Kami: Lo prometo, ya estoy terminando con los pendientes pesados, en esta semana me pongo al corriente con tus escamas de dragón, porque no sabes cómo lo extraño, y también a ustedes (inserta corazones por aquí), la verdad es que la llegada de Adrien fue algo que planeé para que fuese confuso y atropellado, así que me da buena espina que te haya tomado por sorpresa. Ya estoy preparando la actualización, escribiendo en el camión y así, y también te quiero un montón!

Scar: Qué te digo, todavía te debo el fantasma de la ópera y a Frolo, pero te lo prometo, haré que valga la pena haber esperado tanto. Diosssss Perséfone! No sabes las ganas que tengo de hacerle algunos cuantos montones de guiños a ese capítulo, pronto, ya lo verás, ya tengo uno o dos planeados que sé que te van a gustar. Our last night hizo que esa canción se reivindicara conmigo, lo juro jajajaja. Perdón, espero poder hacer un poco más autoconclusivos los capítulos a partir de que inicie formalmente el torneo, nos leemos!

Sonrais777: Explicación en camino, prometo ir develando qué pasó en ese capítulo, perdón por la demora, pero ya estoy de regreso, y espero que para actualizar con la misma velocidad de antes, con más intensidad todavía.

RubyMoon . Li: Sí, pronto correrá sangre amiga, sólo esperemos que no demasiada, todavía no estoy preparada para matar /no matar a mis personajes otra vez jajaja, pero de que se pondrá intenso, se pondrá intenso, ahora sí, empezamos el torneo con todo, espero que este arco te guste tanto como los otros (o más de ser posible); he vuelto, y con buen ritmo, espero.

Manu: Lo de dejar el cuadro amoroso, creo que es una especie de fanservice, parece que esas dos combinaciones son las que más le gustan a la gente. De Watt no estoy muy enterada, como casi no había movimiento en mis historias ahí, preferí volver a FF. No soy fan de los haters y, honestamente, sé que he cambiado un poco las personalidades de algunos de mis personajes, pero están bien justificados, si vas a llevar a un personaje OOC, entonces que valga la pena, aunque yo prefiero mantenerlos fieles a los originales, cuando siento que me he ido muy lejos vuelvo a ver mis capítulos favoritos de la serie.

Marianne E: Bueno, espero responder a todas tus dudas en este capítulo, además de la compensación por mi ausencia, aunque no abordo todavía lo de la vida en Italia, pronto abordaré esta idea en sueños y pesadillas, a ver qué sale. Te echo de menos, sea como sea, ya sabes que estoy aquí para lo que requieras. No me mates por favor, prometo portarme "bien" con los capítulos que vienen a continuación. Te quiero!

ALERTA LEMON


(Venom – Icon for hire)

—Evan no ssssse merecssssía eso y lo ssabesss… —Fue lo primero que Sass pronunció cuando el viento arreció en torno a ellos.

—No, Sass. —Suplicó Tikki interponiéndose entre los kwamis, aterrorizada. —No dejen que esto nos afecte, lo hemos hecho bien hasta estas alturas.

—¿Evan? —Espetó Plagg con sorna mientras barría a Sass con la mirada, por encima del hombro de Tikki. —Ah, sí, se me olvida que el niño de la serpiente es más importante que los portadores originales. Los únicos que son necesarios para mantener el orden.

—Sssí, me imagino que debe sser todo un honor haber ssido portado por un gato negro que traissscionó a ssu compañera y la confinó a un calabozsssso.

—¿Qué dijiste? —Musitó entre dientes Plagg.

—Marinette ha desspertado tresss nochesss sseguidass gritando el nombre del essspañol, llorando desssesssperada.

—¿Por qué no me habías dicho nada? —Murmuró Luka en un tono de acusación que no dejó claro a quién le hablaba, al kwami o a su esposa.

—Luka, para —suplicó la joven avanzando unos pasos hacia su esposo y entrelazando sus dedos con los del muchacho mientras otro rayo atravesaba el cielo con violencia, como un prefacio de la tragedia.

Luka pareció volver en sí, se sintió como despertar de un letargo, y la cruda moral no se hizo esperar. Tenía los puños apretados con tal fuerza que se había hecho sangrar las palmas, dispuesto a alzar su furia contra su hermano y llevarlo hasta las últimas consecuencias, y aunque Adrien tenía la mirada relativamente despejada, pronto Luka se dio cuenta de que no era dueño de sus propias emociones, ni siquiera su estilo de vestimenta le pertenecía en ese momento, era una réplica humana del propio Plagg.

—Sass —llamó el guitarrista al caer en cuenta de qué estaba pasando. —A mi bolsillo, ya.

La serpiente obedeció a la petición de su dueño, percatándose de que, a pesar de ser una orden, no tenía esa intensión. Sass era libre de elegir quedarse a plantarle cara al kwami de la destrucción, pero esa misma libertad que le ofreció su portador fue lo que le hizo volver en sí.

Antes de obedecer, Sass miró a Tikki con una disculpa silente, miró a Plagg, miró a Adrien apenado, y murmuró: —Las emociones que tengo son por Evan, alguien que ya no vive y por quien ya no puedo hacer nada. Lo lamento, he fallado.

—Tikki. —Llamó Marinette sin aliento, suspirando aliviada al ver a su diminuta compañera ocultarse en los bolsillos de su propia chamarra.

Plagg se ocultó a tiempo para evitar ser visto por Louis, que llegaba al callejón al percatarse de que su hijo se encontraba ahí.

—¿Algún problema? —Espetó el viejo reptil estirándose en toda su estatura, dando un aura sombría mientras hacía tronar ruidosamente los nudillos de sus manos, avanzando determinado a defender a su familia, o al menos había sido así hasta que logró reconocer el rostro fúrico del mejor amigo de su hijo. —¿Pasó algo? —Cuestionó al final, confundido al ver la fiereza en la mirada de ambos muchachos, sumada a la súplica en los ojos de Marinette.

—Pasó que, al igual que tú —escupió Adrien con tanto resentimiento, con tanto odio que sus palabras parecieron destilar veneno líquido —, tu hijo es capaz de abandonar a su familia a su suerte.

Lluvia.

Llovía en París.

El agua helada caía a raudales sobre ellos, estaban empapados antes de darse cuenta de que había comenzado a llover, pero ni siquiera el agua helada fue capaz de hacer a Adrien entrar en razón.

—Tú dijiste que las emociones de nuestro amigo en común eran abrumadoras —dijo Luka señalándose el corazón, el lugar en donde había visto a Plagg ocultarse. —Por el bien de todos, espero que este incidente del Chat no se repita.

Un petit chat sur le toit seul sans sa Lady… —Marinette no pudo evitarlo, la melodía escapó a su boca sin que ella se lo propusiera, ni siquiera estaba segura de dónde venía la canción o si la estaba cantando correctamente, pero Adrien sintió las lágrimas aglomerarse tras sus ojos hasta desbordarse por sus mejillas, inundando su rostro, quebrantándole el alma.

—Esto está mal. —Coincidió el rubio retrocediendo un paso.

—Papá… —Llamó Luka mirando a Louis de reojo, dedicándole una sonrisa serena. —Por favor entra, en seguida te digo para qué te llamé.

—¿Está bien si los dejo solos? —Dijo aún receloso.

—Descuida, Louis. —Prometió Marinette poniendo una mano en el hombro de su esposo y sonriendo confiada. —Estamos bien.

El aludido permaneció unos segundos en silencio, preguntándose si la chica hablaría en serio o sólo trataba de mantener al hombre calmado. Al final fue la sonrisa tranquila de la chica lo que le hizo desistir de tratar de adivinar.

—Colette está adentro. Que te explique mientras tanto —añadió el guitarrista cuando por fin vio a su pare avanzar unos pasos hacia la entrada del establecimiento.

Tikki y Plagg se movieron al mismo tiempo, en cuanto el callejón se quedó solo, ambos kwamis salieron disparados al encuentro del otro, abrazándose casi con violencia, temiendo no tener suficiente fuerza para aferrarse al abrazo del otro, temiendo no tener tiempo suficiente para estar juntos, temiendo que los separasen en el acto, pero en lugar de eso, Luka abrazó a Marinette por los hombros con fuerza, refugiándola contra su pecho mientras Adrien soltaba el aire retenido.

—¿Qué demonios? —Murmuró el rubio en medio de un suspiro.

—Sintieron las emociones de los kwamis. —Explicó Mullo saliendo del collar de Marinette y dedicándole una mirada larga a Luka, como preguntando, como pidiendo permiso.

—Sass no quiere salir —explicó el músico. —No pienso obligarlo.

Mullo asintió y, en un movimiento veloz, se metió al bolsillo de su compañero, ignorando las palabras de Luka.

—Perdóname, terroncito —suplicó Plagg acariciando la cabeza de Tikki con aires protectores, dulces, culpables, cómplices. —No pude evitarlo, Adrien ha estado viendo al Gato Negro en sueños, me ganaron las emociones.

—Lo sé —sollozó ella en respuesta. —Marinette también ha estado viendo a la Mariquita, no pudimos evitarlo, pero ellos no tienen la culpa de nuestras decisiones.

—¿Es la pesadilla que no me cuentas? —Inquirió Luka dulcemente, con la boca pegada a la coronilla de Marinette.

—Estoy presa en una prisión construida en México para los desertores, es época colonial, soy la portadora del Miraculous de la buena suerte y el portador de la mala suerte es un español que sirve a la corona, me acaba de entregar luego de prometerme que pelearíamos por las causas justas.

—Yo no puedo creer que te haya traicionado —continúa Adrien acongojado —, así que de pronto la idea del suicidio de Cortez no parece tan descabellada, pero lanzarme a la jungla sin mi kwami parece un mejor castigo.

—Sus emociones son tan fuertes… —Suelta Marinette antes de aferrarse al pecho de Luka y llorar amargamente. —No puedo evitarlo, me ciegan.

El guitarrista la apresó tratando de contener con toda la fortaleza que tenía en ese momento el dolor de su esposa, pronto sus ojos fueron a dar a la figura cansada de Adrien, que tenía la espalda encorvada, los hombros caídos, temblaba levemente, llorando por aquello. No pudo evitarlo. Luka abrió un brazo llamando la atención de Adrien, consiguiendo que el rubio se acercara a pasos cautelosos, como si temiera el rechazo de aquellos dos. Pero los brazos de Marinette y Luka se cerraron en torno a él, cobijándolo de la lluvia con su calor, aislándolo un momento del dolor.

—Tenemos que ir al templo cuanto antes. —Murmuró Marinette serenándose, ocultando a los kwamis en su bolso.

—Acabaré con este torneo lo más pronto posible, así podrán irse sin preocupaciones. —Prometió Luka antes de soltarlos a ambos para tomarle el rostro a su esposa y plantar un beso desesperado en su boca, suplicando perdón por su alma, sabiendo que la única razón por la que ella no partiría antes era porque se aseguraría de respaldarlo en esa batalla pendiente.

—¡Hey! —Llamó Colette desde la puerta de acceso, preocupada por la escena que tenía frente a sus ojos. —Se nos termina el tiempo.

—Lo sé. En seguida te alcanzo.

Colette cerró dando un portazo con violencia, sabiendo perfectamente que Luka no entraría de regreso hasta que no aclarase las cosas con su gente, odiaba y amaba esa parte de él, sabía que nada sacaría a Luka de su callejón hasta que se sintiera en un acuerdo con ellos.

—No sé si quiero que vayas a casa —admitió el guitarrista acariciando el rostro de Marinette.

—Necesito hacer algo, moverme, no me siento como para estar encerrada. Tal vez salga a patrullar.

—Marinette… —Llamó Tikki avergonzada, bajando la mirada. —Si en este momento tomo posesión de los miraculous temo que mis emociones nos sobrepasen a ambas. No puedo controlarme, no puedo dejar de sentir el terror y la rabia.

—Yo podría —soltó Mullo saliendo de su escondite, mirando a los tres portadores. —Puedo mantenerla a salvo, el sello sigue activo en mí y no hay emociones de caos en mi mente en este momento, al menos podría ser de utilidad para la guardiana de los miraculous esta noche, y darle algo de paz a los otros kwamis que nos han protegido tanto tiempo.

—No lo sé…

—Si está con Mullo —dijo Sass tímidamente desde el bolsillo de Luka, aún incapaz de dar la cara frente a sus amigos —, será más fácil para mí encontrarla si está en algún lugar de la ciudad.

Luka suspiró profundo, mirando a Marinette con angustia en la mirada.

—Puedo mantenerla a salvo de sus propias emociones —prometió Mullo sentándose en el hombro de Marinette y poniendo una mano en su cuello con un gesto tímido y amable. —No puedo aislarla de las mías, pero eso no tiene nada que ver con los conflictos de antaño. Estará a salvo.

—Estaré bien —prometió la joven sonriendo para Luka, tratando de infundirle valor.

—¿Y tú? —Espetó el guitarrista mirando a Adrien con cierto recelo.

—No tan mal —aseguró suspirando. —Pronto todo volverá a la normalidad, ya me siento mejor.

—Entonces debo irme para poder ponerle fin a todo esto. —Luka tomó el rostro de Marinette entre sus manos, dedicándole una mirada tan intensa que la joven sintió un escalofrío recorrerla de pies a cabeza, porque aquella mirada era la promesa de que no se detendría hasta volver a poner todo en su lugar para darle una vida tranquila. —Te amo, Marinette.

—Ni la mitad de lo que te amo a ti. —Prometió la chica antes de levantar el rostro y devolver el beso, apasionado, dulce, seductor, sincero.

.

(Burry me alive – We are the fallen)

Colette fue la primera en entrar a Les Reptiles. Luka entró segundo, lado a lado con su padre, levantando susurros entre todos los presentes. Incluso quitaron la música de las bocinas y el guitarrista sonrió déspota cuando Andrée se dirigió hacia él, furioso, con la mirada cautelosa, el paso apretado, consciente del nerviosismo de Louis, que claramente no quería estar ahí.

—¿Qué está pasando, Couffaine?

—¿Qué parece que pasa, Dumont?

Un muchacho aterrizó en una mesa cercana a ellos, llamando la atención de los recién llegados, una pelea se llevaba a cabo en medio del bar, así que Luka supuso que aquello debía ser la prueba que determinaría quién sería el tercer miembro del equipo. Los peleadores no dejaron lo suyo, siguieron moliéndose a golpes mientras la música volvía a ocupar las bocinas y Andree le hacía un gesto con la cabeza para que salieran del bar.

¿Cuántas veces no habían estado en ese mismo callejón, teniendo conversaciones complicadas que determinarían el rumbo que tomarían sus historias?

Pero esa noche no había nieve.

La tormenta había amainado, ligeras gotas de aguanieve seguían cayendo por toda la ciudad, pero ya no eran suficientes para mojar a una persona que paseara en la calle. Aun así, Luka tenía la ropa empapada por haber permanecido en el callejón con la tormenta, pero ni siquiera se inmutó cuando un ventarrón llenó el callejón, consiguiendo que Andree se estremeciera y cerrara su chaqueta con más fuerzas mientras le dedicaba una mirada de escrutinio a su favorito, que parecía estar a punto de perder el título.

—Dame una explicación que sea tan buena que no te mate en este instante —exigió el rey caimán.

—Jerome Giroux.

Andree soltó el aire, pasmado.

Jamás se imaginó que escucharía de boca de su mejor alumno el nombre de una leyenda con tanta ferocidad como ahora. Luka en su juventud alguna vez expresó cierto grado de admiración con el reptil predecesor, no porque realmente considerase que fuera un líder digno de admirar, todo lo contrario.

Sí. El niño Couffaine admiraba la manera en que Jerome parecía haber puesto a raya a los reptiles de su generación, le parecía impresionante cómo una sola persona había logrado sumir a su ciudad en la más armónica sinfonía de caos, desesperación y orden al mismo tiempo, no estaba de acuerdo con las maneras, nunca. Pero Jerome había conseguido lo que pocos.

Pero no, esa noche la pronunciación de aquel nombre no fue una cuestión de admiración, la evocación del nombre de Jerome fue una acusación clara, fue la premisa de la tormenta que se desataría si se le ocurría dar un paso en falso. Porque Andree era un dios del caos y estaba orgulloso de serlo, pero Luka se convertía poco a poco en un titán incontenible, y si las cosas seguían por el rumbo que había tomado, entonces el joven se convertiría en favorito para convertirse en sucesor, lo quisiera o no.

—Habla, Luka. No tengo tu tiempo para berrinches.

—Sabes que he confiado en ti desde que era un chiquillo, sabes que me uní a ti porque creía en tu herpetario, lo mínimo que merecía era saber la verdad, y entiendo —dijo alzando la voz y mostrando una mano para hacer frenar a Andree, que parecía que hablaría —, querías que me convirtiera en el indómito elegido de las calles, entiendo que fomentaras la rabia. Pero luego me salí de todo esto, me gané mi lugar para que me dejaran en paz, y de todos modos no dijiste nada.

—Juramos no decir nada —espetó el líder de los reptiles, cruzándose de brazos para mantener la chaqueta cerrada y resguardarse del frío de aquella noche.

—Me sé esa parte también.

—Entonces ¿qué mierda quieres?

—Nadie alza una mano, una palabra, una amenaza, un arma contra mi padre. Esa es la negociación. Nadie puede alzarse contra Louis Couffaine mientras dure la contienda, lo que pido es que le regresen el derecho de vivir libremente en su ciudad, deberían estar agradecidos de que no hicimos más contra ustedes, pero si me entero de que un solo reptil vio feo a mi padre, entonces haré que arda París. Contigo y conmigo dentro.

—¿Y cuando termine el torneo? —Soltó Andree tratando de burlarse de su elegido.

—Ya veré para quién quiero la indulgencia —amenazó Luka antes de darse la vuelta y dejar a su viejo aliado en el callejón.

Porque si uno entre los reptiles tenía derecho a dejar a Andree con la palabra en la boca, para darle un golpe, para hacer algo contra el rey caimán, ese era el sádico elegido de las calles, que esa noche volvía a ser un poco del muchacho cruel y despiadado que había sido hasta los dieciséis años.

—¡Oye, Hades! —Llamó Andree sonriendo con descaro, llevándose las manos a los bolsillos y ladeando el rostro en un gesto ladino y socarrón. —Ya estás listo para tomar tu lugar en el trono y reinar el inframundo de París.

—¡Sí! —Respondió en el mismo tono. —Ya hasta tengo a mi reina oscura.

Luka volvió a darse la vuelta.

La escena era clara. Andrée podría estar bromeando con aquello, pero cuando Luka se giró, Andree pudo imaginarlo claramente portando un traje oscuro, una capa negra que barría con sus faldas la nieve, una corona hecha de blanco mármol acariciando la cabeza del muchacho, con la piel pálida y el cabello negro en su totalidad, el rey del inframundo.

.

Dentro de bar, Colette estaba sentada en el trono de Andree, observando divertida la manera en que los reptiles se molían a golpes entre ellos, empujándose hasta perder el equilibrio y golpearse en el suelo con más brutalidad que antes.

Lentamente había ido disminuyendo la cantidad de contendientes, ahora quedaban sólo dos personas peleando, pero un golpe decisivo dejó claro quién había ganado aquella batalla.

Erik se alzó orgulloso, escupiendo sangre al piso y volviendo la mirada al trono del rey.

La indicación era sencilla, en cuanto terminase la contienda, vería a los representantes del equipo al que se uniría si lograba ganar, así que sonrió de oreja a oreja al ver a Colette, reina de las serpientes, sentada a sus anchas en aquel sitio, sonriéndole de medio lado, complacida y divertida.

—Vaya sorpresa —espetó el reptil acercándose hasta su amiga con dificultad, sintiendo el dolor de todo su cuerpo, sintiendo cómo sus músculos le exigían que se detuviera por una tregua. —Entonces eres tú quien debe aceptarme en su equipo.

—No, yo no te quiero en mi equipo. —Soltó la chica poniéndose de pie en su sitio, diciendo aquellas palabras como una niña pequeña que sale invicta luego de ser atrapada en su peor travesura, con la sonrisa burlesca y la mirada despectiva. —No es a mí a quien tienes que convencer de esto, sino a él. —Lo último lo dijo apuntando la mesa en donde Luka y Louis se tomaban un trago, con sonrisas tensas y hombros relajados.

—¿Qué?

—Luka es mi líder de equipo. —Dijo la chica antes de girar con violencia, golpeando a Erik con su cabello, antes de dirigirse a la mesa y exclamar —¡Luka, ya no quiero tercer miembro de equipo!

El aludido levantó la mirada y sonrió divertido al ver a Erik, pasmado, mirando a su amiga con la boca abierta por la sorpresa.

Luka se levantó y avanzó unos pasos, acercándose a Colette, que se aferró a su cintura con las dos manos, recargando la cabeza en el hombro del guitarrista y sonriendo de medio lado.

—Claro… —murmuró Erik para sí mismo. —¿Cómo no se me ocurrió que el rey y la reina de las serpientes estarían en el mismo equipo? Harley y su Joker listos para quemar la ciudad hasta los cimientos.

Luka apresó la cintura de Colette y se paseó la mano libre por el cabello, dedicándole una mirada de desprecio a su viejo rival, preguntándose si algo bueno podía salir de todo aquello. ¿A qué división pertenecía Erik?

—Sí, tienes razón —concedió Luka soltando a Colette y volviendo a su mesa, recuperando su trago y sonriendo de medio lado, un gesto que había heredado sin darse cuenta de su padre. —Nosotros dos solos podemos con esto.

—¡Ay, vamos! —Exclamó Erik mirando a los muchachos alternadamente. —Tienen que tener un tercer contendiente para poder seguir participando en el torneo, no tenemos otra opción ¿o sí?

—Sí. —Espetó Colette arrebatándole a Luka el vaso de whisky y bebiéndoselo de una. —Dejar la contienda antes de que nos digan que tenemos que aceptarte.

Erik soltó una risa despectiva, como si no creyera que ellos de verdad estuviesen considerando aquella opción, pero al ver la ceja alzada de Colette y la sonrisa ladeada de Luka, Erik volvió la mirada a los reptiles y musitó: —Oh, vamos. No están hablando en serio. ¿Verdad?

—Vamos papá, todavía tengo que llevarte a casa. —Soltó Luka levantándose de su sitio, ignorando a Erik y dejando un billete sobre la mesa, consiguiendo un gesto aliviado por parte de Louis que podía dejar por fin aquel lugar.

—Le llamaré a Jeany, tal vez esté despierta. —Anunció Colette sacando el celular y sonriendo de medio lado ante la expresión de Erik.

—¿No quieres que te lleve?

—Na, no me gusta dejar la moto en la calle.

—¡Oigan, no inventen! —Exclamó Erik metiéndose entre los muchachos para llamar su atención.

—Sigo furioso contigo. —Murmuró Luka mirando al reptil, arrancándole un escalofrío. —Todavía cierro los ojos y puedo ver claramente el rostro de terror que Marinette tenía cuando amenazaron con tocarla, cuando me estaban golpeando. Todavía tiene pesadillas. —Si bien aquello era una mentira a medias, a Luka le servía para probar su punto, así que no le importó estar mintiendo para hacer sentir mal al reptil. —¿Para qué estás en la contienda? Este torneo es algo muy grande como para estar metido por deporte.

—Quiero la indulgencia. —Admitió Erik bajando la mirada, acongojado. —Sé que hice mal al meterme con tu familia, sé que falté a una regla, y los otros reptiles me reprochan por ello, así que quiero la indulgencia de Andree para poder volver a estar en paz entre mi gente y estar en paz contigo.

—¿Conmigo?

—Vamos Luka, hicimos iniciaciones juntos. Me pasé de la raya y lo sé… estaba furioso, sabes que no pienso bien cuando me enojo. No es justificación —proclamó levantando las manos en señal de rendición —, pero necesito reivindicarme. Con los reptiles, contigo… conmigo. Tú sabes que no soy lo que viste esa noche.

—Hagamos esto… —soltó al fin el rey de las serpientes cruzándose de brazos, alzando la barbilla, mirando a Erik por encima de la nariz, con desprecio fingido. Colette vio perfectamente la intensión en las palabras de su ex, puesto que cuando hacía ese gesto al mirar a una persona era para obligarse a sí mismo a no sonreír o se delataría. —Si Marinette está de acuerdo, estás dentro.

—¿Qué?

—¡Ow! —Gritó Colette sacudiendo la mano, con una sonrisa burlesca. —Tu entrada al equipo depende de la palabra de la reina. Los dioses se apiaden de ti.

Y soltando una carcajada, Colette se dio la vuelta y abandonó el bar, dejando el eco de sus risas como un peso que caía profundo en el estómago de Erik.

—Mañana a las once espera un mensaje de mi parte, ahí sabrás si estamos dentro.

Luka dejó el bar y subió al auto, su padre ocupó el asiento del copiloto y sonrió de medio lado al ver la mirada tranquila del guitarrista.

—Marinette dirá que sí —apostó el viejo Couffaine quitándose la bufanda y mirando a su hijo con aires acusatorios. —¿Verdad?

—Marinette me dejará elegir.

—Entonces ¿para qué molestar al pobre de Erik? ¿No robaban carteras juntos?

—Sí, pero tú supiste lo que pasó en mi hogar.

Silencio.

Primero se alzó el silencio y luego Louis suspiró cansado. —¿Quién no lo supo?

—No importa, es algo que dejamos atrás, tuve mi venganza esa misma noche, Erik y yo estamos a mano, y también lo está con Marinette, así que no hay mucho por reclamar. Vamos, te llevo al departamento.

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(Bom bidi bom – Nick Jonas feat Nicky Minaj)

Multimouse sintió la llegada de Viperion a sus espaldas, estaba sentada en la punta de la torre Montparnasse observando la ciudad a sus pies, sonrió dedicándole una mirada de reojo y luego volvió la mirada a las luces que danzaban bajo sus pies como luciérnagas en campo abierto.

—No eres el reptil al que esperaba. —Admitió la chica con media sonrisa. —Después de todo, estoy enamorada de alguien más.

—¿Sí? —Murmuró Viperion con cierto aire burlesco. —Sass... scales slithers...

Y aunque por un momento, Multimouse consideró que sentiría el roce suave de la mano de su esposo, se quedó muy quieta al sentir las escamas rodearle el cuello cuando Cobra cerró una mano en torno a su piel y tiró de ella, pegándola a su pecho mientras la ayudaba a levantarse de un movimiento rápido.

—Tú y yo tenemos algo pendiente. —Murmuró el antihéroe pegando su mejilla a la de ella.

Multimouse sintió la lengua de Cobra pasearse por su mejilla hasta encontrarle el lóbulo de la oreja y darle una mordida fuerte con los colmillos, haciéndola gemir.

—No te debo nada... —Musitó la joven sintiendo cómo las manos de Cobra se deslizaban por sus costados hasta buscar el borde de la tela.

—¿Estás segura? —Murmuró el portador acariciando la piel de la chica y haciéndola estremecer entre sus manos.

—¿Qué te debo, según tú?

—¿Según yo? —Espetó divertido el reptil apresando el cuerpo de Multimouse y saltando hacia la calle.

La roedora se liberó del agarre del portador y tomó su soga de saltar, frenando su caída de último minuto antes de dirigirse a los callejones de la ciudad, ocultándose de la serpiente con una sonrisa de medio lado.

—La última vez que nos "encontramos" —dijo Cobra desde las sombras, emergiendo sombrío mientras sus ojos emitían un brillo amarillento que amedrentó la confianza de la portadora —, estaba a punto de tomarte para mí, y me soltaste una noticia.

—Dije que quería casarme contigo —murmuró la chica, sin aliento, retrocediendo hasta la pared y pasando saliva con dificultad al sentir que Cobra le tomaba una rodilla.

—Estábamos a mitad de algo... —Murmuró seductor el portador de la serpiente, levantando la pierna de Multimouse en el aire y apresándola con el peso de su cuerpo. —Debería sorprenderme tu flexibilidad —admitió acomodando el talón de la chica sobre su hombro y bajándose la máscara, revelando todo el rostro, revelando su sonrisa —, pero esta noche es algo de lo que podría sacar ventaja.

Con movimientos lentos, Cobra bajó el cierre de la bota de Multimouse, dejándole la piel expuesta antes de pasear su lengua por la pantorrilla de la heroína, haciendo movimientos circulares y consiguiendo que la joven jadeara, presa de las oleadas de placer que aquello le brindaba.

El portador liberó a la ratona y la hizo dar la vuelta, pegándola de frente a la pared y tapándole la boca, y aunque ella le dedicó una mirada cargada de dudas, las risas de un grupo de amigos en el borde del callejón la hicieron comprender. Cobra soltó su boca y sonrió haciéndole una seña para que guardara silencio, seña que Multimouse respondió asintiendo un par de veces. Su traje, gris claro combinado con rosa y blanco, era visible en la oscuridad, pero las escamas oscuras de la capucha y de todo el vestuario del antihéroe debían ser suficientes para ocultarlos en la seguridad de las sombras.

La mano de Cobra encontró el borde en la tela, el portador se había quitado un guante y ahora acariciaba lentamente la piel del vientre de Multimouse, paseando su mano entre la tela y la piel, dando con el borde de la ropa interior de la roedora y continuando con su camino hacia la entrepierna de la chica, sonriendo complacido al sentir la humedad que aquella joven presentaba ente las piernas.

—Estás lista para mí... —Murmuró en un siseo seductor, llamando la atención de uno de los chicos al final del callejón, que paseó la mirada entre las sombras esperando encontrar el origen del sonido, sin alcanzar a percibir que Cobra empujaba a Multimouse con todo el peso de su cuerpo, dificultándole respirar.

Multimouse apretó el gesto, temiendo ser descubierta, y tuvo que luchar con todas sus fuerzas para mantenerse en silencio cuando Cobra comenzó a mover sus dedos, acariciando el punto exacto para hacerla gemir del placer, sumando a ello el estarle mordiendo y chupando el lóbulo de la oreja, haciéndola dar jadeos silentes, cada vez más difíciles de contener.

El humo del cigarrillo llegó hasta ellos, los amigos estaban fumando tranquilamente, disfrutando de la fría noche, ajenos al hecho de que Cobra seducía a su presa, arriesgándose a que ella gimiera y ser descubiertos en un callejón en medio de la noche parisina.

No estuvo segura de cuánto tiempo estuvo ahí, luchando contra sus instintos, haciendo gestos, ahogando las ganas de gemir a todo volumen, echando hacia atrás la cadera y rozando a Cobra de manera sugerente, resistiendo la tentación de encarar al antihéroe y responder a sus atenciones con un gesto similar, pero agradeció sobremanera cuando los muchachos se retiraron de aquel lugar y Cobra por fin la soltó.

Creyó que el antihéroe le daría espacio de algo más, qué equivocada estaba.

Cobra tomó las caderas de Multimouse y tiró de ella, alejándola de la pared unos centímetros para luego hacerla agacharse levemente y pegar su pecho a la espalda de ella.

—Podría tomarte aquí mismo ¿sabes?

Ahora sí que gimió. Aquella exclamación queda escapó a su boca sin que ella se lo propusiera.

¿Estaba hablando en serio? ¿De verdad quería hacer aquello en un callejón oscuro? No, no le sorprendía la amenaza del antihéroe, le sorprendía lo atractiva que parecía esa idea, excitante, salvaje. Se sorprendió de darse cuenta de que estaba dispuesta a desnudarse ahí mismo a merced del héroe, no, del villano que la seducía cruelmente, llevándola al borde de su cordura.

Ahora, había algo más. No sólo era el deseo que ella sentía hacia el hombre bajo la máscara, sino las propias emociones de Mullo, que hacía mucho tiempo no coqueteaba con Sass. Marinette bajo la máscara era consciente de todo el deseo que sentía por su esposo, de las ganas que tenía de desnudarlo, de pasear sus manos por toda la musculatura trabajada de aquel hombre, de besarle las cicatrices y lamer su piel, pero también era consciente de que los instintos animales parecían haberse disparado ante el deseo carnal de ambos kwamis. ¿Por qué negarles la oportunidad de estar juntos otra vez?

Ella sería Multimouse, pero no se dejaría tomar tan fácilmente por Cobra.

Lo empujó y, en un movimiento rápido, estuvo lejos del alcance del portador de la serpiente, consiguiendo que el muchacho compusiera una expresión de sorpresa.

—Si me vas a tomar —dijo la roedora bajando la espalda con las piernas bien extendidas, subiendo lentamente la cremallera de la bota antes de abrir su escote revelando la piel entre sus senos y enrollado un poco su camiseta, hasta dejar al descubierto su vientre —, primero tienes que alcanzarme. Si me atrapas, soy toda tuya.

—Cuando te atrape no tendrás otra opción.

Cobra se cubrió los ojos con la máscara y sonrió mostrando los colmillos, delineando sus dientes con la punta de la lengua.

Multimouse soltó una risita por lo bajo y luego salió corriendo.

Un nuevo trueno surcó el cielo, iluminando todos los rincones de París. Por debajo de la máscara, Marinette no pudo evitar recordar la primera noche que había pasado al lado de Luka, también una noche de lluvia; evocó las caricias dulces, las miradas atentas a sus expresiones y a sus gestos, evocó la sonrisa confiada que mostraba Luka guiándose por su cuerpo como un turista que recorre por primera vez su destino favorito, queriendo conocer cada recoveco con lujo de detalles, y al mismo tiempo, maravillándose de recorrer por primera vez aquellos parajes ignotos.

Con el siguiente trueno, Multimouse vio con sorpresa que Cobra la esperaba unos metros adelante, con su sonrisa socarrona y los brazos cruzados; la roedora apenas tuvo tiempo de frenar su carrera y dar la vuelta para ocultarse en los rincones de París.

Los callejones oscuros se vieron brevemente iluminados por un nuevo rayo surcando los cielos, y la sombra de Cobra se alzó sobre ella como el recordatorio de que seguía siendo su presa. Debía moverse más rápido para lograr huir de él, aunque no quisiera realmente huir en ese momento.

No podía hacerse la tonta, quería que el antihéroe la atrapase, no sabía qué sería de ella si el indigno lo lograba, pero definitivamente quería averiguarlo.

Entonces, ¿por qué seguía corriendo?

Estaba tan perdida en sus pensamientos que no se percató de en qué momento Cobra le había dado alcance, la había tomado por la cuerda y tirado de ella hasta hacerle caer a sus pies, arrodillada frente a la mirada ambarina y la sonrisa sádica del muchacho.

Alzó la mirada y pasó saliva con dificultad al ver la expresión mordaz de aquel portador.

Got you, tricky mouse.

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(High – Whethan feat Dua Lipa)

Llovía en París. La ciudad entera estaba cubierta de agua, la lluvia torrencial bañaba los tejados con vehemencia, obligando a los amantes a refugiarse bajo los paraguas, los tejados y meterse en las tiendas y cafés con tal de resguardarse.

No ellos, no los portadores.

Ni siquiera las esquirlas heladas (a medio camino entre ser lluvia y ser nevada) que salpicaban su piel eran suficientes para apagar el fuego que consumía a los amantes detrás de las máscaras, porque cada varios pasos, ambos volvían las bocas al encuentro del otro, anhelantes de más, hambrientos, insaciables.

Cobra era el depredador, había tomado sin permiso la boca, el cuello, la piel de aquella roedora indefensa. Y a pesar de conocer perfectamente la voracidad de aquel portador, a pesar de compartir el deseo, la lujuria con el hombre la tenía apresada contra la pared y la besaba desesperadamente (lamiendo su cuello, mordiendo su oreja, gimiendo su alias), no podía corresponder a los besos con la misma locura y desenfreno de siempre.

Sabía que aquella cuestión tenía todo que ver con Mullo, que se encontraba a merced de la serpiente; sabía que su repentino comportamiento como presa se le atribuía a las propias emociones de su roedor, y tenía que admitir que le encantaba jugar ese papel, estar a merced de los deseos de la serpiente que se enroscaba en torno a su cintura como si le fuera la vida en ello, seduciéndola en un callejón oscuro tan cercano a la calle que, si un vehículo giraba en ese momento, ellos dos quedarían expuestos por la luz de sus faros y todo París vería la forma descarada en que Cobra mordisqueaba la piel expuesta en el escote de Multimouse, haciéndole gesticular expresiones de placer mientras ella enroscaba una pierna en torno a la cadera del héroe para sostenerme cerca y sentirlo respirar.

Cobra por su parte parecía querer comerse a Mullo con la mirada, con una expresión de complacencia ante su actitud sumisa y necesitada. Porque debajo de las escamas, Luka sabía que Sass se estaba dando permiso de ser un depredador despiadado y tomar a Mullo como hacía siglos no ocurría, si Marinette estaba dispuesta a ser Multimouse esa noche, Luka estaba dispuesto a entregarse al frenesí de Cobra.

—Tengo una idea… —murmuró el portador pellizcando la piel de Multimouse entre sus dientes, haciéndola suspirar. —Pero necesito que me prestes esto —Añadió dando un tironcito a la soga atada en torno a la cintura de la portadora.

—Lo que desees… —Murmuró ella en medio de un suspiro.

La tomó por sorpresa sentir la corriente helada cuando Cobra se separó y comenzó a correr hacia la tapia del fondo, saltando a las escaleras de emergencia y comenzando a subir.

Por supuesto, la curiosidad pudo con ella y no tardó en darle alcance a la azotea, percatándose de que estaban a unas calles del departamento.

No lo veía por ningún lado. Cobra no aparecía a simple vista, así que la chica comenzó a correr en dirección a su hogar, preguntándose si se habría ido en esa dirección.

Ya había saltado cuando se percató del error que había cometido. Sí, error. Corrió para saltar al siguiente tejado y siguió corriendo, y cuando saltó para alcanzar su propia terraza, vio a Cobra de pie en el alfeizar de una ventana, sonriendo con malicia mientras lanzaba la punta de la cuerda, lazándole la cintura y apresándole los brazos.

Ahogó el grito, no caería los doce pisos hasta el suelo. Estaba colgada por la cintura, atada por su propia cuerda mientras Cobra la subía lentamente, deleitándose en la expresión azorada de la chica.

—Te tengo… —Canturreó en señal de victoria.

Aterrizaron en la terraza, la tormenta había arreciado y el agua bañaba a cántaros la ciudad, Cobra ayudó a Multimouse a caer de pie, pero no soltó los amarres, la chica seguía con los brazos inmovilizados, pegados a sus costados por la soga cuando Cobra la tomó por el cuello obligándola a mirarle.

Sí antes había sentido que los besos del antihéroe le arrancaban pedacitos de cordura, aquel beso fue abrasador en muchos sentidos.

Retrocedieron a tropezones hasta entrar a la habitación, Cobra cerró las manos en torno a las caderas de Multimouse y la pegó a su propio cuerpo sonriendo cuando la chica gimió con ganas, retrocediendo hasta la cama y percatándose de que esta vez no era capaz de deshacer el nudo con el que la tenían cautiva.

—Te atrapé —repitió Cobra complacido ante la mirada anhelante que le dedicó la roedora, la mirada anhelante y lujuriosa, sumada a una sonrisa que pretendía ser tímida, pero que ardía como el infierno y como ellos mismos.

—O sea que soy toda tuya.

—De rodillas.

Obedeció. La joven se puso de rodillas en un movimiento elegante, sin soltar la mirada del portador de la serpiente, sonriendo de medio lado a verle jadear por la sorpresa y el placer de verla a su merced.

Cobra se movió hasta situarse a espaldas de la chica y sonrió desatando los nudos de la cuerda.

—¿Sabes lo que es el shibari?

—No, señor. No tengo idea... —canturreó la chica con voz zalamera, sacudiendo un poco las manos ahora que se encontraba libre.

—¿Confías en mí?

Multimouse levantó la mirada hacia Cobra, que ya tenía el torso desnudo y se enredaba la soga de saltar en las manos, jugando con los nudos que había conseguido, haciendo y deshaciendo amarres para tantear la flexibilidad de la cuerda y decidir si podía usarla o debía elegir algo más.

—Soy tuya —repitió la chica sonriendo de medio lado, mirando de reojo al portador mientras se encogía de hombros en un gesto tímido. La presa perfecta.

Cobra se arrodilló atrás de ella y le besó el cuello antes de quitarle lentamente la parte superior del traje, dejando a la vista el sujetador de encaje rosa que ella portaba, una imagen sensual y al mismo tiempo bastante ingenua, ella estaba sonrojada, respiraba con dificultad por la excitación, pero no dijo nada, permitió que Cobra dirigiese sus manos hasta las cremalleras de sus botas y la despojara también de ellas.

—De pie —ordenó el reptil parándose frente a ella mientras se subía la máscara hasta cubrir sus ojos y revelar que tenía ahora la cuerda atada en una serie de nudos por todo el torso, como una red envolviéndolo. —Quítate los pantalones.

La chica sonrió obedeciendo, deslizando lentamente la tela hasta el suelo, sabiendo que el portador podía verla igualmente a pesar de llevar los ojos vendados.

—¿Qué procede?

El portador guardó silencio un momento, y luego, con un movimiento brusco tiró a la joven a la cama, posicionándose a gatas sobre ella, lamiéndole el cuello antes de volver su atención al lindero de piel entre sus senos y el sujetador, haciéndola estremecer y murmurar su nombre como un gemido por lo bajo.

Tal vez esa fue la razón por la que el muchacho se atrevió a hablar mientras daba lengüetazos, besos y mordidas a la piel del vientre de Multimouse, lo vulnerable que ella estaba en ese momento.

—Procede que seas honesta conmigo todo el tiempo o esto no va a funcionar. Esta noche soy el depredador y tú eres mi presa, pero eso no quiere decir que no vaya a cuidar de ti. ¿Lo entiendes?

—Perfectamente —su voz salió como un jadeo, rayando el grito.

Claro que lo entendía, sabía lo que venía a continuación, sabía lo que era el shibari, el término había aparecido en redes sociales y sus alumnos no hacían otra cosa más que comentar que algunas bandas lo usaban mucho en sus videos musicales, incluso Emilie estaba considerando hacer una sesión fotográfica con shibari para la siguiente colección de lencería que lanzarían en Primavera.

Pero quería seguirle el juego a Cobra, seguiría siendo su presa tanto tiempo como él lo quisiera.

El portador se levantó en las rodillas, quitándose la venda de los ojos para observar el cuerpo desnudo de su musa. Multimouse observó maravillada cómo los ojos de su esposo se cubrieron de escamas cuando él se despojó de la máscara, como si ofrecieran una cobertura emergente para mantener su rostro irreconocible. Y jadeó cuando Cobra le cubrió los ojos con su propia máscara, cegándola.

Las manos del muchacho estaban heladas. Normalmente Luka tenía las manos calientes y aquello era el refugio al que Marientte se había acostumbrado, sentir aquel calor le hacía saber a la chica que todo iría bien. Sentir el frío llevó su confianza a otro nivel, porque sabía que estaba a salvo a pesar de sentir cómo Cobra deslizaba la cuerda por detrás de sus codos y la hacía arrodillarse en la cama.

¡Dios! ¿De dónde había sacado Luka el conocimiento de los nudos?

Porque Marinette no podría verlo, Multimouse no podía verlo, pero en ese momento, Cobra ataba la cuerda a los brazos de su presa de forma elegante, fijando sus brazos cerca uno del otro a las espaldas de ella, sus codos casi se tocaron en el siguiente nudo, las muñecas iban juntas. Sus costillas estaban abiertas, había levantado el busto y estirado el cuello, jadeaba, le costaba respirar por el nerviosismo, pero el nudo era cómodo.

—¿Estás bien? —Quiso saber el portador atento al rostro de Multimouse. —Respira profundo.

—Estoy bien. —Prometió la chica con un hilo de voz.

—¿Cómo va la intensidad?

—¿Eso es todo lo que tienes?

La risa gutural del antihéroe la hizo sentir un escalofrío, ahora se arrepentía de haberlo desafiado.

Las manos de Cobra en sus caderas, obligándola a recorrerla en la cama. Sentía las manos de cobra, y el colchón cediendo bajo el peso de su cuerpo, sentía el aire helado colándose por la ventana, sentía la respiración de su esposo cerca de su cuello, porque tener los ojos vendados y estar atada le había agudizado el resto de los sentidos.

Dio un respingo al sentir el borde del colchón cerca de sus rodillas, dio otro respingo cuando Cobra rasgó el costado de sus braguitas despojándola de su ropa interior, dio otro respingo cuando sintió que la cuerda pasaba por debajo de su rodilla izquierda y la obligaba a abrir la pierna hacia un costado.

Cobra ató con maestría ambas piernas de Multimouse, la chica estaba vulnerable, al borde del colchón haciendo equilibrio con la espalda echada hacia atrás, incapaz de encorvarse gracias a las diestras ataduras que le había hecho. Estaba inmovilizada.

Jadeaba. Multimouse jadeaba por la antelación. Escuchó al antihéroe moverse por la habitación y dio un respingo al escuchar las bocinas encenderse, la música llenó todo el lugar y ella suspiró divertida reconociendo la pieza musical.

(Heaven – Julia Michaels)

—¿Desde cuándo eres de clichés tan baratos?

—Desde que quiero que te arrepientas de haberme desafiado.

La lengua de Cobra se deslizó desde el ombligo de Multimouse hasta encontrar el borde del sujetador, la chica emitió un jadeo entrecortado y gimió el nombre de su esposo, por un momento no fue capaz de recordar su alias, sólo cuatro letras que resonaron por toda la habitación dejando a los muchachos a merced de sus propias emociones.

—Luka...

Sass y Mullo abandonaron la transformación. A dónde fueron o qué hicieron después ninguno de los dos portadores lo supo por largo rato, pero tampoco era de su incumbencia.

Ahora ambos habían recuperado un poco la claridad, la soga seguía en su lugar, así que Luka suspiró, admirando el cuerpo de su esposa.

—Si quieres que pare...

—Soy tuya. —Repitió Marinette jadeante, sintiendo que la presión de las cuerdas contra su piel sólo conseguía hacer que la excitación subiera.

Luka volvió su atención a la piel de la chica, paseando sus manos por los senos de su esposa, y llevando la lengua por el cuerpo, por el vientre, dirigiéndose hacia la entrepierna y haciéndola jadear. Ella habría querido cerrar las rodillas por inercia, pero sólo consiguió tensar las cuerdas y hacer que Luka riera por lo bajo.

—No te vas a salvar de esta. —Prometió antes de empujar los hombros de Marinette suavemente, guiándola hasta recostarla en la cama, sus pies estaban tensos, las rodillas abiertas, ella respiraba con dificultad.

La banda de sus ojos se disolvió lentamente y Luka sonrió complacido al ver la mirada que Marinette le dedicó, se lo comía con los ojos, así que el guitarrista se desabotonó el pantalón de mezclilla, dejando que la tela se deslizara con dificultad por sus piernas y hasta el suelo antes de arrodillarse en la cama y bajar la boca hasta situarse a centímetros de su musa.

—Luka no... —suplicó ella al verlo meter el rostro entre sus piernas y sonreír de medio lado.

—No qué... —murmuró en respuesta antes de acariciar el clítoris de su esposa con la lengua y hacerla jadear con fuerza. —Pensé que esto te gustaba.

No dijo más. Pasó las manos por debajo de los muslos de la chica, aferrándose a ellos mientras su lengua trazaba un camino en busca del punto más erótico que tuviese la chica en ese lugar. Se tomó su tiempo, deleitándose en la sinfonía que componía Marinette con sus jadeos y gemidos, escuchándola enloquecer por la manera vehemente en que le chupaba, y lamía la entrada, sin darle tregua a las emociones que experimentaba en ese momento.

Lentamente, también las cuerdas que le ataban se fueron desvaneciendo, liberándola de la presión y consiguiendo que ella comenzara a retorcerse por el placer. No se dio cuenta de en qué momento sus brazos estuvieron libres, presos bajo el peso de su cuerpo mientras ella empujaba las caderas, reaccionando a las atenciones de su esposo.

Luka sí se percató de la desaparición de las cuerdas, así que comenzó a pasear su lengua por toda la piel de Marinette, subiendo lentamente por su vientre, acariciando y llenando de saliva los bordes alrededor de su ombligo, sus costillas, el borde con la tela, los senos, el cuello, y luego llegando hasta la boca de la chica para arrancarle un beso despiadado, anhelante, demandante.

La chica sacó las manos de la espalda y se aferró al cuello y espalda de Luka, arrancándole un gemido al sentir las uñas clavándose en la piel de su espalda. Eso se ganaba por tenerla al borde tanto tiempo. Así que, ignorando cualquier réplica por parte de la chica, se separó de ella para deshacerse del bóxer y penetrarla de una estocada brusca pero certera.

Marinette jamás había sentido tanto alivio como en ese momento, cuando Luka por fin la invadió y comenzó a moverse de atrás hacia adelante, empujando con fuerza.

Ambos estaban muy cerca del borde, sentían las palpitaciones de su corazón retumbando contra todos los recovecos de su cuerpo, la excitación se había convertido en una súplica dolorosa que atender, ¿cómo había aguantado tanto sin quejarse? Marinette no pudo evitar hacerse a sí misma la promesa de que devolvería las atenciones a la primera ocasión que tuviera, porque en ese momento ni siquiera tenía fuerzas para ello, no tenía fuerzas para nada.

Y juntos se perdieron en una vorágine de sensaciones y emociones, alcanzando la nota más alta del orgasmo a la par, dejándose ir en los brazos del otro, sabiendo que estando juntos eran prácticamente invencibles.