No me maten y lean hasta el final primero. POR FAVOR

Marianne E: Lo de Hawk Moth seguro fue un vistazo al futuro jajajajaj ODIO A LILA MÁS QUE NUNCA. Pero bueno. Ya haremos algo con ella más adelante. Si temías leer el capítulo anterior, Dios, espero no matarte de gastritis con esto. Definitivamente vas a aborrecer a Erik en la saga de Lila, todavía me falta definir un par de cosas, pero creo que es momento de iniciar con esa parte. Bueno, no hago más spoiler, te dejo leer.

Skayue-Chan: No sé si decir que acertaste o erraste con el comentario que me dejaste en whats jajajaja pero gracias por la música y por tanto fangirleo juntas, ahora a esperar que no me mates con esto, espero te guste. Creo que les voy a dar gastritis a varias después de éste capítulo.

Rebeca: Tenía que hacer algo así, me pareció una escena gloriosa y quería corromperlos a ambos, pero ahora no sé hasta dónde van a llegar con su lado oscuro. Ya veremos qué nos depara el camino. Gracias por leer!

Hana: Perdón por no subir la descripción de las chaquetas todavía. Los Reptiles los estoy trabajando en conjunto con una amiga, Marianne E, así que en el siguiente capítulo espero poder ponerte la descripción oficial.

Guest: Muchas gracias por leer la historia, me encanta saber que la construcción oscura que les estoy dando a estos personajes. Te entrego otro capítulo, gracias por comentar. Se me fue la mano actualizando, pero quiero aprovechar esta buena racha.

Almanele: Necesitaba desesperadamente que se llevaran bien jajajajaja ya me hacía falta darles un momento de calma, sobre todo porque se viene algo bueno. No te doy más spoilers. A propósito de equilibrio y refuerzos. Quería que fueran como una especie de Ms y Mr Smith, pero en versión oscura, así que, Bueno, espero que te haya gustado el resultado. Te va a encantar toda esta parte nueva con Hawk Moth, a ver qué pasa después.


No me grites, Couffaine. —Escuchó claramente Marinette en el teléfono.

—Pues entonces explícate, Faure.

—Colette. —Murmuró Marinette para Adrien y Kagami cuando los tres se acercaron hasta Luka para tratar de escuchar la conversación.

Te dije, soy inmune en la banda. ¡Duh! Ayer era mi cumpleaños, Andreé me concede lo que le pida ese día ¿Lo olvidas? Me enteré de que Erik había ido para tu casa en el bar, así que hablé con Andreé para que me hicieran la séptima escolta, y en cuanto me lo concedió me lancé para tu depa, para asegurarme de que tu noviecita esté bien. ¿No te lo contó?

Mi esposa me dijo que viniste. ¿En qué estás pensando, Colette? —Espetó Luka frustrado. —¿Tienes alguna idea de en qué te estás metiendo?

. —Espetó descaradamente. —No es la primera vez que me meto en un trabajo de estos. ¿O ya olvidaste la vez que me dejaste plantada? Soy mejor de lo que crees, Couffaine.

Por un momento, a Marinette le pareció escuchar altanería en la voz de aquella chica, y sonrió de medio lado pensando en que de verdad debía ser valiente y quererlos mucho si había gastado su petición de cumpleaños en algo como eso.

—Es peligroso.

Y hay mucha pasta de por medio. —Cortó con una sonrisa radiante. —Te marco luego, tricky snake. Tengo que ir con Jeanette para los últimos detalles de la entrega. ¡Besos!

Y colgó. Luka se quedó pasmado, mirando su pantalla oscurecida. Y la risa de Marinette lo hizo volver a la realidad.

—Es una fiera, tu exnovia; me encanta.

.

—Hoy hablaremos de la métrica musical. —Comentó Luka recargándose en el escritorio, divertido ante las expresiones de incredulidad que tenían sus estudiantes al verle las dos vendoletas en la ceja derecha, el labio reventado y el moretón en el pómulo izquierdo. —Pero primero, ¿alguien puede definir que es la altura y que es el timbre? En sentido musical.

—Anna. —Espetó la chica levantándose. —¿Qué le pasó en la cara?

Luka soltó una risa por lo bajo, negando con la cabeza antes de abandonar el escritorio y dirigirse al pizarrón, apuntando los conceptos básicos de la música.

—Tomen nota.

.

Marinette sonreía, sentada al fondo del aula, se había metido en silencio, con cuidado de no llamar la atención, escuchando atentamente cada uno de los conceptos que Luka explicaba a sus estudiantes y recordando las clases de guitarra que había tomado con él algunos años atrás. Pero cómo olvidar el primer día en el que había sostenido entre sus brazos la guitarra de Luka Couffaine (bajo la mirada incrédula de una Juleka pasmada), dando rasgueos uniformes mientras él trenzaba los acordes y le sonreía.

—Podemos transmitir las emociones que queramos a través de la música —dijo subiéndose las mangas de su camiseta blanca con estampado de Jagged Stone (hacía años que no se ponía ropa tan simple, casi lucía igual a cuando tenía dieciséis años), antes de volver a recargarse contra el escritorio —, pero para ello requerimos intensidad, que sería… —Hizo una pausa girando la muñeca, como si invitara a los estudiantes a responder.

¿Alguna vez te ha pasado que tienes el concepto de una palabra en la punta de la lengua, pero no sabes cómo decirlo en voz alta? Toda el aula guardó silencio un instante y luego murmullos se levantaron por toda el aula, los muchachos intercambiaron miradas de sorpresa, ¿cómo podían desconocer algo tan básico? Pero la realidad era aquella, no sabían cómo responder ante el cuestionamiento del profesor con exactitud.

—Es… —Murmuró Marinette (tratando de citar textual las palabras del guitarrista) levantando la mano y consiguiendo que todos guardaron silencio, girando en sus sitios al no reconocer aquella voz —la pasión con la que interpretas un sonido, si suena muy fuerte o si suena muy suave, la intensidad sirve para darle personalidad a las notas y hacerlas...

—Hacerlas únicas e irrepetibles. —Completó Luka sonriendo ampliamente y entrecerrando los ojos, enamorado de su musa y de la forma sutil en la que se había hecho notar.

Luka abrió la boca con intensión de agregar algo más, pero el timbre distrajo a todos los estudiantes, que comenzaron a recoger sus cosas para retirarse.

—Ya había dado esa definición. —Apuntó Luka, ligeramente molesto, consiguiendo que los estudiantes volvieran a los murmullos. —Y vendrá en el examen. —Exclamó levantando un poco más la voz al ver que algunos estudiantes ya habían salido.

Luka suspiró sonriendo de medio lado, negando con la cabeza al recordar que él mismo había tenido actitudes muy similares cuando había estudiado, no podía pedirles a sus estudiantes que se comportaran cuando él mismo no lo había hecho.

Tres chicas (sí, las mismas tres chicas que terminaron reservando una mesa en el Chat Lunatique) se acercaron al escritorio de Luka mientras él guardaba sus notas para preguntarle sobre las tareas que había dejado para el siguiente sábado. El muchacho respondió amablemente a las preguntas de las tres bajo la mirada atenta de Marinette, que sonreía enternecida al ver la manera cordial y educada en la que Luka rechazaba los gestos de las tres chicas.

Marinette tuvo que luchar con todas sus fuerzas contra sí misma al escuchar a una de ellas murmurar al salir del aula: —Creo que es la esposa.

—No esperaba verte tan pronto. —Admitió Luka divertido al ver a Marinette acercarse a él con pasos tranquilos mientras se acomodaba el bolso al hombro y mostraba un paquete envuelto.

—Pensé en traerte algo de comer.

—Podría haber comprado algo enfrente.

—¿Y perderte de una buena comida casera? —Bromeó la chica, falsamente ofendida.

—¿Cocinaste para mí? —Soltó Luka sorprendido, recibiendo el paquete y percatándose de los tuppers que venían delicadamente acomodados para que no se tirara nada. —Marinette... —Dijo en voz baja, con un nudo en la garganta, sorprendido y sintiendo en su pecho una inmensa gratitud. —Amor, tú deberías estar descansando. No cocinando.

—Y tú deberías estar en casa, en la cama, a mi lado; no dando clases. Pero aquí estamos.

—Marinette... —Murmuró Luka poniendo las manos en sus hombros.

—Lo sé. Ya lo hablamos. —Interrumpió la chica antes de que su esposo la regañara. —Pero el poder de Tikki no pudo sanarte del todo, así que tengo derecho a estar preocupada por ti, según yo. No quiero que esta noche...

Ambos guardaron silencio un momento, sintiendo que el peso de aquello los agobiaba de pronto.

Luka sonrió subiendo las manos hasta el rostro de su esposa y asintió una vez.

—Esta noche no voy a pelear a tu lado, voy a pelear contra ti. —Advirtió apesadumbrado. —Y aunque me encantaría poder darte todas las oportunidades del mundo, esta vez no puedo fingir que voy ganando. Ellos ya me vieron pelear y saben que Cobra es despiadado.

—Puedo aguantar tus golpes. —Admitió Marinette asintiendo una vez, considerando seriamente no decir nada de su plan a Kagami y Adrien, para mantener las reacciones reales. —Puedo con esta batalla, con lo que no podría lidiar sería con perderte de nuevo en Cobra.

—Descuida, hay algo distinto. —Prometió asintiendo. —Siento que Cobra cambió también, ahora puedo fingir esa crueldad sin que se apodere de mí. Pero necesito que estés clara en que voy a golpear con todas mis fuerzas.

—Descuida, cielo. No eres el único. —Advirtió Marinette divertida antes de pararse en las puntas de los pies y besar dulcemente a Luka. —Te veo esta noche.

—Vete con cuidado. —Advirtió Luka cuando Marinette se dio la vuelta para irse. —Es en serio.

—¡También tú!

.

(Legends are made – Sam Tinnesz)

Marinette, Kagami y Adrien estaban sentados a la mesa en la casa de la japonesa. Luka les había hecho llegar la ruta que tomarían para hacer la entrega. Hasta este punto había mucha confusión entre los reptiles y entre los portadores puesto que primero habían dicho que era un traslado, luego dijeron que debían entregar un paquete, luego les dijeron que funcionarían exclusivamente como escoltas. A estas alturas ni Luka sabía qué pensar al respecto.

—Sería peligroso implicar al resto. —Murmuró Kagami pensando en que posiblemente necesitarían de Carapace y Rena Rouge. —Pero ser a prueba de balas nos serviría muchísimo.

—También requerimos despistar al enemigo. —Apuntó Adrien con aires sombríos mientas negaba con la cabeza. —Aunque no queramos involucrarlos en esto, serán necesarios en algún momento. Sin contar con King Monkey y Pegasse.

—Lo que podemos hacer es darles los miraculous y pedirles que estén cerca. —Añadió Kagami mirando a Marinette. —Así podremos llamarlos en caso de ser necesario.

—Podemos darles una tarea sencilla, patrullar. —Soltó Adrien, con voz aguda como si se le acabara de ocurrir la mejor idea de la noche. —Les damos dos puntos en los que creemos comprometidos y les pedimos que no se metan a menos que nosotros los llamemos.

—Eso implicaría revelarles que algo no anda bien. —Murmuró la catarina entrelazando las manos a la altura del rostro. —Tendríamos que limitarnos a llamar a Rena y Carapace. En todo caso, preguntarán por qué Viperion no está al servicio y todos los demás sí. También él es necesario.

—¿Cómo les explicamos que el portador de la serpiente está de misión encubierta? —Musitó Adrien recargándose hacia atrás en la silla.

—No lo hacemos. —Atajó Kagami abriendo las manos. —No les damos nada de información y si nos los topamos en el camino, será fortuito. No les decimos absolutamente nada y que el destino se encargue de darnos las herramientas que necesitamos.

—Nos quedamos sin tiempo. —Murmuró Marinette insegura.

—Tiempo... —Repitió Adrien en un susurro casi inaudible, componiendo una sonrisa de medio lado y asintiendo para sí mismo. —Necesitamos tiempo y no contamos con Viperion. Yo digo que sigamos el plan de Kagami y a ver qué pasa.

—De acuerdo. —Murmuró Marinette asintiendo lentamente. —Haremos eso, preparen todo para esta noche. Será difícil, pero creo que podemos ganar.

.

(Eye of the storm – Watt Wait)

Luka, en la terraza del departamento, miró las nubes negras que se apostaban sobre París. La noche había traído consigo el frío y el viento, así que fundirse en las sombras sería más sencillo que de costumbre.

—Aquí vamos. —Murmuró para sí mismo cuando su Kwami lo alcanzó y le asintió. —¡Sass, transforme moi!

.

Colette miraba hacia los tejados con expresión impaciente. Faltaban cuarenta y siete segundos para que se completara el tiempo de tolerancia y el mentado Cobra no se había dignado a aparecer, estaban por dictar tareas y el muy inútil no estaba.

Ella no le iba a explicar nada.

La chica puso la vara que llevaba en las manos sobre sus hombros y colgó el peso de sus brazos ahí, en una actitud desenfadada e infantil.

—¿Y si nos vamos sin él? —Sugirió divertida.

Treinta y dos, treinta y uno, treinta.

—No. —Espetó Andreé. —Quiero verlo en acción.

—¿Le vas a perdonar una llegada tarde? —Murmuró Colette con cizaña, consiguiendo que los otros escoltas cuchichearan entre ellos. —Ni que fuera Luka Couffaine.

—No creo que nadie sea capaz de superar a Luka. —Espetó Andreé.

Doce, once, diez.

—Sólo digo...

—No digas nada. —Soltó Cobra desde el tejado, parado sobre las puntas de los pies y con los brazos cruzados.

Colette le hizo un mohín, pero prestó especial atención a su vestuario, que parecía haber cambiado bastante. La capucha se había quedado, la máscara igual, pero esta vez llevaba los brazos al descubierto en su totalidad. Las muñecas las llevaba vendadas, en seguida de las protecciones, enroscadas en torno a sus brazos, subían los tatuajes de dos cobras hasta sus hombros, como si mordieran el borde de la tela. Llevaba una camiseta negra de cuello alto y encima un chaleco de estilo ninja en tonos verde oscuro, un cinto amarillo en torno a la cintura y pantalón holgado, ceñido en los talones por las botas militares de baqueta, todo en tonalidades verde seco. En la espalda llevaba ceñida una espada jian ancha con dos listones rojos con los bordes negros que desentonaban completamente con su atuendo.

—Ya era hora de que aparecieras. —Espetó la pelinegra cruzándose de brazos y dándole la espalda.

La velocidad a la que se movió los tomó a todos por sorpresa. Cobra llegó a espaldas de Colette en un parpadeo y, con voz seductora, murmuró:

—Sería grosero llegar tarde.

Colette dio un salto por la impresión y se movió unos pasos lejos del portador, mirándole con rabia contenida, mirándole como si fuese a golpearlo en cualquier momento.

—A mí me enseñaron a estar puntual a la hora en que me citan. —Añadió divertido ante el nerviosismo de Colette. Esa noche sería interesante. —Así que no llego antes, ni después. Llego a tiempo.

—Bueno, estando completos. —Soltó Andreé dando un aplauso fuerte, llamando la atención de todos y consiguiendo que se pararan en círculo. —Empecemos con lo importante.

Cobra echó un vistazo a las seis escoltas con las que compartiría el camino, percatándose de que, salvo al más joven, los conocía a todos. Primero, Colette con sus dos coletas altas bailando al viento, con pantalón de cuero negro y camiseta de tiras dejando a la vista parte de su brasier deportivo; después estaba una chica corpulenta y de media cabeza rapada, no recordaba el nombre, pero todo el mundo le decía Cupcake (Seguro alguna ironía o sarcasmo para burlarse de su apariencia); Thomas, un reptil veterano con una cicatriz en el ojo (no se confundan, ya la tenía cuando ingresó a la banda); el novato, que era tan delgado o más que Luka en su adolescencia, mirando con nerviosismo a todo el mundo, con sus ojos saltones y su piel pálida, parecía un dibujo de Tim Burton, para parecer de Cobra; Ethan, que había asegurado su lugar la primera noche al vencer a cinco reptiles al mismo tiempo (había heredado todo el talento de Erik para pelear, pero definitivamente no se parecía en su necedad; Luka estaba convencido de que, si Erik no se hubiera empeñado en vencerlo a él, habría adquirido un lugar en la escolta); otra chica, Jeanette, de curvas estilizadas, era visiblemente más bajita que Colette, de piel morena y cabello rizado, sus facciones eran dulces y amables, con el rostro redondo y los pómulos suaves, Cobra no pudo evitar pensar en Rose al conocer por fin a la tal Jeanette.

Cobra sonrió confiado, guardando las manos en los bolsillos y esperando.

Essto no me gussta nada... —Escuchó decir a Sass.

—Tranquilo. —Murmuró entre dientes, procurando ser silente. —Todo irá bien.

—¿Perdón? —Espetó Colette inclinándose a Cobra, como si lo acusara de algo. —No entendí lo último.

—Dije: Tranquilo. Todo irá bien.

—Me sorprende que el poderoso Cobra tenga que... —Andreé se aclaró la garganta, llamando la atención de Colette y consiguiendo que la chica hiciera un puchero y volteara el rostro.

—Primero, necesitamos a alguien que encabece. —Dijo Andreé bajando la mirada a su mochila para sacar los comunicadores que usarían para la misión, el reptil jamás se dio cuenta de que Colette había hecho ademán de dar un paso al frente, como si se fuese a proponer, pero Cobra la detuvo, levantando un brazo y negando discretamente con la cabeza.

Colette jamás comprendió por qué obedeció. La joven nunca supo decir si aquello había sido un acto de confianza o de supervivencia, pero algo en el cuerpo de aquel sujeto, en sus ojos, en sus movimientos la hizo pegarse a su lugar y esperar indicaciones mientras Thomas tomaba el puesto como Líder de equipo.

—Muy bien. —Soltó Andreé confundido al percatarse de quién encabezaría. —Colette, podría haber creído que querrías esta misión.

—Hay que darles oportunidad a todos de resaltar. —Dijo quitándole importancia.

—Muy bien. ¿Quién nos cuda por tierra?

—Yo. —Soltó Jeanette dando un salto al frente con una sonrisa radiante. —No estoy aquí por ser buena peleadora, pero tampoco por mi linda cara.

—Hermosa. —Cortó Colette con media sonrisa, cruzándose de brazos y asintiendo una vez, consiguiendo que la morena se sonrojara ligeramente y agradeciera con un asentimiento.

—Una escolta para el equipo terrestre.

—Ese soy yo. —Soltó Ethan más rápido de lo que Colette pudo hablar.

La joven le dedicó una mirada furiosa, pero soltó el aire y asintió.

—Quiere decir que trabajaremos juntos. —Soltó Cobra mirando a Colette sin denotar emoción alguna.

—¿Y qué te hace creer que quiero ser tu compañera para esta misión?

—No te estoy preguntando, te estoy eligiendo. —Espetó Cobra encarándola e irguiéndose en toda su estatura, intimidando a Colette. —Hasta donde yo sé, el que elige primero, se queda la presa.

—No soy ninguna presa. —Espetó Colette recuperando un poco de confianza.

—Lo sé. —Admitió Cobra suavizando la mirada. —Eres una depredadora, por eso te quiero conmigo, veamos qué trucos nuevos puedes enseñarle a este perro viejo.

Había tanta sinceridad en aquellas palabras que Colette tuvo que guardar silencio y voltear el rostro, fingiendo un berrinche, pero comenzando a preguntarse cuáles serían los verdaderos motivos de Cobra para elegirla.

—Es todo un reptil. —Espetó Andreé divertido ante las interacciones de ambos muchachos.

—Sí, e hize la tarea. Así que movámonos. —Soltó Cobra con indiferencia.

—¡Cupcake! —Exclamó Andreé dando un aplauso para atraer las miradas. —¿Te vas a las armas? Olvidé tu nombre. —Espetó mirando al novato. —¿Te importa si te llamo Sapo?

—Eh... —Murmuró inseguro, encogiéndose en su sitio.

—¡Genial! ¡Sapo! ¿Sabes usar un arma?

Todo su rostro cambió, por un momento se llenó de seguridad y sonrió confiado. —Disparo desde los ocho años.

—Puro talento. —Soltó con orgullo Andreé consultando su reloj de muñeca antes de comenzar a repartir los comunicadores. —Conocen sus puestos entonces. En doce minutos pasará por esa avenida un Ferrari negro, Cupcake y Sapo serán las escoltas oficiales desde mi camioneta, si la rayan, la pagan... y luego los mato. Colette y Cobra muévanse al segundo punto de chequeo y aseguren el área, en cuanto el vehículo pase por ahí, se mueven a la meta de llegada. Nada puede salir mal. Thomas y Jean, son los ojos del equipo, así que atentos. A partir de aquí, todos tuyos.

—Muévanse, reptiles. —Espetó Thomas como discurso de empoderamiento, consiguiendo que todos menos Cobra se movieran de su sitio.

El portador alcanzó a Colette y la tomó por el brazo antes de murmurar. —Tenemos un amigo en común muy interesado en protegerte.

La chica se soltó de un tirón y encaró al muchacho furiosa.

—Primero, nadie me toca sin mi permiso. —Espetó ofuscada. —Segundo, ¿A quién podríamos tener en común que quiera protegerme?

—Luka Couffaine. —Espetó Cobra cruzándose de brazos.

Colette se quedó helada en su sitio, no supo qué decir o cómo reaccionar ante aquello, así que, cuando Cobra se quitó uno de los vendajes de la muñeca y lo ató alrededor de la boca de Colette a manera de máscara (¿dónde cabía tanta tela en un espacio tan pequeño?), ella accedió.

—¿Qué te dijo Luka?

—Que eres la razón por la que él y su esposa están vivos, así que estoy en deuda contigo.

—Tú ¿Por qué?

—Porque estoy en deuda con Luka. Y cuidarte esta noche es mi redención, con él y contigo. Si no me crees... —Murmuró caminando hasta el final de la calle y subiendo a la moto de Luka, como si aquello fuera prueba de sus palabras.

—¿De dónde la sacaste?

—Me la prestó para esta noche. Vamos. No hay tiempo.

.

—No sabemos qué transportan. —Se quejó Maunier desde el tejado, parado al lado de Chat Noir, observando la ciudad con sus binoculares. —¿Por qué es tan importante hacer una redada esta noche si no nos consta que estén haciendo algo ilegal?

—Puede que obtengamos pista esta noche. —Murmuró Chat pensativo. —Como sea, hay muchas cosas en juego esta noche.

—Sí, pero sin certezas, nos estamos arriesgando demasiado. Ni siquiera Couffaine sabía qué pasaría esta noche. ¿Por qué no está aquí?

—Porque le rompieron dos costillas anoche. —Espetó Chat, harto de tener que estar a merced de la desconfianza de Maunier. —Y tiene que cuidar a su familia, ellos también estaban bajo amenaza por el mentado torneo.

—Sí, la información que adquirimos con los micrófonos fue muy útil. Lo que no termino de entender es por qué no hicieron escándalo cuando Adrien Agreste entró al bar reptil.

—¿Agreste? —Chat recordaba aquella noche. ¿Cómo explicarle a Travis Maunier que cuando Adrien había entrado al bar de Les Reptiles lo había hecho llevando el rostro de Luka Cuffaine? —Tal vez frecuenta esos lugares sin que lo sepamos.

—No lo sé. Parece un buen muchacho. —Se quejó Maunier bajando los binoculares.

Chat sonrió de medio lado, agradecido por el voto de confianza, pero molesto con el comentario del detective. —Luka también es buena persona. Puede llegar a ser un imbécil, pero no es malo. Si la diseñadora Dupain-Cheng se va a casar con él, por algo será ¿No?

—Es cierto, usted es amigo cercano de la diseñadora. —Dijo Travis soltando una risita por lo bajo y mirando al héroe. —¿No será que ella también es una heroína?

Chat soltó una carcajada ante aquella afirmación. —Claro, tal vez es Rena Rouge. —Chat se serenó y asintió para sí mismo. —La quiero lo suficiente como para no darle un miraculous a menos que no quede de otra, así que, no. Ella no es una portadora.

—Claro, eso podrías estarlo diciendo para despistar.

—Ajá. Tiene toda la razón, ella es Ladybug en realidad, y es la mejor Ladybug de toda la historia.

Esta vez fue turno de Maunier de soltar una carcajada, nunca se percató de la sonrisa autosuficiente que compuso el felino antes desviar un poco la mirada. —Con todo respeto para su amiga, me parece un poco atolondrada para ser Ladybug. Además de que estuvo en coma unos ocho días, y la heroína de París no faltó un solo día al rescate.

—Comprende mi punto entonces. Marinette es buena civil y una amiga querida. ¡Ahí están! —Dijo al final, trepando a la barda de la azotea y poniéndose en cuclillas para observar mejor. —Ahí está nuestro Ferrari.

—Todo el mundo a posiciones. —Espetó Maunier en un radio, acercándose a la orilla para tomar nota de las especificaciones del vehículo.

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—¡Merde! —Murmuró Jeanette con los audífonos puestos y tecleando a toda velocidad en su computadora. —Nos tienen en la mira, hay un operativo completo, los escucho en las radios.

—¿Escucharon eso, equipo? —Soltó Thomas en los comunicadores. —Tenemos compañía. Cupcake y sapo sigan la ruta. Colette, Cobra, ubicación.

Hay contacto visual con el vehículo, la policía está a unas calles abajo. —Espetó Colette frenética, mientras Cobra la tomaba por la cintura y saltaba de nuevo al piso (habían llegado hasta una azotea, Colette en la espalda del portador), dirigiéndose a sus respectivas motocicletas. —Cobra adelanta, encabezaré una ruta nueva.

—Enterado. Jeanette, establece contacto con el conductor, hazle llegar la ruta nueva.

.

Cobra estacionó la moto a media calle y se paró obstruyendo el tráfico. Al ser entrada la noche, había uno o dos vehículos circulando por esa avenida, los conductores vieron el filo iluminado de la espada y cambiaron la ruta, al final sabían perfectamente qué hacer o a dónde correr cuando un akuma atacaba.

El portador, al ver el Ferrari, sonrió confiado haciendo una forma de Tai chi antes de colocar la espada en posición, Colette salió en la motocicleta por el callejón, pasando justo frente a Luka y enfilando por la calle aledaña, consiguiendo que el vehículo rediseñara su ruta, siguiendo a la motociclista.

Cupcake se asomó por la ventana de la camioneta al pasar a su lado y le hizo una seña de aprobación a Cobra cuando él corrió hacia su motocicleta y siguió avanzando por las calles.

¡Maldición! —Gritó Colette en los auriculares de todos. —Los portadores están al frente.

—Haz que den la vuelta, vuelvan a la calle en la que estoy. —Espetó Cobra en su comunicador. —¿Cuántos de ellos son?

Son la catarina y el dragón.

—Puedo con las dos. —Admitió Cobra sonriendo.

El muchacho escuchó la motocicleta antes de verla. Colette le pasó por un lado, luego el Ferrari, luego pasó la camioneta de Cupcake, y entonces las vio. Ryouko aterrizó primero frente a él, mostrando su katana en una postura de pelea tradicional del samurai. Unos segundos después aterrizó a su lado Ladybug, girando su yoyo con vehemencia.

—Cobra... —Murmuró la Catarina a manera de amenaza.

.

—Necesita refuerzos. —Murmuró Jeanette mirando a Ethan y Thomas. —Y nosotros somos el único apoyo que él tiene. Somos un equipo, y si uno falla, fallamos todos.

—Lo sé. —Urgió Thomas mirando a los dos muchachos. —Muy bien, Ethan, quédate aquí, eres la escolta oficial de Jean, yo iré a respaldarlo.

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(All my life – Foo Fighters)

Cobra abrió la mano libre, mostrando su palma a Ryouko.

—Hypnossissss. —Murmuró con los ojos encendidos en una tonalidad ambarina, misma que se reprodujo en los ojos de la portadora del dragón. —Knees... —Ordenó con voz contenida.

Ryouko puso la catana frente a sí y se agachó en una rodilla, como si fuese un caballero de la mesa redonda, con la cabeza agachada e incapaz de moverse.

—¡Ryouko! —Gritó Ladybug avanzando hasta su amiga y tomándola por los hombros. —¿Qué le hiciste?

—Tranquila, bichito. Ella está bien. —Espetó despectivo Cobra. —Tú por otro lado...

Ninguno de los dos lo pensó. Ambos portadores se lanzaron hacia el frente, Cobra atacando con su jian, Ladybug defendiendo con la katana de su compañera, misma que había arrebatado de sus manos al iniciar a correr hacia su adversario.

.

Chat Noir había dado con el edificio abandonado en el que Jeanette e Ethan se encontraban escondidos, había vencido al muchacho en una pelea limpia mano a mano mientras Jean terminaba de establecer la ruta nueva y comunicar que habían sido atacados. El felino había desaparecido en las sombras, cuestión que hizo a la chica creer que la perseguiría también, pero él tenía otros planes, alcanzar a Ryouko y a Ladybug era una prioridad sabiendo que Jeanette sólo estaba encargándose de cuestiones tácticas y no de una pelea como tal.

Ninguno de los tres se habría aventurado a tratar de adivinar lo que venía a continuación.

La chica se levantó y salió corriendo del lugar con el portátil abrazado, buscando un sitio dónde ocultarse del felino. Jeanette salió a la calle sin fijarse en su entorno, por lo que recibió de lleno el golpe de la camioneta en el costado.

—¡No! —Gritó Ethan apesadumbrado, el muchacho había dado traspiés hasta la calle con la esperanza de comprar un poco más de tiempo para la chica, así que se quedó horrorizado al ver aquello.

Chat volvió sobre sus pasos al escuchar aquello, se quedó congelado en el tejado al ver a Jeanette tendida en el suelo. Tenía que resolver aquello.

El cuerpo delgado de la morena estaba de costado, la computadora estaba despedazada, ella no respondía, no se movía, y un grupo de personas ya se había aglomerado a su alrededor, horrorizados, llamando a emergencias.

—No... —Murmuró Ethan cayendo de rodillas al lado de su amiga, que respiraba débilmente, con los labios entreabiertos y los ojos apretados por el dolor y la desorientación. —No, Jeany... Por favor, responde...

.

Hawk Moth sonrió de oreja a oreja al percatarse de aquel sentimiento, la compuerta se abrió revelando las polillas en la oscuridad.

—Ethan, Ethan, Ethan, tan joven, tan dulce, tan soñador. ¿Quién diría que el dolor de verte vencido en una batalla que no había manera de pelear te corrompería tanto? —Una polilla voló hasta sus manos y aquella mujer le otorgó su magia oscura, liberándola para que buscara a su víctima.

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Ladybug recibió el golpe de la jian contra el filo de su katana, estaba segura de que la espada de Cobra se partiría a la mitad, sin embargo, ambas armas resistieron y los portadores retrocedieron de un salto, adoptando posiciones de pelea y esperando la reacción del otro.

Estabn agitados, se les veía agotados por la batalla y no daban para más, hasta ahora había sido todo muy reñido.

Colette había logrado dejar la entrega en ruta, custodiada por Cupcake y el Sapo, para volver a apoyar a Cobra, pero él le había pedido que no interviniera alegando que tenía una batalla pendiente con la heroína de París.

Se habrían lanzado el uno al otro para atacar de nuevo si no hubiesen escuchado el llamado lastimero del resultado de un Akuma.

El suelo tembló bajo sus pasos, y ambos portadores volvieron el rostro hacia el final de la calle, percatándose de que un hombre se acercaba hacia ellos.

—¡Chat Noir! —Gritó aquel ser plantándose en su sitio. —Sal a jugar, gatito...

—¿Ethan? —Reconoció Cobra al ver la vestimenta de aquel hombre.

Ethan se había convertido en un monstruo peculiar. Los estoperoles en los hombros de su chaqueta se habían convertido en púas afiladas que sobresalían peligrosamente, piel de color plateado, brillante como si fuera metal, ojos negros, sus músculos ensanchados y toda la rabia del mundo acumulado en su estómago, cada paso retumbaba contra el piso, como si realmente se hubiese vuelto de metal hasta las entrañas.

¡Come, kitty, kitty! —Exclamó percatándose de que Cobra y Ladybug lo miraban. —Un bicho.

—Ethan ¿qué haces? —Espetó Cobra envainando su espada y avanzando unos pasos hacia el muchacho, confundido y horrorizado. ¿Qué podía haber pasado como para que Ethan hubiese sido akumatizado?

—La voy a usar como carnada. —Espetó lanzándose contra Ladybug, corriendo a toda velocidad.

No tuvo piedad alguna al momento de lanzarse sobre la heroína y tratar de atacarla, su mano cambió de forma, como mercurio en ebullición, hasta convertirse en una espada larga y afilada, misma que Cobra interceptó con su Jian.

—¡Ethan! —Exclamó colérico el portador. —¡Esta es mi batalla! ¡La Catarina es mía!

Ladybug se sonrojó hasta las orejas por la forma en que el portador había pronunciado aquellas palabras, posesivo y frenético.

—Yo ya no soy Ethan, soy Vengeur. —Puntualizó colérico el joven Akumatizado. —Y la heroína dejó de ser tuya en el momento en que mataron a Jeanette.

—¿Qué? —Musitó Colette sin aire, cayendo de rodillas.

—¡Explícate! —Exigió Cobra repeliendo el ataque y conteniendo varios ataques más.

—La atropellaron por culpa de Chat Noir, y ahora el gato debe pagar. Y como no está el gatito, tomaré a la Catarina mientras...

Cobra atestó un golpe brutal a la mandíbula de Ethan, descargando ahí toda la rabia que había contenido al escucharle decir que secuestraría a su musa, el sonido del golpe se alzó sobre ellos simulando un trueno de tormenta, tras el que el portador sacudió la muñeca, sintiendo el dolor de aquel gesto. Pero había logrado su cometido, Ethan había retrocedido lo suficiente como para perder el equilibrio y caer de sentón.

—Mientras más grande el monstruo.

—¡Cobra! —Exclamó Ladybug avanzando hacia él con la katana en una mano, dándole vueltas lentas como si la aprestara para pelear. —Dame tu espada.

—¿Qué? —Espetó incrédulo el muchacho.

—Dame tu Jian. Si Chat es responsable de esto, entonces yo debo enfrentar esta batalla mientras mi compañero llega, además de que necesitamos saber la verdad.

—No. —Espetó Cobra sombrío, por un momento el entorno de sus ojos se llenó de escamas y su traje se oscureció, en reacción a lo que el muchacho sentía. —Esta pelea la libro yo.

—Puedo sacarle información a Ethan y necesito hacer esto, por Chat.

—Pero...

—¡Dásela! —Gritó Colette desesperada, mirando a Cobra con los ojos llenos de lágrimas, con una expresión de horror en el rostro, como si le suplicara. —Confío en ella.

Los ojos de Cobra se abrieron, llenos de sorpresa ante aquello. El portador no pudo evitar soltar el arma cuando la mano de Ladybug tomó el mango de su espada.

—Ponla a salvo. Por favor.

Cobra encaró a Ladybug bajando el rostro, ocultándolo entre las sombras de su capucha, con una mirada colérica. —Tú y yo no hemos terminado. —Amenazó bajándose la máscara y tomando a la heroína por la cintura, jalándola hacia sí con brutalidad, posesivo y brusco antes de robarle un beso despiadado a la catarina y correr hacia Colette recuperando la máscara para luego saltar al tejado con la chica pasmada en brazos.

Ladybug sonrió de medio lado y asintió aprestando ambas espadas en una postura de pelea tradicional, una espada al frente, la otra atrás.

Vengeur era un enemigo formidable en muchos aspectos, pero Cobra no había tenido tiempo de explicarle a la heroína que debía cuidarse de él como peleador.

La pelea era muy pareja, Vengeur tiraba estocadas certeras que conseguían desviar los golpes de Ladybug, pero ella era más rápida de lo que cualquiera habría podido creer, Cobra se atrevió a comparar su velocidad con la de ella, sonriendo de medio lado pensando en que había creado un monstruo.

Algo no andaba bien.

Vengeur había dejado de tirar estocadas y recibía uno tras otro los ataques de la Catarina, Cobra saltó hasta el suelo, tratando de analizar un poco mejor la pelea, tratando de entender por qué de pronto sentía un nudo en el estómago que no le dejaba respirar.

La expresión de Ladybug era un témpano. Pero Vengeur sonreía.

—No... —Murmuró Cobra, asustado.

Ladybug golpeó con las dos espadas al mismo tiempo, esperando poder hacer mella en el brazo del villano, pero igual que antes, su brazo se movió como mercurio, atrapando las hojas y arrancándosela de las manos.

No. La heroína no se dio cuenta de que su adversario había formado un pico con la otra mano y que ahora se dirigía hacia su costado, hacia el punto exacto en que la bala había atravesado su piel, días antes.

No. La heroína no vio venir el ataque y se quedó helada un segundo, pensando una forma de pensar cómo salir de aquello.

No. La heroína no se dio cuenta de que el hechizo de hipnosis perdió su efecto de pronto y Ryouko pudo levantar la vista, horrorizada ante lo que estaba pasando.

No. La heroína no vio a Cobra correr hacia ella e interponerse a medio camino, recibiendo en su abdomen la herida mortal, el arma atravesando su traje a prueba de balas haciéndolo toser sangre.

Ethan pareció volver en sí cuando eso pasó. La mariposa akumatizada salió de él y el muchacho se quedó helado al ver la sangre en sus manos, de pronto todo había vuelto a la normalidad y la rabia había pasado, dejando en su lugar un amargo sabor a derrota y terror.

La heroína sostenía en sus brazos al antihéroe, con los ojos llenos de lágrimas, pero incrédula de lo que había pasado.

La transformación se fue perdiendo lentamente, muy lentamente, comenzando por las botas, como si les diera tiempo para despedirse, como si le diera unos últimos minutos lado a lado.

—No. —Murmuró ella permitiendo que las primeras gotas se deslizaran por sus mejillas. —No...

—Tranquila. —Pidió el muchacho bajándose la máscara y sonriendo para su esposa. —Está bien, tranquila.

—No, esto no está bien. —Espetó ella horrorizada, viendo cómo el charco de sangre a su alrededor crecía lentamente, manchándole el traje a ambos. —Esto no está bien.

—Tranquila. —Repitió el muchacho tomando el rostro de la heroína y capturando una lágrima que bajaba lentamente, desviándose del curso que las otras habían trazado antes. —Estoy feliz de haberte protegido.

—Pero ¿a costa de qué? No estés feliz. —Espetó ella horrorizada. —No puedes abandonarme, no puedes dejarme así.

El muchacho emitió un gemido lleno de dolor, haciendo una mueca y removiéndose en su sitio, tenía frío, tenía miedo, pero estaba feliz de darse cuenta de que podría ver una última vez los ojos de su musa antes de...

—Bésame... —Pidió el muchacho cuando se percató de que la destransformación ya iría por su cintura más o menos, una lluvia de diamantina verde subiendo al cielo y rodeándolos hacía de aquel momento algo místico, mágico, trágico.

La catarina se agachó sobre la boca de su amante, llorando amargamente, pero expresando en ese beso todo el amor que sentía por el muchacho, toda la gratitud que tenía porque él le había salvado la vida, todo lo feliz que estaba por la vida que habían compartido lado a lado. Sabiendo que sería el último, y aprovechando cada instante del contacto con sus labios, agradeciendo también que él le acariciara la mejilla, ignorando su propio dolor.

.

Chat Noir miraba la escena horrorizado.

¿Cómo podía haber llegado tan tarde?

Estaba de pie en el techo de enfrente, observando a Ladybug llorar sobre el pecho de Luka mientras la magia llegaba a sus hombros y el muchacho se quedaba quieto, rígido.

Escuchó pasos a sus espaldas, pero no fue capaz de quitar la vista de lo que ocurría abajo.

—Hiciste bien en buscarme. —Dijo una voz femenina a espaldas del héroe.

—Si no lo hubiera hecho, estaría a punto de tirarme de este edificio sin el miraculous.

—Ahora tengo la hora exacta, en unos segundos estará hecho.

—¿De verdad puedes arreglar lo que rompí?

—Confía, estaré aquí ligera como liebre antes de que te des cuenta.

—Estoy apostando todo a tu nombre. —Murmuró el felino encarándola y percatándose de que ella sonreía de medio lado.

—Te lo digo. Ligera como liebre.

—¡Espera! —Exclamó el héroe extendiendo una mano hacia ella cuando comenzó a correr para saltar al siguiente tejado. —¿Cómo debo de llamarte?

—Bunix. Mi nombre es Bunix.