Pues nada, después de leer La vie en rose (Lukanette) de Marianne E, no pude dormir hasta que terminé de escribir esto. Honestamente no esperaba actualizar tan rápido, pero qué les digo, además de gracias por ser inspiración.

skayue-chan: La boda definitivamente va a llegar, pronto, espero, pero primero quiero explotar un poquito otras ideas que quedaron pendientes por ahí, por lo pronto espero que todas te gusten. Gracias por leer.

Rebeca . sz: Muchas gracias por seguir apoyando mis historias.

Marianne E: Ay! Amé escribir lo de ridícula, lo juro jajajajaja. Ya estoy trabajando en algo de la relación de Adrien y Marinette, a ver qué sale y a ver si te gusta cómo queda jajajaja por lo pronto, seguimos fangirleando en privado y seguimos inspirándonos a crear nuevas historias. Perdón, yo sé que tengo pausados los dos fics que tenía de Adrianette, pero me enamoré de Luka, qué le hacemos... Yo también amo ver a Marinette cantando, así que posiblemente aparezca más de eso en futuros capítulos. No me voy a cansar de repetir que me siento agradecida de haber dado con una escritora a la que, además de considerar talentosa y de buen gusto, se ha convertido en confidente, amiga y compañera de fangirleo, GRACIAS por tanto apoyo, y gracias por el regalo que La vie en Rose fue para mí. Definitivamente le tengo que hacer algún guiño pronto.

Alice Baskerville Redfox: Gracias por la fe que le tienes a mi historia, espero mantenerla a la altura de las espectativas, nos leemos pronto.


Marinette sonrió colgando el último marco en la pared, una fotografía que tenía con Luka, ambos tendidos en el sillón, cabeza con cabeza, sonriendo divertidos ante la situación. No recordaba cuánto había pasado desde que habían tomado esa fotografía, sólo recordaba que era de sus favoritas con el guitarrista.

La chica escuchó la puerta del departamento y sintió su corazón dar un vuelco antes de acelerar a tope, sonrió enderezando el marco, buscando en ese acto un refugio para sus emociones, pero sin llegar a controlar el latido de su corazón. El sonido de las llaves aterrizando en el cuenco de cerámica al lado de la puerta la hicieron sonreír aún más (como si fuese posible eso, ya no podía estirar más la boca), Luka irrumpió en la habitación e hizo una pausa al ver a Marinette observando su obra.

La chica había estado sola todo el día, personalizando esa habitación que se convertiría en su refugio personal.

Giró sobre sí misma cuando vio a Luka observando el lugar; había un árbol negro pintado en la pared lila, cada rama terminaba con una fotografía colgada, de la familia de Marinette, de la familia de Luka, de sus amigos en común, fotos de ellos juntos y fotos individuales. Al fondo había una mesa de corte, dos máquinas de coser, unos cuantos anaqueles, un escritorio con una lámpara, un reposet, y por toda la habitación había algunos marcos más grandes con las portadas en las que KS era premiado, foto de sus pasarelas y de los concursos que ella había ganado como diseñadora. Aquella habitación se había convertido en el estudio personal de Marinette, la última habitación que ella debía adornar a su antojo para que aquello se volviera real.

—¿Es oficial? —Murmuró Luka con voz contenida, mirando a Marinette con ilusión.

—Sí. Es la última fotografía... —Respondió ella en el mismo tono.

—Entonces... —Murmuró Luka sin darse cuenta de que estaba también conteniendo el aliento. —¿Estamos viviendo juntos? Oficialmente, quiero decir.

—Sí. —Respondió la pelinegra con un hilo de voz.

Se movieron al mismo tiempo. Marinette saltó a los brazos de Luka y él la abrazó, girando una vez antes de besarla apasionadamente, sosteniendo sus rodillas para que ella trenzara las piernas en torno a su cintura, la sentó en la mesa de corte para poder mirarla a los ojos y sostener su rostro, trató de decir algo, pero las palabras estaban de sobra, así que volvió a tomar posesión de su boca.

Sí, podrá parecer simple, pero esa fotografía colgada justo al centro del árbol era la razón que los había hecho emocionarse hasta lo imposible. Porque habían conversado al respecto unos días antes, cuando Luka por fin se había decidido a proponerle a Marinette vivir juntos.

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Tendrían un par de meses siendo novios oficialmente. Claro que ocultarse del resto del mundo era un tema complicado cuando no podían ponerse de acuerdo para dejar de verse un par de días. Ninguno de los dos había sabido resistir cuando el otro murmuraba un "te extraño" al hablar por teléfono o mandarse mensajes, sobre todo porque ambos eran portadores de Miraculous y salir corriendo en medio de la noche para verse era un tema sencillo.

En varias ocasiones habían terminado ocultos en los callejones de París, resguardándose de las miradas curiosas, besándose apasionadamente y huyendo a buscar cobijo en la oscuridad cuando escuchaban a la gente acercarse o cuando vehículos pasaban demasiado cerca, iluminando con sus faros los recovecos de la ciudad.

En más de alguna ocasión habían dado con algún criminal ocasional y le habían detenido, demasiado ansiosos por la posibilidad de ser descubiertos, pero dedicándose miradas cómplices, percatándose de que tenían los labios hinchados por las mordidas y los besos que se dedicaban.

No, el día que habían hablado de la posibilidad de vivir juntos habían decidido salir como civiles. Era usual ver a Luka paseando por la ciudad con sus amigos de la infancia, de hecho, Marinette era la persona con la que más lo veían, seguido se reunían en cafés o bares de la ciudad para que el muchacho le dijese de qué iba el álbum en el que trabajaba para que ella pudiese poner manos a la obra respecto a los vestuarios. La única razón por la que no la habían perseguido para saber si era la novia en turno era el hecho de que los veían en público cuando Luka tenía una relación pública relativamente estable. El muchacho había cuidado no meter a Marinette en problemas. Ahora no les importaba tanto.

La canción "Run for cover" sonaba en los linderos de la mente de Marinette ese día, el viento acariciaba su cabello y lo agitaba con violencia mientras se deslizaban por la ciudad. Luka sonreía de oreja a oreja, agradeciendo que el polarizado de su casco ocultase su rostro y él poder lucir ridículamente feliz sin preocuparse porque alguien fuera a preguntarle. El muchacho se deleitaba en sentir las manos de Marinette aferrándose a su pecho, la respiración de la chica contra su cuello a pesar del casco de ella, el calor en el punto en que sus cuerpos se tocaban, el latido acelerado de su corazón, que parecía ir más rápido que su motocicleta.

Marinette alguna vez había dicho que esos vehículos le parecían increíblemente inseguros, la primera vez que se había subido a la motocicleta con Luka estaba temblando, le había encajado las uñas en el pecho sin querer al pasar por un tope, y había contenido su respiración en varias ocasiones, temiendo caerse cuando Luka daba vuelta en las esquinas de las calles.

Luka había hablado con Marinette al respecto, estaba seguro de que ella estaba a salvo en su motocicleta, siempre y cuando él fuese quien conducía. Incluso en algún momento, bromeando con la chica, Luka había soltado las manos para llevarlas a sus lados e invitado a Marinette a hacer lo mismo. La chica había soltado un grito y apretado los ojos, aferrándose al muchacho con más fuerzas, arrancándole una carcajada a su novio.

Tenía días dándole vueltas a cómo le pediría a Marinette que se mudara con él, primero quería asegurarse de que ella confiaba plenamente en él. Aunque claro, ella le había dicho que sí a casarse. ¿Qué más prueba quería el muchacho de que ella confiaba?

Bueno, respuesta inmediata a su duda ocasional.

Llegaron a una calle vacía, Luka llevaba la motocicleta por el centro de la avenida, no había vehículos circulando en ese momento, así que, lentamente, Marinette fue soltando las manos del pecho del muchacho para abrirlas a los costados y sentir el viento.

Luka soltó un jadeo por la impresión y sonrió de oreja a oreja al ver a través del espejo la sonrisa de Marinette.

—Mari... —Gritó el muchacho mirándola de reojo. —¡Quiero que te mudes conmigo!

—¿Qué? —Exclamó la chica abrazándose de nuevo del muchacho, como si le hubiese hablado en otro idioma. ¿De verdad había dicho eso?

—¡Quiero que te mudes conmigo! —Repitió Luka sonriendo aún más.

Marinette soltó una carcajada por la impresión, inmensamente feliz por lo que el muchacho acababa de preguntarle, sin saber qué decir o si sería pregunta retórica. Luka sonrió enternecido, conociendo a la perfección la risa diamantina que Marinette liberaba cuando estaba nerviosa o cuando la hacían sentir apenada.

Bueno, aquella respuesta era prometedora, pero definitivamente era algo que tenía que preguntarle de frente.

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No, no lo habían hablado inmediatamente después de bajar de la motocicleta, habían pasado un par de horas antes de que tocaran de nuevo el tema, porque ese día habían decidido arriesgarse a tener una cita normal en un parque de diversiones cercano al Sena. Luka había estacionado la motocicleta y ofrecido el brazo a Marinette, ambos habían ingresado al parque sin importarles ser vistos por los asistentes, ese día sólo importaba pasarla bien al aire libre.

Se subieron a casi todas las montañas rusas al menos una vez (Marinette insistió en subirse tres veces al satélite, hasta que ambos sintieron que vomitarían si subían una cuarta y Luka por fin pudo disuadirla de ir a otra atracción), Marinette casi llora en la casa del terror pero definitivamente se repuso del susto bailando con Luka en la casa de los espejos, buscaron comida rápida en los kioscos del parque, Luka ganó un peluche para Marinette en los juegos de destreza y se sorprendió muchísimo cuando ella eligió uno en forma de serpiente en lugar de elegir uno de los diez mil que hacían alusión a Ladybug.

—No necesito algo que me levante el ego. —Había dicho la chica cuando descubrió a Luka dedicándole la enésima mirada al peluche. —Quiero algo que me recuerde al hombre que amo cada que me voy a acostar y cada que despierto.

Luka había tenido que luchar contra sí mismo con todas sus fuerzas para no plantarle cara a Marinette y besarla, y por el gesto que puso la chica, mordiéndose el labio y apartando la mirada, él supo que ella estaba en la misma postura.

Bueno. Desventajas de andar en las sombras.

Luka había dejado la rueda de la fortuna para el final del recorrido.

Tanto él como Marinette subieron dedicándose miradas de reojo, sonrisas tímidas cargadas de significados, agradecieron cuando cerraron su puerta y se enfrascaron en una conversación trivial sobre lo que habían vivido ese día. Luka aprovechó para hacerle burla a Marinette sobre la expresión que había puesto ante las brujas de la casa del terror, y ella supo defenderse usando el hecho de que Luka había chocado contra un cristal transparente justo después de jactarse de su buena orientación en los espejos.

Las risas no faltaron, pero justo cuando alcanzaron el punto más alto de la atracción (el parque cerraba a las ocho de la noche, aquella era la última vuelta de la rueda, la ciudad estaba sumiéndose en las sombras y las luces del parque lo hacían lucir como una maqueta de película, un escenario romántico e impresionante en partes iguales) el silencio se hizo presente entre ellos. Marinette perdió la vista en las luces de colores que proyectaban los juegos mecánicos y los puestos de destreza, la música llegaba hasta ellos amortiguada por las paredes del globo en el que estaban, las risas de los niños, la charla de la gente. Un rayo surcó el cielo, iluminándolo todo brevemente.

Luka suspiró, aquel lugar sería perfecto para hacerle la propuesta a Marinette, pero sonrió alejando esos pensamientos y prefirió aprovechar el momento de calma.

—Amor... —Murmuró el muchacho con voz anhelante.

Marinette se estremeció al escucharlo, en todo el día no se habían llamado por ningún apodo dulce por estar cuidando sus espaldas, la pelinegra sonrió ampliamente al ver a Luka, apenado en su rincón, esperando algún regaño por parte de su novia por haber hecho aquello.

No, la chica no lo reprendió, lo único que fue capaz de hacer fue acercarse a su rostro y robarle un beso que inició siendo un gesto tímido, labios explorando la boca del otro, un contacto dulce, cálido. La mano de Luka se enredó en el cabello suelto de Marinette, como si quisiera retenerla cerca, ella soltó el peluche y recargó ambas manos en los hombros fuertes, definidos del muchacho mientras él le apresaba la cintura con la mano libre. Luka suspiró cuando la mano de Marinette le acarició el cuello hasta encontrar su lugar entre los cabellos oscuros de su novio, la chica aprovechó el suspiro y aventuró su lengua por la comisura de su amante, deleitándose en la forma en que él se estremeció. Pronto la rueda iniciaría el descenso, habían esperado al punto más alto para poder consumar ese beso sin sentir las miradas curiosas de los pasajeros de otros globos, así que estaban disfrutando cada segundo como si fuese el último que iban a pasar juntos. Luka no pudo contener el impulso, terminó mordiendo levemente la boca de su enamorada, haciéndole reír por el nerviosismo. Se separaron con las mejillas sonrosadas levemente, miradas dedicadas entre las pestañas al llevar los ojos entrecerrados, labios hinchados y la respiración entrecortada ante el nerviosismo y el deseo de más.

Luka ardía en deseo, Marinette apenas podía contener el anhelo. Pero pronto entraron en el rango de visión de la siguiente canasta, así que se sentaron lado a lado, Luka con el brazo alrededor de los hombros de Marinette, ella abrazada del peluche con los ojos cerrados y una sonrisa enorme en el rostro.

Otro rayo partió el firmamento, consiguiendo que la chica abriera los ojos para admirar el paisaje.

—Comienzo a tomarle amor a las noches de tormenta. —Dijo en voz alta, sin darse cuenta de que había hablado.

Luka sonrió para sí mismo, pensando en su fuero interno un "haré que te gusten aún más".

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El camino al estacionamiento fue silencioso. Luka se había quitado la chaqueta y la había puesto sobre los hombros de Marinette, ella llevaba suéter, pero aun así el frío se colaba entre sus mangas y le había hecho tiritar. Luka alegaba que la manga larga de su camiseta negra era suficiente para resguardarle del frío, él estaría bien, su prioridad era que su musa no fuese a enfermar.

Marinette había suspirado sonrojada, feliz de saberse protegida por su novio, cuando cayeron las primeras gotas que apenas alcanzaban a ser llovizna al principio.

La chica levantó el rostro permitiendo que el agua humedeciera sus mejillas mientras las gotas iban aumentando de tamaño y de frecuencia. Luka creyó por un momento que la chica saldría corriendo a ponerse a cubierto cuando el agua se volvió una constante relativamente pareja, pero ella abrió los brazos cuando la lluvia se soltó, girando una vez en su lugar y soltando una risita antes de mirar a Luka.

La gente sí que corrió a buscar refugio. La lluvia no era tan densa como en otras ocasiones, el agua casi se sentía cálida en el cuerpo de ambos amantes, que al mirarse a los ojos decidieron, contrario al resto, iniciar a bailar bajo el agua.

Y aunque podrían haber estado bailando al ritmo de sus latidos, un puesto cercano al estacionamiento les puso una canción. Apenas y se les distinguía a través de la cortina de agua, pero para los encargados de los puestos era suficiente información ver a una pareja bailando bajo la lluvia como para saber que se trataba de un par de enamorados bailando bajo la lluvia.

Luka apresó la cintura de su novia, y la guió entre la lluvia, ambos soltando risas cómplices mientras se empapaban la ropa.

—¡Loco! —Exclamó Marinette divertida cuando Luka se arrodilló frente a ella.

—Tengo una propuesta para ti. —Admitió el muchacho rebuscando entre sus bolsillos, primero con una sonrisa, luego poniendo cara de frustración al encontrarlos relativamente vacíos.

—Luka, si me voy a casar contigo. —Respondió la chica divertida mientras Luka se levantaba de su sitio y comenzaba a rebuscar entre los bolsillos de la chaqueta que tenía Marinette encima.

—Lo sé, esa parte me queda clara. —Dijo sonriendo al dar con una caja pequeña y volver a arrodillarse. —No es lo que quiero preguntar esta vez.

—¿Y entonces?

—Marinette Dupain-Cheng. —Luka abrió la cajita mostrando una llave plateada. —¿Te mudarías conmigo?

Marinette abrió los ojos, sorprendida ante la petición de su novio, percatándose de que la propuesta hecha en la moto realmente era algo que rondaba la mente del muchacho.

Luka nunca supo si se trataba de la lluvia en el rostro de su musa o si, de verdad, Marinette se había soltado en llanto. La chica sonrió ampliamente y se agachó sobre el rostro de su enamorado, robándole un beso apasionado y contenido antes de mirarle y asentir con los labios apretados en una fina sonrisa, llena de ilusiones.

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El departamento de Luka estaba más cerca del parque que la casa de Marinette, así que ambos entraron a buscar cobijo de la lluvia, agradeciendo internamente que la tormenta parecía haber esperado a que estuviesen a salvo para soltarse con toda su fiereza.

Luka esperaría a que la tormenta amainara para llevar a Marinette a su casa, no podía arriesgarse a salir en la motocicleta de nuevo cuando apenas veían a medio metro de distancia, tampoco le pagaría un taxi a la chica arriesgándola a que el vehículo se quedara varado por ahí. No, esperarían juntos en su…

Marinette se quitó la toalla de la cabeza y levantó la mirada cuando esa idea le surcó la mente. Aquel lugar era el departamento de Luka, pero pronto sería un santuario para ambos, sería su hogar. La chica avanzó entre los pasillos, saliendo de la habitación del guitarrista para buscarle en el lobby, encontrándolo agachado sobre la pequeña chimenea, atizando el fuego.

Marinette se demoró un poco más, admirando esa imagen con una sonrisa de medio lado.

Había adquirido esa costumbre cada vez que se quedaba en el departamento de Luka más tiempo del que preveía, la de hacer una pausa para observarle antes de que él se percatara de que lo miraba; Marinette se consideraba una chica prudente, pero cuando tenía la ocasión de hacerlo, se tomaba la libertad de pasear sus ojos por todo el cuerpo de Luka, delineando sus formas, deleitándose en los colores que lo caracterizaban, recordando la sensación de sus manos, de sus labios, de sus brazos en torno a ella. Marinette se había hecho adicta a observar a Luka en secreto mientras se armaba de valor para acercarse y entablar contacto físico. Porque, aunque en dos meses había conocido más de Luka de lo que era capaz de retener en su mente (o de lo que era capaz de asimilar), una parte de ella todavía se sentía tímida respecto a acercarse al muchacho y reclamar terrenos conocidos. No. A veces se limitaba a mirarle, a escrutarle, a tratar de grabar para siempre en su cerebro la imagen perfecta de Luka Couffaine... Como justo ahora, que el muchacho llevaba un pantalón de chándal, pero iba descalzo y sin camisa; como ahora que el agua escurría por las puntas de su melena rebelde y bicolor dado que se había dado una ducha, pero no había secado su cabello; como ahora que su novio estaba ajeno del mundo mientras preparaba un poco de calor para esa velada...

Ella se encontraba en la puerta del lugar, con una camiseta negra de manga larga cubriendo su cuerpo y la chaqueta del guitarrista sobre sus hombros, protegiéndola del frío que hacía en el departamento, Luka le había prestado la ropa para que ella pudiese tomar un baño y sacarse el frío de los huesos, pero había cerrado la puerta de la habitación a manera de mostrar respeto por su espacio personal, porque, a pesar de que conocía perfectamente la blancura inmaculada de la piel de Marinette, sentía que debía mantener bien marcada la distancia si no tenía el permiso explícito de la chica para otro tipo de encuentros. A su modo, también era adicto a su musa, a observarla, a admirarla. Pero lo que más amaba era esa timidez con la que ella le permitía explorar su alma y su cuerpo, timidez que habían sabido mantener intacta al guardar distancias y ser prudentes cuando estaban vestidos, pero al mismo tiempo apasionados y voraces al estar desnudos.

Ella suspiró acercándose hasta él y agachándose a su lado, abrazándole por la espalda y recargando el rostro contra el hombro del muchacho.

—¿Cuándo será oficial que estamos viviendo juntos? —Quiso saber Luka, divertido.

—Cuando cuelgue el último cuadro. —Admitió ella estirando el rostro para besar la mejilla de su enamorado y observando el crepitar del fuego.

—¿Y cómo sabes que habrás colgado el último cuadro? —Quiso saber él volviendo el rostro, observando a detalle cómo Marinette entrelazaba una mano con la suya.

—Lo tengo muy claro, amor. Sé cuál es el último cuadro que voy a colgar. —Dijo la chica con aires soñadores mientras rodaba los ojos.

—¿Y ya sabes en cuál habitación será? —Inquirió con curiosidad mientras giraba un poco el cuerpo para encarar a su novia.

—Se puede decir que sí. —Murmuró Marinette con un suspiro mientras buscaba la boca de Luka para robarle un ósculo. —Lo tengo bien claro. —Murmuró contra la boca de Luka mientras el muchacho se sentaba con las piernas cruzadas y jalaba las caderas de Marinette para sentarla a horcajadas sobre él. —Primero traeré mi máquina de coser y el último cuadro irá en la misma habitación en que la instale. —Dijo ella con una sonrisa, separándose un poco del muchacho.

—La máquina. Lo más importante. —Admitió Luka apartando algunos mechones del rostro de Marinette, despejando su rostro con las manos para acariciarle las mejillas y mirarla con adoración. —Tu pasión tendrá un lugar exclusivo en nuestra casa. —Dijo sonriendo con aires soñadores. —Tengo una habitación perfecta para eso.

—Ah, ¿sí? —Murmuró Marinette repasando mentalmente las habitaciones, no había una sola que estuviese despejada.

—Sí. —Murmuró el muchacho paseando la mirada por cada detalle del rostro de su amada. —Voy a mover el estudio de música al fondo de la casa para poder aislar el sonido, y la habitación con vista a la torre será tuya para que te inspires. —Prometió suspirando.

—Pero deja el piano si puedes... —Pidió la chica bajando un poco el rostro, con las mejillas ligeramente sonrosadas mientras se pasaba un mechón de cabello tras la oreja.

—¿El piano? —Inquirió Luka, confundido.

—Le tomé cariño. —Confesó la chica desviando la mirada, sintiendo que su enrojecimiento aumentaba.

—El piano es tuyo. —Soltó Luka antes de besar la boca de su novia, entendiendo perfectamente a qué se refería la chica con aquello. —Todo, todo tuyo... —Dijo entrelazando sus manos con las de ella a la altura de sus corazones. —¿Y después? —Murmuró con intensidad, buscando los ojos de la chica y mirándola con anhelo y devoción.

—Después tenemos que llenar la cocina, no puedes vivir comiendo en la calle. —Reprendió ella.

—No sé cocinar.

—Yo cocinaré. —Cortó divertida mientras pasaba los brazos alrededor del cuello de Luka y le permitía apresarle la cintura. —Tengo buen sazón y no puedo permitir que mueras de desnutrición ahora que estaremos juntos.

—Nadie morirá por desnutrición en nuestro hogar. —Prometió él fingiendo solemnidad, consiguiendo que Marinette soltara una risita por los nervios.

—Yo me encargo de eso. —Marinette paseó la mirada por el lobby, dejando la chimenea al final, analizando, pensando, organizando sus ideas. —Mi diván, tal vez... —Murmuró pensativa, fijando la vista en el crepitar del fuego encendido. —Un armario...

—No es necesario. —Admitió Luka tomando de nuevo el rostro de la chica, que le miró, confundida por la afirmación. —Desalojé un mueble completo para ti en cuanto empecé a planear pedirte esto.

—¡Luka! —Murmuró la chica sin aliento, sorprendida por la intensidad de aquella confesión, preguntándose qué había hecho bien para merecer el amor de aquel muchacho.

No, salvar parís no contaba para ella.

—No sabes cómo lo anhelaba. —Admitió el muchacho con un hilo de voz, sintiendo que sus ojos se rasaban por las lágrimas, tratando de contener esa parte frágil y sentimental a raya.

Pero irremediablemente las lágrimas escaparon a su control y él terminó sonriendo de medio lado, cediendo ante sus emociones y permitiendo que Marinette limpiase su rostro con los pulgares.

—Te amo. —Murmuró ella en medio de un suspiro.

No hizo falta decir más. Las palabras sobraban.

Marinette pegó su cuerpo al de su amante y paseó las manos por toda la piel de su espalda, repasando con las yemas de los dedos algunas de las cicatrices que Luka se había hecho con los años, besándole los párpados, las cejas, la punta de la nariz, los pómulos, las comisuras, la boca, paseando su boca por todo el rostro de Luka consiguiendo que él llorase con más ganas.

Una vez que estuvo satisfecha del rostro de su amado, paseó la boca por su mentón y hacia su cuello, hacia sus hombros, hacia sus clavículas, consiguiendo que el muchacho se recostara en la alfombra, advirtiéndole con la mirada de sus intenciones.

Luka deslizó su mano por dentro de la camiseta de Marinette, delineando su espalda con las yemas y deleitándose en la manera en que podía hacerla estremecerse con algo tan simple como eso. Pronto ese departamento, frío y vacío, se convertiría en su hogar.

Luka le quitó la camiseta y la chaqueta a Marinette en un movimiento suave, pronto la tuvo desnuda y a su merced, iluminada en tonos naranjas y rojizos gracias al fuego, dándole un aire irreal.

—Qué hice para merecerte... —Murmuró Luka sin percatarse de aquel hecho, consiguiendo que Marinette se cubriera el rostro, apenada.

Luka sonrió poniendo a Marinette bajo su cuerpo y le cubrió el rostro de besos, murmurando entre un beso y otro un "Je t'aime" o un "eres hermosa" hasta que consiguió que ella le abrazara por el cuello y correspondiera a sus besos.

¿Cómo podía ser tan tímida la heroína de París?

No, esa timidez no duró mucho, porque pronto tuvo a Luka de nuevo bajo su cuerpo, jadeante por los besos y caricias que ella le había proporcionado, ambos con el cuerpo cubierto de sudor gracias al esfuerzo, a los movimientos, a la danza erótica que pronto cobró sentido para ambos. Dos amantes entregándose ciegamente el uno al otro, consumando un amor secreto que anhelaba ser gritado a los cuatro vientos ante la promesa de un futuro juntos.

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Luka estaba sentado en el suelo frente a la chimenea, con la espalda recostada contra el sillón, tenía puesto el pantalón del pijama y una camiseta negra sin mangas, Marinette estaba sentada entre sus piernas, recargando su espalda contra el pecho de su novio y sosteniendo una taza de chocolate caliente, con una sudadera gris que le pertenecía a él cubriéndole el cuerpo, ambos observaban el fuego encendido. ¿Cuántas veces no habían pasado horas sentados en ese lugar soñando despiertos con el momento en que aquello fuese oficial y público? Bueno, habían pasado una parte de la noche "celebrando" que la mudanza era oficial al fin, ahora disfrutaban de un agradable silencio entre ellos.

—¿Una ducha y a dormir? —Sugirió Marinette percatándose de que el reloj marcaba la una y cincuenta y cinco de la madrugada.

Pero Luka sonrió con picardía acariciando una pierna de su novia antes de murmurar.

—Una ducha y a estrenar "nuestra" habitación.

Marinette soltó una risa tímida, bajando el rostro.

—¿No estás cansado?

—Comienzo a creer que nunca voy a tener suficiente de ti. —Admitió el muchacho besándole el cuello a la chica antes de mirar el reloj y componer una mueca. —Aunque tal vez por hoy podría ser una ducha y a dormir.