Perdón por no responder todavía a los reviews, pero quería publicar esto lo antes posible. Prometo que en el próximo capítulo responderé a todos los comentarios de estos dos capítulos.

Nota importante: Los capítulos no tienen un orden específico, no tienen secuencia temporal.

Disfruten la historia y mil gracias por sus comentarios.


Viperion daba tumbos en aquel callejón oscuro, sostenía su costado con tanta fuerza que sus uñas y nudillos se habían puesto blancos, y tenía una mueca de dolor en el rostro.

Sintió que caería, le daba vueltas la cabeza, el mundo de pronto parecía ir demasiado rápido, así que el muchacho recargó el hombro contra la pared para no perder el equilibrio. Con cuidado giró hasta recargarse en la espalda, ahogando un gruñido de dolor en aquel movimiento simple, se deslizó sin fuerzas hasta el piso y gimió en respuesta al malestar. Todo su cuerpo le gritaba, suplicando por algo que aliviara el dolor.

—¡Viperion! —Gritó Ladybug aterrizando cerca de él.

La noche en París había traído consigo a los villanos habituales, algún carterista despistado, algún valiente que creía que podría ocultarse de los héroes, algún ladrón que creía que valía la pena vaciar una caja registradora de alguna tienda veinticuatro horas.

Los índices de crímenes habían bajado muchísimo en la última década. Definitivamente la aparición de Ladybug y Chat Noir (y eventualmente el resto del equipo) había marcado una diferencia significativa en la ciudad del amor, pero los héroes no eran omnipresentes ni omnipotentes. Ni siquiera Hawk Moth en persona era capaz de ver todo cuanto ocurría en su ciudad, así que los criminales más básicos seguían moviéndose por la cuidad esperando no ser descubiertos.

Esa noche habían pasado muchas cosas.

Un hombre akumatizado había atacado el Louvre; al tratarse de obras de arte, Chat había solicitado la ayuda de Viperion, y no es que Luka no conservase ahora a Sass consigo, pero el peliazul había aprendido a esperar a ser convocado para no obstruir el trabajo de su musa. Alguno que otro malandro parisino había creído buena idea aprovechar que los héroes estaban ocupados y salir a "trabajar" al cobijo de la tormenta.

Los tres héroes y el villano se habían alejado del museo lo suficiente como para que Viperion se percatara de un robo a mano armada y decidiera desviarse un poco.

Ladybug corrió hasta su lado y se agachó a tomarle el rostro, el héroe sonrió recargando la mejilla contra la mano de su amada y carraspeó divertido ante sus propios pensamientos.

No era nada romántico estar en un callejón al lado de su alma gemela, ambos heridos, mugrosos y metidos en medio de bolsas de basura que olían como si tuviesen varios días ahí.

—Mon serpant… di algo… —Rogó la heroína moviendo al muchacho para que la mirase.

—Te amo… —Murmuró Viperion con una sonrisa forzada.

—Gracias a Dios… —Respondió Ladybug soltando todo el aire que había sostenido hasta ese momento, bajando el rostro y dejando que un par de lágrimas corrieran por sus mejillas.

—¿Porque te amo? —Inquirió el héroe, divertido.

—Niño ridículo… —Murmuró ella poniendo ambas manos en los hombros de su héroe antes de deslizarlas por su cuello y volver a sostenerle el rostro.

—Ridículo por amarte… —Murmuró Viperion, cada vez más confundido por la conversación.

—Ridículo por decir algo así en un momento crítico.

—Ya sabes. —Murmuró Luka con un gemido ahogado mientras se removía en su sitio para tratar de enderezarse un poco más. —Nunca se sabe cuándo será la última vez que pueda decirlo.

—No digas eso. —Murmuró Marinette con un hilo de voz, sintiendo que se le escapaba la vida en ese comentario.

Nunca habían recibido el disparo de un arma de fuego. Era como si la gente se apiadara de ellos por sus edades, pero ahora eran adultos responsables de custodiar París, así que los malos ya no tendrían compasión. Ellos lo sabían. Pero nunca habían tenido que considerar aquella posibilidad puesto que nunca se habían enfrentado a un enemigo que los amenazara de muerte.

El traje básicamente era a prueba de balas, o al menos algo así había demostrado esa noche, puesto que Luka había recibido un disparo en el costado cuando había cubierto con su cuerpo a la parisina a la que habían atacado. Tenía la mala costumbre de usarse de escudo humano y esta vez ni siquiera lo pensó. Cuando se trataba de defender a Marinette o a Ladybug, se aseguraba de planear con la cabeza fría, usarse de escudo humano siempre quedaba en la última opción de la lista, no porque no estuviese a dar la vida por ella, sino por el hecho de que quería seguir peleando a su lado tanto como fuese posible y seguir poniéndola a salvo.

No, esta vez ni siquiera tuvo tiempo de considerar otra opción, el atacante ya tenía el dedo en el gatillo cuando él llegó, así que le dio la espalda y cubrió a la muchacha antes de ordenarle que corriera.

Viperion había encarado a su agresor y había reconocido el rostro del muchacho. Llevaba la chaqueta de cuero negro con la serpiente bordada en la espalda, el rostro tenía una cicatriz en la mejilla y el estilo de vestimenta lo delataba, se trataba de uno de los Reptiles que habían ingresado a la banda el mismo año que él.

Luka recordaba perfectamente a la banda, los problemas, los golpes, las peleas.

Si es por cubrir la cuota de Andreé, no tienes que hacer nada. —Murmuró Viperion levantando las manos hacia el agresor, tratando de recordar el nombre del muchacho. —Nunca será suficiente, los golpes irán en aumento y no tendrás el lugar que buscas porque siempre habrá alguien dispuesto a matar con tal de quedarse con ese lugar.

¡No lo sabes! —Exclamó el muchacho cortando cartucho y tomando el arma con las dos manos.

Belmont... —Murmuró Viperion recordando al muchacho. —Dean Belmont. Tenías un futuro prometedor antes de Les Reptiles, siempre tuviste una mente brillante para las matemáticas. No tienes que hacer esto, o será peor para ti, porque ambos sabemos que voy a ganar.

Dean había vuelto a disparar, Luka sintió el golpe en su costado y el sofoco se volvió inminente. Vio luces frente a sus ojos, los bordes de su mirada se oscurecieron y él cayó en una rodilla, pero el traje resistió y el muchacho se enderezó hecho un huracán de golpes y patadas, tratando de neutralizar a su oponente, tratando de quitarle el arma para poder razonar con él. No estaba dispuesto a soportar un tercer disparo esa noche, lo molería a golpes si se atrevía a disparar de nuevo.

—El gato... —Murmuró Viperion tocando su costado con cuidado, tratando de diagnosticar qué tan mal estaba, pero también tratando de tranquilizar a Ladybug.

—Chat está bien, puede con esto unos minutos.

—Bien. Necesitan ayuda. —Luka recargó la cabeza en la pared y suspiró, debilitado por el dolor que sentía en todo su cuerpo. —Sass...

—No seas necio. —Suplicó Marinette al ver que el traje se desvanecía.

—Tranquila. —Pidió el héroe tomando una mano de su musa y besando sus nudillos. —Lo quiero como compañía.

El kwami flotó entre ellos y sonrió para infundirle valor a Ladybug.

—El departamento no essta tan lejoss... —Dijo Sass orientándose en el callejón. —Me asseguraré de que llegue a ssalvo. Te avissaré en cuanto esstemoss en cassa.

—¿Estará bien que los deje ir? —Murmuró Ladybug conteniendo el llanto.

—Chat Noir te necesita, ma belle. —Luka se levantó la camiseta y sonrió al ver el moratón extenderse por todo su costado. —No es de gravedad, y en cuanto purifiques el akuma, yo estaré bien. No tardes. —Pidió en un gruñido, levantándose con mucha dificultad.

Ladybug lo ayudó a ponerse de pie y lo sostuvo un momento más, asegurándose de que pudiera mantenerse por sí mismo.

—Tranquila, ma chérie, tras peores palizas me he ido a casa caminando.

—Cuídalo. —Suplicó Marinette mirando a Sass, oculto en el hombro de Luka, cubriéndose con la capucha de su chaqueta.

—Confía.

Había recibido un tercer disparo, justo encima del segundo, sabía que aquello podría costarle una costilla rota, pero Viperion siguió peleando, se lanzó con toda su furia contra Dean, al final, el muchacho había decidido que aquello fuese así. Le había dado la oportunidad de huir y él no la había tomado, así que ahora debería enfrentar a las consecuencias, tanto a las propias como a la ley de los reptiles.

Luka sabía que Andreé lo castigaría hasta el borde de la muerte, no importando si llegaba ya malherido; Porque para Les Reptiles, enfrentar a la ley y perder era peor que la muerte.

Viperion tenía a Dean contra el suelo, estaba sentado a horcajadas sobre su cintura, golpeaba con sus puños cerrados los brazos del muchacho, que se cubría el rostro, sintiendo el sabor metálico de su propia sangre. Luka Couffaine había sido leyenda cuando perteneció a aquella banda, era como si se cegara cada vez que peleaba, en alguna ocasión habían tenido que detenerlo entre varias personas puesto que él no iba a parar de golpear. Podría haber matado a su oponente si no le hubiesen detenido. Y Andreé estaba orgulloso de ello.

No quedaba mucho de aquel muchacho en Luka, no en Viperion, pero el dolor lo había cegado un momento, así que él no se había detenido cuando Dean suplicó por su vida, repitiéndose a sí mismo que se lo había buscado por no huir cuando pudo.

Por un instante, cada cicatriz de su cuerpo cobró peso, cada corte, cada golpe, cada marca que se hizo en algún momento de su vida se volvió a abrir como un recordatorio de que él era Luka Couffaine, y que nadie le ganaba... Y entonces reaccionó.

Él era mucho más que eso, era mejor que eso, ya no era un mercenario, ya no tenía por qué golpear a matar. Ya no. Entonces ¿por qué no se detenía?

El héroe vio algo en la mirada de Dean, miedo.

Y aquello fue más que suficiente para volverlo entrar en razón. Porque sólo una mirada de miedo lo había hecho frenar alguna vez.

Luka se había hecho un juramento y no estaba dispuesto a fallar. De pronto el tatuaje en su espalda, sus alas de ángel ardieron en su piel como si le recordaran su promesa.

Dean se libró de una patada del héroe. El subidón de adrenalina de Luka había pasado, ahora sentía todo el dolor de los golpes y de los disparos, y ese mismo dolor le imposibilitaba moverse; Dean volvió a golpear con todas sus fuerzas, pateándole el costado, haciéndole gemir por lo bajo. Viperion cayó al suelo, no estaba en sus planes dejar de defenderse, pero tampoco tenía fuerzas para levantarse a frenar el siguiente golpe de su atacante, literalmente se había quedado sin fuerzas.

Viperion... —Escuchó el héroe a lo lejos.

Ladybug lo llamaba, lo estaba buscando.

Escuchar la voz de su musa le dio el empuje necesario para ponerse de pie y volver a pelear.

Tenía la fuerza cortada por mitad por el cansancio, pero aquello fue suficiente para que él pudiese obligar a Dean a huir para que su Coccinelle no corriera peligro. No quería confirmar si el traje de Ladybug también era a prueba de balas.

Habían vencido al akuma. Ladybug aterrizó en la terraza, la chica perdió la transformación en un parpadeo y entró corriendo al departamento, en busca de su novio.

Luka estaba sentado en la cama con los codos recargados en las rodillas, llevaba un short de mezclilla y tenía alrededor de diez minutos esperando ahí. Había sentido el efecto de los miraculous, el dolor se había disminuido a la mitad, estaba seguro de que no tenía roto nada, pero los moretones por los disparos no se habían ido.

Marinette se arrodilló entre las piernas de Luka y le sostuvo el rostro, sonriendo enternecida al verle hacer una mueca.

—¿Ya tomaste algún analgésico?

—Sí. —Murmuró el muchacho despejando el rostro de su novia con una mano. —Y Sass me ayudó a limpiar las heridas.

—Pero yo inssissto en que no hay nada como lass manoss de un sser querido. —Dijo el Kwami flotando hasta ellos con un trapito húmedo en las manos, entregándoselo a Marinette y sonriendo amablemente. —Assí que me iré a dormir mientrass terminan por aquí.

—Gracias. —Murmuró la chica asintiendo una vez, viendo que Tikki le dedicaba una sonrisa antes de alejarse también.

—Quería darme una ducha... —Admitió el muchacho mirando a su novia. —Pero no quería morir ahogado.

—Muy gracioso. —Murmuró ella enderezándose y pasando un brazo de Luka sobre sus hombros para acompañarlo al baño.

Apenas pudo resistirse a las atenciones de Marinette. No tenía fuerza para tratar de apelar y moverse por su cuenta, así que optó por permitir que su novia lo guiase al baño y esperar indicaciones.

Marinette por su lado se recriminaba internamente el haber tardado tanto en dar con él, no había podido defenderlo o apoyarlo cuando se había hecho aquellas heridas, ni siquiera tenía el valor para preguntar por cómo se había herido así, le costó enfocar su mente en templar el agua para llenar la bañera y ayudar a Luka a entrar en ella, lo empujó un poco para poder tallarle la espalda, cuidando no lastimarlo de más.

Aunque al principio había optado por enjabonar una esponja, al final decidió usar sus propias manos para lavar la piel de su novio, mejor no poner en riesgo los raspones que ya tenían algo de costra, podría arrancárselas sin querer si usaba algún accesorio.

—Tus manos siempre están heladas. —Murmuró Luka en medio de un suspiro.

—Perdón. —Dijo Marinette en un respingo, levantando ambas manos y mirando a Luka.

—No es una queja. —Respondió el muchacho a media voz, girando un poco el rostro en busca de la mirada de Marinette. —Me gusta la sensación, tus manos frías alivian el dolor.

Marinette suspiró y asintió para sí misma antes de volver a pasar sus manos por la piel de Luka. El muchacho sabía que ella era demasiado tímida, demasiado respetuosa como para preguntar; una parte de él estaba en conflicto, ella también había peleado contra el crimen aquella noche, no era justo que sólo él recibiera los mimos de la heroína, pero necesitaba reponer fuerzas para poder agradecerle a Marinette el ser la defensora de París y el ser tan atenta con él.

Luka se estremeció cuando Marinette dejó caer chorritos de agua en sus hombros para deshacerse del exceso de jabón, sonrió al sentir las manos de Marinette hundirse en su cabello y comenzar a masajear su cráneo, extendiendo el champú y llevándose con el agua todo rastro de dolor y de estrés.

—Hacía años que no dejaba que me lavaran el cabello. —Admitió Luka sin darse cuenta, recostándose contra la bañera y facilitándole el acceso a Marinette.

—¿Por qué no?

—No me gusta. —Se quejó el muchacho componiendo una mueca.

—¿No te gusta que te laven el cabello?

—No me gusta que la gente me agarre el cabello.

—Juleka dice que no dejabas que lo tocara nadie, sin excepciones. —Admitió Marinette sonriendo, paseando una mano por el pecho de Luka y consiguiendo que él abriera los ojos para admirar a su novia.

Marinette se agachó sobre el rostro de Luka y le robó un beso lento, dulce, cadencioso y seductor, sus lenguas se encontraron a medio camino cuando ambos abrieron la boca, Luka no pudo contra el instinto y mordió el labio de Marinette antes de delinearlo con su lengua y suspirar. Amaba cuando Marinette lo besaba lento, cuando lo seducía de a poco.

—Es que me pone vulnerable. —Admitió el muchacho acariciando la mejilla de Marinette cuando por fin rompieron el contacto. —La sensación de tus manos en mi cabello es de las cosas que más amo en este mundo, pero es que se trata de ti, no tengo problema con que tú me toques, pero no quiero que el resto del mundo lo haga, no quiero que nadie más se acerque porque puedo salir o pueden salir lastimados.

—Mi amor... —Murmuró la chica enternecida por la confesión del muchacho.

Luka se sumergió un poco para quitarse el jabón del cabello, o al menos era la excusa para cerrar los ojos y ocultarse bajo el agua, no le molestaba sincerarse ante Marinette, pero no sabía cómo reaccionar ante las miradas de amor que a veces le dedicaba, porque ella lo miraba como si no existiese otro ser humano en ese mundo que mereciera más amor que él mismo, y él todavía se mostraba renuente a admitir que merecía ser amado así.

Se enderezó, aún con los ojos cerrados y se encorvó un poco, descansando la espalda. Marinette aprovecho ese momento para delinear el tatuaje de Luka.

Recordaba el día que se lo había hecho.

Marinette caminaba a toda prisa. Se había hecho de noche y ella no estaba tan lejos de casa, así que caminar era una opción viable, no le veía el caso a gastar en un taxi cuando podía caminar los diez minutos de distancia, o mejor aún, transformarse y usar el Yo-yo para deslizarse por los tejados de la ciudad mientras patrullaba un rato.

Sólo debía buscar un callejón oscuro y perderse ahí.

Grave error.

Dos hombres con chaquetas de cuero negro y serpientes bordadas tenían acorralada a una muchacha, ella se aferraba al bolso mientras uno de los dos le jalaba la correa y el otro le mostraba una navaja afilada, un brillo plateado y mortal en medio de la oscuridad.

¡Oigan! —Exclamó la chica sintiendo que Tikki se retorcía en su bolsita, como si tratara de llamarla a la cordura. —Déjenla en paz.

Mira nada más... —Murmuró el de la navaja, cambiando su atención a Marinette en ese momento.

La otra chica recuperó su bolso de un tirón y salió corriendo.

¡Vuelve acá! —Gritó el segundo agresor haciendo ademán de perseguirla, sin embargo, el primero lo llamó de regreso.

Déjala, no vale la pena, ella estaba aterrorizada, es mejor si se resisten.

Retráctate. —Ordenó Marinette plantando ambos pies y cerrando los puños, adoptando una postura defensiva.

¿O qué, muñeca?

.

La motocicleta de Luka iluminó el callejón en el momento preciso en que uno de los Reptiles caía de bruces, el guitarrista reconoció la chaqueta, el bordado, los colores; rodó los ojos pensando en que no podían ser más imprudentes. Sabía que la banda se había extendido a otras colonias, no esperaba verlos en su propio barrio, puesto que había elegido una zona tranquila de París para vivir pensando precisamente en alejarse de esos ambientes.

No, no había hecho mucho por deshacerse de los reptiles que rondaban sus calles, no había tenido muchos motivos para hacerlo hasta esa noche, porque, aunque no le encantaba la idea de su barrio se volviese un lugar violento, tampoco tenía ningún interés en meterse en problemas con su antigua banda.

Y reconoció la mochila de Marinette en las manos del reptil caído.

—Nunca pregunté respecto a esto. —Murmuró Marinette sonriendo. —Tus alas...

Marinette puso una mano en el hombro de Luka y el muchacho cruzó un brazo sobre su pecho para poder acariciar la piel de su novia.

—¿Qué quieres preguntar?

—Te las hiciste sobre la cicatriz que ya tenías... y una parte de mí cree que fue para taparla.

—¿Crees que quería ocultar la cicatriz? —Inquirió Luka divertido.

—¿No fue para eso? —Murmuró Marinette percatándose de que las alas se extendían entre los omóplatos del muchacho y hacia sus hombros.

No era el primer tatuaje de Luka, pero sí era el más importante.

—No, Marí. No fue para cubrir la cicatriz. Observa bien.

La chica volvió a delinear el tatuaje, esta vez con la mano libre, sonriendo al comprender la naturaleza del mismo, las alas estaban diseñadas para adaptarse a la herida, el dibujo había sido diseñado a partir de esa línea fina de piel no sanada como si fuese el horizonte del tatuaje.

—Fue tu comentario lo que inspiró al diseño. —Admitió Luka sintiendo que se quedaba dormido.

Se había relajado tanto, se inclinó un poco más hacia el frente, pero los brazos de Marinette se cerraron en torno a su pecho y ella recargó el rostro justo entre los omóplatos de su novio, sintiendo que ya no podía contener más las ganas de llorar. Sus lágrimas se deslizaron sobre la piel del muchacho mientras ella agradecía internamente que su Luka estuviese bien, dando las gracias en cada idioma que conocía porque su Luka seguía a salvo, entre sus brazos, vivo.

Aquello era una segunda oportunidad para ambos, habían estado demasiado tan cerca del peligro... aunque si se ponía estricta, podría ser una tercera oportunidad.

Luka bajó a toda prisa, miles de chicas en París tenían que usar la misma mochila, podría tratarse de cualquier cosa, pero su consciencia le decía que debía actuar como lo que era, un portador de miraculous.

Sass no había dicho nada al respecto, pero sonreía orgulloso mientras el muchacho se dirigía con los puños apretados al callejón.

No, la mochila de Marinette era la única en todo París que tenía un llavero cosido a mano de Ladybug y de Viperion colgando lado a lado. Un tiempo había tenido también al resto de los héroes, y él suponía que se habían vencido las argollas, que era fortuito que su rostro y el de Ladybug fuesen los únicos sobrevivientes. Jamás se permitió albergar la esperanza de que Marinette de verdad fuese Ladybug tal y como él sospechaba, y mucho menos dio cabida en su corazón a la posibilidad de que Marinette fuese fan de su alterego heroico.

Luka se quedó helado en su lugar, Marinette tenía un corte en el brazo y mantenía una postura alerta demasiado bien estudiada, Luka pudo ver a Ladybug aún sin el traje de motas, así que no se movió, permaneció estático en su rincón, preparado para retener al reptil caído en caso de ser necesario, ya demasiado acostumbrado al hecho de que Chat y Ladybug ya tenían su propio ritmo.

Bueno, al menos intentó permanecer inmóvil en su lugar.

Pero en cuanto vio el filo de la navaja e hizo consciente que Marinette no llevaba el traje moteado, actuó por instinto. Corrió a interponerse entre el atacante y su musa, ganándose una herida profunda en la espalda.

Le arrancaría la cabeza por ello.

No vieron la forma del rayo que partió el cielo en secciones, pero sí escucharon el trueno, puesto que retumbó de forma ensordecedora; ninguno de los dos héroes se percató de que aquel fenómeno climático había formado un mosaico perfecto entre las nubes, pero no pudieron ignorar aquel hecho ya que el callejón entero se iluminó brevemente, tan brevemente que sólo duró dos parpadeos, y al mismo dio la sensación de que hubiesen encendido cien focos blancos en ese espacio y los hubiesen dejado encendidos durante minutos enteros; tanto Luka como Marinette tuvieron tiempo de apreciar perfectamente la expresión del otro.

El tiempo que duró el rayo iluminando el callejón fue suficiente para que Marinette viese el rostro de Luka torcerse en una mueca de rabia y dolor, aunque ella no entendió del todo por qué hasta que las manos de Luka aterrizaron en sus hombros y la hicieron retroceder tres pasos hasta pegarla a la pared de ladrillo. La camiseta de algodón del muchacho no fue suficiente para protegerlo, la tela se desgarró dejando espacio suficiente, su piel cedió ante el filo de la navaja, abriéndose a su paso, de lado a lado sobre sus omóplatos; aquello sería una cicatriz, con suerte podría pedirle a Juleka que le pusiera algún ungüento o algo para evitar que le quedara una marca más grande de lo necesaria.

Pero todos esos pensamientos perdieron significado cuando el muchacho vio la expresión de Marinette, mitad sorpresa, mitad angustia por verle herido.

Y volvió la oscuridad.

El reptil por su lado escupió al piso y sonrió de medio lado al reconocer al muchacho.

Mira nada más... El elegido en las calles.

Erik... —Escupió Luka entre dientes reconociendo la voz del atacante, pero sin atreverse a soltar la mirada de Marinette, asegurándose de que la chica se encontrara bien. —¿Qué haces de mi lado de la ciudad?

¿No lo sabes? —Inquirió socarrón, lanzando la navaja de una mano a la otra. —Poco a poco el gremio se expande por todo París.

Luka tomó una respiración profunda antes de cerrar los ojos, preparándose mentalmente para lo que viniese.

Andreé sabe que no puede meterse de mi lado de la ciudad. —Espetó Luka furioso, dándose la vuelta en su lugar y bajando el rostro, mirando entre los cabellos color cían a su contrincante. —Ni él ni su herpetario.

Perdónanos por no ceñirnos a la ley de un solo hombre. —Se burló Erik recargando el filo de la navaja en su mejilla, componiendo una sonrisa sádica y una mirada descolocada.

Marinette tragó saliva con dificultad al ver que la sangre brotaba levemente de la espalda de Luka, podía ver la mancha de sangre extenderse a pesar de la tela negra, Luka seguramente necesitaría puntadas después de aquello, y casi estaba segura de que no se dejaría curar ni llevar al hospital.

Erik, escúchame una cosa. —Dijo Luka entre dientes, apretando los puños y sabiendo que aquello sería inevitable, terminaría en pelea.

Al principio le había preocupado que Marinette estuviese ahí, pero al ver a Antoine noqueado a unos metros supo que ella estaría bien. Tratar de ponerla a salvo sólo le costaría otro navajazo.

La rabia se había ido acumulando en su cuerpo, ver la mirada de miedo que Marinette le había dedicado cuando se giró para enfrentar a Erik no ayudaba a llamar a la calma, sumado al dolor que sentía en ese momento.

Trató de frenar la rabia, trató de suavizar su expresión, trató de contener la voz... pero no lo consiguió. Su voz se alzó macabra y peligrosa, consiguiendo que Marinette se estremeciera, presa del pánico al conocer esta parte de Luka de la que Juleka le había advertido tanto. Este lado oscuro, frío, calculador, sádico incluso.

Una parte de ella seguía negándose a creer que de verdad Luka (Su dulce y pacífico Luka) fuese capaz de hacerle daño a una persona por gusto propio, pero sabía que se había metido con una banda callejera en su juventud, sabía por boca de Juleka que las cicatrices que tenía en todo el cuerpo eran el resultado de ganarse el título de Elegido de las calles, estaba invicto, ni una sola vez lo habían derrotado y era la razón por la que ella lo había como portador de Miraculous, pero ella creía que esa parte de su pasado ya se había quedado lejos, atrás, enterrada en la memoria de todo aquel que hubiese visto a Luka en ese estado de rabia y frenesí alguna vez... No, Erik lo había llamado Elegido...

La voz de Luka fue como una navaja cortando el viento, como la mordida de una serpiente, rápida y letal, a la yugular de su enemigo.

Esta es la última oportunidad que te voy a dar, lárgate de mi barrio, dile a Andreé que no voy a permitir que haya Reptiles de este lado de la ciudad, no importa a quién tenga que recurrir para limpiar las calles, si no se limita a quedarse en el pedacito de tierra que le toca, si no regresa a ocultarse debajo de la roca en la que estaba viviendo, voy a acabar con cada uno de ustedes. Y lo voy a dejar al final por no cumplir a su palabra.

Tú sabes que las cosas no funcionan así en nuestras calles.

Pero estas no son tus calles, me pertenecen a mí. —Espetó Luka apuntándose con el pulgar, con todo el cuerpo alerta.

Un nuevo rayo surcó el cielo, el trueno estalló con toda su furia al mismo tiempo que Marinette soltaba un alarido, al mismo tiempo que Erik lanzaba su brazo hacia el frente para alcanzar a Luka con su navaja, al mismo tiempo que Luka Couffaine se perdía en la rabia y se hacía a un lado para evitar el golpe.

La lluvia azotó París como si hubiesen abierto el grifo del agua, bañándolos en un parpadeo.

Erik recibió tres golpes a puños cerrados en las costillas, se giró con violencia para tirar un nuevo navajazo, pero Luka ya estaba del otro lado, tirando otros tres golpes en el costado contrario.

La navaja de Erik iba y venía, buscando desesperadamente dar con un blanco, lo único que consiguió fue enredarse un par de veces con la camiseta de Luka puesto que la tela ofrecía resistencia al aire, mientras que el guitarrista parecía moverse más rápido que el viento.

Erik trató de dar otro golpe con su arma, pero Luka ya le había clavado el pie en el centro del pecho, haciéndole caer de espaldas.

Marinette vio ese gesto en cámara lenta. Fue irónico, de hecho, puesto que ocurrió en menos de media fracción de segundo. Pero la joven vio claramente cómo Luka se plantaba en una pierna y levantaba la otra, vio a detalle a Luka abriendo los brazos para equilibrarse, pudo distinguir que el talón fue lo primero que aterrizó en el pecho de Erik y que Luka lanzó el cuerpo hacia adelante para poder empujar a su oponente con el peso de todo su cuerpo, no sólo con la fuerza de sus piernas, la chica vio que gotas de agua se desprendían del cabello de Luka con ese movimiento violento, vio gotitas de agua desprenderse de sus brazos cuando él los bajó para adoptar otra vez la posición de pelea, vio el agua rodearlo como si fuese ingrávida, como si fuesen las alas de un ángel despiadado impartiendo justicia divina.

Luka era su ángel guardián... entonces ¿por qué se comportaba como un demonio?

Erik sintió a Luka sentarse sobre su cintura. Aquello era su marca de agua, sabía que estaba perdido, le esperaba la muerte.

Todos los reptiles sabían que Luka entraba en automático cuando golpeaba así, todos los reptiles sabían que, si caías a los pies de La serpiente Couffaine, lo mejor que podías hacer era cubrir tu rostro y suplicar por tu vida. Rezar por un milagro, rezar para que alguien te quitara a la serpiente de encima, si es que era posible.

La única vez que habían logrado detener a Luka había sido entre cuatro personas y en ese callejón sólo quedaba en pie Marinette.

De nuevo en cámara lenta, Luka tomó con la mano izquierda la camiseta y las solapas de Erik, y alzó la mano derecha tanto como pudo antes de atestar el primer golpe.

Erick cubrió su rostro y el puño de Luka aterrizó en sus antebrazos con tal brutalidad que el sonido sólo pudo compararse con el siguiente trueno, los brazos de Erik dejaron un camino abierto tras ese primer golpe y el reptil trató desesperadamente de cerrar su guardia de nuevo, pero el segundo golpe ya había encontrado su lugar, consiguiendo que ambos brazos salieran disparados hacia los lados, el tercer golpe aterrizó en su mandíbula, consiguiendo que se le dispararan luces blancas y violetas por toda la periferia de su mirada.

Basta... —Murmuró Marinette al ver la sangre que había quedado colgando en el puño de Luka cuando él había preparado el cuarto golpe.

Pero Luka no la escuchó y golpeó de nuevo, esta vez en la nariz de Erik. El reptil estaba mareado por la brutalidad de aquello, perdería el conocimiento pronto.

Basta... —Repitió Marinette con un poco más de fuerza, sintiendo que, poco a poco, la voz volvía a su garganta.

Erik Levantó un brazo para cubrirse, Luka lo golpeó con el dorso de la mano para abrirse camino de nuevo y atestó el quinto golpe.

Luka estaba golpeando con la mano derecha. Aquel dato podría haber pasado desapercibido para cualquiera, no para Marinette que sabía que Luka era zurdo. Si el muchacho estaba golpeando con su mano no dominante había esperanza de frenarlo ¿no? Si Luka, si SU Luka estaba golpeando con la diestra tenía que querer decir que no quería infringir tanto daño ¿Verdad?

¡Luka! —Gritó Marinette desesperada, su voz se alzó sobre el trueno, sobre el ruido, sobre el frenesí de la serpiente Couffaine. —¡Basta!

Luka escuchó la voz de su musa por encima de su propia rabia, ya había lanzado el golpe hacia adelante, no podría frenarlo, pero sí cambiar el curso.

Su puño aterrizó en el suelo al lado del rostro de Erik, pero no volvió a levantarse. Luka se quedó ahí, recargando todo el peso de su cuerpo sobre el brazo derecho, con el rostro a escasos centímetros del de su oponente.

Ahora lárgate... —Murmuró Luka entre dientes, mirando a los ojos a Erik, conteniendo la voz y la rabia. —Lárgate de mi ciudad, lárgate de mi barrio y dile a Andreé que, si vuelvo a ver a un reptil en mi hogar, no me detendré, aunque mi ángel me lo pida. Mataré a quien se meta con mi gente.

Andreé seguirá enviándolos... —Murmuró Erik aterrorizado, agradeciendo internamente seguir con vida.

Pues acabaré con cada uno de ustedes. —Amenazó Luka levantándose lentamente, sintiendo el dolor y el agotamiento. —Quítate la chaqueta. —Ordenó dando un paso de espalda.

Erik bufó por lo bajo, enfureciendo a Luka de nuevo.

¡Quítatela! —Gritó el muchacho con voz desgarradora.

Aquí está. —Exclamó una voz al final del callejón.

Marinette saltó por la impresión y giró su rostro, volviendo la atención al hombre al que había derrotado. Él sostenía su chaqueta, ofreciéndosela a Luka con expresión suplicante.

Luka le dedicó una mirada de reojo, sus ojos estaban gélidos, dos témpanos que parecieron infringir daño físico al muchacho que le miraba suplicante.

Es mi hermano. —Explicó agitando la chaqueta, una ofrenda, un intercambio. —Es lo mismo.

Luka avanzó a pasos calmados hasta el otro hombre y le arrebató la chaqueta de las manos. Marinette vio cómo Luka giró la chaqueta sobre sus hombros, poniéndosela en un movimiento brusco antes de volver hacia ella y extender su mano.

Vámonos. —Dijo con voz autoritaria pero contenida, con la mirada cargada de culpa y dolor.

Luka jamás anheló tener el acceso al Seconde Chance como en ese momento, pero no había nada que pudiese hacer para cambiar lo que Marinette había visto, ella podía salir corriendo si lo quería, dejar a Luka con la mano extendida.

Le sorprendió muchísimo cuando la chica corrió hasta él y le abrazó la cintura antes de besarle con desesperación. No era la primera vez que compartían un beso, todavía no existía un romance entre ellos, pero sabían perfectamente que había algo.

Luka respondió el beso con vehemencia, apresando a Marinette entre sus brazos, llorando amargamente al darse cuenta de que la chica no le temía, no le guardaba rencor alguno, no lo odiaba por lo que había visto.

Sin imaginar que la chica sólo había tenido espacio para temer perderle.

Luka dormía profundamente, estaba acostado bocabajo en la cama, aferrado a una almohada. Marinette le observaba dormir, repasaba con la vista el tatuaje de Luka, que tenía la espalda desnuda y llena de ungüentos.

Sass flotó hasta ella.

—No ssabess cómo lloró esse día. —Murmuró el Kwamii.

—¿De qué hablas?

—Luka. —Murmuró Sass a manera de explicación. —Essa noche no pudo dormir. Sse la passó lamentando haber caído en el frenessí frente a ti. Esstaba aterrorizado ante la possibilidad de perderte.

—Créeme, Sass. No hay nada que este ángel pueda hacer para perderme.

—Luka se tatuó al día ssiguiente... Ssólo no le digass que te dije.

Marinette suspiró resignada, como si ya esperase ese comportamiento por parte del músico.

—Gracias por decírmelo. ¿Dijo por qué se lo hizo?

—Dijo que lo hizo por ti.

Luka había conducido su motocicleta por la ciudad, la tormenta había amainado un poco, permitiéndoles huír y resguardarse.

Eres mi ángel, Luka... —Había dicho Marinette en su oído cuando el muchacho se había detenido frente a la panadería. —Eres mi ángel de la guarda.