Rebeca . sz: Jajajaj tenía ganas de hacerles ese guiño a estas dos antes de seguir con la historia, se terminan los capítulos tranquilos.
Sonrais777: Pues veremos hasta dónde llega su maldad, por lo pronto esto. Espero que te guste.
Marianne E: Te entrego un regalo doble este día, dos actualizaciones y la canción de DLD, tú tienes la culpa, no puedo creer que estuvieran en las fiestas de octubre y me los perdiera. Ni hablar, otro año será. Espero disfrutes este
Luka se quedó pasmado. Marinette había tomado la boca de Kagami en un movimiento brusco y posesivo, seductor, desmedido. Soltó una carcajada ante la expresión de Adrien, que había abierto los ojos de par en par y tenía la mandíbula rozando el suelo por decir algo.
Aunque tenía que admitir para sí mismo que le encantaba la idea de ver a Marinette seduciendo a su mejor amiga con un beso en medio de un bar lleno de gente, una parte de él sabía que debía detener aquella proesa antes de que a alguien se le ocurriera sacar el teléfono celular y hacer una fotografía para inmortalizar ese momento para la posteridad.
El guitarrista se removió en su sitio y sonrió poniéndose de pie, avanzando hasta su esposa y pensando en cómo haría para interrumpir aquel beso sin verse territorial o celoso.
No hubo necesidad de hacer mucho. Marinette y Kagami retrocedieron al mismo tiempo, soltando una carcajada escandalosa, consiguiendo que la gente que las había rodeado soltara también alguna risita o algún abucheo.
Marinette colgó los brazos alrededor del cuello de Luka al percatarse de que el guitarrista estaba a unos pasos de ella.
—Te dije que no era ninguna cobarde.
Luka soltó una carcajada ante el presente aroma a tequila en el aliento de su esposa.
—Cierto, lo dijiste.
—¿Por qué me dejas tomar? —Soltó divertida, recordando haber jurado alguna vez que no volvería a emborracharse en su vida.
—Bueno, estoy seguro de que recordarás esto en la mañana. Jamás has vuelto a embriagarte tanto como en esa fiesta.
—Sí, fue horrible. —Espetó la chica frunciendo el entrecejo y volviendo el rostro hacia Kagami, presa entre los brazos de Adrien.
—Se tomó la mayoría de mis shots cuando se dio cuenta de que no sé tomar tequila. —Soltó Kagami, arrastrando las palabras, con la lengua entumida y la mirada vidriosa.
—Amable como siempre, ¿No primor? —Soltó Luka antes de tomar el rostro de Marinette y robarle un beso.
No fue un gesto brusco como el que Marinette había hecho para alcanzar a Kagami minutos atrás, no; el beso de Luka fue un gesto tierno, posesivo, sí. Porque desde lo ocurrido con XY, Luka estaba más consciente de que podía perder a Marinette en cualquier momento, desde ese enfrentamiento se había obligado a sí mismo a recordar, cuantas veces fuese necesario, que si tenía a Marinette como esposa en esa vida era porque era afortunado a niveles insospechados, porque, o habían logrado vencer al destino, o el destino había decidido darle una pausa a su sufrimiento, darles una segunda oportunidad.
—Estoy ebria. —Murmuró Marinette cuando Luka le acarició el rostro.
—Un poco. Sí. —Soltó divertido el muchacho ante los ojos de su esposa, que le miraban expectantes y curiosos.
—¿Cuánto alcohol se necesita para que te pongas como yo? —Inquirió con el entrecejo fruncido.
Luka soltó una carcajada sonora, tomando el rostro de Marinette para poder verla a los ojos y tratar de entender qué tan tomada estaba la joven.
—Yo diría... que unas tres o... cuatro...
—¿Bebidas? —Soltó Adrien divertido, incrédulo mientras se llevaba el vaso a la boca.
—Botellas. —Corrigió Luka consiguiendo que Adrien se atragantara con su bebida. Luka soltó una carcajada abrazando a Marinette por los hombros, pegándola a su costado para darle algo a lo qué aferrarse para mantener el equilibrio, agradecido cuando ella trenzó sus brazos en torno a su cintura. —He aprendido a tomar con el paso de los años, los conciertos en los bares y las presentaciones privadas son un buen laboratorio para extender tu resistencia al alcohol. Ya nos iremos de gira con Retrouvailles. Aprenderás a tomar. —Amenazó divertido, consiguiendo que Adrien tragara en seco.
—Bueno, de momento no necesitamos más alcohol. —Soltó Kagami sonriendo al ver a Nino dirigirse hacia la barra, donde tenían la computadora conectada a las bocinas.
—Mientras los muchachos se animan a tomar el micrófono podemos bailar un poco. —Soltó Alya divertida, afectada también por el alcohol.
—¿Cómo fue que ustedes le ganaron a mi esposa? —Soltó Luka viendo a Alya, confundido.
—Resulta que los trabajos de fin de semana como DJ también le han dado a Nino algo de resistencia y conocimiento. —Soltó la periodista conteniendo una carcajada. —No sabía que él sabía jugar beer pong.
—¿Qué dices, ma chérie? —Soltó Luka pegando su boca a la sien de su esposa. —¿Quieres bailar un rato antes de irnos a casa?
—Será divertido.
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Marinette había comprendido las intenciones de Luka desde el principio, cuando el muchacho le había puesto una botella de agua en las manos antes de dirigirla al espacio dispuesto al centro del Chat, donde montones de personas se habían aglomerado para bailar al ritmo de las mezclas de Nino.
La música se había apoderado de ella en varias ocasiones, entre un trago y otro; Marinette permitió que la música se le colara hasta los huesos y ella se perdió en el sonido de los ritmos, que retumbaban contra la bocina y taladraban sus oídos embriagándola más de lo que ya se sentía en ese momento, olvidándose de sí misma y del hecho de que sabía que estaba ebria. La música sonaba con más fuerzas, aturdiéndola y confundiéndola. Y Luka sonrió de oreja a oreja al verla bambolearse al ritmo de las mezclas, puesto que sabía que el agua y el sudor ayudarían a que se deshiciera del exceso de alcohol en su sistema.
Aún en medio de su embriaguez, la chica pudo ver la expresión de molestia que Luka compuso al revisar su teléfono, había recibido un mensaje de texto, y por la cara que había puesto, la joven diseñadora podía apostar a que se trataba de Lena o de Andrée, que esos dos estaban muy insistentes desde un par de días atrás, la primera insistiendo en que debían fijar una fecha para la entrega de la siguiente canción, la grabación y los ajustes, el segundo preguntando qué había pensado sobre la información que les habían hecho llegar el día que había ido a Les reptiles, un día antes de presentar Magnet.
La joven quería sacar a Luka de sus pensamientos sombríos, sabiendo que, aunque estaba disfrutando el baile y la compañía, seguía embebido en sus estratagemas para librarse de esos dos cuanto antes.
—¿Te preocupa que venimos en la moto? —Soltó Marinette en un grito, temiendo no ser escuchada por Luka.
Pero el guitarrista soltó una carcajada asintiendo a la par que Marinette se acercaba más y más a él hasta pegar sus cuerpos y bailar sintiendo el calor del otro.
—No me voy a caer. —Comentó ella coqueta, sonriendo de lado mientras Luka cerraba sus manos en torno a la cintura de la chica, pegándola a su cuerpo tratando de eliminar cualquier milímetro de distancia entre ellos. —Y ya no quiero estar aquí. —Añadió con voz seductora.
.
Luka dio una calada a su cigarrillo.
No. No solía fumar. No era una costumbre que tuviera ni de la que se enorgulleciera, pero justo ahora necesitaba algo para calmar su nerviosismo, así que estar recargado en el barandal de su ventana, observando a Marinette dormir plácidamente, acostada bocabajo abrazada de su almohada y con el cuerpo desnudo ante sus ojos, le dio la paz que necesitaba para poder aclarar su mente y pensar en paz.
Perdió la mirada en el horizonte, suspirando y sonriendo ante el vaho que se formaba con su respiración tibia en comparación al clima helado de París. Dio otra calada y soltó el aire formando círculos con el humo, divertido y preocupado al percatarse de que había perfeccionado esa habilidad, de verdad debía dejar de fumar.
Apagó la colilla en el barandal y entró a la habitación, buscando el pantalón de su pijama y cerrando las ventanas, sabiendo que debía cerrar antes de que Marinette pescara algún resfriado.
Esa noche había tenido el pensamiento recurrente de que era realmente afortunado de tener a Marinette en su vida, Xavier tenía razón al decir que, si al menos tenía esa fortuna, debía cuidarla y proteger cualquier momento de felicidad como si fuese una burbuja de jabón bailando al viento. Suspiró y agradeció, besando la mejilla de Marinette antes de cubrirla con las sábanas y dirigirse a la puerta, donde se detuvo una última vez, recargado en el marco, para poder mirar a su esposa, que se había reacomodado, sonriendo ampliamente.
—Una noche sin pesadillas siempre es una ventaja. —Murmuró el guitarrista al salir.
—No creo que termine ssin pessadillass. —Admitió Sass alcanzando a Luka cuando se dirigía al estudio del piano.
—Gracias por los buenos deseos. —Ironizó Luka tomando su guitarra y encendiendo otro cigarrillo mientras desperdigaba sus partituras por encima de la mesa.
—Me refiero a que lass pessadillass sseguirán hassta que Marinette entienda el ssello y ssea capazs de ponerlo ella ssola.
—¿Se puede aprender? —Inquirió Luka mirando a Sass.
—Ssí, dessafortunadamente nossotross no ssabemos cómo hacserlo. Por sseguridad.
—Qué lástima.
—¿Cómo te ssientess?
—¿Preguntas por el miraculous de Plagg?
—Ssí. —Soltó Sass, divertido ante lo directo que se ponía su portador.
El kwami de la serpiente había tenido todo tipo de portadores, eso sí, todos y cada uno de ellos tenía una agilidad mental única y divertida, la facilidad para la ironía y para la palabra, el temple para tomar las decisiones del tiempo sin alterar nada que fuese perjudicial a niveles peligrosos. Todos y cada uno de ellos había sido único y excepcional. Y había aprendido a querer a todos y cada uno de ellos. Muchos habían sido curiosos, queriendo y necesitando saber cómo funcionaba el mundo en el que vivían, queriendo comprender su entorno y su mundo, queriendo comprender el poder de los kwamis y de los miraculous.
Otros de ellos habían sido gente sencilla, sin muchas dudas, sin querer saber realmente qué o cómo funcionaba la magia y lo que implicaba ser un portador. Muchos de ellos habían sido portadores oscilatorios, como lo había sido Luka al principio, llevando el miraculous sólo cuando el guardián lo consideraba apropiado.
Luka Couffaine era una mente joven y vívida, llena de emociones, de dudas, de cuestionamientos para el mundo. Lleno de preguntas y de prudencia. Un muchacho al que nunca olvidaría, estaba seguro de ello.
No todos habían sido músicos antes de conocerlo, pero luego de convertirse en sus portadores sí que habían encontrado la pasión por la melodía. Que Luka fuese un músico desde antes de que le entregasen el miraculous había simplificado mucho todo, puesto que cuando se unían en la batalla, Kwami y portador fusionaban sus mentes en un vínculo sagrado en el que compartían sus vidas durante todo el tiempo que durase la fusión.
Sonrió cuando vio a Luka apagar el cigarrillo tras dos caladas, sonrió aún más cuando tomó su teléfono y mandó un mensaje a Adrien, un audio preguntando: ¿Estás despierto?
—Ess reconfortante ssaber que sse llevan bien essta vezs.
—Quería matarlo cuando Mari terminó con él. —Volvió a presionar el micrófono de su teléfono y sonrió malicioso. —De verdad, si estás dormido dímelo y no hay rencores. Te dejo en paz
—Tú quieress desspertarlo. —Acusó Sass divertido.
—No. —Soltó Luka con sarcasmo, extendiendo la o todo lo que pudo. —Claro que no, quiero que descanse. —Y volvió a activar el micrófono con una sonrisa maliciosa. —En fin, supongo que mañana hablamos.
Y tras varios segundos de silencio, Luka recibió un mensaje de Adrien, un audio donde la voz del muchacho sonó arrastrada y viciada.
—Sí estaba durmiendo, ¿qué quieres?
—Perdón, no es mi interés molestar, mañana te mando un audio con la canción. —Dijo Luka con una sonrisa radiante, sabiendo que el muchacho, como buen músico, respondería preso de la curiosidad ante aquel último mensaje.
Pasaron varios minutos antes de que Luka recibiera otro mensaje de Adrien, pero el audio sonó distinto, el rubio sonaba despejado, despierto.
—Soy todo oídos. ¿Qué tienes?
Luka sonrió haciendo una videollamada con su amigo, consiguiendo que Sass se sentara en su hombro para ver si Plagg se unía a la conversación. Luka soltó una carcajada al percatarse de que Adrien había colocado su teléfono en el pedestal para tener las manos libres, estaba sentado al piano con una taza de café al lado y una sonrisa ladina.
—Espera. —Pidió Luka haciendo lo mismo, acomodando el teléfono en un pedestal para poder abrazar su guitarra y mirar a su amigo. —Tengo dudas respecto a esto.
Luka trenzó la melodía en su guitarra, lo que tenía preparado de la canción que había originado el nombre del disco: Reencuentro.
Adrien no pudo evitar mover la cabeza al entender el ritmo, siguiendo la melodía con su cuerpo y sonriendo ampliamente.
—Lo tengo. ¿Qué te falta?
—Algo de vida ¿No crees? La siento monótona.
—Es monótona, pero le hace falta algo de eso a tu disco.
—No quiero monotonía, quiero melancolía.
El silencio se alzó entre ellos como un muro. Y Adrien comprendió por qué Luka necesitaba que aquella canción fuese melancólica.
—Es la letra que me mandaste esta mañana. ¿Verdad?
—Sí. ¿Tienes las partituras?
—Justo aquí. —Murmuró Adrien sacando su cuaderno pautado. Había transcrito la información para poder trabajarla en su versión de piano, así que sonrió mirando a Luka y comenzó a tocar lo que ya tenía entretejido.
Luka sonrió cerrando los ojos y dejándose llevar por la música, agradeciendo la compañía de Adrien cuando había tantas cosas pasando por su mente.
Ninguno de los dos se percató de que Marinette se había parado en la entrada del estudio un segundo, con una sonrisa radiante antes de dirigirse a la cocina, pensando en que Luka debía dormir un poco, pero sabiendo que no lo iba a molestar con algo así en ese momento. Si no quería estar en la cama, si no quería descansar, por algo sería. Y ella iba a respetar eso.
Luka por su parte estuvo en la llamada durante media hora con Adrien, hablando, rediseñando las partituras, componiendo música nueva. Supo que tenía que cambiar toda la letra de la canción, así que cuando colgó la llamada y vio a Marinette de pie en la puerta con una charola en las manos, sonrió de oreja a oreja al saber que contaría con el apoyo de su musa.
—¿Me muestras la melodía? —Murmuró Marinette sonriendo mientras se sentaba frente a Luka en el piso.
El guitarrista sonrió trenzando lo que había construido con Adrien, desviviéndose en la manera en que tocaba las cuerdas, recordándole a Marinette los momentos de su infancia en los que había asistido a los ensayos de Kitty Section, todas las veces en las que Luka le había escrito una canción a ella, o cantado alguna ya escrita para seguirle mostrando sus sentimientos.
—Tengo que cambiar la letra. —Murmuró Luka pensativo mientras Marinette se levantaba para dirigirse al piano. —¿Cuánto tienes levantada? —Inquirió al ver los sándwiches delicadamente cortados y colocados en la charola al lado del jugo natural de naranja.
—El suficiente para entender que tendrías hambre. Siempre terminas muy hambriento cuando compones, así que pensé que querrías desquitarlo.
Mullo entró a la habitación con una sonrisa complacida al ver que Sass le dedicaba una mirada larga y un gesto ladino y complacido.
—Esstass radiante —comentó la serpiente sonriendo y entrecerrando los ojos antes de hacer una reverencia —, como ssiempre...
—Pero eso lo dices porque quieres comerme.
—Como ssiempre... —Concedió el kwami, agradeciendo internamente la oportunidad de poder pasar un momento con Mullo.
Luka sonrió asintiendo con la cabeza mientras devoraba uno de los aperitivos. Suspiró alcanzándole las partituras a la chica cuando ella extendió la mano y sonrió reacomodándose en su sitio, sacando el teléfono para grabar puesto que ya conocía ese gesto por parte de su esposa, seguro terminarían improvisando alguno que otro verso para esa canción.
Las manos de Marinette acariciaron las teclas del piano con sutileza, no era ágil como Adrien, pero tenía su encanto para hacer que el piano expresara sus emociones.
Marinette tuvo que trenzar el intro de la canción un par de veces para terminar de comprender su ritmo, pero en cuanto tuvo conciencia musical, sonrió mirando a Luka, que asintió una vez y sumó el rasgueo a su guitarra.
Marinette no había caído en cuenta de que se trataba de la guitarra que Louis había regalado a Luka una semana atrás, sabiendo que había estado ausente en su cumpleaños. La chica sonrió enternecida.
—Sabes... —Murmuró Luka pensativo, mirando la espalda de su esposa, delineando la figura esbelta oculta en una de sus camisetas de manga larga. Amaba verla usando su ropa, no podía evitar pensar en que lucía una combinación equilibrada entre dulzura y sensualidad, siempre le había parecido sexy verla usar su ropa. —Pensaba en tus pesadillas cuando trenzaba esta canción.
—¿En qué? —Murmuró la chica volviendo el rostro un momento, pero volviendo la atención a las teclas del piano.
—En el hecho de que estás recordando vidas pasadas. No le he preguntado nunca a Sass al respecto, pero sé que nos hemos conocido un par de veces puedo sentirlo. Pero no sé cuántas veces hayamos logrado estar juntos.
—Estamos juntos. —Soltó Marinette divertida, como si aquello fuera ridículo.
—Sí, y soy afortunado por ello. Pero no sé cuánto nos dure esta buena suerte, así que estaba pensando en hacerte una promesa.
—¿Qué clase de promesa?
—Algo más solemne que "en la salud y la enfermedad", eso tenlo por seguro.
—¿Qué podría ser más solemne?
Luka dejó correr un par de segundos, volviendo a encontrar el ritmo de la música antes de tomar aire y abrir la boca.
(Reencuentro - DLD)
(Nadie nos dijo ni cómo ni cuando
Y lo de en medio es todo nuestro
Marinette sonrió enternecida. Luka seguía siendo el mismo niño perdido de toda la vida. Mejor con la música que con las palabras, un muchacho ingenuo que seguía mordiéndose la lengua cuando se trataba de decir algo importante, equivocándose y reivindicándose.
Lapidas grises, instantes pequeños
Donde reposan los sentimientos
Tuvimos momentos de pena y de gloria
Que se grabaron en la memoria
Y aunque la muerte acecha no asesina sin dejar una lección
Claro que lo comprendía. Marinette entendía perfectamente la promesa solemne que Luka le estaba haciendo al cantar aquello, y entendía el miedo que le carcomía por dentro ahora que las memorias de sus antecesores comenzaban a apoderarse de ellos, como si amenazaran con hacerles tambalear la fé.
La de estar juntos
Nos volveremos a ver, descuida
Si no es esta es en otra vida
Dale un momento y nos volvemos a encontrar
Nos volveremos a ver, tarde o temprano
Y por eso somos humanos
Dale un momento y nos volvemos a encontrar
¿Cómo no estar asustado si la vida amenazaba con quitarle lo único que le daba la cordura y la fuerza suficiente como para aferrarse a la realidad?
Claro, Marinette era el alma gemela de Adrien, Ladybug y Chat Noir siempre serían almas gemelas ligadas hasta la eternidad, destinados a pelear lado a lado, y ¿por qué no? A compartir también algunas vidas juntos.
Pero esa vida, Marinette le había elegido a él, no había nada que temer, porque Marinette, al menos Marinette, le elegiría una y otra vez, el resto de esa vida.
O al menos eso querían creer ellos.
Nadie nos dijo, final o comienzo
Y lo de en medio es todo nuestro
Y aunque la muerte acecha no asesina sin dejar una lección
La de estar juntos
Nos volveremos a ver, descuida
Si no es esta es en otra vida
Dale un momento y nos volvemos a encontrar
Marinette y Luka siguieron tocando con los ojos cerrados. La canción estaba todavia ahí, con la letra suspendida entre ellos como un recordatorio, como una promesa implícita de volverla a buscar en la siguiente vida, y en la siguiente, y en la siguiente hasta que pudieran volver a estar juntos, porque mientras hubiese vida, Luka lo seguiría intentando.
Por un momento, ambos vieron una costa, una playa, una cueva, un dibujo en la piedra.
Ninguno de los dos estuvo seguro de qué era lo que sus ojos estaban percibiendo en ese instante, no estaban seguros de si era una imaginación, una ensoñación, un recuerdo. Sólo supieron que, tarde o temprano terminarían en aquella playa, sosteniendo la mano el uno del otro. Y por un momento Marinette tuvo la certeza de que aquello no había ocurrido todavía, y al mismo tiempo supo que aquello era algo que ya había pasado mil veces. Una oportunidad para ellos.
