Alerta lemon

Rebeca . sz: Consideré seriamente lo de poner una Juleka más peligrosa, pero al final creo que lo guardaré para otro capítulo.

Skayue-chan: Esa canción llegó en el momento justo para llenar de amor esta historia, la verdad es que tenía ganas de ver un Luka vulnerable y me daba mucho miedo abordar el tema sin verme OOC, así que me encanta saber que tuvo un buen recibimiento. Gracias por el apoyo. Con lo de los kwamis, ahora me da curiosidad hacer algo más con ellos, pero un paso a la vez.

Marianne E: ¿Qué más hay por decir? Ya sabes que tu canción me inspiró y ya sabes que ya estoy trabajando en la aparición de Colette, pronto estaremos leyendo esa nueva entrega. Pues tu venganza se cumplió, el capítulo que publicaste logró el mismo efecto de romperme el corazón, pero lo disfruté muchísimo. Espero que este te guste, lo prometido es deuda.


Sí, todo el mundo sabía ahora que Marinette y Luka estaban juntos; no, todavía no revelaban que se casarían pronto, pero poco a poco las salidas en pareja se habían vuelto más frecuentes, o al menos habían dejado de ocultarse del resto del mundo.

El teléfono de Luka sonó una vez y el muchacho vio la notificación, confundido.

Adrien Agreste.

Sonrió desbloqueando el aparato y leyendo a toda velocidad. Suspiró asintiendo para sí mismo, como si le respondiera al muchacho, como si su amigo fuese capaz de verlo en ese momento. Se sentía ridículo, pero también estaba feliz.

Luka levantó la mirada hacia la pared del fondo. Marinette había puesto algunas fotografías en la mesa de noche al lado de la cama, en una de ellas, la chica estaba justo en el medio de Adrien y Luka, celebrando su cumpleaños en algún bar de la ciudad.

Ya había pasado un año desde que se habían hecho aquella fotografía, Luka soltó una risita por lo bajo dirigiéndose a tomar el marco y recordándose a sí mismo que no podía ser más ridículo que aquel día.

Adrien y Marinette habían terminado su relación dos años atrás, había pasado mucho tiempo antes de que él se arriesgara a acercarse de nuevo a la chica con intensión de conquistarla, se quedó helado cuando Adrien le había escrito para invitarlo.

Recibió un mensaje de texto proveniente de Adrien Agreste. Habían intercambiado teléfonos unos años atrás, cuando Gabriel Agreste había decidido patrocinar una marca de camisetas para Kitty Section; Gabriel había creído que sería buena idea que su hijo se relacionara con los integrantes del grupo como una posible buena influencia para la carrera del rubio. Luka todavía no perdonaba del todo a Adrien.

Pensar en el joven Agreste le implicaba recordar el rostro descolocado de Marinette, llorando amargamente entre sus brazos el día que habían terminado su relación, así que recibir un mensaje de Adrien invitándole a bailar por el cumpleaños de su musa, no, no era precisamente una sorpresa agradable, todo lo contrario.

Ahora Luka quería propinarle un puñetazo a Adrien en el centro de la boca y borrar su sonrisa de niño bonito, arrancarle del gesto la paz.

En cuanto terminó aquel pensamiento, entró el mensaje de Juleka: ¿Irás?

Luka carraspeó ofendido. Apenas estaba redactando una negativa en respuesta cuando entró el siguiente mensaje de su hermana: Marinette me está preguntando si te invitó Adrien, y le acabo de decir que sí.

¿Marinette preguntando por él?

Y el tercer mensaje de su hermana, un audio donde se escuchaba Marinette de fondo suplicando que no enviase aquel mensaje: Le dije que irías y se puso a dar brinquitos de felicidad (¡Juleka!), así que asumo que quiere verte en su cumpleaños. (¡Por favor, Juleka, no! No lo molestes con esta tontería). Te vemos en la noche.

Luka puso el marco de nuevo en su lugar, pensando en Frenesí. No, definitivamente Frenesí no era un lugar al que él iría en cualquier momento del año. ¿Qué se suponía que un muchacho como él iba a hacer en uno de los clubes más exclusivos de París?

El cadenero por poco no lo deja entrar, pero su nombre en la lista y las fans aglomeradas queriendo hacerse una foto con él le habían comprado la entrada al guitarrista.

Por todos lados veías gente vestida con atuendos que lucían costosos a simple vista, trajes hechos a la medida, vestidos de diseñador, tacones altos y maquillaje profesional. Luka había suspirado, preguntándose qué demonios hacía en Frenesí vistiendo un pantalón skinny de mezclilla deslavada, botas, camisa negra entallada de manga larga.

Olvida el outfit: ¿Qué demonios hacía en Frenesí?

Y entonces la vio.

Marinette estaba de espaldas a él. Llevaba el cabello recogido en un moño flojo alto, dejando sus hombros y su espalda al descubierto mientras su rostro era enmarcado por dos mechones sueltos. La mayoría de los vestidos del lugar eran minifaldas atrevidas y escotes pronunciados (de un corte muy vulgar para el gusto de Luka), el de ella era un vestido halter de tira al cuello, un modesto escote en V en el cuello, pero un pronunciado escote redondo que dejaba a la vista poco más de la mitad de su espalda, la falda en corte de cola de pato: corto al frente, largo atrás. Tacones bajos.

Luka tragó saliva arrepintiéndose de no usar algo más formal para la ocasión. Marinette lucía radiante. Estaban en la terraza, tres mesas apartadas para ellos, muchos rostros conocidos, todos vistiendo a su estilo, nada tan despampanante como el resto del lugar.

Bueno, Marinette y Adrien lucían acordes a Frenesí. Pero ¡por todos los cielos! Ellos pertenecían a la industria de la moda, sabían exactamente qué ponerse para lucir acordes al lugar en el que estuvieran.

Y ahí estaban, todas las inseguridades de Luka saliendo a relucir cuando Adrien se paró al lado de Marinette luciendo un traje color gris claro y una camisa azul del mismo tono que el vestido de la chica, poniendo una mano en la espalda baja de Marinette y acercándose a su oído a murmurar algo. Ella le había sonreído asintiendo, antes de disculparse con Alya y Nino para seguir a Adrien.

¿De verdad se habían puesto de acuerdo para ir del mismo color?

Luka consideró largarse de ahí, y en el mismo instante en que se dio la vuelta para largarse, Juleka lo interceptó sonriendo.

¡Ay, lo sabía! —Espetó la chica mirándole de pies a cabeza. —Ni siquiera leíste la invitación.

¿Qué? —Murmuró Luka confundido.

¡Rose! —Exclamó Juleka mirando alrededor. La rubia corrió hasta ella y sonrió mostrando su bolso. —Te lo dije.

Ya sé. Pero entiéndelo, pobre corazón roto.

Ningún corazón roto. —Amenazó Luka estirándose en toda su estatura y dedicándole a Rose una mirada gélida, consiguiendo que la chica se encogiese en su lugar.

Juleka se interpuso entre ellos y empujó a su hermano por los hombros hasta arrastrarlo al lobby conjunto del baño.

¡Dios! —Se quejó Luka viendo los pisos de mármol y los espejos con mosaico. —Este lugar no puede ser más... pff.

No puedo creer que seas tan necio. —Espetó Juleka rodando los ojos. —Acostúmbrate, estos comienzan a ser nuestros ambientes también, podemos aprovechar eso para apoyar todas y cada una de las causas nobles por las que peleas en lugar de estarte quejando. Es lo que Marinette hace. Y, por cierto. —Añadió sacando una secadora pequeña del bolso de Rose. —No puedo creer que no leyeras la invitación.

¿Por qué es tan importante? —Espetó Luka sentándose frente a su hermana y permitiendo que ella se moviera a su alrededor.

Porque Adrien le organizó una fiesta temática a tu novia.

No es mi novia. —Cortó Luka cruzando los brazos y haciendo puchero.

Y el tema es el color cían. —Terminó Juleka como si no le hubiese escuchado.

Luka la miró a consciencia por primera vez. Su hermana llevaba un vestido negro corto con un lazo cían en la cintura. Rose iba de pantalón blanco y blusa azul. Recordaba haber visto manchas de tonalidades azules cuando distinguió las mesas que Adrien había reservado para la fiesta. Incluso la invitación digital era de ese color.

Quedé como un estúpido. —Se quejó el muchacho sonriendo de medio lado.

Pero para eso tienes Hermanangel guardiana. —Dijo Rose con una sonrisa radiante mientras sacaba un chaleco gris Oxford con solapas cían del bolso.

Rosy, juro que la vida no me pudo dar una cuñada más maravillosa que tú. No te merezco.

Tampoco a Marinette. —Espetó Juleka divertida al ver el sonrojo de Rose. —Pero te eligió a ti.

No digas tonterías. —Murmuró Luka en un suspiro mientras su hermana comenzaba a moldearle el cabello hacia atrás y adelante.

Pues ella eligió el color sin saberlo. —Murmuró Rose distraída, percatándose de que el esmalte en las uñas de Luka estaba despostillado, el muchacho seguro había vuelto a morderse las uñas, seguro por ansiedad. —Adrien la estuvo sondeando antes de hacer esta fiesta para ella.

Luka sonrió respondiendo el mensaje de Adrien y asintió para sí mismo. Debía dejar listo todo antes de esperar a su musa.

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Marinette llegó al departamento y se sorprendió de encontrar todas las luces apagadas, pero escuchar música al fondo. Aquel día había demorado un poco más de la cuenta en los talleres de la boutique, dando su visto bueno para la colección que saldría a la venta el mes entrante. Aquel día era su cumpleaños, así que habían tomado una hora de la comida para llevarla a celebrar con los compañeros de la firma. Adrien le había comprado un pastel para cuando volviesen y se había hecho tarde. La luz se había ido agotando y la casa estaba sumida en penumbra.

—¿Luka? —Murmuró la chica avanzando a tientas por la casa. La música venía de su habitación.

Entró y se quedó pasmada un momento. En la cama había un vestido gris claro con bordados y detalles rosa pastel, un corte muy parecido a su vestido del año pasado, casi podría decir que era el mismo; avanzó hasta la cama y acarició la tela con embeleso, suspirando de amor ante aquella sorpresa.

Había una tarjeta encima del vestido, reconoció la caligrafía desordenada de Luka.

Paso por ti a las ocho y treinta, te espero abajo.

—¿Abajo? —Había dicho la chica, confundida.

Tenía hora y media, tiempo más que suficiente para darse una ducha y arreglarse. Aunque no tenía idea para qué. El vestido ameritaba bastante. La chica podría haber trascendido de los zapatos si no hubiese pateado por accidente un tacón que descansaba a los pies de la cama, los colores exactos para combinar con el vestido.

Casi estuvo segura de que Luka no había actuado solo, pero tampoco podía afirmar nada.

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El ascensor abrió sus puertas, Marinette salió al lobby del edificio y sonrió de oreja a oreja al ver a Luka afuera, recargado en un auto negro. El muchacho lucía un pantalón gris oscuro de vestir a juego con el chaleco, llevaba una camisa blanca con las mangas dobladas hasta los antebrazos y la pajarita colgando alrededor del cuello, Marinette sonrió enternecida, completamente segura de que Luka no tenía ni idea de cómo anudar un moño.

—¿Dónde está el saco? —Murmuró la chica sonriendo ampliamente, llamando la atención de su novio.

—En el asiento de atrás.

Luka se enderezó y avanzó hasta Marinette, tomándole una mano y haciéndola girar hasta sí antes de reclinarla en una pose de baile. Ella soltó una risa nerviosa y se dejó llevar cuando Luka le tomó el rostro y le robó un beso corto, apenas rozando su boca.

—Labial indeleble. —Dijo la chica cuando Luka se tanteó la boca con los nudillos.

—Amo tus trucos. —Admitió el músico abriendo la puerta del copiloto y haciendo una reverencia para Marinette. —¿Nos vamos?

Primero, la chica abrió los ojos pasmada al percatarse de que, en efecto, Luka le abría las puertas de ese vehículo. Al principio estaba escandalizada.

—¿Un bugatti —y todo cayó en su lugar cuando terminó su frase —noir...?

—Sip. —Comentó Luka divertido. —El auto es cosa de Adrien. Sabía que te molestarías, así que dijo que era un regalo para ambos, por nuestros cumpleaños, por nuestro compromiso y por el concierto de la semana entrante.

—Y por navidad. —Espetó la chica subiendo al vehículo y sonriéndole a su novio. —También lo tomo a cuenta de navidad.

—Y él sabía que dirías algo así... —Murmuró Luka divertido. Cuando por fin se subió al auto y le sonrió a su novia, añadió: —Me voy a poner celoso.

—¿De Adrien? —Inquirió Marinette confundida mientras Luka entrelazaba sus dedos con los de ella y asentía. —No deberías.

—No. Esta noche sólo puedo sentir gratitud.

Era cierto. Luka le había pedido apoyo a Adrien para sorprender a su novia en su cumpleaños. Porque su musa era una chica de gustos sencillos, sí, pero también era una diseñadora famosa en todo Francia. Aunque la razón principal por la que Luka quería prepararle una sorpresa especial para ese día era porque quería agradecer a su musa el regalo que le había hecho en su cumpleaños.

Luka era más de cerveza y whisky, definitivamente prefería una tarde tranquila en algún bar bohemio o ir a algún concierto de rock de garaje, Marinette le había preparado una cena sorpresa con todos sus amigos en un bar oculto en la ciudad. La noche había sido agradable, Luka había agradecido mucho poder tomarse un descanso para salir a celebrar sin preocuparse por más, puesto que Adrien había ayudado a reservar el bar casi en su totalidad. Esa noche no habría miradas curiosas además de lo que ellos publicaran en sus respectivas redes sociales.

No, el broche de oro se lo llevó Marinette subiéndose al pequeño escenario al fondo del bar cuando inició la música de la guitarra. Ni siquiera le avisó a Luka, pero era como si todos supieran lo que iba a pasar, puesto que en cuanto inició la música, guardaron silencio y volvieron la vista. Las miradas de Luka y Marinette se encontraron y ella sonrió de medio lado, aferrándose al micrófono con ambas manos.

Moi je n'étais rien et voilà qu'aujourd'hui
Je suis le gardien du sommeil de ses nuits, je l'aime à mourir
Vous pouvez détruire tout ce qu'il vous plaira
Elle n'a qu'à ouvrir l'espace de ses bras pour tout reconstruire
Tout reconstruire, je l'aime à mourir

Marinette cantándole como si sólo estuviesen ellos dos en aquel bar para terminar su canción murmurando pegada al micrófono un "Je t'aime, mon serpant" que todos celebraron de alguna forma, codeando al guitarrista, haciéndole bromas, montoneándolo y felicitándolo.

—Pensaba que odiabas los trajes. —Admitió Marinette cuando Luka alzó la mano para llamar al mesero, una vez que había memorizado el pedido de su novia.

La chica había tomado un momento para anudar la pajarita de su novio antes de entrar al restaurante (Demasiado lujoso, demasiado caro, demasiado fino para los gustos de Luka Couffaine, pero perfecto para celebrar el cumpleaños de su musa porque ella merecía ser consentida en los mejores lugares de París según él), ahora admiraba la imagen pulcra en que su novio se había convertido, con el cabello peinado todo hacia un lado, sin perder el estilo punk, pero adquiriendo un aire elegante.

—Los odio. —Admitió secamente. —Un Cabernet Merlot para abrir, por favor. —Murmuró Luka para el mesero, quien tomó nota atentamente a cada detalle que el muchacho solicitó.

Marinette ni siquiera hizo consciente lo que estaba pasando, estaba fascinada ante la determinación de Luka, que parecía moverse como si hubiese crecido en el ambiente, incluso inició una charla breve sobre el cuerpo de los vinos que tenían a disposición esa noche, y, en lugar de pedir opinión al mesero sobre sabores y aromas que combinasen mejor con lo que habían pedido como platillos, inició una discusión sobre elegir un vino un poco más a-frutado, que seco para un buen brindis.

Luka sonrió de nuevo para Marinette y se sonrojó hasta las orejas cuando el mesero se retiró, la chica lo miraba fijamente, con los ojos bañados de curiosidad respecto a lo que acababa de ocurrir.

—¿Pasa algo? —Murmuró el muchacho, confundido, sintiéndose acosado por su novia.

—¿Desde cuándo el amante del whisky se convirtió en un experto en vinos? —Inquirió la chica ensanchando su sonrisa, pasmada por lo que acaba de presenciar.

Ni siquiera ella sabía tanto de vinos, y, hasta esa semana, todo lo que Luka sabía al respecto era por la afición que tenía la chica de comprar aquella bebida para sentarse una tarde completa a diseñar.

En más de una ocasión, Luka había llegado al departamento y había encontrado a Marinette sentada en su banco alto, con una pierna colgando y la otra doblada, con una copa de vino tinto en una mano y el lápiz en la otra, con la expresión apretada al tratar de comprender cómo finalizar el diseño para darle el toque único que la caracterizaba.

—La idea es sorprenderte siempre que sea posible, ma chérie. —Dijo Luka sonriendo de medio lado mientras acercaba su silla a la de su novia y le sonreía. —Pensé que esta noche podríamos salirnos de lo cotidiano.

—Pero tú odias los trajes. —Repitió la chica cuando Luka se inclinó sobre su rostro y depositó un beso dulce en su mejilla.

—Lo sé. Pero por ti, usaría traje y encima, aprendería de vinos.

No. Luka jamás admitiría en voz alta que había pasado toda esa semana haciéndose un espacio para ir a tomar una o dos copas con Adrien, literalmente una o dos copas, puesto que el muchacho le había estado enseñando a catar vinos.

Destaparon la botella frente a ellos y sirvieron la primera copa, el mesero preguntó quién querría catar el primer sorbo y Luka le cedió el honor a Marinette, explicándole todo lo que sabía de vinos, del cuerpo, del aroma, de su añejamiento, dejando a la chica pasmada por aquello y consiguiendo un par de puntos buenos. La chica había dudado cuando su novio le había dicho lo de los vinos, ahora creía que él era capaz de cualquier cosa por ella.

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La cena siguió fluyendo, Luka consiguió hacer reír a Marinette en más de una ocasión, consiguiendo que le dolieran las mejillas y el estómago. ¿Hacía cuánto tiempo no se divertían así? Tan ajenos del mundo, tan desenfadados, tan despreocupados de lo que ocurriese a su alrededor. Porque una de las razones por las que Luka había elegido aquel sitio para llevar a cenar a Marinette era la exclusividad. No cualquiera conseguía una reservación, y si tenías intensión de buscar alguna, tenías que hacerlo con meses de antelación. A menos que estuvieses bien acomodado en la industria o tuvieses algunas influencias que mover.

Entonces, los paparazzis no podían entrar a aquel sitio sin invitación, y si se metían con la mesa equivocada o si algún cliente se quejaba, los echaban fuera sin sus equipos. Los comensales estaban demasiado ocupados en sus charlas banales como para prestarle atención a la gente de las otras mesas.

Marinette y Luka eran invisibles esa noche. Aquello era el regalo perfecto de cumpleaños. Un momento de calma para ambos.

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—No puedo creer que hayas hecho todo esto sólo por una noche tranquila. —Murmuró Marinette aferrándose al brazo de Luka cuando ambos se dirigían a la salida.

La chica tropezó ligeramente al llegar a la calle, Luka la sostuvo contra su cuerpo y sonrió acariciándole una mejilla, deleitándose en la manera que la luz de las farolas la acariciaba a travez de la niebla. Llovería esa noche.

—Alguien bebió de más. —Acusó divertido.

—Nunca había probado un Merlot tan fuerte. —Admitió ella.

—Seco. —Corrigió Luka tomando el mentón de Marinette para sostenerle la mirada, alzándole la barbilla para poder analizar sus ojos.

—Seco... —Murmuró la chica en un hilo de voz.

Luka de verdad era una serpiente. No podía haber otra explicación para el hecho de que Marinette se había quedado prendada de la mirada de su novio. Los ojos de Luka brillaban en la oscuridad por la intensidad con la que él la miraba justo ahora, aquel anhelo estaba abrasando lo poco que quedaba de cordura en ella.

—Luka... —Llamó suplicante al escuchar que el auto se acercaba a ellos. —Dijiste que querías hacer de éste mi mejor cumpleaños.

—Sí, lo dije. —Murmuró en respuesta, luchando contra sí mismo para no delinear la boca de su novia con la lengua en ese mismo instante, tratando de contener las ganas de besarla, de morderle el cuello, de hacerle un chupetón de ser posible. Se contentó con pasar su pulgar por los labios de la chica antes de dejarla hablar.

—Pues entonces llévame a casa... —Dijo ella mientras el encargado del ballet se paraba a su lado y les ofrecía las llaves. —O no respondo.

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El trayecto de regreso fue silencioso. Luka llevaba la mano en la palanca de velocidades, pero aprovechaba cada oportunidad que tenía para acariciar la piel desnuda en la rodilla de Marinette, arrancándole uno que otro suspiro con aquel roce inocente pero provocativo.

Estacionaron el auto en el sótano del edificio y se dirigieron al ascensor. Para ese momento del día Marinette apenas y aguantaba los tacones, así que agradeció sobremanera cuando Luka, con el chaleco abierto, la pajarita desanudada, con las mangas dobladas hasta los codos y el peinado deshecho, la cargó al vuelo hasta el ascensor y no la bajó hasta que estuvieron en la puerta de su apartamento.

Luka empujó la puerta, pero se hizo a un lado para que Marinette pasara primero.

Toda la casa estaba iluminada por velas pequeñas de color rojo.

La habitación se sentía caliente a pesar de que una tormenta azotaba París de nuevo. Por todo el lugar había velas pequeñas encendidas sin orden aparente, todas ellas rodeadas por pétalos de rosas rojas, llenando el apartamento de un aroma floral sumamente romántico. Marinette dio unos pasos entrando a su hogar, mirando todo a su alrededor con los ojos abiertos de par en par.

¿Cómo había Luka preparado...?

Ah, sí. Ni Tikki ni Sass los habían acompañado a la cena.

—Luka... —Musitó Marinette dándose la vuelta y encarando a su novio, sin aliento.

Bueno, como si no pudiera faltarle más el aire.

Luka sonreía tímidamente, oculto tras un enorme ramo de rosas rojas.

Había tantas flores en aquel ramo que Luka requería los dos brazos para poder sostenerlo, Marinette sintió ganas de llorar al ver la sonrisa diáfana que el muchacho le dedicaba en ese momento.

—Quería darte una buena sorpresa... Y sé que las rosas rojas son un cliché. —Aclaró con una mueca de desagrado. —Pero también quería probarte que podía tomar un detalle trillado y barato para convertirlo en una sorpresa digna, sólo para ti.

—Esto es hermoso... —Murmuró la chica acercándose a su novio y tomando las flores, hundiendo el rostro ahí para captar el aroma y tratar de evitar las lágrimas. —Gracias...

Marinette ahogó un grito cuando Luka la tomó en brazos y avanzó hasta la habitación, toda la cama estaba llena de pétalos también, había más velas iluminándolo todo, y ella sonrió enternecida cuando Luka la depositó con cuidado en el borde de la cama antes de agacharse frente a ella y quitarle los zapatos con un gesto de devoción.

Como pudo, Marinette dejó el ramo a su lado y sonrió acariciando el cabello de su novio, haciéndole estremecer.

—¿Qué hice para merecerte?

Luka levantó la mirada y Marinette se quedó sin aliento. Ahí estaba otra vez esa mirada hambrienta que le había dedicado estando fuera del restaurante, ahí estaba esa mirada de depredador, ahí estaba la advertencia de que acabaría con ella. Porque cuando le había pedido que la llevara a casa, ella había tenido muy claro para qué quería volver, pero no tenía idea de que Luka cumpliría al pie de la letra con su capricho.

El muchacho se agachó tomando un pie de Marinette y plantando un beso en el costado de la pantorrilla. Recorrió un poco la boca y plantó un nuevo beso, dejando un rastro de saliva a su paso por la parte interna de la pierna de la chica, depositando uno tras otro, una serie de besos provocativos, que disparaban escalofríos de placer por todo el cuerpo de su novia.

Para cuando la boca de Luka acariciaba la parte interna de la rodilla de Marinette, ella ya no podía contener los jadeos de placer y de anhelo, quería más de aquello, quería todo de Luka.

—Feliz cumpleaños, mi amor... —Murmuró Luka antes de doblar la falda de Marinette y dejar al descubierto sus muslos, plantando nuevos besos y acomodando las piernas de Marinette sobre sus hombros mientras su lengua trazaba círculos lentos por la piel de la chica y sus manos buscaban el cierre del costado del vestido.

Marinette ahogó un gemido cuando las manos calientes de Luka acariciaron su piel con la delicadeza justa para hacerle suspirar, aunque aquel no fuese el último fin de sus caricias. Luka siguió con el movimiento de sus manos hasta deslizar el vestido lejos de ella y dejarle casi desnuda en la cama.

—Aunque parece mi cumpleaños más que el tuyo. —Murmuró el muchacho enderezándose, al pasear su mirada por el cuerpo de su novia que llevaba lencería de encaje negro; Luka sonrió de medio lado mientras se quitaba el chaleco y terminaba de desabotonar su camisa con deliberada lentitud (Marinette había confesado alguna vez que aquello la enloquecía, le parecía seductor como Luka la miraba fijo mientras comenzaba a desnudarse, independientemente de si la estaba seduciendo o si simplemente estaba cambiándose de ropa).

No podía despegar sus ojos del cuerpo de la joven, la blancura de su piel, la suavidad, aquel paisaje conocido, bien explorado para él, seguía siendo un paraje ignoto en muchos sentidos, porque aunque había memorizado los valles, las lagunas, las praderas en el cuerpo de Marinette, todavía había mucho mundo por descubrir.

Luka una vez había dicho que el negro quedaba bien sobre la piel de Marinette por su blancura inmaculada, pero que prefería ver todos los colores que ella solía portar, porque cada uno de ellos tenía un efecto diferente sobre su piel, sobre sus ojos, sobre su belleza.

Dios, Luka podría haber jurado que no quería volver a ver otro color en la piel de su musa a partir de ese momento, porque el conjunto que llevaba la chica para ocultar lo poco de piel que podía, hacía que su blancura inmaculada se tornase ígnea, como una llama danzando y consumiendo lo poco de cordura que le quedaba en el cuerpo.

Luka se quedó pasmado cuando Marinette se arrodilló en la cama y le tomó los brazos. El ramo de rosas se deslizó por un lado hasta el suelo y ella usó todo el peso de su cuerpo para atraer a Luka hacia sí.

El muchacho no pudo resistirse, aterrizó en la cama sobre el cuerpo de Marinette, con una rodilla entre sus piernas y la otra rozando su cadera, exactamente igual que la primera noche. La boca de Marinette reclamó celosa los labios de Luka, adueñándose de cada milímetro en la piel del muchacho, dejando una marca de saliva y abriendo un rastro de sangre. Marinette, afectada ligeramente por el alcohol y la excitación, había mordido a Luka quizás un poco más fuerte de lo necesario, pero aquel escalofrío de dolor vino con una descarga de adrenalina.

La mano de Luka encontró un lugar bajo la ropa interior de Marinette, justo entre sus piernas, en el centro de su ser.

—¡Dios! —Gruñó Luka apresando el labio de Marinette entre sus dientes. —Sí que estás húmeda.

Marinette gimió con fuerza cuando Luka introdujo un dedo en su cuerpo, haciendo movimientos circulares, buscando el punto de placer para estimularlo y hacerle gemir.

Si la heroína había tratado de mantener sus gemidos a raya, justo en ese momento perdió todo control sobre su mente, sobre su cordura.

Porque a la par de aquel masaje erótico, Luka comenzó a pasear sus labios por el cuello de Marinette y hasta su hombro.

—Me mordiste. —Reclamó el muchacho con voz ronca y terriblemente seductora, consiguiendo que Marinette volviese a jadear al sentir los dientes de Luka contra su piel.

—Sí. Y te hice sangrar. —Musitó orgullosa.

—Pues atente a las consecuencias.

—Luka, qué... —Marinette gimió con fuerzas al sentir los dientes de Luka hundirse en la piel de su hombro, volvió el rostro en busca de alguna pista, pero la lengua de Luka ya trazaba círculos furiosos en torno a la marca que había dejado, así que ella dejó ir la cabeza hacia atrás y volvió a gemir, sintiendo que el placer iba en aumento gracias a la mano de su novio, tocando el punto exacto para hacerla olvidar el dolor, estimulando su coítoris con círculos vehementes pero cuidadosos al mismo tiempo. Sus labios cubrieron la herida y él succionó para reafianzar la marca, volviendo a morder, pero esta vez sólo con la punta de los dientes, un gesto simbólico.

El muchacho frenó todo y miró a su novia con autosuficiencia.

—Si esa fue tu venganza, tal vez debería morder con más fuerzas. —Retó la chica al sentir que la mano de Luka se retiraba de su intimidad.

—No he terminado contigo. —Dijo arrodillándose sobre ella, deslizando el pulgar por su labio para limpiarse la saliva en un gesto condenadamente sexy. —Pero me estorba esto. —Añadió quitándose la camisa de un movimiento y desabrochando su pantalón.

Marinette tragó saliva paseando la mirada por el cuerpo bien trabajado de Luka, paseando la mirada por su pecho, por su abdomen, por su ombligo, por el lindero de su pantalón y ropa interior, delineando los tatuajes que Luka tenía en los brazos como si sólo verlos fuese a amedrentar un poco el hambre que tenía de él en ese momento.

Por Dios, moría de ganas por pasear su lengua por los músculos de su novio.

—¿Y eso fue todo? —Murmuró Marinette jadeante, suplicando por un poco más con la mirada.

—No. —Sentenció Luka agachándose sobre el cuerpo de Marinette, poniendo su propia piel al alcance de ella, permitiéndole acariciarlo desde el abdomen hasta la espalda. —No es lo que me estorbaba.

Luka puso los dedos sobre el ombligo de Marinette y deslizó su mano por el cuerpo de la chica, lento, rítmico, pausado, deleitándose en la forma en que el escalofrío parecía ir avanzando sobre el cuerpo de su amante a la par que su mano, deleitándose en acariciar el punto entre los senos de Marinette hasta que encontró un lugar alrededor del cuello de su novia e hizo ligera presión para sostenerla quieta.

La otra mano se había deshecho de las braguitas de la chica sin que ella lo notase, Luka se agachó sobre el busto de su musa y mordió la piel expuesta sobre el sujetador, haciendo que Marinette lanzara el rostro hacia atrás un poco más. La lengua de Luka delineó el borde entre la piel y el encaje, depositó un par de mordidas tiernas ahí antes de seguir con su camino, plasmando un rastro de saliva por la piel de la chica, por alrededor de su ombligo, por su entrepierna.

—Luka... —Musitó Marinette al sentir que la lengua de su novio se acercaba más y más a un terreno antes desconocido para su boca. —Para... —Suplicó sintiendo que el placer la sobrepasaba. —Por favor.

—No cielo, no puedo parar todavía. —Dijo el guitarrista soltando a Marinette para volver a acomodarle las piernas sobre sus hombros y buscar una posición más cómoda para hacer aquello. —Soy adicto a ti.

La lengua de Luka describió un círculo por los labios de Marinette, la chica emitió un gemido sonoro, alargando aquel grito tanto como la lengua de Luka tardó en encontrar un lugar más al centro, dando con su clítoris antes de succionar y lamer.

Marinette volvió el rostro y enterró sus manos en el cabello de Luka sin saber qué hacer con las descargas de adrenalina que la recorrían de pies a cabeza en ese instante. El muchacho hizo algunos movimientos circulares con la lengua, llegando profundo en el cuerpo de su musa, haciéndola gemir su nombre con fuerzas, haciéndola estremecer, haciendo que se olvidase de su nombre.

Ahogó un grito cuando Luka apretó su boca en torno a la piel de la chica, mordiendo un poco su entrada, aumentando la velocidad a la que se movía.

—Luka, espera. —Suplicó Marinette arqueando la espalda, sintiendo que su vientre se contraía, apretando los puños y los pies, su cuerpo se contraía y se relajaba, cada vez más rítmico, un orgasmo consumiendo cada centímetro de su piel, el calor subir hasta llenarla mientras la lengua de Luka le acariciaba aquel punto erógeno sin piedad, sin compostura.

Las manos de Luka subieron por los costados de Marinette para luego regresar, el muchacho le encajó un poco las uñas, rasguñándola levemente para aumentar el placer antes de buscar sus senos para masajearlos por encima de la tela. Luka dobló los codos y colocó las manos en las caderas de Marinette, levantándola un poco para poder tener un mejor acceso a su centro, acariciándole los glúteos y levantándola un poco más.

Luka soltó un jadeo, tomó aire y aprovechó para conectar con la mirada de Marinette antes de volver a ocupar su lengua.

—¡Luka! —Gritó la chica con desesperación.

Ya no podía contenerlo. Todo su cuerpo se relajó, el orgasmo llegó a su clímax y ella se dejó ir en la boca de su amante a la par que todas sus fuerzas se desvanecían.

Estaba jadeante, todo su cuerpo temblaba, gotitas de sudor cubrían su piel como perlas, como testigos de que la habían llevado hasta el éxtasis, su corazón poco a poco ralentizaba su ritmo, volviendo a su velocidad, recordándole que seguía con vida.

—¿Une petit mort? —Murmuró Luka también jadeando.

Marinette rio sin fuerzas ante aquel comentario.

Luka estaba excitado sobremanera, jamás en la vida había tenido la oportunidad de hacer algo así con su musa, con nadie, pero ver el estado al que había logrado llevar a Marinette era más que suficiente para que comprendiese que quería más de aquello.

Marinette sintió que Luka se removía en su sitio, pero no tenía fuerzas para levantar el rostro y tratar de averiguar de qué se trataba aquello.

—No he terminado contigo, Petit... —Advirtió antes de pasear su lengua por la piel de Marinette, de nuevo por su ombligo y hacia sus senos mientras le quitaba el sujetador con un movimiento ágil.

Marinette se quedó pasmada al darse cuenta de que Luka estaba completamente desnudo sobre ella.

—Sabes que soy toda tuya. —Jadeó la chica cuando Luka le tomó las rodillas para acomodarla en torno a su cintura.

Luka recargó los codos a los costados de la cabeza de su novia y se agachó, pegando su frente a la de ella, suspirando ambos al unísono.

Recordaba la primera noche que había pasado con ella. Recordaba su piel, recordaba sus inseguridades y sus miedos.

Marinette había estado sentada a horcajadas sobre él, pero él se había movido hasta quedar sobre el cuerpo de su musa, así sería más cómodo para ella, menos doloroso. Porque enterarse de que Marinette seguía siendo virgen cuando llegó a su cama esa noche, aquello era el regalo más grande que la vida podría haberle ofrecido a Luka Couffaine, y el muchacho se había hecho a sí mismo la promesa de que cada vez que tomase para sí el cuerpo de su musa, se aseguraría de hacerle el amor, no sería sólo sexo, ni una sola vez, no. Se aseguraría de tener una conexión espiritual con ella cada vez que la tuviese a su merced.

Última oportunidad. —Jadeó Luka mirando a Marinette a los ojos. —No voy a usar el Seconde chance para esto.

Te amo, Luka...

El guitarrista se acomodó en la entrada de Marinette, ambos jadeantes, húmedos, con la piel cubierta de sudor, con las mejillas sonrosadas y los labios hinchados por los besos y mordidas que se habían estado propinando el uno al otro.

Luka había preparado el cuerpo de Marinette, le había acariciado, la había tocado, había introducido sus dedos en ella para tantear el terreno, para asegurarse de que, cuando la penetrara, no fuese a hacerle más daño del necesario.

Marinette sería capaz de decirle que parara si el dolor era más del que podía soportar. Así que, sin pensarlo más, Luka se empujó poco a poco dentro del cuerpo de la chica, atento a sus gestos, atento al hecho de que Marinette tenía las manos hechas puño en torno a las sábanas, atento a la lágrima que se deslizó por su mejilla cuando él estuvo completamente dentro.

En más de una ocasión, Marinette había cubierto su rostro, con las mejillas sonrosadas al sentirse apenada de su desnudez, Luka había salido con modelos despampanantes, con cantantes bien doradas, con mujeres que tenían el cuerpo que ellas querían y Marinette… bueno. Ser heroína de Paris no le había dado precisamente un cuerpo de ensueño.

Pero Luka la encontraba maravillosa y se lo había repetido toda la noche.

Luka se agachó sobre el cuerpo de Marinette, abrazándola, depositando una serie de besos cortos por todo su rostro, con tanto amor que Marinette tuvo que contener las ganas de llorar.

Eres hermosa. —Murmuraba Luka una y otra vez entre un beso y el siguiente, acariciandole la piel de los hombros con las yemas de los dedos y acariciándole el rostro con la punta de la nariz. —Dios… —Murmuró con intensidad, mirando el rostro de Marinette con adoración, despejándole la frente de algunos mechones de cabello. —Si tan solo tuvieras idea… —Musitó entre dientes, tomándole el rostro y besando su frente. —Si tuvieras idea…

Las manos de Marinette abandonaron las sábanas y sus uñas se le clavaron en la piel de la espalda, haciéndole gruñir ante aquello.

Perdón. —Murmuró Marinette insegura al escucharle. —Yo no...

No duele. —Confesó Luka con una mirada lasciva, lamiendo el lóbulo de la oreja de su chica, mordisqueándole para distraerla del dolor. —No sabes cómo me excita. —Admitió temiendo asustarla. —Mi cuerpo te pertenece. —Añadió pasando una mano por debajo de la cintura de Marinette, arqueándole la espalda baja para poder introducirse más en ella, sintiendo que el espacio en el que su miembro entraba era demasiado reducido, Marinette se contrajo por la impresión, apretando el cuerpo de Luka, haciéndole gruñir de nuevo.

Luka... —Musitó ella tomándole el rostro antes de robarle un nuevo beso, antes de morderle la boca, antes de cambiar su atención al cuerpo de su amante, mordisqueándole el cuello, el hombro, suplicando más.

Luka aferró ambas manos a las caderas, a los glúteos de Marinette para hacer palanca y comenzó a moverse hacia atrás y adelante, friccionando su miembro en las paredes de Marinette, haciéndola jadear, haciéndola soltar exclamaciones de placer y de dolor al mismo tiempo. Para la chica tomó un poco de tiempo acostumbrarse a ello, pero el dolor remitió y ella arqueó un poco más la espalda, empujando a la par de Luka, correspondiendo el vaivén del músico.

Ya habían establecido el ritmo, y ahora que Luka había percibido que Marinette le seguía, no se contuvo más. Aumentó el ritmo de sus estocadas, empujándose cada vez con más fuerzas para alcanzar el fondo de la chica, embistiéndola cada vez con más ritmo.

La chica clavó sus uñas en la espalda de Luka, lo rasguñó con fuerzas, causando una herida superficial a su paso, le hizo sangrar por la fiereza con la que él se movía.

Llegó un punto en el que sintió que la recorría en la cama.

¡Dios! ¿Dónde guardaba Luka tanta fuerza?

Marinette arqueó la espalda y puso las manos sobre su cabeza, sosteniéndose en la cabecera de la cama, deteniendo su cuerpo puesto que creía que en cualquier momento terminaría golpeando la base de madera por la velocidad de los movimientos de su amante.

El muchacho soltó las caderas de Marinette y arqueó la espalda, agachándose sobre el busto de la chica y paseando la lengua por los pezones sonrosados, haciéndola gritar su nombre con fuerzas.

Quería acabar con ella. Luka quería arremeter contra la chica y agotar hasta el último atisbo de fuerza que le quedase en el cuerpo, quería hacerla llegar al cielo, llevarla al infierno, quería que esa primera vez fuese la más placentera y la más especial de todas.

En un movimiento rápido, las rodillas de Marinette terminaron a los lados del cuello de Luka y él se aferró a los hombros de Marinette para hacer palanca y embestir con más fuerza.

Te amo... —Murmuró Luka entre una embestida y otra. —Eres hermosa, te amo.

¡Luka!

Te amo, mi musa. Te amo. Je t'aime, ma coccinelle.

Mon serpant... —Jadeó la chica, ya no era dueña de sí misma, ya no le quedaba un gramo de cordura. —Mi Luka, mi amor. —Sólo existía el placer y el frenesí al que se habían entregado.

Luka lo sintió primero.

Un tirón en el fondo de su vientre, el cuerpo de Marinette contrayéndose en torno a su propia erección, llegaría al orgasmo pronto. ¿Cómo hacerlo el más especial de todos?

Luka se movió rápido. Ya no había forma de frenar aquel orgasmo, así que debía hacer que contara.

Tomó los brazos de Marinette y los colocó en torno a su cuello para que ella tuviese de dónde sostenerse. Se arrodilló en la cama con las piernas de Marinette en torno a su cadera y siguió con su vaivén, con las manos en los glúteos de Marinette para empujarla cada vez que él embestía, se dio cuenta de que Marinette también jalaba y empujaba sus caderas, ambos al mismo tiempo, retrocediendo brusco, volviendo a encontrarse rápido, embestidas certeras y coordinadas.

Marinette empujaba con violencia, así que Luka liberó sus manos para tomar el rostro de Marinette y mirarle a los ojos.

Te amo. ¿Lo entiendes? —Jadeó el muchacho pegando su frente a la de Marinette, negándose a cerrar los ojos, deleitándose en la mirada eternamente azul que la chica le dedicaba con aquello.

Te amo más. —Espetó la chica antes de tomar posesión de la boca de Luka en un beso apasionado, sintiendo que todo su cuerpo vibraba, se estremecía, se encendía y se apagaba.

El primer orgasmo de Marinette llegó a la par del de Luka, ambos alcanzaron la nota más alta de placer mientras un trueno retumbaba por cada rincón de París con toda su furia y poder. Ambos se corrieron apresados en los brazos del otro, compartiendo un beso lleno de anhelos y promesas silentes, beso que Luka tuvo que interrumpir para poder tomar aire en cuanto las fuerzas le abandonaron, estaba jadeante, agotado, igual que su musa.

Je t'aime. —Murmuró ella abrazándole con ganas, recargando su mejilla contra la de él en un abrazo dulce pero apasionado. —Te amo. Mi dulce Luka, te amo...

Y no, Luka no fue capaz de responder con palabras, pero para Marinette fue suficiente ver sus mejillas bañadas en agua salada para comprender que aquel amor ígneo, dulce, gentil era bien correspondido.

Luka acariciaba la espalda desnuda de Marinette, ella suspiraba de vez en cuando, abrazada al cuerpo de su amante mientras escuchaban el repiqueteo del agua contra los tejados de su ciudad. La embriaguez había pasado y ella disfrutaba de sentir que su mejilla se recorría un poco cada vez que Luka tomaba una respiración profunda o bostezaba.

Marinette quiso decir algo. Algún agradecimiento, alguna ironía, decir que aquel había sido, por mucho, su mejor cumpleaños. Pero su mente seguía siendo una maraña, así que ella besó el pecho de Luka y volvió a acomodarse, recargando su oído contra la piel del muchacho, deleitándose en escucharle el corazón.

—Feliz cumpleaños. —Murmuró Luka adivinando los motivos tras el beso.

—El mejor de todos.

—Duerme un poco. —Pidió el muchacho despejando el rostro de Marinette antes de besarle la frente y comenzar a acariciar su cabello. —Mañana nos espera un día largo por las sesiones de fotos, así que...

—Cancelé todos mis pendientes de mañana.

—¿Por? —Murmuró Luka, sintiendo que caía en los brazos de Morfeo poco a poco.

—Porque sospechaba que no habría tregua a la guerra esta noche, y no quería pasar mi cumpleaños yendo y viniendo, quería pasarlo a tu lado antes de las cenas familiares y las salidas con amigos.

—¿Y cumplí tus espectativas? —Murmuró Luka divertido ante la confesión de Marinette.

—Amor... —Murmuró ella enderezándose en un codo, permitiendo que su cabellera ocultase su cuerpo. —No importa cuantas veces me hagas el amor, siempre superas las expectativas.

Luka apresó a Marinette entre sus brazos, obligándola a recostarse de nuevo.

—De todos modos, duerme, amor, o querré una revancha de la que no podrás librarte.

—Tal vez mañana temprano, antes de desayunar.

—¿Tal vez? —Espetó Luka, fingiendo indignación. —Mañana en la mañana tendré mi revancha temprano, ya verás, antes y después de desayunar. Y a medio día, y tal vez antes de ir a casa de tus padres a comer. —Marinette soltó una risa por lo bajo, disfrutando de esta faceta de Luka, se quedó helada al escuchar el final de su frase. —Y si las cosas salen bien, te voy a tomar en tu antigua habitación, Justo en tu diván, justo como imaginé que haría durante toda mi adolescencia.

—¡Luka! —Exclamó sonrojada.

—Soy honesto. —Dijo el muchacho ensanchando la sonrisa. —Siempre te he amado, Marinette. Ahora duerme, antes de que cobre mi venganza desde hoy.