Sonrais777: Tadaaaa, y comienza la saga de regresiones, espero la disfrutes mucho.
Dessirenya: Espero las hayas disfrutado, y seguimos con la saga
Manu: de tus recomendaciones, veo a Marinette más como una Rapunzel que como una cenicienta
Marianne E: Que empiece el experimento, y ciela, definitivamente es algo que quiero repetir, claro, siempre y cuando tengas unos minutos para esto.
Estaban sentados espalda con espalda, una manta cubría los hombros de Multimouse mientras que los hombros de Chat Noir sostenían la chaqueta del jefe de seguridad. Habían cerrado aquella ala para evitar que los curiosos entraran, ni siquiera Lila Rossi, que acababa de hacer una aportación importante para la inauguración y remodelación de aquella exhibición, pudo pasar a ver a los héroes, cuestión que la dejó muy disgustada, pero al final, con expresión resignada, sonrió asintiendo.
—Lo importante es que están bien. —Dijo con melancolía mientras se daba la vuelta y se dirigía a su vehículo.
Claro, ella tenía prisa por salir de aquel lugar y ver la posibilidad de lanzar algún akuma a observar si es que había emociones negativas por aprovechar.
Viperion depositó en las manos de la roedora una taza con algo caliente, chocolate, mientras Tentomushi acariciaba el rostro de Chat, despejándole de los mechones sueltos que caían sobre sus ojos, llamando al sosiego de los héroes y a la tranquilidad para todos.
Un rato atrás, en cuanto Viperion se había acomodado en el suelo con la heroína en brazos, Rena y Carapace habían saltado hacia Chat, percatándose de que también él yacía en el suelo, tarareando la canción que había escapado a la boca de la portadora como si se tratase de un trance compartido, de una maldición milenaria que despertaba en ese momento, al estar rodeados de los recuerdos de los muertos y de los artefactos de antaño.
—La Mariquita y El Gato Negro. —Murmuró Chat Noir mirando a su colega por encima del hombro antes de apuntar el cuadro al fondo.
La portadora observó los detalles flamencos del vestido rojo y negro que usaba la portadora de piel morena. La palabra Mestiza llegó hasta su boca como un eco del pasado, como un susurro perdido en el viento mientras Viperion, recargado contra la pared, arrancaba algunos acordes a su lira con una sonrisa ladina. Una parte de él estaba temerosa de que los sentimientos de su musa por el felino pudieran despertar de nuevo, pero, por otro lado, aquello sólo le daba más incentivos para hacer su viaje al templo de los miraculous y eso le hacía feliz.
Ella también era mestiza. Si lo ponía en perspectiva, su sangre mezclaba la de dos razas separadas por kilómetros y kilómetros de historia, sus hijos serían mestizos también, toda su estirpe a partir de ella sería llamada mestiza, pero ser una chica biracial no parecía un problema en ese momento. La soledad que había experimentado al protagonizar por un momento la vida de la mariquita, eso le había dolido hasta el alma.
Y se habría hundido en su dolor de no ser porque Viperion, que conocía demasiado bien esas facciones testarudas, alzó la voz en una frase dulce y compasiva.
—Si tuviera conmigo la guitarra, podría hacerlo sonar fiel a la original... —Admitió mirando a Multimouse a los ojos. —Conozco esa canción.
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Andrée había invitado a Luka a tomar una copa esa noche en el bar de los reptiles. Y el guitarrista habría podido negarse, de no ser por el hecho de que aquel reptil, taimado y perspicaz, había enviado también una invitación también a Marinette, a ambos al mismo tiempo para que uno de los dos dijera que sí.
Ahora, la cosa es que ninguno de los dos había respondido a la invitación al ser noche de patrullaje, cuestión que les dio una ventaja y una desventaja al mismo tiempo, dado que Andrée había considerado por un momento que lo estuvieran ignorando. Claro que hay más formas de despellejar un gato, ¿verdad?
En el museo, Viperion había recibido una llamada y se había quedado muy quieto viendo el identificador, el número de Colette.
—¿Qué pasa? —Murmuró el muchacho viendo a los otros portadores en la distancia, todos hablando con su musa y con su mejor amigo.
—Que no lo sepas es buena señal. —Admitió la guitarrista soltando el aire.
—Eso quiere decir que lo que pasó es algo grave.
—Bingo, tricky Snake. Eso quiere decir que no estás en casa. Y por primera vez me da gusto que hayas sacado a Marinette de esa madriguera. ¿Dónde estás? Pensé que Andrée te había mandado un mensaje temprano.
—¿Mensaje? No he revisado mi teléfono. Fue noche de cita, salimos con unos amigos a dar la vuelta en plan parejas. —Mintió con una sonrisa triunfal al ver la manera sutil en que Rena y Carapace entrelazaban sus dedos mientras Multimouse les sonreía para tranquilizarlos.
—Se metieron a tu casa. —Soltó Colette sin preámbulos, sin piedad, sin introducciones y sin tratar de suavizar la noticia. —Y por lo que dicen los reptiles que hacen guardia en tu colonia, bueno...
—Habla, Faure... —Musitó Luka con rabia contenida.
Colette conocía es voz férrea, gutural, mecánica. ¿Cuántas veces no había escuchado a Luka hablar así justo antes de propinar una paliza épica a su interlocutor? Porque Luka Couffaine se había convertido en leyenda por sus puños y por su calma, por su frenesí. Y Colette se había enamorado de la violencia y la paz que constituían al muchacho, porque Luka solía ser calma y tempestad. Pero cuando era la tormenta, el mundo entero se estremecía.
—Luka, no nos consta. Pero la descripción es como la de los que mandaron a Mari al hospital.
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Luka no necesitó otro incentivo para dirigirse al bar, acudir a la cita de Andrée.
Y habría dejado a Marinette en casa, de no ser por la posibilidad de que los mercenarios que habían atacado a su esposa pudieran estar cerca en busca de venganza.
Sabía que Andrée había invitado a Marinette personalmente porque le había mostrado el mensaje, ella le había dejado saber el contenido y el reptil había comprendido que su antiguo amigo tenía otras intensiones además de atraerlos a su serpentario. No, Andrée había dicho a Marinette que tenía interés de hablar de negocios con ella, hablar de ropa y de un posible contrato con la joven, pero prefería hacerlo en persona, cara a cara.
Por algo era el líder de los reptiles.
Por algo era el único caimán.
La idea de venganza que Luka tenía debía haberse esparcido como fuego en paja seca, porque, aunque él sólo le había revelado su plan a Maunier y algunos cuantos reptiles, todos debían estar hablando del hecho de que El Elegido estaba furioso con los responsables de que su musa, su inspiración, su adoración hubiese pasado nueve días en coma.
Luka no era considerado como un reptil vengativo, pero había cosas que no se tocaban.
Empezando por la familia.
Así que Andrée se sorprendió muchísimo cuando Luka le respondió al mensaje alegando que iría esa noche al bar y que llevaría a Marinette consigo.
No era la primera vez que aquella joven tan arriesgada pisaba ese lugar, se había ganado, sin saberlo, el respeto de algunos reptiles luego de poner a Colette en su sitio, las noticias volaban cuando la gente no quería que algo se supiera. Aunque todavía había mucha gente recelosa respecto al hecho de que Andrée quería reclutar a aquella joven, puesto que era bien sabido que había ayudado a algunas investigaciones de la policía.
Cuando Marinette entró a Les Reptiles tomada del brazo de Luka, sonriendo como si fuese la reina del lugar, usando tacones de aguja, falda tableada, blusa rosa pastel (sí, pastel. ROSA PASTEL. Del mismo tono de sus zapatillas de ballet), con el cabello levantado en una coleta alta hecha de caireles oscuros y el flequillo acomodado al último grito de la moda.
Haber vuelto a la firma le había sentado bien, adoraba usar tenis, camisetas sin diseño, chamarras de cuadros y llevar el cabello suelto, pero también disfrutaba usar la ropa que había comprado o diseñado para ella y para las tiendas. Le había dicho a Luka que no se quitaría la ropa que había elegido para el día de toma de medidas, que, si Andrée quería algo de negocios, la vería vestida como cuando hablaba de negocios.
—¡Qué perra! —Exclamó Colette con los brazos bien abiertos, una sonrisa de oreja a oreja mientras caminaba hasta los recién llegados, llamando la atención de los que no se habían dignado a volver la mirada. —Sólo a ti se te ocurre venir vestida así. ¿Pretendes marcar tendencia?
—Sólo si a los reptiles les gusta el rosa. —Soltó la chica antes de besar ambas mejillas de su amiga y sonreír.
Desde su silla, desde el último rincón del bar, el rey de los reptiles observaba todo. Sonreía orgulloso de su reino de caos y devastación, percatándose de que las charlas se habían ido agotando cuando Luka y Marinette entraron, pero no se movió de su sitio, esperó unos minutos mientras Colette hacía revuelo por la llegada de sus amigos, preguntándose cómo era posible que su serpiente más letal y más leal pudiera estar en la misma habitación que su ex y la esposa, y mantener su jovialidad habitual.
Y aunque guardó cordura unos minutos, observando cómo se alzaban discusiones, algunas peleas, gritos para hacerse escuchar por encima de la música, prefirió volver a sus dominios y dejar atrás aquel trono pretencioso y adornado, símbolo de su reinado en aquel lugar.
—Bueno. —Soltó Andrée levantándose de un salto y avanzando hacia los recién llegados. —Qué bien que se dignen a llegar. ¿Por qué tardaste tanto en responder? —Soltó ofendido, el muchacho con los brazos cruzados y encarando a Luka.
El muchacho se agachó sobre el oído de Andrée para murmurar, lo suficientemente bajo como para que sólo él escuchara. —Tenemos que hablar.
—Seguro. Cuando tú gustes. —Exclamó el reptil con aires despectivos. —Pero primer una explicación, ¿no? Mínimo.
Luka soltó una carcajada y le dedicó una sonrisa lasciva a Marinette, sonrisa que ella regresó con la misma intensidad.
—Es noche de citas. Una vez al mes apartamos un día para despejarnos de todo el estrés laboral y demás. Esta noche salimos con unos amigos y dejamos los teléfonos en silencio todo el rato.
Luka sacó el teléfono y abrió su face para mostrarle una foto que había publicado Kagami un rato atrás, una foto de tres parejas posando frente a la torre Eiffel, Luka y Mari en el centro.
—Sí, sí. Le he dado like y todo. —Espetó Andrée divertido, consiguiendo que toda la tensión del momento se disolviera. —¿De qué quieres hablar?
—Aquí no. —Urgió Luka mirando a su alrededor, percatándose de que algunas personas aún dedicaban miradas de reojo, pendientes de lo que estaba ocurriendo en ese momento.
—Muy bien. —Murmuró Andrée divertido. —Hagamos esto. No voy a desperdiciar la oportunidad, si el guitarrista de Kitty Section y la mitad de Panic and Chaos están aquí.
Primero unas pocas voces de las mesas más cercanas, casi como si fuera un rezo o un mantra, sus voces se fueron alzando como un murmullo tímido, incitando a la locura, y al mismo tiempo, incapaces de levantarse por encima de lo necesario para llamar a la euforia.
—Dumont. Dumont. Dumont.
Gente que se fue sumando a aquella repetición del apellido del rey a la par que bajaban la música en las bocinas, poco a poco aquellas voces tímidas se convirtieron en una multitud enardecida exclamando el apellido Dumont con tal rabia, que incluso la piel de Luka se puso chinita. Aquella emoción sólo la sentía en los conciertos de bar, solía disfrutar la manera en que la gente coreaba el nombre de su banda, o incluso sólo su nombre cuando protagonizaba sus solos.
¿Cómo resistirse a ello?
—¡Eso! —Exclamó el muchacho dando un aplauso con violencia, generando un ruido tan poderoso que la multitud guardó silencio. —Entonces, Colette, ¿Jeanny?
—Será un placer. —Soltó la morena tomando sus baquetas y lanzándose a la batería mientras que Colette sonreía de medio lado, asintiendo una vez.
—¿Luka? —Murmuró Andrée como una advertencia.
—Lo que tengo para decir es urgente.
—Pero apuesto a que puede esperar una canción. —Murmuró Marinette entrelazando sus dedos con los del muchacho, sonriéndole dulcemente, haciéndole sonreír.
—Mari. Sabes a para qué estamos aquí.
—Sí, y tú sabes cómo amo verte tocar.
Andrée observaba, divertido, la escena que presenciaba. ¿De verdad esta era la reina de las serpientes, la única que había sido capaz de dar sosiego al alma de Luka Couffaine en medio de la desesperación y la rabia?
—Eso es chantaje. —Acusó Luka antes de apresar a Marientte por la cintura y jalarla hacia sí con aires posesivos.
Sí, Luka podía darse el lujo de ser posesivo con Marinette, o al menos aparentarlo, puesto que ambos estaban tan seguros del otro que Luka jamás volvería a atreverse a llamarle suya como si fuese de su propiedad. Había aprendido la lección cuando enfrentaron a XY, que, por cierto ¿Y qué había sido de aquel pelmazo?
—Por algo soy tu reina oscura. —Dijo la joven con orgullo, levantando el rostro en un gesto altivo.
Marinette nunca se ufanaba por sus logros, atributos, triunfos. Así que verla así de arrogante, de déspota ante las miradas de todos los reptiles, aquello se había convertido en un gesto del que comenzaba a enamorarse. Porque una parte de Luka todavía era un reptil hasta la médula, todavía sentía cierta atracción ante lo prohibido y lo letal.
No dijo nada.
Sonrió de medio lado y mordió el labio de Marinette antes de darse la vuelta y subir al escenario.
Ver a Andrée en el escenario resultó curioso para Marinette, se habría esperado alguna canción de rock pesado, metal incluso, así que se sorprendió muchísimo cuando Luka fue por la guitarra acústica y esperó las indicaciones del rey de los reptiles...
—Algo sencillo. —Soltó Andrée sonriendo para Jeanette, que comenzó a marcar el ritmo.
—¿Qué tan sencillo? —Murmuró la baterista con media sonrisa.
—¿Le ponemos diamantina? —Soltó Luka golpeando las cuerdas de la guitarra al mismo ritmo que Jeanette azotaba sus baquetas.
—Como en los viejos tiempos ¿Eh, golden boy? —Soltó Andrée divertido.
Luka asintió una vez, tratando de mantener el desprecio lejos de su rostro. Debía tener contento a Andrée para poder hablar los temas que tenía pensados, así que esperó pacientemente mientras el rey de los reptiles se acomodaba el micrófono a su altura y aguardaba el silencio.
I am flesh and I am bone
Rise up, ting ting, like glitter and gold
I've got fire in my soul
Rise up, ting ting, like glitter
Like glitter and gold
Like glitter
La música se alzó sobre la muchedumbre.
La voz de Andrée se alzó en las bocinas del lugar, la gente comenzó a golpear las mesas con las manos, con los tarros, con los puños. Incluso el ritmo se marcó en el piso gracias a los taconazos que la gente comenzó a dar.
Una sola persona manipulando a la multitud a su antojo.
Luka no pudo evitar sonreír al ver así a Andrée.
Do you walk in the valley of kings?
Do you walk in the shadow of men
Who sold their lives to a dream?
Do you ponder the manner of things
In the dark
The dark, the dark, the dark
El reptil, con su chaqueta de cuero gastado, su camiseta blanca de cuello V, su pantalón de mezclilla holgado y sucio, con sus botas militares y el cabello desorganizado, soltó una carcajada cuando la gente cantó el coro de aquella canción, quitándole esa oportunidad.
Y mientras la gente repetía aquellos versos, el muchacho aprovechó para pasearse una mano por el cabello hacia atrás, peinando los mechones pelirrojos.
Do you walk in the meadow of spring?
Do you talk to the animals?
Do you hold their lives from a string?
Do you ponder the manner of things
In the dark
The dark, the dark, the dark
Marinette observó a Andrée a detalle, sólo escucharle cantar los primeros versos había sido suficiente para que la mente de la diseñadora comenzara a trabajar, ya tenía tres posibles outfits en caso de que aquel reptil decidiera lanzar un disco como solista; Luka sonrió ante la mirada ávida de la chica que tenía en esos momentos, con el entrecejo fruncido ligeramente, como si trazara un plan. Vio la mano de la chica moverse de un lado al otro, presionando índice y pulgar como si tomara algo y lo moviera de lugar.
Marinette negó con la cabeza y sonrió carraspeando, ¿en qué estaba pensando?
Sí, ver a Andrée en el escenario era un deleite, el muchacho tenía mucho de atractivo, y la manera en que manejaba a la multitud era algo digno de observarse, pero los ojos de la chica se posaron en el cuerpo de Luka, moviéndose de un lado al otro mientras forzaba la respiración en el micrófono y le sonreía con suspicacia.
Una mirada que decía "te atrapé", una acusación silente y divertida, entendiendo que aquello era una forma de darle a entender que sabía lo que había estado pensando.
Marinette soltó otra risa discreta cuando Luka acercó su voz al micrófono y coreó la voz de Andrée, adornándola y enalteciéndola como sólo se logra con los años.
Los ojos de Marinette se quedaron prendados por un momento de los de Luka, el muchacho le sonreía como si quisiera consumirla con la mirada, estar en el escenario le había hecho olvidar la prisa, así que con cada "Au" que cantó, levantó el rostro en un movimiento brusco, como llamándola, como incitándola, como advirtiéndole que no tendría piedad de ella. No, hacer los coros para Andrée no sólo fue cumplir el capricho del reptil, fue también una amenaza de que se cobraría las miradas que Marinette había dejado de dedicarle a él por estar pensando en moda.
I am flesh and I am bone
Arise, ting ting, like glitter and gold
I've got fire in my soul
Rise up…
La canción se agotó, todo frenó al mismo tiempo, las guitarras, la batería, la voz.
Y la multitud bramó el nombre de Andrée, su apellido, y una última palabra que Marinette no alcanzó a comprender.
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(Pon ojito aquí, que hemos hecho un intercambio. Este fragmento lo ha escrito Marianne E cumpliendo con algunos caprichos míos y superando toda expectativa. Tuve el placer y el honor de que esa gran escritora apartara unos minutos de su vida para crear este fragmento para nosotros, y puedo decir que me ha puesto a fangirlear a grito abierto
Recomendación musical:
Play God - Sam Fender)
La luna refulgía a pesar de los nubascos arremolinados sobre el cielo de París, determinados por soterrar su luz. En la intemperie, el frío azotaba sin piedad y el viento cargaba consigo saetas gélidas que se insertaban sobre la piel de aquellos incautos que osaban salir esa madrugada.
Había una que otra alma que no tenía opción, como aquellas personas que se aglomeraban alrededor de las llamas abrasadoras de un bote de basura. Otros, como Luka Couffaine que desafiaban al clima por el simple deseo de hacerlo. Y es que el joven aparentaba una total inmunidad ante la brutalidad del vendaval y el acerbo de la nieve.
Recargado en la pared de un callejón, con los brazos cruzados y sin otra cosa para abrigarle que su vieja chamarra de cuero viejo, la serpiente esperaba con quietud.
Abrió los ojos al escuchar una puerta de madera abrirse. El azote de la música, alaridos, gritos y risas salieron del bar Les Reptiles a la par de Andree. Luka sonrió artero cuando la entrada volvió a cerrarse, acallando la tormenta de caos. Sólo alguien como El Caiman Dumont era capaz de concentrar tanta anarquía, ira y devastación en un solo sitio y, al mismo tiempo, contenerla a su voluntad…
No por nada él era el líder del clan: el Rey de Los Reptiles.
...Y bueno, él era Luka Couffaine, la única persona en este mundo que tenía la oportunidad, o más bien el privilegio, de llamar al rey cuando lo necesitara.
— ¿Y bien? — preguntó el caimán, el calor de su aliento dibujó pequeñas nubes de vapor en el aire — ¿Qué demonios es tan importante que no puede discutirse adentro?
...Y aquel privilegio no se lo había ganado porque sí. No, éste había sido un galardón a su brío y el denuedo de sus acciones. Porque sólo "El elegido de las calles" tenía las suficientes agallas como para hacer lo que hizo a continuación.
— Esto… — musitó Luka antes de estallar el puño contra la quijada del reptil mayor.
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Silencio. Parecía que hasta la ventisca y los sonidos de la ciudad en la madrugada cedieron ante el estupor. Tres gotas de sangre cayeron al suelo, tiñendo la nieve con pequeños puntos escarlatas. Andree se sostenía la quijada y, por un segundo, hasta la luna llena temió por el porvenir de la serpiente.
Fue la risa de Andree la que quebró el sigilo. El hombre usó el dorso de la mano para limpiar el resto de sangre del labio abierto. Luego, simplemente sacó del bolsillo de su chaqueta una cajetilla, de la cual tomó un cigarro con la boca… Una invitación. Luka extrajo el encendedor del pantalón y prendió el tabaco con pleitesía.
— Déjame adivinar: La prueba de la horca, ¿cierto?
— ¿Ya entiendes por qué no podía ser adentro? — murmuró Luka, prendiendo su propio cigarro, cuando el Andree se lo ofreció.
— ¿Desde cuánto eres tan considerado? — argumentó él, y sonrió ante el silencio del guitarrista. Fueron tantos los años juntos en el mismo pozo, que ya había aprendido perfectamente a leerle la omisión — No tenía idea que Marinette era la única que no llevaba arnés de seguridad. Y tampoco estaba al tanto de los hombree de Mademoiselle Rossi.
— Cobra les advirtió que no confiaran en ella…
— Me conoces. Yo no tomo advertencias, tomo riesgos — el hombre dio una calada larga y expulsó el humo con lentitud — Un cocodrilo primero observa oculto a su presa, la estudia y luego ataca.
Luka rió por lo bajo, porque aquel era enteramente el estilo del cocodrilo, aún cuando no fuese la mejor opción, aún cuando sus métodos desembocaban en catástrofes. Él jamás se lamentaría… podría ser el rey de las cenizas si así lo quisiera. Hasta ese punto, el guitarrista se preguntaba si en realidad era Lila Rossi la que debería temer de Andree, y no al revés.
—Además, jamás haría algo para herir a tu pequeño ratón — el apelativo bien podría sonar burlesco. Después de todo, ¿de qué manera podría un pequeño roedor ganarse el respeto de un caimán? — La esperanza muere al último. Aún hay oportunidad de que cambie la cola y las orejas por escamas.
El guitarrista frunció el ceño. Comenzaban a fastidiarle esa clase de indirectas.
Cierto es que, al principio Andree Dumont apuntó a Marinette Dupain-Cheng como una amenaza latente. El cocodrilo la detestaba a un nivel estratosférico, ¿y cómo no hacerlo? Si para él aquella joven había llegado demoler sus planes a futuro. Porque sí, Andree ya tenía un proyecto meticulosamente calculado. Sabía perfectamente que no podría ser el rey por siempre. Tarde o temprano un gobernante debe ceder su puesto, y para ello necesitaba al sucesor perfecto; uno que pudiese vivir del caos, pero que fuese lo suficientemente ecuánime como para también dominarlo a capricho.
...Luka era ese sucesor. ¿O acaso creían que aquel apodo por el que fue llamado por tanto tiempo era de a gratis? No, todo para el cocodrilo tenía que ser simbólico, porque Andree Dumont era la la ira y el alboroto de las calles, y Luka era su legatario, su heredero: "El heredero de las calles".
...Y de repente llega un ratón y se lleva consigo a la serpiente. ¿Habrase visto antes? A los ojos de Andree, Marinette era la responsable de que Luka abandonara para siempre a los reptiles. ¡Y vaya que tenía razón! Pero con lo que el cocodrilo no contaba el día en la conoció, fue que la chica ocultase tras esa fachada de dulzura, delicadeza e inocencia, el furor de una estrella incandescente; el suficiente como para poner a Colette Faure en su lugar.
La quería en su reptilario. A ella y a Luka por igual.
— Lo sé. Y es por eso que sigues vivo… — musitó la serpiente.
— Ja... ya veo que ni Marinette es capaz de bajarte la soberbia — se burló de la amenaza — Supongo que no viniste aquí sólo a "darme una lección". ¿Qué estás buscando, Couffaine?
—Venganza — advirtió, tirando la colilla al suelo, manchando la blancura inmaculada de la nieve con las cenizas — Quiero atrapar a los mercenarios que le dispararon a mi esposa. Y creo que esta vez sé cómo hacerlo.
— ¿Cómo?
— Uniéndome a la policía…
Lo correcto hubiese sido temer, o por lo menos reclamar, porque lo que sugería una acción como esa era pura y descarada traición. Cualquiera se habría abalanzado contra Luka para evitar semejante disparate. Pero Andree lo único que hizo fue soltar una carcajada: — Déjame adivinar, Maunier, ¿cierto? — rió con más sorna — Ese imbécil es más testarudo que yo.
— Al menos ya comienzas a admitir que se parecen — apuntó Luka, sagaz.
— Te recuerdo que él te quería en un reformatorio. Yo en las calles… Dime a quién le vas a dar tu lealtad.
— A ninguno — cortó con firmeza — Soy leal a una sola persona, lo sabes bien.
Andree suspiró con fastidio y se encogió de hombros: — Haz lo que quieras. Sólo no me causes problemas — sentenció, tirando su propia colilla y dándole la espalda a la serpiente, dispuesto a regresar al bar.
— Sería más sencillo si tú también cooperas. ¿No quieres que Travis te deje en paz? — musitó Luka.
Andree no volvió a virar la cabeza: — ¿Paz? — rio y negó con la cabeza — ¿Por qué un dios del caos buscaría la paz? — y dicho esto, entró de nuevo a su nido de devastación, cerrando la puerta tras de sí.
