Marianne E: Guiños time! Ay! No recuerdo si ya te había respondido al comentario en privado. De verdad muchas gracias por esa retro, la verdad es que me daba algo publicar esa actualización por el contenido tan candente, y no quiero mover de nuevo el rango de contenido de la historia jajajaja pero tampoco quiero dejar de escribir lemons, a ver qué pasa. Y a propósito de dar cucharadas de nuestra propia medicina, te lo dije en privado y lo vuelvo a decir, ¡Dios! El capítulo que subiste, me dio en toda la torre, de verdad me lo gané a pulso. Yo creo que también iré a surtirme de omeprazol, con la premisa de lo que viene a continuación, amarillo será poco, Sass se va a poner de todos colores

Sonrais777: Y la dulzura sigue, de verdad creo que necesitan un momento de calma por todo lo que se viene, abrazos

Rebeca . sz: No había tenido ocasión de actualizar esta historia, Ocean's childs tenía toda mi atención, ahora procuraré actualizar un capítulo y un capítulo, pero ya veré para qué me da la mente.

Skayue-Chan: Todavía les voy a dar un poquito más de tregua antes de que todo se vuelva a ir al carajo, lo prometo. Merecen un momento para recuperar todos sus pedacitos, no es posible que no les de ni una tregua. De la otra historia, no hay prisas, también es Lukanette pero muy distinta de esta, aunque el factor fantasía está muy presente. Gracias por el comentario (inserta corazones aquí)

Manu: Ya, se me hacía raro que no siempre me aparecían en la página pero sí en el correo. No, de momento sólo tengo estas dos historias contempladas para trabajar y creo que me están dando para partirme la cabeza con ello, jajajaja, gracias por seguir leyendo y por los comentarios, hasta otra.


(Say something – A Big world feat Cristina Aguilera)

Querida Marinette:

Seguramente sostienes este viejo pergamino en tus manos porque ha pasado mi funeral. Si es el caso, entonces seguramente habrán iniciado las pesadillas o estarás pasando noches en vela. Honestamente no sé cuánto tiempo pase desde mi muerte para que se te entregue esta carta, pero estoy seguro de algo: Sabrás qué hacer.

Marinette, más allá de darte indicaciones y seguir guiando tu camino, quiero decirte que, de verdad, has demostrado ser la más poderosa de todos los portadores. Jamás en mis casi doscientos años vi a nadie capaz de llevar consigo tantos miraculous y, aun así, mantenerse íntegra. Con el paso de los años te has vuelto una mujer fuerte y hermosa en muchos sentidos, pero siempre sostendré que la más grande belleza que posees contigo es la de tu alma, buena, incorruptible. Durante tu adolescencia tuviste tropiezos y aprendiste cosas, pero nunca fallaste una sola vez, y temo no haber sido un maestro a la altura de lo que tú te merecías, puesto que cometí muchísimos errores. Entiéndeme, era viejo y tenía miedo de que algo te pasara, porque ciertamente te convertiste en una amiga querida y en una hija para mí.

Wayzz puede darte fe de ello, Marinette, de todas las palabras que siempre tuve para hablar de ti.

Sabes que te amé profundamente y pongo en ti toda mi fe.

Marinette, sé que la vida a veces puede parecer dura, pero también estás rodeada de gente que está dispuesta a darlo todo por ti.

A partir del momento de mi muerte, tú eres la guardiana de los miraculous, te he entrenado para ello durante todos estos años, pero sé perfectamente que no existe entrenamiento suficiente que nos prepare para la vida.

Ahora el resto depende de ti.

Sé que vienen pruebas duras, puesto que Hawk Moth tiene un poder cada vez mayor, pero también lo tienes tú. Los aliados que has encontrado serán valiosos en este momento, pero más allá de importar como compañeros de batalla, sé que encontrarás en sus corazones un tesoro más valioso que todo lo que puedan lograr contra el mal.

Marinette, tengo una última petición que hacerte. No llores mi muerte.

Necesitarás fuerzas para enfrentar lo que venga a continuación. El motivo de las pesadillas que comienzas a tener es por un sello que, como guardianes, imponemos a los nuevos portadores para protegerlos de los recuerdos de sus kwamis; con mi muerte, seguramente ese sello se irá disolviendo hasta desaparecer. Ahora sabes que el vínculo que se logra cuando hacen la metamorfosis les permite compartir, no sólo el poder, sino emociones, recuerdos.

Y una gran parte del sello que aprendimos a poner sobre ustedes era para protegerlos de todo lo que eso conllevaba, poco a poco te irás dando cuenta de que la intensidad de tus sentimientos es mayor a la que antes creías, así que deberás ser fuerte para aprender a distinguir qué te pertenece a ti y qué le pertenece a Tikki, ella sabrá guiarte y protegerte de sus propios sentimientos, que son muchos.

Ustedes dos se parecen más de lo que crees, disfruta el vínculo y disfruta ser una portadora, puesto que esa fue una parte de la que yo me olvidé durante muchos años, hasta que te conocí.

Me había olvidado que era posible ser feliz y ser un portador al mismo tiempo, pero tú y Adrien me lo recordaron cada momento que vivimos juntos, así que sé que sabrás qué hacer.

No me queda más que decir, salvo el hecho de que estoy seguro de algo: La caja de miraculous volverá a estar completa ahora que tú eres la guardiana, ya sea que decidas entregar los miraculous, devolverla al templo, conservarla contigo, la decisión que tomes, será la correcta.

Marinette, gracias por todo. Siempre sonríe, lee esta carta cuantas veces necesites, y sobre todo cuando tengas dudas de estar tomando la decisión correcta, si escuchas a tu corazón verás que no hay nada que temer, pues tu corazón puro siempre te indicará el camino.

Con todo mi amor...

Wang Fu.

Marinette no pudo contener el llanto, ¿quién podría?

Estaban tendidos en la cama, Luka con la espalda recargada en la pared, Marinette sentada entre sus piernas; en cuanto había terminado de leer, giró medio cuerpo y se colgó del cuello de su marido, incapaz de contenerse, sabiendo que podía confiar en él y que estaría segura entre sus brazos.

—Llora... —Murmuró Luka besando la coronilla de Marinette una y otra vez, permitiendo que las lágrimas de la joven le empaparan la camiseta. —Llora cuanto necesites.

Marinette jamás se había sentido tan desdichada y tan afortunada.

En el funeral había sido tan honesta como había podido. Y Fu había estado rodeado de las personas que lo habían conocido y lo habían amado, así que Marinette podía estar en paz en ese sentido. No estaba segura si lloraba de la añoranza o de la paz que le daba saber que Fu, aún después de muerto, había encontrado la forma de hacerle saber todo el orgullo que sentía por ella.

Ninguno de los dos supo cuánto tiempo pasó hasta que ella pudo calmarse al fin. Luka no sentía el brazo derecho, pero aquello parecía insignificante ante la expresión de paz que Marinette había compuesto al fin.

—¿Mejor? —Murmuró el muchacho antes de plantar besos tímidos por todo el rostro de su esposa, sintiendo la piel hinchada bajo sus labios y considerando seriamente llevarla a la ducha para tratar de bajarle la temperatura.

Marinette tenía las mejillas enrojecidas por el llanto, pero hacía horas que sentía que le daría fiebre en cualquier momento, quizás por las emociones acumuladas o por estar dejando por fin que se le fueran todas las cosas que había sentido en ese tiempo.

Marinette asintió una vez, todavía incapaz de despegarse del abrazo de su esposo.

Sintió algo cálido hincharse en su pecho cuando Luka tomó aire, conocía a la perfección esa manera de respirar, estaba por ponerse a cantar.

Quand il me prend dans ses bras
Il me parle tout bas
Je vois la vie en rose

No era la primera vez que Luka le cantaba esa canción. Recordaba una discusión al ser adolescentes, algo de que aquella canción le parecía sosa y repetitiva o algo así, pero había pasado tanto tiempo desde entonces, tantos besos bajo la lluvia al compás de esa canción, tantos recuerdos bellos girando en torno a aquella melodía, que Marinette había llegado a creer que, en realidad, había soñado aquello en lugar de haberlo vivido.

La voz de Luka, profunda, oscura, aterciopelada, acariciando sus oídos fue como un bálsamo. Marinette suspiró acomodándose mejor entre los brazos de su esposo, dándole por fin la oportunidad de mover un poco el brazo y recuperar la circulación.

Esta vez ni siquiera bromeó al respecto, Luka podría (bajo otras circunstancias) haberse puesto a bromear ante la posibilidad de perder el brazo después de haber estado ahí a merced de la constrictora en la que su esposa se había convertido, pero un mal chiste quebrantaría la paz del momento, así que el muchacho se limitó a acariciar el cabello de la joven y cantarle aquella canción que se había vuelto tan importante para ambos.

.

Las pesadillas habían ido en aumento, fragmentos como recuerdos de otras vidas, de otras épocas, de otras personas se quedaban atorados en los linderos de la consciencia de Marinette, pero no el tiempo suficiente como para que ella los recordara al despertar, así que había renunciado a la posibilidad de entender qué era lo que estaba pasando.

Durante esas dos semanas sólo habían ocurrido tres ataques de akumas, pero aquello no era un motivo para estar tranquilos, algo les decía que Hawk Moth se estaba preparando para un golpe duro, así que Marinette había entregado a Alya y Nino sus miraculous para que fuesen portadores de tiempo completo.

Ahora, los seis portadores estaban en la tienda de antigüedades, sentados en el suelo alrededor de la mesa de te que Fu tenía, mientras el abogado abría el testamento y comenzaba la lectura.

Marinette se acababa de convertir en dueña de la tienda, así como dueña de todos los artículos que se encontraban en aquel lugar, todos menos uno. El libro de los miraculous.

El libro había pasado a manos de Adrien Agreste, quien lo recibió con embeleso, recordando todos los problemas que aquel vejestorio le había causado hacía más de una década; sonrió para Marinette con emociones encontradas, no sólo era un recuerdo de Fu, sino también de su padre, así que el muchacho no dudó antes de abrazar las pastas viejas de aquel almanaque que poseía el conocimiento antiguo.

—Una última cuestión. —Leyó el abogado con voz solemne. —Marinette, convierte por favor esta esquina en una boutique donde expongas tu ropa, en un estudio para ti y para los tuyos, en un café cursi y sobrevaluado o en lo que tú quieras.

Marinette bufó divertida, sólo de cerrar los ojos podía escuchar la voz de Fu diciendo aquellas palabras, claro como el agua, como si estuviese sentado frente a ella y la mirase con el entrecejo fruncido, como si la regañara y al mismo tiempo como si le heredara el conocimiento más preciado que tenía.

—Nada de conservar las cosas como están, acumulando el polvo. Este sitio te pertenece para que lo conviertas en algo tuyo, así que aprovecha.

La imagen de Fu, con una sonrisa radiante en el rostro al haber entregado por fin las últimas palabras a su pupila, se desvaneció en su mente, y Marinette no pudo evitar pensar en aquella película de héroes y un "No me quiero ir, Marinette".

La joven abrió los ojos con una sonrisa radiante, no pudo evitar las lágrimas que se deslizaron por sus mejillas, pero ella asintió para sí misma y recibió los documentos que debía firmar para poder hacerse del testamento de su maestro.

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Los seis portadores estaban de pie en torno a la mesa, el testamento estaba al centro y los kwamis estaban sentados alrededor del papel, admirando la apretada caligrafía de Fu en la firma, sonriendo al recordar las palabras amables que ese viejo portador siempre tenía para ellos, los montones de preguntas que hizo en su juventud, las veces que se equivocó una y otra vez, su presencia en sí misma.

—Muy bien... —Murmuró Marinette en medio de un suspiro. —Muchas gracias por ayudarme con esto, no se tienen que quedar si no quieren, saben que pueden irse en el momento que gusten.

—Amor, me voy a ir de esta tienda tomando tu mano, así que manos a la obra.

—Claro, y Adrien prometió croissants y café, más motivos para quedarme. —Bromeó Nino abrazando a Alya por los hombros.

—No tengo nada mejor que hacer, que acompañar a mi mejor amiga en este momento. —Dijo Alya sonriendo. —Si surge algo más importante, puede esperar.

—Chicos... —Murmuró Marinette con el corazón engrandecido por la ternura.

—Yo me encargué de mi agenda y de la de Adrien. —Prometió Kagami sonriendo de lado a lado antes de avanzar hasta Marinette y abrazarla dulcemente. —Eres mi amiga, Mari. Mi primer y más importante amiga, no hay otro lugar en el mundo en el que quiera estar en este momento.

Ambas chicas estuvieron a punto de soltarse a llorar, pero en eso, Nino tiró por accidente una tetera metálica de la repisa más cercana y todos soltaron una risa, liberando la tensión y el nerviosismo que se había acumulado ante la intensidad del momento.

Se pusieron manos a la obra para limpiar todos los artilugios de la tienda, poniendo lo más comercial en cajas y dejando las cosas que parecían valiosas sobre la mesa, sobre el testamento. Más tarde llamarían a Alix para pedir su opinión como experta.

Marinette se encontró con que había muchas cosas funcionales en la tienda, así que terminó repartiendo algunos objetos entre sus amigos, entre las que destacaron una cámara pollaroid a Alya, una tornamesa (en realidad era un tocadiscos con funciones) vieja en perfecto estado a Nino, un par de katanas para Kagami, y al final, todos estaban tan embelesados con todas las cosas de la tienda que terminaron haciendo un apartado de "cosas para mí" cada quien en su rincón.

Aunque Kagami había ido a plantarse frente a Marinette cada vez que encontraba algo que le gustaba (siempre apelando al argumento de que la dueña legítima tenía todo derecho a decir que quería conservar alguno de los cachivaches que Fu tenía arrumbados en la tienda y que ella entendería si le negaba el permiso de conservarlo), consiguiendo que la franco-china le prometiese que revisaría su pila al finalizar el día para decidir si quería conservar algo.

Kagami sólo necesitó una última mirada de reproche por parte de Marinette para entender que hablaba en serio y que debía dejar de preguntarle al respecto.

Marinette se había perdido en un viejo álbum de fotografías donde Fu había recapitulado imágenes y recuerdos, postales, sellos, flores secas de todos sus viajes por el mundo. Estaba absorta en sus pensamientos, preguntándose cuántos de aquellos recuerdos lo habían hecho feliz cuando la música resonó en toda la habitación.

Hacía más de media hora que los acordeonistas plagaban las calles, entonando sus melodías dulces y románticas, un tanto melosas para la situación de duelo que pasaban los portadores, pero perfectas para una noche de amor en las calles de París.

No, lo que llamó la atención de Marinette no fueron los acordeones que llegaban amortiguados hasta ella, fue el sonido que se alzó dentro de la misma habitación en la que ella se encontraba en ese instante, puesto que las cuerdas de un Ukulele viejo y gastado hicieron que Marinette viajase varios años atrás en el tiempo, al momento en que le había entregado el miraculous de la serpiente a Luka por quinta o sexta ocasión.

(La vie en rose - Daniela Andrade)

—Es un himno al amor... decía ella. —Bromeó Luka al percatarse de que todos los portadores habían frenado en sus acciones para poder dedicarle una mirada a sus amigos.

—Es sosa y empalagosa... —Murmuró Marinette sonriendo ampliamente al ver a Luka caminar al ritmo de los rasgueos, percatándose de que aquel era el mismo ukulele.

La chica también se puso de pie en su sitio y sonrió entonando los primeros versos de la canción.

Incluso los kwamis detuvieron cuanto estaban haciendo para admirar a sus portadores. Marinette sonreía como hacía días no ocurría, la chica lucía embelesada, inocente, atolondrada quizás, enamorada mucho.

Adrien abrazó a Kagami por los hombros y recargó su mejilla contra la sien de la oriental, Nino y Alya intercambiaron una mirada dulce en la distancia, temiendo interrumpir si alguno de los dos atravesaba la habitación, ninguno se atrevió a moverse más allá para no quebrantar lo que parecía ser un espacio sagrado.

Porque cuando las voces de Luka y Marinette se entrelazaron en el siguiente verso, de verdad pareció como si se hubiese detenido el tiempo un instante.

C'est lui pour moi, moi pour lui dans la vie
Il me l'a dit, l'a juré pour la vie

Tikki y Sass se aventuraron hasta Luka para arrebatarle el ukulele de las manos, pero ninguno de los dos portadores dejó de cantar a pesar de que la música frenó; Adrien tomó el instrumento e hizo su mejor esfuerzo para mantener el ritmo que el guitarrista había marcado, pensando internamente en una disculpa.

Luka tomó a Marinette entre sus brazos y sonrió moviéndose por toda la habitación despejada, sus miradas estaban radiantes, azules que se encontraban como el cielo en la madrugada, azul celeste y cerúleo chocando y luchando para apoderarse del otro, sus voces armónicas consiguiendo que el momento pareciera mágico, dos amantes enamorándose por primera vez en siglos, como si aquella fuese la primera vez que se veían, pero al mismo tiempo, dos almas viejas consumando un amor que parecía tener ahí milenios.

Sass suspiró y miró a Tikki con media sonrisa antes de acercarse a su oído y susurrar algo.

Tikki sonrió antes de besar la mejilla de Sass y luego salió proyectada por la habitación, hacia los brazos de Plagg, tomando sus manos para flotar en círculos, bailando ellos tambien y dejando a su paso una estela de luces blancas que fueron llenando la habitación como luciérnagas o estrellas titilantes.

Y aquella habría sido la velada perfecta, si no se hubiese escuchado un estallido en la distancia, una serie de gritos de la gente huyendo despavorida, y luego la voz de una mujer con ecos metálicos exclamando con porfía y saña: —¡Odio esa canción!