RubyMoon . Li: Un último capítulo bonito antes de que me meta de lleno con el torneo, ya estoy dejando ese tema mucho de lado y la verdad es que hay mucho por planear. ¡Ay! Gracias por el review, de verdad también pienso que valió la pena la espera, a ver qué surge a continuación, nos leemos pronto
Skayue-Chan: Jajajajajaj Marinette conoce a su gato, estoy segura de eso. Ay, la verdad esperamos mucho por la actualización, pero a mí me encantó el trabajo de Mariana, valió la pena la espera. Yo sí lloré cuando leí lo de Louis, digo, sabía que se había ido para proteger a su familia, pero no sabía tanto. Gracias por los spoilers de Persefone, pronto verás un guiño a tus ideas por aquí jajaja
Sonrais777: Que sean dos sillas por favor, también yo me quedé helada cuando leí esa conversación, (de nuevo gracias Marianne E, por los mini infartos), eso dará pie a mucho, espero lo disfrutes
Manu: Gracias por el comentario y por seguir esta historia, y el crédito del capítulo anterior se lo doy todo a Marianne E, la verdad es que sin ella ese capítulo no sería lo que fue.
Marianne E: ¿Qué te digo que no te haya dicho ya? Eres una master para estas cosas, tú dirás lo que quieras, pero mis respetos para la manera en que has evolucionado al escribir, de verdad gracias por esa parte de la historia, que definitivamente es de mis favoritas hasta ahora. Espero esto te guste tanto como a mí me gustó conocer a Jerome y su historia con Louis
Ni modo, voy a repetir música jaja
(Who I am – The score)
Luka pasó un brazo por detrás de la cabeza y con la mano libre se empujó el codo para seguirse estirando. A la par, Marinette extendió un brazo por debajo de su barbilla y usó el libre para estirarse más. Caminaban en círculo, como si se estuvieran midiendo, como si se desafiaran, sosteniendo sus miradas con cierto aire de fiereza.
El parque había estado vacío casi todo el tiempo en que ambos muchachos habían estado haciendo el calentamiento, después de todo era un domingo temprano en la mañana, Luka había puesto una grabadora en medio para marcar el ritmo de sus ejercicios, y poco a poco la gente se había ido aglomerado. No era por la música, y muchos de los presentes ni siquiera habían reconocido a los muchachos (Marinette llevaba un pantalón holgado de chándal pero ceñido a los talones y a la cadera, un top deportivo, con una sudadera de cierre abierta sobre los hombros, el cabello atado en una coleta apretada mientras dos mechones caían enmarcando su rostro; Luka por su parte llevaba un pantalón deportivo, camiseta de resaque negra con estampado de Kitty Section, llevaba el cabello oculto bajo el gorro tejido y, a diferencia de Marinette, iba descalzo), la gente se había aglomerado alrededor de ellos al ver la sincronía con la que se movían.
Tenían tiempo suficiente entrenando juntos como para alcanzar la sincronía, en casa solían hacer ejercicio juntos cuando tenían la ocasión y no querían salir al gimnasio, así que estaban lo suficientemente acostumbrados a la presencia del otro como para parecer un espejo. Pero verlo era un deleite, Luka y Mari lado a lado, moviéndose en tal sincronía que parecían dos gotas de agua mientras hacían calentamiento.
—¿Preparada para morder el polvo, Dupain-Cheng? —Desafió el guitarrista moviendo la cabeza de lado a lado, relajando los hombros.
—¡Claro, Couffaine! ¿Listo para perder el título de invicto?
—Cuando gustes, primor. —Murmuró el muchacho con voz seductora.
Kagami y Adrien habían llegado al parque a la mitad del calentamiento de sus amigos, y se habían sumado al entrenamiento un rato, pero ahora observaban los movimientos felinos de ambos jóvenes.
—Honestamente —murmuró Kagami conteniendo el aliento —, el día de hoy no se por quien apostar.
—Lo sé. —Respondió el rubio tratando de apartar de su mente la sensación de ahogo. Podía compararlo con estar tragando agua salada, y de pronto lo invadió la idea de que podía estarse tratando de una regresión.
—¿Qué esperas, dulzura? —Espetó Marinette divertida, dando saltitos en su sitio para acelerar su pulso. —¿Te cuento hasta tres?
—¿Esperamos el cambio de música?
—Aw, al joven le gusta el ritmo.
—Voy a acabar contigo.
Adrien escuchó aquello y tragó saliva recordando la última vez que Cobra y Ladybug se habían enfrentado, aquella pelea se había sentido personal, peligrosa, letal. Sabía que podían matarse el uno al otro y el agua volvió a su garganta.
Apartó ese pensamiento justo cuando cambió la canción en las bocinas y ambos muchachos se lanzaban al frente.
(Wolves – Sam Tinnesz)
Aunque Marinette había avanzado para crear una finta, Luka no se midió antes de tirar un puñetazo mientras la joven arquea a la espalda y se barría por debajo de su esposo. Se levantó de un salto y tiró una patada circular para despejar su siguiente golpe; justo como ella esperaba, Luka retrocedió en su sitio y ella pudo lanzar la siguiente patada circular, alcanzando el hombro del muchacho en ese gesto.
Sí. Luka dejó que ese golpe lo alcanzara para que Marinette se confiara, y justo como él predijo, logró atrapar a la joven en una llave, pegándola a su pecho e inmovilizándole los codos hacia atrás.
La chica estaba sometida, de rodillas frente a Luka, ambos jadeantes.
—¿Podemos valernos de cualquier medio? —Musitó la joven levantando una rodilla para apoyar el pie en la tierra.
—Nunca dijimos lo contrario.
—Perfecto.
Marinette hizo una finta, levantó la pierna con violencia, como si fuese a patear el rostro de Luka, y aquella amenaza fue suficiente para que el muchacho aflojara el agarre sobre su esposa. La chica se aferró a los bordes de la camiseta de Luka y se levantó trayendo consigo la tela y enredándola en torno al rostro de su esposo, arrancándole un reclamo que no llegó muy lejos ya que recibió una patada en el abdomen que lo hizo caer de sentón.
Luka se recuperó en un movimiento rápido, se quitó la camiseta y se la lanzó a Marinette antes de avanzar tirando puñetazos limpios que la joven evadió hábilmente, retrocediendo hasta la gente, haciéndoles soltar exclamaciones y moverse para dejarles el espacio libre.
A la mayoría de los presentes les costó mucho trabajo seguir el ritmo al que aquellos dos peleaban, Luka haciendo justicia de su apodo de serpiente, Marinette dejando claro por qué era la reina oscura.
Aunque la pelea podría haberse considerado bastante equilibrada, Kagami no tardó en darse cuenta de que Luka sonreía de medio lado mientras daba y recibía los golpes, seguía midiendo a Marinette para saber por dónde atacaría con su siguiente golpe.
No pudo evitarlo. Kagami soltó un grito cuando vio a Luka dirigir su gancho hacia el hígado de Marinette, la japonesa gritó la palabra "cuidado" sin proponérselo, y esa advertencia fue suficiente para que Marinette hiciera un pirouette de ballet y aprovechó el vuelo para patear una rodilla de su esposo, quebrantando su guardia y haciéndole retroceder de nuevo.
—¡Sin extras! —Espetó Luka molesto, mientras bloqueaba con sus manos la siguiente patada que Marinette le había dirigido al rostro.
—¡Perdón! —Exclamó Kagami encogiéndose de hombros, nerviosa por la fiereza de Luka y por las miradas curiosas.
Ahogó una risita discreta al escuchar a uno de los presentes decir "Yo ni siquiera lo vi venir"
Luka por fin conectó un golpe, su codo impactó en las costillas de su esposa haciéndola gemir por el dolor y dar traspiés de espaldas. Estaba sofocada, pero eso no impidió que la chica saltara de espaldas para ponerse a salvo de la siguiente patada de Luka, que había amenazado con aterrizar en el mismo lugar en que acababa de ser agredida.
—Eso va a dejar un moretón. —Dijo Adrien para Kagami, pero incapaz de retirar la mirada de sus amigos, sabiendo que incluso parpadear era perderse detalles.
No mercy, no mercy...
Luka tiró una serie de golpes hacia el frente, Marinette fue capaz de desviar dos de ellos, pero el tercero le dio en el hombro y ella cayó de espaldas, desorientada ante el dolor. Permaneció tendida el tiempo suficiente para que Luka se sentara a horcajadas sobre ella y, al ver la sonrisa soberbia que la joven compuso, el guitarrista supo el error que había cometido.
Marinette levantó las piernas con violencia, empujando con las rodillas la espalda de Luka para obligarlo a moverse. Sin querer, el muchacho se había sentado casi en las costillas de su esposa, dándole espacio para maniobrar.
Marinette trenzó los talones por enfrente del cuello de Luka e hizo palanca con todo su cuerpo para cambiar de puestos. La espalda del guitarrista azotó el suelo, pero el muchacho mantuvo el cuello doblado para evitar el golpe en la cabeza, pronto la chica se libró de aquella llave y se levantó de un salto, alejándose de Luka, sabiendo que su buena suerte no duraría para siempre.
Colette llegó al lugar justo a tiempo para ver a Luka saltar para ponerse en pie y amenazar con avanzar.
—Mira nada más... —Dijo la reptil llamando la atención de Luka, desconcentrándolo un instante puesto que él sabía que ese día les darían la información del tercer integrante de su equipo.
Marinette no pudo detenerla. Había lanzado una patada circular que aterrizó en la mandíbula de Luka, derribándolo en ese gesto. El muchacho cayó de costado y se talló la piel, percatándose de que estaba cubierto de tierra.
—Tranquila, Fa Mulán... —Exclamó Luka, ofuscado, frustrado por el dolor que sentía.
—¡Perdón! —Gritó Marinette arrodillándose al lado del muchacho mientras Adrien le lanzaba a Luka su botella de agua helada para sujetarla contra su rostro. —Lo siento tanto, cielo. No pude detenerme.
—¿Te habrías detenido? —Murmuró el muchacho confundido. Él mismo no había frenado uno solo de sus golpes, no merecía que Marinette lo intentara siquiera.
La joven se encogió de hombros, como asintiendo, como disculpándose, componiendo una mueca que asemejaba bastante a una sonrisa.
—Deja que se hinche. —Sugirió Colette mientras la gente comenzaba a hablar por lo bajo, doblando las apuestas. —Eso le vendrá bien al video nuevo.
—Qué linda. —Refunfuñó Luka desviando la mirada para no hacerle caras a Colette. —En fin. Vamos declarando esto un empate.
—¡¿Empate?! —Espetó Marinette irguiéndose en su sitio. —Te derribé.
—Con ayuda.
—No importa eso, te derribé dos veces.
—No cuenta cuando te avisan.
—Adrien trató de avisarte a ti, pero no escuchas cuando peleas.
—Me niego a perder mi título cuando recibiste ayuda.
—Lo cierto es que te derribó. —Puntualizó Colette agachándose al lado de Luka con una sonrisa de oreja a oreja. —Técnicamente ganó.
—Exijo la conclusión de esta pelea. —Espetó el muchacho. —Me niego a declararme derrotado cuando las circunstancias favorecían a mi esposa, no fue una pelea justa.
—Eso además de que se mueven como una unidad. —Apuntó Adrien sentándose al lado de sus amigos mientras la gente se dispersaba, alegando que, aparentemente, no habría más pelea esa mañana. —Parece que se leen la mente, bro. No te has movido y ella ya te está esquivando.
—Podría ser más rápida que Cobra. —Comentó Kagami sentándose en los talones y arrancándole una carcajada a Colette.
—Dices eso porque no lo has visto pelear en vivo.
—Una vez. —Murmuró Kagami pensativa. —Lo transmitieron en las noticias. Es rápido... pero Marinette no tiene miraculous. Si ella tuviera los poderes de Cobra, sería diez veces más rápida.
—Eso es algo que me gustaría mucho ver. —Admitió Luka sonriendo para su esposa. —Podría hablar con esa vieja víbora y pedirle su prodigio para tratar.
—Oh, y seguramente ese vengador sanguinario te lo va a dar encantado de la vida. —Espetó Colette cruzándose de brazos y meneando la cabeza en un gesto excesivo.
—Seguramente me haría llamar Reina serpiente o algo así. —Murmuró Marinette desviando la mirada hacia el cielo, observando las nubes que avanzaban perezosas. —No soy muy creativa para los nombres de los súper, no sé de dónde sacan la inspiración para adquirir poderes y decir: Hola, llámame Viperion.
—Ya mucho con Viperion ¿No? —Espetó Luka haciéndole muecas a Marinette, consiguiendo que la pelinegra rompiera en risas discretas y educadas.
—¿Celos de Viperion? —Insinuó Adrien divertido.
—La señorita es fan. —Espetó Luka mirando a su amigo. —¿Qué harías tú si por Kagami desayunaras, comieras y cenaras notas de Chat Noir?
—Nah, no mi... —Murmuró Adrien confiado, dedicándole una mirada a Kagami a la par que la oriental desviaba la mirada y componía una mueca, apenada. —¿Es en serio? —Comentó Adrien, fingiendo pasmo. —¿Chat Noir?
—¿Lo has visto defender París? —Murmuró la japonesa tomando una mano de su novio. —Él y Ladybug son la pareja perfecta para ese trabajo, siempre atentos a los akumatizados y a sus sentimientos cuando vuelven en sí. Es un héroe.
—Bro —llamó Luka, frustrado —, nos van a cambiar por los héroes.
—No pueden culparnos. —Objetó Marinette tomando las manos de su esposo y sonriendo de oreja a oreja. —O me vas a decir que no te gusta Ladybug...
—Nah. —Soltó Luka acariciando el rostro de Marinette. —Prefiero mil veces un rostro que puedo apreciar sin tapas ni engaños. —Marinette sonrió suspirando ante aquella confesión de amor, y luego su expresión se descompuso en una mueca de incredulidad por cómo terminó la frase de Luka, lasciva y sugerente. —Además, Multimouse está...
—Bueno ¿significa que gané? —Inquirió Marinette puntualizando su disgusto.
—Marinette Dupain-Cheng, qué terca eres. —Espetó Luka divertido.
—A ver, no vine hasta acá para escuchar pleitos de pareja, para eso me hubiera quedado con Dean y Lana. —Espetó Collette, ofuscada de saberse ignorada. —Vine a decirte que nos van a asignar al tercer compañero en el bar.
La mirada de Luka se ensombreció un instante, el guitarrista bajó el rostro sin soltar la mirada de su ex novia, esperando la tormenta.
Sí Andree Dumont podía complicar algo hasta lo imposible, lo haría encantado de la vida, sólo por ver sufrir a sus súbditos más leales.
—¿Y? —Espetó el guitarrista ante el mutismo de la chica.
—Nos esperan mañana en Les reptiles para el veredicto. Medianoche.
—Ahí estaré.
.
Habían dejado el parque para asearse un poco, ese día comerían en el Liberty en compañía de la familia de Luka. Juleka había terminado su primera gira como modelo y acababan de ofrecerle un contrato por cinco meses más, así que querían celebrarlo, también iniciaría pronto una gira de Luka con su primer disco como solista, así que querían aprovechar el tiempo que les quedaba juntos.
Ahora, Luka había hablado con su hermana para hacerle saber que Louis quería hablar con ella.
Y él motivo por el que la joven había accedido era el hecho de haber visto la mirada esperanzada de Luka ante aquella posibilidad. Un gesto infantil y anhelante, el rostro de un niño que pide permiso para salir a jugar luego de haber estado enfermo unos días, el gesto del niño que sabe que todavía le duele la garganta, pero los charcos se evaporan.
Luka y Marinette llegaron relativamente temprano, y aunque el muchacho quiso ofrecerse voluntario para acomodar la comida, la voz de Anarka resonó fuerte y claro para su hijo.
—¡Luka Couffaine aléjate de la cocina! La última vez creaste un desastre natural.
—¡Ma! —Reclamó Luka volviendo a poner el bowl de cristal tan cerca de la orilla que, de no ser por las manos hábiles de Marinette, se habría estrellado en el piso.
—Juro que ha mejorado desde que me lo entregaste. —Defendió Marinette con una sonrisa enamorada.
—Gracias a las habilidades de mi esposa, no sólo se ha usado al cien por ciento mi cocina, sino que fui capaz de preparar una tarta.
—Una tarta de manzana. —Interrumpió Marinette sin darse cuenta, mirando a Luka con los ojos llenos de luz. —¡Dios! Ni a mí me quedan tan buenas.
—Es que les pones mucha canela, cielo. —Murmuró Luka acariciando el rostro de su musa mientras sonreía de oreja a oreja, olvidándose de las miradas de escrutinio que Anarka las dedicaba, divertida ante el embeleso que envolvía a los muchachos.
—Quién diría que te convertirías en un romántico. —Murmuró Anarka sin darse cuenta de aquel hecho.
—Madre, siempre fui un romántico empedernido. —Reclamó Luka abrazando a Marinette por los hombros mientras la chica se sonrojada bajando la mirada y ocultando una sonrisa tímida.
–Sí, para componer.
—Dame un poco más de crédito. —Pidió el guitarrista, divertido al sentir el calor en el rostro de su musa, resultado de su sonrojo.
El teléfono de Luka vibró en su bolsillo y Marinette se vio salvada por la campana, agradeció aquello saliendo hacia el horno para sacar la comida mientras Anarka comenzaba a deshojar una lechuga en un plato de vidrio.
Luka rodeo el barco hasta la tabla de entrada y sonrió al ver ahí a su padre, con un ramo de flores en los brazos y una bolsa de súper mercado en la otra, frutas en almíbar.
El guitarrista se sorprendió muchísimo al darse cuenta de que su padre recordara los duraznos en almíbar, siempre los favoritos de Anarka, y tuvo que recordarse por enésima vez que Louis Couffaine no era un cobarde que hubiese ido, sino un héroe que los había protegido a costa de su propia felicidad.
—Hey… —Llamó despreocupado el muchacho, recargando las manos en la baranda y sonriéndole a Louis. —¿Te ayudó con eso?
—¡Luka, hola! No, yo… sí, yo…
—¿Nervios? —Inquirió el guitarrista tomando los enlatados en su mano mientras su padre se acomodaba el sombrero pachuco y cambiaba las flores de una mano a la otra.
—Me siento como la primera vez que la invité a salir. —Admitió aquel hombre sonriendo con franqueza para su primogénito, percatándose de que también am menor le sudaban las manos.
—Vamos, fue ella la que te invitó a venir hoy. No es como que no quiera verte.
—Ya, ¿sabes tú cuanto pesan quince años de explicaciones no dadas?
—Pues resulta que soy experto en el tema. —Objetó Luka divertido, tratando de alivianar la tensión y consiguiendo el efecto opuesto justamente.
Louis tragó saliva, y aunque ya iba a medio camino por la plancha para subir al Liberty, se dio media vuelta de forma abrupta, golpeando a Luka con las flores por accidente y haciéndole tambalear.
El guitarrista se colgó la bolsa al brazo para poder tomar a su padre por los hombros y obligarlo a girar de regreso.
—Couffaine a final de cuentas. —Se quejó el joven guitarrista, reprendiéndose por su olímpica torpeza con las palabras, y por cómo todo había estado a punto de irse al carajos por su desliz. —Era una broma.
Louis le dedicó una mirada de reproche a su hijo, un puchero infantil que consiguió que el menor sonriera con franqueza.
—Qué amable persona resultas ser. —Espetó el saxofonista, huraño.
—Bueno, eso me saca de toda duda, tampoco a ti podría haberte pedido consejo para pedirle matrimonio a mi esposa.
—Ah, eso me encantaría saber. ¿Cómo fue el discurso romántico? —Indagó socarrón el viejo jazzista, suponiendo que su hijo seguramente había compuesto una canción o se había trabado mil veces al tratar de hilar una frase congruente.
El sonrojo en las mejillas de su hijo le dio la falsa pista de que iba por aquellos rumbos, dicen que el que calla otorga, así que el guitarrista, recordando la forma en que se había adueñado del cuerpo de su musa en su departamento, ambos desnudos ante el piano, con la luz de la luna delineando sus siluetas, decidió dejar creer a su padre que tenía razón al respecto.
—Algo así... Digamos que tartamudeé.
—¿Qué tendremos los Couffaine con las palabras? —Murmuró al final Louis para sí mismo, con la mirada perdida en el suelo del Liberty, atravesando la cubierta techada para llegar hasta la popa, donde acomodaban las mesas para comer al aire libre.
Levantó la mirada. Tal vez ese fue su error, levantar la mirada antes de tiempo. Porque al hacerlo, vio a Anarka de espaldas a él, tarareando una canción por lo bajo, tan bajo que su voz apenas se alzaba sobre el sonido del Sena golpeando contra los costados del barco, arrullando un día solitario con su música silente.
Claro que había pasado el tiempo. La melena rebelde de aquella mujer ahora estaba vedada por tonalidades de grises que matizaban su belleza, tenía arrugas en el rostro, usaba lentes puesto que ya no veía como cuando era joven, pero no por eso era menos impetuosa, al contrario. Sus movimientos eran arrebatados y vivaces mientras se deslizaba por la cubierta del barco, de una mesa a la siguiente, sus manos se movían a toda velocidad, sin reparos, sin dudas, su actitud seguía siendo la de una rebelde.
Seguía siendo la misma Anarka a la que había dejado casi dieciséis años atrás.
¿Seguiría siendo su nana?
Louis recordaba el incidente de Capitana Hardrock, cómo olvidar la manera cruel en la que habían tomado a su más grande inspiración hasta convertirla en un adefesio, un monstruo de fines egoístas que ni siquiera le pertenecían a ella. Porque Anarka amaba la libertad, y esa misma mujer había sido manipulada para poner cadenas a los que se opusieran a ella.
Ahí estaba, la misma mujer dulce y divertida que lo había enamorado en otra vida.
—¡Ay, Dios! —Murmuró pasmado ante la idea de verla de nuevo, de estar en el mismo barco que ella una vez más. —Ahí está...
No pudo con tanto y, por enésima vez en el día, se dio la vuelta e hizo ademán de huir.
¿Qué le iba a decir? ¿Que lo perdonara?
Esta vez ni Luka podría arrastrarlo de regreso al barco, su huida era inminente.
Y De camino a la proa, Louis vio la vieja guitarra que había obsequiado a Luka en su cumpleaños, la última guitarra que le había obsequiado antes de sellar para siempre su destino y tener que huir.
Si no se hubiera detenido dos segundos más a observar la guitarra, no habría reparado en que Marinette, recargada en el marco de la puerta del baño, lo observaba mientras se secaba las manos con una toalla pequeña y una sonrisa en las manos.
—¿Sabes? —Murmuró ella dejando la toalla en su lugar y comenzando a caminar hasta Louis, tomando la guitarra a la pasada. —El día de nuestra boda al civil, él tomó esta guitarra entre sus brazos y la usó para componer por primera vez en años. Nunca lo había visto tocando esta guitarra, era una especie de tabú. Y la tiró y la recuperó tantas veces que perdí la cuenta. Pero aquí estamos, considerando las segundas oportunidades.
Entregó la guitarra a manos del jazzista e hizo ademán de salir, sin embargo, se detuvo de nuevo en la puerta y volvió el rostro con una sonrisa.
—Luka dice que te superó con la guitarra hace mucho, y no sé qué creer.
Sin darse cuenta de cómo o por qué, Louis también había caído preso en el efecto Marinette. Sonrió, tomó una respiración profunda, asió la guitarra con fuerza y volvió a la proa, pensando a toda velocidad qué hacer.
Era un Couffaine, eran malos con las palabras.
¿Qué iba a decir?
Y cuando las palabras fallaban, sólo quedaba una aliada leal y poderosa a la que recurrir.
Apresó el ramo de flores entre el cuerpo de la guitarra y su pecho, respiró profundo y volvió a salir, encontrándose de nuevo con la espalda de Anarka mientras Luka y Marinette revoloteaban a su alrededor, dejando la mesa puesta.
El primer rasgueo no fue nada, se lo atribuyeron a los músicos de acera, pero cuando la voz de Louis hizo acompañamiento, el plato saltó de manos de Anarka hasta el suelo y ella se quedó helada en su sitio, con la espalda tensa, con los hombros rectos, con expresión de sorpresa y ganas de llorar.
L is for the way you look at me
O is for the only one I see
Louis se acercó a pasos calmados mientras Anarka giraba lentamente sobre su propio eje, con una mano en la boca, tratando de ocultar su sorpresa.
V is very, very extraordinary
E is even more than anyone that you adore can
Para este punto, también los ojos de Louis se habían anegado, pero no permitió que la emoción superara sus intenciones de pedir perdón, así que se hizo con lo mucho o poco de fuerza de voluntad que le quedaba y mató la distancia con Anarka hasta quedar a un paso, señalándole las flores con la mirada.
Love is all that I can give to you
Love is more than just a game for two
Anarka tomó las flores al mismo tiempo que Luka se hacía de otra guitarra y comenzaba a hacer segunda a su padre, dándole espacio para poder olvidarse de los acordes, por si llegaba a equivocarse. Que a como veía Luka a sus padres, cualquiera de los dos rompería en llanto en cualquier momento.
Two in love can make it
Take my heart and please don't break it
Love was made for me and you
Rápidamente Luka se hizo del control total de la melodía, Anarka había comenzado a cantar a la par del jazzista mientras él dejaba la guitarra a un lado y le sonreía. De pronto las ganas de llorar se habían ido y ambos se miraban como un par de adolescentes enamorados.
L is for the way you look at me
O is for the only one I see
V is very, very extraordinary
E is even more than anyone that you adore can
La música había llenado la cubierta, Louis y Anarka se bamboleaban por todo el espacio disponible mientras Luka y Marinette los miraban embelesados, disfrutando de aquella escena romántica ocurriendo a las orillas de río Sena, cualquier domingo en París.
—Dios... —Murmuró Luka recargando la sien contra la coronilla de Marinette mientras ella le abrazaba el costado. —Juro que a esa edad seguiré así de enamorado.
Love is all that I can give to you
Love is more than just a game for two
Two in love can make it
Take my heart and please don't break it
Love was made for me and you
Love was made for me and you
Love was made for me and you
Fue como si el tiempo no hubiese pasado, como si Louis hubiese vuelto un domingo por la tarde después de alguna de sus giras o eventos, como si aquel hombre volviese a casa luego de un fin de semana agotador, cansado como para seguir, pero feliz porque estaba de vuelta en su refugio.
Y cuando la música terminó, lo único que quebrantó la paz del momento fue el llanto de Juleka, que había llegado sin que la notaran y ahora estaba de rodillas llorando desconsolada, sintiendo que todo volvía poco a poco a su vida, sintiendo que lo roto se reparaba, sintiendo que ya no tenía por qué pelear.
—Ay, no, cariño... —Murmuró Anarka soltando a Louis, pero moviéndose ambos al mismo tiempo.
—July...
Se arrodillaron lado a lado de la joven, abrazándola por los costados, murmurando frases de consuelo, promesas de que todo iría bien, llenándola de caricias y de besos hasta que, poco a poco, la chica se aferró a las manos de sus padres y fue serenándose, componiendo una sonrisa.
Luka había estado esperando, demasiado sereno, demasiado dueño de sus emociones, volviendo a ocultar todo bajo una careta de estabilidad hasta que supiera que era seguro acercarse, y entonces se sentó frente a ellos con las piernas cruzadas y acarició la cabeza de su hermana, arrancándole una sonrisa infantil mientras le revolvía el cabello.
—¿Ves July? Todo está bien ahora.
—Sí. Todo lo está. —Murmuró la joven recargando la mejilla contra la mano de su hermano mientras sus padres le dedicaban una mirada de gratitud.
Ninguno se dio cuenta de que Marinette les había hecho una foto, no tenían por qué saberlo, la guardaría para un momento especial, por ahora, aquel espacio era sagrado de ellos, así que, discretamente, ella entró al barco y sonrió dejando que Tikki y Mullo salieran de su bolsillo.
—Qué hermoso reencuentro. —Murmuró Tikki con los ojos anegados mientras Mullo se sentaba en el hombro de su portadora y Sass los alcanzaba dentro.
—Ahora mass que nunca necsessitan essstar juntoss.
—Se avecinan cosas difíciles. —Coincidió Mullo bajando el rostro. —No creo que dejen a Louis estar tranquilo ahora que Luka pelea por la absolución.
—Posiblemente le hagan daño para que Luka renuncie. —Murmuró Tikki cayendo en cuenta.
—Luka esss fuerte. El másss poderosso portador de la sserpiente que haya tenido en ssssiglossss.
—Hey, el día de hoy estamos celebrando. —Interrumpió Marinette sonriendo para los kwamis. —No hay motivos para estar tristes el día de hoy.
Marinette dedicó una última mirada a los Couffaine antes de darse la vuelta y dirigirse a la cocina por algo de tomar.
Después de todo, la familia necesitaba otro momento ahí, con una niña pequeña muy asustada puesto que se levantaba de una pesadilla, con un hermano mayor protector que no dejaba de recordarle que estaba a salvo, con unos padres cariñosos cubriéndola de besos.
Aquella escena era un deja vu para los Couffaine, puesto que, muchos años atrás, en una noche de tormenta, un año antes de que Louis tuviera que abandonar su único refugio, Juleka había despertado asustada al sentir el bamboleo en su camarote, sintiendo pánico puesto que sus muñecas habían caído de la cama, sintiendo terror al escuchar los truenos retumbando en la lejanía. Y al igual que aquella noche, Anarka y Louis no habían dudado antes de salir corriendo para cubrir a su hija, lo mismo que Luka, que no sólo había llegado hasta el camarote de su hermana para protegerla, sino que le había regalado su oso de peluche más querido, prometiéndole que era a prueba de rayos y de fantasmas.
La escena era idéntica. Los Couffaine, los cuatro, abrazados muy cerca unos de otros, como gatitos amontonados en su rincón, o un nido de serpientes, todos enroscados, una familia feliz, unida, dispuestos a defenderse unos a otros, sabiendo que debían estar juntos contra toda tormenta.
