Rebeca . sz: Estás en lo correcto, en este universo sólo Kagami y Luka son portadores de tiempo completo, y hasta ahora la intensión es que sólo conocen las identidades entre Luka, Adrien, Marinette y Kagami. Me encanta que sigas el hilo de la historia, es bonito cuando la gente sigue lo que estamos escribiendo, que lo adivinan, me invento que es señal de que vamos por el lado correcto al escribir. Creo que no me atrevería a escribir esas interacciones entre Kagami y Adrien si no me gustara tanto el Lukanette, aunque al principio me dolió dejar el cuadro amoroso. Disfruta el capítulo

Almanele: Amé tu referencia al título de la historia, lo juro. No creo que haya manera posible de salir airoso de lo que se viene, pero espero que al menos no salgan tan lastimados. No sé si para Adrien fuera sencillo, pero no creo que se la vaya a poner fácil más adelante. Pero esperemos que todos salgan vivos de esta.

Skayue-Chan: Muchas gracias por el entusiasmo, de verdad gracias por el apoyo a esta historia. La verdad es que ha crecido mucho gracias a que estamos escribiendo en equipo, he tenido mucho apoyo de Andrés, un amigo muy querido) y Marianne E, así que el mérito es compartido. Aunque yo catalice los capítulos. Qué bello es saber que tienen impacto. Gracias por leerme.

Marianne E, Andrés: Que comience la tormenta.


La espalda de Ladybug azotó contra la chimenea de forma violenta, pero Chat Noir lo vio en cámara lenta a la perfección; pudo ver cómo lentamente la espalda de la chica se extendía en toda su extensión, acoplándose a la pared de ladrillos, vio cómo la cabeza de su compañera describía un movimiento circular hacia atrás, un latigazo para luego regresar en su trayectoria, como impulsada por el golpe. Pedacitos de ladrillo saltaron en todas direcciones y ella cayó de rodillas, sosteniendo el costado donde había estado la sutura de la bala con una mano y deteniéndose contra el suelo.

Cobra avanzó unos pasos hacia ella, lento, sonriendo sádicamente al saborear la sangre de la Catarina en su boca gracias a la visión de serpiente.

Y pensar que se había cubierto los ojos.

—¡Ladybug! —Gritó Chat Noir desesperado.

Estaba encadenado a una de las chimeneas, los eslabones se adherían a su piel como mordiendo cada centímetro en el que hacían contacto. Había estado luchando en vano contra aquello, temiendo que Cobra pudiera pasarse de la raya al estar peleando contra su compañera, pero recordándose a sí mismo que el hombre bajo la máscara no le haría más daño de la cuenta.

Por un instante se obligó a sí mismo a pensar que, tal vez, Luka no conocía la fuerza de esa forma de su miraculous y que por eso había pateado con tanta fuerza el vientre de su musa; pero al escucharle reír, supo que algo no marchaba bien.

"Debe ser creíble" de pronto no era suficiente para justificar aquella agresión.

¿Cuál agresión?

Ella había logrado enganchar las puntas de los dedos a la máscara del portador, amenazando con arrancar lo único que protegía su identidad, por ende, Cobra había pateado el estómago de Ladybug para alejarla de sí mismo, consiguiendo que la chica chocara contra la chimenea.

—Eres bueno. —Espetó Ladybug desde el tejado, limpiándose la boca con el dorso de la mano, sonriendo de oreja a oreja mientras se levantaba lentamente. —Me hacía falta un enfrentamiento de éstos para volver a entrar en forma.

—¿Volver? ¿Por qué una heroína de París, que está tan ocupada, podría perder la forma?

—Ya sabes. Se está una hora o dos sin hacer nada y los músculos pierden tensión. —Respondió burlesca mientras adoptaba de nuevo una posición defensiva.

—Te dije que podría vencerte con los ojos vendados. —Murmuró el portador adoptando una postura similar, demasiado familiar para la Catarina.

Era cierto. Cobra se había vendado los ojos, exactamente igual que en el bar antes de asegurar su lugar en la entrega, alegando para Ladybug que la vencería sin ver, sólo para probar que la visión de la serpiente era más poderosa que su buena suerte. Pero, altanera y confiada, la heroína había dicho que no existía villano capaz de vencerle.

—¡Ladybug! —Exclamó Chat Noir de nuevo, desesperado.

—En seguida estoy contigo, mon chatonne. —Respondió la chica ensanchando su sonrisa. —Voy primero a sssacar la bassura.

Y dicho aquello, volvió a arremeter contra Cobra, atestando goles y patadas tan certeras que podría haberle hecho daño, si no fuera porque el portador de la serpiente se movía más rápido que la heroína de la buena suerte.

Ambos tiraban y desviaban golpes para su oponente, pero no le tomó mucho tiempo a Ladybug adivinar que Cobra sólo se estaba divirtiendo con ella, como si la estuviera tanteando para empezar a pelear de verdad.

Hubo algo, un gesto sutil. Algo que podría haber pasado desapercibido si no estuviera tan familiarizada con ese ademán.

Ladybug tiró un puñetazo directo al rostro de Cobra, queriendo partirle la boca (literalmente) de un golpe, pero el portador puso dos dedos en la muñeca de la heroína, usando el mínimo de fuerza para desviar su golpe. Por un momento la capucha desapareció, la máscara, el traje, las escamas. Todo. Dejando sólo el rostro amable y la sonrisa confiada de Luka Couffaine.

Un tiempo, cuando se había enterado de que Luka era Viperion, poco antes de mudarse juntos, habían hecho una sesión de pelea en un parque. Se habían puesto de acuerdo un domingo en la mañana para salir juntos y hacer una ronda de entrenamiento, algo de calistenia, trotar un poco, y luego la chica le había pedido lecciones de pelea a su novio para mejorar su lado de heroína.

Luka había hecho lo mismo, para luego murmurar:

Una dosis muy pequeña de fuerza es suficiente para desviar el ataque más poderoso de tu adversario, Coccinelle.

Desorientada, Ladybug tomó impulso para dar una patada circular, pero de nuevo apareció la figura de Luka haciendo correcciones.

La Catarina tiró dos golpes más, tratando de avanzar, pero consiguiendo lo contrario. Estaba desorientada, pasmada, no entendía qué estaba pasando, porque de pronto no peleaba contra un portador sádico y despiadado, peleaba contra su propio esposo en un tejado de París.

Cobra consiguió hacer que Ladybug retrocediera en su sitio varios pasos, tirando golpes suaves que sólo consiguieron desorientarla más. La espalda de la heroína chocó contra la chimenea de nuevo y esta vez, Cobra le tomó las muñecas con fuerza, sosteniéndolas sobre su cabeza, pegándolas con tal violencia a la pared que le hizo emitir un gemido por lo bajo, una súplica para que parase.

—Y la serpiente acorraló al ratón. —Murmuró Cobra ladeando el rostro justo antes de pegar su cadera a la de Ladybug para detenerla con todo el peso de su cuerpo.

—¡Déjala en paz! —Gritó Chat Noir, pero a los oídos de Ladybug sólo llegó un zumbido sordo, sin eco, sin vida. No fue capaz de comprender qué era lo que su compañero gritaba en ese momento, no fue capaz de entender lo que estaba sucediendo, porque en su mente había un remolino de confusión ante la familiaridad de aquella situación.

Porque ¿cuántas veces no había hecho Luka aquello antes de acorralarla contra alguna pared de su casa? ¿Cuántas veces no había hecho su esposo aquello mismo antes de besarla con desenfreno para luego hacerla suya? ¿Cuántas veces no había estado asi justo antes de hacer el amor?

—Por favor... —Suplicó la chica, aterrorizada.

—¿Por favor? —Murmuró Cobra antes de pegar su nariz al cuello de la heroína y aspirar profundo, acariciándole la piel con su mejilla antes de acercarse a su boca.

Ladybug apretó los ojos al darse cuenta de que aquello era inminente.

La boca de Cobra tomó posesión de la suya, sus labios la cubrieron como si estuviesen diseñados para eso, el beso inició como un forcejeo, pero el cuerpo de Marinette reaccionó bajo la máscara de Ladybug, obedeciendo al antihéroe que la sostenía, rindiéndose ante él, permitiéndole que la besara, que tomara posesión de cada milímetro de su boca.

La lengua de Cobra se encontró con la de Ladybug a medio camino mientras él inclinaba el rostro hacia el otro lado en una danza erótica que consiguió que la heroína dejara de apretar los ojos y se entregase al frenesí, empujando sus caderas contra las de Cobra anhelantes de más.

Porque, aunque su consciencia sabía que estaba a merced de aquel portador, una parte de su alma sabía que no había nadie más capaz de hacerle reaccionar así, porque, aunque estaba en los brazos de Cobra, era a Luka Couffaine a quien ella devoraba en esos momentos. Porque conocía perfectamente los besos de su esposo, conocía a la perfección la cadencia de sus caricias, conocía a la perfección la forma hambrienta en que sus caderas encajaban perfecto con las de él cuando ambos empujaban al mismo tiempo. Conocía la forma en que su lengua y la de él luchaban por llevar el control del beso.

¿Dónde estaba Cobra? Porque donde antes había estado el cuerpo abrasador de un portador que amenazaba con consumir su cordura, ahora sólo quedaba el aire helado y la sensación de descobijo, de estar de nuevo a la intemperie, a merced del viento.

Cataclism... Escuchó a lo lejos como un eco confuso y disperso.

Ladybug abrió los ojos lentamente mientras caía de rodillas y veía a Cobra desaparecer al saltar al siguiente tejado. La cadena que detenía a Chat Noir en su lugar se había corroído hasta las cenizas y el felino perseguía al antihéroe por los tejados de París. Ladybug soltó un sollozo sonoro mientras se llevaba una mano a la boca y no pudo evitar ahogar un grito desgarrador justo cuando Ryouko aterrizaba a su lado, advertida de su locación gracias a Chat.

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Chat ni siquiera midió su fuerza. Su pie aterrizó en el centro de la espalda de Cobra, obligándolo a caer en el callejón, en medio de los contenedores de basura.

Cobra soltó una carcajada amarga mientras salía de entre la peste y las ratas, sacudiéndose la ropa y buscando al felino con la visión de serpiente.

—Bueno, eso fue... —Pero el puño de Chat Noir aterrizó en su mejilla antes de que él pudiera darse cuenta de qué era lo que había pasado.

Cobra se defendió del siguiente golpe, y del siguiente, y del siguiente, analizando confundido a Chat, que le atacaba con todo lo que tenía.

Había furia en la mirada del felino, como si tuviese toda la intensión del mundo de acabar a golpes con aquel muchacho, como si quisiera matarle ahí mismo por lo que había ocurrido minutos atrás. Fue al descifrar la furia en los ojos de Chat, fue al entender su expresión descolocada y su rabia desbordada que comprendió que tendría que pelear también contra el minino.

Se bajó la máscara para cubrir de nuevo su boca y poder mirar a su amigo a los ojos, devolviendo los golpes y las patadas, desviando los ataques sin hacer daño realmente al felino.

—¡Para! —Exigió Cobra con voz potente, pero Chat siguió atacando, cada vez con más velocidad, con más fuerzas, con menos coordinación. —¡Para! —Gritó por segunda vez antes de recibir de lleno la patada en el costado y detener el pie de Chat entre su codo y sus costillas. —¡He dicho que pares! —Gritó Cobra saltando en su sitio, levantando la pierna de Chat para hacerle perder el piso en su pie de apoyo y luego empujar hacia abajo para obligarle a caer con la espalda y sofocarle.

Chat Noir tosió un par de veces, tratando de recuperar el aliento en vano, sintiendo la presión en sus costillas, sintiendo que su cabeza palpitaba y daba vueltas en una espiral violenta y ascendente.

Cobra soltó a Chat Noir al mismo tiempo que el último indicador del anillo se desvanecía y el traje se disolvía en diamantina verde.

—Sass. —Llamó Luka sombrío mientras perdía su propio traje.

Plagg había flotado un metro lejos de ellos, ahora estaba en el piso, así que el kwami serpiente levitó hasta su compañero para asegurarse de que estuviese bien, dejando a los portadores resolver sus conflictos.

Adrien se levantó de un salto y comenzó a arremeter contra Luka, pero el guitarrista se limitó a esquivar los ataques de su amigo. Sabía perfectamente que mientras Adrien estuviese bajo aquella emoción, no lograría conectar ningún golpe.

Adrien dio un traspié hacia el frente, oportunidad que Luka aprovechó para tomarle las solapas y sostenerlo cerca de sí mismo.

—¿Qué te pasa? —Espetó entre dientes.

—¿A mí qué me pasa? —Gritó Adrien furioso. —Golpeaste a Marinette más de la cuenta. ¿A ti qué te pasa?

—No le iba a hacer daño. —Aclaró Luka sintiendo que su sangre comenzaba a hervir. —Lo de la chimenea fue un accidente.

—¡No lo dudo! —Respondió Adrien cerrando sus manos sobre los puños de Luka, dejando en claro que no creía aquello. —Fue sencillo adivinarlo al verte patearla con fuerzas.

—No tienes idea. —Murmuró entre dientes, bajando un poco el rostro y acercando aún más a Adrien, con la nariz arrugada en un gesto de desprecio y rabia al sentirse juzgado por uno de los pocos amigos cercanos y reales que tenía. —Tú no tienes ni la más mínima idea de cuánto es realmente para mí patear con fuerza, porque incluso sin el miraculous, mi fuerza bruta se equipara con la de Cobra.

—¡Cobra se está apoderando de ti! —Espetó Adrien furioso antes de liberar sus solapas y soltarse del agarre de Luka, alejándose a pasos firmes antes de llamar la transformación de nuevo y saltar al siguiente tejado.

Un nuevo rayo surcó el cielo y Luka se quedó pasmado en aquel callejón, permitiendo que las primeras gotas de lluvia azotaran su piel.

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Ryouko soltó una patada circular al ver que Chat se acercaba a ellas. Fue una advertencia para que el felino se mantuviera en su sitio, pero él entendió la advertencia y alzó las manos en señal de rendición.

—Tú nos vas a dar respuestas. —Espetó la portadora del dragón desenvainando su espada y mirando a su novio.

—Sí. —Murmuró Adrien determinado, viendo la furia en los ojos de Ladybug, resguardada tras Ryouko, pero alerta para atacar en cuanto fuese necesario.

—Cobra... —Espetó Ladybug mientras su transformación se desvanecía y Tikki flotaba hasta su bolso en busca de alimento para reponer fuerzas.

—Luka me pidió que guardara el secreto porque sabía que querrías ayudarle. —Soltó Adrien levantando la barbilla. Sabía que estaba traicionando la confianza de su amigo al hacer aquello, pero, para ser honesto, Adrien era leal a Marinette, a nadie más. Porque era Marí la que enfrentaba al crimen noche a noche, día tras día, lado a lado. Sí, había encontrado un muy buen ritmo cuando Kagami había tomado el lugar de la mariquita en la estadía de Marinette en el hospital, pero lo que se logra con años de trabajo arduo, el cariño, la complicidad... Luka no podía conseguir eso en un par de meses.

—¿Por qué estás hablando? —Soltó Marinette al borde del llanto de nuevo mientras Adrien desvanecía el antifaz para que ambas chicas lo vieran a la cara. —¿Por qué traicionarlo?

—Porque lo que te hizo esta noche no tiene nombre, Marí. Y a mi manera, todavía te amo, así que no soporto ver que un imbécil quiera pasarse de la raya contigo, aunque sea tu propio marido. No tenía derecho. —Adrien soltó una risa amarga y ladeó el rostro, desviando la mirada hacia la torre, que brillaba iluminada. —Supongo que es el final de nuestro bromance.

—No lo odies... —Murmuró Marinette bajando el rostro, sorprendiendo a Ryouko y a Chat en partes iguales. ¿Lo estaba defendiendo? ¿Después de todo? —No lo conoces como yo.

—Mari, ese beso podría entrar en calidad de abuso se... —Espetó Adrien avanzando hasta ellas, pero la espada de Ryouko se le posó en la garganta y el felino retrocedió levantando las manos a la par que su antifaz reaparecía. —¿Por qué lo defiendes? Y no me salgas con que es tu esposo y lo amas, porque ambos sabemos lo mal que tienes que estar para recurrir a un argumento así.

—No. Aun siendo mi esposo no lo defendería si no... —Marinette tragó saliva abrazándose el vientre y sintiendo que sus mejillas ardían. —Tenía las manos abiertas. Tú podrás no haberlo notado, pero... Luka abrió las manos.

—Ahora sí que no entiendo nada. —Espetó Chat ofuscado, dejándose caer de sentón y cruzando piernas y brazos, mirando a Marinette desde el suelo.

—Me advirtió del beso.

—¿Qué? —Espetaron al unísono Ryouko y Chat, la primera girando sobre sí misma para encarar a su amiga. —Explícate. —Exigió la oriental bajando la espada.

—Cuando me acorraló contra la chimenea ya sabía que se trataba de Luka. Lo hizo a propósito.

—¿Qué hizo a propósito? —Urgió Chat, cada vez más confundido con aquello.

—Luka y yo solemos entrenar cuando tenemos tiempo libre, él sabe pelear de una forma que jamás había visto, y le pedí que me entrenara para ser capaz de responder ante cualquier amenaza. Podría haberme atacado, podría haberme desarmado y arrancarme los aretes si él quería, pero sus movimientos fueron suaves todo el tiempo. Bueno casi... —Murmuró recordando la patada. —Pero incluso eso. —Espetó la chica avanzando hasta Chat y arrodillándose frente a él y tomándole las manos. —Incluso eso tiene marca de agua, toda la pelea me estuvo dando pistas para que lo descubriera. Y me dejó elegir a mí.

—¿Qué te dejó elegir? —Soltó Ryouko avanzando hasta ellos y sentándose en los talones.

—El beso. —Marinette suspiró acomodándose en su sitio y ofreciéndole una mirada de disculpa a Ryouko mientras Longg abandonaba la transformación. —Luka me dejó elegir si quería el beso o no, abrió las manos, podría haberme librado de él con un empujón.

—¿Y entonces? —Espetó Adrien pasmado. —Fui testigo de cómo un portador desquiciado casi te viola y tú me dices que podías haberte soltado.

—Necesitaba saber... —Soltó Marinette antes de romper en llanto y cubrir su rostro.

Kagami pasó un brazo por los hombros de su amiga y la atrajo hacia sí, arropándola y acariciándole el cabello como si prometiera que todo iría bien.

—Necesitaba asegurarme. —Dijo entre sollozos mientras Kagami le hacía una seña a Adrien para que se acercara hasta ella y le abrazara también. —Necesitaba estar segura de que se trataba de mi Luka y no tenía otro modo de saberlo, estaba asustada y confundida, sus golpes, su sonrisa, todo él me tenía agobiada, y vi la oportunidad para saberlo, se estaba confesando conmigo...

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—Cometí un error imperdonable. —Espetó Luka terminándose el whisky en un trago mientras Colette negaba con la cabeza.

Pocas veces había visto Colette aquel desasosiego en el guitarrista. La chica había llegado a creer que no existía nada lo suficientemente poderoso como para conseguir que el gran Luka Couffaine se quebrantara, pero verle ahí, con la mirada perdida en el fondo de su vaso vacío le partía el alma.

—¿De verdad es imperdonable? —Murmuró la chica recargando el rostro en una mano y mirándole con pesar.

—Ella me perdonaría si se lo pido. —Musitó Luka paseando la mirada por la barra, revolcándose en el dolor y la culpa de haberle hecho daño a la única persona a la que había jurado proteger con su propia vida. —Pero no merezco que me perdone.

—¿Por qué no?

—Rompí una promesa esta noche. No. Falté a todas y cada una de mis promesas esta noche sólo por probar que... —Carraspeó antes de presionar el puente de su nariz y tallarse los ojos con una mano, consiguiendo enternecer a Colette.

—Bueno. Si el ratoncito te perdona, señal que eres merecedor de tal virtud, ¿no?

—Virtud... —Espetó Luka saboreando aquella palabra, tenía un gusto amargo y le quemaba la lengua. Él no era ningún virtuoso.

Las palabras, sus propias palabras lo golpearon con fuerza, como un recordatorio de que había cometido un pecado imperdonable, era impío e indigno de la misericordia de su musa. NUNCA le serviré a nadie que no seas tú... Sí, cómo no.

—Deberías ir a casa, grandulón. —Espetó Colette dándole una palmada con fuerzas a Luka en la espalda. —Hablar con ella, arreglar esto. Lo que quiera que esto sea. —Musitó entre dientes al final, preguntándose qué podría ser tan malo como para hacer enojar a Marinette.

—Ella no está en casa. —Murmuró Luka pidiendo la cuenta, percatándose de que cuatro vasos de whisky en ese estado emocional habían tenido el efecto de dos botellas. —Está con Kagami, y seguramente también con Adrien.

—Sea como sea, ve a casa. ¿Puedes solo?

—Sí, caminaré, si es lo que te preocupa. —Murmuró el muchacho pagando su cuenta y levantándose en un movimiento ágil, tratando de probarle a Colette que estaba "bien".

Salir a la calle, al aire fresco de la noche, había sido horrible. Las pocas gotas que amenazaban la ciudad se habían quedado sólo en una amenaza, aunque las nubes seguían presentes, él sabía que llegaría seco a casa. Tardaría al menos una hora en llegar al departamento, tenía tiempo de sobra para pensar en cómo arreglaría aquello.

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Adrien estaba sentado con la espalda recargada en la chimenea, Kagami se encontraba frente a él, sentada sobre sus talones y posando sus manos delicadamente sobre las rodillas mientras Marinette alimentaba a sus respectivos Kwamis con un gesto amable pero los ojos hinchados por el llanto, que por fin había hecho por parar.

—¿Qué más necesitan saber?

—¿Para qué crearon a Cobra en primer lugar?

—Luka sabía que no lo iban a dejar participar en las entregas porque quería enfrentarse a los mercenarios que les dispararon, entonces había la posibilidad de que Andreé hiciera por disuadirlo. Cobra podría meterse e indagar.

—Pero no lo entiendo. —Murmuró Kagami bajando un poco el rostro. —Tú tenías el plan de intervenir a los reptiles desde antes de que Marinette terminara en el hospital.

—Sí. Le había pedido apoyo a Luka porque creía que gente infiltrada estaba robando armas y cometiendo crímenes bajo el seudónimo de Reptil, como si pretendieran manchar el nombre de esa banda para proteger sus crímenes. La policía estaría demasiado ocupada investigando a Andreé y a su gente como para investigar por fuera. Tenían el plan perfecto hasta que comenzamos a sospechar. Luka tardó en responder y pasó lo de Marinette.

—Luka está buscando a sus atacantes para vengarse, entonces. —Dedujo Kagami sintiendo que su rabia contra el muchacho crecía.

—No exactamente. —Admitió Adrien, apenado. —Luka está trabajando con la policía también.

—Ahora sí, ya no entiendo nada. —Espetó Kagami cruzándose de brazos.

—Luka creó a Cobra para infiltrarse. —Explicó Marinette acariciando la cabeza de Tikki con el índice. —Porque a él no lo iban a dejar entrar. Adrien y Luka trabajaban con la policía para desenmascarar a los mercenarios que nos atacaron porque creían que eran externos infiltrados, si eran gente que no perteneciera a los reptiles, entonces los entregarían a la policía, pero si es gente de Andreé, entonces nosotros tenemos derecho de vengarnos. Pero no sé si es algo que Luka haría.

—Luka convenció a Maunier de que quiere acabar personalmente con ellos si son de su gente. —Dijo Adrien con un escalofrío.

Marinette sonrió ampliamente ante aquella confesión, confundiendo a Kagami y Adrienen partes iguales. —Eso quiere decir que está seguro de que no son reptiles.

—¿Por qué estás tan segura? —Murmuró la oriental con aires serenos, pero fuego en la mirada.

—Luka nunca se cobró una venganza personal. —Explicó Marinette serenándose, sintiendo que su corazón albergaba la esperanza de que su Luka realmente no se estuviese perdiendo en la personalidad de su alterego. —En todos los años que fue un reptil, Colette no hizo otra cosa más que reclamarle el hecho de que no cobraba sus venganzas, pero seguía manteniendo la imagen de chico rudo para que los reptiles le respetaran.

—No lo sé. —Admitió Adrien cubriendo su boca con una mano. —Ese día parecía muy dispuesto a matar a golpes a los mercenarios.

—Sí, y tú creíste que él me había besado y no al revés. —Acotó Marinette suspirando. —Me voy a casa. —Murmuró la chica levantándose y asintiendo para Tikki. —Tengo que hablar con él.

—Te acompaño. —Murmuró Kagami alcanzando a su amiga mientras se transformaba de nuevo. —Si las cosas siguen este rumbo...

—No, por favor. —Pidió Ladybug tomando una mano de Kagami. —De verdad necesito resolver esto por mi cuenta, tendríamos que ser capaces de resolver esto o no podremos mirarnos a los ojos después. Y no concibo esa posibilidad para nosotros. No después de tanto.

—Si ella dice que puede, yo le creo. —Soltó Adrien levantándose también, sacudiéndose la ropa y sonriendo de medio lado.

—En ese caso. —Espetó Kagami avanzando hasta su novio con expresión mordaz en el rostro. —Tú me vas a decir absolutamente todo, empezando con por qué me lo ocultaste.

—Será una noche larga... —Murmuró Adrien suprimiendo el escalofrío. —Plagg.

—Longg.

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Luka suspiró encajando su llave en la cerradura, veía borroso, estaba cansado, sentía el mareo ir en aumento, debió tomarse al menos dos libros de agua entre un trago y otro, y aunque caminar le había ayudado a bajar la borrachera, todavía sentía en su cuerpo los efectos del alcohol. Nunca creyó cuando Juleka le decía que las emociones fuertes y el alcohol en las rocas no se llevaban bien, pues justo ahora estaba haciendo un juramento de no volver a mezclar esos dos factores en toda su vida.

Sí. —Dijo amargamente su propia voz en la cabeza. —Igual que juraste proteger a tu esposa.

Entró a la casa y encontró las luces apagadas, todas menos las del estudio del piano. Luka encontró a Marinette sentada al restirador, revisando los diseños que había hecho para los otros héroes. El traje de Cobra estaba en el piso, justo en medio de ellos dos.

—Sabía que lo había visto en algún lugar. —Murmuró la chica al percatarse de que su esposo le observaba desde la entrada, con una mano recargada en el marco de la puerta. —Pero no estaba segura de dónde, hacía años no veía ese diseño.

—Marinette... —Llamó avanzando unos pasos.

—Supongo que es justo lo que merecía de ti y por eso lo obtuve. —Añadió con la voz quebrantada consiguiendo que Luka frenase en seco a un paso del traje de Cobra.

—Mari, no digas eso, por favor, yo…

La chica se levantó y avanzó a zancadas hasta él, plantándose firme antes de tirar el golpe. La cachetada resonó por toda la habitación, Marinette tenía los ojos anegados en lágrimas y respiraba entrecortadamente, mirando a su esposo en espera de su respuesta, de su reacción.

Luka se quedó pasmado al ver aquella reacción de Marinette, no se esperaba que la chica fuese a reaccionar así, se quedó todavía más sorprendido al escucharla largar un sollozo lastimero y desgarrador antes de dejarse caer de rodillas y abrazarse el cuerpo, llorando amargamente.

—Mari, yo... —Murmuró el muchacho haciendo ademán de acercarse, sin embargo, Marinette levantó una mano hacia el muchacho para hacerlo frenar.

—No me toques, Luka. —Amenazó, incapaz de mirarlo a los ojos, hablando cada vez más rápido, sintiendo de nuevo las lágrimas vagar libremente por sus mejillas hasta quebrantarle la voz mientras el muchacho se arrodillaba frente a ella. —Esto no es un berrinche para que vengas y me abraces, y me prometas que todo va a ir bien después de esto. Juro que, si me tocas, me largo de esta casa y no vuelves a saber nada de mí.

—Marinette... —Suplicó Luka con la garganta amenazando con cerrarse, con la voz ahogada.

—No sabes lo humillada que me sentí. —Espetó la chica permitiendo que el llanto se apoderara de ella, hablando entre sollozos, incapaz de controlar sus propias emociones. —No sabes lo que me dolió pelear contigo cuando descubrí que se trataba de ti, porque una parte de mí sabía que eras incapaz de hacerme daño y que querías convencerme de que no eras tú, que querías hacerme creer que Cobra era una persona completamente distinta, pero luego comenzaste a desviar mis golpes, ni una sola vez me pusiste una mano encima, salvo para marcar distancia, pero eso me lo busqué yo, ¿no es cierto? Demasiado cerca de arrancarte la máscara. Y ese beso, estaba traicionándote Luka. Conseguiste hacer que traicionara tu recuerdo, tu boca. Porque a pesar de que sabía que eras tú, tenía que confirmarlo de alguna manera y tú me ofreciste tu boca, me ofreciste tu cuerpo, pusiste al alcance de mi mano la oportunidad de averiguarlo. ¿Sabes cómo me habría sentido de averiguar que no eras tú? ¿Sabes lo difícil que habría sido lidiar conmigo si se hubiera tratado de alguien más?

—Mari, de verdad yo...

—¡No! —Cortó la chica apretando los ojos, doblándose sobre sí misma y llevándose las manos a los oídos. —Por un momento mi mundo se derrumbó hasta no quedar nada, no podía creer que fueses así de egoísta, que fueras capaz de llevar esto a tal extremo con tal de conseguir tus planes y...

Marinette frenó en seco.

No porque se quedase sin argumentos.

No porque su rabia se hubiese extinguido.

No porque su garganta no diera para más.

La razón por la que Marinette frenó en seco su discurso fue porque escuchó a Luka llorar.