Marianne E: Sí hubo continuación. Algo me dice que tus capítulos venideros me pondrán a mí a morderme las uñas, lo presiento. Kagami vino a poner orden jajaja o algo así. Como te dije en whats, todavía tengo en la cabeza la pelea de padre e hijo, pero todavía no lo he desarrollado, sigue siendo una idea en el tintero. Seguramente sí habrá mella en Luka, pero primero tenemos otras cosas entre manos. Pronto tendrás nuevas noticias

Rebeca . sz: La verdad es que la idea original era que apareciera en la boda oficial, pero luego pensé que no soy tan cruel jajajaja, gracias por el comentario. De la relación de Adrien y Marinette, pensaba en hacer algo más dolorosa su separación, pero me gusta verlos juntos.

Skayue-chan: Pronto me doy una vuelta por tu perfil para buscar la historia y dejarte algún comentario, lo prometo. Por lo pronto este finde tenemos evento, así que no te prometo que sea pronto. Espero que te guste esta entrega


Su propia voz todavía hacía eco en su cabeza.

Luka repetía una y otra vez ese grito de "Lárgate" como un bucle infinito, una tortura dolorosa, recordatorio de su insensatez.

Sostenía entre sus brazos una guitarra vieja, con la pintura rayada, cuyas cuerdas habían sido cambiadas demasiadas veces durante su adolescencia; aquel instrumento había estado en la basura un sinnúmero de veces, tantas veces como había sido rescatada de último minuto porque el muchacho no se sentía preparado para dejar ir esa parte de su vida, incapaz de renunciar al resentimiento, al dolor. Incapaz de dejar de odiar y amar a una persona que ya no estaba más en su vida. Incapaz de dejar el pasado ir.

Un día, esa guitarra era recordatorio de que alguna vez había sido amado por un hombre al que había llamado "padre"; otros días era el recordatorio de la sombra en la que había jurado no convertirse jamás. A veces era un símbolo de odio, a veces era un signo de amor. Como fuera, en ese momento la guitarra yacía en sus brazos, inerte, inútil, sin vida. A pesar de ser su instrumento favorito por muchas razones, no se sentía capaz de arrancarle ningún sonido a esa guitarra en específico.

Solía afinarla una y otra vez, asegurándose de que las cuerdas estuviesen tensadas de la forma correcta. Otra tortura, otro recordatorio.

Pero aquí estamos. Y mis demonios vuelven a perseguirme.

Luka dejó que las lágrimas corrieran libremente por sus mejillas y llevó la guitarra a posición.

No había tocado esa guitarra desde que había cumplido catorce años, no desde que se había unido a los Reptiles, no desde que había decidido dejar de buscar a su padre, no desde que había jurado que jamás se convertiría en aquel hombre.

Porque esa guitarra había sido el último regalo de Louis Couffaine para su hijo antes de dejar el barco de la libertad por última vez y para siempre.

En más de alguna ocasión había sentido que su barco se hundía tras la partida de su padre, porque, aunque Anarka había sabido mantenerlos a flote, él se había querido adjudicar el rol de "hombre de la casa" para apoyar a su madre.

Sentía que se volvería loco. ¿De verdad era tan parecido a su padre?

Luka trenzó un par de acordes y su voz se alzó sobre la tormenta.

Mayday! Mayday!
The ship is slowly sinking
They think I'm crazy, they don't know the feeling
They're all around me,
Circling like vultures
They wanna break me and wash away my colors
Wash away my colors

Y, por otra parte, estaba el recuerdo de Marinette. Estaba el recuerdo de su ángel de la guarda, guiándolo de la mano hasta el ascensor del edificio cuando él estaba hecho un mar de lágrimas, desatándole el nudo de la corbata, desabrochando su camisa, templando el agua y plantando besos ligerísimos, efímeros, por todo su rostro mientras le prometía que todo iría bien. Las manos de Marinette lavándole el cabello (sí, aún con el vestido de gala, con los tacones de aguja, con el peinado hecho, con el maquillaje), la chica sentada en el borde de la bañera deslizando sus manos por la piel de sus hombros, mitad enjabonándole, mitad masajeando la musculatura tensa, buscando darle consuelo en medio de su dolor.

Porque, aun cuando todos quisieron salir huyendo para resguardarse de su furia, Marinette le compuso una sonrisa amable y lo sacó de aquel lugar sin hacer preguntas, sin hacer acusaciones, sin más interrogatorios.

Take me high and I'll sing
Oh you make everything okay (okay, okay)
We are one in the same
Oh you take all of the pain away (away, away)
Save me if I become
My demons

Un trueno resonó por todo París, las luces titilaron un momento, pero Luka no dejó de tocar. Ahora había sido Marinette quien lo había sacado de la oscuridad, pero en su momento, Juleka también había tomado ese papel y le había rescatado.

Recordaba perfectamente la voz de su hermana una noche de otoño, misma en la que Luka había vuelto a casa con el rostro cubierto de sangre y el cuerpo lleno de golpes y raspones. La joven Juleka le limpiaba las heridas del rostro con la desaprobación marcada en cada milímetro de su expresión. No era la primera vez que su hermana lo reñía al respecto, muchas veces le había pedido gritando, llorando, peleando que dejara a los reptiles y volviese a la música, era su lugar en el mundo.

De haber sabido que no era por la música por lo que había elegido la vida callejera. Nunca supo, sino hasta unos años después, cuál fue la verdadera razón por la que logró cambiar a su hermano. Cinco palabras fueron más que suficientes:

Eres mucho mejor que papá. Siempre lo has sido.

I cannot stop this sickness taking over
It takes control and drags me into nowhere
I need your help, I can't fight this forever
I know you're watching,
I can feel you out there

Luka sentía el filo de la guitarra contra su piel, los pedacitos desgastados de la madera pellizcándole el torso desnudo, pero no le importó. Necesitaba desesperadamente deshacerse de todo el dolor que le consumía el pecho en aquel momento, porque todos sus demonios ahora se agolpaban contra su corazón, como si trataran de entrar de nuevo en su vida y venir a arruinar lo poco de felicidad que había logrado conseguir en los últimos meses.

¡Qué razón había tenido Adrien al detenerlo de decir que aquello era demasiado bueno!

Take me over the walls below
Fly forever
Don't let me go
I need a savior to heal my pain
When I become my worst enemy
The enemy

Sus mejillas estaban llenas de lágrimas. La luz volvió a titilar y pronto Luka estuvo sumido en la oscuridad, sentado en el suelo al lado del piano en el estudio que compartía con Marinette cuando ella diseñaba y él componía. Se había desbordado el llanto, ya no había forma de frenar aquel dolor, ya no había manera de detener la tormenta, porque su pecho se había roto como una presa de agua por todos los demonios que habían golpeado al mismo tiempo, su fuero interno se había convertido en una pared cuarteada y ahora sólo podía dejar correr el agua hasta que se nivelara y él pudiera reparar lo poco que quedaba.

No, sus demonios no golpeaban desde fuera, golpeaban desde dentro, tratando desesperadamente de salir de su pecho y abandonarle al fin.

Take me high and I'll sing
you make everything okay
We are one in the same
you take all of the pain away

Aquel pensamiento lo golpeó de lleno, sus demonios no buscaban volver a entrar a su pecho, buscaban abandonarle, porque ningún demonio podía quedarse viviendo siempre en la luz. Estaba lleno de luz y lo sabía porque Juleka le había hecho una llamada para decirle que estaba con él, lo mismo que Rose. Porque Adrien le había enviado un audio de todos los portadores que sabían su identidad y cada uno de ellos le había dedicado unas palabras de apoyo. Porque Anarka le había dicho que estaba orgullosa del hombre que había criado, dueño de sí mismo como para detener sus actos y no culminar en violencia como lo habría hecho de niño. Porque Sabine y Tom habían mandado decir que podía contar con ellos en lo que necesitara, que entendían que la situación era difícil. Porque Sass le había reconocido la fuerza de voluntad y lo había llamado digno de ser portador de la serpiente...

Porque Marinette le miraba desde la puerta con infinito amor, sonriéndole al ver que componía con la guitarra prohibida, con ese viejo instrumento recordatorio de su dolor.

Luka la miró a los ojos, sintiendo que las lágrimas eran cada vez más gruesas, sintiendo que aquella canción no sólo era una idea suelta, sino una súplica, un pedido de auxilio dicho a gritos desde su fuero interno que cobraba sentido poco a poco, porque las últimas palabras de la canción no eran solamente un coro que sonara interesante para una confesión, eran un pedido a cada persona que sintiera, aunque fuese, un poquito de amor por Luka.

Save me if I become
My demons

.

—No te vas a convertir en tus demonios. —Murmuró Marinette al sentir el chorrito de agua cayendo en su espalda, agradeciendo aún llevar el moño alto sobre la cabeza para que su cabello no se mojara.

Ella y Luka habían terminado de nuevo en la bañera, ésta vez Luka estaba sumergido hasta los hombros con las piernas dobladas, Marinette se recostaba sobre él, abrazándole la cintura y con el oído pegado al corazón del muchacho.

Él había acunado varios chorritos de agua en su mano y los había dejado caer en la espalda de la joven antes de acariciarle la piel y arrancarle un escalofrío.

Marinette lo había seducido en la sala del piano, no porque creyese que podía distraerlo con placer carnal, sino porque se había dado cuenta de que cada vez que hacían el amor, había una conexión espiritual. Por una parte, ella no tenía ni la más mínima idea de que Luka se había prometido a sí mismo que cada encuentro con Marinette tendría que contar como si fuera el primero; por otra parte, necesitaba desesperadamente hacerle saber a Luka que no iba a salir corriendo sólo porque lo había visto convertirse de nuevo en el Elegido. Luka tenía que entender de una buena vez que no podía hacer nada para que Marinette corriera de su lado. Absolutamente nada.

—Mi padre... —Murmuró Luka distraído, mirando por la ventana. Suspiró armándose de valor en lo que un nuevo rayo dividía el cielo y los iluminaba levemente. —Mi padre se fue cuando tenía once o doce años. —Y aquella nueva coherencia entró en él como el rayo que partió el suelo, porque por primera vez en su vida, no fue "papá me dejó", había una diferencia muy grande ahí, y comprender que su padre se había ido cambiaba todo. Porque ya no era algo que Louis Couffaine hubiese hecho con el fin de dañarlo, sino una decisión que había tomado un hombre que no tenía salida.

—Y la guitarra te la regaló él. Y te enseñó a tocar La vie en rose justo el último día que pasó en el barco. —Enumeró la chica, mostrándole a Luka lo bien que había llegado a conocerle, lo mucho que atesoraba cada palabra que él le revelaba de su pasado.

—Sí. Durante algunos años lo estuve buscando para pedirle que volviera a casa, para pedirle que no nos abandonara, para preguntarle por qué se había ido. Descubrí que también fue un reptil poco después de enlistarme yo en el grupo, y me empeñé en superar su sombra para probar que era mejor.

Marinette asintió, pero guardó silencio. Aquella sería la primera vez que Luka hablaba más de quince palabras sobre su padre y sobre su entrada a Les Reptiles, así que no quería interrumpir aquel momento de quiebre.

—Mi padre valoraba mucho su carrera. Se fue de la casa persiguiendo un sueño que nunca logró concretar. Mi madre estaba furiosa, no se entendían entre ellos, porque por una parte ella quería apoyarle a triunfar, pero por otro lado pensaba en nosotros, en que podían pasar semanas enteras antes de que supiéramos algo de él, en que era lo mismo a que no tuviéramos padre.

"Mi madre le dijo que no volviera al barco. Le dejó claro a Louis que, si su carrera era más importante para él que su familia, entonces no tenía nada que hacer en el Liberty. Obviamente mi padre se fue esa noche, molesto, dolido, furioso con el amor de su vida. Y ahora, justo en la fecha de la boda al civil vienen y me ofrecen un contrato que...

—Luka ¿Tú me abandonarías? —Musitó Marinette a media voz, sintiendo que le entraba agua a la boca.

—Jamás. —Murmuró Luka con vehemencia, tomando el rostro de Marinette y obligándola a mirarlo. —Escúchame bien, Marinette Dupain-Cheng, yo jamás en mi vida podría dejarte. Esperé diez años, soñando día y noche, rogando al cielo la oportunidad para poder llamarte mi esposa y no pienso renunciar a ello, aunque eso implique renunciar a mi música, porque vivir sin ti sería mil veces peor.

Marinette sonrió enternecida. —Couffaine... Ahora es Marinette Couffaine. —Corrigió ensanchando su sonrisa. —Y esto prueba mi punto, Luka. Tú no eres igual a tu padre. Tú eres mucho más que esto. Con todo y el contrato nuevo, no te estás convirtiendo en él. Y no tienes que renunciar a tu música, Luka, sería increíblemente cruel de mi parte hacerte renunciar con todo lo que esto significa para ti, todo lo que has tenido que pasar. Porque a donde vayas, te seguiré.

—Marinette Couffaine... —Repitió Luka con una sonrisa y los ojos entrecerrados. Tomó el rostro de su esposa y pegó su frente a la de ella antes de murmurar: —¡Dios, soy un idiota! —Tal vez se inclinó un poco más fuerte de la cuenta, Marinette ahogó un gemido al sentir el tope, pero sonrió de medio lado, pasando los brazos alrededor del cuello de Luka y agradeciendo recuperar al hombre con el que se había casado un par de horas atrás.

—No diría idiota... —Murmuró ella levantando el rostro en busca de la boca de su amante.

Luka suspiró contra la boca de su musa, sintiendo que poco a poco volvía a sonreír.

—Perdón. —Murmuró el muchacho cuando la chica volvió a mirarle. —Debí contarte esta parte de mi vida, ni siquiera es para tanto. Mis padres se separaron, pero les pasa a muchas personas, no soy el único hijo de padres divorciados.

—Luka, no le quites importancia. —Pidió Marinette acariciando el rostro del muchacho. —No importa si le pasa a nueve de cada diez, te pasó a ti, te dolió a ti, sólo tú sabes lo que sentiste de perder a tu padre y de verle volver a aparecer de la nada, pidiendo estar en tu boda.

—Tienes razón, idiota no. Soy un miserable. —Murmuró Luka desviando la mirada. —Tampoco sé todo lo que tuvo que enfrentar él para venir y aparecerse en este día y mira cómo lo traté.

—Ya resolveremos eso. —Prometió la chica. —¿Sabes en qué término están tus padres?

—Mi madre habló un par de veces con él cuando Jule entró a la universidad. —Murmuró entre suspiros. —Pero no sé más. Ellas nunca tocaban el tema estando yo cerca, supongo que temían que me volviera loco.

—Tenían razones para creerlo. —Murmuró Marinette volviendo a recostarse contra el pecho de Luka y trazando círculos en su piel, haciéndole estremecerse al tacto.

—Entonces miserable tampoco. Cretino.

—¿Puedes dejar de hablar mal de mi esposo por un momento? —Espetó Marinette, molesta mientras consideraba pellizcar la piel del muchacho. —Estoy presente y pretendo defenderlo.

—No te merezco. —Murmuró Luka cerrando los brazos en torno a la espalda de Marinette y aferrándose a ella como si la vida le fuera en ello.

Marinette se quedó quieta un momento, con los ojos bien abiertos, sorprendida de la forma infantil en la que Luka se abrazaba a ella, porque por un momento se sintió presa en los brazos de un niño pequeño y asustado, oculto tras sus cobijas, aferrado al único peluche que funcionaba como amuleto contra todos los monstruos de todos los rincones de la casa, empezando por el armario y terminando debajo de la cama.

—Eso también cuenta como hablar mal de mi esposo. —Reprochó la chica ensanchando su sonrisa y reacomodándose a su gusto.

—Tú tienes la culpa. —Reclamó Luka divertido. —Elegiste a un hombre medio inseguro para casarte con él. Aunque sea un guitarrista de mi talla.

—No. —Repuso Marinette con ternura. —No creo haberme casado con un hombre inseguro, más bien es que mi héroe en este momento está dejando salir al niño de doce años que no sabe cómo admitir que extraña a su padre.

—Marinette... —Llamó Tikki desde la puerta, flotando con el móvil de la chica en las manos. —No quería interrumpir, pero me pareció importante.

Marinette recibió el teléfono en las manos y agradeció a Tikki salir discretamente de la habitación. Tenía el teléfono saturado de mensajes de Juleka y Adrien. Abrió el último audio de su amigo, que sonaba realmente molesto y preocupado en partes iguales:

Marinette de Couffaine, te juro que si no respondes este mensaje en dos minutos, voy a lanzarme a tu departamento a asegurarme de que el idiota de tu marido no te haya puesto una mano encima. O respondes o arranco.

—Márcale. —Sugirió Luka divertido.

Marinette rodó los ojos poniendo el teléfono en altavoz y dejándolo en una superficie, lejos del agua.

¡Gracias al cielo! —Exclamó Adrien, aliviado. —¿Por qué no me tomabas la llamada?

—Estaba ocupada. —Murmuró la chica, somnolienta.

¿Ocupada? —Espetó Adrien ofendido mientras apagaba el motor de su auto, consiguiendo que Marinette y Luka intercambiaran una mirada de incredulidad. —Define ocupada.

—Bueno... —Inició Marinette insegura, pero Luka la interrumpió, petulante.

—¿Qué podría estar haciendo una pareja de recién casados como para no tomar el teléfono?

Ah, ahí estás. —Exclamó Adrien, repentinamente tenso.

—Sí, y no me gustó eso de "El idiota de tu marido".

Entiende, hombre. Me preocupa la seguridad de mi amiga.

—Ella está a salvo conmigo. —Espetó Luka despectivo, ofendido por la desconfianza que había mostrado Adrien en su audio. —Créeme, Agreste, soy incapaz de ponerle una mano encima a ma muse, así que cálmate. Pregunta con los reptiles si quieres. Nunca he tocado a una mujer.

—Colette no opina lo mismo. —Bromeó Marinette consiguiendo que Luka se sonrojara hasta las orejas por aquel comentario.

—Entiendes mi punto. ¿No? —Espetó Luka desviando la mirada.

Como sea, tenía que asegurarme. —Comentó Adrien recuperando la atención de sus amigos y respirando más relajado. —De verdad me preocupó que no me tomaras las catorce llamadas. ¿No tiene sonido tu teléfono o estaban haciendo más ruido que tu tono?

Luka soltó una carcajada ante la expresión de sorpresa de Marinette. La chica le hizo un puchero a su teléfono y suspiró, sabiendo que ya no había manera de quitarse de las bromas de los muchachos, bromas y albures.

—Lo tengo en silencio casi todo el tiempo, Adrien. Ya lo sabes.

Sí, claro. Por hoy digamos que es cierto.

Luka sacó una mano del agua y despejó el rostro de Marinette para admirar mejor sus ojos y compartir una sonrisa.

—A decir verdad... —Murmuró el muchacho en medio de un suspiro. —Había algunas cosas de las que poner al corriente a mi esposa, me ayudó a dar claridad a mis ideas después de todo lo que pasó y ya era justo y necesario que echara fuera esos demonios de mi mente.

Así es que ahora a la luna de miel se le llama "poner al corriente". Bueno saberlo, lo voy a aplicar. —La risita de Plagg sonó en la lejanía, consiguiendo que Marinette se sonrojara y hundiera un poco el rostro en el agua.

—Hey, dramática. —Llamó Luka tomándole las mejillas y consiguiendo que el agua se moviera a su alrededor. —Te vas a ahogar.

—No si puedes evitarlo. —Murmuró ella volviendo a colgar sus brazos en torno al cuello de su amante. —Tampoco es para tanto.

Ahogar... No, definitivamente no quiero saber, voy a colgar antes de que digan algo revelador, no tengo ningún interés en traumarme por sus cosas.

—Mejor únetenos en la bañera. —Espetó Luka con una sonrisa maliciosa, consiguiendo que Marinette abriera los ojos, pasmada.

¡Adios! —Gritó Adrien antes de colgar.

—¡Luka! —Gritó la chica, pasmada.

—Mejor en la bañera que en la cama, ¿no?

El muchacho soltó una risa ligera que, poco a poco, se convirtió en una carcajada. Y aunque Marinette trató de oponerse a la necesidad de unírsele, terminó riendo al unísono de su esposo, dejando ir toda la tensión del momento y agradeciendo la calma tras la tormenta.

Por fin volvieron a la tranquilidad y se quedaron abrazados otro rato, disfrutando del agua tibia y del repiqueteo de la lluvia contra la ventana.

—¿A Juleka qué le digo? —Murmuró Luka tomando el teléfono de su esposa y deslizando la conversación de su hermana.

—Que sigo viva. —Sugirió Marinette apretándose al pecho del muchacho.

—Hola Jule. —Murmuró Luka grabando un audio para la aludida. —Perdón, pero tenía que poner al corriente a Marinette de nuestra historia con papá. Mi teléfono murió y el de Marí no tenía sonido. Todo bien.

—De verdad todo bien. —Interrumpió Marinette, asegurándose de que Juleka lo escuchase.

—Mañana te escribo para ver lo del ensayo. Tengo una canción nueva para el disco.

El silencio se cernió sobre ellos y Luka por fin se armó de valor para sugerir salir del agua.

—Es tarde. Y la cama también es cálida y cómoda. —Comentó divertido al ver los pucheros de Marinette, que se aferraba a sus hombros para que volviera a hundirse en el agua.

Luka suspiró resignándose y abrazando la cintura de Marinette. Dejó correr largos segundos en silencio, pensando, pensando, pensando hasta articular una frase coherente en su mente. Frase que sonó descabellada cuando habló en voz alta.

—Debería hablar con mi padre.

—Deberías dormir. —Corrigió Marinette sonriendo amable y mirando a Luka a los ojos. —Y tomar esa decisión en la mañana, con la mente despejada y las ideas claras.

—¿De verdad me vas a apoyar en esto?

—¿Qué parte de "en la salud y en la enfermedad" no te quedó clara? La locura también es enfermedad ¿eh?

Luka soltó una risa asintiendo lentamente para su musa.

—Lo es. La tuya por quedarte y la mía por querer perdonar.

—Eso no es locura, se llama madurez, y llega con los años. Dicen que a las mujeres primero que a los hombres. —Añadió al final con una sonrisa jocosa.

—Supongo que mi dolor tampoco era para tanto. Mi padre nos dejó cuando yo tenía doce. —Repitió tratando de darle sentido a aquello mientras Marinette dejaba el agua. —Y luego yo me metí en una banda de buscapleitos para probar que no cambiaría a mi familia por la música como lo hizo él, y que podía superarlo en todos los aspectos.

—Y mira. —Murmuró Marinette divertida, atando una toalla en torno a su cuerpo y mirando a Luka de reojo. —Fue la música lo que te unió más que nunca a tu familia y a tu gente. Luka, tú no eres como él. Entiende eso. —Marinette se sentó en el borde de la bañera y acarició el cabello de su esposo. —Tú eres muy distinto de Louis Couffaine. Eso lo sé... —Dudó un momento sobre continuar o parar. Luka no necesitaba más conflictos. —Y sé que la gente cambia, y confío mucho en tu instinto, confío en que sabrás distinguir si realmente cambió o si es una treta como decías, y si lo decides así, sabrás exactamente qué hacer en cuanto lo tengas frente a ti. Ya verás.

—Me tienes mucha fe. —Dijo el muchacho acariciando el rostro de su musa.

—Es porque te conozco de verdad. O no me habría casado contigo. —Marinette sonrió pegando su nariz a la del muchacho, deslizándola por su piel, acariciándole el rostro con aquel gesto que habían compartido unas cuantas veces. —Sabrás qué hacer. Por ahora vamos a dormir.