Alerta Lemon
N/A: Para este capítulo hubo una cuestión. Estaba buscando la manera de hacerlo un poco más... sentido, más profundo. Así que Marianne E y yo nos dedicamos a hacer una selección de música que ayuda a transmitir lo que estaba pasando. Para leer el principio de este capítulo y hasta donde está el lemon, te dejo estas canciones por si quieres inspirarte.
Selección musical:
What I've done – Linkin Park
Aléjate de mí - Camila
No merezco volver - Morat
TheBlacKat: Bueno, merecía y no lo que le pasó. Gracias por el comentario
Almanele: No planeaba llegar tan lejos con lo que estaba pasando, pero de pronto los personajes se me salieron de control y terminó en tragedia. Ya, poco a poco irán cayendo las cosas en su lugar, todavía falta parte de la tormenta, pero unas por otras, ya leerás a qué me refiero. Pienso en el romance que están teniendo Marinette y Luka en esta historia y los veo conociéndose a la perfección, no puedo menos que eso jaja. Respecto al Bromance, hoy vi el capítulo nuevo de Desperada y necesito (NECESITO) arreglar las cosas entre ellos dos. No puedo dejarlos peleados jajajaja casi es algo que necesito arreglar más que el romance entre Luka y Mari. No puedo evitar pensar en Adrien y ver que con el tiempo ha madurado su relación con Ladybug, tanto en la serie como en mis historias, obviamente tenía que ponerse de su lado. Te entrego una nueva tormenta, nos leemos pronto.
Marianne E: Perdóname por favor, bueno,a mí no. Perdona a Luka por favor. Después de verlo hoy necesito urgentemente darle un momento de calma. Jajajajja amé tu preguntadero en el review, de verdad. No sabes lo feliz que me hacen tus reviews. Después de Desperada, creo que va tomando forma este amor entre Adrien y Marinette y con mayor razón me alegro de haber escrito algo así, Thomas sólo ha hecho por reforzar mi ship después de hoy, así que como dijiste, tengo que arreglar eso y el bromance a la inmediación. Te dije que tu historia de "La vie en rose" me marcó muchísimo. De verdad no sabes cómo la amé, pero creo que ya te vas dando una idea de cuánto, no? Pronto el gato tendrá su venganza o algo así, ya estoy planeando lo que me planteaste.
Skayue-Chan: Justo en el clavo con toda la situación de Cobra, pero al menos se dio cuenta ahora antes de que sea demasiado tarde. Tengo que admitir que yo también me enojé mucho con este Luka que escribí, así que necesito arreglar todos mis platos rotos cuanto antes. Respecto a lo de hacer sufrir a Luka. Bueno, tiene que pagar por lo que hizo, según yo. así que... no me mates por favor.
—Luka... —Musito Marinette sin aire al verle llorar.
Las nubes de tormenta se estaban deshaciendo. La noche estaba surcada por truenos y rayos, la música de fondo perfecta para lo que estaba ocurriendo en ese momento dentro del departamento, porque el dramatismo de la tormenta que caía esa noche sólo se equiparaba al dolor que sentía Marinette al ver llorar así a su esposo.
No eran lágrimas silentes deslizándose en secreto como todas las ocasiones (las tres o cuatro ocasiones) en que le había visto llorar, esto era distinto, intenso a un nivel antes desconocido para ella; el muchacho, alto, fuerte como un roble, poderoso, peligroso como el infierno, lloraba desconsoladamente. Lloraba como un niño pequeño al que le han arrebatado su libertad, gimiendo y jadeando mientras las lágrimas se desbordaban por sus mejillas.
Podría haber sido una coincidencia, pero cada vez que Luka gritó, un nuevo trueno resonó en las calles de París, llenando aquella habitación con un eco sordo y lastimero, cruel y despiadado. Vivo, sí. Pero a la vez, un sonido muy muerto.
Por primera vez, Marinette vio qué tan quebrantado estaba el espíritu de Luka, completamente vulnerable, destrozado por dentro, sin fuerzas para seguir luchando y mantener aquella careta de indiferencia y frialdad con el mundo.
Marinette le había visto llorar hacía poco tiempo relativamente, pero esto era distinto. Porque cuando Luka había compuesto My demons estaba roto y perdido como un niño pequeño en una noche de tormenta, oculto bajo sus sabanas sabiendo que al otro lado del pasillo hay alguien que puede ayudarle. Aquella noche había visto las lágrimas rodar por sus mejillas a raudales, pero no se había dado por vencido; ahora, sentado en sus talones, con la espalda encorvada, con el rostro vuelto al techo, con los brazos lánguidos a sus costados, ahora sí estaba quebrantado y ya no le quedaba nada a lo que aferrarse.
Soltó un gemido lastimero, un jadeo, sintió que se le cerraba la garganta, que no podía respirar. La asfixia se fue apoderando de él como si algo le creciera en la garganta hasta cortar el paso del aire.
—Soy un monstruo. —Soltó entre jadeos, entre gemidos, entre sollozos, como si aquellas palabras fueran suficientes para aliviar la asfixia y la angustia. —Soy el monstruo que mi padre creó, soy igual a él. —Gimoteó bajando el rostro y sintiendo que el peso de su cuerpo lo vencía, dejándose caer en los codos, encorvando aún más la espalda mientras estremecimientos se apoderaban de su cuerpo. —Soy el elegido de las calles del que tanto huí. Andreé por fin tiene a su serpiente. —Ahogó un grito, convirtiéndolo en un lamento que se prolongó hasta que Luka no tuvo más aire en los pulmones.
—Luka... —Musitó Marinette por segunda vez, sintiendo que se le partía el corazón en mil pedazos al ver así a su héroe personal.
—Al final del día Chat tiene razón. —Espetó Luka en un hilo de voz, apenas por encima del ruido de la tormenta que se había desatado al fin, como si se dignara a ahogar las penas del muchacho, como si fuese capaz de llevarse el dolor, pero incapaz de conseguirlo porque Luka no lo dejaba salir a pesar de no ser suficiente para contenerlo. —Cobra se apoderó de mí y soy el ser mezquino y miserable que... —Sollozó con más fuerzas, pegando la frente al piso y ahogando otro grito.
—No... Luka... —Murmuró Marinette en un hilo de voz.
Ella había provocado aquello, o al menos era lo que se decía a sí misma al ver a Luka en aquel estado lamentable. El monstruo era ella. Y por un momento quiso decirle que no era su culpa, pero en el fondo de su alma, ella sabía que Luka tenía razón al decir todo aquello. La había llevado al borde del precipicio y se había lanzado junto con ella sin medir las consecuencias, ahora ambos caían al abismo sin nada a lo qué aferrarse para frenar la tragedia.
Nada salvo el uno al otro.
Y aquel pensamiento fue suficiente motor para que Marinette se moviera a toda velocidad, apresando la cabeza de Luka contra su pecho, enterrando sus manos en el cabello del muchacho y obligándole a escuchar su propio corazón, que corría desbocado en ese instante.
Marinette sollozó con fuerzas, con la nariz pegada a la coronilla del muchacho mientras él trataba de empujarla lejos de sí, sin fuerzas, sin aliento. Ella entendía aquel gesto, era indigno de su piedad, pero no le importaba lo que el muchacho creyera o sintiera en ese momento, ella le haría volver a estar a salvo entre sus brazos.
—Luka, no... —Gimoteó ella antes de sorber la nariz, devastada por ver así al amor de su vida, por saber que ella era responsable en parte de lo que se había roto en su marido.
—¿No? —Espetó el muchacho entre dientes, odiándose a sí mismo por todo el daño que había hecho a Marinette y a Adrien esa noche. —Por favor... —Desafió con amargura, desquitando en palabras todo el veneno que tenía guardado para sí mismo, cuestión que hizo a Marinette encogerse un poco más en su sitio. —Dime que no soy nada de lo que acabo de decir. —Espetó dolido. —Atrévete a negarlo.
Marinette abrió los ojos más de la cuenta cuando Luka levantó la mirada hacia sus ojos y torció la boca en un gesto de asco y desagrado. La chica no tardó en darse cuenta de que todas esas emociones se las dedicaba a sí mismo, torturándose con tanto dolor.
—Luka... —Murmuró Marinette, incapaz de decir aquello. No. No lo creía. No quería creer que su esposo fuera todo aquello, pero justo en ese momento no tenía nada con lo qué justificar su comportamiento. —¿Por qué hiciste todo esto? —Gimoteó en una súplica anhelante. —¿Por qué me ocultaste todo?
—Necesitaba tenerte a salvo. —Admitió el muchacho. —Fue mi culpa que terminaras en el hospital, fue mi culpa, por mi soberbia y por mi egoísmo. Incluso esta noche me siento más poderoso que todos, incluso sabiendo que perdí más de lo que tenía y que salgo debiendo, aun así, me di mis aires de grandeza alegando que soy mejor que Cobra cuando soy la misma miserable estafa. No soy nada más que un cretino y un mentiroso que fue capaz de pasarle por encima a lo que más amo en esta vida.
Marinette volvió a apresar el oído de Luka contra su corazón y negó con la cabeza.
—No eres nada de eso, Luka.
—Claro que lo soy. Soy así de mezquino, así de desgraciado. Contándome la historia de que lo hacía para protegerte al tiempo en que hería tu corazón.
—Luka, si fueras todo lo que dices, no estarías aquí tratando de enmendar el daño. —Marinette se asió con más fuerzas al cuerpo de Luka, pasando una mano a su espalda para mantenerlo cerca al sentir que volvía a forcejear para apartarse. —Escúchame bien, Luka Couffaine: No eres tu padre. No eres el Elegido. No eres el talento que buscaba Andreé. Y sobre todas las cosas, no eres Cobra.
El muchacho tomó la cintura de Marinette entre sus manos y empujó de nuevo, pero la chica aprovechó ese momento para trenzar sus piernas en torno al torso de Luka y jalar su peso hacia atrás.
El aroma del whisky la golpeó de lleno.
Luka estaba tan vulnerable justo en ese momento, Marinette sonrió enternecida, preguntándose cuánto habría tomado Luka como para terminar de deshacerse de las capas y capas bajo las que había ocultado todo su dolor y desesperación, preguntándose cómo había hecho para aguantar solo aquella carga, preguntándose si podría reparar lo que se había roto.
—Tú eres Luka Couffaine. —Espetó Marinette aferrándose a la cintura de Luka con ímpetu, con las piernas bien trenzadas mientras su espalda descansaba tranquilamente contra el piso, sosteniendo el peso del muchacho sobre sus caderas. —Eres el mismo niño amable y dulce, el hermano protector, el amigo celoso y el novio devoto del que me enamoré hace tantos años. Sólo Luka Couffaine. No eres ningún monstruo.
—¿No? —Escupió Luka con aflicción. —Entonces explícame cómo es posible que ese Luka tan sencillo y bondadoso del que hablas fue capaz de romperte el corazón.
—Bésame. —Exigió Marinette con los ojos inundados de nuevo.
Luka retrocedió en su lugar, pasmado por la petición.
Un beso había desencadenado aquello. Un beso había sido suficiente para arrancarle a ambos lo poco de cordura que les quedaba. Un beso había conseguido que Luka hiriera a su musa como jamás imaginó que lograría, y había conseguido que Marinette se sintiera traidora del amor que profesaba.
¿Por qué pedía otro?
Luka negó con la cabeza, azorado ante la petición de la chica cuando ella le acarició la mejilla con una mano.
—Mari...
—¡Luka, bésame! —Repitió desesperada mientras las lágrimas corrían por los rabillos de sus ojos y le empapaban el cabello. —Bésame o te juro que...
La boca de Luka tomó posesión de los labios de Marinette, fue un beso temeroso, casto incluso, que se limitó al contacto de sus labios. Luka tragó saliva alejándose de la chica, pero las manos de Marinette le apresaron el cuello y ella lo atrajo de nuevo hacia su boca, robándole un beso cargado de súplicas, tempestuoso, vehemente, lascivo. Jamás en su vida había besado a Luka con tanto anhelo de más como en ese momento, porque, aunque una vez ella había tratado de hacerle saber a su esposo que estaba a salvo de cualquier peligro, ahora era ella la que tenía la apremiante necesidad de volver a sentirse a salvo entre los brazos de aquel hombre, y justo ahora no encontraba otra manera de hacerlo.
Si Luka era capaz de hacerle el amor como cada vez, como la primera vez, si aquel hombre que se autodenominaba monstruo era capaz de tener las atenciones de siempre, de ocuparse de cada centímetro de su cuerpo aun en un estado de frenesí, ella sabía que estaría a salvo.
Luka gimió cuando Marinette le mordió la punta de la lengua y le arañó la espalda. No supo en qué momento la chica había metido sus manos en la camiseta, pero ahora las yemas de Marinette se paseaban sobre la piel del muchacho como si necesitara conocer aquel terreno, como si estuviese de nuevo trazando un mapa por su piel, como si descubriera sus linderos por primera vez.
Luka tenía miedo. Tenía miedo de asustar a su musa, porque a pesar de haber huido, había escuchado perfectamente el alarido que ella había proferido cuando se habían separado en aquel tejado de París, sabía que su ángel había estado aterrorizada de él desde la forma en que había suplicado que parara, y por eso había aflojado la fuerza sobre sus muñecas, dándole la posibilidad de huir y percatándose de que ella quería quedarse. Estaba aterrorizado de ir por más. Y, aun así, la boca de Marinette era demandante; no invitaba, exigía. A este paso, a Luka no le quedaría un gramo de cordura a lo que aferrarse, porque aunque moría de miedo, también moría de deseo, de sentirse uno con su musa, de saber que ella de verdad se estaba poniendo en sus manos como si el daño estuviese reparado.
No, Marinette no quería hacerle saber que el daño había sido enmendado, ella le besaba, lo tocaba, lo seducía como si nunca se hubiese roto su corazón.
Marinette soltó la boca de Luka sólo para acercarse a su oreja y mordisquearle el lóbulo, mordidas pequeñas, sutiles, roces "inocentes" que tenían como única misión hacerle sucumbir.
Una parte de Marinette había tenido miedo de que la razón por la que Luka no la correspondía era porque no la deseara, sin embargo, también era consciente del estrés y del miedo que tenía que estar sintiendo Luka en ese momento.
Lloró.
No pudo evitarlo. Cuando los dientes de Luka se hundieron en su cuello y sintió al muchacho succionar con tal de dejar una marca en visible en la blancura de su piel, ella lloró de alivio al percatarse de que su esposo seguía deseándola con la misma fogosidad de siempre.
Bueno, tal vez con un poco más.
—Déjame a mí. —Suplicó Luka antes de subir su lengua por el cuello de su musa y hasta su oído, apresándole el lóbulo de la oreja con la lengua y haciéndola gemir con ganas. —Por favor, déjame a mí. Déjame guiar esta vez.
Y las palabras que escaparon a la boca de Marinette fueron toda la medicina que Luka hubiese necesitado para sanar su corazón roto.
—Soy tuya.
.
Marinette estaba completamente desnuda en la cama, sentada en el borde, Luka estaba arrodillado frente a ella, estaba jadeante, su mirada era una mezcla equilibrada entre deseo y súplica, porque a pesar de estar a merced de su musa, todavía estaba abogando por su alma. Aquello era simbólico, Marinette se había resistido ante la idea de tener a Luka arrodillado frente a ella, pero él le había repetido en varias ocasiones que ella le había concedido el permiso de hacer y deshacer a su antojo.
Marinette tuvo que recargar su peso en las manos cuando Luka le tomó una pierna y comenzó a dar lengüetazos sutiles por todo el interior de su muslo, acercándose cada vez más y más a su centro de placer. La chica compuso una mueca de excitación cuando Luka paseó la punta de su nariz por el ombligo y subió el rostro hasta depositar una mordida suave en el espacio entre sus pechos, antes de volver a bajar la cabeza y acomodarle las piernas a Marinette sobre sus hombros.
Luka le dedicó una mirada de reojo, sin levantar el rostro, advirtiéndole que no tendría piedad. La chica gimió por lo bajo al verlo así, recordando una noche, mucho tiempo atrás, en la que le había hecho un striptease en la sala de aquel departamento justo antes de entregarse ambos a sus instintos, consumando un acto casi animal.
Luka cerró los ojos, lamiendo la piel de Marinette del ombligo y hacia arriba, consiguiendo que la chica profiriera un lamento cargado de excitación, toda su piel se erizó en reacción a las atenciones de su esposo y la chica suspiró al sentir que Luka le soplaba sobre la piel, lanzando una corriente fría y una serie nueva de escalofríos que la recorrieron desde la punta de la cabeza hasta la punta de los pies.
Sin previo aviso, Luka puso la cabeza entre las piernas de Marinette y su lengua se movió con vehemencia en ese espacio sagrado, círculos violentos y apasionados, con tal fuerza que la chica no fue capaz de ahogar uno o dos gritos de placer. El muchacho se movía como si quisiera limpiar con aquel gesto todo el daño que había hecho, como si fuese capaz de borrar su falta cometiendo un pecado más impío y, al mismo tiempo, más sagrado...
Si acaso Luka se separó de ella en un par de ocasiones para tomar algo de aire, siguió lamiendo, chupando, succionando sin piedad a la joven para que asimilara todas las oleadas de placer que la consumían en ese momento. Luka no le dio pausa a su lengua, que siguió aventurándose por cada espacio disponible, trazando un mapa, escuchando atentamente las reacciones de su musa para memorizar qué áreas eran más sensibles, cuáles estaban prohibidas y cuáles eran su entrada al cielo. Y al cabo de un rato, Marinette sintió las contracciones en lo bajo de su vientre, gimió el nombre de Luka suplicándole que parara, pero el muchacho le tomó una mano a la chica y la colocó en su nuca, por inercia, ella cerró su mano con fuerza, apresando los cabellos de su esposo y gimiendo cada vez con más frecuencia, sintiendo que su mente se perdía en la vorágine de sensaciones, sintiendo que su cuerpo se derretía hacia la cama, perdiendo fuerzas para sostenerse y agradeciendo las manos de Luka, que la ayudaron a recostarse con cuidado.
Por un momento, la portadora pensó que sentiría encima el peso del cuerpo del muchacho, en lugar de eso, Luka permaneció arrodillado, mirándole con devoción.
Luka, postrado a sus pies se había convertido en un simple mortal venerando a un ángel enviado del cielo para acallar sus súplicas y hacerle saber que estaba perdonado.
Apenas hubo recuperado un poco de fuerza, Marinette enderezó la cabeza buscando al muchacho, que le sonreía tímidamente.
—Me niego a dejarte a medias. —Murmuró la chica tratando de enderezarse en su lugar, consiguiendo que Luka soltara una risita nerviosa, amable, enternecida.
—¿Ah sí? —Murmuró el muchacho sonriendo mientras veía a su esposa acostarse de lado en la cama. —¿Y qué piensas hacer para evitarlo?
—Eres muy injusto. —Se quejó ella enderezándose poco a poco, recargada en el codo para no perder el equilibrio.
¡Dios! Tantas emociones en una sola noche iban a acabar con ella.
Marinette suspiró profundo, le hacía falta el aire, le hacían falta fuerzas, le daba vueltas el mundo, y aun así...
—Deja de jugar al peregrino. —Murmuró entreabriendo un ojo y sonriendo de medio lado, cubriendo su busto con el brazo y cruzando una pierna. —No soporto verte de rodillas. —Añadió desviando la mirada y cambiando el gesto. —Al menos no sabiendo que de verdad estás suplicando perdón.
En un movimiento ágil, Luka se recostó al lado de Marinette y la atrajo hacia su pecho. El muchacho llevaba puesto el pantalón de mezclilla, pero se había deshecho de la chaqueta y de la camiseta (muuuuy lentamente) para deleite de su musa.
—Hasta no probar ser digno, yo...
—Pero yo te quiero a ti. —Espetó Marinette recuperando de pronto las fuerzas y sentándose a horcajadas sobre Luka. —Déjame decidir si eres digno. Déjame decidir si quiero poner mi alma en tus manos.
—Haces que suene tan fácil. —Murmuró Luka entre suspiros mientras despejaba el rostro de su musa con una mano y le sonreía de medio lado.
—Luka, necesito de regreso a mi esposo. —Admitió Marinette perdiendo de nuevo las fuerzas y recargando su cabeza contra el pecho del muchacho. —Necesito sentir que de nuevo estamos juntos. No puedes vivir escondiéndote de mí y no puedo vivir culpándote por lo que pasó. Si no eres capaz de dejar esta noche atrás, yo no sé si pueda sola.
—¿Serías capaz de darme una noche para re ensamblar lo roto? —Murmuró con la voz quebradiza. —Para recoger mis pedacitos y, entonces, volver a ti.
Marinette levantó la vista y se topó con que Luka había cubierto sus ojos con el brazo, tenía apretada la mandíbula, como si luchara contra las ganas de llorar, como si tuviera que recurrir a toda su fuerza de voluntad para no llorar. La chica plantó un beso en la barbilla de su esposo antes de sentarse en el borde de la cama, a los pies del muchacho.
Luka se levantó en los codos admirando la figura de su esposa, dudando en la manera en que sus hombros parecían haber caído de pronto.
—Sí, Luka. —Murmuró ella bajando el rostro, en un gesto de abnegación y, ¿por qué no? Devoción también. —Puedo darte esta noche.
Se alejó unos pasos de la cama, por un instante, Luka sintió el pánico creciendo en sus entrañas, creyendo que la chica dejaría la habitación. Le había pedido una noche, pero eso no quería decir que estuviese preparado para pasarla en soledad. Soltó el aire retenido al verla levantar la camiseta que él había estado usando esa tarde para ponérsela a manera de pijama y volver a su lado, acurrucándose contra su pecho.
Porque esa noche, Luka la había tocado, acariciado, mordido y lamido como nunca antes. Se había encargado de hacerla correrse unas tres o cuatro veces, valiéndose de medios distintos. Literalmente había acabado con ella hasta dejarla sin fuerzas y luego le había vuelto a provocar un orgasmo usando sólo su lengua hasta dejarla seca, pero en ninguna de las ocasiones había tenido el valor para tomarla, para hacerle realmente el amor, para fundirse con ella en esa danza sensual. No se había sentido digno de su ángel.
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No. No pudo esperar hasta la mañana siguiente.
Despertó más o menos una hora después, en medio de una pesadilla, asustado, perdido, sin saber dónde estaba o qué hora era. Y Marinette despertó también al sentir a Luka agitado a su lado, ni siquiera alcanzó a prender la lámpara de la mesita cuando las manos de Luka ya habían tomado posesión de su cintura para atraerla a su cuerpo.
No lo pensó dos veces.
Marinette se quitó la camiseta y besó desesperadamente a Luka, sentándose a horcajadas sobre él mientras luchaba con fiereza contra el botón de su pantalón. Las manos de Luka intervinieron, una para el cierre, una hacia la entrepierna de Marinette, masajeándola y acariciándola para prepararla para la intrusión.
Con los ojos anegados en lágrimas le dedicó una mirada suplicante a su musa, un "perdóname" silente y sentido, profundo como nunca había experimentado nada en su vida.
—Tú no entiendes que te amo. —Reclamó Marinette tomando la erección de su marido y comenzando a mover la mano hacia arriba y abajo, haciéndole jadear mientras él se enderezaba en los codos, lanzando el pantalón hacia el piso de una patada y mirando el cuerpo de su diosa. —Tú no entiendes que soy tuya. —Repitió antes de acomodarse sobre el cuerpo del guitarrista y bajando lentamente la cadera, consiguiendo que Luka cerrara lentamente los ojos y echara la cabeza hacia atrás. —Tú no entiendes que esto quedó atrás. —Murmuró ella con voz contenida, acostumbrándose a la invasión y creyendo que, no importando cuántas veces se fundieran en ese abrazo, ella jamás terminaría de acostumbrarse al cuerpo de su esposo, que cada vez sería nuevo y diferente. Puso las manos en los hombros de Luka, consiguiendo que él le mirara. —Pero yo voy a asegurarme de que te quede claro. —Espetó la chica con una sonrisa autosuficiente antes de hacer palanca y comenzar a lanzar las caderas adelante y atrás, haciendo que Luka gimiera.
Casi nunca lo escuchaba al hacer el amor. Una vez, apenado por aquel hecho, Luka había admitido que le avergonzaba escucharse, sentirse tan vulnerable, tan exhibido; aquella cuestión simple había hecho que Marinette atesorara cada uno de los gemidos que logró arrancarle a Luka en todo el tiempo que tenían juntos, porque él no era el único que se deleitaba ante aquella canción secreta, no. Aquello se había vuelto un deleite personal para ella, poder disfrutar de los momentos en los que Luka se olvidaba de sus inseguridades y le daba a ella la oportunidad de ver cuánto estaba a su merced.
Aquello la enloqueció. Escucharle dar rienda suelta a sus gemidos terminó de convencer a Marinette, a ambos, de que aquella noche estaban más unidos que nunca.
Clavó sus uñas sin querer en la piel del muchacho, empujándose con más fuerza mientras él se deslizaba hasta la cama y le ofrecía las manos. La chica sonrió aceptando el apoyo, valiéndose de aquel medio para aumentar el vaivén de sus caderas, para pronunciar las curvas que su cintura dibujaba entre cada estocada, gimiendo con fuerzas cuando Luka comenzó a empujar también, levantando las caderas de la chica cada que ella se movía hacia el frente, tocando puntos de placer antes desconocidos.
Luka emitió una serie de gruñidos roncos, guturales, no podía llamarle gemidos ya que tenían un tinte animal. Marinette dio rienda suelta también a su garganta, deleitando a su guardián, recordando que tanto tiempo atrás (también por pesadillas) él le había susurrado un "No hagas eso" antes de un beso en la frente y añadir "Quiero escucharte" para luego arremeter hasta hacerla terminar.
Marinette llegó al éxtasis y Luka sonrió confiado, pero asegurándose de que el orgasmo fuera inminente antes de dejarse ir a la par de la única persona que había sido capaz de llevarlo hasta el más profundo infierno en la misma noche que le había otorgado (por primera vez de forma real) el acceso al cielo mismo.
—Mi Luka... —Repitió una y otra vez Marinette en toda la duración del éxtasis, mientras que Luka le gemía su nombre al oído.
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En la mañana, Luka despertó al sentir el calor sobre su hombro gracias a los rayos del sol. Estaba recostado bocabajo en la cama y la ventana se encontraba abierta. Los ruidos de la ciudad llegaban hasta él amortiguados por la distancia, pero él igual entreabrió los ojos, desorientado. Cansado.
No era tan tarde, todavía tenía tiempo para llegar al conservatorio, tiempo de sobra. Movió la mano por la cama, buscando, buscando, buscando.
Alarmado, se enderezó en los codos y paseó su mirada por todo el lugar, no había rastros de Marinette, no se escuchaba la regadera, no había música...
—Mari... —Murmuró Luka temiendo lo peor, levantándose de un salto y comenzando a caminar hacia la entrada, sin percatarse de que Tikki dormía lado a lado con Sass en sus muebles sobre la cómoda.
Un sonido, un siseo constante le llamó la atención y Luka sintió que casi se desmayaba al ver a Marinette en la cocina, usando su camiseta vieja de Jagged Stone mientras removía el contenido de la cacerola con una cuchara de madera.
(No se va – Morat)
El muchacho suspiró llamando la atención de Marinette, que llevaba los audífonos puestos. Ella sonrió girando el rostro y quitándose un auricular antes de murmurar: —Buenos días dormilón.
—Mejores ahora que te vi. —Respondió con una sonrisa.
—No sabía si despertarte era buena idea, así que me puse los audífonos. —Admitió ella volviendo su atención a la estufa y sonriéndole a la comida, con las mejillas ligeramente sonrosadas, pero tratando de mantener sus ideas a raya. —Quería tener listo el desayuno para antes de tu primer día en el conservatorio.
—Ayer fue mi primer día. —Murmuró inseguro.
—Pero hoy darás clases por primera vez. —Refutó ella vaciando el contenido a un plato y pasando su atención a una sartén extendida, donde vació la mezcla para preparar hotcakes. —Quería que el desayuno fuera una sorpresa, no te puedo mandar a la escuela con el estómago vacío. ¿Qué clase de esposa desconsiderada sería?
Luka se quedó sin palabras. Contuvo lo mejor que pudo las ganas de volver a llorar al ver ahí a Marinette, con una sonrisa radiante mientras preparaba con cariño algo de comer para él.
—Sea como sea, quería estar contigo esta mañana, el gran día. Hoy será un día importante para todos, así que estoy nerviosa.
—Sí. Importante. —Murmuró Luka sin poder decir más.
—Como sea, me imagino que querrás vestirte para tomar el desayuno. —Añadió Marinette mirándole de reojo con una sonrisa pícara, barriéndolo de pies a cabeza. —Sería de buenos modales si lo hicieras.
Luka bajó el rostro, percatándose de su desnudez por primera vez.
Se talló los ojos con una mano mientras suprimía una sonrisa y sentía las mejillas arder. No era como si Luka Couffaine se sintiera incómodo con su cuerpo, todo lo contrario, pero la manera en que Marinette lo había atrapado por no haber hecho una pausa antes de salir de la habitación, bueno, eso era historia aparte.
Luka asintió para sí mismo, pero se encaminó hasta su esposa para plantar un beso en su mejilla antes de volver a vestirse, sintiendo los músculos pesados, doloridos tras todo lo ocurrido la noche anterior.
No tenía ánimos de vestirse todavía, se enfundó en el pantalón del pijama y se puso una camiseta sin mangas antes de volver a la cocina y sonreír ante la imagen de Marinette, agachada sobre la mesa, con la camiseta levantándose ligeramente sobre sus caderas, permitiéndole ver el borde de su ropa interior.
—Qué bonita vista. —Dijo Luka recargando el hombro en el marco, temeroso todavía de acercarse sin permiso a abrazarla, a besarle la mejilla.
La chica se levantó con los ojos bien abiertos por la impresión del piropo y giró el rostro, con una sonrisa apenada y las mejillas sonrosadas, consiguiendo que Luka se sonrojara también.
—Perdón, yo... —Murmuró Luka haciendo una mueca.
Marinette soltó una risita antes de negar con la cabeza y dirigirse al fregadero a dejar la cacerola.
—Pero siéntate, por favor. —Murmuró ella ensanchando su sonrisa. Sintiéndose de regreso a los primeros días tras mudarse con Luka.
Aquello no era tan distinto a esos primeros días, mismos en los que ninguno de los dos sabía exactamente qué hacer, hacia dónde moverse, cómo comportarse con el otro. Esos primeros días habían estado cargados de sonrisas cómplices, de silencios incómodos, de risas nerviosas y de disculpas constantes. ¿Cómo era posible que ambos hubiesen olvidado aquello?
Luka sonrió tomando su lugar a la cabeza de la mesa, percatándose de que su plato (con huevos revueltos, dos hotcakes, papas guisadas con pimienta y sal) estaba acomodado de una forma casi artística.
—Más vale que tengas hambre. —Murmuró Marinette poniendo el temporalizador de su teléfono y dejando el aparato al lado de la estufa.
Tomó su propio plato y se acercó a la mesa, esperando poder sentarse al lado de su esposo. Nunca esperó que las manos de Luka capturarían su cintura para atraerla hacia sí y hacerla sentarse en sus rodillas. Marinette ahogó una carcajada por la impresión y miró a Luka con la interrogante en la mirada, pero él no añadió nada. Acomodó un brazo rodeando la cintura de la chica y tomó sus cubiertos para empezar con su desayuno.
—¿Puedo sentarme a desayunar? —Inquirió divertida.
—Estás sentada. —Murmuró Luka pensativo, como si planteara un razonamiento lógico. —Y veo tus manos libres y tu boca despejada. ¿Qué te detiene?
Marinette pasó su brazo izquierdo sobre los hombros de Luka antes de besarle la mejilla.
—¿De verdad pretendes hacerme comer sentada en tus piernas?
—¿Te estorba? —Soltó Luka, fingiendo confusión.
Marinette suspiró sonriendo ampliamente antes de depositar una serie de besos cortos y castos por toda la sien del muchacho. —No Luka. Al contrario.
Desayunaron en silencio, intercambiando miradas cómplices, sonrisas tímidas, risas nerviosas, miradas de reojo y caricias. Marinette había encontrado de nuevo el lugar de su mano, enterrada en los cabellos de Luka, así que, de vez en cuando, al recordar que tenía acceso a ello, comenzaba a hacerle "piojito" al muchacho, consiguiendo que él sonriera ampliamente, cerrando los ojos y lanzando algún gruñido de satisfacción. Luka por su parte había puesto una mano abierta en el muslo de Marinette, agradeciendo que la chica llevara el short del pijama para acariciar su piel con el pulgar, yendo y viniendo hasta la rodilla antes de suspirar y recargar su cabeza en el hombro de la chica.
—Hoy firmas el contrato, ¿verdad? —Murmuró Marinette sonriendo ampliamente.
—Sí. Son seis meses de grabación, así que...
Marinette sonrió acariciando el rostro de Luka antes de tomar sus labios en un beso dulce.
—Seis meses de pausa para Kitty Section. —Murmuró ella divertida.
—Hace mucho veníamos pidiendo esa pausa. —Admitió Luka cuando Marinette le alcanzó el periódico y se llevó los platos para empezar a limpiar la cocina. —Así Jule podrá dedicarse a su carrera como modelo este año. Sé que firmó con Agreste.
—Sí. —Murmuró Marinette bajando la mirada con una sonrisa radiante. —No quería decirte nada hasta que ella lo hiciera oficial, pero parece que estuve en coma más tiempo del que debía.
—Muy graciosa. —Espetó Luka levantándose y caminando hasta Marinette, abrazándola por la espalda y plantando un beso casto en su cuello.
—¿Café? —Ofreció la chica cuando el temporalizador llegó a cero, limpiándose las manos y poniendo agua a hervir. —Preparé croissants. —Anunció sonriente abriendo el horno mientras Luka volvía a su sitio en la mesa. —No puedo creer que tengas una cocina completa y no la sepas usar. ¿Por qué gastaste en esto si no sabías cocina?
—La cocina ya estaba así cuando compré el departamento. —Admitió Luka sonriendo, preparando el café molido para ponerlo en la máquina —Creo que una chef vivía aquí antes o algo así.
—¿A qué hora tienes la cita con la disquera? —Murmuró la chica viendo el reloj de pared. —Quiero saberlo todo. —Añadió antes de acercarse de nuevo hasta él, sentándose a horcajadas sobre su regazo y acariciándole el cabello, besándole con dulzura y devoción.
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Luka sonrió al ver el aula llena de estudiantes. Aquel salón le recordaba mucho a sus salones del instituto, un auditorio en desnivel con el pizarrón hasta el fondo abajo del aula.
Le dio la espalda a la gente y comenzó a apuntar algunas cosas en el pizarrón, empezando por su nombre completo.
—Buenos días. —Dijo llamando la atención de todos y consiguiendo que la gente guardara silencio. El salón era tan variado como lo había sido en su momento el salón de Marinette y Juleka, cuestión que hizo a Luka sonreír aún más; aquello debía ser una buena señal ¿no? —Mi nombre es Luka y voy a ser su profesor de composición este ciclo escolar. —A pesar de estar hablando, no dejó de escribir en el pizarrón. —Vayan tomando nota del temario, les daré fechas específicas para temas en concreto que ya tendrán que haber investigado para tomar la clase. Abordaremos la música desde el punto de vista teórico, pero la idea es que terminemos la teoría en un mes o menos, para poder empezar a trabajar en la práctica. No me sirve de nada que sepan cuánto dura un acorde en cuatro cuartos si no pueden transmitirlo de forma práctica.
—¿Couffaine? —Espetó alguien desde el fondo del salón.
—Sí. Luka Couffaine. —Comentó divertido el guitarrista mientras seguía escribiendo, revisando las notas de su cuaderno para asegurarse de estar poniendo la información correcta. —Como el guitarrista de Kitty Section. Para el primer parcial ya deberán haber hecho su primera composición sencilla. Iremos desde las canciones populares hasta la música de orquesta, así que espero que no falte a clase a menos que sea completamente necesario.
Puso el último punto y rodeó el escritorio, recargándose ahí con las manos entrelazadas y mirando a sus estudiantes.
El muchacho podría haber pasado por cualquiera de los presentes en el aula. Pantalón de mezclilla roto en las rodillas, tenis converse, camiseta blanca de manga larga, chaleco de mezclilla azul claro, el cabello todo desorganizado y oculto bajo un gorro, las uñas pintadas de negro y despostilladas por estárselas mordiendo esa mañana, sus aretes negros.
Sonrió ante las miradas anonadadas que le dedicaron.
—¿Preguntas antes de iniciar la clase? —Sugirió el muchacho recargando las manos en el escritorio e inclinándose un poco haca atrás.
—Como el de Kitty Section ¿O el de Kitty Section? —Espetó una chica levantando la mano.
Luka soltó una risa por lo bajo, sintiéndose por primera vez en mucho tiempo, él mismo de nuevo.
—El de Kitty Section. ¿Puedo pedir un favor? Cuando hablen digan su nombre primero, así puedo ir familiarizándome con ustedes.
Otro chico levantó la mano. —Antoine. —Dijo levantándose en su lugar. —¿Es cierto que Kitty Section se va a separar?
Luka soltó una carcajada, ocultando su boca y negando con la cabeza. —No. —Espetó un poco más tranquilo. —No. Juleka tiene un contrato como modelo desde hace tres meses y por los próximos cinco meses. Rose está tomando un descanso e Iván tiene algunos proyectos pendientes con su novia, pero es una pausa simbólica. Me refería a si había preguntas de la clase, no preguntas personales.
—Madelein. —Dijo otra chica alzando la mano y ladeando un poco el rostro. —Entonces ¿por qué hay rumores de que vas a sacar un disco como solista?
—No son rumores. Voy a sacar un disco trabajando solo, pero eso no quiere decir que haya dejado Kitty Section. Rose también tiene dos discos como solista. Sólo nos cansamos de trabajar con Bob Ross un rato y decidimos movernos de espacio.
—Anna. Háblenos un poco de usted. —Pidió con sonrisa zalamera.
—Primero. —Soltó Luka ofuscado. —No me hablen de usted. Tampoco soy tan mayor. —Torció el gesto y se rascó la nuca, luchando contra el sonrojo. —Soy bastante mejor con la música que con las palabras, pero veamos... Eh... Tengo veintisiete años, soy el guitarrista de Kitty Section pero también me dedico a componer canciones para otros artistas. He tenido la fortuna de compartir el escenario con algunas personas, empezando con Jagged Stone, The Killers y otros. Me gradué con honores de este mismo conservatorio a la edad de veinte años, soy casado y afortunado de poder compartir mi vida con la bella diseñadora Marinette Dupain-Cheng. Ahora, si podemos pasar a la parte oficial, me encantaría saber de qué carrera viene cada uno.
