Merde... —Musitó Luka entre dientes, jalando su camiseta con la punta de los dedos.

Se había echado encima el café por accidente, pero tenía la cabeza puesta en las nubes, ¿cómo quería permanecer intacto con los nervios a flor de piel? A ese paso, se preguntaba si seguiría vivo para el final del día.

Era sábado casi las nueve de la mañana, Luka tenía ensayo en el barco de la libertad, uno de los tantos ensayos que solían protagonizar en la proa como una especie de fanservice para los transeúntes. Tenía que llegar a las diez de la mañana para verse con su hermana, aunque sabía que Iván solía llegar tarde, y no había día que no encontrase a Rose y Juleka desayunando, el escenario desmontado y el sonido sin conectar.

¿Que cómo se había echado el café encima?

Luka era amante de la puntualidad, no porque le gustara levantarse temprano, sino porque no le gustaba hacer a la gente esperar, pero ese día se había quedado dormido y había amanecido nervioso, había puesto el café en una repisa (la taza estaba mitad apoyada, mitad bailando en el aire) y se había estirado en busca del azúcar. Naturalmente golpeó la taza con el costado al bajar el brazo y el contenido caliente se derramó irremediablemente en su ropa.

Luka se deshizo de la camiseta en un movimiento y la lanzó al piso, justo sobre el charco de café, antes de llevarse ambas manos al rostro y carraspear, frustrado.

Ahora, ¿por qué estaba así de nervioso?

Sencillo:

Adrien Agreste.

Sip, así como lo lees. Adrien Agreste.

El día anterior, Marinette había recibido un mensaje del modelo invitándola a desayunar para charlar un rato. Y aunque Marinette había admitido mil veces que su amor romántico por el modelo había pasado a la historia, todas y cada una de las inseguridades de Luka parecían haber despertado junto con él esa mañana para darle lata y no dejarle en paz.

—¿Cielo? —Murmuró Marinette aún en pijama desde la puerta, consiguiendo que Luka saltara en su lugar y le dedicase una mirada de sorpresa. —¿Estás bien?

—No, sí, no... —Murmuró atropelladamente mientras hacía por rodear la mesa y salir en busca de una nueva camiseta.

Marinette le cerró el paso y lo miró con el entrecejo ligeramente fruncido.

—Luka... —Murmuró aprehensiva.

—Estoy nervioso, ¿sí? —Admitió el muchacho tomando las manos de su novia y mirándole con intensidad. —Porque nunca creí que nuestro pasado podría venir a tocar la puerta y a cimbrar lo poco de seguridad que me queda, porque eres lo más importante en mi vida y no puedo darme el lujo de perderte, no cuando eres lo único que me mantiene cuerdo por las noches de insomnio y lo único que me saca de la cama en las mañanas. Podré ser el tipo duro en las calles, pero tú me conoces, Marí. No soy tan fuerte. Y lo que hubo entre Adrien y tú fue tan intenso, tan real... No sólo eran amantes, eran colegas tras la máscara, y no sabes cómo me hace sentir el hecho de que Ladybug y Chat parecen almas gemelas cuando pelean lado a lado, Viperion aún no consigue ese nivel de simbiosis. No pidas que esté tranquilo. No puedo.

Luka soltó el aire y bajó el rostro. Marinette sonrió enternecida. Aquella era una faceta completamente nueva para ella. Nunca había visto a Luka tan vulnerable como en ese momento, así que sonrió levantándole el rostro con una mano, obligándolo a mirarla.

—Te amo, Luka Couffaine. Y, pasado aparte, te elegí a ti. Porque tú eres mi alma gemela.

—Pero ¿y si él sigue sintiendo algo por ti? ¿Y si quiere reconquistarte?

—Luka, me voy a casar contigo porque quiero pasar cada momento de mi vida a tu lado. Y si él quiere reconquistarme tendrá que vivir con el hecho de que ya tomé la decisión más importante de mi vida al aceptar que te amo con todo mi corazón. No tienes qué preocuparte por Adrien, porque yo te amo y no hay nada que él pueda hacer para cambiar mi opinión.

—Perdón... Te estoy agobiando con mis miedos.

—Algo tendríamos que hacerle. —Murmuró Marinette con picardía, quitándose la camiseta y poniendo las manos en los hombros de Luka cuando él tragó saliva. —¿Puedo tratar de convencerte de que cada recoveco de mi alma te pertenece?

—Por favor convénceme. —Dijo Luka con voz ahogada antes de tomar a Marinette por las piernas y levantarla al vuelo, besándola apasionadamente.

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Era cierto. Marinette y Adrien habían sido novios durante poco más de un año. Un día, la chica por fin se había armado de valor para confesarse con el rubio y habían decidido intentarlo. Un mes después de formalizar su relación habían sido forzados a confesar sus identidades el uno al otro al estar en peligro. Y creyeron que su amor sería eterno.

Luka recordaba, con cierto grado de dolor físico, cada entrevista, cada edición de fotografías, cada póster, cada campaña publicitaria en la que Marinette había aparecido abrazada de Adrien, recibiendo besos en la mejilla, guiñándose y coqueteándose el uno al otro, fluyendo con naturalidad y comodidad como si toda la vida hubiesen practicado cada juego de palabras que se dedicaban al aparecer en público.

Una parte de él moría de rabia internamente, como si todavía guardase esperanzas de poder conquistar el corazón de Marinette, otra parte de él estaba feliz de saber que su amada musa estaba por fin con el hombre que había amado desde la infancia.

La ruptura de esa relación fue una sorpresa para todos.

Marinette iba en ascenso, la casa Agreste la había contratado para varios trabajos y su nombre poco a poco comenzaba a tener peso. Adrien había modelado varias de las colecciones de su, entonces, novia; y tenían un contrato de exclusividad por los siguientes seis meses. Todo parecía perfecto, pero nadie entendía por qué habían terminado su relación.

¿La verdad? Mutuo acuerdo.

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Un parisino akumatizado los tenía acorralados en un tejado. Chat había estado desesperadamente tratando de proteger a Ladybug, pero en su afán de ponerla a salvo, ambos habían terminado acorralados y sin saber por dónde correr sin poner en peligro a la gente.

—Esto no está funcionando. —Espetó Ladybug pasando una mano por su rostro, disolviendo el antifaz para mirar a Chat a los ojos.

El rubio hizo lo mismo y le dedicó una mirada ceñuda a la heroína. Estaba furioso con ella porque no se dejase proteger, pero también lo estaba consigo por lo que eso implicaba.

—Mon chatone, necesito que confíes en mí. —Suplicó la chica tomándole el rostro antes de besarle con ternura. Un ruego silente. —Pero no lo estás haciendo. —Dijo recuperando la máscara y mirando a los ojos a su Adrien. —Antes de saberlo me dejabas pelear, incluso aunque alegabas amor eterno, me dejabas hacer mi trabajo. ¿Es que ya no confías en mí?

—No es eso, my lady. —Afirmó el muchacho mientras el antifaz volvía a su rostro. —Me da miedo perderte, no quiero que te alcancen.

—Chat... —Murmuró ella enternecida. —Siempre nos alcanzan y siempre encontramos la forma de ponernos a salvo, de protegernos el uno al otro...

—Lo sé...

—No confías en mí. —Murmuró Marinette dolida, sintiendo las lágrimas aglomerándose contra sus ojos. —No lo haces, y no entiendo por qué. Pero definitivamente esto no está funcionando.

Chat la abrazó con fuerzas, el agua se desbordó por las mejillas de Marinette y ella se aferró a la espalda de su héroe y eterno compañero de batallas.

—Perdóname, amor... —Murmuró Chat luchando contra sus propias ganas de llorar, sabiendo que primero debían poner a salvo a París y luego arreglar lo que se había roto, si es que tenía arreglo.

Marinette tomó aire, Ladybug tomó las riendas de la situación. Se soltaron y ella asintió para sí misma, secando sus mejillas y mirando en dirección al akumatizado.

—Confía en mí. —Pidió una última vez antes de salir de su escondite. —Lucky Charm...

—Lo prometo. —Murmuró Chat más para sí mismo que para que ella lo escuchara.

.

El silencio se había cernido sobre ellos, incómodo y permanente como hacía años no ocurría.

Adrien y Marinette estaban sentados lado a lado en un tejado, habían perdido las transformaciones y sus respectivos Kwamis se alimentaban para poder sacar a sus protegidos de ahí en cuanto fuese posible. A lo lejos, en la plaza se escuchaba música, Marinette reconoció el coro de Birds de Imagine Dragons, y no pudo contener más el llanto.

Adrien le abrazó por los hombros y besó su coronilla, sabiendo que las palabras estaban de sobra en ese momento, no había nada que él pudiese decir o hacer para cambiar la situación puesto que ya todo había sido dicho. No estaba seguro de en qué momento había ocurrido, toda la confianza que le tenía a su dama se había esfumado, y no era que no creyera en ella, el hecho era que quería protegerla a toda costa, pero nunca creyó que eso desembocaría en arruinarle los planes como heroína con tal de mantenerla a salvo.

Habían estado hablando al respecto durante una hora tras vencer al akuma y habían llegado a la misma conclusión, ambos sabían perfectamente desde hacía un mes que su relación no se estaba moviendo en ninguna dirección, porque a pesar de saber que seguirían trabajando proyectos en común, a pesar de saber que seguirían peleando lado a lado contra el crimen, a pesar de saber que el amor no se iba a terminar, a pesar de que eran, de cierto modo, almas gemelas, también estaban claros que era momento de partir en distintas direcciones.

Ambos suspiraron cuando por fin Marinette dejó de llorar y ella trató de serenarse, respirando profundo un par de veces.

—Esto no va a funcionar así. —Dijo a media voz mientras Adrien la presionaba más cerca.

—Lo sé. —Admitió el rubio.

—Y no es que no te ame... —Murmuró ella tratando de ponerle palabras a sus pensamientos.

—Al contrario. —Afirmó Adrien sonriendo de medio lado. —Es precisamente por tanto amor, pero nos estamos obstruyendo el trabajo.

—De niña creía que mi vida sería a tu lado. —Marinette se quedó muda en cuanto terminó aquella frase al darse cuenta de todo lo que implicaba.

Adrien tragó saliva y bajó el rostro, cerrando los ojos.

Las palabras salían sobrando en ese momento y ambos lo sabían. Desde hacía un mes que lo sabían, su tiempo se había terminado, pero ninguno de los dos había querido verlo, aferrándose a la ilusión de ser la pareja perfecta, héroes de noche, diseñadora y modelo de día. Aquella historia de amor, bella, dulce, infantil incluso, el cliché perfecto, estaba llegando a su fin. Y no era que no se amaran, no. No era que no quisieran estar juntos, el hecho era que Marinette sabía que había historias de amor que tenían fecha de caducidad, pero no por eso se iba a terminar el amor entre ellos. Porque ambos sabían que se amarían el resto de sus vidas, ambos sabían que siempre serían las almas gemelas que Ladybug y Chat Noir estaban destinadas a ser, pero eso no quería decir que estuviesen destinados a ser una pareja.

—No todas las Ladybug y Chat Noir son pareja. —Había dicho Tikki acariciando una mejilla de Adrien para hacerle sentir mejor.

—Y no se nos acabó el amor. —Añadió Marinette sosteniendo a Plagg en sus manos. —Sólo se nos terminó el tiempo de pareja como Adrien y Marinette.

Adrien suspiró poniéndose de pie en su sitio y limpiándose la tierra del pantalón.

—Yo siempre te voy a amar, My lady. —Admitió el muchacho sonriendo y ofreciéndole una mano a Marinette. —A mi manera. Y como Chat y Ladybug seguiremos siendo el equipo inseparable, pero es momento de dejarnos ir... Extendimos esto más tiempo de lo debido.

Ella sonrió aceptando el apretón y soltó una risita nerviosa cuando Adrien la acercó a su cuerpo y comenzó a bailar con ella.

—Pero siempre te voy a amar.

—Y yo a ti, mon chatone...

—Te amo, pero como amigos... —Murmuró Adrien con el corazón hecho un ovillo, sintiendo que aquellas palabras se volvían más y más reales, de verdad se había terminado la historia de amor. ¿Por qué Marinette no lloraba? ¿Por qué estaba él tan tranquilo?

La hizo girar un par de veces y volvió a apresarla en sus brazos, permitiéndose sentir que la perdía poco a poco. Aunque estaba tranquilo de saber que ambos estaban de acuerdo en seguir siendo confidentes y colegas, ninguno de los dos renunciaría a su miraculous sólo porque la relación no hubiese funcionado, y aquello sólo había servido para fortalecer su dinámica como héroes, porque después de que la chica convocara su Lucky Charm, ellos habían logrado una sincronía como hacía años no tenían. Casi como si pudiesen leerse la mente.

Seasons, they will change

Life will make you grow

Death can make you hard, hard, hard

Everything is temporary

Everything will slide

Love will never die, die, die

Y aunque pudo contener su llanto hasta que él la besó dulcemente antes de despedirse de ella, en cuanto Marinette se quedó sola en el tejado, se permitió quebrantarse, caer de rodillas, llorar desconsoladamente y permitir que Tikki le llenara el rostro de besos, prometiendo que todo iría bien.

.

Caminó dando tumbos por las calles de París, la lluvia se había desatado, pero ella no era consciente del frío, la gente corría a resguardarse de las esquirlas heladas en que aquella llovizna se había convertido, ella estaba insensible.

En alguna ocasión, en algún lugar había leído, escuchado o visto que el desamor era como anestesia; un letargo inmenso, sin principio ni final que se te colaba en los huesos hasta la médula, que te arrancaba todo... Ella no lo habría creído si no lo vivía en carne propia.

Se abrazaba el pecho, como buscando volver a pegar todo en su lugar, como si fuese capaz de reunir todos los pedacitos de su corazón en el mismo sitio, como si tuviese arreglo tanto dolor, como si aquello le fuera a regresar la sensibilidad si apretaba con suficiente fuerza. Pero no pasó. Ella siguió caminando, sin sentir nada, sin distinguir si seguía con vida o si era todo una pesadilla.

No le importó estar empapada hasta la médula de los huesos, no sentía el frío, no sentía dolor, no sentía nada, sólo una inmensa necesidad de llorar hasta que se consumiera su alma. Y seguir llorando después.

Marinette levantó el rostro sorprendida cuando sintió un par de manos cerrarse en sus hombros. La piel de Luka ardía, sentía el calor que él emanaba a través de las capas de agua helada, ropa empapada y desolación. El muchacho tenía el rostro desencajado por la sorpresa de ver así a su musa, el paraguas descansaba a unos metros de ellos, porque Luka había soltado todo con tal de alcanzar a Marinette y asegurarse de que la chica estaba bien.

Aquellos ojos cían la miraban con angustia, con dolor, y ella no pudo evitar romper de nuevo en llanto y abrazarse de la cintura del muchacho.

—Lo voy a matar. Lo juro. —Musito Luka entre dientes, apretando a Marinette con fuerzas, luchando contra la rabia que se había aglomerado contra su garganta, luchando contra el instinto asesino de ir a buscar a Adrien, conteniendo las ganas de mandar al hospital a quien se había atrevido a romper el corazón de su musa, y, al mismo tiempo, convirtiéndose sin darse cuenta en el pegamento equilibrado que Marinette tanto necesitaba en ese momento.

—Mejor mátame a mí. —Suplicó la chica encajando sus uñas en la espalda de Luka, sintiendo el dolor de sus yemas en resistencia contra el cuero negro.

—¿Qué? —Musitó Luka sin aliento. ¿A qué se refería con aquello?

—Fui yo, Luka... —Dijo la chica tratando de serenarse. —Fui yo quien estiró esta historia más de la cuenta, fui yo quien decidió que se terminara, fui yo quien se dio cuenta de que no estábamos destinados a estar juntos... Y ahora soy yo la que está rota...

—Pues levantaré cada pedacito... —Juró Luka entre dientes, apretando un poco más a Marinette entre sus brazos. —Buscaré cada fragmento y haré que vuelva a su sitio.

—Muchas cosas se perdieron, no tiene caso.

—Pues entonces moldearé lo que haga falta. —Dijo negándose a creer que su musa de verdad estuviese así de perdida. —Así tenga que tomar pedacitos de mí con tal de que vuelvas a estar completa. Así tenga que vender mi alma para que estés bien. No voy a descansar hasta que dejes de estar rota.

Marinette dudó un segundo. No estuvo segura si un rayo había surcado el cielo, no supo si el estruendo era su propio corazón, no supo si el ruido que había escuchado era todo volviendo a la normalidad o el propio corazón de Luka. De pronto la lluvia se sentía helada en comparación al calor que el muchacho le ofrecía, porque todo el cuerpo de Luka Couffaine emanaba calor. Marinette estaba empapada, pero apresada entre los brazos de Luka, de pronto no tenía frío.

—¡Luka! —Exclamó Juleka acercándose con su propio paraguas.

La joven reconoció a su amiga entre los brazos de su hermano y corrió hasta ellos.

—¿Qué pasó? —Quiso saber. Luka negó con la cabeza y Juleka entendió el mensaje de inmediato. —Vamos al barco.

.

Juleka le había ofrecido un cambio de ropa seca a su amiga y ahora estaban sentadas lado a lado en un silloncito, Marinette cobijada bajo los brazos de su amiga mientras tiritaba por el frío que sentía emanar desde dentro.

Luka se arrodilló frente a Marinette y depositó una taza humeante entre sus manos.

—Bebe —ordenó el muchacho con voz autoritaria y contenida cuando la pelinegra le dedicó una mirada de confusión —, te hará bien en la garganta.

Marinette se inclinó hacia adelante al recibir la taza y Juleka sonrió de medio lado.

—¿Podrías quedarte con ella un rato? —Murmuró la joven Couffaine con una sonrisa radiante, suavizando su voz. —Me encargaré de poner a secar su ropa y avisar a Sabine.

—Seguro. —Murmuro Luka sin despegar la vista de Marinette, acariciándole el rostro con una mano, suspirando. —La cuidaré por ti.

Juleka salió de la habitación, Marinette tardó un poco más en procesar lo que había escuchado, ahora que Luka la había soltado volvía a sentirse aletargada, así que las palabras de Juleka hicieron eco en su mente de forma lejana y ausente. Marinette se dio cuenta de lo que su amiga había dicho hasta que ella ya no se encontraba presente.

Levantó la mirada en busca de los ojos de Luka y compuso una expresión de angustia.

—No quiero ser una molestia. —Dijo por fin Marinette, con la garganta reseca. —Estoy algo cansada, lo mejor sería retirarme.

—No seas ridícula, Marí. No molestas a nadie. —Murmuró Luka antes de enderezarse en su sitio y tomar a Marinette en brazos, comprendiendo que su hermana los había dejado solos a propósito.

—¡Luka! —Exclamó la chica sorprendida, cuidando no derramar el té que el muchacho le había preparado con devoción.

Juleka tenía meses dándole lata a su hermano, animándolo a confesar que seguía enamorado de Marinette. Ni siquiera le pedía que se lo dijese a su amiga, lo que la joven bajista pedía era que el muchacho lo admitiese para sus adentros, que lo dijese en voz alta, que admitiera por fin que seguía cargando el anillo que había mandado hacer para proponerle a Marinette Dupain-Cheng una vez que se armara de valor para hacerlo. Claro que dejarlo a solas con ella el día que le habían roto el corazón era otra de sus tretas.

Luka suspiró resignado, odiando y amando a su hermana en partes iguales ese día. No, no tenía tiempo para planear su venganza, se enfocaría en poner a salvo a Marinette de la tormenta de sus propias emociones. Se lo había prometido a sí mismo desde que habían iniciado sus sospechas respecto a su identidad. La protegería contra todo. La cargó hasta su camarote y la recostó en la cama, cubriéndola con una cobija, dejando la taza olvidada en la mesita de noche mientras arropaba a su amiga. Luka hizo ademán de levantarse, pero la mano de Marinette se cerró en torno a su muñeca y ella le dedicó una mirada suplicante.

Luka no pudo resistirse, se acostó al lado de Marinette abrazándola con fuerzas.

—¡Ay, Marí! —Murmuró cuando ella se aferró a su pecho y pasó una pierna entre las rodillas del muchacho, pegándose tanto como pudo al cuerpo cálido del muchacho. —No me pidas que no vaya a buscarlo y le rompa cada hueso del cuerpo. No soporto verte así.

—Pero si te vas voy a volver a tener frío. —Dijo la chica anhelante, hundiendo el rostro en el cuello de Luka, confundiéndolo con aquello.

Sí. Marinette sentía que emanaba frío desde el interior, sentía que se quebrantaba y que la tristeza se apoderaría de ella estando sola. La piel de Luka siempre había sido caliente, el muchacho tenía mucha energía todo el tiempo, así que siempre ofrecía un tacto cálido. Pero ese día era algo distinto, algo más. Como si la sola presencia de Luka fuese suficiente para mantener a raya el frío.

El muchacho suspiró asintiendo.

—Tú ganas. —Murmuró contra la frente de la chica antes de cubrirse ambos con la cobija, sintiendo que toda la rabia se disolvía mientras Marinette se acurrucaba más y más cerca de él, de su corazón, de cada centímetro de su cuerpo. —Si quieres hablarlo...

—No hay nada qué hablar. —Admitió ella sin saber cuánto daño y cuánta dicha le estaba causando a Luka en esos momentos. —Se acabó la historia de amor. Amo a Adrien... Y sé que él me ama a mí. Pero también ambos sabemos que esa historia ya dio todo lo que tenía para ofrecer al mundo, así que hemos decidido dejarlo por la paz. Porque, aunque creí que estaríamos juntos el resto de nuestras vidas, ahora entiendo que él no es mi alma gemela. Y siempre lo voy a amar, pero no de la misma forma, no, definitivamente algo cambió. Amo a Adrien Agreste de la forma en que Ladybug siempre amará a Chat Noir...

—¿Y estás bien con eso? —Inquirió Luka apretando un poco a Marinette, temiendo a la respuesta.

—Ahora lo estoy. —Dijo la chica antes de suspirar y, contra todo pronóstico, sonreír.

.

Adrien y Marinette habían ido a desayunar al restaurante "de siempre", y se la habían pasado riendo y poniéndose al corriente de sus vidas privadas. Adrien le había preguntado respecto a la pasarela y a las declaraciones de prensa que habían dado por el beso que habían compartido en el momento en que se había ido la luz, Marinette había terminado confesando que ella y Luka tenían más tiempo siendo novios, viviendo juntos.

Adrien no podía estar más feliz por su amiga. Porque después de dejar de verse durante ocho meses tras su ruptura (claro que se veían en las pasarelas, en las pruebas de vestuario y cuando combatían contra el crimen y los akumas, pero no era lo mismo que sentarse a charlar como dos viejos amigos y confidentes), ambos se habían dado cuenta de que la amistad estaba casi intacta, sólo debían mantener el contacto y establecer los acuerdos de su nueva relación. Y tras reanudad su amistad, guardarse secretos había sido básicamente imposible hasta que sus respectivos trabajos comenzaron a exigirles más tiempo del que podían dedicar a su amistad. Los mensajes estaban ahí, pero cada vez era más y más complicado acordar una fecha para ir a desayunar o tomar un café, tenían que aprovechar que esa mañana habían coincidido en horarios y días libres.

—¿Qué hay de ti? —Quiso saber la chica antes de que Adrien indagara más. No podría ocultarle la boda a él si seguían hablando de ella.

—Kagami y yo estamos saliendo hace un mes. —Admitió apenado, sabiendo que había sido desconsiderado ocultarlo de Marinette a pesar de saber que ella y Luka tenían algo. —Y, de hecho, quisiera pedirte un favor al respecto.

—¿Un favor? —Murmuró la chica.

De pronto ambos muchachos volvían a tener quince años y estaban poniéndose de acuerdo para ir a patinar a la pista de hielo. Durante una fracción de segundo, Marinette vio a Adrien con su camiseta negra y su camisa blanca de manga corta, la mirada tímida, las preguntas sobre cómo acercarse a una chica; por un instante ambos sintieron que viajaban en el tiempo, que viajaban al pasado hasta ese día, pero en lugar de estar secretamente enamorados el uno del otro, aquello se sentía como si estuviesen justo donde debían. Marinette con Luka, Adrien con Kagami.

La burbuja se reventó cuando Adrien volvió a hablar. Volvieron a su era, a su vida actual, justo a donde siempre habían pertenecido sin saberlo.

—No sé cómo pedirle que sea mi novia.

Sí. Ese era el nivel de confianza al que había llegado la relación entre ellos, ahora eran confidentes, compañeros, no sólo en la batalla, sino en la vida. Porque una de las razones por las que Luka estaba tan nervioso era el hecho de que Adrien nunca salió de la vida de Marinette, siempre estuvieron presentes los mensajes de texto, los buenos días, los proyectos nuevos, los contratos de moda, las buenas noches.

—Pero con una condición... —Murmuró la chica con una sonrisa pícara.

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Estaban a mitad del ensayo. Luka tocaba las cuerdas con violencia, estaba distraído pero la música lo había ayudado a mantenerse enfocado. Perdió la plumilla cuando vio a Adrien y a Marinette entre la multitud de los fans que presenciaban el ensayo, pero siguió tocando hasta finalizar la canción.

La chica sonreía radiante al ver a su novio tocando, cuestión que hizo a Luka sentir algo cálido en el corazón y tocar con más ganas. No le importaba la presencia de Adrien ahí, lo único importante era la manera en que ella le miraba.

Al finalizar el ensayo, Marinette y Adrien subieron al barco a saludar a todos, y Adrien se acercó hasta Luka para abrazarle y besar sus mejillas.

—Marinette me pidió algo. —Admitió Adrien cuando él y Luka se quedaron solos desconectando el equipo de sonido de la proa. —Pero primero quería venir a felicitarte. Me contó que viven juntos hace un tiempo.

—Fue un paso muy grande. —Admitió Luka sin aliento, sin saber cómo tomarse que Adrien lo supiera y que se alegrara al respecto. —Y tenía miedo de que no funcionara.

—¿Que no funcionara?

—Ya sabes, no ser suficiente para ella, que se desilusionara o algo así.

—Por cómo habla de ti, no hay manera de que no funcione. —Admitió Adrien ensanchando su sonrisa. —Por lo que sé, nunca habló así de mí.

—No te consta. —Bromeó Luka, sintiéndose cada vez más cómodo con aquella situación.

No. Desde que Adrien y Marinette habían terminado, Luka y Adrien no habían hablado mucho. De por sí, no había realmente una relación de amistad entre ellos; eran colegas en la batalla, Adrien sabía la identidad de Luka al ser él quien había entregado el miraculous de la serpiente. Habían tocado juntos un par de veces en los eventos publicitarios de la marca de Kitty Section, se habían dado lecciones de música y de modelaje respectivamente para las pasarelas en las que habían colaborado, pero hasta ahí.

No habían tenido la oportunidad (ni la intensión) de volverse amigos.

Así que Adrien ensanchó la sonrisa y murmuró.

—Créeme. Estoy puesto al tanto. Quisiera encontrar a alguien que me ame como ella te ama.

Luka frenó sus manos y miró a Adrien, confundido. No pudo frenar sus palabras, Luka ni siquiera se dio cuenta de que había hablado hasta que Adrien le regresó la mirada, una sonrisa amable.

—Yo haría lo que fuera por ella.

—Lo sé. Hasta amenazar con quebrarme cada hueso del cuerpo, que, por cierto, te creo capaz.

—¿Te contó eso? —Murmuró Luka apenado, preguntándose si no había perdido ya una oportunidad de ser amigo de Adrien Agreste.

Adrien soltó una risita y asintió lentamente.

—Me contó algunas cosas... Y me pidió que los apadrine. Pero primero quería hablar contigo de...

Luka cerró sus brazos en torno a Adrien, el rubio se quedó pasmado unos segundos y luego correspondió al abrazo, sonriendo ampliamente al escuchar la respuesta de Luka.

—Eso me haría muy feliz.

Se separaron un segundo y Adrien puso las manos en los hombros de Luka.

—Hay mucho por planear.

—Chicos. —Llamó Marinette desde cubierta. —La comida estará lista pronto.

—Ya vamos. —Dijo Adrien sonriéndole a Marinette para que la chica se alejara. Volvió la mirada a Luka, esta vez con expresión sombría y mirada amenazante. —Recuerda que no eres el único que puede romper huesos, así que más te vale que la protejas como yo lo he hecho todo este tiempo, porque la primera lágrima que ella derrame por ti será más que suficiente, yo no le voy a pedir permiso ni le voy a avisar.

Luka le dedicó una mirada profunda, estaba molesto por sentirse amenazado por otro portador de miraculous (a estas alturas sería raro que no conocieran el secreto entre ellos tres, ¿no?), pero serenó su expresión y asintió.

—Yo sólo sé hacerla llorar de felicidad. —Reparó furioso, poniendo en claro que no se dejaría amedrentar tan fácilmente.

Podría ser un héroe de París, pero en el fondo seguía siendo el mismo Luka que sabía cómo golpear sin dejar marca, y ser letal.

—¡Perfecto! —Exclamó Adrien recuperando su actitud jovial. —Entonces vamos a comer.