La motocicleta derrapó con tal violencia que Luka pudo ver los guijarros del asfalto saltar contra su casco, Sass había hecho todo lo posible por ayudarlo a enderezarse, pero se quedó helado en el bolsillo al darse cuenta de que su protegido tenía todo bajo control.

Los audífonos por fin dejaron de marcar línea y Denisse contestó.

Luka, ¡Qué demonios! ¿Vas en la Moto? Olvida eso, debías estar aquí hace...

—Se metieron a mi casa. —Bramó el guitarrista mientras se saltaba la luz roja, pasando entre dos vehículos y salvando la vida por un pelo. —Y Mari está sola.

Por dios, llamaré a la policía y...

—Chat Noir ya se encargó de eso, él me advirtió.

¿Quieres que...?

—Nos vemos mañana, hoy no voy a llegar.

Y colgó.


Estamos de fiesta. Oficialmente este es el capítulo 50, es el más largo de todos los que he escrito porque quería que fuera especial, espero haber logrado el cometido, ojalá les guste.

En fin. Para variar ALERTA LEMON

Espero que lo disfruten ¡Gracias a todos por hacer esto posible!

Dessirenya: Debo decir que Félix parece una propuesta interesante y se adapta bastante bien a los planes que tengo para mis pobrecitos portadores a continuación. Me parece un villano completo, aunque todavía nos falta saber mucho sobre él, por lo pronto, iré plasmando lo que necesito para esta historia.

RubyMoon . Li: ¡Ay! A estas alturas sigo teniendo mis dudas sobre las personalidades jajajaja pero me recuerdo a mí misma constantemente que ya pasaron casi doce años desde que iniciaron como portadores, así que se me pasa. ¡Muerte a Félix (x2)!

Sonrais777: Tenía muchísimas ganas de usar a Félix desde que apareció, ahora sólo debo dosificar el nivel de maldad al que creo que ese personaje miserable es, perdón, no me cae muy bien, pero me gusta mucho su construcción.

Manu: Para mí, Félix es un villano consagrado, no puedo verlo de otro modo. Lo de los anillos no fue una cuestión de antihéroes (sí sabía lo que eran, gracias), fue un gesto de porfía hacia los Agreste, a él no le beneficiaba nada obtener ese anillo más que seguir probándose a sí mismo que siempre obtenía lo que quería.

Dina: wow Thank you so much. I was afraid about make OC, i used to want that the people could love'em, but at the same, they could be hated. So, you haven't idea of how great is to me this review, i hope you enjoy the rest of the story, and this chapter specially, it's been hard to write cause it's the 50 one. Read you latter!

Marianne E: ¡Vamos a empezar! Ya resolví lo de cómo quería que empezara este capítulo, se me olvidó por completo Félix jaja. Dios, llegar al capítulo 50 parecía tan lejano y ahora, estamos a nada de iniciar la nueva aventura del templo. Sólo espero que nuestros personajes no sufran mucho. Disfruta esta entrega especial, seguimos en privado jajaja

Skayue-Chan: ¿Qué quieres que te diga? Para qué me andan dando ideas jajajaja qué gusto que te haya gustado tanto la historia, pronto tendrás fangirleos de mi parte, en cuanto tenga chance de ponerme a leerte, espero no pase de hoy. ¡Gracias por la música! Tus recomendaciones musicales han servido muchísimo para inspirar momentos de la historia, en este cap verás uno de los resultados de pasarme canciones (inserta corazones aquí)


—¿No vas a llamarlo? —Inquirió Félix desde las sombras de la sala de estar, observando cómo Marinette encendía la luz de la cocina y ponía agua a hervir.

Jamás admitiría para la diseñadora que haber irrumpido en su hogar en mitad de la noche, bajo la posibilidad de ser descubierto por el esposo, se había convertido en un juego de seducción personal. Incluso en la oscuridad, la joven peli negra se había percatado de la mirada lasciva y libidinosa que Félix le dedicaba cuando le había dado la espalda. Mullo le había otorgado una especie de sexto sentido.

—No. —Soltó la joven quitándole importancia. —No voy a llamarlo.

—¿No estás asustada? —Murmuró con voz contenida.

Marinette conocía el alcance de la crueldad de Félix, había demostrado ser un psicópata, con su comportamiento frío y desmedido, así que ella debía tener precaución con sus palabras para no provocarlo y hacer que se pusiera violento, aún así, sabía que era fuerte y perfectamente capaz de defenderse por sí misma, y en el peor de los casos, podía apelar al poder de Tikki o Mullo...

Su corazón se saltó un latido y, por primera vez en la noche, sintió algo parecido a miedo. No, no podía arriesgarse a usar el poder de Tikki y comprometer su identidad, y Mullo no estaba en el departamento, de había ido a buscar a Luka.

—Asustada… ¿De ti? —Dijo la chica volviendo el rostro, como si aquello pareciera ridículo, recuperando la calma. —No, Félix, no estoy asustada de tu presencia en mi casa, ni de ti en general.

—No te asusta que hayan entrado a tu casa. —Murmuró el muchacho tratando de comprender aquello. ¿Qué no sabía que él era peligroso?

—No has cambiado en nada. —Respondió la chica reparando en que aquel muchacho seguía siendo hermético y críptico hasta lo imposible. —No, Félix. No estoy asustada. Peores cosas han entrado en mi casa adentrada la noche. —Acotó la joven haciendo una lista en su mente, pensando en cada persona akumatizada que había tratado de secuestrarla a ella o a Luka, recordando a los reptiles que se habían colado a su habitación, pensando en el hecho de que los mismos dos sujetos que le habían disparado, habían estado ahí unos días atrás.

—Deberías estarlo. —Murmuró con frialdad.

Félix se movía por la habitación con aires mecánicos, con los hombros rígidos y las manos sujetas a la espalda, con una ceja alzada y una mirada de desprecio a todo cuanto había en la sala; todo aquello era una fachada para ocultar la añoranza que le daba pensar en que aquello era un hogar de verdad. Porque sí, aunque la sala estaba adornada de forma modesta, Félix podía ver fácilmente cuánto amor había puesto Marinette en personalizar aquel espacio.

Recordaba haber visto una entrevista a Luka Couffaine en su propia casa, un mes o dos antes de que Marinette se mudara con él, las diferencias eran sutiles, pero para Félix fue sencillo notarlas, puesto que tenían mucho corazón. Algo que ciertamente a él le faltaba.

Félix sentía mucha rabia, envidia de saber que su primo tenía todas las cosas que él siempre quiso tener, amor, compañía, comprensión. Y ahora sentía más desesperación de darse cuenta que Marinette seguía amándole tiernamente, aunque no estuviesen juntos.

¿Qué tenía Adrien, qué tenía Luka que él no tuviese?

Félix reparó en un portarretrato sobre la chimenea, uno de tantos, una fotografía de Luka y Marinette, donde el guitarrista miraba a la cámara directamente mientras que Marinette miraba de reojo puesto que estaba plantando un beso en la mejilla de su, entonces, novio.

—¿Sigues jugando a la casita con el guitarrista de esquina?

—Pretendo seguir jugando a la casita con mi esposo tanto tiempo como me preste la vida.

—Solía pensar que lo tuyo con Adrien era sólido. —Escupió con un gesto de amargura, pensando en que se había terminado su fantasía personal. De alguna manera, ver las fotos de su primo le permitía imaginar una vida al lado de aquella chica.

—Es sólido. —Cortó la joven preparándose el té y sentándose en la mesa de la cocina, una especie de desafío para que Félix saliera a la luz.

—No entiendo. —Admitió el muchacho dejando la fotografía en su lugar y caminando hacia la cocina. Se detuvo en la puerta, como si la luz le hiciera algún tipo de daño. —¿Tienes algo sólido con Adrien?

—Sí. Una relación basada en la confianza y el amor.

—¿Luka sabe que lo engañas?

—No lo hago. No lo entiendes.

—No. No entiendo. —Admitió al final el muchacho, luego de una pausa larga en la que trató de poner sus ideas en orden.

Por fin perdió la fachada de frialdad, se recargó en el marco de la puerta con los brazos cruzados y una mirada de confusión y desprecio para Marinette, y por primera vez en la noche, la heroína se sintió amenazada, pero mantuvo a raya sus expresiones, se quedó muy quieta en su sitio antes de dar un segundo sorbo a su té para tener algo qué hacer.

—No todos buscamos sacar provecho de la gente que nos rodea. —Sentenció Marinette entre un traguito y otro. —Y si fuera tú, me largaría en este mismo instante, antes de que alguien salga herido. Porque no me hago responsable de lo que pase una vez que Luka llegue. Ya sabe que estás aquí.

—¿Cómo podría?

Marinette lo sintió. Tal vez fue el hecho de que su corazón se encogió un segundo, era la misma sensación que Mullo tenía cuando Sass estaba cerca, como si todo su cuerpo entrara en alerta.

—Créeme... —Murmuró Marinette, sombría, consiguiendo que Félix retrocediera ligeramente en su sitio, sorprendido de verla actuar así. —Lo sabe. —Hizo una pausa, mirando la mesa, paseando la mirada entre sus manos como si buscara algo, sintiendo que la opresión en su pecho aumentaba; el corazón se le aceleró de golpe, la chica ya había sentido la presencia de Luka, así que asintió para sí misma, antes de sonreír de medio lado y murmurar. —Te lo advertí con tiempo, ahora no respondo.

Pausa. Félix hizo una pausa, dedicándole una mirada larga a Marinette, tratando de comprender por qué todo su cuerpo había entrado repentinamente en alerta. Aquello no tenía sentido.

Al final sonrió de medio lado y trató de recuperar la compostura, concentrándose al cien por ciento en mantener su voz firme.

—Tú sí que has cambiado. —Félix alzó el rostro en un gesto de soberbia, componiendo una mueca de desprecio al pensar en todo el talento que estaba desperdiciando Marinette. —¿Qué le pasó a la niña ingenua y amable que se dejaba menospreciar por todos?

—Se convirtió en mi reina oscura. —Dijo Luka desde la puerta, gutural y contenido, una fiera a punto de saltar sobre su presa.

Y Félix se quedó helado en su sitio, mirando a Marinette con el pánico grabado en los ojos, incrédulo de la sonrisa sádica que la joven pelinegra había compuesto. Claro, la joven estaba disfrutando internamente el pánico creciente que comenzaba a manifestarse en las facciones de Félix, todo el trabajo de autocontrol que había hecho para mantenerse inexpresivo se vino abajo cuando la pelinegra le dio otro sorbo a su té con tal de no ensanchar más la sonrisa.

Marinette se levantó lentamente y pasó de largo al lado de Félix, percatándose de que el muchacho había palidecido. Sí, incluso Félix sabía la fama que Luka Couffaine tenía en las calles, y sabía que iba a estar ocupado hasta la madrugada trabajando en su oficina de Legend Records. ¿Qué demonios hacía ahí? Lila había prometido que se quedaría en la disquera por tiempo indefinido.

Félix giró sobre sí mismo y observó la figura de Luka al fondo, en la puerta de entrada. Marinette caminaba a pasos calmados hacia él, no como si se acercara a una criatura peligrosa, sino como si se deleitara con la vista y quisiera tomar su tiempo para llegar hasta su esposo.

Luka se había erguido en toda la extensión de su estatura, realzando en ese gesto su musculatura. Félix podía ver la tensión en el cuerpo del guitarrista a través de la chamarra de mezclilla, sus ojos refulgían como fuegos fatuos develando la presencia de la muerte. A pesar de que su voz había sonado contenida, el muchacho no estaba agazapado, pero sí que estaba tenso, Félix no tardó en adivinar que ahora mismo, Luka Couffaine estaba tratando de contenerse.

—Luka... —Murmuró Marinette con dulzura, una llamada amable que convocaba a la calma.

¿Cómo podía la joven tratarle con ternura cuando el guitarrista era una amenaza latente, un desastre natural a punto de desatar toda su furia?

Aún en la oscuridad fue visible. Félix se quedó pasmado, incrédulo de lo que acababa de ocurrir. El poderoso Luka Couffaine había bajado la guardia sólo de escuchar su nombre pronunciado en la boca de su esposa. ¿Qué demonios estaba pasando? Y aquello parecía Yam familiar…

—No me voy a quedar de brazos cruzados, Marinette. —Murmuró el reptil tomando en su mano el mentón de la joven antes de plantar un beso dulce y fugaz en su boca, ambos se movieron al mismo tiempo, como dos astros atrayéndose por efecto de la gravedad. —Nadie que amenace a los míos merece tu piedad, ni la mía.

—Lo sé. —Admitió ella en un suspiro, permitiendo que el muchacho la empujase un poco hasta ponerla tras él, protegiéndola con su cuerpo. —Pero Félix no me ha hecho nada.

—Más que una reina oscura —dijo Félix despectivo, tratando de recuperar el autocontrol —, a mí me parece una domadora de serpientes. ¿No pudiste con Adrien y fuiste por el segundo plato?

Todo pasó en media fracción de segundo.

Félix sabía que Luka era rápido, no, más que eso. No había fundado el grupo de las serpientes entre los reptiles por su linda carita, así que era de esperarse que su tiempo de reacción fuese tan eficaz. Jamás imaginó que sería capaz de moverse a tal velocidad.

Porque la serpiente Couffaine llegó hasta Félix en menos tiempo de lo que Marinette pudo pronunciar su nombre, y por un instante supo que el golpe de Luka encontraría su sitio contra el puente de su nariz. Pero el puño del guitarrista frenó a escasos milímetros de entrar en contacto con su piel, sólo lo alcanzó el viento por el golpe frenado en seco.

—Félix ya se va... —Murmuró Marinette con dulzura.

No. El rubio no había sentido tanto miedo en esa noche como hasta ese momento, en el que Marinette le dedicaba una mirada dulce y condescendiente, una mirada que rezaba "lárgate de mi casa antes de que decida dejar a mi esposo matarte". Ella sabía que le había salvado el pellejo, él sabía que podría haber salido gravemente herido; así que, cuando Luka se enderezó en su sitio y guardó las manos en los bolsillos, Félix no lo pensó dos veces y avanzó a pasos veloces, pero calmados hasta la puerta. Ni siquiera se atrevió a dedicarle una última mirada a Marinette, no. Porque Luka podría haberlo alcanzado en ese instante si algo salía mal, si esa mirada se malinterpretaba.

Y apenas hubo cerrado Marinette la puerta tras de sí, Luka ya la sostenía al vuelo, presionando su cuerpo contra el de ella, reteniéndola con su cadera contra la pared mientras mordisqueaba la piel de su cuello y la hacía gemir su nombre.

De su gusto, ellos habrían seguido con lo suyo, pero sintieron presión a la altura del corazón, un movimiento irregular, golpecitos concentrados en un punto pequeño.

Luka bajó a Marinette soltando una risita a la par que Mullo y Sass salían del bolsillo de la chaqueta del guitarrista.

—Una cosa es que Sass la haga de constrictor. —Se quejó el diminuto ratón mientras sacudía las orejas y se alisaba los bigotes. —Pero morir a manos de un humano que no puede contener sus pasiones...

—Lo dicsssess como ssi tú fuerass capazss de medir lasss tuyasss. —Remató la serpiente con una sonrisa ladina, dedicándole una mirada hambrienta a Mullo.

El kwami del ratón abrió los ojos con sorpresa y, en medio segundo, se absorbió en el collar de Marinette, ocultándose de la serpiente.

—Parece que ahuyentaste a tu presa. —Se burló Luka apresando de lado la cintura de Marinette.

—Ya veremoss, si ess asssí. —Prometió el kwami perdiéndose en la pulsera del portador.

Un segundo de silencio y luego Marinette soltó una risa por lo bajo.

—Son un caso, esos dos.

—También nosotros lo somos. —Comentó Luka quitándole importancia a aquel hecho.

Marinette soltó una risa por lo bajo, asintiendo mientras encaraba a su esposo, tomándole el rostro entre las manos y dedicándole una sonrisa dulce.

—Amo cuando me besas así... —Admitió la chica mientras acariciaba los pómulos de Luka entre sus pulgares. —Pero odio saber que es porque estás asustado, esos besos saben diferente.

—Ah, perdón. —Espetó Luka con sarcasmo, procurando no perder la sonrisa. —La próxima vez que estés en peligro te voy a besar encantado de la vida mientras me aferro a tu cintura.

Marinette soltó una carcajada sonora mientras el guitarrista le apresaba la espalda entre sus brazos, reteniéndola cerca, pero dándole espacio para poder mirarla a los ojos.

—¡Loco! Sabes a qué me refiero.

—Lo sé. —Murmuró él mientras su esposa se calmaba un poco. —Y tú también.

—Luka... —Respondió la joven a media voz, con tanta melancolía que el muchacho suspiró ante la mirada celeste que la joven le dedicaba en la oscuridad.

Las luces de la casa seguían apagadas, todas menos la cocina, así que ambos muchachos estaban sumidos en la penumbra de la noche parisina mientras las ventanas se llenaban lentamente de nieve y la habitación se ponía cada vez más fría. La falta de iluminación lanzaba sombras extrañas a las facciones de ambos enamorados, pero ya conocían tan bien aquellos rostros que no había necesidad de decir nada, de hacer nada. El silencio era un cómplice mientras la nieve caía, y fue aquel silencio ensordecedor el que dio pie a una nueva confesión.

(Give me love – KHS)

—Quiero que me hagas el amor. —Murmuró Marinette con media sonrisa, acariciando el rostro de Luka antes de enterrar sus manos en el cabello de su esposo y hacerle ladear la cabeza, siguiendo el tacto de la diseñadora mientras cerraba los ojos y emitía un gruñido de satisfacción.

—Eso no tienes que pedirlo. —Admitió el muchacho con picardía, apresando a su esposa más cerca, aspirando su perfume, su aliento.

—No, escucha. —Pidió ella con apremio, consiguiendo que Luka abriera los ojos y le observara a detalle. —No quiero al amante desmedido que sabe que puede perderme, ni al portador que conoce el dolor de las heridas. No quiero al guitarrista que vuelve de gira después de muchos meses y extraña a su esposa. Quiero que me hagas el amor, con la misma dulzura de siempre, sin sentir que estuviste a punto de perderme, sin la culpa de no haber estado aquí, sin los estragos del daño que pudimos hacernos en su momento. Quiero volver a sentir que me haces tuya sólo por el placer de tenerme entre tus brazos, que me beses con pasión desenfrenada, que me abraces sin promesas. Quiero que me hagas el amor, que me hagas tuya y nada más.

Silencio.

Ambos muchachos guardaron silencio unos instantes mientras aquella petición caía en su sitio, Luka asintió lentamente mientras suspiraba, comprendiendo todo lo que implicaba decir que sí.

—Pides demasiado, Marinette. —Murmuró al fin, luego de pensarlo muchísimo. —Y no sé si pueda dártelo... —Admitió acariciando el rostro de la joven. —Porque últimamente tengo miedo todo el tiempo.

—Sí, pero esta noche estamos aquí. Sólo nosotros, sin kwamis, sin peligro.

Luka tragó saliva mientras saboreaba aquella posibilidad.

Marinette sabía perfectamente por qué Luka no quería acceder a su pedido. Sabía que no es que no pudiera. Sabía que Luka tenía miedo de disfrutar de un momento de calma y que todo se fuera al carajo, porque habían pasado tanto tiempo huyendo del destino, sintiendo que todos y todo se oponían a que ellos dos estuvieran juntos, que aspirar a un momento de calma y nada más parecía tentar a un destino cruel que se empeñaría en separarlos.

Pero hacía tiempo que Adrien y Kagami eran guardianes de su amor, hacía tiempo que el peligro había remitido, hacía tiempo que el destino parecía haber dado una tregua a ambos portadores, al menos por esa vida, para que pudieran ser felices pese a todas las probabilidades.

Luka tenía miedo de confiarse en su burbuja de felicidad puesto que estaba seguro de que no duraría, que pronto vendría algún factor externo a pinchar su único refugio del resto del mundo y trataría de arrebatarle lo único que lo mantenía cuerdo en medio del caos y la desesperación que lo rodeaba constantemente, como una marea de gritos y emociones, de miedo, de pérdida, devastación.

Marinette asintió bajando el rostro, sonriendo de medio lado, tratando de admitir su derrota y emprender la retirada, pero Luka no retrocedió. Tomó el rostro de Marinette en una mano y la hizo mirarle a los ojos, con media sonrisa de autosuficiencia y media sonrisa de dulzura. Mirándole como un adolescente enamorado.

No.

Marinette no veía esa mirada desde que tenía unos catorce o quince años.

De pronto, frente a ella, Luka de nuevo tenía dieciséis y la miraba como si sólo ellos dos existieran en el mundo, de pronto estaba en el camarote de Luka mientras él le llamaba por su nombre y cubría su boca para reírse discretamente, de pronto ella estaba sentada a su lado mientras él componía melodías dulces, angelicales, sólo para ella, para hacerla sonreír de nuevo, prometiéndole que todo iría bien.

—Pides demasiado Ma-Ma-Mari-Manette... Pero vivo para complacerte. —Completó al final, tomando el rostro de su esposa con las dos manos y bajando el propio, poniéndose al alcance de la boca de aquella fina joven, besándola lentamente, un roce de labios casto, pausado, sin prisas, sin dobles intensiones. Lleno de amor, más que deseo.

¿Hacía cuánto no se besaban así?

Luka paseó sus labios por todo el rostro de Marinette, besándole los pómulos, la frente, los párpados, la punta de la nariz, la comisura de la boca. Y mientras disfrutaba de aquel roce de piel, Marinette enterró una mano en el cabello de Luka, acariciándole el cuero cabelludo, haciéndole cosquillas con el movimiento sutil de sus dedos, mientras la mano libre se introducía dentro de la camiseta, delineándole el ombligo antes de subir por su abdomen y encontrar su lugar en el medio del pecho de su esposo, a la altura del corazón.

Luka sonrió, retrocediendo un momento y tomándole una mano a Marinette con cierto aire de inocencia. Dejarse llevar había sido sencillo, no había por qué fingir nada, de verdad se había convertido de nuevo en un niño tímido, y aquel pudor pronto contagió a la diseñadora, que sonrió apretando los labios, bajando el rostro mientras el sonrojo se apoderaba de sus mejillas y ella comenzaba a seguir a Luka hasta su habitación.

Dios, ¿cuántas veladas no habían pasado descubriéndose el cuerpo hasta la madrugada? Y, aun así, se sentía tan nerviosa en ese momento. Luka entró, pero dejó las luces apagadas, permitiendo que la única iluminación en aquella habitación fueran las lámparas de la calle, los relámpagos que plagaban el cielo, los faros de los vehículos proyectados en los tejados.

Ambos tragaron saliva y luego Luka se sentó en la cama, encarando a Marinette.

Le miraba desde abajo, con los ojos abiertos de par en par, una sonrisa tímida en la boca. Tragó saliva antes de enarcar las cejas en un gesto de duda, como preguntando qué seguía.

Luka recordaba su primera vez. No estaba seguro de con quién había sido, alguna modelo, una fan, podría haber sido cualquier chica, realmente no importaba, no era Marinette. Y recordaba el hecho de que había sido abrasador, pasional, visceral, vehemente. La desesperación de tener entre sus manos la piel desnuda de aquella chica, el experimentar por primera vez la sensación de penetrar en la humedad de alguien, consumar un acto carnal y vacío que lo llenaba de placer, con la curiosidad de saber si podía quitarse de la mente la idea de que fuese con Marinette su primera vez. Ni siquiera recordaba el nombre de aquella incauta, no era necesario recordarlo, de todos modos, no gemiría, y si lo hiciera, gemiría el nombre de su musa sin importarle los sentimientos de su... su qué... ¿Conquista?

Luka tuvo muchos encuentros casuales con muchas personas, nunca hubo una primera vez. Nunca hubo nerviosismo ni inexperiencia. Nunca hubo preguntas silentes como si pidiera permiso para entrar en terrenos desconocidos, todos sus encuentros eran consensuados, ambos lo buscaban, lo querían, no había necesidad de mentir, de cenas románticas, de ramos de flores, podían ir directo al acto y consumar la pasión alocada sabiendo que después se irían sin un beso de despedida.

Y conocía el cuerpo de Marinette mejor que a sí mismo, conocía cada milímetro de su esposa, cada cabello, cada curva, cada lunar, cada mancha. Entonces ¿por qué estaba tan nervioso justo ahora?

Luka tenía fama de ser un excelente amante, pero con Marinette no solo había buena química. Habían alcanzado la alquimia encuentro a encuentro.

Marinette se agachó sobre el rostro de Luka y sonrió antes de plantarle un beso mientras él le tomaba la cintura, atrayéndola hacia sí.

Tal vez sí había una primera vez para él también. Tal vez no importaba el orden, sino la intensión. Tal vez podía entregarse a Marinette esa noche como si no tuviesen experiencia, como si no fueran expertos en el placer del otro, como si fueran dos adolescentes.

—Quería hacértelo en el Liberty. —Admitió Luka mientras Marinette pasaba las rodillas a los lados de sus caderas y se sentaba a horcajadas sobre él, empujándolo un poco en la cama para tener mejor equilibrio. —Y quería besarte en tu alcoba. —Admitió tomando la boca de Marinette entre la suya, mordiéndole con los labios. —Las veces que estuvimos ahí con Kitty Section antes de firmar los contratos y cada vez que Juleka organizó torneos de videojuegos en tu casa. Dios... —Dijo justo cuando Marinette le besaba la punta de la nariz. —De verdad quería besarte.

—Bésame, Luka. Aquí me tienes. —Murmuró la chica sonriendo de oreja a oreja mientras las manos del muchacho vagaban por su espalda con cierto nerviosismo. Como si temiera tocarla. —¿Tienes miedo?

—Sí. —Murmuró él con voz contenida, aventurándose a acercar las manos a los muslos de Marinette, aventurándose a redescubrir nuevas partes de su cuerpo. —Pero no es el mismo miedo de antes. Esto es distinto.

Marinette tomó el rostro de Luka y sonrió asintiendo, haciéndole saber en una mirada que entendía perfectamente, que sentía lo mismo.

Y aquella mirada inocente fue el incentivo que ambos necesitaban. Luka tomó los bordes de la camiseta de Marinette y la deslizó lentamente hacia arriba, desnudando su piel centímetro a centímetro, dejando a la vista un sujetador rosa pálido, liso, sin estampados, tirantes gruesos, juvenil, infantil incluso.

Marinette tragó saliva ante el escrutinio de Luka, que delineaba con la mirada los linderos entre la tela y la piel.

—Este es bonito.

—¡Luka! —Exclamó la chica abrazándose el busto, sintiendo que sus mejillas enrojecían hasta lo imposible.

—Perdón. —Murmuró el muchacho. —Estás en desventaja.

En un movimiento se quitó la camiseta y sonrió de medio lado, bajando el rostro y recargando todo el peso de su cuerpo en las manos.

Marinette se quedó sin aliento. Conocía los tatuajes de Luka, todos y cada uno de ellos, aun así, verlos sin prisas valía la pena. Lentamente, las manos de Marinette encontraron su lugar, delineando la tinta en la piel de su esposo, acariciando los bordes de los músculos trabajados, aventurándose en la suavidad y en la textura.

Marinette solía quedarse despierta en la madrugada, recostada contra el pecho desnudó de su esposo, agradeciendo que Luka prefiriese dormir sin la camisa y así poder admirar los tatuajes.

Ya había delineado aquellas manchas de tinta tantas veces… y aún así era distinto. Porque ahora lo hacía bajo el escrutinio del dueño de aquellos tatuajes, ahora Marinette paseaba las yemas de sus dedos sobre la piel entintada, disfrutando del calor natural que Luka solía emitir mientras él le sonreía enamorado; esta vez, Marinette observaba embelesada la forma en que despertaba la piel del guitarrista bajo sus dedos, arrancándole suspiros con las delicadas caricias que depositó en el trayecto desde las costillas y hasta las clavículas sin saltarse un milímetro en la piel.

—Hermosa... —Murmuró Luka sin darse cuenta, conmovido por la devoción en la mirada de Marinette. —Eres muy hermosa... —repitió con más fuerzas mientras levantaba una mano y acariciaba la mejilla de Marinette justo antes de atraerla hacia sí y robarle un beso.

Esta vez se atrevió a delinearle la boca con la punta de la lengua, haciéndole gemir, arrancándole un suspiro, un jadeo contenido, involuntario, y luego encontrarse con la lengua de Marinette, que presionaba contra la suya al mismo tiempo del resto del cuerpo.

Luka liberó la otra mano y se dejó caer en la cama mientras Marinette se abrazaba de su cuello y profundizaba aquel beso tanto como podía, sintiendo cómo la ansiedad iba creciendo.

Las manos de Luka encontraron pronto el broche de su sujetador y, en un movimiento ágil, había liberado a Marinette de esa prenda, acariciándole toda la espalda y arrancándole un escalofrío con aquel gesto.

Marinette se sentó a horcajadas sobre Luka, permitiendo que sus cabellos le ocultaran el busto mientras ella lanzaba la tela a un costado y procedía a desabrochar el pantalón de Luka. El guitarrista sonrió de medio lado y dejó que la chica se deshiciera del cinturón y recorriera la mezclilla hasta sus rodillas antes de girar con todo el peso de su cuerpo, sometiendo a la chica debajo suyo y deshaciéndose de la prenda a patadas, quedando en ropa interior y consiguiendo que su esposa se sonrojara hasta las orejas.

Marinette procuró ser discreta, pero cómo podías ocultarte si sólo te miran el rostro, Luka soltó una risita, divertido ante la mirada de reojo que la joven dedicó hacia sus piernas, tragando saliva con dificultad al percatarse de que la erección de Luka era cada vez más prominente.

—¿Te gusta la vista? —Murmuró Luka con socarronería, recuperando la atención de Marinette sobre sus ojos.

Y aunque esperó amedrentar a la joven y hacerla sonrojarse aún más, el siguiente movimiento lo tomó por sorpresa.

Marinette se despejó el cabello por encima de la cabeza, dejando a la vista su desnudez.

—¿Y a ti?

Luka tragó salva antes de agacharse sobre el busto de Marinette y comenzar a lamer uno de sus pezones, paseando la lengua de forma circular mientras capturaba el otro entre sus dedos. Marinette gimió con ganas, incapaz de aguantar la garganta cuando los dientes de Luka le pellizcaron la piel con cuidado, atento a las reacciones de la chica.

Si alguna vez Marinette se quejó de tener poca copa, Luka se aseguró de matar ese pensamiento alegando que sus pechos tenían el tamaño justo para encajar con sus manos, hecho todo a la medida.

La mano de Luka cubrió el seno de Marinette e hizo presión, haciéndola jadear con más fuerza mientras el muchacho succionaba y volvía a lamer. Cambió la atención de su boca al otro seno y siguió con sus movimientos, como un ritual sagrado mientras Marinette se desabrochaba el pantalón y luchaba por mantener la cordura.

No. Las manos de Luka no la dejaron llegar mucho más lejos, el muchacho le tomó las muñecas y las apresó a los lados de su cabeza mientras seguía haciendo movimientos violentos con la lengua, arrancándole nuevos jadeos, nuevos gemidos a Marinette, poniéndola al borde del orgasmo, demasiado cerca, demasiado lejos, sin piedad, sin tregua, incluso con algo de saña al escuchar que los gemidos aumentaban de ritmo.

—Luka para... —Suplicó la chica a media voz. —Para, me voy a venir...

—Eso quiero... —Murmuró el muchacho mordiéndole por accidente, haciéndola ahogar un grito por la sorpresa. —No te contengas, por favor, no te contengas.

Marinette sintió la presión en lo bajo de su vientre, gimió una vez, dos veces, y luego el nombre de Luka se apoderó de su garganta mientras el muchacho empujaba con su cadera mientras la lengua seguía trazando su ruta con violencia sobre la piel se Marinette. La diseñadora soltó jadeos involuntarios entre una y otra embestida, entre cada lengüetazo, diciendo aquellas cuatro letras como un mantra, como un rezo, como un ancla a la realidad, gimiendo y gimiendo el nombre de su amante y haciéndole sonreír ampliamente, porque el guitarrista no sólo consideraba aquello algo excitante, escuchar a su musa sin control ni medidas, escucharla perder el pudor y la cordura, saber que él era el único que había hecho que esa chica se volviera indomable y desbocara sus pasiones.

—Mi amor... —Musitó Luka antes de dejar de contenerse, jadeando también ante los roces de la cadera de Marinette contra su miembro mientras ella se retorcía bajo el peso de su cuerpo, presa del placer. Porque para Luka no sólo importaba el contacto físico, también escucharla descolocada era suficiente para hacerle jadear por la excitación, pronto coreó la voz de Marinette, emitiendo gemidos guturales que pretendían ser palabras, tratando de llamarle por su nombre, tratando de decirle que la amaba, pero consiguiendo solo gruñidos ininteligibles por tener la lengua ocupada.

Primero se aseguró de que el orgasmo fuera inminente, y en cuanto aquello quedó cubierto, el muchacho soltó a Marinette y le tomó los bordes del pantalón, tironeando de la tela mientras la chica seguía perdida en las oleadas de placer.

No había terminado de recuperar Marinette la cordura cuando Luka ya le había tomado las rodillas para acomodarla en torno a su cadera, la punta de su miembro presionando contra la entrada, la pregunta en la mirada ¿Preparada?

Pero, así como estaba era incapaz de responder con palabras ante la pregunta silente que el artista componía, así que Marinette presionó los talones contra la espalda baja de Luka, el muchacho se empujó dentro de Marinette en un movimiento, una estocada certera que la hizo soltar un gemido de placer puro.

Tenía sus ventajas vivir en el piso más alto de un edificio. No había vecinos que se molestaran, así que ambos podían dar rienda suelta a la garganta, a los gemidos, al vaivén de caderas que, en más de alguna ocasión, había logrado hacer que la cabecera de la cama golpease contra las paredes marcando el ritmo de aquella danza.

Luka gimió el nombre de Marinette, posando todo su cuerpo sobre el de su musa, cargándole un poco el peso antes de seguir su ritmo, musitándole en el oído aquella palabra que, para él, era sagrada; porque sí, en la boca de Luka, el nombre de Marinette era como una plegaria.

Marinette empujó las caderas hasta hacer que Luka perdiera el equilibrio. El muchacho cedió soltando una risa por lo bajo mientras Marinette invertía los papeles, sentándose sobre él y comenzando a mover hacia atrás y adelante las caderas mientras el vientre dibujaba una curva sensual, natural y cadenciosa.

Luka le ofreció las manos para darle más soporte. Y Marinette aceptó el ofrecimiento encantada de la vida, empujándose con más fuerzas mientras Luka se dejaba perder en el placer, poniendo los ojos en blanco, dejando la cabeza un poco hacia atrás con cada golpe, suspirando, gimiendo, jadeando.

Aquello era un deleite.

Ver la mirada vidriosa que Luka componía cuando Marinette tomaba las riendas, cuando se convertía en aquella reina oscura, cuando se sentaba a horcajadas sobre él y marcaba el ritmo de la danza. Luka respiraba por la boca, jalando aire, tanto aire como podía mientras Marinette se movía con más fuerzas. Porque con el paso del tiempo, la joven diseñadora le había agarrado el ritmo a montarse sobre Luka, había entendido cómo moverse para no cansarse, y había comprendido qué movimientos eran los que conseguían que a Luka se le llenaran de color las mejillas, cómo hacer para que se le saltaran las venas y que cada músculo de su cuerpo se tensara en la vorágine de placer. Marinette se había vuelto una experta en hacerle el amor a Luka y Justo ahora lo demostraba moviendo con maestría las caderas en una danza vehemente y apasionada, cambiando de ritmo y consiguiendo que su amante gruñera ante el placer.

No pudo evitarlo. Luka soltó las manos de su esposa y le tomó las caderas por los costados, ayudándola a empujarse con más fuerzas, jalándola hacia sí cuando ella embestía, levantando también la pelvis para darle la bienvenida y profundizar los movimientos.

Marinette ahogó una exclamación entre grito y carcajada cuando las uñas de Luka se le encajaron en la piel de la espalda baja y recorrieron todo el camino por sus glúteos y hasta sus rodillas.

Alguna vez Luka le había arañado la espalda y se había disculpado por ello, ahora Marinette tenía aquel gesto por fetiche.

Ya no era más la niña ingenua a la que Luka podía seducir y complacer, ella era una mujer completa, una fiera, una domadora de serpientes y la reina oscura que aquel caballero sombrío necesitaba para mantener satisfechas todas sus pasiones.

Y Marinette sonrió jadeante ante aquella idea. Dio un cadenazo hacia el frente con expresión de autosuficiencia, complaciéndolo y complaciéndose.

Luka profirió en un grito el nombre de su musa, sintiendo que toda la presión de su cuerpo se liberaba, se le había agotado la fuerza, y Marinette se desplomó sobre el cuerpo de su amante mientras él se dejaba ir, corriéndose dentro del cuerpo estrecho de su esposa, cálido, húmedo, familiar y, al mismo tiempo, desconocido.

—Mari... —Jadeó mientras pasaba su orgasmo. —Mi reina...

—Mi héroe... —Respondió ella, dejándose vencer por el sueño.

.

Las tardes de té con Kagami se habían hecho cada vez más frecuentes, ambas pelinegras solían reunirse al salir de sus respectivas oficinas para ir a las cafeterías clásicas de la ciudad de la Luz, aunque de vez en cuando, se perdían entre los callejones en busca de nuevos sitios que podrían convertirse en sus lugares favoritos mientras abrían su propia tienda.

Y no era de extrañarse que sus tardes se vieran interrumpidas por el villano habitual (como si vencer a Seigneur Rat supusiera un reto), pero aquello las había tomado por sorpresa.

Marinette y Kagami observaban con incredulidad el Campo Marte. No les sorprendía el hecho de que un akuma estuviese atacando la tarde parisina, de hecho, El Hipnotista por sí solo parecía un villano endeble y sencillo de vencer, el problema radicaba en su arma.

Aquel villano, ataviado con un frac steampunk y sombrero de copa, parecía un ilusionista del siglo pasado; en sus manos llevaba un reloj de bolsillo colgando de su cadena cual conejo blanco, y aquel reloj era la razón por la que ambas heroínas estaban pasmadas, puesto que habían visto la pluma violeta deslizarse hasta esa herramienta. El Hipnotista no solo había sido Akumatizado, sino que había adquirido un amok para potenciar sus habilidades.

Tratar de vencer al Hipnotista no era el reto, el reto implicaría acercarse a él sin sufrir los estragos de su magia del reloj, cuya cadena se convertía en látigo y espada a voluntad, mientras que la cara hipnotizaba a cualquiera al que tocara.

—Creo… —Murmuró Marinette analizando la situación mientras se quitaba los aretes. —Creo que es un akuma formidable, bien equipado. No creo que pueda ser vencido entre dos portadores, pero vale la pena probar.

—¿Qué haces? —Murmuró la oriental al ver que Marinette le ofrecía los aretes.

—Kagami, estás lista para tomar tu primera misión oficial.

Los ojos de la aludida se iluminaron en un instante, una sonrisa se extendió por su rostro y ella asintió recibiendo los aretes.

—Probaré ser digna.

—Kagami… —Murmuró Marinette cerrando el agarre sobre las manos de su amiga cuando ella recibió los aretes. —Será la primera misión que encabeces sola, no voy a intervenir a menos que lo pidas y seguiré tus instrucciones al pie de la letra, confío plenamente en ti, pero si llego a intervenir, necesito que me escuches.

—Verás que puedo con esto. Aun así, prepara a Mullo.

Marinette soltó a su amiga para sacar el comunicador del bolso.

Portadores —Escuchó la peli negra al otro lado. —¿Alguien?

—¡Alya! Aquí Marinette.

Gracias al cielo. ¿Están cerca del Campo?

—Justo enfrente. Tentōmushi encabezará esta misión.

Entonces esperaremos indicaciones de la Catarina. —Dijo Nino en los comunicadores, cuando Kagami activó su auricular y salió en busca de un lugar para transformarse.

Marinette sonrió acariciando el collar de Mullo, que, a pesar de llevarlo al cuello, contenía a su Kwami en el interior casi todo el tiempo.

—Aquí estoy. —Dijo el ratón con voz melodiosa, proyectando sus palabras cerca del oído de Marinette.

—Estemos alertas por si nos necesitan.

—Si.

.

(Unbreakable – Fireflight)

—Gatito… quieto, gatito… —Murmuró Tentōmushi retrocediendo lentamente, con ambas manos levantadas en dirección a Chat Noir, como si se tratara de una fiera peligrosa.

El héroe de París avanzaba a pasos calmados hacia su compañera, pero tenía la espalda encorvada y la mirada desencajada. Todo su rostro estaba contraído en una mueca de rabia desmedida y el muchacho bufaba con saña, como amenazando a la portadora de la Catarina, avisándole que saltaría sobre ella en cualquier momento.

Ambas manos del gato negro refulgían en luces negras que se convertían en volutas bailando en torno a sus dedos. Había logrado, en medio de la hipnosis, dominar el cataclismo con ambas manos, ahora la heroína buscaba la manera de zafarse de aquello.

Hacía varios minutos que habían solicitado el apoyo de Multimouse, al parecer la multitud de parisinos había logrado distraer al Hipnotista lo suficiente como para liberar a Tentōmushi de su magia, así que contar con esa habilidad sería crucial para la batalla.

Multimouse se había dividido en tres, una de ellas estaba frente al Hipnotista usando su soga de saltar como un látigo, obligándolo a remitir y alejarse de sus amigos mientras que las otras dos analizaban la situación.

—Ya estoy harto de este jueguito. —Espetó el villano girando su reloj con violencia, generando un escudo parecido al de Ladybug. —Comienzan a cansarme sus juegos de atrapar al ratón, así que mejor pondré al ratón de mi lado.

Necesitamos la segunda oportunidad. —Dijo Alya en el auricular de Tentomushi mientras la portadora retrocedía.

—No, Multimouse puede enfrentarse al Hipnotista, sólo necesito recuperar a Chat Noir y correré en su apoyo.

El gato no te oye. —Soltó Nino angustiado. —No te pongas en un peligro innecesario.

—Confío en ella, y en Chat Noir. Por favor... Watashi no koneko... onegaii*...

Chat Noir bufó por lo bajo, apretó el rostro y el Cataclism desapareció de sus manos. El felino tenía los ojos cerrados con mucha fuerza y comenzó a hacer presión en sus sienes, luchando internamente contra lo familiar de aquella sensación, emitiendo un maullido lastimero, un gemido largo y agudo característico del que sufre.

Alguna vez, Chat Noir había sido akumatizado y convertido en Chat Blanc, la sensación abrumadora de una voz ofreciéndote algo que no puedes tener todavía retumbaba en lo profundo de su subconsciente, aunque esa realidad nunca hubiese ocurrido en su vida, aunque todo eso hubiese sido borrado del pasado.

Pero hay cosas que nunca nos abandonan.

Así que Adrien, debajo del antifaz, comenzó a luchar con todas sus fuerzas, sintiendo que cada paso que se alejaba del Hipnotista, lo ponía más cerca de liberarse de su magia.

¡Está funcionando! —Exclamó Multimouse en los auriculares mientras su réplica seguía atacando al Hipnotista, haciéndole retroceder.

—Onegaii, koneko... —Murmuró de nuevo Tentomushi mientras avanzaba un paso hacia el portador de la mala suerte.

Multimouse ahogó un grito, las tres profirieron el mismo alarido de dolor cuando el Hipnotista cerró la cadena de su reloj contra la copia que lo había estado atacando y tiró de ella hasta destrozarla. Aquella portadora se desvaneció en el aire dejando a su paso una lluvia diamantina de color rosa pálido, y el dolor lo sintieron las dos restantes.

Al mismo tiempo, Chat pareció recobrar la lucidez y murmuró el nombre de la Catarina con voz trémula.

—Tentomushi...

La Catarina avanzó un paso hasta el felino, sosteniéndolo cuando sus rodillas se doblaron y él perdió el equilibrio.

—Todo está bien. —Prometió la portadora de la suerte, ofreciendo soporte.

Multimouse profirió un segundo grito ahogado y ambos portadores miraron en dirección a la heroína original, que miraba aterrorizada al Hipnotista acercándose a pasos calmados hacia ella, como si disfrutara la ansiedad que provocaba en la roedora ahora que había logrado destrozar q sus dos copias.

—Ahora sí, ratoncito... se acabó el truco de magia.

Los ojos del Hipnotista se volvieron amarillos, la portadora recordó la mirada sádica de cierto guardián de la serpiente en aquel gesto. Si había podido resistirse a su magia de hipnosis, con mayor razón debía poder anteponerse a aquella copia barata. ¿verdad?

—Ve por ella, yo lo detengo. —Urgió Chat Noir mirando a su pareja antes de saltar ambos a la acción en un movimiento perfectamente sincronizado.

Tentomushi aterrizó frente a la roedora y la tomó en brazos antes de saltar al siguiente tejado.

Y Chat Noir usó su vara como escudo un momento, pero en el instante en que levantó la mirada para asegurarse de que ambas heroínas estuvieran a salvo, la cadena del reloj lo alcanzó en la espalda en un movimiento curvo, un latigazo certero y colocado para hacer daño, desgarrando el traje y dejando una herida poco profunda pero larga, atravesando toda la espalda del héroe y arrancándole un grito de dolor.

—¡Chat! —Gritó Tentomushi soltando a Multimouse en un área despejada y volviendo sobre sus pasos, girando el yoyo con violencia para hacer retroceder al villano.

¡Necesitamos la segunda oportunidad! —Exclamó Alya por enésima vez.

—No. —Sentenció Tentomushi sombría. —Necesitamos algo más.

—Pero él no vendrá. —Musitó Multimouse retorciéndose en su sitio, asustada.

Con la segunda oportunidad podemos... —Inició Nino en los auriculares, pero la voz de Tentomushi se alzó autoritaria, dejando claro quién mandaba.

—Basta. No necesitamos a Viperion para esta pelea, y si el que puede ayudarnos no viene, entonces encontraré la manera de vencer al Hipnotista yo sola.

—Primero tenemos que quitarle el amok. —Puntualizó Chat Noir en medio de un gemido lastimero.

—Mon chatonne... —Murmuró Tentomushi saltando hasta él y sosteniéndolo con cuidado.

—Puedo pelear. Lo prometo. —Anunció el felino mientras el Hipnotista azotaba el suelo con el borde de su cadena, como si desafiara a los héroes de París a acercarse.

—Con buena razón Ladybug odia que te uses de escudo humano. —Espetó la Catarina percatándose de que no corría sangre, aquello debía ser muy buena suerte para ellos, o el traje del felino en acción absorbiendo la mayor parte del daño.

—Plagg está furioso. —Comentó Chat Noir quitándole importancia, mientras el traje volvía a cerrarse solo sobre su espalda, conteniendo la herida y ofreciéndole la cobertura y cuidado necesarios. —Me han dado peores golpes, pero nunca habían roto un traje.

—Y me imagino que quiere hacerle pagar.

—Tenemos una idea o dos para buscar un punto débil en su amok o en el akuma.

—Dos minutos. —Espetó Tentōmushi mirando a Chat a los ojos dejando una advertencia. —Dos minutos y nos vamos a meter en esto.

—Entendido.

Chat saltó hacia el frente, reactivando el cataclismo en ambas manos mientras tiraba golpes certeros contra el Hipnotista, un despliegue de habilidades y fuerza que dejó a la Catarina sin aliento por un momento.

—Sé cómo hacerlo venir... —Soltó Multimouse con un hilo de voz, llegando al lado la heroína y mirando a Tentomushi con precaución, como si no quisiera sugerir aquella posibilidad. —Pero no te va a gustar, y tienen que ir a buscarlo ustedes.

—No. Es peligroso dejarte sola con él.

—Pero no me dejan sola. —Prometió la portadora antes de tomar su soga y exclamar: —¡Multitud! —Una luz brillante emergió de los listones de su traje y la heroína se dividió cinco veces, perdiendo algunos centímetros de estatura. —Podemos lidiar con esto si nos movemos todas juntas, necesitamos su apoyo.

Chat se deslizo por el asfalto, en la puntas de los pies y aferrándose con las garras para no llegar más lejos.

—Multimouse quiere que vayamos a buscarlo.

—Esto no me gusta nada, Souris... —Admitió Chat Noir mirando a Multimouse con culpa en la mirada. —No puedo con él yo solo, dejarte intentarlo se siente como lanzarte al matadero.

—No estamos solas y ustedes pueden traerlo. —Dijeron las cinco copias al unísono. —Pero necesitamos que transmitan la batalla en redes sociales para provocarlo y hacerlo salir de su madriguera.

—Uno de nosotros irá. —Dijo Tentomushi, rendida ante la mirada de determinación de su amiga. —Pero el otro se queda a tu lado.

—Bien, pero déjenme pelear sola.

—Yo iré. —Dijo Chat con cierto aire de resignación, de molestia ante aquella situación, dejando claro que no quería ir y que no estaba de acuerdo con las chicas, pero que respetaría la decisión de su Catarina.

—Déjame pelear. —Murmuró Multimouse mirando a la portadora de la suerte. —Déjame agotar mis copias antes de que decidas ayudarme. Necesito que me prometas esto.

—Estaré en la punta de la torre. —Advirtió la Catarina midiendo su velocidad y la distancia. —En cuanto vea que la cuarta copia comienza a pelear sola, entonces bajaré a ayudarte.

—Todo París ya sabe de esta pelea. —Espetó Chat furioso. —¿Por qué no se ha dignado a aparecer?

—No se mete donde no le llaman. —Murmuró Multimouse con dulzura. —Está creyendo en nosotros.

—Me quedaré a verte pelear. —Murmuró Chat cuando Tentōmushi inició su carrera hacia la torre. —Al menos un momento, para asegurarme de que estarás bien si te dejo.

.

Claro, Multimouse había agradecido el soporte, pero cuando el tercer clon desapareció, supo que aquello no tenía futuro. No podía pelear ella sola.

En un movimiento arriesgado, tanto copia como original se lanzaron a la batalla al mismo tiempo, tratando de contener al Akuma con todas sus fuerzas.

Aquello fue su error más grande, nunca debieron hacerlo al mismo tiempo. Hipnotista había estado jugando con los ratones mientras esperaba que la catarina y el gato volviesen a aparecer. Ver la oportunidad de deshacerse de esa paria de una vez fue un regalo que se reflejó en su mirada de sadismo.

Atravesó a la copia con su cadena y luego alzó el reloj, dispuesto a terminar con Multimouse.

La cadena habría partido a la portadora por la mitad. Al ver caer de sentón a Multiomuse, Tentōmushi había corrido con todas sus fuerzas, impulsándose hacia la base de la Torre con la desesperación marcada en la mirada, Chat había vuelto sobre sus pasos al escucharle gritar, no podía abandonarla ahí.

Ninguno de los dos llegó a tiempo para salvar a su amiga, pero la cadena del Hipnotista se azoto contra la hoja de la espada Jian verde opaco, y el akuma se paralizó por el pánico un momento al percatarse de que una mirada a marina y letal lo escrutaba con curiosidad contenida.

Cobra levantó la mano con tal violencia que la cadena se partió en mil pedazos, justo a tiempo para recibir a Tentomushi, quien lanzó el yoyo para tratar de capturar el amok y purificarlo.

—Tu jornada del mal terminó... —Exclamó la Catarina mientras abría el compartimiento de su yoyo. —Itte shōki o kiru**

—Así que... —Murmuró Cobra mirando el filo de su espada mientras el akumatizado retrocedía a pasos lentos, temblando de terror ante el portador sin ley. —Tenías un Amok en tu poder.

—Yo... Yo...

—Cobra... —Murmuró Tentomushi a manera de saludo, pero también a manera de advertencia.

—Viniste... —Murmuró Multimouse con la mirada llena de anhelo y esperanza.

—No podía ignorar el hecho de que un imbécil se estaba metiendo en mis asuntos.

—¿Tus asuntos? —Murmuró Chat Noir adoptando una postura de pelea, considerando lanzarse sobre Cobra, dudando de su lealtad todavía.

—Cualquiera que alce una mano sobre aquellos que me importan, pagará por mi mano.

—¿De cuándo acá te importa la gente?

—Sabía que vendrías. —Admitió Multimouse sonriendo de oreja a oreja al ver que Cobra le dedicaba una mirada de reojo.

—¿Cómo no hacerlo? —Dijo divertido el portador. —Si escuché por ahí que estás enamorada de mí, necesitaba comprobarlo.

—Vamos a arreglar esta cosa de egos. —Soltó furioso Chat.

—Primero vamos a lo importante, gatito... —La serpiente escupió la última palabra con desprecio y una sonrisa sádica, oculta bajo su máscara.

El villano parecía haber recuperado algo de la seguridad perdida, la mariposa se había dibujado alrededor de sus ojos, el Hipnotista había recibido indicaciones.

Cobra le extendió una mano a Multimouse sin dedicarle una mirada, sus ojos sostuvieron la mirada del Hipnotista, que parecían haberse oscurecido. El portador de la serpiente pudo sentir la magia fluyendo en todas direcciones, estaban tratando de hipnotizarle.

Sonrió con desprecio.

¿De verdad creía que era más fuerte?

Multimouse aceptó la mano y dejó que el portador tirase de ella. De todos modos, no habría podido hacer mucho por evitarlo, Cobra era al menos diez veces más fuerte que ella, la levantó de un movimiento y la apresó a su lado, pegándola a su cuerpo con posesividad desmedida.

—Hipnosssysss... —Murmuró la serpiente mientras sus ojos se tornaban ambarinos y escamas le cubrían los costados de los ojos.

Tentomushi y Chat cerraron los ojos y retrocedieron un paso, conocían el alcance de aquella habilidad, así que no debían involucrarse, pero se quedaron pasmados al darse cuenta de que aquello se había convertido en una lucha de poder. Literalmente, dos expertos hipnotistas tratando de demostrar quién de los dos era el más fuerte.

Segundos corrieron con lentitud, pronto se convirtieron en largos minutos que hicieron a Tentomushi y Chat Noir considerar aquello como una pérdida de tiempo, pero luego Hipnotista se agachó en una rodilla quitándose el sombrero de copa y ofreciéndolo a Multimouse, quien lo recibió confundida.

—El akuma viene ahí. —Dijo Cobra soltando a la portadora y dándoles la espalda, alejándose a pasos calmados consiguiendo que Multimouse suspirara con una sonrisa dulce y distraída.

Y Multimouse habría avanzado hacia el portador que se alejaba, si no hubiese escuchado el quejido lastimero de Chat Noir a sus espaldas.

El felino se dejó caer de rodillas y sostuvo el peso de su cuerpo entre sus manos, sintiendo que el cansancio por el dolor remitía.

.

.

Kagami envió un mensaje a Marinette en cuanto estuvieron a salvo en casa, la japonesa se había llevado a Chat Noir hasta su mansión y ahora el felino estaba sentado al borde de la cama, con la espalda desnuda y el rostro vuelto a la ventana.

Aunque Adrien, sentado en la cama con las piernas cruzadas, esperaba pacientemente a que Kagami regresara, no pudo evitar pasear su mirada por todas las cosas de la habitación.

El lugar era minimalista, la cama queen estaba casi al ras del suelo, simulando ser un futón, con sábanas blancas de bordados negros, se encontraba en el centro de la habitación bordeada por cajoneras pequeñas, cada una con su lámpara, como si fueran centinelas del sueño de la oriental. En el lugar había un ventanal enorme que daba a la ciudad, llenando la vista con puntos luminosos de distintos tamaños. Había un escritorio, una computadora, algunos instrumentos musicales y una cajonera, pero nada más. Sólo lo indispensable.

—Me gusta tu habitación. —Admitió el felino cuando la joven volvió con el agua caliente y los trapos limpios.

Purificar la mariposa no había sido suficiente para curar del todo a Adrien, aunque Plagg había ayudado mucho. Aún quedaban los rasguños sobre su piel, así que el muchacho dejó que Kagami limpiara sus heridas con parsimonia y dedicación, agradeciendo estar sanos y salvos de nuevo.

—Marinette me dijo lo del Amok. —Admitió el rubio llamando la atención de Kagami.

—Es algo que discutiremos mañana.

—Que Hawk Moth pueda crear amoks quiere decir que tiene de nuevo a Duusu consigo.

—Lo sabemos. —Murmuró con tristeza la japonesa.

Sus manos frenaron, ni siquiera lo hizo a propósito, no se dio cuenta de que había dejado de limpiar la herida hasta que Adrien giró sobre sí mismo y le apresó una mano entre las suyas.

Por un momento, sus ojos esmeraldas emitieron un leve fulgor, como si de verdad brillaran en la oscuridad. Adrien acarició la mejilla de Kagami con la mano disponible, percatándose de que la joven se sentaba en sus talones manteniendo una postura recatada.

No pudo evitar el sonrojo en sus mejillas, estar medio desnudo en medio de la habitación de su novia parecía una escena bastante sugerente, pero no tuvo tiempo de hacer ningún comentario al respecto.

Un trueno resonó con violencia mientras la nieve seguía cayendo por la noche parisina, las luces de la casa titilaron un momento y luego ambos jóvenes se quedaron sumidos en las sombras.

—No quiero que nada te pase. —Admitió Adrien acariciando el rostro de Kagami mientras se acercaba un poco más a ella. —No me perdonaría no ser capaz de protegerte, y una parte de mí no quiere hacer el viaje al templo de los miraculous. Después de lo de hoy, saber que Hawk Moth tiene de nuevo el poder del pavorreal, no puedo irme, no puedo dejarte aquí.

—Hey... —Murmuró Kagami liberando su mano y abrazando a su novio con dulzura, acariciándole una mano con el cabello disponible mientras se aferraba a su espalda, procurando no tocar la herida. —No tienes qué preocuparte. Sé que Luka cuidará de mí como cuida de ella, y tenemos a Alya, a Nino, están los demás portadores. Si ustedes pudieron con esto durante tantos años, nosotros podremos también.

—Haces que suene sencillo.

—Es sencillo. —Prometió la chica separándose de Adrien para poder mirarle a los ojos. —Unos días en los que Panthère y yo aparezcamos solos en París y la gente lo pensará dos veces, comienzan a darse cuenta de que Tentomushi tampoco es muy amable que digamos, así que estaremos bien.

—¿Y si algo te pasa mientras no estoy?

—No pasará nada.

—Quisiera tenerte sana y salva... —Murmuró el muchacho, molesto por su desconfianza y sus desplantes infantiles, reprochándose a sí mismo puesto que aquello era el motivo por el que las cosas no habían salido del todo bien con Ladybug.

Había sido tanto el empeño que ambos habían puesto en tenerse a salvo el uno al otro que habían terminado estorbándose en el camino, y la canción de Birds todavía servía como un recordatorio a su insensatez. Por un momento, Adrien consideró que Kagami le dedicaría una mirada de cansancio y que daría su discurso de "soy fuerte y voy a estar bien", pero en su lugar, la joven lo miró con dulzura y sonrió apresándole el rostro entre las manos.

(First love – Hikaru Utada)

—Si me quieres sana y salva, entonces promete que vas a volver a mí en cuanto puedas hacerlo.

—Kagami, eres mi refugio. Volvería a ti mil veces y mil más.

—Lo sé. Por eso no tengo miedo. Sé que tengo que estar bien para cuando regreses, para cumplir a mi promesa de esperarte hasta que vuelvan del templo para poder estar juntos.

Adrien suspiró, no pudo evitar lanzar el rostro hacia el frente, capturando la boca de Kagami en un gesto de silente gratitud.

Todo entre ellos siempre era tan dulce, tan sensato.

Y al mismo tiempo, sentía que se volvía loco cada vez que la veía. Generalmente Kagami era una mujer centrada y recatada, perfectamente consciente de dónde estaba y qué tenía que hacer, pero a su lado, dejarse llevar era tan sencillo como respirar, no tenía que fingir, no había manera de guardar las apariencias ni de tratar de fingir, porque Adrien siempre sacó lo mejor de ella, siempre fue el primer amor.

Así que ella actuó con confianza cuando se aferró a los hombros del muchacho y se recostó hacia atrás en la cama, profundizando aquel beso y subiendo las rodillas, tratando de acomodarse mejor con el cuerpo de Adrien presionando contra el suyo.

—Sea como sea... —Murmuró el felino poniendo los codos a la altura del rostro de Kagami, sosteniendo su peso para poder mirarla a los ojos antes de proceder —quiero que estés segura de esto.

—Siempre lo he estado. —Prometió ella con una sonrisa amplia.

Adrien sonrió enderezándose y jalando a Kagami consigo, moviéndola hasta sentarla a horcajadas sobre su regazo.

Volvió a tomar la boca de Kagami en un beso que fue subiendo de tono hasta hacerla respirar entrecortado. La mayor parte del tiempo, aquella joven oriental, fuerte, poderosa, solía contener sus emociones a raya, Adrien se quedó pasmado cuando la escuchó gemir por lo bajo, un sonido dulce, melodioso, como un maullido, algo a media voz.

—Ai shiteru... —Murmuró Adrien antes de volver a tomar la boca de Kagami, esta vez aventurando su lengua en un terreno poco explorado pero muy conocido para él.

Sus manos vagaron por el cuello de la joven hasta dar con el primer botón de su blusa, Kagami se puso tensa cuando Adrien soltó el primer botón, y aunque aquello podría haberse interpretado como una señal para marcar la retirada, el rubio sonrió confiado cuando las manos de su novia soltaron el segundo botón, dejando a la vista el borde del encaje color verde olivo que la ocultaba.

Adrien terminó de abrir la blusa de la chica y se deleitó en el fino cuerpo, labrado en alabastro, oculto por un sujetador hecho de flores bordadas una sobre otra. Discreto y elegante, sí, pero que justo ahora lucía como la pieza de lencería más sensual que se hubiese confeccionado jamás.

Kagami tenía alguna que otra cicatriz en el cuerpo. La mayoría de ellas se las había hecho de niña mientras aprendía a pelear, los instructores habían aprendido a no tener piedad de ella puesto que era tan bonita como letal, y aquellas marcas en la piel siempre eran un tema de conversación para ella en el mal sentido, quitándole seguridad al momento de usar bikinis o playeras de escote.

Adrien empujó a Kagami hasta recostarla de nuevo y procedió a besar cada una de las marcas finas, todas y cada una de las líneas casi invisibles que adornaban el cuerpo de aquella princesa de oriente, repitiendo una y otra vez la frase "eres hermosa", tratando de hacerle entender que no había un solo milímetro de piel que él no adorase.

Kagami no suprimió esta vez las ganas de llorar. Dejó que las lágrimas se desbordaran por sus mejillas y le llenaran la sonrisa de esperanza.

Kagami se enderezó un poco en su sitio para quitarse la blusa mientras Adrien le besaba el ombligo, haciéndola estremecerse.

Tenía tantas ganas de tantas cosas, pero la mirada esmeralda de aquel depredador la tenía quieta en su sitio. Las manos de Adrien subieron por los costados de sus piernas, recorriendo la falda hasta la cadera, Kagami contuvo la respiración cuando Adrien tiró de los bordes de sus braguitas para dejarla desnuda por debajo de la tela cuadriculada y dedicarle una mirada pícara.

Ahí sí que reaccionó.

Kagami se enderezó a toda prisa, empujando un poco a Adrien para poder maniobrar y desabrocharle el pantalón, sus manos, que habían estado temblorosas hasta ese momento, encontraron la firmeza necesaria y, para sorpresa de Adrien, la joven lo tuvo desnudo en menos de un minuto.

Se quedaron quietos, Kagami observando el cuerpo de Adrien, dudando entre seguir con sus acciones o frenar en ese instante. ¿En qué estaba pensando?

—Kagami... Podemos parar si...

No.

No hubo manera de terminar aquella frase.

La joven se levantó en las rodillas y se posicionó sobre Adrien, con las manos en sus hombros para darse soporte, sintiendo cómo la erección de Adrien le acariciaba la entrada levemente. Ambos muchachos tenían las mejillas plagadas de un color escarlata, los ojos vidriosos, la respiración entrecortada.

Ya no había vuelta atrás.

Así que Adrien puso una mano en la espalda baja de Kagami, guiándola hacia su cuerpo, mientras que con la mano disponible se acomodó para entrar en el cuerpo de la joven de un solo movimiento. Ella no tenía mucha experiencia, pero estaba húmeda y anhelante de fundirse con aquel al que había declarado el amor de su vida desde que tenía catorce años.

—Espera. —Pidió el rubio subiendo la mano disponible por la espalda de su novia, buscando el broche del sujetador y quedándose pasmado al darse cuenta de que sólo había tela disponible.

—Se abrocha al frente. —Dijo tímidamente Kagami antes de dirigir las manos hacia el centro de sus pechos y soltar el broche, un sonido sordo que hizo eco en toda la habitación.

Adrien tragó saliva y Kagami se deshizo de aquella prenda de ropa en un movimiento torpe, tierno, inocente. El muchacho no pudo evitar recostar a Kagami en la cama de nuevo y deshacerse de la falda, apreciando por primera vez el cuerpo desnudo de aquella guerrera invencible que, ante sus ojos, parecía la más dulce y frágil de todas las doncellas.

Dios, tenerla ahí le hizo comprender por qué Luka y Marinette solían estar comiéndose con la mirada cada vez que podían hacerlo. Kagami tenía el cuerpo de un tono pálido, parecía una muñeca de porcelana. La trataría como tal.

—No quiero hacerte daño. —Dijo el muchacho llevando una mano hacia la entrada de Kagami y comenzando a trazar su ruta, movimientos curvos, deleitándose en la humedad que la joven tenía en ese momento.

Encontrar el clítoris fue sencillo, introducir un dedo dentro del cuerpo de la joven todavía más, y ella alzó el rostro hacia atrás, cerrando los ojos y jalando aire de manera entrecortada, dejando que otro par de lágrimas se deslizaran por sus mejillas. Adrien se agachó sobre ella limpiando aquellos riachuelos entre sus labios mientras depositaba besos por todo su rostro y comenzaba a mover la mano con más fuerza, introduciendo un segundo dedo.

No estuvo segura de cuánto tiempo estuvo recibiendo aquellas atenciones, Adrien tomó su tiempo para hacerla gemir, para besarle el cuello, plantando mordisqueos coquetos y seductores, se tomó su tiempo cuando capturó el lóbulo de Kagami entre sus labios, le dedicó cada segundo que pudo a estar dando lengüetazos a ese pequeño punto erógeno hasta que consiguió que la chica gimiera con ritmo, cada vez un poco más fuerte, y más, y más, hasta que aquel monosílabo se convirtió en su nombre.

—¡Adrien! —Exclamó ella, presa del placer cuando el muchacho sacó los dedos y se posicionó sobre ella.

—Lo voy a hacer rápido. —Advirtió con la respiración entrecortada, sintiendo que su miembro palpitaba por el placer, ocasionándole cierto dejo de dolor.

No esperó confirmación, fue una embestida nada más.

Kagami soltó un grito, mitad de dolor, mitad de placer, y las lágrimas volvieron a correr, pero esta vez por el esfuerzo de apretar los ojos y esperar. Sentir a Adrien dentro suyo fue una experiencia distinta, porque definitivamente había disfrutado la manera en que los dedos de Adrien habían trazado una ruta estratégica para preparar su cuerpo para la intromisión, había disfrutado sobremanera el cómo el muchacho le había encontrado el punto G antes de estimularlo con cierto ahinco, con cierta violencia, sin cuartel, con vesanía, disfrutando de cada mueca que había logrado arrancarle a su novia.

No, ahora se sentía llena, la invasión había sido repentina, pero poco a poco el dolor había ido pasando y ella parecía adecuarse a esta nueva coherencia. Se aferró con fuerzas a la espalda de Adrien, incluso le encajó un poco las uñas, y durante largos segundos, Adrien esperó paciente la confirmación de que todo estaba bien.

—Je t'aime... —Murmuró Kagami con voz contenida, soltando poco a poco la espalda de su amante.

—Je plus... —Respondió el muchacho sonriendo antes de depositar un beso en los párpados, en los pómulos, en la frente, en la punta de la nariz. Y cuando llegó a la boca, comenzó a mover las caderas atrás y adelante, lento, lento, lento.

Se movió atento a los gestos de Kagami, se movió escuchando sus gemidos, se movió sintiendo la manera en que las manos de la joven se le enterraban en la piel de la espalda, atento a los cambios, atento al hecho de que sus quejas fueron evolucionando hasta convertirse en jadeos, hasta asegurarse de que los gestos de Kagami de nuevo denotaban placer y que el dolor había remitido. Y cuando se aseguró de que ella estaba bien, entonces tomó su boca en un beso desenfrenado mientras aumentó el ritmo de las estocadas.

—Kagami... —Murmuró Adrien contra el oído de la chica, aferrándose a ella mientras sentía cómo el orgasmo se acercaba. —Mi dulce amor... —Gruñó cuando ella le enterró las uñas en la espalda.

—Te amo. —Respondió ella a media voz, un jadeo casi ininteligible.

Watashi no hime***... —Murmuró el muchacho cuando se percató de que, desde hacía un rato, la joven también había comenzado a subir las caderas cada vez que él embestía, buscando el centro de placer de ambos, tratando de seguir el ritmo de su amante y darle un poquito de todo cuanto estaba recibiendo.

—¡Ai shiteru! —Exclamó ella cuando sintió que su cuerpo comenzaba a perder fuerza.

Había llegado al clímax sin poder evitarlo, sin darse cuenta.

Y al verla perdida en medio del orgasmo, él también se dejó ir, aferrándose con ambos brazos a la cintura de su princesa mientras daba las últimas estocadas de aquella danza y se perdía en el perfume de la piel de aquella muñeca de porcelana, un poco de su perfume, un tanto de sudor, y algo más. Un aroma que se grabaría en su memoria para el resto de sus vidas, el de su primera noche juntos.

.

Tal vez fue el hecho de que estaba demasiado acostumbrada a su presencia, tal vez fue porque ya lo había sentido desde antes de aterrizar en la terraza, así que no opuso resistencia cuando la mano de Cobra se cerró en torno a su cuello, obligándola a pegar su espalda contra el pecho del portador. Lo que sí la tomó por sorpresa fue que el portador llevó la mano libre hasta su entrepierna, más al centro, y comenzó a hacer un masaje circular antes de hablarle al oído...

—No creas que no sé que lo hiciste a propósito, Tricky mouse...

—Cobra... —Murmuró Multimouse, presa de aquel depredador, sintiendo la adrenalina subir y el deseo apoderarse de ella en un instante.

—Lo que no entiendo es por qué no me llamaste. En lugar de ponerte en peligro, habría sido igual de efectivo.

—Necesitaba tenerte así. —Confesó la portadora a media voz, ahogando un gemido.

—¿Así? —Espetó Cobra, ofendido ante la confesión, empujando a la joven hasta obligarla a entrar a la habitación y pegar sus caderas contra las de ella, reteniéndola contra la mesa y doblándola sobre su cintura.

La mejilla de Multimouse encontró un lugar en el centro de la mesa y ella le dedicó una mirada de reojo al portador, sorprendida de su braveza, sometida por el cuello bajo la mano de Cobra.

—Sí. —Desafió con una sonrisa autosuficiente.

—No me provoques, petit souris... —Amenazó el portador, comenzando a deslizar el cierre en la espalda de la joven y deleitándose en la vista de una espalda completamente desnuda.

El portador se agachó sobre el cuerpo de la heroína y lamió su oreja lentamente, haciéndola gemir. Paseó después la lengua por toda la espalda de la portadora y, por un momento, Multimouse pudo jurar que sintió la lengua bífida acariciarle la piel.

—Si este es mi castigo, puedo aceptarlo. —Bromeó ella cuando la mano de Cobra entró en su traje y se movió hasta su entrepierna, invadiéndola de golpe con dos dedos y comenzando a moverlos dentro de ella en gestos violentos.

—Veremos si dices lo mismo cuando te deje a medias. —Bromeó con porfía el portador.

—¿Vas a pensar lo mismo una vez que te diga por qué necesitaba a cobra? —Gimió la chica mirándolo de reojo.

—Ponme a prueba.

—Necesitaba a tu peor demonio para poder decirte esto. —Soltó ella jadeante, salivando de más ante la excitación, completamente húmeda y excitada por la violencia del portador.

Cobra ignoró el comentario y abrió la boca, revelando sus colmillos, antes de morder el cuello de la joven con tal fuerza que la hizo sangrar.

Su lengua hizo estragos en aquel espacio, recolectando la sangre y encontrando cierto grado de satisfacción sexual en aquello. Por un momento se preguntó si aquello sería cosa de Sass, pero apartó ese pensamiento y liberó su boca, sonriendo con satisfacción ante el gesto de su presa.

—Eso te gusta.

—Todo tú me gustas. Pero no es el punto. —Cortó ella tratando de volver a serenarse. —Necesitaba a tus demonios para poder decirte que quiero casarme contigo cuanto antes...

—¿Qué? —Murmuró el portador, pasmado.

Retrocedió un par de pasos y se quedó mirando a Multimouse mientras ella se enderezaba y lo encaraba con una sonrisa radiante y las mejillas enrojecidas.

—Necesitaba decírtelo a la cara, mirando a tus demonios para que te quedara claro que quiero casarme contigo por la iglesia cuanto antes, mañana si se puede, porque te amo, a tus luces y a tus sombras, y no quiero postergar un segundo más el hecho de lazar mi alma a la tuya de manera oficial, aunque eso esté más que consumado.

—Mari...

—Mullo... —Llamó la portadora.

El traje se desvaneció y en lugar de Multimouse sólo quedó Marinette, con las manos entrelazadas al frente y una sonrisa soñadora. Luka no pudo evitar abrir los ojos de par en par mientras un par de gruesas lágrimas se deslizaban por sus mejillas y él sonreía, incrédulo de su buena suerte.

—Marinette...

Sass abandonó también la transformación y, junto con Mullo, ambos abandonaron la habitación.

—¿Te mordí muy fuerte? —Murmuró la serpiente mirando al ratón, percatándose de que el pequeño kwami le sonreía de medio lado, con cierto aire de picardía.

—No lo suficiente.

La cola de Sass se enroscó en torno al cuello de Mullo, le atrajo hacia sí en un movimiento suave y cerró los brazos en torno al cuerpo del kwami antes de murmurar —Eso se puede arreglar.

Por su parte, Luka no salía de la sorpresa.

Avanzó un paso hacia Marinette y luego se congeló en su sitio, sonriendo con incredulidad respecto a lo que acababa de escuchar.

Ella misma había dicho que lo mejor sería posponer la boda hasta que regresara del templo, ¿Por qué el cambio repentino?

—Sé que he estado confundida, que mis visiones han despertado emociones que creía dormidas y que Adrien está pasando por algo parecido. —Comenzó la chica avanzando hasta pararse a un paso de Luka y tomarle las manos. —Pero también sé que te amo como jamás he amado a nadie en esta vida, y no sé si soy tu alma gemela, o la de Adrien, o la de Kagami o la de quien sea. Sé que te elegiré a ti el resto de mi vida, sin importar qué. Y quiero hacer oficial la boda antes de irme lejos, eso me dará fuerzas para volver.

—Marinette...

El guitarrista cerró sus brazos en torno al cuello de la joven y sonrió ahogando un sollozo. Marinette lo habría visto llorar unas cinco veces en su vida, jamás creyó que la contagiaría en aquel llanto dulce y cargado de felicidad, porque mientras apresaba el cuerpo de Luka entre sus brazos, también ella rompió en llanto, sabiendo que no había manera de que nada saliera mal a partir de ese momento.

.

Adrien observaba a Kagami dormir tranquilamente sobre su pecho. La chimenea al fondo de la habitación estaba encendida, proporcionándoles el calor necesario para pasar una velada tranquila. Plagg flotó hasta Adrien con una sonrisa pícara, antes de entregarle la cajita que había estado oculta en el bolsillo interno de su chaqueta.

El rubio abrió la caja revelando el contenido, un diamante rojo oscuro engarzado finamente de manera que parecía ser una rosa, algunas chispitas negras habían sido engarzadas a sus lados, simulando gotas de rocío en las hojas de la rosa, la pieza era fina y al mismo tiempo destilaba elegancia.

—¿Por fin te decidiste?

—Creo que estamos listos para dar este paso.

—¿Ya elegiste cómo harás esto?

—Aún no. Pero quiero pensar en eso mañana, y pedir ayuda a Luka y Marinette. Ellos sabrán cómo hacerlo de la mejor manera.

—No puedo creerlo. —Admitió Plagg. —En cinco mil años nunca me había sentido tan feliz por un portador como estoy ahora. —Flotó hasta la mejilla de Adrien y se abrazó ahí un momento antes de tomar la joya de manos de su protegido y flotar hasta la chaqueta. —Será mejor que guardemos esto, no queremos que se pierda, ¿o sí?

—No. No queremos...


*Mi gatito, por favor

**Ve y lleva la cordura

***Mi princesa