Lamento la demora, aquí una nueva entrega.
Rebeca . Sz: Venga, se termina el romance, momento de volver a la acción
Sonrais777: Jajajaja ok, ya estoy considerando en serio lo del mini couffaine, pero dame chance de que pase la nueva vorágine que se les viene
Manu: Gracias, la música siempre ha sido importante para mí
Skayue-Chan: Mejor ni te cuento lo que se viene, ¿preparada para Chat Blanc? A ver cómo nos va después de eso
Marianne E: Listo, que empiece el caos, o bueno, algo así. Te entrego México Prehispánico (inserta corazones aquí)
Marinette estaba recostada entre las piernas de Luka, leyendo el mensaje que Andrée le había enviado casi un mes atrás. Una convocatoria para los reptiles para un torneo entre ellos, Luka tenía hasta la medianoche siguiente para tomar una decisión al respecto. Sabía que debía darle una respuesta a Andrée al haber sido él en persona quien había ido a recibir las indicaciones en lugar de solicitarlas por medio de Colette.
—¿Qué piensas hacer? —Murmuró Marinette acariciando una rodilla de Luka mientras le regresaba el teléfono.
—Es una oportunidad para recuperar mi lugar al lado del trono.
—¿Quieres volver a ser la mano derecha de Andrée? —Dijo la joven a media voz, insegura de haber comprendido las intenciones de su esposo.
—No. —Murmuró Luka apresando a Marinette entre sus brazos y sonriendo contra su coronilla. —Quiero ser intocable de nuevo. Erik se puede quedar con eso de ser la mano derecha si quiere, yo lo único que quiero es que me dejen en paz. Estoy harto de ser un objetivo.
—Pero esto... —Murmuró Marinette pensativa. —No entiendo mucho de este torneo, pero no sé si valga la pena que te metas en problemas sólo porque te dejen en paz. No han hecho nada contra nosotros desde...
—Desde Erik, lo sé. Pero ya lo estoy viendo venir. La cabeza de Luka por cincuenta puntos. —Espetó fingiendo una voz gutural y moviendo las manos como si proyectara aquel anuncio en el cielo.
Marinette soltó una carcajada ante aquello. Luka podía ser sombrío y perspicaz, pero había una parte de él que adoraba la ironía, las bromas comerciales y gastadas que hacían reír como fórmula mágica.
—Ya entendí. —Soltó la chica aún en medio de carcajadas, cuando Luka comenzó a hacerle cosquillas. —Ya basta, entendí el punto, lo juro. —Gritó Marinette cuando Luka trenzó sus piernas en torno a su cintura para retenerla más tiempo. —¡No! Tregua, por piedad, tregua.
Marinette no podía con las carcajadas, Luka, en un movimiento veloz y certero, colocó a Marinette bajo su cuerpo, presa entre sus rodillas mientras el seguía paseando los dedos por sus costillas, consiguiendo que las risas fueran en aumento.
Marinette sentía las mejillas ardiendo, le dolía el estómago, los ojos le estaban llorando, lágrimas que salían a raudales poblando sus mejillas hasta dejarlas empapadas, no importaron todas las súplicas que exclamó, fue como si cada palabra funcionara como combustible para alimentar las ganas de Luka de hacerla pedazos con aquel gesto infantil.
No había héroes de Paris, ni marido y mujer, no había amantes locamente enamorados, no. Solamente dos niños pequeños jugando.
—¡Basta! —Gritó Marinette en medio de las carcajadas.
Luka por fin dejó de moverse. Se quedó quieto en su lugar, con las rodillas a los costados de las caderas de Marinette, sosteniendo la cintura de la chica en una mano mientras que usaba la otra para sostener su peso. Marinette se fue calmando hasta por fin dejar de reír, le dolía todo el cuerpo, pero estaba feliz. La joven pasó sus brazos alrededor del cuello de Luka, atrayéndolo hacia sí, poniendo su boca al alcance para plantarle un beso dulce, casto, tierno.
Sí, eran amantes apasionados, adictos al cuerpo del otro, a sus caricias y besos, a la manera de seducirse el uno al otro, pero también eran los adolescentes enamorados que estaban descubriendo el amor, así que aquel beso no contuvo un gramo de malicia, no había dobles intensiones, no era un juego de seducción como tantas veces había sido. Aquel beso era una forma de descubrir por primera vez la boca del otro, el recordatorio de que alguna vez habían tenido diecisiete y quince años, y que habían compartido un primer beso en ese entonces.
Sí, Luka y Marinette habían compartido un beso en la adolescencia, antes de que la joven iniciara su romance con Adrien, aunque no había pasado de un beso, Luka atesoraba ese beso como pocas cosas en esta vida.
Marinette suspiró cuando Luka rompió el beso, acomodándose con cuidado sobre ella, recargando el oído contra las clavículas de la chica, buscando la sinfonía que más amaba entre todos los sonidos de ese mundo. Ella por su parte comenzó a acariciar el cabello de su esposo, sonriendo ampliamente, disfrutando de la paz de ese momento, pero con el pensamiento latente "demasiado bueno para durar".
—Andrée querrá a Cobra en su torneo. —Murmuró Luka distraído, confirmando las sospechas de Marinette. —Le dijo a Colette que estaba frustrado por no saber cómo hacerle salir de su escondite.
—¿Qué piensas hacer?
—No lo sé. Todavía no he tomado una decisión.
El silencio se alzó en la habitación, ninguno de los dos añadió nada, ¿Qué se decía en una situación así?
No, siguieron en silencio, esperando porque el sueño los venciera, tal vez el descanso les traería la claridad que necesitaban.
Desde el balcón, Mullo y Sass observaban a sus portadores con expresiones serenas, aunque sus emociones no estuvieran tranquilas.
—Marinette está comenzando a ver sus vidas pasadas. —Murmuró Mullo con aires de tristeza, sin embargo, sonrió consternada encarando a Sass. —Pero ahora que hice la fusión con ella, me di cuenta que sus emociones por Luka son reales, no hemos interferido esta vez.
—Fu ssiempre tuvo un conocsimiento impressionante de loss miraculouss. No me ssorprende que haya ssabido poner loss sselloss de essa manera tan pulcra.
—De todos modos hay algo que me preocupa. Marinette y Luka de verdad están considerando que la joven guardiana debe ir al templo de los miraculous.
—¿Qué te preocupa?
—Que podrían empezar a vivir las emociones de sus encarnaciones previas como si fueran propias, y Marinette no es Claire, ni es Alitzel, ni es Kala.
—Ssi a essass vamoss, Luka no ess Yamir.
—Sass, entiendes mi punto. —Llamó Mullo tomándole las manos, con un gesto de preocupación que la serpiente no había visto desde hacía siglos. —No quiero ocasionar un problema con nuestros portadores, sabemos que Luka y Mari siempre han tenido todo en contra. Has tenido cincuenta y nueve portadores que…
—Ssessenta… —Interrumpió la serpiente con una sonrisa ladina. —Luka es el número ssessenta.
—Sass… —Llamó Mullo con tristeza en la mirada, consiguiendo que el aludido le apretara más las manos, comprendiendo. —¿Ya olvidaste el viaje a América? ¿Qué año fue?
—No fue hacse tanto. Mil novecsientoss docse.
—Entonces recuerdas a Evan. —Murmuró Mullo con tristeza, soltando a Sass y alejándose un poco, con los brazos cruzados y la mirada fija en la torre Eiffel. —No quiero que vuelva a pasar.
Sass soltó un suspiro largo, pesado, cargado de significados, claro que recordaba a Evan, recordaba a todos y cada uno de sus portadores, recordaba a cada serpiente a la que había acompañado en su vida.
El Kwami sonrió acercándose al ratón.
—Plagg y yo dejamoss de pelear hacse mucho. —Prometió poniendo una mano en la frente de Mullo, un gesto que le había aprendido a Luka cuando trataba de consolar a Rose o a Juleka. —Lo demass depende de elloss.
—Ay, Sass… —Murmuró Mullo lanzando sus brazos alrededor del cuello del Kwami. —Sólo espero que sepan que hacer.
—Sson fuertess. Ssabrán qué hacser. Ya verass. —Sass guardó silencio unos minutos antes de añadir: —¿Tanto te encariñasste con Marinette en tan poco?
—Yo la conocí cuando era una niña, y a través de los ojos de Fu. Quiero protegerla.
—Ssabrass hacserlo. —Prometió el Kwami mirando a Mullo a los ojos, sonriendo de tal forma que sus colmillos brillaron en la oscuridad y le hicieron estremecerse. —Ssiempre hazs ssabido también.
.
Plumas.
Sí, plumas.
De todos colores.
Plumas largas que bailaban en el viento, girando, volviendo, subiendo y bajando al ritmo de los tambores.
Plumas de pavorreal, de faisán, de águila, de búho, plumas de todo tipo, textura y color que se movían al ritmo de la danza de aquellos guerreros que volvían al pueblo, bañados en la sangre de sus enemigos por haber finalizado otra guerra florida.
El sonido del caracol a lo lejos hizo que la música cambiara, por lo tanto, los movimientos cambiaron también.
Sentía su cuerpo, sus pies golpeaban el suelo con violencia, con vehemencia, con pasión y con armonía, pesaban como el infierno, los cascabeles y las semillas hacían que levantar los pies fuera más complicado, además de todo el trayecto que habían recorrido para volver al hogar. No, el cansancio era demasiado, pero el guerrero de la suerte debía bailar para celebrar su regreso, y lo haría con toda la pasión del mundo para impresionar a la princesa pantera y a la sacerdotisa de Quetzalcóatl. Porque ellas eran las dos mujeres más importantes en su vida.
Necuametl, no estaba segura de cómo lo sabía, pero Marinette estaba segura de que ese era el nombre de aquel guerrero, o al menos así le llamaban. Necuametl, que significa rey.
El ritmo de los tambores aumentó, la danza evolucionó de manera que los guerreros volvían con sus penachos moviéndose de un lado al otro, giros controlados que hacían lucir las plumas, y luego saltos, saltos rítmicos y acelerados, las danzas aztecas buscando caracterizar Los cuatro elementos, pisadas fuertes, firmes y llenas de ritmo para la tierra; movimientos circulantes acompañados de los brazos, curvas, giros para el viento; avances y retrocesos, y alguna vuelta para cambiar de lugar con sus compañeros para el agua; pero la danza que más le gustaba a Necuametl era la del fuego, que combinaba todo. Giros, saltos, golpes, movimientos. Todo hacia arriba y hacia el frente, así como él peleaba.
No, no era el único motivo por el que amaba el fuego, estaba Yaocihuatl, la princesa pantera.
¿Quién diría que terminaría amando con pasión y con locura a la heredera al trono de su reino, a la hija del tlatoani? Porque la princesa guerrera tenía fama de ser berrinchuda y altanera, una niña mimada y malcriada a la que no dabas gusto en nada y que, constantemente, hacia correr ríos de sangre.
Sí. Lo era. O lo había sido, hasta que había recibido el rechazo del guerrero de la suerte, que había preferido ir al frente a otra guerra florida, que había preferido poner su corazón al alcance de los enemigos para ofrecerlo en sacrificio a dioses ajenos, que dárselo a ella en su propia tierra. Tal vez fue un golpe a su ego, tal vez fue el hecho de que ella de verdad le amaba.
Ahora la princesa estaba sentada en el trono al lado de su padre, con una sonrisa felina y seductora, deleitándose en la forma en que Necuametl danzaba frente al pueblo. ¿Estaba mal que considerara algo sensual el hecho de que su prometido regresaba con la piel manchada de sangre?
No sólo tenía los pigmentos propios del traje de guerra que le brindaba la Kwami que protegía, todavía llevaba los rastros de la encarnizada batalla que había protagonizado.
La princesa se removió en su lugar cuando el guerrero le dedicó una mirada fija, danzando para ella, seduciéndola en la distancia.
La amaba. Cómo jamás creyó que amaría a nadie en su vida.
La danza terminó, los guerreros frenaron sus movimientos y Quetzalli, quien había estado de pie al lado de la princesa, descendió hacia los guerreros abriendo los brazos en señal de bienvenida.
—Mi amado Necuametl vuelve triunfante de una batalla. ¡Qué sorpresa!
Yaocihuatl hizo una mueca de desagrado ante aquellas palabras y volvió el rostro a un lado, celosa de aquellas palabras. Y aquella cuestión hizo al guerrero reír discretamente. Recibió en la frente un beso de Quetzalli y todo cayó en su lugar.
Marinette despertó de golpe, agitada, cubierta en sudor, desesperada y sintiendo que el aire le hacia falta.
Y se habría vuelto a dormir para evitar que Luka se preocupase por ella si sólo había tenido una pesadilla (no era para tanto), de no ser porque, en el piso al lado de la cama, Luka se encontraba a gatas en el mismo estado que ella, recuperando la consciencia, tratando de volver a la realidad y dejar atrás la época prehispánica.
.
—No, no, no, no. —Soltó Luka retrocediendo en su mesa ante las miradas de siete estudiantes del conservatorio.
Estaban en el Chat, reunidos por otra noche de micrófono abierto mientras disfrutaban de un rato de diversión musical. Los estudiantes se habían puesto de acuerdo en una mesa aparte, habían decidido montonear a su profesor y pedirle que cantara una canción para ellos, y Luka había cometido el error de decir que sí antes de saber que los muchachos querían que cantara "Cómo te atreves" a todo pulmón en el escenario.
—Eres tú el que dice que un músico de verdad debe ser versátil. —Espetó Rene con una sonrisa déspota.
—¿Sí? —Soltó Luka ofuscado y divertido en partes iguales. —Se lo estás diciendo a alguien que toca la guitarra, el violín, el piano, tiene nociones avanzadas en percusión y composición y que, además, va a sacar un disco como solista. Y que es tu profesor. —Añadió con un retintín de arrogancia.
—Vamos, profesor. —Exclamó Madeleine divertida, recargándose en la mesa y codeando a sus compañeros. —¿De verdad no puedes con esto?
—¡Poder! ¡Claro que puedo, niña ridícula!
—No se la sabe. —Espetó Antoine recargándose hacia atrás en su asiento, fingiendo decepción.
—Claro que se la sabe. —Defendió Marinette llegando a la mesa y depositando el vaso de whisky frente a su esposo.
—¡Marinette! —Espetó Luka ofendido, dedicando una mirada cargada de reclamos a la diseñadora. —Yo no ando divulgando que eres fan de Colette.
—Pero a mí no me da pena admitirlo. —Dijo ella acariciando la nuca antes de darle un trago a su vaso.
—Muy bien, esta es la cosa. —Ladró el músico recargando los codos en la mesa y encarando a sus estudiantes. —Si yo me subo a ese escenario y canto su canción, si no me equivoco en un solo uoh-uoh, les voy a bajar un punto sobre la calificación final a todos.
—Sí. —Exclamaron los muchachos removiéndose, emocionados ante la posibilidad de escuchar a su profesor cantar en vivo, antes de soltar otro cúmulo de exclamaciones de emoción y hablando entre ellos.
—A todos. —Puntualizó tajante al percatarse de que había perdido la atención de los muchachos. —Ustedes le van a explicar a sus compañeros por que nadie va a sacar la nota máxima este semestre. ¡Y tú no me vayas a estar coqueteando con tal de defenderlos! —Amenazó apuntando a Marinette con el dedo y el entrecejo fruncido.
—Tranquilo cielo. —Murmuró Marinette besando la sien de su esposo. —Me limitaré a cantar los coros como la fan número uno que soy.
—Aw… —Exclamaron las chicas de la mesa, enternecidas ante el gesto de Marinette.
—¿Fan mía o de Morat? —Soltó receloso el guitarrista, barriendo a Marinette con fingida indignación mientras le apresaba la cintura, evitando su huida.
—¿Ahora me acusas de algo? —Murmuró divertida la diseñadora mientras despejaba el rostro de Luka.
El guitarrista llevaba el cabello largo hacía tiempo, solía pasarse la mano por el cabello y hacia atrás, peinándolo con los dedos para mantenerlo lejos del rostro, pero de vez en cuando, algún mechón rebelde escapaba a su improvisado estilo y caía sobre sus ojos, haciéndole pestañear por inercia. Y aunque aquel gesto le parecía encantador a Marinette, también disfrutaba mucho ser la única persona sobre la faz de la tierra (tal vez también Anarka podría) que tenía permiso de enterrar sus manos en el cabello de aquel muchacho sombrío y encantador, y hacerle sonreír con ese gesto.
—Obviamente soy más fan tuya que de Morat. —Aseguró Marinette con una sonrisa pícara y despiadada, burlándose de Luka frente a sus estudiantes, sabiendo que sólo ella tenía tanto poder sobre el guitarrista.
—Me tengo que asegurar. —Mintió Luka tomando el mentón de su esposa y tirando levemente, olvidándose de sus estudiantes y robándole un beso a Marinette. —¿Qué voy a ganar de ti?
—¿De mi? —Murmuró confundida, ignorando las miradas que las estudiantes les dedicaban.
—De ellos voy a obtener sufrimiento y dolor, no sabes cómo voy a disfrutar reprobar a René después de esto.
—¡Hey! —Espetó el aludido, ofendido.
—Vas súper mal este parcial. —Soltó Madeleine maliciosa. —Tú no deberías apostar.
—Ah, no. —Exclamó Luka volviendo la mirada a los muchachos. —Todos o nada. Ese es el trato.
—Se va a equivocar. —Aseguró Anna volteando los ojos.
—Si estás tan segura, apuesta dos puntos. —Soltó Luka divertido, quitándole importancia a aquel hecho y consiguiendo que los otros seis exclamaran un "No" a medio grito.
—El que no arriesga no gana. —Soltó Anna encogiéndose de hombros como si aquello fuese muy lógico y natural.
—Vamos un punto a la vez. —Murmuró René bajando los hombros y consiguiendo que Luka soltara una carcajada.
El guitarista se terminó el whisky y asintió una vez, dirigiéndose a la barra a pedir la canción.
—Sólo la pista, no necesito la letra. —Dijo altanero y petulante, barriendo a sus estudiantes con la mirada antes de sonreírle a su esposa. —Mantén tu parte del trato, Dupain-Cheng.
—De Couffaine. —Añadió la joven con una sonrisa radiante, sabiendo que aquello sería suficiente para que Luka se sonrojara.
El guitarrista comprendió la treta de la joven y negó con la cabeza, ofuscado ante el "apoyo" de su esposa, pero recuperó la confianza cuando bajaron la música de las bocinas y abrieron su micrófono. Sonrió cuando la gente miró en su dirección y apagó sus conversaciones al percatarse de quién era el que estaba en escena. Como pez en el agua.
—¡Buenas noches, Chat Lunatique! ¿Cómo estás? —La gente exclamó un grito de apoyo, levantando vasos para brindar y mirando en dirección a la mesa. —Eso pensé. —Murmuró divertido (su esposa había soltado una carcajada) recordando que una vez había dicho a Marinette que, independientemente de en qué lugar del mundo estuviera, hacer esa pregunta en un concierto siempre implicaba un wooh como respuesta. —Esta noche tengo una cuestión entre manos. Esa mesa —espetó apuntando con el dedo a sus estudiantes, consiguiendo que todos desviaran la mirada hacia ellos y que los siete jóvenes se encogieran, mirando a su alrededor, repentinamente expuestos sabiendo que Luka había terminado con su anonimato a propósito —me apostó un punto de su calificación final a que no me sabía esta canción. —Algunos abucheos llenaron la sala y Luka rio discretamente, altanero. —Entonces te voy a pedir dos cosas. Primero, si te sabes esta canción, cántala conmigo. Y segundo, cuando baje del escenario, no me aplaudan y guardemos un minuto de silencio por todos los muchachos que van a reprobar este semestre.
La gente soltó algunas risitas ante la broma, algunos levantaron sus tragos en dirección a los muchachos, brindándoles su apoyo, otros comenzaron a secretearse. Y en la medida en que sus estudiantes se encogían en su sitio, Luka pareció crecer un par de centímetros, acomodándose a su gusto ante el micrófono.
Hoy me pregunto qué será de ti
Te tuve cerca y ahora estás tan lejos
Pero prohibirme recordar lo nuestro es imposible
Es imposible
La canción ni siquiera era suya, pero la sensación de que le arrebataban algo que le había pertenecido en algún momento seguía presente en su mente, bordeándolo, como un lobo asechando a las ovejas, esperando a que la primera se descuidara para atacar.
No me perdono sé que te perdí
Pero expiraron los remordimientos
Fui dictador y el no dejarte ir
Debió haber sido mi primer decreto
No, el muchacho decidió olvidar esos pensamientos y dedicar una mirada a sus estudiantes. Anna le miraba boquiabierta, no entendía cómo era posible que el más rockero de todos sus maestros se supiera la letra de una canción popular. Luka se la pasaba quejándose de que la música que se vendía para el pueblo generalmente carecía de composición y buen gusto, entonces ¿qué hacía Luka Couffaine cantando una canción que todo el mundo conocía?
Cuatro años sin mirarte
Tres postales y un bolero
Dos meses y me olvidaste
Y ni siquiera me pensaste un 29 de febrero
No, ya no importaba el punto que les quitaría a su calificación. Para Luka sólo se trató de divertirse con esa noche de Karaoke, divertido ante la mirada del público, feliz ante su esposa que bailaba en su mesa al ritmo de su canto, disfrutando de poder cantar una canción que (sí, sí, está bien) sí le gustaba.
Andan diciendo por la calle
Que solo le eres fiel al viento
El mismo que nunca hizo falta
Para levantar tu falda cada día de por medio
Luka sonrió ante la pausa momentánea y señaló a su esposa, que soltó una carcajada antes de empezar a cantar el coro a todo pulmón, lo mismo que la mitad de los presentes en aquel bar, incluidos sus estudiantes.
Cómo te atreves a volver (Wo-oh)
A darle vida a lo que estaba muerto
La soledad me había tratado bien
Y no eres quien para exigir derechos
Cómo te atreves a volver (Wo-oh)
Y a tus cenizas convertir en fuego
Hoy mis mentiras veo caer
Que no es verdad que te olvidé
Cómo te atreves a volver
Luka sonreía, y bailar en torno al micrófono se estaba volviendo una costumbre, una parte de él sólo esperaba no perder la habilidad de tocar la guitarra al mismo tiempo, aunque sabía que nada se sentía tan natural como sostener aquel instrumento al estar de pie frente al público.
Cómo te atreves a volver
Me hiciste daño, pero sigo vivo
Contigo yo me acostumbré a perder
Mi corazón funciona sin latidos
La gente desde sus mesas se había sumado al canto del muchacho, bailando en sus lugares, algunas personas se habían puesto incluso de pie, disfrutando de poder dar saltitos en sus lugares, sus estudiantes estaban cantando los coros junto con él a gritos, también habían olvidado su apuesta y se dedicaron a disfrutar de una noche de viernes como cualquier otra, gritando y bebiendo al ritmo de una canción que Luka consideraba una pieza impresionante de la música popular.
Cómo te atreves a volver
Y a tus cenizas convertir en fuego
Hoy mis mentiras veo caer
Que no es verdad que te olvidé
Cómo te atreves a volver
Bueno, Luka se quedó pasmado cuando Colette y Jeanette entraron al bar, pero no dejó de cantar cuando ambas chicas lo miraron pasmadas, con los ojos abiertos en demasía, Jeanette sonriendo divertida, Colette incrédula y pasmada.
No, no contento con las expresiones de ambas reptiles, Luka se aferró al micrófono de pedestal con la diestra, mientras que con la zurda comenzó a incitar a la gente a cantar con más fuerza y acompañarle en los últimos coros de su canción.
Cómo te atreves a volver
Me hiciste daño, pero sigo vivo
Contigo yo me acostumbré a perder
Mi corazón funciona sin latidos
Cómo te atreves a volver
Y a tus cenizas convertir en fuego
Hoy mis mentiras veo caer
Que no es verdad que te olvidé
Cómo te atreves a volver
No, no, no
No, claro que la gente no le hizo caso con su segunda petición, gritos, aplausos, porras, uno que otro abucheo a los estudiantes, la gente del bar estaba eufórica, cuestión que Luka aprovechó para abrir el micrófono a quien se atreviera a intentar hacerlo mejor que él con cualquier género, claro que cuando dijo esto, miraba fijamente a Colette, desafiándola entre líneas.
La pelinegra rodó los ojos, hastiada, mientras se dirigía a la barra a saludar a Jean y pedir lo de siempre antes de caminar hasta la mesa de Marinette.
—Por favor dime que tu marido se volvió loco y por eso está haciendo eso. —Soltó Colette hastiada antes de besar las mejillas de Marinette.
—Sus estudiantes le apostaron un punto de la calificación final.
—Chicos —llamó Luka desde el escenario, con una mano extendida hacia la mesa de Marinette como si invitara a las recién llegadas a unírseles —, cuando dije que compongo para otros artistas lo digo en serio. Esa chica malencarada que acaba de llegar...
—Tengo mejor pinta que tú, ridículo. —Soltó Colette divertida, cruzando los brazos.
—¡Dios! —Espetó fingiendo hastío. —Ella es Colette Faure, pero estoy seguro de que la ubican mejor si digo que es la vocalista de Panic and Chaos.
—Es de la que su esposa es fan. —Soltó Antoine divertido.
—¿Eres mi fan? —Exclamó Colette llevándose una mano al pecho y sonriendo enternecida.
—¡No te hagas! —Exclamó Marinette empujándola ligeramente. —Bien que lo sabías.
—Demuéstralo. —Soltó Colette dirigiéndose al escenario, empujando a Luka para obligarlo a bajar y hacerlo dar un traspié mientras soltaba una carcajada. —Son tus estudiantes. —Espetó Colette señalando a la mesa.
—Mis consentidos. —Corroboró Luka divertido.
—Bueno, vamos limpiando el nombre de los reptiles. —Espetó la chica divertida, mirando a Luka de pies a cabeza antes de mirar a Marinette. —¿Matamos varios ratones? Una canción de él para probar que tiene buen gusto... a pesar de todo. Y su esposa cantando conmigo para demostrar que es mi fan.
—¿Up in flames? —Soltó Marinette poniéndose de pie y alcanzando a su amiga en el escenario, probando el segundo micrófono. —Por favor, yo ayudé a componer esa canción.
—Sueñas. —Soltó Colette sonriendo ampliamente, pero el gesto de Luka (una ceja enarcada y un encogimiento de hombros) puso a la cantante a duda. —Jeany... ¿Nos acompañas? —Dijo zalamera mirando a la morena, que rodó los ojos asintiendo y subiendo a sentarse tras la batería.
—¿Luka? —Dijo Marinette en el mismo tono, ganándose un caderazo de Colette por la burla.
Ambas chicas soltaron una risa por lo bajo. Eran contrastes.
Marinette llevaba puesto un short de mezclilla encima de sus medias rosas con flores negras de encaje, tenis converse, una camiseta de cuello ojal que dejaba a la vista sus hombros y las tiras rosas de su sujetador, la camiseta era blanca con estampado floral, como una pared vintage. Tenía el cabello suelto a su alrededor en ondas bien organizadas sostenidas por una diadema rosa pálido y mitones tejidos. Colette por otro lado vestía un pantalón de cuero negro muy ajustado, botas altas de tacón de aguja y estoperoles, top plateado y su chaqueta de reptiles, llevaba el cabello organizado en una coleta alta con mohicana de trenzas.
—Uno y uno, tiny mouse. —Soltó Colette antes de mirar a Luka y asentir.
—Got it.
El muchacho tocó la primera nota haciendo vibrar la cuerda para dar efecto al sonido, se posicionó cerca de Jean para marcarle el ritmo, pero la joven comenzó a azotar la batería sin necesidad de mayor introducción. Claro, ella era la compañera incansable de Colette, por supuesto que se sabía de memoria sus sencillos.
Luka se quedó rezagado la mayor parte del tiempo, tocando al lado de Jean, ambos disfrutando de la imagen de ambas chicas cantando, puesto que todo aquello había iniciado precisamente así, con ambas chicas subidas a un escenario, cantando para desafiarse la una a la otra, cantando sus mejores canciones del repertorio y luego eligiendo una sola para cantar al unísono.
No, en aquella ocasión eran enemigas, no habían cantado juntas, sino una contra la otra, y todo eso parecía haber ocurrido en otra vida, porque justo ahora ambas se movían por todo el escenario, incitando a la gente a saltar y a acompañarlas con el ritmo, aplaudiendo por encima de sus cabezas, cediéndose el paso en la canción como si hubiesen ensayado aquello durante meses, saltando en el escenario al mismo tiempo, como dos gotas de agua en versiones diferentes, una ruda y una tierna.
Al final, tenían en común que eran apasionadas por lo que amaban.
.
Colette dio un sorbo largo a su vaso antes de mirar a Luka con expresión sombría.
—Te lo digo. Andrée quiere contactar a Cobra.
—¿Para qué?
—¿Recuerdas a la bruja que nos contrató? Lila. Quiere una escolta para transportar algo. Creo que son pinturas o algo así, no estoy segura.
—Alix dijo que Lila la había contratado para probar la veracidad de sus obras. —Dijo Marinette con aires distraídos mientras tomaba la mano de Luka sobre la mesa en un gesto inconsciente, como buscando seguridad, algo a lo que aferrarse para no hundirse en la locura y en la desesperación de sentir que algo no termina nunca. —Lila Rossi está planeando montar una exposición de arte en alguna sala de Louvre, pero no ha hecho nada público, hasta ahora todo eran rumores.
—Pues eso, y entonces Lila quiere a su escolta del otro día.
—¿Ya respondiste? —Urgió Luka, molesto.
—Sí. Les dije que iba a estar muy ocupada con el torneo de Andrée, así que me negué.
—Y tú. —Soltó el guitarrista mirando a Jean.
—Yo voy a donde vaya Colette. Además, si ustedes no confían en ella, no tengo por qué hacerlo.
—Cobra no ha vuelto a aparecer. —Comentó Marinette distraída. —No hay motivos para que vuelva a escena, es un antihéroe patán y pretencioso.
Luka soltó una risa entre dientes.
—A alguien no le gusta Cobra.
—Claro que no, viste cómo peleó contra los héroes de París, es un mercenario.
—Mercenarios los que te mandaron al hospital y yo sigo sin atraparlos. —Musitó el guitarrista entre dientes, furioso consigo mismo.
—Luka... —Murmuró Marinette enternecida.
—Sea como sea, hay un montón de motivos para decir que no. No quiero meterme en rollos legales, suficiente tengo con lo de pagar impuestos y eso. —Dijo Colette quitándole importancia al asunto y volviendo su atención a Luka, que se había quedado pensativo.
—Sí hay una forma de hacerle volver.
—¿Ah, sí? —Soltó Marinette confundida. —Pensé que no volveríamos a saber nada del pelmazo.
—Bueno, cuando peleó contra Ladybug, los videos del Ladyblog muestran que el villano...
—Antihéroe. —Corrigió Marinette desviando la mirada, sorprendida por descubrirse defendiéndolo de sí mismo.
—Antihéroe. —Murmuró Luka asintiendo a manera de agradecimiento. —El antihéroe peleó muy de cerca contra la heroína de París, casi parecía personal, incluso la besó como si...
—Se la quería dar en ese tejado. —Corroboró Colette incómoda, dando un trago a su bebida.
—Y Panthère parece ser muy cercano a la heroína. —Añadió Luka mirando a Marinette. —Tal vez por celos.
—De todos modos. —Cortó la diseñadora, confundida. —¿Para qué quieres que Cobra vuelva a las calles? Es un peligro para todos.
—Podría contactarlo para pedir apoyo en el caso de nuestros mercenarios. —Dijo Luka encogiéndose de hombros.
—Un problema a la vez. —Soltó Colette. —¿Le vas a entrar al torneo o no?
—Ya le mandé un mensaje a Andrée. —Murmuró Luka sonriendo desdeñoso, con un gesto arrogante pero resignado, como si hiciera aquello en contra de su voluntad. —Mañana arrancamos con todo.
