Marianne E: Pero, pero, pero... Bueno, quería darle peso al asunto, la gente tiene que conocer el alcance de la locura de Andreé! Ha llegado un punto en el que creo que Kagami es como... muy poderosa jajajaja. He llegado a creer que Kagami, Adrien, Juleka y Marinette son los únicos que no le temen a Luka en este universo. Amé que notaras la cita textual, misión cumplida. Seguimos con el fangirleo. Por favor, no me mates jajajaja
Skayue-chan: Tú qué opinas? Quieres ver a Luka perdiendo los estribos? Perdón, de verdad me encantó la escena de la ruleta rusa y no podía dejar de hacerlo jugar. Perdón por el susto de Adrien, no era mi intensión jajaja bueno, tal vez sí, un poquito.
Rebeca . sz: Quería que ella estuviese confundida un poco, pero todavía no tanto, poco a poco irán surgiendo más cosas, mil gracias por el apoyo y entusiasmo a esta historia y perdón por tanta violencia, pero escribir la historia entre varias personas nos ha ayudado a volverla cada vez más oscura. Nos leemos pronto.
Andrés: de nuevo gracias por los diálogos y por el asesoramiento sobre esta faceta oscura de Luka. Seguimos escribiendo
—Luka dijo que estarías despierta. Así que me tomé la libertad de entrar.
Marinette volvió la vista a la puerta y escrutó a conciencia la figura esbelta, estilizada, punk, que la miraba con cara hosca, pero con curiosidad en la mirada.
—Perdona... —Murmuró Marinette con una sonrisa diáfana y sincera. —Pero no recuerdo tu nombre, no sé quién eres.
La chica jaló aire, Marinette creyó que le respondería con algún aspaviento, pero en lugar de eso cantó el verso de una canción.
—But some of you never learned to drop the act, so under that skin of yours: a heart attack.
—Colette... —Murmuró Marinette confundida, bajando la mirada cuando el nombre de la chica la golpeó al mismo tiempo que el bajeo de aquella canción.
Recordó brevemente el enfrentamiento que había tenido con ella en el bar, recordaba haber cantado a dueto con la chica con una armonía y balance perfecto, como si sus voces ensamblaran la una con la otra, como si hubiesen practicado mucho para conseguir aquella sincronía.
Pero luego recordó también las otras canciones, la rabia con la que Colette la había retado, las palabras de desprecio que le había dedicado justo antes de tratar de humillarla frente a todos.
—Bingo, Tricky mouse... —Espetó Colette divertida acercándose medio paso.
Por un instante, Marinette pudo recordar la locura en los ojos de aquella chica al momento de hacer estallar un vaso de vidrio en sus manos.
¿Eran amigas o enemigas?
—Para ser la ex de Luka pareces bastante tranquila conmigo. —Murmuró Marinette tratando de comprender cuál era la postura de la chica.
—Tú para ser su esposa eres muy estirada. —Soltó Colette despectiva.
—Es que no me conoces.
—Ni tú a mí.
Marinette sopesó la respuesta de Colette un momento, sondeándola con la mirada, esperando encontrar alguna pista de qué era lo que quería decir realmente. Suspiró mirando a la chica de pies a cabeza.
—Me da gusto verte. —Admitió Marinette sonriendo de oreja a oreja.
—¿A la ex de tu marido? Qué rara eres. —Espetó Colette encaminándose hasta la cama de Marinette y sentándose a los pies, recargando la espalda en la baranda. —Aunque lo digo yo, viniendo a visitarte. ¿Verdad?
—La quimera hablando de cosas raras.
Ambas chicas intercambiaron una mirada, Marinette sonriendo de medio lado, Colette con fingida indiferencia. Y luego ambas soltaron una carcajada, comprendiendo que no eran tan distintas.
—Luka me dijo que compraste un par de canciones. —Dijo Colette con autosuficiencia, subiendo los pies a la cama, uno sobre el otro mientras se acomodaba a sus anchas. Dejó correr algunos segundos antes de escrutar a Marinette y añadir. —Entonces no me recuerdas.
—La verdad recuerdo pocas cosas de ti. —Admitió Marinette recargando un codo sobre las botas de la chica. —Recuerdo muy bien todos los escándalos en los que tú y Luka estuvieron involucrados durante su noviazgo, los seguía en redes sociales; pero no recuerdo cuando tú y yo nos conocimos. Al menos, no lo recuerdo todo.
—Entonces... —Soltó Colette componiendo una sonrisa altanera y cruzándose de brazos. —No recuerdas que te di una paliza musical en el Chat Lunatique.
—¿Perdón? —Espetó Marinette divertida, empujando las botas de Colette para tratar de tumbarla de la cama. —Recuerdo haber cantado contigo. Ya quisieras haberme ganado.
—Luka me compuso una canción. —Canturreó Colette tirando de la punta de sus cabellos, ahora teñidos de violeta. —Porque les gané. —Añadió para recalcar su punto.
—Luka te compuso una canción. —Repitió la chica suspirando, recargando la cabeza contra la cabecera de la cama y cerrando los ojos, recordando una melodía que Luka había estado trenzando. Algo improvisado, soso, sin vida.
Marinette había entrado a la sala del piano con un par de tazas de café, sonrió al observar las facciones de Luka, mostrando una expresión de descontento, estaba ofuscado ante la idea de tener que componer para su ex, sobre todo porque lo había hecho con tal de sacársela de encima y que les dejara tranquilos, a él y a Marinette.
—Nunca había escuchado una pieza con menos vida. —Murmuró Marinette antes de poner la taza de café en las manos de su enamorado.
—Ya sé. Pero no es que quiera componer esto.
—Tú se la ofreciste. —Le recordó la chica antes de recargar la cadera contra el instrumento y dándole un sorbito a su taza. —Pero no entiendo por qué.
—Es sencillo. —Murmuró Luka contra la taza, quemándose un poco la lengua con aquello, pero sonriendo ante el sabor que sólo Marinette conseguía darle al café matutino, perdiéndose en los aromas, en los sabores. —¿Canela?
—Bingo. —Murmuró Marinette sonriendo ampliamente y dirigiéndose a la mesa de corte, donde descansaba una guitarra, antes de volver al piano. —¿Entonces? —Murmuró subiéndose al banquito para poder sentarse sobre la tapa y ver a su esposo a los ojos, con la guitarra entre sus brazos y las manos en posición.
—Colette quería probar que era mejor que tú. Pero algo tienes, algún súper poder que hace que la gente cambie... y cuando se bajaron del escenario eran amigas, o al menos ya no eran enemigas. Se dieron la oportunidad de conocerse la una a la otra a través de la música y eso hizo que me rindiera ante ustedes. La canción es, de una forma simbólica, una tregua entre ustedes, pero no consigo hacer que salga.
—Ya, pero no podías hacer una pieza más sosa que la que estabas tocando.
—Soy un poco terco. —Se quejó el muchacho haciendo una mueca.
—Vuelve a tocar lo que tenías. —Pidió Marinette sonriendo.
—Es soso, ya lo dijiste. —Musitó Luka descontento, repitiendo la melodía y bufando por lo bajo, percatándose de los errores técnicos que había cometido al comenzar a componer.
—Y ella está hecha de fuego. —Añadió Marinette prestando atención. —No sé mucho de música, pero no suena a algo que ella cantaría.
—No. No es algo que ella cantaría, definitivamente. Es más brusca. —Admitió pensando en sus discos.
Marinette comenzó a golpetear la guitarra con los nudillos, tarareó una melodía sencilla, pero Luka la pescó al vuelo y sonrió recibiendo la guitarra en sus manos.
—¿Qué haría yo sin ti? —Soltó Luka divertido, percatándose de que aquel tarareo respetaba la melodía en la que trabajaba. —¿Tienes algo en mente?
—Sí... —Murmuró la chica bajando una pierna y mirando a Luka, mientras él comenzaba a trenzar nuevas notas a la melodía principal. —Pero es un tanto... acelerado.
—Tú eres la fan. —Comentó Luka divertido, repitiendo lo que había comenzado a cobrar sentido musical. —Te escucho.
—Es una idea suelta, ni siquiera sé cómo funciona. —Advirtió Marinette antes de marcar el ritmo contra la tapa del piano. —Y se parece mucho al concepto de Make a move... pero...
Aprovechó la entrada de la melodía.
I'll probably end up in flames
Before the end of the night
Watch me burn in the fire
Watch me bid you goodbye
—No sé. —Se interrumpió a sí misma presionando sus sienes y mirando a su novio. —Nunca he compuesto antes.
—No estás tan lejos... —Admitió Luka divertido, pensando en Marinette y en Colette, en lo distintas que eran la una de la otra. Volvió a trenzar la canción y sonrió de oreja a oreja, comprendiendo la música que Marinette le transmitía.
Luka dejó la guitarra un momento y tomó nota en un pentagrama en limpio. Marinette bajo del piano para sentarse al lado de Luka y admirar su trabajo, desordenado.
—Tienes que enseñarme a hacer esto. A escribir música. —Pidió Marinette recargando su barbilla en el hombro del muchacho y abrazándose de su torso para no estorbarle al momento de anotar.
Luka giró un poco el rostro y besó la mejilla de Marinette antes de murmurar: —No necesitas que te enseñe, tienes talento nato.
—Pero no puedo hacer lo que tú haces. —Murmuró la chica mirando a su novio con una sonrisa de oreja a oreja antes de volver a las partituras. —Quiero ser capaz de leer tu arte tan claro como tú me lees a mí.
—Te vas a caer cuando te enteres de que yo compuse esa canción. —Soltó Marinette divertida.
—Ya, no te pases de lista, que todavía no somos amigas. —Espetó Colette fulminándola con la mirada antes de voltear el rostro y hacer un puchero.
—¿Y qué tengo que hacer para que me llames amiga?
Colette se lo pensó un momento y miró a Marinette con el entrecejo fruncido. —No lo sé.
—Bueno, dejémoslo así de momento.
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—¿Seguro es buena idea que Colette y Marinette estén en la misma habitación? —Soltó Adrien mientras Luka firmaba las formas del hospital y sacaba su tarjeta del bolsillo. —Digo, la ex y la esposa en un cuarto de hospital. ¿Sabes cuántas formas se me ocurren de matar a una persona sólo con lo que hay en la habitación de Marinette?
Luka soltó una carcajada, mitad por la expresión de la recepcionista, mitad por la afirmación de Adrien.
—No se van a matar. —Comentó distraído, repasando las hojas del hospital. —Si no se destazaron en el Chat Lunatique, no espero que lo hagan ahora.
—¿Y no te da nervios que Colette hable?
Luka se quedó quieto en su sitio, sopesando aquella posibilidad, preguntándose si Adrien tendría razón al respecto. Aunque una parte de la mente de Luka le recordaba que Colette podía ser medio despistada, pero muy leal.
—¿Y qué le puede decir? ¿Que fui al Chat a toma un par de tragos y a hablar de venganza?
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—¿Venganza? —Espetó Marinette, ofuscada.
—Sí. —Soltó Colette sentándose en el marco de la ventana y mirando hacia los jardines del hospital, como buscando una salida. —Pero también estaba tomando whisky.
Marinette suspiró un poco más tranquila, llevándose una mano al corazón. Luka amenazando y tomando al mismo tiempo sólo podía significar una cosa: se estaba desahogando.
—Es un caso, ese hombre. —Espetó Marinette en medio de un suspiro.
—Sí, y uno que te ama, por cierto. —Confesó Colette sonriendo de medio lado, dedicándole una mirada divertida a la chica en la cama. —Conmigo nunca fue tan protector, es como si temiera que te diera el aire. Pero al mismo tiempo sabe que eres fuerte.
—Colette... —Llamó Marinette componiendo una mueca. —Esto es extraño.
La aludida soltó una carcajada avanzando hasta la cama y volviendo a subir los pies, mirando a Marinette entre las pestañas y sintiendo que se le salían lágrimas por el esfuerzo de las risas.
—Que tú no te puedas llevar bien con tus ex no quiere decir que los demás terminemos mal.
Esta vez fue el turno de la heroína de reír.
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—Bueno. —Espetó Adrien siguiendo a Luka hacia la máquina de café. —Olvida que suelte la sopa y esas cosas ¿No te dan nervios que tu ex y tu esposa estén en la misma habitación?
—Mira quién lo dice. —Se burló Luka barriendo a Adrien con expresión despectiva. —El padrino de anillos.
—Es diferente. —Defendió Adrien frenando en seco. —Marinette y yo...
—Conozco a Colette. Si no hubiese estado a punto de meterme en un crimen federal, ella y yo seríamos de unidos como lo son Mari y tú.
—Con esas ex novias... —Espetó Adrien despectivo.
Luka le dedicó una mirada de reojo, gélida, letal; por primera vez en mucho tiempo, Adrien sintió un escalofrío ante la amenaza inminente que Luka representaba en ese momento, porque supo que, tratándose de defender a un ser querido, Luka era imparable.
—Somos reptiles... —Soltó Luka volviendo su atención a la máquina de café, quitándole importancia a aquel hecho. —Nos movemos en el borde de lo que se nos permite a menos que nos contraten para algo grande y Colette estuvo a punto de meterse y meterme en problemas. Fue mi excusa de salida, así que hasta eso le agradezco.
—Pero es "La ex", diría Kagami.
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—Perdón. —Soltó Marinette limpiándose las lágrimas. —Mi ex, "El ex" —espetó acentuando las comillas con las manos para hacer énfasis en su punto —, va a ser padrino de anillos.
—¡Ay! —Exclamó Colette abriendo los ojos desmesuradamente. —¡Luka se pasó de pen...!
La carcajada de Marinette consiguió que el pasmo de Colette pasara. Por un momento, aún con expresión de desaprobación, Colette observó a su rival riendo a carcajadas. Por un momento se permitió escuchar las carcajadas diamantinas, observar las facciones inocentes, conocer esta faceta de Marinette que no le miraba con brusquedad, sino que se divertía con el momento.
Parecía una niña riendo a carcajadas.
Colette suspiró sonriendo de medio lado y asintió para sí misma, como concediendo aquella victoria para la franco-china.
—Muy bien. Tu novio es oficialmente el idiota del año.
—¡Hey! —Cortó Marinette, aún divertida ante el tono en que Colette hablaba. —Estoy presente y pretendo defenderlo.
—¡Es el idiota del año! —Exclamó levantando los brazos en señal de rendición y componiendo una sonrisa radiante. —Dime tú ¿quién en su sano juicio invita al ex del amor de tu vida a ser padrino?
—¿Te lo pongo peor? —Soltó Marinette divertida.
—¿Se puede poner peor? —Soltó Colette con expresión de incredulidad.
—Mi ex fue el amor de mi vida por años. —Confesó Marinette cruzando las piernas e inclinándose hacia adelante. De pronto, en esa habitación no había dos rivales, había dos adolescentes hablando de chicos y de citas, dos adolescentes cotilleando, dos adolescentes ajenas del dolor y del mundo. —Me enamoré de él cuando tenía trece años, pero primero lo aborrecí. Y es esta historia típica de "perdidamente enamorada, increíblemente torpe en su presencia".
—Eres justo el tipo.
—Y él también estaba enamorado de mí, pero nunca nos dimos cuenta.
—No puedo creer que Luka se enamorara de ti.
—Luka me acompañó a una especie de cita doble que organicé para que mi ex saliera con una enemiga mía. —Marinette sonrió pensando en la pista de hielo, perdiendo la mirada en algún punto entre sus sábanas, con aires soñadores y dispersos. —Fue la primera vez que me di permiso de admitir que me gustaba Luka... yo tenía quince años.
—¡Dios! Qué flojera. Dos años enamorada del mismo pelmazo y apenas te das cuenta de que un Couffaine te miraba con adoración.
—La verdad es que soy muy despistada. —Admitió Marinette sonriendo de medio lado. —No me doy cuenta cuando le gusto a la gente hasta que Ti... me lo dicen.
—¿Hasta que Ti lo dicen? —Repitió Colette arrugando la nariz.
—Me mordí la lengua. —Murmuró Marinette sonrojada. —Ya sabes, esto de estar callada días.
—No lo sé ni quiero saberlo. —Espetó Colette levantando las manos de nuevo, alejándose de Marinette como si fuese contagiosa. Se levantó de un salto y sonrió mirando a Marinette. —En cuanto salgas del hospital, dile a Luka que me contacte. Los quiero en el ensayo, hay un par de cosas que pulir de mi canción y quiero que estén presentes para que me ayuden.
—Cuenta con ello.
Colette se acercó hasta Marinette, le besó ambas mejillas y luego le revolvió el cabello con brusquedad, empujándole la cabeza y haciéndola renegar.
—See you latter, tiny mouse. —Exclamó la reptil antes de encaminarse a la puerta y toparse a Luka y Adrien entrando. —¡Mira! —Espetó divertida. —El ex y el marido. —Colette soltó una carcajada antes de salir de la habitación.
—¿Qué? —Soltó Adrien confundido, mirando la espalda de Colette perderse en los pasillos.
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Marinette estaba recostada de lado, Luka se encontraba a sus espaldas, pegando su cuerpo al de la chica para brindarle un poco de calor, a pesar de que el hospital tenía calefacción, la noche se había puesto helada gracias a las constantes lluvias de las últimas semanas.
La mano de Luka acariciaba el rostro de Marinette, ella podía sentir la respiración cálida de su esposo hacerle cosquillas por el cuello dado que él había hundido la nariz en el cabello de la chica, como si no quisiera perder detalle de su aroma, ambos estaban a punto de quedarse dormidos cuando comenzó a vibrar el teléfono de Luka.
Y él podría haber dejado pasar aquel hecho, pero la mirada de Sass lo regresó a la consciencia. Los ojos de su kwami brillaban amarillos en la oscuridad, una serpiente enroscada en las sombras, lo mismo que era él en ese momento.
—¿Pasa algo? —Murmuró Marinette cuando Luka se sentó en la cama y revisó sus mensajes de texto con apremio.
Luka suspiro negando con la cabeza, dejando el movil en la mesa de noche y volviendo a acurrucarse contra el cuerpo de Marinette.
—Nada importante. —Mintió serenando su respiración, reclamándose a sí mismo por ocultarle la verdad a su esposa, pero recordándose una y otra vez el punto de Adrien. —Nos hemos estado rotando para hacer guardias nocturnas por la ciudad y me olvidé que era mi turno el día de hoy.
—¿Tienes que irte? —Murmuró la chica, sintiéndose repentinamente insegura.
—Sí... Pero primero quiero que te duermas. Me quedaré a tu lado.
Marinette sonrió de medio lado al sentir que Luka le apresaba contra su cuerpo, con cuidado de no lastimarle el costado y al mismo tiempo con aires posesivos, pasando una rodilla entre sus piernas, acariciándole el rostro, el cuello.
—Eress una sserpiente enrosscada en su pressa. —Se burló Sass, divertido ante aquella imagen.
Luka le dedicó una mirada de reojo y volvió a cerrar los ojos, dejando pasar el comentario.
Marinette no tardó en dormirse, así que Luka se levantó con cuidado y miró a su kwami.
—Cobra. —Murmuró el muchacho con vehemencia. —¿Cómo hago para acceder al traje?
—Ya lo hicsisste una vezs, me imagino que puedess hacsserlo a voluntad una ssegunda.
—Sass... ¡Transforme moi! —Exclamó Luka, permitiendo que la magia se apoderase de su cuerpo.
Esta vez hizo una pausa pequeña para admirar su reflejo en el cristal de la ventana. Ahí estaba de nuevo, Cobra con su mirada ambarina, con sus escamas oscuras, con los ojos de su musa brillando en su pecho como recordatorio de su venganza. Ahí estaba el alterego que se ocultaba en las sombras de su corazón como un recordatorio de que, en el fondo, seguía siendo igual a su viejo.
Alejó ese pensamiento y miró a Marinette bajándose la máscara para besar su mejilla una última vez antes de irse, antes de saltar por la ventana.
—No tengo idea de qué passa. —Murmuró Sass en la mente de su protegido.
—Los reptiles organizan un torneo. —Explicó el muchacho saltando de un tejado a otro. —Colette me mandó la invitación, dice que contactaron a Andreé para un trabajo pesado, requieren un equipo discreto, siete personas máximo, para custodiar una entrega de armas.
—No pienssass particsipar, ¿o ssí?
—Luka no. Cobra sí.
—Esstass loco. —Murmuró Sass divertido.
—Puede ser. —Admitió Luka llegando al borde de los suburbios, a la parte más alejada de la ley, cerca de un bar que les pertenecía a los reptiles, no sólo como punto de referencia, sino literalmente a ellos. —Pero Colette cree que los mercenarios que nos atacaron podrían estar interesados esta noche en participar por ganarse un lugar en esa guardia por la plata que ofrecen, así que es una buena oportunidad para encontrar nombres.
—¿Qué vass a hacser ssi loss encuentrass essta noche?
—No lo sé... —Admitió Luka pensativo, observando desde las sombras la cantidad de personas que había esa noche reunidas en Les Reptiles. —Pero vamos un paso a la vez. —Pidió serenándose y saltando a la calle. —Veamos de qué va este torneo.
El lugar estaba lleno. Las conversaciones se levantaban como murmullos apenas sobre la música, un par de miradas dieron encima del recién llegado, pero Cobra los ignoró a todos y se dirigió a la barra bajándose un poco más la capucha, oscureciendo sus ojos.
—Whisky. —Exigió sentándose en un taburete alto.
Escuchaba perfectamente a todos los que conversaban esa noche, hablando de él, hablando de la leyenda en que el antihéroe se había convertido tras salvarle la vida a Andreé de su propia ruleta. Sonrió de medio lado tirando del borde de su máscara para poder darle un trago a su bebida antes de echar un vistazo alrededor.
—¡Cobra! —Espetó una voz femenina a sus espaldas. El aludido se subió la máscara y giró en su sitio, divertido al ver a Colette plantada con los pies separados y las manos en las caderas, hechas puño. —Escuché que quieres reemplazar al elegido.
Cobra bufó por lo bajo, soltando una risa despectiva antes de volver a girarse.
Colette, dolida, avanzó hasta él y le tomó el hombro con violencia, obligándolo a girar.
Pasó en menos de medio segundo. Cobra se levantó en su sitio, girando por el impulso que le dio la chica, la había tomado por la muñeca tirando de ella hacia sí. El bar se quedó en silencio ante aquello, incluso apagaron la música. Colette estaba tan cerca de Cobra que podía sentir su respiración en la cara, el calor que emanaba el cuerpo de aquel hombre. Su mirada estaba cargada de desprecio y de sadismo, tanto que la chica se encogió en su sitio, aterrorizada ante la mirada ambarina del reptil.
Su voz se alzó como una navaja, filosa y letal, amenazando la garganta de Colette.
—¿Y tu elegido está...?
La joven tragó saliva con dificultad y trató de armarse de valor para contestar.
No tuvo que hacerlo, la voz de Andreé se alzó sobre el silencio y la tensión.
—¡Colette! ¿Qué hiciste ahora? ¡Bueno, no importa!
La chica se soltó de un tirón y retrocedió hasta su mesa de nuevo, con expresión enfurruñada, pero agradeciendo internamente la aparición de Andreé, porque por un momento ella supo perfectamente que su vida corría peligro estando cerca de aquel individuo.
—Vamos al evento principal. —Espetó Andreé paseando la mirada por todos los presentes. —Me contactaron para contratar un equipo de traslado. Algo sencillo, acompañar a una persona a atravesar la ciudad, pero dejará mucha plata. Me están pidiendo un equipo de siete personas, a los mejores entre los reptiles. Así que, quienes quieran participar, la tarea es sencilla.
—Justo lo que esperaba. —Murmuró Cobra lo suficientemente alto como para que Colette escuchara.
—Digamos que haremos un torneo. —Espetó divertido, haciendo una pronunciada reverencia, prueba de su locura. —El pago es de setecientos, a cada escolta le caerían cien mil euros por este trabajo. No pregunten. —Exclamó levantando las manos y volteando el rostro. —Yo no pregunté de qué se trata.
—¿Cómo ingresamos? —Espetó Colette, ofuscada ante el histrionismo de Andreé.
—Qué malhumorada. —Respondió divertido el muchacho. —Los interesados apúntense con René en la barra.
—Ya está mi nombre ¿cierto? —Murmuró Cobra mirando de reojo al aludido, el barman asintió una vez.
—Tienen esta semana para pelear por un lugar para pertenecer a la escolta, los siete candidatos que queden en condición de pelear serán los elegidos para hacer el trabajo. Pero... —Si murmullos se habían levantado al escuchar las primeras explicaciones de la misión, el silencio se apoderó de todo el lugar cuando Andreé hizo aquella pausa dramática. —No son los únicos que participan...
—¡Explícate, Andreé! —Gritó Colette harta del comportamiento errático del líder de los reptiles.
—Hay algunos individuos a los que me gustaría invitar personalmente a participar. —Murmuró Andreé con una sonrisa sádica, bajando la voz y paseando la mirada por todo el lugar. —Si ellos se niegan a participar directamente, pasan a ser objetivos del torneo, tienen que eliminarlos.
—¿Invitados especiales? —Espetó un hombre al fondo del bar, burlesco y despectivo. —¿A quién más podrías querer en este torneo?
—A Luka Couffaine...
