N/A: Mi abuelo solía decir que la razón por la que les llaman Cuicos a los policías en algunos lugares de México es porque había un mensaje en Latín, en palacio nacional, pero un guardia tapaba lo que decía con la cabeza y sólo se alcanzaba a percibir Cui... co. A saber si es cierto.
Rebeca . sz: Y se pondrán más poderosos, créeme.
Marianne E: Niña en navidad, llegó también tu cumpleaños jajajajaja Amé el comentario, no se me había ocurrido que pudiera llegar a ser un Bromance, pero se me acaba de ocurrir una escena que tal vez meta más delante, si se trata de Luka y Adrien fastidiándose el uno al otro, creo que te vas a divertir. Pronto, ya viene el trabajo de Viperion y Chat juntos, ya no falta tanto. El bullying sigue jajajaja. Toma lo que gustes de Kagami y de su relación con Adrien en este fic, por cierto, de donde salió Tadaima, viene otra cosa todavía más cursi jajajaja, espero que te guste. Te confieso algo, siento que tengo muchos cabos qué atar y poco a poco los voy a ir organizando todos, por lo pronto me tranquiliza saber que hasta ahora no he perdido ni el ritmo ni la secuencia. Gracias por leerme, por las ideas, por seguir alentando este proyecto y por tanto cariño, que se siente hasta Gdl (inserta un emoji de corazón y un fangirleo aquí) Y por favor no me mates jajajaja disfruta esta entrega.
Marinette ayudó a Luka con la pajarita de nuevo.
Aquello se había vuelto una constante para ellos; cada vez más y más, Luka se interesaba por eventos culturales, por ir al teatro, a escuchar orquestas sinfónicas. Había comprado un par de trajes y Adrien le había regalado uno o dos fracs para que estuviese prevenido para cualquier ocasión. Esa noche se había puesto uno de los regalos de Adrien, de un color negro impecable que combinaba a la perfección con el vestido de Marinette, sencillo, largo al suelo, de tirantes angostos y un cinto de pedrería plateada y blanca.
Marinette sonrió de medio lado al terminar de anudar el moño de su esposo y le dedicó una mirada pesada, admirando su outfit mientras el muchacho se abrochaba las mancuernillas y se miraba en el espejo.
—Te ves muy guapo hoy. —Murmuró la chica abrazándole por la espalda, poniendo las manos abiertas sobre el pecho de su esposo y recargando su barbilla en el hombro de Luka, que le sonreía a través del espejo. —Quiero decir que todos los días te ves muy guapo, pero hoy especialmente me gustas mucho.
—Gracias... Creo. —Dijo divertido mientras giraba en su sitio para abrazar a Marinette por la cintura. —Tú tienes algo, estás pensando en algo.
—Sí. Pienso en la llamada de Colette de esta mañana.
—No me voy a encerrar en casa sólo porque un puñado de cobardes vaya a venir a buscarme.
—Y precssissamente por esso ess que noss tienen a nossotross... Para protegerloss. —Dijo Sass con una sonrisa radiante mientras se sentaba en el hombro de Luka.
—Además —murmuró Tikki pegando su mejilla a la de Marinette y sonriendo —, son amenaza, nada más. No hay de qué preocuparse si no hay peligro inminente.
—Prométanme que todo cuanto están diciendo es cierto. —Murmuró Marinette insegura de sí misma, dudando entre salir al recital o quedarse en casa.
Esa mañana, Kagami le había repetido hasta el cansancio que no debía ir al recital si no se sentía fuerte o si no estaba cómoda con aquello. Tenía muy claro que debía estar cansada por todo lo que había pasado en los días anteriores, el estar despierta recién, el estar adolorida y recuperándose de las heridas, del cansancio. No era su obligación estar en el recital de cello de Kagami Tsurugi, pero tampoco tenía intenciones de quedarse, no tenía ninguna intención de perderse ese momento y demostrar a otros reptiles que estaba asustada.
Aunque lo estuviese, porque por dentro se moría de miedo, no por ella misma, sino por el hecho de que Luka podría estar en peligro esa noche, cada noche hasta que el torneo se llevara a cabo, moría de miedo por saber que había gente que pudiera estar interesada en hacerle daño a su enamorado.
Por otro lado, estaba lo que Juleka le había dicho esa mañana, cuando había ido a visitarla al barco.
Marinette le había puesto una taza de café enfrente cuando Juleka se sentó en la barra, el desayuno casi estaba listo y ambas chicas habían estado charlando de lo ocurrido la noche anterior, además de que la joven música trataba de poner al corriente a su amiga con las cosas que habían estado ocurriendo durante su estado de coma.
Aunque habían tocado el tema de una forma superficial, Marinette no pudo evitar preguntar al respecto.
—Me sorprende mucho que Luka no haya ido a buscar a los reptiles que te hicieron esto. ¿No te dio miedo?
—Me daba más miedo que mi hermano los fuera a buscar. Tú lo conociste cuando había dejado las peleas callejeras, pero hay una parte de Luka que no te ha tocado ver en persona, y esa es cuando Luka pelea en serio.
—Te equivocas, Jule... —Murmuró Marinette sirviendo el desayuno y bajando la mirada, evocando el recuerdo del callejón, recordando el momento en que había conocido el rostro de Erik y de su hermano, el día que había estado en auténtico peligro y que su ángel de la guarda se había convertido en un guardián oscuro. —He visto el alcance de su rabia, ya conocí lo peor de él.
—Mari... —Murmuró Juleka pasmada, sin saber qué decir o cómo actuar.
Marinette giró el rostro con una sonrisa diáfana y mirada tranquila. —Da miedo, pero es lindo saber que está dispuesto a protegerme a ese grado.
—Juro que mi hermano es bueno. —Murmuró Juleka suspirando.
—Lo sé. —Admitió Marinette poniendo los platos uno frente al otro. —Y no es que me vaya a divorciar después de ver lo que es capaz de hacer. No hui cuando confrontó a su padre, no lo haré ahora que está protegiéndonos con todo lo que es.
—Con razón te llama su ángel.
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El teatro estaba lleno. Luka sonreía admirando la manera en la que aquel lugar estaba decorado en ese momento, con sus candelabros dorados y las cortinas colocadas en terciopelo rojo, incluso los palcos tenían terciopelo negro para resaltar su elegancia y profundidad. Poco a poco el lugar se había llenado de gente y las luces habían bajado, la orquesta estaba colocada en su lugar y Adrien se había sentado al piano en la segunda llamada, interpretando la Nocturna de Chopin mientras la gente terminaba de acomodarse en sus sitios.
Kagami se había destacado como una chelista experimentada, solía llenar los teatros en los que se presentaba y esa noche era una presentación especial, sería la primera vez que tocara a dueto con su novio formal, así que las expectativas eran altas, no sólo por Kagami en sí misma, sino por los antecedentes musicales que Adrien Agreste tenía en el medio.
Kagami llegó hasta su sitio y sonrió acomodándose en la silla antes de jalar el cello y presionarlo entre sus rodillas, con expresión serena y sonrisa cálida. Miró al director de orquesta, jalando los bordes de su vestido para tener más espacio entre las piernas y que el instrumento descansara contra su hombro de la forma correcta, más cómodo. Puso el arco en posición, asintió una vez y la música, espléndida y estruendosa, llenó el lugar.
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Acercándose la mitad del evento, el teléfono de Luka había estado vibrando tanto que el muchacho no pudo ignorarlo más. Tenía unas veinte llamadas perdidas de Colette, el whatsapp saturado y tres mensajes de texto.
—Creo que deberías responder. —Murmuró Marinette mientras Kagami tomaba asiento en el medio del escenario, cerca del piano y Adrien salía recibiendo los aplausos del público a tomar su lugar y sonreír.
Luka asintió haciendo una mueca y revisando los mensajes de texto.
Los últimos dos lo alarmaron internamente, pero él sonrió dedicándole a Marinette un leve apretón en la rodilla y negando con la cabeza.
—Puede esperar un poco más. Le respondí los textos.
Marinette le besó la mejilla y habló todavía con la boca pegada a la piel del muchacho. —Ella se preocupa por ti con lo que está pasando, deberías devolver la llamada.
—Se preocupa por ambos. Se encariñó contigo. —Admitió llevándose los nudillos de Marinette a la boca para plantar un beso tímido ahí. —Le marco en el intermedio.
Luka volvió a revisar su whats, releyendo los renglones, esperando haberse equivocado al interpretar el texto. Pero no, el mensaje era claro.
Por amor al conservatorio, responde a mis mensajes.
Van a buscarte al teatro y amenazaron con quemar el conservatorio si no sales por la buena, pero llevan bombas de humo para evacuar a todos los civiles y obligarte a salir de la mano de tu musa.
—Lo que creo que sí, es que iré al baño. —Murmuró Luka contra la mejilla de Marinette antes de hacer ademán de levantarte, pero volvió a su asiento cuando su musa respondió.
—¿Te van a dejar salir? Ya casi es el intermedio.
(Sword Art Online - Despaired)
El sonido de las cuerdas retumbó por todo el lugar, melancólico, cadencioso, triste. Kagami era la única que tocaba, toda la orquesta había hecho una pausa en lo que ella daba la introducción de su canción. Un solo ejecutado de forma magistral.
—Nada pierdo con intentarlo. —Murmuró sonriendo y levantándose en su sitio mientras le entregaba su teléfono y su saco a Marinette. —Si me tardo mucho, es porque no me dejaban salir.
Se movió en silencio, logró escabullirse hasta el pasillo de las escaleras. Podía escuchar perfectamente la ejecución de su amiga, sonrió de medio lado pensando en que aquella canción era el soundtrack perfecto para sus planes.
Se desató el nudo de la pajarita y permitió que el sadismo llenara su mente. Si quería acabar rápido con eso debía ser despiadado, contundente... Dramático.
Comenzó a bajar las escaleras al tiempo en que se desabotonaba el chaleco del frac.
El solo de Kagami era dramático por sí mismo, pero la chica además bailaba en torno al instrumento, inclinándose hacia las cuerdas a medida que su brazo iba y venía, paseando el arco para conseguir aquellos sonidos sutiles y vivos. Aquella melodía era emotiva, sin querer, toda la gente que había asistido al concierto estaba sentada al borde del asiento, con los ojos fijos en la figura fantasmal en la que se había convertido la chelista, envuelta en su vestido blanco y con todas las luces apuntándole, haciendo que su cabello negro pareciese más oscuro, que sus labios rojos resaltaran en medio de su piel de alabastro.
Luka suspiró dejando el chaleco colgado en uno de los barandales de la escalera, pensando en recuperarlo después, siguió bajando hasta llegar al lobby y encarar la puerta. Se guardó la pajarita en el bolsillo hecha rollito, cuidando no arrugarla más de la cuenta.
Kagami siguió bailando en torno a su cello mientras Adrien acomodaba las partituras y le miraba seguir con su solo.
Luka llegó a la calle, en lo alto de las escaleras que daban a la avenida. Abajo lo esperaban tres motociclistas aún montados en sus vehículos. Conocía los rostros, pero no recordaba los nombres, eran reptiles de la generación de sus padres, mirándole con una sonrisa sádica de desprecio en el rostro.
Luka guardó una mano en el bolsillo, sonriendo de medio lado y alzando el rostro mientras se desabotonaba los primeros botones de la camisa, escuchando en los linderos de su mente el final de la pieza de Kagami, una perfecta ejecución que se convertía en una marcha fúnebre para sus enemigos.
—Mira nada más. Una lombriz saliendo de la tierra. —Se burló el más cercano mientras lanzaba y atrapaba una bomba de humo. —Parece que no vamos a necesitar estos, muchachos.
Las risas retumbaron de una forma macabra en las escaleras, música para los oídos de Luka.
(Audiomachine - Deceit and Betrayal)
Adrien tocó las primeras notas del piano. Algunos violines se sumaron a la melodía, pero guardaron silencio en cuanto las manos del muchacho se deslizaron por las teclas, arrancando arpegios sutiles pero melancólicos, la entrada de su compañera de dueto. Kagami tomó su lugar en la melodía, arrastrado el arco por toda su longitud contra las cuerdas del instrumento en un movimiento dulce, como si realmente acariciara la melodía.
Luka bajó las escaleras lentamente, marcando con sus pasos los compases de la melodía de Adrien hasta llegar frente a sus enemigos, con ambas manos guardadas en los bolsillos, sin despegar la mirada de los hombres que le amenazaban. Sabía que no disponía de mucho tiempo, debía ser letal si quería volver al lado de su musa sin despertar sospechas.
Todo pasó al mismo tiempo, después de una pausa en la música las manos de Kagami se movieron a toda velocidad, consiguiendo que la melodía se convirtiera en un zumbido constante, el piano había parado, toda la gente había contenido la respiración, el hombre de la bomba había lanzado su primer golpe hacia el frente con tal violencia que cualquiera apostaría, habría dado en su blanco.
Pero Luka había retrocedido con mayor velocidad a la par que violines y contrabajos se sumaban a la melodía de Kagami con heroico dramatismo; el muchacho sonrió doblándose hacia atrás y evadiendo el impacto mientras los otros dos hombres se lanzaban a tirarle golpes.
Aquello fue una obra de arte.
Las manos de Kagami volaban sobre las cuerdas de una forma sutil, veloz, despiadada, arrancándole al cello una melodía épica y tensa en partes iguales. Marinette sintió el corazón encogerse en su sitio, pero por un instante eterno supo que no se debía a la música de su amiga, sino a algo más. Bajó la mirada al teléfono de Luka, esperando encontrar algún mensaje que le pusiera sobre aviso, en lugar de eso sólo encontró una fotografía que le había tomado a ella sin que se diera cuenta, dormida, levemente iluminada por los rayos de la luna, con una tranquilidad tal en sus facciones que realmente parecía un ángel.
Un hombre le tiró una patada a Luka, el muchacho aprovechó el impulso para desviar el golpe al siguiente atacante. Los otros dos golpearon al mismo tiempo y el primero cayó al suelo, desorientado al recibir un puñetazo en la boca. El golpe colocado en el sitio exacto para que le causara un desmayo.
Trató de luchar contra ello, pero los violines arremetieron con fuerza en la música, como si envolvieran al reptil caído para tratar de amortiguar el golpe mientras Luka recibía una patada circular en el costado y un puñetazo en la boca.
Luka sonrió de medio lado, limpiándose la sangre, le habían reventado el labio. Tiró dos golpes hacia el frente para hacer retroceder a su enemigo. Estaba rodeado, lo atacaban por los dos lados tirando golpes y patadas, pero Luka supo desviar cada uno de los ataques para que encontraran un lugar en el viento. Aquello podía ser muy divertido, jugar al gato y al ratón con ellos, eran sus presas y estaban cautivos bajo su hechizo.
Pero se le acababa el tiempo.
La melodía estalló por última vez y Luka sonrió desviando una patada frontal para hacerla llegar justo a la mandíbula del hombre que tenía a sus espaldas, que cayó como impulsado por un resorte.
Los violines frenaron un momento y Luka miró al único hombre que quedó en pie. Hombre que no necesitó más explicación para salir corriendo y permitirle a Luka sonreír ladino mientras Kagami acariciaba por última vez las cuerdas de su cello a la par que Adrien trenzaba los últimos arpegios para recibir los aplausos de la gente.
—Te acabas de perder un solo magistral. —Murmuró Marinette sin despegar la vista del escenario mientras Luka se sentaba a su lado, limpiándose la comisura de la boca con el pulgar y sonriendo.
—También tú. —Murmuró el guitarrista para sí mismo antes de besar la sien de Marinette y observar a Adrien y Kagami, tomados de la mano haciendo una reverencia al público.
Las luces se encendieron y Marinette le prestó atención a Luka, quedándose pasmada al notar la hinchazón de su labio y la pajarita desatada.
—¿Al baño, entonces?
—Pensé que abrirías los mensajes de Colette. —Admitió divertido Luka, percatándose de que Marinette sostenía el teléfono en su regazo, pero se había echado el saco a los hombros.
—No te llegó ningún mensaje más, no tenía motivos para leerlos.
—Vamos por una copa. —Pidió Luka aprovechando el intermedio.
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Aunque la función había terminado relativamente temprano y Luka había llevado a Marinette a casa, dejándola en compañía de Kagami, él y Adrien anunciaron que saldrían a patrullar esa noche.
—Luka. —Llamó Marinette deshaciéndose el peinado y mirando con reproche a su esposo. —Te atacaron en el teatro, en pleno centro de París y tú quieres ir a patrullar esta noche ¿es en serio?
—Quieren a Luka Couffaine. —Murmuró el muchacho tomando el rostro de Marinette entre sus brazos, con una sonrisa radiante y mirada compasiva, percatándose de que aun llevaba el vestido de gala. —No a Viperion. Además, no voy solo. Chat Noir estará conmigo.
—No te ofendas, Adrien. —Pidió Marinette quitándose de encima las manos de Luka. —Pero no sé si Chat sea suficiente contra los reptiles.
—¿Pueden por favor dejar de menospreciarme ustedes dos? —Espetó el aludido ofendido mientras se desabotonaba la camisa.
—¿Cómo que los dos? —Murmuró Marinette confundida, mirando a Luka, quien se encogió de hombros fingiendo inocencia.
—Sea como sea, alguien debe patrullar. —Admitió Kagami en medio de un suspiro. —Tú esta noche debes descansar y yo también. Dejemos a los hombres hacer su trabajo. —Pidió la chica con media sonrisa.
Marinette lo comprendió al instante.
—No llegues tarde. —Murmuró Marinette abrazándose de la espalda de Luka, enterrando su rostro en el pecho de su ángel de la guarda y luchando contra las ganas de llorar. —Por favor.
—Descuida, petit. —Murmuró Luka apresando a Marinette entre sus brazos. ¡Dios! Esa mujer era diminuta cuando le abrazaba así. —Estaré de regreso antes de que te duermas.
—No importa a qué hora sea eso. Seguro nos encuentras despiertas. —Comentó Kagami divertida, sacando su pijama de la maleta de gimnasio y encarando a Marinette. —¿El tocador?
—Al fondo.
—Gracias.
—¡Espera! —Exclamó Adrien alcanzando a Kagami. —No te voy a ver salir, así que... —Murmuró tomando la cintura de su novia de forma respetuosa.
Todo entre ellos solía ser equilibrado y dulce, había cierto grado de respeto que no se perdía, como si se pidieran permiso para tocarse el uno al otro y, al mismo tiempo, como si no pudieran pasar mucho tiempo separados.
Así que fue sorpresivo hasta para Adrien cuando Kagami pasó sus brazos en torno al cuello de su novio y le besó apasionadamente, deleitándose en la manera en que Adrien parecía haberse quedado estático en su sitio, sorprendido, pasmado del arriesgue de la joven Tsurugi.
No tardó mucho en corresponder el beso, apresando la cintura, la espalda, vagando por los linderos de la tela hasta dar con la piel de la media espalda de Kagami, haciéndole suspirar, haciéndole pedir más.
Marinette, perpleja, le dedicó una mirada a Luka, quien la abrazó por los hombros y la arrastró consigo a la cocina para darle espacio a sus amigos.
—Esa no me la esperaba. —Admitió Luka antes de tomar el rostro de su musa y depositar una serie de besos por toda su frente, sus pómulos, su nariz, sus mejillas y hasta llegar a la boca. —Por otro lado... regresando, tú y yo tenemos pendiente un ajuste de cuentas.
—¿Ajuste? —Murmuró Marinette aturdida por los besos del muchacho.
—No creas que no me di cuenta de llevas encaje bajo el vestido. Y quiero verlo de primera mano.
—Luka... —Soltó Marinette divertida antes de corresponder al beso abrasador de su marido.
—Ittekimasu... —Murmuró Adrien entre un beso y otro, plantando besos por el rostro de su novia antes de pegar su frente a la de ella y suspirar.
—Ki o tsukete, kudasai... —Respondió ella abriendo los ojos y acariciando una mejilla de Adrien. —Ai shitteru... —Añadió tímidamente, sabiendo todo lo que aquello conllevaba al ponerlo en palabras.
Adrien no pudo hacer más que ensanchar su sonrisa y apretar a Kagami contra su pecho, porque muchas veces habían intercambiado un "anata ga suki desu" o un "daisuki" ya entrados en confianza, pero era la primera vez que Adrien le escuchaba decir algo así a su novia, así que no pudo evitar el nudo en la garganta cuando ella murmuró esas dos palabras, cortas, pero significativas.
—Je t'aime... —Murmuró el felino en respuesta antes de besar su frente y volver a tomar posesión de sus labios mientras la chica posaba sus manos delicadamente en el pecho de su novio, deleitándose en el latido acelerado de su corazón.
Se dedicaron un último beso antes de dirigirse a la cocina. Donde encontraron a Marinette acorralada contra el refrigerador, presa bajo el peso del cuerpo de Luka, que pegaba su cadera a la de ella para inmovilizarla.
—¡Bueno! —Espetó Adrien llamando la atención de ambos muchachos, consiguiendo que Marinette se sonrojara hasta las orejas y encarara a sus amigos. —Ustedes no pierden el tiempo.
—Nunca se sabe cuándo es la última. —Dijo Luka quitándole importancia a aquel hecho, posando una mano en torno al cuello de Marinette para hacerla levantar el rostro y sonreírle, lascivo. —Y a mí no me gusta dejar las cosas para después... Pero a veces no hay de otra. —Concluyó besando la punta de la nariz y avanzando hacia Adrien. —No esperes despierta, recuerda que debes descansar mucho.
—No soy yo la que da clases mañana temprano. —Murmuró entre dientes, haciendo pucheros, pero agradeciendo la mirada cálida de Luka. —De verdad, no tarden mucho.
—Descuida, Marí. —Murmuró Adrien divertido. —Sólo queremos asegurarnos de que, si los reptiles van a tratar de matarse unos a otros esta noche, no pongan en peligro a civiles de París.
—Será una ronda rápida. —Prometió Luka mientras se ponía sobre los hombros la chaqueta que había reclamado a Erik tiempo atrás. —Además, son los últimos tres días del torneo antes de que decidan quiénes formarán parte del equipo. Lo más seguro es que los encontremos reunidos en el mismo sitio.
Ambos muchachos dedicaron un último beso a las mejillas de sus novias y salieron hacia el ascensor del edificio.
Apenas llegaron al estacionamiento y subieron al vehículo de Adrien, Luka miró a su amigo y sonrió de medio lado. —¿En los bastidores Kagami y tú...?
Adrien arrancó el vehículo, consiguiendo que Luka soltara una carcajada y se fuese hacia atrás en su lugar, entendiendo el punto. No hablaría al respecto.
.
Cobra entró a Les Reptiles con aires socarrones, sin mirar a nadie en específico. Sonrió de medio lado al ver a Colette conectando su guitarra en el estrado. Habían despejado el centro del bar, así que pronto comprendió que tenían intensiones de llevar a cabo alguna que otra pelea esa noche.
Suspiró resignado, rezando porque el plan saliera según lo acordado. Y aunque todo estaba planeado con cronómetro, estaba la posibilidad de que algo se saliera de control, existía esa alarma sonando como música de fondo, un recordatorio constante de que pronto todo se iría a la mierda, que no importaba cuántas noches fuese a aquel Pub, sus agresores, los agresores de Marí no se aparecerían y que él fracasaría en su intento de ayudar a su esposa, de vengar su situación.
—Mira nada más... —Espeto Andreé divertido, encaminándose hasta Cobra y sentándose a su lado en la barra. —Te dignaste a venir. ¿Quiere decir que pelearás esta noche?
—Sólo si hay oponentes dignos. —Espetó secamente. —Whisky.
—¿Y a qué le llamarías tú "oponente digno"?
—Estuve investigando a tus reptiles, no todos me van a aguantar el ritmo y la verdad no quiero ganar peleas por un solo golpe. Vine a divertirme un rato.
—Me gusta esa actitud. —Soltó Andreé divertido encaminándose a su mesa, al fondo del lugar.
Su silla (una silla vieja de brazos y cojín que más parecía un trono que un mueble de bar), se encontraba en una esquina, desde ahí podía ver todo el lugar a su gusto. Cobra sonrió de medio lado, suavizando su mirada, pensando en que había cosas que no cambiaban nunca, empezando por la manera en la que Andreé se peinaba el cabello hacia atrás con una mano, permitiendo que su melena pelirroja diera destellos cobrizos cuando lo hacía a la luz del sol. Suspiró volviendo su atención al frente, hacia Colette, que enrollaba un cable en su brazo sin dejar de mirarle.
—¿Créess que ssosspecha algo? —Murmuró Sass en su mente al percatarse de la chica.
—No lo creo. Más bien parece incómoda.
—No le gussta tu pressencsia. —Murmuró el kwami, divertido ante aquella posibilidad.
—Mejor así. No quiero que haya más muertos de la cuenta. —Murmuró bajándose la máscara y dándole un trago a su vaso.
Colette empezó a tocar para los presentes, y sonrió altanera al ver al primer arriesgado pasar al centro de la pista.
—No entiendo esto. —Admitió Chat a través del comunicador especial que había adquirido de su bastón. —¿Por qué se pasó al centro del bar?
—Porque está buscando un contendiente. —Explicó Cobra subiéndose la máscara para poder ver la pelea de frente. —Con estos torneos de fuerza solemos buscar nuestras batallas en la calle, pero de vez en cuando se abre una especie de ring en Les Reptiles por si alguien tiene las agallas necesarias para buscar una victoria enfrente de todo el mundo.
—¿En este caso qué procede? —Murmuró Chat, percatándose de que el hombre del centro caminaba dando vueltas por el lugar, con los brazos abiertos y mirando desafiante a todos los presentes.
—Esperar. Si nadie se sube antes de que termine la... —Frenó su frase, otro muchacho, de la edad de Adrien, entró al centro del lugar, quitándose la chaqueta con movimientos lentos. —Aquí vamos. —Murmuró Cobra sonriendo de medio lado.
—Algo me disce que va a correr ssangre... —Murmuró Sass prestando atención.
Los golpes comenzaron. Literalmente se atacaron el uno al otro con todo cuanto tenían, no quedó duda de que ambos reptiles estaban peleando en serio por ganarse el lugar en el equipo, tirando ataques tan despiadados como letales.
—No son tan buenos. —Soltó Cobra aburrido, volviendo a girar hacia la barra y pedir su segundo vaso de la noche.
Mientras cantaba, los ojos de Colette estaban fijos en Andreé, quien le sonreía con media sonrisa complacida. Cobra vio al líder de los reptiles levantar la mano abierta, para luego cerrar el puño y hacer la seña con el pulgar como si le cortara la cabeza. Colette asintió sonriendo y luego desató toda su furia contra la guitarra.
—¿Qué fue eso? —Inquirió Chat, confundido.
—Quiere decir que en cinco canciones ella debe dejar de tocar y tendremos a los siguientes dos contendientes que tienen su lugar asegurado en la entrega.
—Cinco, ¿eh? ¿Qué piensas hacer?
—Apegarme al plan, igual que tú. —Amenazó sombrío mientras Colette pasaba a la segunda canción.
Cobra volvió la vista al frente y sonrió divertido al ver que sacaban a rastras al muchacho que había aceptado el reto, inconsciente, sangrando. Ya había otra persona peleando contra el primer contendiente de la noche, y durante lo que duraron las siguientes tres canciones, el portador se limitó a observar cómo avanzaba la contienda, debatiendo entre si valdría la pena intentarlo esa noche o esperar una oportunidad en las calles.
Aunque el plan estuviese trazado, él todavía tenía sus dudas al respecto. No quería meterse en una pelea que no le correspondía.
Reconoció los últimos acordes de la cuarta canción y se levantó de su lugar, dirigiéndose hasta el centro del bar con pasos calmados. Ni siquiera necesitó los veintitrés segundos en los que Colette terminó de cantar, su contrincante estaba en el piso, inconsciente.
La chica sonrió de medio lado al ver a Cobra dedicarle una mirada fija. La chica se giró sobre sí misma, dándole indicaciones a sus músicos y luego le compuso una sonrisa sádica a Cobra mientras la música iniciaba, apuntándolo con el dedo.
Andreé fijó toda su atención en el muchacho cuando dio la vuelta en su lugar.
—¿Los legendarios reptiles tienen miedo? —Se burló Cobra cuando las voces se levantaron a su alrededor, pero nadie se atrevió a acercarse.
I don't wanna say what I got on my mind
'Cause nothing tonight wants to come out on time
The truth is I'd rather sit out and unwind
Let somebody else tell their story this time
Cobra sonrió de medio lado, con la burla en la mirada.
En un movimiento rápido se quitó la capucha, todo su cabello estaba oscurecido en tonos verde opaco, tan opaco que parecía negro a simple vista. El portador tomó el borde de su máscara y se la subió hasta cubrir sus ojos, pero dejar su boca a la vista.
—Vamos. —Urgió divertido, mostrando una sonrisa ladeada, burlándose de todos los presentes al hacer aquello. —Les daré ventaja sobre mí para que se arriesguen.
Colette tomó se desató una mascada negra en lo que bajaba del escenario y se la entregó a una chica de las mesas aledañas. La joven sonrió acercándose hasta cobra y le ató la mascada encima de la máscara, para asegurarse de que el contendiente de verdad no viera nada.
Cobra soltó una risa profunda cuando sintió sus otros sentidos agudizarse. Abrió la boca y pudo saborear cada aroma del lugar, cada persona, mesa, silla, vaso, botella, todo proyectó una imagen en la mente de Cobra, como si no se hubiese cubierto los ojos.
Fue perfectamente consciente de cuando una muchacha alta se acercó hasta él, amenazando con golpearle la cabeza con una botella. Cobra la esquivó sin ningún problema y giró hasta encarar a la chica.
I'll probably end up in flames
Before the end of the night
Watch me burn in the fire
Watch me bid you goodbye
—No me gusta pelear con mujeres. —Se burló con una sonrisa chueca, mostrando los colmillos.
—Porque nunca has peleado con una como yo. —Dijo antes de lanzarse a los golpes, tirando patadas tan certeras que habrían noqueado a cualquiera al que alcanzara.
Pero nunca alcanzó a Cobra. Él se defendió un par de veces, olvidándose del hecho de que estaba peleando contra una chica y dejándola mareada por la patada que le atestó en el hombro para quitársela de encima. La chica no pudo mantenerse en pie mucho tiempo más y tuvieron que sacarla.
Erik estaba en el bar, observando el estilo de pelea de Cobra, acercándose a Andreé poco a poco para no distraer a los presentes de lo impío de aquella contienda.
—Algo no me gusta. —Dijo Erik cuando llegó hasta su líder, que sonreía complacido ante lo despiadado que era Cobra al pelear.
—Lo sé. Tiene un don.
—No, Andreé. De verdad hay algo que no cuadra.
—¿De qué hablas? Es magnífico.
—Sí, ¿no te recuerda a alguien?
Andreé miró fijo cómo Cobra, hecho un huracán de patadas, se deshacía de su tercer contendiente en media canción.
El pelirrojo suspiró asintiendo.
—Ya lo había pensado, pero creí que eran imaginaciones mías.
—Aunque no meta las manos, su estilo se parece al de Luka.
—¿Tú crees que Luka se convirtió en un portador? —Espetó Andreé sin quitar de encima la vista de Cobra mientras tanteaba a su cuarto enemigo, aún con los ojos atados. —Sé que se dio de baja, pero una cosa es dejar de venir a los bares, a las fiestas, a las peleas. Otra cosa es unirse a la cuica.
—Ya sé. Tampoco lo veo uniformado, pero es muy raro.
—¿Dónde lo notaste tú? —Inquirió Andreé divertido.
—En el ritmo.
—¿Verdad? —Soltó el reptil subiendo los pies a la silla, como si le hubiesen hecho un regalo a un niño en navidad. —Cuando cambia el ritmo de la música, él también cambia el ritmo de sus golpes.
—Tendría que verlo usar las manos para poder definir si nuestras sospechas son ciertas.
—¿Por qué no lo enfrentas?
—¿Estás loco? Yo voy por Luka Couffaine.
Andreé soltó una carcajada mirando a Erik. —Si lo que creemos resulta cierto, estarías yendo por Luka Couffaine.
—Sí, pero si no, no quiero que ese pelado me rompa las manos. Si no es Luka Couffaine, no quiero arriesgarme. Tengo algo tramado para vencerlo.
—Sólo recuerda las reglas que aplican para los objetivos.
—Sí, sí, lo sé. —Espetó Erik sentándose al lado de Andreé y sonriendo al ver a Cobra en apuros.
El portador había recibido dos golpes en la cara y ahora estaba tirado de espaldas en el piso, con un labio reventado y con la boca llena de sangre. Sin embargo, sonreía.
You know I'll never fold like you're the authority
I won't throw my hands up like you're the authority
You know I'll never fold like you're the authority
I won't throw my hands up like you're the authority
Su contrincante se sentó a horcajadas sobre él y Cobra aprovechó ese momento para trenzar sus piernas con las de él y obligarlo a girar hasta quedar debajo.
Cobra tomó las solapas de aquel hombre con la mano derecha y sonrió de medio lado antes de murmurar con una sonrisa de oreja a oreja cargada de crueldad y sadismo: —Eres reptil muerto.
I'll probably end up in flames
Before the end of the night
Watch me burn in the fire
Watch me bid you goodbye
Los golpes habían caído sobre sus brazos al ritmo del beating. Su puño azotaba con fuerzas la piel de su oponente, Andreé y Erik llegaron al mismo pensamiento de "Luka es zurdo" mientras dos personas se metían a levantar a Cobra por los hombros y trataban de darle pelea entre los tres, rompiendo el acuerdo de dar la oportunidad a un contendiente a la vez.
Your words fall right off the page like they fall on deaf ears
You know that it's over
Nothing left for you here
Pero Cobra sonrió quitándose a los entrometidos de un movimiento y les propinó una serie de patadas para sacarlos de área de pelea.
I'll probably end up in flames
Before the end of the night
Watch me burn in the fire
Cobra se había convertido en una máquina de matar. Había decidido entregarse al frenesí sin preocuparse en su estilo de pelea, se había olvidado de mantener su concentración puesta en los pies para que todo fluyera de acuerdo al plan. O al menos así fue hasta que escuchó el click del seguro siendo retirado.
Watch me bid you goodbye
Your words fall right off the page
Like they fall on deaf ears
You know that it's over
Un revolver le apuntaba a la cabeza por la espalda.
Cobra sonrió de medio lado levantando las manos en señal de rendición. Sólo necesitó los últimos dos versos de la canción para actuar.
Nothing left for you here
(Nothing left for you here)
Primero una patada circular para tumbarle el arma de la mano, y aprovechó la inercia que aquel movimiento le había proporcionado: saltó girando su cuerpo a toda velocidad, haciendo una patada de quinientos cuarenta grados que aterrizó en la mandíbula de aquel sujeto, dejándolo fuera de combate en un instante.
La música paró y todo el mundo guardó silencio cuando Andreé se enderezó en su sitio, aplaudiendo lentamente mientras caminaba hacia Cobra con una sonrisa funesta.
—Me encantaría conocer el rostro del guitarrista que logró vencer a los mejores. —Dijo el reptil con fingida apatía mientras se plantaba frente a Cobra.
El aludido bufó divertido mientras se quitaba la mascada para luego proceder a bajarse la máscara de nuevo. Se colocó la capucha y encaró a Andreé con burla en la mirada.
—¿Guitarrista? —Espetó Cobra con gesto de confusión, encogiéndose de hombros y negando con la cabeza.
Andreé habló con hartazgo.
—Por favor, Couffaine, no te... —Pero frenó en seco al ver a Luka entrando al bar con la chaqueta de Erik sobre los hombros, con el cabello pintado de azul, con las uñas llenas de esmalte negro, con su mirada funesta y su gesto de medio lado.
Andreé vio a Luka dirigirse a la barra y compuso una expresión de confusión, dedicándole una mirada a Erik como si esperara una explicación lógica para lo que sus ojos veían, pálido como si hubiese visto un fantasma.
—Ahora sí. —Espetó Cobra despectivo. —¿Decías?
