Especial de año nuevo (parte dos)

JURO QUE HA VALIDO CADA SEGUNDO LA ESPERA. ESTA ES MI SEGUNDA COLABORACIÓN CON MARIANNE Y ME HA HECHO LLORAR.

ACLARACIÓN: El especial de navidad ocurre después del torneo, después de la boda y después de muchos capítulos más, quería que ese anuncio fuera el final de la historia, pero decidí meterlo como regalo navideño en una forma de agradecer su acompañamiento a esta historia que ha crecido más de lo que me imaginé alguna vez. Gracias, porque todos son parte de esto (mil corazones)

Manu: Me refería a que no me gusta hacer teorías, no a que dudara de las akumatizaciones, ya sé que los van a akumatizar. De la boda, todavía no ocurre, los otros capítulos fueron un especial de Navidad, algo que ocurre más adelante, todavía no, pero pronto, créeme que a esa boda le traigo muchas ganas.

Kami Inuzuka 120: Es bueno saber que, entre un capítulo y el siguiente nos volvimos buenas amigas jajaja, gracias por toda la charla (y por aguantar mis laaaaargas ausencias en línea jajaja)- Habiendo actualizado esto, espero ponerme l corriente con tu historia, que me tiene enganchada y eso que no se ha publicado mucho más, sé que la espera valió la pena, confío en el trabajo de Marianne y, creeme, a mí me hizo llorar.

Sonrais777: Aunque al principio no era muy fan, ahora digo ¡Viva el Adrigami!

Skayue-Chan: Cancela el boleto y desempaca la ametralladora, valió la espera de cada maldito segundo, lo prometo. Espero te guste esta actualización, me tienes fangirleando con las tuyas, lo juro. Pronto me pongo al corriente con La vie en Rose y You, cómo los he esperado, pero Perséfone AShelkrsnhcvfwckhemfds Ya te quiero leer

RubyMoon . Li: La espera valió la pena por dos cosas, de nuevo volvemos a los capítulos de 7000 palabras, más o menos, y la colaboración con Marianne (Para variar) fue bellísima. ESpero disfrutes esta entrega y pronto tendrás una nueva actualización, ya estoy trabajando en la continuación.

AngelyPastran: Ay, me halaga muchísimo tu comentario, créeme que es muy grato para mí saber que sigo cubriendo las expectativas, me encanta el Lukanette y de pronto me da miedo salirme del canon, cuando me pierdo vuelvo a ver Silencer y como que todo se acomoda. Wow, una semana, eso es leer como rayo. ¡De verdad mil gracias! De verdad agradezco el comentario, me anima a seguir escribiendo. Esta colaboración con Marianne te va a gustar mucho, lo sé. En fin. Nos leemos. De verdad gracias por tanto

Marianne: ¿Qué te digo? ¡Te amo! Gracias por tomar una conversación que yo tenía pendiente, adueñártela y convertirlo en algo mil veces más perfecto de lo que salió de mis manos.


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—Kagami, portadora del dragón, heredera de la casa Tsurugi, conocerte ha sido la más grande aventura de mi vida hasta este momento y ahora me doy cuenta de que quiero que la aventura crezca más y más, pero no lo pienso hacer solo, quiero compartir contigo cada momento, alegría, pesar, quiero que el resto de nuestra historia esté enlazada sin que nadie jamas pueda intervenir. Así que Tsurugi Kagami... ¿Te casarías conmigo?

Todavía resonaban en su cabeza los últimos acordes de la canción que acababan de cantar para ellos, todo en la cena parecía un sueño y Kagami estaba considerando seriamente pellizcarse o clavarse el tenedor en el dorso de la mano, sólo por asegurarse de que aquello estuviera ocurriendo. Mandó todo pensamiento a volar y sonrió bajando la mano derecha al corazón y ofreciéndole la izquierda a Adrien mientras musitaba un débil:

—Sí...

Adrien puso el anillo en su lugar y se enderezó lentamente, tomando el rostro de su prometida entre las manos antes de atraerla lentamente hacia sí mismo.

—Something stupid. —Pidió Luka mirando a los músicos antes de tomar la mano de su esposa y hacerla girar al ritmo de la música.

(Something stupid – Michael Bubble feat Reese)

Y aunque bailaron un poco con los arpegios, ambos muchachos se abrazaron para mirar a sus amigos y cantarles.

Adrien no pudo evitar ensanchar su sonrisa (un gesto que le había aprendido a Chat Noir con el paso de los años) antes de tomar la cintura de Kagami y comenzar a bambolearse por aquella terraza mientras miraba a Kagami como si no existiera ninguna otra estrella en el universo.

Por dentro, Kagami sabía que aquello no podía ser más perfecto, pero no se atrevió a proferir palabra y prefirió disfrutar del momento con su...

Emitió un gemido leve, presa de la inmensa felicidad que la consumía en aquel momento.

—¿Esto es de verdad? —Musitó sin poder atreverse a pensar en la palabra "prometido" para hablar de Adrien.

—Lo es.

—Esta mañana hablaba con Mari de querer ser digna para estar contigo el resto de nuestras vidas.

—¿Digna? —Espetó Adrien haciendo a su novia girar lentamente, al ritmo de la música. —Perdón si te contradigo, cheri, pero soy yo quien debe esforzarse día y noche para merecer un lugar a tu lado el resto de nuestras vidas. Eres el dragón. —Añadió con énfasis, como si aquella fuera la octava maravilla del universo. —Una digna princesa de Japón de la que debo ser digno.

—Adrien...

—Además. —Añadió con picardía. —Si no te amara tanto, o si no fuéramos dignos, no te lo habría pedido a nada de iniciar el nuevo año.

—Pero...

Ai shiteru... —Murmuró el rubio con intensidad, sus ojos relampaguearon como esmeraldas reflejando fuego vivo, y a Kagami no le quedó ni la más mínima duda. Estaban destinados a llegar a ese momento.

—Je t'aime de plus. —Respondió ella antes de lanzar el rostro hacia el frente mientras la canción dejaba sus últimos acordes suspendidos en el aire.

Marinette y Luka intercambiaron un suspiro y se sonrieron con los ojos llenos de amor, pero rápidamente la mirada de Marinette voló a su reloj de muñeca y le dedicó una mirada de apremio a su esposo.

—Son las once. Estamos a media hora de perder nuestra reservación en Primer Piso.

—Vámonos. —Coincidió Luka tomando la mano de Marinette y comenzando a caminar.

—¿Cómo que vámonos? —Soltó Adrien, con los brazos cerrados en torno a Kagami como si no quisiera que se le escapara un centímetro de ella. —No nos pueden dejar así sin más en un momento tan importante.

—Primer Piso ¿Lo olvidas? —Dijo Luka mientras se ponía el abrigo y se acomodaba el cuello. —No voy a perder la reservación otra vez, ya postergué mucho esta cita. Por eso adelantamos todo.

—¿Adelantar? —Repitió Kagami, confundida.

—Ah, sí... Quería proponerte matrimonio justo a media noche, con los fuegos artificiales del año nuevo y eso, pero también quería que ese par estuviera presente.

—Yo me encargué de retrasar la reservación de Luka —dijo Marinette con una sonrisa pícara, mientras ponía una bufanda en el cuello del aludido.

—Y yo adelanté con los músicos y la cena. —Concluyó Adrien en perfecta sincronía.

—Felicidades. —Murmuró Marinette avanzando hasta sus amigos y abriendo los brazos para Kagami, quien no dudó antes de soltar a su novio para saltar a los brazos de su amiga. —No sabes lo feliz que estoy por ustedes.

—Gracias por estar aquí en este momento. —Murmuró la japonesa mientras sus mejillas se llenaban de lágrimas otra vez.

—Sé que querías acompañarnos —dijo Marinette para su amiga —, pero preferiría que disfruten su noche.

—Eso haremos.

—Bro... —Dijo Luka divertido. —Le pediste matrimonio y dijo que sí.

—Bro, y estabas ahí.

—Bro...

—¡Dios, no puedo con su bromance! —Espetó Marinette apretando a Kagami con más fuerza entre sus brazos.

—Eso nos ganamos por defender París todos juntos. —Coincidió Kagami divertida.

Luka abrió los brazos para la oriental, quien avanzó a pasos tímidos hacia el muchacho mientras Adrien levantaba a Marinette y le daba una vuelta en el aire gritando: —¡Me dijo que sí!

—¡Sí, lo hizo! —Respondió la aludida antes de soltar una carcajada.

Adrien soltó a Marinette y corrió hasta la barda de la terraza, en un salto ágil se paró en el borde y, acunando su boca con las manos para hacer crecer el sonido, gritó con todas sus fuerzas.

—¡ME DIJO QUE SÍ!

—¡Baja de ahí! —Exclamaron Luka y Kagami al unísono.

—No queremos que la dejes viuda antes del matrimonio. —Completó Luka con el pulso acelerado.

—Oh, vamos. —Murmuró Marinette sacando el cabello de los suéteres para acomodarse el gorro sin estorbos. —Es un felino, caería de pie.

—Más vale no tentar al destino. —Corroboró Adrien volviendo hasta su prometida y abrazándola con dulzura, pegando su frente a la de ella. —No quiero iniciar el año en el hospital.

—Disfruten su noche, chicos. —Pidió Marinette antes de besar las mejillas de Kagami y de Adrien.

—Nos vemos después. —Añadió Luka antes de pasar el brazo sobre los hombros de su esposa y dirigirse al ascensor.

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Luka tragó saliva, mirando la entrada de aquel lugar como si fuese un dragón al que tuviera que enfrentarse, tenía semanas postergando su ida a Primer Piso y ahora, frente a la fachada, recordaba por qué. El estómago comenzó a doler sólo de la posibilidad de subir y darse cuenta de que se había equivocado de día, que la reservación no estuviera a su nombre, que el lugar se encontrara cerrado. Pero la mano de Marinette haciendo presión sobre la suya lo trajo de regreso a la realidad.

—Tranquilo. —Pidió Marinette con una sonrisa dulce. —Todo va a salir bien.

—Sí, bueno. No es que tenga muchas dudas, pero tampoco grandes esperanzas. —Murmuró pensando en lo ocurrido el día de su boda al civil. No habían pasado tantos meses, pero de todos modos él se había comportado como un cretino porque había creído que era lo correcto, ahora le remordía la conciencia por sus acciones y sus palabras.

Marinette pareció adivinar aquel pensamiento, ya que sonrió encarando a su marido y le acomodó las solapas, mirándole los labios, esa mueca de medio lado que ponía cuando estaba nervioso.

—Ha sido difícil, pero si has llegado hasta este punto, sólo puedes subir.

Luka suspiró profundo y sonrió de medio lado, asintiendo para su musa.

¿Cómo podía brindarle tanta calma y al mismo tiempo ser la razón de su tempestad? Luka agachó el rostro y rozó su nariz contra la de su musa, un beso de esquimal con los ojos cerrados y el corazón hinchado de amor.

—Conoces bien mis puntos cardinales. —Murmuró formando una nube de vaho entre ellos, haciendo que Marinette se estremeciera ante el contacto.

—Conozco más que sólo eso. Ahora vamos. Que muero de frío. —Murmuró con la mandíbula apretada para evitar tiritar.

Entraron al lugar tomados de la mano. Una joven con uniforme de mesera los recibió en el lobby, con una sonrisa radiante.

—Couffaine, Luka. —Murmuró el guitarrista cuando la joven pidió sus nombres.

—Ay dios. No es cierto. —Murmuró la joven abrazando su tabla. —Sí, claro, Louis dijo que vendrías esta noche, dios. Le tengo que avisar.

—¡No! Por favor. Está tocando, no lo molestes. —Murmuró Luka atropelladamente mientras llamaba de nuevo la atención de aquella chica. —No me gusta molestar.

—De acuerdo, yo…

—¿Nos llevarías a nuestra mesa, linda? —Pidió Marinette con dulzura mientras se aferraba al brazo de su esposo.

—S-sí. ¡Sí! —Exclamó al fin la joven volviendo en sí y recomponiendo su sonrisa diplomática.

La música llegaba hasta ellos con gentileza y aumentaba sutilmente mientras más se acercaban al final de las escaleras, llegando amortiguado gracias a la puerta de madera que permanecía cerrada para dejar fuera al frío, el sonido del piano y del bajo eran estimulantes, pero lo que realmente hizo a Luka levantar la cabeza en busca del escenario una vez que estuvieron dentro fue la melodía seductora, sofocante, casi intoxicante del saxofón.

No, Luka Couffaine no prestó atención al lugar. No se percató de los tonos rojo quemado de los cojines en sillones y sillas que adornaban el lugar. No se percató de las mesas de caoba pulida y filigrana dorada, no reconoció el aroma de un buen vino tinto, ni del tabaco, ni la comida; no reparó en los muros adornados de instrumentos, afiches, fotografías y autógrafos de músicos que habían pisado aquel lugar.

Luka sólo tuvo ojos para el hombre que besaba sutilmente la boquilla de su sax como si tratara de seducir al instrumento, arrancándole melodías armónicas y embriagantes.

Tragó saliva al reconocer el rostro de su padre, y, por primera vez en años, le miró realmente.

Ahora era unos centímetros más alto que él, pero en su juventud siempre lo vio hacia arriba, como un monstruo o una torre que derribar. No, Louis Couffaine no era tan alto, ni tan fuerte. Por el borde de las mangas de aquella camisa beige, por debajo del chaleco café y el pantalón de vestir, debajo del sombrero pachuco que proyectaba sombras sobre sus ojos, Louis era un hombre delgado, con el cabello oscuro vedado del gris Oxford de sus canas, ojeras, algunas arrugas. Ya no era más una amenaza, si acaso el recuerdo de una, pero la sonrisa ladina que había compuesto al cambiar a su capricho el camino de la melodía dejó claro que había envejecido. No lo suficiente para dejar de pelear, no. Pero si lo suficiente como para haberse convertido en un amante de la música, las charlas largas, los silencios prudentes, escuchar a los jóvenes y, tal vez, recordar el pasado. No. No lo suficiente como para contar una vieja historia mil veces, pero sí lo suficiente como para preguntarle a Luka por su cumpleaños número cuatro y asegurarse de que la lección de música (la primera lección de música real que el niño había recibido) aún permaneciera en sus recuerdos.

La música terminó, los intérpretes se miraron unos a otros, sonriendo cómplices y luego Louis levantó la mirada, sonriéndole a su hijo al verlo sentado en el centro del bar.

—Voy a pedirme un trago. —Dijo Marinette haciendo ademán de levantarse, pero la mano de Luka se cerró en torno a su muñeca.

Y aunque la voz del guitarrista salió demandante, exigiendo algo que consideraba justo, los ojos seguían siendo los del niño de once años aferrándose por última vez al oso de peluche porque "ya debe crecer, y los osos son para los bebés".

—Ah no. No me vas a abandonar aquí antes de dejar en claro a lo que vinimos.

Louis llegó a la mesa y observó la situación, tratando de ocultar que encontraba aquella batalla algo divertido pues sabía quién llevaba las de ganar, Marinette y Luka intercambiando una mirada cargada de estática, como si debatieran en silencio, el joven músico con la mandíbula apretada y el cuello tenso, suplicando; la joven diseñadora con la espalda recta y los hombros relajados. La pelinegra sonrió y encaró a Louis a la par que Luka la soltaba y volvía el rostro, ofuscado ante su derrota. La joven abrió su bolso y sacó un sobre color beige con letras finamente plasmadas de un bello color dorado claro, brillantes, casi parecía líquido. Los nombres de ambos.

La voz de Marinette fue una tormenta. No, ni siquiera una tormenta, un rayo. Un solitario rayo que azotó la tierra con tal violencia que ambos Couffaine pasaron saliva y se quedaron quietos en su lugar, una descarga contundente de la naturaleza que dejó en claro que no tenía intensiones de quedarse mucho más.

—Louis, creo que tu hijo y tú tienen mucho que hablar.

—Sí, es verdad. —Dijo pasmado por la actitud distante de la joven, recibiendo el sobre.

—Entonces debería retirarme.

—Cualquiera creería que una joven tan impetuosa querría estar presente. —Comentó aquel hombre, no pudo contener aquella afirmación y sonrió divertido ante el pánico que apareció en los ojos de su hijo.

—Pero usted no es cualquiera. —Puntualizó Marinette hermética. —Y no me considero sólo una joven impetuosa. El título de reina lo llevó por mi esposo, la clasificación de "oscura" me la he ganado a pulso. Sin embargo, hay cosas que no me incumben.

—Entonces dejarás a Luka solo con esto.

—En general, no me gusta meterme donde no me llaman, no suelo guardar rencores y no pretendo tomar bandos puesto que prometí apoyar a Luka en cada decisión que tome y venir a charlar esta noche ha sido la más difícil del año; pero déjeme decirle esto. —Puntualizó ofreciendo su mano, un saludo tardío que Louis aceptó, quedándose pasmado ante la fuerza del apretón que la menuda joven le había ofrecido. —Si me doy cuenta o creo, si tengo la más mínima sospecha de que mi esposo se está sintiendo incómodo, agredido o invalidado, va a conocer lo peor de mí. No guardo rencor por lo que ocurrió el día de nuestra boda al civil, pero tampoco lo he olvidado, así que si tengo que recordarme a mí misma la expresión de dolor que conocí en las facciones de mi ángel de la música esa noche, créame, no hay infierno que lo proteja.

Le soltó la mano a Louis, besó la sien de Luka, y se alejó a pasos calmados murmurando para sí misma. —Ahora iré por mi trago.

—Es una fiera... —Murmuró Louis, aún sin salir de la sorpresa, no vio que su hijo tenía exactamente la misma expresión, sorprendido por aquella respuesta y reprendiéndose a sí mismo, un "eso te ganas por hacer que se quede".

—Es mi reina oscura.

Las charlas llegaron a ellos como amortiguadas, habían puesto música de fondo en las bocinas del lugar mientras duraba el descanso de los músicos, así que ambos hombres se quedaron mirando la espalda de Marinette mientras ella llegaba hasta la barra al fondo y ofrecía una sonrisa amable al encargado.

(A partir de este momento, este fragmento es escrito por Marianne E (inserta mil corazones aquí))

Marinette desapareció en el tropel, y el mutismo cayó sobre la cabeza de ambos músicos, cubriéndolos en un manto de ansiedad, añoranza e incomodidad, porque mientras uno ansiaba desesperadamente repetir una y mil disculpas, preguntar hasta al cansancio y pesquisar aunque fuese un poco de la vida de uno; el otro bregaba por encontrar una palabra o un gesto preciso para pormenorizar su sentir.

Palabras, los eternos adversarios y antagonistas en la vida de los Couffaine. Al menos en eso, ambos varones podían coincidir.

Luka se aclaró la garganta y se maldijo a sí mismo por no haber pedido un trago a tiempo. Un buen whiskey a las rocas le hubiese devuelto las agallas que ahora mismo le eludían. ¿Cómo iniciar…? En su pubertad habría tenido el guión perfecto, una conversación perfectamente ensayada. Hoy estaba en blanco; totalmente abrumado.

—Nat King Cole.

Las palabras de Louis fueron a penas un bisbiseo, opacado por la música de ambientación, protagonista ante la ausencia de la banda de Jazz sobre el escenario.

—¿Disculpa? — el joven frunció el ceño, confundido.

—La canción que pusieron. Es de Nat King Cole — musitó Louis, como quien habla de un hecho de lo más lógico, y esta vez Luka sí que puso atención a la melodía.

—Unforgettable — acordó, reconociendo con inmediatez aquella balada y al intérprete; un cover irrefutable y afamado de Michel Bubblé.

Luka fue incapaz de contener una media sonrisa cuando un gesto conocido bosquejó la faz de su padre; las arrugas en la frente y la manera en que achicaba los ojos evidenciaban profunda desaprobación. Era el mismo ademán que solía hacer cada que en la radio algún incauto "artistilla de baja talla" se atrevía a profanar la belleza de los clásicos de antaño.

Aquel efímero viaje en tiempo dolió, pero al menos esta vez tuvo el valor suficiente para tocar las memorias que durante años encerró en un baúl con doble llave.

—La arruinaron — bufó Louis, prácticamente escandalizado.

—Sólo la cambiaron — debatió Luka, y esta vez la media sonrisa se ensanchó.

—La arruinaron — insistió su padre, tozudo — Si quieres honrar el trabajo de un músico, debes sentir la melodía que tocas o…

—...O de lo contrario no harás un tributo, sino una réplica descompuesta y carente vitalidad — La sorpresa en los ojos de Louis no fue un imprevisto para su hijo; — Fue una buena lección, admito que la plagié con mis alumnos.

Luka miró hacia la mesa y se encogió los hombros. Como si las palabras antes pronunciadas no fueran una abierta declaración de que el pupilo aún ponderara las enseñanzas del maestro, como si el hijo rebelde aún preservara intacta la admiración hacia la persona que le abrió las puertas a la segunda cosa que más amaba en este mundo: la música.

—Hijo…

—Lo escuchabas mucho. Al viejo Cole... — interrumpió la serpiente, distraído. Porque una parte de él quería que la música siguiera fungiendo como un puente entre ambos, y porque, siendo del todo honestos, aún no estaba preparado para abordar los tópicos escabrosos que en algún momento de la noche tendrían que tocar. No, por el momento se regocijaría de aquella parte que más había extrañado de Louis: sus charlas sobre música.

Louis no necesitó explicación, simplemente siguió el juego: —Era mi favorito — admitió, alzando la mano para pedir dos tragos — Y de tu madre, aunque no lo quiera admitir — Un destello melancólico color ámbar brotó en la mirada de Louis, y para Luka fue como mirar a Juleka. Tenían exactamente los mismos ojos; dos luceros distantes que propalaban bondad, tristeza y belleza — Quitaba a Led Zeppelin cuando me iba a trabajar y se ponía a escuchar The...

—...The girl from Ipanema* — rió. No pudo evitarlo. Porque en su mente pasó la imagen de Anarka asomándose por la cubierta, para luego cambiar de vinil en el viejo tocadiscos. Fue tanto el impacto de aquel retazo, que Luka no pudo controlar sus propios impulsos, y tampoco sus añoranzas: — Tall and tan and young and lovely… — cantó la estrofa que más recordaba sin poder evitarlo. Y Louis en ese momento nunca tuvo más deseos de echarse a llorar…

The girl from Ipanema goes walkin' — coreó el mayor, vehemente — And when she passes; I smile but she doesn't see…

La estrofa terminó, y el silencio retornó, pero esta vez no como un protagonista incómodo, sino como un conciliador que anunciaba una tregua indefinida. Las cartas ya estaban puestas sobre la mesa. Así que, si ambos lo querían; podrían comenzar a tratar la razón por las que esa noche se habían encontrado.

—Pero su favorita siempre fue La Vie en Rose... — murmuró Louis con cautela al notar como el semblante de su hijo se crispaba ligeramente — Hice mierda muchas cosas. Pero me consuela saber que por lo menos no arruiné esa canción. A estas alturas de partido, creí que terminarías odiándola.

—¿Y cómo sabes que no la detesto?

— Tu tatuaje… — contestó Louis y Luka contuvo la respiración — Lo noté la noche en que… la noche que intenté detenerte, ¿recuerdas?

Expuesto. Luka odiaba sentirse de ese modo. Porque, aunque había aprendido a abrir la dura coraza que velaba sus miedos, afectos y defectos ante Marinette, aventurarse a hacerlo con otra persona (y que ese sujeto fuese expresamente su padre) era algo que ni siquiera el osado Elegido de las Calles se atrevía hacer.

Pero, si ya había liberado a gran parte de sus demonios gracias a la extraordinaria mujer que le esperaba en algún sitio del bar, ¿qué más daba liberar a toda la horda infernal? Ya había albergado tanta inquina y caos el tiempo suficiente.

— La odiaba —aseveró, agradeciendo que el mesero adelantara la orden de tragos antes de que la tormenta azotara sobre la mesa que ambos Couffaine compartían —La odié tanto o más de lo que te detesté a ti cuando te largaste.

Las palabras salieron de su boca con el filo de mil navajas. Y no porque fuese su intención recriminarle a su padre y hacerlo pagar. No cuando la vida misma se había encargado de desagraviar cada error con un fracaso… No había peor castigo para una persona que la soledad, y Louis se había autocondenado a una existencia con ella como única compañera.

Pero, eso no le eximía la esa maldita necesidad de desahogo; el deseo egoísta de declarar al que consideraba "culpable" de todas sus desdichas.

— Luka…

— ¿Por qué demonios lo hiciste? — demandó saber. Su voz era seca; una careta que camuflaba a un niño de once años haciéndose la misma pregunta en la oscuridad una y otra vez — No me trago el cuento de "Salí a alcanzar un sueño". No me trago que hayas sido lo suficientemente cobarde como para…

No terminó la frase. No pudo, porque sabía que si de su boca emergía la palabra "...abandonarnos", entonces sí; nadie podría detener el vendaval que la serpiente se encargó de refrenar durante tantos años.

Y Louis lo sabía, o de menos tenía una certeza bastante acertada de la vida subsecuente a la que su familia tuvo que enfrentarse luego de su partida. Sí, por supuesto que se enteró eventualmente de las deudas a las que su Nana fue sometida; del doble turno que tuvo que tomar y de su renuncia a la banda de Jagged Stone como sacrificio para sacar adelante a su familia.

Por supuesto que se enteró de los fuertes problemas de ansiedad y depresión que su pequeña Juleka tuvo que sobrellevar. De su poca y casi nula habilidad para expresar su sentir por miedo al abandono… uno que él mismo se había encargado de alimentar.

Y por supuesto que se enteraría del ingreso de Luka a Los Reptiles; la única y auténtica razón de su partida. ¡Vaya que el mundo era cómico y cruel! Se fue para alejar a su familia de la vida de las calles, y las calles terminaron por reclamar a su primogenito; de hacerlo su heredero.

Suficientes lágrimas derramadas. Suficiente ira, suficiente soledad y suficientes mentiras. Si el destino le había concedido una pequeña indulgencia ante sus pecados, no era el momento de acoquinarse.

— Hay tres reglas madre que rigen a los reptiles; sin importar tu categoría o el color de tu chaqueta — murmuró Louis de repente, enumerando cada norma con un dedo de la mano: — Las armas de fuego están prohibidas. Lo soplones siempre reciben su castigo. Y las más importante de todas; un reptil no puede meterse con los seres queridos de otro reptil.

Luka no necesitaba un recordatorio del código que durante tantos años rigió su vida. Mucho menos cuando él mismo se había encargado de escarmentar al pobre imbécil que se había atrevido a romper la última ley. Pero aún con el conocimiento previo, supo que debía escuchar a su padre con atención.

— ¿Conoces al predecesor de Andree Dumont? — preguntó, repentinamente.

— Jerome Giroux — contestó sin titubear. Por supuesto que lo conocía — El nombre es leyenda; el reptil que casi amotinó París en una noche y que murió en un accidente de motocicleta.

Lo más parecido a una risa sarcástica emergió de los labios del viejo jazzista; la advertencia de una confesión instrincada. Suspiró, tomó un trago largo de whiskey y musitó: — No murió en un accidente. Yo lo maté.

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En otro momento, quizá unos cuantos años atrás y sin los últimos acontecimientos que habían entintado su vida de la forma más caótica posible, Luka quizá no lo hubiese creído. En otra situación, el guitarrista habría soltado una carcajada caustica, o quizá incluso lo habría golpeado. Pero la franqueza y la frialdad que matizaban las palabras de su padre eran tan suntuosas; reales. Podía adivinar que no mentía porque, lastimosamente ese tono de voz, ese brillo mortífero y la expresión peligrosa que destelló sobre la faz de su padre… esa careta sagaz que jamás había tenido la oportunidad de contemplarle, era exactamente la misma que él emulaba.

Luka era como él; totalmente igual. ¿Por qué demonios se empeñaba tanto en negarse esa verdad?

— Continúa… — murmuró, dando él su propio trago a la bebida.

— Tú tenías once años y mi lugar en Los Reptiles no tenía razón de ser. No con una familia y una carrera que atender. Así que hice lo que consideré prudente; le pedí a Jerome su permiso para convertirme en un miembro inactivo... — Louis guardó sulencio un momento, el suficiente para beber un poco más — ¿Y qué hizo él? Mandó golpearme la noche siguiente cuando salí de trabajar. Eran diez, y mientras hacían su trabajo me pasaron mensaje de Jerome: "O te quedas, o vamos tras tu familia" Su hambre de poder lo cegó lo suficiente como para no darse cuenta de la ley que estaba quebrantando…

— Aún si eres líder debes respetar la tercera ley — intervino Luka, no muy convencido.

—No Jerome. A diferencia de Andree, él no se ganó a Los Reptiles por respeto. Lo hizo por miedo. Más de la mitad de la pandilla obedecía sus órdenes a base de amenazas. Y eso era algo que debía terminarse… Creo que tú mejor que nadie sabe lo temperamentales que somos los Couffaine cuando se meten con los nuestros.

Otra analogía entre ambos. Raro que en esta ocasión, las similitudes entre él y Louis dejasen de molestarle.

— Quiere decir que tú…

— Fue en una pelea justa. Nadie creía que un reptil de bajo perfil como yo pudiera vencer al líder de ese entonces…

Louis alejó la vista de su hijo, porque sabía que lo que diría a continuación cambiaría la percepción de Luka para siempre. ¿Valía la pena tomar el riesgo y revelar el más grande de sus pecados? Volvió la vista al joven que tenía enfrente; aquel del cabello azabache entintado de cobalto y que portaba la misma mirada fiera color zafiro de su siempre amada Anarka…

Por supuesto que lo valía.

—…Lo tuve agonizando sobre el suelo. Pero no pude parar. En sus ojos veía que sus intenciones no cambiarían; él iría tras de ti, tras de Juleka y tras de Anarka. Así que golpee, y seguí golpeando hasta que simplemente dejó de respirar.

El frenesí. Ese impulso de rabia que cegaba cualquier pensamiento caval; el sentir la sangre hervir, y que esta quemara mientras corría furiosa por las venas. El verlo todo al rojo vivo, el dejar salir aquel demonio que imperceptiblemente duerme en tu interior: Todo lo anterior Luka lo sabía, porque él mismo lo había vivido en carne propia. En sus recuerdos, aún podía evocar a Erik, a la lluvia torrencial cayendo furiosa y gélida sobre su espalda… y a Marinette: la única en este maldito mundo que lograba una catarsis entera a su faceta más oscura.

Su padre no tuvo a nadie allí. Luka era alguien sumamente afortunado.

—Maté al líder. Lo más lógico hubiese sido que me mataran a mí también. Pero Jerome fue tan odiado que me dieron una especie de absolución; una bastante cruel. Tenía que salir de la ciudad y abandonarlo todo. Sólo así me dejarían en paz y ustedes tendrían la protección de la banda por si algún amigo de Jerome planeaba cobrar venganza. Tomé la opción y aquella pelea quedó borrada de la memoria. Andree tenía quince años en ese entonces; el reptil más joven en convertirse en líder y el que se aseguró de que el secreto fuera enterrado para siempre, como Jerome…

Louis dejó de hablar y un sentimiento profundo comenzó a alojarse en el pecho de Luka; acrecentándose poco a poco. No hacían falta más explicaciones ni fundamentos; porque para Los Reptiles la omnipotencia de su líder era irreprochable; por algo una banda como esa era tan temida y respetada en las calles… De haberse corrido el rumor de que Jerome el temible había sido derrotado por un hombre de bajo perfil, la reputación de la pandilla habría quedado hecha pedazos. No existían bifurcaciones ni segundas oportunidades en esta historia: Louis tenía que desaparecer.

El sonido de su puño hizo un eco que opacó incluso el sonido de las bocinas. El bullicio se detuvo y las miradas curiosas y atónitas giraron al lugar en donde el joven músico se había puesto de pie.

Tantos años, tantos malditos años colocándole en un papel de villano, denominándolo un cobarde y aborreciéndolo de hacer lo que él jamás haría. Cuando en realidad su padre era el maldito héroe de la historia; el ejemplo indiscutible de la palabra valentía y el reflejo de una acción que el mismo Luka repetiría sin titubear. ¿O es que acaso no había quedado claro ya que estaría dispuesto hacer lo que fuera por su musa?

No supo en qué momento pasó. Pero, en un acto mecánico y violento, su padre (quien ya se había levantado también de la mesa) fue jalado hacia él. El abrazo fue largo; un acto desesperado de ambos varones después de una cruel separación que le había dejado cicatrices en el alma. Luka habría llorado, de no ser por aquella tozuda necesidad de mantener a flote el escudo de su fortaleza. Pero Louis sí lo hizo, porque ahora estaba absuelto… Podría morir en paz.

Marinette también lloró. No pudo evitarlo, porque en el rincón del bar desde donde observaba a padre e hijo unirse nuevamente, supo que ahora el último de los demonios que atormentaba el mantra de su esposo había sido aniquilado por completo…

Porque ahora ambos Couffaine recuperaban la oportunidad de seguir adelante.

(Gracias Marianne por esta historia tan hermosa –abraza su almohada y llora-)

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Por primera vez en mucho tiempo, Luka se sintió completo, ya no quedaban huecos ni adeudos, todo el dolor que había tratado de asesinar u ocultar en lo más profundo de su mente ahora tenía significado y, por fin, una nueva posibilidad se abría ante él.

Porque casarse había supuesto un desafío, no porque no amase a Marinette, sino porque estaba el miedo latente de descubrir que era como su padre.

Ahora estaba orgulloso de saber que, efectivamente, él era como su padre. Y entonces la boda a la iglesia era un tema sencillo, así como otros temas se volvían llevaderos. Ser papá por primera vez cruzó por su mente, pero sabía que, con el torneo y el viaje que Marinette debía hacer, esa conversación debería esperar un poco más.

¡Dios! Tenía que hablar con su madre.

No. Tenía que seguir con la velada, ya hablaría con Anarka luego.

Ambos hombres se armaron de valor para volver a sentarse en su sitio.

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—¿Sabes? —Musitó Louis con media sonrisa, después de haber cambiado de tema por enésima vez en la noche, preguntándose cómo era posible que fuera tan distinto y, al mismo tiempo, tuviese tanto en común con el muchacho punk gótico sentado frente a sí, mientras observaba fijamente su cuarto vaso de whisky. —Cuando se enteraron de que venias, los muchachos me preguntaron si podíamos hacer algo a dueto para recibir al año nuevo.

—No lo sé. —Murmuró el guitarrista rascándose la cabeza. —En un bar de jazz no encajo. Ya sabes que lo mío es el rock.

—¡No seas modesto! Te he escuchado cantar.

Luka sonrió ante aquella concesión y asintió para sí mismo, Honestamente le sorprendía muchísimo haber escuchado aquellas palabras viniendo de su padre. Sabía que él viejo Louis lo había buscado y perseguido en algunas ocasiones para hablar con él, recordaba los hechos de la boda al civil y aquella expresión sombría y decadente: Todavía guardo el contacto con la gente adecuada.

Pero escucharle decir que no fuera modesto…

Louis Couffaine era un crítico. Tenía muy claro qué era la buena música, la de verdad. Y para Luka, saber que su padre lo consideraba bueno…

Tragó saliva y asintió apelando al único lenguaje que jamás le había traicionado en la vida. Se levantó tras su padre y ambos se dirigieron al escenario sabiendo que, tal vez por primera vez en dieciséis años, todo estaba justo donde debería.

(Auld lang syne – Petter Hollens)

Luka miró a Louis, sentado al piano a su lado, sonriéndole para infundirle algo de valor. Asintieron al mismo tiempo y Luka dio un paso al frente, hacia el micrófono, al mismo tiempo que Marinette le dedicaba una mirada de dulzura desde su mesa con una taza humeante de ponche entre las manos. Una forma de hacerle saber que estaba ahí con él.

La diseñadora había estado observando en la distancia y había esperado a que desalojaron la mesa para hacer de nuevo acto de aparición, esta vez no tuvo miradas duras ni sonrisas frías para el padre de su esposo, sólo una mirada cargada de curiosidad cuando ambos Couffaine se dedicaron media sonrisa en un gesto tan idéntico que dejó claro que eran padre e hijo, dos hombres iguales.

Ella sonrió ante aquel pensamiento, sabiendo que, por fin, había terminado aquella guerra y Luka comprendía que sí era igual a su padre.

Should old acquaintance be forgot,
And never brought to mind?
Should old acquaintance be forgot,
In the days of auld lang syne?

La voz de Luka tenía esa cualidad, podía llenar los espacios en los que se presentaba sólo con un par de notas, así que el joven se permitió disfrutar de un escenario que no conocía antes de dedicarle un gesto a su padre, sonriendo sin soltarle la mirada mientras él quitaba el micrófono del pedestal y le asentí a, cantando como si sólo ellos dos estuvieran en aquel lugar.

Looking back on all the years gone by
How I loved, how I've lost, and when I cried
The memories in my heart, I will carry with the scars
As my light for my journey on

¿De verdad no había pasado nada? Porque Luka se sentía como si hubiese enfrentado a un dragón por defender su reino, pero en lugar de sentirse abatido, algo lentamente se había anidado en su corazón, ya no sólo era la calidez de su esposa apoyándolo incondicionalmente, no. Ahora sentía que había recuperado un poquito más de su corazón, esas partes frías que no gozaban de los días festivos, esos pedacitos que aún hacían amago de hundirse en la amargura, esos que le habían obligado a recluirse en soledad.

When I picture what the world could be
We are kind, we are one, we are free
There's no hatred in our hearts
And no one to tear apart all the joy
For our journey on

Por un momento, la soledad se evaporó de su vida y las palabras que dijo respecto a las historias de amor se volvieron ciertas. No podía creer que sólo hubieran pasado quince días desde que había hecho público que la boda estaba cerca, y aquella declaración cobró sentido en su mente.

Si mis padres no se hubieran conocido, yo no habría conocido a Marinette, así que pienso que ellos fueron un conducto a largo plazo para que una historia de amor verdadero surgiera. Qué equivocado estaba en ese momento. Porque sus padres no habían sido un conducto para que surgiera una historia de amor, ellos habían sido en sí mismos su propia historia de amor. Cuánto quedaba por aprender para ese guitarrista, que seguía conociendo más y más, otras formas del amor.

Luka levantó la mirada hacia su padre y sonrió cuando Louis acercó su boca al micrófono, haciendo segunda voz, cantando a dueto con aquel muchacho, conteniendo ambos las ganas de llorar, enfocándose demasiado en la melodía con tal de que el agua no se desbordara por sus mejillas, asintiéndose el uno al otro y haciendo las paces de una guerra que nunca existió.

For auld lang syne, my dear
For auld lang syne
We'll take a cup of kindness, dear
For the days of auld lang syne

Luka volvió el rostro a Marinette y sonrió ampliamente, cantando a dueto con ella los últimos versos de aquella canción como una promesa silente mientras la última campanada resonaba a lo lejos, mientras los fuegos artificiales estallaban iluminando el cielo parisino, mientras besos eran intercambiados por todo el lugar y por toda la ciudad. La promesa de una vida mejor.

Let's live in love and kindness, dear
In the days of auld lang syne.

La promesa de un año lleno de bendiciones para ellos.

.

El frío se arremolinó alrededor de él cuando salió a la terraza, el humo del cigarrillo inundándole los pulmones no fue suficiente para hacerle entrar en calor, pero ignoró la sensación y se llevó el teléfono al oído mientras soltaba volutas de humo para que subieran libremente. Dentro del bar todo el mundo se abrazaba recibiendo el año nuevo, pero para él era menester hacer esa llamada, así que dejó a su esposa en compañía de Louis, preguntándose si había sido buena idea hacer aquello.

Marinette se había quedado charlando alegremente, cuestión que sorprendió a ambos Couffaine tras la tormenta que había sido un rato atrás. ¿Cómo era ella capaz de soltar el pasado de aquella forma tan tranquila?

No, Luka no estaba tan sorprendido para ser honestos. Aquello era parte del Efecto Marinette, como él solía decir, así que verlos ahí, ganando confianza, haciendo puntos buenos el uno con el otro no fue tan extraño.

¿Diga? —Murmuró Anarka al otro lado de la línea. —¿Luka? ¿Todo bien?

—Sí, mamá... —Dijo el guitarrista con voz trémula, apenas y se había alzado sobre el ruido del viento, así que el muchacho se aclaró la garganta y repitió. —Sí, mamá. Todo en orden, es sólo que... bueno, me voy a quedar un rato más, Marinette y yo estamos en Primer Piso todavía y...

¿Y qué? ¿Qué seguía en aquella frase?

Luka tragó saliva con dificultad y Anarka sonrió al otro lado de la línea.

Descuida cariño, nosotros apenas vamos a probar el pastel de Tom, dice que su postre de frutas es el mejor de todos los años. Pero mañana los veo a cubierta.

—Sin falta capitana... —Musitó el muchacho con la voz quebrada, diciéndose a sí mismo que si dejaba correr libremente las lágrimas seguro terminaría con las mejillas congeladas. Vaya excusa barata.

Ambos guardaron silencio. Ambos conteniendo las ganas de llorar en ese mismo instante, ambos preguntándose si debían decir algo más o continuar en silencio en aquel espacio.

—Mamá... —Dijo Luka por fin, aún con la garganta cerrada, pero liberando al fin a las lágrimas fugitivas y permitiéndoles conocer su trayecto hacia el suelo. —Je t'aime...

Mi niño... —Murmuró Anarka llorando también, pero sin dejarlo relucir en su voz. —Te amo todavía más... —Dejó correr algunos segundos en silencio y sonrió ampliamente antes de murmurar. —Mañana, puntuales a las dos.

—Ahí estaremos.

Los esperamos a los tres. Dile a Louis que si no llega puntual y con puré...

—Te convertirás en la Capitana Hardrock de nuevo y lo buscarás por los confines de París.