Capítulo 39

El nuevo reinado

-¡Esa voz! ¡No, no puede ser!-pensó Lucho al oírla, horrorizado.

Antes de que alguien dijera algo más, Aza se quitó la piel y la ropa, dejando ver un pelo verde y una camiseta blanca.

-Gracias, ex campeón, por cederme tan legalmente el título…a mí, N, el rey del equipo Plasma-anunció N, poniéndose su gorra.

La algarabía resultante fue cacofónica, llegando a oírse algunos gritos de satisfacción entre el murmullo incrédulo reinante de la gente. Todos los líderes y el Alto Mando estaban sin palabras, incapaces de creerse lo que había acontecido delante de sus narices.

N sacó la poké ball en la que iba su zoroark, murmurando de seguido.

-Perdona por el mal rato, zoroark.

Y, acto seguido, la tiró al suelo y la pisoteó, rompiéndola en mil pedazos. El pokémon se retiró rápidamente y no se le volvió a ver. N se dirigió entonces a Mirto, con gesto triunfal.

-Se acabó… ¡ningún humano volverá a someter o a herir jamás a un pokémon! Gracias a mi amigo zekrom, construiré el mundo con el que siempre he soñado, ni siquiera tú, el campeón, has podido detenerme…

-Así es… he perdido. De alguna forma sabía que eras tú ¿sabes?-murmuró Mirto, para sorpresa de muchos.

-¿Oh? ¿Y aun así no hiciste nada por evitar todo esto? Podrias haberme vencido perfectamente ¿por qué no lo hiciste?-inquirió N, curioso al respecto.

Ante eso Mirto dejó escapar un cansado suspiro, al tiempo que comentaba.

-Si algo he aprendido después de todos estos años es que el tiempo al final acaba sanando todas las heridas, así de como poner las cosas en su lugar. Sí, podría haberte derrotado, pero quería que vieras por ti mismo la magnitud de lo que planeabas desde el principio.

-Un futil intento, sin embargo, puesto que no ha resultado-murmuró N, secamente.

-Es posible… pero no soy yo quien le corresponde decidir eso. Después de todo, éste es el camino.

El ceño de N se frunció, un tanto molesto por sus palabras, al tiempo que murmuraba.

-Qué decepción, que no estuvieras dispuesto a defender con ahínco lo que tanto predicas con tu sola existencia… está claro que no te merecías tal honor, te falta la rudeza que requiere ese título.

En las gradas, Lucho estaba que reventaba; por un lado la actitud derrotista de Mirto le escamaba, pero por otro lo que había hecho N le molestaba sobremanera. Liza, por su parte, miraba al chico con gesto trémulo y con lágrimas en los ojos, cosa que su madre se percató, comenzando a comprender.

En ese momento N se acercó a él y exclamó.

-¡Voy a asumir el mando de todo el cantón de Teselia erigiéndome como el entrenador más fuerte de todos! ¡Y ordenaré a todos los entrenadores que liberen a sus pokémon!

Aun a pesar de todo eso, Mirto esbozó una leve sonrisita, al tiempo que murmuraba.

-Así son las cosas pues…

Esas palabras parecieron chocar contra N, el cual por un instante no supo muy bien qué decir. Sin embargo enseguida se recompuso, espetándole de seguido.

-¡Si realmente no sientes nada entonces no tienes nada más que decirme!

-¡No aguanto más!-chilló Lucho en ese momento, levantándose de su sitio y yendo a toda pastilla hacia el campo.

-¡Lucho, no, es peligroso, vuelve!-exclamó su madre, pero eso no le hizo parar.

En menos un minuto siquiera bajó las escaleras como una exhalación y saltó al campo, corriendo hacia ellos bajo la atenta mirada de toda Teselia; en cuanto estuvo a su lado, le espetó.

-¿¡Qué crees que estás haciendo?!

N le miró y se dirigió a él.

-Te estaba esperando. Llevas contigo un orbe, tal y como lo vi en mi futuro. Ese orbe Claro… ¡está reaccionando ante zekrom! Pero sin embargo, este no es un lugar adecuado para los pokémon dragón legendarios… ¡que brote de lo más profundo, que se alce mi palacio!

Lucho quiso replicar, pero en ese mismo instante un súbito temblor le detuvo en seco; el suelo comenzó a agitarse cada vez más y más fuerte, alertando a todos por igual. Por las gradas se comenzó a exclamar, al tiempo que comenzaba a cundir el pánico.

-¡Un terremoto, un terremoto!

Los temblores comenzaron a concretarse, al tiempo que se oían resquebrajos fuera del estadio, como si se estuviera abriendo el suelo. Y, entonces, hubo un estruendo horrible, como si se hubieran partido miles de rocas a la vez; el estadio entero tembló y se oyó con claridad como algo muy grande rozaba contra la superficie mientras se deslizaba hacia arriba. La estructura del gran estadio gimió, como si le doliesen sus entrañas; y entonces, elevándose sobre las gradas, se pudo ver. Supuestamente destruido en la gran Cuarta Guerra.

-¡El palacio de Teselia!-exclamaron a coro las más de mil personas en el estadio.

Mirto y Lucho se mostraron impactados y alucinados, contrastando con N, que miraba a la nada con el brazo aun extendido y una sonrisa en el rostro.

Como el sol comenzaba a ocultarse, la gran estructura del enorme palacio formó una extensa sombra sobre el estadio, que comparado con él era una simple minucia; el torreón central, con tres tejadillos a dos aguas, se alzó más allá de las gradas y, con un ruido seco, se terminó de elevar. Su estructura con forma de U amplia rodeaba a todo el estadio, el cual aún temblaba por la sacudida que provocó el palacio al surgir del suelo. Las paredes de hormigón de éste resultaron dañadas, con muchas grietas bastante grandes cruzando por casi toda su estructura. La gente gritaba y se sacudía en las gradas, que comenzaron a vaciarse precipitadamente.

Liza y su madre, en la cara sur, contemplaban atónitas todo lo que estaba pasando; la chica, aferrando a victini contra su pecho, finalmente dejó escapar unas lágrimas, pensando en una sola cosa.

-¿Por qué, N, por qué, por qué?

En ese momento su madre la asió entre sus brazos, al tiempo que murmuraba.

-Tranquila, cariño… es él ¿verdad?

Ante eso la chica no pudo hacer otra cosa más que asentir con la cabeza, incapaz de decirla nada más. Aun así la mujer se aferró a su hija, tratando de consolarla.

En cuanto el palacio terminó de alzarse todo dejó de temblar; los gritos de la gente se podían oír desde el campo y el palacio rodeaba al estadio, expectante. Y entonces, de golpe y porrazo, múltiples puertas se abrieron alrededor de la estructura del palacio y de éstas salieron de golpe un montón de escaleras para conectarlo con el exterior. Éstas avanzaban imparables sin importar lo que hubiera delante; parte de las gradas del norte se destruyeron por éstas, que al final se clavaron en el suelo del campo. Muchas más hacían lo mismo desde los lados este y oeste del estadio, obligando a la gente a apartarse enseguida si no querían ser aplastados por éstas. Una última escalera descendió desde el centro del palacio y avanzó rápidamente hacia delante, rompiendo la pared norte del estadio y formando un hermoso boquete; por suerte, acertó a través de un vomitorio, no habiendo más daños, pero imposibilitando la huida a través de éste. La escalera se incrustó en el suelo, al lado de N.

-¡He aquí mi palacio! ¡Las palabras de este rey resonarán desde sus torreones en los oídos del pueblo llano!-exclamó N, pletórico.

Tanto Lucho como Mirto estaban aún atónitos, por lo que no dijeron nada, sin embargo en ese momento multitud de soldados del equipo Plasma comenzaron a salir del palacio a través de las escaleras portando estandartes con su logo y comenzando a ocupar el estadio y todas sus colindancias. Muchos sellaron las entradas y las salidas, al tiempo que trataban de controlar la situación en la medida de lo posible.

-¿¡Qué es todo esto?! ¿¡Qué pretendes?!-le espetó el chico en ese momento.

-Tú también vendrás, Lucho, y allí es donde se decidirá todo: si los pokémon se ven libres de los humanos para llevar una vida plena… o si por el contario están destinados a convivir los unos con los otros. Veremos cuál de las condiciones es la más fuerte: ¡la tuya o la mía!-exclamó N, ignorándole.

-¿¡Eso es todo lo que te importa?! ¿¡En serio quieres hacerlo así?!

Ante eso N tan solo le dedicó una somera mirada y empezó a subir las escaleras con rapidez; en ese momento llegó Cheren y se acercó a Mirto.

-¿Estás bien, Mirto? No pareces un campeón…

-Hola Cheren… a decir verdad nunca pretendí serlo, ahora me doy cuenta…-murmuró el aludido, con gesto profundo.

-¿¡Y aun así deja que pase todo esto?!-masculló Lucho en ese momento.

-No me malinterpetes, Lucho, nunca hubiera pensado que esto era lo que N pretendía, pero lo que sí quería hacer cuando acepté enfrentarle era que viera las consecuencias de sus propios actos. Sabía que dijera lo que le dijera no haría caso a ninguna de mis peticiones, por lo que opté por seguirle el juego. Sin embargo, visto lo visto la convicción de ese chico supera cualquier tipo de acercamiento.

-¡Pero eso no justifica nada de sus acciones! Ahora lo veo, Mirto, si estoy aquí es porque mis pokémon me han llevado hasta aquí, su compañía me ha hecho más fuerte y yo mismo he mejorado al tenerlos a mi lado. Hubiera sido imposible si me hubiera separado de ellos-comentó Cheren en ese momento.

Al oír eso el campeón esbozó una sonrisa, al tiempo que murmuró.

-Me alegra mucho oírte decir eso, muchacho, ahora ves el mundo tal y como es. Pero ese chico está demasiado obcecado en su ideal de mundo perfecto, y quiere obligar a los demás a bailar a su son. No se conseguirá nada separando a humanos y pokémon. Por favor, Lucho, házselo ver.

-No sé yo si ni quiera me escuchará… pero estoy aquí y tengo el orbe claro conmigo. Ha llegado la hora-comprendió el chico, asiendo con fuerza su bandolera.

-Así es… ve yendo tú, trataremos de controlar la situación por aquí primero.

Cheren y Mirto se dirigieron hacia el palco de honor y, por su parte, Lucho comenzó a subir las escaleras; durante la subida miles de pensamientos cruzaban su mente. Rabia, tristeza, desesperación, ira, duda… todo eso se mezclaba, dando lugar a una combinación explosiva. Debía de detener todo esto. Sólo él podría, tenía el orbe consigo. Pero ¿su voluntad sería suficiente para despertar a reshiram?

Tras unos breves minutos de una subida que parecieron horas, entró por el acceso por donde la escalera surgía y se encontró en lo que parecía ser un vestíbulo lleno de lujo y detalles, con luz muy brillante iluminándolo. Pero nada más entrar, vio a los seis sabios en fila, mirándole fijamente. Giallo se adelantó y le habló.

-Quien abraza su destino vive largos años, quien se rebela, recibe su castigo.

Sumra le imitó y murmuró.

-No hay mejor virtud que aquella que combate el vicio.

Ryoku hizo lo mismo y dijo.

-La rana en su estanque no puede concebir la vastedad del océano.

Blau les imitó y comentó.

-El mal no está en tener faltas, sino en no tratar de enmendarlas.

Ruga se adelantó y anunció.

-La justicia es lo que mueve al noble, y la codicia, al villano.

Y, por último, Menek imitó a los demás y añadió.

-No hay dos soles en el cielo, ni dos reyes para un mismo pueblo.

Lucho no supo muy bien qué decirles, ya que después de todo no estaba seguro de a qué se referían exactamente. En ese momento Giallo dio un paso adelante y parlamentó.

-Muy bien… haremos cuanto sea preciso por nuestro señor N. Si los planes fracasaran por completo, nuestro señor estaría, sin duda alguna, sumido en la decepción. ¡Por ello, nos corresponde a nosotros seis aunar fuerzas para detenerte!

Lucho quiso decir algo al respecto, poniéndose en guardia, pero en ese momento una voz que le era familiar inquirió.

-¿Y crees que podrás hacer eso?

Los sabios se quedaron extrañados por esa voz y, antes de que pudieran preguntar siquiera, se oyó el sonido característico de una ball abriéndose, al tiempo que un krokorok se interpuso entre Lucho y los sabios; a su vez, también aparecieron un beartic, un swanna, un leavanny, un watchog, un zebstrika y un haxorus junto a un fraxure. Lucho entonces se dio la vuelta y los vio. Los líderes de todo el cantón: Yakón, que fue el que habló, Camila, Camus, Aloe, Gerania, Junco, Lirio e Iris.

-Qué raro… ¿y Zeo, Maíz y Millo?-pensó Lucho en ese momento.

-Parece que no han tenido bastante caña ¿eh, Lucho?-murmuró Yakón en ese momento al verle.

-Vaya, que penita me dais… encima que somos más fuertes y os superamos en número…-murmuró Aloe, sosteniendo su delantal.

Los seis sabios estaban patidifusos, como si no se esperaran para nada semejante giro de los acontecimientos.

-¿Eso es lo que pretendéis, separarnos de los pokémon? ¡No lo permitiremos!-exclamó Camila.

-¡Eso es, los líderes de gimnasio no nos quedaremos de brazos cruzados!-apoyó Camus, particularmente serio.

Junco no dijo nada, conservando en todo momento su gesto impertérrito, y Gerania comentó.

-Esto será coser y cantar…

-Ahí, ahí…-apoyó Iris.

Lirio tomó la palabra y se dirigió directamente a Lucho.

-Poseedor del orbe Claro, ¡sigue adelante!

Lucho asintió y se puso en marcha, pero antes de irse miró a Iris; sus ojos se encontraron por un breve instante, diciéndoselo todo en nada. En ese momento sus dudas más recientes se disiparon. Daba igual si al final no conseguía despertar a reshiram. Pasara lo que pasara, sus pokémon estaban con él, y harían todo lo posible por detener toda esa situación. Y así, con una amplia sonrisa cruzando su rostro, se adentró en el palacio de Teselia.

Los pasillos estaban embaldosados con cerámica azulada y las paredes, revestidas de mármol de carrara. Muchas columnas del mismo elemento sostenían el alto techo y brillaban ante la potente iluminación de todo el palacio. Grandes y suntuosos ventanales dejaban ver más allá del horizonte de Teselia, hacia el oeste de China. Subió unas escalinatas de mármol puro hacia el piso de arriba, que era de diseño similar; para su sorpresa, se encontró con una cascada cayendo desde el piso superior y un pequeño estanque bordeando todo ese piso. En ese mismo piso se encontró con un cúmulo de habitaciones, donde había un montón de soldados del equipo Plasma, pero ninguno le presentó batalla. Todos se les veían felices y contentos, puesto que según ellos, su momento había llegado.

-Oh, eres tú… bah, da igual que estés aquí, después de todo no puedes hacer nada, gracias a nosotros Teselia se adentrará en una nueva era…

-¿Estáis seguros de eso? yo sigo aquí y pienso enfrentar a vuestro querido señor…

-No eres ningún obstáculo para él, se encargará de ti fácilmente, después de todo ha sido reconocido como un héroe por el dragón legendario. No tienes nada que hacer.

-Eso ya lo veremos…

Ignorando sus constantes pullas continuó adelante y, estando a medio camino de las siguientes escalinatas, oyó una voz que le indicó.

-Ven.

Se adelantó unos pasos y uno de los ninjas del Trío Sombrío apareció tras él.

-¡Vosotros otra vez! ¿¡Queréis dejar de hacer eso?!-le espetó el chico, asustado.

-Puedes hacer que se ocupen de tu equipo pokémon en este palacio, todo está pensado para que puedas subir a lo más alto. En esa sala de ahí tienes todo lo necesario.

Y, tras esas palabras, desapareció. Llevado por la curiosidad, entró en ella y se encontró en un amplio comedor con dos mujeres, una de pelo rosado y otra rubia, vestidas con sendos vestidos a juego de su pelo. La mujer del pelo rosado se presentó.

-Yo soy la musa del Amor… tú, que has de enfrentarte a N, descansa aquí un rato.

-Ah, no, tengo prisa, gracias, pero…

Sin embargo, y antes de que pudiera negarse, la otra mujer le obligó a sentarse frente a toda una comilona; dado que no tenía mucha hambre estuvo picoteando algunas uvas, mientras que la autoproclamada musa del Amor cogía a sus pokémon y los trataba.

Al mismo tiempo, la otra mujer de pelo rubio y vestido amarillento, se presentó ante él.

-Yo soy la musa de la Paz, mi misión es tranquilizar a N.

-¿Tranquilizar a N? ¿Qué significa eso?-inquirió el chico, extrañado.

-Un entrenador no combate jamás para herir a sus pokémon, esa es la idea que N comparte en lo más hondo de su corazón. Y para llegar a esa conclusión, ha necesitado pasar un largo tiempo en este palacio-explicó la musa del Amor en ese momento.

-¿Cómo? ¿Ha vivido aquí?

-Así es, desde su más tierna infancia, N ha vivido al margen de los humanos, rodeado de pokémon-anunció la musa de la Paz.

-¿¡Qué?!-murmuró Lucho, sin creérselo.

-Así es, recluido en este lugar, sin ningún contacto con el exterior y rodeado de pokémon que habían sufrido a manos de humanos malvados y traicioneros, que les maltrataban y golpeaban. Ghechis se percató de esto y se acercó a N, el cual sólo podía pensar en esos pokémon cuyo dolor entendía y compartía, y comenzó a ansiar un ideal-explicó la musa del Amor.

-Pero… pero…

-Su corazón es tan puro como ningún otro, tan inocente como el de un niño… pero… ni la mayor de las inocencias está libre del horror-añadió la musa de la Paz.

Lucho se quedó de una pieza, tratando de procesar la nueva información. Por un instante creyó fehacientemente que se estaban quedando con él, sin embargo la impertérrita mirada de ambas mujeres no daba lugar a la duda. No mentían ni nada parecido.

-Pero… ¿en qué momento…? Quiero decir…

-Nada de eso importa ahora, lo único que importa es que estás aquí y ahora-murmuró la musa del Amor.

-Debes llegar hasta N y enfrentarte a él, no hay otra manera. Muéstrale tu verdad y él actuará en consecuencia-añadió la musa de la Paz.

-¿Mi verdad? A estas alturas ya no sé ni lo que es verdad… todo esto… este sitio, vosotras… nada parece real, y aun así…

-Cada uno tiene su propia concepción del mundo y de la realidad, pero eso no la hace absoluta…

-… de la misma forma, tampoco los ideales son inamovibles, cambian y evolucionan con el tiempo o cuando se les muestra la verdad…

-… y por eso debes de ser tú quien se lo haga ver.

Tras eso ambas musas se quedaron calladas, sin decirle nada más, al tiempo que Lucho se quedaba callado, sin saber muy bien qué más decir al respecto. En ese justo momento, la musa del Amor anunció.

-Tus pokémon están listos. Ahora ve, salva a N.

-Haz lo que nosotras no pudimos hacer.

Y, tras esas palabras, las musas enmudecieron y se marcharon de allí, dejándole sólo. Lucho tardó unos segundos en volver a funcionar de nuevo, sin entender del todo lo que había pasado. Aunque no parecía que le estuvieran mintiendo todo sonaba demasiado enrevesado y hasta presuntuoso como para ser real. ¿O acaso realmente lo era?

Finalmente se levantó y continuó con la ascensión; en el siguiente piso, en una de las habitaciones, se encontró con una especie de sala de control, dos científicos estaban en ella. Al verle, uno de ellos se dirigió a él.

-Oh, tú eres el chico al que N le trae de cabeza… te preguntarás que es todo esto…

-Pues sí, ciertamente…-murmuró Lucho, anonadado.

-En esta sala de control, yo inspecciono el sistema de subida y bajada del palacio que Ghechis me mandó construir-anunció el otro científico.

-¿¡Cómo?!

-Y yo me encargo de crackear e infiltrarme en la tecnología de la transferencia pokémon nacional, algo que acabo de hacer hace apenas unos minutos. En cuanto nuestro señor dé la orden, ordenaré un desvío masivo de todas las poké ball en curso hacia aquí, y todos sus ocupantes serán liberados-explicó el primer científico que le habló.

Por un instante Lucho se quedó callado, tratando de comprender lo que le habían explicado, pero se encontró con que no podía por mucho que lo intentara. Sin embargo una cosa estaba clara: debía de detener a N antes de que fuera demasiado tarde. Por lo que optó por ignorarles y continuar sin volver a pararse.

Al otro lado del largo pasillo se encontró con otra escalinata y, en cuanto fue a subirla, otro miembro del Trío Sombrío apareció de repente y le habló.

-Sabremos si N es el auténtico defensor de los ideales cuando combata contigo… y también sabremos hasta qué punto quieres proteger este mundo donde humanos y pokémon conviven.

Y, tras esas palabras, desapareció; subió al siguiente piso, donde nada más poner un pie en él, el miembro faltante del Trío apareció.

-Esa sala de ahí es… el mundo donde creció nuestro señor N-murmuró señalando una puerta doble al lado de ellos.

Lucho la miró con el ceño fruncido, a lo que el ninja tan solo murmuró.

-Aunque entre en ella, no soy capaz de percibir nada. Pero seguro que tú sí que sentirás algo.

Y, tras eso, se esfumó. No las tenía todas consigo, pero al recordar lo que esas musas le contaron decidió echar un vistazo. Lo que vio en ella le descolocó por completo, ya que se esperaba otra cosa completamente distinta.

-Pero qué…

La supuesta habitación de los horrores resultó ser una amplia y espaciosa sala de juegos, típica de un niño pequeño. Había miles de juguetes por todos los rincones y un desorden bastante generalizado. Unas vías de tren eléctrico ocupaban una parte del suelo, con algunas descolocadas; un tren se movía por ellas, pero en cuanto llegaba a la parte rota, chocaba con una de las piezas y daba la vuelta, y así todo el rato. Una caja de juguetes estaba volcada, con todo su contenido desparramado. Vio al lado de una canasta una pelota de baloncesto con algo escrito en uno de sus lados, al darla la vuelta vio que ponía Armonia. En el techo, un avión se movía lentamente; justo debajo, una pista de monopatín se mostraba rallada y algo rota. Delante, una diana con muchos dardos clavados en la pared descansaba. Ese sitio era el paraíso para cualquier niño pequeño que se preciara. No entendía muy bien a qué venía ese comentario por parte del ninja, aunque en ese momento vio algo tirado en el suelo, encontrándose entonces con una cajita de música. Aunque en principio parecía ser un juguete como otro cualquiera, su presencia le resultó de alguna manera desconcertante, por lo que, sin saber muy bien qué esperarse de ella, la dio cuerda y la abrió.

La melodía que surgió de ella resultó ser tranquila y, de cierta manera, muy melodiosa. A simple vista tan solo era una cajita de música como otra cualquiera, sin embargo en ese momento las palabras de las musas volvieron con él. Y, por un instante, todo cambió.

El tono de la melodía comenzó a sonar cada vez más y más intenso, como si se amplificara cada vez que se repetía. Por un instante dejó de ser alegre y dinámica para tornarse enervante y repetitiva. Y entonces, como si fuera una ola, algo chocó contra él. Al principio no lo quiso admitir, pero en el fondo sabía de qué se trataba. Nada era mentira. Las musas dijeron la verdad. Y, como si fuera en un barco, Lucho comenzó a sentir un incipiente mareo, consciente de la realidad.

-No puede ser…

En ese momento su cabeza comenzó a trabajar, imaginándose por un instante a un pequeño N allí. Y lo que vio le dejó helado. Tal fue la impresión que dejó caer la cajita, la cual se cerró, dejando de emitir esa ominosa melodía. Y, antes de que se diera cuenta, se vio fuera de la estancia respirando entrecortadamente y presa de una ansiedad que nunca pensó que llegaría a sentir por alguien. Tardó un poco en serenarse, pero en cuanto estuvo un poco mejor, esbozó un gesto lleno de determinación en su rostro. Ahora lo entendía. Por lo que, sin pensárselo más, continuó, ésta vez, sin pararse en ningún momento.

Finalmente, y tras subir varios pisos más, llegó al último piso, donde había un montón de estandartes del equipo Plasma colgados de las paredes. Fue a entrar por la puerta cercana cuando Ghechis salió de ella, sorprendiéndole; se echó hacia atrás y él le habló.

-Te doy la bienvenida a ti, que portas el orbe Claro. El palacio de Teselia, que desapareció hace miles de años, resurgido y rodeando el gran estadio es un símbolo del gran cambio de Teselia. Y su señor no es otro que el más fuerte de los entrenadores, que ha derrotado al campeón de la liga Pokémon, siendo ahora él el campeón. Alberga en su corazón la noble intención de cambiar el mundo.

-Sí, tal parece que así es…-murmuró el chico, sin ningún atisbo de nada en su rostro.

Por un instante Ghechis se quedó callado, como si no se esperara para nada tan repentino entendimiento por su parte. Aun así, continuó.

-Si eso no es ser un héroe ¿Qué lo es? ¡Todo está dispuesto, la gente nos ha abierto su corazón! Y el mundo que anhela el equipo Plasma ¡Se hará tangible con suma facilidad!

-Sí… he de darte crédito, Ghechis, os lo habéis montado muy bien…-murmuró Lucho, observándole atentamente.

Una vez más, el aludido se le quedó mirando como si no entendiera muy bien a qué venía ese comentario lleno de alabanza, a lo que rápidamente respondió.

-Me alegra ver que, de cierta forma, comienzas a ver las cosas desde otro punto de vista. Pensaba que eras un chico inflexible y de férreas creencias, pero ya veo que poco a poco comienzas a ver las razones que nos impulsan a crear un mundo nuevo…

-Sí, sin duda alguna hay algo muy profundo detrás… por eso estoy aquí, para ayudar a que todo sea como tiene que ser.

-¡Efectivamente! ¡Adelante, pasa! Así podré comprobar si tú también posees las cualidades necesarias para convertirte en héroe.

Tras eso Ghechis se hizo a un lado y se quedó en la esquina, expectante; Lucho le lanzó una última mirada antes de pasar por la puerta.


Mientras tanto, los periodistas pasaban por los pasillos del palacio, aprovechando que una de las escaleras cayó cerca de ellos.

-¿¡Estas grabando, has llamado al director y explicado nuestra situación?!-inquirió ella, con el micrófono en mano y andando por los pasillos.

-¡Si, sí, sí, estamos en el aire desde hace tres minutos!-exclamó el cámara, exasperado.

-¡Ah! ¡Hola, Teselia, nos encontramos en los pasillos del supuesto desaparecido palacio de Teselia, admirando las ricas ornamentaciones! ¡Vamos a buscar una sala donde podamos enterarnos de todo lo que está pasando!-exclamó la reportera ante la cámara.

En ese momento le llamó el director.

-¡Gabi, Teo, estamos en el aire, os estamos pasando por la pantalla gigante del estadio así como por todos los canales estatales, la gente quiere saber lo que está pasando, buscad el foco de toda esta locura!

-¡Sí, señor!

Estuvieron recorriendo los pasillos del palacio, buscando algo significativo, hasta llegar al último piso; vieron entonces a Ghechis en una esquina y se escondieron de él, pero Teo golpeó un busto con su cámara sin querer y éste se cayó, llamando la atención de Ghechis. Los reporteros, al ver que les estaba mirando, trataron de parecer lo más profesionales posibles.

-Ah, esto… usted disimule, caballero…-murmuró Teo.

-Sólo pasábamos por aquí…-añadió Gabi, algo nerviosa.

Ghechis les miró por un momento, analizándolos con la mirada, hasta que finalmente exclamó.

-¡Pasen, pasen y graben este acontecimiento histórico que marcará un antes y un después en la historia de Teselia!

-Muchas gracias, caballero.

-Le agradecemos su colaboración con los medios de comunicación.

Una vez sólo, Ghechis esbozó una sonrisa, como si esperaba conseguir algo con todo eso.


Ya casi estamos... ah ¿notáis eso? es una historia que ya conocemos, y aun así me siento como si fuera la primera vez que la estoy jugando. Realmente ésta generación es otra cosa, una pena que no volvamos a obtener semejante calidad narrativa. Pero sólo por eso hace que ésta sea aún más especial.

El acercamiento de Lucho a toda esta situación ha ido cambiando a lo largo de toda la historia, siendo éste momento clave para la consecución de ese cambio. Aquí es donde todo se concreta, y he sido particularmente incisivo en los detalles, sobre todo en cuanto a ambiente se refiere. Momentos clave como estos los suelo escribir con la banda sonora de fondo, la cual me ayuda a meterme mucho mejor en situación. Pero bueno, me dejo de monsergas que no queda nada. Dadme un momentito. ¡Hasta ahora!