Dessirenya: Todavía no decido qué va a ser de Emilie, pero tenemos una teoría interesante, entonces veremos unas cuantas apariciones más de su parte. Ya vas conociendo mi estilo, se viene otra racha de pruebas para nuestros héroes. Espero que la disfrutes

Sonrais777: Es la idea, pero no sé cuánto más miedo deba dar por ahora, hay otras cosas de qué preocuparse

Manu: Hasta ahora no tengo motivos para creer que Felix sea carismático. Sí tengo planes para él, pero no lo quisiera involucrar con Ladybug de ese modo.

Marianne E: Bueno, que empiece la masacre jajaja, ahora sí, con algunas pruebas del torneo ya estructuradas, cada vez se acerca más el fatídico momento en que tú y yo sabemos qué va a pasar con un beso de por medio. Dios, hasta yo estoy nerviosa, veamos qué sucede.


Lena golpeteaba el suelo con la punta del pie en un claro gesto de ansiedad, tenía los brazos cruzados y la boca fruncida, mirando de mala gana la puerta del despacho de Luka, como si aquel gesto fuera a acelerar la llegada de Denisse. Se había dicho a sí misma una y otra vez que aquella joven nunca estaba tarde y comenzaba a molestarse por su atrevimiento.

Luka por su parte estaba recostado en el sillón, con la guitarra en brazos y una sonrisa tranquila mientras trenzaba algunos acordes sueltos, disfrutando internamente del caos y la devastación a la que su representante parecía verse sometida en ese momento. No había querido decirle a Lena que el hecho de que Marinette tampoco hubiese llegado al despacho le daba una pista de donde podría encontrarse su asistente, había preferido guardar silencio y verla enfurecer lentamente pues, en el momento en que ambas chicas aparecieran por la puerta (si es que estaban juntas), Lena perdería todo derecho a reclamo.

No, no entraron más de ocho minutos tarde. (Sí, Lena era una obsesiva con el tiempo). Marinette amablemente abrió la puerta para Denisse y le hizo un gesto para que entrara primero, la joven de cabellos rizados sonreía dulcemente ante los gestos de Marinette, de pronto lucia confiada, segura de sí misma. Así que, cuando sus ojos se toparon con la mirada dura de Lena Baudin, Denisse no retrocedió en su sitio, asintió a manera de saludo y habló con voz firme.

—Lamento la demora, tuvimos un accidente en el baño. Pero ya está todo resuelto.

—¿Nos presentas, cielo? —Inquirió Luka tranquilamente mientras se enderezaba y dejaba la guitarra en el atril, sonriendo con adoración para Marinette, pensando en un argumento lo suficientemente válido como para hacerla pasar más tiempo consigo antes de lanzarse de gira otra vez.

—Luka Couffaine —dijo Marinette con diplomacia y una sonrisa radiante —, ella es Denisse D'Épines, es especialista en marketing y consumo de redes sociales, tiene siete años de experiencia en su área laboral y encima, tiene un excelente gusto por la música y por el café. Aunque no es tu fan.

—Y estoy seguro de que también tiene muy buen gusto por la ropa. —Comentó el guitarrista observando de pies a cabeza a la joven, reconociendo el diseño también.

Sí, Luka Couffaine era experto en reconocer el trabajo personal de su musa, así como ella reconocería una composición del muchacho en cualquier idioma y en cualquier lugar del mundo. La marca de agua personal que ambos jóvenes habían puesto a sus obras era delicada y sutil, al grado que casi podría ser imperceptible. Casi.

—Tuvimos un problema de moda, de hecho. —Comentó Marinette señalando por primera vez la blusa rosa que descansaba delicadamente en su brazo. —Pero cinco minutos me bastarán para arreglar este percance. Tu nueva asistente es, además, una chica prevenida en muchos aspectos, creo que logrará ponerte en tu lugar cuando yo no esté cerca para hacerlo.

—¿Ponerme en mi lugar? —Soltó Luka, divertido ante el atrevimiento de Marinette al decir aquello, a la par que Lena bufaba, ofuscada al verse ignorada por todos en ese lugar.

El guitarrista avanzó a pasos firmes, capturando la mirada de Denisse con un gesto felino, cuestión que tomó a Marinette por sorpresa, se habría esperado un clásico sondeo viperino, ojos alertas e hipnotizantes de una serpiente (de la serpiente Couffaine), el asecho normal que aquel músico habría hecho ante cualquier persona nueva en su círculo social.

Sin duda, Plagg estaba teniendo su impacto en Luka.

Denisse sonrió con profesionalismo, recordándose a sí misma las palabras que Marinette le había dedicado en el baño.

Es un depredador al asecho, constantemente verás esa faceta de él en diversas ocasiones, pero si quieres impresionarle no sucumbas ante su arrogancia ni su escrutinio, quiere probar tus nervios.

Denisse se pasó segundos enteros observando a Marinette mientras la joven cosía el botón a su sitio mientras ella se ponía la blusa que Marinette había cargado consigo en el bolso, agradeciendo el hecho de que la hubiera salvado.

No. Marinette no parecía del tipo celosa, así que no estaba marcando su territorio. Pero entonces ¿qué era?

La verdad, tenía mis dudas respecto a las intenciones de Lena para ponerle una asistente, pero creo que necesita ayuda para organizarse y sé que le vendrá bien trabajar contigo. Me gusta tu buena vibra y quiero conocerte un poco más. Creo que seremos buenas amigas.

—¿Siete años de experiencia?

—Y contando. —Soltó la joven extendiendo la mano para Luka, quien esperó un apretón tímido y dulce por parte de la diminuta figura que le observaba, en lugar de eso, recibió un saludo fuerte y una mirada incandescente.

Por un momento, Luka recordó haber visto esa misma expresión en los ojos de su esposa cuando le había puesto las cartas sobre la mesa a Andrée, así que consideró estarse encontrando con una personalidad muy parecida a la de su Marinette.

Luka bufó con media sonrisa, confiado, ladino, taimado, devolviendo el apretón con el mismo énfasis antes de murmurar:

—Será sencillo hacerte bullying.

—¿Perdón? —Soltó Denisse ofendida ante aquella expresión, mirando a Lena con incredulidad.

La representante de Legend rodó los ojos y bufó, fastidiada ante la actitud desafiante de Luka (¡Por cada dios de cada religión de cada ciudad del mundo, de cada planeta y de cada galaxia, trabajar con Luka Couffaine era como trabajar con un niño de seis años!), y aunque Denisse le dedicó una mirada suplicante a su jefa, no fue su negativa lo que tranquilizó a la joven asistente, sino la risa discreta de Marinette, quien negaba con la cabeza desde su rincón.

—¿Ves? —Soltó Luka ensanchando su sonrisa. —Ya empezamos bien nuestra relación. Todo irá a pedir de boca.

—Yo no vine aquí a dejar que me hagas bullying. —Puntualizó Denisse con voz firme mientras Marinette asentía una vez, brindándole su apoyo en silencio. —Vine a ponerle pies y cabeza al caos en el que te has sumido por no saber administrar tu tiempo.

—¿Sabes linda? No creo que Marinette se haya casado conmigo para dejar que le haga bullying tampoco, y estamos a menos tiempo de la boda a la iglesia cada vez.

—Bueno, pero aprendo a defenderme. —Aclaró la pelinegra antes de dirigirse hasta Luka y plantar un beso cálido y casto en sus labios. —Pronto no sabrás ni qué sarcasmo te golpeó.

—¿Vas a hacer equipo con Denisse? —Inquirió el muchacho, dudando de la lealtad de su esposa.

—No lo he decidido. —Admitió la pelinegra. —Me tengo que ir. Recibí un mensaje de la firma, parece que es imperativo que me presente cuanto antes.

—Muy bien. ¿Paso por ti a las siete?

—¿A las siete? —Soltó Denisse revisando su tableta, consiguiendo que Lena sonriera de forma maléfica. —A las siete si es que terminas de organizar las partituras que entregaste y terminamos con la selección formal para el disco, además de darme los horarios y fechas que tienes disponibles para los M&G, además de programar el primer concierto formal con este nuevo disco. Podemos iniciar en algún bar o evento chico, pero después de eso, llenaremos un estadio. —Al final, levanto la mirada y sonrió con autosuficiencia, mirando a un Luka completamente pasmado, que la miraba con la boca abierta y los ojos desencajados por la sorpresa. —Tenemos mucho que hacer, señor Couffaine, y no tengo minutos que perder, así que requiero revisar tu contenido de redes sociales para saber qué podemos hacer para salvar la imagen de rockero punk que tienes antes de convertirte en un estilo rock puro.

—Ya me encanta. —Soltó Marinette divertida mientras tomaba su bolso y se encaminaba a la puerta con una sonrisa radiante. —Te veo más tarde, cielo.

—¡Marinette! —Exclamó Luka mientras la aludida cerraba tras de sí. —No me dejes con esta bruja... —Murmuró al final con los hombros caídos, sintiendo que Sass se retorcía en su bolsillo como si riera discretamente.

—Entonces. —Añadió Denisse al final, mientras Lena también salía del lugar, sonriendo para sus adentros y deleitándose en el sabor de una victoria silente. —¿Empezamos con Twitter o Instagram?

.

Las palabras de Andrée retumbaban en los linderos de su mente como un recordatorio constante.

Haz lo que quieras...

Jamás cuatro palabras habían sonado tan letales y tan duales hasta que el rey de los reptiles las había pronunciado con la intención de darle carta abierta a su serpiente más letal. Luka habría sabido que aquellas palabras eran la advertencia para que no tomara ninguna acción, aquellas cuatro palabras siempre eran el disfraz perfecto para un "Ni siquiera lo pienses", pero luego había completado aquello diciendo un Sólono me causes problemasy entonces todo había cobrado sentido.

No. Andrée no consentía la decisión que su reptil favorito estaba tomando en esos momentos, pero tampoco diría nada, no apelaría, no trataría de disuadirlo, no le enviaría a sus matones para detenerlo. No haría nada para interferir en la decisión que el guitarrista estaba tomando puesto que comprendía perfectamente su postura. Luka era un descarado, haberse atrevido a decir que sólo era leal a una persona enfrente del rey actual, aquello había sido una osadía que posiblemente le habría costado dos costillas rotas a cualquier otra persona. No a la serpiente Couffaine, no al Elegido, porque Andrée todavía tenía la esperanza de convertir a Luka en su sucesor. Tenía que hacerlo. Tenía que ser Luka Couffaine, o no sería nadie más.

Luka entró a la comisaría con aires socarrones, ufanándose en las miradas que le dedicaban los oficiales, la gente comenzaba a sospechar que Luka estuviera reuniéndose tantas veces con Maunier porque perteneciera a sus equipos secretos de civiles, pero nadie se atrevía a decir esa idea en voz alta, sonaba absurdo cuando alguien lo pronunciaba aún para sí mismo. Y mientras una sola persona creyera que Luka entraba y salía de aquel lugar para fastidiar al detective que seguía sin poder ponerlo tras las rejas, entonces se regodearía en el malestar de esa alma desdichada.

Luka hacía muchos años que luchaba para el lado correcto. Haberse convertido en Viperion le había dado a su vida un sentido único e irrevocable. Él sabía que siempre pelearía por la verdad y por la justicia, la cuestión era que no peleaba por esas cuestiones por hacer el bien en sí mismo. Claro que disfrutaba de ayudar a los que no podían defenderse ellos solos, aun siendo un reptil había gozado de la posibilidad de salvar una que otra alma perdida, pero sus motores para ser mejor persona no eran la justicia y la verdad. No. Esas dos cuestiones ayudaban bastante a mantener la perspectiva cuando él se sentía perdido, pero no eran los motivos principales. Sus motivos eran dos perlas azules como el infinito, azules como el océano, azules como el cielo en la madrugada.

Porque él sólo le era fiel a los ojos de Marinette, a la verdad de Ladybug.

Así que, si podía burlarse de la justicia de Paris, de aquellos que habían gastado minutos de su tiempo para tratar de atrapar a un crío dolido y meterlo a un reformatorio, en lugar de perseguir a los verdaderos malos, entonces él seguiría ufanándose y "parándose el cuello" en medio de todos los presentes en la habitación, haciéndoles sentir la incomodidad de que un reptil invicto podía pasearse por sus oficinas a placer.

—¿Ocupado, detective? —Soltó Luka, divertido, dando un golpecito a la puerta del despacho de Maunier y haciéndole saltar en su asiento. —Perdón, llevo prisa. Mi asistente se volvió loca y quiere que vuelva en media hora a Legend Records.

—¿Asistente? No pareces del tipo que confíe en un extraño para manejarte la agenda. Y me parece raro que trabajes tan tarde. —Dijo percatándose de que el reloj marcaba las ocho de la noche.

—No —soltó torciendo la boca en un gesto de desdén, hablando con tanto sarcasmo como pudo —, pero me dieron permiso de salir un rato para llevar a Marinette a casa antes de terminar de afinar detalles para la presentación de la próxima semana. —Respiró profundo para serenarse y sonrió de medio lado. —En general no me gusta que los extraños me manejen la vida, pero Mari confía en ella, así que...

—¿En ella? ¿Te pusieron a una asistente y tu esposa lo aprueba? Dios, dónde hacen así a las mujeres, mi esposa enloquece con la mención de que trabaje con féminas en casos largos.

—Marinette es única. —Soltó Luka dejándose caer en la silla frente al detective, tan desgarbado, tan despreocupado, que casi pudo parecer grosero. Pero Maunier sonrió de medio lado y le ofreció su taza a Luka. —No, gracias. Yo sólo tomo el café negro. A ti te gusta endulzarlo mucho.

—Pues el café que te preparó tu esposa el otro día estaba como para darle diabetes a quien lo probara. Café negro, ¡Sí cómo no!

—Ella toma dulce el café. —Admitió Luka sonriendo con cierta melancolía, bajando la mirada hacia sus manos y negando con la cabeza. —Pero le conté la historia de las tazas el día de lo de Jule, así que supuso que podía meterse contigo por meterte conmigo.

—Así que lo de "reina oscura" no es un chiste local. —Soltó Maunier negando con disgusto. —La estás corrompiendo, Couffaine.

—Nah, sólo estoy sacando a relucir lo que ya habitaba en ella. Te lo juro, es un dulce de azúcar, pero tiene alma ígnea.

—Tu ex la llama perra. —Murmuró Maunier llevándose una taza a la boca.

—¿Y tú qué sabes cómo la llama Colette?

—Ah, bien que sabes de quién hablo. —Dijo el detective sonriendo triunfal. —El día del interrogatorio la escucharon llamarle así a Marinette. No sé si era en serio.

—Mari le dijo Culebra… —Soltó Luka negando con la cabeza en un gesto de disgusto. —Esas dos son un caso completo. —El guitarrista suspiró rodando los ojos, preguntándose cómo demonios habían pasado de ser enemigas mortales a quererse tanto.

El pensamiento de la evolución de su amistad hizo a Luka bufar, divertido ante un recuerdo: Marinette le había preguntado que qué opinaría él si la nombraba dama de honor para la boda.

Dama de honor.

Luka carraspeó, ofendido, a la par que negaba con la cabeza, aceptando la taza de Maunier y dando un trago antes de sonreír de medio lado.

—Par de brujas... —Murmuró divertido mirando al detective.

—Hijo, le voy a decir a Marinette lo que andas refunfuñando. —Amenazó divertido.

—Dile, por favor. —Soltó Luka en medio de risas discretas. —Seguramente me llamará cretino, pero nada más.

—¿A qué vienes? —Espetó el oficial al final, percatándose de que ahora bromeaba abiertamente con el muchacho.

Otro cambio radical.

¿En qué momento Travis Maunier y Luka Couffaine bromeaban abiertamente como un par de amigos?

En cierto modo, Travis se había empeñado en reclutar a Luka al ver el fervor con el que el felino de París solía hablar de él, sabía que, si Chat Noir le tenía tanto cariño y tanta confianza debía ser por un buen motivo. No. Ahora ya no se trataba sólo de los motivos del gato, sino del hecho de que Travis había comprendido de primera mano que Luka era confiable, un alma noble.

Había llegado a esa conclusión al ver los conciertos en vivo que el muchacho había protagonizado, los solos de guitarra, la forma en que usaba su instrumento para acompañar y guiar a la banda.

Había algo en aquel muchacho que no terminaba de encajar.

La pinta de chico rudo era real, Luka era una serpiente del herpetario personal de Andrée, invicto en las calles, El Elegido. El músico era real, prueba de eso era la notoria mejoría de los estudiantes del conservatorio que tomaban clases con él. El esposo dulce también era real, y podía verlo en la ensoñación con la que Marinette lo veía cuando creía que nadie la miraba. El hombre que hacía actos altruistas también existía, Maunier había logrado rastrear tres donaciones anónimas hasta dar con Luka Couffaine. Lo que no parecía real para Travis Maunier era el hecho de que Luka pudiera contener tanta dualidad en sí mismo, no parecía posible.

Y ahí estaba sentado Luka Couffaine, con su sonrisa ladina y su mirada arrogante.

—Vine por mi placa. —Soltó la bomba sin más, sin piedad ni reparos, sin remordimientos ni culpas. —Y a negociar mi entrada a tus equipos encubiertos.

—Primero lo primero. —Soltó Travis enderezándose en su sitio, haciendo ademán de levantarse. —Café. Esto ya está muy frío.

—Café entonces.

Ambos se levantaron en un movimiento fluido. Maunier rodeó el escritorio y sonrió saliendo primero, encabezando el camino.

(Can't stop me now – Oh The Larceny)

Luka sonrió palmeándole el hombro justo en el momento en que llegaban a la puerta del despacho; escucharon revuelo en todo el lugar, una voz aguda hecha un mar de reclamos, gritos que se escuchaban por toda la comisaría cuando dos oficiales entraron arrastrando consigo a Colette, quien daba patadas al piso, empujando las caderas tan alto como podía mientras la sostenían por los brazos para evitar que saltara.

—¡Suéltenme, con un demonio! ¡No hice lo que dicen que hice!

Colette cruzó miradas con Luka justo en el momento en que el guitarrista, descarado como jamás había estado en ese lugar, sacaba la placa del bolsillo trasero de Maunier y la levantaba alto para que la chica pudiera verlo.

Así que ella era el espía de Andrée para asegurarse de que el reptil hacía lo que hacía.

No, nadie vio aquel gesto. Todos estaban tan ocupados con los ojos puestos en la guitarrista que nadie se percató de que Luka Couffaine había cometido un crimen justo en el centro de la estación de policía, valiéndose de todos los medios disponibles para guardarse aquella insignia de la justicia en el bolsillo interior de su chaqueta, con una sonrisa equiparable a la del gato de Cheshire. Un jaque mate para Andrée. La demostración de que seguía siendo el Elegido al que tanto apreciaba ese viejo caimán.

Sencillo, tenía la placa, ahora sólo debía salir con ella de la estación y buscar la manera de regresarla a su dueño legítimo. ¿Cómo demonios iba a conseguirlo sin levantar sospechas por parte de Maunier?

—Bueno, un problema a la vez. —Dijo para sí mismo al ver a Colette dejar de forcejear.

Luka avanzó a pasos calmados, acomodándose la chaqueta y sintiendo que Sass le daba pataditas a la placa, como un reclamo silente, una protesta en contra de lo que su portador estaba haciendo en ese momento.

—¡Luka! —Gritó Colette sonriendo de medio lado, permitiendo que le esposaran las manos a la espalda y sonriendo con descaro para el guitarrista. —Y esta noche ¿por qué te tienen aquí?

—Vine por mi propio pie. —Dijo quitándole importancia a aquel hecho. —Quería saber si Maunier ya tiene alguna pista decente de los mercenarios que atacaron a mi esposa.

—Qué conveniente. —Espetó la joven con una mirada mordaz, dejando claro que no le creía.

Para estas alturas de la noche, ella ya debía saber que Luka planeaba unirse a la policía, seguramente Andrée le habría dicho algo a ella antes de mandarla como espía de su prueba.

—¿Tú qué haces aquí? —Espetó Luka, confundido.

—¡Esto es injusto! —Gritó la chica girando el rostro hacia los dos oficiales que la sostenían.

Para ser tan diminuta, era fuerte como el diablo. Luka, como una broma personal tras haber escuchado a Marinette comentar que quería invitarla como una dama de honor a la boda, había comentado que incluso podrían hacerla una portadora de miraculous. Qué sorpresa se habría llevado el portador de la serpiente cuando Marinette sonrió meditabunda antes de murmurar "sería una buena reina avispa".

—Su amiga estaba grafiteando un muro. —Anunció uno de los oficiales con autosuficiencia.

—¡Sí! Un área designada para ello.

—Mientras bebía alcohol en una vía pública.

—Tal vez me excedí con eso. —Dijo la chica, ofuscada, sin perder su furia.

—Y luego lanzó una lata de pintura contra la patrulla.

—Eso sí lo hice. —Dijo con orgullo, sonriendo como una niña pequeña y maliciosa que revela sus planes después de haber librado el castigo.

—Antes de grafitear el uniforme de Saint-Clear.

—¡Me llamó delincuente! —Gritó en defensa propia, como si aquello justificara sus acciones.

Luka soltó una carcajada llena de sarcasmo, divertido ante la idea de ver a Colette haciendo un berrinche monumental sólo para ser llevada presa ahora que Luka estaba cumpliendo su parte del desafío.

—Tú nunca cambias, ¿no vipère? —Murmuró Luka acariciando una mejilla de Colette para despejarle el rostro y verla sonreír.

—Lo que sea por la libertad.

—Eres mi heroína. —Soltó en un suspiro, sarcástico y encantador. —Sea como sea. ¿Cuánto la van a retener? —Dijo mirando a Maunier. —¿Una hora? ¿Dos?

Travis se encogió de hombros y meneó la cabeza en un gesto de ignorancia, como si no supiera o no quisiera revelar esa información frente a toda la gente. Poco a poco los oficiales habían ido volviendo a sus asuntos. Darse cuenta de que era Colette quien protagonizaba el escándalo había sido motivo suficiente como para que la gente perdiera el interés. No era extraño verla por aquellos lugares tan a menudo, había perdido el encanto.

—Si cuando salga sigues aquí, te llevo a donde gustes. —Soltó Luka sabiendo que aquello era una buena excusa para librarse de Denisse, una amiga en apuros en la comisaría.

—Hecho, Serpant. —Exclamó la chica despreocupada, comenzando a caminar ella solita hacia la sala de interrogatorios. —¿Vienen o qué? —Espetó cuando se percató de que ningún oficial la seguía.

Y Luka habría soltado una carcajada ante las expresiones de pasmo de los oficiales que habían dado un traspié para alcanzarla, de no ser por la llegada de Chat Noir a la comisaría.

No, su llegada no era nada nuevo.

Chat Noir iba y venía por las instalaciones a placer, así que verle ahí no era de extrañarse. Lo que cortó la jocosidad con la que Luka se había tomado todo aquello fue la expresión suplicante que el felino compuso cuando sus miradas se encontraron. Por un momento el aire escapó de sus pulmones y el muchacho sintió la sangre abandonarle el rostro, porque sólo había una razón para que Chat Noir le dedicara a Luka una mirada de disculpa antes de decir nada.

—Marinette. —Dijo Luka recurriendo a cada gramo de autocontrol para no salir corriendo.

—Irrumpieron en su casa.

—¡¿Y qué haces aquí?! —Exclamó Luka en un grito furioso, avanzando un paso y tomando las solapas del gato antes de empujarlo hacia la puerta, obligándolo a dar traspiés para apartarlo del camino y comenzar a avanzar hacia la salida.

—Estaba del otro lado de la ciudad. —Explicó el felino. —Providencialmente pasaba por aquí cuando me advirtieron.

Luka sintió la sangre abandonarle el rostro, bajó la voz tanto como pudo. —¿Tikki?

—No. Mullo. —Cortó Chat Noir antes de que la mente de Luka viajara más lejos.

Salieron de la comisaría y Luka se encaminó hacia su motocicleta, pero la voz potente de Chat lo frenó en seco.

—¡No puedo permitir que te la lleves!

Luka frenó en su sitio mientras, disimuladamente, Mullo flotaba hasta el bolsillo de Luka y se acomodaba al lado de Sass, permitiéndole a la serpiente enroscarse a su alrededor.

—¿En serio eso importa justo ahora?

—Marinette está bien. —Murmuró el ratón alzando la voz lo suficiente como para que el muchacho le escuchara. —Hay un intruso en casa, pero Marinette puede manejarlo, no es peligroso para ella y Tikki está en el departamento.

—¿Por qué buscaste al gato primero? —Espetó Luka, sintiendo que la rabia subía lentamente por sus venas, dándole fuerzas para mantenerse quieto en su sitio en lugar de ir a moler a golpes al intruso de su casa, y luego a Chat Noir.

—Sentía a Plagg más cerca. —Admitió Mullo.

—¿Cerca?

—Chat usó el Cataclism para liberar a un parisino de un choque de automóvil. —Explicó el kwami bajando la voz ante la mirada ambarina de Sass, quien parecía estar acosando a su presa en el reducido espacio del bolsillo. —Eso me permitió ubicar a Plagg primero, aunque estaba más lejos de la comisaría, Sass tiene la costumbre de meditar y eso baja su nivel de energía, lo hace...

—Innnndetectable... —Murmuró la serpiente con una sonrisa ladina, enroscándose con más fuerza en torno al cuerpo de Mullo y consiguiendo que el ratón se encogiera en su sitio.

—La placa, Couffaine... —Espetó Chat Noir extendiendo una mano hacia Luka, con una mirada de descontento, casi parecía decepcionado cuando Luka sacó la insignia del bolsillo y la lanzó a manos del felino. —No puedo creer que tú...

—Quiero la indulgencia. —Cortó Luka, hermético. —No me interesa nada más que la bendita indulgencia para que me dejen de una vez y para todas, para poder poner a mi familia, a Mi Marinette a salvo de una vez y para siempre. Estoy harto de ser el motivo por el que las personas que amo siempre salen perdiendo.

—Vete. Marinette podría necesitar ayuda. —Dijo Chat Noir relajando los hombros.

—Gracias. —Espetó secamente antes de correr a su motocicleta y emitir un pensamiento para que Sass dejara en paz a Mullo. Ya discutiría su decisión de buscar al gato.

.

Las nubes de tormenta se habían arremolinado por todo el cielo nocturno. La oscuridad reinante en las calles sólo podría atribuirse a las nubes negras que cargaban con nieve y devastación, así que para Marinette no fue sorpresa darse cuenta de que, con las luces apagadas, el departamento luciera aún más oscuro de lo normal.

Esquirlas heladas comenzaron su descenso, pronto París estaría cubierto de nieve, Luka tendría complicaciones para moverse en la motocicleta si no se daba prisa en volver a casa y, estaba segura de que Denisse seguía en la oficina, no sólo él tendría problemas para llegar a casa si no se emitía pronto la señal de retirada.

Las luces estaban apagadas, pero Marinette podía ver el destello esmeralda que la escrutaba en la oscuridad. Verde y azul que chocaron en una lucha de poder que Marinette esperaba desde que Lila Rossi había vuelto a aparecer en la ciudad.

Pero no.

No eran los ojos olivo de Lila quienes la escrutaban en medio de la penumbra, la mirada que la estudiaba con lentitud era igual de peligrosa, de letal, de intimidante, pero aquellos ojos no le pertenecían a esa vieja enemiga, sino a uno de sus paladines más poderosos hasta ese momento, aliado y, por lo visto, también mensajero.

—Pensé que no volvería a saber de ti en más tiempo. —Admitió Marinette encendiendo la luz de la cocina y encaminándose al desayunador, a poner una tetera en el fuego y preparar agua para café. —Pero parece que me equivoqué.

—No esperaba tener que volver. Pero mi socia solicitó mi presencia en París.

—¿Qué quieres en mi casa, Felix?

—Vine a saludar a una vieja amiga