Marianne E: Lo prometido es deuda, te dejo una entrega más de esta historia y la posibilidad de elegir qué sigue a continuación jajaja océano o confesiones. Espero te guste esta parte, lo de día de muertos me está dejando mella y estoy pensando en hacer una saga completa de los guerreros jajajaja pero creo que mejor abordaré el tema en Océano como venía haciéndolo. Haré la tarea y luego decido jajajaja

Rebeca . Sz: Te dejo una nueva entrega de esta historia.

Sonrais777: Todo tranqui, Panthère será un justiciero, pero no creo que sea un asesino... espero que no lo sea

Dessirenya: Concedido, te dejo los resúmenes de la magia, espero te guste este capítulo también.

Manu: La verdad es que no haré especulaciones de la temporada que viene, prefiero esperar con eso, gracias por leer mis historias, te dejo la continuación


La música sonaba en las bocinas haciendo por ahogar las conversaciones de los presentes, retumbando con su métrica y su ritmo en sonidos agudos y bajos estridentes, pero aún así, los héroes de París, sentados en la última mesa del bar, la más cercana a la terraza, charlaban animadamente de lo que había ocurrido.

—Entonces ¿estabas hipnotizada o no? —Espetó Adrien frustrado ante las miradas cómplices que sus amigos se dedicaban, mientras Luka abrazaba a Marinette por los hombros y la atraía hacia sí para plantarle un beso en la sien.

—Un mago nunca revela sus secretos. —Soltó Plagg divertido desde la mochila del rubio, ganándose un golpe en el brazo de parte de Tikki, que reía discretamente.

—Oh, vamos. —Espetó Adrien levantando la tapa de la mochila para revelar a los cuatro kwamis sentados en círculo mientras comían tranquilamente. —¿Lo dice el que reveló los trucos de Houdini a un portador intermitente?

—Tú nunca has querido aprender magia, además, no eran sus secretos sino los míos. —Explicó Plagg con teatralidad. —Fui yo quien le enseñó a Weisz a liberarse de las esposas.

—El Cataclism no cuenta. —Comentó Sass divertido.

—Perdón. —Espetó Plagg con aquella muletilla de Luka. —¿Estabas ahí?

—Sssí, te recuerdo que fui el Kwami de sssu difunta esssssposssa.

—¿Y la mariquita? —Inquirió Marinette divertida, agachándose sobre la mochila y recargándose en los brazos.

—No todas las veces se requiere el apoyo de todos los kwamis. —Explicó Tikki con una sonrisa. —Esa ocasión Houdini tenía los dos miraculous pero casi nunca los usaba al mismo tiempo.

—¿Houdini también serruchaba a su esposa? —Inquirió Luka burlesco.

—¿Qué fue eso de "pregúntale a Viperion"? —Soltó Adrien ante las carcajadas de Kagami y Marinette por la expresión que el rubio había puesto ante el serrucho.

—Ya sé, ya sé que un mago nunca revela sus secretos. —Soltó Marinette divertida mientras les dejaban una orden de alitas y papas fritas en el centro de la mesa, junto a la mochila. —Pero ¿por qué no sabía yo que mi esposo es un mago callejero?

—Te dije que le preguntaras a Viperion qué hacía de niño. —Advirtió el muchacho recargándose hacia atrás en su silla. —Era carterista para Andrée. —Admitió sacando las cartas de su bolsillo y haciendo malabares con cartas sueltas. —Me volví un mago callejero para una de las pruebas con los reptiles, y para impresionar turistas. —Admitió dedicándole una mirada de culpa a su esposa, mirada que Marinette respondió con divertida picardía.

—¿Turistas?

—Tenía quince años. —Recordó el muchacho alzando las manos en señal de rendición.

—Claro, la edad justifica todo. —Espetó Kagami rodando los ojos y haciendo reír a Longg.

—¿Quieren la explicación del truco o no? —Espetó Luka subiéndose las mangas y sonriendo, tenso. Un mago en acción, desviando la atención de sus amigos justo a donde la necesitaba en ese momento.

—Lo siento, amor. Pero es divertido aprovechar cualquier oportunidad para molestarte un rato, normalmente eres tú quien me hace bullying.

Luka suspiró sonriendo antes de volver a barajar las cartas con maestría.

—En realidad es más simple de lo que parece. —Admitió dividiendo la baraja en tres y abriendo los abanicos como tiempo atrás. —Mari centro, Adrien derecha, Kagami izquierda. Elige una carta y no me digan cuál es.

El muchacho se levantó de su sitio y se paró atrás de sus amigos, acariciando la nuca de Marinette con una mano mientras ella analizaba su abanico.

—La mando por whats o… —Murmuró Adrien divertido mientras Luka se movía hasta situarse detrás de él y Kagami.

El muchacho puso un brazo sobre los hombros de Adrien y, aunque hizo por poner el otro alrededor de Kagami, levantó la mano un par de veces, inseguro de tocarla o pedir permiso.

—Voy a… —Murmuró torpemente, levantando y bajando la mano en un tic nervioso, como si dudara en tocar a su amiga, haciendo a las chicas reír. —Te voy a… a tocar. —Dijo al final poniendo una mano sobre el hombro de la oriental. Ahora. —Murmuró volviendo la atención a las cartas de la mesa. —Les puedo decir esto, Adrien, tu carta es el joker de picas.

—¿Qué? —Soltó el muchacho, sorprendido.

—Kagami —murmuró agachando el rostro para poder mirar a su amiga a los ojos —, difícil. Eh… voy a decir… el tres de tréboles.

La aludida enarcó una ceja con cierta incredulidad. Y luego asintió, concediendo aquella victoria.

—Ilústrame, por favor. —Retó Marinette sonriendo ladina.

—Obviamente, reina de corazones. —Dijo Luka parándose a su lado antes de besar sus nudillos y deleitarse en la mirada incrédula que la chica tenía. —La verdad es que elegí por ustedes.

—Ay, por favor. —Murmuró Kagami ofuscada, cruzándose de brazos y mirando a Luka.

—Es un truco viejo, barato y sencillo. Lo prometo. —Dijo levantando las manos en señal de rendición. —Por eso dudé contigo, por un momento consideré que fueras a elegir libremente. Mari confía en mí y Adrien, cuando se emociona, es muy predecible.

—¡Oye! —Espetó el rubio, pegando un golpe en el brazo de su amigo.

—Revisen bien las cartas. La carta que cada uno eligió está más destapada que las demás, ya los estoy guiando desde este momento, así que es fácil decidir qué carta elegirán, sólo tengo que memorizarlas y asegurarme de ponerlas donde yo quiero.

—¿Cómo hiciste con las esquinas?

—Ya corté las cartas. —Murmuró mostrando su palma abierta y dejando ver las esquinas de esas tres cartas. Con cuidado, levantó el mazo y reveló que, en efecto, ya estaban mutiladas. —Les arranqué las esquinas para encontrarlas más rápido en la baraja y poder ponerlas en los tres montes, no es tan complicado cuando se tiene experiencia con los malabares, así distraigo su atención mientras rompo el papel.

—Muy astuto. —Soltó Kagami sorprendida, enarcando las cejas y mirando a Marinette. —¿De verdad no sabías que él sabía hacer esto?

—No tenía idea.

—Y esso no sse lo ensseñé yo. —Apuntó Sass desde la mochila, robándose una papa para sus amigos aprovechando la distracción.

—Ahora, lo único que tengo que hacer es evitar que las esquinas caigan de mi mano. A partir de aquí todo es mentalismo. —Comentó sentándose frente a ellos con expresión seria, mirando fijo a sus ojos. —Hay gestos que son característicos de la gente, así que, aunque ya memoricé las cartas, de todos modos, confirmo la información. Sostengo las cartas lejos de la mesa. —Anunció levantándose y mostrando las cartas. —Tomo las cartas por la esquina que recorté. Y como cambio de carta muy rápido, nunca se dan cuenta de que estaban incompletas, con el mazo de mi mano cubro la esquina para evitar que vean las cartas rotas una vez que están abajo, sus expresiones me confirman la carta correcta y puedo ponerlas juntas. A partir de este momento el truco lo hago bocabajo, cuando guardo las cartas que sobran, oculto también las cartas que corté, y así puedo despreocuparme de ser descubierto.

—¿En qué momento pones las esquinas en tu boca? —Inquirió Adrien, divertido.

—Cuando barajo. Ahí pido apoyo de una persona del público y la programo para que haga lo que yo quiero. Es una falsa hipnósis.

—¿Hipnotizaste a tu esposa o no? —Espetó Adrien, harto de los secretos.

—Cuando digo izquierda —inició Luka, ignorando a Adrien olímpicamente, consiguiendo que el rubio se cruzara de brazos —, pongo la carta a la derecha. Cuando digo derecha, pongo la carta a la izquierda, entonces, cuando digo centro es lo único que tiene sentido, además de ser lo último que escucha mi asistente.

—Por ende, elijo el centro. —Dijo Marinette comprendiendo el truco.

—La segunda vez —siguió Luka —, las muevo de derecha a izquierda, de nuevo empiezo diciendo izquierda, derecha, centro.

—Lo lógico es que elija centro. —Corroboró Marinette comprendiendo. —Pero a partir de ahí ya no entiendo cómo lo haces.

—Ahí depende de la habilidad del mago. —Admitió Luka con expresión de sorpresa. —Muchas veces fallé programando a la gente, así que desarrollé una rutina tipo standup para librarme de esas fallas. En teoría con dos vueltas que elijas la palabra "centro" debería ser suficiente. Señalo el centro y digo izquierda. —Comentó haciendo la mímica. —Señalo la derecha y digo centro. Señalo la izquierda y digo derecha.

—Y yo elijo derecha. —Comentó Marinette con gesto de confusión.

—Sí, justo donde dije centro. Entonces tú vas a seguir eligiendo el "centro" durante todo el acto. Una vez que salen las tres cartas, ya no tengo que sugerir nada y tú puedes elegir libremente, ahí me pongo las cartas en la boca. Tengo un "tic" de estarme tocando la nariz cada tres cartas, pero la gente se acostumbra a ello, así que es sencillo hacer el gesto y que nadie lo note. —Hizo una pausa, repartiendo el resto de las cartas y luego sacó la lengua.

—Pero siempre supiste donde estaban las cartas. —Acusó Kagami mientras Luka se sacaba los papelitos de la boca y barajaba.

—Se pone mejor. —Admitió Luka abriendo el abanico de nuevo y mostrando que las tres cartas ya no estaban. —Adrien, ¿tienes un billete? Cualquier cosa. ¿Cinco euros?

—¿Olvidaste la cartera? —Soltó el rubio, tratando de burlarse de su amigo mientras rebuscaba en el bolsillo trasero. —Siendo un guitarrista tan famoso es triste saber… —Y pausa. No encontraba la cartera.

Se golpeó los costados, revisó los bolsillos internos de su chamarra, se puso de pie y volvió a buscar, y se quedó pasmado cuando vio la cartera en manos de Luka.

—De los mejores de Paris. —Prometió el muchacho sonriendo, mientras ofrecía la cartera a su amigo y lo invitaba a abrirla. —Así conocí a Maunier. Kagami, cinco euros por favor.

La oriental sacó su cartera del bolso y sonrió divertida al ver su carta ahí.

—Muy impresionante.

—Los tres parisinos que me ayudaron con el truco encontrarán las cartas en algún punto de la noche. —Advirtió el héroe subiéndose las mangas y acercándose a Marinette.

—Nada por aquí. —Sugirió ella, divertida, mientras Luka metía una mano en el cabello de su esposa con un gesto amable en el rostro.

—Oh, pero sí que hay algo. —Corrigió el muchacho mostrando la reina de corazones.

Marinette soltó una exclamación de sorpresa antes de tomar la carta que su esposo le ofrecía y percatarse de que tenía escrito con letras doradas "Je t'aime de plus en plus".

—Luka… —Murmuró enternecida, llevándose la carta al corazón y sonriendo.

—Je t'aime, ma chéri.

—Hay algo que todavía no entiendo. —Murmuró Kagami recargada en su asiento, sin darse cuenta de que acababa de reventar la burbuja de sus amigos. —Estabas masacrando a ese ciudadano.

—¿A Laclarck? —Inquirió Luka divertido. —Nah, sólo lo estaba asustando un poco.

—Pero te vimos cortarte con la espada. Y la sangre.

—Me corté con el serrucho antes de empezar a intimidar al mago, las espadas eran de goma, flexibles, y la caja era lo suficientemente profunda para que pudiera retroceder. La sangre eran cápsulas de tinta incrustadas en las entradas para las espadas, se reventaban en cuanto la espada tocaba el borde. Además de la puerta trasera. En cuanto la gente cambió su atención al akuma, Pierre pudo salir por el compartimiento trasero y ocultarse entre la gente. Es uno de los trucos más viejos que existen.

—Entonces sí ibas a serruchar a Mari. —Acusó Adrien.

—Si Laclarck no hubiese llegado a tiempo tú… —Murmuró la aludida pasando saliva con dificultad.

—Jamás en la vida. —Espetó el muchacho abrazando a Marinette contra su pecho. —Los filos del serrucho estaban sobre puestos, en cuanto comenzara a cortar la caja de habrían caído y yo podría haber alegado que el estado de hipnosis te había hecho indestructible.

—Entonces, ¿estaba hipnotizada?

—Nunca vamos a responder a esa pregunta. —Dijo Marinette divertida. —¿Te imaginas? Cada villano de París diciendo Tregua… Dios. A lo que vinimos. —Dijo la joven levantando su vaso y mirando a sus amigos. —Oficialmente, le Panthère acaba de terminar su entrenamiento como héroe de apoyo.

—Justiciero. —Corrigió Luka divertido.

—Justiciero de apoyo. —Concedió Marinette rodando los ojos. —Eso quiere decir que…

—Que iniciará mi entrenamiento. —Dijo Kagami enderezándose en su asiento y mirando a Marinette. —¿De verdad?

—Estas lista. —Prometió Adrien antes de besarle la sien a la joven.

—Y creo que tengo la ocasión perfecta para empezar... —Murmuró Marinette tomando su celular y percatándose de que Lila Rossi estaba dando una conferencia de prensa. —Lucien... —Llamó la chica, mirando en dirección a la barra, donde el muchacho asintió subiendo el volumen a las noticias y pausando la música.

De hecho, quiero hacer un exhorto a nuestros héroes. —Dijo Lila sonriendo para las cámaras.

Alix estaba sentada al lado de la joven empresaria, serena, seria, mirando en dirección a la puerta de salida como si se aburriera muchísimo de estar ahí.

La extraordinaria Alix Kubdel es la curadora oficial de esta colección que queremos exponer en el Louvre, los permisos ya están en orden y sólo estamos esperando la autorización para transportar las pinturas y otras antigüedades que hemos traído desde Londres para exponer en la ciudad. Datan de la era de Robin Hood, y creemos que se trata de una representación de los portadores de Miraculous que existieron cuando el Príncipe Juan trató de someter a su pueblo.

—¿Robin Hood fue un portador de miraculous? —Murmuró Marinette mirando a Tikki, asomada en el borde de la mochila.

—No exactamente. —Admitió la portadora con una sonrisa de medio lado. —No era tal cual un Robin Hood.

—Hubo algo. —Dedujo Adrien, divertido.

Me encantaría que nuestros héroes nos acompañaran a transportar las obras sanas y salvas para su pronta exposición.

.

—Las obras son reales, todas. —Admitió Alix mirando a Ladybug en el callejón oscuro, ambas ocultas de las diminutas gotas de aguanieve que cubrían París en ese momento. —Cada pintura, prenda de ropa, arma, artilugio. Todo es real, de verdad está montando una exposición de Robin Hood para el museo.

—¿Lo confirmaste por ti misma?

—Sí. Estuve ahí y nunca vas a creer todo lo que vi. Todas las obras que trajo consigo son ciertas. Y revelan un par de cosas de los miraculous. Ladybug, de verdad tienes que hacer ese viaje del que me hablaste cuanto antes.

—Quiero entrenar a mi sucesora primero. No puedo dejar París sin protección.

—Lo sé. Pero entre más pasa el tiempo, menos sabemos de todo esto y Hawk Moth se fortalece. Ella es... la más peligrosa enemiga que hemos tenido.

—Te creo.

Hicieron una pausa, un silencio que se extendió permitiendo que el sonido del trueno se abriera paso entre ellas, las gotas se hacían más gruesas a cada momento, y más frías. Esa noche no llovería en París, no. Nevaría.

—¿Irás? —Quiso saber Alix después de un rato.

—Sí. No. Yo no. Pero mi equipo de avanzada sí.

.

Tentomushi se movía a toda velocidad por los tejados de París. Los héroes se habían distribuido en puntos estratégicos por los techos, vigilando tantas calles como podían.

Por debajo del antifaz, Kagami recordaba las palabras que Marinette les había dedicado a todos cuando había dado las indicaciones. "Tiene que ser creíble". Así que, cuando escuchó a Viperion coquetear con Multimouse antes de iniciar la escolta, Tentomushi sonrió preguntándose si ellos dos podrían estar separados mucho tiempo, aunque Luka se la pasara diciendo que tenían todo en contra para ser felices.

Pensaba que Viperion estaba enamorado de Ladybug. —Comentó Rena en los auriculares de todos, consiguiendo que Chat Noir y Carapace soltaran una carcajada. —¿Ahora coquetea con Multimouse también?

Quiero protegerla. —Defendió el portador de la serpiente en los auriculares. —Que Ladybug y Le Panthère tengan algo, no quiere decir que no haya algo entre nosotros. Es más. Yo soy la pantera de París.

Entonces ¿Por qué coqueteas con el ratón? —Espetó Chat Noir burlesco.

Es parte de mi naturaleza, el cazador va por su presa.

—Ahora nuestro ratón es una presa. —Se burló Tentomushi frenando en el siguiente tejado y percatándose de que veía al resto de los portadores. Las calles de París estaban relativamente vacías, permitiendo al convoy del traslado moverse sin problemas.

Viperion, no te ofendas, pero estoy enamorada de alguien más. —Dijo Multimouse con aires apenados.

Carapace y Chat Noir lo abuchearon al mismo tiempo, Tentomushi casi pudo ver el gesto de desprecio que la serpiente compuso al escuchar aquello.

¿De quién? —Espetó la serpiente, procurando soñar en calma y fallando estrepitosamente.

De Cobra. —Dijo la heroína en medio de un suspiro.

Tentomushi y Rena soltaron una carcajada al escuchar la confesión y luego, la portadora del zorro habló.

Dios, le acabo de pasar por un lado, tendrían que ver la cara que puso. No lo cree.

¡Claro que no! ¿De verdad? ¿Cobra? —Y había tanto desprecio en su voz cuando habló, que Tentōmushi supo que Viperion hablaba en serio. —Es un ser visceral y despreciable que no ve por nadie más que por sí mismo y le pasa por encima a lo que le pongas enfrente. Es un patán y un cretino.

No creo que lo sea. —Dijo la roedora sonriendo dulcemente. —Creo que estaba muy asustado y no tenía otras opciones, pero si hizo lo que dices de donar el dinero, no debe ser mala persona.

Tentomushi sonrió al comprender de qué iba aquello. Aún con otras máscaras, Marinette seguía buscando la forma de hacerle a su esposo saber que de verdad todas las deudas estaban saldadas.

—Louvre al frente. —Anunció la Catarina saltando hacia la pirámide de cristal y corriendo el resto del camino para asegurarse de que estuviese despejado. —All clear.

El convoy llegó primero, y uno a uno, los otros cinco héroes aterrizaron después, rodeando el espacio mientras los guardias y trabajadores del museo se acercaban para empezar a descargar.

—Han hecho un gran trabajo. —Dijo Lila bajando de su auto y encarando al equipo. —Me habría encantado ver a la otra Catarina, pero…

Tentōmushi hizo una reverencia leve y negó con la cabeza.

—Desea que todo llegue sano y salvo a su destino. No dijo más.

—Bueno, su trabajo ha terminado por aquí. —Dijo el jefe de seguridad del museo, sonriendo orgulloso para los héroes antes de acomodarse la gorra y asentir para Viperion, dándole un apretón. —De nuevo, gracias por su apoyo.

—Lo que podamos hacer para cuidar y preservar la historia.

El guardia se dirigió a Chat Noir y asintió dándole un apretón también. —Hijo, siempre es un placer trabajar contigo.

—Es todo mío el placerrrr.

—¿Escuchan eso?

Ninguno de los héroes se había percatado de que Multimouse se había ido acercando hasta la entrada del museo a pasos calmados y la mirada perdida, no estaba viendo algún punto en específico pero, aún así, parecía estar percibiendo algo importante.

—¿Podríamos echar un vistazo? —Inquirió Chat Noir mirando a su amiga con dudas en la mirada. —No conocemos del todo las habilidades de esta nueva portadora, podría ser importante.

—Por favor, adelante. Han hecho tanto por el museo y sus artistas que no podría negarme.

Los otros héroes hicieron por alcanzar a su amiga, pero Viperion y Chat les cerraron el paso, y negaron con la cabeza.

Tentōmushi asintió mirando a Rena y Carapace.

—Dejemos que sea ella quien guíe. —Pidió la Catarina asintiendo una vez.

No. Multimouse no se dio cuenta de nada, puesto que en su mente sólo había espacio para la música.

Sí, música. Cómo de guitarra, como de cuerdas siendo rasgueadas al mismo tiempo, y percusiones, no de batería, no, sino de las manos que golpean amablemente el cuerpo de la guitarra clásica para marcar el ritmo.

(La llorona – Ángela Aguilar)

Multimouse entró al museo, pero Marinette cambió de era.

Porque ella caminaba entre las calles de un pueblo lejano en mil quinientos o algo así, cuando mitos y tradiciones se forjaban en una vida que parecía salida de cuento y al mismo tiempo parecía un castigo del infierno.

Montones de flores descansaban en las calles, flores naranja y amarillo, caminos de pétalos que cubrían los caminos como si guiaran o esperasen algo.

Todos los caminos de pétalos desembocaban en el panteón, y la música llegaba de todos lados.

Marinette sonrió olfateando el aire mientras se percataba de que la gente había puesto mesas fuera de sus casas, altares decorados con papeles de colores, y cenizas, y velas y muchas otras cosas. Algunos altares tenían dos niveles, sencillos y llenos de elementos, pero otros, otros tenían siete niveles apilados uno sobre el otro, cada nivel más pequeño, pero todos iguales de importantes.

La joven no tardó en darse cuenta de que tenían muchas cosas en común, no importando cuántos niveles tenían, había elementos que se repetían de uno a otro.

Escuchó la música al fondo. Mariachi.

Cantando una canción que ella no conocía y, aún así, sentía estar cantando sin darse cuenta.

Viperion siguió de cerca a Multimouse al ver las lágrimas aglomerarse en los bordes de sus ojos, como amenazando con desbordarse y al mismo tiempo sin atreverse a correr.

Habían llegado a un ala del museo que se titulaba "México: vida, muerte y tradiciones", en el que se exponían lienzos, pinturas, estatuillas y un sinnúmero de alusiones a la muerte en esa cultura, claro, a la muerte desde el punto de vista cultural.

"Día de muertos" rezaba una vitrina enorme, comparando las celebraciones de aquella fiesta desde la antigüedad y hasta el presente. Pero Viperion estaba demasiado enfocado en Multimouse como para darse cuenta de que, en una de las paredes del fondo, había la pintura de una mujer mestiza que llevaba un vestido flamenco lleno de lunares, antifaz y lanzaba un yoyo.

Marinette había llegado al cementerio, todas las tumbas parecían estar adornadas con las mismas flores. Ella sabía el nombre, recordaba haber presentado un proyecto en la universidad trabajando con las fiestas del mundo. A ella le había tocado el Día de muertos mexicano, así que conocía los elementos que adornaban aquellos lugares.

Sonrió viendo un mausoleo al fondo del cementerio, donde estaba sentada, en lo alto del techo, una mujer morena con vestido negro, motas rojas y antifaz, detrás de la que había un charro negro sonriéndole a la gente.

No. Marinette no lo supo.

No. Multimouse no lo sintió.

Pero la joven pelinegra cantó lento, lastimero, sin saber qué estaba haciendo, sin acento, tal vez con el acento marcado de una mestiza, una mujer que es criada por un español y una indígena:

—No sé... qué tienen las... flores... llorona... —Su canto salía a media voz, quebradizo, como si estuviese de verada a punto de echarse a llorar. —Las flores del... campo... santo...

—¿Está bien? —Murmuró el curador del museo, observando a la joven heroína y la adoración con la que Viperion se acercaba a ella, como si tratase de escucharla, de seguirla, puesto que llevaba la lira en la mano.

—Que cuan... do... las mue... ve el viento... llorona...

Viperion trenzó algunos acordes, encontrando el tono exacto en el que estaba cantando la joven, acompañándola de la misma manera en que ella escuchaba en su visión.

—Parece que están... llorando...

Apenas terminó aquella frase, se desplomó en su lugar, Viperion saltó a atraparla, los otros héroes le gritaron por su nombre, pasmados por lo que estaba ocurriendo, pero Viperion sostuvo con una sonrisa melancólica, acunáncola con ternura mientras repetía el verso, como si lo conociera de toda la vida: —Que cuando las mueve el viento, llorona, parece que están llorando.

No. Ninguno se dio cuenta de que Chat Noir se desplomó al mismo tiempo que Multimouse, presa del mismo trance.