Capítulo 24
El sonido del corazón
Llegar a su destino le produjo sentimientos muy encontrados, muy acordes a su estado de ánimo actual; la luz del atardecer se ocultó tras unas espesas nubes grises que amenazaban con tormenta, oscureciendo el ambiente y su corazón. No tenía ganas de nada, y aun así ahí estaba, en una nueva ciudad por una nueva medalla que ni siquiera quería conseguir en esos momentos.
Ciudad Loza era una localidad más bien pequeña, eminentemente de montaña y asentada en un enclave rodeado de naturaleza; sus edificios no eran muy altos, con un estilo más suburbano incluso tirando a rural, y el núcleo urbano se concentraba en un solo sitio, estando bastante apiñada en ese sentido. Aunque si por algo destacaba esa ciudad era sobre todo por su sector industrial agrícola, ya que se producía en ella multitud de cosechas de todo tipo, cultivándose tanto en extensos terrenos fértiles adyacentes a la localidad como en grandes y modernos invernaderos, lo que les permitía cosechar durante todo el año. Y eso no era todo puesto que gran parte de lo que se producía se exportaba a través del aeropuerto de carga, en torno al cual se había ido desarrollando toda la localidad. Debido a esto casi toda su flota aérea consistía en un buen número de Airbus A300-600ST Beluga, un gran avión de carga diseñado específicamente para cargas voluminosas y que destacaba sobre todo por su peculiar forma jorobada que se extendía desde la parte alta de la cabina hasta casi la cola. Vio a uno despegar y otro aterrizar desde donde estaba, pero apenas les prestó atención.
Pasando por el centro de la ciudad buscando el centro pokémon, vio a un hombre de la altura de la profesora Encina acompañado de una chica bastante joven y de lo más atractiva; el hombre era de aspecto sesentón, de pelo color cobre claro, con un curioso flequillo hacia arriba. Tenía unas cejas pobladas algo más oscuras y una barba corta y sin afeitar, vestía con una camisa amarilla de rayas negras, con mangas y cuellos blancos y unos pantalones de seda marrón oscuros. Calzaba unos zapatos marrón claro. Al verle le miró con cierta mirada que a Lucho no se le escapó y se dirigió a él.
-Oye, perdona ¿no serás tú por un casual Lucho, verdad?
-Sí, soy yo…-murmuró el chico, sin muchas ganas de hablar.
-¿Podría echar un vistazo a tu pokédex?
Extrañado ante esa petición el chico sacó el aparato por un momento, con intención de ir a preguntarle algo antes de dársela, pero el hombre se adelantó y la cogió rápidamente, comenzando a revisarla.
-Ah, muy bien, qué buen registro, te has encontrado con más de sesenta especies… ¡anda, también has visto a un klink! No se te da nada mal…
-Oiga, me va a perdonar, pero ¿Quién es usted exactamente?-inquirió Lucho, tratando de ser lo más cortés posible en una situación como esa.
-¡Oh, perdona, con la emoción se me pasó presentarme! Soy el profesor Encina, Carrasco Encina.
-¡Ah! ¿No será usted por un casual el padre de la profesora?-inquirió Lucho, recordando entonces sus palabras antes en la cueva Electrorroca.
-Así es, y fui yo quien contagió a mi hija el gusto por la investigación. Precisamente fue ella quien me habló de ti, me comentó que apuntabas maneras en el entrenamiento-explicó el señor Encina.
-Ya…
-Pero bueno, ya que estás aquí te voy a instalar una nueva función en la pokédex.
Antes de hacer nada la apagó, para luego abrirla por la parte trasera con un pequeño destornillador de estrella, estuvo toqueteando una serie de comandos desde un dispositivo externo que conectó con un cable USB y finalmente se la dio tras reiniciarla.
-Listos, ahora registrará las diferencias entre pokémon machos y hembras, es una función que cada vez se está implementando mucho más en las pokédex más modernas, hace ya tres años desde que se probó ese software de actualización y va como la espuma-explicó el profesor.
-Entiendo, muchas gracias…
En ese momento, la chica joven se acercó e inquirió.
-Profesor, ¿con quién habla?
Lucho la observó por un momento, perdiéndose por un instante; así a ojo no tendría más de veintidós o veintitrés años, de piel morena y constitución atlética era pelirroja, con unas largas coletas que le caían hasta la altura del pecho y un doble flequillo que le cruzaba la frente. Tenía recogido el pelo en un pequeño moño y sostenido por una pinza con forma de hélice y sus ojos eran azules marinos, lo que contrastaba ampliamente con su pelo. Vestía una especie de uniforme de cuero de doble pieza, de color azul claro con tirantes y franjas de sujeción azul oscuro; calzaba unas botas del mismo color y llevaba además, sendos guantes de un color similar.
-Ah, perdona, perdona, es que entre pitos y flautas se me ha ido el santo al cielo. Éste chico es uno de los estudiantes a los que mi hija le dio la pokédex y su primer pokémon, está a su cargo. Lucho, te presento a Gerania, la líder del gimnasio de la ciudad-hizo las presentaciones el señor Encina.
-Ah, así que tú eres la líder…-murmuró él con sorpresa, ya que no se esperaba para nada que una chica como esa fuera la líder.
-Sí, soy yo, encantada-saludó ella, con una sonrisa.
-Bueno, yo me voy ya… si necesito algo más de ti, Gerania, te lo haré saber-comentó el profesor en ese momento.
-Profesor, ya se lo he dicho, mi avión es sólo de carga y no de pasajeros. Además, me habla de lugares como Kanto o Sinnoh como si estuvieran a la vuelta de la esquina, de todas formas tengo una agenda un tanto apretada últimamente…
-Bueno, bueno, no te apures, tendré que buscar otra forma de comunicación entonces… en fin, jóvenes, hasta la vista.
Y, tras esa rápida despedida, el hombre se marchó hacia el sur.
Una vez solos Gerania se mostró un poco más informal ante él, al tiempo que se desperezaba alargando su tonificado y un tanto voluptuoso cuerpo. Lucho apartó la vista un tanto azorado.
-Bof, vaya viaje, aún estoy encogida…
-¿Por qué lo dices?-inquirió el chico, intrigado.
-Porque me he tirado algo más de ocho horas seguidas pilotando de aquí hasta Indonesia y de vuelta… algunos viajes son matadores-reveló ella como quien habla del tiempo.
-Pilotando… espera ¿acaso no habrás venido en el Beluga que aterrizaba antes?-inquirió Lucho, sumamente impresionado.
-Pues sí, aquí dónde me ves yo soy la comandante del aeropuerto y una de los mejores pilotos de carga… y créeme, acabas molida manejando ese mastodonte de más de ochenta mil kilos…
-Vaya, debes de estar ocupadísima… ¿ya lo compaginas bien con ser líder de gimnasio?-obvió Lucho.
-Sí, bueno, no siempre estoy a los mandos de un avión a diario, pero las cargas más importantes las suelo llevar yo… quizás tenga un tiempo para ti si quieres combatir ya-comentó ella en ese momento.
Lucho abrió la boca para hablar, pero se encontró con que no supo muy bien qué decir a continuación; los acontecimientos más recientes con ducklett aún estaban muy presentes, y no se encontraba con los suficientes ánimos como para combatir en ese momento.
-Ah, mejor no, en otra ocasión…-murmuró el chico, sin poder ocultar su estado de ánimo.
Gerania notó enseguida su cambio de humor, sin embargo prefirió no decir nada al respecto, comentando de seguido.
-Como quieras, me viene incluso mejor, ya que cuando estaba bajando con el avión desde el norte para posicionarme y aterrizar me pareció ver un pokémon herido en la cima de la torre de los cielos, me gustaría ir a echar un vistazo.
-¿En serio lo viste desde la cabina a tanta distancia?-inquirió Lucho, anonadado.
-Por supuesto, después de todo, los pilotos debemos tener una vista muy buena si queremos volar y conseguir la licencia para ello.
-Entiendo…
Ante eso el chico se quedó ciertamente sorprendido por la disposición y buen hacer de la muchacha; en parte se lo esperaba, ya que después de todo era líder de gimnasio, pero aparcar su cansancio para ayudar a un pokémon herido le pareció bastante loable de su parte. De alguna manera sus ánimos mejoraron, preguntándola de seguido.
-Oye… ¿puedo acompañarte?
-Claro, está en la ruta 7, vamos.
La ruta 7 destacaba por parecerse bastante a la anterior que la precedía, ya que al igual que ésta se encontraba salpicada de bosques y vegetación, aunque al contrario que en la ruta 6 la altura sobre el nivel del mar era mayor, por lo que su clima era más suave y no hacía tanto calor como en la costa. Aunque lo más curioso de esa ruta era la existencia de una serie de pasarelas de madera por las que se podía cruzar para librar la hierba muy alta que ocupaba ciertos tramos de la misma. Si hubiera estado más animado se hubiera atrevido a cruzar por ellas, sin embargo el chico se conformó por seguir todo recto por el camino a lo largo de la parte más alta de la ruta, mientras iba hablando con Gerania.
-¿De dónde eres, Gerania?
-Soy americana, concretamente de Newark, en Ohio, pero como viajo mucho debido a mi trabajo, ya que el aeropuerto de ciudad Loza es uno de los puntos de distribución claves de Asia septentrional, y dado que al final acabaron destinándome aquí, decidí asentarme.
-Entiendo… ¿y cómo es que te dio por pilotar aviones?
-¡Ha sido desde siempre mi gran pasión desde que era pequeña! Empecé a los diez años haciendo mis primeros pinitos con un Cessna 180, que era de mi abuelo, y desde entonces no he parado. Me saqué la licencia para piloto comercial en cuanto cumplí los dieciocho y he estado pilotando desde entonces. Luego me enteré de que el anterior líder de gimnasio de la ciudad se retiraba y me aventuré como líder también…
-Vaya historia…
-¿Y qué hay de ti, Lucho?
-Tampoco hay mucho que contar, soy un aspirante como otro cualquiera, eso es todo…
-Bueno, pero algo debe haber que te motive ¿no?-inquirió la líder, curiosa al respecto.
-Si, bueno, la competición en pueblo Vidriera, pero…
-¿Pero?
Por un momento el chico se quedó callado, sin saber muy bien qué más contar en esa situación; por un instante se acordó de ducklett de nuevo y su rostro se ensombreció, cosa que la chica enseguida notó.
-¿Estás bien? Pareces un poco alicaído…
-No es nada, estoy cansado, eso es todo-mumuró él, secamente.
Ante eso ella prefirió no decir nada más al respecto, aunque en ese momento cogió carrerilla y, de golpe y porrazo, saltó hasta la pasarela más cercana, apoyándose sobre un solo pie en la pequeña superficie y demostrando un equilibrio bastante bueno. Desplazó su peso por todo su cuerpo, arqueando la espalda y echando hacia atrás la pierna no apoyada, cerrando los ojos en el proceso, al tiempo que comentaba.
-¿Sabes? Cuando algo me molesta o no sé muy bien qué hacer con una situación en concreto, siempre vengo aquí y me relajo en estas pasarelas. El equilibrio del peso de mi cuerpo sobre ella hace que me olvide de todo y me siento como si flotara, como cuando vuelo.
Lucho se quedó callado, observándola hacer, al tiempo que ella le animó a intentarlo.
-Venga, ven tú también, quizás te ayude…
-No soy muy diestro en esto del equilibrio, siempre me caía en las clases de educación física del colegio…
-Vamos, seguro que hasta alguien como tú le encuentra el punto a esto.
Aunque no las tenía todas consigo, finalmente el chico accedió y se quitó la bandolera para ello, dejándola por allí cerca; de un salto aterrizó sobre la estrecha pasarela, comenzando a bracear con fuerza para tratar de no pegársela.
-¡Agh! ¿¡Cómo haces para mantenerte tan en equilibrio?! ¡Esto es muy complicado!
-¡No lo pienses, simplemente suelta tu cuerpo y déjate llevar por la sensación!
Tratando de seguir su consejo Lucho intentó por todos los medios hacer exactamente lo que ella le dijo, pero estaba resultando ser mucho más complicado de lo que ella lo hacía ver. En un momento dado, la chica se acercó a él y le cogió de las manos, ayudándole un poco. Al principio el chico se sobresaltó, ya que no se esperaba para nada ese gesto por su parte, pero en cuanto logró estabilizarse levantó un poco el pie derecho, sintiéndose un poco más seguro, aunque tambaleándose ligeramente de vez en cuando.
-Eso es… ahora déjate llevar…-murmuró la chica, soltándole.
Por un instante no hubo nada, lo que le permitió a Lucho lograr mantener el equilibrio bastante bien e incluso relajándose un poco entre medias. Sin embargo los acontecimientos más recientes seguían reverberando en su memoria, haciéndole perder el equilibrio en cuanto volvió a pensar en ellos. El chico extendió hacia delante los brazos y Gerania trató de alcanzarle, logrando cogerle de la mano, pero para entonces Lucho ya estaba cayendo por lo que los dos acabaron por estrellarse.
Por suerte la hierba alta amortiguó la caída, pero eso no evitó que Lucho se diera un buen golpe en la cadera, al tiempo que Gerania caía a su lado.
-¡Auch, mi riñones!
-¡Ay, vaya, qué mala pata! ¿Estás bien?
Los dos se reincorporaron pesadamente, al tiempo que el chico comentaba.
-Perdona, no estoy a lo que estoy…
-No pasa nada, lleva mucha práctica conseguir mantener el equilibrio sin tambalearse… pero por un instante lo conseguiste, nada mal para ser la primera vez que lo intentas-murmuró Gerania, tratando de animarle.
Aun así el chico no pareció tenerlo muy en cuenta, comentando de seguido.
-Será mejor que sigamos por el camino.
-Ah, claro…
Regresaron al camino, recogiendo el chico sus cosas, y continuaron todo recto, algo más callados que antes. Aun a pesar de los intentos de la chica por animarle prefirió no atosigarle más y darle un poco de espacio, sin poder evitar llegar a sentirse un poco tonta debido a lo de antes.
Tras varios kilómetros más andando, llegaron a una bifurcación en el camino donde indicaba en un cartel la cercanía de la torre de los cielos. En éste edificio, que también era un monumento y uno de los puntos de interés más destacados de la ruta, era donde se enterraban a todos los pokémon fallecidos en todo el cantón; es conocida por su curiosa forma en espiral escalonada y, sobre todo, por la campana que posee en lo alto de su cima. Tenía un total de siete pisos y varios ventanucos a lo largo de toda su estructura.
-Es aquí…-observó el chico, curioso.
-Sí, hay que subir a la cima, el pokémon herido debe seguir allí.
Nada más entrar se encontraron con un buen número de tumbas alineadas, así como cuantiosos nichos en las circulares paredes, estando el lugar bastante compactado; unas alargadas escaleras de caracol subían al piso superior pegadas a la pared contigua, el ambiente era bastante fresco y se encontraba sumido en una leve penumbra.
-Vaya…-murmuró el chico, un tanto asombrado por la cantidad de tumbas que había.
-¿Nunca habías estado aquí?-inquirió Gerania en ese momento, en voz baja.
-Había oído hablar de ella, pero no, esta es la primera vez que la visito.
Comenzaron entonces el ascenso, subiendo los dos primeros pisos sin ningún problema; a esa hora no había nadie más por allí, por lo que tan solo vieron más tumbas y nichos solitarios y muy silenciosos. Pasado el tercer piso, Lucho comenzó a notar entonces cierto cansancio y fatiga. Al principio lo achacó a las escaleras, sin embargo era una sensación de aplomo y cansancio muy extraños que nunca antes había experimentado, por lo que lo terminó descartándolas rápidamente. La subida era algo cansada, pero no tanto como para provocar sensaciones semejantes. Su respiración era cada vez más desacompasada, notando cómo el agotamiento aumentaba cada vez más y más a cada paso que daba.
-¿Notas eso?-inquirió en ese momento el chico, jadeante.
Gerania no dijo nada, sólo se oía su cada vez más irregular respiración entrecortada.
-¿Gerania?-repitió él, extrañado por su silencio.
Se dio la vuelta y la vio entonces sentada en el suelo, apoyada en la pared; tenía una cara de cansancio horrible y se llevaba la mano al pecho como si la faltara el aire.
-¿Estás bien? Tienes muy mala cara…-murmuró el chico, preocupado.
-Se… se me olvidó… son… son ellos…-musitaba la líder, medio ida.
-¿Ellos? ¿A qué te refieres? Eh, eh… Gerania…
Sin embargo, antes de que ella le pudiera contestar, acabó desmayada y se vio entonces obligado a llevarla en brazos.
-Mierda ¿Qué está pasando? ¿A qué se refería?-pensó él, muy extrañado ante todo lo que ocurría.
Por su parte él también se sentía débil, pero no tanto como para perder el sentido; aunque en ese justo momento oyó como una siniestra risita se extendía por toda la sala, poniéndole en alerta rápidamente.
-¿Quién anda ahí?-inquirió él, al tiempo que su voz hacía eco por las paredes.
Fue en ese justo momento cuando aparecieron tres velitas delante de él, pero no sólo eran simples velitas; tenían cierto aire fantasmal y un ojito amarillo a un costado de las mismas que les miraba fijamente. Y, además, poseían una llama de color morado ardiendo intensamente en lo alto de su cabeza.
-¿Qué son?-se preguntó el chico, sacando su pokédex.
-Litwick, el pokémon vela; la luz que desprende absorbe la energía vital de humanos y pokémon. Finge ser una luz guía en el camino, pero en realidad solo quiere absorber la energía vital de quien lo sigue.
-Oh, mierda-masculló Lucho, comprendiéndolo al instante.
Nada más decirlo los tres pokémon sonrieron maliciosamente y, de golpe, el tamaño de sus llamas se dobló; Lucho sintió cómo el cansancio aumentaba y Gerania se revolvió en sus brazos, inquieta.
-Están absorbiendo mi energía vital… y la suya-pensó entonces, aterrado por la simple idea.
Sin otra opción más que contraatacar, dejó a Gerania apoyada en la pared y sacó a simipour, exclamando con voz cansada.
-¡Simipour, pistola agua!
El pokémon soltó el chorro de agua, pero los litwick lo esquivaron con facilidad y soltaron unas llamas azuladas que fueron disparadas hacia él, dándole de lleno y acabando súbitamente quemado.
-¡Simipour, no!
Se dio la vuelta y vio entonces que se encontraban rodeados de litwicks que ocupaban casi todo el tramo de las escaleras donde se encontraban.
-¡Maldición, esto es malo! ¡Pistola agua, vamos!
De nuevo simipour trató de apagar sus llamas, pero los pokémon fantasma fuego se deslizaron por el aire con mucha rapidez, esquivando fácilmente el golpe, para acto seguido contraatacar. Fue entonces cuando un aura oscura fantasmal rodeó a su pokémon, haciéndole un daño atroz intensificado aparentemente por las quemaduras que padecía.
-Mierda…
Las llamas de los siniestros pokémon aumentaron de tamaño y, en ese momento, se sintió desfallecer; Gerania, aún desmayada, se dejó caer al suelo cada vez más débil. Fue en ese momento cuando, en el centro de la estancia, apareció otro litwick, aunque a Lucho le dio la impresión de que no era como los demás, ya que se veía mucho más grande e intimidante que el resto. Decidió entonces enfocarse en él.
-Si… simipour… pistola agua…-masculló, cansado.
Soportando el daño recibido como podía, el pokémon dirigió otro chorro de agua centrado hacia el litwick, pero éste se desvaneció de golpe y, cuando reapareció, extendió otra sombra fantasmal en el aire que le envolvió por unos instantes antes de caer agotado.
-Simipour…-musitó Lucho, contrariado.
Lo recogió y pensó por un momento, aunque para entonces el solo hecho de pensar se le hacía muy cuesta arriba; tanto servine como klink estarían en desventaja ante sus ataques de tipo fuego. Tan sólo le quedaba una opción.
-De… dependo de ti, emolga…
La aludida hizo acto de presencia, viendo entonces el panorama y esbozando un gesto molesto en su rostro, estando lista para enfrentarse a él.
-Doble… equipo…
Al punto aparecieron multitud de emolgas, confundiendo a todos los litwick por igual; los demás hicieron un amago de ir a moverse para deshacerse de las copias, pero el litwick que flotaba les detuvo. Estaba claro, él era el líder de la manada; y si conseguía vencerlo, probablemente les dejarían en paz.
-Atracción…
Con el encanto que siempre la caracterizaba, emolga guiñó un ojo al tiempo que una ristra de corazoncitos se dirigía hacia litwick, envolviéndole por completo; sin embargo descubrió para su horror que no le afectaba, evidenciando entonces que era hembra.
-Maldición… onda voltio…
Emolga cargó energía con rapidez y la soltó, dando a litwick, la cual contratacó lanzando ese fuego azulado.
-Esquívalo…
Volando por los aires, emolga tuvo facilidad para esquivar todas las acometidas y se libró de salir quemado.
-Acróbata…
Acto seguido, se lanzó desde la parte más alta de la estancia y la golpeó con fuerza, aprovechando entonces la cercanía para seguir atacando y avasallándola un poco.
-Persecución…
Usando su cola para golpearle el ataque dio en el blanco, haciéndole bastante daño, pero litwick reaccionó enseguida, lanzando un fuerte proyectil ardiente y dando en el blanco; emolga se quedó mareado e hizo varias virguerías en el aire, tratando de recomponerse cuanto antes.
-Emol… ga… resiste…-musitó el chico, muy cansado ya.
No podía permitirse perder, sus vidas estaban en riesgo. Fue entonces en ese momento cuando, sacando fuerzas de algún lugar de su mente, exclamó.
-¡Bola voltio!
Como respuesta a su súbita fuerza, el pokémon eléctrico volador formó una gran bola amarilla en su cola, dándola impulso con ella y lanzándosela, todo con una rapidez pasmosa; litwick no tuvo tiempo de esquivarla, siendo golpeada con fuerza y quedando débil, flotando por encima de las escaleras.
-¡Ahora, persecución!
Acto seguido, emolga se lanzó planeando y lo remató golpeándola con fuerza con uno de sus puñitos; litwick cayó al suelo, KO.
Por su parte, el pokémon eléctrico volador dejó escapar un grito de victoria, sintiéndose más inspirada que nunca. Todos los demás litwick se quedaron helados, viendo como su líder había sido derrotado. Bastó con una sola mirada de emolga para que todos desaparecieran excepto la líder, que se quedó donde cayó y no se volvió a mover. Lucho sintió cómo iba recuperando poco a poco las fuerzas y miró a la litwick, en un tramo inferior de las escaleras. Se lo estuvo pensando por un instante, como si le diera algo de reparo, pero finalmente cogió una ultra ball que se estaba guardando, la agrandó y se la lanzó. Ésta le cogió sin problemas, dio varios botes y finalmente saltó el seguro. En ese momento Gerania recobró el sentido, a lo que el chico se acercó a ella para ayudarla a levantarse.
-¿Estás bien?
-Sí… se me olvidó advertirte acerca de los litwick, lo siento-se disculpó ella.
-Tranquila, ya pasó el peligro, vencí a su líder y se fueron. Aunque me dieron un buen susto, eso sí…
Dado que tenía que bajar un tramo de escaleras para recoger la ultra ball, Gerania se adelantó mientras él iba a por ella; una vez que la tuvo la guardó en su cinto junto con las demás, dándose cuenta de un detalle. Ya tenía el equipo casi completo, sin embargo la falta de una ball más le recordó a ducklett, dejando escapar un sentido suspiro. Quizás era lo mejor después de todo, no tenía pinta de que el pokémon fuera a volver. Le dolía más por lo que podrían haber sido juntos y lo que podría haber aportado al equipo que otra cosa, pero si no volvía a aparecer no había nada más que él pudiera hacer al respecto. Lo dejó estar y subió el resto de pisos para encontrarse con Gerania.
En cuanto llegó a la cima vio entonces a la susodicha vendando el ala izquierda a un pokémon que le era gratamente familiar.
-¡¿Ducklett!? ¿¡Eres tú?!-exclamó Lucho, anonadado.
El aludido entonces, al ver al chico, esbozó una mala cara y quiso marcharse, pero el dolor en el ala regresó, impidiéndole volar.
-¡No, espera, aún es muy pronto para que vuelvas a volar! ¿Es tuyo?-inquirió ella en ese momento.
-¡Sí! Se marchó antes por… bueno…
El chico dejó escapar otro sentido suspiro, acercándose hasta él y poniéndose a su altura. Se miraron por un momento, él con gesto arrepentido y el pokémon con mala cara.
-Escucha, ducklett, sé que debo ser el último a quien quieras ver hoy, pero al menos déjame hablar una vez más. He cometido muchos errores contigo. Siempre he pensado que eras demasiado enérgico para tu propio bien, y aun a pesar de que yo intentaba por todos los medios conectar contigo nunca he llegado a llegar hasta a ti en ese sentido. Sé que en su momento le prometí a tu madre que cuidaría de ti, pero después de todo lo que ha pasado creo que simplemente no conectamos bien. Tú vas a tu propio ritmo y yo te exigo demasiado, claramente somos muy distintos. Creo que lo mejor para los dos es que lo dejemos aquí.
Antes de que ducklett pudiera decir nada, Lucho sacó su veloz ball de la bandolera y la puso delante de él, añadiendo de seguido.
-Por supuesto, quiero que sea decisión de los dos, no te voy a obligar a irte si no quieres. Aunque bueno, después de lo que pasó en la cueva Electrorroca… lo entenderé si no quieres seguir conmigo.
Tras eso el chico se quedó callado, esperando entonces a que el pokémon decidiera. Por su parte ducklett se encontraba visiblemente sorprendido, sin esperarse para nada esa repentina comprensión por parte del muchacho. Miró a la ball por un momento sin saber muy bien qué hacer, como si dudara. El chico había sido muy claro en ese sentido, y por primera vez se habían entendido y escuchado desde que empezaron a viajar juntos. Aunque en su momento fue con él medio obligado por las circunstancias y su madre, ver ahora a su todavía entrenador dispuesto a dejarlo ir sin cuestionarlo mucho más le hizo ver las cosas desde otra perspectiva. ¿Realmente podía irse? Y si era así… ¿por qué dudaba?
Por otro lado, y desde fuera, Gerania les observaba atentamente sin perderse ni un solo detalle. No se hubiera esperado para nada que el pokémon que llegó a ver herido antes fuera de ese chico que tan apático estaba antes, comprendiendo enseguida algunas cosas. Quiso decir algo, sin embargo se quedó callada, sabiendo que no debía entrometerse, dejando pasar el tiempo.
Al poco rato ducklett se levantó, recogiendo su ala herida con algo de dolor, y acercándose entonces a la veloz ball. Se inclinó sobre ella, mirándola atentamente, para luego alzar la vista hacia Lucho, el cual tan solo asintió antes de hablar una vez más.
-Está bien… sólo si tú quieres.
Tras decir eso, el pokémon volador agua volvió a mirar a la ball, cada vez más y más inseguro. ¿Por qué dudaba tanto? Al principio no quería estar con él, por eso le hacía la vida imposible o se negaba a luchar siguiendo sus órdenes, pero ahora el simple hecho de verle dispuesto a dejarle marchar plantaba dudas en su pequeña cabecita. Recordaba las palabras de su madre que le dijo antes de mandarle con él: debes crecer y madurar. Al principio no entendió por qué tenía que ir con un humano para hacer eso, pero ahora, en ese justo momento y en esas circunstancias, esas palabras parecían adquirir un significado completamente distinto. ¿Acaso era por eso?
-¿Qué pasa? No te sientas obligado, creo que es lo mejor para los dos. No ganamos nada si seguimos discutiendo sin llegar a un entendimiento…
Las palabras del chico le hicieron dar un leve cabezazo, como si hubiera visto o entendido algo en ellas, incluso el mismo Lucho pareció darse cuenta también por su propio lado. Por un momento sus miradas se encontraron, diciéndoselo todo en nada. Y, entonces, ducklett decidió. Se acercó a la ball y la empujó hacia él, devolviéndosela. Lucho, sorprendido por el devenir de los acontecimientos, inquirió.
-¿De verdad? ¿Quieres quedarte conmigo?
Ésta vez el pokémon asintió con la cabeza, esbozando una genuina sonrisa en su rostro que sorprendió gratamente al muchacho, el cual no pudo evitar emocionarse ligeramente al respecto.
-Gracias por la oportunidad, ducklett…
Y, sin decir nada más, el chico abrazó al pokémon, el cual aceptó el gesto posando el ala buena en su hombro.
Para entonces Gerania esbozaba una gran sonrisa en su rostro, mirando a Lucho con gran interés. Fue entonces cuando decidió hablar, comentando de seguido.
-¿Sabes? Dicen que el sonido de esa campana puede reconfortar el alma de personas y pokémon… y no sólo eso, sino que también refleja el corazón del que la tañe. Prueba a tocarla.
Dicha campana estaba situada en un pequeño campanario sin tejadillo, dejándola muy a la vista; una cuerda colgaba de una extensión del yugo, para tocarla. Lucho se acercó a ella y cogió la cuerda, pero entonces ducklett se adelantó y la cogió con el pico; el chico sonrió y, entre los dos, la tocaron. Su sonido era muy agradable, poseía un toque grave y bastante sonoro que resonó por todas las inmediaciones; la vibración del metal se mantuvo en el aire durante unos breves pero intensos segundos hasta que finalmente se detuvo. Gerania escuchó con atención, esbozando otra sonrisa al tiempo que opinaba al respecto.
-Suena muy noble y sincera, creo que si la hubieras tocado antes el tañido hubiera sido muy distinto… sí, definitivamente tú tienes algo especial.
-Oh, vamos, tampoco es para tanto…-murmuró el chico, un tanto azorado.
-Tengo muchas ganas de enfrentarme a ti y ver por mí misma qué tipo de entrenador eres…
-Pues cuando quieras… ahora estoy más animado-admitió él en ese momento.
-Sí, y se nota…
Por un instante los dos se quedaron callados, sin saber muy bien qué decir a continuación; aunque en ese momento un abrupto sonido rompió con el silencio del momento, revelando que se trataba del móvil de la chica.
-Oh, perdona, me llaman, dame un momento…
Se apartó por un momento y atendió la llamada, colgando al poco rato y dirigiéndose al chico con gesto apurado.
-Me vas a perdonar, pero me voy a tener que marchar, era la central del aeropuerto, me necesitan, hay un cargamento de verduras que la ciudad produce para exportar y hay que llevarlas a Tailandia…
-Oh, ya veo… bueno, no pasa nada, te esperaré y en cuanto llegues combatiremos-murmuró el chico, sin darle mayor importancia.
Ante eso Gerania sonrió, un poco más aliviada, murmurando de seguido.
-Gracias, Lucho…
Tras eso la chica sacó entonces una poké ball y de ésta salió entonces un swanna, que miró a los dos con gesto altanero e incluso intimidante. Ducklett la miró, como si su sola presencia la hubiera recordado algo, aunque en ese momento Gerania comentó.
-Entrenad mucho, quiero veros dándolo todo juntos.
-Eso haremos, descuida. ¿Verdad?-inquirió el chico a su pokémon.
Ducklett asintió con fuerza, inusitadamente motivado, y tras un rápido gesto con su cabeza Gerania se marchó volando de vuelta a ciudad Loza con swanna cargando con ella sin apenas esfuerzo. Las observaron marcharse hasta que se perdieron en la distancia, al tiempo que Lucho esbozaba un gesto un tanto complicado de discernir. Al verle tan despistado, ducklett se rió tontamente, a lo que el chico inquirió.
-¿Qué pasa?
Como respuesta el pokémon siguió riéndose, a lo que el chico tan solo murmuró.
-No sé qué te hace tanta gracia…
Por su parte ducklett continuó riéndose, a lo que él tan solo lo ignoró, mientras pensaba en sus cosas.
Ya sólo restaba esperar a que volviera y entrenar.
-Derrotados. Todos derrotados…
-Así es, señor…
-Lo sentimos muchísimo, señor…
El posterior silencio era tan denso que se podía cortar con un cuchillo; Ghechis dejó escapar un gesto compungido, al tiempo que el resto de sabios se miraban entre sí un tanto preocupados al respecto. En un momento dado, el hombre murmuró.
-Así son las cosas pues. Al final el más fuerte gana la partida. Qué decepción. Hemos tratado de llegar a la gente cruel e indolente con todas nuestras fuerzas, pero nuestros argumentos apenas han sido escuchados o han caído en saco roto. Se nos tacha de farsantes e interesados, se creen mejores que nosotros porque lo que hacen es la norma y nadie les ha cuestionado nada, y sin embargo, nada cambia. El mundo está avocado al más absoluto individualismo y nadie mira por sus semejantes, ni siquiera por los pokémon. Eso es algo que no podemos tolerar.
-Que el mundo sea incapaz de ver sus propias faltas era algo que, en el fondo, sabíamos que podía pasar. No nos pilla de improviso, ni mucho menos-comentó Sumra en ese momento.
-Sí, después de todo nada puede compararse con los fríos sentimientos que nublan el pensamiento humano-añadió Menek.
-Tanto el tiempo como la propia historia nos enseñan que los cambios profundos sólo se producen si se lucha por ellos. Ni siquiera Sun Tzu era ajeno a esta idea y, al final, el fin último de la guerra justifica su propia naturaleza-comentó Blau.
-Así es. Debemos hacer todo lo que esté en nuestra mano porque todo esto cambie. El mundo escuchará lo que tenemos que decir.
-Que así sea, señor.
¡Y seguimos con Pokémon! Para éste capítulo introduzco a Gerania, la nueva líder de gimnasio, que ha sido un elemento importante para la consecución del conflicto con ducklett. Puede que se vea un pelín deshilachado en ese sentido, pero la resolución final del mismo se verá en los próximos capítulos, así que no os preocupéis en ese sentido, lo tengo todo bien cubierto.
Por otro lado he dejado ahí un remanente de la primera versión que seguramente habréis notado entre Lucho y Gerania. Al principio no sabía muy bien si simplemente quitarlo, ya que de por sí ya tengo decidido lo que hacer con el chico, pero al final decidí dejarlo ya que después de todo el muchacho es joven y coñe ¿quién no ha sido un adolescente hormonal en su vida? puede que haga algo más con esto más adelante, pero bueno, ya se verá.
Al final he añadido algo que no estaba en el original pero que era necesario para ir allanando el camino de cara a futuros acontecimientos.
Y nada más de momento, esperad el siguiente más pronto que tarde, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
