.
Ante tan contundentes declraciones ni Cheren ni Lucho se atrevieron a decir nada. Yakón se dio por contestado, al tiempo que continuó con sus explicaciones.
-¡Vale, sigo! ¡Los tenía interceptados, pero los perdí de vista a mediodía cuando algún idiota bajó el puente sin mi permiso! ¡Eso les permitió escaparse de mi vista y ahora no sé dónde se han metido! ¡Tú, fuiste el primero en cruzar antes de que el pertinente inútil levantara el puente, y tú, fuiste el segundo y el que casi se mata cuando éste volvió a subir, por lo tanto, debéis de haberlos visto pasar!
-¿Yo? Pero… no vi a nadie, en cuanto llegué al otro lado fui a la ciudad y usted me paró-se justificó Cheren, sin saber muy bien qué decir.
-Y yo menos, estaba cayendo, ni siquiera pude ver nada, sólo mi muy posible descalabro-añadió Lucho, con algo de ironía.
-¡No me vale, no me vale! ¡Puede que sea cierto que no los hayáis visto, pero vuestras acciones permitieron al equipo Plasma huir! ¡Y tú, chaval, fuiste el doble de imprudente quedándote en el medio del puente haciendo el tonto, sabes que hay un límite de tiempo para cruzar y vas y lo malgastas contemplando las vistas!
Lucho abrió la boca para intentar explicarse, pero Yakón le cortó por lo sano con mucho ímpetu.
-¡No quiero excusas! ¡Vosotros habéis provocado este caos y vosotros lo vais a arreglar buscando a esos mastuerzos del equipo Plasma! ¡Nadie toca mi alabastro!
Hubo un breve silencio en el cual ambos chicos no supieron muy bien qué decir a continuación, puesto que no llegaban a entender del todo de qué manera eran responsables de tan estrafalaria situación. Yakón les acusaba de algo que no estaba en su mano, y toda posibilidad de contestar o defenderse quedaba rápidamente ensombrecida ante la mala baba de ese hombre, cuya vena supratroclear se hacía más y más gruesa a cada minuto que pasaba.
-¿¡A que esperáis, a que os de un caramelo?! ¡Vamos!
Ambos chicos se levantaron como un resorte sin atreverse a decir nada, dirigiéndose hacia la salida, pero antes de marcharse el líder detuvo a Lucho.
-Ah, por cierto chaval, creo que esto es tuyo.
Sacó entonces de uno de sus cajones la gorra de Lucho, sorprendiendo y aliviando gratamente al muchacho al verla.
-¡Mi gorra!
-El viento la llevó hasta aquí…-explicó Yakón.
-Muchas gracias-agradeció el chico, poniéndosela. Comenzaba a sentirse desnudo sin ella.
-Venga, venga…-les apremió el líder, regresando rápidamente a sus tareas.
Una vez fuera pudieron hablar con tranquilidad, siendo Lucho el primero en opinar al respecto.
-Vale ¿qué acaba de pasar exactamente?
-Creeme, yo tampoco lo sé por mucho que he intentado comprenderlo-admitió Cheren, subiéndose sus gafas con gesto plano.
-Pero ¿cómo puede ser todo esto culpa nuestra? Entiendo que esté nervioso si se trata del equipo Plasma, pero en serio ¿por qué nos manda a nosotros esto?
-Preguntaselo a ver que te dice…
-Huy, no, quita, quita…
Dado que no sabían muy bien por donde empezar se dirigieron a los alrededores del puente donde, en teoría, el equipo Plasma había desaparecido. Estuvieron buscando indicios de a donde podían haber ido, preguntando a las personas más cercanas y al encargado del puente en ese extremo, el cual les supo decir algo.
-¿Os envía Yakón? Por favor, no más, ya me echó la bronca antes, no quiero tener más cargos de conciencia sobre mí…
-Tranquilo, sólo queríamos hacerle un par de preguntas, eso es todo-murmuró Cheren, con tono conciliador.
-Oh, bueno… ¿qué necesitáis saber?
-Yakón nos comentó que el equipo Plasma rondaba por aquí antes de que el puente bajara ¿llegaste a ver algo sospechoso?-inquirió Lucho.
-No sabría deciros con seguridad, si bajé el puente fue porque llevaba toda la mañana levantado y había mucha gente que quería pasar, pero Yakón insitía e insistía que el puente debía de seguir levantado hasta que él diera la orden de bajarlo. Me presionaban demasiado desde el otro lado, así que finalmente tuve que bajarlo.
-Quizás eso era lo que el equipo Plasma quería, que el puente bajara para poder escapar, de ahí a que luego Yakón se pusiera como una mona-asumió en ese momento Cheren.
-Puede ser, dijo que los tenía interceptados… ¿vio a alguien del equipo Plasma cruzar?
-No, de eso estoy seguro, si alguno de esos tipos hubiera cruzado los habría visto, no son precisamente discretos con esos trajes tan raros que llevan.
Ante eso ambos entrenadores asintieron con la cabeza, y es que un caballero templario no pasaría muy desapercibido entre la muchedumbre, recordando Lucho la última vez que los vio en ciudad Porcelana.
-En ese caso tienen de seguir por aquí, debieron de aprovechar la distracción del puente para escabullirse-obvió Cheren en ese momento.
-Sí, pero… ¿dónde pueden haberse escondido?
Hubo un breve silencio en el cual todos estuvieron pensando detenidamente, aunque en ese momento el empleado del puente comentó.
-Bueno, si se trata de esconderse el lugar más cercano desde aquí es el propio puerto…
-Claro, es lo suficientemente grande y amplio como para esconderse-asintió Lucho.
-Vamos entonces.
Agradecieron la ayuda del empleado del puente y se dirigieron hacia allí a no más tardar.
El puerto de Fayenza era uno de los más ocupados del sureste Asiático y Asia oriental, junto con los de Singapur, Hong Kong, o Busan. Miles de barcos de carga hacían parada en ese puerto, siendo el más concurrido de toda Teselia. En sus muelles vieron barcos de todo tipo, desde enormes portacontenedores así como graneleros, metaneros y grandes petroleros, viendo uno llamado Sirius Star, el cual se encontraba descargando todo el crudo de sus tanques.
Aprovecharon su estancia en los muelles para preguntar a algunos de los operarios que allí trabajaban si habían visto algo o alguien raro. Les costó un poco dar con una respuesta fiable, pero finalmente hubo alguien que les supo decir.
-¿Tipos raros? Ahora que lo mencionáis, llegué a ver esta mañana a un grupito de gente muy extraña que parecían caballeros medievales, aunque no les vi muy bien…
-¿Dónde fue eso?-inquirió Lucho, ávido de una respuesta.
-En los muelles del sur al lado de los almacenes frigoríficos, estaba ayudando a descargar un barco frigorífico de bandera liberiana.
-Gracias… ¡vamos!
Siguiendo las indicaciones del operario encontraron finalmente el susodicho barco de nombre Lombok Strait, el cual parecía haber visto mejores días puesto que muchas partes de su casco blanco se encontraban bastante corroídas debido a la exposición constante con el agua de mar. Justo enfrente vieron entonces dichos almacenes frigoríficos, donde se guardaban las cargas frías.
-El barco es frigorífico, así que es normal que atraque aquí cerca… espera ¿y si se han metido justo ahí?-sugirió en ese momento Cheren.
-Es posible, después de todo sería un buen lugar donde esconderse, casi nadie miraría ahí-asintió Lucho.
Antes de hacer nada decidieron avisar a Yakón usando el videoemisor y, en cuanto estuvo enterado, entraron a investigar en el más alejado de todos. El interior de la nave era muy amplio y se encontraba hasta arriba de contenedores herméticos congelados por la acción de las máquinas frigoríficas situadas en todos los laterales del almacén. El frío era tal que quemaba la piel, pero aguantaron el tipo como pudieron mientras exploraban el lugar. En un momento dado, Cheren comentó entrecortadamente.
-¿Sabes? Me estoy acordando de lo que me dijo Mirto esta mañana…
-¿En este justo momento?-murmuró Lucho, extrañado.
-Sí, y por más que le doy vueltas no logro comprenderlo. Sé que el hombre quería hacernos pensar, y se nota que sabe de lo que habla, pero sigo sin entender por qué un campeón como él se cuestionaría así sin más su propio título…
Al principio no supo muy bien qué decirle, pero tras pensárselo bien finalmente le dio una respuesta.
-Bueno, entiendo que sigas haciéndote esa pregunta, al fin y al cabo es el campeón… pero oye, piensa que hemos hablado con él y lo hemos podido conocer un poco mejor ¿no es eso genial? Dudo mucho que alguien más pudiera decir lo mismo…
Por un momento Cheren se quedó callado, sopesando lo que le dijo su amigo y comenzando a castañear los dientes en el proceso.
-Puede ser, pero… no era lo que me esperaba. No puedo dejar de sentirme decepcionado al respecto.
Ante eso Lucho no supo muy bien qué más decirle, ya que nunca le había visto tan abatido como en ese momento. Quiso decir algo, animarle al respecto, pero enseguida comprendió que le dijera lo que le dijera no sería suficiente como para animarle. Por lo que, sin muchas más opciones, optó por dejarlo estar, al menos de momento.
Atravesar el almacén no fue tarea sencilla, puesto que el frío imperante comenzaba a notarse cada vez más y más, lo que les hizo aminorar la marcha. Además, en algunos puntos el suelo se había congelado y debían caminar con cuidado si no querían darse la costalada padre. Curiosamente no vieron a ningún operario por las inmediaciones, aumentando cada vez más las posibilidades de que se hubieran escondido por allí si no estaba vigilado de ninguna manera.
Finalmente llegaron al extremo más alejado del almacén, donde vieron un contenedor en una esquina sospechosamente semiabierto, mientras que el resto se encontraban cerrados a cal y canto.
-Mira eso-observó Lucho, frunciendo el ceño.
-Sí… vamos.
Entre los dos terminaron de abrirlo del todo y, una vez dentro, y se encontraron con un chiste; y es que un total de ocho caballeros templarios se encontraban todos abrazados, envolviéndose entre ellos para darse calor. Y en el centro del improvisado corro se encontraba un sabio que no habían visto nunca; poseía unos rasgos muy rectos, su pelo era de un tono ceniciento muy destacable, con unas cejas muy finas y un tono de piel algo pálido. Su túnica era de un color morado intenso, con el símbolo del equipo Plasma en su pecho.
-¡Qué frío! ¡Juntaos más a mí, que me estoy helando!-exclamó éste en ese momento.
-¡Sí, señor Menek!-exclamaron todos los soldados, tiritando de igual forma.
En ese momento los dos se adelantaron, siendo Cheren el primero en hablar.
-Vaya, pues si tanto frio tienes te acompañamos fuera…
-¡El frío es irrelevante cuando tenemos una tarea tan importante entre manos! ¡No podemos quedarnos de brazos cruzados siendo conscientes de una realidad tan cruel!-exclamó el tal Menek en ese momento.
-¿Y qué realidad es esa, según tú?-inquirió Lucho, desconfiado.
-¡La del status que poseen los pokémon! ¡Hay un barco aquí en el que los manipulan como vulgares objetos, transportándolos en fríos y estériles contenedores como si fueran mero ganado! ¡No podemos permitir que los traten de semejante forma sólo por dinero!
-¿De qué hablas? ¿Y el alabastro que queríais mangar? No nos trates de engatusar con vuestra estúpida propaganda, que os tengo calados-le espetó Lucho, molesto.
-¿Alabastro? ¿De qué hablas? ¡Nosotros no perseguimos fines materiales, sino algo mucho más puro y auténtico! ¡Algo que ni siquiera los entrenadores como vosotros, ofuscados en vuestros propios intereses y deseos de gloria ajena, comprenderíais! ¡Demostradles de lo que una sola voluntad es capaz de hacer!-ordenó entonces Menek.
-¡Sí, señor!
Al punto, los ocho caballeros se pusieron en guardia y atacaron a la vez. Cheren se encargó de una mitad, mientras que Lucho hizo lo propio con la otra mitad. No fueron gran cosa, el frío imperante apenas les hacía pensar con claridad, aunque el último con el que peleó Lucho le dio un poco más de cancha aunque no por las razones más apropiadas.
-¡Adelante, ducklett!-exclamó el chico, sacándolo.
Sin embargo, nada más salir de su ball, el pokémon volador agua se quedó muy quieto al sentir el frío, negándose a combatir en esas condiciones.
-¡No! ¿Qué haces, ducklett? ¡Golpe áereo!
-¡Buena baza!-ordenó el caballero a un sandile.
Aprovechando el estoicismo de ducklett, el pokémon tierra siniestro se abalanzó sobre él y le asestó un fuerte golpe con sus garras envueltas en un aura morada oscura; el golpe fue tan crítico que ducklett se tambaleó hacia atrás, herido de consideración.
-¡Aguanta ahí, acua aro!-exclamó Lucho, contrariado.
Sin embargo el pokémon siguió en sus trece, negando con la cabeza y revoloteando rápidamente a su alrededor, sin muchas ganas de combatir. Ante esa situación, el soldado aprovechó para increparle.
-¿Esto es lo que haces, obligar a tu pobre pokémon a luchar en contra de su voluntad? ¡Por eso nuestra labor es más necesaria que nunca! ¡Deberías liberarlo inmediatamente!
-¡Nada de eso, lo que ocurre es que ducklett es recién capturado, eso es todo!
-¡Razón de más entonces, debe ser consciente de dónde se ha metido y por eso se niega a servirte!
Ante eso el chico no supo muy bien qué más decir. De alguna manera sabía que con ducklett no iba a ser fácil por cómo era, pero en ningún momento pensó que le dejaría en una situación tan delicada. Por un instante pensó en recogerle, pero eso le daría más motivos a esa gente para increparle y echarle en cara cosas que, en realidad, no eran verdad. Pero tampoco podía obligarle a seguir luchando así sin más, ya que eso significaría darle la razón al equipo Plasma, cosa a la que se negaba en redondo. Se descubrió entonces incapaz de seguir, sintiéndose totalmente bloqueado, por lo que Cheren se vio obligado a intervenir.
-¡Pignite, de frente, demolición!
Aprovechando que había mejorado su velocidad previamente al haber hecho nitrocarga unas cuantas veces, el pokémon fuego se adelantó y le asestó un duro golpe en la cabeza a sandile, que cayó derrotado rápidamente.
-¿Estás bien?-inquirió su amigo en ese momento, al ver su cara.
-Ah, sí… gracias, Cheren…
Los soldados retrocedieron sin más opciones y Lucho recogió a ducklett sin decir nada más. Fue entonces en ese mismo instante cuando se presentaron en el lugar Yakón acompañado de toda una tropa de operarios de los almacenes.
-¡Ajá, os pillé con las manos en la masa! ¡Nunca hubiera pensado que alguien fuera capaz de esconderse en estas neveras gigantes! ¡Vosotros, llevaos a estos vulgares ladrones!
-¡Sí, señor!
Entre todos los operarios se llevaron presos a los soldados del equipo Plasma y a Menek, el cual no quitaba el ojo de encima a Lucho. En cuanto pasó a su lado, se dirigió a él directamente.
-¿Sientes eso? Ese frío que te recorre la espalda no es porque estemos aquí, es porque te has dado cuenta de algo en lo que nunca antes habías reparado…
-No porque usted lo diga-le espetó Lucho, particularmente molesto.
Ante eso Menek esbozó una sonrisita, al tiempo que se estremecía y mascullaba.
-Ah… ¡qué frío, qué frío! ¡Fríos son los sentimientos que afloran por primera vez en la mente humana!
Y, tras esas palabras, los operarios se lo llevaron sin mayores contemplaciones. El ceño de Yakón se contrajo, un tanto extrañado al respecto, pero enseguida se repuso comentando de seguido.
-¡Buen trabajo, pipiolos, los habéis encontrado! Ya sabía yo que hice bien encargándoos esta tarea a vosotros, sin duda alguna ambos sois dos recios candidatos…
-¿En serio? ¿Por eso nos mandó ir a por el equipo Plasma, para probarnos?-inquirió Cheren, ceñudo.
-Por un lado sí y, por otro, no. Sabía que si me ocupaba yo mismo de este asunto espantaría a esos peleles, por lo que decidí dejároslo a vosotros, que llamaríais menos la atención-explicó el líder.
-Ya veo, por eso no nos dio más detalles…
-¡Exactamente! Supuse que, si os ponía en situación, la presión podría con vosotros y eso os haría fallar, por lo que decidí confiar en vuestro criterio y buen hacer. Si algo me ha enseñado mi trabajo es que debes confiar siempre en tu instinto.
-Entiendo…
El único que no dijo nada fue Lucho, el cual se encontraba sumido en sus propios pensamientos; al verle tan callado, Yakón murmuró.
-Sin embargo, aunque los hayamos capturado esto está lejos de haber terminado, así que si no os importa os voy a pedir que os dirijáis al gimnasio para prestar declaración cuando llegue la policía.
-De acuerdo, lo que necesite-asintió Cheren, sin mayor problema.
-Bien, me adelantaré, ahora os veo.
Yakón se marchó primero y, una vez fuera de los almacenes, se dirigieron para allá sin más tardar. De camino estuvieron hablando un rato, siendo Cheren el primero en hablar.
-Antes te quedaste paralizado, nunca te había pasado…
-Ya, es que… se trata de ducklett, lo capturé apenas unas pocas horas y antes de hacerlo me estuvo haciendo la pascua un buen rato. Sabía que no iba a ser sencillo tratar con él, pero no me esperaba para nada que me fuera a dejar tirado de esa forma. En otras circunstancias no hubiera habido ningún problema, pero… esos mamarrachos buscaban una excusa para ponerme como el malo de la película otra vez, y por un momento no supe reaccionar.
-Entiendo… era demasiado pronto, entonces.
-Sí, no sé por qué pensé que tal vez ducklett sería una buena opción. Debí ir con simipour.
-Bueno, no te preocupes, son cosas que pasan, y criar a un pokémon no siempre es sencillo. Dale tiempo, ya se irá acostumbrando a ti.
-Sí…
Siguieron las indicaciones de señales por las calles de la ciudad hasta llegar al gimnasio y, en cuanto llegaron, se encontraron con una sorpresa. Y es que tanto el propio Ghechis como una numerosa tropa de caballeros templarios se encontraban junto a la entrada hablando con Yakón, el cual aún retenía a Menek y los demás soldados capturados.
-Le agradezco inmensamente que haya cuidado de mis hombres, señor Yakón, espero que no le importe que nos vayamos ahora que todo este pequeño malentendido ha sido resuelto…
-¡No tan deprisa, aún no se ha resuelto nada! ¡Mis hombres me avisaron esta misma mañana de que un grupito de su gente andaba merodeando por el puerto e inmediatamente me puse en alerta! No sé si lo sabrá, pero la mitad de ese puerto me pertenece y, si lo creo conveniente, estoy en mi derecho de detener a quien sea que entre en él sin mi correspondiente permiso.
-Por supuesto, después de todo no hay en toda Teselia ningún otro empresario como usted, capaz de analizar la situación en un golpe de vista. Sin embargo sigo sin comprender por qué iban mis hombres a entrar en un lugar privado sin mi previo consentimiento…
-Ah, no lo sé, dímelo tú mismo ¿por qué estaban allí para empezar?
Ante esa pregunta Ghechis no se mostró nervioso en ningún momento, esbozando una conciliadora sonrisa y murmurando de seguido.
-Bueno, estoy seguro que el sabio que iba con ellos podrá responder a todas sus preguntas sin ningún problema ¿no es así, Menek?
-Por supuesto que sí, gran Ghechis. Si estábamos allí era porque sabíamos que en uno de los barcos allí atracados mantenían guardados a pokémon como si fueran simple ganado, no podíamos consentir semejante vejación y nos dirigimos allí para potestar pacíficamente, eso es todo-explicó el susodicho, sin ningún ápice de duda en su voz.
-Ahí lo tiene ¿lo ve? Como ya bien sabrá, el equipo Plasma aboga por un mundo en el que tanto personas como pokémon vivan en igualdad de condiciones, lejos de todo conflicto y maldad. Nosotros, como equipo, tenemos todo el derecho del mundo para protestar y hacernos oír ante los demás. Después de todo, si por algo destaca Teselia es por la gran diversidad de personas y opiniones que en ella viven. En eso estará de acuerdo conmigo, con toda seguridad.
-Sí, desde luego…
-En tal caso, y tal y como yo lo veo, lo improcedente aquí sería el hecho de que usted haya arrestado impunemente a varios de mis hombres que tan sólo querían hacer uso de su derecho a protestar como cualquier otro ciudadano en éste cantón. ¿No lo cree?-inquirió en ese momento Ghechis, mirándole fijamente.
Ante esa situación Yakón se serenó y, tras pensar detenidamente su réplica, continuó.
-No, si todo lo que dices suena tan bien como en un cuento de hadas. Mira, no tengo ningún problema en admitir que a veces mi temperamento puede sacar lo peor de mí, pero siempre digo lo que hay. Tú en cambio sueltas tu discursito, en el que quedas de madre, pero en realidad suena más falso que un billete de veinticinco… ¿Cómo llamas tú a eso?
Ante esa acusación Ghechis tan sólo esbozó otra sonrisa, contestando rápidamente.
-Oh, por favor, no pretendo antagonizarle ni mucho menos, pero me llama la atención la manera en la que se ha abordado toda esta cuestión. No se trata de levantar muros, sino de limar asperezas en haras de un entendimiento mutuo que nos satisfaga a todos. Nosotros tan solo queremos lo mejor para las criaturas que pueblan este mundo a nuestro lado, así que… ¿qué mejor forma hay de expresar nuestra postura que mediante una protesta pacífica? Después de todo no soy el único que piensa así, y tenemos a muchos más integrantes en nuestras filas dispuestos a defender nuestra noble causa…
Al oír eso el ceño de Yakón se frunció, al tiempo que esbozaba una desdeñosa sonrisita y murmuraba de seguido.
-Je, no si será verdad o si me estás soltando un farol… pero reconozco que lo has conseguido, ale, llévatelos a casita.
Ghechis sonrió ante su triunfo, comentando rápidamente.
-No piense mal de nosotros, por favor, simplemente creo necesario señalar cuando se comete una injusticia, al fin y al cabo todos tenemos derecho a expresar nuestra opinión.
-Sí, por supuesto, qué duda cabe…
Yakón dejó ir a Menek y los demás y, una vez juntos de nuevo, el sabio se acercó a Ghechis, agradeciéndole su intervención.
-Muchísimas gracias, gran Ghechis…
-Está bien, Menek, era lo mínimo que podía hacer, después de todo estamos todos juntos en esto ¿acaso no somos un equipo al servicio de nuestro señor?
Al oír eso el ceño de Lucho se frunció, recordando entonce mirando fijamente a Ghechis, al tiempo que éste y los suyos se preparaban para marcharse. Formaron entonces una especie de procesión con los sabios justo en el centro y, antes de irse, Ghechis habló una vez más.
-La misión del equipo Plasma es hacer que éste mundo sea mucho más justo tanto para humanos como para pokémon, pero especialmente para los pokémon. No ganamos nada con simples e insustanciales riñas que no llevan a nada. Piensen por un momento en qué sería mejor para todos, y especialmente para tan maravillosas criaturas.
Tras eso Ghechis lanzó una mirada furtiva a Lucho, el cual se la devolvió con frialdad, pero sin poder evitar sentir cómo otro escalofrío le recorría la espalda. Observaron a la comitiva dirigirse hacia el oeste hasta desaparecer.
Una vez solos, el líder de gimnasio se permitió el lujo de opinar en voz alta.
-¿Acaso ese hombre se cree que me chupo el dedo? Será posible…
-Parece que sabe de lo que habla…-murmuró Cheren en ese momento.
-¡Por supuesto que lo sé! El barco del que hablan, el Sea Horse, es un antiguo portacontenedores con bandera de las islas Marshall que recala aquí cada cierto tiempo porque es el puerto grande más cercano que tiene. Allí todavía no tienen una conexión estable y eficiente con el resto del sistema de transferencia y, para mandar y recibir pokémon, tienen que hacerlo a la antigua usanza tratándolos como mercancía manufacturera de alta empresa. No es elegante, eso desde luego, pero es efectivo. Si lo hacen es por necesidad, no por gusto.
-Ya veo, entonces malinterpretaron toda la situación… aparentemente-añadió Lucho rápidamente.
-Exacto, aparentemente. ¿Adivináis qué más transportaba el Sea Horse?-inquirió entonces Yakón, frunciendo el ceño.
-Su alabastro-corearon los dos chicos.
-¡Eso es! ¡Y esos papanatas se creen que pueden engañarme diciendo lo buenos y nobles que son! ¡Pues no paso por el aro! ¡Seré un borde y un escandaloso, sí, pero no pienso consentir que me tomen por tonto! ¡He dicho!
Ante eso los dos chicos dejaron escapar una pequeña risita, comprendiendo un poco mejor al líder del gimnasio, el cual se relajó acto seguido.
-Pero bueno, al menos esto no ha escalado más de lo necesario, aun así habrá que echarle un ojo a esa gente, me dan mala espina. En cuanto a vosotros está claro que algo teneis si habéis conseguido derrotar a Camila, me gustaría combatir con vosotros, pero esta semana me es imposible, tengo un montón de negocios que atender. Pasaos por el gimnasio y pedid cita a mi secretaria.
-Muchas gracias, señor Yakón-agradeció Cheren, con su habitual rectitud.
El aludido se despidió de ellos tomando su maletín y dirigiéndose al centro de la ciudad rápidamente. Tanto Lucho como Cheren dejaron el recado, dándoles cita para la semana que viene aunque en días distintos, y una vez fuera Cheren anunció.
-Bueno, pues dado que tenemos toda una semana por delante habrá que entrenar en condiciones…
-Sí, a mí me espera todo un desafío por delante-asintió Lucho, acordándose de ducklett.
-No te preocupes, seguro que con el tiempo acabarás domándolo, ya lo verás. En fin, nos veremos por aquí.
-Vale, venga, hasta luego.
Una vez solo, Lucho se dio el lujo de soltar un hondo suspiro. Ese desencuentro con el equipo Plasma y lo ocurrido con su pokémon no había hecho más que caldear sus ánimos para con ellos. No le molestaba el hecho de no haber podido enfrentarlos, sino más bien que no hubiera podido hacer nada por defender su postura y demostrarles todo lo contrario a lo que predicaban. La rabia bullía en él. E iba a usarla para hacer más fuertes tanto a él como a sus pokémon. Eso por descontado.
Esa misma noche, ciudad Mayólica brillaba en la oscuridad de la noche; el bullicio de gente y la fría y esteril atmósfera que impregnaba la localidad no terminaba de convencer a N, pero hasta él podía ver algo bueno en ella, como la noria del parque de atracciones, quizás su lugar preferido y con amplia diferencia. Si no hubiera gente sería su lugar ideal, pero apenas había pokémon, y eso siempre le entristecía. Todas las ciudades que había visitado hasta el momento les pasaban lo mismo, la alta densidad de población opacaba a la naturaleza y a los propios pokémon, desproveyéndolas del encanto y belleza de los pueblos más pequeños del cantón. Pueblo Terracota le gustó en ese sentido, y fue allí donde la conoció. A la única persona con la que hablaba aparte de sus más cercanos confidentes y allegados. Con quien nunca antes hubiera llegado a pensar que compartiría algo más que una simple amistad. Y sin embargo, ahí estaban, saliendo formalmente. El simple hecho de pensarlo hacía que algo en su pecho se agitara, aumentando el ritmo cardíaco de su corazón de manera exponencial. Si no fuera porque ya sabía lo que era, le asustaría muchísimo. Pero sabiendo que se trataba de ella, no había nada que temer. Sentía que a su lado podía ser él mismo sin miedo a que le rechazara. Porque sabía que siempre le iba a escuchar. Eso era, con toda seguridad, lo que más atesoraba de ella.
Apretó el paso para llegar lo antes posible, ya que había quedado con ella en la ruta 16 para llevarla a un lugar que él conocía muy bien; dejó atrás el centro de la ciudad y se dirigió al este, donde se concentraban los suburbios antes de salir de la localidad. El aspecto a ese lado era mucho más pobre y deprimente, con edificios más viejos y desgastados y sin apenas servicios cerca. N apretó el paso, un poco nervioso, aunque en ese momento oyó una voz no muy lejos de allí exclamar con asco.
-¡Maldito bicho inútil, me has hecho perder mucho dinero!
Algo en la cabeza del muchacho hizo clic y se acercó lentamente mientras seguía escuchando; entre los gritos imperantes podían oírse los aullidos lastimeros de un pokémon, combinados con el inconfundible sonido de un palo siendo arrastrado y agitado.
-¡Era lo poco que tenía, confiaba en que me ayudarías a ganar el doble, pero ahora no tengo nada! ¿Cómo voy a pagar ahora el alquiler? ¡No eres más que un chucho asqueroso inservible!
Se asomó con cuidado por una esquina y lo que vio le partió el alma. Y es que un hombre de mediana edad de pobre aspecto físico y vestido con unos sucios harapos se encontraba golpeando con una vara a un herido herdier, el cual apenas hacía nada por defenderse. Los ojos de N se anegaron al escuchar lo que decía, por lo que no pudo más e intervino.
-¡Usted! ¿¡Qué está haciendo?!
-¡No te metas en esto, chaval, no te incumbe!-le espetó el hombre de mala manera.
-¡Sí, sí que me incumbe, lo que está haciendo está mal, deténgase!
-¡Porque tú lo digas, éste saco de pulgas no sirve para nada, ni siquiera para las carreras! ¡Le daré su merecido!
-¡No, ya basta!
El hombre levantó la vara para asestarle otro seco golpe con ella, pero antes de que la bajara N se movió como una gacela y se interpuso entre el pokémon y el arma. El golpe fue directo, aterrizando sobre su espalda e infringiéndole un gran dolor, pero el chico lo aguantó con entereza mientras cubría a herdier con su cuerpo. Al ver esto el hombre se quedó anonadado, mascullando de seguido.
-¡Pero bueno! ¿¡Es que eres imbécil o sólo un pobre idiota?! ¿¡En serio vas a protegerle?!
-¡Sí, a él y a todos, pégueme si quiere, pero no le haga daño!
-Oh, así que es eso ¿eh? En tal caso… ¡me desquitaré contigo!
Ni corto ni perezoso, el hombre le asestó un buen número de golpes con la vara en su espalda con todas sus fuerzas. N no dijo ni hizo nada, tan solo se quedó ahí recibiéndolos todos sin quejarse ni una sola vez mientras sostenía a herdier contra él, el cual le miraba conmovido. Al ver que el muchacho no reaccionaba el hombre se detuvo, mascullando de seguido.
-¡Bah, esto ya no es divertido, ahí os pudráis!
Y, con esas palabras, tiró la vara y se fue de allí corriendo. Una vez solos, N se permitió el lujo de dejar escapar un quejido adolorido, a lo que herdier respondió lamiéndole la cara.
-Tranquilo, estoy bien, sólo han sido unos rasguños. Lo importante es que tú estés bien-murmuró el chico.
Herdier gruñó por lo bajo, a lo que él respondió.
-Lo sé, es injusto. Aunque lo que más me duele es que quisieras seguir con él aun a pesar de todo. No te mereces eso, nadie se lo merece.
El pokémon normal dejó escapar un ligero aullido, a lo que él respondió.
-Tranquilo, todo esto acabará. No puedo seguir de brazos cruzados permitiendo que todo esto suceda. Pronto seréis todos libres. Me encargaré de ello.
Herdier ladró con gesto agradecido, a lo que él tan solo sonrió, acariciándole con infinita ternura. Se aseguró de que estaría bien y, en cuanto el pokémon se marchó hacia otro lado, N retomó su marcha. En su cabeza, miles de pensamientos la inundaban, sintiéndose cada vez más y más ofuscado. Pero había quedado con Liza, por lo que ignoró el dolor que sentía y siguió caminando hasta llegar a la ruta 16, al lado de unas vallas metálicas. Debajo de una farola se encontraba la chica, la cual esbozó un gesto alegre al verle, pero éste se sustituyó por uno de preocupación al ver su cara y la manera en la que caminaba. Llegó hasta él y le abrazó con fuerza, al tiempo que inquiría.
-¿Qué ha pasado?
N no contestó, dejando escapar un adolorido quejido en cuanto ella posó sus brazos sobre su espalda; los ojos del chico brillaban intensamente presa de un dolor físico y mental muy intensos, a lo que ella insistió.
-N, por favor, háblame ¿Qué te ha pasado?
-Es una larga historia… vamos al bosque, te la contaré allí, pero antes debemos buscar un par de cosas…
Aceptando sin más lo que la decía, la chica le sostuvo mientras se adentraban entre la hojarasca y una pequeña arboleda que separaba la carretera de la vía peatonal; tras un corto paseo llegaron a una intersección rodeada de altos árboles y, una vez que la pasaron, se encontraron en un extenso y profundo bosque.
-¿Dónde estamos?-inquirió Liza.
-Este es el bosque de los Perdidos-anunció N.
Las estrellas parpadeaban en el firmamento y una media luna alumbraba las copas de los árboles; el bosque se componía de varias elevaciones, superpuestas una con las otras, volviendo al sitio uno muy resguardado. La vegetación dominaba todo el enclave, destacando anchos alisios y altas coníferas que lo cubrían todo, haciéndolo un buen lugar para esconderse. Un pequeño arroyo que nacía de la parte más alta del bosque recorría la zona sur, y cerca de allí había un enorme tocón hueco donde se sentaron. Liza se apresuró a quitarle la camiseta a N, quedándose horrorizada ante lo que vio.
-¡Oh, dios mío N! ¿¡Quién te ha hecho esto?!
-Un desgraciado, ahora te cuento… busca unas bayas de color morado, deben de haber por aquí cerca…
-Vale, espera… ¡snivy, ayúdame a buscar!-exclamó la chica, sacándolo.
Entre las dos estuvieron buscando dichas bayas, encontrándolas enseguida creciendo en matorrales cercanos al lado de muchos árboles y trayendo un buen montón.
-¡Las tenemos!
-Vale, ahora machacadlas bien con un poco de agua hasta que se hagan una pasta…-indicó el chico, sin apenas poder moverse debido al dolor.
-Vale, ya veo… tráeme un poco de agua, snivy, por favor.
El pokémon planta asintió, regresando al poco rato con un cuenco lleno que la chica le entregó; en otro vacío machacó las bayas con sus manos hasta formar la pasta, untándola en las heridas.
-Eso aliviará el dolor-murmuró N, dejando que ella le tocara.
-Tienes que contarme lo que ha pasado.
-Sí, sí, verás…
Le estuvo resumiendo todo lo que ocurrió de camino hacia allí, una vez enterada Liza tuvo bastantes sentimientos encontrados, exponiéndolos rápidamente.
-Entiendo que quisieras intervenir, después de todo yo hubiera hecho lo mismo, pero exponerte así, dejar que ese energúmeno se cebara contigo…
-Tenía que hacerlo, Liza, si no lo hubiera hecho le hubiera apaleado hasta la muerte, y no podía permitirlo. No podía dejar sólo a mi amigo ante el peligro.
La fuerza y la convicción con la que dijo esas palabras conmovieron gratamente a la muchacha, la cual no pudo hacer sino otra cosa que sonreír mientras le vendaba.
-Eres increíble, N…
-No, yo sólo soy alguien que intenta hacer lo correcto, eso es todo… porque sé que nada merece más la pena…
Ante eso Liza no pudo más y, sin decir ni hacer nada más, le plantó un súbito beso en los labios al chico, que no se lo vio venir para nada. Aunque le sorprendió un poco al principio se dejó hace y le devolvió el gesto, alargando el momento todo lo posible y disfrutando de esa embriagadora sensación. En cuanto se separaron, ella murmuró.
-Por eso me gustas tanto… eres tan bueno con los pokémon, eres capaz de recibir una paliza por uno… realmente eres increíble, N…
El muchacho tan solo sonrió, negando con la cabeza, al tiempo que decía.
-No, los que son increíbles son los pokémon. Viven en sintonía con la naturaleza en todo momento, y aunque a veces cazan o son cazados está bien, porque así debe ser. Es parte del ciclo de la vida, y en ese sentido ni yo ni nadie puede estar por encima de eso. Pero cuando los humanos se toman la justicia por su mano… eso no lo puedo tolerar. No puedo ver sufrir a un pokémon, me hace sentir enfermo. Por eso intervine.
Liza esbozó una radiante sonrisa una vez más y se sentó a su lado, apoyando la cabeza en su pecho y observando juntos el paisaje. Una suave brisa de verano peinó las copas de los árboles, arrastrando consigo el aroma del bosque. En ese momento, regresó snivy de su incursión por el bosque y se echó a los brazos de su entrenadora.
-Snivy, aquí estás… gracias por tu ayuda antes.
El pokémon planta esbozó una sonrisita y se acurrucó en su regazo, al tiempo que ella lo acariciaba.
-¿Sabes? Al principio no sabía qué pokémon escoger, y por un instante hice esperar a la profesora. Pero hubo algo en la mirada del de Lucho que me hizo replanteármelo. Como ya sabes no empezamos con buen pie, pero ahora… todo es diferente. En los musicales me va mejor que nunca y la gente disfruta con lo que hago. Y también te conocí a ti… nunca hubiera pensado que acabaría así…
-Sí, a decir verdad yo tampoco me esperaba que acabaría así…todo es tan diferente, pero aun así… sigue habiendo maldad en el mundo…
Ante eso la chica suspiró, murmurando de seguido.
-Entiendo que te duela, pero no deberías exponerte así sin más ante el peligro… si algo te pasara, yo… no sé qué haría…
-No hace falta que te preocupes tanto por mí…
-¿¡Cómo que no?! ¡Eres mi novio! ¿¡Cómo no voy a preocuparme por ti?!
Los dos se miraron fijamente por un momento, perdiéndose el uno en los ojos del otro y viceversa. Tanto N como Liza se sonrieron, cogiéndose de la mano. Snivy se acabó durmiendo enseguida en el regazo de su entrenadora, al ver esto N comentó.
-Sólo hacen eso cuando realmente tienen una conexión profunda con otros de su misma especie. Tú y yo no somos de su especie, somos humanos, muy distintos, y aun así… consigues lo imposible…
Había momentos en los que a Liza le costaba entender al chico, sin embargo prefirió dejarlo estar y comentó.
-Tampoco es para tanto, después de todo fue mi primer pokémon… ¿Cuál fue tu primer pokémon?
-Puf, he tenido muchos de pequeño…-murmuró él, secamente.
-Bueno, pues ¿Cuál es al que tienes más cariño?
La pregunta hizo recordar a N ciertas cosas, perdiéndose repentinamente en sus recuerdos más lejanos.
La clase de matemáticas era su momento preferido del día; se sumergía en las lecciones y no dejaba escapar ni un solo dato que le transmitían, aprendiéndolo todo a tal velocidad que dejaba atónitos a todos los sabios. Y no hacía más que mejorar conforme pasaban las clases.
-Los positivos pasan a ser negativos y los productos pasan a ser divisiones; teniendo eso en cuenta, tras hacer primero los productos o divisiones, se suma o resta el resultado y se despeja equis. ¿Lo entiendes?
-¡Sí, es muy fácil!
El niño despejó la equis en apenas segundos y Menek se mostró asombrado.
-Vaya, muy bien, señorito… aprende con suma facilidad.
-¡Como molan las mates!
Tras el término de la clase, Menek le dio varias tareas para hacer y se marchó de su habitación, dejándole solo. Como se había quedado con las ganas de hacer más, se quitó de encima las tareas en menos de cinco minutos, poniéndose a jugar justo después. A lo largo de todo ese tiempo había ido consiguiendo muchos más juguetes de los que tenía antes, poseyendo ahora una extensa colección a la cual la daba un buen uso siempre que podía cuando sus obligaciones no interferían. En ese sentido no le faltaba nada y siempre estaba acompañado.
En un momento dado Ghechis se presentó de improviso con un pequeño pokémon en brazos.
-Mi señor, he traído algo que debería ver…
-¡Oh, vaya! ¿Cuál es ese pokémon?-inquirió al verle, lleno de curiosidad.
-Es un zorua. Lo rescaté de una casa de apuestas donde cometían todo tipo de fechorías con él. He pensado que con usted estará a salvo de esa gente desalmada…
Le entregó entonces al pokémon, el cual se encontraba dormido y visiblemente herido en distintas partes de su cuerpo. Al verlo el pequeño N abrió mucho los ojos, incrédulo por lo que veía.
-¿Por qué lo hacían?
Ghechis miró con desazón a la pobre criatura, al tiempo que comenzaba a relatar.
-Se suele decir que los zorua son pokémon problemáticos y de mal augurio que no hacen más que causar problemas. Lo tenían allí a modo de amuleto, pero un buen día dejó de darles suerte y la emprendieron a golpes con él al hacerles perder dinero.
-¿Sólo por eso?
-Ah, la gente es cruel y mezquina por naturaleza, no hay nada bueno ahí fuera para esta pobre criatura. Entre eso y el estigma que de por sí tienen muchos pokémon de tipo siniestro, tienden a ser rechazados. Esa gente no merece otra cosa más que el mismo tipo de trato que ellos mismos otorgan. Es cruel, pero es así. El mundo es muy injusto.
N asintió con la cabeza, esbozando un gesto triste en su rostro. Observó a zorua meciendolo entre sus brazos, tenía una brecha en la frente aún abierta y sin cicatrizar, así como numerosos rasguños por todo su cuerpecito. En ese momento el pokémon se despertó y, al verle, se zafó de él y salió corriendo, escondiéndose bajo su cajón de los juguetes. N se acercó a él y le vio por el resquicio del mismo, al tiempo que trataba de alcanzarle.
-No pasa nada, no voy a hacerte daño…
Zorua no le habló, ni siquiera le miró, temblando de puro miedo. N extendió sus brazos para cogerle y el pokémon se revolvió constantemente. Durante el forcejeo le arañó tanto los brazos como los antebrazos y hasta parte de la cara cuando por fin consiguió sacarlo; ignorando el dolor le miró y vio en sus ojos un miedo insondable de entre las lágrimas que caían de ellos, llegando entonces a escuchar su voz.
-Por favor… por favor… no me hagas daño… por favor…
Se miraron fijamente por un instante y, al segundo siguiente, N vio y sintió su dolor. Como resultado el niño lloró con él y le abrazó con fuerza, mientras las lágrimas rozaban su cara; zorua se sorprendió por su actitud y le preguntó al respecto.
-¿Por qué lloras?
-Porque… has sufrido mucho… te comprendo… el mundo de afuera es gris, no tiene color… lo siento… lo siento tanto… no puedo hacer nada… no soy un héroe, aún no…
Ante esas palabras zorua se calmó de improviso; de todas las personas humanas que había conocido, ese niño no se parecía a ninguna otra. Y, de cierta manera, eso le reconfortó, aceptando así su abrazo y quedándose a su lado. Supo entonces que no tenía nada que temer. Y por primera vez en mucho tiempo, se relajó en sus brazos.
-N… N…
N dio una cabezada y regresó a la realidad, viendo a Liza mirándole con gesto tranquilo y sereno.
-¿Has recordado algo?-inquirió ella, con calma.
-Sí… el pokémon a que tengo más aprecio es zorua.
-Zorua…
Dado que nunca antes había oído hablar de ese pokémon, sacó la pokédex para informarse al respecto.
-Zorua, el pokémon zorropillo; se transforma en otros para crear desconciertos. A menudo adopta la forma de un niño parco en palabras. Lo hace para protegerse a él y a los de su especie.
Por su parte N miró mal a la pokédex pero no dijo nada al respecto, respetando la decisión de Liza.
-Oh, qué mono… ¿lo tienes aquí?
-No…
Liza notó enseguida el gesto reservado del chico y guardó la pokédex rápidamente, cambiando de tema acto seguido.
-¿Sabes? Cuando te conocí al principio no sabía muy bien qué pensar sobre ti. No terminaba de comprender tus anhelos pero, al mismo tiempo, me atraías gratamente, quería saber más sobre ti. Y cuando empezamos a hablar todo se trasformó, se hizo… diferente.
-A mí me pasó algo parecido… tú… eres diferente, tiñes de color este mundo gris-murmuró él, con gesto profundo.
-¿Por qué dices eso de mundo gris? No entiendo a qué te refieres…-murmuro ella, ansiosa por una respuesta.
N la miró por un instante, no muy seguro de si decírselo o no. ¿Lo haría? ¿Sería su ahora novia lo suficientemente comprensiva? Hasta ahora le había demostrado que sí, pero algo en el fondo de su mente le detenía, como si fuera consciente de la situación.
-Pues porque…
No tenía sentido, sin embargo ahí estaba, hablando con alguien que realmente le comprendía y escuchaba. Y, un así, dudaba. Dudaba más que nunca. De su cometido en el mundo, de su destino, de todo lo que alguna vez pensó. Pero, al mismo tiempo, gente como la del incidente de antes le volvía a recordar que el problema seguía ahí y no se podría resolver jamás si no se arrancaba de raíz. Quería hacer esto, necesitaba hacer esto. Y, sin embargo, miraba a Liza y volvía a dudar. ¿Qué debía hacer?
-No es nada realmente, son cosas mías.
-Oh… entiendo.
-No pienses que es porque no confíe en ti, es solo que… aún no estoy preparado…
-No, está bien, lo entiendo, iremos poco a poco ¿vale? no te voy a obligar a soltarlo todo, no podría. Cuando sientas que estás preparado, tan solo dímelo. Yo siempre te voy a escuchar.
Ahí estaban de nuevo. Esas palabras que daban color a un mundo gris. Algo saltó en su pecho y, por primera vez, el chico tomó la iniciativa y la besó. Ella le devolvió el gesto y lo mantuvieron todo lo posible, al tiempo que sus corazones latían al unísono dejando pasar el tiempo. Una estrella fugaz rasgó el firmamento, siendo testigo de su beso.
¡Y continuamos con Pokémon! Ay, estos dos son una debilidad mía, no lo voy a negar. Originalmente la escena con el herdier no existía, pero dado que necesitaba darle una razón a N por la que seguir pensando en su cometido, la metí, siendo necesaria en ese sentido. No tendría mucha lógica que a lo largo de su viaje lo viera todo distinto y, aun así, seguir con sus planes así sin más. Además me ha permitido ahondar un poco más en su psique, así como de seguir trabajando a estos dos,
En cuanto a Lucho se refiere, como habréis podido comprobar no lo va a pasar bien con ducklett. Hasta ahora todos los protas no han tenido muchos problemas de conducta con sus pokémon, por lo que sentí que un conflicto de este tipo ayudaría a seguir construyendo al chico, así como poner a prueba su paciencia XD también he aprovechado para introducir a Yakón y continuar con Cheren, entre otras cosas. El conflicto con el equipo Plasma y el nuevo discurso de Ghechis está rehecho de arriba abajo, puesto que se basaba demasiado en el guion del propio juego, optando por algo más personal.
Y eso es todo de momento, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
