Sonrais777: Jajajaja saber eso me da una buena idea, gracias por compartirlo, espero no te importe que le haga un guiño más adelante. Gracias por seguir la historia, ahora sí, volvemos a los problemas, espero lo disfrutes

Marianne E: Los guiños seguirán más adelante, por lo pronto, te entrego esto casi en limpio, creo, espero que la espera haya valido la pena, me tardé más de lo que creía. Créeme, sabrás más de esta vida azteca, me gustó mucho lo de las plumas y pronto tendremos otro vistazo a esa existencia, ni modo que deje mis raíces de lado. Tenía tema con Mullo puesto que es un Kwami "masculino" en las reseñas que he encontrado, pero luego me acuerdo que es una encarnación nada más para un espíritu puro, y además es mi fic, yo decido lo demás, así que al diablo. Les shipeo. De Morat, bueno, tú me hiciste fan de The Killers y DLD, así que te debía reciprocidad jajajaja. ¿Sabes? Tienes toda la razón, valió la pena la espera, y sé que la espera para el siguiente de Seconde chance también lo vale, lo espero con ganas. Seguimos en privado y perdona la demora.

Rebeca . Sz: Ahora sí preocúpate, inicia lo bueno. Te dejo el inicio de esta saga del torneo, espero que te guste tanto como las anteriores

Manu: Luego busco los besos. La verdad es que no tengo planeado un número específico de capítulos, esta historia iba a ser sólo un oneshot y estamos estrenando el cap 43 jajajaja, lo que sí tengo es planeadas las sagas que faltan. Ya pasó la saga de Colette, y la de Reptiles, ahora iniciamos con la saga del Torneo. Espero te guste


El agua estaba caliente, más que eso, la temperatura de aquel líquido podría haber hecho que cualquiera quisiera alejarse. El vapor subía por el aire empañando los espejos, la puerta de cristal, las ventanas, y al mismo tiempo no era tan denso como para permanecer en el ambiente, disolviéndose en el aire y permitiendo la visibilidad del muchacho.

Luka paseaba las manos por su cabello, permitiendo que el jabón resbalara de su melena mientras el agua golpeteaba contra su rostro de forma uniforme, imposibilitándole abrir los ojos y haciéndole respirar con dificultad, teniendo que abrir la boca de vez en cuando. Normalmente no tardaba tanto al ducharse, pero justo ahora no tenía ninguna prisa y sentía que el agua caliente acariciando sus músculos, su espalda, sus piernas, era el mejor remedio contra el estrés.

Bueno, sí que tenía un mejor remedio para el estrés, pero Marinette todavía no estaba en casa.

Una parte de él había creído que el agua ayudaría a disolver todos los demonios y miedos que habían surgido esa mañana, cuando Marinette había recibido el citatorio de parte de Andrée para presentarse sola en el bar de Les Reptiles antes de que iniciara la primera prueba del torneo. Y sí, el agua había ayudado un poco, sus músculos se habían ido relajando, pero el miedo seguía renuente a abandonarle.

Luka recargó las manos en la pared y agachó la cabeza, permitiendo que el agua le golpeara en la espalda, quemándole un poco la piel, pero consiguiendo que el muchacho volviese a concentrarse sólo en el momento.

Luka se removió, marcando sus omóplatos, estirando la columna, encorvándose con violencia hasta que sus huesos emitieron un chasquido sonoro, el muchacho emitió un gruñido gutural de satisfacción, esas cosas que duelen pero que gustan. Luka volvió a levantar el rostro permitiendo que el agua cayera de lleno en sus facciones, sonrió al escuchar la puerta del departamento, pero no hizo por abandonar el agua, necesitaba volver a poner todas las piezas en su lugar.

—Cielo... —Exclamó el guitarrista por estar seguro.

—En la cocina. —Escuchó la voz cantarina de Marinette en respuesta. —¿Solo o acompañado?

Luka levantó la mirada en dirección al lavabo. Sass levitaba con las piernas cruzadas y las manos en las rodillas, flor de loto, meditando tranquilamente con el gesto relajado.

—Acompañado.

Y el silencio volvió a apoderarse del momento.

Quitando el champú que seguía en su cabello sin enjuagar del todo, Luka había terminado hacía varios minutos, no tenía nada a lo que quedarse bajo el chorro del agua, pero no podía evitar buscar la calma tanto como fuese posible.

Volvió a levantar el rostro, pero esta vez para permitir que el agua cayera sobre su pecho y recorriese todo su cuerpo. Pocas cosas le daban tanta calma como el agua caliente y eso era, en parte, culpa de Marinette, que ella solía dejar el agua muy caliente para bañarse.

Hasta antes de mudarse juntos, Luka solía abrir el agua fría y nada más, no necesitaba algo de tibieza, cuestión que Sass agradecía sobremanera al aprovechar los momentos de la ducha para meditar junto a su portador, pero desde la llegada de la joven diseñadora a su departamento, era común ver los espejos empañados. Y aunque Luka se había mantenido reacio a meterse en la regadera cuando ella pusiera el agua tan caliente, con el paso de los meses le había encontrado el gusto a bañarse con el agua hirviendo.

Las manos de Marinette se enterraron en su cabello, Luka emitió un gruñido gutural, sonido con el que Marinette se había encariñado bastante en los últimos meses, la joven pelinegra se enfocó en masajear el cuero cabelludo de Luka, consiguiendo hacer espuma de nuevo.

—¿Día complicado? —Murmuró Marinette sonriendo de medio lado a la par que su esposo recargaba hacia atrás la cabeza, deleitándose en el tacto suave de la joven.

—¿Por qué lo deduces?

—Nunca te bañas con el agua tan caliente, a menos que estés muy estresado. O conmigo.

—Me preocupa esta noche.

—Sí, tus estudiantes dijeron que estabas raro.

—¿De verdad hicieron el grupo? —Soltó Luka divertido, volviendo el rostro y percatándose de que su esposa tenía la ropa puesta todavía

Marinette paseó su mirada por el cuerpo de Luka, delineando cada forma y figura, contando los tatuajes, tratando de memorizar los lunares que el muchacho tenía (como si no hubiera ya mil veces contado los treinta y siete lunares de todo su cuerpo, memorizando sus ubicaciones).

—Marinette... —Llamó Luka levantando el rostro de medio lado. —Si no dejas de mirarme así...

—Qué. —Retó ella sonriendo, mirándole a los ojos mientras se mordía el labio.

Luka levantó el cuerpo de Marinette al vuelo, recargándola contra la pared y haciendo presión con su cadera para sostener la de ella, plantó un beso en su boca antes de pasar a mordisquearle el cuello con desenfreno, haciéndola gemir de forma sonora.

.

Luka había llegado hasta la dirección en que los habían citado. Colette llegó segundos después y, juntos, se dirigieron al final del oscuro callejón.

Luka miró con horror el hecho de que habían colocado una viga de metal de un edificio al otro, misma que servía como soporte para las cuerdas. Había ocho personas de pie sobre bancos altos de madera, con una capucha puesta y una soga al cuello. No necesitó ver su rostro para reconocer a Marinette, con su trenza colgando por un costado, los pantalones rosas y la camiseta negra con bordados de flores. Sólo necesitó un segundo vistazo para reconocer el cuerpo menudo de Jeanette a dos personas de su musa.

Habían colocado una barrera de concreto y varios reptiles la custodiaban como si no quisieran dejar pasar a nadie, había al menos media cuadra de distancia entre Luka y Marinette, además de espacio hasta el edificio.

—Hijos de perra. —Musitó Colette amenazando con dar un paso, pero retenida por Luka, quien no despegaba la mirada del cuerpo de su musa.

—¡Bienvenidos, contendientes! —Exclamó Lila desde un balcón, con las manos extendidas a los costados y una sonrisa sádica y radiante. —¿Preparados para la primera vuelta?

—La bruja mayor... —Murmuró Colette cruzando sus brazos a la altura del pecho, tratando de mantener a raya sus emociones con ese gesto.

Andrée salió del edificio con una sonrisa torcida.

—Buenas noches, reptiles. —Exclamó el muchacho con aires dramáticos, ensanchando su sonrisa mientras avanzaba hasta encarar a los ocho primeros contendientes. —Ustedes fueron convocados a la primera ronda de eliminación de este torneo, siéntanse afortunados puesto que la patrocinadora está presente y los estará observando. Gracias a todos por traer sus motocicletas. —El teléfono de ocho reptiles sonó al mismo tiempo.

Luka y Colette sacaron los aparatos sin desviar la mirada de Andrée y luego la joven se agarró del hombro de Luka, una costumbre que habían adquirido cuando estaban juntos y participaban en eventos de los reptiles, así no perdían detalle.

—Es una ruta. —Soltó la chica mirando a Luka antes de volver a mirar a Andrée.

—Esta noche haremos una carrera de tres vueltas. —Anunció el reptil levantando las manos, emocionado, mostrando un tinte de locura.

Colette y Luka lo conocían lo suficiente como para entender que aquella era una careta para tratar de intimidar a los reptiles más nuevos, así que ellos se cruzaron de brazos y esperaron pacientes.

—Como verán, llamamos a las personas a las que más quieren en este momento para que nos ayuden como incentivo, así que, pasemos a las instrucciones.

(Not gonna die + intro – Skillet)

—Ellos están al borde, y salvarles depende de ustedes. Recibieron la ruta, tienen ocho minutos para darle tres vueltas, pero cuidado con hacer trampa. —Soltó Andrée bajando el rostro con una expresión sombría. —Hay drones colocados por todo el lugar, los estarán vigilando. —Retomó la actitud alegre y abrió los brazos. —Además de esto.

Ethan se acercó a los contendientes entregando un localizador a cada uno.

—Nos van a monitorear. —Soltó otro de los reptiles, fijando su vista en una de las personas encapuchadas. —¿No confían en nosotros?

—Yo sí. —Espetó Andrée ofendido. —Ella no. —Terminó señalando a Lila con el pulgar.

La morena sonreía de medio lado, disfrutando sobremanera la expresión torturada que Luka tenía en aquellos momentos, sabía perfectamente cuánto daño les estaba haciendo a ambos con aquello.

—Y lo disfrutas, estúpida... —Murmuró el guitarrista entre dientes, llamando la atención de Colette con aquello.

Ya tendría tiempo de preguntarle a Luka al respecto, ahora ambos habían fijado la mirada en sus celulares, memorizando la ruta para ahorrar tiempo.

—Tres vueltas. Y al regresar, encontrarán una colt eagle cargada con tres balas, deberá ser suficiente para que corten con la soga de sus protegidos ¿O no? —Repitió Andrée levantando una mano sobre la cabeza. —Y yo que ustedes lo haría rápido. Porque si en ocho minutos no están aquí...

Ocho personas (Luka no reconoció a ninguna, debían ser gente contratada por Lila) se pusieron tras los bancos y subieron un pie, amenazando con empujar los únicos soportes que tenían los protegidos, como Andrée los había llamado.

—Una cosa más. Nada de pedir ayuda. —Añadió Andrée con expresión mordaz. —Los estamos escuchando y cualquier cosa que intenten que se salga de las reglas del torneo, les puede costar muy caro.

El sonido, agudo, lejano, retumbó por todo el callejón. Lila había echado un cronómetro a andar, Luka no necesitó más indicador que aquel para salir corriendo hacia su motocicleta, agradeciendo internamente que, justo una hora antes de salir para allá, se había dedicado a afinar el motor como una manera de mantenerse tranquilo en medio de toda la desesperación de haber visto a Marinette salir en dirección al bar.

Arrancó la motocicleta, todavía con el aroma de la piel de Marinette inundándole las fosas nasales como un analgésico, un calmante ante la tormenta. Y al igual que cuando peleaba, su mente entró en un estado de automático que le permitió arrancar el motor al primer intento y salir disparado hacia el frente.

Una parte de él agradecía que hubiera vehículos, motocicletas con los logos de los reptiles, obstruyendo el paso, así el tráfico no sería un problema, pero incluso aquello debía generar algún tipo de costo.

Andar en motocicleta era sencillo, casi tan sencillo como caminar o como respirar, así que tenía ganada la mitad de la carrera, o eso creyó hasta que una serie de disparos lo obligaron a torcer la dirección y luchar por estabilizar su vehículo para no salir volando.

Ve hacsia la derecha. —Ordenó la voz de Sass en su cabeza.

Y sin pensarlo, el muchacho obedeció, inclinando su vehículo hasta el borde de la calle mientras otra lluvia de balas cubría el lugar en el que había estado hasta segundos atrás.

No podía trazar una estrategia de zigzag, no tardarían en notar lo que estaba ocurriendo, así que se entregó en manos de su kwami, esperando lograr un segundo de ventaja sobre los demás, porque Luka Couffaine sabía lo que un segundo de tiempo valía.

¿Debería alertar a loss portadoress?

—Ya escuchaste a Andrée. —Exclamó Luka con violencia, por encima del rugido de su motor, consiguiendo que Sass sintiera en su pecho una mezcla extraña entre angustia y orgullo. —Esto lo haré por mis propios medios. No es la primera vez que participo, y no será la primera vez que pierda. —Declaró antes de driftear con tal violencia que su codo raspó el suelo antes de que la moto volviera a alinearse.

Izsquierda.

Luka lanzó la motocicleta hacia un lado evadiendo una nueva ronda de balas.

Y maldijo a Lila y maldijo a Andrée al percatarse de que, al frente, había un retén de la policía. Un grupo de patrullas organizadas para generar un embudo en la calle y obligar a los vehículos a pasar de uno en uno.

Tenía dos segundos para pensar.

La banqueta está despejada. —Espetó Sass apremiante.

Luka sonrió agradecido y tomó esa ruta. Su motocicleta dio un salto hacia el frente, por un instante perdió el control del vehículo (¡Pesaba como los mil demonios! ¿Cómo diablos se había desestabilizado tanto?), pero logró ponerla en línea de nuevo y avanzó ganando terreno.

Un segundo motociclista logró alcanzarlo en el siguiente giro. Luka reconoció la moto de Colette, liviana, estilizada, con líneas rosas pintadas a los lados, el casco con la calavera pintada, su logotipo en la parte trasera del casco.

Y maldita sea, Luka le había enseñado todo lo que sabía sobre motos a aquella perra despiadada en la que se había convertido su ex, sabía perfectamente que, tratándose de defender a los suyos, no había nadie que fuese más rabiosa y feroz que ella, entonces sí que tenía competencia en la carrera.

Luka cambió a primera velocidad y la motocicleta salió disparada hacia el frente, con el motor rugiendo violento a manera de reclamo antes de que Luka volviese a subir la velocidad y driftear para tomar la siguiente calle.

¿En qué momento se había terminado la primera vuelta?

Luka se entregó a Sass, le confió su vida para dejar de mirar el camino y volver el rostro hacia los colgados, observando que Marinette se paraba en las puntas de los pies puesto que habían inclinado su banco (el de todos, pero ¿qué demonios importaba la maldita vida de siete extraños cuando la de su musa, SU MUSA, se encontraba en peligro?) hasta obligarla a jalar el cuello y hacer equilibrio por sí misma.

Luka sabía que debían estar haciendo aquello para tratar de doblegar a los contendientes, conocía ese estilo de parte de Andrée, pero también conocía a Marinette, conocía esa forma en que sus clavículas se marcaban cuando ella estaba confiada, puesto que estiraba la espalda, no por comodidad, sino por orgullo. Ella debía saber algo.

Adrien viene en camino, como Chat Noir...

—¿Qué? —Musitó Luka volviendo la vista al frente. —¿Puedes intervenirlo? Que no se acerque.

Haré que Tikki lo haga. No piensso dejarte ssolo.

Maldito hijo de...

Habían abierto las calles.

Montones de autos circulaban ahora por la ruta que les habían trazado, no había forma de que ocho motociclistas tuvieran la oportunidad de disputarse el primer lugar, en el orden en que lograsen colarse entre los vehículos, ese sería el resultado final de la carrera.

—¡Policía de París! —Escuchó Luka en los altos parlantes. —Deténganse en el nombre de la ley.

Luka casi consideró frenar, casi.

Hasta que vio a Colette sostener una beretta con la mano izquierda.

Ambos motociclistas intercambiaron una mirada y la chica apuntó a las llantas delanteras de la patrulla más cercana.

Luka se tomó media fracción de segundo para hacer una nota mental. A partir de este momento estaba en deuda con Colette, así que en las siguientes contiendas debía buscar la forma de pagar el favor y deshacerse de ese saldo en contra. No porque tuviera problema con deberle algo a su ex novia, sino por el hecho de que, en ese torneo, no podía llevar puntos en contra en ningún segundo.

Dos disparos, no había entre los reptiles nadie que tuviese mejor puntería que Colette Faure, así que sólo se requirieron dos disparos para que las llantas de la patrulla estallasen y los oficiales se pusieran a cubierto.

El vehículo se inclinó hacia adelante y Luka equilibró su motocicleta en la llanta trasera, haciendo un caballito y adelantando a Colette para pasar sobre la patrulla que habían neutralizado, mostrándole la ruta a su ex y facilitándole el camino al abollar el techo del auto y despejarle el camino.

Pasaron ellos dos, el resto de los motociclistas se habían quedado casi una cuadra atrás, así que la policía tuvo tiempo de reagruparse para cerrarles el paso. Ahora tenía todo el sentido del mundo que Andrée les hubiese pedido cambiar de cascos y cubrir las placas de sus motocicletas.

Dios, ¿cómo iban a lograr la tercera vuelta?

No. No había tiempo para pensar en eso.

Luka aceleró a tope, volviendo a hacer el truco de las velocidades y escuchando el motor de Colette renegar de la misma forma que el suyo.

Luka no pudo evitar sonreír orgulloso. No importaba quién de los dos ganara esa carrera (De preferencia tenía que ganar él), puesto que la eliminatoria era para los últimos dos en llegar, y además estaba esta cuestión de los protegidos en peligro.

En las noticias internacionales había visto alguna vez un video de una persona colgada, muriendo lentamente por el impacto y por la falta de oxígeno, y se había preguntado qué necesidad tenían los telediarios amarillistas de traumar a su audiencia con escenas crueles. No, no podía permitir que Marinette sufriera de esa manera, ni ella ni nadie.

¡Primero su vida!

Aceleró y volvieron a pasar por el callejón.

Habían dejado en paz a los protegidos, de nuevo estaban de pie en sus bancos, tranquilos, pero Luka distinguió a dos tiradores en el tejado, amenazando a cada protegido con un láser, puntos rojos apuntando a la frente de cada uno de ellos.

¡La iba a matar! Y a Andrée le rompería cada hueso del cuerpo por meterse con su esposa.

¿Qué no había sido suficiente con el estado lamentable en el que había quedado Erik? ¿Qué no les había quedado claro que mataría a cualquiera que se atreviera a meterse con su Marinette? ¿Qué no había quedado claro que el Elegido de las calles se cobraría cada gota de sudor que su musa soltara al sentirse amenazada?

Primero la tercera vuelta, luego Lila, luego Andrée.

Primero la tercera vuelta.

Y Luka volvió a maldecir internamente al líder de los reptiles al darse cuenta de que dos personas con la chaqueta de la banda sostenían un cartel, flechas que indicaban un cambio en la ruta.

Tanto Colette como él obedecieron sin pensar, desviando su camino y avanzando por un callejón oscuro y angosto, apenas y cabían, y aunque Luka consideró que Colette querría pelear la cabeza de la carrera, ella retrocedió un metro, dándole espacio de adelantar.

Claro, tenía sentido creerlo. Si alguien va a chocar, que sea primero la competencia para eliminarla.

Al fondo había otros dos reptiles con carteles nuevos, dos flechas más.

Luka drifteó, de nuevo su codo raspó contra el asfalto y esta vez estuvo a punto de no lograrlo. No estuvo seguro, dudó un segundo, pero sintió la fuerza de Sass, como un ángel de la guarda tratando de proteger al portador actual, la motocicleta volvió a enderezarse y tanto Luka como Colette soltaron un grito por la adrenalina, grito que Sass coreó uniéndose a la celebración, eufórico y furioso en partes iguales, compartiendo por primera vez las emociones negativas de un portador, planeando él su propia venganza.

No iba a permitir que le arrebataran la felicidad a su portador, de por sí era difícil que la serpiente tuviese el camino fácil. No, nadie iba a arruinar la felicidad de Luka, no mientras él pudiese hacer algo al respecto.

Dos nuevos reptiles, el final de la ruta.

Luka fue el primero en llegar.

Ni siquiera aparcó la motocicleta, casi saltó de ella, permitiendo que cayera de costado haciendo un sonido brusco y sordo. Marinette sabía que Luka adoraba aquella moto, ella reconocería el sonido de su motor en cualquier lugar, así que se estiró en toda la extensión de su estatura, con el corazón encogido y temiendo que su esposo hubiese sufrido un accidente.

Luka tomó la eagle de la barra, los reptiles que habían sido custodios habían desaparecido. La ventana de Lila estaba cerrada. Andrée no estaba en aquel callejón.

Pero nada de eso importaba en ese momento. Luka levantó la mirilla del arma hacia la cuerda de Marinette y se plantó con las piernas separadas, respiró profundo una vez, con los ojos cerrados, echando a Sass fuera de su mente.

La vissión de la sserpiente... —Inició Sass.

Pero Luka lo interrumpió con un grito. Un grito corto, primitivo, territorial y cortante.

Un grito para silenciarle y dejar en claro que él sería quien liberase a Marinette de aquello.

Y Marinette reaccionó al escuchar el grito de su esposo, se enderezó un poco más e inclinó el cuerpo hacia el frente, tensando sin querer la soga y permitiendo que el trabajo fuese más fácil.

Luka sopesó las oportunidades, disparar a la viga era su mejor opción, sobre todo cuando sólo tenía tres tiros.

Y entonces sintió el peso del arma.

Sacó el cartucho y se quedó horrorizado al percatarse de que estaba vacío. No había balas.

¿Lo habrían hecho a propósito?

Por un instante Luka sintió algo crecer en su pecho, un agujero negro consumiendo todo, nublando sus sentidos, nublando su juicio, no pudo escuchar la voz de Sass, no pudo escuchar sus pensamientos exigiendo un cambio de estrategia, no pudo escuchar el ruido del segundo motor.

Colette llegó a su lado y se plantó con su beretta en las manos.

—¡Toma la mía! —Espetó la chica furiosa.

Luka revisó el cartucho, tenía seis balas. Habían dejado la pistola de Luka sin balas porque las tres que le correspondían estaban en la siguiente pistola.

Por un momento, presa del alivio, Luka decidió dejar para después ese error y se plantó de nuevo, poniendo la soga en la mira.

Colette tampoco disparó en primera instancia. La chica tenía el pulso temblando.

Luka pudo ver de reojo que los ojos de Colette estaban anegados, así que respiró profundo, tomó el arma con ambas manos, cerró un ojo y disparó.

La cuerda de Jeanette cayó al suelo y la morena soltó un grito al sentir la libertad.

Y en cuanto estuvo seguro de que su amiga estaba fuera de peligro, justo a tiempo para ver a ocho personas salir del edificio en dirección a los banquitos, en el último instante antes de que el primer mercenario llegara hasta Marinette, Luka logró disparar y cortar la soga.

¿Acto seguido?

Puso en la mira la rodilla de uno de los mercenarios (notando que estaban encapuchados) y disparó.