Rebeca . sz: Son opciones, no me he detenido a pensar mucho sobre las condiciones en las que ella va a despertar, pero bueno. De lo del rostro, esperemos que eso le sirva más adelante. Gracias por leer
Skayue-chan: Jajajajaj perdón por tanta crueldad, pero esto ya se convirtió en una guerra. Viene a resultar que terminé planeando esta historia con dos talentos para el drama. La historia se pondrá cada vez mejor. Lo prometo a nombre de los tres. A ver si compenso el final del capítulo anterior.
Almanele: No me aparece tu comentario en los reviews, pero me llegó al correo. Gracias por el comentario, de verdad me anima a seguir escribiendo el saber que hay gente a la que le agrada la histoira.
Marianne E: Eso del dolor que puede soportar y que sepamos que mucho más, nos va a dar material para el arco de Lila jajajaja ahora estamos haciendo team work, así que creo que lo vamos a terminar mandando a terapia. Llegaste como caída del cielo, de hecho, con lo de Ikari Gozen fue inspirador para escribir también algo de este capítulo, me encanta saber que te gusta cómo plasmo la interacción con ellos, me pone muy nerviosa, pero quiero hacer que aparezca más, me gusta mucho la presencia de Kagami para este arco, más que la de Alya. Te juro que me hiciste reír muchísimo con lo del pésame, asusté a mi hermano. Te dejo esta nueva entrega y a seguir fangirleando, todas mis respuestas a tus reviews son sinceras, lo juro. De verdad me inspiras a seguir. En la playlist lo puedes ver, y seguirán habiendo guiños por aquí. ¡Abrazos!
Andrés: Por si alcanzas a leer esto aquí, ya iniciamos con este monstruo, ahora lo terminamos jhajaja gracias por ser parte de la inspiración y autor intelectual de los momentos más dolorosos de esta historia (inserta un corazón aquí)
Marinette se quedó muy quieta en su sitio, escuchando la lluvia golpeteando contra la ventana, preguntándose si sería buena idea moverse o permanecer ahí. Le dolía todo el cuerpo y tenía vagos recuerdos de haber tenido un accidente, pero el orden de los hechos era confuso.
Levantó la mano izquierda y miró atentamente la marca alrededor de su dedo anular, la marca de que había portado un anillo durante mucho tiempo.
—Luka... —Murmuró la chica, sintiendo la garganta reseca.
No estuvo muy segura de por qué nombró a aquel muchacho, se quedó mirando su mano unos minutos más, hasta que sintió que el sueño la vencía de nuevo, se reacomodó en la cama y cerró los ojos, permitiendo que el cansancio la venciera de nuevo.
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Andreé miró por encima de su hombro, el callejón estaba desierto, la noche profunda cubría con su manto todos los rincones de París y la tormenta sólo servía para hacer que los callejones parecieran más peligrosos aún, pero él era el líder de los reptiles, además de estar acompañado con el segundo mejor elemento que su banda hubiese tenido jamás.
Erik suspiró jugando con su mariposa, abriendo y cerrando la navaja en movimientos controlados y sutiles, desesperando cada vez más a su colega.
—No va a aparecer. —Espetó Erik cerrando su navaja y guardándola en el bolsillo interno de su chaqueta. —Vámonos.
—Puede ser, el niño rico nos vio la cara. —Se quejó Andreé dándole una última calada a su cigarrillo. Su rostro se iluminó por las brasas, el fuego lanzó sombras extrañas por todo el rostro de aquel muchacho.
Ni siquiera apagó la colilla, la lanzó lejos de ellos mientras se daba la vuelta y comenzaba a caminar hacia Erik, confiándose en que la lluvia se encargaría de apagar el cigarrillo.
Oyeron algo, un ruido, un susurro, un siseo que apenas se escuchó por encima de la tormenta, pero ambos reptiles giraron sobre sí mismos, pasmados ante el hecho de que había alguien al final del callejón.
Les daba el costado, la capucha ocultaba sus facciones, lo vieron tirando del borde de su máscara para descubrir su boca y dar una calada. Al igual que con Andreé, las brasas arrojaron sombras extrañas a su rostro, deformando sus facciones hasta darle la forma del rostro de un demonio. Soltó el humo con una sonrisa sádica, y volvió a llevarse el cigarrillo a la boca.
Se subió la máscara y avanzó hasta ellos, apagando la colilla entre sus dedos.
Soltó el humo a través de la máscara mientras encaraba a Andreé y Erik, sonriendo de medio lado, consciente que ellos no podían ver el gesto. Por un instante pareció que sus ojos brillaban en la oscuridad, cuestión que hizo a Erik retroceder, pero Andreé permaneció en su sitio.
—El niño rico dijo que vendría Viperion... —Murmuró divertido.
—Viperion... —Repitió el muchacho con amargura. —Esta noche Viperion está muy lejos de nosotros. Y los héroes, no se mezclan con reptiles.
Andreé soltó una risita por lo bajo, asintiendo para el muchacho y dedicándole una mirada de reojo a Erik.
—Entonces ¿cómo se supone que debemos llamarte?
Marinette se recargaba contra el pecho de Luka, sintiendo su respiración.
—¿Cómo es la iniciación de los hombres? —Murmuró ella a punto de quedarse dormida.
Habían salido de la bañera media hora atrás, pero aún no podían conciliar el sueño a pesar de estar tan cansados. La falda de tablones todavía estaba en el piso de la sala y Luka no tenía idea dónde había quedado el resto de su ropa.
—¿Para qué quieres saber? —Murmuró el guitarrista, confundido.
—Curiosidad, quiero saber qué tuviste que hacer tú.
Luka sonrió amargamente y acarició el cabello de su musa.
—Yo... Yo tuve que pelear a mano limpia contra la mano derecha de Andreé. Pero tengo entendido que él tuvo que jugar a la ruleta rusa.
Marinette abrió los ojos, pasmada ante aquella confesión. Se levantó sobre su codo para ver a Luka a los ojos y espetó. —Pensé que a Andreé no le gustaban las armas.
—No, en general las prohibe, pero para las iniciaciones, las reglas cambian.
El muchacho lo pensó un momento, mirando su reflejo en la ventana más cercana, un pensamiento trepó por los linderos de su mente llenándole de amargura el corazón.
—Cobra... —Espetó el muchacho, con el acento más marcado que nunca. —Llámame Cobra.
—Así que... Cobra... —Repitió Andreé arrastrando las palabras, escrutando al antihéroe y comenzando a caminar alrededor de él, analizándolo. —¿Qué es exactamente lo que buscas con nosotros?
—Sé que le buscas un reemplazo a tu Elegido. —Murmuró Cobra mirando directamente a Erik, consiguiendo que el reptil se estremeciera en su sitio. —Así que, qué mejor que un reptil de verdad para hacer el trabajo sucio...
—¿Qué trabajo sucio? —Espetó Andrée deteniéndose a espaldas de Cobra y mirando a Erik a los ojos. —¿De qué estás hablando?
Cobra bufó, divertido ante la situación, ladeando el rostro.
—Tengo mis contactos en las calles. —Se burló el reptil girando para encarar a Andreé. —Sé que, hace poco los contrataron para un trabajo de contrabando, algo a mano armada y fallaron... esssstrepitosamente...
—Tienes agallas para venir a burlarte en mi cara. —Espetó Andreé tomando a Cobra por los bordes de la capucha, acercándolo a sí mismo y buscando algún rastro de miedo en sus ojos. —Si te crees muy valiente... —Murmuró Andreé soltando a Cobra y retrocediendo un paso, sonriendo de medio lado antes de sacar un revolver del cinto de su pantalón.
—Andreé... —Llamó Erik avanzando medio paso, pero frenándose ante la mirada letal que el reptil le dedicó. —No creo que sea buena idea.
—Veamos qué tan mala idea es.
Andreé abrió la cámara del revolver y puso una única bala, luego hizo girar el barril con violencia y cerró la pistola en un movimiento brusco.
—¿Sabes lo que es jugar a la ruleta?
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Marinette paseaba entre el sueño y la conciencia, apretando los ojos, queriendo despertar, pero sin sentir la fuerza para hacerlo. En su fuero interno escuchaba conversaciones, voces, muchas voces, pero sabía que, a pesar de estarse reproduciendo al mismo tiempo, no habían ocurrido en el mismo momento.
Escuchaba la voz de sus padres hablando de la panadería, del éxito reciente que habían tenido las galletas temáticas de los héroes. Escuchaba la voz de Nino, diciéndole que esperaba que despertase pronto porque quería pedirle consejo para proponerle matrimonio a Alya. Escuchaba la voz de Adrien, quejándose de lo sobreprotector que se había puesto Luka con las visitas. Escuchaba a Kagami, leyéndole en japonés y en chino. ¡No! Espera... La había escuchado decir que le extrañaba en sus tardes de café y jugo de naranja.
Escuchaba a Luka... Pero de todas, su voz era la más confusa, la más lejana, la más distante de todas, porque necesitaba poner el doble de esfuerzo para escucharle.
Era como si la voz de Luka fuera un ancla para regresarla a la realidad, como si aquella voz fuese su camino de regreso a casa y esa fuera la razón principal por la que no podía escucharle. Luka había gritado de una forma desgarradora y dolorosa.
Jamás en su vida había escuchado a Luka así, nunca había tenido la ocasión de verle lo suficientemente herido como para hacerle gritar de aquella manera, sintió angustia, sintió dolor, un dolor físico abriéndose camino en su pecho hasta obligarle a abrir los ojos.
Pero ahora no había nada que la guiara de regreso.
—Ay, Marinette... —Murmuró una voz aguda. La franco-china reconoció a Tikki y sonrió sintiendo que una lágrima se deslizaba por su mejilla. —Nos haces falta.
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Cobra tomó el arma y se bajó la capucha, permitiendo que el agua mojara su cabello mientras tanteaba el peso del revolver para asegurarse de que el arma fuese real. Bufó por lo bajo, de verdad pesaba bastante, así que quitó el seguro y miró a los reptiles, buscando cualquier duda en sus miradas. Colocó el cañón en su sien y sonrió de oreja a oreja con una mirada cargada de locura y desesperación. Y sin titubear ni por un instante, tiró del gatillo.
Luka esperaba un sonido sordo y atronador, pero en lugar de ello, sólo sonó el click del mecanismo activado, nada más.
Andreé soltó una risa recuperando la pistola y poniéndola contra su sien.
—Tienes agallas, Cobra... —Escupió el nombre como si se tratase de una burla. Todavía no estaba lo suficientemente impresionado.
Los bordes de los ojos de Cobra se llenaron de escamas y el verde olivo se intensificó, de nuevo tenía acceso a la visión de Sass, pero no dijo nada, agradeció el momento de lucidez y encontró la bala en la cámara.
Andreé tiró del gatillo soltando una carcajada que retumbó por todo el callejón, Cobra suspiró divertido mientras que Erik soltó un jadeo, había estado conteniendo el aire.
—De verdad tienes agallas. —Espetó Andreé cuando Cobra tomó el revolver y lo puso contra su sien de nuevo.
—Tengo algo más que eso, hielo en la sangre.
—Sabía que los reptiles son de sangre fría, pero tú tienes talento, chico.
—No tienes idea. —Espetó Cobra saboreando el metal y la pólvora, sabiéndose a salvo del siguiente disparo, descubriendo que tenía una decisión por tomar.
Tiró del gatillo al mismo tiempo que murmuraba un "boom" irónico y ladeaba la cabeza.
—Andreé, ya probó el punto. —Urgió Erik mirando a su líder llevarse el cañón a la sien de nuevo.
—Quiero ver de qué es capaz.
Un nuevo trueno cimbró todo, Cobra sonrió con los ojos, las escamas desaparecieron y el muchacho se cruzó de brazos, esperando el siguiente movimiento del reptil.
Todo ocurrió en media fracción de segundo.
Andreé puso su dedo en el gatillo y tiró. El ruido se escuchó por todo el callejón con un eco sombrío, extendiéndose por los rincones, obligando a los roedores a correr, obligando a Erik a cerrar los ojos del impacto.
Andreé soltó una carcajada al darse cuenta de que Cobra había llegado justo a tiempo, le había tomado la muñeca y la había levantado sobre su cabeza, la bala había impactado contra el ladrillo, sacado chispas.
—Te has vuelto descuidado, mi amigo. —Se burló Cobra soltando a Andreé. —Sabía que las cosas eran distintas en el tiempo en que quise entrar.
—Así que tu lado civil quería ser un reptil. —Murmuró Andreé con curiosidad.
—¡Estás loco! —Gritó Erik aliviado de ver a Andreé con vida.
—Todos lo estamos, de cierto modo. —Se quejó el aludido. —¿Qué tengo que hacer para contactarte?
—Nuestro amigo en común sabe cómo dar conmigo. —Dijo Cobra antes de ponerse la capucha y caminar por el callejón. —Voy a suplantar a tu Elegido. —Amenazó con voz sombría, alzándose ante la tormenta. —Ya lo verás.
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Luka entró de nuevo a la habitación y perdió la transformación. Sass miró a Luka con reproche, pero no dijo nada, le dio espacio a su protegido para hablar.
—Perdón. —Fue lo primero que dijo Luka al ver la mirada acusatoria del Kwami. —No era mi intensión perder el control de esa manera.
—No ssolo fuisste desscuidado. También terco.
—Lo sé.
—No ssiempre voy a tener el poder o la magia para protegerte de lass balass.
—Eso también lo sé.
Sass suspiró mirando la figura derrotada de su protegido, se sentó en su hombro y recargó una mano contra su cuello, llamando a la calma, consolándolo.
—Sass. Cada minuto lejos de ella ha sido una tortura. Día y noche, no dejo de decirme a mí mismo que fue mi culpa que ella...
—Marinette va a desspertar pronto. Ya veráss.
Luka suspiró sentándose al lado de la cama y tomando la mano de Marinette entre las suyas. Sonrió de medio lado al ver que la chica tenía el rostro vuelto a un lado, y luego reparó en otros detalles. Las rodillas de la chica estaban de lado, como si ella hubiese levantado las piernas y las hubiese dejado caer, las manos estaban más alejadas del cuerpo, ella tenía el puño izquierdo apretado, sus hombros estaban inclinados de lado. Como si se hubiese movido.
—Marí. Amor, amor, vida, ¿me escuchas? —Urgió Luka levantándose en su lugar y acercándose a la chica, la tomó por los hombros pero no la movió, se limitó a observar a la chica, esperando que ella respondiera a su llamado. —Cielo, por favor. —Rogó a media voz. —Por favor... Sass, ocúltate. —El aludido obedeció metiéndose bajo la cama, donde la caja de los aretes de Marinette residía. El kwami se enroscó en la tapa y miró atentamente a su alrededor. —¡Doctor! —Exclamó Luka levantándose y corriendo hacia la puerta. —¡Un médico! —Exclamó mirando el escritorio de la recepción de ese piso, vacío.
Volvió sobre sus pasos y presionó el botón de asistencia médica antes de tomar de nuevo la mano de Marinette y besar sus nudillos.
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Kagami le puso una taza humeante de té a Luka entre las manos, sonrió amablemente (una sonrisa genuina, llena de comprensión y calma), y luego avanzó hasta sentarse al lado de Adrien en el sillón de la esquina. Luka estaba sentado al lado de la cama y miraba a Marinette dormir.
—Los médicos dijeron que pudo tratarse de una reacción involuntaria. —Murmuró Luka antes de dar un traguito a su taza. —Pero conozco a mi esposa. Sé cómo se mueve, cómo duerme. Cómo despierta y se reacomoda cuando no puede con el cansancio. ¡Maldita sea! —Espetó entre dientes, bajando el rostro, apretando los ojos, componiendo una mueca de dolor. —Ella despertó y yo no estuve aquí para acompañarla.
—No hagas eso. —Espetó Kagami levantándose en su lugar y avanzando hasta Luka.
—Es sencillo decirlo, ¿no? —Reclamó Luka poniéndose en pie y encarando a la oriental. —Es sencillo no echar culpas cuando no fuiste tú quien tardó en decidir, quien se sintió muy poderosa, es sencillo no echar culpas cuando...
La mano de Kagami aterrizó en la mejilla de Luka con tal violencia que el muchacho tuvo que girar el rostro. Luka soltó un jadeo por la sorpresa, pero no se movió, permaneció con la vista vuelta a un lado, observando de reojo el cuerpo diminuto de su amiga temblar por la rabia. Le ardía la mejilla por el golpe, nadie nunca lo había abofeteado sin recibir a cambio una lluvia de golpes, pero sabía que se había ganado aquello.
A Kagami también le ardía la mano, pero la oriental no demostró nada.
—Luka Couffaine, si Marinette se enamoró de ti al grado de entregarte su vida, creo que eres una persona valiosa y muy valiente como para estar lloriqueando por lo que no puedes cambiar. Se te entregó el poder de la segunda oportunidad porque sabes perfectamente qué momentos se pueden cambiar y qué historias es mejor que sigan su curso. Así que me imagino que eres un poquito más inteligente que esto. Deja de autocompadecerte.
—Kagami... —Llamó Adrien pasmado.
La chica levantó una mano hacia el rubio, pidiéndole que frenara. Adrien pudo ver la palma enrojecida de su novia, así que suspiró. Si ella se había autolesionado así, no iba a quitarle el placer de completar su batalla.
—Hay muchas cosas que sí podemos hacer para ayudar a Marinette justo ahora. Pero estarnos lamentando no hará que ella regrese, al contrario. A los pacientes en coma hay que hablarles mucho y decirles cosas positivas para que despierten pronto.
Luka apretó los puños y cerró los ojos, dolido ante las palabras de su amiga.
Kagami suspiró acercándose un paso más y poniendo una mano en la mejilla de Luka, obligándolo a mirarla.
—Yo también la extraño muchísimo. —Admitió la chica con una sonrisa dulce, consiguiendo que Adrien se relajara en su sitio. —Así que hagamos todo cuanto podemos para que ella vuelva a nosotros. Quiero poder ir por un jugo de naranja con mi amiga lo más pronto posible.
—Esa es una buena idea. —Comentó Adrien levantándose en su sitio y mirando a sus amigos. —Yo iré por unos jugos de naranja para todos, tal vez el aroma ayude a Marí.
—Voy contigo. —Dijo Kagami acercándose al rubio y tomándole una mano. —Creo que Luka merece un momento con su esposa. Y me imagino que quieres digerir lo que te dije.
—Me haría bien quedarme con ella. —Soltó Luka secamente.
La habitación se sumió en silencio, Luka miró a Marinette y suspiró al percatarse de que, a pesar del percance, ella seguía en su sitio.
Luka suspiró para luego dejarse caer en el sofá, mirando todo a su alrededor.
Los médicos le habían dicho que personalizar la habitación del hospital ayudaría a que Marinette se sintiera en un ambiente hogareño y le ayudase a volver pronto, así que habían llenado el lugar de fotografías, un par de ramos de flores, Alya había llevado algunas veces a Nino con sus nuevas producciones en la mezcladora, Tom y Sabine habían llevado pan, esperando que el aroma le regresase a su hija.
Luka suspiró tomando su guitarra y mirando a Marinette.
—Es la guitarra que me regalaste en mi cumpleaños. —Anunció sonriendo de medio lado. —Y vamos a ver si recuerdas esto, Ma-Ma-Mari-Manette.
De pronto era como si Luka tuviese dieciséis otra vez.
Los acordes eran los mismos, recordaba perfectamente esa primera interacción que había tenido con Marinette en el barco de la libertad, recordaba cada una de las cuerdas que había tocado con tal de hacer sonreír de nuevo a esa chica, torpe y distraída. Recordaba la manera desenfrenada en la que su corazón se había desbocado al verla, recordaba la apremiante necesidad de hacerla sonreír de una buena vez, recordaba haberse prometido a sí mismo que, siempre que estuviese en sus manos, haría cuanto fuese posible por hacer que aquella joven, maravillosa, se sintiera segura.
—Comment fait? C'est fou... —Murmuró Marinette débilmente, consiguiendo que Luka saltara de su sitio y se arrodillara al lado de la cama, antes de murmurar con vehemencia.
—La musique est plus claire que les mots... —Luka tomó la mano de Marinette entre las suyas y recargó ahí su frente, sintiéndose de vuelta en casa. —Tengo que ir por el doctor. —Anunció levantándose y mirando a Marinette, que tenía los ojos entreabiertos y sonreía de medio lado.
—Luka... —Murmuró la chica, cansada, pero aferrándose a la consciencia. —¿Qué pasó?
—Nos tumbaron de la moto, recibiste un disparo. —Explicó con voz dulce, dedicándole una mirada serena a Marinette, recuperando la calma de la que siempre hablaba la chica. —Pero ahora estas a salvo, Petit. Así que descansa en lo que voy por los médicos.
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Luka, Adrien y Kagami estaban sentados en el pasillo, fuera de la habitación de Marinette, esperando a que les permitiesen la entrada de nuevo, preguntándose cuánto tiempo más estarían a la expectativa de obtener información.
Luka se había puesto los audífonos y golpeteaba el suelo marcando el ritmo de la playlist que le había dedicado Marinette, dándose cuenta de que había algunas canciones que no había escuchado en toda su vida.
A pesar de que el volumen estaba casi al máximo, Luka se quitó los audífonos a toda prisa y se levantó torpemente.
—¿Qué pasa? —Murmuró Kagami, confundida.
—Los doctores. Ya vienen.
—¿Qué? —Soltó confundida ella.
—Es una especie de súper poder que tiene Luka. —Comentó Adrien divertido, reacomodándose en su sitio. —Tiene el oído muy agudo, me imagino que por la música.
—Adrien, hasta yo podía escuchar a The killers hasta acá. —Comentó Kagami como si aquello fuese una tontería. —¿Cómo Luka podría...?
La puerta se abrió y los médicos salieron tomando aún notas en sus tablas.
—Ella está consciente ahora, pero hay un tema a tratar. —Murmuró el doctor observando a Luka con detenimiento. —Ella está algo... confundida, pasó mucho tiempo inconsciente.
—¿Confundida? —Repitió Luka.
—Sí. Pero es algo que pasará pronto. —Prometió el médico con una sonrisa diáfana ante la preocupación del guitarrista. —En un día o dos ella estará como si nada. No la presionen, sigan hablándole con normalidad, si ella recuerda algo, hagan preguntas, pero no comenten ninguna información que sepan, para no confundirla más.
Kagami se acercó hasta ellos y sonrió mostrando dos vasos de jugo de naranja.
—¿Sería mucho pedir que me permitan darle uno?
—¿Naranja natural? —Inquirió el doctor percibiendo el aroma. Kagami asintió con una sonrisa ligerísima, casi imperceptible. —Supongo... —murmuró el doctor en medio de un suspiro —que no hay tanto problema. Si es algo significativo, le hará bien para recordar.
—Gracias. —Murmuró Kagami con una reverencia poco marcada.
Luka ya había abierto la puerta de la habitación, dejando que Adrien y Kagami recibieran las últimas indicaciones. Marinette estaba sentada mirando hacia la ventana, con las manos colocadas en su regazo de forma delicada, con el cabello suelto a su alrededor, con media sonrisa.
—Marí... —Murmuró el músico, frenándose a medio camino antes de alcanzarla.
La chica giró el rostro hacia él y sonrió mostrando una expresión de contrariedad.
—Mon cha... no... Mon... Mon... —Bajó la mirada y sonrió de medio lado. —Mon serpant...
Luka suspiró aliviado y se acercó hasta ella, sentándose en la cama y tomando su mano izquierda.
—Mon coccinelle... —Saludó él, divertido.
—Yo tenía un anillo... —Murmuró ella al percatarse de que Luka le acariciaba la piel.
—Sí. Justo este. —Respondió el muchacho sacando la cajita de su bolsillo y mostrándole la joya antes de encogerse de hombros, como si hiciese una pregunta.
Marinette asintió poniendo su mano y sonrió de medio lado cuando Luka le puso la joya.
—Me voy a casar... —Murmuró la chica mirando la piedra engarzada.
La confusión volvió a su expresión. Ella levantó la vista hasta encontrar los ojos de Luka.
—Había otras voces... Adrien... Kagami...
—Están afuera. —Afirmó Luka levantándose. —Quieres...
—No... Quédate. —Suplicó la chica tomando la mano del guitarrista.
Adrien abrió la puerta y entró a la habitación, tomado de la mano de Kagami. Marinette vio aquel gesto y frunció el entrecejo, tratando de entender lo que veía.
La oriental soltó al rubio y se acercó hasta Marinette, sentándose en el otro lado de la cama y entregándole un vaso, sonriendo antes de acariciarle la mejilla y despejar su rostro.
—Te dije que te debía un jugo de naranja.
—Kagami... —Murmuró Marinette con los ojos comenzando a llenarse de lágrimas. No pudo evitar lanzar sus brazos alrededor del cuello de su amiga y ambas se fundieron en un abrazo mientras Adrien jalaba un poco a Luka a su lado.
—El doctor me dijo que ella no recuerda si ya pasó la boda al civil. Tiene mezclados recuerdos de los últimos dos años. Así que debemos ser pacientes.
—Cielo. —Murmuró Marinette levantando la mano hacia ellos.
Por un instante la duda azotó la consciencia de Luka con violencia, podría haberse referido a cualquiera de los dos, no estaban seguros a quién miraba ya que la chica tenía los ojos llenos de agua.
—Ehm... —Murmuró Adrien dando un paso de espaldas.
—Perdón. —Murmuró Marinette recogiendo su mano. —No estoy segura si te molesta que te diga cielo o mon serpant. Es raro, Luka... —Murmuró sonriendo ampliamente. —Pero tengo todo batido.
Luka suspiró aliviado y se sentó al otro lado de la cama, permitiendo que Marinette le acariciara una mejilla antes de besarle la comisura de la boca.
—Lo importante es que estás aquí. —Dijo él, sonriendo ampliamente.
